Japón, Tokio. 15 de noviembre. 22:43 pm.
La fiesta de graduación se desarrollaba con normalidad por esas horas en el patio trasero de la secundaria. Tanto estudiantes como profesores asistieron de forma aficionada al gran banquete y posterior baile de jóvenes. Sin duda era hora de despedir a los nuevos graduados. El próximo año serían ya unos universitarios y quien sabe a futuro…unos grandes profesionales. Si bien a los muchachos les había costado demasiado convencerlo, Yuichiro de mala gana había aceptado ir a la conmemoración. No estaba pasando por un buen momento sentimental. Claro que era normal renegar su situación.
—¡Yuu-chan! —Shinoa presionó el puño contra la bocina del automóvil de su padre— Demonios… ¿Por qué tarda tanto?
—Yo creo que se durmió el muy flojo —reclamó Shiho Kimizuki. Quien vestía un traje smoking muy elegante para la ocasión. Sentado al lado de Shinoa como copiloto, bajó el vidrio automático para gritarle a la casa de su compañero— ¡Vamos Yuu! ¡Si no vienes me voy a graduar por ti, eh! ¡Entérate!
—Chicos…—murmuró Yoichi más atrás, sentado al lado de Mitsuba quien también vestía muy hermosa esa noche— ¿Y si le damos algo de tiempo para que salga? No creo que no venga…solo…espérenlo pacientes. ¿Sí?
—Es cierto. Yuu-chan aún no se encuentra bien por Mika-san —dijo la piloto.
—Eres demasiado comprensivo con el ¿Sabías? —protestó Sangu a Yoichi— Ya ha pasado un año desde que Mi-…
—¡Shhh! —le calló Shinoa por el espejo retrovisor, casi matándola con la mirada— Ese nombre…no se menciona. ¿Ok? Prohibido. El que no debe ser nombrado. Voldemort.
—Serás sínica…si acabas de mencionarlo tu —una gota bajó por la sien de Mitsuba.
—¿Lo hice? —carcajeó con descuido— Ya estas ebria antes de tiempo.
—Oye yo también lo escuché —examinó Kimizuki. Estaba a centímetros de ella no más…
—¿Qué están fumando? No dije nada —Shinoa se encogió de hombros. Una zorra.
[…]
¿Cuánto tiempo llevo mirándome al espejo y viendo la misma maldita estúpida cara? Mierda. Odio usar ropa ajustada. Y estos pantalones me están estrujando la entrepierna. Pero hoy me graduó… ¿O no?
Yuichiro sufría un problema existencial cuando se vio atacado por los bocinazos de sus compañeros.
—No debí haber aceptado ir…no me siento listo —pensó el pelinegro. Cogió su celular que yacía sobre el escritorio y lo desbloqueó. De fondo…tenía una foto de Mika y el. ¿Por qué tenía que ser tan masoquista, con una mierda? — Tsk…ya basta. ¿Por cuánto tiempo piensas seguir así, idiota? ¿No te das cuenta que el tipo te dejó?
Apretó el teléfono en su mano, se acomodó la humita en el cuello de su blanca camisa y rápidamente lo metió en el bolsillo de su pantalón. Asintió con decisión por última vez ante el espejo de su habitación.
Bien…por una maldita noche. Quiero vivir otra vez.
[…]
—¡Yuu-chan! —halagó Shinoa con orgullo tras verlo salir de la casa corriendo hacia ellos— Quítate Kimizuki.
—¡Eh! ¡Pero-…!
—Quítate. Yuu-chan va adelante —lo amenazó con la mirada. A lo que el chico con anteojos asintió intimidado, bajándose del auto para abrirle la puerta al ojiverde— Anda…súbete, princesita.
—¡¿Jah?! ¡¿Qué dijiste cuatro ojos?! —le reclamó Amane, subiéndose al auto de un salto.
—¡¿Cómo me llamaste mocoso?! —gruñó el pelirojo.
—¡Kimizuki! ¡Subeteeeee! —Saotome Yoichi lo arrastró al asiento trasero para que Shinoa arrancara— ¡Yuu-san!
—¡Yuu! —chilló Mitsuba contenta— ¡Viniste!
—¡¿Qué hay, chicos?! —vociferó fervoroso Amane— ¡¿Nos divertimos hoy?!
Automáticamente todos se observaron entre sí. Mierda… ¿Hacía cuanto no lo veían así de animado? Era casi un milagro de navidad. Los 4 aullaron al aire, en cuanto Mitsuba golpeó el asiento de Shinoa, esta partió rumbo a la fiesta de graduación. El camino se hizo tan ameno como jamás lo pensaron. De alguna forma, Shinoa observaba de reojo a su compañero de asiento con melancolía y al mismo tiempo un dejo de calidez. Estaba tan contenta de verle así. No lo habían pasado bien desde que Mikaela les había dejado sin más. La noche estaba fría, pero Yuichiro no escatimó en bajar la ventana de su lado, dejando que el gélido viento le refrescara el rostro. Se sintió bien por unos momentos. Yoichi le hecho una ojeada a Kimizuki quien le regalo una sonrisa ladina. También se sentía feliz por su compañero. Al fin podían contener algo de respiración todos y disfrutar por una noche en paz. Sangu Mitsuba observó a Shinoa quien conducía algo desconcentrada. Pero ese guiño que le dio por el espejo, le reconfortó tanto que también decidió a bajar su ventana.
—¿Qué tal si ponemos algo de música? —sugirió Hiragi, prendiendo la radio.
—¡Vamos Yuu-san! ¡Pon algo! —exclamó el muchacho de cabellos marrones. Haría lo que fuese por animarle.
—Si, buena idea —comentó el pelinegro, eligiendo un tema electrónico en la radio— ¡¿Qué tal este, eh?! —los miró hacia atrás.
La radio marcaba: I love to love – Club Mix de La Bouche.
—¡ME ENCANTA! ¡SUBELE AL MAXIMO! —bramó Mitsuba.
En cuanto la música comenzó a retumbar en los parlantes, Mitsuba y Shinoa intentaron cantar la letra. Acto seguido, los jóvenes saltaron al ritmo de los bajos dentro de la cabina.
—No sabía que tenías tan buen gusto musical, Yuu-san —comentó Shinoa. Pero la música estaba tan fuerte, que apenas le pudo oír.
—¡¿Ah?! ¡¿Qué dices?! —vociferó Yuichiro entre risas y bailes.
—No…nada…—esbozó sonrojada.
Shinoa tomó la avenida principal hacía Shinjuku. En cuanto los muchachos disfrutaron de la música y el vaivén del auto. Kimizuki extrajo desde el interior de su mochila una botella de Vodka.
—¡¿Alguien quiere comenzar ahora?!
—¡Dame, tonto! —Mitsuba le quitó la botella de golpe. De sopetón se dio un trago en seco desde la misma— ¡Argg! ¡Qué buena está!
—¡Hey! ¡Yo también quiero! —protestó Yoichi, también tomando un sorbo— ¡Ay! ¡¿Esto era alcohol?!
—¡¿Es una broma que no te diste cuenta?! —El pelirosa carcajeó, dando un sorbo— ¡Uff…muchachos! ¡Esto sí que quema! —en cuestión de segundos las mejillas de Shiho se tornaron rojizas.
—No sé ustedes…pero ya me dio calor a mi —jadeó Yoichi, bajando la ventana de Mitsuba para que le entrara algo de viento.
—Sin duda estos rusos saben de bebidas alcohólicas —complació la rubia, tragando una segunda bocanada del brebaje.
Shinoa le observó con malicia por el espejo.
—¿Ah que sí? —el de anteojos, cabeceó de la energía que se cargaba por el liquido raspando su garganta— ¿Alguien sabe como se dirá "Salud" en ruso?
Shinoa le observó con DOBLE malicia por el espejo.
—No tengo la menor idea —acotó Saotome Yoichi, empinando el codo— ¡Pero que ganas de salir con un ruso para beber con el!
Shinoa frenó violentamente.
A excepción de Yuichiro quien traía cinturón de seguridad, Mitsuba y Kimizuki se dieron de bruces contra los asientos delanteros. Afortunadamente Hiragi había alzado el brazo para evitar que el bruto de Yoichi se fuera contra el parabrisas. Dado que iba al medio.
Bien. Esa había sido la ultima advertencia que les daría. Los compañeros se miraron entre si con culpabilidad y apretaron los labios, en signo de disculpa. Amane no emitía sonido alguno. Escondía la mirada bajo el flequillo. Tras un par de segundos de silencio, finalmente confesó.
—Lo siento mucho, chicos. No me percaté que había cambiado a roja —sonrió hipócrita. Mitsu tragó saliva, asintiendo. Que bueno que captan rápido. Continuó el viaje.
—¡Yuu-san! —Yoichi le extendió la botella— ¿Quieres?
Yuichiro titubeó el contexto de la pregunta. ¿Estaba bien beber alcohol siendo menor de edad? ¿En un auto en movimiento?
¿Mientras los estúpidos de tus amigos no paraban de hacer bromas de rusos, que casualmente tenían que ver con la nacionalidad de tu ex pareja, LA MISMA QUE TE DEJÓ?
—Dame esa mierda —Yuichiro cogió la botella y dio dos malditos tragos profundos. Casi se murió en el intento. Pero era ahora o nunca. Esa noche pretendía desbordar todas sus frustraciones— ¡Arg! —exclamó ansioso mientras parte del líquido chorreaba por la comisura de sus labios. Se retorció por dentro. Primero hizo un amago de casi vomitar. Luego, arrugó la nariz. Acto seguido, se irguió sobre sus hombros y entre abrió los labios casi en estado de shock. Un solo sorbo bastó para marearse al instante. En cuanto aquellos sorbos comenzaron a adormecer sus piernas…se sintió jodidamente bien. ¿Esto es alcohol? ¿Qué es? ¿Una droga…? Porque por tan solo dos segundos…ya no me duele nada. Ni si quiera siento mi corazón adolorido. ¿Es acaso esta la cura para mis malestares? Se sentía jodidamente bien. Y quería más…mucho más. No quería sentir más — Dame…mas —pidió, tomando otro gran sorbo.
Hiragi quien comenzaba a llegar a la fiesta, notó como el rostro de sus compañeros se deformaba ligeramente.
