¡Hola! He vuelto :)

¿Cuántas veces se puede reescribir un capítulo? ¿4, 5, 6? Yo creo que he batido todos los récords con este. Me ha costado más que un parto. Ha sido el Everest de los capítulos porque pasan mil cosas.

Además, ¡es el penúltimo!

Así que os quedan pocas oportunidades de darme feedback, bueno o malo. ¡No os cortéis! Porque los comentarios, me gustan, favoritos, y suscripciones de estos meses me han dado el ánimo para seguir con esta historia.

Mil millones de gracias y no os entretengo más. ¡A leer!

1. Robando noches

2. Persiguiendo luces (M)

3. Cafetería Magnolia, ¿en qué puedo ayudarle?

4. Podrían haber sido tan felices

5. El sabor amargo del té

6. Todos los secretos que guardamos

7. Remendar errores y zurcir silencios

8. Una historia épica

9. Río abajo


1. Robamos noches

La gente que le conoce sabe que Kizashi Haruno es un gigante inflado en ternura. Una mole de hombre que casi tapa el sol cuando sale a la calle. La risa estruendosa que se oye desde el otro lado del bar cuando juega al shoghi con sus amigos. Ahí, sentado frente al tablero parece incluso más grande: le desborda la espalda y le sobran extremidades. De pie, sin embargo, caminando de vuelta a casa todo cae en su sitio: piernas robustas, pecho ancho, un ridículo color de pelo y ojos tranquilos que se iluminan cuando se le ocurre un chiste. Tiene unos brazos fornidos con los que levantaba a Mebuki sin esfuerzo, y unos dedos pequeños y regordetes que baten los huevos con vigor en el momento en que Sakura cruza la puerta de la cocina. La oye caminar con pasos pequeños y por el rabillo del ojo ve cómo abre la puerta del frigorífico. Le saluda cantarín, aún agitando la mano sobre las claras y las yemas:

- Florecita, buenos días. - Se gira hacia ella y ah, algo no va bien. - ¿Te encuentras bien?

Sakura, consciente de que las ojeras y la palidez enfermiza y de su mal aspecto en general, se parapeta tras un vaso de agua y da un sorbo largo.

- He pasado una mala noche. - murmura contra el cristal.

- Ni que lo digas. - Los ojos se entrecierran y la analizan, todo instinto y preocupación paternal. - ¡Tienes cara de haberte quedado dormida sobre una cama de pinchos! - Observa con curiosidad cómo rellena de nuevo el vaso - ¿Tanto bebiste anoche?

Sakura esquiva como puede el dolor incesante entre sus pulmones y remolonea la respuesta. Intenta enviar chakra a las sienes para paliar el martilleo resacoso, pero está demasiado vapuleada física y emocionalmente como para conseguir que el flujo sea estable. Bebe y bebe para volver a hidratar sus células maltratadas, y fija los ojos en los pies descalzos, las uñas pintadas de rojo contra las baldosas blancas y negras. Consigue así evitar la mirada de su padre y todo el sentimiento de culpa que invoca y el miedo a la decepción despierta de nuevo en ella. A pesar de que Kizashi siempre ha sido comprensivo y benévolo con su hija, es también un hombre que se jacta con orgullo de ella; no solo de sus logros y sus metas, sino también de su integridad y lealtad, de su la manera en la que el navega por el mundo con un compás moral siempre certero. Jamás ha visto maldad en su pequeña, y Sakura teme que en esta ocasión y en caso de que reuniera el coraje para contarle los eventos de las últimas horas, no habría espacio para su generosa indulgencia paternal. Sobre el suelo frío de la cocina, Sakura intenta que no se note el fracaso de persona que siente que es. Está segura de que si su padre la mira fijamente lo verá también, y entonces, ¿qué?, ¿va a contarle que cometió un error ridículo de niñata anoche?, ¿va a ser capaz de enseñarle la gran catástrofe que es?, ¿la miraría con la misma dulzura si supiera que se había despertado desnuda en una cama de espinas y remordimientos?, ¿sería capaz de perdonarla si supiera que aún siente siente el toque de la mano de Sasuke reptándole la piel?, ¿podría ayudarla a quitarse esa colección de nudos que van desde la garganta hasta el estómago cada vez que piensa en Kankuro?, ¿le puede decir a su padre que sí, que bebió tanto que hay partes de la noche que no recuerda, que es un misterio cómo llegó a su cama, que no sabe quién le quitó la ropa, que lo último que aparece en su cabeza es el sonido de los fuegos artificiales perdiéndose en la distancia y su nombre susurrado entre besos?, ¿cómo le va a decir al bueno de Kakashi que anoche fue infiel, que necesita hablar con Kankuro para pedirle disculpas, repetirle que lo siente y lo siente y le ama y le ama, pero que desde luego ella no le merece, y que entenderá perfectamente si la deja?, ¿será Kazashi capaz de perdonarle aquello de lo que ella no es capaz?

La jarra de agua se acaba pronto, y con ello el tiempo para construir excusas:

- Naruto trajo un sake especial. - Explica con voz ronca y empieza a llenar el depósito de la cafetera, siempre con la misión en mente de evitar los ojos de su padre. - Tomamos demasiado y mezclamos con otras bebidas y…

La carcajada alegre de su padre irrumpe sobre el aceite hirviendo de la sartén, ¡juventud!, exclama; se vuelve a reír y luego añade algo algo sobre ser joven y recuperarse rápido, y que no se preocupe, que enseguida se le pasa. Y lo dice tan cándido, tan relajado, tan optimista que Sakura se encoge al escucharle, el peso de la culpa tirando de ella hacia abajo como un ancla y su respiración agitada. Siente el pecado como una enfermedad que le acompañará toda su vida y otra vez, los remordimientos hacen que se le junten lágrimas gordas en las pestañas.

Para seguir con la pantomima, intenta calmarse a través de textos conocidos y mecánicos: coge aire, ocupa sus manos. Rellena el filtro del café hasta arriba, lo aprieta para que esté bien presentado, lo coloca con cuidado en el hueco que deja la máquina, hace que encaje perfectamente, se asegura de que la jarra esté limpia y totalmente vacía, lo conecta a la corriente eléctrica y presiona el botón de encendido. Cuando el líquido empieza a caer, gota a gota sobre el cristal, el color marrón es tan parecido a los ojos de Kankuro que Sakura tiene que dar una bocanada de aire para no empezar a tirarse a sí misma del pelo en ese instante.

Es imposible que pueda seguir mucho más tiempo sin hablar con él. No sabe cómo empezar, ni qué dirá, y está segura de que le romperá el corazón en mil millones de pedazos; pero no cree que sea mejor idea mantenerle en la oscuridad y fingir que no ha hecho nada. La mentira solo trae más mentiras, y trae dolores del pasado que luego son difíciles de curar.

- Sakura-chan, ¿seguro que estás bien? - Kizashi está ya sentado frente a sus huevos revueltos y en su voz hay cierta preocupación - ¿Necesitas contarme algo? No tienes buena cara.

- Sí. - Y miente y miente y miente un poco más y la decepción en sí misma no hace más que crecer. - Ha sido el olor del café… me ha afectado un poco al estómago. Pero ya estoy bien.

Su padre frunce el ceño.

- ¿Café? - lo dice como si no se le hubiera ocurrido nada más absurdo.

- Sí, café. ¿Quieres? No te gusta pero si…

- ¿Pero por qué haces café? - Su padre deja los cubiertos sobre la mesa y todo su cuerpo enorme se vuelve hacia ella. - Pensaba que ibas a desayunar con Kankuro.

Sakura parpadea y repasa en su cabeza cada palabra que ha pronunciado Kizashi, como si hubiera oído mal.

- ¿Kankuro? ¿Por qué pensabas eso? - Se lleva la mano a la barbilla e intenta disimular su nerviosismo. - Supongo que estará en el hotel aún, no le voy a despertar para…

- Pero si llegó hace un rato. - Corta y Sakura se sujeta a la encimera para no caer de la impresión - Te lleva esperando unos diez minutos ahí fuera. ¿No te habías despertado por eso? Si preferís podéis tomar algo aquí y no tenéis que ir a ningún lado. Hay huevos, tost…

Tostadas y mermeladas le oye decir mientras sube a su habitación como una centella y se pone lo primero que pilla. ¡Cuidaos mucho! es lo que grita cuando Sakura cruza el salón en una exhalación hasta el recibidor y se pone las sandalias. ¡No bebas más! Y es la última broma que llega a sus oídos justo cuando abre la puerta y el sol de la mañana la ciega de golpe antes de que pueda ajustar la mirada.

Sus ojos recorren frenéticos la calle de un lado a otro hasta que le encuentra. Kankuro deambula por la calle con las manos en los bolsillos dando patadas a las piedras. Al verle su corazón le da un vuelco. Pronuncia su nombre primero muy bajito y luego más alto, y entonces se da la vuelta para mirarla. Sakura siente la bilis juntándose en su boca. Él tiene ojeras y no se ha afeitado, y su sonrisa flaquea un instante antes de saludarla.

- Buenos días, princesa.

Sakura intenta devolver el saludo pero se queda atascado en la garganta y sólo puede dedicarle media sonrisa extraviada. Kankuro se ve extraño, tenso y preocupado, y durante un instante, Sakura teme que se haya enterado por otras personas de lo que ocurrió anoche. Podría ser, piensa, porque no sabe si en el palacio había más gente, si pudo haberles reconocido alguien en su estado de embriaguez, durante ese periodo de tiempo que apenas recuerda. No es imposible, reflexiona, así que no hay tiempo que perder. Tengo que hacerlo ya. Es médico, se recuerda, sabe lo que pasa cuando no cortas la enfermedad cuanto antes: cómo se expande la infección, cómo el pequeño brote se transforma en una epidemia.

- Kankuro - dice, mortalmente seria - tenemos que hablar.

- Las palabras más temidas por un hombre - Kankuro suena jocoso y ligero pero se deja llevar.

Las esquinas tienen ojos en el barrio, y en esta mañana de domingo aburrido todos los ojos estarán puestos en ellos. Sakura tira de la manga de Kankuro hasta un pequeño rincón tras el castaño del jardín vecino. El marionetista le mira sorprendido.

- ¿Sakura, qué…?

- Kankuro, de verdad: no te lo tomes a broma. Es serio. - Le tiemblan las piernas y las palabras pero no puede flaquear - Ayer… Pasó algo. No me acuerdo del todo. Pero hoy me he despertado desnuda en mi cama y no sé cómo llegué allí, y casi todo está como borroso pero… - aprieta los ojos. Y luego enfoca la mirada en los ojos de Kankuro porque si tiene que hacer esto lo hará sin esconderse porque Kankuro se merece la verdad - sé que Sasuke y yo nos besamos y lo siento tanto, de verdad… quería contártelo cuentos antes porque…

Atónita, descubre que le tapa la boca con un dedo y la mira con una expresión inescrutable. Con los ojos como platos, le ve dejarse caer sobre el tronco del árbol y suspirar.

- Sakura, cálmate. Ya lo sabía.

Sakura siente que el corazón se le va a salir por la boca. ¿Que ya lo sabía? ¿Cómo era posible? ¿Les había visto? ¿Cómo se había enterado? ¿Qué había pasado? Por favor, se oye a sí misma suplicando en su interior, que no lo supiera más gente. Sakura boquea y debe de parecer cómicamente sorprendida porque Kakuro dibuja una media sonrisa al verla así y luego agita la cabeza, con los mechones oscuros moviéndose como colas de pez. Sakura gana cierto control sobre sí misma y dice ¿cómo lo sabes? temiéndose lo peor.

- Me lo contaste tú - le aclara y la mira con cierta preocupación, como si buscara una herida.

Y ella le contempla así, con cara de no entender, y le vibran los labios no sabe si de alivio o frustración.

- ¿Que te lo conté?

Suspira él, se retuerce ella.

- Sakura, ¿qué recuerdas exactamente de lo que pasó anoche?


2. Perseguimos luces

Sasuke se había acostado muchas veces con Sakura. Sin que ella lo supiera, claro. Y sólo en su cabeza, en honor a la verdad. En las primeras ocasiones aún estaba entrenando con Orochimaru. Era joven, estaba lleno de hormonas, y su idea del sexo era más fragmentaria que otra cosa: fotogramas más que películas; resplandores eróticos más que deseos carnales. En sus sueños, Sakura aparecía sin avisar, inmutablemente bella y probablemente irreal: pechos rozando tal parte del cuerpo, culo elevado en tal ángulo. Se despertaba agitado, la mano pegajosa en cuestión de segundos y quemaba la vergüenza la mañana siguiente en un entrenamiento extenuante, con la esperanza de poder dormir sin la visión intrusiva de su ex compañera de equipo con poca ropa. Era un esfuerzo inútil y vano, porque la imagen de Sakura perseveraba en su subconsciente, y durante aquellos dos años apenas hubo días en los que no pensara en ella. A Konoha volvió con la esperanza de que la edad le hubiera templado las pasiones. Pero Sakura se presentó entonces mucho más madura y segura de sí misma, y también mucho más curvilínea y sensual de lo que recordaba. Entrenar con ella se volvió un suplicio. Patadas, golpes, empujones, posturas imposibles que terminaban abruptamente cuando Sasuke se veía obligado a inventar una excusa para volver a casa y aliviarse bajo la ducha. Fueron años terribles para su autocontrol: lo que antes eran imágenes estáticas, de pronto eran escenas detalladas con luces, color y sonido. La veía vestida de médico y era imposible no pensar en encerrarse a follar con ella en uno de los armarios del hospital, bata puesta y uniforme de ANBU sin desabrochar. Otras veces, en un bar con sus amigas, la veía de refilón y le asaltaba la urgencia feroz de comerle la boca en la oscuridad de un callejón. Y en las raras veces que dormían juntos en algunas misiones, se veía abocado a contar estrellas hasta que dejaba de pensar en lo cerca que estaba, en cómo sería escuchar su respiración acelerada en el silencio del bosque si la desnudaba a la luz de la hoguera.

Esta noche, Sasuke por fin ha conocido la consistencia exacta de los pechos de Sakura cuando ha puesto su peso sobre ellos. Ha palpado la redondez tersa de sus glúteos y saboreado la gloria dulce de su lengua. Ahora ya conoce exactamente a qué altura quedan cuando se ponen cadera contra cadera y cuál es la vibración exacta de su estómago. Todo en ella ha superado sus sentidos y Sasuke se ha dormido queriéndolo todo y deseándolo todo: gemidos, y jugos; la estrechez de sus canales; la pulsación de su cuerpo al penetrarla, abierta sin quitarle el vestido, agarrándola mientras ella enrosca sus piernas en torno su cintura. Esa noche Sasuke le da fisicidad a sus esperanzas: la embiste con fuerza por cada año que han perdido juntos. Casi siente temblar en los oídos la súplica que emite contra sus labios. Hace con ella lo que tendría que haber hecho hace años: llevarla al orgasmo repetidas veces, marcar el terreno, clavar sus dedos en la carne, gritar su nombre mientras la llena de él. Caliente, intenso, chorreante.

