17 años atrás. Rusia, ciudad de Moscú.

El nombre de mi madre era Tomoe. Shindo Tomoe. Y el de mi padre, Liev. Borisov Liev. Por esos años se habían conocido fortuitamente en el ballet Bolshoi. Mi madre era una activa bailarina de ballet ruso, muy destacada a sus cortos 20 años a pesar de ser descendiente nipona. Y mi progenitor era tan solo el único hijo de una gran familia de jugueteros de Volgogrado. Sin embargo, su fortuito encuentro sin duda podría ser catalogado como de esos fantasiosos "amor a primera vista". Jóvenes e inexpertos, contrajeron matrimonio a eso de los 4 años luego de conocerse. Ricos y exitosos, tras varios inconvenientes por su relación un tanto ortodoxa y sin duda con una seguidilla de errores, mi inexperta mamá había sufrido un incidente vehicular. En el que los ligamentos de su pie derecho se habían cercenado. Acabando así, de forma prematura su carrera como bailarina. Devastada por los hechos acontecidos un año atrás, intentaba de forma desesperada buscar un consuelo a los nefastos incidentes.

Fue así como mis padres huyendo de las malas lenguas de Moscú, escaparon a las afueras de Kazán. Ahí, en medio de la nada, en un campo abierto lleno de regalos de la naturaleza, encontraron al fin un alivio para sus atormentadas almas. Una nueva religión tomaba fuerza por esos lares. La iglesia Hyakuya, que mas bien para mi ahora sería considerada una secta; reencontró a mis progenitores en un ambiente de paz y solemne postergación. Rigr Starfford el líder de la secta, de cualquiera u otra forma había persuadido a mi progenitora de profesar la leyenda, de que un nuevo redentor de la humanidad se aproximaba a venir al mundo. Incrédula al hecho, Tomoe reforzó aún más sus dogmas en la fábula paradójica de dar a luz a la hija de dios en su vientre.

Y bajo esa consigna, ella se embarazó. Lo que finalmente resultaría el nacimiento de un varón en la familia. Algo que sin duda decepcionó a los integrantes. Para el patriarca de nuestro linaje, el hecho era solo una señal mas de los altísimos. Si llegaba a concebir un varón era porque así estaba destinado a ser. Sin embargo, para mi señora madre no era mas que un castigo divino. Sin pensarlo dos veces, sería algo así como una sentencia de maldición para todos. A la edad de mis cortos 8 años, fui arrojado de forma violenta por un automóvil en movimiento a las afueras de Kazán. Con la frase de que era un liberador misericordioso de la humanidad.

Mentira. Totalmente falso. Solo fui desechado cual basura poco amigable y aceptada por la secta. En cuanto a mí respecta, los años venideros al rechazo de mis progenitores resultó una total farsa. Acabé en un orfanato convenientemente con el mismo nombre de la secta. Y mis padres, se incineraron en un incendio incontrolable producto de un choque automovilístico contra un muro de concreto. Estaba solo. Completamente abandonado a la deriva, cuando un siniestro falso bienhechor surgió en mi vida. Se hacía llamar Rigr Stafford. Mejor conocido en oriente como "Saito". El cual su única funesta misión era reclutar niños huérfanos para el orfanato bajo el aciago nombre de "Hyakuya". Allí fui criado. Y a los pocos años de haber cumplido 13, un nombre de apariencia siniestra me adoptó con el servil apodo de Ferid Bathory.

¿Qué si sabía sobre la existencia de los vampiros? No. No tenía la menor puta imagen. Pero Ferid no tardó en concebirme aquella idea. No solo había abusado de mí, sino que también de la mayoría de mis compañeros de morada. Con apenas algo de que existir, decidí huir por mi cuenta hastiado del mal vivir que ahí me brindaban. Jamás olvidaré mi primer intento fallido de escape. Y sería el mismo Bathory quien me lo perpetuaría el resto de mis duras jornadas. Ya que luego de esa funesta noche, bebió de mi sangre a mas no poder. Al punto de hacerme perder toda esperanza de escapatoria. Al cabo de un par de años, ya se había enterado de la herencia de mis padres. Sin contar el hecho de que adoraba la forma en que gimoteaba de dolor siendo reducido por él. Mermado, dominado, encadenado a su poderío político, religioso y económico, no hallé escapatoria alguna. Ferid Bathory abusó de mi hasta casi perder la conciencia. Pero claro, no era solo conmigo. Lo que pasa es que yo era algo así como su favorito. Y para un vampiro noble purasangre de su estirpe, el preferido no se deja escapar, así como así.

Fue así como hasta los 14. Cuando el imperio gubernativo de los vampiros perdió potestad en la cámara alta de Rusia. Los gobernadores y subyacentes consideraban que los vampiros eran una plaga para la sociedad. No respetaban sus pautas éticas. Y peor aún, sus estatutos y códigos penales. Lo que se tradujo a que finalmente al primer ministro le cabreara hasta el culo. Sin duda por las miles solicitudes y reclamos de la ciudadanía. Ya no eran considerados "vampiros". Si no, coloquialmente conferenciando "chupasangres" sin alma, sin centro de estatuó, ni comportamiento. A raíz de ello, la primera iglesia o "secta" en caer, sin duda fue la congregación Hyakuya. Disolviéndose a mediados de ese mismo año. Libre de aquel peso estatal, fui trasladado a una nueva entidad mediadora. En donde sin premuras, una noble vampira de alta categoría étnica pudo finalmente tomar mi tutela. Krul Tepes.

Krul no era para nada solidaria a la humanidad. Al contrario, por esos años aborrecía a los humanos. Y sin duda pensaba a ciegas que éramos una catástrofe para el planeta entero. Un tipo de variedad horripilante que debía ser aniquilado. Pienso yo…que por la herencia que me acaecía y por mis rasgos muy marcados de forma étnica, se interesó por mí. Luego de una batalla legal, Krul despojó jurisdicción de mí. Pero yo ya estaba roto. Corrupto, denigrado, corrompido, tanto por los humanos como por los vampiros al ser un preso de un noble. Una vil puta para la diversión de cualquiera. Hasta el día de hoy me curioseo que la impulsó para codiciar tomarme bajo su protección. No obstante, ella tenía magnánimas ambiciones en mí. No dudó ni un segundo en convertirme en vampiro como ella. Tras darme juicio ante su linaje (Me dio el beso final de un purasangre) al padecer Leucemia, me convertí en un amante de la noche. Un ser nocturno, impío. Aunque la mitad de mis células lucharan por no convertirme en un monstruo totalmente. Algo semejante a un ser de la oscuridad, sediento de sangre, incapaz de crecer, sin vida eterna. Tepes entendió mi valerosa intención por aferrarme a los vivos. No deseaba detener mi pubertad ni mucho menos perder lo poco y nada que me quedaba de humanidad. Después de todo, siempre me cuestione una cosa. ¿Qué me impulsaba a vivir así? Ya no era humano. Ni mucho menos vampiro. Mi corazón había dejado de latir hacía mucho. ¿Por qué querría ser completamente una bestia chupasangre? Ni sentido tenía. La única condición que tenía para convertirme 100% en vampiro era tomar sangre humana. Me rehusé. Luché contra ello hasta mas no poder. Y Krul, ahora mi nueva madrastra lo entendía mejor que nadie. O quizás no lo comprendía, pero al menos fingía que sí. Ella me apoyó. Y sin poner en tela de juicio dos veces mi ambición, me ofreció beber de su sangre de noble para conservar lo poco y nada que me quedaba de humano. Llenando frascos de sangre, consintió mis insuficiencias mas primordiales. "No quiero detener mi crecimiento. Quiero seguir siendo humano…aunque ya no lo fuera…del todo"

[…]

—La familia Tepes a abordado un vuelo —declaraba Shinya.

17 años después. Japón, hora actual.

Tras escuchar aquello, Yuichiro abandonó la casona con suma prisa. Sin pensar a donde realmente corría, dio carrera hasta el patio trasero de la finca. El gélido viento de invierno azotaba sus pulmones sin darle tregua alguna. El dolor era insoportable. Con cada bocanada de aire que daba, el frío aliento de su propia respiración le traicionaba. Dolían sus pulmones, clavándose como cuchillas infaustas en su pecho. Quería gritar. Aullar a los cuatro vientos como le dolía en el alma la partida de Mikaela. ¿Por qué mierda se había ido? ¿Por qué mierda no había avisado? Pretendía darse por muerto. Aspiró viento frio, exhaló aire ardiente. Sus labios expelían fuego en forma de nubes. El pecho le subía y bajaba con arrobamiento. Una y otra vez aspiró y exhaló con angustia. Cerró los parpados. Le punzaba en lo más profundo. Le lastimaba. Mika le estaba haciendo daño de una manera tan visceral. ¿Era este el costo de tener sentimientos por alguien? Jamás lo experimentó. Y ahora lo sentía en los huesos. Se tomó el pecho. La diestra que ahora oprimía el lado zurdo del corazón lastimaba. Lastimaba mucho…

Se dejó caer sobre sus rodillas sobre la nieve pavorosa. Sus articulaciones laceraron sus pantalones negros. El dolor era casi intolerable. Tragó saliva y mostró los dientes. Esa blanca dentadura colmada de furia. Sentimientos encontrados de castigo, furia, añoranza, ansiedad. Un intranquilo sentimiento de abandono. Mierda. Traición. Sentimientos típicos de un amor ignorante, inocente, inexperto. Pero nunca falta quien nos da un cable a tierra.

—Yuu-san —profirió con pena Shinoa. Había presenciado el desplome de un grande para ella. Dividió los labios emitir alguna palabra de aliento. Pero en momentos de desilusión como esos ¿Cómo poder encontrar las palabras adecuadas para algo así? Así que decidió callar, no sin antes soltar un suspiro endeble. Por el momento, le dejaría en paz. Era una noticia realmente catastrófica para el pelinegro.

[…]

Así mismo como la nieve había empapado la ciudad. Así mismo se esfumó. Transcurrió entonces 1 año desde que Mikaela se borró del mapa. Los muchachos ya cumplidos los 18 años. El invierno abandonó Japón. Dando paso finalmente a la primavera. Pero no solo la naturaleza se había visto víctima del cambio climático. Amane Yuuichiro claramente ya no era el mismo. Un chico hipócrita para sus propios sentimientos, terminó ingresando a la policía imperial del país. Con casi 18 años a cuestas, sus prioridades habían cambiado. Decidido a combatir el crimen organizado, se vio envuelto en pleitos de Yakuzas, políticos y cuanta cosa pudo abarcar. En consecuencia, un chico rebelde que si bien le costaba demasiado acatar ordenes por la fuerza logró adaptarse a la vida monótona de Tokio.

Universidad Imperial de Tokio, 9:30 am:

—Shinoa.

