Resumen: en el que la boda se come tarta, se baila, se bebe y pasa lo que pasa.
Nota1: Un cargamento entero de SasuSaku en este capítulo, quedáis avisados.
Nota 2: Este capítulo es la piedra angular del fic. Todo se ha encaminado hasta aquí así que todo feedback será bienvenido. :)
Postres
When enemies are at your door
I'll carry you away from war
Gone, Gone, Gone, Philips Philips
- Hoy he visto dos cosas que nunca pensé que vería: a Naruto casarse y a ti no probar una tarta. - Kakashi se sienta sin parsimonia en la silla vacía que hacía unos minutos ocupaba Kiba. - Creo que el fin del mundo está cerca.
Con la mirada perdida en las hortensias que decoran la mesa, Sakura ni siquiera se gira para hablar. Apoya la cara en la mano izquierda, el codo arrugando el mantel y con la otra mano pica, distraída, el bizcocho del pastel sin llegar a comer nada.
- Tampoco pensé que te vería a ti comer tarta, sensei. ¿No era que no te gustaban los dulces? - intenta sonar un poco más animada de lo que está - Quizá tienes razón y sí que ha llegado el apocalipsis.
- ¿Así que me has visto comer la tarta, Sakura-chan? - lo dice mientras deja el plato vacío junto a ella, como si quisiera retarla a que encontrara pruebas que demostrara que se había bajado la mascarilla - Llegas a conclusiones de manera precipitada. Te enseñé mejor.
Sakura suspira y se deja caer en el respaldo forrado de su asiento, y aprovecha para mirar de reojo a su antiguo profesor. Kakashi tiene el don de gentes de un gato arisco y la lealtad incorruptible de un perro viejo, y por eso, piensa, nunca fue un profesor especialmente bueno para una niña de 12 años pero siempre ha sido un amigo estupendo para una mujer de 20. Compensa su falta de tacto con un sentido de humor ácido y aunque es esquivo con la ternura, siempre se preocupa de ella de una manera sencilla y honesta, sin esperar recibir nada a cambio más allá de asegurar su bienestar. Sakura a veces se siente exasperada por su incapacidad para el compromiso y su pose de estudiada distancia personal, pero agradece de todo corazón que siempre se pase para estar cerca y comprobar si, al menos, su sonrisa sigue abierta y su corazón bombea como tiene que bombear.
- Maa, Sakura, come la tarta. Te gustará y te animará un poco. - Inclina su cuerpo larguilucho hacia delante para tener una mejor perspectiva del rostro de la pelirrosa. Es raro verle así, sin su chaleco militar, vestido con una elegancia que no solo no desentona, sino que parece insultamente natural en él. Analiza preocupado el rostro de la médico pero igualmente le dedica una sonrisa simpática. - Es la boda de Naruto: no hay motivos para estar triste.
Sakura junta los labios en un línea recta que se transforma en un espiral cuando los mueve hacia un lado. "Triste" no es la palabra. No está triste: al contrario, está feliz, exultante, extasiada de ver tanta alegría en su entorno, de estar en Konoha, de la boda, de sus amigos, de la deliciosa comida, de Naruto riéndose con la barriga y los pulmones, de Hinata sonrojada no por vergüenza sino por puro gozo. Pero si la melancolía de Sasuke no hubiera descompuento la intensidad de los ojos negros, el vestido no hubiera terminado empapado en alcohol y el domyo no hubiera cuestionado su lealtad en voz alta; no le acompañaría esa inquietud, no se sentiría como un pez nadando en aguas oscuras, y el champán no le sabría tan amargo.
- ¿Es por lo que ha dicho el señor feudal antes? ¿O por el discurso de Jiraiya? ¿Cosas de chicos? ¿El drama del vino?
Bajo la máscara y con aparente desinterés, Kakashi lanza preguntas con la precisión con la que lanza shurikens y Sakura se pregunta exactamente cuándo y cómo ha podido enterarse de todo esto si ha pasado la mayor parte del tiempo el otro lado de la explanada, con el resto de los jounin de su generación: Gai gritando bravatas al sol y Tenzo agotando las existencias de la barra libre.
- Es… un poco más complicado que todo eso.
- ¿Complicado? - tamborilea los dedos sobre la barbilla, pensativo - Voy a necesitar un poco más de contexto, Sakura. Los demás estarán a punto de volver.
Con "los demás" se refiere a los otros invitados que no están sentados en la mesa. Ha habido una desbandada general cuando han traído el postre y todos se han ido a comerlo con su familia, con sus clanes, con sus equipos: los Uchiha con los Uchiha, Nara con Nara, equipo 8 y 10 juntos, Ino y Sai con los Yamanaka, y en cuestión de un par de minutos Sakura, se ha encontrado sola entre las copas a medio terminar y las chaquetas y bolsos colgando en el respaldo de las sillas vacías. Kankuro, tres mesas para allá, había querido ir a acompañarla pero había sido interceptado por Kurotsuchi, larepresentante de Iwa, que parecía dispuesta a trabajar en un nuevo acuerdo incluso en los momentos más inapropiados.
Sakura no tiene claro por dónde empezar a explicarse, probablemente porque ni ella misma se entendía a sí misma.
Reconoce que es posible que el sentirse un poquito sola y ligeramente borracha no ayudase a su estado de ánimo general, y por eso lo que hasta hace un rato eran problemas compartimentados de solución rápida, ahora son formas borrosas que superponen creando borrones y erosionando su entusiasmo. El asunto del vestido, aunque una tontería, le ha minado la moral en lo que ella pensaba que iba a ser una velada perfecta. La revelación de que Sasuke, aquel chico que ahora la mira con los ojos más tristes que recuerda, quizá albergaba hacia ella sentimiento después de años suspirando por sus huesos le ha dejado sin energía. El discurso de Jiraiya le ha tocado dentro de ella esperanzas que no sabía que aún albergaba: la nostalgia de un amor sencillo y sin complicaciones, el deseo de mantenerse firme en el lado correcto de su corazón y vivir una de esas historias de romance callado, de las que no se escriben canciones de amor porque no hay nada que narrar en el devenir rutinario de los días. Todas esas cosas flotan en su cabeza y le gustaría describirle a Kakashi que el problema en sí no es únicamente que el domyo haga según o qué comentarios, sino que en realidad y tristemente hay algo de verdad en ellos: vive en un embrollo emocional. Porque Sakura, aquí, ahora mismo, en esa boda y en los últimos días ha echado de menos Suna. Suna, y su clima seco y árido, Suna y su gente directa, brutalmente honesta; Suna y su hospital, brillando y produciendo avances técnicos de los que se hablan en las 5 naciones; Suna y las cervezas que toma a veces con sus compañeros, cuando acaban los turnos y el día ha sido bueno; Suna y su cama de sábanas de algodón fresco, el honor de lavanda suyo mezclado con el de barniz de Kankuro; Suna y su pequeño apartamento, lleno de tratados médicos y algunas herramientas desperdigadas para arreglar marionetas. Suna que es ahora su casa del mismo modo que Konoha es su hogar.
- Es injusto - termina por revelar con un suspiro - que crea que no puedo ser leal a Konoha. He llevado esa bandana por más de 15 años. Me he dejado la piel en las misiones. Y en el hospital. Y ayudando a Tsunade a gobernar. Y este es el sitio donde crecí, donde está la gente a la que quiero. Nunca podría traicionarlos, es… - toma aire y ahora mira a Kakashi con el ceño fruncido y cierto enfado en la nariz. - Es… tan tan injusto que diga eso.
Kakashi está a punto de abrir la boca cuando un camarero se acerca por detrás de ellos con una botella recién abierta y el ninja de pelo gris centra el ojo descubierto en seguir cómo el líquido llena las copas aflautadas hasta el borde. Espera paciente hasta que se ha ido y entonces coge la copa por el pie y brinda con Sakura. Chin-chin y luego comparten una mirada de apreciación en silencio. Calibrando los dos las palabras. Bajo el sol claro de la tarde, Sakura ya no ve al sensei veinteañero que conoció, todavía con heridas sangrando de ANBU. Las cicatrices están cerradas y aunque temibles son, como él, suaves al tacto. Tiene ahora algunas arrugas en torno a los ojos y las manos, hoy libres de vendajes, y las cubren cortes mal curados, las quemaduras del rayo, y Sakura se pregunta cuántas de esas heridas deja que duelan adrede solo para castigarse por todos y cada uno de los errores que le atormentan.
- Escucha, Sakura - la voz profunda, lenta y calmada contrasta con los gritos de júbilo de una mesa de Hyugas que han empezado a entonar canciones de borrachos - todos los shinobi tenemos un conflicto. Es parte de nuestro trabajo. La consecuencia de que nos obliguen a elegir entre quiénes somos y quienes nos exigen ser. El mío - dice y eleva el ojo hacia el cielo, como si le dedicara estas palabras a sus amigos muertos - es entre mi pasado y mi presente. El de Sasuke, su clan y la aldea. El de Naruto, en el futuro, será entre ser Hokage y su familia.
Sakura le escucha con atención y cuando la pausa se hace más larga de lo que esperaba, mueve la pierna de un lado a otro y repiquetea los tacones contra el suelo. Le da un trago a la copa y la bebida está fría cuando cruza su garganta pero cae en la piscina ardiente del estómago. Hace la pregunta sin saber si quiere saber la respuesta.
- ¿Y el mío? ¿Entre Konoha y Suna?
Kakashi, deja el champán sobre la mesa y cruza los brazos sobre el pecho. Pone un esfuerzo consciente en dejar claro lo que quiere decir.
- Tu conflicto nunca será entre Konoha y Suna, Sakura. Eso es circunstancial. Tu conflicto siempre será entre ti y los demás.
La solemnidad de la declaración le pilla de sorpresa, así que alza una ceja y su antiguo profesor le devuelve una media sonrisa mientras busca ejemplos en su memoria.
- Tú o tus compañeros de equipo. Tú o tu familia. Tú o tu pareja. Tú o tus pacientes. - Y una sonrisa triste bajo la máscara, sus ojos ahora parecen una hematíes duras. - Y en general no sueles elegirte a ti, tengo que decir. Así que, si una guerra estallara entre Suna y Konoha, no elegirías bando: simplemente te volcarías en los demás, como siempre has hecho, sin importar cuánto pudiera el coste que eso suponga para ti. En una guerra - y a Kakashi le duele, le arde pensar que sus chicos puedan estar en una guerra porque él ya ha estado en una y el dolor con el que marca el alma no es del tipo de dolor que te hace mejorar. - matarías y morirías por la gente en la que quieres porque eres Sakura Haruno y eso es lo que Sakura Haruno hace.
Hay un parón que Kakashi aprovecha para ver si su discurso está teniendo el efecto buscado y que Sakura utiliza para recomponer sus fuerza, dejando que las palabras calen en su cabeza.
- Y eso no lo puede entender en su vida el domyo, que no es más que un ricachón con demasiado poder y tiempo libre y que el único sacrificio que conoce es dejar de comer dulces cuando el traje no le cabe.
Sakura invoca una risa ligera ante el último comentario y pronuncia un suave "gracias" a Kakashi, que aún no satisfecho con el resultado le coge de la mano en un gesto sorprendente por inusual. Le da un apretón afectuoso y el líquido caliente que tenía en el estómago se enfría un poco.
- Supongo que no sabes aún qué harás cuando acabe tu contrato en Suna, pero si te sirve de algo, recuerda lo que te dije hace un año: elige lo que te haga feliz. Elígete a ti.
Las pupilas verde manzana titilan, bromistas por primera vez en mucho rato.
- Pensaba que no te gustaba repetirte, Kakashi.
El ninja se encoge de hombros.
- Creía que habíamos establecido ya que hoy era un día de sorpresas, eventos inesperados y excepciones. - Y añade - Y también es un día para estar alegre.
Una nueva sonrisarisa suave que parece un rayo de primavera se abre paso en el rostro de la médico y el Hatake asiente, contento por verla de mejor humor, y se levanta. La mano que antes apretaba la mano pasa a la cabeza, y la golpea cariñoso un par de veces amenazando, en el proceso, la estabilidad del moño que le había hecho Ino.
- ¡Kakashi! ¡Me vas a despeinar!
- Ah, Sakura-chan - comenta al tiempo que da los primeros pasos para irse y se señala el pelo - bienvenida a mi vida.
Sakura se sonríe, reconfortada tras la conversación, y Sai y a Ino se acerca a ella agarrados de la mano. Les ve recuperar su asiento mientras hunde el tenedor en la masa esponjosa de la tarta, y se mete un buen trozo en la boca.
Deja escapar un ruidito de placer. Realmente está muy rica.
Baile nupcial
I don't need anything fancy
I only need you and me slow-dancing
Slow Dancing, Aly & AJ
Poco después de que termine la comida y saquen los licores más sofisticados, Naruto la saca a bailar. A grandes zancadas, suplantando el espacio que ocupa con energía cósmica, la coge de la mano y tira de ella: ¡a bailar Sakura-chan! Gira sobre sí misma: pero ¿no tienes ahora una mujer para esto? Y a lo mejor es el champán o la mezcla atropellada de emociones que tiene dentro, pero le da un escalofrío cuando oye la respuesta: dicen que también hay que bailar con la madrina y con las hermanas.
Traga saliva.
Hermanas.
Se dejan llevar por la música porque Naruto no sabe cómo, no sabe en qué momento, ha pedido su canción favorita y cuando empiezan las primeras notas le coloca una mano en la cintura y ella se deja llevar por el compás. Le pisa los pies, no es capaz de seguir el ritmo, pero le pone tantas ganas que Sakura simplemente reposa la cabeza en su pecho y deja que la música haga el resto.
