3. ¿Cómo lidiar con el mal humor?
No era que la escuela no le gustara a Draco Malfoy, por lo general él disfrutaba el regreso a la rutina porque lo mantenía activo y ocupaba su mente. Sin embargo, ese miércoles estaba realmente molesto con todos. Desde su encuentro con Harry Potter, había tenido noches muy agitadas, llenas de fantasías personales con el nuevo Comisariado y pesadillas donde sus padres se enteraban que era gay. Esa mezcla de felicidad, miedo, tristeza y, había que decirlo, lujuria reprimida, había hecho estragos en su temperamento.
Se encontraba de tan mal humor que Pansy y Theo habían preferido dejarlo solo durante toda la mañana, así que en ese momento se dirigía a la cafetería escolar para tomar su almuerzo sin ninguno de sus amigos, claro, eso necesitaba, más tiempo a solas con sus pensamientos. Acababa de pagar su comida cuando sintió una mirada encima de él, decidió voltear para tratar de intimidar a su vigilante y se arrepintió casi de inmediato cuando descubrió la mirada de Ron Weasley. Quiso pasar de largo, pero entonces el pelirrojo lo llamó con una mano, ¡No podía arriesgarse a que gritara su nombre en la cafetería! ¿Qué pasaría si se le ocurría comentar que lo vio ayudando a Harry potter?, presa del pánico decidió caminar a su encuentro, maldiciendo mentalmente al estúpidamente sexy comisariado.
—Así que — dijo el mayor, una vez que Draco estuvo lo suficientemente cerca — me encantaría acompañarte a la reunión de profesores — pero el joven Malfoy tenía ayer algunas dudas sobre su proyecto y ya sabes que Harry no es muy bueno con las matemáticas.
Hermione Granger, quien se encontraba sentada frente al pelirrojo, posó su mirada en el rubio. Draco sabía que esperaba una confirmación, así que hizo un leve movimiento con la cabeza, no tenía otra alternativa, ni siquiera sabía de qué iba todo aquello, ya que él era excelente en matemáticas y no tenía ningún proyecto en puerta, pero parecía que, en el mundo de Harry Potter y sus amigos, él debía dejarse llevar por su instinto.
—Bien — dijo la castaña con una leve sonrisa — entonces diviértanse estudiando —tomó sus carpetas y ambos la siguieron con la mirada hasta que cruzó la puerta de la cafetería.
— Estoy seguro que ella no te creyó nada — alegó Draco mientras se sentaba. No es que disfrutara la compañía de un Weasley, pero era cercano al moreno y eso le hacía querer quedarse cerca.
Ron sonrió ante el comentario — No lo hizo, pero estoy seguro que ella también prefiere que me quede aquí, solo es demasiado amable para pedírmelo.
Draco se alzó de hombros en señal de que no le importaba realmente saber los motivos y comenzó a comer su almuerzo.
—Así que — dijo de pronto Weasley mientras convertía su tono en algo más jovial—¿Cómo estuvo la labor de limpieza del domingo?
¿Qué se pensaba este tipo? ¿Ahora eran amigos? De pronto se sintió molesto con lo desvergonzados que eran los adultos de esa generación. Una cosa era que estuviera obligado a sentarse con él y otra muy distinta que le fuera a contar su vida.
—Tan bien como te puede ir cuando eres obligado a limpiar — dijo molesto, no por haber limpiado sino por tener que estar ahí.
—Harry tiene muchos métodos de persuasión — dijo divertido —así que más te valdría alejarte de él antes de que "Te pida ayuda" para arreglar su casa
—¿No vive con ustedes los Weasley? —dijo de pronto más interesado en la conversación
—No. Claro que no es por falta de insistencia de parte de mi madre, pero él prefiere mantenerse lejos de Ginny por el momento, claro que eso mamá no lo ha entendido.