Hiragi Kureto, quien ahora no era director de un instituto si no de la gran y prestigiosa Universidad de Tokio, le recibía en su despacho. Hacía un año que no la veía y sin duda, sentía una curiosidad intrínseca por su convocatoria. Una casi egresada de la secundaria y aspirante la academia de leyes; enfocada a convertirse en la mejor abogada del país le visitaba.

—Hermano —reverenció la pelimorada — Cuanto tiempo sin verte.

—Dios —farfulló con júbilo— Pero mira como has cambiado. Ya estas toda una mujer.

—Ah…si —rio falsamente la menor de la familia— Digamos que "crecí"

—Aunque sigues midiendo lo mismo —bufó el hombre. A lo que su familiar chistó con incomodidad. Cierto…quedamos en que no hay que bromear con su estatura…— ¿Qué te trae por aquí?

—Desde que dejaste tu trabajo en el colegio y te viniste acá, no pasas mucho tiempo en casa. Y me preguntaba realmente —expresó con nostalgia la muchacha— Si irías a mi graduación. La fiesta es el 15 de noviembre.

—Ya sabes que he estado ocupado últimamente.

—No. Realmente no tengo idea.

Un mutis lúgubre entre ambos. La mueca afable de Kureto se había desvanecido como el viento se lo llevaba. ¿La razón? Shinoa en sus 18 años jamás le visitó por nada en particular. Ni si quiera cuando estuvieron prácticamente conviviendo juntos en el instituto. Al ser el cabecilla de la noble familia Hiragi y si bien, pertenecía al rubro de la política, ni en pelea de perros se le habría pasado por la cabeza cuestionar sus actitudes. En esta ocasión, sería un caso "especial".

—Ah. Déjame adivinar —Kureto se alzó en su silla, dando tres a cuatro pasos hacia su pequeña e inexperta hermana— ¿Acaso podría ser que vienes a cobrar sentimientos? —a lo que la Hiragi menor respondió con una risotada infantil. ¿Cómo crees?

—¿Cuándo, por el amor a los dioses cuestione tus virtudes y defectos, hermano?

Bien, basta de bromas. El pelinegro cogió una botella de Whisky del estante y sirvió dos vasos con hielo de una manera modesta. Si bien al principio la fémina negó beber aquel brebaje tras presenciar que, su camarada lo bebía de golpe se animó a incursionar en su sabor. Muy amargo, pero realmente sosegante. En cuestión de segundos, sus pómulos se tornaron rosas. Y tanto sus piernas como si afilada lengua, se anestesiaron. Lo que sin duda daría paso a una embarazosa plática.

—Shinoa. Cuéntame. ¿Cómo puedo ayud-…?

—Sabes que jamás te pedí nada a cambio, hermano —interrumpió la mujer con total osadía. La mirada incisiva. Los labios ásperos. Sin duda no estaba jugando— Pero ahora mismo me siento en la obligación de preguntártelo —y sin duda su llano y natural hermano mayor tendría la réplica a aquella interrogación. Por años, la esperó— ¿Dónde está Shindo Mikaela?

Algo que, sin duda no le dejó helado. El hombre de ojos canela, dibujó un mohín de forma hipócrita en su rostro.

—¿Quién?

—Disculpa. Mejor dicho —modifico la chica— ¿Hyakuya Mikaela?

Fue en ese preciso momento, que la expresión ególatra del muchacho se esfumó de su rostro. Tomó asiento con parsimonia. Y con total templanza indagó.

—¿Hyakuya Mikalea? No me suena para nada.

—Hermano. Ya deja de mentir. Hablo de Mikaela. Shindo Mikaela. El estudiante que sin preocupaciones admitiste en el instituto hace 1 año atrás.

—¡Ah! ¿Te refieres al jovencito "ruso" que acepté en la secundaria? —se escarneció sin desvelos. Algo que sin duda encabronó aún más a Shinoa. Ella frunció el ceño. ¿Qué más podía mentir? No daba duda alguna que había venido a buscar respuestas. Y sería eso mismo lo que le daría. De todas formas. ¿Qué más podía perder? El muchacho y su madre se habían ido ya— Pero eso fue el año pasado. Ya no están.

—¿No tienes nada más que contarme sobre eso?

—Realmente no —confesó sin tapujos— ¿Qué podría decirte? Solo le hice un favor a una vieja amiga. Es todo.

Hiragi Shinoa se dio un trago intenso de su vaso. El líquido amargo pasó por su garganta como mil cuchillas. Sin más que decir, se levantó de su sillón dispuesta a dejar la habitación. Pero claro, una fotografía enmarcada de muchos hombres y sin duda, "Krul Tepes" en medio no le dejó cabida para dudas.

—¿"Vieja amiga"?

—Shinoa…

Nuevamente ese silencio profundo que mata a cualquiera inundó el despacho del mayor. Mierda, joder, ya basta de bromas.

—¿Cuál es tu relación con esa mujer y por qué, tienes una foto con ella?

—¿Estás aquí por voluntad propia? —curioseó Kureto, plegando la nariz— ¿O más bien por tu amigo Yuuichiro?

—¿Y si así fuera, que?

Ok. Listo. Al grano con la interrogación. Así es como el hombre de ojos marrones adoraba llevar a cabo las conversaciones. Kureto exhaló con impulso de confesar.

—Bien, hermana. Ya has captado mi atención. ¿Qué quieres saber realmente?

—¿A dónde fueron? —cuestionó la pelimorada— Solo tu podrías saberlo en un momento así. Y por favor, hermano. Ya dime la verdad.

—Dios santo, Shinoa —carcajeó el director. ¿Realmente era de vida o muerte la pregunta? Mierda, su expresión facial así lo denostaba. Chistó, mordiéndose sus propios dientes. Si. Carajo que, si iba en serio pues su camarada estaba casi de piedra a su respuesta— Bueno…si insistes —alzó la diestra para mostrarle un globo terráqueo del mundo— Tomaron un vuelo y se fueron.

—¿A dónde fueron realmente?

—A Canadá.

—¡Hermano! —refutó la mujer— ¡No sabes mentir! —volvió a insistir, totalmente decidida— ¡¿Canadá?! Mi hermano Shinya dijo que-…

—¡Ok! ¡Ok! —aceptó finalmente— Ustedes son unos aguafiestas —resopló— Todo fue un plan de Krul ¿Vale? Se hicieron un par de llamadas y el trato era decirle a todo el mundo que se habían ido a Canadá. Hasta sacaron boletos para allá. Yo los capitalice. Pero realmente no están allá. Por temas legales, no se fueron.

¡¿Era joda?! ¡¿Había financiado una farsa?!

—¡Ya dime donde están! —suplicó Shinoa, dando un golpe en la mesa de su escritorio— Te lo ruego…ya dime la verdad…es de vida o muerte.

—¿Realmente te enamoraste de ese chico…? —disputó Kureto. Pero la menor calló en seco. No era tema sus sentimientos ¿O sí?

—Te lo ruego…Hermano…yo…—tragó saliva— No…

—Están en la isla de Kyushu. Región de Honshu.

Gélida como una piedra. Es joda, ¿verdad? ¿Realmente nunca abandonaron Japón? ¿Por qué…?

—Sé dónde están ahora mismo. Aun mantengo contacto con la familia Tepes. ¿Realmente quieres ir allí?

¿Me estás jodiendo? ¿Era pregunta o más bien una confesión? ¡¿SABES CUANTO SUFRIÓ YUU-CHAN POR ESTO?!

—¡Kuret-…!

—Te enviaré las coordenadas de la finca Tepes. Con la única y ponderada condición —dispuso Kureto— Prométeme que los dejarás en paz. —Imposible. ¿Cómo mierda podía guardar un secreto así? — Krul y Mikaela estaban en grave peligro. Si no entiendes un carajo lo que digo, al menos hazlo por ellos. Si se fueron de Tokio es por algo. Shinoa. Esto es serio. No tienes idea del daño que podrías causar con esto. Si Tepes se llega a enterar, que yo-…

Ya cállate —demandó la menor con total desprecio— Para ti fue fácil defender una mentira ¿No? ¿Pero tienes la menor o mínima idea del daño que le hizo a sus seres queridos? ¡No sabes nada! —profesó con ira.

—No…realmente no lo sé. Porque no me involucré tanto. Solo pretendía ayudar a una amiga de la infancia.

—Pues anda enterándote —vociferó la femínea— ¡Mi mejor amigo lloró y sufrió por eso!

—Shinoa. Tu amigo Yuichiro también corría un grave peligro.

Tú no sabes —se amparó— Realmente no…

El pelinegro se encontraba hastiado ya con la conversación. Llegó a gesticular algún amago de irreflexión en su rostro. Pero para su familiar todo estaba claro. Y sin más prefacios, abandonó la oficina.

12 de Julio. Verano.

¿En pleno verano, ¿eh? Justo cuando aquel chico extranjero, misterioso, recatado, llegó a su vida. Volvamos entonces a aquel Yuichiro despreocupado que nada le importaba. Si. Hace exactamente 1 año atrás. Luego del almuerzo de las 12, aquel muchacho apareció como un serafín caído del edén. El primer recuerdo que se consagró en su memoria, plasmado a fuego…fue aquel primer cruce de miradas penetrante entre ambos. El extraño desde el estacionamiento. El experto estudiante desde la azotea; escondido por la timidez. Nuevamente regresamos a lo mismo. ¿La diferencia? Mucha agua bajo el puente. Una relación interrumpida por los acontecimientos venideros. Y una fiesta de graduación a cuestas.

¿Estoy jugueteando con el lápiz otra vez? Se cuestionó el estudiante. Muchas noches con el sueño despojado. Noches en las que el único recuerdo fidedigno al cual podía aferrarse…solo para diferenciar entre la pesadilla y la verdad en la que se encontraba. El fastidioso número sin tono de Mikaela. Innumerables veces en la penumbra de su habitación, abandonado de todo sentimiento de amor marcó su número. Tan solo para conseguir como respuesta su voz. Su suave acento…su pronunciación japonesa…

"Mikaela al habla. Ahora mismo no puedo atender tu llamado. Pero agradecería que dejaras un mensaje después del sonido. Prometo llamar de vuelta"

Ese buzón de voz era merecedor sin duda de un maldito Grammy a la mejor melodía del siglo entero.

"Mikaela al habla-…"

—Mika…por favor —imploró entre sollozos— Dímelo otra vez… ¿Estás hablándome?

"Mikaela al habla. Ahora mismo no puedo atender tu llamad-…"

—Llámame de vuelta…—marcó otra vez.

"Mikaela al habla. Ahora mismo no puedo atender tu llamado. Pero agradecería-…"

—No agradezcas, pieza de imbécil —ahogó la voz.

"Mikaela al habla. Ahora mismo-…"

—¡Perverso embustero! —protestó con dolor— Hipócrita. Sínico.