Le despierta el sonido de una puerta que se cierra y su propia erección palpitante.

Oh, joder.

Sasuke no tiene tiempo de enfadarse con el entorno porque tan pronto abre los ojos el dolor de cabeza es insoportable. Es algo más que una resaca y mucho más parecido a que le revienten el cráneo con un mazo. Le cuesta enfocar la mirada y adaptarse a la luz del espacio en el que se encuentra. Aún tumbado, reconoce que está en un sofá de tela azul en una casa que no es la suya.

Se pone alerta y los instintos ANBU entran en juego: busca pruebas que puedan apuntar a la identidad del dueño de este sitio. Años de entrenamiento escabulléndose de camas ajenas le han preparado para saber con un vistazo rápido si se trata de la residencia de una mujer o de un hombre. A primera vista, no hay ninguna de esas cosas puramente femeninas que solían poblar las casas de sus antiguas amantes. Nada de pilas y pilas de cojines, nada de velas aromáticas y ramos de flores secas. Todo es austero e impersonal, frío y masculino y también vagamente familiar. Al no ser capaz de identificar al dueño, decide ir a investigar.

Con esto en mente, se incorpora con excesiva velocidad y al mareo y la náusea se le une un punción salvaje de su cráneo, un dolor desgarrador en la mandíbula y se ve a sí mismo tambaleándose hacia la puerta tapándose la boca e intentando controlar el vómito. En cada paso cada se repite a sí mismo que no va a probar el alcohol nunca más en su vida.

La salida del salón da un pasillo, largo y oscuro, con varias puertas en los lados. La casa no es grande: en un extremo hay un dormitorio y en el otro la cocina. Entre medias, no muy lejos, oye - bendita sea - el sonido de una ducha y camina hacia allí decidido a vaciar su estómago en el váter.

Va dando tumbas y agarrándose la cabeza. Le duele como una puñalada y se nota el rostro inflamado y pegajoso. Cada tres pasos más o menos, vuelven las náuseas y nota cómo sube la bilis, el sabor del sake y otras bebidas mezcladas en su interior. Se apoya como puede en la pared y se arrastra por ella siguiendo el sonido del agua y fina línea de luz que se cuela por debajo de la puerta. Cuando por fin está enfrente, llama a la puerta para dejar saber que está ahí. La espera se hace eterna. Se apoya en el muro para descansar el peso muerto de su cuerpo cuando su cabeza choca contra algo. Se gira para mirarlo. Es una foto en un marco. Y es, además, una foto que reconoce. Porque sale él, básicamente, con seis años o así. Se acuerda de ese día: habían ido a pescar. Itachi también está, lo ve y a su lado, Shisui enseña todos los dientes sonriente.

Oh.

Oh.

Sasuke masculla entre dientes un no me jodas y al tiempo se abre la puerta del baño.

- La verdad es que joderte no estaba en mis planes, - dice Shisui, apoyándose en el dintel con el agua corriendo por el pecho - pero esperaba un poco más de simpatía después de acogerte en mi humilde morada, Sasuke-chan.

Sasuke da la vuelta demasiado deprisa para su estado actual y termina por lanzarse al baño apartando de un empujón a Shisui que cae sin gracia en el pasillo. Entre el vaho de la habitación, el pequeño de los primos se agarra a la porcelana entre estertores, piensa: mierda; piensa: me encuentro fatal y no sabe qué es peor si la sensación de los restos de la noche cruzándole garganta o que siente que le están abriendo los huesos de la cara cada vez que abre la boca.

Pierde la cuenta del tiempo que pasa así, arrepintiéndose de cada cosa que ha tomado en las últimas 24 horas, pero en algún momento reaparece Shisui con unos pantalones de deporte y una camiseta vieja. Le pone un paño húmedo en la nuca y le contempla con preocupación al tiempo que le ayuda a levantarse hasta el lavabo.

- Sasuke, me vas a permitir que te diga que tienes un aspecto de mierda.

Y su primo ni se lo permite ni se lo deniega porque está demasiado ocupado lavándose la cara para ver si así puede despejarse. Y no es una tarea fácil porque cada vez que el agua toca su cara la piel duele y escuece, y esto oficialmente acaba de convertirse en la peor resaca de la historia de las resacas: todo dolor, mal cuerpo, malas noticias y recuerdos que prefiere olvidar.

Shisui le ofrece una toalla y Sasuke aprovecha para secarse y después limpiar el espejo del vaho. ¿Mejor? la pregunta se oye cerca pero nota que el tímpano tarda un poco más en responder de lo normal. ¿Mejor? insiste Shisui y Sasuke no responde porque Sasuke acaba de verse en el reflejo y ha descubierto por qué le duele tanto el rostro: en el reflejo le saluda Frankenstein. Tiene la mandíbula amoratada y el ojo hinchado, le cae un hilillo rojo oscuro desde la oreja al principio del cuello; y el labio roto ha triplicado su tamaño. Aún lleva el kimono de ceremonia que llevaba ayer, aunque ahora lo adornan manchas de barro y sangre. Si pudiera abrir los ojos del todo se le saldrían las órbitas.

- Ayer te traje medio inconsciente, - hay cierto tono de acusación en Shisui, pero Sasuke no se siente con ganas de hacerle frente. - ¿Te acuerdas de lo que pasó?

Sí, se acuerda. Se lo dice en un susurro: de casi todo. Se quedan en silencio. De todo, insiste esta vez para sí mismo y cierra los ojos ante las memorias. Shisui suspira dramático a su lado, le da una palmada de hermano mayor en la espalda y le dice: "voy a hacer algo de comer" antes de salir por la puerta del baño. Le deja solo frente al espejo, el agua del grifo cayendo sobre la loza blanca del lavabo.

Es verdad, tiene un aspecto de mierda. Y por dentro no se siente mucho mejor: los momentos que protagonizó tras el baile se amontonaban en su cabeza en una danza esquizofrénica. Fue el alcohol, piensa; y también fue la rabia; supone. Pero en realidad sabe que aquello que precipitó los eventos de la madrugada no fue otra cosa más que aquellas palabras amargas en boca de la pelirrosa que rompieron el embrujo de los besos y las caricias. Una frase tan corta como el empujón que le dio para separarse, certera como la mirada de horror al darse cuenta de lo que hacían. Lo dijo alto y claro, sin titubear un segundo:

Sasuke, ya es tarde.


3. Cafetería Magnolia, ¿en qué puedo ayudarle?

(...) Me costó ubicarlo al principio, pero luego le delató el acento. Me dije: huy este es extranjero, y entonces caí en que eran los de Suna los que hablan así, ya sabes, como arrastrando las palabras. Y pensé: ah, pues va a ser un shinobi de los que han venido a la boda de Naruto-sama. Y claro, yo es que no entendía que hacía un shinobi en esta zona de la ciudad, ni nada. O sea, ¿qué se le iba a perder a él en el Café Magnolia? Además había entrado así como buscando algo y tenía muy mala cara y (.…) ¿que cómo era? Bueno, pues es que era guapísimo, Emi. O sea, 100% tu tipo: era alto y fuerte y tenía el pelo castaño y… (...) no, no estaba soltero, ahora te cuento. Ya verás: te vas a quedar de piedra. La cosa es que a eso de las 9 entró y pidió dos tés de jengibre y un par de bollitos de crema. Yo me quedé un poco pillada porque estaba solo, y así que le pregunté: ¿dos de cada? porque, claro, no veía nadie más con él, pero me dijo que sí y supuse que a lo mejor la otra persona se había quedado en el jardín y que él solo había entrado a pedir. Total que pregunté: ¿se lo sirvo aquí o se lo saco fuera? Y me dijo que fuera, y me sonrió así muy educado. Tenía una sonrisa muy bonita, pero un poco triste. Parecía preocupado pero yo no le di importancia en ese momento porque los shinobis estos siempre andan preocupados, ya sabes lo que dice mi madre, que más vale un civil pobre pero alegre, que un ninja poderoso pero circumspecto y yo creo que tiene razón pero (...) Ya, un civil inútil y triste ya es lo peor de lo peor… (...) En fin, a ver, ¿qué te decía? Ah, ya me acuerdo: total que según iba a sacarle las bebidas en la bandejas me para el señor Takeda y me dice que le ponga de regalo unas galletias de jengibre que ese es un cliente importante. ¿Importante? le pregunto y él me mira así como si fuera un insecto y me suelta: sí, ¿no ves que es el hermano del Kazekage? Y yo: ¡qué! (...) ¡Sí, Emi, sí! !el hermano del Kage en nuestra cafetería!, ¡justo el día en que te pillas libre!, ¡ya es mala suerte! y (...) no, ya no está aquí, se fue hace un buen rato… (...) ¿qué quieres que hiciera, que lo secuestrara? (...) bueno, espérate: ¡es que eso no es lo mejor! Ya verás. Te sigo contando: salgo afuera y entonces veo que se ha sentado debajo del sauce y que está hablando con alguien, pero justo desde la puerta no veo a la otra persona, así que me voy acercando y oigo una voz de una mujer así hablando bajito. Digo: bueno, este viene de pasárselo bien con una por la noche y es la típica cita de cortesía y luego "si te he visto no me acuerdo y cada uno por su lado" pero entonces cuando me acerco con la bandeja… ¡No te lo vas a creer, Emi! ¡Casi me caigo de culo! ¡Era Sakura Haruno! (...) ¡Esa! ¡La aprendiz de la Gondaime! La hija de Mebuki y Kazashi, ¡sí!¡Yo había oído rumores de que había vuelto para la boda pero no la había visto en carne y hueso y de repente, ¡zas! ¡estaba ahí! ¡Estaba alucinando! Estuve por llamar al señor Takeda a que viniera para comprobarlo, pero es que Emi, cuando la mire más de cerca me di cuenta de que estaba fatal. De verdad: fatal, fatal. Tenía una cara terrible como de estar enferma pero también de querer llorar todo el rato; y la verdad es que si no fuera por el pelo rosa y el rombito de la frente me habría costado reconocerla: iba despeinada, con una yukata raída, así de un color como ocre que le sentaba horrible, o sea, un desastre. Él no andaba mejor, ¿eh? Parecía que acabara de tomar cicuta, pero no estaba tan mal como ella. Y yo me digo: "buah, aquí pasa algo fijo". Pero claro no podía quedarme ahí mirándoles como un pasmarote así que les dejo los tés, los bollitos y las pastitas y me iba a volver al interior pero vuelve a salir el señor Takeda y me dice que me quede fuera. "Ponte a barrer" me suelta y "estáte pendiente de si necesitan algo, que ya atiendo yo en el mostrador" y yo: claro, claro sin problema. Y por dentro pensaba: genial, esta es mi oportunidad. Así que, ya ves: agarró la escoba y me ponga a quitar las florecitas que hay por el patio como quien no quiere la cosa y mientras tanto voy poniendo la oreja. Al principio no escucho nada pero luego se relajan y empiezan a hablar más alto y oigo que ella pregunta: ¿de verdad qué hice eso? ¡Qué horror, lo siento mucho! Y él responde: que sí, Sakura. Sonaba el pobre como que había corrido una maratón, ¿sabes como te digo, no?. Y entonces le cuenta más: que llegaste a los fuegos artificiales tarde, que parecías alterada y quería llevarte a casa porque estabas super mal. Bueno, a ver, no lo dijo con esas palabras pero pillas la idea. Al parecer por lo que oí lo que había pasado es que ella se negó a ir con él e insistió en seguir de fiesta con los amigos. Se ve que algunos de los invitados habían reservado un VIP en un bar… (...) dijo el nombre, sí: ¿el Kunai Oxidado? ¿el Shuriken Mellado? (...) ¡Ah, sí, eso: La Katana Rota! ¿Chica, es que los ninjas no pueden ir a bares con nombres normales? En fin, que resulta que allí, él le dice a ella que empezó a beber un montón "más que nunca, te lo juro, un chupito detrás de otro" y ella: ¿en serio? Y él le dice: parecía que te querías ahogar en alcohol. Fíjate cómo sería para que a ella que estudió con Tsunade-sama le digan eso porque ya sabemos todos de qué pie cojea Tsunade (...) ¡No, no, no creo que Sakura Haruno sea alcohólica, Emi! ¡No puedes ir diciendo eso de la Hokage! (...) Ya, vale, no te grito, lo siento. Bueno: la cosa. Él se pone así como serio, sabes, como muuuuuy triste y dice: y entonces me contaste lo que había pasado en el palacio. (...) ¡Ni idea de qué palacio! Supongo que el de la boda, ¿no? Pero a saber: estos shinobis de élite cuando no estás en un palacio están en un castillo, y cuando no en una mansión, y cuando no a la intemperie… Total que como estaba barriendo por la zona de la fuente, pues no le podía ver la cara a ella porque desde ese ángulo las hojas del sauce ahí son muy densas y muy largas pero igualmente la oigo decir: lo siento… Y de verdad que se me removió algo por dentro. Parecía que le salía de las entrañas, como un cachorrito llorando. Me dio tanta pena que estuve por ir a ver si necesitaba algo, pero veo que él le pone la mano sobre la suya y la acaricia y no iba yo a interrumpir el momento romántico así que me quedé en el sitio pero atenta. (...) ¡Ya, a mí también me hubiera gustado que estuvieras ahí! (...) No, no me vieron entonces, siguieron hablando, bla bla bla y en un momento dado dice él: te acompañé a casa para meterte en la cama y como te habías tirado un par de bebidas por encima te llevé a la ducha. Haruno murmura algo tipo "así que fuiste tú", creo, eso no lo oí bien y él asiente y le explica además: intenté que te pusieras el pijama pero te quedaste dormida sin vestir y no quise despertarte. (...) Sí, la verdad es que parece todo un caballero. A ver cuándo pillamos tú y yo uno de estos… (...) Bueno, Emi, lo que tú digas, pero no pienso volver con mi ex. (...) Eso lo hablamos otro rato. Volvamos a la historia que estoy a la mitad y se me acaba el descanso. Recapitulemos: ella estaba borracha, él cuida de ella, ella se queda desnuda en su cama y (...) ¡Emi, claro que están juntos! Sólo había que ver el lenguaje corporal. Es más, deben ir bastante en serio porque ella le dice: me da mucha vergüenza que me vieras así y me siento horrible todo lo demás… y él le responde:por una vez en la que soy yo quien te cuida. (...) La cosa es que de repente se quedan callados y digo "bueno aquí está ocurriendo algo" así que me muevo para verlos bien. Para no llamar mucho la atención me pongo a meter lo que he barrido en una bolsa para la basura y voy llevándola hacia los contenedores, que desde allí se ve todo mejor y además estoy más cerca. (...) Sí, igual que en una novela de espías, jaja (...) Entonces me fijo en que ella está llorando en silencio, así con mucha dignidad, y entonces se aparta las lágirmas de la cara con la mano y se pone recta. Había que verla, que estaba hecha unos zorros pero tiene ese algo de determinación que hace que parezca una princesa… y le pregunta con voz más clara: ¿y tú?, ¿estás enfadado? Yo me quedó observando la cara de él, a ver si puedo adivinar algo, y le veo que pone una mueca así como de frustración y suspira. Se le caen los hombros y todo. Aquí se va a decir algo importante, pienso yo, porque todo su cuerpo cambia de postura, ¿sabes? Como que se estaba preparando para esa parte de la conversación todo el rato pero no tiene ganas de hacerlo. Y él le dice que enfadado, sí, dolido, también, pero sobre todo decepcionado. Lo que pasó, le dice, le hubiera pasado a cualquiera. Todos cometemos errores. Pero… me hubiera gustado que me hubieras contado lo que había con él antes. (...) Sí, te juro que dijo eso. (..) ¡No, no sé quién es él! (...) ¡Escucha, que no he acabado! El chico de Suna este añade: me he tenido que enterar por Shikamaru lo que realmente significa el Uchiha en tu vida. (...) ¡Sí, supongo que Sasuke Uchiha! ¿No estaban liados hace tiempo? (...) Shikamaru Nara, ¿no? No es que sea un nombre que le vayas poniendo a la gente así como así… (...) ¡Ni idea de qué pinta en todo esto! Pero es que no lo sé yo, no lo sabes tú, y resulta que Haruno tampoco lo sabía porque se le abren los ojos mucho, pone una cara de cómic y frunce el ceño como pensando algo. Le podías ver casi las tuercas dando vueltas en la cabeza y todo. Y entonces le pregunta así como suspicaz qué qué le había dicho Shikamaru y cuándo se lo había dicho. Yo veía venir que algo gordo iba a pasar porque entonces él se rasca la cabeza y echa así mucho aire como "ufff, a ver cómo explico yo esto"; ya sabes como cuando el señor Takeda nos dice que este mes cobramos menos… (...) Sí, esa cara de "tierra trágame". (...) Total que va y le cuenta que se encontraron ayer por la noche, después de dejarle en casa y que le ayudó con algo. (...) No lo del algo no lo oye nadie bien porque Sakura se lo hizo repetir tipo "es que no te he oído" y finalmente dice claramente: me ayudó anoche con un altercado. Y ella: ¿qué clase de altercado? Y yo: ¡wow! Un altercado ¡Esto se pone demasiado interesante! Y estaba yo ya por sacar las palomitas porque era como una peli de intriga todo esto y entonces va y el puñetero gato de los Ito no tiene otra idea que saltar en ese ese momento desde la ventana a la tapa del contenedor. ¡Plas! Contra el metal el puñetero bicho. ¡Vaya escándalo montó! Claro, todos damos un brinco y ellos pues se giran hacia el ruido y me ven a mí ahí en la basura y yo creo que disimulé bien pero igualmente el chico se da cuenta de que les pueden oír y deja el dinero encima de la mesa rápidamente y se levanta en plan ¿Oye, hablamos de esto en otro lado? y Sakura asiente y se van… y (...) ¡sí, se van! (...) ¡dejándonos con la intriga! (...) Pero yo igualmente me dije: esto se lo tengo que contar a Emi en cuanto llegue el descanso (...) Eso es todo… (...) ¿Cómo que te parece poco? ¡La próxima vez que te pilles un día libre y pase algo no pienso contártelo! A todo esto, ¿cómo está tu madre?, ¿mejor? (...)


