Título: Cordel de acero.
Personajes: Kim Dokja, The Punisher/Yoo Joonghyuk, Han Sooyoung, Yoo Mia, Kim Namwoon, Lee Jihye, Jung Heewon.
Pairings: Dokja/Joonghyuk.
Línea de tiempo: AU; Fantasía; Dokja rey demonio - Joonghyuk héroe.
Advertencias: Disclaimer Omniscient Reader's Viewpoint/Punto de vista del lector omnisciente; los personajes no me pertenecen, créditos a Sing-Song. Posible y demasiado OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones exageradas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Clasificación: T
Categoría: Fantasía, Drama, Romance
Nota de autora: siempre ponen a Joonghyuk como quien secuestra a Dokja y lo hace tener sus hijos?
así que me cansé un poco y decidí hacer mi propia versión, donde Dokja es la perra de arriba esta vez
eh... no sabía si referirme a Punisher con pronombres masculinos o femeninos, así que le llamo de ambas maneras, creo (?), lamento si es una molestia
Summary: «No te lo quiero recordar de esta manera, porque sé que no te gusta. Joonghyuk-ah, ahora mismo, sólo puedes quedarte a mi lado». Kim Dokja le da una mirada suave, normalmente suave para él, extraño para Yoo Joonghyuk. Extraño porque no han habido muchas personas que le mirasen de esa manera, y jamás se habría imaginado que un enemigo natural, un Rey Demonio, fuera capaz de verle así; como si lo adorara de verdad.
«Ah, vaya que es una belleza».
Sus ojos escanean con cautela la figura de la mujer que camina sobre la gran alfombra, dirigiéndose a él. Sus pequeños pies se detienen antes de tocar el primer escalón de las escaleras que llevan al trono del palacio, y ella hace una reverencia perfecta ante el ser que la observa en silencio y le sonríe ruidosamente. El largo cabello de nieve contrasta con el ambiente lúgubre del enorme salón y las túnicas impolutas no combinan con las vestimentas sucias de sangre que trae el ente sentado sobre su cabeza.
Los ojos oscuros del hombre se vuelven en media lunas mientras ensancha la mueca de falsa alegría. Un dedo con garra negra golpea el posabrazos de su trono, creando un eco parecido a un goteo peligroso.
«Definitivamente bonita», vuelve a pensar el rey demonio, aún observando con cuidado la grácil y bella figura femenina que ya se ha erguido y que le dedica una mirada tranquila, amable y suave. Casi se siente bendecido. «... pero no como...».
—Tú debes ser Lee Seolhwa —habla el rey demonio, cortando sus propios pensamientos y mostrando la misma sonrisa desdichada que ha quedado incrustada en sus labios.
La mujer hace un ligero asentimiento con la cabeza, dejando ver su propia sonrisa, que es abismalmente distinta a la del hombre.
—Me alegra saber que conoce mi nombre, Su Majestad.
—¿Quién no sería capaz de conocerla, milady? —Tilda la cabeza a un lado, y escucha el sonido de un par de armas removerse cerca. Quitando su vista de la bella señorita, dirige su atención a las personas detrás de ella—. Ah, pero si lo decía en serio —agrega, con un falso tono dolido.
Las miradas heladas del dúo de héroes más allá van dirigidas únicamente al hombre en el trono. La espada en la funda de la joven y el brazo vendado de un muchacho de opaco pelo plateado, ambos tiemblan en advertencia, pero tales cosas no perturban la sonrisa del rey demonio. Los ojos negros del ente escanean a los chiquillos fieros y luego regresan a la dama vestida de blanco, que parece no haber notado el hundimiento en el ambiente y el frío que ha empezado a subir en el aire.
El rey demonio escucha un gruñido a su lado. Observa de reojo a su espada; Jung Heewon está haciendo una mueca aterradora en dirección a los jóvenes. Vuelve a golpear los dedos contra el metal del trono para disimular.
—Aunque, me pregunto —habla el hombre una vez más, con la voz amigable—, ¿cuál sería la razón por la que la Santa de Edén se encuentre aquí? Espero que no se trate de una declaración de guerra.
Escucha una tos a su derecha, y mira de soslayo a su escudo temblando suavemente. Sonríe más grandemente, divertido por haber roto la compostura de Lee Hyunsung. Ah, la seriedad se opaca fácilmente ante esta imagen.
Pero no es como que haya bromeado.
—Me alegra decir que no es una declaración de guerra. —Lee Seolhwa sonríe, con esa dulzura impoluta—. Pero también me siento apenada de que la razón pueda ser eso.
—¿Ah, sí? ¿Y qué es tan urgente para que esta reunión sea y no sea una declaración de guerra?
—Nuestro héroe.
La sala se sume en silencio.
Kim Dokja borra un poco su sonrisa, en lo que sería una mueca seria. Pero para quienes no lo conozcan bien podría ser una expresión de burla descarada. Los chicos detrás de Seolhwa lo toman como tal pero, antes de poder ponerse en guardia, la mano de la Santa les detiene.
—Nuestro héroe ha desaparecido —prosigue la mujer bendita. El rey demonio parpadea, mostrando de a poco una cara sorprendida—. Sabemos que no ha sido cosa de los reyes demonios.
—Si es así, ¿por qué vienen a mí?
—Usted no está de lado de los demás reyes demonios, Su Majestad. Está afiliado a Inframundo, que es neutral.
—Oh, ¿y entonces piensan que, por eso, fui yo quien lo secuestró? ¿Al héroe? —Una sonrisa sardónica vuelve a adornar la cara del hombre y una risa vaga se escapa de sus labios. Se inclina hacia adelante mientras sus ojos brillan en diversión y advertencia. Sus largas garras acarician el metal del trono, mientras los caballeros a cada lado suyo se ponen en guardia—. ¿Qué les hace pensar tal cosa?
—¡No nos mientas, rey demonio!
La joven guerrera, Lee Jihye, da varios pasos al frente. Su espada es sacada de su funda y apunta con firmeza hacia Kim Dokja. El hombre no se inmuta ante la amenaza, pero su espada y su escudo no tardan en posicionarse al frente, en espera de sus órdenes para atacar.
Kim Dokja no da señales de querer hacerlo. Ni siquiera mira mal a la insolente muchacha que parece querer matarlo sólo con la mirada.
—¡Sabemos que tiene cautivo al maestro! —ruge la niña, su espada temblando suavemente, presa de la furia—. ¡Libérelo!
—Jihye...
—Me conmueve el hecho de que piensen que yo lo he atrapado. —Su voz se vuelve alegre y burlona. Se pone de pie, haciendo una seña con su mano a sus guardias para que vuelvan a sus lugares, mientras él empieza a bajar los escalones. Un par de alas negras de gran envergadura hacen presencia en su espalda y los cuernos afilados adornan su frente en tanto se detiene frente a la chica—. Me alegra saber que me tienen en tanta estima como para pensar que un rey demonio como yo sería capaz de atrapar al Rey Supremo.
—Rey Demonio de la Salvación. —Lee Seolhwa lo llama, haciendo que vuelva a mirarla. La mujer se acerca a Lee Jihye y la hace bajar su espada con suavidad, mientras mira con calma al rey demonio—. Me disculpo por la grosería, pero esta es una situación grave. Usted no tiene dilemas con Edén, pero tampoco está con nosotros.
—Tanto como tampoco soy su enemigo —le recuerda Dokja, mostrando una expresión amable para la Santa, mientras ignora los gruñidos de la joven caballero—. No pienso en ustedes como mis enemigos, y ustedes no piensan en mí como aliado. Es justo para ambos. Lo que le suceda a Edén no me concierne.
—Entonces, déjeme preguntarle más claramente: ¿usted tiene alguna idea de dónde podría estar Yoo Joonghyuk?
Kim Dokja parpadea un par de veces, luego enseña los colmillos en otra sonrisa petulante. Lee Seolhwa aprieta los labios, repentinamente aterrorizada ante la imagen del hombre.
—Dígale a Edén que continúe sin considerarme su enemigo. Los reyes de Inframundo podrían molestarse si se enteran de que su príncipe fue amenazado por un guerrero de su país.
Jihye aprieta los dientes y el mango de su espada, que tiene la punta fría tocando la alfombra. Seolhwa asiente con la cabeza, dictando que entendió el mensaje tras las palabras, la clara advertencia de que cuiden su actuar.
Y que también se ha acabado la audiencia.
Kim Dokja los ve retirarse del lugar, escoltados por Heewon y Hyunsung. Mientras los ve irse, observa con vehemente interés a Lee Seolhwa hasta que finalmente la pierde de vista.
Las alas y los cuernos se desvanecen y él camina sin prisas de vuelta hacia el trono, pero no se sienta allí otra vez.
La puerta a un costado del salón se abre, llamando su atención. Desde allí, ve aparecer a una mujer pequeña de mirada furiosa. Ella camina hacia él y, cuando se detiene, señala con el pulgar hacia el pasillo más allá de esa única puerta.
—Ese imbécil está haciendo un escándalo otra vez —gruñe la dama, mientras muerde con fuerza el caramelo en su boca.
Kim Dokja enseña una sonrisa calmada, que solo saca más de quicio a Han Sooyoung.
—¡Ve a controlarlo! —ordena, frustrada—. ¡No puedo concentrarme en mi trabajo si a cada rato recibo un llamado de sus desastres!
—Ya, ya. Me encargaré. —El hombre se encoge de hombros y baja del pedestal, dirigiéndose al corredor y siendo seguido de cerca por Sooyoung.
—No quiero que me dejes tu responsabilidad con esa escoria —gruñe la mujer, enseñando sus colmillos, más filosos que los de su compañero. Su mueca de molestia hace reír a Dokja—. No fui yo quien lo trajo. ¡Hazte cargo apropiadamente!
—Sabes que estoy ocupado —suspira Dokja, dramáticamente—. Recién acabo de lidiar con personas de Edén. Una de ellas me apuntó con una espada. Casi muero allá, Sooyoung-ah.
—Deja de hacerte la víctima. —Ella lo golpea en la espalda, haciéndolo tambalearse hacia el frente—. Tú mismo te lo buscaste. Además, no eres fácil de matar.
—¿Ah, no? ¿Qué te hace creer tal cosa?
Ambos se detienen frente a una de las puertas en el enorme pasillo, y Han Sooyoung le da a Kim Dokja una mirada de obviedad, para luego señalar con la cabeza a la entrada en la que se han parado.
Desde esta distancia, casi pegados a la madera de la puerta, se pueden escuchar claramente un montón de ruidos, principalmente de cosas rompiéndose y un par de muebles siendo cortados. Si no supieran lo que se halla dentro de ese cuarto, tal vez estarían un poco más asustados.
Kim Dokja suelta un suspiro de resignación, y Han Sooyoung enseña una sonrisa de burla. Ella le da un par de palmaditas en el hombro, a modo de apoyo.
—Suerte.
—No la necesito.
—Rezaré por tu alma.
—No tengo alma.
Sooyoung vuelve a sonreír, pero esta vez hay lástima en sus ojos. Dokja siente que se están burlando de él, pero decide dejarlo pasar. De todas maneras ella siempre está burlándose de él.
Han Sooyoung se aleja en silencio y Kim Dokja respira hondo antes de agarrar la manija de la puerta y abrirla.
Un pedazo de madera va directo a su cara, pero lo esquiva rápidamente y luego observa el objeto tirado a mitad del corredor. Lo reconoce como parte de la puerta del armario, pero cortado de manera desigual.
Le gustaba un poco ese mueble.
Lamentándose por la reciente pérdida del tan querido clóset ahora despedazado, vuelve su atención hacia dentro de la habitación y observa, con genuino interés, el desastre que lo inunda y la única persona que se halla en ese lugar, en medio de todo.
La figura agraciada se alza entre los escombros, los vidrios y la porcelana rota. La espada negra en su mano brilla con la luz del sol que se cuela desde una alta ventana; la misma ventana que está observando esta persona. Los ojos de ónice fijos en los rayos del sol y las suaves cortinas blancas que se mecen con el viento, diferente al vestido negro lleno de estrellas que trae puesto, que no se mueve ni un milímetro y que está rasgado en los bordes, dándole la imagen de una noche helada y bravía.
Kim Dokja se acerca con cuidado, sin interrumpir la contemplación de la otra persona. Sus dedos con garras se acercan a ella con lentitud, dándole tiempo de hacer desaparecer las uñas en punta antes de tocar suavemente las puntas el largo pelo oscuro.
Ante el ligero movimiento, esta persona da vuelta a toda velocidad, y la hoja afilada de la espada se pega al cuello del rey demonio.
Aun así, Dokja tiene enredados sus dedos en las hebras oscuras. Suavemente, ligeramente, acerca el cabello ajeno a su rostro y cierra los ojos. Ignora el frío de la espada contra su piel y se toma su tiempo para memorizar el aroma del ser que está amenazando su vida.
Pasan los segundos.
Dokja abre lentamente los ojos. Su sonrisa se borra.
—Han Sooyoung me dijo que estabas haciendo un escándalo —dice suavemente, tildando la cabeza a un lado mientras su mirada se suaviza.
La espada en su cuello permanece allí, sin moverse en lo más mínimo. El ceño fruncido casi hace a Kim Dokja temblar.
—Esa mujer es una molestia —dice ella con fastidio.
—Oh, lo es. —Asiente, soltando una ligera risa. Lleva una mano al filo del arma y la hace a un lado, recibiendo nada de resistencia. La punta toca el suelo y el rey demonio se acerca más a su acompañante—. Pero solo porque está preocupada por ti.
Un bufido escapa de los rojos labios.
—Cuestionable. —El ceño fruncido permanece, pero hay una ligera sonrisa adornando el bonito rostro redondeado—. Ella sólo busca fastidiarme.
—Y yo me pregunto cuál es la razón de que hayas destrozado este lugar, Joonghyuk-ah.
Al instante, la expresión de Yoo Joonghyuk se tensa. El cambio de tema es una sorpresa, pero nada que no hubiese previsto. Sus cejas se fruncen más fuertemente y sus labios tiemblan al apretarse entre sí. Uno de sus ojos brilla levemente en dorado. Las manos del rey demonio no tardan en dejar atrás el largo cabello de noche para sujetar entre sus dedos los bordes del rostro femenino que ha empezado a hacer una expresión complicada y amenazante. Aun así, Kim Dokja no parece intimidado en lo más mínimo, ni siquiera cuando escucha el cuero de un guante apretarse contra el mango de la espada que tantos demonios ha llegado a exterminar sin piedad.
Mantiene una sonrisa amable para con ella.
—No me dejan salir —habla Joonghyuk con su voz aterciopelada, dulce al oído, a pesar del enojo incalculable que despide en cada microexpresión. Una belleza exuberante y asesina, piensa Dokja con adoración, mientras mantiene su atención fija en su rostro y sus movimientos—. Estar aquí es una molestia. No lo soporto.