"Mikaela al habla. Ahora mismo no puedo atender tu llamado. Pero agradecería que dejaras un mensaje después del sonido. Prometo-…"

—¡Maldito bastardo rubio y tonto! ¡No prometas cosas que no harás! —vociferó a llanto completo. Marcó otra vez.

"Mikaela al habla. Ahora mismo no puedo atender tu llamado. Pero agradecería que dejaras un mensaje después del sonido. Prometo llamar de vuelta"

—…bien —expresó sin más— Si vas a llamar de vuelta, te dejaré este recado entonces. Estúpido, imbécil, bastardo, mentiroso, maldito…—lloriqueó entre injurias agudas— ¡RUBIO! ¡COBARDE! ¡VUELVE Y ENFRENTAME! ¡¿NO SE SUPONE QUE ESTO ERA REAL?! ¡YO TE CREÍ! ¡TE CREÍ, OK! ¡RUSO DE PACOTILLA! ¡PASIVO! ¡MALDITO HIJO DE PU-…!

"Ha alcanzado el máximo de segundos para el mensaje. La llamada se finalizará hora"

—…maldita sea tu cuna…Mika…—protestó impotente Amane Yuichiro— Ladrón…ladrón…devuélveme todo…—Ya no sabía que más decirle. Sin insultos se quedó— Restitúyeme el corazón…infeliz…—…y entre lamentos, se durmió.

[…]

—¿Mikaela?

Krul Tepes inquirió ignorante ante el insólito atisbo agobiado del menor. El ojiazul permanecía impávido sobre el sofá rojo que adornaba la sala. En su diestra, sostenía un teléfono.

—¿Qué tienes en las manos?

No molestes —demandó Mika mostrando los dientes— Déjame…solo…

El móvil cayó al suelo, arrastrándose un paso tras de sí. Silencio total entre ambos. El menor se alzó con expresión vencida del sillón y prontamente huyó de la habitación. Desconfiada…pero ni tanto, Krul cogió el celular del piso; acercándolo a la oreja para oír. Pasados unos segundos, apretó los labios. ¿Por qué su progenitor se torturaba con algo así? Le alcanzó hacia las escaleras.

—Voy a destruir este teléfono —declaró. A lo que el joven vampiro respondió con decadencia— Pensé que cuando te di el nuevo, habías entendido.

Haz la mierda que quieras.

—Mika…—espetó la mujer.

Jamás. En los pocos años que le había conocido, le había visto una mirada tan decadente, acabada y poco importante en sus ojos. Ahora mismo ni si quiera eran azules. Eran grises. Grises como el maldito cielo de invierno que amenazaba Rusia o Japón o la mierda que fuese. Es que lo que había escuchado al teléfono…era devastador. Tragó saliva y entonces declaró finalmente.

—Prometo que…—aguardó unos segundos, antes de hablar. Debía pensar muy bien lo que diría a continuación antes de arruinarlo. Cerro los parpados— Haré lo posible para que ese muchacho no sufra más de la cuenta.

Shindo contuvo el paso en el octavo escalón. Su diestra estrujó el pasamanos. ¿Acaso era una mala broma de vampiros?

—¿Qué dices? —refutó el menor de reojo por el hombro. La pelirosa soltó un suspiro exhibiendo el celular en su mano.

—Lo que oyes —decretó— Está claro que está sufriendo. Y si bien no haré nada para impedirlo. Quiero que tú tampoco te metas —finalizó.

Le lanzó el móvil sin esperar que lo atajara. Pero mierda, que si lo hizo. Dentro de ese pequeño aparato tecnológico, existían fotos, grabaciones, recuerdos…

—Krul…—susurró Mikaela— ¿Acaso tu…?

Ahora te toca a ti, guardar silencio —rezongó— Créeme o no, no lo hago por ti. Ajá… ¿Sabes, Mika? Si yo hubiera querido ser madre hubiera parido yo misma a algún mocoso. Pero ¿qué crees? Soy un vampiro como tú. Uno de los primeros y mas antiguos de todos. Todo lo que he hecho estos últimos casi 7 años, ha sido complacer mi propio deseo de manipularte a voluntad ¿Soy muy mala no crees? —y volvió a una risotada— Ahh…sí. Somos muy malos. Pero es lo que somos. Y te guste o no, debes aceptarlo.

Silencio…

Ah, Krul. Por fin lo habías confesado. Tras oír aquella confesión el rubio comprendió con mucha mas claridad la situación. Toda su historia, estaba arrinconada por una empecinada vampirita pervertida.

—Ya lo había escuchado de alguien más—rio despreocupado el ruso menor— ¿Soy solo eso para ti?

—No te quieras hacer la victima ahora, Mikaela —frunció el ceño Krul— El único que se engaña aquí eres tú. ¿Por qué a pesar de haberte convertido en mi mascota te rehúsas a beber sangre humana? Ah… ¿O ahora te dio el Alzheimer? —Mika carcajeó con algarabía. ¡Esperaba años escuchar algo así! ¡Entonces no había sido un sueño! La noche que le había convertido en un maldito chupasangre, ella realmente…

—Tu conociste a mi madre. A mi padre. A la secta Hyakuya. ¿Cómo podría mentirte? —rebatió— Hagas lo que hagas, jamás seré como tú. Por muy vampiro que sea ahora mismo, no perderé mi humanidad solo por tus caprichos. Esa es la diferencia entre Yuu-chan y yo.

—Exacto. La diferencia entre Yuu y tú. Es que tú eres inteligente y el no. ¿sabes por qué? Porque te críe yo.

—No —sonrió con cinismo Mikaela, dando media vuelta para bajar las escaleras nuevamente— La diferencia es obvia. Es porque el creció siendo adorado por sus padres y yo, crecí con la verdad a flor de piel. Porque hicieron conmigo lo que quisieron. Golpeado, abusado, violado por Ferid. Tú y ese podrido consejo de antecesores. Todos. Y ¿Sabes qué? Sobreviví igual.

Tepes se mordió los labios, chascando la lengua.

—Desde cuando eres tan engreído ¿Eh? Solo aprendiste a usar la cabeza — la mujer le observó con las pupilas bien abiertas. El color granada de sus orbes, brillantes de ansiedad — ¿Qué?

—La humanidad no es una raza que necesite ser "fuerte". Solo los vampiros lo creen así —musitó Mika a escasos centímetros de los labios de su querida madre— Los humanos…cuando nos sentimos mal, lloramos. Y eso está bien. Cuando sentimos miedo, huimos. Y eso está bien. Cuando nos enamoramos, sentimos placer sexual. Y eso está bien —el dedo índice de su diestra dibujó un camino dócil por la tersa mejilla de su compañera, casi en un acto lascivo— Ah…Krul.

—Tch… ¿Qué…estás insinuando con todo esto? —la reina dio un paso endeble hacia atrás, sosteniendo por inercia el peso de su menudo cuerpo— Tu ni si quiera eres humano ahora —se defendió haciendo un mohín.

—No, es cierto. Pero tampoco soy del todo vampiro… —declaró finalmente Shindo, lamiendo obedientemente el oído de su "mami" — Mhm —siseó — Eres tan sucia como Ferid. La única diferencia entre ambos…es que tú eres una hipócrita.

¿Qué pretendía Mika? Como odiaba cuando se comportaba de esa forma. Paulatinamente sus pómulos se tiñeron de un rojo furioso imposible de aplacar. La expresión erotizada en el rostro de su hijastro le causó escalofríos. De un momento a otro, la garganta se le secó. Sus rosáceos labios se partieron, formándose pequeños surcos en forma de flores rotas. Si tan solo quería beber su sangre. ¿Por qué mierda tenía que torturarle así?

—Te gusta jugar a esto, ¿no? —Tepes empujó la cabeza de Mika contra su cuello.

—No niegues que te encanta —masculló Mika, clavando en definitiva sus colmillos en el pálido trozo de piel expuesta, dulce y exquisita de su adorada madre. Su sangre fue drenada en cuanto un ultimo quejido se deslizó por sus belfos— Haa…

Krul le observó sin ningún atisbo de cariño. Por el contrario. Si en algún momento llegó pensar que ese pequeño pedazo de mierdecilla rusa era su mascota. A veces…en un par de ocasiones, solo por unos instantes sentía que era todo lo contrario. Eso era sin duda intolerable incluso para alguien de su estirpe. ¿Cómo se atrevía? El juego era divertido, pero solo hasta cierto punto. El ojiazul retrocedió un paso de su anatomía. Impávida, sin la necesidad si quiera de limpiarse las gotas escarlatas que chorreaban por su cuello, le dio una bofetada.

—Eres un insolente, huérfano Hyakuya Mikaela —farfulló colérica Tepes con el entrecejo arrugado— La próxima vez que intentes someterme… —se abalanzó hacia él, comprimiéndole las mejillas entre el dedo índice y el pulgar.

—¡Ghn! —rezongó Mika de dolor.

Te arrancaré los globos oculares de las cuencas de tu patético cráneo —amenazó.

—…

Le soltó el rostro tras empujarle del mentón hacia atrás. Bien…nunca le había visto tan enojada como en ese momento. ¿Es que acaso había descubierto el punto G de la Reina de los Vampiros? Ah…ahora todo tenía sentido. Krul era indiscutiblemente sensitiva al momento de tocar su orgullo. A partir de ese encontrón, se anidó en los pensamientos más oscuros de Mikaela un interrogante demasiado complicado de sostener ¿Acaso su queridísima madrasta estaba molesta por algo en específico? Pero si así fuese, dudaba que Yuichiro fuera la causa. Por el contrario, ella siempre se manifestó contenta con la idea de que estuvieran juntos. ¿Entonces…de quién? ¿Podía ser que…Ferid Bathory tuviera la culpa?

Rusia, Moscú. 30 años atrás.

—Les agradezco mucho que hayan podido asistir a este consejo en persona —habló así Sika Madu. Líder y primer fundador de los vampiros.

En una gran ciudadela escondida bajo la superficie de la gloriosa Moscú, se alzaba el complejo asignado para las reuniones de todos los nobles vampiros según se acordaba. Si bien, esta congregación se celebraba una vez cada 100 años. En esta ocasión, el contenido de la tertulia era sin duda algo esperado por muchos. Se sirvió un gran banquete, que solo incluía copas de infinitos litros de sangre. Algo de música clásica y un extraordinario aforo de muchos otros integrantes a lo largo del planeta.

—Todos mis progenitores están aquí —sonrió afable Sika, alzando las manos. Cada uno de ellos, le regaló una reverencia en cuanto sus nombres fueron mencionados.

Urd Geales. Rígr Stafford. Lest Karr. Ky Luc. Ferid Bathory. Crowley Eusford. Krul Tepes, entre otros.

—¿Joh? —murmuró Ferid con una sonrisa infantil dibujada en el rostro— ¿Has venido sola, Krul? ¿Qué ha pasado con tu hermanito?