4. Podrían haber sido tan felices

Fue Shisui el primero el primero que lo vio. Lo de que Sasuke estaba loco por Sakura. Hacía muchos años, una semana de otoño en que Mikoto tenía la gripe, Fugaku estaba fuera de la aldea, e Itachi perdido en a saber qué misión y no le quedó más opción que hacerse cargo por unos días del pequeño de la familia: prepararle la cena, lavarle la ropa, llevarlo y traerlo de la academia. Le bastó un vistazo rápido al patio del colegio para darse cuenta: un día le vio esquivando a una niña adorable de pelo rosa y gigantes ojos verdes y al día siguiente estaba buscándola con la mirada e intentando llamar su atención. Un rato pivotaba sus atenciones entre ser amable y comentar con admiración lo lista que era, y al otro le lanzaba bichos a la falda o intentaba tirarle del pelo cuando se despistaba. Era el flechazo más torpe y peor llevado que Shisui había visto nunca, pero era también el más adorable.

- , Sasuke-chan, la niña del pelo rosa, ¿te gusta?

Caminaban por la ribera del río camino a casa y Sasuke, que más o menos le llegaba a la altura de la cintura, negó fervientemente.

- ¡No! - sonaba decidido. Entrecerró los ojos e infló los carrillos. - Se llama Sakura. Y no puede gustarme. No se lo digas a nadie, - le hizo jurar - pero creo que es peligrosa.

Shisui levantó una ceja e intentó imaginar en qué clase de mundo alguien con el tamaño, el color de pelo y el nombre de Sakura pudiera suponer una amenaza para algo.

- ¿Por qué dices eso? Parece bastante inofensiva.

Sasuke se paró de pronto y le miró muy serio. Ridículamente serio para un niño de 6 años de voz chillona y piernecitas cortas. Shisui le observó con curiosidad y le siguió el juego cuando le hizo un gesto con la mano para que se agachara a su altura.

- Creo que maneja algún tipo de jutsu prohibido. - Le dijo en tono confidencial. Shisui se mordió las mejillas para aguantar la carcajada. - A veces cuando me acerco me pasan cosas raras. - Se señaló la barriga con un dedo y aprieta. - Aquí se me mueven cosas y - tocó la nuca - en el cuello también. Se me pone caliente. Y aquí - dijo apachurrando sus dos mejillas hacia arriba - también se me pone caliente y rojo. - Cruzó los brazos sobre el pecho y concluyó toda la dignidad que pudo juntar.- Es peligrosa.

Sishui se quedó ojiplático y pensó que esto le iba a encantar a Itachi. A su hermanito pequeño el primer amor le había dado muy fuerte.

- Peligrosa, sin duda.

Había sido también Shisui quien, cuando se anunció que la pelirrosa sería parte del equipo genin asignado a Sasuke, se erigiría como verdugo y castigador del alma torturada en que se había convertido Sasuke en los años de su púberes. Arrogante, soberbio y esencialmente insoportable, bajarle los humos se había convertido en la misión más importante de todas las que tenía Shisui. Un deber moral. El propósito de su vida, podría decirse.

- Bueno, ¿y cómo está tu novia, Sasuke-kun?

- ¿¡Qué!? ¡No! ¡Sakura no es mi novia! ¡Cállate, Shisui! - hablaba deprisa, se le atropellaban las palabras. Se ponía rojo y temblaba sobre el campo de entrenamiento de los Uchiha. - Noesminovia, es solo mi compañera de equipo, no-sabes-nada, ¡cállate!

- Ok. - Se encogió de hombros, poco impresionado por la rabieta. - ¿Cómo está tu no-novia, Sasuke?, ¿os habéis besado ya?

- ¡Shisui!

- ¿No vas a dejarle tranquilo nunca, verdad?

- Es demasiado divertido, Tachi.

La juventud, sin embargo, había traído consigo algo más serio que la torpe atracción adolescente. Los sentimientos se habían consolidado, la relación entre ambos era más sosegada y profunda. Tristemente, Sasuke había seguido siendo inútil en lo que concernía a manejar sus emociones y tan pronto estaba acompañándola a hacer al compra y vigilando que llegara bien a casa como besando a la primera chica que conociera en un bar porque había discutido con Sakura. Shisui decidió entonces que en pro de que Sasuke espabilara y por su deber como primo y mentor en cuestiones de faldas, debía presionar un poquito más de lo que habitualmente hacía.

Le encontró un día en las escaleras del templo Naka y le pasó un brazo por el cuello. Sasuke ya le sacaba varios centímetros.

- ¡Saaaaasuke! ¡Qué bien encontrarte por aquí! - Era todo sonrisa, Shisui. Le brillaban los rizos negros bajo el sol. - Verás, tengo que perdirte algo. De hombre a hombre.

Impertérrito pero curioso, Sasuke levantó una ceja.

- Qué quieres.

- Verás: tengo una chica en mente. Una chica que necesito que me ayudes a conquistar. Y solo tú puedes hacerlo. - Se acercó a él y miró a los lados por si alguien les escuchaba. Susurró. - Se trata de Sakura-chan.

Sasuke palideció de pronto. Graznó un qué. Su primo le ignoró y siguió con su espectáculo.

- He decidido, a ver qué te parece, pedirle una cita. Para el festival. Mi plan era llevarla por las típicas casetas, comprarle dango, hacerla reír, besarnos cuando estallen los fuegos, y luego, bueno, si la cita se da bien, hacerle pasar una noche que no olvidará jamás, tú-ya-me-entiendes, ¿eh? - Marca la frase con un guiño y un codazo - ¿Crees que le gustará?, ¿o busco algo más tranquilo?

- Shisui, - la voz de Sasuke roza la amenaza y en el fondo de su mirada se dibuja los tres tomoes del sharingan - no puedes salir con Sakura.

- ¿Por qué no? - Shisui parpadeó, fingió inocencia. Se aguantó la risa. - Está soltera, ¿no?

-Sí, está soltera pero… es… - sonaba alterado - ¡es Sakura!

-Bueno, ese es el asunto. ¡Que es Sakura! - sonreía y se le achicaban los ojos. Todo estaba saliendo de maravilla. - Y tienes que reconocer que está muy guapa. Y es divertida, y simpática, ¿no? Por eso creo que….

- Shisui.

- Qué.

- Sakura es mi… amiga.

- ¡Y por eso creo que eres la persona adecuada para consultarte esto!

- ¡Shisui, sabes a lo que me refiero! - le temblaba la voz, se quitó de su abrazó y Shisui trastabilleó.

- ¿Quién iba a decir que fueras tan protector con tus amigas?

Estuvo 5 semanas sin hablarle después de aquello.

Llegado cierto momento, lo que hasta entonces había sido penoso, ahora empezaba a ser deprimente: se había convertido en un juego en que ambas partes se hacían daño y Shisui dejó de encontrar divertida la situación, y a preocuparse seriamente por la infelicidad de ambos.

El resultado que tenía delante no por esperado, era menos decepcionante.

- Vamos a ver si lo he entendido bien. - Shisui llena un vaso de agua al tiempo y se lo acerca a Sasuke- ¿Ayer, de entre todos los días del año, después de… no sé, más de una década de conoceros, ayer te dio un aire en la cabeza y tuviste la idea de declararse a Sakura?, ¿la misma Sakura de la que llevas renegando unos quince años y que ahora parece estar felizmente ennoviada con un tío más simpático, más importante, más cariñoso y casi tan poderoso como tú?

Con una bolsa de guisantes congelados aplastada contra la parte izquierda de la cara, Sasuke rueda los ojos.

- Sí. Básicamente eso.

Shisui asiente y camina por la cocina haciendo el desayuno.

- Ajá. ¿Y ella cómo reaccionó a esta… revelación, por llamarlo de algún modo?

Se abren cajones, se cierran armarios, suena la máquina de café y el timbre de la tostadora. Sasuke siente que le van a estallar los tímpanos con cada pequeño sonido.

- No dijo mucho.

- Contexto, Sasuke. Necesito más información. - Tira sobre la mesa una caja de aspirinas que acaba de salir de una pequeña alacena y pelea con el pan caliente que acaba de saltar. - No puedo ayudarte con tus asuntos con el corazón si no me dices más; y temo que no puedo ayudarte a escabullirte de tus problemas con la ley si retienes información relevante para la investigación.

La mirada de Sasuke no deja lugar a bromas, pero Shisui se sienta frente a él con el desayuno delante y le anima a seguir.

- La seguí hasta dentro del palacio, me declaré y la besé - Enumera los hechos quitándole emoción porque si lo piensa, realmente, si se pone a recordar cómo sus besos encajaron con los de Sakura y cómo se fue después se va a volver loco del todo. - Bueno nos… besamos. Los dos.

Shisui ironiza un me alegra que al menos fuera consensual antes de esparcir la mantequilla espesa sobre la tostada al ritmo de un hmmm pensativo. No es que le extrañe lo que ocurrió, lo que le extraña es que no pasase antes.

- Os enrollasteis: muy bien. ¡Aleluya! Ya era hora.- Le sirve un poco de té para que trague las pastillas. - ¿Y pasó algo más o en esta ocasión fuiste el caballero que nunca antes te has molestado en ser?

El comentario es un poco mezquino pero Sasuke supone que lo merece. Se ha ganado a pulso la fama de conquistador en serie, y por mucho que haya hecho acto de contricción en los últimos meses, el pasado va a permanecer en él como una mancha imborrable. Pero independientemente de eso, Sasuke no era un mal tío. Jamás forzaba, siempre preguntaba, varias veces, y no empezaba sus avances hasta que la otra parte estaba totalmente de acuerdo con ello. La noche pasada él había querido ser caballeroso, había querido parar el beso y hablar en algún momento pero Sakura sabía tan bien. Y era tan suave, y encajaban tan bien sus cuerpos que no había habido otro remedio que dejar que sus manos rondasen por el inicio de los muslos, dibujando callejuelas de pecados. No había quedado más opción que empujarla hasta una pared y haberle besado el cuello mientras dejaba que las manos de ella se metieran por la apertura de su kimono. No podía ser un caballero cuando solo quería quitarle ese vestido de una vez y hacerla suya justo cuando empezaba a bajar la cremallera y los dedos de Sakura desaparecían por su abdomen dispuestos a adentrarse en zonas peligrosas cuando de repente, entonces, sin previo aviso se había separado de él empujándolo con todas sus fuerzas. Le miró rota y destrozada. Se ajustó el vestido al tiempo que le empezaban a caer lágrimas y cuando Sasuke quiso retomar el beso, ella había negado con la cabeza y se había ido corriendo. "No, Sasuke. Ya es tarde."

- Me rechazó. - Musita, y Sasuke no puede ponerle nombre a ese agujero negro en las entrañas y a la la sensación de tener unas garras arrancándole el esófago. - Me dijo que ya era tarde para nosotros.