- No te quedes dormida, Sakura-chan, que la fiesta sigue.
Es verdad. La fiesta seguía. A su alrededor todo el mundo celebra: con los ojos entrecerrados, Sakura ve a Hinata sonriéndoles mientras su hermana le ajusta la flor del pelo. Sakura ve a Ino y Sai bailando agarrados no muy lejos de ellos, y ve a Temari hablando colorada con Shikaku y Yoshino. Bajo unos árboles ve el símbolo Uchiha en algunas espaldas, Fugaku hablando con el padre de la novia, Sasuke atento a algo que le cuenta Akira; ve a Kakashi con Itachi, apoyados el uno junto al otro en un árbol, relajados, contemplando el entorno con orgullo y satisfacción. Ve a Kankuro con Gaara, lanzándole miradas de vez en cuando. Guapísimo con su traje de fiesta, llevaba queriéndole besar toda la tarde. Tantas caras felices.
- Hinata está preciosa.
A Naruto se le ilumina el rostro. Y mira a su mujer, de blanco, pura. No la ha querido tanto nunca en la vida y no lo sabe aún, pero aún la querrá más cuando esa noche cuando le quite las mil capas del kimono.
- Sí. Sí que lo está.
- Ahora es una Uzumaki. Cuídala.
Con mi vida.
- He hecho una promesa, y no pienso faltar a ella. - Recuerda, un mantra tatuado en cada una de sus células. - Es mi camino ninja.
Naruto es un sol testarudo. Da igual cuantas veces cierres las cortinas, en qué cuevas oscura y profunda te ocultes, que vendrá él a iluminarte y a convencerte de que merece la pena tirarse en la hierba y disfrutar del sol. No hay otro como él en el mundo.
- Naruto.
- ¿Hm?
- ¿Eres feliz?
Y es una pregunta que jamás, nunca, le había hecho a Naruto porque los sentimientos en Naruto son transparentes y simplemente hay que mirarle a la cara para saberlo, pero Sakura es consciente de que la felicidad es algo que siempre se le ha escapado al rubio cuando ha ido a buscarla. Por un motivo u otro se ha encontrado siempre haciendo funambulismo entre la burla y la soledad. Naruto ha llenado con exuberancia los silencios ensordecedores de su infancia y con sonrisas amplias su apartamento enano lleno de botes de ramen instantáneo. No conoce el significado de la palabra rencor, y no echará nada en cara a nadie ahora que tiene reconocimiento, respeto, amor y una familia. Sakura se pregunta qué nuevo reto superará, que nueva cuota de ridícula heroicidad le quedará por alcanzar ahora que tiene lo que siempre ha buscado.
- Creo que sí, Sakura-chan. Creo que sí.
Nunca habían estado hechos el uno para el otro. Naruto y Sakura. Ella lo supo desde el primer momento, y a él le costó aceptarlo un poco más pero en el momento en que Hinata entró en su vida se le quitaron todas las dudas. De haber seguido la evolución natural de su amistad hacia algo más íntimo se habría encontrado con un sucedáneo de relación que habría terminado dañando su vínculo de forma irreparable. Y desde luego para Sakura salir con Naruto habría sido mucho más fácil que amar a Sasuke, que tener que huir a Suna para olvidarlo. Pero cree que el esfuerzo ha merecido la pena. Porque Hinata hace que Naruto se calme, hace que piense las cosas, le da consejos y le da luz, tanta luz. Hinata le completa y le ama y le adora como solo alguien como Naruto se merece.
- Así que Kankuro, ¿eh?
Sakura le responde en un suspiro resignado al tiempo que evita un pisotón.
- Me extrañaba que no hubieras dicho nada. Debes de ser el único en toda la boda que no tiene una opinión al respecto.
- Bueno… - se rasca la cabeza en un gesto puramente Uzumaki - No hemos tenido apenas tiempo para hablar solos, Sakura-chan. Y… ¡tampoco tenía muy claro qué decir! Hinata me decía que me metiera en mis asuntos… y bueno, sí: me ha sorprendido. Aunque estabais muy juntos en Suna la primavera pasada.
- Entonces solo nos habíamos besado una vez.
- ¡No tienes que darme detalles! ¿eh?
Sakura ahoga las risas en la solapa del traje, y siguen bailando a un ritmo más tranquilo. Es una canción que habla de amor, de sueños y cuando la voz de la cantante sube en un agudo largo, Naruto la coge de la muñeca y le da una vuelta, con el collar de perlas girando sobre el cuello. Cae de nuevo en sus brazos y se ríe. "Naruto, mejor que seas Hokage porque el mundo de la danza se te va a resistir". "Sakura-chan, qué cruel eres. No sé cómo lo hiciste para que Kankuro se fijara en ti con esa maldad."
Le responde con fingida censura.
- Simplemente ocurrió, Naruto. Un día me di cuenta de que me gustaba muchísimo. Y nos reímos todo el rato, cocina de miedo, me cuida y tenemos un montón de intereses comunes.
Naruto parece sorprendido ante eso y pregunta con curiosidad. Nunca se me habría ocurrido que pudieras tener temas de conversación con él, le dice con sinceridad, y Sakura asiente con una sonrisa mientras enumera: te sorprenderías. Hablamos mucho de política, de cocina, de la familia, trabajo, pero también de control de chakra, claro, y de venenos, antídotos y química y…
- Ahm, que sois unos empollones los dos, no me digas más.
Sakura empieza defenderse de semejante acusación, cuando alguien la interrumpe gritando ¡cuidado no os cortéis! porque se ha roto una copa en algún lugar de los jardines y son shinobis y son kunoichis, pero cualquiera se puede cortar con una esquirla escondida en la hierba. "Menos mal que Hizashi hizo que contraramos un seguro para el catering" "Un hombre prevenido" "Sabe un montón de organizar eventos" añade el rubio con admiración, como si montar una fiesta fuera el una habilidad secreta solo conocida por unos pocos.
- Quién iba a decir que ibas a terminar emparentando con un gran clan, eh ¿Naruto?
Intenta quitarle hierro al asunto:
- Es solo un apellido, Sakura-chan.
Hyuga. Senju. Uchiha.
- Los apellidos pesan.
Y siempre con una nota optimista:
- Somos lo suficientemente fuertes como para levantarlos.
Apoyada en su pecho, retumba la voz de Naruto y todas las voces que le han acompañado. El chico del demonio. El paria de la aldea. El héroe de Konoha. Su compañero de equipo. Su amigo. Su hermano. Sakura se pregunta si Kurama está también dentro de él disfrutando de la boda, orgulloso por el muchacho y contento de que su vida vaya por buen camino y brindando con todos los que se sacrificaron para darle la oportunidad de ser feliz. Con Kushina. Con Minato.
- ¿Sakura-chan? ¿Puedo decirte algo si no te enfadas?
- He prometido no enfadarme contigo el día de tu boda. Quedaría feo en las fotos si aparecieras con un ojo morado.
Le comenta con un pequeño escalofrio de que le da un poco de miedo.
- No es para tanto. - Sonríe con arrogancia contra la ropa de él. - Esta última canción y ya, ¿vale? Tienes que bailar con Hinata. O hablar con los invitados. Aquí hay más gente que en el festival de primavera.
- Sí. - Sakura no le ve la cara, pero puede intuir que frunce el ceño - La verdad es que no conozco a la mitad de la gente.
Típico de Naruto.
- ¿Qué me querías decir?
Durante unos instantes, el rubio no pronuncia palabra pero pone la mano a media espalda y la estrecha contra él. Es algo entre un abrazo y un paso de baile, y la manera en la que la que oye el corazón latiendo bajo la camisa hace algo en ella que esté a punto de romperse. Nota que murmura contra su pelo.
- Sé que estás en Suna y que allí eres como una supermédico o así y que tienes un montón de proyectos y que estás con Kankuro y todo eso. A mí me cae genial ¿eh? Es el hermano de Gaara y es muy divertido. Pero… cuando vuelvas, no será fácil mantener una relación a distancia, ¿no? Y quizá entonces, si rompes con él podrías… Sasuke y tú… Yo no voy a dejar de intentarlo. ¿Sabes? No voy a dejar de apostar porque Sasuke y tú seáis felices. Juntos. Como Hinata y como yo.
- Naruto…
-Déjame hablar, Sakura-chan. - Suenan unas trompetas y la voz les acurruca en las notas suaves que traen melancolía y nostalgia, y Sakura es tan pequeña en ese momento, siente que está en una dimensión paralela y que el mundo en su entorno se desdibuja - No voy a intervenir. Pero estaré esperando, siempre intentaré que paséis al menos un tiempo juntos. Nadie le ha querido nunca como tú, Sakura-chan. Sois mis hermanos y nunca dejaré de cuidaros.
De haber sido otra persona, Sakura le habría dicho que se metiera en sus asuntos. Pero es Naruto de quien hablamos; Naruto que mataría por ella y movería montañas por verla sonreír; Naruto que es su inspiración los días grises y su consuelo los días quebrados. Así que se traga el comentario que tenía preparado y a medida que la música se va parando, Sakura reposa la oreja ahí, justamente donde el pecho del rubio late con fuerza. Solo al final, en el último solo de saxofón, cuando se separa de él, le mira a los ojos. Son tan azules que se funden con el cielo de fondo. Azulesazulesazules. La mira así, de tal manera que todas las tinieblas del mundo se hacen a un lado.
La mira bonito y Sakura sabe en el fondo de su alma que es probable que le tenga que partir el corazón pronto.
Se quedan bailando una canción más.
Aguafiestas
The trouble, it might drag you down
Home, Philip Philips
Kankuro lleva un rato alejado del jaleo, refugiado en una zona donde los árboles están más juntos y es difícil que le vean. Desde su atalaya improvisada puede observar al resto de los invitados, escuchar la música, embelesarse con el bamboleo suave de las caderas de Sakura bailando con sus amigas, y ahogarse en la tercera o cuarta copa que está tomando esa tarde. Lo suficientemente lúcido como para saber que tiene que dejar de beber pronto, lo suficientemente borracho como para querer estar solo.
No es que esto último sea sencillo.
- Te estaba buscando. ¿Qué haces que no estás con Sakura?, ¿problemas en el paraíso?
Su hermana llega a su lado cadenciosa y directa, clavando los tacones en el césped fresco. Su pregunta, impregnada por su permanente actitud de mando, coincide con un solo de guitarra de la banda que levanta gritos entusiasmados.
- Está bailando. Con sus amigas. - Le da un sorbo a la copa - En Suna no puede estar con ellas, así que creo que es mejor dejarle un poco de espacio ahora y que disfrute. No quiero ser el típico novio pesado.
A su lado, el frufrú del vestido de Temari rasga el aire cuando cruza los brazos sobre el pecho y si no la conociera como la conoce, juraría que le estaba mirando con ternura justo antes de cambiar el gesto y suspirar con hartazgo.
- Siempre has mentido fatal, Kankuro. Vamos a intentarlo de nuevo: ¿qué haces que no estás con Sakura?
Kankuro aprieta los labios y le da otro sorbo a la bebida, el último antes de que solo queden unos hielos y un poco de líquido al fondo del vaso. Le gustaría no tener que hablar de esto, pero tiene una hermana demasiado testaruda.
El público parece reconocer los primeros acordes de la canción que sigue y hay una serie de gritos de júbilos y entusiasmo y aprovecha la algarabía para organizar un poco el discurso en la cabeza.
- Es el Uchiha. - confiesa no sin cierta vergüenza. Es un poco patético que un hombre hecho y derecho como él ande con problemas de confianza en sí mismo a estas alturas de la vida.
- ¿El Uchiha? ¿Cuál de todos? - hace un gesto vago con las manos que abarca la explanada llena de gente - Hay como decenas y se parecen bastante entre ellos: pelo oscuro, ojos negros, aspecto sombrío, bastante gilipollas.
Si Kankuro no sintiera ese martilleo en el pecho se reiría a mandíbula batiente, pero sólo se ve capaz de atropellar palabras en un suspiro tan melancólico como humillante.
- Sasuke. - Aclara y desea fervientemente no haber dejado nunca de fumar porque le vendría muy bien ahora perderse entre el humo - Es… Hay algo. O hubo algo. Con Sakura. Y no dejan de… mirarse.
Temari lanza una risa al aire y Kankuro reconoce que sí, que dicho así suena ridículo. "Mirarse" como cuando te miraba una niñita en la escuela y pensabas que ya era tu novia. Mirarse no significa nada, excepto que en este caso lo significa todo. Mirarse es la punta del iceberg de una telaraña de silencios que Sakura ha ido construyendo en torno a la figura de Sasuke Uchiha. Desde que la conoce, Sakura siempre habla. Habla mucho. De todo en general, de Konoha en particular. Antes siquiera de relacionar nombre y cara, Kankuro ya se sabía la obra y milagros de los amigos de su novia: Ino (es insoportable, de verdad, ¿sabes que una vez me pegó chico en el pelo la muy cerda?), de Naruto (no conoce las normas sociales básicas, y eso se extiende a comer, es un cerdo), de Kakashi (no se lo digas a nadie pero en realidad es guapísimo). Sabía de Sai (es un poco raro. Hay que tener paciencia), de Kiba, el chaval del perro, de Hinata y sus conflictos con el clan, sabía de Chouji y su estómago insaciable, y de Shizune y de Tsunade, y de lo sexy que era un tal Genma, y de lo divertida que era una tal TenTen y de un beso que compartió hace mucho años con Rock Lee, después de que él le ofreciera dejarla en paz el resto de su vida si accedía a ello.