Pero la fémina solo se limitó a observarle con determinante frialdad. Siempre le consideró tan impertinente para hacer preguntas. Incluso, si ella tenía un rango mucho mas grande que el de su fastidioso camarada; jamás le mostró aprecio o si quiera un atisbo de respeto. Últimamente habían sucedido cosas que los mantenía con una relación tirante. Pero bueno…eso sin duda era algo muy habitual en el mundo vampírico. En general, nadie así se caía bien. Y si no se sacaban los ojos entre si era exclusivamente gracias a Madu. Además de existían reglas que lo prohibían por lo demás. Tepes dio un sorbo a la copa que sostenía en su mano. Lo ignoraría por el momento.

—Antes que todo quisiera anunciarles una excelente noticia a todos. ¡Ashera Tepes es mi nueva mano derecha! —proclamó.

—¿Qué? —la pelirosa se atragantó con la sangre, escupiendo un poco de ella de la impresión— ¿"Ashera", dijo?

—¡Cielos! ¡¿Con que era eso, ¿eh?! —Bathory carcajeó— ¿Por qué no me lo habías contado? Eres una pillina.

¿Es joda? Ni si quiera yo sabía eso —pensó sobresaltada. Sus pequeñas uñas se clavaron en el cáliz sangriento que retenía. No había visto a su hermano desde hace décadas, literal. ¿Cómo demonios había ocurrido algo así? De hecho, ella había ido a esa reunión justamente con la esperanza de reunirse con él. ¡Semejante estupidez! Gruñó entre labios en lo que todos aplaudían con la noticia. Nunca le cayó bien Sika Madu.

Tras dicha publicación, Ashera subió al escenario un tanto cabizbajo por la noticia. Nadie llegó a notar el desdén de su mirada. Pero Krul, oh claro que si lo había visto. Con el semblante retraído inclinó el cuerpo en una reverencia sutil para dar el agradecimiento correspondiente. Una mención de tal calibre dejaba boquiabierto a cualquiera.

Hermano…—pensó Krul con angustia— ¿Por qué?

—Que bien ¿No crees? —sonrió el peliblanco, tan infantil y desatinado como siempre— Vele el lado positivo. Con tu hermano cerca del fundador,

—¿Es que acaso nunca te callas? —la fémina cerró los parpados con irritación— No quiero escucharte más. Con permiso.

Pero sin duda que aquel muchacho insolente lo estaba pasando de maravillas. Ferid persistentemente se encargó de sacar provecho con cualquier decisión que el consejo tomara. Claro, como buen oportunista e impulsado solo por sus deseos mas sombríos. Tampoco era como si tuviera remordimiento, conciencia o corazón. Mucho menos lo último. Tenía el vil presentimiento que algo bueno vendría a continuación. La tercera progenitora se alejó rápido de su fastidioso compañero. Y al poco andar aligeró el paso hasta quedar a cortos metros del escenario. Rebuscaba incesante conectar mirada con su hermano. Pero este sin duda se encontraba bastante inmiscuido como para notarle entre tanta gente.

—Les agradezco demasiado el apoyo que me han dado con la campaña de Siberia —alzó Sika su copa para brindar— En especial a mi buen amigo Rígr Stafford, que nos trae excelentes noticias. Este salud es por el —todos bebieron de golpe sus copas y tras un par de minutos, se retiraron a tomar asiento en una sala mucho mas lejana. Krul trató de llegar a Ashera. Pero el intento nuevamente se vio frustrado, desvaneciéndose delante del vampiro fundador. Luego de que las puertas se cerraron tras de sí, comenzó la verdadera reunión— Rigr, por favor.

—Majestad —se alzó en su silla el pelinegro— Bueno, primero que todo. Quiero comentarles que nuestros negocios en Japón están surtiendo efecto gracias a los nuevos tratados de comercio con el país Ruso de los humanos. Sin duda nos ayudará mucho a obtener ganancias y tierras a futuro —Stafford observó al líder—Si me lo permite, quisiera seguir viviendo en Japón para afianzar nuestros mercados y-…

—No hace falta, Rigr —le interceptó el soberano, acallándolo— De momento te necesito aquí conmigo. A partir de hoy, te quedarás en Rusia. Ya tengo a un nuevo reemplazo para entregarle Sanguinem a alguien más.

—…si, señor —reverenció el vampiro. Aunque sin duda con una expresión de muy malos amigos. Esa noticia no le había gustado para nada. Se quería morder la lengua de la ira. Sanguinem había sido la ciudad subterránea bajo Kyoto que, por predilecto, se le había entregado a su poder. Pero ahora…ya no sería más el amo y señor del aquel lugar. Algo que terminó por encabronarlo bastante — Entonces, ahora hablaré sobre nuestras campañas en Europa.

—Continúa.

Krul se hundía cada vez más en su asiento, bostezando, hastiada de una reunión tan estúpida. Al parecer no escucharía nada que cautivara sus oídos. En esos momentos lo único que la mantenía despierta y bien atenta, era seguir cada uno de los gestos, pasos y miradas de Ashera; su hermano mayor. Intentó ser lo mas psicopatamente insistente del mundo. Pero…demonios. ¡¿Qué pasa con Ashera?! ¡¿Acaso de verdad no se da cuenta que le estoy observando o es que…?! Ashera Tepes emprendió la misión de repartir unos contratos a cada uno de los asistentes. Fue puesto por puesto. Y de manera muy moderada y paciente, la pelirosa se acomodó en su silla a la espera del suyo. Cuando finalmente fue su turno, una singular satisfacción le revolvió la cabeza. Abrió los labios a punto de emitir una frase. Pero su familiar le interrumpió de sopetón.

En el receso. Te veo en el callejón oeste.

Balbució casi inaudible el muchacho. Sus largos mechones de cabello negro; ocultaban los movimientos al momento de hablar. Por lo que solo y exclusivamente ella podría haberle entendido. La fémina permaneció de piedra…con aquel papel tonto entre sus dedos. Algo no estaba bien y a juzgar por el tonillo de voz culpable del chico, era sin duda trascendental. Krul tragó saliva en un intento por hacerse la desentendida. Giró la cabeza en dirección obtusa y se dispuso a fingir que leía el documento en su mano. Pero sus dedos temblaron sutilmente, llamando la atención a lo lejos de un entrometido Ferid.

Ajá…los hermanitos problemáticos —musitó cual lince al acecho.

El receso llegó. Se otorgarían solo 10 minutos para poder descansar y discutir cosas triviales antes de reanudar la charla. Aprovechando el descuido de todos, Ashera se escabulló por el salón con la excusa de ir por unos lápices al despacho principal. Como una criminal, Kru le siguió detrás; reencontrándose en el callejón oeste como habían acordado.

—¡Hermano Ashera! —vociferó la mujer, saltando a sus brazos— ¡Te extrañ-…!

—¡Shhh! —el pelinegro le cubrió la boca con la mano antes de tenerla tan cerca— Por favor, se discreta.

—Mooh —se quejó la menor, inflando las mejillas— ¿Qué pasa? ¿Acaso no me extrañaste tanto como yo a ti?

—Hermana —le retuvo. En sus ojos, se expresaba un dejo de miedo, horror y mucha nostalgia. Realmente estaba feliz de verle…pero en un momento como ese, no se podía permitir la debilidad del corazón— Esto es realmente serio.

—¿Ashera…estás bien? —cuestionó inquieta.

—Realmente no —negó con la cabeza— Escucha con atención. Tengo muy poco tiempo.

Ambos hermanos se largaron a platicar en bisbiseos suaves y murmullos invisibles. Para ese punto de la conversación, ya no había marcha atrás. En cuanto se indagaba aun mas en detalles, los parpados de la vampira se engrandecían atónita con la información.

—Eso no es posible…

—¿Lo entiendes ahora? —murmuró el muchacho.

—Hermano —le tomó de los hombros— ¿Es por eso que estás con Sika Madu? ¿Por eso le sigues? Tu siempre odiaste a ese hombre. ¿Acaso no recuerdas lo que le hizo a nuestra madre?

—Ya basta —le quitó las manos de encima. Desvió la mirada con impotencia, mostrando sus blancos colmillos— No es tiempo para pequeñeces como esas.

—¿Pequeñeces dices? —Krul frunció el ceño. Insólito lo que le decía.

—Este no es momento para sentimentalismos, Krul. Necesito saber si vas a ayudarme con esto o no.

—¿Es broma? ¡Lo que me estas pidiendo es casi un suicidio! —le reclamó en voz baja— Prácticamente me pides que haga de soplona.

—¡Pues alguien tiene que hacerlo! —gruñó en un siseo— ¡¿Lo harás sí o no?!

—¡Ni si quiera se como ayudarte! —se defendió.

—Esto es lo que va a pasar. Madu te va a nombrar a ti como reina de Sanguinem en reemplazo de Saito.

—¿Ehh? ¿Eso quiere decir que…?

—Si...lo siento. Pero te irás a Japón dentro de unos años.

—A mi me gusta Europa…—mencionó con los hombros derrotados la menor— No sé nada de asiáticos —se detuvo de golpe, pensándolo mejor— ¡Espera! ¿Entonces tu no…?

—No iré, Krul. Mi lugar es aquí con su majestad.

Algo que sin duda la dejaba en una encrucijada. Estaba harta de todo. No solo la información que le había brindado era crucial para la humanidad, si no que encima tenía que soportar la amarga idea de separarse por unos cuantos miles de años mas de su hermano. De todas formas, no podía exigirle que le acompañara. Por supuesto que resultaba ser jodidamente sospechoso. Sin más que discutir, aceptó. Ambos se tomaron de las mejillas y juntaron sus frentes con determinación.

Retomamos la sesión. Avisó el altoparlante.

Esa sería la ultima vez que Ashera y Krul se reunirían como familia. El mayor desapareció entre el espesor lúgubre de aquel callejón, tomando el camino izquierdo. A lo que Krul tomaría el derecho para no levantar sospechas. No obstante…a pesar de todas las precauciones que tomaron, no faltaba la liebre entrometida. Tepes regresaba algo agobiada de aquel encuentro, cuando se topó de golpe con Bathory a la entrada del salón.

—Ah. Ferid —murmuró sínicamente— ¿Ya comenzó la reunión?

—Eso creo —indicó, mostrándole con el dedo pulgar la puerta tras de sí. Bathory esbozó una sonrisa rallando en lo maquiavélico y antes de dejarle pasar, se interpuso con el brazo entre ella y su objetivo. Con la mirada afilada, murmuró— ¿Qué pasa? ¿Te has quedado sorda? Lo han mencionado por el parlante de ahí arriba. ¿O es que acaso…estabas demasiado ocupada en alguna cosilla por ahí?

—¿Qué crees que haces? —frunció el ceño— ¿Acaso perdiste la cabeza? Quítate si no quieres que te arranque el brazo.