Shisui maldice para sí y deja su taza de café a un lado, evaluando el estado emocional de su primo. De ser otra ocasión aprovecharía para entonar un discurso sobre por qué es importante escuchar cuando la gente de tu entorno te está diciendo que eres gilipollas. Repetirle cosas sensatas que sean telodijes encubiertos, y ponerle en su sitio de una vez para ver si termina de madurar. Pero Sasuke tiene un aspecto deplorable: la mirada perdida, el aspecto de un hombre sin propósito. El pelo se le apelmaza en la cara allá donde el hielo se ha derretido y la mandíbula empieza a hincharse y a tomar un color amoratado que no presagia nada bueno.

Se apiada de él. Vuelve al congelador y le cambia los guisantes por un filete que le entrega con una mirada de burla cariñosa y le agita el pelo a su paso. Se siente razonablemente triste. Le hubiera gustado, de verdad, que estos dos pudieran haber terminado juntos.

- ¿Y después qué ocurrió? - Pregunta de vuelta a la silla. - ¿Te fuiste sin más o …?

- No. Ella salió corriendo. - Se encoge de hombros. Suspira y se hunde en la silla, recordando los eventos de la noche anterior. - Yo… me quedé ahí. Pensando.

No sabe por cuánto tiempo se quedó mirando el punto de la pared en el que había ocupado Sakura, notando como poco a poco el calor se escapaba de sus brazos. No entendía qué había pasado. En un minuto parecía que por fin podía tocar la gloria con los dedos y conseguir la chica de sus sueños, y al siguiente ella había vuelto a desaparecer de su vida, dolida y enfadada como nunca

- ¿Y te quedaste pensando toda la noche o…?

- Por supuesto que no. - Sasuke le mira, ofendido, incluso en la miseria le puede la altivez. - Cogí el vestido y…

- El vestido.

- El vestido sucio de Sakura - Aclara. Y traga una nueva tanda de pastillas antes de seguir. - Pensé que podía devolvérselo. Y hablar con ella.

- ¿Devolvérselo? Parece un poco desesperado.

- No lo hice. - Mira a sus manos tras el filete que se descongelada en su cara y suspira, repasando las acciones de la noche con una mezcla de vergüenza y autocompasión. - Pensé que era mejor darle espacio.

Así que salió de la habitación en silencio. En la boda no quedaba nadie y los farolillos cabalgaban sobre la brisa fría de abril. Empezó a andar.

- ¿Y qué más?

- ¿Me estás interrogando?

- Te recuerdo que lo que pasó anoche te habría llevado directo al calabozo y que tienes que dar las gracias de que fuera yo quien estaba por ahí. - Sasuke chasqueó la lengua, un poco molesto por el trato, otro poco molesto porque tiene razón. - Así que haz el favor de explicármelo todo.

- Está bien. - exhala - Luego fui al Infiltrado.

No le sorprende la risa raspada de Shisui al otro lado de la mesa cuando oye el nombre del lugar en cuestión. El Infiltrado es, de lejos, el peor bar de Konoha. Un sitio donde nadie que quiera tener una reputación medianamente decente quiera ser visto. Un antro oscuro de olor indescifrable al que solo vas si quieres estar solo o si, por el contrario, buscas compañía no demasiado exigente.

- Deduzco que ahí te bebiste hasta el agua de las macetas. Oh, - hace una muesca de asco - dime que no decidiste solucionar tu mal de amores con la primera que se te cruzó allí. Las mujeres de ese sitio son…

- No. - Corta con una mirada letal. - No. Simplemente bebí hasta que cerraron.

A Shisui no le cuesta visualizarlo solo, en un rincón. Con su ropa cara y su pose aristocrática rodeado de borrachos que olían a pis. Se lo imagina bebiendo hasta que le quemara la garganta y notara que los nudos del pecho se diluyen en alcohol; hasta que los camareros parecieran figuras desdibujadas en el aire. Lo recreó pensando en Sakura, repasando en cámara lenta cada instante compartido y cada oportunidad perdida. Sumido en ese dolor por un rato, podía acariciar su propia desdicha como a un gato enfermo.

Joder, podrían haber sido tan felices.

- Vale: estás borracho como una cuba, emocionalmente inestable y decides… ¿qué?, ¿empezar una pelea porque sí?

- ¿Qué? No. No fue así. - Sasuke negó y se levantó a tirar el filete en la basura. Renquea. - Cerraron el el bar. Y fui a ver a Sakura. A devolverle el vestido esta vez.

- ¿Para qué?

- Para que me perdonara, supongo.

- Es una idea estúpida. Sakura te habría mandado a la otra punta de la ciudad de un puñetazo.

- Estaba borracho como una cuba.

- Sigue siendo estúpida.

- Shisui, ¿por qué me estás juzgando? Que yo sepa tú has hecho muchas más idioteces que yo bebido.

Shisui dice algo como "por eso se de lo que hablo" y se termina la tostada.

- ¿Algo más?

Sasuke responde en un mismo soplo de voz.

- Y el resto ya lo sabes.

Pasándose una mano por los rizos, Shisui asiente: que sí, que ya lo sabe. Podría mortificar a su primo con más preguntas e intentar hurgar como una carroñero en sus sentimientos, ver hasta dónde puede provocar para que termine de soltar todo eso que tiene guardado dentro desde hace años, pero incluso él puede ver que el chico necesita una tregua. Ya hablará con él más tarde. Además, hay problemas más acuciantes.

- ¿Y qué vas a hacer con eso?

- ¿Con qué? No voy a perseguir a Sakura más…

- No con eso. Sino - le señala la cara - con eso.

Sasuke se mira en el metal bruñido de una de las cazuelas que cuelgan en la cocina de Shisui. Tiene un aspecto horrible y su conocimiento de ninjutsu médico cura heridas superficiales, pero desde luego no arregla huesos rotos ni dientes perdidos. En otro momento de su vida sin duda habría recurrido a Sakura, pero eso es imposible. Otra opción sería Ino, pero no se atreve a ir cerca de ella porque le sometería a un interrogatorio digno de Morino Ibiki y para mediodía lo sabría toda la aldea. Tsunade simplemente le mataría si se entera de quién y por qué le ha pegado, y con Shizune no tiene confianza suficiente.

- Iré al médico ANBU mañana - resuelve.

Se inventará una mentira por el camino. Hasta entonces cree que puede sobrevivir con hielo y analgésicos. Shisui, sin embargo, parece alarmado.

- ¿Mañana? Sasuke, no puedes esperar a mañana.

Sasuke alza una ceja y vuelve a mirarse la cazuela. Está mal pero tampoco tanto.

- Sasuke, - la voz de Shisui insiste - hoy es el tercer domingo de mes.

Y Sasuke abre los ojos y dice alto y claro: joder. Y luego dice: mierda. Y luego piensa en que ayer dejó plantados a Akira y a su familia en los fuegos artificiales y que no puede no ir hoy y dice: jodercojonesjoder y luego mira a Shisui desesperado:

- Shisui, ¿qué hago? - Mira el reloj con cierta aprensión, quedan unas dos horas aún. - No puedo ir a la reunión del clan así.

Su primo no puede más que darle la razón. Levantaría sospechas, harían preguntas, sería un desastre y se meterían los dos en un lío.

-¿Puedes llevar un pasamontañas?

Ah, si las miradas mataran.

- ¿Cubrirlo con una ilusión y rezar porque nadie active su sharingan?

¿En una reunión Uchiha donde todos presumían sobre sus tomoes como si fuera un concurso? Imposible.

- ¿Aparecer con tu máscara de ANBU?

Sasuke rueda los ojos ante la idea absurda.

- ¿Maquillarlo? Podrías decir que la inflamación es por un flemón de una muela o así.

Por fin una buena idea. Sasuke se vuelve hacia él.

- ¿Tienes maquillaje?

- ¿Por qué iba a tener maquillaje aquí, Sasuke?

- Muchas chicas pasan la noche aquí...

- No. - Shisui niega vehemente con la cabeza - Pero tú si tienes una novia que usa maquillaje.

Eso sí que no. Por encima de su cadáver. ¿Cómo va a pedirle a Akira eso después de… de lo de ayer? Es poco respetuoso. Una falta de decoro absoluta. Y no se lo merece.

- ¿Cómo quieres que recurra a Akira por esto?

Shisui, aunque entiende el conflicto, es un poco más práctico.

- Ni tu madre ni Izumi se maquillan. - Comenta. - Y dado que has quemado todos los puentes con la única otra mujer con la que tenías confianza… No es que tengas más opciones.

Le jode muchísimo que Shisui tenga razón y que ponga esa sonrisita de superioridad cuando tras unos minutos de consideración gruñe un vale enfurruñado y se pasa la mano por la cara solo para sentir el dolor horrible de las heridas mal curadas.

Junto al fregadero, mientras lavan los platos, Shisui contempla soluciones:

- Si le mandamos un summon ahora estará aquí en una media hora - comenta alegre como si todo le pareciera una broma graciosísima - ¿Qué prefieres: tus halcones o mis cuervos?

Sasuke no responde y se hunde aún más en su silla.


5. El sabor amargo del té

- ¡¿QUE KANKURO HIZO QUÉ?!

La voz de Temari rompe el aire en el salón de té más exclusivo de Konoha como un trueno. A su alrededor, entre las cortinas de terciopelo drapeado y los manteles bordados, se paran las conversaciones, se detienen los camareros y todos los ojos se vuelven hacia ella. Shikamaru se eriza como un gato, miran a los lados, resopla con espanto y se disculpa inclinando la cabeza entre sudores. No son ni las 10 y ya se quiere volver a la cama.

- ¡Habla más bajo! - sisea - ¡Te van a oír en Iwa, mujer!

Temari se enfurruña un poco cuando le regaña pero claudica en su tono. La actitud, no obstante, la mantiene. En susurros: me da igual. Gira la cabeza, ataca el fondant de su pastel con furia: no me lo puedo creer. Y dos segundos después, masculla contra el cuello de su blusa: pero es imbécil o qué coño le pasa. Y entonces entrecierra esos ojos suyo que ni son zafiro ni esmeralda, los ojos más bonitos del mundo, Shikamaru lo puede jurar, pero que son puro peligro gigantesca cuando se vuelven hacia él y se da cuenta de que eso es mala señal, muy mala señal, porque entonces levanta un dedo hacia él y le señala, acusándole con los labios prietos:

- ¿No estarías tú metido en el ajo también, verdad?

- ¡Qué! ¡No! Yo sólo pasaba por ahí.

- ¿Seguro?

- ¡Seguro!

- ¿Y entonces cómo fue?

- ¿Cómo fue el qué, Temari? Me estás confundiendo.

- ¡Lo que me has contado!

- Ah, - dice - eso.

Se echa para atrás en la silla y bebe té para ganar tiempo. En clase, Shikamaru solía quedarse mirando el techo sin pensar demasiado. Las grietas hacían formas raras que seguía con los ojos: una iba de la lámpara de la puerta hasta detrás de la pizarra, otra nacía del poyete de la ventana y se perdía antes de llegar a una esquina. Le molestaba su falta de geometría y su mente le forzaba a crear patrones matemáticos allá donde había curvas incompletas. Era el mejor método que había encontrado para concentrarse, y lo imitó durante años con nubes y el humo del cigarro y cualquier otra forma que necesite de organización. Junto a la cabeza de Temari, se da cuenta, se ve un poco del cielo tras la ventana y se esfuerza por organizar los cirros en grupos de 3 antes de ponerse a hablar.

- Escucha, Temari - deja la cucharilla de té a un lado y se esfuerza por vocalizar claramente- te juro que yo no tengo nada que ver. Todo pasó por casualidad. Fui a dejarte al hotel después del bar y estaba volviendo a casa cuando me encontré con Shisui Uchiha, que salía de la central de policía. Me saludó, le saludé y hablamos un poco de la boda y caminamos juntos ¿Vale? - Temari le sigue las palabras con la mirada y asiente - Así que estábamos llegando al puente que separa el barrio del civil del shinobi cuando oímos unos gritos y un poco de jaleo y fuimos para allí. Si pasa algo con los civiles es un coñazo hacer todo el papeleo y hay que revisar que ningún jutsu ha caído en su zona y luego hay que escribir un informe por triplicado para el Consejo…

- ¡Shikamaru: al grano!

- ¡Ya voy! ¿Siempre eres tan impaciente?

Temari da un golpe con los dos puños en la mesa y todo lo que hay sobre ella tintinea. El dueño del local, un señor gordo con un bigote ridículo, le recrimina el gesto con la mirada pero ella lo ignora.

- Sólo cuando me tienes que explicar si mi hermano ha iniciado algún tipo de conflicto internacional.

Con un gesto vago del cuello, Shikamaru agita la cabeza y envuelve las manos de Temari con las suyas. No las acepta, ni las rechaza, pero poco a poco su furia se calma. Le pide explicaciones: Shikamaru, por favor… Y Shikamaru, que a estas alturas ya sabe que se pasará el resto de su vida siendo incapaz de negarle nada a Temari, asiente despacio y le dice: es que es un poco confuso todo, mientras intenta recolectar las memorias de lo que pasó la noche anterior. Era difícil de explicar. Shisui y él, caminando tranquilamente bajo la luz de la luna; y de pronto el caos ante ellos. Llegaron a saltos al río y cuando pisaron sobre los adoquines del otro lado, intercambiaron una mirada de hartazgo. Shisui dijo a su lado: pero qué cojones están haciendo y Shikamaru respondió lacónico: dar problemas.

Frente a ellos, en la luz templada de las farolas, dos shinobis blandían sus egos a gruñidos y golpes.

- Cuando llegamos allí, estaban Kankuro y Sasuke Uchiha peleando en el puente.

- Eso ya me lo han dicho. - Temari le observa inquieta. Quiere más datos - Pero ¿por qué peleaban?, ¿cómo peleaban?, ¿usaban chakra? Si Kankuro estaba malgastando chakra para esto voy a matarle.

- No. - Corta Shikamaru - Sin chakra ni taijutsu ni nada. Puñetazos, empujones. Algún que otro escupitajo.

Era una lucha primitiva y seca. Alejada de toda la elegancia de los enfrentamientos entre shinobis. Shikamaru nunca había visto a Kankuro pelear sin sus marionetas, pero sus golpes eran certeros y fuertes. Ganaba en corpulencia a su adversario y dejaba a Sasuke tambaleando cada vez que le daba. El Uchiha, sin embargo y aún borracho, seguía siendo extraordinariamente rápido y esquivaba los golpes sin demasiado esfuerzo, agotando al otro. Decidieron que era mejor no intervenir.

- Fue una pelea bastante lamentable, Temari. Pasaron casi todo el rato en suelo o intentando no perder el equilibrio. Pero tu hermano iba ganando, si te sirve de algo.