Sabía de todo de todos y sin embargo el nombre de Sasuke únicamente aparecía esporádicamente cuando narraba tal o cual misión, casi de manera obligada e inevitable. Kankuro pensaba que se debía a que la relación entre ambos no había ido más allá de lo formativo y lo profesional. Compañeros pero no amigos, cordiales pero no cercanos. Sin embargo, un vistazo a la situación, (a la manera en la los hombros de Sakura se tensaban cuando oía la voz del moreno; a cómo los ojos de él recorrían el cuerpo de ella; a las sonrisas y risas compartidas; a las bromas internas y el entenderse sin palabras) indicaban que ahí, subyacente,la relación distaba enormemente de haber sido superficial y detrás de todos esos gestos de complicidad había una historia sentimental que Sakura no quería compartir por algún motivo.
Y eso estaba bien. Kankuro no cree que él y Sakura deban contarse todo su pasado. Joder, él mismo guarda su buena dosis de secretos e historias de las que no está especialmente orgulloso. No pide una explicación por cada cosa que haga, en absoluto: su intimidad es suya y de nadie más. Pero si hubo en algún momento sentimientos y si esos sentimientos aún existen; si Sakura y Sasuke aún fueron en algún momento un algo, cree que debería conocer el estado de la cuestión aunque sea para que las dudas no le ensombrezcan el ánimo.
Eso es lo que cuenta, esa tarde de boda, a Temari. Sin atreverse a mirarla, con la voz tranquila e tratando de no sonar paranoico, le iba desgranando sus días en Konoha, los encuentros con el Uchiha y las reacciones de la Haruno. Quería externalizarlo, tener otro punto de vista, ver si sus miedos eran infundados e intentar ordenar el runrún caótico en su cabeza en una secuencia comprensible de frases y palabras.
La última vez que había hablado con esta franqueza con su hermana debían de tener 13 o 14 años: Gaara ya había conocido a Naruto, y por primera vez desde que su madre había muerto no tenían miedo cuando entraban en casa. Entonces Kankuro estaba volcado en recuperar la relación con sus hermanos. Tiró de las hilachas que quedaban entre ellos, y puso su empeño en reparar los lazos a mano, tejiéndolos de la misma manera que construía las piezas de sus marionetas, una a una, hasta que las unía con hilos de chakra y pasaban a ser una unidad cerrada. Durante aquellos años, Temari le había ayudado como había podido en esa tarea, preparando comidas cuando cada uno quería ir a entrenar en solitario, perseverando para hablar sobre asuntos personales durante las misiones; insistiendo en pasar tiempo juntos haciendo nada. Compró juegos de mesa, organizó acampadas en el desierto para charlar en torno a la hoguera. Los días en que parecía que todos los intentos de mejora fracasaban y Kankuro tenía que volver a gritarle a su hermano pequeño que se comportara; Temari le daba esperanzas. Se tumbaba con él en la cama por encima de las sábanas, y observaban las aspas del ventilador dibujando sombras en el techo mientras discutían nueva estrategia para que Gaara se sintiera parte de la familia. Les llevó tiempo, se frustraron innumerable cantidad de veces, pero no abandonaron. Se tenían el uno al otro, al fin y al cabo, y cuando Gaara estuvo preparado le acogieron sin rencores y con la certeza de que nada ni nadie podría separarlos.
Kankuro estaba convencido de que si Temari no podía ayudarle con sus dramas sentimentales no podría nadie.
- Eso es algo que no te puedo aclarar yo. - Le dice, y se acaricia la barbilla con los dedos largos y las uñas pintadas de violeta - Tendrás que preguntarlo a Sakura al respecto. Pero si te sirve de consuelo: yo también tuve una fase de celos y dudas con Shikamaru. De Ino. - Admite, y hace un ruido como si dudara entre reírse de sí misma y querer echarse a llorar - Toda esa coordinación y complicidad entre ellos me mataba al principio. Me sentía… fuera de la conversación. Luego hablé con Shikamaru y con ella. Las cosas quedaron claras y ya está.
Kankuro rueda los ojos con escepticismo.
- ¿Y cuál es tu consejo? - le repta el sarcasmo por la voz y le echa la culpa al alcohol - ¿Que hable con Sakura y con Sasuke y nos montamos un trío o…?
La mirada que le lanza su hermana podría derretir glaciares.
"Eres imbécil" dice, constata, afirma con el tono de certeza que sólo una hermana mayor puede tener. Y él lo apaña, levemente incómodo por su propia falta de sensibilidad, con un "lo siento". Tras unos momentos de silencio, Temari sacude la cabeza y pone caras de exasperación, como si intentar hablar con Kankuro fuera una pérdida inmensa de tiempo a la que estaba ligada por contrato.
- Mira, por algún motivo que se me escapa, porque ella está como 7 millones de ligas por encima, Sakura está loca por ti, así que no merece la pena que te amargues por algo así. - Temari intenta ser razonable, y práctica, y hace lo que puede para no ver a su hermano triste porque lo odia lo odia odia ver la esa congoja en sus ojos así que le pone la mano en la espalda, más un empujón que un gesto de consuelo. - Quizá hablar con Sasuke es inútil, siendo… bueno, siendo como es. Así que al menos deja esa copa, quita esa cara de funeral y vete con tu novia. A lo mejor descubres que eso de mirarse es solo por un chiste muy gracioso o alguna chorrada así. Son de Konoha: unos sentimentales.
Kankuro no puede evitar sonreír contra el cristal del vaso cuando la oye hablar, así, mandona y desdeñosa como solo puede ser ella. Cuando discuten en casa suele decirle que se quedará soltera porque no conoce la ternura y Temari le responde que cómo va a conocer la ternura con un hermano tan tonto como él. Pero los dos saben que la manera que tiene Temari de querer consiste en recordarle a todo el mundo cuál es el camino que tienen que seguir, ponerles firmes y asegurarse de que, no importa las veces que se caigan, siempre tendrán suficiente fuerza como para levantarse. Kankuro entiende que ahora mismo su hermana está ahí con él, los brazos en harraos, para darle un toque de atención: él es ahora un borracho solitario en una fiesta, ese aguafiestas que siempre ha jurado no ser. Temari ha venido a recordarle que deja de victimizarse, que no muy lejos de él está la chica de sus sueños esperando a bailar con él en sus brazos y que él, en lugar de actuar con valor como siempre ha hecho, está siendo un cobarde agazapado tras los árboles. Captado el mensaje, Kankuro se recompone, estira la espalda y se pasa la mano por el pelo en un inútil intento de arreglarlo un poco. Es hora de bajar a la fiesta.
- Ok, tú ganas - Temari le sonríe con arrogante satisfacción y Kankuro encoge los hombros mientras emprende la marcha hacia la pista de baile - ¿Vienes? ¿O tú también te estás escondiendo del Nara?, ¿tan mal han ido las presentaciones con su familia?
Le llama el Nara, arrastrando un poco sus palabras, porque se niega a llamarle Shika y, la verdad, Shikamaru es excesivamente largo. También porque así molesta a su hermana, que siempre es un placer culpable del que no puede escapar por mucho que la quiera.
- Ah. Sí. - Se queda quieta y pausa unos segundos - Sobre eso quería hablarte. Por eso te había venido a buscar.
Kankuro deja de caminar y gira sobre sus talones para poder escucharla bien. Y cuando la ve, piensa, es momento de que se pare el mundo y se hagan ediciones especiales en los periódicos porque, ojo al dato, Temari de la Arena se está sonrojando.
- Verás, Shikamaru y yo…
- ¿Qué pasa? - le interrumpe con mofa - Si es porque habéis reñido: olvídate. No soy muy bueno dando consejos de relaciones, no sé si te has dado cuenta.
Temari lanza un gruñido de frustración.
- Estoy intentando decirte una cosa, ¿puedes callarte un rato? Gracias. - Kankuro hace como que se cierra la boca con una cremallera imaginaria e inclina la cabeza hacia un lado, ahora sí, con verdadera curiosidad. - Cuando hables lo que tengas que hablar con Sakura… ¿podrías ir con Shikamaru? Tiene algo que decirte antes de que volvamos a Suna.
Kankuro parpadea varias veces antes de asentir (Sí, claro) pero aún así cruza los brazos sobre el pecho, la copa reposando en el antebrazo izquierdo y levanta una ceja:
- Pero, ¿qué me quiere decir? - se le ocurre una idea divertidísima - ¿No querrá pedirme tu mano o algo así? No creo que esté tan chiflado como para aguantarte toda la vida.
Lo dice con una risa de perro, rugosa y grave, que percute contra la melodía que llega desde el escenario. La luz del atardecer cae como una membrana sobre los dos hermanos y atrapa el corazón de Kankuro en medio de un latido cuando ve que Temari no responde, sólo se queda perdida en el horizonte y evitando su mirada.
- ¿Temari?
Una vida entera junto a ella y es la primera vez que la ve sin palabras. Los ojos marrones ven cómo llena de aire los pulmones y lo expulsa, cargándose de valentía para darle una respuesta:
- Ya sabes cómo es. De tradicional. Quiere pedírtelo a ti antes, porque eres el mayor después de mí y todo eso… Porque somos más cercanos. Te respeta mucho, aunque no lo creas. - Clava sus pupilas esmeraldas en él y Kankuro nota como toda su sangre se espesa y se transforma en plomo. - Pero yo ya le he dicho que sí. Y que… me mudaré con él. Aquí. A Konoha.
Y luego, añade, con los ojos esmeraldas pidiendo una absolución, suplicando por su perdón, entonando mil disculpas, como si eso fuera a paliar el golpe:
- Dejo a Suna para siempre, Kankuro.
Cuando la copa cae contra el suelo, los hielos salen disparados y se deshacen lentamente sobre la hierba sin que se mueva nadie del sitio.
Chupitos
To believe I walk alone
Is a lie that I've been told
Let your heart hold fast, Fort Atlantic
Era octubre y hacía frío.
Alguien llamó a la puerta, Sakura abrió y con un suspiro dijo: entrad, anda.
Kakashi se apoyaba, cojeando, en Yamato. Naruto tenía un corte bastante feo en el brazo y Sai hacía presión en la herida con una gasa sucia. Sasuke aún vestía con el uniforme ANBU, la espada manchada de tierra y sangre y el ojo derecho cerrado con fuerza.
Sakura no dijo nada mientras sacaba el botiquín de emergencias y los heridos se sentaron en silencio en los sitios que pillaban en el minúsculo salón, entre pilas de apuntes médicos y plantas que se debatían entre la vida y la muerte. Yamato se quedó de pie vigilando la calle a través de la ventana y Sai se ofreció a preparar un té mientras Sakura curaba a los otros tres.
Era octubre, hacía frío, y Sakura estaba muy cansada.
Les reprochó no haber ido al hospital; preguntó si les dolía aquí o allá; les recomendó reposo sabiendo que no lo cumplirían. "No te preocupes Sakura-chan" "¿Cómo no me voy a preocupar de vuestras tendencias suicidas?" Tomaron el té mientras hablaban un poco de la misión, lo suficiente para que Sakura se hiciera la idea y lo justo para no desvelar demasiado.
- Sabéis que no os pagan más por intentar perder una extremidad, ¿verdad?
Una risa suave, una cascada de excusas y como a Sakura no le convencía ninguna, Naruto se sacó un truco de la manga:
- ¡No es verdad que no paguen más! - se se sentó en el suelo en posición de loto y rebuscó en su mochila - ¡Mira lo que me dio el Domyo de Hielo por las molestias!
Después de sacar tres rollos mal doblados y la muda de la ropa sucia, metió la mano hasta el fondo y les enseñó victorioso una botella que puso sobre la mesita de café para que se pudiera contemplar en su glorio. Todos la miraron con sorpresa. Sakura la reconoció de la colección muy especial de sake que guardaba Tsunade en un cajón secreto del despacho. Kakashi alzó la ceja y acercó la cara al recipiente con curiosidad. Sai, con su confianza habitual en el poder de la palabra escrita, se apresuró a leer la etiqueta en voz alta (Edición especial y numerada. Consumir con responsabilidad. Puede provocar pérdida de memoria a corto plazo. No recomendado para embarazadas y lactantes. Perfecto para maridar con pescados blancos y sushi.) Yamato silbó con admiración y les reveló cuánto valía esa botellita en concreto y Sakura calculó con congoja cuántos años de alquiler se podría pagar con ello.
- Entonces, - concluyó Naruto metiendo de nuevo el licor en la mochila - lo guardamos para una ocasión especial.
- ¿Cuando encuentres tu cerebro?
- ¡Cállate, teme! - se puso a pensar y una sonrisa amplia le iluminó el rostro - ¡No! Cuando Hinata y yo nos casemos.
Kakashi le dedicó una mirada desapasionada.
- ¿Un poco precipitado pensar en eso, no?
Llevaban saliendo juntos dos meses.
- ¡No! Hinata y yo estaremos siempre juntos - Un hecho, algo inamovible. Era inútil llevarle la contraria. - Ya veréis.
Sasuke dijo que era imposible que alguien le aguantara tanto tiempo. Sai reflexionó en voz alta sobre qué era más improbable, si que Naruto fuera Hokage o que una mujer quisiera pasar la vida con alguien con el pito pequeño. Hubo gritos, un intento de asesinato y Sakura tuvo que poner orden y mandar a a cada uno de ellos a una esquina de la habitación, como a dos niños pequeños. Se masajeó las sienes.
