Hay algo que podemos hacer…

[…]

—Dímelo —contestó Yuichiro con determinación. El destello efervescente de sus pupilas desataba toda la ansiedad del momento. Estaba dispuesto a arriesgar muchas cosas de ser necesario. Aunque en el fondo, no conociera del todo el destino de ambos— ¿Tienes algún plan?

—No es…precisamente un "plan" como tal —murmuró Mikaela Shindo— Pero te contaré lo que podemos hacer.

La historia era en términos escritos "simple". No obstante, estaba bastante lejos de la realidad a serlo. Con el valor que su propia angustia le acaecía, el rubio le reveló la posible idea de que, si Ferid lograba encontrarse nuevamente con él, este último le viese al lado de Amane. Así que, entre ambos, idearían una formula efectiva de que se viera amenazado por la presencia del pelinegro en su vida. Sencillo, ¿no?

Tras una extensa charla nocturna, ambos retornaron a la mansión con la película mas clara que el agua. No solo por el hecho de haber declarado sus sentimientos con semejante vehemencia. Si no porque ahora, serían secuaces de una macabra pero esperanzadora misión: Conseguir que Bathory desapareciera para siempre de su vida. Sin mayores miramientos, se despidieron escuetos en la reja principal de la morada; desprovistos de una total complicidad única en el aire.

Y mientras Tepes y Shindo meneaban las manos en son de adiós, la fémina masculló con aires de rechazo:

—Estas impregnado al aroma de ese muchacho. ¿Se puede saber que ha pasado entre ustedes dos? —dio media vuelta, observándole por sobre el hombro con mirada templada— No. Mejor no me lo cuentes. Ya puedo imaginarlo.

—Solo fue un beso —lamentó, caminando de vuelta a la casona— Sabes que no puedo entregarme a él.

—¿Tú dices? —respondió mientras deambulaba a su lado también. Un silencio no muy prolongado les invadió por unos segundos, antes de reincorporarse a la charla— Tal vez deberías.

Mikaela abrió los ojos en señal de alerta. Raudo, tomó el brazo de su madre para detener su ida:

—¡Krul!

—¿Qué? —se encogió de hombros— ¿He dicho algo malo?

—Por supuesto que no. Pero sabes que hay cosas que no son buenas en estos momentos.

—Quizás porque no has sido sincero con el del todo —inquirió.

—¡Por supuesto que lo he sido! —refutó— ¡Yo le he contado todo! ¡Yuu-chan sabe que a mí me-…! —calló de sopetón. El solo hecho de si quiera mencionarlo, le removía las entrañas. Apretó sus dedos formando dos puños solo de la rabia. Se mordió el labio inferior. No…no ahora.

—Ajá…ya comprendo —la muchacha llevó una de sus manos a su cadera, frunciendo el ceño— Y ya que estas tan entusiasmado con la idea, señor sinceridad. Me imagino que también le has dicho al muchacho que eres un Vampiro sin corazón.

El ambiente enmudeció en un dos por tres. ¿Cómo podría si quiera contarle algo así? Seguramente eso sí que no le creería. Sería casi sacado de un cuento de terror. O una película de Hollywood de bajo presupuesto. Fue entonces cuando el chico negó con la cabeza y retomó su andar. Subiendo los escalones de la entrada principal y depositando su chaqueta café sobre un perchero en la entrada. No deseaba seguir la charla y mucho menos alargarla con algo que era más que obvio. Pero su madrastra, no se quedaría de brazos cruzados. Y de igual forma le interceptó antes de subir las escaleras que conducían a la habitación.

—Mika —esta vez, usando un tono de voz mucho más sereno. Sus ojos expresaron toda la dulzura de una madre fraternal hacia su cachorro. Prácticamente, envolviéndole con sus palabras— Quiero que sepas. Que independientemente de lo que le digas o no al chico, yo voy a apoyarte.

A lo cual, el menor respondió con una sonrisa sincera, pero temerosa. Realmente le costaba aún confiar en ella. Mas bien, en cualquier persona…

—Y también quiero dejar en claro que lo que he dicho hace un rato, pues iba en serio —esbozó, mientras tomaba sus mejillas— En el fondo…sabes que tengo razón. Puede que quizás ese chico…sea tu carta de salvación a tus traumas y problemas.

La noche se había comportado diligente con los asistentes de aquel manto estrellado. En el fondo, Shindo sabía que su madre tenía toda la razón del mundo. El problema no era ese. Si no, su propia culpa y la infame aversión hacia si mismo por su pasado. ¿Cómo podía si quiera un tipejo como el, pensar en salir o tener algo serio con alguien en esas condiciones? Todo mal. Pero no era algo que discutiría precisamente en esos momentos. Por lo que, sabiamente optó por guardar silencio y asentir de forma disciplinada. Le tomaría en cuenta algún día.

[…]

De regreso a la urbe, Shinoa conducía el automóvil de su padre por una gran avenida transitada. El camino era ameno, mas no su copiloto que a su lado se acomodaba débil por el asiento. Con la mirada íntegramente desorientada por la ventana. No había dicho ni pio desde su regreso.

—Yuu-chan —murmuró Hiragi— Nunca creí que diría esto, pero… ¿Por qué estas tan callado? Al menos podrías poner algo de música. Tu silencio me pone nerviosa.

No obtuvo respuesta alguna de parte de su camarada. En esos momentos, Yuichiro se encontraba inmerso en una nube de ideas intencionadas y pensamientos turbados, del cual no sería fácil escapar. La vos de la muchacha, no lograba tocar sus tímpanos. Mika conocía a su cazador tanto como a la punta de sus propios pies. Y recordaba entonces parte de la conversación que habían entablado minutos atrás.

No será fácil intimidar a Ferid. Es un tipo sin escrúpulos que pocas veces se deja llevar por amenazas. Pero, se me ocurre que al menos podemos rayar un poco la cancha.

Le había dicho el ruso.

¿Qué podemos hacer entonces?

Preguntaba el japonés.

Ferid es parte de una iglesia o congregación extraña llamada Hyakuya. Asiste todos los Lunes, Miércoles y Domingos. Además, conozco un par de lugares que frecuenta.

Ya. Si. Como había dicho antes, todo parecía re fácil en el papel. ¿Pero en la práctica? Era como querer cazar un pez gordo con una red de juguete. Muy difícil. Se mordisqueó el dedo pulgar con intriga. ¿No habría alguna otra forma? Quizás podría requerir ayuda de otros para alejar a ese maldito de la vida de Mika. ¿Pero quién…?

—¡Woooh! —chilló Shinoa.

En una maniobra adrede con el manubrio, turbó el vehículo de un lado a otro como si hubiese esquivado un inminente choque. Lo cual, de forma violenta sacudió al menor a su lado; logrando despabilarlo al fin.

—¡Oye! —se quejó— ¡¿Qué demonios crees que haces?!

—Es lo mismo que quisiera preguntarte a ti, tonto —sonrió— Te estoy hablando hace 10 minutos y no eres capaz de responder.

—¡Bueno! ¡Pero no me asustes así! —se tomó el pecho— Casi me da un infarto…

—¿Un infarto? ¿Tu? ¿Desde cuando sufres del corazón, ¿eh? —ironizó.

—¿Qué insinúas? —se defendió encogiendo los parpados con sospecha— Solo venía pensando en los exámenes y ya. Nada malo.

—Ajam. Ya. Y yo nací ayer —río con ordinaria falta de interés— Vamos. Te conozco desde el kínder. Al menos deberías ya saber mentir mejor ¿No crees?

—Tsk…—chasqueó la lengua de vuelta, cruzándose de brazos— Quizás no me conocías del todo bien…

Aquella declaración, si bien había sonado casi como un susurro, era suficiente como para que Hiragi le escuchara en medio de todo. De un sopetón, clavó el pie en el pedal del freno, deteniendo impulsivamente el auto. La inercia había conseguido, que el cuerpo del muchacho se impulsara hacia el vidrio delantero, dándose de lleno contra el parabrisas.

—¡Ouch! ¡Arg! —alardeó con dolor— Mierda, Shinoa… ¿Qué demonios?

Pero la pelimorada le había clavado una mirada inquisitiva de aquellas que…si pudieran hablar, matarían. Algo que, sin duda alarmó a Amane. Engulló saliva con dificultad, percatándose que esta vez no podría escapar de la charla que vendría. De los años que venían siendo amigos, era la primera vez que de verdad la veía tan decidida y molesta.

—No me voy a mover de aquí hasta que me digas que está pasando aquí.

—Pero…Shinoa…—contestó Yuichiro, mortificado por la situación. Ah… ¿Y ahora? — ¿Qué quieres escuchar?

—¿Acaso ocurrió algo entre tú y Shindo-kun?

—Por supuesto que no —río nervioso, rascándose la nuca— Solo charlamos de la escuela…ya sabes, por temas de estudio y eso. ¡Vamos! No exageres. Es muy tarde, vámonos a casa ¿Sí?

Pero su compañera, en un movimiento sagaz había removido las llaves del orificio de arranque y prácticamente las había metido dentro de su blusa. Justo, en medio de sus pechos.

—Lo siento. Pero no te creo —sentenció.

—¡Argggh! —se rascó la cabeza con ambas manos— ¡Shinoa!

—¡Dime ya! ¡¿Qué sucede?! —insistió.

—¡No sucede nada, joder! —vociferó— ¡Solo le he dicho que me gusta y ya!

—iiihhh…—la estudiante en shock, llevó ambas manos a su boca. Mierda, ya se imaginaba lo que había pasado entonces— Oh…no…Yuu… ¿No me digas que…? Omg…tu…el…ustedes…

—¿Jah? ¿Por qué de pronto hablas como si tuvieras retraso?

—Estúpido —le dio un zape en la nuca— No me digas que Mika-kun te ha rechazado. ¡Oh, no! ¡Pero que tragedia! ¡Supuse que algo así pasaría! ¡No quería creerlo! ¡Pero es cierto! ¡Es que Mikaela es tan inteligente y genial y tu tan tarado y poco serio!