Shikamaru aprendió más o menos la segunda vez que se encontró con Temari que el orgullo es algo que tiene forma propia cuando se trata de hablar con los de Suna. Una arrogancia que va con el carácter y apenas deja espacio a otras sensaciones. Cuando Temari le levanta la barbilla levemente y nace un fueguito en el fondo de sus pupilas, le sale un risa corta de perro que huele a tabaco. Viendo que su gesto le ha destacado, Temari vuelve a su pose severa.

- Es lo menos que podía hacer - comenta seca y contundentemente, con las manos cruzadas sobre el mantel - Si te vas a meter con el hijo del jefe de policía: gana. Cuando nos denuncien y tengamos que ir a explicárselo al Consejo al menos no vas a quedar como un pringado.

Shikamaru se rasca la nuca y le sonríe de lado.

- No creo que los Uchiha hagan nada al respecto. Creo que les interesa más su prestigio que ponerse a jugar a la política con un país aliado.

- ¿Tan mal le estaba yendo a Sasuke Uchiha como para que se traguen su orgullo?

- No sé si la palabra es "mal", pero desde luego no le iba bien.

Todo sucedía a cámara lenta: patadas y choques, saliva acumulada, las primeras gotas de sangre. Kankuro le dio un golpe especialmente fuerte en el lado derecho que dejó a Sasuke en el suelo y Shikamaru tuvo que agarrar a Shisui para que no saltara en ese instante. Fueron momentos tensos. EL de Suna se quedó de pie, la cabeza gacha, la respiración cogida y una mano en las costillas. Le dijo: Déjala en paz, joder. Tienes una prometida, vete a la cama con ella y no vuelvas a acercarte a Sakura en tu vida. Sasuke intentaba levantarse, apoyando su peso en sus rodillas y manos. El pelo negro caía sobre su rostro manchado en barro: "Sakura no es tu puta propiedad ni la da de Suna". Kankuro se estaba marchando cuando se dio la vuelta para responder: "tampoco tuya, Uchiha." Y hubo un resurgimiento de la rabia, un sonido primitivo que nació de las entrañas de Sasuke que le dio energíaparaabalanzarse sobre sobre el torso del marionetista, que lo evitó haciéndose. Trastabilleó el Uchiha, y en ese momento, Kankuro reventó su puño contra la barbilla y Shisui y Shikamaru se dieron cuenta de que esto estaba llegando demasiado lejos.

- Cuando la cosa se puso fea, decidimos intervenir. - Shikamaru le da un sorbo al té. - Yo les sujeté con las sombras y Shisui les noqueó con una ilusión. Y eso fue todo lo que pasó. Toda la pelea no debió de durar más de 20 minutos.

- ¿Y Kankuro?

- Parecía bien. En cuanto se despertó del genjutsu, le escolté de vuelta al hotel y estuve con él un rato hasta que se calmó del todo. Luego me fui a dormir.

Temari se lleva la cucharita a la boca y relame el metal al tiempo le mira con curiosidad, como si resolviera un puzzle. Considera balanzas y posibilidades y aprieta los labios y la nariz antes de apoyar la cara en una mano, pensativa.

- ¿Te dijo por qué habían empezado la pelea?

Kankuro podía ser impaciente y molesto y feroz, pero también sabía mantener la cabeza fría y ser circunspecto cuando tocaba. Que rompiera su autocontrol era extraño, piensa Temari, y algo tuvo que provocarlo. Algo grave.

Shikamaru busca una respuesta que sea concreta y vaga al mismo tiempo.

- No lo tengo claro. Algo de Sakura y un vestido, creo.

- Kankuro había estado celoso del Uchiha en la boda - murmura ella. Deja la taza con las dos manos y se queda mirando las hojas secas del té en la porcelana, absorta. - ¿Quizá le dijo algún tipo de obscenidad sobre Sakura? A los hombres estas cosas os enervan, ¿no?

Shikamaru se ríe corto y suave como un perro y se encoge de hombros.

- Supongo que sí. A mí no me haría gracia. - E inquiere - ¿Querrías que yo me pegara con otro hombre por tu honor?

Las coletas rubias de Temari se mueven mientras niega. "Puedo yo sola, muchas gracias" y se recuesta sobre la silla, con un atisbo de sonrisa en los labios. Shikamaru duda sobre si sentirse ofendido o no por el hecho de que su futura esposa considere divertido el pensamiento de él enfrentándose a alguien para defenderla, pero se conforma con sentir alivio al saber que ha esquivado una bala en esa ocasión y que Temari parece dispuesta a cambiar de tema.

Lo cierto es que no era verdad que no supiera el motivo exacto que había encendido el combate entre los dos shinobis. Si se lo había querido esconder a Temari es porque existía cierta lealtad masculina hacia su futuro cuñado y porque una vida al lado de Ino y de su madre le habían enseñado que las reacciones femeninas a los acciones más primitivas de los hombres podían llegar a ser no solo problemáticas, sino sencillamente violentas. Así que se calló aquello que le había contado Kankuro en la habitación del hotel, en algún momento de la madrugada.

Shikamaru había esperado a que se encendiera la luz de la habitación del hotel para preguntar: ¿A qué venía todo eso? y espero pacientemente la respuesta mientras le veía caminar a hacia la cama, dolorido, y quitarse el traje de la boda sin ceremonia alguna, rabioso contra la tela. Sobre las costillas, una contusión pasaba rápidamente del rojo al morado. Se quitó un poco de barro de la boca antes de hablar.

- El gilipollas de Uchiha no tuvo otra idea que besar a Sakura. Ella le mandó a la mierda y él tío quería ir a su casa ahora con una excusa lamentable. ¿Cree que soy imbécil? - Se tiró por encima la camiseta de dormir - ¿Qué coño le pasa en la cabeza?

Shikamaru se apoyó en la puerta y echó la cabeza hacia atrás. Le dolía el cuello por el cansancio, la tensión y lo absurdo de la situación.

- Celos, supongo. - dijo, porque en general los celos estaban en el top de emociones que llevaban a hacer a los hombres cosas estúpidas - Sumado a la urgente necesidad de intentar culminar una relación fallida desde hace años.

Hubo un silencio que duró un latido y en el momento en que los ojos de los dos hombres se encontraron, Shikamaru supo que había cometido un enorme error de cálculo.

- ¿Qué relación?

Mierda. Así que Kankuro no lo sabía. Intentó arreglarlo.

- Ninguna. - Habló demasiado rápido. Dio un rodeo. - O sea, nunca llegaron a ser nada. Todo era platónico por ambas partes.

- ¿Ambas partes?

Joder. Esto no iba bien.

- Ehh… no me hagas caso - se rascó la nuca. Se le daba fatal mentir. - Todo son rumores de Ino, no sé cuánto es verdad.

- Nara - Kankuro gruñó y se levantó hasta quedar a un palmo de su cara - ¿ambas partes?

- ¿Nunca te ha hablado Sakura de esto?

- ¿Tengo cara de que así fuera?

Al terminar de contarle lo que sabía del asunto Uchiha-Haruno, Kankuro tenía el aspecto de un hombre derrotado y Shikamaru sólo pudo darle una palmada en la espalda y animarle a que hablara con ella.

- Si Sakura no te lo ha contado tendrá sus razones.

Kankuro se hundió entre las almohadas.

No, ni en broma le iba a contar esto a Temari.

- O sea - la voz de Temari le saca de sus ensimismamiento - que apenas has dormido.

- Algunas horas. - comenta. Unas tres o cuatro, siendo generosos - Pero habíamos quedado a desayunar y tenemos que hablar de la boda…

- Podíamos haberlo pospuesto al almuerzo.

- … y no quería que comieras sola.

- No tenías que hacerlo. No eres la niñera del idiota de mi hermano - Temari se le queda mirando y hace una cosa rarísima: junta las manos sobre le pecho y se inclina - Lamento mucho todos los problemas que te haya causado.

Shikamaru parpadea, sorprendido.

- Olvídalo. - tartamudea - Me cae bien Kankuro. Y además… - Sus ojos se posan en la sortija de pedida brilla en el dedo anular. - ¿Ahora vamos a ser familia, no?

La sonrisa de Temari es tan dulce que hace que todo lo que es sólido dentro del Nara se derrita.

- No quiero que te arrepientas.

Se encoge de hombros.

- Un poco tarde para eso: sois todos bastante problemáticos.


6. Todos los secretos que guardamos

Kankuro aprendió muy pronto a guardar secretos. Sobre Gaara y su familia, fundamentalmente; sobre sí mismo, también. Luego llegaron otros: confidencias de amigos, murmuraciones políticas, planes de adversarios. Se enteraba de todo y se le daba bien quedarse callado. Su papel de hijo mediano le dio el perfil que necesitaba para no llamar la atención; pero el abandono paternal le hizo ser un rebelde con causa que defendería a los suyos hasta la muerte, las habilidades que requerían para llevarse consigo datos sensibles a la tumba. Chiyo le transmitió la importancia de mantener el misterio incluso del elemento más básicol de un mecanismo y el ingrediente más esencial de un veneno; Suna le enseñó el tipo de lealtad que hay que tener para defender con tu vida las claves que pueden cambiar el destino de un país entero. Su vida y su trabajo le llevaron a que en él recayera el peso de gestionar las cosas más feas de la política: rrapos sucios, operaciones especiales, asuntos turbios de Estado. Aún a día de hoy hay cosas que no le ha podido contar a Gaara y que sabe qu no podrá hacer nunca. Pesan dentro de él y las archiva en las estanterías recónditos de la memoria para que no interfieran en su día a día. Para que le dejen dormir.

Pero hay secretos que no importa dónde los pongas porque siempre te desvelan.

Ha pasado una hora desde que salieron de casa de los Haruno, y los rayos de sol hacen arcoiris en las gotas de rocío. Caminan escuchándose el uno al otro. Acaban de pasar el complejo de los Akimichi cuando Kankuro termina de explicar todos los eventos que habían ocurrido el día anterior y se sientan a descansar en un banco bajo un pruno. Aprovecha para contemplar los brotes de las hojas moradas y las pequeñas flores rosas que abotonan las ramas cuando nota que Sakura le coge la mano y la empieza a curar sin decir nada: los nudillos pelados y rojos, la uña rota y magullada. Le pregunta si algo más le duele y él se señala el costado.

- No me puedo creer que pegaras a Sasuke. - Dice intentando no sonreír, mientras le levanta la camiseta y analiza el un moretón que, supone, es la antesala de una costilla rota.

- Yo tampoco. - admite, mirando que nadie aparezca en ese momento - Y no estoy especialmente orgulloso de ello.

Nunca había pegado a nadie con esa rabia y esa furia y ese ver negro que sienten todos los malos shinobis que terminan muertos más pronto que tarde en una batalla.

- Aunque tengo que decir que el tío se lo merecía. - Se rasca la cabeza y ella le sisea que no se mueva. - ¿Esperaba que me creyera que iba a tu a casa a devolverte el vestido a las 4 de la mañana después de haberte besado? Puede ser un prodigio pero también es un poco espeso.

A pesar de todo el drama, le alegra saber que aún puede hacerla reír. Agacha la cabeza para mirarla y observa su perfil concentrado en arreglar los golpes, y no sabe si es el contacto frío de los dedos o el pinchazo interior que siente, pero le recorre un escalofrío.

- ¿Vas a ponerte todo chulo si te digo que me alegro de que lo hicieras? - intenta bromear sin despegar la mirada de las contusiones.

- Nunca me oirás presumir de elegir el camino de la violencia para defender el honor de una dama - Sakura alza una ceja y Kankuro hace eso de encogerse de hombros y dedicarle una sonrisa macarra y ohdios por qué es tan guapo - Aunque quizá sí que diga más de una vez que hay darle su merecido a cualquier tío que no entienda la norma de convivencia básica de que no puedes ir besando a novias ajenas por ahí. Mucho menos si dicho tío está prometido con otra.

Las manos de la pelirroja tiemblan de pronto Sakura y va a hablar cuando Kankuro interrumpe.

- No me digas que dos no se besan si uno no quiere…- suspira. Le duele mucho el pecho, como una puñalada que no para de sangrar. - Tú paraste. Me pediste perdón de inmediato. Él no sólo no paró: habría seguido hasta el final e incluso volvió a insistir en mitad de la noche. ¿Quién hace eso?

La respuesta es sencilla para Sakura: alguien del equipo 7. Ninguno de ellos entiende la palabra parar. Siempre han sido así y no esperaba que nadie fuera de su círculo lo entendiera. Son impulsivos y cabezotas y tenaces y empeñados y por defenderse entre ellos se pondrían entre la espada y la carne; pararían meteoritos con las manos y separarían mares enteros. El equipo 7 aparece en tu ventana a las 4 de la mañana para ver si has cenado bien; el equipo 7 te acompaña al fondo de un volcán solo para acercarte una botella de agua que has olvidado; el equipo 7 hace todo esto y más y Sakura sabe que es por eso que son únicos y especiales y que es difícil de entender para los foráneos. No puede exigirle que lo entienda y ella no puede esperar que todo el mundo aplique la misma intensidad a sus relaciones sociales.

- Nadie en su sano juicio - responde finalmente y recibe un movimiento de la cabeza de Kankuro en señal de aprobación.

Cuando termina de cicatrizar la última de las heridas, retoman la marcha en dirección al río, y Kankuro se siente más ligero que antes. Sakura, sin embargo, aún está enfrentándose a los estragos de la intoxicación etílica en su cuerpo. Aunque aún sonora, la resaca empieza a disiparse y el martilleo intenso en sus sienes ha perdido frecuencia e intensidad. Sigue, sin embargo, la inquietud en la sangre, el estómago haciendo tirabuzones sobre sí mismo y sobre todo, la noción de la traición se ha asentado hasta convertirse en un líquido metálico y agrio que hace acto de presencia en su paladar cada vez que habla con su novio.

Le observa de reojo. Hay cierto afán de estoicismo en su postura: la rigidez de la espalda, la barbilla levantada, orgullosa. Hay momento en que por los ojos le pasa un especie de velo negro, pero le resulta imposible saber la extensión de sus emociones. Quiere saber si la odia. Si, por el contrario, aún queda un poco de amor hacia ella. El resto del cuerpo no le da pistas, todo en él parece estar bajo control. Camina con las manos a los lados y Sakura tiene que jugar con las suyas dentro de las mangas de la yukata, porque le quema no poder cogerlas y caminar juntos, agarrados.

Están a punto de entrar en el parque Senju cuando Sakura se detiene de pronto a un lado del camino y se quedan los dos, ahí, plantados y mirándose. Al deseo de querer sujetar su mano, se le une el de besarle y tiene que coger aire para juntar coraje.

- Kankuro - Levanta los ojos verdesverdesverdes hasta fijarse en los de él, oscuros como un arándano de primavera - ¿Crees que… crees que podrás perdonarme algún día? ¿Crees que… podremos pasar página, los dos?