—Pero sabes que no puedes salir, cariño. —Su tono acaramelado hace que Yoo Joonghyuk trague pesado, sintiendo un escalofrío subir por espalda y el asco hacerse presente en su garganta, pero permanece un rastro rojo en sus orejas mientras desvía la vista y relaja su cuerpo. Kim Dokja se ilumina ante las diminutas respuestas, y busca su mirada con insistencia—. No podemos dejar que te vean así, ¿verdad?
La mano con el arma vuelve a tensarse. Joonghyuk le mira de reojo, el ojo brillando fuertemente en dorado.
El héroe se aparta rudamente del suave agarre del rey demonio. Da un par de pasos hacia atrás, levantando su espada hacia él.
Dokja enseña los colmillos.
—No me eches la culpa —pide el demonio, sin sonrisas ni dulzura en su voz, pero no está enojado, está cansado—. Sólo estoy tratando de mantenerte a salvo.
—No necesito que me mantengas a salvo —dice el héroe, entre dientes.
Kim Dokja le da otra mirada, y vuelve a sonreír con cariño. Se acerca a él, sus zapatos negros y brillantes dejando un rastro de miasma en los lugares donde pisa, desapareciendo los escombros y la basura al derretirlos de manera espantosa. Yoo Joonghyuk retrocede a la misma velocidad que su contrario, manteniendo su postura en alto al igual que su espada, dando vueltas por la habitación sin apartar sus ojos ni una sola vez del ente oscuro que tiene enfrente.
—Tal vez tú no necesites que te mantenga a salvo, Yoo Joonghyuk. —Asiente Dokja, comprensivo. Joonghyuk está a punto de abrir la boca otra vez cuando siente el calor subir por sus brazos y, antes de darse cuenta, hilos rojos queman sobre su piel y lo hacen soltar su arma—. Pero hay alguien a quien sí debo mantener a salvo.
Kim Dokja se acerca por completo a Yoo Joonghyuk, mientras éste es obligado a levantar los brazos por los mismos hilos rojos que han dejado de arder, pero que casi cortan su piel. Sin embargo, es impensable creer que llegarían a siquiera herirle de verdad, porque Dokja no lo permitiría.
El rey demonio le mira con suavidad, volviendo a extender sus dedos hasta tocar sus mejillas. Joonghyuk quiere apartar el rostro de nuevo, pero eso se verá tan infantil como ridículo, así que solamente deja que los fríos dedos del hombre rocen la suavidad de su piel y peinen su cabello. Desvía la mirada, sintiéndose impotente bajo la sensación amable y el sentimiento agradable que le causa, que al mismo tiempo le hace sentirse culpable y asqueado. Un revoltijo de emociones contradictorias abruma su mente.
Pero ahí está Kim Dokja, viéndole con adoración.
—Joonghyuk-ah, sabes... —habla con suavidad, acercándose más hasta rozar su nariz. Sus manos frías bajan por el cuello femenino y se deslizan por sus brazos, haciendo desaparecer uno por uno los hilos que le mantenían atrapado. Sólo esas manos son las que le sostienen esta vez, tocando con demasiado cuidado la carne que no cubre el vestido de noche—. Eres tan linda.
Un calor más fuerte sube por el cuello de Yoo Joonghyuk. Aparta la vista, mientras chasquea la lengua. Libera una de sus manos y empuja el pecho ajeno. Dokja se ríe, mientras sujeta su mano sin guante y entrelaza sus dedos.
—Lo digo en serio, Joonghyuk-ah —asegura el demonio, inclinándose hacia adelante mientras hace que la mano llena de cicatrices de la dama se pegue a su mejilla. En una pose así y con ojos tan brillantes, Yoo Joonghyuk no puede evitar pensar que Kim Dokja se ve como un cachorro enamorado—. Hoy conocí a la Santa de Edén, Lee Seolhwa, la mujer que todos aseguran que es una belleza completa. La más bella de todo el continente. Pero, Joonghyuk-ah, ¿qué crees? En realidad, no se compara a tu belleza.
Joonghyuk aparta la mano, haciendo una mueca de asco. Aun así, sus orejas permanecen rojas.
—No busco rivalizar con la belleza de Lee Seolhwa. Deja de decir estupideces.
—Oh, pero si ella ni siquiera es una rival para mi Joonghyuk-ah.
—Cállate.
—¿Estás poniéndote tímido ahora?
Yoo Joonghyuk no contesta. En cambio, trata de apartar más al hombre frente a ella y dirigirse directamente a la puerta, que ha permanecido abierta en todo momento desde que llegó Kim Dokja.
Su plan de salida se ve frustrado cuando Dokja le sujeta del brazo.
—¿A dónde piensas ir, Joonghyuk-ah?
Joonghyuk le mira de soslayo, con poco interés.
—Lejos. Estoy harto de permanecer en este lugar.
—No puedes salir —le recuerda, negando con la cabeza.
—Puedo. Lo estoy haciendo.
Se libera del brazo y vuelve a caminar. Los escombros que quedan dañan sus pies descalzos y, en el camino, recoge su espada del suelo. Cuando está a punto de cruzar por la puerta, una barrera negra le impide el paso y las chispas saltan mientras sus ojos observan con horror su libertad arruinada.
Apretando los dientes, regresa su mirada al rey demonio. Su expresión se deforma en completa furia.
—Kim Dokja...
—Yoo Joonghyuk, siento que olvidas cómo funcionan las cosas para nosotros ahora.
En un parpadeo, Dokja se aparece frente a Joonghyuk y aprieta la muñeca que de nuevo tiene la espada, deteniendo cualquier movimiento que pudiera hacer con ella. A pesar del aire amenazante del rey demonio, hay una sonrisa dulce pintando sus labios, pero no podría imaginar que fuera real. No mientras esos oscuros ojos de medialuna están cargados de malicia.
—No te lo quiero recordar de esta manera, porque sé que no te gusta —afirma con falso pesar. Las alas se despliegan en la espalda del hombre y los cuernos negros crecen en las sienes. Las garras pinchan suavemente la carne blanda del caballero con cuerpo femenino. Tan suave, tan distinto de antes. Kim Dokja podría caer encantado de nuevo en cualquier momento—. Joonghyuk-ah, ahora mismo, sólo puedes quedarte a mi lado.
—Soy más fuerte que tú —le recuerda Yoo Joonghyuk, el ojo derecho ardiendo en oro—. Si no me dejas ir, te mataré.
—No puedes. No debes. —Dokja niega repetidamente con la cabeza. El brazo que sostiene se tensa, la espada hace sonidos desagradables—. Si te vas, no podré protegerte.
—¡No necesito tu protección!
—Tú no. Pero lo que hay dentro de ti es de suma importancia para mí.
Un silencio sepulcral se asienta en el cuarto. Luego de un par de segundos, Yoo Joonghyuk chasquea la lengua y corta el contacto visual.
—En nuestro acuerdo... —La voz del héroe se atasca levemente ante la mención de tal cosa, pero se mantiene firme—, no decía nada sobre mantenerme preso en una jaula de oro.
—Tienes razón. Pero tampoco decía que no pudiera hacerlo.
—Kim Dokja.
—Yoo Joonghyuk, no hagas las cosas más difíciles —pide con voz seca. Aprieta más fuerte la muñeca femenina, sacando una expresión de sorpresa de Joonghyuk. Los ojos oscuros de Dokja brillan en maldad una vez más, y su mano con garras sujeta el mentón de su socio—. Es por tu bien. Ten por seguro que no haré cosas al azar por ti.
—Déjame libre —gruñe, amenazante, soltándose del agarre y volviendo a colocar la hoja negra contra el cuello del demonio—. Si no me dejas volver, te mataré.
—¿Por qué quieres volver?
—No necesito contestar.
—Oh, pero sí lo necesitas. No te dejaré ponerte en peligro sin una razón.
Yoo Joonghyuk guarda silencio. Su ceja tiembla suavemente, mientras sopesa la idea.
—... Mia —dice finalmente, con voz más suave—. Ella sigue allá. Tengo que saber si se encuentra bien. No dejaré que te interpongas en mi camino.
—¡Oh! ¿Hablas de tu hermanita? ¡Debiste decirlo antes, Joonghyuk-ah!
Joonghyuk frunce el ceño con extrañeza.
—Ya mandé a Heewon a traerla —afirma alegremente, y siente temblar el arma en su cuello—. Estará aquí en la mañana. Podrás ver que está bien, entonces.
—¿Cómo puedo confiar en tu palabra? —Hay veneno destilando en su voz. Kim Dokja le da una larga mirada, parpadeando mientras mantiene su sonrisa inocente.
—No puedes —alega como si nada, ensanchando su mueca. Yoo Joonghyuk siente las venas abultarse en su sien y presiona más fuerte el filo contra el cuello del rey demonio. Una gota de sangre rueda por la pálida piel y mancha la hoja negra. Kim Dokja no borra su expresión ni titubea, como si la herida no existiera—. Pero no tienes de otra, querida.
—No me llames querida. Voy a cortarte el cuello.
—Ah, preferiría que me estrangularas. —Sus ojos oscuros brillan en sorna. Joonghyuk hace una mueca de disgusto—. Ya sabes, tus manos son mejores que cualquier arma. ¿No lo piensas así, Joonghyuk-ah?
—Te mataré.
—Cosa natural. —El hombre se encoge de hombros y suelta las suaves muñecas que había estado sosteniendo todo este tiempo. Las alas del rey demonio se desvanecen bajo la atenta mirada del héroe, y retrocede lentamente al tiempo en que su mirada vuelve a fingir inocencia—. Pero espera un poco. El tiempo suficiente. Luego puedes tratar de hacerte con mi cabeza otra vez.
—¿Por qué debería esperar? ¿Piensas que no puedo asesinarte en mi estado actual?
—Al contrario. —Niega con un dedo, dejando entrever en su rostro una sensación de desdicha, oculta tras la sonrisa falsa de siempre—. Soy yo quien no podría pelear contra ti, Yoo Joonghyuk.
Yoo Joonghyuk aprieta la mandíbula.
—Imbécil...
Hay ligera culpa tras los ojos de la dama mientras maldice a su enemigo jurado.
—Bueno, esta charla ha sido agradable. —Kim Dokja da un aplauso al aire. Su aura amenazante se borra por completo, dando paso al del payaso que Joonghyuk quiere estrangular en sus ratos libres. El monarca le da una mirada cariñosa al humano bendito por los dioses que tanto desprecian ambos—. Joonghyuk-ah, me duele un poco que hayas destruido uno de los mejores aposentos de mi castillo, pero lo dejaré pasar. Culparemos a las hormonas del momento, ¿qué te parece?
—Kim Dokja... —amenaza fríamente, uno de los ojos volviendo a brillar de manera aterradora. Dokja suelta una risita, para nada culpable.
—Te voy a trasladar a otro lugar. ¡Uno más cómodo! —asegura con ánimos.
Joonghyuk decide ignorar por completo los parloteos de este hombre insufrible, por el bien de su salud mental. Rueda los ojos antes de pasar a su lado y dirigirse a donde se encuentra la funda de su espada, lanzada sobre la enorme cama, el único mueble intacto del lugar. Guarda el arma con maestría y gira de nuevo su vista a su alrededor, a la enorme catástrofe que creó con ayuda de la espada en sus manos.
Mira el arma una vez más y luego vuelve su atención al hombre en la habitación. Kim Dokja le da una mirada suave, normalmente suave para él, extraño para Yoo Joonghyuk. Extraño porque no han habido muchas personas que le mirasen de esa manera, y jamás se habría imaginado que un enemigo natural, un Rey Demonio, fuera capaz de verle así; como si lo adorara de verdad, como si no se tratara de una farsa, un instinto de protección creado a base de un contrato que bien podría ser su ruina tanto como su salvación. Como si fuera real la mínima posibilidad de que el monstruo que todavía trae sangre bajo los zapatos y las vidas de incontables seres bajo sus garras, tuviera el corazón para amar.
Entonces Yoo Joonghyuk, el Rey Supremo, se recuerda: esto no es más que una farsa. Hilos entretejidos cuidadosamente entre sí, creando un manto de realidad helada. Hay un plan. Tiene que atenerse al plan. Tiene que mantenerse a flote y sacar el potencial de esta criatura asquerosa que le susurra cosas amorosas y ata cadenas invisibles en sus brazos y piernas.
Yoo Joonghyuk no piensa ser una marioneta de Kim Dokja.
Será al revés.
—Llévame a tu habitación.
La declaración toma por sorpresa a Dokja. Y, oh, es tan bonito ver eso en él. Es tan lindo verlo perder la calma cuando sus planes se derrumban.
No es que lo vaya a admitir.
—¿Eh?
—Es el lugar más seguro de este lugar, ¿no es así? —indaga Joonghyuk, con poco interés, mientras camina hacia él. Hay un rastro de sangre bajo sus pies, heridas que ya no le duelen. Se detiene frente al rey demonio, notando con desagrado la poca diferencia de altura que se llevan. Esto no sería así en su forma original. Pero se traga cualquier gruñido bestial—. Llévame allí.
—Uh, Joonghyuk-ah... —Cuando lo llama así, no parece exactamente burlón como siempre, sino que hay una obvia expresión de incomodidad e indecisión impresa en su cara y su voz. También hay un sonrojo casi imperceptible en sus mejillas—. No creo que eso sea apropiado...
—No actúes como una doncella virgen, Kim Dokja. Llévame allí. No aceptaré quedarme en otro lugar.
—Caray, está bien. Como tú digas. —Suspira con resignación—. Pero advierto que no es tan ostentoso.
Yoo Joonghyuk sonríe ligeramente, apenas siendo perceptible la curvatura de sus labios, pero su expresión se borra cuando algo de rojo llega a su visión.
La herida en el cuello de Kim Dokja permanece abierta. No podrá cerrarse con poderes curativos, porque fue hecha por la espada de Yoo Joonghyuk, que está hecha para matar demonios como él.
Joonghyuk no debería sentirse culpable, pero aun así lo hace.
A pesar de ello, no dice nada.
Tal como dijo Kim Dokja, el dormitorio principal no es tan llamativo. Más pequeño que su antigua habitación, sólo una cama, un juego de sofá, un armario y varios, varios estantes llenos de libros.
La cantidad de libros pone nervioso a Joonghyuk, pero evita comentar al respecto. Aun así, Dokja parece percibir su incomodidad, por lo que muestra una sonrisa socarrona.
—Si no es de tu gusto, puedo darte una habitación más–
—Está bien aquí —asegura con firmeza, dejando de observar la obscena cantidad de estantes y volúmenes de un montón de géneros distintos, la mayoría de ellos siendo libros de fantasía. Irónico, piensa por un segundo, mientras camina con desdén por el lugar y observando cuidadosamente las ventanas y cualquier ruta de escape que pudiera tomar.
Ve la puerta abierta que da a un lujoso baño. Mira las ventanas, que esta vez están en una altura normal, pero cerradas detrás de pesadas cortinas oscuras; tendrá que revisar a dónde llevan. Toma asiento en el sofá, que es el más cómodo en el que se había sentado antes, y da una mirada rápida al libro olvidado a su costado.
Una historia de romance.