—Hey, hey, hey. Gracias…eh. No me defiendas tanto —satirizó— Bueno, ya te he contado la verdad. Y para tu información, no me rechazó. Al contrario —lo estaba comentando con mucho orgullo. Casi un logro desbloqueado.

Pero el rostro de Hiragi se distorsionó con aburrimiento. Sacó las llaves de su brasier, encendió el motor e inicio la marcha.

—Aburrido.

—¡¿Ah?! ¡¿Es que acaso ni si quiera te alegras por mí?! —aleteó enfurruñado— Tsk…mejor ni te hubiera dicho ¿Sabes? —sin embargo, su amiga ya había soltado una risita inocente— Claro, ahora te burlas. Ríete no más.

—No me estoy riendo de ti, tonto. Mas bien…me río de felicidad —le sonrió con sinceridad—Me alegra mucho saber que Mika-kun te haya correspondido. Se ve que es un chico realmente increíble y muy bueno por lo demás.

—Si… ¿Verdad? Es tan increíble que…casi parece mentira —murmuró con desdén. Algo en las palabras de Amane dejaban entre ver mucha angustia y soledad— A veces no entiendo como una persona tan cool podría si quiera…llegar a sufrir o pasarla mal.

—¿Lo dices por el o…?

Afortunadamente, Shinoa ya había aparcado en casa del pelinegro. El estudiante de secundaria se despidió de ella, quitándose el cinturón. Pero al jalar la manilla de la puerta, el seguro centralizado del vehículo se activó; impidiéndole bajar.

—Shinoa —suspiró agotado, volteándose a verle. Pero ella se mantenía cabizbaja con las manos al volante, ocultando su semblante bajo el flequillo de su cabello— ¿Shinoa…?

—¿Recuerdas el viaje al campamento del verano pasado en donde, hicimos una fiesta y bebimos y jugamos naipes?

—Eh…claro. Claro que lo recuerdo. De hecho, también recuerdo que Mitsuba se llevó todos los premios. Esa pilla.

—¿Entonces, si recuerdas lo que te dije en el estanque esa noche, ¿verdad?

—…

Hace 1 año atrás.

—¿No crees que ya has tomado suficiente? Es como tu octava lata de cerveza —advirtió Yuichiro, junto a su ebria compañera.

—No estés molestando. Soy la mayor y me debes respeto-hip.

—Claro…pero te ves media mareada —por no decir mucho.

—Que esté mareada no significa que no pueda hablar con coherencia ¿Sabías? —le respondió en un vaivén de cuerpo, golpeándole el brazo en forma amistosa.

—Ouch…a veces pienso que de verdad te pones violenta con trago —bromeó el menor, lanzando un par de rocas al estanque frente a ellos.

—¿Jooh? —se tambaleó— ¿Es eso lo que en verdad piensas de mi-hic? ¿Qué soy una chica violenta?

—Mh…ahora que lo pienso. No, no lo creo así —aseguró con una sonrisa cálida— Creo que en el fondo tienes buenos sentimientos.

—¡Bah! ¡¿Y tu que sabes de mis sentimientos, ¿eh?! —refunfuñó, tomando otro sorbo.

—¡Vamos! Nos conocemos de hace años. Somos amigos desde… ¿Cuándo? ¿Kínder casi? Solo que tu entraste primero que todos, porque eres superdotada o algo así —rió— Así que sí. Creo saber que sientes al menos sobre las cosas.

—¿Ahhh, ¿sí? —le tomó del brazo, clavándole una mirada penetrante— Entonces dime, señor sabelotodo. ¿Qué se supone que siento por ti?

—¿Jah? —alzó una ceja con modestia— ¿Qué pregunta es esa? Pues es obvio que me quieres ¿No? Somos amigos. Nos tenemos afecto. Casi como hermanos.

—¿Y qué pasa si te dijera que no te quiero realmente-hic? —le soltó la extremidad con desazón. No le había gustado para nadar su respuesta cursi y estúpida— Tsk…eres un tonto. Nunca te he querido como mi amigo.

—Ouch…eso sí que dolió —trató de reír de forma forzada. Pero le había llegado ese comentario en lo profundo de su pecho. ¿Realmente Shinoa lo odiaba? — ¿Entonces si no soy tu amigo, que soy?

—¿Pues tú que crees, idiota-hip? —declaró, con total soltura— ¿Acaso no te has dado cuenta, que llevo enamorada de ti desde primaria?

—…

[…]

—Shinoa…—Yuichiro abrió los labios para emitir palabra coherente a la ocasión. Mas no la encontró. Claro que lo había recordado. ¿Pero…por qué sacarlo a la luz justo ahora? En un momento como ese, sería absurdo traer a relucir algo así. Apretó la boca con fuerza. Realmente quería decirle algo como para alivianar el peso de la charla, pero…— Shinoa…creí que tu-…

—¡Claro! —rompió en una carcajada interrumpiéndole de sopetón— ¡¿Cómo olvidarlo?! ¡Que tonta! Se lo que dirás. No hace falta. Yo había tomado demás ¿Sabes?

—No es eso lo que iba a deci-…

—Yuu-kun —acabó, jalando la palanquilla del seguro para que las puertas se liberaran— Gracias de todas formas por tenerme paciencia. Ya sabes como soy —volvió a reír muy fingidamente— Se me pasa la mano.

Pero el muchacho estaba muy lejos de decirle algo esperanzador o lleno de anhelos. Por el contrario, se le había estrujado el pecho con su confesión. Con la mirada compungida, abrió la puerta del vehículo sin llegar a bajarse del todo. El aire noctívago de aquella noche de otoño, le trajo consigo una serie de sentimientos melancólicos sobre su amiga de toda la vida. A quien, prácticamente era de la familia. Y sin ánimos de afligir aún más la situación, declaró.

—Eres muy injusta, Shinoa.

—…

Yuichiro descendió finalmente del automóvil, brindándole un determinante vistazo como consecuencia de sus palabras.

—Si…creo que a veces si se te pasa la mano.

—Yuu-…

La puerta se ceñía tras de sí. Un chico abatido que, sin duda, ese día iría a pasar en vela lo que quedaba del resto de horas. La pelimorada ni si quiera había alcanzado a defenderse. No le había dado tregua a la frase. Apretó los dientes con el amargo sentimiento de la impotencia entre ellos. Mierda…que manera de cagarla. Encendió el motor y pisando el acelerador a fondo, rasguñó la acera con las llantas en un escape casi de película. No era momento para sentir remordimiento por decir la verdad. La verdad es que, si bien Mika había llegado después que ella. No dudaba ni un segundo en sentir esos celos, esa envidia no muy sana, de que un intruso se haya entrometido y le haya robado al amor de su vida. Eso era lo que al menos, aseveraba con total franqueza la estudiante de secundaria por esos momentos. Pero no se iba a quedar para verlo. Prefería mil veces hacer vista gorda y confiar en el cariño que aún le guardaba a su amigo, que entrometerse en su nuevo romance y arruinarle la vida. Le pediría disculpas de rodillas de ser necesario. No se arriesgaría en lo más mínimo a perderlo. Y si el estaba dispuesto, en un futuro no muy lejano contaría con la presencia y la confianza de su camarada fiel para toda la vida. Si tan solo lograba perdonarle su arrebato más inmaduro de todos: Confesar sus sentimientos.

Mansión de la familia Hiragi, 00:45AM

—¿Qué hiciste, que? —Mahiru Hiragi, escupía la leche que sorbía de una caja. La impresión le había robado el aliento.

—Ay, hermana. ¿No crees que exageras un poco? —y menos mal que Shinoa traía un pañuelo con ella para limpiarse la cara— Que asco.

—No puedes llegar y confesártele, así como así al amigo de toda tu infancia. Sobre todo, si encima el pobre está pasando por un momento amoroso complicado —le regañaba su hermana mayor— Eso no está bien.

—Por favor, ya no me digas nada. Además, no eres quien para regañarme y decirme que está bien y que no —resopló— Dame ese peine. Tienes el pelo enredado —exclamó totalmente rendida la menor, mientras cepillaba el cabello de su hermana— Tú sales con el entrenador y nadie te dice nada.

—Vamos…no vas a comparar al profesor Ichinose con Yuichiro.

—¿Por qué no? —ironizó— ¿Qué diferencia hay, ¿eh? ¿Es porque tiene músculos acaso?

—Ajá. Claro —se burló la mayor, mostrándole el dedo meñique a quien ahora, hacía de peluquera personal. Un gesto claramente obsceno, que cualquiera entendería. La pelimorada soltó una mofa sutil. Y sin pensarlo dos veces, le jaló con fuerza un par de mechones con el cepillo— ¡Ouch! ¡Hey!

—Eres una sucia. No puedo creer que te andes fijando en eso con los chicos —rebatió.

—¿Y que con eso? Ellos igual se fijan en algunas cosas nuestras. No seas tan santa para tus cosas, que te conozco bien. A poco tu muchacho es superdotado.

Ambas guardaron silencio por unos segundos. Se observaron. Y rompieron en risas absurdas. Era una conversación sin duda demasiado tonta. La confianza que se tenían conllevaba lo suficiente como para hablarse de esos temas.

—No lo sé de todas formas. Jamás podré saberlo —se encogió de hombros. Pos le salió pal otro lado el niño.

—Shinoe ¿Ya viste las noticias? —el semblante de Mahiru se había tornado duro y preocupado. Cogiendo el celular entre sus dedos, tecleaba en la pantalla un articulo que rondaba por las redes— Escucha: "Han estado encontrado jovencitos muertos en las afueras de Akihabara. Según las autopsias, los cadáveres presentaban dos hendiduras en su cuello…como si hubieran sido mordidos por algún animal salvaje. Y lo que es peor…su sangre había sido drenada por completo".

—No bromees…—Shinoa se mostró preocupada observando la pantalla— ¿Crees que sea el Chupacabras?

—Eso ni existe.