En opinión de Sakura, hay un límite de veces en la que una persona puede disculparse. El primer lo siento suele ser honesto y cortés; el segundo reflexivo y sanador; el tercero, sin embargo, es insistente y humillante. A partir de ahí, son sólo cacareos del ego y poco se puede hacer más que esperar a que la otra persona, pueda volcar su perdón sobre ti cuando esté preparado. Pero Sakura necesita respuestas porque cada vez que en su cabeza aparece la idea de no tener a Kankuro el resto de su vida a su lado, siente que asoma a un abismo de oscuridad.

Kankuro mira al suelo y contempla las piedrecillas del sendero antes de hacer frente a la pregunta.

- No quiero que… que esto, que nosotros, se acabe. - Duda un poco pero se recompone. - Realmente es lo último que quiero pero no sé… no sé cómo va a afectarnos. Es pronto aún para saberlo. Han pasado muchas cosas. - Sakura asiente y murmura: estoy de acuerdo y Kankuro traga saliva antes de continuar. La conversación está a punto de dar un vuelco. - Igualmente hay que mejorar la… comunicación. Contarnos más cosas aunque sean feas o nos den vergüenza. No podemos seguir viviendo con secretos si queremos que esto funcione, Sakura.

- Te contaré lo que quieras. - Habla con los ojos abiertos de pureza. El borde de los irises se disuelve en azules. - Lo que necesites para que vuelvas a confiar en mí.

Kankuro se pasa la mano por el pelo y espera unos segundos mirando fijamente a Sakura, que se sonroja por la intensidad.

- No… no hablo solo sobre ti, Sakura. Hay cosas que yo no te he contado y que tienes que saber.

Sakura mueve el peso de un lado de la pierna a otra y ladea la cabeza, curiosa.

- Bien. - Frunce el ceño. - ¿Quieres hablar de ello ahora? ¿Hay algo específico que quieras contarme?

Kankuro asiente mientras siente la bola en el pecho creciendo, expandiéndose y se moja los labios antes de hablar.

- En febrero - dice, su voz se impone a los trinos de los pájaros - cuando… cuando pasó todo aquello con el Consejo y la revisión y yo tuve que irme a los exámenes chuunin, ¿te acuerdas? Una noche, un día antes de la última prueba, los sensei nos fuimos a cenar juntos y a tomar algo después, para celebrar. Yo había estado bastante deprimido y no estaba muy integrado así que me puse en una esquina a tomar mi copa sin molestar a nadie cuando se me acercó Kurotsuchi. Kurotsuchi y yo tenemos… cierta historia. Antes de ti, solíamos coincidir en misiones y siempre, bueno, terminábamos en la cama antes, durante o después. - Se encoge de hombros y Sakura se muerde las mejillas. - Dejamos de hacerlo cuando el consejo de Iwa y el de Suna se enteraron e insistieron en que nos casáramos. Creían que seríamos la alianza perfecta. Eso sería dos meses o así antes de que llegaras a Suna. - Sakura abre la boca para decir algo pero Kankuro le pone un dedo en los labios y la vuelve a cerrar. - En fin, estaba preocupada por mí y le conté que había discutido contigo. Me consoló un poco, me invitó a otra cosa y entonces en un momento dado me besó - dice.

Y yo la besé también, añade.

Luego me dijo de subir a su habitación y la aparté de inmediato, te lo juro, afirma.

- Le costó entenderlo y me estuvo siguiendo toda la noche insultándome. Creo que te tiene manía. - Terminó por confesar y espera pacientemente a encontrar una reacción en el rostro de Sakura - Ayer volvió a insistir en que te dejara.

Sakura recuerda haber visto a la de Iwa hablando ayer con Kankuro. Es un recuerdo un poco borroso que aparta rápidamente, urgida por el hecho de que durante meses su novio le hubiera ocultado esto. Dolida porque llevaba horas haciéndose el harakiri por lo que pasó anoche.

- ¿Te besó? - repite, como si no hubiera oído bien

- Sí.

- ¿Y tú la besaste? - tiene que estar segura.

- Sí.

Sakura da un paso hacia atrás, marcando la distancia y sus pies se hunden en la hierba que rodea el sendero. Parece pálida e indispuesta, y se abraza a sí misma, como si hiciera mucho frío de pronto.

- ¿Y por qué no me lo dijiste? Han pasado meses.

Kankuro la mira con temor y vergüenza y frustración.

- Porque no soy tan valiente como tú - Dice en voz pequeña mientras siente Sakura se tambalea por dentro y con ello todo lo que era hermoso en el mundo. - y tenía miedo de perderte.


7. Remendar errores y zurcir silencios

Presta atención a los detalles, Akira su hermano se lo decía mientras hacía los deberes, observándola desde la puerta de su habitación, como siempre. Ya estaba en la policía, le decía que los mejores detectives eran los que se fijaban en las cosas pequeñas y ella no lo ponía en duda, ¿cómo iba a hacerlo?Yakiho siempre acertaba. No te descentres, Akira, un fallo y hay que empezar de nuevo. Su madre le recordaba los básicos del bordado: una puntada más larga que otra se nota. Todas iguales, todas a una. ¿Entiendes ahora cuál es la diferencia entre una seda y otra? Sí, madre, sí. Remendaba telas caras ajadas para hacerlas parecer nuevas. Presta atención, no podemos permitirnos perder este retal. Eligió el senbon como arma cuando empezó en su equipo genin. Los Uchiha suelen confiar en su doujutsu pero a ella le gustaba seguir con una aguja entre las manos, afilada, siempre dispuesta a atacar por si acaso. El instructor parecía satisfecho: adecuada para una niñita como tú. "Niñita, chiquilla, pequeñita". Se cansaba de oírlo. Tenía 12 años, las piernas ya largas, los dedos cubiertos de callos y una cara tan bonita que hacía que la gente se girara a mirarla. Su hermano le decía que tuviera cuidado. Ella quería aprender a defenderse: no hace falta, yo siempre voy a estar aquí, Akira. Confía solo en tu familia. Se enamoró de su compañero de equipo. A Yakiho no le gustaba. No le vuelvas a ver. Tú vales mucho más que eso. Akira se guardó el recuerdo del primer beso que compartían. Akira se desnudó por primera vez en sus brazos. Un día, no volvió a verlo. Agachó la cabeza. Seguía cosiendo. Zurcía las horas en silencio con el mismo mismo gesto mecánico con el aplica maquillaje sobre la cara hinchada de Sasuke. Golpe a golpe, va cubriendo la zona amoratada. Una capa ligera, luego se esmera donde las heridas ennegrecen. Su madre le explicó: Hay que hacer que parezca natural. Mejor que piensen que eres presumida que que sepan que eres débil.

- ¿Dónde aprendiste a hacerlo tan bien?

La voz de Sasuke suena rasgada y el aliento le huele a alcohol.

- Soy una chica - Se aparta con un gesto la melena y un mechón oscuro cae sobre un hombro - Las chicas aprendemos estas cosas.

Sasuke no parece convencido.

- No todas lo hacen.

Akira bromea:

- No todas venimos a rescatar a nuestro prometido porque tiene la cara como un pan.

Sasuke se arruga un poco pero sonríe de lado.

Había llegado hace un rato, urgida por el mensaje de Shisui. Había cogido su set de cosmética como le pedían,, salido de su casa sin despedirse y recorrido el empedrado del distrito a toda velocidad. Sin aliento y las mejillas rojas por el esfuerzo, había entrado en la casita de una planta del Uchiha y se había encontrado con un Sasuke que alternaba analgéscicos con antiflamatarios, y agua fría con hielo. Al verle había dicho: Dios mío. Y antes de poder preguntar qué había pasado Shisui le había interrumpido: "no tenemos mucho tiempo, Akira-san".

- Así que, - murmura Akira sin dejar de trabajar - ¿cómo fue que terminaste metido en una pelea así?

Sasuke clava sus ojos en su reflejo en el espejo y analiza su rostro. Tenía razón Akira cuando dijo que en la habitación de Shisui había mejor luz que en la cocina. Puede ver perfectamente cómo el maquillaje va cubriendo poco a poco la herida.

- Bebí demasiado y perdí un poco la noción de mí mismo.

Su prometida asiente mientras reaplica la base en una zona especialmente porosa de la piel y se acerca tanto que Sasuke podría besar cada uno de los lunares de su cuerpo y se quiere morir porque realmente, realmente Akira no se merece esta mentira.

- Es… inapropiado de ti.

- Hacer cosas inapropiadas es una de las consecuencias habituales de ingerir demasiado alcohol, me temo.

Los dedos de Akira le levantan la barbilla y empieza a maquillarle la base del cuello y le dedica una sonrisa extraordinaria. Sasuke casi prefiere que fuera violenta y enfadada y no alegre y desentendida porque entonces no se odiaría tanto a sí mismo.

- Es una pena que no pudieras venir. Los fuegos artificiales fueron preciosos.

Las manos se detienen justo en punto del pulso, la nuez marcada, los músculos tensados. Sasuke espera que no note como su corazón está desbocado con la idea de que le descubra.

- Eso he oído. - Sasuke está más cómodo ahora, con el cuello en su posición habitual - Lamento mucho no haber podido acompañarte. Estaba - mueve los ojos hacia abajo y a la derecha - ciertamente indispuesto.

- Me alegra entonces que te encontrara Shisui-san. - Sonríe - No es bueno andar por la noche en según qué estado.

- Ciertamente. ¿Cómo volviste tú?

- Fui con tu hermano e Izumi hasta la puerta de casa, estuve bien acompañada.

- ¿Se preocupó tu familia por la hora?

- No, qué va. - Akira sonríe, despreocupada. - Mi madre estaba dormida. Mi hermano no había llegado aún, él estaba en el dispositivo policial y tenía que recoger todo.

Apareció un poco después, mientras se lavaba los dientes. Le vio a través del espejo oxidado del baño y supo que algo iba mal. Pero no es tiempo de pensar en ello ahora.

- Ya hemos terminado, Sasuke-kun. - Corta - Mírate en el espejo.

El resultado es impresionante: la inflamación sigue, pero puede decir que es una mera alergia. No quedan apenas cardenales ni rasguños ni golpes.

- Está increíble, Akira. Gracias. - Empuña una expresión de incomodidad y angustia y temor. Quién lo iba a decir. Abre la boca. La cierra. Quiere decir algo pero cambia de opinión. - ¿Y esto solo lo sabes porque eres chica?

Ella se levanta, bamboleando sus caderas en el momento en que se pone de pie.

- Es práctica - dice sin darle importancia mientras recoge todo el material - Aprendes a disimular ciertas cosas para que la gente no hable.

Su madre le enseñó a tapar las cosas que hacían sentir incómodos a los demás. A arreglar las goteras de la casa cuando había invitados, a esconder rápidamente los sobres de las deudas de su padre para que no lo vieron los vecinos, a tapar con música los golpes y los gritos, a salir a la calle con una sonrisa aunque le doliera el cuerpo y a aplaudir cada homenaje que le hacían su hermano, el gran detective de policía de Konoha, le hubiera dado una paliza porque la cena estaba demasiado fría.

Ha pasado una vida entera entrenándose para engañar los ojos cotillas a fuerza desviar la atención y pasar desaparecidos, pero los ojos de Sasuke, negros y profundos, son otra cosa.

Cuando se da la vuelta hacia él, la está mirando como si la hubiera visto por primera vez. Y quiere golpearse a sí misma por su desliz.

"Aprendes a disimular ciertas cosas para que la gente no hable." había dicho. Oh.

A ojos del pelinegro, Akira ahora es un rompecabezas que tiene que desentrañar pronto: busca por su cuerpo cada una de las piezas, como si encajara. Sasuke susurra para sí "disimular" y por su cara pasan todas las emociones y ninguna. La recorre con la vista de arriba a a bajo y ella se queda quieta en el sitio, sin saber cómo reaccionar. No hay nada lujurioso en su mirada, sino que es frío y analítico como en las misiones, intentando resolver un misterio. Akira, expuesta, tira de las mangas de su blusa cuanddo los ojos se quedan fijos en sus antebrazo.

Ya es tarde, sin embargo. porque él lo he visto y al verlo, Akira sabe que ya sabe todo lo que pasa dentro de las puertas de su casa, cuando nadie mira.

- Akira… enséñame los brazos.

- No es nada. - Sonríe, le cuesta un poco de lo normal, pero sonríe. Tiene perfeccionada la mentira - Es de entrenar, ya sabes.

- Hace al menos cuatro días que no entrenamos. - Se acerca hacia ella en pasos cortos. Lo hace despacio para que no se sienta amenazada e intenta sonar calmado porque alguien en ese momento tiene que ser la voz de la sensatez. Akira tiembla y parece de pronto alejada del mundo. – Enséñame los brazos.

Yahiko estaba esperando a que terminara de prepararse para ir a la cama y cuando salió la agarró de las muñecas con fuerza, poniéndola contra la pared. "Ha estado con otra, Akira. ¿Ni siquiera puedes follártelo bien que tiene buscarse a otra guarra?"

- Es… No tienes que preocuparte. - Le muestra los brazos y balbucea entre el inicio de un sollozo.

- Claro que me preocupo.

Su madre le dijo: cásate con Sasuke-sama, él te protegerá. Haz lo que sea por él. Duerme con él, vive con él, pero él es la única puerta de salida, Akira. No quieras vivir tan infeliz como fui yo con tu padre.

- ¿Cómo…? no, ¿quién te ha hecho esto? - Sasuke une moretones, ve manos sobre ellos, recuerda cada vez que a Akira le dolía algo, cada vez que era sumisa hasta la náusea, cada vez que le recordaba lo bueno que era aunque no lo supiera y piensa cómo es posible que no se diera cuenta, si lo tenía ahí, a su lado casi cada día, bajo sus sábanas, durante dos años. ¿Cómo podía haber fallado tanto a Akira?

Su hermano le dijo: Akira, casarte con la familia principal es la solución a nuestros problemas. Fuera las deudas. Fuera esta apestosa cara. Akira, haz lo que sea por que se quede a tu lado. Fóllatelo aunque sea un pervertido, dile que sí a todo aunque te repugne, quédate preñada si es necesario. Me da igual. Pero no pienso seguir tirando de dos mujeres inútiles como vosotras.

- ¡Akira!- Sasuke la coge suavemente de los hombros y la sienta en el borde de la cama como si fuera una muñeca. La zarandea con cuidado para que reaccione. - Necesito que me lo digas. Tienes que contarme quién te ha hecho daño.

El chico que le gustaba y que nunca más volvió a ver le dijo: me encanta de ti, Akira, que no importa lo que te pase siempre sonrías.

Pero hoy Akira sólo puede llorar contra el pecho de Sasuke.