- Ya veréis. - Naruto insistió enfurruñado. Cruzó los brazos y puso su cara de testaruda determinación. - Y entonces vendréis a suplicarme.
Y lo vieron, aunque no tuvieron que suplicar nada.
Resguardados tras unos arbustos a unos metros del escenario, Naruto les sirve ese elixir de los dioses en tacitas de porcelana con las iniciales de los novios grabadas. Kakashi parece un poco contrariado por estar ahí, en ese sitio casi en semioscuridad en lugar de en la explanada, disfrutando del atardecer de colores pastel. Naruto les revela el motivo "no quiero que nos vean los Hyuga - dice - Andan vigilando que no beba mucho hoy".
Los otros 5 miembros del equipo 7, no, equipo Kakashi, parpadean perplejos. Naruto pregunta qué justo antes de iniciar el brindis y Yamato y Kakashi suspiran al tiempo. Sai sonríe con su sonrisa blanda. Sakura sacude la cabeza con incredulidad. La respuesta de Sasuke no por ser cruda es menos cierta.
- Es sorprendente lo tuyo. ¿Te casas y no conoces el doujutsu de tu mujer? Tienen Byakugan, idiota. Verían lo que estás haciendo a 20 kilómetros.
Naruto boquea. Una. Dos. Seis veces. Dice: oh. Dice: ah. Luego dice: entonces… La sorpresa: en la habitación de Hinata y… exclama: no puede ser. Y luego: ahora entiendo las miradas cuando salíamos y…
Al final les da la risa a todos, más o menos sonoras, más o menos visibles, pero risas al final y cabo. Naruto, concede Kakashi rendido ante la evidencia, no cambies nunca.
El brindis es corto, porque el Uzumaki se echa a llorar en cuanto levanta la cabeza. "No lo habría hecho sin vosotros", dice. "En serio", remarca. Ninguno hace un comentario porque en realidad, a lo mejor es el alcohol y la comida o la música, pero están todos al borde del desbarajuste emocional. "Sois mi primera familia", declara "Lo mejor que me ha pasado nunca". Sakura no quiere mirar a Naruto para evitar echarse a llorar, así que mueve el rostro hacia su izquierda, lo justo para que su cara se de bruces con la de Sasuke, que ha debido de pensar lo mismo porque se encuentran ojos y casi rostros y ambos se quedan enganchados en el momento. Pupilas que se queman las unas a las otras a apenas unos centímetros de distancia y que se rompe cuando vuelven a llenar las tazas. Naruto se quita las lágrimas con la manga del traje y se sorbe los mocos. "Da igual lo lejos que estemos o en qué trabajamos. - establece con convicción y mira especialmente a la pelirrosa en este momento - Tenemos que estar siempre en las ocasiones importantes: bodas, nacimientos, promociones, ¿vale?" Se lo hace prometer uno a uno, mirándolos fijamente con sus ojos azul acónito, y a Sakura no le queda más remedio que asentir cuando llega su turno, luchando con la sensación de tener una mala hierba creciendo en los pulmones.
- Bueno, ya se acabó el discurso: - les regala una sonrisa de diamante - a beber. ¡Me he casado!
Sakura traga de un golpe el contenido y quiere pensar que es por eso y no por la mirada Sasuke que nota un ardor en el centro de su cuerpo.
Kakashi inicia casi de inmediato otro brindis y sorprende a todos con la taza vacía sin haberse quitado la máscara: Por el equipo 7, entonces. No pensé que sobrevivirías a la primera semana, honestamente.
Sasuke hace un esfuerzo de autocontrol para que el alcohol no le haga mirar fijamente el adorable sonrojo alcoholizado que sube por el cuello de Sakura.
Yamato se pica y ahora rellena él los vasos: ¡Por el equipo Kakashi! La verdad es que pensé que el que no sobrevivía era yo.
Se ríen mientras empieza una nueva ronda, dispuestos a vaciar el contenido de la botella de una tacada, malditas sean las consecuencias.
Naruto recupera el control sobre el recipiente y derrama un poco al volver a llenar los vasos: ¡el mejor regalo que nos han hecho tras una misión! ¡Somos los mejores!
La cara de Sakura se oscure y Sasuke se da cuenta de inmediato y de pronto, comprende.
Era octubre, hacía frío y él había sugerido no molestar a Sakura en esta ocasión.
Por supuesto, no le hicieron caso. Por supuesto, Sakura les abrió la puerta con ojeras marcadas y la piel de una palidez enfermiza.
Por supuesto, les curó con cariño y sin quejarse más de lo habitual.
Por eso decidió recoger las tazas de té en la cocina a pesar de que se encontraba mal, había perdido demasiada sangre y estaba mareado. Fregaron en silencio, él secando con un trapo viejo la cerámica y ella pasando el jabón y el agua, las burbujas haciendo flores en las manos frías de la médico. Limpiaban en un ritmo coordinado que se quebró de pronto, cuando Sakura dejó de un golpe la tetera en el fondo de la pila y el agua la llenó hasta que empezó a salir desbordada por la boquilla. Sasuke la miró de reojo sin saber muy bien qué hacer.
- No sé si me merezco el sake - dijo apoyando su cuerpo en la encimera y suspiró con cansancio - Al fin y al cabo, no he estado en la misión.
Sasuke cerró el grifo y la analizó en silencio. Esa Sakura de entonces era fácil de leer y predecir, conocer sus turbaciones, sus sueños y deseos y no le costó demasiado dar con una frase para aliviar el momento:
- Claro que te lo mereces.
Sakura negó con la cabeza y los ojos jade se volvieron un poco oscuros por la pena. Sasuke pensó que así con los párpados pesados por el sueño, estaba especialmente guapa.
- Hace meses que no salimos juntos en una misión. Tú a veces te unes a ellos como ANBU, pero yo estoy todo el día en el hospital, a penas soy parte del equipo ya.
Quiso bufar ante la tontería, y abandonar una conversación que no iba a ningún lado pero Sakura se giró hacia él y se encontró admirando su rostro, la perfecta línea que marcaba su nariz, el botón perfecto que hacía su boca y las sombras que hacían los pelitos en las frente bajo la luz de la cocina.
Horas después, tuvo la indecencia de culpar a la pérdida de sangre por lo que pasó.
Era octubre, hacía frío y Sakura dio un salto cuando Sasuke le puso un mechón tras la oreja y posó su mano en un hombro, la calidez bailando en los ojos rasgados.
- Sakura. Este equipo existe porque estás tú. - Los dedos rozaron el hombro suavemente, la voz sonó ronca y sensual y la piel de ambos se tensó - Tú eres nuestro motivo para volver a casa.
- ¿Eso crees, Sasuke-kun? - se mordió el labio y no eran capaces de dejar de mirarse - ¿Soy así de importante para ti?
Dijo "claro" en un tono bajo y grave y se fijó en que el té había dejado una manchita sobre el labio superior de Sakura. Era una gotita marrón, apenas visible para un ojo no entrenado en el sharingan. Era una mota en la piel prístina de Sakura. Era algo que le distraía porque le molestaba que interrumpiera la línea que dibuja ba el arco de cupido de los labios de Sakura. Era algo que le distraía porque a qué sabría. Era infuriante. Era un problema. Debía quitarlo de ahí.
Avanzaron los dos al mismo tiempo el uno hacia el otro.
Naruto entró gritando que tenía hambre justo a tiempo para interrumpir el beso.
Era octubre, hacía frío, y Sakura y Sasuke nunca sacaron el tema después de aquello.
En la última ronda, después de un extraño brindis patrocinado por Sai, Sasuke siente que la bebida toma control de sus actos cuando acerca la boca hasta la oreja de Sakura y le dice unas palabras en un tono que solo puede oír ella:
- Te mereces cada gota de este sake, Sakura.
Por la manera en la que los pelos de la nuca se erizan, sabe que ella también se acuerda.
Bailar agarrados
Oh, be my once in a lifetime
Lyin' on your chest in my party dress
I'm a fuckin' mess
Love Song, Lana del Rey
El equipo 7 vuelve a la zona de fiesta justo en el momento en que hay un cambio de música sorprendente, el paso de la percusión acelerada a la melodía lenta. Abrupto pero no brusco, los pies se adaptan rápidamente al nuevo ritmo. Los que están bailando solos se reubican, se separan los grupos y se juntan las parejas. Se arriman caderas, los brazos se enredan entre cuellos y cinturas, y las chicas posan la cabeza en el pecho de su acompañante, cayendo en el balanceo armonioso de los cuerpos. Quien no tiene compañero de baile, lo busca. Quien se siente solo, anhela tener a alguien a su lado. Y quien tiene a ese alguien especial al lado de otro persona hace lo posible por sacarlo de ahí.
Con esto en mente y con su tumultuoso estado emocional de equipaje, en cuanto Kankuro les ve aparecer, dándose golpes en el hombro e insultándose, anunciando con neones su llegada a la multitud, camina hasta ellos con paso firme. Sakura parece un poco ensimismada antes de verle, pero le saluda con un susurro suave y alicorado, un ronroneo que se enrolla en su costado haciéndole cosquillas "Kankuro", y sustituye las ganas de besarla por un atropellado "os la robo un rato". Sakura se deja llevar por su mano, tirando de ella hacia el centro de la pista. Oyen a lo lejos a Yamato decir: toda tuya y a Kakashi: pasadlo bien.
Encuentran un sitio frente al escenario y se plantan ahí, Sakura con una de esas sonrisas que iluminan fosas abisales y a él percibe que el pudor le ha paralizado las extremidades, rojo como un cangrejo, porque no sabe qué tiene qué hacer con su cuerpo en ese instante. Su plan sólo tenía como único objetivo separarla del Uchiha y traerla a sus brazos y ahora que lo ha conseguido, se da cuenta de un pequeño detalle sin importancia: que no sabe bailar. Ni idea. Suspenso tanto en conocimiento teórico como práctico. Y Sakura le observa como esperando que haga algo. ¿Algo como qué? Se rasca la nuca. Infla los carrillos y echa una ojeada a su entorno, pero es difícil averiguar los movimientos si todo el mundo está pegado el uno al otro. ¿Kankuro? ¿Todo bien? Decide ser honesto. Aunque sea vergonzoso. Le dice la verdad: creo que no sé bailar y Sakura se ríe con una risa que ilumina todo el entorno. Da un paso hacia él y le dirige las manos hacia los lados de su cintura, pegando su cuerpo al suyo y entrelazando las manos tras la nuca. "No es muy difícil" murmura "en este tipo de canciones no tenemos que movernos mucho, solo dejarnos llevar" "¿Solo eso?" No parece complicado. Podría, sin duda, acostumbrarse a ello. Podría, incluso, hacerlo a menudo si Sakura hace siempre eso de juntarse a él de tal manera que nota los huesos de la cadera de la marcándose contra sus muslos; y se atrevería a decir que bailar podría convertirse en una afición si en cada coreografía Sakura le besa con esa dulzura, lenta y profundamente, retumbando en el corazón, línea directa con su ombligo y luego más abajo. Cuando se separa las piernas se mueven solas al ritmo de la música suave, y no puede despegar los ojos de su novia.
- Solo eso - murmura mimosa - ¿Ves que no es tan difícil bailar?
Le cuesta un poco recuperar el aliento.
- Bueno, tú dirás que esto es bailar, pero se parece mucho a ciertos preliminares que hacemos antes de…
Sakura rueda los ojos y sonríe, maliciosa, acercando la parte baja de su cuerpo con la suya hasta que Kankuro piensa que se van a fundir en ese espacio y que van a tener que buscarse un lugar más oscuro y recluido o montaran un espectáculo.
- Si eso es lo que quieres que sea…
¿Que si quiere? Vaya pregunta. Lleva queriendo desde que la vio esta mañana; y más tarde se encontró a sí mismo incapaz de concentrarse en nada que no fuera cómo se pegaba a su físico el vestido improvisado y ahora que la tiene cerca no tiene intención de dejarla escapar, pero tiene que hablar con ella: del Uchiha (que la mira, que se miran, que qué pasa o pasó, no sabe bien) y de Temari ( "Es el líder del clan, Kankuro", le había dado por toda explicación y él asintió como si comprendiese, pero se sentía traicionado. Herido. La iba a echar de menos. Nunca habían estado separados así. Y era su hermana. La única que tenía. Y además, si ella se quedaba permanentemente en Konoha las posibilidades de trabajar como embajador si Sakura decidía volver se esfumaban). Sí, sí: tenían que hablar, cuanto antes, aclarar sentimientos y elaborar un plan pero ¿y si se quedaban un rato así, simplemente bailando, y luego se iban y se besaban en una de las habitaciones del palacio?, ¿tan malo sería perderse en la oscuridad que iba naciendo, tanto desaparecer entre los invitados, tanto entrar en ella sin ni siquiera quitarle la ropa, sería tan malo esperar un poco para hablar de todo eso?
- ¿Kankuro? ¿Estás aún ahí?
- Sí - ¿Dónde iba a estar sino? Su sitio estaba a su lado - pero creía que querías ver los fuegos artificiales. Y además hemos estado poco tiempo juntos hoy. Podríamos estar un rato más por aquí, he oído que tus amigos tienen reservado una sala en un bar para esta noche.
Sakura hace un hmmm considerando la propuesta y al final, para no tensar más la cuerda, separa un poco su cuerpo del de su novio.