—¡Ya estoy en casa! —una voz masculina interrumpía a las chicas. Era Hiragi Shinya— ¿Dónde están todos? Esta casa está cada día más abandonada…

—¡Hermano!

Ambas muchachas salieron a recibirle, junto a dos empleados del hogar. Shinya era parte de un selecto grupo de detectives. Con un amplio historial de detenciones tanto como policía en la prefectura de Ueno como en Akasaka, se había ganado la medalla de honor y el reconocimiento del mismo emperador de la época. No obstante, esa noche algo le molestaba en demasía.

—Imagino que ya han visto las noticias ¿No? —comentaba el peliblanco— Anda un loco suelto por ahí —esclareció, quitándose la chaqueta.

—Lo hemos visto hace un rato. Hermano…debes tener cuidado. Tu trabajas en el distrito de Akihabara ¿Verdad? —expresó la Hiragi menor y estudiante de secundaria, Shinoa.

—Ah. Si —afirmó sin mayores temores— Pero no se preocupen chicas. Lo atraparemos. Sea quien sea el chistosito que está haciendo este desmán. Será capturado —juntó el entrecejo con determinación— Ya tengo a un equipo especializado buscando. Lo que si me gustaría pedirles a ustedes…es que por lo que más quieran, no salgan solas de noche. Y, sobre todo, mucho menos a Akihabara.

—Mooh…que bronca —espetó Mahiru cruzándose de brazos— Guren y yo solemos ir ahí los viernes. Tienen los mejores centros de juegos de la ciudad.

—Lo sé, Mahiru. Si bien Guren es un buen hombre y te cuidará. No quiero que te expongas solo porque sí. No sabemos aún quien demonios es este tipo y que métodos usa para acabar con sus víctimas —declaró sin más— Incluso Seishiro está avisado. Aunque…se que nadie tiene contacto con él…

Los tres hermanos se miraron entre si con algo de desazón. Mas no dirían nada al respecto del quinto de la prole. Era un tema delicado que tocar.

[…]

En algún lugar de Tokio…

—Lord Ferid.

Un hombre de estatura mediana, relativamente joven con apariencia esmaltada y brillante, brindaba una reverencia sutil a su amo. Ferid Bathory sin duda era un empresario rico, exitoso, guapo, depravado y por sobre todas las cosas, un chupasangre de la mejor estirpe que había. Si bien no era japonés, parte de su historia se había desenvuelto en los acontecimientos de Akihabara. Sin duda, los estragos que comenzaba a causar eran revuelo nacional en los medios de comunicación locales.

Tras un gran escritorio de madera rustico, se reducía un refinado sillón de cuero de ciervo; único en su modelo. Con elegancia, aquel hombre de ojos carmesí, envolvía con porte excelso a un adolescente de mirada agonizante. La sangre chorreando por su cuello, generando un ademán de erotismo en el brillo de sus pupilas, imposible de ignorar.

—Ahaa… ¿Qué quieres? ¿No ves que estoy en medio de algo importante? —gimoteó el codicioso vampiro. Su sed no lograba ser saciada por un simple y ordinario muchacho. Su presa casi moribunda, fue lanzada al suelo cual saco de papas— Tsk…estos mocosos. Estoy harto de esta sangre impura.

—Señor…Crowley Eusford se encuentra en la puerta —anunciaba el sirviente.

—¡¿Y que estas esperando?! —chilló entusiasmado— ¡Hazlo pasar!

Un fornido Crowley entraba en la habitación, cubriéndose la nariz con evidente asqueo.

—Puaj…Ferid. Siempre tan pervertido para tus cosas —masculló.

—¡Aja! ¡Amigo mío! ¡Me alegra tanto tenerte aquí!

—No entiendo aun por que me has llamado. Este maldito Jet lag es un dolor de culo —se quejaba el grandote.

—No sabes cuanto me complace tenerte aquí conmigo —rió Ferid— Vamos, no te enojes tanto. Es como en los viejos tiempos ¿O no?

—No realmente —suspiró— Espero tengas una buena razón para haberme llamado.

—Ya sabes que soy un hombre complicado —sonrió afable, dándole una palmada en la espalda a modo de amistad— Pero créeme que es necesario.

—¿En serio has venido hasta acá persiguiendo a tu "mascota"?

—Tú sabes el valor que tiene esa "mascota" a la cual llamas tan despectivamente —bromeó— Me gusta divertirme.

—Pero has causado todo un desmadre ¿Sabías? Ahora la policía nacional te busca por tus niñerías —se tomó la cabeza, cabreado— Tsk…hubiese sido más fácil si tan solo lo raptabas y ya te volvías a Rusia.

—Lo sé, lo sé. Pero…digamos que las cosas se han complicado un poco.

—¿Krul otra vez?

—Krul…como siempre —masculló Bathory.

—Uhg…menudo lio —refunfuñó— ¿Qué necesitas?

—Nada fuera de lo común —volvía a sonreír, esta vez con dejo de morbosidad en su mirada— Solo necesito que acabes con ella.

—Es joda, ¿verdad? ¿Me pides que despache a la reina? —parpadeó incrédulo Eusford.

—¿Crees que es joda? —respondió severo el menor.

—Ferid…sabes que no tengo jurisdicción acá —se rascó la nuca.

—No te pido que la mates ¿Sabes? —murmuró en su oído— Solo quiero que desista de la estúpida idea de tomar como "protegido" al mocoso. ¿Es muy difícil?

—No abuses de mis capacidades como abogado.

—¡No te pediría tal cosa! —carcajeó con exculpación— Solo quiero que hagas tu maldito trabajo… ¿Se entiende?

—Tstk…mientras me pagues…todo ok.

—No te preocupes por el dinero…—advirtió Ferid, esbozando una sonrisa maquiavélica— Los japoneses son mucho más estúpidos que otros. Tendrás todo el oro que necesites apenas finalices el trabajo. Y cuando regresemos serás el hombre más rico de Sanguinem. Es un trato…

—Solo prométeme una cosa —aceptó resignado Crowley— Apenas tengas al muchacho, detén ya este show pobre de matar mocosos. Me tienes podrido con tus pendejadas.

—Hecho…

Crowley se retiró de la habitación, no sin antes comentarle una apreciación suya que hace años, tenía guardada para él.

—¿Te han dicho alguna vez que estas obsesionado con el muchacho…?

—Lamentablemente, no te pago para dar opiniones —sonrió ladino— Pero lo tendré en cuenta.

—Claro…claro.

[…]

—¡Mika-kun! Me alegra tanto que hayas vuelto a la escuela —expresaba con júbilo Yoichi Saotome— El club de lectura no sería nada sin ti.

—¡Es verdad! Te extrañamos —exclamó Mitsuba Sangu.

—No creí que mi presencia fuera tan necesaria aquí…—declaró Mikaela, sorprendido. Pero a la vez feliz por su recibimiento— Muchas gracias, chicos…

—Estábamos preocupados por ti —evidenció Kimizuki— Sobre todo el tonto de Yuu. No paraba de hablar de ti. "Donde está Mika. Que le pasó a Mika. Mika estará bien" —mofó.

—Ah…yo…no…

Aquella información revelada era tan importante para él, que su propio pecho se había encandeció. Incluso…si no tenía corazón que latiera ahí dentro. Apenas se estaba intentando integrar a la clase, cuando Amane Yuichiro se incorporó al salón. Si bien, ambos cruzaron miradas furtivas de lejos, un escueto "hola" fue lo único que recibió por parte del ojiverde. ¿Qué? ¿Esa es forma de recibir al chico que te gusta incluso luego de haberle besado? Que coraje…

Era un jueves común y corriente para todos. Aunque claro, dentro de todo el ajetreo de la noche anterior, solo Hiragi Shinoa notaba la tensión inflamada entre ambos adolescentes. Dado que ella se sentaba detrás del pelinegro, era normal notar su nerviosismo. Vamos, que no había que ser adivino para notarla. Y mas allá de querer buscar un momento a solas para disculparse con su amigo del alma, parecía preocupada por la relación de ambos. De cierta forma, la notaba tirante.

Luego de un acalorado debate de historia entre algunos estudiantes, los muchachos se acercaban de forma cariñosa a Mika para incluirle en su grupo. No solo ellos le echaban de menos, otros poco conocidos compañeros buscaron conversación en él. Una que otra chica le invitaba a almorzar. Y no faltaba el ignorante que le pedía una cita de viernes para salir por ahí. Shindo se sentía incómodo. Pero su comportamiento tan pulcro y caballeroso no le permitía negarse. Y así, se les fue el día. Yuichiro había estado tanteando de forma incesante algún bendito momento a solas con el rubio. Pero…infructuoso, no había dado resultado. Y si bien su enamorado se percataba de sus enérgicas intenciones, trataba de hacerse el loco ante ella para no levantar sospechas. Mierda. Siempre estaba molestosamente rodeado de gente que estorbaba en sus planes. Mal. A eso de las 17:30, la jornada escolar concluía. Yoichi se le aproximó.

—Mika-kun. ¿Qué te parece si vamos a-…?

—¡Ajá, Yoichi! —interrumpió Shinoa, casi como una salvada campana— ¿Me ayudarías con unos libros en la biblioteca? Eres el mejor en esto y no puedo con todo yo sola.

—¿Eh? Pero…

—Vaaaaaamos —le jaló del brazo, apartándolo del ojiazul. En un intento por redimirse, Hiragi le dio un guiño a Yuu tras ella. Y con eso, lograba su objetivo de dejarlos a ambos solos en el salón.

Cuando finalmente todos pudieron despejar la zona y, la puerta fue cerrada, el pelinegro se abalanzó contra el rubio en un último propósito por llegar a él.

—Yuu-chan…—le llamó en un jadeo.

—Mika…

Mika se arrojó hacia Yuichiro, empujando su pupitre hacia atrás en un ósculo acalorado, lleno de intenciones impotentes hacia él. Joder…como anhelaba un momento así. Incursionando en su nueva "preferencia" sexual, el ojiverde le apartó unos momentos. Se sentía amenazado de expresar su amor en un lugar tan…publico y poco privado.