8. Una historia épica

Hay un perro que ladra a los viandantes cuando bordean la residencia de los Aburame y se le sigue oyendo incluso cuando Sakura y Kankuro abandonan el sendero de arena y se sientan sobre unas rocas planas a la orilla del río. Las golondrinas dan volteretas en el aire hasta que desaparecer tras los edificios del otro lado del parque. Todo es de una tranquila elocuencia: el polvo que flota en el aire, la luz que se filtra por las nubes oscuras que se van juntando en el cielo, la conversación que flota como una gasa que cae sobre ellos y limpia heridas. Kankuro le asegura a Sakura de manera contundente que nunca albergó ningún tipo de sentimiento romántico hacia Kurotsuchi (era sólo físico, de verdad), que sólo hubo sexo y amistad (no le gustan las cosas complicadas) y bromas compartidas en el fragor de la batalla (tiene un sentido del humor un poco retorcido, pero es graciosa). Se lo cuenta sin aspavientos, dejando claro una y otra vez que la información que ha ocultado durante meses no es tanto porque con la mentira quiera deshacerse de su responsabilidad, sino porque le acompaña el miedo sobrehumano a perderla. Se disculpa honestamente (y si pudiera volver atrás en el tiempo lo haría) y le reitera que la quiere (pero entiendo perfectamente que estés dolida). A su lado, Sakura escucha y no dice nada durante un rato, una expresión inescrutable que mantiene hasta al final, mientras el aire mueve el flequillo rosa sobre la cara. De pronto, suspira dejando salir todo el aire de los pulmones, y se quita las sandalias. Kankuro la ve meterse en el agua fresca del río hasta los tobillos y caminar entre piedras y remolinos hasta el remanso que construyen las ramas flotantes de un árbol de Hashirama. Luego se vuelve hacia él, brazos en jarras y dice: supongo que yo tendré que hablarte de Sasuke, y con esa resolución se sienta a su lado, los pies secándose con la brisa. Kankuro escucha con atención, sin querer perderse nada.

De Sasuke sabe lo que ponía en las dos páginas que ocupa en el libro Bingo: destrezas, habilidades, velocidad, fuerza. Asesinatos reconocidos, y asesinatos sospechados. El precio exacto que valía su cabeza. Un fantástico shinobi, un activo fundamental para Konoha. Esa era la información que le importaba y nunca se había molestado en saber más. Sin embargo, el Sasuke del que habla Sakura poco tiene que ver con sus capacidades como ninja. Sakura le cuenta la historia de un chico triste que siempre se sentía la segunda opción en una familia de genios, que buscaba el amor paternal como quien busca agua en el desierto. Le habla de alguien que se preocupaba enormemente por las personas a las que quería; alguien humano que cometía errores y aprendía de ellos. Le habla de que lo primero que le gustó de él fue su atractivo frío, su perfección inalcanzable. Luego vino lo demás: la tenacidad discreta, el cariño tímido, el sacrificio desinteresado. La historia está regada de pequeñas anécdotas que recorren su adolescencia: algunas salvajes y violentas, como las que se refieren a misiones que casi salieron mal y las heridas que se curaron; otras tiernas y domésticas, como las que la rutinas de comer siempre en el puesto ramen, el trabajo en equipo esforzado que hacían en los campos de entrenamiento, la fruta que cortaban los unos para los otros en las múltiples estancias en el hospital. A veces, los recuerdos que Sakura trae a la conversación la sumergen en un estado reflexivo, en una melancolía triste que destiñe su expresión. En esos momentos a Kankuro no le cuesta visualizar la inseguridad en la que vivió todos esos años, la cantidad de lágrimas que ha tenido que derramar en nombre de un amor no correspondido y puede el esfuerzo ímprobo que ha tenido que hacer para poder llegar a ser la kunoichi que es hoy, y Kankuro siente un encogimiento de orgullo en el corazón y a pesar de todo, no puede evitar quererla un poco más. Sakura tarda un rato en terminar de hablar ("y me cansé de esperar, y entonces me fui a Suna y te conocí a ti"), y para cuando lo hace Kankuro esgrime una sonrisa triste y la voz requiebra un poco:

- Parece una historia bastante épica la que tenéis con él, ¿no?

Del tipo que cuentas a tus nietos, y todo eso, añade, y fija la mirada en los renacuajos de un charco cercano. Comparada con esa historia, la que ellos comparten, la de Sakura y Kankuro, parece un trámite administrativo. Joven A y Joven B se conocen, se divierten, tontean, se besan, se enamoran. Sus problemas son de naturaleza burocrática y logística, y sus sentimientos son de una pasión calmada, que más inflamar corazones despierta sonrisas de dulzura. ¿Quién querría eso pudiendo ser el protagonista de una historia de sangre, cenizas y lágrimas?

- Mi experiencia con las historias épicas - dice Sakura a su lado - me ha llevado a la conclusión de que están bastante sobrevaloradas.

Kankuro se gira hacia ella, sorprendido una vez más por lo bien que le conoce. A Sakura el flequillo le tapa un poco los ojos y Kankuro tiene que resistir la tentación de apártarselo y besarla. No se han besado en todo el día, y le gustaría hacerlo para borrar cualquier rastro de Sasuke que quede entre sus labios. Pero aún quedan cosas por hablar, cuestiones que resolver, y una pregunta en concreto que no deja de aparecer en su cabeza.

- Hay algo que… quiero saber - comenta. Fija sus ojos en los reflejos del agua y piensa en cómo decirlo de manera inteligente. - Si no estuviera yo. Si tú y yo no estuviéramos juntos anoche, ¿hubieras seguido hasta el final?, ¿te habrías quedado con él?

¿Te habrías acostado con él? ¿Habría sido siempre la segunda opción? ¿Pensarías que yo merezco la pena?

Sakura se queda quieta, y puede oír cómo despega la boca pastosa y la vuelve a cerrar. El corazón de Kankuro golpea con fuerza sus oídos y un pez salta en el agua en el momento exacto en que Sakura responde.

- Sí. Lo habría hecho.

Se nota incapaz de girarse para ver qué cara ha puesto así que solo dice "vale". Dice: "lo entiendo" y pone todo su esfuerzo y energía en ignorar el sentimiento de desgarro que nota en el interior de sus tripas. Frunce el ceño y está a punto de levantarse porque es imposible que siga ahí quieto sin querer arrancarse la ropa y el pelo cuando la mano de Sakura tira de su manga hacia abajo.

- Kankuro…

- No sé si me apetece hablar ahora.

Consigue, no obstante, que se siente y entonces le coge de la cara para que le mire. Los ojos verdes reflejan la luz tamizada por las nubes y el dolor que anida en el pecho de Kankuro se calma durante unos instantes.

- Está si no quieres hablar, porque solo vas a tener que escucharme.

Sakura sonríe valiente y dulce como es ella, como mira a sus pacientes y a las personas que le importan.

- Si no estuvieras tú, me habría quedado con Sasuke. - Recita y Kankuro se pregunta si es consciente del daño que está causando. - Me habría acostado con él, habría roto su compromiso y habría hecho lo imposible por tenerlo a mi lado.

Algo dentro de Kankuro se rompe y salta:

- Entonces si tanto quieres estar con él por qué no seguiste. Por qué paraste.

Sakura le mira momentáneamente, estupefacta por el corte, pero sigue, pura determinación.

- Porque no quiero estar con él. Quiero estar contigo.

- No es eso lo que acabas de decir.

- Es exactamente lo que hubiera dicho si me hubieras dejado terminar - suspira - He querido a Sasuke toda mi vida: le he querido siendo niña, le he querido durante mi adolescencia, y me he arrastrado durante años pensando que ir suplicando migajas de afecto era la única forma legítima de amar. Pero ya no. Ya no soy así. Ya no quiero ser así. Contigo he aprendido que hay otras formas de quererse. Formas mejores. Formas adultas.

- ¿Adultas?

- Sí, adultas. Entre iguales.

Kankuro la mira como si no entendiera y Sasuke tiene que conceder que es un tanto difícil explicarlo. De ser totalmente honesta le daría una respuesta clara y sin ambages. Le explicaría que hace un rato que recuerda exactamente el momento en que paró los besos con Sasuke y la razón por la que hizo. De ser una situación menos delicada, Sakura le describiría que fue en el momento en que sus manos se adentraron por debajo del kimono de Sasuke y empezaron a acariciar el abdomen musculoso y definido que se dio cuenta del problema: ahí donde debería una línea de pelusa subiendo como en Kankuro, no había nada; ahí donde ella buscaba al hombre, estaba el niño; donde buscaba madurez, sólo había caprichos. La revelación le recordó exactamente quién era y qué quería hacer con su vida. No era Sasuke, chaval eterno, de cariño retraído y emociones enclaustradas a quien necesitaba; sino la valentía sentimental de Kankuro, su manera de ser abierto y cálido y sin exigencias. Sasuke, que siempre dudaba entre ella y el clan, entre la misión y su amistad; entre ser shinobi y ser persona; Kankuro, que la salía antes para estar con ella un rato más; que le ha puesto siempre como prioridad; que habla de sus sentimientos sin miedo. Sasuke, con quien se veía viviendo como ama de casa Uchiha, abandonando sueños por cuidar a la familia; Kankuro, que admiraba su dedicación y compartía con ella proyectos e ilusiones. Una vida amando a Sasuke la habría llenado de inseguridades que nunca podría quitarse, siempre intentando estar a su altura; pero 8 meses con Kankuro, queriéndola tal y como era, habían hecho que aceptara sus virtudes y sus vicios, sus aciertos y sus fallos, y los entendiera como parte de sí misma. Inseparables de quererse y quererla.

Pero como no puede decirle eso, Sakura se acerca a él hasta que los labios casi se rozan y le dice muy bajito:

- Hay un mundo de diferencia entre amar a un hombre y querer a un niño.

Kankuro la mira con los ojos centrados y suspira, el aire cálido haciendo temblar los labios llenos de Sakura. Un poco más cerca piensa y cederán al beso y a partir de entonces quién sabrá si podrá seguir hablando.

- No puedo pedirte que dejes de verlo, - Comenta las miradas enganchadas en el aire a pocos centímetros - pero no sé si podré seguir contigo sabiendo que…

- Siempre voy a querer a Sasuke. - corta. Sakura se separa de él con las cejas juntas. - Quizá no con la misma intensidad con la que tú quieres a Temari o a Gaara, pero no está muy lejos. Sasuke - la ilusión del beso se desaparece totalmente - es mi familia. No es como tú con Kurotsichi: sé que solo te encontrarás con ella de vez en cuando. Pero Sasuke es una de las personas que más me importan en el mundo. Y eso es algo que no puedo ni quiero cambiar, tienes que entenderlo.

- Lo sé. - Kankuro parece agotado. - Lo sé. Pero no sé si podré estar contigo y…

- No pretendo verle más de lo necesario, - sigue Sakura, y habla muy en serio. Los ojos verdes parecen piedras preciosas. - pero siempre estaré para él si lo necesita. ¿Es algo con lo que puedes vivir?

A Kankuro le gustaría no tener que dar esta respuesta:

– No… no puedo asegurártelo, Sakura. - Musita y los ojos de Sakura, decididos y centrados, se llenan de tristeza - No sé cómo me lo tomaría si… ahora mismo, por ejemplo, decidieras ir con Sasuke en lugar de quedarte conmigo.

Sakura sacude la cabeza:

- Estoy contigo - reafirma y vuelve a juntar otra la frente con la suya, otra vez el anhelo de un beso - y no quiero estar en ningún lado más. Por nada del mundo. Haré cualquier cosa por demostrarlo.

- ¿Cualquier cosa? - en su voz hay cierto sarcasmo e ironía.

- Sí.

- ¿Y si apareciera por aquí ahora mismo qué le dirías?

Sakura inclina la cabeza. ¿A qué viene esto?

- Mmm… Pues, ¿que nos dejara en paz que estamos hablando de nuestras cosas?

En un gesto típico de él, Kankuro se encoge de hombros y alza las cejas y la barbilla al mismo tiempo, señalando un punto tras la espalda de Sakura. Escupe las palabras.

- Puedes decírselo tú misma.

Sakura se da la vuelta y parpadea, perpleja. Sasuke acaba de aterrizar sobre la hierba y la mira con la cara aún hinchada y una seriedad absoluta.

- Sakura, - ordena sin saludar - tienes que venir conmigo.

El marionetista alza una ceja ante el descaro y está a punto de decir algo muy en la línea de "así no se habla a nadie, imbécil" cuando Sakura le agarra del brazo:

- No es el momento, Sasuke. - Sakura sisea entre dientes - Estamos hablando. Vas a tener que esperarte.

Los dos hombres comparten una mirada de desprecio antes de que Sasuke vuelva a clavar los ojos en Sakura. Chasquea la lengua.

- No es por mí. - Dice y se acerca aún más. El tono que usa es especialmente grave. - Es por Akira. Necesita tu ayuda.


9. Río abajo

Poco después del mediodía, el tiempo se gira y llegan unos nubarrones oscuros que tapan el sol. Cielo plomizo, bochorno pegajoso, el aire se vuelve irrespirable. Sasuke siente la humedad que se cuela bajo la ropa ligeramente grande que le ha dejado Shisui y le irrita el repentino cambio de temperatura, elevándose de la tierra y encerrándole en un horno asfixiante. El calor le acordona por dentro y no le deja pensar.

Y joder cómo necesita poder pensar ahora mismo.

Shisui se ha ido hace un rato, poco después de que llegara Sakura a la casa. Si no ha vuelto ya, supone, es porque ha conseguido hablar con su padre y posponer la asamblea. Ahora estarán en la estación de policía, requisando toda la información de Yahiko que han podido y empezando a mover los hilos para actuar rápido. Su madre, con suerte estará atenta para ir a buscar a la madre de Akira y explicarle la situación. Itachi, cree, habrá ido a hablar con los ancianos y con suerte estará de camino para ir juntos a hablar con la Hokage cuanto antes y frenar los ataques que pueda sufrir el clan en cuanto la situación sea pública.

Bajo ese cielo del color de la panza de un burro, los Uchiha están en un laberinto del que no saben si podrán salir.

Cuando Sakura sale por la puerta, el calor sigue ahí y el aire, en lugar de aligerarse como hace siempre que ella está cerca, se convierte en un gas denso que le sofoca. Sasuke no se levanta ni se gira a mirar cuando le pregunta por el estado de Akira.

- Dormida. - Responde al tiempo que se sienta a su lado. - Al menos por las próximas horas. Le he hecho un examen físico bastante exhaustivo y necesita descansar. - Se miran, los ojos verdes con la tonalidad de una placa petri. - Ha pasado por mucho. Lo que viene no será fácil tampoco.