—¡Aja! —carcajeó el peliblanco, apartándose— ¡Solo estoy bromeando! Solo es una broma.

Claro que no lo era…

El maldito era demasiado obvio cuando se trataba de sacar información a escondidas. Seguramente le había seguido hasta el callejón y gozaba de escuchar toda la conversación con Ashera. Ahora, solo podían pasar dos cosas. O se lo contaba todo a Madu y tanto ella como su hermano serían polvo de chimenea. O…se unía a la contienda. ¿Realmente se puede esperar algo bueno de un tipejo como ese? Claro que no. De Ferid…se puede esperar cualquier cosa. Por increíble que suene, el maldito se quedó callado. Ni si quiera se les llegó a pasar por la cabeza que la mano derecha del Fundador estaba urdiendo hilos detrás de todos los imbéciles esos.

02:30 de la madrugada. Calle Nikólskaya, 342.

Una sombra~ Si. Eso soy cuando quiero escabullirme por las frías calles rusas. Se repitió con orgullo.

Krul Tepes, una de las terceras progenitoras vampiro deambuló cubierta de una capucha gris por las avenidas principales. La uña pulgar de su mano derecha subrayaba una dirección especifica en un papel blanco corrugado. Nikolskaya. Aprovechando la oscuridad que le otorgaba un foco moribundo, corrió hasta darse con la numeración correcta. Al otro lado de la calle noctívaga. "Nikolskaya 342". Escondida y sigilosa como una criatura de su especie, se asomó finalmente por la gran puerta de madera. Era una casa bastante humilde a simple vista. Nada que dejara entrever alguna cosa tenebrosa en su interior. Sus ventanas, abarrotadas de nieve permanecían mortecinas. Obviamente por el horario seguro que todos dormían. Observó reservada y silente hacia la derecha. Luego hacia la izquierda. Y al no encontrarse con potenciales enemigos, cruzó al otro lado.

—"Orfanato Hyakuya" —citó Krul.

El letrero era claro. Entonces recordó las palabras de su hermano.

Flashback.

—¿Un orfanato? —cuestionó la muchacha algo incomoda.

—Si. ¿Sabes qué es eso?

—Por supuesto que si sé. No soy tan tonta —se cruzó de brazos— Es uno de esos lugares a donde llevan enanos humanos que no tienen padres.

—Bueno, técnicamente si no fuéramos vampiros…nosotros también hubiéramos ido ahí.

—Tsk…no me tomes por alguien tan débil, hermano. Jamás me atrevería a considerarme ni por un segundo "huérfana".

—Pero lo somos —suspiró rendido el mayor— Bueno, no nos desviemos del tema. Ese lugar fue fundado por Rigr. Mejor conocido como "El señor Saito". El ultimo reporte que envío desde Kyoto…fue que el gobierno de turno había descubierto el mismo orfanato, pero en japón. Y lo habían desmantelado.

—¿Y? ¿Qué hay con esos mocosos? —se encogió de hombros— Ya sabes que Madu es dueño de la mayoría de las campañas caritativas con humanos. No me extraña que sea dueño de un hospital, una iglesia o un orfanato.

—Ya conoces nuestras leyes —Ashera mascullo nervioso, preocupado por lo que diría— Solo puedes tomar sangre de un humano si este te lo permite. Eso es inviolable. Pero lo que hacen ahí…

En el presente.

Ahí toman la sangre de niños menores. Y no por las buenas —Krul escuchaba de forma visceral las palabras de su hermano en su cabeza. Permaneció a escasos pasos de la entrada del orfanato— Saito ha hecho todo esto y no te creas que a las espaldas de Madu. ¿Por qué crees que lo quitó de Sanguinem? Sus cagadas podrían haberle costado caro al consejo — Si…pero hermano —Tepes exhaló aire caliente desde sus labios. Era una gélida noche rusa— ¿Por qué de pronto te preocupas tanto por los humanos…?

¿Es porque en algún momento lo fuimos también? No tienes sentido…y estas loco. Como una cabra…pero te ayudaré igual. Porque, de todas formas, no tengo nada mejor que hacer. La pelirosa se dispuso a echar marcha del lugar, cuando una idea macabra se le vino a la mente. Espera. ¿Es realmente por los humanos? No…mas bien…lo que tu quieres es…acabar con Sika Madu. ¡Hermano! ¡¿Entonces no habías olvidado nuestra venganza?! ¡Lo sabía! ¡Si el gobierno de humanos se entera de estas cosas! ¡Tú eres-…!

Ah. Puta mierda.

Se descuidó. Estando tan ensimismada en sus propios pensamientos, la mano derecha de la muchacha voló por los aires. La sangre se regó como un charco sobre la helada nieve. Afortunadamente había alcanzado a dar un tranco hacia atrás. Soltó una risita engreída, tomando la mano cercenada del suelo para colocársela nuevamente.

—Eres realmente un verdadero dolor de culo ¿Eh? —empequeñeció sus rojizas pupilas— Mira que seguirme hasta aquí y encima atacarme —mostró los colmillos con furia— Ahora si que te has pasado…jodido pedazo de mierda, Ferid Bathory.

—¡Pero que dices Krul! ¡Si yo no he sido! —carcajeó sin mayores preocupaciones, el peliblanco desde las sombras— ¡Jamás te atacaría! — A su lado, un acompañante.

—La verdad es que he sido yo —sonrió.

Crowley —mencionó Tepes.

—Un placer, señorita Tepes.

—Bastardos —inquirió con una sarcástica sonrisa— Déjame adivinar. Así que ustedes siempre lo supieron.

—¡La verdad es que no! —Ferid declaró con falsa modestia— Le agradezco eso si a tu hermanito. Ashera es realmente un chico increíble. Aunque…si se vuelve a descuidar así, me temo que su cabeza acabará clavada en una pica —dijo como si nada.

—¿Ajá? —sonrió Krul. Se encontraba acorralada entre dos tipejos que sin duda no les temía en lo mas mínimo. Pero si comenzaba una riña ahí mismo, levantaría sospechas innecesarias. Aún tenía sus colmillos, sus garras y las malditas putas ganas de acabarlos— Si que tienes pelotas para hablar así de mi hermano. Eres realmente un insolente. No respetas ni porque tenemos 2.000 años de diferencia cada uno —piensa Krul, piensa— Pero… ¿Qué crees? —explicó con presunción— Ahora ya no solo soy yo la traidora. Ahora que tu también lo sabes, te hace cómplice. Lo mismo para ti, Crowley.

—¿Eh?

Ferid se observó con su compañero. Y automáticamente se tomó la cabeza.

—¡Mierda! ¡Es cierto! —simuló estar en problemas. Pero no…claro que no— ¿Es una lástima, ¿no? Que todos acabemos en una pica…

Bien…este tipo sin duda no se anda con rodeos —exhaló exhausta ya— Bien. Pido tregua —se rindió— Dime que mierda quieres y luego lárgate.

—Quiero exactamente lo mismo que tú.

—¿Jah?

—Tu y yo, unidos. Como amigos, como hermanos, como… ¡Compañeros! —alzó los brazos con un perverso jubilo en los ojos— Quiero rescatar a esos pooobres niños de las garras de Saito y el consejo. ¿No? ¡Podemos salvar juntos al mundo!

Ay…por favor…mi abuelita miente mejor.

—¡Jajaj! —chistó Krul— Estas mas demente de lo que pensé. Es obvio que no quieres eso.

—¿No era eso lo que querías? —llevó su índice a sus labios en expresión pensativa— Mmh…pensé que era eso lo que le prometiste a tu hermano. ¿O me equivoco?

—Tch…—este pendejo si escuchó lo que hablamos realmente— Términos y condiciones. No quiero mas rodeos. Realmente estoy encabronada y en cualquier momento te parto la cara.

—Este es el trato…—sonrió Ferid con depravación.

[…]

Ese fue el peor trato jamás pactado en la vida del mundo mundial…

El infeliz de Ferid estaba al tanto de literalmente todo. Incluso de la inequívoca idea que tenía Madu de mandarme a gobernar Japón. Aunque claro, no sin antes recomendar de bien cerca a Ferid y a otros más, como consejeros y partes de la misma jurisdicción. Ciertamente yo sería la reina. Pero este tipo…este tipo se pasaba por el trasero ese título. El segundo punto del trato, era eliminar del mapa a Saito y apoderarnos del orfanato Hyakuya. Tras un par de denuncias falsas y uno que otro documento adulterado, Rigr fue juzgado y condenado por crímenes anti-vampiricos. Pasó el resto de sus días con la cabeza encadenada a una pared. Pobre…aunque Madu había acatado las leyes de mala gana, una profunda e inquietante desconfianza creció en su interior. No solo porque su amado orfanato ahora era controlado por otro. Si no, porque ya no podría intervenir de forma tan directa. ¿Pero…de quien había salido toda esa información?

A los pocos meses de explotar la noticia y con Stafford encarcelado, mi hermano…

—Es una pena lo que le sucedió a Ashera ¿No crees? —inquirió Ferid, mostrando falsa nostalgia.

Ya… ¿Qué más da? Mi hermano…ya no estaba conmigo en este mundo. Posiblemente el mismo Bathory lo había entregado. O que se yo. Ya no sé. Hubo un tiempo en el que me llené de rencor. No solo por ese maldito traidor. Si no, porque prácticamente no había podido hacer nada para evitarlo. Y digamos que ser una criatura eterna tampoco es un gran lujo. Los vampiros no somos seres que tengamos sentimientos como "esperanza" o "desamor". Somos impulsados tan solo por el deseo. Y no hablo de un deseo carnal. Es un deseo desesperado por obtener sangre. Es por eso que muchos de nosotros son bisexuales u homosexuales como tal. Ese elixir escarlata no tiene genero ni sexo. Nunca tuve un "propósito" particularmente codicioso. Eso de la codicia…es de humanos básicamente. Nuestra raza era reducida. A diferencia de los humanos que habitualmente se reproducían como cobayos, nosotros no buscábamos aumentar nuestro número. Por el contrario, nuestra comunidad solía ser demasiado hermética. No era imposible, pero si inusual que un humano se volviera vampiro. De hecho, jamás me lo cuestioné. En la época en que Madu me atacó a mi y a mi hermano, ya había como dos o tres vampiros mas en este planeta. Entonces nunca me vi forzada a planteármelo. No. No estaba prohibido. Es solo que…demonios. Es muy complicado. Habiendo una diversidad enorme de personas en este mundo. ¿Cómo saber elegir al indicado? Podría haber convertido a Atila el Huno o a Hitler. ¿Pero para qué? Si al final, solo son escoria. Esa doctrina que yo misma me impuse me acompañó por lo menos los últimos 1.000 años.