Aquí no…—murmuró en un gimoteo sobrio— Vamos…

[…]

—Me estuve aguantando todo el día —jadeó Mika, clavando sus labios en los de su ahora, amante, de forma febril— La azotea es un buen lugar.

—Mhn…Mi-Mika…—le apartó unos momentos. Mierda…esto era demasiado intenso para él. Si tan solo supiera que hace solo dos días atrás el creía ser hetero y ahora esto…— Vamos con calma. Ahora mismo…necesito saber qué haremos de ahora en adelante.

—Ha…—resopló el ruso— ¿A qué te refieres?

—Ya sabes…me refiero —desvió la mirada completamente ruborizada— A lo nuestro.

—Pues…—acotó, empujándole otra vez para besarle— Ahora mismo nos estamos besando ¿No? Ven…

—Ah. Mi-Mika…Mika —le detuvo en seco— Es-espera…escúchame.

—¿Qué pasa, Yuu-chan? —espetó desorientado— ¿Acaso no te gustan mis besos…?

—¿Qué tonterías dices? —le reclamó de vuelta. Sus manos sujetaron con firmeza su rostro. Quería expresarle todos sus sentimientos en esos momentos en tan solo una mirada. Pero no. Una mirada, no sería solo suficiente para el— Tus besos son…bueno…ya sabes —trató de rehuir de para lo que el era…el perfecto y angelical rostro de su compañero— No me hagas decirlo.

—¿Entonces que es? —examinó con nostalgia.

Dios. ¿Cómo podía explicárselo? Si tan solo Mikaela supiera que es la primera vez que doy un beso y…mierda… ¡Mierda, que bien besa! Si no fuera porque estamos aquí, yo…yo lo…

—Escucha. No me refiero a esto —habló finalmente con total firmeza— ¿Qué haremos con lo que hablamos anoche sobre el problema de Ferid?

—Ah. Es eso…—aclaró el ojiazul. Tras una pausa necesaria para ambos, se sentó en el suelo de aquella fría baldosa, observando el cielo de otoño que los acompañaba esa tarde. Era hora de continuar el "plan" —Los viernes por la tarde Bathory me recoge. Mañana…mañana comienza todo.

A lo que Amane asintió con total determinación. Tomó asiento enfrente de el y volvió a coger su rostro. Esta vez, tomando su mentón con sus delicados dedos. Deseaba que no se perdiera ni un segundo de lo que diría a continuación.

—Escucha. Yo…estuve pensándolo mucho anoche. Y quiero que sepas que, no me he retractado. Voy a salvarte, Mika —sentenció— No conozco al tal Ferid. Pero por lo que me has contado, es un tipo de lo peor. Y estoy dispuesto a que juntos lo mandemos a la mierda de donde vino. Así que dime. Mañana cuando venga por ti… ¿Cuál es el plan?

—El plan es…—respondió Shindo, correspondiendo el cariño que le hacía a su barbilla— Fingiremos que eres mi novio.

Pero en vez de impresionarse del todo, Yuichiro soltó una carcajada casi infantil.

—¿Qué es tan gracioso? —frunció el ceño el rubio.

—No…no, disculpa. Es solo que…—negó con la cabeza, limpiándose una lagrima de la risa— Lo siento. Es solo que pensé que sería algo más fuerte.

—¿Fuerte? ¡Yuu-chan! ¡Esto es serio! —se ofendió.

—¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! Mierda…es solo que —se excusó de forma sincera— Mika…para mí, no sería como fingir. No soy bueno mintiendo ¿Sabes?

—Si…lo noto.

—Vamos, no te burles ahora —le reclamó con vergüenza.

—No. En serio que si lo noto. Pero ¿Eso que significa?

—Significa que…—desvió la mirada, dejando que un tenue color magenta se dibujara en sus pómulos— Bueno…este… ¿No sería más fácil si solo fueras mi novio de verdad? Digo… ¿Para no fingir?

Silencio sepulcral…

….

…..

—¿Me lo estas pidiendo? —insinuó Mika con una mirada picaresca.

—Que.

—¿Sí? —insistió.

—¿Si, que?

—¿Es un sí? —volvió a insistir.

—¿Un sí, que? —se hizo el loco.

—¡Yuu-chan! ¿Si o no?

—¡Y-ya! ¡Ya! ¡Ya! ¡Si! ¡Si, es un sí! —se vio forzado a admitirlo, joder.

Si quiero.

—Ah…bueno. Eso fue…—rascó su mejilla con orgullo— Eso fue más fácil de lo que pensé.

—¿Me estas llamando fácil? —le golpeó.

—¡No! Carajo… ¿Qué tan difícil puede ser esto de-…?

—Ya cállate, tonto —le calló, pegando su frente a la de el con afecto— Eres un buen chico, Yuu-chan.

—¿Qué es eso…? —refutó con un claro bochorno en su rostro— ¿Me estás halagando?

—Es un mimo —sonrió Mika.

—Un mimo…vale —correspondió su sonrisa con el decoro y el orgullo que se merecía el momento. Vamos ¿Cómo poder rechazarle? Joder, si era encantador— Creo que puedo acostumbrarme a ello.

—No abuses —volvió a darle un golpe.

—Aceptaré eso como un si —carcajeó Yuichiro.

—Mañana entonces.

Mañana.

[…]

Viernes, 3 de septiembre.

El día transcurrió como si nada hubiese pasado. Todo normal, dentro de lo que cabe decir "normal". Tanto Yuichiro como Mikaela dieron lo mejor de si durante esa mañana. Y en la tarde, se juntaron para jugar soccer como de costumbre los viernes. No…mentira. Algo era diferente hoy. ¿Cómo olvidarlo? Ahora era novios o pseudo novios. Algo que, sin duda, llegarían a notar sus amigos en común. Porque claro, ese día. Si bien tenían algunas clases que no eran juntos, ambos se encargaron de hacer coincidir sus horarios en todo lo que fuera académico. El almuerzo, los recesos e incluso los talleres. Y ya para eso de las 17:30 que era el horario de salida, sin mayores tapujos, juntos abandonaron el establecimiento educacional.

—¿Estas listo? —consultó el ruso, observándole de reojo.

—Hagámoslo…

Ambos, cedieron el antejardín con sumo cuidado y recelo. Tanto Mika como Yuu prestaron atención a su alrededor si alguien extraño se les aproximaba. Por el momento, no había moros en la costa, como se dice. Algo que sin duda le dio una cierta calma a la neófita pareja. No obstante, al instante de dejar ya el recinto, el automóvil rojo de Ferid surgió de la nada en el acceso. Momento de suma tensión.

Del interior del vehículo, se asomó Bathory. Quien con suma autoridad y una jurisdicción que nadie le había brindado, reclamaba "su premio". Fue entonces, cuando Amane Yuichiro tomó su lugar en la escena.

—¡Mika-kun! ¿Cómo te ha ido hoy en la escue-…?

—Disculpa —interceptó Yuichiro, con total impunidad ante ambos.

El guardaespaldas de Ferid automáticamente descendió del auto, siendo atajado por el mismo adulto que lo comandaba. Estaba absorto de ver a aquel "mocoso" novedoso entre sus filas. ¿Y ese quien era? Desprendía un edor a humano poco usual. Por no decir desagradable.

—Ah… ¿Y tú eres…? —exigía Ferid.

—Mi nombre es Amane Yuichiro. Y soy el novio de Mikaela —proclamó el pelinegro con total supremacía delante de los asistentes. Sin mayores preámbulos, cogió la mano del rubio a su lado, jalándole con potestad hacia el— ¿Tu quien demonios eres?

—…

Tanto Ferid como su fiel sirviente enmudecieron. Algo que, sin duda regocijó de placer a Mikaela. Quien con prepotencia y valía, aseguraba lo mismo que su compañero. Así que, sin más, correspondió el apretón de su mano, entrelazando sus dedos con los de él. Bathory gruñó en respuesta.

—¿Mika-kun? ¿Qué significa esto? —el mayor exigía con vehemencia explicaciones.

—Lo que escuchaste, Ferid. Yuu-chan es mi pareja ahora. Por lo cual no puedo ir contigo hoy —declaró con altivez.

—Con permiso, señor —sentenció el ojiverde, arrastrando al rubio con él.

Un momento mocoso —le frenó con arrogancia el adulto. Se había parado en frente de ambos. Sus orbes sacaban chispas— ¿Qué significa esto, Mikaela?

—Pues lo que ves, Ferid —objetó Mika, empujándole hacia un lado— Apártate. Ahora tengo dueño. ¿Te quitas o te quita el?

Infeliz —rezongó Bathory, arrugando la nariz.

Yuichiro era indocto a la clase de enemigo que desafiaba. Pero en cuanto vio como sus ojos cambiaban de matiz a un rojo granada intenso, algo en el le sacudió los pelos. Desde la punta de los pies hasta el cabello. ¿Qué había sido eso…? ¿Acaso el tipo era…?

—No lo hagas mas degradante para ti, Ferid —le dominó el ruso. Apenas oprimió su brazo, tanto los ojos del mayor como los de él, se convirtieron en un hermoso escarlata furibundo colmado de designios lúgubres. Fue en ese puntual instante, que Bathory advirtió lo que ahí ocurría. Claro… ¿Cómo tan tonto? Sobre seguro el osado pero ingenuo Mikaela Shindo no le había dicho toda la verdad al humano. Lo cual, le pareció un truco de muy mala calaña.

—¡Ah! ¡Jajajajaja! ¡Por supuesto! ¡Que tonto fui! —carcajeó el peliblanco, concibiéndose a un lado para que ambos transitaran— Mil disculpas, Mika-kun. No estaba…—rezongó— Enterado.

—No. Claro. ¿Cómo podrías, Ferid? —le desafió con claros propósitos de predominio. Sin mas quehaceres, la pareja se deslizó rauda fuera del colegio. Perdiéndose así en la extensa calle de Shibuya.