Draco quería preguntar que pasaba con esa tal Ginny, que si no mal recordaba también era una Weasley, pero imaginaba que sería demasiado sospechoso. Así que decidió tomar otro rumbo en la conversación y tratar de sacar más información
—¿Y porque no lo ayudan ustedes? — dijo sin disimular su tono de reproche
—Hermione ha estado ocupada con las reuniones escolares y el papeleo, mientras que yo, entre el trabajo de la tesorería municipal y la del negocio de mis hermanos, solo tengo tiempo los domingos.
—Pues vaya amigos — dijo Draco mostrando su tono ácido
—Bueno — de pronto Ron se mostró serio y sumido en algún tipo de pensamiento — tampoco es que el suela pedir ayuda, de hecho, me resulta extraño que te haya dejado acercarte a su lugar de trabajo. ¡Vaya amigo! Con todo lo que nos hemos preocupado por él, terminé siendo sólo el repartidor de comida.
Draco pudo notar la voz apagada del pelirrojo, sentía que estaba resentido por algo más que la limpieza de la oficina, pero no estaba seguro de cómo preguntar sin delatarse. De pronto, un tintineo interrumpió sus pensamientos. Ron Weasley se palpó los bolsillos y sacó un celular parecido al que él había utilizado el domingo.
— Hablando del Diablo — dijo el mayor mientras contestaba la llamada
Eso hizo que Draco se pusiera alerta y nervioso, ni siquiera sabía el porqué de sus nervios, estaba probablemente a kilómetros de distancia del chico de ojos verdes, pero se sentía como si estuviera junto a él.
—En serio amigo, estoy sentado en la cafetería esperando a Hermione. Finalmente pude librarme de una de esas aburridas juntas— Draco no sabía si quería que supiera que estaba con su mejor amigo, ¿Qué tal si lo menospreciaba ahora que no lo necesitaba? Él aún albergaba la esperanza de que pudiera volver a verlo.
—Estaré ahí en 15 minutos— el pelirrojo cortó la llamada y regresó su mirada a la del rubio — Entonces, fue un gusto almorzar contigo Draco, pero iré sacarle los ojos a mi mejor amigo — Draco sintió cierta mezcla de enojo y tristeza, aunque no estaba seguro si se debía al haber sido usado o al no estar en el mapa del comisariado.
El encuentro de la cafetería y la llamada, no habían hecho más que empeorar su humor, si es que eso era posible. La mezcla de sentirse poco importante para la persona que comenzaba a llamar su atención y la lujuria que despertaba ese hombre, habían detonado cuando Stan Cavanaugh había superado su calificación en la clase de arte, la estúpida clase de arte ¿Qué tan genio debía ser para superar una escultura de la esfinge? Pero claro, el profesor Flitwick se había deshecho en elogios por su réplica de un Samurai. Les había dirigido su mirada más desdeñosa a ambos y había salido del aula sin lavar su material, que lo lavara el niño estrella.
Esa tarde había quedado con Theo para ir a la tienda de música, pero suponía que ese plan se había ido al carajo como todo su buen humor; podía irse a casa, pero eso significaría estar encerrado en su cuarto, odiándolos a todos y a sí mismo. Así que, decidió ir al único lugar donde sabía que podría sacar su enojo: El despacho de su padre.
Su padre era el mejor abogado de Bilbury, y tenía un despacho nada humilde en la ciudad, dónde resolvía casos de diferentes partes del país. Pero en ese pequeño pueblo también contaba con un local algo más modesto, pero de lo mejor que podía conseguirse en la zona; entrenaba a dos practicantes y tenía una secretaria bastante eficiente, así que, se dirigió ahí con la esperanza de que fuera uno de los días en que Zabinni y Diggory -los practicantes-cometieran muchos errores, nada como ver a su padre regañando gente para alegrar su humor.