Pero entonces…las cosas avanzaron contra toda expectativa. El fundador finalmente me citó para otorgarme Sanguinem. Por supuesto acepté. Mas que nada…obedeciendo la voluntad de mi hermano Ashera. Convirtiéndome así, en una de las progenitoras más poderosas de todas. Sin embargo, a 1 año de viajar con todos mis súbditos a Japón, llegó a mi el repugnante rumor de que Ferid había transformado aquel orfanato en prácticamente una casa de contrabando de niños. Ahora no solo se dedicaba a sacarle provecho a su ventajoso puesto, si no que encima se había tomado atribuciones de impartir una nueva religión. Había transformado a ese gremio en una maldita Secta. A nadie parecía molestarle. Pero en lo particular a mi me encabronaba en demasía. ¿La razón? Bathory no solo tomaba la sangre de los asistentes de aquella capilla. El nocivo depravado hacía otras cosas también, sirviéndose la ocasión para coger con niños. Vale, está bien. ¿Quién soy yo para juzgar? Nadie. Soy tan maquiavélica como él. Solapada por las oportunidades, no puedo negar que en mas de una ocasión me llegaron botellas repletas de sangre de mocosos vírgenes e inocentes. Lo gocé como pude. Mas bien, era para mí un gusto adquirido con el paso de los años. Nunca anhele involucrarme o ahondar en sus truculentos negocios. Sínica como yo sola, me mantuve al margen.

Hasta aquel día…

Aquel nefasto día en el que decidí no hacer mas vista gorda y visitar el lugar. Siendo fiel a mi misma, mis intenciones eran meramente corporativas. Iría a dar una vuelta. Echar un vistazo sutil al lugar que ahora mismo, daba muchísimo dinero a nuestras arcas. Había que admitir que mas allá de sus viciadas obsesiones, a Ferid se le daba muy bien hacer negocios. Sobre todo, con extranjeros o poderosos caudillos del gobierno ruso.

Una mujer, cómplice de los delitos me recibió en el despacho principal. Tras charlar extendido con ella, me ofreció darme un recorrido para conocer las instalaciones. A diferencia de muchos otros orfanatos del mundo, Hyakuya era sin duda el mas sofisticado. A los niños se les mantenía ignorantes, felices y bien alimentados. Lo mejor de lo mejor. Las mejores ropas, los mejores libros de estudio, las mejores camas, ducha caliente. Todo para que esencialmente engordaran como cerditos para el matadero. No me incomodó para nada. Después de todo, para mi era solo una pura producción y elaboración de materia prima. Lo que, si debo aceptar es que me llamó la atención el excesivo hecho de cuantos niños pudieron llegar a admitir. Estaban a tope por esa época del año. ¿Cuántos humanos egoístas eran capaces de abandonar a sus crías? Es un sentimiento que jamás llegué a comprender porque, jamás sería padre ni madre de nadie. Lo mas cercano que tuve a un "hijo" fue mi hermano.

Algunos menores se me acercaron entusiastas. A lo que yo les repelí como un gato engrifado. No existía en mi naturaleza ni una pizca de piedad por ellos. ¿Qué es realmente la misericordia? Otro sentimiento humano que yo carecía. Lo único que les retribuía era su preciosa sangre que de antaño me mantuvo sosegada. Estaba dispuesta a abandonar la casa junto a dos de mis guardaespaldas, cuando sin darme cuenta, mi pie derecho aplastó sin moderación la pequeña mano de un chiquillo que yacía en el suelo dibujando en un papel. Juraría haber escuchado los huesos crujir bajo mi bota. Mierda. No es bueno dañar la mercancía. Hubiera reparado alguien más. Pero para mí, fue totalmente indiferente. Fue como pisar mierda de perro. Esperaba sin duda un gimoteo por parte del menor.

—Aparta —demandó Krul.

Pero…ni si quiera emitió un quejido si quiera. Aquel chico se levantó automáticamente del suelo y sujetándose la mano con dolor, se apartó para darle paso. Con la mirada contra el suelo, le dio una reverencia casi perfecta.

—¡Mil disculpas! —se justificó— Mi culpa. Espero no se haya ensuciado los zapatos conmigo.

—…

¿Quién…demonios era ese mocoso?

—¡Hola a todos mis amigos! —vociferó Ferid Bathory, entrando en escena con una mueca infantilizada— ¡Oh! ¡Krul-sama! No sabia que vendría a visitar el hogar —se hizo el desentendido.

—Tch…—seguramente alguien le debe de avisado que yo vendría. ¿Cómo mierda es tan zorro? — Ferid. No te preocupes, ya voy de salida.

—¡Haa! Pero quédese un poco más. ¿No quiere conocer a mis preciados corderitos?

—No, gracias —refutó con asco en el rostro— Me quiero largar ya. Tengo otros asun-…

—¡Ferid-sama! —chilló un muchacho corriendo a sus brazos como un perrito.

—¡NO PUEDE SER! —aulló Bathory insinuando pena en su voz— ¡Mika-kun! ¡¿Pero que te has hecho en tu preciosa manita?! —la cogió entre sus manos, echándole un vistazo— Uhhh…pobrecillo. ¿Te duele mucho? —y se la llevó a los labios…dándole un beso lascivo en la palma del menor.

—¡Mn! —negó con la cabeza— ¡No me ha dolido nada! Lo siento, no me he dado cuenta y me he dado con la puerta esta mañana —mintió esbozando una sonrisa cándida.

Pero…si tiene al menos dos dedos quebrados…y eso…no es lo que pasó realmente. ¿Por qué mentir con algo así?

—Señora Alisa —el peliblanco le fulminó con la mirada. Tenia ganas de matarla— ¿Sería tan amable de llevarle a la enfermería y curar esto? A menos que quiera que le rompa los dedos a usted a cambio.

La mujer pasmada, corrió a socorrer al chiquillo llevándolo de un ala a la habitación continua.

—¡Mika-kun! —se despidió a lo lejos con la mano alzada— ¡Vuelve pronto! ¿Sí? ¡Luego iremos a jugar juntos por ahí! ¿Qué dices?

—¡Estaré esperándole! —asintió entusiasta el niño.

—¿Y? ¿Qué le parece su excelencia? —examinó el vampiro a su nueva reina. Una sonrisa ladina se delineó en sus labios— ¿No es adorable?

Estaba impresionada. No, más bien, estupefacta. ¿Pero que demonios había sido todo eso? En mi mente podía ver una y otra vez como ese enclenque humano se comportaba casi como perro. Sumiso, obediente, recatado. Incluso había tenido la osadía de mentir para justificar mi pisotón. ¿Me estaba defendiendo? ¿Un humano defendiendo a un feo chupasangre? Y ese recibimiento tan…argh. Desagradable. Lo mas similar a un cortejo de apareamiento entre una hembra y un macho. Algo intolerable para mí. ¿Quién era ese muchacho?

—Su nombre es Mikaela —explicó Ferid, llevando una de sus manos a su cintura— Y es mi conejito favorito —terminó relamiéndose los labios con lascivia— ¿Qué pasa? ¿Por qué tiene esa cara de sorpresa?

Krul calló. Bajó la mirada y caminó hacia la salida. Aunque no sin antes agregar.

—Yo le pisé la mano. Pero fue un accidente.

—¡¿Mooh?! ¡Que cruel eres majestad! No dañes así a mi preciado Mika-kun ~ —dijo en tono morboso, abrazándose así mismo— No puedes ir por ahí quebrándole la mano a la gente. ¿Sabes?

—Tch…—le aniquiló con la mirada— Eres tan asqueroso…

—Soy un hombre de gustos finos —le sacó la lengua juguetona.

Durante los próximos meses, me dedicaría a averiguar aún más del hecho. Me sentía intranquila. Patético. Simplemente enfermizo. Vamos. ¿Qué edad tenía ese niño? ¿8? ¿10? Al día siguiente mis informantes me concedieron la información necesaria como para darle cabida a la situación. Su nombre era Shindo Mikaela. Actualmente conocido como Hyakuya Mikaela. Sus padres habían sido probablemente victima de la secta religiosa. No era de extrañarse que lo entregaran prácticamente por la fuerza. Bautizado honoríficamente como "Mikaela". Un derivado sin duda del nombre Michael. ¿El arcángel Miguel…?

¿Qué tan torcido podía ser todo esto? Leí un par de libros mas y mis sospechas resultaron ser asideras. Un ruso-japones nombrado como uno de los 7 arcángeles reconocidos por la Iglesia ortodoxa. El nombre del arcángel Miguel (en el Ruso Mikael) significaba "Quién como Dios". En las escrituras de las religiones abrahámicas, el arcángel Miguel es conocido como el líder de los ejércitos de ángeles. Es el "jefe de los Ejércitos de Dios". No creía ni por un segundo que fuese coincidencia. ¿Acaso este niño era algo así como un salvador? Podía ser considerado como simples patrañas. Pero, demonios…que, si en algo se parecía a un ángel, era su codiciada forma de ser. Su anatomía no dejaba entrever incertidumbres. Una cabellera amarilla como el sol. Tez clara y tersa como la virginal nieve, ojos grandes y azules cual cielo de primavera. Era imposible no creerse el cuento ¿Verdad?

Tras varias semanas de investigación…llegué al meollo del asunto y el único propósito de mi pesquisa. En conclusión: Era el favorito de Ferid.

En mí, la semilla de la malevolencia tejió telarañas de un sentimiento parecido a la venganza. Como detestaba a este tipo. Y sin nada con que cagarle la vida ahora, por la gracia divina de aquel ángel caído tenia chances de vengar la muerte injustificada de mi hermano y los años de humillación de ese maldito infeliz. Comencé entonces a idear un plan para darle donde mas le doliera. Donde su orgullo se viera reducido a cenizas y su existencia perdiera total sentido. Le arrebataría a aquel mocoso bendito, haciéndolo mío por excelencia.

Conocía a la perfección la relación turbia que envolvía a Bathory con Mikaela. Así que, sin más, comencé a hacerle visitas secretas al orfanato. Corrompiendo a la codiciosa humana que administraba el lugar con grandes sumas de dinero, logré concretar diversos encuentros con aquel muchacho a espaldas de Ferid. Si bien al principio me trataba con demasiado recelo nunca dejó de lado esa personalidad bondadosa conmigo. Hasta que un día, logramos juntarnos en mi mansión. Había mandado a prepararle una cena digna de un mocoso de su edad. Realmente no sabía nada de niños en mis siglos de vida porque nunca llegué a involucrarme con ellos. Eran algo así como intocables. Pero por ahí había escuchado que adoraban los alimentos con altas concentraciones de azúcar. Increíblemente, por ejemplo, el caramelo o el almíbar generaban una especie de éxtasis celular en sus cuerpos. Algo similar a lo que sentimos los vampiros cuando succionamos la sangre de un humano. Así que, ordené que le llenaran de pasteles, frutas dulces y jugos.