Kim Dokja lo agarra antes de que pueda leer correctamente el título, y lo coloca en una pila en la mesa más cercana. La sonrisa de amabilidad falsa se mantiene con cada movimiento.
—Bueno, dejaré que descanses —habla apresuradamente el rey demonio. Tose suavemente después, y señala a la gran cama—. Puedes hacer lo que quieras, quedarte con la cama, darte un baño, destruir un jarrón pero, por favor, no dañes los libros. Son ejemplares difíciles de conseguir.
—No dormiré en la cama. —Ignorando por completo el amable pedido de Dokja, Joonghyuk cruza los brazos y le da una mirada fría. El rey demonio anota sobre que no negó que rompería uno de los jarrones—. Quédate con ella. Yo agarro el sofá.
—Como si fuera a permitir tal cosa —bufa Kim Dokja. Yoo Joonghyuk le da otra mirada de advertencia que, por supuesto, el demonio no teme en lo más mínimo—. No sería muy ético de mi parte dejar que hagas eso en tu estado.
—Nunca pensé escucharía a un rey demonio hablando sobre la ética.
Dokja ignora el hecho de que una broma ha salido de la boca de su siempre estoico Joonghyuk para centrarse en la terquedad de esta desagradable persona.
Sin embargo, no es que pueda enojarse mucho. No si mira ese rostro tan precioso, sacado de los sueños más idílicos, por más de un segundo. Ella es una completa obra divina, si es que existía un dios lo suficientemente talentoso y generoso como para crear una cosa así. Kim Dokja podría creer en la existencia de tal ente, si es que realmente fuera de esa manera, y tal vez agradecerle por la oportunidad de darle a las demás existencias el placer de contemplarlo. Especialmente él.
Se pierde en pensamientos banales, adorando en silencio la imagen del héroe sentado en su sofá favorito, hecho especialmente para sus horas de lectura. Joonghyuk está usando pantalones esta vez, un atuendo más adecuado para un guerrero, pero eso no le quita el atractivo en lo más mínimo. La correa en su cintura, donde debería ir su espada, a la que recuerda dolorosamente contra la piel de su cuello, acentúa una estrechez que conforma una simetría con el pecho y las caderas. Una perfecta forma de reloj de arena. La tela negra del uniforme bien podría confundirse también con el largo pelo oscuro que cae por sus hombros y enmarca su precioso rostro.
Yoo Joonghyuk es como la noche misma. Kim Dokja adora la noche.
Sin poder evitarlo, se acerca a ella y sujeta con cuidado las mejillas blancas y suaves. El héroe le da una mirada inquisitiva y molesta, pero no aparta su toque.
—Joonghyuk-ah, no seas caprichoso.
La dama se tensa. Una de sus manos va hasta el cuello del demonio, pero antes de cerrarse contra él, siente la tela de las vendas. La herida de su espada sigue allí, y probablemente le esté doliendo.
Dokja no es un guerrero, Joonghyuk ha descubierto eso en el poco tiempo que ha pasado junto a él. Así que no sabe lo que es perder la sensibilidad en la piel ante las heridas.
Casi se siente mal.
—Piérdete, Kim Dokja.
Aparta de un manotazo las manos en su rostro y suelta un gruñido de advertencia. El rey demonio deja salir una risita y levanta ambos brazos en señal de paz, retrocediendo para darle espacio y no ser cruelmente golpeado por esas lindas manos llenas de cicatrices.
—Igual no te dejaré dormir en el sofá, querida.
Yoo Joonghyuk agarra un libro cercano y se lo lanza a la cabeza.
—Te estás encariñando con ell... con ese bastardo. —Han Sooyoung se muerde la lengua ante el desliz de sus palabras y le da una mirada fea a Kim Dokja, quien se mantiene de pie justo a su lado, entreteniendo con magia barata a una niña de ojos filosos.
Sooyoung siente un escalofrío al ver a la mocosa. El parecido con la persona atrapada en el palacio le parece tan escalofriante. Incluso tienen el mismo desdén y aura de asesino despiadado, lo que le hace preguntarse seriamente si acaso la niña no será alguna hija perdida de Yoo Joonghyuk y sólo la enmascaró como su hermanita por razones de seguridad o algo así.
Dokja no parece perturbado por la idea de que Mia y Joonghyuk tengan un lazo como ese, que seguro ya habrá pensado también. Tampoco se muestra afectado por el descaro de Yoo Mia al llamarlo feo y verle con odio el día entero. Sooyoung se pregunta si este asqueroso rey demonio, además de imbécil, es un masoquista.
Probablemente lo fuera. Todas sus acciones lo delataban.
—¿Cómo no encariñarse? —Kim Dokja sonríe de manera encantadora, mientras hace aparecer una flor negra entre sus dedos y se la entrega a la niña, quien le mira mal mientras lo acepta. El adulto le acaricia la cabeza con cariño, alegrándose de que esta vez no lo reciba un gruñido de advertencia—. Esta familia es tan linda.
—Nunca te tomé por alguien tan frívolo —señala la mujer. Hurgando en los bolsillos de su vestido, saca un caramelo y se lo extiende a la malcriada mocosa que ahora también vive entre los muros de este castillo.
Mia también acepta eso, más alegremente de lo que habría aceptado cualquier cosa de Kim Dokja. El hombre se siente herido, pero no se nota tras su sonrisa perpetua.
—No estoy siendo frívolo, estoy siendo práctico —afirma el monarca con una seriedad exagerada. Mira a su compañera con ojos brillantes—. ¿Sabes cuál es mi otro título fuera del reino?
—El Rey Más Feo —responde Mia, con el caramelo en la boca, antes de que Sooyoung pueda pensar en la respuesta.
La duquesa demonio parpadea un par de veces. Deja de mirar a la niña para pasar su vista a Kim Dokja, frunciendo el ceño. Parece pensativa por un momento.
—Uh... Sí, definitivamente... —murmura la mujer, desviando los ojos incómodamente. Dokja siente que toda su autoestima cae al piso ante esa reacción tan pobremente disimulada, pero aprecia el intento de Sooyoung de no verse abiertamente asqueada ante su apariencia. Ella vuelve a mirarlo, casi con dolor, pero no sabría decir si era por el esfuerzo de tener que ver su cara o porque se sentía mal por él—. Entonces... ¿Es eso? ¿Un simple plan para que tu descendencia no sea tan... desastrosa como tú?
—En parte.
—Y ni siquiera lo niegas —escupe con desagrado—. Mírate, diciendo que no eres frívolo.
—Estoy seguro de que no piensas eso. Está bien, te daré más tiempo para que lo–
—Quiero ver a mi hermano.
La voz de Yoo Mia llama la atención de los adultos. La mocosa tiene otra de esas expresiones de genuino enojo, lo que generalmente termina en un berrinche digno de sacar de quicio incluso al hombre más paciente y severo.
Dokja le da unas palmaditas en la cabeza, intentando calmarla.
—Ya lo verás. Él está un poco ocupado ahora, así que si esperas–
—¡Quiero ver a mi hermano! —exige la niña, con ojos brillando en lágrimas y los puños fuertemente apretados, el caramelo olvidado en el suelo—. ¡Quiero verlo ya!
Sooyoung hace una mueca y Dokja suspira antes de asentir.
—Bien. Vamos con tu hermano.
La mujer le dedica una expresión decepcionada.
—Eres débil ante esta familia.
—No tengo ganas de escucharte.
—Soy tu consejero, vas a tener que escucharme igual.
El hombre rueda los ojos y extiende las manos hacia Mia. Ella no tarda en saltar a sus brazos, como lleva haciendo desde hace un tiempo. Ambos se han acostumbrados a ello, y la caminata en dirección al cuarto principal está sumida en un casi cómodo silencio. Han Sooyoung no los acompaña, dictando que no tiene ganas de ver la cara estúpidamente hermosa de una mujer falsa. Kim Dokja le mira mal por un segundo antes de ignorarla por completo y centrarse en distraer a Yoo Mia para que no empezara a llorar.
—¿Por qué mi hermano no puede salir de este lugar? —inquiere de pronto la niña cuando es bajada frente a las puertas del dormitorio. Ella frunce el ceño de manera amenazante hacia el rey demonio.
Dokja le sonríe con dulzura, escondiendo el fastidio de tener que contestar esa pregunta.
—Porque tu hermano se encuentra en un estado delicado. Salir sería peligroso.
Mia procesa esas palabras tan rápidamente como una niña de nueve años podría hacerlo. Luego, vuelve a mirar fijamente a Dokja.
—¿Es porque lo obligaste a convertirse en una chica?
—Yo... yo no lo obligué... —Suda profusamente ante la acusación. Con toda sinceridad, no es el culpable, pero tampoco sería capaz de afirmar que es inocente—. Pero es... No es exactamente por eso, Mia-yah. Es más bien porque...
Las puertas se abren abruptamente, y la figura amenazante de Joonghyuk aparece sólo por un segundo frente a Dokja. El héroe agarra a su hermana en sus brazos y vuelve a entrar al cuarto, sin darle una segunda mirada al dueño del castillo.
Kim Dokja suspira largamente y entra también al lugar, cerrando con cuidado la puerta. Ve a Yoo Joonghyuk colocar a su hermana en la cama y hacerle preguntas de rutina, «¿dónde has estado?», «¿quién estuvo contigo?», «¿tienes alguna herida?» y el más habitual y molesto «¿ese idiota te hizo algo raro?». Es una ofensa cruel contra su persona al albergar la más mínima idea de que Dokja sería capaz de hacer algo contra una niña. Por supuesto, era un Rey Demonio, pero no la epítome de la maldad ni nada parecido.
... probablemente.
—Afuera. Ese señor y la chica. No tengo heridas. Y él no me hizo nada —contesta Mia obedientemente, tan distinta a la actitud malcriada que muestra a los demás.
Dokja juraría que vio a Joonghyuk sonreír con ternura, pero finge que no fue así. Desvía la vista en el momento en el que el héroe acaricia con cariño la cabeza de su hermanita.
—Tengo hambre —alega Yoo Mia, haciendo un puchero. Se inclina hacia adelante y abraza el cuello de su ahora hermana—. Quiero comer comida deliciosa. La comida de aquí no me gusta.
—Kim Dokja, llévame a la cocina.
El hombre suelta un respingo y el libro en sus manos cae de nuevo sobre la mesa en donde estaba. Regresa su vista al par de hermanos, viendo a Joonghyuk alzar en brazos a Mia mientras le lanza una mirada fría a él.
—Estoy seguro de que acordamos que no puedes–
—Kim Dokja.
—Sabes que no... Mira, puedo mandar a traerte la comida que quieras, pero no es posible que abandones este lugar.
—Si no me dejas ir, romperé todo lo que hay aquí. Incluidos tus libros.
Ante la amenaza, Kim Dokja traga pesado y rápidamente abraza su libro favorito, escondiéndolo en su pecho. Mira con terror mal disimulado a Yoo Joonghyuk, y luego observa con cautela a Yoo Mia. La niña no parece afectada por las palabras de su hermano, ya sea porque no entienda la seriedad del asunto o porque no le importa en lo más mínimo. Quiere creer que es lo primero, asegurándose a sí mismo que una mocosa no sería tan cruel como para fingir indiferencia ante el dolor de la persona que ha estado cuidándola estos últimos días.
Un pensamiento muy ingenuo de su parte, claramente.
—Kim Dokja.
—Bien, bien. ¡Pero aléjate de mis libros! —exclama escandalizado. Joonghyuk sonríe de lado, triunfal. Dokja se siente cansado de ver esa expresión de autosuficiencia cada vez que pierde una discusión.
De esa manera, luego de guardar su libro favorito en un espacio creado con magia, lejos de la espada de Yoo Joonghyuk, deshace la barrera de la habitación y ata un hilo rojo en la muñeca del héroe. Por supuesto, recibe un gruñido de advertencia ante tal cosa innecesaria, escuchando cómo la dama se queja por el hecho de considerarle tan idiota como intentar escapar, pero hace caso omiso a tales palabras mientras agradece que el héroe no haya reaccionado peor por la decisión de mantenerlos unidos al caminar por los corredores en dirección a la cocina.
Cuando se hallan allí, otra barrera es puesta alrededor, bloqueando las puertas y un par de ventanas. Joonghyuk no se muestra molesto ante ello, probablemente acostumbrado a tales cosas luego del tiempo que lleva así, en cambio se dedica a colocar a Mia en un lugar seguro y ponerse manos a la obra con la comida. Dokja se siente un poco orgulloso de ver cómo esta persona parece cada vez más civilizada y menos aterradora gracias a él.
Luego recuerda la amenaza de muerte a sus libros.
Suspira pesadamente, preguntándose por qué le está cumpliendo los caprichos y dejándolo hacer lo que se le antoje dentro de los límites no acordados.
Un aroma delicioso lo saca de sus pensamientos, y rápidamente dirige su vista a la comida siendo sazonada. Se acerca, sin poder evitar su expresión curiosa y expectante. Ah, eso se ve y huele más delicioso que las comidas a las que está acostumbrado a devorar en sus ratos libres.
Yoo Joonghyuk usa unos palillos para alimentar un poco a Yoo Mia, quien gustosamente es la catadora principal antes de que el festín esté completamente preparado.
Un momento después, el héroe nota al rey demonio a su lado, mirando fijamente sus movimientos y la comida.
Lo aparta con una mano en la cara.
—Tres metros.
—¿Qué?
—Aléjate tres metros de mí si no quieres que uno de tus dedos acabe en la olla.
Kim Dokja tiembla, aterrado de que la muy cruel amenaza se haga realidad. Se aleja rápidamente, pegándose a una de las puertas, en caso de tener que huir por si Yoo Joonghyuk cambia de opinión y decide meterlo en la sopa. No está seguro de que sería sabroso, pero viendo las habilidades culinarias de esa persona, tampoco está seguro de que sería tan malo.
Milagros de protagonista, tal vez. Poder hacer algo delicioso con el cuerpo descuartizado de un rey demonio.
Kim Dokja no puede hacer a un lado la idea de que el sangriento héroe, que ya ha matado un montón de demonios antes que él, no habría experimentado con la carne de los mismos al meterlos en una sopa.
Un escalofrío lo recorre de pies a cabeza, y suelta un gemido imperceptible. Se sume en imágenes grotescas, causadas por su muy buena y muy cruel imaginación, y no percibe la cercanía de otra persona hasta que algo se desliza por sus labios.
Un sabor increíble. Lo hace quedarse en blanco.
Cuando regresa en sí, ve a Joonghyuk regresar a su lugar junto a la estufa. Mia se queja sobre algo, pero no es capaz de discernir sobre qué. Está más ensimismado en el sabor sobre su lengua. Y en lo injusto que es el maldito héroe al obligarlo a alejarse cuando bien se le había acercado para alimentarlo justamente después.
Pero no se lo va a recriminar. El trozo de cielo en su boca lo compensa todo.
Más tarde descubre que eso es lo único que tendrá de su parte. Yoo Joonghyuk no lo invita a comer y lo echa de la cocina para tener un almuerzo a solas con su hermanita.