Apenas entró al recibidor y pudo escuchar los primeros gritos de su padre, música para mis oídos pensó. Cho Chang -la mejor secretaria que se podía conseguir en ese lugar- no se encontraba en el módulo de recepción, así que decidió tomar su lugar y leer algunos expedientes de los casos abiertos. No era tan tonto como para entrometerse entre su furioso padre y sus ineptos trabajadores, sería un simple espectador, feliz de saber que alguien estaba pasándola peor que él.
Después de 45 minutos, ya había leído algunos expedientes de terrenos en disputa, demandas por ganado robado y algunos testamentos, nada realmente interesante. Aunque lo interesante había sido ver al elegante Cedric Diggory ser regañado varias veces, a Zabinni tirar documentos mientras entraba en pánico y a su padre gritar a diestra y siniestra; Cho le había explicado que su padre estaba "clasificando la documentación" para tener todo en orden para la auditoría de esa tarde.
Había sido una buena decisión ir con su padre, su humor comenzaba a mejorar e incluso le estaba dando algo de hambre.
—Puedo ir a traer algo de comer padre—le dijo en la primera oportunidad que tuvo de verlo algo desocupado
—Eso estaría bien —pareció recordar que también tenía hambre —supongo que hasta estos inútiles tienen hambre.
Su padre sacó algunos euros de su billetera y justo cuando él estaba a punto de sugerir comida italiana, la puerta del despacho se abrió; tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no demostrar su nerviosismo ante la entrada del comisariado y su mejor amigo.
Potter estaba usando una camisa negra desabotonada en la parte superior, lo que le permitía observar su pecho; además los pantalones ajustados que usaba, hacían que las hormonas de Draco se alteraran más de lo normal, y de no haber sido por el miedo de estar junto a su padre, estaba seguro que la excitación hubiera hecho estragos en su cuerpo.
—Pensé que esta sería una auditoría de rutina — dijo su padre con tono frío — no sabía que ameritaba la presencia del nuevo comisariado
—Lo es — dijo rápidamente Ron Weasley
—De hecho — habló el moreno y Draco juraría que era la voz más sexy que había escuchado — yo estoy aquí solo como acompañante, pero si esto es un motivo de discusión, me retiro a buscar algo de comer.
— Serás cabrón — dijo el pelirrojo en tono un tanto divertido —asegúrate de regresar en dos horas.
Harry hizo una mueca divertida y asintió con la cabeza.
—De hecho — dijo su padre y eso hizo que Draco tensara el cuerpo No lo digas pensó — mi hijo se dirigía a comprar comida también, me sentiría más tranquilo si fuera con un adulto.
Lo dijo.
—¡Oh! Será un placer — dijo Harry dando esa cara de adulto perfecto que Draco ya sabía, era una simple farsa — adelante joven...
—Draco — contestó rápidamente su padre
Tengo boca dijo en su mente el rubio, pero claro, había olvidado cómo usarla sin parecer un idiota frente a todos. Resignado, caminó hacia la puerta.
Se dirigió calle abajo, con las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta. Pudo sentir al pelinegro acercándose rápidamente, pero se encontraba tan malditamente enojado, alegre, nervioso, caliente y un millón de cosas más, que imagina iba a explotar apenas abriera la boca.
Cuando el mayor le dio alcance, se puso junto a él, ajeno a sus tormentosos pensamientos
—Así que, ¿Qué vamos a comer?
De pronto Draco paró la marcha, no podían ir por el pueblo los dos juntos, la gente los vería y hablaría ¿Qué si notaban que el moreno lo ponía nervioso? Una cosa llevaría a otra, y de pronto todos sabrían que era gay. Su padre lo mataría, su madre lloraría decepcionada, nadie le volvería a hablar, su familia se iría a la quiebra...
Unos ojos verde esmeralda lo miraban, y Draco regresó en sí, esos ojos eran tan distintos, se veían profundos y, aun así, tan trasparentes.
—Podríamos — dijo tratando de serenarse — ¿no ir al centro?