Pero claro…esto era, guerra declarada de forma segura.

—¿Señor…?

—Cállate y entra al auto —negó Bathory— Si no quieres que te troce antes.

—¡S-si mi lord! —cantó atemorizado el sirviente, acatando sus órdenes.

No se quedaría tranquilo ante esto. Luego de aquel encuentro y una mala jugada de pésimo gusto, el Purasangre marcó su teléfono con inquietante furia.

—Crowley. No me interesa si matas a la mitad de la población. Ese chico debe volver a ser mío cueste lo que cueste. ¿Me oyes? —habló frenético, casi delirante— Maldito seas, Yuichiro.

[…]

—¡Funciono! —bufó el pelinegro, corriendo como un crío por una plaza.

Prácticamente se sentía realizado. En primer lugar, porque había conocido al fin a su gran "archi-enemigo". Y segundo, porque ahora era más bien, prácticamente una autoridad para Mikaela y su mundo. Si bien se sentía como un héroe en una película de Marvel, su inmadurez y la poca experiencia en un nuevo mundo de personajes inquietantes podría finalmente jugarle una mala pasada. Y en tal caso, eso sería la auto destrucción de ambos. Mikaela no estaba para nada contento. Pero de alguna forma, se sentía mas tranquilo.

La pareja se detuvo en unos bancos de madera moca que se hallaban en la intemperie de aquella plaza. El rubio parecía acongojado. Sus manos aun temblaban. Y había ciertas cosas que de verdad mantenían intranquilo a su experimentado amante.

—¿Mika…?

—Yuu-chan…yo…creo que te debo una disculpa…

—¿Mi-ka…?

Estaba pálido. Mucho más de lo que acostumbraba. Esa tarde…todo cambiaría para los muchachos. Era parte de la responsabilidad del ruso, contarle toda; pero toda la verdad a su nuevo compañero de vida. Luego de una tensa pero sincera charla, los dos dieron a parar en la mansión Tepes. El mayordomo de la casa les había recibido con gusto, pues el rubio no adestraba a tener amistades o visitas. No obstante, a ello, luego de un día tan rígido y a la luz de una ardiente chimenea, Mika habló.

—Te debo una disculpa porque…no he sido del todo sincero contigo…

—¿Qué sucede Mika? —inquirió turbado Yuichiro— Oye…si hay algo que yo no sepa, te pido por favor me lo cuentes. Sabes que puedes contar conmigo.

—Es que…no es tan simple —explicó.

—Vamos…ya me has dicho lo más difícil de todo. ¿Por qué tanto misterio? —rio— ¿Qué tan malo podría ser?

Estaba dispuesto a confesarle la verdad de su naturaleza. Después de todo, tarde o temprano se enteraría de aquello.

—Yuu-chan…hay algo más que no sabes de mi…

El pelinegro se encontraba casi absorto, expectante a lo que confesaría a continuación su nueva pareja. Ok, que no podía ser tan malo ¿O sí? Ya sabía que había sido abusado, que era ruso, solo y que además el tal Ferid si era de temer. ¿Qué más podría ser…?

—Yuu-chan. Yo soy…

—¡Ajá! —interrumpía Krul Tepes en la entrada del living— ¡Ya me lo había contado la servidumbre, pero no lo quería creer! ¡Tenemos una visita nueva!

—¡Krul! —espetó Mika.

—¿Krul? Ya te he dicho que me digas "mamá" delante de tus amigos, Mika —rió— No seas tan tímido hijo.

—¡Oye!

—¡Ah! ¡Señora Krul! —le interceptó Amane, dándole la mano— ¡Muchísimas gracias por criar a Mika hasta ahora! ¡Es un gran chico! ¡Lo ha hecho increíble! ¡ESTOY AGRADECIDO! —reverencio. Casi…una reverencia perfecta.

Todos los comensales quedaron en shock. Bueno…no esperaban que el chico fuera en serio. Ni mucho menos, fuera tan respetuoso con sus mayores. La pelirosa pensaba que en serio era un mocoso mal educado. La impresión fue doble, pues Mika tampoco se lo esperaba.

—¡Ah! No seas tan formal, hijo. Todo está bien —agradeció la fémina— ¿Te quedas a dormir hoy?

—¡¿Me lo permite?! —contestó Yuichiro, entusiasta.

—¡Krul! —interrumpió el rubio, negando con la cabeza— ¡Digo, mamá!

—¡Jajajaja! ¡Pero claro! ¡Hoy usarán mi alcoba! —carcajeó muy orgullosa,

¡No! —regañó Mika.

Los tres se quedaron mirando por unos segundos. No entendían muy bien la situación. Mucho menos el rubio que sin duda, se sentía casi como una víctima de las circunstancias. El ojiverde hizo un ademán de pena. A lo que el ojiazul respondió con una negativa con la cabeza. No quería que se sintiera rechazado. Pero ya conocía las intenciones de su madrastra. ¿Por qué insistía tanto en ese tema?

—No se preocupe señora, yo dormiré en el sofá —aclaró agitado Yuichiro. Pretendía ser respetuoso y no cagarla. Después de todo, era su primera vez en casa ajena y ninguna vez en su vida había tenido "novio".

—Me niego rotundamente —esclareció Krul, llevando ambas manos a sus caderas. Luego de sonreír explícitamente, aplaudió con sus manos— ¡Muchachos! ¡Hoy pernoctan en las barracas! ¡Dejen que mi hijo y su amigo duerman solos en el hogar hoy!

—¡Si señora! —manifestaron todos al unísono.

Mika estaba rojo. No. ¿Rojo? Verde, azul, amarillo. De todos los colores. Joder ¿Por qué le creía una persona así? No caería en su juego. Pero mierda…ahí estaban los dos. Compartiendo la misma cama en la propia habitación de Mika. Incluso si las luces estaban apagadas, la luz de la luna iluminaba lo suficiente la residencia. Un color azulado adornaba la noche. Algo que, sin duda, era muy delicado para ambos. El joven ruso se había acostado al lado zurdo. Y el japones, al diestro. ¿Qué mas da las distancias? Era ilógico todo.

—No puedo creer que tengamos que dormir en la misma cama —reclamó Mika, con los ojos entre abiertos y vuelto para su lado— Tenemos una mansión ¿Sabes? Hay cinco piezas más…

—¿Por qué te molestas tanto? —se mofó Yuu— Tu mamá quiere que compartamos habitación. Ella es muy tierna.

—N-no es eso…Yuu-chan —resopló— Tu no entiendes a mi madre…

—Anda…—declaró finalmente, sin mayores tapujos— Mika…que sea virgen no quiere decir que sea estúpido. Se por qué lo hizo tu madre.

—…

Silencio total…

—¿Era eso, ¿verdad? ¿Me juzgan porque no tengo experiencia?

—¿Pero que estás diciendo, Yuu-chan? —protestó Shindo en un murmullo casi susurro, volteándose hacia su pareja— ¿En verdad crees que te quiero para algo así?

—Ja…no. No me mal interpretes…—confesó, también volteándose hacia su pareja— No me da vergüenza admitirlo. Pero…en estos momentos y por todo lo que me has contado, me preocupas más tú, que cualquier otra cosa.

—¿Y qué significa eso ¿eh? —reclamó Mika, frunciendo el ceño con impotencia— ¿Crees que porque fui abusado soy invalido?

—¡¿Jah?! ¡¿Pero que demonios estás diciendo, a ver?! —se defendió, muy bajito— ¡¿Estás intentando culparme por eso?! ¡Jamás te creí invalido!

—¡¿Pero como podría?! ¡Si eres tu el que me toma por un caso perdido! —se defendió, también bajito.

—¡¿Yo?! ¡Yo jamás te tomaría por alguien así! —apretó los labios— Quiero dejar en claro una cosa, eh. Lo que me has contado, no tiene nada que ver con esto.

—Vale, vale, vale. ¿Entonces que es, a ver? —refunfuñó Mika.

—¿Qué es de que ¿eh?

—¡Esto! ¡Esto que me acabas de decir! —insistió Mika.

—¡¿Pero que demonios te acabo de decir que te molesta tanto, a ver?! —protestó Yuichiro.

—¡Esto mismo! ¡Que soy incapaz!

—¡¿Pero de que hablas, Mika?! ¡Jamás he dicho que eres incapaz! ¡Al contrario! ¡Yo no-…!

—¡¿Que es entonces a ver?! —refutó Mika interrumpiéndolo.

—¡¿Qué es, que?!

—¡No lo sé! ¡Dímelo tú! —volvió a refutar.

—¡¿Por qué te pones así?! ¡¿Es porque no sé poner un preservativo?! ¡¿Es eso?! —se defendió Yuichiro.

—¡¿Qué tienen que ver los preservativos en esto?! ¡Por si no lo sabías, genio, los hombres no podemos quedar embarazados! —aclaró, bajito.

—¡¿Pero eso que tiene que ver?! —expresó Yuichiro, casi colérico.

—¡Pues de que te sirve saber usar condones o no, si da lo mismo!

—¡Pero yo no he dicho tal cosa! ¡Lo has dicho tú! —se defendió nuevamente Yuichiro.

—¡¿Entonces que?!

—¡¿Qué, de qué?!

¡¿Qué te detiene a hacerme el amor?!

—…

—….

…silencio.

—Perdón…—admitió el pelinegro, totalmente sonrojado— Yo n-…

—Ya cállate y hazlo...

Sábado, 10:32 AM. Amanece en la mansión Tepes.

—Mi señora.

Uno de los sirvientes lleva una bandeja con el desayuno de Mikaela a su habitación.

—¿Mh? ¿Qué es esto? —espetó— ¿Solo para uno? —frunce el ceño.

—Pe-perdón señora. Es que-…

—No seas ingenuo, Shimitsu. Trae desayuno para dos. Y que sea abundante. Muy abundante.

—¡S-si señora! —obedece.

—Jm…mi estúpido hijo…—sonríe para sí misma con orgullo. Se mantiene fuera de la habitación, antes de dar media vuelta— Al fin entiende las cosas.