- La verdad es que tú has estado más solicitado que un día de trabajo normal y yo he estado casi todo el rato con otra gente. - Lanza un suspiro resignado y dirige sus labios al borde del cuello de la camisa, depositando un beso que apenas roza la piel - Lo siento.
- ¿Por qué? No pasa nada. Es normal que estés con gente a la que hace más de un año que no ves. Lo de los embajadores, eso sí, es enfermizo. Hay uno que se ha plantado con una propuesta de tratado comercial de 140 páginas. Gaara le ha tenido que parar los pies.
"¿En serio?" dice, y Kankuro asiente.
- Aunque lo entiendo, por otra parte. La chica más espectacular de la boda está pillada y claro, no pueden hacer nada para solucionarlo. Yo también me echaría a trabajar.
Con una risita se recuesta un poco más contra él, y la arrulla en su pecho. Kankuro posa la mano en un punto al final de la espalda en que sus dedos encajan a la perfección y coloca la barbilla sobre la cabeza rosa. Pero qué tonto eres, murmura Sakura muy muy muy bajito y él no tiene corazón de romper el encanto en el que están ahora mismo los dos.
Una canción más, piensa, y hablo con ella sin falta.
Hazme entrar en razón
I found love where it wasn't supposed to be
I've found, Amber Run
En el segundo año de academia, Iruka les mandó escribir la biografía sobre una persona que admirasen. Sasuke tardó cuestión de microsegundos en pensar en su hermano, pero tan pronto llegó a casa y pudo hablar con él descubrió que el secretismo que rodeaba tanto a su profesión como a su vida, hacía prácticamente imposible escribir más de dos líneas. Decepcionado, estuvo dándole vueltas a escribirla sobre un Hokage, pero ninguno había sido especialmente bueno con los Uchiha así que se le quitó la idea. Shisui insinuó hacerlo sobre algún Sannin, pero apenas los conocía y tampoco le caían especialmente bien. Fue su madre la que le vio refunfuñando en la parte de detrás de la casa, un niño de 8 años con demasiado carácter, la que le dio el ieda. Mikoto se sentó a su lado, puso entre ellos un plato de tomates maduros cortados en triángulos y un vasito de té de jengibre y le dijo: ¿y por qué no papá? Y Sasuke evaluó la opción hasta que se le encarnaron las mejillas y se miró la punta de los pies. No tuvo el valor de decir: porque nunca habla conmigo, así que dijo: está bien.
Durante los tres días siguientes Sasuke intentó entrevistar a su padre con escaso éxito. La primera noche estuvo trabajando hasta muy tarde en la estación de policía y él se quedó dormido en las escaleras, esperando a que se encendiera la luz del recibidor. Lo intentó de nuevo a la mañana siguiente en el desayuno, pero cada vez que iba a preguntar algo (¿qué hiciste en la guerra? o ¿cómo haces tu trabajo? o ¿te gusta ser policía?) le poseía un miedo insensato que le ataba la lengua al paladar. La tarde siguiente y casi hasta la hora de la cena la pasó siguiéndole en la distancia mientras le veía caminar a paso rápido de la policía a las reuniones del clan, de las reuniones a la torre Hokage, de la torre a las instalaciones de T&I y luego, otra vez, a la disciplina burocrática de su despacho. Este proceso se repitió el resto de los días y cuando la víspera a entregar la tarea se enfrentó a las notas que había tomado, se dio cuenta de que que tenía una agenda detallada del día a día de su padre, pero no podía encontrar una anécdota personal o un rasgo de carácter que pudiera ayudarle a profundizar en la persona de Fugaku Uchiha.
Tiró de la información que había oído a lo largo de los años y consultando la biblioteca del clan para aclarar las fechas, fue capaz de redactar una semblanza artificial, a grandes rasgos, de aquel hombre con quien compartía techo desde su nacimiento. Le deprimió entonces que la única guía que tenía para conocer a su padre era esa redacción escrita con su letra irregular de niño, y era aún más deprimente que tras una década, el Sasuke adulto no podría añadir a esos datos más que un par de frases que le habían contado los ancianos.
Ha día de hoy, seguía siendo una tarea imposible hablar con él más allá de lo cordial, y aunque había aprendido a interpretar tal o cual mueca de la cara, el hermetismo de Fugaku le tensaba la hombros y le llenaba de ansiedad y dudas. Con los años el miedo que le producía pasó a manifestarse físicamente en un pitido intenso en los oídos que le impedía emitir juicios sensatos cada vez que hablaba con su progenitor. Cualquier intento de conversación se veía saboteado por preguntas que burbujeaban en su mente como un veneno: ¿qué quería?, ¿estaba diciendo lo que tenía que decir?, ¿había vuelto a meter la pata?, ¿qué haría Itachi en su lugar?, ¿había sabido interpretar el verdadero significado de sus palabras?
Cuando Fugaku se le acerca poco después de que Naruto se haya despedido de él, el pitido se ve mitigado por el sake que aún pulula por ser venas, pero las pompas de preguntas ansiosas aparecen con espasmos veloces en su mente.
Un saludo. Breve.
Una respuesta. También corta.
Un silencio que se extiende y los minutos que pasan observando el todo y la nada, ojeando el trasiego de los invitados hasta que Fugaku dirige los ojos al cielo, contemplando el color rosado de las nubes del ocaso.
- Un buen clima - dice - para una boda. Hiashi estaba muy contento de ver a su hija feliz.
El tiempo. Sí, Sasuke se ve capaz de hablar del tiempo.
- Sí. No ha llovido. - puedes hacerlo mejor - Todo ha salido muy bien.
¿Y ahora qué?
- Sí. Muy bien. - Por el rabillo del ojo, Sasuke ve a su padre tensar la boca - Hacía mucho que no hablaba con él. Con Hiashi. Ha sido… interesante.
El pitido aparece de pronto con intensidad y le colapsa la capacidad del lenguaje. Intenta localizar a su hermano o su madre en las inmediaciones, pero están demasiado lejos.
- ¿Interesante? - consigue repetir.
- Sí. Hemos hablado sobre los hijos. - Añade, y gira un poco la cabeza en su dirección - Después de tantos años peleándonos, nos hemos dado cuenta de que él y yo somos más parecidos de lo que creíamos.
La música trepa hasta los dos, pero los Uchiha no bailan, ahí siguen, plantados, escaneando la zona de baile. Sasuke no tiene claro qué decir ahora, pero una ojeada a la forma en la que se tensa la barbilla está casi seguro de que su padre en esta ocasión no espera una respuesta.
- Me ha contado que le costó asumir que Hinata quería otro tipo de felicidad que la que él tenía planeada para ella. - Una de sus manos grandes y callosas se entreteje en su pelo y se echa la melena corta hacia atrás. - Parece que ambos erramos proyectando nuestras expectativas en vosotros sin respetar vuestros deseos.
Fugaku observa a los novios en el centro de la pista y Sasuke espía el vaivén del pelo rosa cada vez que se bambolea en brazos de su novio. La ve feliz y cariñosa, pero el corazón se le endurece tanto en el pecho que tiene que apartar la mirada y se encuentra con el rostro de su padre mirándole con franqueza.
- Nunca quise que fueras igual que yo. O que tu hermano, tampoco. - Hay un leve curva hacia arriba en su boca, algo parecido a una sonrisa - De ser así me habría limitado a hacer clones.
Es una mano tendida, esa broma, y Sasuke no sabe si cogerla. Le cuesta entender qué está pasando exactamente, por qué su padre se ha acercado, qué clase de prueba es y cuál es el motivo ulterior de la misma. Desconfía como desconfían los shinobis acostumbrados a ver lo que está oculto bajo la superficie. Pero al tiempo parece que solo quiere charlar sin exigencias, pasar el rato con su hijo, conocerle más. Es una extraña sensación la de ser visto por Fugaku. Visto como una persona, no como el recambio de heredero, el "por si acaso le pasa algo a Itachi" que siempre ha sentido que era. Parecía que de pronto el patriarca se diera cuenta de que entre los 4 y los 21 años se ha perdido una vida entera y quisiera recuperar los ratos olvidados.
- Padre - titubea - yo no sé qué…
Fugaku agita la cabeza, el flequillo moviéndose en la frente y la nuez se le marca cuando traga antes de aclarar sus intenciones:
- Sasuke: no. Ya es hora de que hablemos. - Clava su mirada, intenta ser amable, intenta, incluso, ser dulce. No le sale muy bien. - Como padre e hijo.
Vaya.
Hablar, dice. Y el pequeño de los Uchiha parpadea con incredulidad.
Todo el mundo sabe que ninguno de los dos es bueno con las palabras, especialmente si estas tienen que ver con desgranar sentimientos. No son capaces de componer frases honestas y sensibles como las de Mikoto, ni hacer discursos serenos y diplomáticos como los de Itachi. Tienen un sistema de comunicación que se basa en los gestos y en la acción, y la palabra oral siempre les ha parecido algo más propio de gente extrovertida, algo que les expone en exceso y que requiere demasiada energía para dos personas de extraordinaria timidez. Así que, hablar en sí parece una tarea titánica, fuera de lugar y de una ambición desmedida. Pero hablar es lo único que puede restaurar unos lazos deshilachados después de una vida de aislamiento y malentendidos, así que Sasuke es consciente de que, dada la excepcionalidad de la situación, debe poner toda su energía en poder sacar adelante una conversación que lleva toda su existencia esperando tener; así que se compromete consigo mismo a hacer el esfuerzo de traducir tanto sus emociones como las de su padre a un idioma que ambos puedan comprender.
En favor de los dos Uchihas, hay que decir que ambos ponen empeño. Tantean este y otro tema de conversación, buscan puntos en común, e incluso intentan tirar de humor, pero cuando fracasan en la segunda o tercera frase se quedan en silencio, los dos pares de ojos clavados en el cascarón de la tarde. El cielo empieza a oscurecerse y algunas estrellas bordan lunares en el horizonte, y se mezclan con los lámparas de papel que cuelgan de los árboles y cuyo reflejo brilla en el metal de las bandejas de bebidas. Sasuke está convencido de que en algún momento de sus años locos se ha acostado con la camarera de pelo pajizo y pómulos caídos que se acerca a ellos, y está diseñando un plan de fuga al baño para evitar el incómodo reencuentro cuando observa con pavor que Fugaku se acerca a ella e intenta una última treta para llevar a buen puerto la conversación y coge dos vasos pequeños llenos hasta el borde de un líquido oscuro y denso. Otro gesto de buena voluntad que Sasuke, en esta ocasión y una vez que la camarera desaparece de su vista, acepta.
Resulta ser algún tipo de licor de hierbas, dulzón y empalagoso, que Sasuke simplemente odia y Fugaku definitivamente detesta. Según lo prueban se dibuja en ambos el mismo gesto de disgusto que se traduce en una mueca de asco en la cara. Fugaku ve su propio reacción en la cara de Sasuke, y Sasuke la suya en la de su padre y cuando se reconocen a sí mismos en este gesto heredado, una risa rasgada les cruza la cara, y les relaja, como las aguas cálidas de un onsen, el cuerpo.
- No sé cómo estas cosas le pueden gustar a Itachi.
- Itachi lo ha sacado de tu madre. No sabes cómo es. Cada vez que me despisto me encuentro con que ha puesto algo azucarado en la comida.
No es mucho, pero es el hilo que necesitan para tirar de la madeja. Les permite iniciar una charla inocua, sobre la familia, sobre los gustos, sobre una vez que comieron tal y bebieron cual y pronto los silencios se hacen más cortos y menos frecuentes. Sasuke le cuenta de algunas misiones, y Fugaku le informa satisfecho de que el sistema de protección de la policía, con Shisui al cargo, parece estar funcionando a la perfección. Le señala dónde están situados los agentes por sectores y está hablando de los sellos de protección en la zona más frondosa, al noroeste, cuando se da cuenta de Sasuke no le está escuchando y que sus ojos han dejado de seguir las indicaciones: se han quedado, clavados, en la pista de baile. No le cuesta mucho seguir la línea de la mirada y no tiene más remedio que dibujar una sonrisa triste cuando ve que se dirigen a cierta pelirrosa rodeada por los brazos de otro hombre. Se sonríe apenas imperceptiblemente con ironía mientras achica los ojos. Los Uchiha podrían tener la vista perfecta, pero hay muchas cosas que escapaban a sus ojos. ¿Cómo no lo había visto antes? ¿Cómo había dejado que pasara esto en su propia casa? Es tan obvio que es tierno, y tan transparente que es frustrante. Fugaku se fustiga a sí mismo cuando no le queda más remedio que asumir que Mikoto tenía razón, y que ahora mismo estaba ante el rostro de un hombre perdidamente enamorado.
Su orgullo de padre se ve tan herido como hinchado.
Sasuke parece reaccionar, orejas rojas y nuca ardiente, cuando se aclara la garganta.
- La gente dice que tú y yo tenemos el mismo carácter - Comenta con tono certero, y mete las manos en las mangas anchas del kimono - pero yo siempre que te miro veo a Mikoto. Tu fondo y tu parecido son innegables. Y aunque no lo creas es una de las cosas que me gusta de ti. Porque… no podría haberlo hecho sin ella - aclara -, sin tu madre. El clan, la policía, el tema del Kyubii, lo del golpe… no habría podido. Habría estado perdido y me habría vuelto loco.
Fugaku se vuelve a su hijo y se encuentra con dos azabaches negros exactamente iguales que los de su esposa mirándole. Y descubre entonces que si se centra en ellos le resulta más fácil hablar que si contempla la totalidad de ese hombre prácticamente desconocido que es su hijo pequeño.