—A la próxima traeré Whisky… ¿No? —el pelirosa de anteojos se encogió de hombros— Ya sabes…es inglés. Digo…
—¡Woah, Kimizuki! —hipó Yuichiro con los pómulos adornados de un adorable rubor. La dentadura perfecta, en una sonrisa de oreja a oreja— ¡Muchas gracias por traer Vodka! —agregó en tono poco menos que sensual— Me ha encantado…
—Ay…—Shinoa se tapó la nariz de solo verlo— ¡¿Por qué me sangra la nariz justo ahora?!
—Pff…—Kimizuki también se tapó la nariz. Y luego Mitsuba y luego Yoichi.
¡¿Somos todos una manga de depravados acaso?!
Todos parecían verlo de tan buen humor, que nadie reparó en el proceso por el cual estaba pasando Yuichiro, excepto la piloto. Shinoa quien estaba muy sobria, notaba como su menesteroso semblante ardía ferviente con el paso de los minutos. Su mirada se disipaba fijarse prácticamente en "la nada" y sus labios se desencajaban con mucho descuido al hablar. Anteriormente ella había estado ebria tomando cerveza…aquella fatal noche que se le confesó. Pero… ¿Qué haría Yuichiro ebrio ahora…?
—¿Alguien fuma aquí? —Kimizuki, siempre tan adelantado para su edad sacó una cajetilla de Lucky Strike— ¡Compartimos!
—Eres un maldito. En la escuela nunca me dijiste que fumabas —le reclamó Sangu, robándole un cigarrillo.
—Ni de joda. No fumaba antes. Pero ya soy mayor de edad.
—Kimizuki —protestó Shinoa más adelante— En japón eres mayor de edad a los 18 solo para votar. Pero para tomar y fumar solo a los 20. ¿Me crees tonta?
—¡¿Qué son 2 años?! ¡1 año pasa volando, no es nada! —exclamó el pelirosa. Bien, ya estaba ebrio.
Todos callaron de golpe. Mitsuba tosió su cigarrillo. Yoichi le dio un codazo al chico de anteojos por su impertinente comentario. Para Yuichiro 1 año habían sido siglos. Todos se miraron entre si acongojados. ¿Avísenme si las cago?
—¡Déjame probar! —vociferó con júbilo el ojiverde, volteándose hacia sus compañeros traseros.
…
De piedra quedaron. ¿No le había afectado el comentario como hace un rato? Al parecer el alcohol ya estaba navegando fluvial por las venas del ojiverde.
—¿Estás seguro Yuu-san…? —preguntó Hiragi preocupada.
—¿Ah? ¿Ahora eres mi mamá? Ni ella se preocupa tanto por mi —protestó, quitándole a Shiho el cigarro de la boca. Lo llevó a sus labios y aspiro.
Puta…casi se murió. Porque encima lo aspiró y rápidamente tosió como si asma tuviera. Todos se alarmaron de golpe. A lo que de pronto, Yuichiro soltó una carcajada casi con los ojos enrojecidos.
—¡NADA MAL!
…pero si casi se muere.
—No lo aspires así —explicó Kimizuki— ¿Realmente quieres aprender a fumar?
—Si quiero —decretó Yuichiro determinado.
—Bien…te enseño entonces. Pero no lo aspires así aún. Eres nuevo…y te van a dar nauseas —comentó— Si eres novato, cuando chupes el filtro cierra la garganta. Retenlo ahí unos segundos y luego bótalo. No te quiero ver cagado. ¿Comprendes?
—Ok. Retener el humo en la garganta. Entendido —decretó Yuichiro.
¿Realmente podía fumar y beber así…? Se preguntaron todos, muy preocupados. Shinoa por fin se estacionó en la fiesta y todos descendieron. Era hora de la acción. El pelinegro no era un chico que realmente comiera mucho. Pero al parecer esos tragos intensos de alcohol le proveyeron de un gusto insaciable por la comida. Se devoró cuanto plato encontró cerca. Y tras tomar casi dos litros de agua que la misma Hiragi le proporcionó, recobró la razón.
—¿Estás bien? —inquirió la pelimorada un tanto asustada. Su compañero parecía demasiado hiperventilado.
—¡De maravilla! —acotó Yuichiro— ¡Mira! ¡El profesor Guren está por allá! —salió echando trancos hacia él— ¡Guren! ¡Guren, adivina que! ¡Hoy he tomado y he fumado!
—¿Qué coño…? —Ichinose se tomó la cabeza— ¿Qué estas jalando, que?
—¡Yuu-san! ¡Espe-…! Ah…qué diablos —suspiró sometida— Mejor lo vigilo de lejos…
Carajo…por muy cliché que resultara, realmente nadie estaba al tanto de las tonterías que Yuichiro hacía. Primero estuvo hinchándole las pelotas a Guren. Luego, se fue a la mesa del profesor de arte, Norito Goshi a alardear sobre calificaciones que en su vida nunca tuvo. En una oportunidad hasta se subió al escenario en donde retó por altoparlante a la profesora de ciencias, Mito Jūjō a besarle si se atrevía. Guren lo bajó cagando de una patada.
Mitsuba, Yoichi y Kimizuki eran personas muy sociales. Y tenían muchos amigos de los cuales burlarse, compartir y charlar. Pero…el no. Y Hiragi Shinoa por alguna razón tenía que mantenerse sobria y responsable de su compañero. ¿Era acaso su amigo o le sentía como algo más…?
—Shinoa —interceptó Mahiru, su hermana mayor.
—¡Hermana! — se sorprendió de verla ahí— ¿Qué pasa?
—Nada —comentó despreocupada la pelimorada mayor— Solo vine a ver dónde estacionaste el auto de papá.
—Cállate. Tu viniste en el auto de Guren —le regañó la menor de las Hiragi— Como si te importara el auto de papá. Aprovechada.
—¡Jajaja! Es cierto. El profesor Ichinose es todo un caballero y pasó por mi —carcajeó despreocupada— ¿Y tú? ¿También pasaste por tu princesita encantada?
—¿Es broma? —rio Shinoa, totalmente roja como un tomate— Pasé por todos mis amigos, por si no lo notaste.
—Claro que noto que están tus amigos aquí en la fiesta —le increpó Mahiru con aires de detective— Pero… ¿Qué haces a las afueras del baño de hombres?
Chale…le había pillado. En el fondo estaba siguiendo a Yuichiro por si acababa vomitando en algún lado. Realmente le notó muy mareado hace un rato. ¿Pero le dirías eso a tu chismosa hermana? Ni loca.
—Bu-Bueno…mi mejor amigo, ya sabes. Tuvo problemas y me pidió ayuda —Mierda, debo aprender a mentir mejor. No soy tan buena como tú, hermana zorra.
—Eres un amor, Shinoa —comentó Mahiru, empequeñeciendo los ojos— Pero no se te da bien fingir…si quieres coger con algún chico no lo esperes afuera del baño, novata.
—¡Deja! —la apartó— ¡Ya vete a coger con Guren, maldita!
—¡¿Qué has dicho, enana?! —le reclamó, empujándola de vuelta.
—Mahiru —interrumpió Guren. Ah…justo a tiempo.
—¡Guren! —murmuró la Hiragi mayor casi como un gemido. Ay por dios…que fácil eres hermana— ¿No quieres ir a un lugar mucho más tranquilo acaso?
—No —le objetó el pelinegro, frunciendo el ceño— El muy cabronazo de Yuu se ha pasado de vergas y estoy buscándole para darle una paliza —llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón— Shinoa. Avísame si aparece. Tch…—y se largó.
Shinoa había perdido demasiado tiempo peleando con su hormonal familiar. Pero sin duda mantenía un gran respeto por el profesor Ichinose. Él siempre era tan…serio. Ah. Pero se descuidó demasiado y perdió de vista a Yuichiro.
—Me quiero matar —se golpeó la frente con la palma de la mano— Espero al menos encontrarlo antes que lo haga Guren…
[…]
—¿Qué opinas? —preguntó Yuichiro.
Dos chicos se encontraban a las afueras del recinto de la fiesta. Era un patio amplio, tras una pileta hermosa de estilo greco-romano. El pelinegro se encontraba charlando sentado en el pasto junto a un muchacho de dos clases más abajo y compañero del futbol de Kimizuki, Makoto Narumi.
—Yo creo que no podemos definir nuestro destino —dijo Narumi, pasándole la botella de Vodka a su ahora, buen compañero de juergas.
El ojiverde estaba ebrio. Narumi igual ¿Qué podía salir mal aparte de agarrarse a putazos? Shinoa llegó a la escena. Pero Kimizuki la detuvo en seco.
—¿Qué hacen? —refutó Hiragi molesta.
—Déjalos…Yuu está por primera vez en 3 años interactuando con un chico nuevo.
—¿Qué pretenden? —protestó la chica— ¿Por qué dejan que ahora, Yuu-san interactúe con chicos nuevos?
—Pensamos que eso le ayudaría a olvidar a Voldemort —declaró Mitsuba detrás, quien exhalaba el humo de un cigarrillo.
—Que ingenuos…eso no va a resultar —se quejó Shinoa con aprensión— No Yuu-san…tú no eres así…
—Últimamente creo que la delincuencia en japón ha aumentado significativamente. ¿Pero crees que si te metes a la policía podrás aportar algo? —le preguntó el muchacho de ojos marrones a Yuichiro.
—Lo he pensado un montón de veces ¿Sabes? Pero…—argumentó Amane, sonriendo con dulzura— Siempre hay algo que nos da esperanza.
—¿Y qué crees que sea eso que nos falta? —cuestionó Makoto Narumi.
—¿Alguna vez te has enamorado de alguien? —examinó Amane.
—La verdad es que no —explicó el marrón encogiéndose de hombros.
—Ja —chistó el pelinegro— Es un sentimiento de puta madre. Pero es jodido si no lo sabes controlar del todo. Puedes…—murmuró dócil— Llegar a perder la cabeza.
De improviso el semblante de su acompañante cambió drásticamente. Yuichiro hipó. Estaba demasiado ebrio como para entender su expresión
—Me caes bien, Narumi —le sonrió Yuichiro— ¡Deberíamos juntarnos mas segui-…!
Apenas alcanzó a reaccionar, cuando aquel muchacho desconocido se abalanzó hacía el para besarle. Acto seguido, el pelinegro se levantó violentamente de la hierba fresca.
—¡¿Qué crees que haces?! —negó Yuichiro, mosqueado.
—¡Pe-perdón! —se defendió el muchacho, estupefacto — ¡Es solo que-…! —Makoto observó a los compañeros de Yuichiro un poco mas allá. Algo que sin duda captó de inmediato el ojiverde— Creí que te gustaban los chicos…
—¡¿Qué?!