—Bastardo...
—¿Qué haces aquí?
Kim Dokja termina de cerrar la puerta antes de dirigir una sonrisa confusa a Yoo Joonghyuk, que está sentado en el sofá junto a los estantes, con un libro en sus piernas y la ropa de dormir puesta. La luz de la vela ilumina la mitad de su rostro y las páginas desgastadas del ejemplar entre sus dedos. Dokja lo reconoce vagamente como un libro de historia y biología demoníaca, y se siente curioso al respecto, pero no hace preguntas de inmediato.
Camina con cuidado hacia el centro del cuarto.
—Bueno, es mi dormitorio —contesta vagamente, encogiéndose de hombros mientras sonríe de lado. Joonghyuk le da una mirada molesta—. ¿No sería más raro que no me apareciera aquí para dormir?
—No estuviste aquí el último mes.
—He estado un poco ocupado con el trabajo —explica a medias, sin hablarle acerca de que su exceso de trabajo es debido a los problemas que siguen en el continente luego de la desaparición del temido Rey Supremo. Problemas que el mismo Rey Demonio de la Salvación ha tenido que resolver como parte del acuerdo que lleva con esta misma persona que continúa invadiendo su sofá favorito.
—Creí que te habías cambiado de habitación.
—No puedo hacer eso —ríe suavemente. El héroe frunce el ceño, sin entender y empezando a molestarse por la falta de respuestas adecuadas—. ¿No lo dijiste tú misma? El lugar más seguro sería tu habitación. Si cambio mi habitación, ese sería el nuevo lugar más seguro. ¿No conoces la lógica en las palabras, Joonghyuk-ah?
Yoo Joonghyuk gruñe una maldición en su contra y cierra de golpe el libro, dejándolo sobre una mesa para ponerse de pie y dirigirse a la cama. Agarra una de las sábanas y una almohada para después regresar al sofá. Kim Dokja pone un rostro de sorpresa, entendiendo rápidamente lo que planea este estúpido héroe.
—Espera, no. No puedes dormir allí.
—Cállate, Kim Dokja.
—Hablo en serio —declara secamente, acercándose rápidamente al héroe y agarrando con firmeza uno de sus brazos, haciendo que le mire con enojo. No se intimida por ello, ni siquiera cuando el ojo dorado vuelve a brillar—. No pienso dejar que lo hagas.
—No pienso compartir la cama contigo.
—Bien. Puedes tenerla entonces.
—... ¿Qué?
—Te dejaré la cama —asegura, más suavemente, sintiéndose un tanto divertido por la confusión en la cara de Joonghyuk. Vuelve a sonreír, y su agarre antes firme se vuelve más amable, las yemas frías de sus dedos tocando el interior de la muñeca, la vena palpitante de un corazón que empieza a latir sospechosamente más rápido—. Yo dormiré aquí.
Una de las cejas de Yoo Joonghyuk tiembla suavemente, y luego de unos momentos, desvía la vista. El suave resplandor de la vela deja ver entre la penumbra un ligero sonrojo en las orejas del héroe. Kim Dokja agradece que el largo cabello negro esté recogido esta vez, dejándole admirar esta suave imagen.
—Estás cediéndome tu cama con demasiada facilidad —comenta Joonghyuk, chasqueando la lengua y apartando el brazo del ligero agarre que ha empezado a quemar sobre su piel. Pero no quemar de manera literal, como lo harían las malditas cuerdas del contrato que lo une con esta bestia en forma de hombre irritante; es mucho peor, un tipo de calor que se extiende por todo su cuerpo.
Joonghyuk ni siquiera quiere mirar a Dokja. O, más bien, no siente que pueda hacerlo.
—¿No sería eso natural? —La voz burlona del rey demonio inunda el silencioso cuarto. La mano que antes sostenía la delgada muñeca se levanta, acunando suavemente la mejilla del héroe, haciéndole volver su vista a él. Le dedica una sonrisa animada, descarada, demasiado cariñosa para ser normal—. Después de todo, tengo que mantenerte en buen estado, Joonghyuk-ah.
Yoo Joonghyuk siente un peso desagradable en la boca del estómago. Aprieta los dientes, percibiendo la furia burbujeando en su garganta. Palpa su cadera en busca de su espada, recordando tardíamente que la ha dejado en otro lugar. Tiene tantas ganas de ir a buscarla, agarrarla con firmeza y cortar la cabeza de este imbécil que está enfrente suyo, que le sujeta el rostro con dulzura, le habla con amor y le recuerda con crueldad la realidad de los lazos que los unen.
Pero Yoo Joonghyuk se recuerda, con algo de cansancio, que no tiene derecho a enfadarse por despertar de una ensoñación que lo embarga con el pasar de los días. Se lo agradece un poco, a esta rata desgraciada, por recordarle la naturaleza del acuerdo al que está obligado a cumplir.
Da un manotazo al toque en su mejilla y una mirada de advertencia al hombre.
—Duermes en el sofá.
Kim Dokja parpadea, y luego suelta una risita. Esa frase definitivamente se escuchó como algo que le diría una esposa molesta a su esposo idiota. Lo acepta sin rechistar, manteniendo su mueca amigable. Yoo Joonghyuk pasa de él, empujándolo en el hombro, para dirigirse hacia la cama.
Kim Dokja le observa de reojo, sorprendiéndose un poco por el hecho de que hay más luz en la habitación. Una de las ventajas ha sido abierta, al parecer, sin que él lo notara, y ahora la luz de una luna menguante ilumina la figura Yoo Joonghyuk. Casi se ve celestial de esa manera, con el vestido ligero sobre su piel, pegándose en las curvas, y el cabello en un peinado desordenado pero que, de alguna manera, sólo le da más encanto. Incluso su mirada fiera parece una suave obra de arte bajo la luminosidad azulada y fantasmal.
Pero al final, lo que más llama la atención del rey demonio es la casi imperceptible prominencia en el abdomen de Yoo Joonghyuk. Y Kim Dokja lo sabe. Ni siquiera una vida sedentaria podría hacer estragos en el cuerpo perfecto de un protagonista como lo es esta persona, como para que eso se note de esta manera. Lo que hay en su vientre ahora mismo no es el resultado de su encarcelamiento, es la causa de ello.
Suspira silenciosamente, y se desata el nudo en su cuello. Apaga la vela en la mesita con un soplido. Desvía la vista hacia los estantes y se pregunta cuántos libros más tendrá que leer a partir de ahora.
Más tarde esa noche, cuando escucha el ligero ronquido de Yoo Joonghyuk, Kim Dokja se pone de pie. Él no necesita dormir, cosa que el héroe probablemente no había descifrado todavía, pero está seguro de que lo descubrirá en algún momento. Como no es un humano ni tampoco un demonio de bajo rango, no sería difícil atar cabos, incluso si se trataba de un idiota como Joonghyuk.
Dokja camina en silencio por el cuarto, atravesando la distancia de la cama y el sofá. Se detiene antes de que sus rodillas toquen el colchón, y observa a la persona durmiendo entre las suaves sábanas de seda. El pelo ahora completamente suelto, bañando de negro las almohadas blanco, y el cuerpo increíblemente más pequeño y suave que el de su versión original. Es tan linda, piensa de nuevo, observando el rostro agraciado, capaz de hacer parecer cosa simple los rostros de las demás mujeres hermosas que ha conocido a lo largo de su vida. Pero incluso esta belleza no es suficientemente como para hacerlo olvidar, hacerlo ignorar la primera vez que se conocieron, la primera vez que lo vio y la primera vez que se dio la oportunidad de esta unión absurda.
Una risa irónica quiere escapar de sus labios, pero se lo traga. Un par de cuernos se hacen presentes en sus sienes y extiende una mano con garras negras hacia el héroe indefenso. Toca con suavidad la frente perlada, sus dedos fríos consiguiendo menguar un poco los temblores.
—No puedes fingir mientras duermes, Yoo Joonghyuk —murmura suavemente, una sonrisa cariñosa tirando de sus labios—. Quisiera saber qué te estará atormentando tanto, pero... Sueños felices, es lo primordial.
Recita algo en voz baja y, luego de unos segundos, los párpados fuertemente cerrados del guerrero se relajan, al igual que el ceño fruncido del mismo. Las respiraciones fuertes se suavizan en ronquidos más ligeros.
Cuando Kim Dokja le suelta, Joonghyuk da vuelta, quedando boca arriba.
Dokja mantiene su sonrisa y, sin querer, su visión se desvía de nuevo hacia el vientre de la mujer. Traga pesado y se aparta rápidamente. Agarra un libro al azar y lo lee con ayuda de una visión nocturna que lo hace gastar más maná más de lo necesario.
Al día siguiente, Yoo Joonghyuk despierta y lo primero que hace es observar en silencio, y por un tiempo inusualmente largo, el sofá completamente vacío.
—Estoy seguro de que Sooyoung ya te lo dijo, pero ¿no crees que estás dándole muchas libertades al prisionero?
Kim Dokja siente un ligero tic en la ceja. Golpea un dedo contra su brazo mientras mantiene los brazos cruzados. Luego de maldecir a Han Sooyoung, por última vez en el día, pone su mejor sonrisa de amabilidad falsa y gira a ver a su más fiel caballero.
Jung Heewon le está sonriendo de esa manera en la que avisa de un posible bombardeo de burlas en su contra.
—No sabía que podría considerarse dar libertad el dejarlo ir de la cocina al dormitorio y del dormitorio a la cocina. —Se encoge de hombros con desdén. Heewon deja escapar una risa entre dientes y mueve una mano en el aire.
—Tampoco lo es darle tu habitación privada —menciona con sorna. Dokja la ignora, así que ella prosigue—. O ir a quedarte allí todas las noches para cuidarle. Dejarle ver a su hermana, lo cual es el peor riesgo de todos ya que la desaparición de la misma pondría patas arriba al templo que la estaba custodiando tan fuertemente. O tan sólo permitirle salir de una celda y, además, estar al pendiente tú mismo cuando bien podrías dejárselo a cargo de alguien más.
—Lo dejé a cargo de Sooyoung —explica vagamente, sabiendo por dentro que es una excusa inútil—, pero Joonghyuk-ah tiene una personalidad un poco fuerte. Por primera vez, esa mujer astuta no supo cómo llevar a cabo una simple orden mía.
—O simplemente no te importó relevarla. —Su sonrisa descarada se mantiene. El hombre se encoge suavemente en su sitio, deseando que su pena no se materialice en un sonrojo. Jung Heewon deja de mirarlo para observar la puerta cerrada de la cocina, donde se encuentran en este momento los hermanos Yoo—. Incluso estás aquí, custodiando por ti mismo, cuando bien podrías estar metido en tu biblioteca, ahogándote en libros, o creando planes para derrocar a tus enemigos.
—¿Es así como me ves? Bueno, Heewon, puedes tomarlo como las vacaciones que siempre me recomiendas. ¿Qué es eso que siempre me dices? «Jefe, a este paso vas a morir por tu adicción al trabajo. Tómate un tiempo libre».
—Sí, como una persona normal —puntúa la caballero, borrando su sonrisa para poner una expresión severa—. Haciendo algo como salir a pasear al jardín o dormir todo el día para que esas espantosas ojeras tuyas se desaparezcan. O ir de viaje por el país que llevas cuidando todo este tiempo, ver lo que alcanzaste con tu esfuerzo.
—Y en mi ausencia por viajar o estar de vago, ¿quién estaría a cargo?
—Han Sooyoung no es tan mala opción.
—Tratará de tomar el trono.
—Se lo dejarías.
—Tienes razón, y ese es el mayor problema. Heewon, te aseguro que estoy–
De pronto, un estruendo en el interior de la cocina los interrumpe, y ambos entran apresuradamente al lugar.
Kim Dokja ve, con horror, cómo Yoo Mia se aferra a un Yoo Joonghyuk de rodillas en el suelo. El cabello atado deja ver la cara pálida del mismo y cómo tiene una mano en su boca, mientras un par de platos e ingredientes están tirados a su lado, probablemente habiéndose caído luego de un intento por ser un soporte para la persona en el suelo. A Dokja no le importa el desastre y, en un parpadeo, se acerca a Joonghyuk y trata de ayudarlo a ponerse de pie.
Entonces escucha el sonido de arcadas. Joonghyuk aprieta más fuertemente la mano contra su boca. Dokja piensa rápido y acerca una cubeta para que devuelva lo que ya no hay en su estómago.
—¡Heewon, agarra a Mia! —ordena prontamente tras ver la expresión horrorizada de la niña. La caballero no tarda en obedecer la orden y levanta a la pequeña, saliendo prontamente del lugar mientras le asegura que todo está bien. Mientras tanto, Kim Dokja sujeta los hombros de Yoo Joonghyuk para que no caiga hacia adelante en tanto se encuentra escupiendo rastros amarillos y haciendo sonidos desagradables de asfixia—. Está bien, está bien. Estarás bien, sólo no lo intentes tragar y...
Respiraciones erráticas. Dokja puede sentir la piel fría de Joonghyuk bajo la ropa, lo cual no es natural, porque su cuerpo siempre está cálido, acostumbrado a moverse y pelear. Pero ahora está temblando y parece que ha perdido toda su fuerza.
El rey demonio aprieta los labios. Sus ojos brillan en absoluta preocupación.
—¡Llamen al médico!
—Ella estará bien —declara la mujer, justo después de abrir la puerta para salir y encontrarse con la imagen de un rey demonio a punto de abrirse los dedos por estar mordiendo sus uñas. Ella le da una mirada tranquila—. Sólo fueron síntomas del embarazo. Si es la primera vez, probablemente se sientan fuertes. Tendrá náuseas y dolor de cabeza, o podría no tenerlos, depende de cada persona. Por ahora recomiendo alejarla de cosas que le causen episodios de vómito, parece que su reflejo náuseoso es más fuerte de lo común. Necesita descansar más a menudo también, se nota la fatiga. Pero fuera de eso, no hay algo grave.
Las palabras de Aileen son un alivio instantáneo para Kim Dokja, incluso si la voz de la mujer es plana y seca, como siempre suele serlo cada vez que explica a detalles los problemas en sus pacientes. La ve cerrar las puertas del dormitorio donde se encuentra descansando en este momento Yoo Joonghyuk, y luego estira a Dokja consigo para apartarse un poco del lugar.
El hombre siente algo pesado al percibir la seriedad en la mirada de la médico.
—Pero por otro lado, es extraño —es lo primero que dice Aileen luego de unos segundos en silencio, frunciendo el ceño mientras mira hacia las puertas cerradas—. Su cuerpo... está lleno de poder bendito, pero la cosa en su vientre–
—¿El bebé?
—Claro, puedes llamarlo así, ya que eres el padre. —Suspira suavemente, volviendo su rostro al monarca. Dokja frunce el ceño, repentinamente preocupado por la frialdad en las palabras de la doctora. Pero esa sensación ominosa se opaca por la mirada incómoda que de pronto le dedica Aileen—. Espera. Eres... eres el padre, ¿verdad? ¿O sólo la secuestraste así y...?