Pudo ver sorpresa en los ojos que lo miraban, y después una sonrisa
—Vaya que a ustedes los jóvenes les da pena que los vean con viejos como yo
—Supongo — dijo alzándose de hombros, después de todo, no podía dar sus verdaderas razones
—Hey, eso dolió — el moreno hizo un ademán de tener una daga en el estómago — ¡Ya sé! Podemos ir a la oficina... descuida, esta vez no tendrás que limpiar.
Caminaron por las calles menos transitadas y en unos minutos estuvieron en la oficina del comisariado, a Draco le sorprendió ver lo diferente que estaba en tan solo unos días.
Harry se dirigió a la esquina donde estaba su escritorio y abrió el pequeño frigobar, sacó dos bebidas y le tendió un refresco.
—Así que — dijo mientras destapaba su cerveza —¿Qué te tiene de tan mal humor?
—¿Qué te hace pensar que estoy de mal humor? — argumentó sin destapar su bebida
—Bueno, generalmente eres muy cascarrabias, pero no de la manera en que lo estás siendo ahora, ni siquiera protestaste cuando te dejaron a mi cuidado.
—No soy un niño, no estoy a tu cuidado.
—No lo sé— el moreno sacaba ahora varios recipientes del pequeño refrigerador — a mí me parece que, durante dos horas, debo vigilar que comas bien y no te metas en problemas. Eso es la definición exacta de cuidar niños
Draco solo era un niño, él estaba pasando por todo un carnaval de emociones por Harry Potter, y para él solo era un niño.
—Me caería bien una cerveza —dijo automáticamente el rubio
Harry soltó una carcajada — ¿Estás loco? ¿Quieres que tu padre me mate? No soy tan idiota
—He tomado cervezas antes —dijo indignado
—¿En serio? — dijo mientras levantaba una ceja — ¿y alguna de esas veces ha sido sin la autorización o presencia de tu padre?
Sus mejillas se ruborizaron.
—Lo suponía — el moreno caminó hacia él y se sentó en un banco para quedar cara a cara
—Escucha, lo de ser un niño no era un insulto, sé que no lo eres, pero extraño al rubio parlanchín y quejumbroso que me ayudó a limpiar este lugar. Imagino que no tuviste un buen día y salir a cenar con un viejo como yo no lo mejora, pero vamos, debe haber un lado positivo, puedes contarme y te ayudaré a planear venganza si así lo requieres, ¡Anímate!
—Todo comenzó — dijo Draco, un tanto hipnotizado por esos ojos verdes — en el almuerzo, cuando tu amigo Weasley me obligó a desayunar con él, y sus malos modales lo hicieron dejarme desayunando solo en cuanto recibió una llamada por demás inoportuna.
Harry rio bajo, y levantó las manos a modo de disculpa cuando vio la mirada asesina del menor
—Lo explicaré, lo explicaré — dijo aún divertido — Yo era la llamada "por demás inoportuna", pero en mi defensa, tenía un buen motivo para llamarlo.
Draco lo sabía, sabía que esa llamada era él y lo que realmente le había molestado era que no hubiera salido en la conversación de los amigos, que el cerebro del moreno no hubiera hecho conexión entre la escuela y Draco; sobre todo cuando él había pasado todo el día haciendo conexión con el moreno en casi todo lo que lo rodeaba, era un tormento para el rubio.
Por toda respuesta, Draco tomó los recipientes para meterlos al microondas que había al lado, tal vez cuando su estómago dejara de exigir comida podría comenzar a pensar con claridad. Por el rabillo del ojo vio cómo el moreno sacaba platos y cubiertos de un cajón del archivero, y su expresión se había vuelto seria. Acomodaron el escritorio de manera que pudiera dejar espacio para que comieran y acomodaron los platos y vasos en ellas, el silencio hacía que Draco se sintiera incómodo, ¿Habría molestado al Mayor? Odiaba sentirse tan confundido entre su lógica y sus impulsos, sin duda la adolescencia era horrible, no podía esperar a convertirse en adulto.