El rubio estaba sumamente exaltado con la idea. Pero algo en mi interior me decía que…parecía estar acostumbrado. Aunque nunca llegamos a tener tanta intimidad ¿Por qué parecía ser algo rutinario para él?

—¡Muchísimas gracias, señora Krul! —agradeció una y otra vez.

—Ya basta. Das muchas gracias. Y no es para tanto —refutó la pelirosa— Hey, Mikaela. En realidad, no te he traído aquí para solo comer.

La expresión de jubilo en el rostro de aquel niño se esfumó de un momento a otro. Suspiró sin mayores agobios. Se levantó de la silla y caminó hasta ella hasta quedar a escasos centímetros de su cuerpo. Krul se quitó el puño de la mejilla y le observó con sobresalto. Acto seguido, Mikaela sonrió con la tibieza que le acaecía, deslizando la polera por el hombro derecho con total normalidad.

—¿Q-qué haces? —increpó Tepes boquiabierta.

—Aquí. Tenga…mi ama…

Mierda. ¿Es joda? ¿Acaso este idiota piensa que lo traje para eso?

—¡No me jodas y súbete eso! ¡¿Quieres?! —saltó de su asiento, alejándose de el con avidez. Joder… ¿Hasta qué punto puede un niño ser corrompido? O tal vez…ya ni si quiera lo sea. —El ojiazul le miró totalmente desconcertado— ¿Por qué me miras así?

—Ah…es que…bueno…—volvió a cerrar los parpados con una linda sonrisa— Creí que me había traído para eso. ¿No?

—¿Qué insinúas?

Silencio total en la habitación. Que incomodo resultaba para mi esto. ¿En que estaba pensando cuando lo traje? Es una pésima idea. Este muchacho no-…

—¿No es usted como "el"? —preguntó sin tapujos, acomodándose la polera.

—¿El? —parpadeó Krul captando la idea— ¿Te refieres a Ferid, ¿no? —Mika asintió. Vale, este era el momento preciso para sacarle toda la información necesaria ahora que había traspasado un limite de confianza incrédula— Hey, Mikaela…

—Por favor, llámeme Mika.

—¡Te llamo como quiero y ahora responde mis preguntas! —le regañó un tanto nerviosa. Siseó primero, pensando demasiado bien que diría a continuación— Siéntate —casi como una mascota obediente, tomó asiento de nuevo. Bien…esto no será fácil. Pero al menos debo intentarlo si quiero ganar esto— Mikaela. ¿Sabes que soy?

—¿No es eso obvio? —se encogió de hombros el menor, llevando un bocado de pastel a su boca— Es un vampiro.

—Ah…—Bueno, eso fue más simple de lo que creí. Pensó— ¿Ok?...

Nuevamente silencio. ¿Qué está pasando aquí? No me lo creo. La reina de los vampiros volvió a su silla con algo de desconfianza de continuar la conversación. Sus orbes carmesíes seleccionaron cada movimiento descuidado del menor. No parecía para nada intimidado.

—¿No me tienes miedo por ser un vampiro?

—¿Debería? —le miró apático.

—Si. Realmente deberías —expresó con el ceño plegado— Soy aterradora ¿Lo sabias? Los vampiros somos seres de la noche, horribles, sin alma, que chupamos sangre de los humanos y nos alimentamos de sus débiles corazones. Es más, para que los sepas desde ya. Yo soy una reina. ¿Sabes lo que significa mi título?

—Si. Se lo que significa su titulo —le habló sin precauciones, sorbiendo de un jugo de naranja que tenia en la mesa— Así como Dios es el rey de todos los humanos. Usted es la Diosa, reina de los vampiros.

—…este mocoso idiota —farfulló para sí misma bastante sonrojada. Resultó ser mucho mas interesante de lo que creyó. Sin contar el hecho de que nunca nadie la había llamado "diosa" o alguna divinidad tan exaltada— Bueno. Si. Soy un dios. Y tú, eres mi siervo.

—Y como siervo, mi misión es complacer a mi dios —le aclaró Shindo con una sonrisa amigable— Por eso, si quiere beber mi sangre-…

—¡No quiero beber tu maldita sangre! —refutó aun mas enojada que antes. ¡Este chico iba a sacarle canas blancas! — Mikaela.

—Ese es el nombre que me dio mi madre ¿Sabe? —le contó el rubio— Significa "el jefe del ejercito de dios". Soy un enviado de dios. Y dios quiere que sirva a sus ideales. Por eso-…

—Te la han contado en grande ¿No? —masculló Krul— No creas esa mierda, porque es mentira.

El pequeño ruso se quedó asombrado observándole. Comenzaba a confundirse.

—No comprendo…

—Vale…—exhaló rendida— Vamos a partir de cero. ¿De acuerdo? —que conversación tan intensa…— ¿Qué edad tienes realmente?

—Actualmente tengo 13 años. El 1 de mayo cumplo 14.

—Carajo. No te he preguntado tu cumpleaños —rezongó. Tampoco quería encariñarse tanto…— Solo limítate a contestar lo que te preguntaré. Y prometo dejarte ir.

—¿No va a beber mi sangre entonces, Diosa Krul, ¿reina de los vampiros?

—¡¿Vas a seguir con es-…?! —Ah… ¿Por qué…me siento tan excitada…? Esto es demasiado retorcido. De pronto…tengo mucha sed — Mika…

—¡Me ha llamado Mika! —vociferó feliz.

—Si. Te he llamado Mika —tembló Tepes, intentando enlazar algunas frases coherentes antes de volverse loca de lo confundida que estaba— ¿Qué relación tienes con Ferid Baathory?

—El señor Ferid chupa mi sangre —sonrió sin preocupaciones, terminando su postre— ¡Esto está muy rico!

—No lo adornes. Dímelo todo. ¿Qué te hace Ferid…realmente?

—¿Eh? Pero ya se lo he dicho, señora Krul —encogió las cejas con desconcierto— Le doy mi sangre.

¿Este pendejo juega con mi mente? — Bien. Lo diré directamente entonces ya que te estás haciendo el listillo conmigo —Tepes le clavó una mirada lacerante— ¿Qué te hace Ferid mientras chupa tu sangre?

Listo. Ya está. Al hueso. A la mierda. Que cagada más grande tener que preguntar algo así a un enano de 13 que el 1 de mayo cumple 14. Mikaela soltó el tenedor que sujetaba sus finos dedos. Tragó algo de saliva, conteniendo las ganas de confesarlo. Pero vamos…la pregunta era clara. No había que adornarlo. Le devolvió la mirada casi con la misma frialdad que ella. Y para ser un simple niño humano…esa insensibilidad no es sana. Por el contrario. Se asemejaba demasiado a los ojos que ponen los corderos cuando son degollados patas arriba.

—Bueno —se limpió los labios, llevando una servilleta de genero a los labios antes de hablar— Primero me desviste por completo. Aunque es muy cuidadoso con lo que hace porque mi ropa es bastante costosa y no puedo estropearla. Entierra sus colmillos en cuello, a la altura de mi yugular y succiona mi sangre con delicadeza, porque tampoco debo ensuciar sus abrigos. O me regañaría —continuó— Luego, aprieta con fuerza mi cintura. A veces mis caderas o mis pequeñas tetillas rosas.

Basta.

—No siempre es en la misma posición ¿Sabe? —reanudó el relato— A veces me pone boca abajo en la cama, o boca arriba en una mesa.

Basta te digo.

—Pero sin duda que le agrada mucho que yo esté encima, porque a veces echa vapor por los labios. El nunca se desnuda como yo, así que solo —sonrió— Saca su pene y lo introduce por mi trasero.

No puedo…

—Al principio duele. Pero luego de un rato siento como todo mi cuerpo de la cintura hacia abajo se adormece. A decir verdad —hizo una mueca pensativa— He llegado a pensar que sus colmillos tienen una especie de morfina o algo así, porque luego de un rato ya ni si quiera se donde estoy —y sonrió finalmente— Entonces se bate dentro de mi un par de veces y finalmente ac-…

Krul se levantó violentamente de su silla, tirando lejos todo lo que se encontraba en la mesa. La copa de sangre que se hallaba ahí se desparramó por toda la alfombra. Sus manos formaron dos puños temblorosos de furia. Se había mordido tan fuerte los labios, que estos llegaron a sangrar. La impotencia era lo único que encendía sus pupilas rojizas. Ok. No vamos a negar que ya se imaginaba que eso pasaba. Pero… ¿Por qué mierda contarlo tan visceral? Ahora ya no…quería saberlo más. No quería mas detalles. Se arrepentía totalmente de querer oírlo. Estaba asqueada a mas no poder. Se cubrió la boca con la mano y se apartó de la mesa. Mikaela estaba algo aturdido por su comportamiento. Luego de unos segundos de mutis entre ambos el ojiazul volvió la mirada a la mesa y sin aviso…un par de lagrimas rodaron por sus mejillas. Tepes notó sin duda su expresión acabada. El aura de ese niño ahora era penumbrosa. Casi como un alma en pena. Si es que quedaba algo de alma o humanidad ahí dentro…ya no estaba más.

—Lo siento…no sé por qué estoy llorando —dijo entre lánguidas palabras. Su voz se había quebrado por completo— ¿No le parece absurdo?

—Mika… —la pelirosa regresó la mirada al menor— ¿Sabes cómo se llama todo esto que me has contado?

—¿Por quien me toma, señora reina? —admitió desolado, sonriendo con lagrimas en los ojos— Soy un niño. Pero no soy tonto. Claro que lo sé. Se llama violación. Ferid abusa sexualmente de mi desde los 10 años aproximadamente. Pero…—cabizbajo, aguardó en silencio un par de minutos más— No puedo llamarlo así. ¿Verdad? Técnicamente, violación es un acto donde la persona se resiste y es tomada sin voluntad. Y yo…ya no…

—¿Qué estás contándome…mocoso? —gruñó— ¿Acaso lo disfrutas ya…?

No supo que mas responder. Le había sobre exigido demasiado al niñato. La regente se tomó la cabeza con una mano. Estaba tragando toda la historia, pero no lograba masticarla y engullirla. Aún así, tenía que hacer una ultima pregunta. Solo esa…y ya acabar con su calvario.

—¿Te gusta?

No —sentenció con odio en la mirada. Mikaela golpeó la mesa con tanta ira, que llegó a quebrar un plato que yacía bajo el. Su mano sangró indiscutiblemente— No sabe…cuanto…lo odio. —negó con la cabeza, tiritando de incompetencia. Las lagrimas no dejaban de caer— El me lastima. Me lastima mucho. Me duele. A veces no logro caminar por días. Pero… ¿Qué más puedo hacer? Estoy harto. Estoy cansado. Solo quiero desaparecer de este mundo —expresó, ahogado en su propio llanto— Mi madre me nombró Mikaela…hijo, enviado de dios. Sirviente. ¿Pero que hizo? Me arrojó de un auto en movimiento a los 8 años, gritando como loca que mi destino era ser libre. Y luego se mató. ¿Qué…demonios…puedo hacer? Solo he buscado formas de sobrevivir. Pero sobrevivir…no es vivir. Y ya no quiero vivir mas —se lanzó a Krul, tomándola de los brazos para zarandearla— ¡Por favor, reina de los vampiros! —se quitó la polera— ¡Aquí! ¡Tome mi sangre! ¡Tome mi sangre de una buena vez! —gritó enardecido de dolor— ¡SUCCIONE HASTA LA ULTIMA GOTA Y MATEME YA! ¡QUIERO MORIR!