—Está bien —la detiene rápidamente, con una sonrisa en blanco—. Sí lo soy, solamente... Ve al punto.
—Como dije, ella está llena de poder bendito, casi como el de una santa. Así que el feto está tratando de absorber parte de ello, pero...
—... ¿Pero...?
—Eres un demonio, Kim Dokja. Así que el feto será parte demonio también —le recuerda con poca sutileza—. Los demonios no son muy afines al poder bendito. Así que ambos se están absorbiendo constantemente.
—¿Absorbiendo? ¿Qué significa eso? ¿Están...? —Traga pesado, sintiendo el sudor frío bajar por su cuello ante la idea que acaba de surcar por su mente—. ¿Están... intentando matarse...?
—No exactamente. —La declaración saca un suspiro de alivio a Dokja, pero Aileen no se ve menos seria—. Pero el... bebé, se está alimentando de cantidades extremas de poder bendito. Y aunque el cuerpo de la madre parece no rechazarlo a pesar de la diferencia de esencias, es ciertamente preocupante porque parece mantener a raya lo que deja que absorba. Si se drena por completo o si no es suficiente para alimentar...
—Entonces, ¿qué hay que hacer? —Va directo al punto, preparándose mentalmente para cualquier medida a tomar para arreglar la situación.
No puede dejar que alguno de esos dos muera. No ahora que llegó tan lejos. Arruinaría el plan principal.
Aileen Makerfield se toma un momento en silencio, como si estuviera buscando las palabras correctas para explicarle.
Después de un rato, abre la boca.
—¿Cuánta intimidad tienen ustedes dos?
Kim Dokja no se preparó mentalmente para esa medida en específico.
Así que hace lo que mejor sabe hacer cuando algo no sale según lo planeado y se encuentra sin capacidad de improvisar.
—¿A qué te refieres?
Hacerse el idiota.
Pero, lastimosamente, Aileen no es del tipo que cae en cosas como esas.
—Me refiero a que si han tenido–
—Entendí —la interrumpe rápidamente, sudando más fuertemente al tiempo en que sus labios tiemblan y sus pupilas se vuelven puntos mientras observa a la estoica doctora—. Sólo... ¿Otra manera? ¿No hay otra manera? —pregunta, casi con desesperación.
—Podría haberla, pero la más segura es esta.
—¿Por qué? —Frunce el ceño, sintiendo atacante la situación—. ¿Por qué hacerlo es siquiera una opción? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
—Sangre, sudor, fluidos. El ADN en sí contiene parte de la esencia de cada ser. Eres un rey demonio, tal vez una gota de sudor contenga suficiente para reconocer que tienes más poder que un demonio común. Por lo tanto, si liberas un poco en ella–
—No entremos en detalles —la detiene rápidamente otra vez, apartando a un lado cualquier imagen mental que se cruce ante la mínima descripción. Traga saliva, sintiendo la boca repentinamente seca—. ¿Cuáles... cuáles son las otras opciones?
—¿Quieres algo que ponga en peligro a tu hijo o a tu esposa?
—¿Qué?
—Escoge. Uno de los dos. Las otras opciones sólo nos dejan elegir también.
—Eso... Ella no es mi... —Su respiración se vuelve pesada mientras su mente se desvía hacia otras cosas, sintiendo desagrado al no poder controlar sus ideas. Se desespera, apenas recordando la última vez que se ha percibido a sí mismo estando tan perdido a la hora de decidir.
Aileen enarca una ceja, viendo como Dokja se queda en silencio por un momento, con la mirada en blanco y mordiéndose el interior de las mejillas.
Finalmente, el rey demonio cierra los ojos e inspira profundamente.
—Está bien. —Asiente con la cabeza, y aunque su tono sea frío, hay resignación en sus ojos, y un miedo incalculable. Ya no mira a la doctora, en cambio, observa las puertas cerradas de la habitación—. Está bien, yo... Me encargaré del resto. Gracias por tu ayuda, Aileen.
La mujer asiente y se despide.
«No puedo darme el lujo de perder a alguno», se recuerda Kim Dokja con pesar. Y un deje de molestia.
Esta situación es un fastidio.
Pero cuándo Yoo Joonghyuk no fue un completo fastidio.
Una taza cae al suelo hasta hacerse añicos. La silla es tirada para atrás y una espada se abre paso entre el espacio que había creado la mesa en la habitación. La persona que sostiene el mango hace una mueca de ira ardiente, sus ojos iluminados en furia y advertencia, mientras observa fijamente al ente demoníaco al final de la hoja negra. El monarca termina de beber un último trago del té, antes de dirigir una sonrisa petulante a la mujer frente a él.
—No te ves muy emocionado por la noticia, Yoo Joonghyuk.
—Kim Dokja —gruñe su nombre, con los dientes apretados—. Si escucho una broma desagradable como esa otra vez–
—Oh, pero si no es una broma. —Sonríe, enseñando los colmillos, los irises negros pintándose con vestigios carmesí, parecidos a gotas de sangre espesa. Dokja deja su taza sobre la mesa y luego se pone de pie con calma, la espada siempre siguiendo su cuello—. No bromearía con tal cosa.
—Podrías, eres lo suficientemente desagradable como para hacerlo. Maldito mentiroso oportunista.
—Títulos halagadores —suspira el rey demonio, encogiéndose de hombros—. Pero, sinceramente, no estoy haciendo una broma. Puedo llamar a la doctora para que te lo explique y–
—No confiaré en ella. Trabaja para ti.
—Terco, terco. Estoy intentando que creas en mis palabras.
—... Creeré en tus palabras —dicta después de un pesado silencio, bajando el arma. Kim Dokja está a punto de suspirar de alivio, hasta que ve al héroe dándole la espalda y dirigirse a la salida—. Pero hasta aquí llega nuestro acuerdo.
—¿Eh?
—No caeré en tus trucos. —Se detiene en la puerta, dándole una mirada de reojo. Hay frialdad destilando en su estoica expresión—. Me haré cargo de esto yo mismo.
—¿Qué...? ¿A qué te refieres con...?
Sus palabras se atascan en el momento en el que la punta de la espada negra es apuntada hacia la persona que lo sostiene. Más específicamente, hacia el vientre de la mujer.
Cuando Joonghyuk está a punto de enterrar el metal en su carne, hilos rojos se enredan en su muñeca derecha y estiran su mano lejos de su abdomen. Suelta un grito ahogado cuando siente el calor ardiente quemando su piel, esta vez tan despiadado y seco que está seguro de que ha dejado una marca. Si inhala lo suficiente, casi podría oler su propia carne quemándose. Sisea con dolor y luego deja escapar un gruñido gutural en dirección a la otra persona dentro de la habitación.
Al ver a Kim Dokja, se da cuenta de que el rey demonio no tiene atisbo alguno de una sonrisa en la cara. Sus ojos oscuros están observándole con fijeza, las pupilas hechas puntos y los rastros rojos casi inundando por completo el negro de los irises brillantes. La mueca en sus labios es algo que nunca antes había visto en él, parecido al de un hombre que ha perdido el sentido de su realidad actual. Su mano izquierda está levantada, las garras negras cerrándose en el aire, controlando la fuerza de los hilos que sostienen a Yoo Joonghyuk.
Mueve los dedos pálidos. Más hilos aparecen en el cuerpo del héroe; anudando su otra mano, sus tobillos y su estómago, sin tocar ni por asomo el vientre ligeramente abultado. Quema, Yoo Joonghyuk se queja por dentro, pero el calor en el resto de su cuerpo no es como el de su muñeca derecha.
La palidez en Dokja se vuelve peor en cuanto las alas y los cuernos se hacen presentes. No sólo un par de alas, esta vez son cuatro y se arrastran al suelo. El hombre comienza a caminar pausadamente en dirección a la otra persona, hasta detenerse justo a su lado.
Joonghyuk aprieta el agarre en su espada. Quiere liberarse y cortar de un tajo el cuello de este imbécil.
—¿Acaso eres estúpido?
Yoo Joonghyuk aprieta la mandíbula y enseña los dientes en una mueca de furia incontenible. Su largo pelo negro cubre parte de su rostro, pero el brillo en su ojo dorado se filtra entre las hebras de ébano, mientras observa con odio profundo al demonio que tiene enfrente.
Kim Dokja sonríe, pero no es una sonrisa parecida a las demás. Es burlona, cruel y desesperada. Como si no supiera qué sentimientos tener en este momento.
—¿Piensas que te dejaré terminar así? —Una risa seca escapa de sus labios, pero no se parece a una risa en lo absoluto. Es más como un lamento, tan extraño. Joonghyuk no quiere descifrarlo—. ¿Olvidas que la única razón por la que sigues con vida en este lugar es gracias a mí?
—Kim Dokja...
—Estoy pensando en quitarte el derecho de llamarme por mi nombre —comenta con repentino desdén, extendiendo su mano hasta tocar los labios rojos de la guerrera. Ella le muerde, pero incluso si los dientes romos le sacan sangre, él no se inmuta—. Llegamos muy lejos hasta ahora, Yoo Joonghyuk. No puedo dejar que te eches para atrás en este punto, sólo porque me rechazas. Es impensable. ¿Tienes idea de todo lo que hice para...?
Se calla abruptamente, mordiéndose la lengua. Aparta la mano de la boca femenina y la herida de su pulgar se desvanece como si nunca hubiera estado allí en primer lugar. Luego mantiene una expresión severa para con el héroe que sigue viéndole con furia.
—Yoo Joonghyuk...
—Suéltame ahora mismo, Kim Dokja. O te mataré.
Kim Dokja deja escapar un largo suspiro, uno triste.
—No dudo de que lo harías de cualquier forma. —Una falsa sonrisa forzada adorna su rostro de nuevo—. Pero, Joonghyuk-ah, es ingenuo de tu parte asumir que tienes el poder para hacerlo en este lugar. Así que sé una buena chica y–
El mango de la espada gira en la mano experta de su dueño y corta el hilo que lo mantiene preso. Dokja queda estupefacto por un milisegundo, antes de enredar nuevamente un hilo en la mano libre, deteniendo el ataque que iba directamente a su rostro.
La punta de la espada se detiene a un centímetro de sus ojos.
El rey demonio enseña una sonrisa divertida.
—Parece que no te gustan los elogios, Yoo Joonghyuk —se burla, haciendo a un lado el arma, apretando la cuchilla en su mano hasta sacar sangre. No deja de mirar a Joonghyuk.
Y Joonghyuk también lo mira, pero a diferencia de Dokja, su expresión cambia drásticamente. El dorado en su ojo se disipa y observa, con las pupilas empequeñecidas, la insana cantidad de sangre que mancha la hoja del arma y se resbala por la pálida mano del hombre, pintando la piel blanca en rojo y ensuciando las mangas de la camisa, perdiéndose bajo la tela y goteando sobre la alfombra, haciendo ecos crueles por toda la habitación.
—¿Hm? ¿Por qué esa cara, Yoo Joong–?
Repentinamente, la espada cae al suelo. Kim Dokja no la sujeta, porque sus manos no tardan en ir a agarrar el cuerpo que ha perdido toda su fuerza y se desploma sobre él.
Los hilos se deshacen y Kim Dokja alza en sus brazos a un inconsciente Yoo Joonghyuk. La expresión de pánico no tarda en hacerse presente y cae al suelo de rodillas. Acomoda al héroe entre sus brazos y mira su rostro dormido, al que le da ligeras palmaditas hasta que se detiene rápidamente, notando que ha manchado la cara de Joonghyuk con la sangre de la herida que no se cerrará como las demás debido a que fue hecha con esa espada especial que está destinada a matarlo.
Aparta la mano y se muerde los labios.
—Joonghyuk... —lo llama suavemente, sintiendo escozor tras sus ojos. Toda su ira se disipa mientras le mira, tan vulnerable entre sus garras. Incluso si las imágenes de esta persona de repiten en su memoria, de cómo estaba a punto de tirar por la borda todos sus esfuerzos, de cómo lo ha mirado con odio desde el primer momento; no causa nada, nada comparado al horror de ser el culpable del estado debilitado del héroe—. Joonghyuk, yo...
No puede disculparse. Ha hecho cosas peores y no se ha disculpado.
Y ni siquiera es culpa suya que Yoo Joonghyuk haya acabado así. Es culpa del mismo idiota quien, de no haber olvidado lo que su espada era capaz de hacer en el cuerpo de Dokja, no habría intentado asestarle un golpe que tal vez no hubiera sido mortal si se tratara de otra arma.
Pero Joonghyuk estuvo a punto de matar realmente a Dokja.
El rey demonio exhala un suspiro cansado. Se levanta del suelo y camina hacia la cama.
—Idiota —murmura, con una sonrisa torcida. Siente su sangre resbalar contra su piel, siente el dolor de la herida abierta, siente cómo la tela de la ropa de Joonghyuk se pega por la humedad cálida. Será difícil de limpiar—. Idiota —repite, más suavemente, mientras coloca el cuerpo ligero sobre el colchón y lo acomoda con cuidado—. Idiota... Idiota, idiota, idiota.
Ya no se lo está diciendo a Yoo Joonghyuk.
Se sienta a un lado del cuerpo inconsciente. Extiende su mano sana hacia la dama, las garras brillando en oscuridad. Su expresión se enfría, sin sonrisas ni cariño en sus ojos.
—Ahora que estás inconsciente, haz vuelto las cosas más sencillas para mí.
Sin embargo, antes de poder tocar la piel de la otra persona, se detiene. Escucha un goteo. Aleja lentamente la mano.
Lágrimas caen sobre las sábanas.
—Ah, sí... Es cierto. —Sonríe levemente, desviando la vista—. Yo simplemente no soy así.
De esa manera, guarda silencio por el resto de la tarde. Si las lágrimas continúan, es asunto suyo y de nadie más.
Cuando Joonghyuk se despierta, ya es de noche. Hay comida en la mesa. La sangre ha sido limpiada y no hay heridas de quemaduras en sus brazos. Su espada ha desaparecido.
Kim Dokja no se aparece en toda la noche.
Yoo Joonghyuk observa la luna llena y maldice el nombre de ese imbécil más de mil veces.
—Lamento haberte puesto mal.
Divertido. Esta imagen es divertida.
El príncipe heredero de Inframundo y único monarca del reino demoníaco, disculpándose abiertamente con quien debería ser su acérrimo enemigo, el héroe bendito por Edén y los dioses del Bien Absoluto.
No hay otras palabras para describir la situación más que el hecho de que es genuinamente divertido.
Pero no podría reírse aunque quisiera.
Yoo Joonghyuk chasquea la lengua y acaricia la cabeza dormida de Yoo Mia en su regazo. Al mirarla y tomarse un tiempo para pensar, se da cuenta de que Kim Dokja eligió este momento en particular para aparecerse y pedir disculpas, sabiendo bien que no podría ser atacado por la furia extrema del héroe mientras su hermanita estuviera tan cerca.
Astuto. Rastrero.