Cuando Draco se sentó a comer con el comisariado, se sintió en una situación bastante surrealista, seguramente esa era la relación más rara que jamás había tenido; los adultos casi nunca hablaban con él y menos se sentaban a comer con él como si quisieran ser amigos; en Bilbury, los adultos y jóvenes no conversaban a menos que fuera realmente necesario.
Sus pensamientos estaban en esta brecha generacional, cuando se llevó a la boca la pasta que acababa de servirse y, además del agradecimiento que demostró su estómago, no pudo evitar exclamar un, bastante fuerte, "mmmmm". Rápidamente, los colores se le comenzaron a subir a la cara, estaba tratando de demostrar que no era un niño y su lado infantil salía a relucir en un abrir y cerrar de ojos.
— ¿Deliciosa verdad? — los ojos verdes que lo miraban cuando levantó la cara del plato lo desarmaron por completo, estaban llenos de emoción, como si hubiera querido compartir esa sensación toda la vida. Y simplemente así, todas las preocupaciones de Draco se derrumbaron.
— Deliciosa — dijo dando una segunda probada, mientras le regresaba la sonrisa — ¿Dónde la has comprado?
— No, no — dijo Harry, cual niño emocionado — es totalmente casera
— ¿No me digas que la has hecho tu? —preguntó sorprendido
— Me halagas — Harry parecía nuevamente el chico juguetón con quien había limpiado, y Draco no pudo evitar preguntarse si de alguna manera él también afectaba al mayor — pero estas delicias las preparó la Sra. Weasley, la mamá de mi maleducado mejor amigo.
Draco rió ante el último comentario, tal vez sí le hacía falta comer o simplemente le hacía falta un poco del irreverente adulto que tenía enfrente.
—Tal vez si me sirves un poco de crema pueda perdonar la desfachatez de ustedes los adultos
Draco podría perderse para siempre en los ojos verdes que justo en ese momento lo reflejaban con alegría contenida
— Draco, eres un chico bastante interesante — dijo divertido Harry mientras le servía la crema
— Así que, ¿Vas a explicarme cuál fue la importante razón para que Weasley saliera corriendo?
—¡Claro!, en cuanto termines de contarme acerca de tu horrible día
Así de fácil, el rubio comenzó a contarle acerca de sus suceptibles amigos, de cómo el profesor Flitwich había dejado de lado su fantástica obra de arte y se había deshecho en elogios por la basura de Cavanaugh, incluso le contó de lo divertido que había sido ver a su padre torturar a sus trabajadores, claro que no le contó que había estado haciendo "limpieza de documentos", no era tan traidor. Tan pronto terminó de contarle, sintió que, visto desde ese punto de vista, sus problemas parecían muy tontos.
—Bueno, creo que, al igual que tú, tus amigos tampoco estaban de muy buen humor y fue difícil que pudieran aguantarse los tres. Pero estoy seguro que mañana podrán hacer como si nada, siempre y cuando aquello que te hizo comenzaré día con mal humor se solucione.
—¿Qué te hace pensar que comencé el día de al humor? —alegó el rubio al sentirse descubierto
—Bueno, si son tus amigos, no deben ser nada susceptibles, así que, o ellos iban con muy poca tolerancia o tu de muy mal humor; me inclino por la segunda.
Como toda respuesta, Draco se alzó de hombros. Definitivamente, no iba a contarle que él era la razón.
—Claro— Exclamó tranquilamente el Moreno —Se trata de un mal de amores.
Draco sintió como los colores subían a sus mejillas y se le cerraba la garganta, provocando que la comida se le atorara y tuviera que toser para sacarla. Frente a él, el moreno reía.
¿Tan transparente era? ¿Se había dado cuenta de que le gustaba? ¿Se reía porque sabía que era gay?. Cuando dejo de toser, no tuvo el valor de responder siquiera, bajó la mirada y sentía la garganta seca.
—Hey — dijo el mayor preocupado —¿Estas bien?