…
Los tres camaradas se miraron en shock. ¡¿Qué mierda pretendían?! Yuichiro volteó la vista hacia atrás para ver a sus "supuestos" amigos. ¡¿Qué era eso?! ¡¿Una especie de arreglo amoroso para ayudarle?!
—¡Yuu-san! ¡Yo no-…! —Shinoa no pudo terminar la frase. El ojiverde se apartó encendidamente de ella— ¡Yuu!
—¡¿Qué hacen?! —bien. Estaba intensamente molesto. Con las mejillas febriles, se afirmó de un pasamanos para subir las escaleras. Se tambaleó sobre sus piernas, apenas soportando el peso de su cuerpo. Pero no era un pendejo. Conocía a la perfección sus intenciones— ¡¿Qué es esto?! ¡¿Soy gay ahora para todos?! —Yuichiro jaló por el pecho a Kimizuki— ¡Responde cuatro ojos!
—Es-espera…—refutó Yoichi en un intento fallido por separarlos— ¡Nosotros creímos que te gustaban los chicos! ¡Pensábamos que-…!
—¡¿Qué me gustan los chicos?! —reclamó impotente Yuichiro. De improviso se dejó caer en sus rodillas— Haa…—jadeó— Estoy muy mareado…puedo sentir como el vodka me está subiendo a la cabeza.
—¡Yuu-san! —vociferó Hiragi Shinoa— ¡Yo jamás pensé eso de ti! ¡Yo ni si quiera sabía de este plan!
—¡¿Qué les pasa chicos?! —aulló el ojiverde. Estaba emborrachado, por eso sus palabras calaron aún más hondo en todos. Pero vamos…que hay un límite. Por favor…no lo traspasen — Shinoa…
—Yuu-san…—respondió con dolor, a punto de quebrar en llanto. Ella al parecer era la única sobria en esa maldita fiesta— No te ves bien…vamos a descansar ¿Sí? Te llevaré a casa —intentó pararle del suelo, pero este le rechazó enérgicamente hacia atrás.
Tras varios minutos de silencio. Amane Yuichiro se paró como pudo. A duras penas y empujando a cualquiera que intentara socorrerle, llegó al borde de una pileta en donde se sentó unos momentos para poder respirar mejor. Todo le daba vueltas. Kimizuki quien siempre se ha caracterizado por ser más intenso que los demás, se enrabió consigo mismo y largó una patada al primer basurero que pilló por ahí. La basura se regó por todos lados. Ese había sido sin duda un pésimo plan. Sangu Mitsuba se sentó en el primer peldaño de arriba hacia abajo de la escalera que daba al patio y le esperó paciente ahí. El chico de cabellera café le imitó también. ¿Y Shinoa? ¿Qué iba a hacer Shinoa si ni si quiera tenía idea de las cosas? A pasos reservados y con mucha cautela, caminó hasta su amigo en busca de poder arrimarle el hombro. Pese a intentarlo, no consiguió lograr su cometido; pues el profesor Ichinose se incorporó al escenario. Mas atrás, le esperaba Mahiru cubierta con la chaqueta del mismo profesor Guren. La noche era fría.
—Con que aquí estas, Yuu —masculló el adulto, fulminándole con la mirada— ¿Acaso tienes idea de la cagada que-…? —cerró la boca. Shinoa con los ojos enrojecidos de llanto, negó con la cabeza. "Solo por hoy, no lo regañes" le transmitió con la mirada. Despoblado de dudas, Guren creyó que no era un buen instante para darle la típica paliza de siempre. Observó a un debilitado y desamparado Yuichiro en aquella pileta. Por unos instantes concibió sentir hasta clemencia por él. Exhaló con fuerza— Bien. Solo por hoy, haz lo que quieras.
—Yuu-san…—Hiragi estiró la mano para alcanzarle— Vamos…vamos al auto. Te llevaré a casa.
—Guren —exclamó Amane, levantando la vista, prácticamente exigiéndole con la mirada que le ayudase— Llévame a casa. No quiero estar más aquí.
Todos permanecieron estupefactos con la petición del menor. Sobre todo, la pelimorada que prácticamente se dejó caer al suelo íntegramente inútil. No pudo ayudarle antes, ni ahora, ni nunca. ¿Por qué? Ichinose chasqueó la lengua y le llamó con la cabeza. Con pasos firmes se encaminó de vuelta hacia su pareja quien le esperaba también.
—Buenas noches, Shinoa —murmuró apenas pasando por su lado como un fantasma en la oscuridad.
Esa fue la noche en la que todos comprendimos al fin la gravedad de la situación.
[…]
Guren condujo por la carretera en dirección hacia el distrito de Ebisu que era donde vivía Yuichiro. Mahiru por su parte, sentada a su lado tarareaba una el ritmo de una canción descuidada que pasaban en la radio. En su móvil, chateaba con alguien. Durante todo el camino se mantuvo callado en la parte trasera del vehículo. A juzgar por su apariencia sometida y apática, el mayor pudo comprender que no había sido realmente "la gran noche" de graduación. Le hecho un vistazo de reojo por el espejo retrovisor con intenciones de que respondiera a su mirada. Pero no le observó ni por asomo.
—Si que has bebido mucho esta noche, eh. Yuu —le habló, deteniéndose en un semáforo.
—Ah…si —le respondió con voz metálica. En la penumbra de su asiento, se escondía un muchacho avergonzado— Lo siento, Guren. Se que me he pasado…últimamente no he estado del todo bien.
—Así lo noto —rezongó el profesor— Pero ¿Qué crees? A partir de mañana, yo ya no seré mas tu profesor ni tu mi alumno. ¿No crees que eso es bueno? Dejaremos de hincharnos las pelotas.
—Cierto…no lo había pensado así —se rascó la mejilla un tanto tímido— Aún así, te agradezco mucho que me hayas soportado todos estos años.
—No agradezcas, enano. No fue un placer —gruñó en una mofa muy típica de él.
Era habitual que Guren y Yuichiro se llevaran como el perro y el gato. Pero no era en mal plan. Por el contrario, el mayor le tenia cierto aprecio al mocoso. Uno…casi de hermandad. En algún punto de la infancia de Amane, Ichinose resultó ser lo mas cercano a un padre. Tras la muerte del progenitor biológico a sus 10 años, indiscutiblemente encontró consuelo en su profesor de deportes. Aunque fuese realmente malo para el soccer o saltar las vallas. Y por lo general si se daban de bromas así, agrias y antipáticas siempre terminaban riéndose. Pero esta vez...todo fue distinto. Tras la oscuridad del coche, juró haber vislumbrado un atisbo de destello lucerino deslizarse por sus mejillas. Una lagrima infame. O quizás dos. O tres. El docente abrió los labios, anonadado. Hacía muchos años que no le veía llorar así. Quiso preguntarle si se encontraba bien. Pero era una pregunta realmente tonta. Por algo le había pedido el favor de llevarle a casa a el y no a sus amigos del alma.
—Oye…Yuu —musitó Guren.
—¡Ah! —chilló Mahiru. Su celular había comenzado a vibrar— Jooh… ¿Por qué me llama justo ahora? Estaba dándole Like a una foto. Es un pesado —resopló molesta la muchacha, contestando la llamada entrante— ¿Sí?
Guren le observó.
—¡Pregúntale por qué no vino al muy amargado ese! —le gritó a ver si le oía a través del celular.
—Lo has escuchado, ¿verdad? —argumentó la pelimorada al teléfono— Mi novio te está regañando.
—¡Kureto, resentido! —se mofó Guren— Seguramente sigue enojado porque no fui a su fiesta de despedida cuando dejó el instituto.
—¿Kureto…? —pensó Yuichiro, secándose las lagrimas con el dorso de su mano derecha— ¿Por qué el ex director llamaba a Mahiru?
—¡Ya lo sé! No tienes que regañarme —hizo un mohín infantil la muchacha— Solo vamos a pasar a dejar a un alumno de Guren y luego me voy a casa —guardó silencio— Bueno, adiós —cortó— Es tan antipático a veces. Pero te manda a decir que no está enojado contigo. Solo que cuando te vea, te pateará el trasero.
—¡Jajaja! Ese pedazo de idiota. Ya quisiera —se burló Guren, doblando la esquina. Ya estaban a 500 metros de la casa de Yuichiro.
—Aun no entiendo por qué no lo bloqueo —se cruzó de brazos refunfuñando— No me gusta cuando me llama para controlarme. ¿Quién se cree que es?
—Pues tu hermano mayor y el cabecilla de tu familia. No te quieras hacer la listilla —farfulló Ichinose, dándole un golpe en la pierna.
—Un momento… ¿Kureto era el hermano de Mahiru? —Yuichiro abrió los ojos como platos, procesando la información— ¿Eso quiere decir que también es hermano de Shinoa? ¿Su apellido es Hiragi, como el de Shinya?
Vamos, se pasó la vida entera más concentrado en las nubes y en dormir que aprenderse los nombres de los rectores o directores de su colegio. Aunque si le conocía como Kureto y le vio un par de veces por los pasillos, era alguien que sin duda nunca salía de su despacho. Ni si quiera para los actos ceremoniales. Siempre mandaba a algún representante.
Pero entonces, en ese preciso instante. Casi como un frugal recuerdo…algo le iluminó el rostro. Aquel día que Mikaela y su madrastra Krul llegaron al instituto, Kureto estaba ahí para recibirles. Y luego…algo más…
Una tarde en el pasillo, los vio charlar tan solo por unos segundos.
—¿Qué tal te va, Mikaela?
—Todo de maravillas, Kureto-sama. Mi madre y yo estamos realmente agradecidos por su hospitalidad.
—Me alegra oír eso. No dudes en pedirme lo que quieras. Estoy a tu ayuda.
¿Podría ser acaso que Kureto Hiragi conociera a Mikaela desde antes…? ¿Tal vez amigo de la familia o más bien, amigo de Tepes quizás? ¿No estaría hilando demasiado fino? Ni si quiera era alguien tan inteligente como para llegar a conclusiones como esas. ¿Tal vez estaba leyendo muchos mangas?
—¡Yuu! —bramó Guren, dándole un golpe en la cabeza— ¿Qué te pasa? Te estoy hablando hace rato.
—¡Ah! —despabiló. Sin darse cuenta, estaban estacionado afuera de su casa. El ojiverde se zarandeó así mismo y se inclinó entre los asientos para abrirse paso a la muchacha— ¡Mahiru!