Joonghyuk suelta un gruñido antes de mirar con enojo a Dokja. Éste último se remueve incómodo en su sitio, de pie frente a la cama, evitando todo contacto visual.
Yoo Joonghyuk observa de reojo las vendas en la mano derecha del hombre, luego rápidamente quita la mirada de allí, ahogando cualquier sentimiento de culpa.
—No me pusiste mal —declara secamente—. Si terminé así es por... el bebé.
La mirada de Kim Dokja finalmente deja de pasearse por los alrededores para dirigirse únicamente a Yoo Joonghyuk. La expresión del rey demonio se torna tanto confusa como sorprendida.
La ceja de Joonghyuk tiembla suavemente antes de que vuelva a hablar.
—Actué precipitadamente —admite el héroe, con ligera torpeza. Siente que le duele físicamente decir estas palabras, pero sabe que no tiene de otra si es que desea que el plan siga su curso. Incluso si se trata del insufrible demonio frente a él, tiene que hacer algo para que las cosas no empeoren más. Aunque bien que la situación ya se había ido lejos de lo aceptable por culpa suya, no tiene derecho a rendirse—. Y también... estuve a punto de clavar una espada en mi estómago. No sería la primera vez, pero ahora de verdad no debí hacerlo.
Kim Dokja parpadea varias veces, procesando lentamente lo que está escuchando. Casi se pueden escuchar los engranajes de su mente. Hasta que se detienen con un chillido.
—Joonghyuk-ah, ¿estás bajo el efecto de alguna droga?
Yoo Joonghyuk aprieta los dientes y le da la mirada más fea que le habrá dado desde que se conocieron. Por suerte, eso es suficiente para hacer que Kim Dokja relaje su cara preocupada.
—Parece que no. —Sonríe aliviado—. Y en cuanto al actuar precipitado... Lo vamos a atribuir a las hormonas, en todo caso. ¿Esto quiere decir que me perdonas?
No hay nada que perdonar.
—Sí. —Orgulloso, desvía la vista de manera engreída. Dokja se enfadaría si no pensara que se ve absolutamente hermosa.
—En ese caso, ¿qué te parece si tenemos una conversación adecuada esta vez? Una en la que no tengas que apuntarme con una espada.
—Bien.
El rey demonio parpadea varias veces.
—¿Bien? —repite, desconcertado.
—Bien —vuelve a decir Joonghyuk, con la misma seriedad. Con cuidado, saca a Mia de su regazo y la acuesta en la cama, arropándola antes de ponerse de pie—. Adelante.
—¿Eh? ¿Pero ni siquiera vas a quejarte por la desaparición de tu espada?
Yoo Joonghyuk traga pesado. Su mirada se llena de indecisión por un momento, antes de regresar a la realidad y aceptar el presente y el futuro.
—Si vas a hablar de la espada, entonces no hay cosas importantes para discutir.
—No, no, no —lo detiene rápidamente, moviendo las manos—. Yo solo... me estaba asegurando. No creí que estarías dispuesto a tener una conversación sin tu espada presente, ya sabes, porque tal vez te da confianza saber que puedes cortar a quien no comparte tus ideales y... Por favor, no me mires así, sólo estoy bromeando.
Joonghyuk siente un tic en el ojo y hace uso de toda su fuerza de voluntad para no extender las manos y estrangular hasta la muerte a este hombre a su lado. En cambio, lo agarra del cuello de la camisa y lo arrastra en dirección a la salida del cuarto. Escucha sus quejas, pero hace oídos sordos. No quiere tener algún tipo de conversación extraña en el mismo lugar donde está durmiendo Mia.
Chasquea la lengua.
—Vamos a tu oficina.
Kim Dokja suspira audiblemente y dice que lo permitirá, como si por algún instante estuviera dispuesto a negarse a algún pedido de esta persona. Por supuesto, Yoo Joonghyuk no necesita saber acerca de la repentina falta de voluntad del rey demonio cuando se trata de las exigencias del héroe.
—¿Algo importante que señalar?
—¿Además del hecho de que parece que te ahorcaron toda la noche? Yo diría que no.
Kim Dokja se vuelve una estatua en su asiento, los papeles apretados entre sus dedos y su mirada en blanco, antes de que reaccione precipitadamente y lleve una mano al cuello de su camisa, alzándola en un vano intento de ocultar el collar de marcas rojas en su cuello. Han Sooyoung suelta una risa de burla mientras ve a su amigo sonrojarse hasta las orejas y poner un rostro incómodo.
Silba suavemente, sólo para seguir molestándolo.
—Parece que te estás divirtiendo mucho en las noches.
—Eso no es de tu incumbencia, Han Sooyoung.
—Oh, pero me alegro con sinceridad —se queja dramáticamente—. Todavía recuerdo lo que sucedió hace unos meses. Dios, pobre de ti. Cada vez que salías de tu dormitorio parecía que te habían quitado veinte mil años de vida. Casi me alegro de que ese bastardo y tú hayan llegado a una tregua donde no esté intentando matarte.
Guarda silencio un minuto y después hace una cara de disgusto.
—Bueno, al menos si el sexo no es tan rudo...
—Cállate y dime cosas importantes.
—Quiero un aumento de mi salario por lidiar con ustedes dos.
—Algo más importante.
—Oh, bien. Yoo Sangah envió un informe sobre la situación en Edén. —Dejando completamente a un lado su actitud divertida, la mujer demonio se acerca al escritorio en mitad de la oficina para enseñarle a su compañero una pila de papeles llenos de información. Kim Dokja los lee con rapidez mientras ella prosigue con su diatriba—. No hay movimientos de parte del grupo de héroes. No hay señales de que la guardia de arcángeles esté preparándose para la guerra. Al menos, no más que normalmente.
—¿Qué hay de los otros reyes demonios?
—Heewon, Hyunsung y Gong Pildu ya se encargaron de los más problemáticos. —Mientras busca en sus bolsillos, toma asiento sobre la mesa. Sooyoung no tarda en ignorar la mirada de disgusto de Dokja ante el descaro de su actuar, y en cambio le extiende una paleta, que él acepta a regañadientes para volver a leer los informes—. El único problema real podría ser Asmodeus.
—¿Qué hay con él esta vez?
—Eso es lo extraño. —Frunce el ceño mientras lleva otro caramelo a su boca, mordiendo con fuerza. La mujer cruza las piernas y mira con seriedad a su compañero—. No ha hecho nada llamativo en el último mes.
Si Han Sooyoung estuviera diciendo eso sobre cualquier otro Rey Demonio, incluyendo al propio Kim Dokja, tal vez sería un alivio de escuchar. Pero ambos estaban muy de acuerdo en que Asmodeus no era una existencia para tomar a la ligera, y cualquier falta de actos extravagantes podría significar lo mismo que significa la tensión excesiva en una goma; sólo era cuestión de tiempo para que se desate, con más fuerza que normalmente. Y obviamente nadie quiere tal cosa cuando se trata de ese rey demonio en específico.
Kim Dokja inhala suavemente, y saborea el ácido en el caramelo. Agradece que el mal gusto de Han Sooyoung con los dulces sea bueno para mantenerlo concentrado.
—Haz que Hayoung y Donghoon se infiltren a su reino. Ellos podrían conseguir más información desde adentro.
—Peligroso, no lo recomiendo. Además, hay otra cosa.
—¿Qué más?
—Ese tipo... —Saca la paleta de su boca y desvía la mirada. Dokja la ve hacer una mueca desagradable, como si estuviera sumamente molesta de recordar lo que sea que haya dicho Asmodeus—. Nos envió un mensajero. Ha dejado felicitaciones para ti, por tu futuro sucesor.
El caramelo en la boca de Kim Dokja se parte en pedazos. Un sonido desagradable, como el de huesos quebrándose, provoca escalofríos en Han Sooyoung. Ella mira con cierta lástima la imagen de su amigo perdiendo la calma que suele caracterizar con una sonrisa perfecta.
—¿Cómo se enteró? —inquiere el rey demonio, con un tono helado y seco. Sooyoung vuelve a comer su dulce, volviendo a su actitud despreocupada, como si no estuviera sinceramente angustiada por la misma cosa que está robando la compostura de Dokja.
—Yo tampoco lo sé —masculla, con voz molesta. Él abre la boca, pero ella habla antes—. Ya me encargué de cualquier traidor. También descubrí que, aunque Asmodeus sabe de tu hijo, no sabe quién es la madre. Es un punto a favor.
—No lo es. —Se pone de pie repentinamente y saca de sus labios el último vestigio del caramelo. Camina por la habitación, poniendo un rostro pensativo, mientras sus ojos tiemblan en desesperación.
Han Sooyoung ya lo ha visto así un par de veces, pero podría contar esas ocasiones con los dedos de una sola mano. Incluso si han estado siendo amigos por más de cien años, era extraño ver a Kim Dokja perder la compostura de esta manera. El miedo se filtra fácilmente en sus expresiones y seguramente su mente se está desbordando en un millón de ideas, llevándolo a un plano distante a la realidad. Sooyoung lo conoce lo suficientemente bien como para entender su línea de pensamiento.
Pero nunca había visto que Dokja se ensimismara tanto por otra persona.
—Hey, cálmate. Pareces un loco —regaña en broma, bajando del escritorio con un salto. Se dirige al hombre para poner una mano en su hombro y detenerlo en el momento en el que empieza a murmurar para sí mismo—. Será mejor que no actúes como un idiota. Sabes que Asmodeus no puede tocarte.
—A mí no. ¿Pero qué hay de Yoo Joonghyuk? —inquiere, mirándola de reojo. Su cara permanece fría, amenazadora de una manera en la que Sooyoung no está acostumbrada. Siempre es una sonrisa mordaz, no una seriedad abrumadora—. Ella es... Él es el héroe, el Rey Supremo. Ha matado a antiguos y poderosos reyes demonios desde hace suficiente tiempo. Asmodeus no tardará en ir por su cabeza en el momento en el que se entere que está lejos de la protección de Edén y los de su grupo.
—Si ha matado tantos reyes demonios, no es tan débil.
—Ahora mismo... —Dokja cierra la boca y su expresión se suaviza. La culpa se hace presente y desvía la mirada, tragando con pesadez—. Ahora mismo se encuentra incapaz de pelear. No podrá protegerse si Asmodeus decide atacarlo.
—Bueno, ¿no estás aquí para eso? —Le da una palmada fuerte en la espalda, haciéndolo tambalearse hacia el frente—. No sé qué clase de acuerdo raro hayan tenido ustedes dos como para que ese idiota insufrible haya aceptado la idea de tener un hijo contigo, pero eso ya se ha convertido en tu responsabilidad. Si él no puede protegerse, vas a tener que protegerlo. Mínima decencia, Kim Dokja.
Kim Dokja guarda silencio, sopesando con cuidado las palabras de Han Sooyoung. Luego de un rato pensando en sus opciones y separando sus ideas más buenas de las estúpidas y peligrosas (no para él, porque obviamente seguiría las peligrosas si se tratara de sí mismo), llega de nuevo a la serenidad acostumbrada. Que no es mucho, pero es una velocidad menor.
Sonríe hacia Sooyoung.
—... Sabes, a veces siento que es irónico el hecho de que eres como una voz de la razón.
—Por algo soy tu consejero. —Alza la cabeza con orgullo, y sonríe enseñando los colmillos—. Un consejero que necesita un aumento. ¿Qué tal si discutimos mi paga...?
—Ya te pago lo suficiente. No seas codiciosa.
—Soy un demonio. Ser codicioso sería lo normal. —Le dedica una mirada aburrida, que Dokja ignora por completo para dirigir su atención a su trabajo otra vez—. En todo caso, el raro eres tú. ¿Por qué aliarte con tu enemigo? Y no me vengas con la estupidez de su belleza. No eres tan superficial, o ya te habrías casado conmigo hace mucho tiempo.
Kim Dokja le da una expresión de asco fingido, que ella toma personal. La mujer golpea la parte posterior de la cabeza de su jefe, y éste suelta una risita, como si no le hubiese dolido en lo más mínimo, aunque están seguros de que se quedará un chichón más tarde.
—Consideraré decírtelo más tarde.
—Sé más específico. «Más tarde» podría significar esta noche o en trecientos años. No voy a confiar en tu ambigüedad, Kim Dokja.
Dokja siente un pinchazo de molestia por el hecho de que Sooyoung ya sepa sobre los puntos vacíos en sus palabras, la estrategia maestra que lo ha llevado a hacer su voluntad contra los demás tantas veces, se ha vuelto inútil bajo los ojos de la duquesa. Es cada vez más difícil engañarla.
—Más tarde será... —Se toma un momento en silencio, y sonríe de manera encantadora—. Cuando mi sucesor haya nacido. ¿Te parece bien?
Ella chasquea la lengua y muerde el último trozo de su caramelo.
—Seguro, seguro —acepta, de mala gana pero no enfadada—. Será, ¿cuánto? ¿Tres meses más? —Dokja asiente, ella también—. Está bien, puedo esperar eso. Es un trato.
Kim Dokja se toma un segundo para pensar acerca de por qué está aceptando las demandas de Han Sooyoung, pero al final ya lo sabe; es uno de los pocos aliados más confiables que le quedan en este mundo. Y si tuviera que decirle todo incluso al final de este día, probablemente lo haría.
Sooyoung le da una última mirada de diversión y cariño bien disimulado antes de retirarse del lugar.
Con el clic del cerrojo, los murmullos y pasos apresurados se cortan, y la respiración pesada se calma. La doctora se dirige hacia el hombre de pie a un lado del corredor, y éste le mira con incertidumbre.
—Todo salió bien —alega Aileen, con la expresión serena y una mirada casi orgullosa.
—La sangre en tu ropa me dice lo contrario.
—La sangre en tus dedos me dice que debes mejorar tus hábitos ansiosos.
Kim Dokja se tensa y cierra los puños a los costados de su cuerpo, sintiendo escurrir las gotas secas sobre su piel, mientras el dolor de las heridas envía punzadas leves que lo mantienen en tierra, evitando que su mente divague.
Aileen suspira y se quita los guantes ensangrentados con una maestría digna de años de práctica, antes de volver a hablar.
—No negaré que fue difícil, ya que el cuerpo original no es ese, pero se las arregló bien —explica pausadamente, llevando a cabo su charla habitual para con los familiares de sus pacientes. Aunque se sienta reacia a entender la relación entre Joonghyuk y Dokja, pero no es algo le incumba—. No sabría decir si es por sus años en batalla, que lo volvieron más tolerante al dolor, pero le fue significativamente menos mal de lo que había previsto. Pero, como es normal, un parto es peor que simplemente tener un corte de espada en el vientre.
—¿Entonces está bien? ¿O está mal? Siento que estás retrasando el final porque es malo.
—Está bien. —Ignora por completo el tono grosero, acostumbrada a que los padres actuaran así luego de las horas—. Tanto la madre como la niña. Las enfermeras se están encargando de limpiarlas. Puedes entrar–
Dokja no la escucha terminar y entra apresuradamente a la habitación. El aroma a sangre golpea fuertemente su nariz cuando cruza las puertas, espantándolo por completo, pero antes de entrar en pánico y buscar desesperadamente la causa, sus ojos se topan con otra imagen.