- Por eso cuando pasó todo lo de tu compromiso fue… - busca las palabras y contempla las nubes, intentando hallarlas ahí. Sasuke cierra los ojos y aprieta los puños en frustración. Iba todo tan bien tan bien, se había esforzado tanto en cumplir las normas con Akira y con el clan, que la idea volver a escuchar la cantinela sobre sus devaneos sexuales le resultaba insoportable. - No es que me molestara lo que hacías en tu… vida íntima. Lo que me, bueno, nos ofendió es que no te estabas tomando en serio buscar una pareja. - Toma aire y decide que por ahora, sólo en este momento, un buen consejo de padre a hijo es lo que tiene que dar: - Entiendo que los tiempos han cambiado cuando se trata de relaciones, y a lo mejor puedes pensar que es una frivolidad, pero es importante a quién eliges para pasar el resto de tu vida. Tu compañera será quien te ayude a superar tus peores momentos y con quien celebres los mejores. En los asuntos del clan, la aldea, en las penas y en las alegrías. Será quien lleve a tus hijos y quien transmita valores comunes. - Añade y Sasuke agacha la cabeza, analizando hacia dónde se dirige la conversación. Quiere intervenir pero una vez más su boca no responde. - Por eso forzamos la situación: para que no dieras por sentado que cualquier mujer valía. Somos shinobis, y no tenemos tiempo de ir probando con ensayo y error, probando aquí y allá, porque un día, simplemente, estaremos muertos. - Y entonces, con los ojos entrecerrados, agacha la cabeza en una disculpa y a Sasuke se le paraliza el gesto de la sorpresa - Es nuestra culpa si no supimos transmitir este eso y te empujamos a buscar una esposa rápidamente sin tener en cuenta otras circunstancias.
Ya no queda apenas luz y Sasuke siente que le tambalea un poco el espinazo. No quiere hablar de esto, no ahora, no con Akira hablando con su madre y con Izumi animadamente, no con Sakura tan cerca y tan lejos; no en la boda de Naruto donde todo el mundo parece tan feliz, tan enamorado, tan seguro de sus decisiones y deseosos de embarcarse en el futuro.
Pero su padre acaba de pedirle perdón, y es algo que nunca jamás pensó que escucharía. Mueve la cabeza de arriba bajo, y acepta la disculpa de manera discreta. No quiere humillarle, aunque por dentro se deshaga su corazón como la mantequilla. Su padre, Fugaku, por fin le reconoce. Y como regalo de celebración quiere decirle que no se preocupe, que está bien con Akira, que no pasa nada, pero entonces Fugaku le dedica unas palabras que le secan la garganta y le aprietan el corazón hasta que se para:
- La cuestión es que nunca me habría imaginado que tú ya tendrías esa persona elegida.
Es gracioso, porque Fugaku descubre en ese momento que Sasuke sigue poniendo la misma cara de sorpresa con casi 22 años que con 3, todo ojos hinchados y mejillas sonrosadas, la boca un poco abierta. Es mucho más parecido a Mikoto que a Itachi, el menor de sus vástagos siempre ha sido tierno y dulce, inocente hasta la carcajada y el jefe de policía se admite a sí mismo que es tiempo de recuperar el tiempo perdido.
- Sakura Haruno, ¿no? Tu compañera de equipo. La del pelo rosa.
Sasuke mueve la boca sin emitir ningún sonido hasta que se da cuenta de que su padre le contempla con una media sonrisa y la ceja alzada. Recupera el habla solo para decir 4 frases que intenta tener sentido pero sólo parecen el discurso de un loco:
- Me gusta Akira, padre. - Dice.- La estimo. - Afirma - Será una buena esposa. - Eso cree. - Estoy bien con ella. - Es decir: no está mal.
Las líneas de la cara de Fugaku enmarcan una sonrisa triste cuando avanza un brazo hacia su hijo y se lo pone en el hombro:
- Pero no la quieres. ¿Tú quieres a Sakura, no?
Sasuke supone que a estas alturas no tiene sentido engañarse más a sí mismo, ni mentir al mundo, ni mucho menos ocultarse a la única persona de la que espera aprobación y respeto.
- Sí. - Primero en voz baja, después más seguro y convencido - Sí, quiero a Sakura.
De pronto siente un alivio similar a quitarse un armadura pesadísima que lleva toda la vida cargando. Todo parece fácil y claro, como si tras añados anudados puediera desatar el hatillo en el que guardaba los sentimientos. Farfulla una explicación que tiene aspiración de excusa pero que sólo consigue hacer que una sonrisa pequeña y cálida ilumine el la cara de su padre:
- Cuando estoy con ella quiero ser mejor, padre. La mejor versión de mí mismo que pueda ser.
Como persona. Como shinobi. Como hombre.
Y esa es exactamente la definición de amor que Fugaku espera de un hombre maduro, algo que no sólo puede entender, sino que no le queda más remedio que respetar.
- Y si la quieres, ¿por qué has renunciado a estar juntos?
Hay muchos motivos, piensa Sasuke. Necesitaría una tarde entera para describirlos. Empezaría con que no es una Uchiha y no quería obligarla a vivir una vida sometida a las directrices castrantes del clan; seguiría contando que le dijeron que la dejara en paz para que pudiera vivir su vida; continuaría con que está Akira, y él se va a casar con ella; y admitiría finalmente que es porque tiene novio, Kankuro, y está realmente feliz con él; o porque sabe que está mejor en Suna que en Konoha porque ahí puede crecer todo lo que quiera; y terminaría confesando que en realidad la quiere tanto que sacrificaría su felicidad a cambio de verla sonreír. Pero lo cierto es que solo hay una respuesta que englobe todo y que permita abarcar la magnitud del problema:
- Porque no me la merezco.
Y Fugaku le mira, serio, muy serio, una seriedad inédita, dura, hosca que hace que Sasuke se encoja un poco. Teme, de nuevo, haber dicho algo inapropiado y está al borde de pedir perdón cuando ve que su padre relaja las líneas de la cara, y vuelca sus sentimientos en un suspiro y una caída de hombros, a medio camino entre la derrota y la esperanza:
- Siempre he admirado dos cosas de ti, Sasuke: tu tenacidad y tu valor. Nunca te he visto abandonar tu propósito ni amendrentarte ante un reto. Y no espero que lo hagas ahora.
Se acerca y se da cuenta de lo altísimo que es su hijo menor, y se pregunta cuándo y cómo ha pasado el tiempo y cuánto daño le ha hecho para que cuando le abraza, torpe e inseguro, se retuerza un poco entre sus brazos. Le da una palmada temblorosa en la espalda antes de irse con su mujer.
- No te retires aún y lucha por ella. - Sasuke le sonríe levemente y escucha, por fin, las palabras que hace años que deseaba oír - Eres, al fin y al cabo, mi hijo y no espero menos.
Fugaku se marcha unos segundos después y Sasuke se queda ahí, pensativo, contemplando a Sakura bailar en la distancia.
I'm on the run with you, my sweet love
You're in the wind, I'm in the water
Chemtrails Over The Country Club, Lana del Rey
La voz de la cantante suena como una nana acuática y Sakura siente que se hunde entre marejadas, remolinos y algas. Amarrada al cuello de Kankuro, la línea de flote que le queda, le escucha contarle que Temari se casa. Este mismo septiembre, parece ser, si el Consejo de Suna lo aprueba, y los Nara lo pueden organizar a tiempo. Sakura dice vaya a falta de una expresión que recoja mejor su consternación,y los dedos de Kankuro se hunden más ahí en el fin de la espalda, recordandole que está a su lado, que no se ha movido ni piensa hacerlo. Sakura está bien así, supone, intentando no ahogarse en la información. Ojos cerrados y la cara hundida en el cuello de Kankuro, sus manos rodeándole los hombros, y el olor a menta le llega a la pituitaria y es ese exactamente el aroma de llegar a casa.
- Sé que hace que las cosas sean un poco más difíciles pero encontraremos la manera, ¿vale?
Sakura asiente contra su cuerpo e intenta que su cabeza no vaya en espiral. Aprieta las manos tras el cuello y él repite otra vez el gesto en su cintura, ahora dibujando círculos con los dedos. "¿Por qué es todo tan difícil siempre?" le pregunta, sin moverse de su sitio, y en serio, ¿por qué?, ¿por qué no podrían ser simplemente de la misma aldea, dos shinobis que se conocen, se enamoran, y viven juntos para siempre?, ¿por qué todas las complicaciones, por qué la incertidumbre, la inestabilidad, el futuro hecho un pequeño gatito desnutrido del que tienen que cuidar para que no muera? Nota a Kankuro encogiéndose de hombros: Bueno, ya sabes lo que dicen ¿no? - y le acompaña algo que cuesta identificar como una risa triste o una cansada. Probablemente ambas. - Nadie escribe canciones sobre las historias fáciles. Es una manera de verlo, despreocupada e irónica, como ve Kankuro todos los problemas que no supongan una amenaza directa sobre las cosas que importan y hace que Sakura tire la cabeza para atrás y ría. Es un don que tiene este chico, hacerla reír incluso cuando se le ha acabado el chakra, y ha sido un día horrible en el hospital, y solo quiere hacerse un ovillo en la cama. Otras veces es ella la que le anima los días cuando la burocracia le come el tiempo que tendría que dedicar a entrenar, cuando la preocupación por asuntos de Estado le quita el sueño. Se compensan así, alternando papeles según la circunstancia, uno con malas noticias y otro con la nota positiva; uno tierno y el otro ácido, uno racional y el otro emocional. Uno de Suna y otro de Konoha.
- En realidad estoy muy feliz por ellos – termina por decir, intentando no dejarse vencer por la negatividad y volver a su alegre, optimista manera de ser- y han demostrado que las relaciones a distancia pueden funcionar… ¿no? Son todo un ejemplo. Me hace soñar con que entre nosotros no se podrá interponer nada.
Kankuro guarda silencio unos momentos, como pensando en otras cosas. "Sí claro" dice al final como si "sí claro" fuera una respuesta a todo, como si despejara el agua turbia que de pronto les llega a los rodillas y enseñaran un fondo marino de peces de colores y arena fina. Sí claro y ojalá Sakura se lo pudiera creer. Le llena de cierta tristeza que no comparta su visión de la situación.
- Sakura, hay algo más de lo que te quiero hablar. Es sobre ti y S…
- Ahora no. - Le interrumpe, poniéndole un dedo en los labios, sin saber qué va a decir. No quiere más quebraderos de cabeza en ese día. - Hoy no, por favor. - Casi suplica - ¿No puede esperar a mañana?
Kankuro responde un sí tembloroso, incapaz de negarle nada a esa mirada de pupilas dilatadas e irises del color del nenúfar. Sakura vuelve a la postura inicial, apoyando la barbilla entre el hombro y la clavícula. Ahí puesta va siguiendo con la mirada los círculos de luz de colores que dibujan los focos entre las parejas y el suelo hasta que la canción termina. Se concentra en depositar sus temores en tarritos de cristal que cierra y lanza a lo más profundo de su mente y los va reemplazando con otras ideas, ilusiones más satisfactorias para lo que queda de noche. Piensa en que tiene que ir a coger el vestido que se está secando en la habitación, y que después, cuando termine el espectáculo pirotécnico podría escabullirse con Kankuro a la habitación del hotel. Nadie se daría cuenta de su ausencia entre tantos invitados y para cuando se percatasen finalmente, no juzgarán lo que hicieron dos enamorados en mitad de la noche, y si lo hacen qué más da porque en dos días, en tan solo días más, ella estará de vuelta a Suna, lejos de domyos, lejos de comentarios maliciosos, de hacer tetris con su relación y sus ambiciones, de la agenda demente de sus amigos, del comportamiento taciturno y extraño de Sasuke Uchiha.
Incluso, decide cuando el aliento cálido de Kankuro le regala un beso en la nuca despejada, podrían irse ahora sin esperar demasiado.
Echa una mirada al entorno y calcula las probabilidades de que alguno de sus amigos se de cuenta de que se están marchando y den la voz de alarma. La noche ha caído ya, un cielo despejado con brisa fría anuncia que en la madrugada dormirán con manta. Su cerebro ninja pondera las posibles rutas de escape: a la izquierda están Shino, Lee y Tenten, los tres sobrios y en plenas facultades, así que descarta ese camino. Hacia la derecha, ajenos a nada que no sean ellos mismos, Ino y Sai se hacen arrumacos, pero un poco más atrás, Shikamaru y Temari están charlando con los novios y les pillarían de inmediato si pasan a su lado. A su espalda, tras el barullo de parejas acurrucadas está la barra, y junto a la barra estarán todos los senseis, con Kakashi a la cabeza, lo que les dejaría a la voluntad juguetona de su antiguo profesor, que podría o no, hacer notar que se están escapando. Queda, por tanto, y cómo única posibilidad la vía del escenario, la que habían tomado con Naruto para esconderse y beber como si fueran unos adolescentes en un campamento de verano. Es un poco más agrestre, llena de matas y alguna que otra ortiga, pero nada que dos ninjas experimentados como ellos no puedan sortear. Sakura cree que bastaría con moverse un poco a la izquierda, unos cuatro pasos atrás y luego, siguen las pupilas verdes a través de las pestañas espesas, rodear la zona del control de luces sin llamar la atención, subir por la loma, esquivar a Sasuke, rodear la mesa de mezclas, avanzar hacia los arbustos, cruzarlos y luego encarar el camino empedrado hasta la puerta.
Pan comido.
Un momento.