—¿Eh? ¿Qué quieres? —se recogió la fémina con vergüenza al verle tan próximo.
—¡Eu, no tan cerca! —Guren le empujó hacia atrás. Es celoso ¿Ok? — Serás…
—Mahiru. Tu hermano es Kureto Hiragi ¿No es así? El era nuestro director antes en la escuela ¿Correcto? —la pelimorada asintió, dándole la razón— Este… ¿Crees que podrías darme el número de Kureto?
—¿Jah? ¿Y yo por qué demonios haría algo así?
—Por favor. Es urgente —le suplicó, un poco más cerca de su rostro— Créeme que no te lo pediría si no fuera de vida o muerte —se volvió cada vez más insistente— Puede que quizás él tenga más información sobre alguien que estoy buscando.
—Te estás pasando otra vez…—gruñó Guren.
A los pocos segundos, Yuichiro salió disparado por el asiento trasero del auto. El mayor le había despachado dándole las buenas noches. Eso le pasaba por no comportarse bien. Pisando el acelerando a fondo, se esfumó por la calle principal.
—Tsk…maldición —se quejó. Se levantó del suelo, limpiando el polvo de sus rodillas antes de regresar la mirada al frio cielo estrellado de invierno. Un dejo de añoranza invadió su corazón, acelerando sus latidos sin control— Pero…si realmente fuese así. Eso quiere decir que quizás pueda volverle a ver…
[…]
—Shinoa…nosotros realmente estamos arrepentidos —musitó lloroso Saotome— Realmente no lo hicimos con malas intenciones. Es más, la idea primero fue de Kimizuki.
Los 4 amigos se encontraban aparcados a las afueras de un centro de servicio.
—Claro, ahora cúlpame a mi —el pelirosa rodó los ojos— ¡Arg! —se revolvió los cabellos así mismo de la impotencia— ¿Sabes? Me da lo mismo si Yuu me odia. Todos creímos que sería bueno luego de un año que rehiciera su vida. Tampoco es como si pudiera ser adivino que no le agradaría Narumi ¿O sí?
—¡Es más! —se incorporó Mitsuba— Yo mismo hablé con Narumi-san para comentarle sobre que tenía un amigo que estaba solito y-…
—Muchachos —sonrió la mas pequeña de la familia Hiragi. Pero esa sonrisa estaba por lejos ser la mas feliz. Por el contrario, dejaba entrever mucha nostalgia— ¿Qué no lo entiende? A Yuu-san no le gustan los chicos. Le gusta Mika.
Callaron todos.
—Si. Se lo que deben de estar pensando, pero…—suspiró rendida— ¿Cómo explicarles ahora algo como esto? Ya es demasiado tarde y lo hecho, hecho está. Y en verdad les agradezco en el alma el intento. Pero…debemos replantearnos bien la idea equivocada que tenemos sobre esta situación ¿No creen?
—Tienes razón —declaró un cabizbajo Saotome— Que tontos fuimos…no nos percatamos de ese pequeño, gran detalle.
—¡Mooh! —protestó la rubia— ¡Ya basta de lamentarnos! ¿No podemos pensar en cómo solucionarlo mejor? Creo que, si hacemos algo al respecto Yuu-chan nos va a perdonar.
—Claro que podemos arreglarlo —agregó Kimizuki mientras acomodaba sus anteojos— Pero… ¿Cómo? Al parecer, Yuu no está interesado para nada en super a Mikaela.
—Yuu-san no está buscando olvidar a Mikaela-san —determinó Shinoa, llevándose los dedos al mentón en un ambiente reflexivo— El está buscando reencontrase con él.
—¿Y no podemos solo buscarlo y ya? —sugirió el ojiverde— Quizás si tu hermano Shinya nos ayuda…
—¿Y qué pasaría si les dijera…? —insinuó finalmente la muchacha de pupilas café— ¿Qué sé exactamente donde se encuentra Mikaela-san en estos momentos?
De piedra quedaron todos.
—Un-un momento, Shinoa —Mitsuba estiró los brazos para sacudirle en el asiento—¡¿Me estás diciendo que lo sabes?! —a lo que la fémina confirmó en un "si" con encogimiento— ¡¿Y por qué no lo dijiste antes?!
—No —espetó Shiho cruzándose de brazos— La pregunta real es… ¿Hace cuánto lo sabes realmente?
—…
—Hace ya un par de meses…—emitió sometida a las interrogantes de sus camaradas— Siempre supe que mi hermano Kureto tenía algo que ver con la familia de Mikaela-san. Yo mismo escuché como el solía hablarle en los pasillos de la escuela. Y tras pensarlo mucho…un día sin más decidir ir a verlo. En donde finalmente me corroboró dichas sospechas —y continuó el relato— Mi hermano mantiene una estrecha relación de infancia con Krul Tepes, la madre adoptiva de Mika.
—¿Y a donde está Mika ahora mismo? —interrogó la rubia.
—Ellos…—dudó unos instantes antes de revelar dicha información. Su familiar ya se lo había advertido. Se supone que debía guardar silencio, pero…—Ellos no huyeron realmente del país. Están aquí.
—¿Te refieres a que siguen en Tokio? —examinó Yoichi.
—No precisamente Tokio. Están en la isla de Kyushu —Hiragi giró los ojos para observar por el vidrio del parabrisas— Posiblemente a 100 km de Fukuoka, no lo sé exactamente. Mi hermano me dio las coordenadas, pero…
—¡¿Entonces que estamos esperando?! —aulló animado el ojiverde, en un intento por alentar a sus amigos— ¡Si tienes incluso la dirección o coordenadas, es cosa de ir a verle y ya! ¡De seguro con eso Yuu-kun nos va a perdonar!
—Pero no es tan simple —refutó Kimizuki observando con dureza a la pelimorada— ¿O si, Shinoa?
Ja…no había que ser adivino para llegar a una conclusión tan tonta como esa. Por supuesto que no era fácil la decisión. Y la razón era obvia.
—Porque…—Shiho dijo, en conclusión— Eso significaría tener que contarle a Yuu que tu todo este tiempo supiste donde estaba Mikaela. Y no solo quedarás como una mala persona, si no que encima traidora —a lo que todos se observaron entre sí.
—No jodas…—Sangu se miró los pies, casi pasmada con la confidencia— Ahora que también lo sabemos nosotros…somos entonces una especie de cómplices…
—¡¿Por qué rayos no nos contaste antes, Shinoa?! —berreó Yoichi— ¡¿No ves que ahora todo se complicó aún más?! Si hubiéramos sabido esto antes, era cosa de contarle y solucionarlo.
—¡Muchachos! —les detuvo Hiragi con la voz compungida. Incluso para ella era difícil de abordar el tema— No es tan simple. ¿No se dan cuenta? Krul y Mika no se fueron de Tokio por vacaciones. Ellos huyeron. ¿La razón? Realmente no me lo pregunten porque no tengo idea. Solo sabemos que Mika fue secuestrado por alguien y luego-…—pero entonces guardó silencio de sopetón.
—… ¿Y luego?
—Y luego…huyeron. ¿Por qué? —habló en voz alta la mujer— ¿Pero por qué habrían de huir tras un secuestro como ese? ¿Podría ser que…conocían al secuestrador?
Las imágenes y escenas, formaban un puzzle en la cabeza de Shinoa Hiragi. Y cada pieza comenzaba a encajar perfectamente una tras otras. Piénsalo. ¿Por qué huirías si alguien te secuestra? Es cosa de denunciar el hecho, buscar al culpable y encarcelarlo. Pero…nadie está buscando al secuestrador porque…al día siguiente Mika quedó extrañamente libre. ¿Es porque el delincuente tenia otras intenciones que no eran precisamente la de sustraer a Mika? ¿Y si su objetivo solo era intimidar? ¿Y si solo quería lograr simplemente que Krul o Mika actuaran de tal forma…que el pudiera tomar ventaja de la situación?
—Ellos se fueron a Canadá.
Recordó la falsa historia de Kureto. Pero no era cierto. ¿Verdad? Hiragi había admitido haberles ayudado a idear un plan para hacerle creer a todo el mundo que estaban en Canadá, al comprar boletos a su nombre. No llegaron a abordar ese vuelo. Ya que el mismo director había financiado un par de boletos de tren, casa y todo lo demás en la isla de Kyushu. Shinoa recordaba que la familia mantenía un par de fincas por esos lares.
—El secuestrador los conoce —murmuró Shinoa, impactada con su propia revelación. Los muchachos alcanzaron a oír su declaración y rápidamente quedaron boquiabiertos.
—¿Te gusta mi mansión? —rio Tepes— Hemos venido desde Rusia para hacer negocios.
Recordó el mini Tour que la pelirosa le había dado por la casona.
—No vinieron a Japón por negocios. Ellos…ya venían huyendo de Rusia —Mierda. Ahora el rompecabezas estaba armado. Pero algo tan importante como eso, no era un secreto a voces. De un momento a otro, Shinoa frunció el ceño— Yuu-san…no sabe esta historia —les habló a sus amigos por el espejo retrovisor— Pero lo más seguro es que se hayan visto forzados a huir contra su voluntad.
—¿Eso quiere decir que…? —Mitsuba pestañeó estupefacta.
—Si. Eso quiere decir…—sentenció por fin— Que Mikaela-san no dejó a Yuu por gusto o porque no le quisiera. Le obligaron a irse.
—Mierda —espetó Shiho Kimizuki— Todo este tiempo, Yuu ha creído que el rubio de pacotilla le dejó y ya.
—No lo creo tan así, Kimizuki —se retractó Shinoa— Yo comienzo a pensar…que Yuu-san realmente si sabía algo de esta historia. No toda…pero al menos lo suficiente como para de alguna manera, entender un poco el contexto. Lo que pasa es que…ahh…—suspiró— El no logra comprender la magnitud de los hechos. Mikaela-san apagó su teléfono en diciembre del año pasado y para Yuu eso fue como una patada en la cara.
—Vamos, pero no es que no quiera hablar con él —curioseó Yoichi— ¿O si…? Mika-kun era un buen chico…
—No. Posiblemente su madre le prohibió mantener contacto con Yuu porque…—anunció la pelimorada— está intentando protegerle también de aquel secuestrador. Si el responsable de todo esto tiene tanto interés por ellos como para cruzar todo el continente en su búsqueda, seguramente una potencial pareja sería crucial para arruinarles la vida.