—¡Contrólate! —le abofeteó para que se calmara. Mierda, mocoso. Me has asustado a mas no poder…— ¡No me hables en ese tono!

—…lo siento —se disculpó Shindo en el suelo, sobándose la mejilla ya enrojecida por el golpe— Me he pasado, ¿verdad?

—Si, joder. Ya controla tus hormonas —Krul inhaló y exhaló con espanto— Pero que intenso eres…—se vio a si misma intimidad por tan solo unos segundos.

—Lo siento…es que…

—¿Realmente quieres echarte a morir…o prefieres luchar para vivir? —determinó finalmente, clavándole una mirada certera llena de ideales. Shindo Mikaela le observó desde el suelo casi como una niña despavorida. Pero…algo en sus palabras tenían cierto dejo de anhelo. ¿Podía confiar en esa vampira? Reina de las vampiras — Te ayudaré. Prometo que lo haré.

—¿Qué hará…?

—No tengo la mas puta idea —chistó, chasqueando la lengua. Le tomó de un ala y lo paró del suelo— Pero ya basta de sufrir y llorar. Si Ferid se las da de listo conmigo. No tiene idea de que yo soy más lista que él.

—¿Eh…?

—Vamos, huerfano —sonrió confiada la mayor— A partir de hoy, yo seré tu tutora legal. Me encargaré de que el idiota de Ferid se coma las entrañas por si solo.

Así como Dios dijo una vez: Hágase la luz. Y se hizo. La Diosa Krul Tepes dijo: Hágase la oscuridad. Y que los infelices se hagan mierda. De la noche a la mañana, como canta un gallo el orfanato Hyakuya cerró sus puertas. Y tanto su secta como la iglesia se clausuraron oficialmente para siempre.

No. No fue tan así. No voy a mentir. Pero tras varias denuncias, fotos, irregularidades y uno que otro contacto con el gobierno ruso humano, logré que esa organización se desmantelara. Tanto Ferid como otros vampiros nobles dieron el grito en el cielo. Pero sinceramente poco y nada me importaba. De hecho, hasta la fecha nunca nadie supo quien denunció el hecho. De lo que, si me convencí por completo, fue que obviamente había sido yo la directora de esa orquesta. ¿Creen que Bathory no se dio cuenta? Hubieran visto su cara cuando nos fuimos a un juicio por la tutela de Mika y…a puesto a que no adivinan quien ganó. ¿Chistoso? Porque ya lo saben.

Cambiando de tema…quisiera comentarles algo interesante que seguro querrán saber.

En el año 2017 y tras una gira por Europa, conocí a un tal Hiragi Kureto. Por esos años era el prestigioso cabecilla de una familia imperial muy milenaria en Japón de profesión militar. Para contarles un poco de historia novata (vamos, que soy vampiro desde el 146 A.C. Yo presencie la caída de Troya. Menuda ciudad, eh) entre los años 1904 y 1905 ocurrió un acontecimiento llamado la Guerra Ruso-Japonesa disputadas en Manchuria y Corea. Cosas de imperios que poco y nada me importaban porque por esos años, yo andaba de vacaciones en Groenlandia. Un lugar re vacacional ¿Saben? Pero para no desviarnos del tema principal, en algún punto me vi involucrada indirectamente dado que mi hermano Ashera quiso participar en aquella absurda pelea de humanos. Fue así como conoció a Hiragi Matsuo, abuelo de Kureto. Contraproducente a todo, años más tarde mi tonto hermano me confesó haber convertido en vampiro a Matsuo para evitar su muerte. Al parecer, de forma indiscreta formaron una amistad media anómala. Y lo digo sinceramente porque mi hermano no tenía amigos. Pero este, tras volver de la batalla mantuvo el secreto de su naturaleza hasta 1970. Cuando finalmente, se lo confesó a su hijo mayor, padre de Kureto. Para los japoneses la problemática de la vida eterna es tema. Al contrario de los occidentales, ellos solo quieren morir. ¿Por qué tanto masoquismo? Ni idea. Así son. Con esa idea obsoleta de perecer en batalla por el honor y esas mierdas, el idiota de Matsuo cometió Sepukku con una tonta arma cazavampiros. Acabó siendo polvo. Pero el secreto de los vampiros se traspasó de generación en generación por la familia Hiragi hasta los tiempos modernos. Algo que ahora yo no apreciaba. Hasta que le conocí.

Fue en esa época el único que me apoyó, cuando me acerque a una organización pro-humano-vampirica. Neófita en temas como esos, Kureto fue el único humano japones decente que se mostró a favor de que yo, como tercera progenitora tomara la tutela de Mikaela y así arrancarlo de las garras del infame de Ferid…

[…]

—Ah…

Krul Tepes abrió los parpados de par en par con desazón. La luz de una nueva mañana soleada molestaba su visión. A su lado se encontraba un maduro Shindo Mikaela.

—¿Estás bien? —consultó.

¿Cómo es que los años al lado del mocoso pasaron tan rápido? Era tan aburrido vivir antes de él. Y ahora, era como renacer nuevamente como humano-vampiro.

—¿Te has quedado dormida acaso? —se mofó el rubio.

—Chistosito —se levantó del sofá con expresión amarga en el rostro— Nosotros no dormimos. Arg…de pronto…pareciera que realmente me desvanecí.

—Lo sé. Solo te estaba molestando —Mika rodó los ojos, observando la puerta que daba a la salida de la habitación— Te he calentado la tina para que te des un baño.

—¿Y esa amabilidad? ¿A qué se debe?

—Cosas —se encogió de hombros, desatendido.

—¿Acaso fue por la cachetada que te di antes? —bufó Tepes con inofensiva expresión— Me parece que tengo que golpearte más seguido. Eres medio masoquista, eh —pero el ojiazul le ignoró por completo encaminándose hacia la salida de la habitación.

—Por si acaso, el desagüe no funciona. Menuda casa —se quejó Shindo.

—¿Y que con eso? Sabes que no vamos al baño —rezongó exhausta la mujer. Su cuerpo dolía por completo, como si hubiese estado en letargo por muchísimos milenios— Mierda…—se rascó la cabeza— ¿Mika?

El rubio se detuvo en seco en la puerta. Algo le punzaba con dolor en el cuello. Hacía muchos siglos que no sentía un dolor como ese.

—¿Qué demonios estuviste haciendo?

Mikaela se ruborizó por unos segundos, antes de contestar.

—Lo siento…

—Joder —se tomó el cuello con malestar— ¿Cuánto has bebido?

—Hasta que te desmayaste.

—Mika —le demandó con el ceño fruncido— No puedes seguir en ese estado. Debes beber sangre humana. No soy tu maldito consuelo.

—¿Por qué no? Tu bebiste de mí también.

—Cállate —le detuvo la mujer— La única vez que bebí de ti, fue para besarte y convertirte en vampiro cuando te dio leucemia.

—No quiero detener mi crecimiento —declaró finalmente el ruso. Mantenía los labios apretados y los puños igual. Pero Krul conocía ya esa expresión estúpida en su hijastro— Me gusta crecer…y madurar físicamente. Es hermoso…—se observó las manos— Los cambios anatómicos de mi cuerpo son increíbles.

Era venidero que el crecimiento de Mika era fascinante incluso para una reina vampira como Krul, ya que nunca presenció de cerca la madurez de una persona. Fuese hombre o mujer. La mirada le había cambiado. El cabello, el pectoral, el abdomen, los hombros, sus piernas, los músculos de sus brazos. Incluso esa voz varonil que ahora se alzaba por la manzana de su cuello.

—¿Crecer? —rio la pelirosa con ironía— Yo te sigo viendo igual de tonto, mocoso. Lo único que te creció fue la cabezota.

—¿En verdad crees que solo me creció la cabeza? —le rebatió con un gesto morboso, señándole la entrepierna antes de salir corriendo de la habitación entre risotadas.

—¡Maldito hormonal! ¡Ni que fueras tan superdotado! —le reclamó Tepes. Pero en el fondo…le había causado mucha risa— Ay Mika…si tan solo supieras lo orgullosa que me siento de ti ahora mismo. Eres realmente un chico muy fuerte. Y nada de lo que ha pasado entre nosotros, lo vale tanto como tu humanidad ahora mismo. Por favor…no dejes de madurar por ti mismo.

No me importa si Mika tiene 20 o 40 o 90 años. Para mi…siempre seguirá siendo el mismo chiquillo afable de siempre.

[…]

Pero Mika realmente ya no era el muchacho que Krul conoció hace 4 años. Y no pasaba por un cambio hormonal, físico. Aunque siguiera desarrollándose biológicamente como un hombre, siendo un vampiro no completo parte de su humanidad se desvanecía conforme pasaban los meses. Y mas aún, el hecho de haber conocido al tal Amane Yuichiro sin duda le había dejado secuelas graves. Mikaela ya no sonreía como antes. Parte de su amable personalidad se incineraba con el paso de las estaciones. Hacía un año que abandonó a su muchacho adorado. Las secuelas del desamor de las cuales desconocía la mujer, le pasaban ya la factura.

Tras levantarse del sofá notó que por fin el teléfono móvil estaba apagado. ¿Acaso su hijo había dejado de insistir en el pasado? ¿Se había rendido? ¿Era posible?

—No entiendo a los humanos…—masculló la regente, tomando el celular en sus manos. Inconscientemente lo apretujó entre sus dedos con ira. ¿Hasta que punto Ferid seguiría interfiriendo en la vida de aquel hermoso ser humano? ¿Al punto de ni si quiera dejarle amar de forma sana y sincera? — Tengo que hacer algo al respecto…

Ya había evitado que Mika sufriera hace 4 años atrás. ¿Por qué ahora privarle de tan sublime sentimiento? Aunque fuese una despiadada chupasangre sin corazón, comprendía a la perfección los deseos de la humanidad. Mika le había enseñado eso. Vivir sin amor para un humano era lo mismo que…morir. Como un vampiro sin sangre. Pero vamos…que tenia razón. Los humanos no necesitan ser fuertes. Eso déjaselo a otras especies. Ustedes solo dedíquense a comprenderse y a quererse. ¿No es así…Mika? Siento que lacero tu alma…lo poco y nada que te queda de ella.