Sasuke asiente y apoya su barbilla sobre las manos cruzadas. El protocolo de actuación será implacable: denuncias, interrogatorios, investigaciones, informes, juicios, detenciones, enfrentarse a su propio hermano. Luego, lo demás: el tratamiento psicológico, navegar la presión de la opinión pública, la nada desdeñable tarea de reconstruir su vida poco a poco.

¿Cómo se hace para volver a confiar en el mundo cuanto todo el mundo te ha fallado?

- ¿Qué es lo que has visto?

- ¿Seguro que quieres saberlo?

- Voy a leer el informe tarde o temprano. - Sasuke mantiene una

expresión fiera. - Prefiero que me lo digas tú.

Los dedos de Sakura juegan con el ribete de la yukata, pensando sobre ello. Pros y contras de contárselo ahora o esperar a que alguien del hospital redacte un expediente de manera oficial. Al final, cuando nota que la ansiedad de Sasuke crece por momentos, decide contárselo.

- Hay signos de haber sufrido maltrato físico continuado desde niña: huesos rotos, ligamentos debilitados, un par de piezas dentales rotas en la zona de los molares. El desarrollo óseo parece estar bien, no hay indicios de desnutrición. En cuanto a cuestiones como abusos más… íntimos tampoco he notado nada alarmante, pero alguien como Shizune puede establecerlo mejor: ella es la que suele llevar este tipo de investigaciones forenses. Lo que no he podido determinar es el alcance del daño psicológico, pero viendo cómo estaba de alterada cuando hemos llegado me atrevería a decir que es… bastante grave. - Suspira - Una evaluación de un Yamanaka será mucho más útil que lo que yo te pueda decir.

- ¿Ino querrá ayudar?

- Sin duda.

Bien, piensa Sasuke, al menos sabe a lo que se enfrenta. Encuentra cierto consuelo en saber que habrá gente de otros clanes dispuesto a echarle una mano. Gracias a las alianzas entre las nuevas generaciones y con un poco de suerte, el prestigio de la policía no se ponga entredicho, que los Uchiha no sean, una vez más, cuestionados. Pero será inevitable que la gente frunza el ceño, que quieran señalarles por la calle y se hagan la misma pregunta que lleva en su cabeza desde hace horas: ¿cómo no se dio cuenta?

- Las víctimas de este tipo de maltrato tienen mil estrategias para que nadie se de cuenta de la situación - le tranquiliza Sakura cuando lo comenta en voz alta - No te culpes.

- Lo hizo con maquillaje, Sakura. Maquillaje.

La pelirrosa le dedica una sonrisa dulce.

- Si te sirve de consuelo casi me engaña con lo que te ha puesto en la cara - le pincha con un dedo en un moflete y Sasuke gime: ay - apenas se nota desde fuera. Déjame que te cure.

- No hace falta.

- Insisto. - Levanta la mano iluminada en verde, el chakra más frío que el ambiente. - Que estés así es un poco mi culpa.

- ¿Cómo va a ser tu culpa? - bufa indignado - No fue tu culpa en absoluto. Yo… creo que me lo merecía. Lo inicié todo. - será otro castigo que cargará toda su vida - No sé si él te ha contado qué ocurrió exactamente…

En la humedad, el silencio se mastica y Sakura asiente con la mirada perdida.

- Sí. Me lo ha contado. - La voz suena un poco estrangulada. Puede que porque no quiera que nadie la oiga. Puede que porque le cuesta formar las palabras. - También le he contado yo lo que pasó anoche.

Es una manera triste de etiquetarlo, o eso cree Sasuke. "Lo que pasó anoche" es una perífrasis, un eufemismo que no llega a englobar los 10 años de anhelo amoroso que culminaron anoche. Son Sakura y Sasuke, joder. La gente hacía apuestas en su nombre. La gente esperaba que se casaran y tuvieran hijos, e iniciaran una nueva dinastía de shinobis superpoderosas. Son mucho mejores que una frase hecha que sirve para cortar conversaciones y no volver a hablar de ello nunca más.

- ¿Te arrepientes?

Los ojos de Sakura se encuentran con los suyos y no dejan lugar a dudas.

- Sí, claro que me arrepiento. Fue un error gigantesco. - Y cuando ve la decepción bañando las preciosas facciones de Sasuke añade - ¿No te arrepientes tú?

A unos metros de ellos, descansa su prometida en un estado de absoluto vulnerabilidad. En algún lugar de Konoha, Kankuro espera enfurruñado a que Sakura termine. Sasuke no se siente muy buena persona cuando responde.

- No. No me arrepiento en absoluto.

Lo haría de nuevo. Puede que no así. Puede que no con alcohol de por medio y en algo que podría clarificarse de encerrona. Puede que no a gritos. Puede que no espere tanto tiempo para hacerlo. Pero Sasuke no se arrepiente ni por un instante de haber confesado sus sentimientos: es lo más auténtico y honesto que ha hecho nunca. Lo único que ha estado alienado con quien es realmente. Y ahora, si una misión sale mal, puede morir tranquilo porque ha probado los labios de Sakura; ha sabido qué significa besar a la mujer que uno ama y no a un sucedáneo amatorio poco exigente; y si no estuviera en la situación en la que está lo volvería a estrellar su boca con la de Sakura en ese mismo porque jamás se había sentido tan vivo como lo había hecho en aquella habitación oscura en la que casi se quitaron la ropa.

- No me lo puedo creer. - Sakura parece enfadada, pero de perfil no le puede ver la cara. El chakra se espina y le pincha los huesos. - Realmente te mereces cada golpe que te diera Kankuro.

Sasuke no puede más que darle la razón.

- No me esperaba que tu novio pegara tan bien.

Podría decir que fue suerte y que él estaba borracho pero a quién quiere engañar. Se sentía un poco humillado por el marionetista. Le había ganado en todo: en una pelea, en rango, en tener a la chica.

- La verdad es que gracias a eso de lo que no te arrepientes ya ni siquiera sé si es mi novio.

Sakura murmura con una voz que es líquida y pastosa como si hubiera transformado sus lágrimas en palabras. Sasuke nunca la había escuchado así, en todos esos años juntos. Son zarzas que se enredan en el pechito de jilguero de Sakura y la asfixian por dentro, Sasuke puede verlo y de pronto se plantea que quizá su egoísmo ha hecho más daño del que pensaba. Más del que hubiera deseado desde luego. Porque Sakura Haruno siempre ha perseguido sueños e ideales. Siempre ha estado enamorada del amor. Siempre ha querido encontrar un príncipe azul o verde pistacho o alguien que la quisiera con la misma intensidad con la que ama ella. Y él se lo había quitado cuando por fin lo tenía. Todo lo que él le había negado durante años y que ella había conseguido por su cuenta; toda esa felicidad que había acumulado sin que nadie la perturbara; todo esa calidez que desprendían los dos y que prometía un final de cuento de hadas se lo había apartado y destrozado porque Sasuke Uchiha no deja de ser una niñato egoísta y caprichoso.

- ¿Ya no estáis juntos?

Unas horas atrás habría sentido esperanza, pero ahora solo tiene culpa.

- No lo sé. - La tristeza gotea por su boca. - Tenemos que discutir varias cosas.

- Pero él te quiere. Y tú le quieres a él. - Sakura levanta la mirada. No se puede creer lo que está oyendo. A decir verdad, Sasuke no se cree tampoco lo que está a punto de decir - Estáis muy enamorados el uno del otro. Tú… tú le mirabas como me mirabas antes. - Y echa de menos esa adoración en los ojos verdes - Y él te mira como si no hubiera nada mejor en el mundo. - Como él debería haber hecho hace años - Seguro que podéis arreglarlo.

Sakura lanza una risa irónica.

- ¿Ahora estás intentando solucionar lo que jodimos?

Sasuke se encoge de hombros y la pelirrosa niega con la cabeza, atónita por la reacción.

- ¿No escuchaste ayer a Jiraiya? A veces el amor no basta.

Es la verdad más triste que han escuchado nunca.

El chakra va subiendo poco a poco hasta la zona de la sien y el tímpano y Sasuke puede volver a pensar y a oír como dios manda. Cierra los ojos aliviado.

- Si no estás con él, entonces quédate.

Nota de inmediato el cambio en el ambiente y el corte del flujo de chakra. Sakura se separa de él y sin mirarla ya sabe qué cara ha puesto. Entiende que se ha acordado de que él le dijo lo mismo ayer, en un contexto totalmente diferente y se apresura a aclararlo:

- No. No como… no conmigo. Quédate en Konoha. Con Naruto y con Ino y Tsunade y los demás. - Suspira. - Te necesitan. Y yo te voy a necesitar. Todo esto… - Hace un gesto abarcando el todo y la nada que le rodea. - ANBU, el clan, la familia, Akira… no sé si… no sé si podré hacerlo.

- Podrás. - Suena ridículamente segura. A Sasuke se le atropella esa firmeza.

- Ni siquiera sé si debo explicarle a Akira lo que ocurrió anoche o callármelo… o…

Sasuke busca la respuesta en los ojos de Sakura y ella parpadea un par de veces, sin decir nada. Quieta, como pensando en algo, solo se mueve para dejar su sitio en la escalera y se acuclilla frente a él, hasta quedar a su altura. Le pone las manos en las rodillas y de pronto, ahí está, la Sakura de corazón enorme que siempre conocía con su voz de ninfa acuática. Sasuke desconoce cuántas veces va a perdonarle, cuántas veces acudirá en su ayuda y le tenderá una mano cuando se esté ahogando para salvarle. Sakura Haruno es algo realmente extraordinario.

- No sé si debes contárselo o no: eso es cosa tuya. Ni Kankuro ni yo diremos nada, te lo puedo asegurar. - Sakura le mira con determinación. - Pero si lo vas a hacer, no lo hagas ahora. Akira necesita a alguien en quien apoyarse y confiar. Y sólo te tiene a ti. Te necesita a su lado. Tienes que cuidarla.

A Sasuke le parece una carga insoportable.

- ¿Crees que soy una persona capaz de cuidar a alguien? Sakura, mi vida ha sido un desastre los últimos años.

ANBU. La relación con su padre. El matrimonio concertado. Perder a la chica de sus sueños. Entregarse a la infelicidad con los brazos abiertos.

- Por lo que a mí respecta, siempre me he sentido protegida a tu lado. - Le aprieta la mano. Le infunde ánimo. - En el equipo 7, pero también fuera. Siempre he sabido que velabas por mí. No conozco a nadie que se preocupe más que tú por las personas a las que quiere. Lo harás estupendamente.

Delicada. Suave. Sakura le retira un mechón de pelo por la cara y le acaricia la mejilla hasta que su pulgar se detiene en el borde de la boca, a la altura de la herida del labio roto. Le cura con cuidado. Están ahí, en la arista del cariño, donde siempre han estado. Sasuke no aparta la mirada de ella y Sakura tampoco de él. Poco a poco, la médico retira sus dedos y encoge la mano hasta apretarla contra el pecho y se incorpora con la misma lentitud hasta quedar de pie. Caen sobre ella las primeras gotas de agua.

Creo que es hora de que me vaya. Tu hermano estará a punto de llegar y yo aún tengo que ir a ver a Ino y Shizune para que vengan cuanto antes.

Sasuke se levanta también y mira hacia el cielo oscuro. Esta tarde la tormenta será bastante fuerte.

- ¿Y luego te irás a Suna?

- Luego haré la maleta. Mañana volveré a Suna.

Los dos comparten la sensación de que tardarán mucho tiempo en volver a verse.

- ¿Estás segura?

- Tengo un contrato que cumplir - se gira al sonar un trueno y Sasuke se endereza al sentir también el chakra de su hermano acercándose - y una relación que salvar.

Sasuke siente que tiene la garganta seca. Le hace un prometer una cosa extraña:

- Escríbeme si no te hace feliz. Así podré ir yo a partirle la cara esta vez.

Frente a él Sakura se ríe y es la risa más pura que ha escuchado en tiempo. Le hace pensar que todo saldrá bien.

- Creo que por ahora tienes más que suficientes problemas sin tener que añadirle los míos, Sasuke-kun- ¡kun! - Céntrate en estar con Akira.

Sasuke la acompaña hasta la verja de salida. La ropa empieza a calarse.

- Cuídate, ¿vale?

Sakura le da un abrazo corto. Hunde la nariz en su pecho.

- Hm. Tú también.

Sasuke no sabe qué hacer con su cuerpo, así que la aprieta contra sí. Huele su pelo, siente, por última vez, su calor y cierra los ojos.

Al abrirlos, Sakura ya ha dado varios pasos alejándose de él. Le dice adiós con la mano. La ve alejarse por la calle, el aguacero difuminando el rosa del pelo, como un flor de cerezo que lleva la corriente hasta que desaparece, flotando, río abajo.


Bueno, hasta aquí hemos llegado por hoy. Este ha sido el penúltimo capítulo. Ha sido largo: tanto para mí como para vosotros, estoy segura. (Es el que más palabras tiene hasta ahora)

No estoy muy convencida con el resultado, pero como ya comenté al principio, a la séptima reescritura ya estaba harta así que decidí que esta iba a ser la buena sí o sí.

Este verano para solucionar mi atasco escritor, empecé un nuevo fic: Cosas que pasaron después de la guerra. Un conjunto de drabbles SasuSaku 100% del Blank Period. Si os gusta cómo escribo, os animo a que lo visitéis. :) A parte de eso, por supuesto, ha estado vuestro apoyo incondicional: habéis pasado por aquí y habéis dejado comentarios increíbles. El caso de Ausre ha sido espectacular: me ha dejado varios comentarios seguidos. ¡Gracias a ti y a todos!

En cuanto al capítulo:

He disfrutado mucho escribiendo desde el POV de la camarera y también el de shisui, que siempre es refrescante.

Por otra parte, os dejo con muchos líos y muchas incógnitas: Kankuro se lió con Kurotsuchi y no dijo nada. ¿Cómo reaccionará a esto Sakura cuando vuelva a Suna?

Sakura se enrolló fuerte con Sasuke, aunque no llegaron a más por los pelos, Kankuro no sabe si puede confiar en Sakura.

Akira en realidad no era la mala de la película, pero ahora Sasuke siente que tiene la obligación moral de estar con ella, ¿cómo acabará la cosa?

Aunque Sakura le cierre la puerta a Sasuke, este sigue enamorado de Sakura, ¿intentará hacer algo al respecto?

Esto y mucho más en el próximo (y último) capítulo. (Luego habrá un epílogo)

Ya sabéis: dadle amor, me gustas, recomendaciones, suscripciones y comentarios. ¡Si tenéis cuenta siempre respondo! (Está en vuestros DM)

PS: GA, la serie a la que hacía referencia la semana pasada, es Grey's Anatomy.