Draco sintió como el comisariado le arrimaba un vaso de agua, bebió el contenido y respiró profundamente; una pequeña voz en su cabeza, casi minúscula le decía que debía tranquilizarse, que si el chico supiera que era gay y tenía sueños lujuriosos con él, probablemente ya lo hubiera corrido de su oficina hace bastante tiempo. Cuando finalmente alzó la mirada, se encontró la cara de preocupación y confusión de Harry Potter.
—¿Te encuentras bien?
—Si — dijo con un tono de voz más bajo de lo que pretendía
—Tranquilo — dijo Harry mientras tocaba su brazo, sabía que trataba de reconfortarlo, pero Draco solo se enfocó únicamente en el calor que le provocaba su mano.
Pasaron algunos minutos en los que no dijeron nada, y Draco agradeció que le diera su espacio y no hiciera más preguntas.
—Debes saber —dijo Harry con voz baja — que el amor es complicado a todas las edades, pero a tu edad, es el triple.
—Vaya consuelo — Dijo Draco esbozando una sonrisa. La naturalidad con la que le hablaba el moreno y sobre todo el que pareciera entenderlo, lo animaba.
Pudo ver al mayor poner una sonrisa y comenzar a levantar la mesa.
—¿Quieres un consejo? — dijo mientras llevaba los trastes sucios al fregadero del baño.
—No — dijo el rubio divertido al ver que trataba de actuar como un adulto, algunas veces olvidaba ese pequeño detalle —pero sospecho que me lo dirás de todos modos.
—Haré algo mejor — respondió divertido — te daré tres.
Draco sonrió. Ese hombre en serio parecía interesado en él, y además lo trataba como a un igual, ¿Cómo no iba a despertar en Draco tantas emociones?
— Número 1 — comenzó mientras metía al refrigerador la comida que sobraba — Si no vas a contarles a tus amigos tu mal de amores, tampoco desquites tu mal humor con ellos, toma en cuenta que ellos no saben por lo que estas pasando y, además, tienen sus propios problemas. No necesitas contarles todo, pero darles una pequeña pista de lo que te tiene de mal humor hará que te sientas un poco más liberado, quien sabe, tal vez te den un buen consejo.
—¿Así que tú le cuentas todos a tus amigos? — dijo el rubio recordando lo que Weasley había dicho en la cafetería
—Touché — dijo Harry viendo la suspicacia del menor —Hay cosas que uno debe guardarse, pero no me desquito con ellos y, cuando necesito un consejo, siempre están para ayudarme.
—¿Número 2? — intervino Draco al ver que Harry comenzaba a sumirse en algún pensamiento
—Flitwick nunca ha tenido buen ojo para el arte, pero elogiar de vez en cuando el horrendo cuadro que tiene en la pared de la arcilla, te dará algunos puntos extras
—¡Es horrenda!
—Lo sé, solo úsala si es una emergencia
—¿Número tres?
Harry se sentó frente a él
—Si una chica, quien quiera que sea, te hace poner así de triste y ansioso, no vale la pena.
Draco abrió la boca, pero nada salió de ella. Estaba sorprendido de la seriedad del mayor, parecía que realmente quería darle el mensaje, como si estuviera genuinamente preocupado por su reacción anterior. No quería que el chico pensara que estaba en una especie de relación toxica, o que dejaba que alguien le infundiera miedo, pero definitivamente tampoco podía contarle la verdad; de pronto el primer consejo hizo eco en su mente.
—¿Qué pasa si lo que me pone ansioso es que es una chica inalcanzable para mí? — trato de pronunciar la palabra chica lo más natural que pudiera, y no equivocarse en el género.
—¿inalcanzable? ¡Vaya! O sea que el joven Malfoy también tiene chicas de ese tipo.
—¿También? — dijo Draco riendo al descubrir algo del chico
—Bueno, es solo que nosotros los mortales tenemos limites, no pensé que tú te consideraras uno.
—¿Nosotros los mortales? Eres Harry Potter ¿Qué clase de chica no querría estar contigo?