[…]

—Mhm…Yuu-chan…—murmura satisfecho un joven rubio— Está bien…

—¿Mhm?

—Perdón… ¿Te he despertado…?

Los primeros rayos del sol de otoño son escabullen por las cortinas de la habitación. Dos chicos agotados y desnudos descansan sobre las colchas. Mikaela Shindo acaricia los negros cabellos de su amante. Sus dedos se enredan con habilidad entre las hebras sedosas de su pareja.

—Ahora usas bálsamo —bromea el ruso.

—Después de todo, el acondicionador también es para chicos ¿No? —responde un adormecido ojiverde.

—Jajaja…aprendes rápido —acota.

—Hey…

Yuichiro alza la cabeza, ya totalmente despierto. Aunque algo adormecido por el efecto post-orgasmico de la noche anterior. ¿Se puede describir el paraíso? Pues ahora mismo tiene nombre y apellido.

—¿Lo he hecho bien…?

—¿Qué si lo has hecho bien? —ríe Mikaela con ternura. ¿Cómo poder responder a eso sin ofender a nadie? Dios…— Te juro por mi existencia, que lo has hecho increíble.

—¿No te…duele…?

¿Qué era esa pregunta? Ah…pobre. Después de lo que le había contado. ¿Pensaba que me había lastimado?

—No he sangrado…si es lo que quieres saber —respondió Shindo, besando su frente con ternura— Tranquilo…Yuu-chan. Me has tratado con tanta ternura que…podría hacerlo toda mi vida…

—¿De verdad…? —respondió con parsimonia. Sus labios, conectaron directo a los suyos con total pasión febril— Porque si es así, quiero hacerlo otra vez…

—Yuu-chan…ya van 20 veces…descansa un poco…

—Pero es que-…

La puerta se abre con violencia. Tanto Krul como dos de sus sirvientes entran de forma abrupta e impertinente. Ambos jóvenes, solo atinan a taparse hasta las narices con las sabanas. Joder… ¿Era lo mínimo que podían hacer?

—¡Tranquilos! ¡No queremos interrumpir tanto!

—Pero aun así lo haces —gruñó con recelo Mikaela, casi protegiendo con el cuerpo a su amante— Salgan de inmediato.

—Calma, Hijo —carcajea Tepes, dejando unas bandejas en la mesilla del escritorio— Nadie quiere molestar a tu semental. Solo queríamos darles el desayuno —le guiñe el ojo— ¡Ah! Y Yuu-kun…—le sonríe con frugalidad— No sabes lo agradecidos que estamos contigo. Eres un sol en esta casa.

—… ¿Ah? —responde bajo las sabanas, todo escondido.

Se cierra la puerta de par en par. Silencio…

—Perdona a mi madre…—una gota se desliza por su sien. El rubio suspira resignado— Ella es muy expresiva.

—No te preocupes…—sale debajo de las sabanas, solo para olfatear en el aire el delicioso manjar que ha dejado de desayuno— Pero…ahora mismo, me encantaría poder desayunar jeje…

—Come todo lo que quieras. Después de todo, eres mi invitado de honor.

—No te preocupes —comenta el pelinegro, masticando un pan— Apenas termine aquí, me iré encaminando. Seguramente mis padres estarán preocupados de que no llegué anoche.

—Ah. Demonios. Es cierto —carcajeó el rubio con descuido.

Hasta aquí todo iba bien. Mi relación con Mika estaba casi de viento en popa. Y de alguna manera, aunque haya sido solo una noche. Jamás la olvidaría…

[…]

Noviembre se dejó caer sobre la ciudad con la primera nevada del año. Los últimos exámenes se aproximaban y de cierta forma, me sentía conforme con mi rendimiento los últimos periodos. Gracias a la ayuda de Mika, quien claramente tenia mejores calificaciones que las mías, logré superar lo peor. Ya no me daba vergüenza admitir que él era mucho más hábil con los estudios que yo. Pero, que va. Mi corazón ya no sentía esa infantil rivalidad de antaño. Y, por el contrario, al parecer ya a nadie le incomodaba que nuestra relación se hubiese hecho mas formal. Cercano a las fiestas de navidad, nuestro noviazgo se había establecido con bastante hermetismo al menos para la comunidad. Los únicos que conocían bien nuestros secretos e intimidades, eran mis amigos. Joder…nunca me había sentido tan bien en toda mi vida. De vez en cuando, me cuestionaba yo mismo como era posible haber llegado hasta este punto sin haber tenido sentimientos románticos por alguien. Esperaba con ansias, seguir así hasta la eternidad si el universo lo permitía.

Pero…lamentablemente…no fue así.

El 20 de diciembre de ese mismo año y, luego de una fiesta navideña en Shibuya…ambos volvimos a la cruda realidad de la situación. Salíamos de cenar con los muchachos, cuando inexplicablemente y sin recordar ya el porqué de mi estúpida idea, cometí el primer traspié fatal de todos. Arg… ¿Por qué no hice caso…?

—Bueno chicos —exclamó Yoichi observando el reloj en su celular— Yo ya me retiro. Son las 17:12 y debo volver a casa. Este frío me está matando.

—Creo que somos dos —murmuró Shinoa— Yuu-chan. Mika-san ¿Volvemos juntos? Tengo el automóvil de papá aparcado a la vuelta.

—En realidad…—explicaba Yuichiro, observando de reojo a su pareja— Quisiera mostrarle a Mika los videojuegos de Akihabara.

—¿Qué intentas decir, Yuu-chan? —se mofó el ojiazul— ¿Es acaso una cita?

—¿Y si así lo fuera, que? —refunfuñó lo suficiente avergonzado, como para que la mayoría de sus camaradas se sumaran al baile. Demonios…odio cuando Mika hace esto. A veces me hace ver como un quinceañero.

A todos les había parecido una muy buena idea y comenzaron a incomodarme con palabrotas cursis y muy salidas de contexto. Sin embargo…

—¡Espera, Yuu! —le interrumpió Hiragi.

A juzgar por su expresión facial en esos momentos, algo no le había gustado de mi grandiosa idea. O, mejor dicho, le alertaba cierto tema que poco después revelaría con angustia. Resultaba ser que, en las noticias locales se había anunciado una especie de ataque en masa a jovencitos de nuestra edad por esa zona. Aunque claro, siendo un país tan grande con tanta gente. Vamos… ¿Cómo íbamos a tener tanta mala suerte de ser victimas de un ataque extraño? Además, ni tarde era. Nos volveríamos a casa apenas el sol se escondiera. Shinoa suplicó con sagaz argumento al respecto. No quise oír realmente. En esos instantes, lo único que bombeaba sangre acalorada a mi corazón era pasar tiempo a solas con Mika. Y dadas las circunstancias de su nacionalidad, concebí que debía mostrarle las periferias de aquel tal famoso distrito. A regañadientes, Hiragi nos dejó ir. Pero con la condición de llamarle prontamente regresara a casa o al menos estuviéramos de vuelta. Asentí repetidas veces solo para huir de ella. Esos planes marcharon a la perfección al principio. Tras llegar al barrio, literalmente arrastré a mi cómplice de bar en bar. De salón en salón. Y de cuantas tiendas de mangas y revistas hallé. Estaba en mi salsa. Pues si bien no era habido en cuanto a los estudios, era realmente experto en cualquier otro tema de esparcimiento que se tratase.

Y por supuesto Shindo se mostraba sumamente entusiasmado con las idas y venidas. Por algunos instantes, logré vislumbrar como sus ojitos titilaban al compás de escucharme hablar. Al final del día, pude comprobar que el propio vaivén de mis labios al emitir palabra alguna, le volvía loco; aprovechando cada pequeño chance de besarnos en los rincones mas oscuros de cada recinto.

Lo que no advertí por el relego de mi día, fue el horario. Al salir de la ultima tienda de videojuegos y por ser invierno, el sol ya se había dormido hacía mas de una hora. La noche se desplomó sobre nuestras cabezas. El frio era inoportuno para mí. Lo que para mi rubio camarada casi como un placer innato.

—No puedo creer que tengas tanto frio. Apenas está nevando —Mikaela aprovechaba para burlarse de su friolento compañero. Cada dos pasos que daba, parecía quedarse de piedra en la caminata. Sus piernas temblaban con una obvia notoriedad. Algo que le daba muchísima gracia— ¡Jajaja! Se nota que no conoces los verdaderos inviernos, eh. Algún día deberías venir a mi país natal. Ahí conocerías realmente lo que es el polo sur.

—¡Te burlas de mi porque naciste en un cubo de hielo! —chistó estremecido el pelinegro.

—¿No te parece chistoso eso? Soy casi como un muñeco de nieve.

—Tsk…lo de muñeco te lo creo —resopló Amane, frotándose las manos por sobre sus guantes— ¡Carajo Mika! ¡¿Eres acaso inmune?!

—Se podría decir…—acotó con ligereza, desviando la mirada. De pronto, se detuvo en seco en medio de una calle muy poco transitada. Su sentido natural e instintivo, no le alertaba de encontrarse en un lugar muy seguro. Miró hacia su derecha. Y luego hacia su izquierda. No parecía ser un lugar seguro— Yuu-chan… ¿En dónde estamos?

—¿Eh? —parpadeó.

Algo aturdido por el frio, observó los alrededores también. Se le habían congelado las neuronas, claramente; pues no se encontró así mismo en un sector conocido. Sacó el móvil como pudo de su bolsillo y abrió el GPS. Involuntariamente registró el lugar.

—Ah. No te preocupes. Estamos en la calle Maena. De aquí a la vuelta se encuentra el paradero de buses que nos llevará a la estación. Vamos.

Pero Mika se manifestaba bastante suspicaz con la información. No se sentía conforme. Por el contrario, un impaciente sentimiento de riesgo le oprimía el pecho. No es que no confiara en su pareja. Pero… ¿De verdad no estaban perdidos? Era ya mas entrada la noche y por alguna extraña razón, el ambiente no se sentía liviano. Yuichiro siguió al pie de la letra las indicaciones del GPS. A lo que, al poco rato de andar doblando en la esquina, se toparon a solo metros del paradero mencionado.