—¡Arg! ¡Que enredado es todo esto! —Mitsu se revolvió los cabellos— Mi cabeza va a explotar ahora mismo. Pero…si todo resulta ser realmente como nos has dicho, Shinoa. No es buena idea contarle la verdad entonces.
—Es un arma de doble filo —agregó Kimizuki— Yuu es demasiado impulsivo. Y posiblemente no sepa que corre riesgos al intentar contactarlo. Por un lado, es bueno que sepa la verdad. Pero por otro lado…
—Debes decirle —dictaminó Saotome— No importa si es bueno o malo. Somos los amigos de Yuu ¿No? Casi como una familia…y nuestra misión como familia es contarle la verdad a nuestro hermano. Debemos apoyarle a como dé lugar.
Los cuatro compañeros se miraron entre si al principio con dejo de restremor. Pero sin duda, coincidían en las sabias palabras del ojiverde. El tenía derecho a saber la verdad. Y por supuesto que le ayudarían en todo lo humanamente posible. Asintieron casi al unísono, dejándole esa noche a la misma Shinoa la misión de encargarse del tema.
[…]
Amanece en Kyushu.
El clima en aquel pedazo de archipiélago era casi similar a estar en Brasil. Por las mañanas se levantaba una bruma fría que, el mismo sol se encargaba de calentar al punto de generar un ambiente húmedo en el aire. Por las tardes, la brisa marina dejaba una estela de polvillo blanco pegajoso en el suelo, arboles e incluso sus prendas de vestir. Y por el ocaso la temperatura se incrementaba de 14 a 24 grados. En resultado, desagradable. No era para nada del agrado de aquellos solitarios vampiros, que preferían sin duda los tiempos agrestes y helados. Pero no tenían otra opción más que aceptarlo. Por lo menos hasta que el psicopata de Ferid se cansara de buscarlos por cielo mar y tierra…por un largo tiempo.
—¿A dónde vas vestido así? —le interceptó Krul a la entrada de la casa.
Mikaela llevaba puesto un atuendo muy ocasional equivalente al de un veraneante extranjero.
—¿Qué pasa? ¿No te gusta mi camisa? —se quejó de vuelta el menor.
—Está horrible —objetó— Pero ahora mismo no es tu ropa la que me preocupa. Te pregunto… ¿A dónde vas?
—Voy a salir a dar una vuelta al pueblo —esbozó con apatía.
—Mika —le detuvo la fémina, sujetándole el brazo— El pueblo está repleto de humanos. ¿Crees que es momento para que un vampiro hormonal se pasee, así como así? Recuerda que tu sed ha incrementado increíblemente estos últimos meses.
—¿Qué pasa? ¿Te molesta que pueda atacar a algún humano indefenso por ahí?
—No realmente. No es como que la humanidad me tenga enamorada —se encogió de hombros con indiferencia— Pero tu si me preocupas. ¿Recuerdas el plan? No debemos levantar sospechas.
—Descuida, Krul —el rubio extrajo desde el interior de su bolsillo una pequeña cajita con probetas llenas de sangre de su propia madrastra. Ella sin duda le había estado suministrando "alimento" desde que se convirtió en un ser nocturno— Llevo precaución.
—Antes que te marches —dio un paso hacia atrás, aceptando ya la idea de que saldría— Quisiera hacerte una pregunta que me asalta hace un tiempo.
—"Dispara"
—La noche que te acostaste con el humano —se cruzó de brazos.
—¿Qué? —rio escéptico el ojiazul— ¿Ahora también quieres detalles de eso?
—Cállate. No me quieras comparar con el sucio de Ferid —juntó el entrecejo— ¿Cómo lo hiciste para no beber su sangre?
—Ah…—Mika guardó silencio por algunos momentos. El solo hecho de recodarlo, le removió las entrañas. No había sido para nada fácil— Me contuve, por la simple y sencilla razón de que fui tomado por él. Y no al revés. Pero…—se mordió el labio con impotencia— No sabía realmente por cuanto tiempo más iba a soportar algo así. Ahora mismo…no me siento con la capacidad de volver a repetirlo de esa manera.
—¿Y qué harás cuando ya no puedas aguantarlo más?
—¿Eso que importa? —dijo esbozando una sonrisa muy hipócrita de su parte— Yuu-chan ya no está conmigo y nunca mas volveré a verle. Mejor olvídate de eso y aliméntate bien que cuando vuelva, posiblemente tenga mucha hambre.
—Tch…ya te he dicho que no me hables en ese tonito, niñito —volvió a gruñir con agria voz— Ya lárgate. No soporte ver tu cara de idiota.
—Si, mami~
¿Qué necesidad había de contarle la verdad a Krul? Si era como mentirse frente al espejo. En el fondo, muy en el fondo…ella no solo había cumplido la misión de criarle de pequeño. Si no que también comprendía las razones que impulsaban a su inexperto aprendiz a adulterar la información que le entregaba. Mentirle, en definitiva. Ambos estaban muy claros en la irrefutable idea de que Mikaela, obligado y contra su voluntad dejaba a su lozano amante en Tokio; con la esperanza de algún día volver a reencontrarse.
La casa se situaba en una colina campestre a escasos metros de un peñasco, dotada con una privilegiada vista al mar bastante apartado de la zona urbana. Se rodeaba al final de un túnel de árboles y un frondoso bosque, que conducía a una granja de una pareja de ancianos cortos de vista y algo sordos. Para salir de la zona, debías transitar por un alto pastizal hasta la carretera y caminar unos 2 kilómetros. Recién en ese punto te topabas con el primer asentamiento. Un humilde pero abastecido mini market, que contaba con dos buzones de correo, una licorería surtida y una extensa variedad de productos agrícolas. Tras un año de residencia por el sector, tanto los ancianos como los locatarios de los kioskos, los puestos de comida ambulante e incluso el mismo cartero le reconocieron a lo lejos. La gente era muy amable en los círculos rurales. Y le saludaban sin premuras apenas le divisaban. Era conocido como el pequeño "Mika". De pequeño sin duda no tenía nada, pero dada su apariencia casi "inmortal" el tiempo no transcurría por la anatomía del muchacho. Quizás en unos años más, dejaría de ser solo el pequeño.
Para Shindo, el clima era espantoso. Pero la vecindad de aquella porción de urbe no lo era. Le traía fragmentados recuerdos de niño, cuando solía visitar la finca familiar de sus progenitores rusos a las afueras de Kiev. Al principio creyó verse víctima de sus facciones occidentales. Había escuchado fehacientes rumores, de que los japoneses más tradicionales eran reacios a los extranjeros. No era el mismo pensamiento de los habitantes de Tokio, una metrópoli más cosmopolita y llena de novedades forasteras. Pero Mika, logró ganarse el cariño de su gente. Hacía solo un par de meses que, dándose ánimos, se atrevió a incursionar por el apartado poblado de Izumi. Un pueblillo con casi el 90% de sus habitantes en edad anciana y de profesión granjeros, pescadores o artesanos de su cultura. Quizás el hecho de haber tomado como apellido oficial el de su madre materna, le dio un bonus a su inserción. No tenía de que quejarse.
Se deleitaba con recorrer a pie todas las callecitas que podía. De vez en cuando, haciendo preguntas poco intrahistorias sobre la religión de la isla, la exótica gastronomía y las creencias sobrenaturales de los lugareños. Si bien, antes de llegar al islote el 80% del día se mantenía muy ocupado pensando en Yuichiro, ahora solo dedicaba las noches para él. Había encontrado un escaparate, algo en que ocupar la cabeza y no volverse loco como de antaño se sintió.
—¿Así que eres familiar de los Hiragi?
Uno de los pescadores le preguntó. Era un hombre de mediana edad, estatura promedio y prominente bigote. Desenredaba las redes de pesca con una habilidad profesional. Y eso le atraía mucho al menor.
—Vives en la casa Hiragi ahora.
—Soy familiar lejano —indicó el ojiazul, esbozando una sonrisa— Mi madre es japonesa.
—Ahh…los Hiragi son una familia muy importante en esta región. Hicieron mucho por los templos. E incluso aportaron para la guerra Ruso-Japonesa. Grandes militares —aclaró otro. Este sujeto mas anciano y acabado que el otro— Oh, sí. Yo conocí al cabecilla del clan Hiragi. Tenri Hiragi.
—El padre de Kureto-sama —afirmó el rubio.
—¡Oh, si! Kureto-kun —rio el sujeto mas joven— ¿Sabías que era un hábil pescador? El era el mejor. De joven venía al puerto. Salíamos temprano por la mañana y a eso del ocaso ya tenía el bote repleto de peces. Le encantaba irse de pesca.
—Me imagino —Shindo le seguía la corriente. Conocía muy poco o casi nada a los Hiragi. Pero si no hubiera sido por esa familia, el no estaría ahí en esos momentos. Y Krul no hubiera mantenido su titulo como reina en Sanguinem. El hombre mayor, llegó a resbalarse en una red. Acto instantáneo en el que Mikaela le sujetó con una fuerza increíblemente descomunal— ¿Se encuentra bien, abuelo?
—¡Ah! ¡Muchacho! ¡Pero que fibra tienes! —le halagó, retribuyéndole en exceso— Muchas gracias. Esa fuerza es sin duda de un Hiragi.
—Claro…—se rascó la mejilla un tanto avergonzado— No es nada…
—Ellos comen mucho pescado —acotó el bigotón— El pescado de Izumi tiene mucho Omega 3. Si sabes lo que es eso, ¿no? Mucha materia gris —le señaló la cabeza.
—Jejeje…—Mika rio algo incómodo. Pero…no podía quitarle los ojos de encima a esa preciosa embarcación que flotaba pacíficamente en la orilla del mar. No tenía recuerdo alguno de haber montado un barco alguna vez.
—¿Quieres acompañarnos? —le preguntó el anciano— Vamos. Seguro que eres bastante hábil también con la pesca.
—Etto…n-no. Ha decir verdad —se justificó nervioso el ojiazul— No soy para nada hábil. Nunca he…—se rascó la mejilla desviando la mirada con un rubor en ella— montado un bote.
—¡Pues ya sabes lo que dicen! —sin mas preámbulos, el sujeto le lanzó una caña al muchacho. Quien con agudo sentido de lince la atajó— ¡Siempre hay una primera vez para todo!
—¿En verdad…puedo ir? —sus ojitos se iluminaron de la ansiedad.
Mikaela casi saltó de un tranco al bote. Sin saber que, en los próximos minutos, estaría jodidamente mareado a punto de vomitar lo que no tenía en el estómago. Se echo por la borda con los brazos muertos, sumergiendo la mitad de sus manos al mar. Sus ojos daban vuelta y su expresión asqueada no era buena señal.