—Bueno, parece que simplemente no soy material para una relación — el pelinegro se alzó de hombros resignado — ¿Qué clase de inalcanzable es tu chica? ¿Tipo Romeo y Julieta o tipo me enamoré de una maestra?
El rubio le medito un minuto
—Una mezcla de ambos.
—¿Quieres contarme? — el tono paternal que usaba lo estaba derritiendo, y de no haberse tratado de él, seguramente le hubiera contado todo
—No — dijo esperando que el mayor no se molestara
—Bueno, si en algún momento quieres hacerlo, sabes dónde encontrarme.
Entonces hizo un gesto de darle su abrigo, indicándole que las dos horas habían terminado y que debían regresar a la realidad.
Lo más lento que pudo, se puso el abrigo y se preparó para salir, de pronto recordó que aún le debían una explicación.
—¿Qué era eso tan importante que debías hacer con Weasley?
Harry ya estaba esperándolo en la puerta, así que caminó a su encuentro y espero a que cerrara la oficina
—Todo comenzó — dijo tratando de imitar al rubio — cuando desperté en mi casa sin una sola cosa en mi refrigerador, así que me dirigí a la casa de los Weasley para obtener un delicioso desayuno, cuando llegué Ron no estaba así que desayuné con los señores Weasley, después de eso subí a tomar una ducha para irme al trabajo y cuando buscaba un par de calcetines encontré — hizo una pausa dramática —¡5 cartas de Lavander a Ron! —de pronto estallo en carcajadas — era la cosa más cursi que vi, teníamos solo 14 años.
Harry le explico durante el camino el contenido de las cartas y que Lavander había sido la primera novia de su amigo. Draco se reía al pensar que los adultos también habían tenido errores juveniles, le contó lo mucho que sus amigos habían peleado en la adolescencia, como habían pasado su época estudiantil metiéndose en problemas y como finalmente Ron y Hermione se habían vuelto pareja.
—¿Y porque no almorzaste y te duchaste en tu casa? — quiso saber de pronto Draco
—Bueno, aun me falta mucho por reparar en casa, lavar la cisterna y comprar una estufa son solo dos de una larga lista.
—Tendrás que ir a la ciudad por la estufa — dijo recordando que no había tiendas departamentales en Bilbury
—Lo sé, estoy esperando a que Hermione pueda acompañarme dentro de tres semanas
—¿Por qué debe ir ella?
—No sé nada acerca de elegir muebles, así que creo que es más fácil dejar que ella lo haga
—Al menos deberías mostrarte un poco avergonzado de no ser capaz de decorar tu casa — dijo Draco indignado porque el chico no quisiera disfrutar de lo que él consideraba, uno de los placeres de ser independiente
—No es que no quiera, pero no tengo idea de donde conseguir las cosas que me gustaría
—Pues solo consigue a alguien que conozca la zona de mueblerías y después la zona del sur, ahí hay tiendas de alfombras y decoración — de pronto Draco comenzó a recordar algunas tiendas — De hecho, antes de llegar a Medley Street hay una pequeña tienda con bastante buen gusto, la dueña es un poco pesada, pero los empleados conocen su trabajo.
Cuando volteo la mirada, reconoció la mirada del chico moreno.
—No, no, no, no, no.
—No he dicho nada — dijo riendo el mayor
—No me involucraras en labores de limpieza otra vez
—Bueno, podria decirle a tu padre lo agradable que es su hijo al ofrecerse a ayudar
—¡NO! — Gritó el rubio, pero el comisariado pareció no tomarlo como ofensa
—Cierto, cierto, tu irremediable terror a que te vean con adultos. Entonces que tal esto, me ayudas con las compras y a cambio te regreso tu lugar en la cafetería.
Draco sonrió con suficiencia, eso sí era un buen trato.
—Pon la fecha — dijo con suficiencia
Evito decir que él hubiera aceptado solo por pasar más tiempo a su lado.