—¡Ja! ¿Ves? Te lo dije —exclamó triunfante el pelinegro— Debes confiar más en mí. Es imposible que el gran Yuichiro se pierda en este lugar. El ruso soltó un suspiro caliente de entre sus labios. Estaba aliviado y al mismo tiempo, más despejado.

Con suma serenidad, ambos aguardaron el próximo autobús en el paradero. La luz del foco sobre sus nucas pestañeaba errática. Quizás a causa del nevazón que caía o sin duda algún desperfecto en el led. El ojiverde marcó a Shinoa quien no tardó en tomar el llamado del otro lado. Ya mas templado, dio acuse de recibo a la causa. Por su parte Shindo se deleitó con examinar los autos que pasaban delante de ellos, limpiando sus parabrisas de la blanca nevisca que les impedía la vista. La luz roja estaba a punto de cambiar.

Un autobús pasó delante de ellos. Seguido de un auto. Uno. Y otro. Y otro más. Un taxi. Una camioneta. Un vehiculó negro de ventanales polarizados. Un vehículo azul de ventanales polarizados. Un vehículo rojo…

—Ya basta, Shinoa —protestó el pelinegro— Te voy a cortar ahora que se me está congelando la mano…

—¡Yu-…!

Todo ocurrió casi en cámara lenta. El automóvil rojo aparcando con violencia frente a ellos. Dos hombres descendiendo casi con el soplo del motor. El chirrido de las llantas en el asfalto húmedo. Un Mikaela forcejeando con ímpetu. Y aquellos sujetos arrastrándole por la fuerza hacia el interior de este. El coche perdiéndose en la nieve. Apenas si logró vociferar algo. Todo, por delante de sus estupefactos ojos esmeralda.

Se lo habían llevado. Se habían llevado a su amante…sin poder hacer ni decir absolutamente nada. La trémula mano que sujetaba el móvil, se abrió instintivamente dejándolo caer al suelo. Hiragi seguía a la línea, chillando por el repentino sonido de fondo.

—¡Yuu-chan! ¡Hey! ¡¿Yuu-chan?!

Pero no recibió respuesta. Solo un acongojado grito desgarrador por parte de su adorado amigo del alma.

¡MIKA!

—¿Shinoa, sucede algo? —Shinya, quien había llegado a casa corría a socorrerle— ¿Por qué esos gritos?

—Algo ha pasado —declaró la pelimorada, atónita con la situación— Algo le ha ocurrido a Mika y a Yuu. Algo muy malo…

—¿Qué dices…?

—¡Yuichiro ya contéstame con un demonio! —un ligero gimoteo se dejó esclarecer del otro lado de la línea. Súbitamente, la fémina activo el altavoz para que su hermano también oyera— ¡Yuu-chan! ¡¿Qué ha pasado?!

Mika…

—¿Mika? ¿Qué ha pasado con Mikaela? —insistió exasperada.

Se lo han llevado…—decretó con voz asfixiada— Han secuestrado a Mika…

—…

[…]

Mansión Tepes, 22:09PM.

—Mi señora. Tiene una llamada.

Uno de los fieles mayordomos de la soberana, ingresaba al comedor con el teléfono en la mano. Krul, quien terminaba de beber una copa de sangre artificial, prestó atención el reloj de pared que mostraba el lapso de aquella llamada. Era demasiado tarde como para que fuese algún vendedor o quizás un amigo. No. ¿Amigos? No tenía amigos en japón. No había que ser muy inteligente para intuir con avidez que no podía tratarse de nada bueno. Se limitó a limpiarse los labios con una servilleta de genero que reposaba en sus piernas y cogió el móvil.

—¿Diga?

Muchos siglos sin escucharle, majestad.

Precipitadamente, el semblante de la pelirosa se desfiguró. Por supuesto que reconocería esa voz a kilómetros de distancia. Lo que le realmente le impresionaba, era la desfachatez con la que se lograba comunicar con ella.

—Crowley Eusford —citó Tepes— ¿Cómo te has conseguido mi número? Bueno, no me respondas. Me importa una mierda. Claramente si llamas, no es algo para nada bueno.

—Que cruel eres a veces —se mofó el pelirojo de trenza azabache— ¿Acaso no puede un buen amigo de

—Pues no recuerdo para nada que fuésemos amigos. No al menos, desde que te aliaste con el depravado de Ferid —largó molesta.

—Pero…tu también eres una depravada en tal caso, Krul —rio Eusford del otro lado— ¿O acaso se te olvida lo que le hiciste al pobrecito de Mika? Vamos…el muchacho ni si quiera era así al nacer. No debiste convertirlo de esa forma.

—Sabes muy bien que lo hice para salvarle la vida —frunció el ceño— Algo que ustedes sin duda no conocen.

—Bueno, bueno. No llamo precisamente para hablar de cómo te convertiste mágicamente en una amante de humanos —se mofó el grandote— ¿No quieres saber en donde está tu preciado Mika-kun en estos momentos?

Krul se levantó velozmente de su silla, empujándola violentamente hacia atrás. Su diestra formó un puño contra el mantel, mostrando sus colmillos en modo defensivo. Bien, habían logrado cabrearla realmente. Después de toda la mierda por la cual habían pasado. Luego de huir de casi tres países y dos continentes. ¿No se rendían nunca? Uno de sus sirvientes le observó por el marco de la puerta con una expresión de aprensión. A lo que la mujer con semblante fruncido respondió al teléfono:

—Bien, maldito infeliz. Dime que quieres.

—Nos vemos mañana a las 8:00 en punto en el café Ohara de Shinjuku. Tu y yo haremos un trato justo.

—¡No estoy para juegos, pedazo de mierda! —vociferó colérica— ¡¿Qué es lo que quieres?!

—Mañana —repitió— A las 8:00. Café Ohara. Y todos volveremos a ser amigos. Todo estará bien —sonrió para si mismo casi con lascivia.

Tragó saliva en un intento forzoso por calmarse. Cerró los ojos unos instantes, antes de responder sabiamente. Un solo paso en falso y la vida de Mika….

—De acuerdo. Ahí estaré —dispuso. Aunque no sin antes, lanzarle una advertencia casi suicida— Y Crowley…

—¿Mh?

—Si algo malo le llegase a pasar a Mikaela esta misma noche —rezongó finalmente— Tu y Ferid, serán los primeros en morir.

Llamada finalizada. Tras varios segundos de silencio, Krul arrojó encendidamente todo lo que se hallaba en la mesa en esos momentos, haciéndose añicos contra la pared. Estaba tan furiosa, que no llegó a percatarse que sus labios sangraban por la fuerza con la que se había mordido así misma.

—Asuka —llamó a uno de sus criadas— Has todas las llamadas que estimes pertinente. Esto solo es el comienzo.

Comisaría de Akihabara, 23:40PM.

—¿Descripción del muchacho?

Yuichiro se encontraba en la estación de policía mas cercana al hecho. Apenas podía mantener los pies quietos sobre el suelo. Subía y bajaba con insistente nerviosismo las piernas. De arriba abajo. De arriba abajo. Sus manos formaban dos puños impotentes sobre sus muslos. La mirada clavada en el suelo, totalmente extraviada. Desentendido de la situación. No entendía un carajo. Por mas que trataba de concentrarse en la situación, era un suplicio para el poder contestar las preguntas de aquel oficial que de manera muy profesional tecleaba en el computador.

—Oe… ¿Muchacho? —solicitó nuevamente el policía— ¿Nombre completo?

—Mikaela…Shindo —fue lo único que logró emitir de sus trastornados labios. Estaba profundamente sobresaltado. Sus orbes danzaban erráticos de un lugar a otro, buscando respuestas a una pregunta que ni el se cuestionaba. ¿Por qué…? ¿Por qué había sucedido algo así? ¿Por qué a él? ¿Por qué se habían llevado a Mika? ¿Qué estaba pasando?

—Mikaela Shindo —respondió el joven, tanteando en el teclado— ¿Estatura?

Yuichiro solo conseguía confesar de forma robótica a sus preguntas. Pero con cada maldita pregunta, un flashback de imágenes arremetía sus recuerdos más íntimos. Con cada…jodida pregunta, una escena de Mikaela atormentaba su semblante. Y entonces, recordó todo…como si sus viseras y su propio esqueleto le abandonara del cuerpo.

—No lo sé. 1.75cm quizás.

Tan solo 5 centímetros más alto que él. Pero sus abrazos…su adorado abrazo, cálido, agraciado, tierno abrazo…envolviéndole entre sus extremidades quedando tan solo a la altura de su mentón…

—¿Peso?

—63 Kilos.

Sus manos acariciando su delineada cintura desnuda, poco masculina. 63 kilos apenas. Tan…menudo. Tan terso…tan fino…

—¿Color de cabello? —continuó el oficial.

—Rubio.

Sus dedos, enredándose en aquellas sedosas hebras amarillas como el sol. El aroma de su champú. Su bálsamo…

—¿Color de ojos?

—Azules.

Esa mirada tan penetrante, colmada de decoro. Su mirada…sus ojos. Sus perfectos ojos claros como el cielo de primavera. La sonrisa perfecta. La risa perfecta…

—¿Cómo iba vestido?

—Chaqueta gris. Jeans azules. Zapatillas Nike blancas.

Y su forma de vestir. Tan pulcro y ordenado. Siempre dispuesto, siempre guapo, siempre limpio. Siempre…exquisito.

—¿Horario de la desaparición?