Con la vista vuelve sobre los pasos que ha recorrido con la mente.
¿Sasuke? ¿Qué hace ahí?
En el mismo sitio en donde le había dejado hacía ya más de una hora, la figura estilizada del Uchiha se alza en la semioscuridad. Sakura no le puede ver la cara, pero da igual porque le reconocería en cualquier parte: la pose altanera con la barbilla levantada, los hombros orgullosos, la deferencia con la que el mundo se mueve alrededor como si constituyera el centro de su propio ecosistema.
Sasuke está allí, de pie, como un dios que acaba de aterrizar en la batalla y aunque durante unos instantes logra controlar la perturbación que con su mera presencia le produce en el cuerpo, le recorre un escalofrío en el instante en que un foco de color azulado le enfoca la cara y descubre que el objeto de su interés es ella misma. El mundo se va derrumbando, pieza a pieza, sobre ella. Porque si en su reencuentro la había mirado con sorpresa, en la charla en su casa con disculpa, en la despedida de soltera con deseo ahora, simple y llanamente, la miraba con amor. La fantasía con la que había alimentado sus sueños y sus esperanzas y ambiciones, se mostraba intensa, clara y palpable.
Se agarra a Kankuro con fuerza.
- ¡Esta es la última canción por esta noche, Konoha! ¡Enhorabuena a Hinata y Naruta y gracias por haber sido un público tan fantástico!
Músculos tensados y los dedos temblando, nota el corazón latiendo en la garganta. La música parece que no está a unos metros si no a kilómetros, dentro del bosque, en el interior de un árbol.
Sasuke, deja de mirarme.
¿Pequeña? ¿Estás bien?
Asiente rápidamente. Se recuerda que al lado tiene al hombre que la quiere, al que quiere, que le da todo eso que buscó y no le quisieran dar y con el que tiene planes y esperanzas y la hace reír como nunca la ha hecho reír nadie.
Pero le cuesta respirar. Mucho.
- Eh sí, es que… me he mareado. Un poco. - la mirada de Kankuro preocupada, su mano agarrándola aún más fuerte. Dejan de bailar - ¡No te preocupes! Debe de ser el sake ese de Naruto.
El marionetista no parece demasiado convencido porque abre la boca para decir algo pero entonces la música se corta abruptamente y se oye un sonido pregrabado anunciando por los altavoces del recinto que por favor, los invitados se vayan desplazando hacia la plataforma para ver los fuegos artificiales. "Les rogamos actúen de manera ordenada y siguiendo las instrucciones de seguridad." A Sakura le cuesta respirar y usa toda su energía para prestar atención al hombre al que está abrazada y no mirar al que la observa en la distancia.
- Escucha - le pone la mano en la cara a Kankuro y le acaricia la mandíbula lentamente - voy a ir al baño a darme un poco de agua y a coger el vestido de la habitación. ¿Nos vemos directamente en la plataforma?
En la cara de Kankuro aparece una mueca de duda. ¿Seguro?, pregunta, ¿no prefieres que te acompañe? Estás muy pálida. Sakura niega. Intenta regular su flujo de chakra y calmarse, recuerda ejercicios de respiración que se obliga hacer cuando la despiertan las pesadillas. Kankuro vuelve a preguntar ¿Seguro? y ella que no puede hacer que el aire circule con normalidad hacia sus pulmones, nota un sudor frío y todo se mueve en torno a ella, muy rápido, en torbellinos de vestidos de colores que se van moviendo para ver el último espectáculo de la noche. Vuelve a insistir: Estoy allí en 10 minutos, no te preocupes. Él cede, no sin cierto titubeo. Ok, dice, le da un beso suave tras separarse. Una promesa: te quiero. Otra más: Y yo a ti, ¡ahora nos vemos!
Y antes de que se pueda arrepentir, sale corriendo.
In the waves I've lost every trace of you
As we are floating in the blue
I am softly watching you
I love you, Woodkid
La ve desenredarse de los brazos de Kankuro y darle la espalda, adentrándose en la multitud en contradirección y decide que tiene que seguirla. Como sea. Porque ahora que lo ha dicho en voz alta tiene claro lo que tiene que hacer. Sasuke ha tenido una epifanía que le ha dado la energía de mil soles. Al ponerle nombre a sus sentimientos, comprende qué está pasando y cómo debe comportarse. Y es que no es capaz de renunciar a Sakura y todo lo demás. No puede. Es más: no quiere. Y ya que no quiere y no puede, no piensa hacerlo.
Así que se zumbulle entre los invitados, ignora llamadas, esquiva pisotones, se gana algún que otro empujón. Los murmullos de excitación suben entre la gente, pero él sólo puede oírse a sí mismo diciendo Sakura. Una y otra vez: Sakura. La pierde un momento de vista, pero la localizada enseguida, ya casi entrando en el palacio. La encontraría en mitad de la guerra, joder, entre el humo y la sangre, vería ese pelo rosa, la espalda estrecha, su figura diminuta y diría ahí está. Esa es ella. Sakura. Su Sakura. Un faro. Una antorcha en medio de la oscuridad.
Habitualmente él es rápido, rapídisimo incluso pero cuando llega al edificio todo está oscuro y ha perdido referencias, así que lucha con el pomo de las puertas cerradas hasta que ve una batiéndose ligeramente en un lateral y Sasuke intuye que Sakura ha cruzado ese dintel no hace mucho. Es una salida de servicio que da una pasillo abarrotado de camareros que transportan bandejas llenas de copas limpias o charlan en corros descansando de la jornada con un cigarro en los labios. Le molesta el humo, le irrita la gente que no percibe su urgencia, y le enfada especialmente ese cocinero que cuando le pregunta si ha visto una chica de pelo rosa, se encoge de hombros y no dice nada más. Se adentra en el pasillo, atraviesa cocinas, recorre salas vacías, y rodea carros cargados con las sobras de la comida. Está a punto de entrar sin delicadeza alguna en el baño de las mujeres cuando ve a Sakura al final de un corredor, subiendo por unas escaleras enmoquetadas en rojo. Grita su nombre: ¡Sakura, espera!. Su voz resuena en las paredes y parte del personal se vuelve a mirarle. Joder. Hace lo que puede por no tirar nada y no atropellar a nadie, ignora a las personas que le reconocen y murmuran su apellido y sube los escalones de dos en dos, de tres en tres en el último tramo, y por fin vuelve a encontrar a Sakura ya en el piso de arriba, el moño rosa, los tacones chocando rápidamente contra la madera. Desaparece tras un giro a la derecha y de nuevo: ¡Sakura, espera, por favor! pero cuando cansado de correr se teletransporta a donde la ha visto por última vez, no hay nadie. La galería está desierta, únicamente iluminada por la luna y las hileras de farolillos, y Sasuke se ve a sí mismo pasándose la mano por el pelo, su frustración haciendo ganchillo con el silencio.
¿Dónde estás, Sakura?
Intenta sentir su chakra pero no percibe nada. Analiza su entorno: en un lado hay una fila de grandes ventanales que miran al jardín y frente a ellos una serie de puertas numeradas. Sakura, joder. Tiene que encontrarla. Tiene que decirle que la quiere y convencerla como sea de que se quede con él, de que no vuelva a Suna. Si él fuera ella, piensa, se habría ido por la ventana y habría salido al tejado. Pero a medida que va asomándose en cada una de ellas, solo ve los lámparas de colores y a la masa de gente en el espacio designado para los fuegos. ¿Dónde estás? Repite su nombre aún sintiéndose un poco ridículo y solo le recibe el silencio. Vuelve sobre sus pasos, esta vez abriendo las puertas de madera blanca. Sasuke masculla un joder con cada habitación que está vacía . .
En al quinta puerta la encuentra. Está sobre una alfombra cubierta de plumas y los restos de una almohada a los pies. De fondo, el cielo está tachonado de estrellas y la luz de los faroles la dibuja de perfil, agarrando con una mano la tela roja del vestido con el que había llegado a la boda y la otra alumbrado el pecho con la luz jade del chakra medicinal. La mente de Sasuke vuelve a las ilustraciones de diosas que iluminan a los textos sagrados del templo de Naka.
- Déjame en paz.
Se queda en el sitio y no avanza. Podría hacerlo, por supuesto. Marcharse y dejarla en paz, como pide. Pero no. Ya no. No puede. Va a luchar, va a resistir. No va aceptar un hablamos luego, no una nueva posposición de lo que para él no es más que inevitable.
- Sakura…
- Sasuke. - Suena cansada. Compungida, incluso. - En serio: déjame en paz. Quiero estar sola.
Se gira hacia él con los hombros caídos, la respiración descontrolada y los ojos impregnados de angustia. Traga saliva al verla así de alterada.
- ¿Estás bien?
Un bufido y un insulto. Gilipollas.
Sasuke lo obvia y da un paso hacia el interior de la estancia. Es consciente de que está caminando por una línea delgadísima, el borde del precipicio. Todo lo que ha buscado toda su vida ha acudido a la cita en ese instante, los miedos y las inseguridades se van posando en sus hombros uno por uno, y hacen que sea difícil mantener el equilibrio. Un paso en falso, y sucumbirá al abismo. Una mala pisada, y no habrá manera de salir de esa fosa que él mismo se ha cavado.
Pero da igual, porque en este momento, la única certeza que tiene Sasuke Uchiha es que si tiene que caer, lo hará en los brazos de Sakura.
Leave your lover
We should leave our lovers
we should run after each other
Leave your lover, Echos
Estar cerca de él siempre duele, pero así, trayendo en los ojos una tristeza melancólica, la respiración agitada y el escote del kimono enseñando parte de la piel del pecho, es lo más parecido a clavarse puñales en el corazón que Sakura ha estado nunca.
- Vete.
Necesita espacio para respirar. Necesita que se vaya. Lárgate de una vez.
- Sakura.
Tras él, cierra la puerta y con este gestp la luz del pasillo deja de entrar la habitación y ambos se ven envueltos en la semioscuridad.
- Sasuke. Vete.
Da un par de pasos hacia ella hasta que el rostro de ambos los alumbra la media luz ambarina que entra por la ventana. Hay algo puro y transparente en el rostro de Sasuke que Sakura no había podido observar desde la academia - como si se hubiera levantado el la piel que cubre los órganos y viera, perfectamente, el funcionamiento de un corazón latiendo.
- Solo quiero saber si estás bien
Vete a la mierda, Sasuke.
Le puede la rabia. El enfado. La ansiedad.
Pero qué imbécil.
- ¡No! No estoy bien. ¿Satisfecho? - Sacude las manos, acalorada. Los ojos verdes lanzan destellos de furia y alza la voz hasta que le raspa la garganta - ¡Cómo coño voy a estar bien si la gente cree que voy a traicionar Konoha, y me coges de la mano en la ceremonia, y no tengo ni idea de si mi relación va a durar más allá de los próximos seis meses! ¡y además, por algún motivo, no paras de mirarme!
Sasuke hace eso que conoce tan bien de intentar controlar el ambiente añadiendo peso a su presencia física y hace el movimiento de acercarse a ella, que retrocede. Los hombros estrechos y desnudos de Sakura empiezan a temblar.
- ¡Deja de mirarme de una vez! - grita.
- No te estoy mirando.
- Sí, me estás mirando. En la despedida de Naruto me estás mirando, en el baile me estás mirando, todo el rato me estás mirando. ¡Por qué me miras a mí y no a Akira! - De pronto, Sasuke está demasiado cerca, y le empuja con las manos suavemente en el pecho, inconsciente de su fuerza y él trastabilla pero se queda en el sitio. - ¡Te vas a casar con ella, Sasuke! Y no… no puedo respirar, no puedo respirar con normalidad si me miras así que por favor te pido que pares.
En el silencio que sigue, ojos oscuros que rastrean el subir y bajar del pecho de la pelirrosa, Sakura intenta recuperar la compostura, y avanza hacia la puerta dipuesta a salir de la sala. Le detiene el cuerpo de Sasuke interponiéndose en su camino, agarrándola de los antebrazos y anclándola al trocito de suelo en que se levantan los tacones. Habla con voz profunda y seria, una honestidad cristalina que fuerza a las entrañas de Sakura a hacer malabarismos con el aire que respira.
Sasuke habla entre dientes como conteniendo un chillido y todos los músculos del cuello se tensan.
- ¡No puedo! ¡No puedo dejar de mirarte! ¿Crees que no me gustaría estar mirando a Akira? ¿Crees que no me gustaría estar mirando a mi prometida? - se pasa una mano por la cara, desesperado - me voy a casar con ella, por Kami. El clan está esperando que me case con ella. Mi futuro depende de que lo haga y… He prometido, he jurado que lo voy a hacer y…. - se muerde los labios y observa a Sakura que tiene los ojos cerrados, como si no quisiera escucharle y deshace el agarre de las manos en los hombros. Llega con pasos largos hasta la ventana y mira el cielo cada vez más oscuro. Cuando se vuelve habla a una espalda y a la nuca despejada. Marca cada palabra, tratando reunir todas sus emociones en este acceso de sinceridad. - Akira no provoca que me sea imposible pensar con claridad. Akira no me vuelve loco. Akira no hace que quiera romper el espejo cada vez que me veo en él porque me ha llamado escorpión. Y ¡Akira no hace que sienta náuseas con la mera idea de que el puto Kankuro de la Arena la esté tocando con sus manos! - Da un golpe en la pared y tiembla el espejo que cuelga y rodea otra vez a Sakura en un par de calzadas hasta quedar enfrente, en una cercanía agónica. - Me encantaría no poder mirarte, Sakura, daría lo que fuera por dejar de hacerlo, te lo juro, pero resulta que no puedo.