—Uhgh… ¿Cuándo volvemos a la orilla?
—¡Jajaja! —carcajeó el de bigote— ¡No seas así! ¡Esto apenas comienza!
El hombre, de forma deliberada había echado a andar el motor con mucha mas presión. En cuestión de segundos, el bote aumentó su velocidad de 20 a 50 nudos, el equivalente a casi 99 km en mar abierto. La ventisca marina del océano, jugueteó con los cabellos amarillos del menor, revoloteándolos con gracia y destemple. Al cabo de unos minutos, ya no se sentía mareado. Mar adentro la tranquilidad de esas aguas no dejaba espacio para vaivenes en popa. Y eso estabilizó bastante la barca. Mika se animó a recobrar el conocimiento, sentándose a cortos centímetros de proa. Por unos instantes, se sintió casi como en el Titanic. La velocidad era idónea para que sus pulmones, tragaran suficiente aire salado y su pecho, subiera y bajara con elegancia. Gallardo como el solo, abrió los ojos de par en par y se dejo llevar por la sensación de libertad que le brindaba el extenso trozo de inmensidad. Era casi como volar. Infinito, sin un punto fijo en el cual situarse. Pues a donde fuese que viera, todo era mar y mar y mar…
—¡Esto es increíble, abuelo! —aulló jocoso el ruso— ¡Siento que voy a explotar de felicidad!
—¡¿Lo ves?! ¡Te lo dije! —agregó el longevo capitán del "Shizuka". Un barco de pesca menor.
Yuu-chan…si tan solo pudieras estar aquí conmigo y ver lo que yo veo ahora mismo…
—Vamos a detenernos por aquí —el hombre del bigote prominente, apagó el motor.
En la basta enormidad del océano, Mika desplegó su caña de pescar y se acomodó muy a gusto en un taburete a esperar picar algo. En cuanto a los acompañantes, lanzaron redes con anzuelos a esperar también. Por esas horas, su garganta se sentía seca. Y no dudó en desenvainar desde sus ropas una de las ampollas de sangre de Krul.
—¿Huh? ¿Qué es eso? —curioseo el mayor— ¿Has traído vino acaso?
—¡Ah! S-si…se podría decir que es algo parecido al vino —rio Mika con nerviosismo— Mierda, no me di cuenta que estaban viéndome.
—¿Y no compartes acaso? —carcajeó el menos anciano de todos, abalanzándose a el— Vamos, que todos somos adictos a lo mismo.
—¡N-no! Es que…—piensa rápido, piensa rápido— Es medicina. Es un brebaje a base de vino mezclado con hierbas medicinales. Es para…la anemia —¿Qué? ¿No podía ocurrírseme algo mejor? Pero vamos…que "anémico" era lo mas parecido a mi estado actual ahora mismo.
—Bah…no me gustan las hierbas —sacó la lengua con voz inapetente— Ha decir verdad prefiero el Sake —y desde el interior de una caja, sacó un jarrón de al menos 4 litros de licor de arroz— ¡Esto si es vida! ¡Jajaja!
—…Ah…jeje…—Shindo desvió la mirada algo asustado— Estos viejos son unos ebrios…
Pero era de esperarse que navegar en aguas desconocidas para él, le traería sed. Y para su fortuna, el aroma de los habitantes de Izumi al ser tan viejos, no era llamativo para su apetito. Kureto se las había mandado. Era el lugar idóneo para un vampiro joven. Por lo regular, prefería mil veces la sangre de un lozano adulto desarrollado que el de un acabado y añejo anciano. Siendo semi-vampiro, comprendía a cabalidad la debilidad siniestra que sentía Ferid por los niños. Pero Mika jamás…abusaría de uno. Giró la cabeza hacia atrás. Logró divisar lo lejano de su casa en lo alto de aquel morro. Realmente se había alejado bastante de Krul. ¿Era seguro…?
De pronto, la caña comenzó a tironear.
—¡Woah! ¡He picado!
[…]
La puerta se azotó de par en par contra la muralla de la casona. Un solo miembro de la servidumbre de la reina aún prestaba servicios para la familia. Alertada por el ruido, se asomó desde la cocina para notar con estupefacción, que Mikaela apenas lograba mantenerse en pie. Con el rostro perlado en sudor, las rodillas trémulas y la voz convulsiva intentó agarrase del paredón derecho de la entrada yéndose de bruces contra el suelo.
—¡Mi señora! —advirtió la vampira de clase baja.
—¡¿Mikaela?! —aulló Krul, lanzándose hacia él para socorrerle. Se cubrió la nariz con la manga de su vestido para evadir el hedor que emanaba una pequeña canasta regada en el piso— ¿Qué demonios es eso? —eran pescados— ¡¿Qué significa esto?!
—Haa…haa…—jadeaba el menor con la mejilla plantada en la baldosa— L-lo siento…no me di cuenta de la hora —balbuceó. Tenía grabado en el rostro el fogoso deseo de la sed— No me alcanzó la sangre…
Tepes apretó los labios con preocupación.
—Esto no es bueno…estoy segura de haberle dado 10 probetas de sangre. Era lo suficiente como para 5 días prácticamente. Pero…—la pelirosa lo levantó del suelo y le rodeó con los brazos simulando un abrazo— Anda, bebe ya —en el preciso momento en que los colmillos del ojiazul se incrustaron en su yugular, Krul pronunció un quejido de malestar y al mismo tiempo goce. Pero seguía absorta en la situación— No está bien. Mika ya está llegando al limite y no sé por cuanto tiempo mas podré mantenerlo…a este paso…terminará…—Hey…—le reclamó, sujetando los hombros del muchacho— Y-ya basta…has tomado demasiado…
Pero Shindo no movía un solo maldito musculo. Continuó succionando como una sanguijuela hambrienta.
—¡Mikaela! ¡Que te detengas…! —masculló. Pero nuevamente todo se vino a negro. Las imágenes se desvanecieron en una ilusión difusa ante ella— Ma-maldi-ta…sea…Mika —apretó las piernas una contra la otra— No puedo…mas…—a solo escasos segundos de volver a perder el conocimiento, hundió sus uñas en forma de garras contra la espalda del rubio; formando un surco de arriba hacia abajo entre la tela desgarrada y la sangre de este. Sin duda el dolor debe de haber sido insoportable. El joven vampiro bramó, mostrando los colmillos en respuesta. Pero logrando así recobrar la conciencia— ¡Aparta! —le pateó hacia atrás.
Se tomó su tiempo para entrar en razón. Pero tras un par de minutos, su ansia de beber aquel brebaje espeso color escarlata parecía estar saciada.
—¿Qué…estas…? —murmuró Mikaela con voz pesarosa— ¿Krul?
—Tch…—la regente se levantó del suelo, cubriendo con la yema de sus dedos aquellos dos orificios casi tatuados en la piel expuesta de su cuello— Mierda. ¿Qué te sucede? ¿Acaso ya estás en la pubertad, niño hormonal? ¡Contrólate más, que soy tu madre!
Trató de bajarle el perfil como pudo a la situación, lanzando improperios al aire en un tono mas bien inofensivo. Pero tras bambalinas, estaba mas que intranquila. Sin descartar el hecho de que no era la primera vez que lo hacía. Le terminó por dar la espalda, yéndose al baño en cuanto pudo. Tenía un mal augurio de la situación. Y para cuando posteriormente consiguió verse al espejo, su reflejo denostaba mucho mas que una simple duda.
—Demonios…esto es demasiado profundo —Krul tanteó con sus dígitos la región parotídea del musculo. La marca de los caninos de Mika. Podía apreciar casi tocando el hueso. Nunca había visto una mordedura tan intensa en todos sus siglos como amante nocturno. Claramente costaría que sanara mas de la cuenta. Deslizó una curita por la magulladura y exhaló rendida. Salió del baño en dirección a la sala en donde se topo de frente con su agresor. Como si nada, Shindo sacaba unos pescados de una cesta.
—Krul —musitó con una sonrisa inocente— Traje pescado.
—Mika —frunció el ceño de solo verle ahí parado con cara de estúpido— Estas castigado.
—¿Eh…? —parpadeó atónito con la sentencia. Nunca le habían castigado antes. ¿Eso en que consistía realmente?
—Quita esas cochinadas de mi mesa —protestó— Sabes que no tenemos aparato digestivo —le lanzó una toalla— Y date un maldito baño. Apestas a mierda marina —se largó.
—…si…mami…—la toalla le cayó en la cara. Una gota se deslizó por su sien.
[…]
—Tengo que hablar contigo —hablaron al unánime.
Shibuya. 15:12 pm. Cafetería Starbucks.
—¿Ajá? —Shinoa soltó una risita inocua.
—Ajá…je —Yuichiro se rascó la nuca con nerviosismo— Pero realmente tengo que hablar contigo.
—Yo también, Yuu-san —respondió la mujer con idéntica mirada.
—Este… ¿Ya se decidieron…sobre que van a beber? —el cajero les estaba esperando hace rato para pedir. Quizás necesitaba un aumento— Estoy hasta el culo de este trabajo. Yo quería ser peluquero de hámsteres.
Después de ordenar, elegir la mesa mas adecuada y debatir por 10 minutos sobre quien debía comenzar la charla; que las mujeres primero, que el burro por delante y todo eso, en conclusión, tomó la palabra…
—Antes que digas cualquier cosa, Yuu-san —dijo con semblante arrepentido— De verdad quisiera pedirte disculpas por lo que ocurrió la noche de la graduación.
—¿Eh? ¡Ah! ¿Te refieres a esa tontería? —bufó el pelinegro con una despreocupación rallando en el cinismo— ¡Ya olvídalo! Solo fue una estupidez ¿Sabes? Realmente no me afectó.
—…ah. Si. Claro —Shinoa entrecerró los ojos con mirada de lince— Fuah. Ni tú te la crees.
—En serio —rio con indiferencia— La verdad es que…había bebido demasiado. Estaba mas sensible de lo habitual. Ya sabes como soy a veces. Pero me conoces desde hace años ¿No? No pasa nada. Seguimos siendo tan amigos como siempre. ¿Sí?
¿No puedes llegar a creer en esa tonta sonrisa inofensiva de oreja a oreja, o sí? Pero no le quedaba de otra. Si deseaba confesarle realmente lo que tenía pensado hacer, por muy difícil que fuese…debían abuenarse o todo estaría perdido. Así que le seguiría la corriente.