Se le corta la respiración.
Con los pies temblorosos, se acerca con prisa a la cama, donde yace inconsciente el casi etéreo cuerpo de Yoo Joonghyuk. Siente un nudo en la garganta mientras le mira, y las voces de las doncellas a su alrededor se sienten amortiguadas, no las escucha. Se detiene justo a un lado del colchón, con el corazón en la boca y una sensación pesada en cada uno de sus miembros. Extiende los dedos hacia la persona acostada sobre el lecho limpio. No hay rastros de sangre por ningún lado, pero casi es capaz de visualizar las manchas rojas en las sábanas, en la ropa y en la piel. Todo continúa apestando a su sangre y a la esencia bendita a la que se ha acostumbrado desde hace tiempo, pero que todavía le causa dolor de cabeza.
No le gusta esta imagen de Yoo Joonghyuk. En el tiempo que lleva allí, nunca se había visto tan distinto del primer instante en el que se toparon. No hay un sólo rastro de la persona que conoció hace ya un año. La piel bronceada se ha vuelto pálida. El ceño fruncido no está dibujado, como si el dibujo del pincel haya sido borrado y hecho en su lugar una cosa tranquila, distinta a la fuerza natural. Su cuerpo, pequeño pero nunca débil, se ve como si fuera a desvanecerse.
No le gusta. A Kim Dokja no le gusta ver esta debilidad. No le queda a la persona que tiene enfrente. No—
—Su Majestad.
Una enfermera en especial se acerca a él, justo a su lado. Dokja la mira de reojo, pero antes de que cualquier rastro de advertencia surque sus ojos, percibe lo que la chica trae en las manos.
Retrocede un par de pasos por pura inercia, la sorpresa dejándose ver en su cara. Escucha una risa de parte de la enfermera, pero no es burla. No sabe qué es exactamente, no puede descifrar nada de lo que sucede a su alrededor.
Sólo puede observar a la bebé envuelta en mantas blancas.
Suave.
—Ah... —Intenta hablar, abre y cierra la boca varias veces, y parpadea copiosamente, tratando de salir de su estupor. Está viéndose como un idiota, por supuesto, pero no puede hacer mucho en su estado—. Yo...
—¿Quiere sostenerla?
La niña se remueve levemente cuando es extendida hacia él, pero no se despierta, demasiado cómoda en la calidez de la ropa y los toques.
Suave.
Kim Dokja traga pesado. Sus manos todavía están llenas de sangre y no ha usado ningún hechizo de curación. Intenta pensar en uno, pero no puede quitar su atención de la pequeña criatura que está bajo su mirada.
Ella es blanca como papel recién hecho. Ella tiene el pelo negro y su nariz es pequeñita y está bostezando y—
Suave.
Ah, sus manos están temblando.
—Yo... no...
De repente, las puertas son abiertas de par en par, creando un estruendo. Kim Dokja mira con horror hacia allí, viendo entrar a Han Sooyoung al cuarto y caminar rápidamente hacia él. No puede reaccionar todavía, quedándose en blanco mientras la mujer enseña una sonrisa divertida al verle.
—Te ves como un idiota —comenta con burla, acercándose más hasta detenerse justo a lado de la enfermera con la bebé. Se inclina hacia la pequeña, mirándola con interés—. Hey, resulta que no es fea. Es linda, lo cual es raro en una recién nacida. ¿Serán los genes de protagonista?
—Sooyoung...
—Esa soy yo. ¿Qué sucede?
Cuando Han Sooyoung deja de mirar a la criatura para detener su atención en su mejor amigo, lo ve hecho una estatua, sudando frío y con una expresión extraña que tal vez nunca haya visto antes.
O, quizás, sí ha llegado a ver.
Miedo.
Dokja está aterrado. Si Sooyoung no lo conociera lo suficiente, pensaría que es un idiota por mostrarse así en un momento como este. Pero Sooyoung lo conoce lo suficientemente bien como para entender lo que sucede en esa cabeza maltrecha.
—No seas bobo —escupe seriamente, y lo agarra de la muñeca para acercarlo más a la señorita con la bebé. Con la poca paciencia que tiene, la demonio obliga a su amigo a mover los brazos en una posición adecuada y luego le da un asentimiento a la enfermera—. Sabes que los niños son sensibles. No le dejes traumas en la primera hora a tu hija.
Kim Dokja suelta una risa irónica, que suena más como un lloriqueo. No se le da oportunidad de protestar en cuanto el bulto de mantas es dejado entre sus brazos, y batalla consigo mismo para no apartarse violentamente del toque hasta que la niña es correctamente acomodada junto a él. Han Sooyoung mantiene una mirada severa sobre él y la joven doncella, aunque parece nerviosa por los demonios de alto rango, no hace movimientos innecesarios y ayuda a Kim Dokja a acomodar sus manos alrededor de la criatura.
Luego la enfermera se aparta y Dokja siente el nudo en su garganta desvanecerse.
Suspira suavemente, sin haberse dado cuenta de que había aguantado la respiración casi todo el tiempo. Sus dedos, limpios gracias a un hechizo de Sooyoung, se cierran suavemente sobre la tela blanca y sostiene cuidadosamente a la niña contra su pecho.
—... Suave.
—Por supuesto que es suave —dice la duquesa, sonriendo de lado—. Es una de las pocas cosas buenas de un bebé. Son suaves y tienen buen olor. Aunque fuera de eso, son una molestia, claramente. Vete despidiendo de tus horas libres en la madrugada.
—Hablas como si supieras, Sooyoung.
—Estoy usando la lógica y la información que he conseguido de buena fuente. —Asiente con total seriedad—. Pero ya que estamos, ¿qué hay acerca de...?
Un quejido interrumpe su pregunta, y ambos demonios giran la cabeza hacia la cama.
Yoo Joonghyuk se remueve en su lugar, ya despierto. Un par de enfermeras se acercan para ayudarle a sentarse entre las almohadas. Hay una mueca de dolor en su rostro cansado, pero Dokja no puede evitar sentirse aliviado al ver que finalmente tiene los ojos abiertos y, por sobre todo, está frunciendo el ceño como siempre lo ha hecho.
Da un paso de regreso hacia la cama, sonriendo con cariño.
—Me alegra que estés despierto, Joonghyuk-ah.
Joonghyuk parpadea un par de veces antes de posar su vista en Dokja. El ceño fruncido se desvanece en el momento en el que se da cuenta de lo que el hombre carga en sus brazos, e inconscientemente lleva su propia mano a su estómago, sintiéndolo plano. Su visión se desenfoca pero su cara permanece completamente neutral.
Kim Dokja no se da cuenta del cambio en el ambiente, demasiado ensimismado en una extraña y cálida satisfacción.
—Joonghyuk, ¿quieres...?
—Lárguense.
La voz del héroe sale rasposa, como si su garganta ardiera al rojo vivo. Baja la cabeza, el cabello ahora corto y desigual por culpa de haber sido manipulado por manos inexpertas (las suyas propias y un cuchillo de cocina, y muchas risas ridículas por las tonterías no pensadas) apenas oculta su expresión endurecida. Se está mordiendo los labios hasta sacar sangre, y su mirada oscura se vuelve abismal.
Dokja parpadea varias veces. Su sonrisa titubea.
—¿Joonghyuk?
—Dije que te largues —gruñe. Al levantar la cabeza, hay odio escapando de sus pupilas—. Vete de aquí. Y llévate a esa cosa contigo. Nuestro trato acaba hoy.
La declaración llega como un balde de agua fría sobre el rey demonio.
Sus ojos antes brillantes se vuelven pesados. Otro tipo de sonrisa tira de sus labios. Han Sooyoung no ignora ninguno de sus movimientos, pero mantiene la boca cerrada mientras observa con cautela el intercambio de miradas entre la pareja.
Finalmente y después de un momento de absurdo silencio, decide interponerse.
—Deja al enfermo descansar —dicta con desdén, moviendo la mano en el aire. Empuja suavemente a Dokja en dirección a la salida, pero antes de desaparecer junto a él, le dedica una expresión fría a Yoo Joonghyuk—. Seguro tiene muchas cosas en las que pensar.
Las puertas son cerradas detrás de ambos.
A diferencia de las otras veces, Han Sooyoung no siente la barrera de Kim Dokja rodeando esa habitación. Así que mira al hombre, quien ha borrado su sonrisa y está observando el silencio al bebé en sus brazos.
Hay dolor en su cara. Apenas perceptible, pero está allí.
—No sé qué esperaba... —suspira el rey demonio, hablando en voz inusualmente baja—. Supongo que fui muy optimista, Sooyoung. ¿No lo piensas así?
—O ese idiota simplemente no tiene corazón —escupe la mujer, con fastidio palpable. Lleva una mano a su corto cabello y jala suavemente mientras piensa profundamente—. Quién pensaría que es el amado héroe, cuando rechazó de esa manera a su propio hijo.
—No lo culpes por eso. Escuché que es normal para algunas madres no poder ver a sus hijos después de dar a luz. Así que solamente...
—No intentes engañarte a ti mismo. Ya pasamos esa etapa hace doscientos años.
Dokja se muerde los labios y vuelve a bajar la cabeza. Continúa abrazando a la niña.
Han Sooyoung lo mira en silencio un momento.
—¿Le darás un nombre? —Él asiente—. Bien, pero que sea rápido. Y por otro lado...
—Ahora, como lo prometí, te explicaré todo. ¿Estás bien con eso?
La mujer controla su expresión de sorpresa y asiente, decidida a escuchar cualquier clase de estupidez que saliera de la boca de su mejor amigo.
Pasos pesados hacen eco por los amplios y desérticos corredores. Las zuelas de las botas de combate se llenan de la sangre derramada sobre el piso de mármol, los cuerpos lanzados a los costados de la alfombra, demonios descuartizados por una espada que brilla en negrura entre la suave penumbra de la noche. Los ventanales sin cortinas dejan entrar la luz de una luna llena que ilumina entre la oscuridad. El brillo rojo salpicado sobre la decoración, el suelo y la gabardina negra de la alta figura en medio del lugar, dan al ambiente una pesadez abrumadora.
Los pasos se detienen frente a una de las interminables puertas. Con la espada en su mano derecha, destruye la barrera que debía impedir su paso. Luego de que los resabios de magia negra se pierdan en el aire, el hombre aprieta los dientes al igual que su mano izquierda, donde descansa, arrugado entre sus dedos, un pedazo de tela blanca y suave.
Llena de sangre.
Antes de destruir el resto de la puerta frente a él, escucha unos pasos en su espalda. Se gira apenas, viendo acercarse a la niña de coleta que ha cambiado lo suficiente desde la última vez que la vio. Detrás de ella, menos apresurados y desesperados, van las dos personas de cabellos blancos. Los tres se detienen a una distancia prudente, y si notan el cansancio en el semblante o el dolor en los ojos del hombre que tienen enfrente, no lo mencionan.
Lee Jihye es la primera en abrir la boca.
—Maestro... —lo llama, y suena dolida y triste, pero también aliviada. Su mirada joven está llena de determinación y la mano talentosa sostiene su propia espada con firmeza, Yoo Joonghyuk no podría esperar menos de esta chica—. Lo buscamos por todo el continente. ¿Dónde...?
—No es de importancia —la detiene secamente. Jihye tensa la mandíbula, así que la ignora al volver su vista a la puerta—. ¿Ya hicieron lo que les encargué?
—Mia está a salvo —contesta Lee Seolhwa, con su voz serena y su expresión amable. Sin miedo alguno, se acerca a Joonghyuk y observa también la entrada aún sellada, las enormes puertas que recuerda haber cruzado antes, en un momento diferente, menos aterrador—. Pero, ¿serías tan amable de explicar por qué deseas la cabeza del demonio que negaste que te ha estado manteniendo cautivo?
Yoo Joonghyuk aprieta el mango de su espada. Es cierto, se recuerda. Ya no está preso, no necesita mentir ni fingir que no quiere matar a Kim Dokja. El trato con el Rey Demonio de la Salvación ya se había terminado y las ataduras se habían roto. Finalmente pudo hacer contacto con su grupo y dar información acerca de su estado, sin dar detalles más allá de lo necesario. De esa manera, una vez recuperado su cuerpo a la fuerza y con ayuda apresurada de Lee Seolhwa en su estado debilitado, fue posible deshacerse de la mayoría de guardias y bestias en el castillo en el que había estado residiendo por un año entero. No diría que siente pena por las paredes rotas o las zonas resquebrajadas bajo su poder de ataque. Nunca le gustó este lugar, en primer lugar. Kim Dokja tenía un pésimo gusto al elegir la decoración.
Aunque, por otro lado, el lugar que más difícil le fue destruir fue el dormitorio de ese bastardo. Tal vez porque estaba lleno de libros de hechizos. Tal vez porque todavía había rastros de barreras protectoras. O tal vez porque—
Sueños felices, Joonghyuk-ah.
Niega con la cabeza. Memorias inútiles.
Lo primordial no era su felicidad, ni su seguridad, ni su integridad. Lo primordial era destruir lo que amenazaba con la balanza del bien y del mal en el mundo. Y si tenía que aceptar caer bajo las garras de esa existencia miserable para alcanzar sus metas, lo haría. Lo ha hecho. No puede arrepentirse. Puede odiarlo, de mil y un maneras. Puede despreciarlo, pero no cambia el hecho de que habrá que sacrificar todo con tal del bien común.
Al menos, eso es lo que ha dicho Edén.
De reojo, ve a Jihye con su armadura y su espada lista para asestar golpes mortales a la mínima orden. Una niña endurecida por la guerra. A su lado está Namwoon, otro niño desdichado, con demasiado poder, poder que lo consume de a poco pero que es de utilidad para la causa. Útil hasta que ya no lo sea. Y después está la Santa.
Lee Seolhwa es quien le mira con más comprensión que nadie, como si supiera los secretos que guarda.
Yoo Joonghyuk se pregunta si es parte de alguno de sus poderes, o es que él ha perdido su cara de póquer en el tiempo de descanso que ha estado disfrutando a expensas de su grupo. No lo quiere saber, de todas maneras. Es mejor si lo ignora. Es mejor si finge que ella no ha deducido de qué se trata la desesperación tras sus ojos.
Que no se ha dado cuenta de los lazos que ha creado mientras ellos no le veían.
—Hay que matar a Kim Dokja —es lo único que atina a decir, pero suena más como si se lo estuviera diciendo a sí mismo.
Se siente amargo. Esa frase pesa en su estómago, arde en su garganta.
Aprieta más la espada.
Kim Namwoon suelta una risa maníaca y Lee Jihye asiente una vez, ni emocionada o desilusionada. Lee Seolhwa, en cambio, arquea las cejas en confusión, pero no dice nada.
Joonghyuk destruye las puertas frente a ellos.