Oírle hablar por primera vez tan seguido con esa pasión, con esa rabia efervescente hace que Sakura siente una mezcla de estupefacción y de furia. ¿Si siempre ha tenido eso dentro, por qué ha tardado tanto en expresarlo? ¿Si siempre ha podido hablar así, por qué dejarla durante años dándole vueltas a cada pequeña interacción que tenían? ¿Si es así cómo se siente, por qué decírselo ahora? ¿Qué quieres de mí, Sasuke?
- ¿Es todo esto por Kankuro? - levanta la cabeza hacia él y le parpadean los labios. Habla tan deprisa que cuesta seguirla. - ¿Es por él que estás comportándote así? ¿Por tu ego herido? Te molesta que haya encontrado un hombre que es perfecto para mí, ¿no? Un hombre con el que tengo planes, Sasuke: planes de futuro. Que es divertido, inteligente, y… fuerte y… cariñoso y… que me quiere, … que me cuida,y … ¡que no me trata como si fuera una molestia! - Le golpea los pectorales con un puño cerrado y ahora toda su fuerza sobrehumana la pone en las palabras y en controlar las lágrimas se acumulan en las esquinas de los ojos - Ino dice que estás enamorado de mí pero lo que yo creo que es lo que te jodes es perder a la chica que hacía todo por ti y te subía la autoestima cuando te sentías vacío después de follarte a media aldea, ¿no?
Sakura no es consciente de que la acusación taladra en el pecho de Sasuke como un senbon. Duele, arde, escuece en su ser cuando se da cuenta de lo estúpido que ha sido al dar las cosas por sentadas. De todo el puto tiempo que ha perdido. Interpreta el gesto que contrae sus preciosas facciones como una mueca de burla, pero lo que ocurre realmente es que Sasuke necesita gritar y quemar con el chidori todas y cada una de sus acciones del pasado. Qué imbécil ha sido, piensa. Sakura no se da cuenta de nada de nada en absoluto.
- Jamás, Sakura. No… tú nunca has sido así para mí. - Se pasa mano por la boca y la abre y la cierra varias veces antes de seguir. - No lo entiendes.
- El qué no entiendo, Sasuke. - Y se cruza de brazos y el vestido rojo se hace un gurruño sobre su pecho. - Explícamelo de una vez porque van a empezar los fuegos artificiales y me tengo que ir.
Él agacha la cabeza, queriendo ser humilde y ella la alza a su vez, intentando mostrarse digna. Sus ojos se encuentran en un punto intermedio en el aire y hay una fuerza gravitacional que tira del uno hace al otro.
- Todos estos años, Sakura, con ANBU, el clan… tú eras lo único que tenía sentido. Lo que me mantenía cuerdo. - Coge aire. - No Akira. No… otras. Nadie. Siempre has sido tú. Desde que volví con Orochimaru. Desde antes, incluso.
Con la voz llena de aire y los labios secos, Sakura saca a relucir una testaruda capacidad de hacer oídos sordos:
- ¿Y qué significa eso? y ¿por qué me lo dices ahora? - Le sorprende la firmeza de su voz. - No puedes venir a contarme estas cosas y esperar que te crea que sientes algo por mí solo con un discurso bonito después de tanto tiempo.
Sakura es consciente de que está saboteando la conversación con el único propósito de construirse una coraza en torno al corazón. Pero son muchos años de sobreanalizar cada mínimo intercambio entre ambos, de no hacerse ilusiones y de improvisar estrategias de salidas cuando la decepción le golpeaba con la fuerza de un mazo. Hay hábitos que desaparecen con el tiempo y hoy otros, como este, que están tan integrados en sí misma que cree que están encapsulados en su ADN, justo al lado del alelo que determina el color de su pelo.
- Sakura…
- ¿Sakura qué? ¿Me vas a decir que en realidad me has querido toda la vida?
Salta como un resorte. Está tan obcecada en negar lo que está oyendo, tan centrada en enterrar cualquier resquicio de sentimiento que quede hacia el hombre que tiene delante, que no registra cuándo Sasuke ha movido los labios, y sólo se da cuenta de que ocurrido cuando su mente se quiebra tras procesar las palabras que han llegado a sus oídos:
- ¡Sí! ¡Kami, Sakura, sí! ¡Eres tú! ¡TÚ! Solo te quiero, solo te he querido a ti. Estoy jodidamente enamorado de ti desde hace años, ¿has oído? AÑOS. - lo ha gritado y luego lo ha matizado en un susurro - Me hundió saber que te fuiste a Suna sin decirme nada. Y me destroza verte con... ese. Porque siempre has sido tú.
Porque siempre serás tú.
Las pupilas de Sakura se ensanchan y la boca se va abriendo hasta que forma una o perfecta con los labios. Quiere decir algo. Quiere decir: por qué ahora. Quiere decir: qué. Quiere decir: de qué hablas. Quiere decir: tengo que irme, Kankuro me está esperando. Pero el corazón galopa dentro de ella con tal fuerza que atropella las palabras y se limita a buscar respuestas en las piscinas negras de los ojos de Sasuke.
Ahora mismo y en el mínimo espacio que separa sus rostros, están concentrados 10 años de oportunidades perdidas. No es consciente de en que momento pasaron a estar tan cerca como para notar la tela del kimono de Sasuke rozando la piel desnuda de las piernas.
- No te vayas a Suna. - En voz baja pero clara, Sasuke pone una mano en su espalda que la fija en el punto en el que se encuentra - Quédate conmigo. Quédate a mi lado.
Intenta poner sensatez a todo esto.
- Sasuke, de qué estás habland…
¿Hablar? De nada.
Porque la ha cogido por la cintura y la está besando.
El beso
This Love is alive back from the dead
This Love, Taylor Swift
La gente no suele saber en qué momento su vida cambió. Ignoran cuál es el instante exacto en que empieza el evento que transfigura su existencia. Cuánto duró y cómo ocurrió esa mutación que lo alteró todo. Algunos echan la vista atrás y se dan cuenta de que hubo una inevitable sucesión de eventos que llevaron a un desenlace determinado. Otros comentan que fue un hecho fortuito, trivial e imperceptible el que desencadena el proceso de cambio. Algunos ni siquiera notan la metamorfosis hasta muchos, muchos años después y lo identifican como parte inevitable del devenir. La mayoría de la población, ni siquiera puede decir que hayan experimentado algo que haya modificado fundamentalmente el curso de su vida. Pero hay unos pocos que, al repasar las diferentes escenas que componen su historia, contemplan con asombro la enorme cantidad de eventos que les habían preparado para un único instante de vuelco, para hacer frente al resplandor fulgurante y fatal en el que el destino y la casualidad habían puesto todas sus fuerzas. Son esas personas las que son conscientes de que, una vez vivido ese momento y pase lo que pase después de ello, nunca volverán a ser los mismos.
Cuando Sasuke Uchiha besa a Sakura Haruno, lleva 10 años fingiendo que no la quiere y sabe que cualquier error de calcular implica perderla de inmediato. Cuando chocan sus labios primero tentativos y luego temerosos, es la boda de su mejora amigo, hay un cielo raso, estrellas chispeantes y la Vía Láctea canta sus nombres. Porque cuando Sasuke Uchiha está besando a Sakura Haruno y ella por fin le está devolviendo el beso, no gira el mundo: giran ellos y lo único que les reclama el universo es por qué han tardado tanto en hacerlo.
Una estúpida, inexplicable y absurda cantidad de tiempo.
Cuando Sakura le besa, el mundo se transforma en burbujas de cerezo y jade. Labios suaves y carnosos, que consigue abrir tras unos segundos, la lengua entrando en su boca y navega en su saliva. Agarrándola de la cintura, trayéndola contra sí, sintiendo su cuerpo contra el suyo, pensando solo en su nombre: Sakura. Lo dice en murmullos, en los segundos que usa para respirar. Solo eso; Sakura y nada más. Todo en la atmósfera tiene su nombre y sus ojos y su pelo. Solo puede pensar en ella: en lo bien que huele, en lo bien que se ajustan sus manos a las formas redondas y rectas del contorno de su cuerpo, en su figura pequeña encajando a la perfección contra él. Sakura, y el suave ritmo en que caen los besos, la cadencia puntualmente sincronizada que acompaña al cántico: Sakura, Sakura, Sakura. Profundiza el beso y qué llenos y mullidos son los labios. Mejor de lo que nunca había soñado, es como acariciar las nubes. Piensa Sakura y la atrae hacia sí. Sakura. Sakura y el vestido rojo cae a sus pies. Se recrea en su abrazo, la rodea como las serpientes que invoca. Cada beso se va asentando en su espina dorsal, mandando pulsaciones por todo el cuerpo que van ganando peso bajo el ombligo. Lleva años conveciéndose de que puede vivir sin ella y de pronto, sin más, llega a la conclusión en ese momento de que no, no podía. De que no estaba vivo. Resucita en otro tiempo. Vuelve a tener 13 años, y a fijarse por primera vez en cómo la luz incide sobre la boca de Sakura. Sakura. Su sonrisa, su voz, su alegre disposición a hacer mejor el mundo de las personas a las que quiere. La mejor victoria de su vida, este momento en que todo se para y ella se para y existe ese hueco en la clavícula que todavía no conoce pero se propone conocer con los labios que van bajando por el cuello, y las manos que van subiendo por la falda. Quédate, le dice, le insiste y se separa lo suficiente para que el sonido se pueda desplazar por el aire, quédate a mi lado.
Cuando Sasuke la besa, Sakura siente que hay un incendio arrasando sus labios. Es un beso abrasivo, fulminante, inflamado. Se siente devorada, y su cuerpo responde a estímulos que no sabía que tenía: a las manos de Sasuke aferrándose a ella como gripas de metal, al sabor de madera de su lengua, el olor a bosque en su aroma, a la leña cortada de sus brazos; a su figura presionado contra la suya, todo el físico marcado contra la tela, y no puede hacer, qué va a hacer más que gemir su nombre Sasuke. Sabe a tiempo y oportunidades perdidas cuando abre la boca y su lengua se enrosca con la suya. Le muerde los labios y se le eriza el vello cuando él gime contra su la parte baja de su oreja. Sasuke. Le abraza, desplaza sus manos desde su culo hasta los hombros, repasa cada músculo de la espalda que se le marca. Poniéndole las manos detrás de la nuca le atrae hacia abajo. Sasuke. Se enredan los dedos, los mechones negros suaves perdidos entre sus uñas y tira hasta que obtiene un gruñido grave. Sasuke. Sintiendo que su piel silba cuando la mano de Sasuke se adentra, tenaz, desde la rodilla hacia arriba y le vale con solo el roce suave abriéndose paso por la parte trasera de los muslos, le vale solo con la palma grande posada sobre los lados de sus piernas, le vale solo con el pulgar agarrándola, haciendo presión hacia la carne, vale todo eso para que Sakura arda con Sasuke ahí, en la sima de todos los pecados. Sasuke-kun. Levanta la boca del cuello y la estampa contra la suya con una fuerza salvaje, primitiva y posesiva. Corta el beso. Otra vez, le pide que lo repita, entre jadeos, contra los dientes: una plegaria. Repítelo, Sakura. La besa de nuevo y ella le empuja un poco para coger aire. Repítelo. Lo repite: Sasuke-kun.
Tras los cristales, los fuegos artificiales hacen flores en el firmamento y estallan en una lluvia de explosiones suaves.
Pero no ven ni oyen nada.
Graciasgraciasgraciasgracias a todos por vuestro apoyo. Comentarios, suscripciones, me gustas y demás. Estoy emocionada con la recepción, ¡de verdad!
Antes que nada: POR FIN. Si esto no es un slowburn que baje dios y lo vea.
Como decía al inicio, todo el fin se ha encaminado a estas últimas dos escenas. Lo que ocurra a partir de ahora, será ya el desenlace de la historia. Es el momento SasuSaku por antonomasia y lo escribo con una leve trote en el pecho. Espero que os haya gustado, de verdad.
Yo tengo una sensación agridulce: no sé si ha sido muy acelerado, pero he intentado que fluyera de manera natural, que todos los elementos condujeran a este evento. Desde la conversación Kakashi (amo escribir a Kakashi) o el baile con Naruto (esa escena fue la tercer ao cuarta que escribí de este fic) o la conversación con Fugaku, que no estaba planeada en absoluto pero fue la pieza clave para configurar este capítulo. Y por supuesto Kankuro adorable que no sabe bailar pero solo quiere estar cerca de Sakura. En cuanto a la escena que antecede al beso: es un homenaje a GA. Si sois fans de la serie, lo reconoceréis enseguida :)
En la historia quedan, por supuesto, más cosas que pasar. La batalla entre Kankuro y Sasuke aún tiene recorrido. ¿Vosotros con quién vais? ¿Team Uchiha o Team Suna? Los que me habéis ido dejando comentarios me habéis dejado claro que tenéis el corazón tan partido como yo. Algunos sois fanes a morir del SS pero otros reconocéis que es imposible no querer a este Kankuro. Un secreto: yo, como autora, estoy igual. Menos mal que ya he tomado la decisión de qué pasará pero para que lo conozcais... ¡Hay que esperar! Los próximos dos capítulos llegará en algún momento del verano. Por ahora, y hasta nuevo aviso, estaré de vacaciones: he corregido un montón de ensayos y exámenes este año y me merezco un descanso de piscina, amigos y solecito.
¡Un abrazo!