—Bueno…en eso si tienes razón, Yuu-san —asintió la fémina.
—¿Entonces, amigos otra vez?
—Amigos —se alegró Shinoa.
—Bien, bien —Yuichiro se frotó las palmas antes de hablar. Sin rodeos— Veras…Shinoa. ¿Recuerdas que esa noche luego de la fiesta yo le pedí a Guren que me llevara a casa? Pues…la cosa es que —titubeó— el iba con tu hermana. Mahiru. Ella se llama Mahiru Hiragi igual que tu ¿No?
—Bueno…básicamente tenemos el mismo apellido porque somos hijas del mismo padre —la pelimorada aun no captaba su idea.
—Pero…¡Que cosas! ¿Sabes? No tenía la menor idea de que Mahiru era hermana del ex director de nuestro colegio —carcajeó— ¿No te parece chistoso?
—…
Shinoa tomó un sorbo bien largo de su bebida del puro nervio.
—Esa noche mientras íbamos en el auto de Guren, le llamó su hermano. Kureto. Quien resulta ser…también tu hermano. ¿No?
—… ¿Ya…y? —tragó saliva.
—Y pues…adivina que descubrí —los enormes ojitos verdosos de su camarada se encendieron como un sol de primavera— ¡Kureto era amigo de Mika!
Decir que estaba "helada" era poco para ella. Mas bien…la palabra era impresionada. ¿La razón? No creyó que el destino mismo se encargara de hacerle razonar de esa forma tan…inteligente. Shinoa creía que su amistoso compañero era un real, inocente, tonto. Pero en ese instante, no solo creyó que el universo confabulara para esa conclusión. Al contrario…le jugaba una muy buena pasada. ¿Era una carta bajo la manga que no tuviera que mentirle? ¡Se había salvado!
—Los vi hablando muchas veces en los pasillos —argumentó Yuichiro.
Y prosiguió con la plática. Ah…Shinoa. ¿Podías jactarte ahora mismo de tu hermosa buena suerte? Te estaban facilitando el camino. Amane Yuichiro. 18 años. Adicto a las bromas agrias. Ahora mismo se veía demasiado serio e invicto a su terquedad. ¿Y qué tal si se aprovechaba un poco de la situación y tomaba ventaja de su imaginación?
—¿Lo que insinúas entonces…—instigó la pelimorada, mostrando ignorancia ante el tema— es que mi hermano sepa algo sobre Mikaela-san?
—¡Mh! —asintió contento— ¡Es lo que digo! Hey…Shinoa… ¿Tu podrías?
—¡Mhm! —le calló los labios con tan solo su dedo índice— No se diga más —asintió entonces— ¡Averiguaré por ti!
Pero claro. ¿Fingir averiguar algo que ya se sabía? Fue algo que sin duda Shinoa compartió a los días siguientes con sus amigos. ¿Era broma? Pensaron todos. Demasiado bueno para ser cierto. De alguna manera les estaban ayudando del alto cielo. Para disimular su inexistente incredulidad, la menor de la familia Hiragi dejó pasar un par de días. Casi a principios de septiembre fue cuando sin darle más vueltas al asunto, disimuló revelar la inédita información. Jamás en la vida del mundo mundial…había visto a Yuichiro tan entusiasmado con algo.
Era viernes por la mañana. A portas del festival Hanami-Oshieke. Si bien, la mayoría de los japoneses se reunían para ver florecer al cerezo blanco a fines de abril o mayo, (Conocido como el Hanami) el Hanami-Oshieke era popularmente celebrado como "la muerte" del cerezo. Otro festival célebre en donde la mayoría de la población se reunía ahora para darle paso al otoño. Concordaron verse en Nagoya, capital de la prefectura de Aichi. Y tomar un barco para así encaminarse a las afueras de Honshu en dirección a la isla de Kyushu. Los 5 camaradas habían empacado ropa como para un simple fin de semana de cortas vacaciones; con la esperanza de volver el mismo lunes por la mañana. Después de todo, el objetivo era simplemente dar con el paradero de Mikaela y tras reunirse, volver un poco mas calmados sobre su estado actual. El transbordador zarpó a eso de las 10:30 de la mañana. Y si bien la mayoría de los muchachos se mostraron tranquilizados por al menos despejar la mente del ajetreado Tokio, para Yuichiro era todo lo contrario. Durante el viaje se mostró circunspecto, alejado de todos. Shinoa hizo amague de dejarle a solas todo lo que estuvo a su alcance. Amane Yuichiro no dejaba de preguntarle insistentemente si la dirección que había obtenido estaba correcta. Tuvo que al menos corroborársela unas diez veces. No con molestia. Si no, con preocupante ansiedad.
A eso de las 15:20, el barco arribó a puerto. Preguntando a un par de lugareños, los jóvenes tomaron un tren hasta la alejada localidad de Miyazaki. Allí, se subieron a un bus de acercamiento que los dejó finalmente en la estación del pequeño poblado de Izumi. No había alma en pena en la calle por esas horas.
—Había oído de este lugar en reportajes, pero…—Mitsuba acotó un tanto anonadada con el ambiente. Solo había ancianos— ¿Qué es esto?
—Mi abuelito solía decir, que este pueblo era conocido por su alta concentración de adultos mayores —explicó Yoichi.
—Si, yo también oí algo parecido —agregó Kimizuki sujetando su bolso— Mi tía solía comentar que cuando jubilara, vendría para acá.
—Es sin duda un lugar para venir a morir en paz —volvió a comentar Sangu Mitsuba.
—Un lugar tranquilo, ideal para Mika —murmuró Yuichiro muy bajito. Los amigos se observaron entre sí, un tanto ignorantes al tema. Si bien, poco y nada conocían al rubio, confiaban en la capacidad que acaecía al ojiverde de afirmar algo como eso.
—¿Y? ¿Qué hacemos ahora? —examinó la rubia del grupo—
—Pues…—Hiragi Shinoa se veía así misma un tanto complicada. Por mas que miraba y miraba la pantalla de su celular, no lograba dar una respuesta fehaciente— No quisiera ser aguafiestas, pero…tengo solo una barra de señal aquí.
—¿Es broma? —protestó el muchacho de anteojos, en lo que sacaba del bolsillo de su pantalón su propio móvil— Mierda…es verdad. Tengo…dos líneas apenas.
—Pues…yo no tengo ni si quiera una —añadió Mitsuba.
—Dudo mucho que aquí existan los taxis… ¿O sí? —siseó Saotome Yoichi, bastante perdido.
—No creo —admitió Shinoa, dando un vistazo sutil al paisaje. A lo lejos, logró divisar un "Jinrikisha". O mejor conocido mundialmente como un Rickshaw, un vehículo ligero de dos ruedas que se desplaza por tracción humana, bien a pie o a pedales. Lo mas parecido a una Bicitaxi— Pero…quizás eso de ahí nos pueda ayudar —apuntó.
Se montaron en aquellos "Bicitaxis" de dos en dos, dejando que Shinoa fuera sola en su propio carro. Con la poca y nada de señal móvil que tenía, logró seguir las coordenadas que su hermano mayor le había proporcionado. Pero sin duda…no eran "precisamente" las exactas.
—Hemos llegado —balbuceó el hombre de mediana edad, mientras sus otros compañeros también bajaban a los demás.
Pero…era solo el final de una calle pavimentada. A continuación, todo lo demás era tierra, algo de ripio, campo y más campo. Se encontraron así mismos, totalmente abandonados de la zona urbana mas poblada.
—Mhm… ¿Estás segura que no estamos perdidos…? —Saotome se rascó la mejilla un tanto intranquilo.
—Rayos…la dirección que me dio mi hermano es…este final de calle. No sé nada más…—argumentó Shinoa.
—Bien. Gracias. Ahora estamos totalmente varados en una isla de viejos decrépitos —farfulló Shiho Kimizuki bastante molesto.
—¡Hey! ¡Shinoa hace lo que puede! —le defendió Mitsu.
—Lo presiento…presiento que Mika está cerca —pensó el pelinegro con respiración agitada— Ah…me siento demasiado intranquilo —llevó el puño a su pecho, intentando calmarse— No puede ser que hayamos llegado tan lejos para simplemente perderle el rastro. Joder…me rehúso. Debo…encontrarle —ahondó aún mas en sus pensamientos— Mika…
Pero mientras los compañeros discutían entre sí, Yuichiro se había tomado la molestia de incursionar de casucha en casucha por algo más de información. Inspirado en la corazonada de que su añorado dúo se encontraba cerca, consultó lo más que pudo. Vamos, que era un poblado muy pequeño. ¿Qué tan difícil podía ser?
—¡Yuu-kun!
Todos corrieron tras él. Prontamente de una hora incesante de búsqueda, no habían logrado nada bueno. La mayoría de los habitantes de Izumi o eran viejos decrépitos con Alzheimer o…simplemente no se interesaban en nada mas que no fuera el clima. A Yuichiro se le estaba acabando la paciencia. Luego de consultar en por lo menos 10 lugares distintos, lo único que tenían en frente era un mini market, que contaba con dos buzones de correo, una licorería surtida y una extensa variedad de productos agrícolas.
—Tch…mierda —rezongó el pelirosa de anteojos— Esto es inútil…cada vez que pregunto por algo de información, estos viejos se pierden. ¡O no me escuchan bien, o no me ven bien, o simplemente hablan de sus 20 años mozos! ¡Así no vamos a lograr nada!
—¡No seas irrespetuoso, Kimizuki! —le regañó la rubia, dándole un golpe en la espalda— ¡Moooh! ¡Todos vamos a llegar a viejos!
—¡Si! ¡Pero no jodas! —aulló— ¡Estos ancianos de verdad no saben ni donde están parados!
Shinoa notaba como la ansiedad de todos se desvanecía como el viento. Pero la tenacidad de Yuichiro no decaía en lo mas mínimo.
—Yuu-san…—pensó Hiragi— No me imagino lo que debes de estar pensando. Pero daría lo que fuera por averiguarlo. ¿Tan deseoso estás…? Como quisiera poder sentir lo que sientes ahora mismo…
Para Shinoa, las emociones de su compañero eran casi de una fe religiosa. Una devoción única. No era solo un amor a la patria, a un equipo de beisbol o un ideal. Para Yuu…Mika era casi como el nirvana. ¿Cómo era posible vislumbrar un sentimiento así? Le amaba, sin duda. Pero jamás con tanto impulso…apasionado como el, al ojiazul. En esos momentos se cuestionaba así misma su corazón. ¿Quizás no era tan potente el afecto amoroso? ¿O más bien…era otra cosa? ¿Celos? ¿Impotencia? Negó con la cabeza. No pretendía creérselo. Aún anhelaba sentir así. Inesperadamente un pensamiento en particular le abordó. Era inapropiado cuestionárselo. No era quien. Pero…debía preguntárselo. Lo tenía colgando de la punta de la lengua.