—Encárguense de los otros —ordena secamente, y los demás asienten, dándose vuelta para lidiar con la nueva horda de demonios que se abre paso desde otras direcciones.
Yoo Joonghyuk camina tranquilamente hacia dentro del gran salón. El ceño fruncido, la cicatriz en su mandíbula y las manchas de sangre en su mejilla le dan una imagen peor bajo la oscuridad del lugar. No hay ventanas aquí, nada que ilumine su camino.
Hasta que escucha un chasquido y antorchas a su alrededor se encienden.
Entonces lo ve allí, sentado en el trono. Kim Dokja le dedica una sonrisa dulce mientras golpea suavemente sus garras negras contra el metal del asiento.
—Llegaste otra vez, héroe —habla el rey demonio, con tono condescendiente. Joonghyuk le mira con furia, y recibe una mirada igual, pero más suave, más cariñosa—. Es la segunda vez que pisas este lugar. Pero la primera vez no estabas...
Las palabras bajan suavemente de intensidad cuando los ojos del rey demonio captan la imagen de la manta ensangrentada en una de las manos del héroe. Los ojos oscuros del ente se pintan rápidamente en emociones indescriptibles, y sus cuernos crecen sobre su cabeza, rojos como si ardieran con fuego infernal. Se pone de pie, a una velocidad calmada, pero sus movimientos y los sonidos y crujidos de sus dedos al doblarse dejan en claro que la tranquilidad en su cuerpo es una ilusión.
Finalmente, Kim Dokja borra su sonrisa para hacer una mueca furiosa. Enseña los colmillos hacia Yoo Joonghyuk.
—Bastardo —lo llama, no por su nombre, no puede pronunciarlo. Al menos, ya no. Baja lentamente por las escaleras, con una postura en guardia mientras las alas negras se despliegan en su espalda. Sus ojos arden con más fuerza con cada paso que da y cada momento en el que el héroe guarda absoluto silencio—. ¿Te crees con el derecho de venir a reclamarla?
—Es mía.
Dokja quiere gritar que no tiene derecho a reclamar algo que rechazó, con el enojo desbordado en cada palabra a soltar.
Pero no dice algo como eso.
—No te pertenece. —Le dedica una mirada en blanco, y extiende una mano hacia el frente, haciendo aparecer una espada, una brillante en luz, tan distinta a la oscura que trae Joonghyuk en su mano derecha—. Teníamos un acuerdo, héroe.
—Tú mismo rompiste las bases del acuerdo.
—¡Lo hice para mantenerte con vida, imbécil! —escupe, perdiendo la paciencia—. Si hice todo lo que no debí, fue para que funcionara lo que habíamos acordado. Y pagué el precio por todo lo que rompí. Nada es gratis para los de mi especie, lo sabes muy bien. Así que te pediré que te largues de aquí ahora mismo y respetes lo último que queda entre nosotros.
—No.
—Perra terca —masculla, sonriendo con clara molestia—. Te dejé vivir y me encargué de tus desastres. Me hice cargo de absolutamente todo en tu ausencia, incluidos los problemas de los malditos de Edén. Sólo te pedí dos cosas a cambio: a mi hija y la promesa de que no me matarías.
—En un principio, debiste prever que no podría cumplir la segunda promesa. —Hay ligera burla en su voz, y avanza lentamente hacia el rey demonio, la espada negra en alto—. No se puede ir contra las predicciones de una Santa, Kim Dokja.
Kim Dokja deja escapar una risa ronca. Su rostro se vuelve en burla.
—No pienso que la bella Lee Seolhwa tenga la culpa de lo que decidan sus dueños.
—Kim Dokja.
—¡No me llames por mi nombre! —ruge, apretando los dientes y balanceando su espada hacia adelante. El metal brillante choca con el metal oscuro, haciendo eco por el salón y creando chispas que se deshacen en el aire—. Maldición, debí quitarte el derecho de llamarme en cuanto tuve la oportunidad.
—Perdiste la oportunidad. Atente a las consecuencias.
—Hoy estás muy hablador.
—Dame a la niña.
Kim Dokja borra de nuevo su sonrisa y empuja al otro hombre lejos. Alza vuelo para crear distancia entre ambos.
—Tendrás a mi hija sobre mi cadáver, querida.
Chispas bailan bajo los dedos de Kim Dokja.
Yoo Joonghyuk gruñe.
—En todo caso, ¿qué estábamos buscando en ese lugar? —pregunta Kim Namwoon, fingiendo poco interés mientras mastica uno de los caramelos que encontró escondidos en una de las habitaciones del palacio del rey demonio.
Lee Jihye se encoge de hombros y niega con la cabeza.
—No lo sé. El maestro no me lo dijo —contesta, un tanto desganada. Acelera su paso para ir hasta donde están discutiendo los adultos del grupo, pero se encarga de no dejar solo a su compañero—. Pero supongo que debía ser algo llamativo si nos ordenó avisarle de inmediato sobre cualquier cosa.
—¿Algo como qué? Todavía no lo entiendo —se queja el adolescente, masticando el dulce.
—Tal vez una reliquia —piensa en voz alta—, o un arma, o una persona en específico. O tal vez–
—Un bebé.
Jihye se detiene abruptamente, y Namwoon a su lado también. Ambos miran rápidamente hacia Joonghyuk, quien les está dedicado la expresión estoica de siempre.
Pero hay algo extraño en ello.
—¿Un... bebé...? —repite la chica, confundida en demasía por tales palabras. Quiere preguntar al respecto, preguntar por qué su maestro querría encontrar a un bebé en específico, pero de su boca no salen palabras. Ni siquiera Namwoon, que no sabe callarse, tiene idea de cómo empezar a hablar esta vez.
Yoo Joonghyuk asiente una vez, y luego les da la espalda, volviendo a caminar lejos, saliendo finalmente del área donde el enorme castillo del rey demonio se hacía cenizas bajo las llamas.
Los dos chicos, todavía confundidos, miran una última vez lo último que queda de los cimientos de ese lugar. Luego van prontamente a seguir a su líder.
Lee Seolhwa se queda un momento más y junta las manos, dejando una última oración en ese lugar. Momentos después regresa su vista a Yoo Joonghyuk, sonriendo al ver el cordel rojo en su dedo anular.
El mismo que vio en el rey demonio llamado Kim Dokja.
Todavía está allí, y esta vez no es sólo un rastro. Esta vez es como una cadena. No cree que se romperá.
Les sigue el paso sin dejar de sonreír con alivio.
—No, no. La estás sosteniendo mal. ¡Cuidado! Su cuello es muy frágil.
—Hablas como si fueras un experto.
—Duh. ¿Quién crees que la ha estado cuidando estos últimos meses? Usa más el cerebro, Joonghyuk-ah.
—Kim Dokja...
—Para ser quien la ha dado a luz... —Dokja suspira dramáticamente, sólo consiguiendo sacar más de quicio a su compañero—. ¡Oh! Espera, así. Justo así, ¿ves? Pan comido.
Yoo Joonghyuk está a punto de gruñir otra maldición en contra de Kim Dokja, pero la criatura en sus manos suelta un bostezo largo y deja de removerse. Afianza más su agarre sobre ella, cuidando que sus brazos estén en el ángulo correcto para que el pequeño cuerpo se encuentre cómodo. Una de sus manos acuna con suavidad la cabecita pequeña, llevándola más hacia él, haciendo que el sensible oído del bebé consiga escuchar los latidos de su corazón y se acurruque más cerca, cayendo en un sueño más profundo.
Observa en silencio la tierna imagen de la niña dormida.
—Ah, nuestra Biyoo es tan bonita, ¿no lo crees? —Kim Dokja se inclina y deja un beso suave en la frente de la pequeña—. Es tan bonita que me la quiero comer.
—Creía que los demonios no se comían a sus crías.
Dokja hace un sonido ahogado.
—¿Qué? Lo decía en broma. —Con una cara de espanto, levanta la cabeza para ver a Joonghyuk. Borra eso en el momento en el que nota cómo el guerrero desvía la vista y lucha para que su rostro permanezca estoico. Entrecierra los ojos—... Tus bromas siguen siendo de mal gusto, Joonghyuk-ah.
—Apártate, haces demasiado ruido. Vas a despertarla.
—¿Yo voy a despertarla? ¿Quién crees que siempre la ayuda a dormirse? No, incluso, ¿quién es el que siempre se encarga de que tanto tú como ella tengan sueños bonitos?
—Kim Dokja.
—Bien, bien. —Vuelve a suspirar dramáticamente mientras alza las manos en señal de paz y se aparta varios pasos.
Da un paseo por la habitación, dirigiéndose hacia uno de los pocos estantes con libros dentro del lugar. Agarra de entre todos uno de cocina que había adquirido hace poco, regalo de Han Sooyoung para su nueva vida sin sirvientes, según las propias palabras de la mujer. Se pregunta si debería sentirse ofendido por esa declaración, pero incluso si lo intenta no puede llegar a sentir molestia, principalmente porque tiene cosas más importantes de las que preocuparse antes que las obvias burlas de su amiga.
Observa la portada del libro y luego da otra mirada a su alrededor. El dormitorio es considerablemente distinto al de su castillo, pero no podría decir que era menos cómodo. Hay menos libros y su amado sofá ya no está, pero incluso el espacio extraño y reducido se compensa bien con la presencia reconfortante de su hija siempre a su lado. La cama nunca sería necesaria, pero era espaciosa y lo suficientemente cómoda para una criatura frágil como Biyoo. Las ventanas daban a un paisaje distinto, no más a jardines extravagantes y dignos de realeza. Sólo un prado y un bosque, cosas más tranquilas que las miradas de los sirvientes curiosos.
El resto de la casa no era muy distinto. No era un lugar ostentoso, pero definitivamente Kim Dokja estaba contento siempre y cuando tuviera a su Biyoo y un par de libros a su alcance.
Y tal vez a Yoo Joonghyuk.
Volviendo su vista a él, siente algo cálido en su pecho ante la imagen que le regala. Mira en silencio un rato más, sintiendo un poco entrañable el hecho de que Biyoo, aún si es tan pequeña como lo sería un bebé de apenas unos cuantos meses, se ve incluso más diminuta entre los fuertes brazos de Joonghyuk. Pero ella está cómoda y feliz junto a él, sin importarle las cicatrices ni la sangre en las manos de ese hombre, sólo queriéndolo porque eso se supone que hace alguien de su edad con la figura cálida de quien la trajo al mundo.
Kim Dokja no va a admitir la envidia. Y aunque lo hiciera, no es que pueda quejarse mucho. Está feliz, más que nada, por el hecho de que su hija vivirá y que él podrá verla crecer, dejando atrás una profecía falsa en su contra y el peligro en su herencia. También está feliz de que, por primera vez, pueda sentir la verdadera felicidad.
Incluso si tiene que compartirla con el idiota que tuvo que ayudarlo a fingir su muerte.
—Oye, no la acapares sólo para ti —se queja el rey demonio, acercándose a la cama donde se encuentra sentado su compañero. Cuando extiende las manos hacia la bebé, recibe una mirada de advertencia—. Ugh. Pareces una mamá gallina. Eh, te recuerdo que ella me quiere más a mí.
Como si estuviera tratando de desafiarlo, Biyoo aferra sus diminutas manos a la camisa de Joonghyuk.
Dokja siente la traición quemar en su alma mientras ve la estúpidamente hermosa cara del héroe siendo adornada con una sonrisa triunfal.
—Ella es inteligente —señala Joonghyuk—. Sabe lo que le conviene.
—No te pongas presumido. —Bufa audiblemente Dokja, cruzando los brazos y fingiendo que no le dolió la traición de su unigénita—. Ya verás cuando despierte y busque rápidamente a su padre.
—Yo soy su padre.
—La diste a luz. Eres la madre.
—Soy su padre y su madre.
—¿Ah? ¿Qué? ¿Acaso la hiciste tú solo? ¿Y entonces yo qué? Estoy seguro de que contribuí por allí.
—Cállate, Kim Dokja.
Dokja está a punto de decir que no va a callarse, hasta que ve a Biyoo despertarse de su siesta.
La bebé no tarda en empezar a llorar en el momento en el que se da cuenta de que la persona que la sostiene no es su padre. O, bueno, no es Kim Dokja.
Yoo Joonghyuk no tiene de otra más que entregarla al rey demonio, quien no tarda en arrullarla y hablarle bonito para que deje de sollozar. Funciona bastante bien, y pronto la niña está riéndose alegremente con la voz de este hombre. El héroe en la cama se pone de pie pero evita acercarse a ambos, viéndolo de lejos, sintiendo algo parecido a miedo impedir que dé un paso más.
Entonces Dokja le hace señas para que avance, lo cual hace, un poco indeciso.
—Así, ¿ves, Biyoo-yah? Este idiota de aquí es tu papá.
—Lenguaje.
—Es una bebé, no entiende lo que es un insulto.
—Aun así, cuida tu lenguaje frente a mi hija, Kim Dokja. No quiero que saque tu boca sucia.
—¿Eh? Pero si estaba seguro de que te encantaba cuando mi boca estaba su–
A Dokja no se le da la oportunidad de terminar hablar. Joonghyuk lo calla con un beso, tan sorpresivo que el rey demonio se queda en blanco en todo el tiempo en el que los labios ajenos siguen contra los suyos, e incluso después de eso, cuando hay una distancia de cinco centímetros entre ambos. Un jadeo o dos, tragar pesado, y otro beso le sigue, menos rudo que el primero.
Para el tercero, Kim Dokja parpadea y devuelve el beso, moviendo sus labios contra los ajenos. Suavemente, gentilmente. Es algo extraño. No se han besado muchas veces antes, ni siquiera en todas las veces que compartieron cama, que no habían sido pocas. En el calor del momento tal vez hubieron intercambiado algún que otro choque, pero nada como esto. Nada cariñoso ni cargado de amor, muestras obvias que habían sido rechazadas tanto por temor como por orgullo.
Sin embargo, esta vez no hay barreras, tampoco hilos ni un acuerdo. Es natural. Es real. Y no habrá consecuencias sin importar qué.
Cuando se separan, los dos respiran ruidosamente. Yoo Joonghyuk deja un beso más en la frente del hombre más pequeño, haciendo que Kim Dokja cierre los ojos y se incline hacia él, mientras abraza protectoramente a Biyoo.
—Nunca me disculpé.
—Yo tampoco.
—Dije cosas horribles.
—Sí, yo también.
—Te usé.
—No estoy absuelto de ello tampoco.
—Sólo... te quiero.
Dokja sonríe y esconde su rostro en el cuello de su compañero.
—Yo te amo.
Joonghyuk deja salir una risa baja.
—... También te amo.
—Me pregunto por qué.
—Eres insufrible, Kim Dokja.
—Ah, entonces dudaré de tu amor. Sólo creeré en el amor de mi Biyoo.
El héroe hace una mueca y se aparta. Deja un último beso en los labios de su compañero y luego se aparta.
—Ya verás que el próximo me querrá más a mí.
—Cuestionable porque eres... Espera, ¿cómo que el próximo?