Yuichiro no pudo más. Simplemente calló de sopetón. Ya basta. Pensó. Era un suplicio tener que describir de forma simplona al que ahora, el consideraba el amor de su vida. ¿Cómo podrías describir algo así con las palabras del cerebro y no del corazón? En realidad, no quería estar ahí. Solo quería encontrar a Mika, entender lo que había pasado y finalmente, entregarse a sus brazos como niñato de kínder. Afortunadamente no tuvo que aguantar mucho más. La mampara principal de la estación se abrió violentamente. Shinoa y su hermano Shinya aparecieron como dos almas en pena, para salvar la situación. Cansada, como quien corre una maratón, la pelimorada clavó la vista en su camarada. El que automáticamente volteó a verle y sin mayores angustias, se aflojó a sollozar. En un abrazo fraternal, la menor de la familia Hiragi le acogió entre sus brazos cual madre acoge a un hijo. Jamás en la vida, le había visto así. Tan débil. Tan pequeño. Tan…asustado y confundido.

—¡Capitán! —le saludó el uniformado al Hiragi mayor.

—Tranquilo. De ahora en más, nos encargaremos nosotros —determinó Shinya.

Mansión de la familia Hiragi. 12:50AM.

Mahiru había preparado té para todos. Pero el humeante brebaje ni si quiera fue tomado en cuenta por el pelinegro. Acongojado, minimizado en el sofá, solo se limitaba a mirar inerte la taza que le acompañaba. Shinya, quien mantenía un historial intachable como detective en la ciudad había tomado el caso como propio. Solamente porque Shinoa se lo había pedido.

—Mi departamento ha tomado el caso —declaró el mayor de todos— Pero necesito saber un poco mas del tema para tomar las diligencias correspondientes —a lo que Amane no respondió. Parecía petrificado— Yuu-…

—Hermano —le interceptó la estudiante de secundaria, negando con la cabeza. De forma recatada no deseaba presionarle tanto. Realmente estaba mal psicológicamente para un interrogatorio.

—Lo siento, Shinoa. Pero comprenderás que es parte de mi trabajo averiguar mas del tema —resopló Shinya— Necesito que tu amigo colabore con la investigación. De lo contrario, no podremos esclarecer el caso. Necesito pistas…por muy vagas que sean.

—Yuu-chan va a cooperar. Pero ahora mismo, el…—calló unos instantes, para observar como el ojiverde solo se limitaba a observar el suelo— El está algo en shock.

—Lo sé. Y créeme que lo entiendo. Pero en estos momentos fue secuestrado su amigo y-…

Su novio —interrumpió abruptamente la fémina. A lo que Amane despabiló con observarle— Su novio…fue secuestrado. ¿Comprendes lo delicado de la situación?

Shinya se rascó la nuca, haciendo un ademán de malos amigos. Mahiru tocó el hombro de su familiar, negando con la cabeza. No era un buen instante. Al menos esperarían a que se sosegara. No deseaba para nada tocar el tema, pero si no fuese necesario realmente no pretendía preguntarle nada más. Amane Yuichiro solo se restringía a mirarlos y a hipar casi en mudez. Para el pesar de todos había que indagar algo más.

—Yuu-chan —inquirió Shinoa, cerca de en un susurro— ¿Tu no-…?

—Se lo que dirás —le zanjó el pelinegro— Pero no. No tiene relación con los casos de muerte en Akihabara.

—¿Cómo estás tan seguro? —reclamó Shinya.

—¡Hermano! —le reprimió Shinoa. ¿En que habían quedado? El mayor de los hermanos se encogió de hombros. Vamos, joder. Déjame hacer mi trabajo. Le dijo con la mirada.

—Porque yo lo sé todo de Mika. Y el…tenía otros problemas.

Todos se regalaron miradas circunspectas entre sí. Bien. Al menos ahora sabían que el mozo tenía información valiosa que no quería revelar por los saberes que fueran. Tras varios intentos infructuosos, el detective comenzaba a perder la paciencia. No era de su práctica o rutina profesional tenerla. Solía interrogar malhechores, no pubertos traumatizados. Pero por la gracia divina de su hermana menor, debía guardar compostura. Nuevamente se incorporó a la plática. Pero esta vez, con dejo casi psicológico.

—Escúchame, Yuu-kun —habló Shinya, sentándose al lado izquierdo del sofá— Quiero que entiendas que estamos tan preocupados como tú, por Mikaela-san. ¿De acuerdo? No somos tus enemigos. Si bien, tampoco somos amigos. Y perdóname si soy muy duro, para tu pesar somos en estos momentos tu única esperanza. Necesito saber con exactitud…que problemas tenía Mika-kun —Shinoa le regañó con la mirada. Porque ella CLARO que SI era una amiga. Pero dejaría por una vez que su hermano hiciera su trabajo— ¿Me contarás que pasa aquí?

Tras unos cuantos minutos de afonía profunda…Yuichiro definitivamente reveló todo. Y sin duda, mas de alguien quedó boquiabierto con la noticia. Si bien había sido demasiada información para tan pocos minutos, ahora todo tenía mas sentido para el profesional agente investigador. Si bien desconocía si su caso en particular tenía alguna relación con las materias de desaparición, muerte y marcas en el cuello de Akihabara, de algo si estaba seguro. Era una mafia…la involucrada. Y tras una charla extensa con el pelinegro, pudo finalmente esclarecer lo que haría al respecto.

—Lo encontraré —sentenció Shinya delante de todos— Aunque sea lo ultimo que haga.

[…]

Cafetería Ohara. 8:00AM.

—Creí que no vendrías —protestó Krul Tepes.

Ambos vampiros se reunían tal y como habían acordado la noche anterior. Krul no estaba del todo satisfecha con el encuentro. De hecho, dos de sus guardaespaldas se encontraban encubiertos un poco mas allá de su mesa. Uno de ellos tomaba café y el otro, fingía leer un diario. Por supuesto que, por temas tan delicados como esos, había que tener sus precauciones. Crowley no se quedaba atrás. En la entrada de la tienda, le aguardaban cinco de sus más grandes guardaespaldas también. El grandote, se sentó frente a la fémina aparentando pedir un café. Tepes simulaba también pedir una copa de jugo de naranja. Eran merodeadores nocturnos, no bebían nada mas que sangre. Pero bueno, hay que aguardar las apariencias. Tras un escueto saludo, Eusford desentrañó un maletín con muchos documentos escritos. Entre ellos, extrajo un lápiz y un papel en particular que sin duda dejaría impresionada a la reina. El titulo citaba: "Traspaso de Tutela". La mujer soltó una risotada irónica. Demasiado ridículo para creerlo.

—¿Es joda?

—No. Para nada —rio el abogado Crowley— Aunque me encantaría que lo fuese. Si firmas este documento, te juramos en nombre del progenitor que dejaremos a Mikaela y a tu familia en paz.

—¿Eso es todo? —Krul arqueó una ceja— ¿Tanta parafernalia para que le entregue la tutela de Mikaela a Ferid?

—Es lo que lees —insistió con júbilo Crowley.

Mientras la pelirosa leía con esmero el "contrato" que su antagonista le manifestaba en la mesa, la camarera traía los pedidos. Una sonrisa casi infantil se dibujó en los labios de Tepes.

—¿Y bien? ¿Lista para firmar? —buscó Eusford, extendiéndole un lápiz suyo.

—Crowley…—Krul desenvainó desde sus ropas un lápiz convenientemente suyo. Y sin dudarlo más, firmó el trato— Solo quiero saber una cosa.

—Lo que quiera, majestad —una sonrisa afable se dibujó en sus mejillas.

—Dime —inquirió la mujer, guardando ahora su bolígrafo— ¿Cuánto te ha pagado exactamente Ferid? —le devolvió el documento sin mayores inquietudes.

—Mhn…digamos que "mucho" —dijo esbozando una sonrisa.

—Pues déjame decirte que… "mucho" —acotó en voz baja— Yo lo encuentro poco.

Crowley bebió de su falso café, estableciendo una mueca de asco. A lo que Krul calcó su conducta con su jugo. Una muy buena actuación entre ambos. Sin mayores preámbulos, Tepes se levantó de la silla y se apresuró a la salida.

—¿Dónde está mi hijo?

—La está esperando en un automóvil gris de dos puertas, a la vuelta de la esquina de Shinji, 34-085.

—Bien —asintió. Los guardaespaldas se levantaron junto con ella abandonando el recinto— Fue un placer hacer tratos contigo, Crowley. No olvides pedirme lo que quieras.

—Sus ordenes son placenteras para mí, mi señora —reverencio, casi jacobino con su lasciva propuesta.

Unas cuadras mas allá, Mikaela fue liberado a patadas de un auto gris. Magullado, pero sano y salvo, Krul le recogió con indiferencia; permitiendo que sus sirvientes le levantaran del suelo para llevarlo a su auto.

Esa fue la ultima vez…que Mikaela Shindo pisó suelo Nipon.

[…]

Fue un sábado 24 de Diciembre. A portas de navidad. Cuando Yuichiro y Shinoa, acompañados de su hermano mayor que se aventuraron a la mansión Tepes para avisar del secuestro de Mika. Lo que desconocían…sería lo que presenciarían a continuación.

Nada…

La Mansión Tepes…estaba abandonada.

—¿Qué demonios ha pasado aquí…? —preguntó Shinoa, estupefacta.

La casa estaba vacía. Todos los muebles e incluso el revestimiento, los jardines, los cuadros, permanecían ahí. Sin embargo, tanto Mikaela como Krul y toda la servidumbre se habían prácticamente esfumado. ¿Acaso…?

—Muchachos —esclarecía Shinya al teléfono. Había colgado hace solo 5 minutos atrás. Pero era suficiente para transmitirles la noticia— La Familia Tepes ha abordado un vuelo.

Yuichiro cayó sobre sus rodillas, devastado tras la noticia. ¿Cómo era posible? ¿Su novio acaso se había marchado del país sin avisarle? Observó a Hiragi con estupor. A lo que Shinya logró responder apenas con una negación de cabeza.

—Lo siento mucho…al parecer, Mika volvió con su familia. Y…—tragó saliva antes de declarar la sentencia de muerte para el pelinegro— Se han ido del país.

—…

Era el fin…

Amane Yuichiro en esos instantes…solo demandaba una cosa en la vida.

Morir…