—Dios…Mika… ¿En dónde estás…? —se cuestionó Yuichiro con angustia.
—Yuu-san…—le observó de lejos, debatiéndose para sus adentros— ¿Sabe Mika acaso…que le amas?
¿Alguna vez le dijiste a Mika…que lo amabas?
—¡Ah! ¿Un muchacho extranjero? —interceptó un anciano de extensa barba gris.
Los 5 jóvenes se estremecieron entre sí. ¿Una persona le conocía?
—¡Abuelo! —suplicó Yuichiro— ¡¿Lo has visto?! —desde su teléfono móvil, le señalaba una foto de Mikaela.
—Si, si, si —confesó el anciano— Lo he visto. Un forastero.
Los ojos de todos se iluminaron. Aunque no tanto como los de Amane, que parecían dos joyas esmeraldas en plena luz del sol.
—¡Ah! ¡Si! ¡No es japones! —exclamó el ojiverde.
—Si. Lo conozco —admitió.
—¿Lo conoce? ¿Realmente lo conoce? —repitió el ojiverde con júbilo, poco convencido con la revelación— Es como de mi edad, de mi estatura. Es rubio, de ojos azules. ¿Está seguro?
—Vamos. No es como que haya muchos extranjeros por aquí —asintió el viejo— Tengo mala vista, pero no mala memoria.
—¡¿Entonces?! —vociferó Yuichiro.
Un hombre de mediana edad con un prominente bigote se incorporó a la conversación.
—Lo he visto —declaró el sujeto, tocándose la barbilla— ¿No es acaso el jovencito con el que pescamos la otra vez?
—Si. Tenía un rostro muy amigable ¿Mhm? —debatió el anciano, mirando a su camarada— ¿Pero será el mismo?
—Realmente se parecen. Pero juraría que es el —le respondió el del mostacho.
—Pero el muchacho dice que es como de su edad y su tamaño —increpó el mas longevo de los dos— Aunque no se ven iguales. El chiquillo es mas alto. Y diría que tiene una mirada un tanto mayor…como si tuviera mucha más edad. O hubiera pasado por mucho.
—Ah…pero claro que es Mika. El tiene una mirada muy intensa…difícil de pasar por alto —se aclaró Yuichiro, en la mente— Si…es un poquito más alto que yo…también. Por favor…—rogó sonando al borde de la desesperación— ¿Saben dónde está?
—¿Cómo era que se llamaba? —se cuestionó el de sobresaliente barbilla, tomándose un momento para especular— ¡Ah! ¡Mikaela!
Los muchachos casi saltaron de la emoción.
—¡Mikaela! —repitió Yoichi tras oír la conversación— ¿Saben dónde vive?
—Por supuesto. Imposible no saberlo —afirmó el del bigote. Su dedo índice apuntó directamente al acantilado de la derecha, en lo alto de la cima— Él es un Hiragi. Vive en la propiedad de la familia Hiragi.
Silencio total entre todos. ¿Familia Hiragi? El pelinegro le confirió una mirada cortante a Shinoa, quien se hizo la desentendida ignorando por completo la visual. Por nada del mundo deseaba conectar aquella ojeada con la de él. Indiscutiblemente estaba involucrada. Pero ¿Qué mas podía hacer? Su trabajo estaba casi completo a esas alturas. Sin tener respuesta por parte de su amiga, echó un vistazo en dirección al acantilado. Claro…desde ahí….
—Veo una casona —manifestó Yoichi— ¿Es esa la casa de tu familia, Shinoa?
—Yo…este…—despistó la mirada con apocamiento— No tengo la menor idea, Yoichi. Jamás supe que mi familia tuviera finca aquí. Mi hermano solo me dio esta dirección y…yo hice lo que estaba a mi alcance.
—¡Muchas gracias, abuelos! —agradeció Yuichiro, dando una reverencia casi mortuoria antes de echarse a correr hacia campo abierto.
—¡Ah! ¡Yuu! —bramó Mitsuba— ¡Espéranos!
—Mika…espérame un poco más…—Amane Yuichiro corrió y corrió hacia la colina, adentrándose en un espeso bosque sin si quiera pensar en los resultados de su inequívoca decisión — ¡Mika…ya casi!
[…]
—Kureto-niisan.
Tokio, por esas horas.
—Mahiru —respondía el mayor— ¿Qué pasa?
—¿Qué relación tienes con Hyakuya Mikaela y Tepes Krul? —la mujer de cabellos cárdenos fruncía el ceño.
—¿Qué? —renegó de vuelta el pelinegro— ¿Y esa pregunta? —pero una carta se dejó caer sobre su escritorio. Con señal desconfiada, el líder y dirigente del linaje Hiragi desgarraba el sobre para leerlo— ¿Qué es esto?
—Shinoa dejó este escrito antes de marcharse esta mañana —explicó la muchacha con desprecio— Mierda. Dime que no tienes nada que ver con esto ni esta carta.
—¿Por qué carajos…Shinoa fue a Kyushu…? —se cuestionó con irritación.
Los dedos del mayor palpitaron coléricos contra el papel. De un momento a otro, estrujó el documento contra sus manos, volviéndolo una bola de basura en cuestión de segundos. Solo un pedazo inservible de porquería. Dio un puñetazo a su pupitre, con el entrecejo arrugado en pos de furia.
—Yo no le dije que tenía que ir.
—¿Realmente eres tan ingenuo como para pensar que mi tonta hermana menor, no se involucraría en el conflicto? —resopló decepcionada— Me extrañas, hermano. Pensé que la conocías mejor.
—Maldita sea, Shinoa —masculló entre dientes— Te advertí que los dejaras en paz…por la misma mierda.
—El mocoso me buscó también —declaró la mujer— Amane Yuichiro. Pidió tu número. Pero Guren se lo negó. Hermano…si algo le llega a pasar a Shinoa. Si la llegan a atacar. Te juro…que acabaré contigo.
—¡Gnh! —Kureto se levantó de su silla con furia— ¡¿Y tu crees que me encantan los malditos chupa-sangre esos?!
[…]
—Mikaela —refunfuñaba Krul, cruzada de extremidades superiores— Debes escucharme o te irá mal. Entiende que yo ya no soy suficiente para satisfacer tu sed.
Predio de los Hiragi.
—¿Por qué de pronto vienes con algo así? ¿No ves que estoy leyendo un libro?
Shindo Mikaela. Vampiro. 18 años como humano. Se encontraba tendido en el sofá disfrutando de una ligera lectura sobre historia universal. Intentaba olvidar los acontecimientos de aquella fatídica noche en donde casi mata a su madrastra a punta de succiones. Pero ahora notaba que ella no lo había pasado por alto. Se acomodó en el sillón con aires de incordia frente a su rabia. Algo no estaba bien.
—¿Qué sucede?
—Calla —le rebatió la reina— No me preguntes el por qué. Pero esta noche tengo un muy mal presentimiento. Y solo vine a advertirte, que no podré controlarte por mucho más tiempo.
—Vamos —rio escéptico el rubio— ¿Por qué justo ahora le das tanto énfasis? Solo fue una mala pasada de mi hambre. Yo solo-…
—¡Mika! —refutó con ira.
—Ah…otra vez me has llamado "Mika" —inquirió esbozando una sonrisa endeble a escasos metros de su madre— ¿Recuerdas la primera vez que lo dijiste?
—Madura. Te estas tomando esto demasiado a la ligera —refutó Krul— Mika…en verdad, mis sentidos agudos están al máximo. Tu sed ha alcanzado un punto aljibe que yo no podré controlar más. Debes beber sangre humana.
—Eso jamás —rebatió— Seguiré creciendo como humano.
—¡Mika! —volvió a contradecir— ¡Basta! ¡Debes beber de un humano o si no-…!
Un estruendoso golpeteo a la entrada principal les entorpeció la charla. Algo que sin duda puso en alerta a todos en la casa. Nadie se atrevía a venir a las 21:20 de la noche y mucho menos en Izumi. Tanto Shindo como Tepes pensaron lo peor. A la mierda, Ferid descubrió nuestra farsa. Está aquí para hacernos mierda.
Los vampiros de la morada adoptaron una posición automáticamente defensiva. Cualquiera que estuviera tocando la puerta por esas horas, era considerado un enemigo natural. Todo lo que iluminara la casa se extinguió en cuestión de segundos. Mikaela y Krul se apostaron a la entrada de la vivienda con la mirada cazadora, depredante y acechante. El rubio, con los colmillos a flor de piel y la pelirosa con las garras al aire. Si había que dar la vida para sobrevivir la darían. Con tal de prevalecer y morir dignos, todo ok.
No obstante…tras varios bastonazos a la mampara principal, nadie parecía ingresar. O mucho menos presentarse. ¿Qué podía estar pasando? Mikaela le murmuró a su madrastra que retrocediera. El interceptaría al o los invasores de su hogar primero. Se juagaría un puesto en la jerarquía. Llevó la diestra a la manilla de la puerta, girándola en sentido contrario del reloj justamente para cerrarla. Pero apenas hizo aquello…una sutil voz familiar inundó el tenso ambiente.
—Mika… ¿Estás ahí?
En shock. Cada maldito musculo de su cuerpo se endureció, paralizándole en un instante. Casi como un hechizo de purgación, no pudo hacerle frente a aquel tono de voz familiarmente reconocible.
—Mika…soy yo…—murmuró Yuichiro.
No pudo. Simplemente…no pudo resistirse a esa voz. Dejó apaciblemente que la manija se girara e instintivamente, Yuichiro ingresara a la oscura morada. …Le llamó en la oscuridad. En pocos segundos, Krul subió los interruptores, iluminando el vestíbulo de la sala principal. De piedra permanecieron. Pues quien los visitaba…eran nada más y nada menos…que Amane Yuichiro y sus amigos. Krul y Mikaela encubrieron sus notorios caninos. ¿Qué más podían hacer?
—Yuu-Yu-…—tragó saliva— Chan…
Porque siempre hay que hacerse responsable de las decisiones que tomamos.
