Kyushu, 25 de septiembre. 23:40 pm.
Si había que llegar a definir de alguna forma la situación actual, tan solo era cosa de resumirlo en una sola palabra: Tensión.
El ama de llaves traía desde la cocina una bandeja con ciertos alimentos humanos, refrescos y dos tazas de té. Una para Shinoa y otra para Yoichi quienes se mostraron friolentos con la noche.
—Aquí tienen, muchachos.
—Ah…muchas gracias —reverenció el muchacho de cabellos marrones.
Pero fue lo poco y nada que llegaron a interactuar. Krul se encontraba de brazos cruzados en el marco de la puerta, estudiando los movimientos de cada uno de los jóvenes con la mirada incongruente. Yuichiro, Shinoa, Kimizuki, Mitsuba y Yoichi desparramados en los sillones del salón. ¿Y Mika? Sentado a extensos metros de todos. Autoexiliado, con los hombros retraídos y mirada circunspecta. Amane pretendió de forma inútil conectar alguna mirada con él. Pero este, no intentaba despegar los ojos del suelo. Ni si quiera se tomaba la molestia de decir algo al respecto. ¿Por qué no decía nada? ¿Acaso no estaba feliz de volverle a ver? Tepes creía ser la única de los reunidos ahí en entender un tanto el escenario. El incomodo silencio sepulcral estaba mosqueando a Saotome.
—Ah…—habló finalmente. Era una tentativa por romper el hielo— Es una muy linda casa la que tiene, Krul-sama.
—No es realmente mía —respondió la pelirosa, echándole un vistazo a Shinoa quien no se daba por aludida— Pero eso tu amiga ya lo sabe. ¿O me equivoco?
—Vamos —rio Hiragi sumamente incomoda— No hace falta entrar en detalles como esos. Aunque cueste creerlo, yo no la conocía para nada.
—Ya veo. Tu hermano no debe de ser muy comunicativo contigo ¿O sí? —espetó.
—Mas que comunicativo…—se rascó la mejilla— Es solo que yo no llevo la cuenta de las propiedades de la familia. De eso se encargan los mayores…
—Ya.
Pero…nuevamente ese maldito aire de mudez. ¿Por qué tanto hermetismo con la cuestión? Yuichiro ya no daba más. Coexistiendo en su interior un alma tan impetuosa como le conocían, alzó la voz.
—Mika —le hablaba solamente a el— ¿Qué te sucede? ¿Por qué estás así? —no se estaba yendo con rodeos. Iba directo al hueso inclusive delante de todos. Algo que sin duda el rubio encontraba desmedido— Mika.
Pero cada vez que sus labios pronunciaban si quiera su nombre, Mikaela respondía minimizándose en el sofá. Como si temiera por algo. Eso para Yuichiro era solo una muestra inequívoca de desprecio. ¿Por qué Mika se comportaba de esa forma tan…indiferente? Tan indolente. ¿Entonces si era verdad? ¿Realmente se había ido de Tokio porque ya no quería estar más con él? ¿Acaso todo había sido un viejo y sucio truco para jugar con él? No. Lo creía totalmente incapaz.
—¡Mika! —se levantó de golpe— ¡¿Por qué no me hablas?! ¡¿Por qué no me miras?! —el ojiazul formó dos puños sobre sus muslos totalmente cabizbajo. Se estaba mordiendo la lengua— ¡¿Acaso no te alegras de verme?! —nada. Simplemente nada…— ¿Por qué eres así? ¿Por qué tienes que ser así? ¡¿Tienes idea si quiera de cuanto pasé este ultimo año, mientras tu jugabas a la casita?!
—¡No hables como si solo tu lo hubieras pasado mal! —objetó Shindo con desazón. Abatido con la interrogación, chasqueó la lengua tras percatarse que todos le estaban viendo. Similar a un juicio en donde te paras en el podio del culpable— Tch...tu no sabes nada. No hables si no sabes.
—Pero…Mika…—el pelinegro poco y nada entendía ya de su respuesta.
—¡Ah! Pues…Mika-kun… ¿Sabes? Hemos venido hasta aquí solo por ti. Y pens-…—Shinoa intentó meterse en el pleito, pero el muchacho de anteojos le detuvo de golpe.
—Ya basta de este melodrama —rezongó Kimizuki— Hemos viajado casi 200 km solo para venir a verte, porque Yuichiro te extraña. No te comportes así, amigo.
—Yo no soy tu amigo —espetó Mikaela.
—Vaya —contradijo Shiho con el semblante irritado— Pues hace un año simulabas muy bien serlo.
—Pues yo no recuerdo habértelo mencionado así que no te recomiendo sacar conclusiones por ti mismo.
—¿Qué dijiste enano? —gruñó Kimizuki tomando una posición defensiva.
—¿Qué pasa? ¿Quieres pelear conmigo? —Shindo se alzó de su puesto— Eres muy insolente al querer pelear conmigo en mi propia casa.
—Ni si quiera es tu casa —se mofó Shiho.
—¡Ya es suficiente! —impidió Krul con notable molestia. Había logrado cortar de raíz la pelea que se vislumbraba a portas de comenzar— Es tarde ya. Seguramente deben de estar cansados. Pueden tomar la habitación del ala este. Solo tiene dos camas. Pero las chicas pueden compartir una y los chicos la otra —luego observó a su hijastro— Mikaela, le darás tu habitación a Yuu.
—¿Jah? ¿Y por qué demonios tengo que hacer eso?
—Porque estás castigado, genio —arqueó una ceja— Y mientras eso siga siendo así obedecerás lo que yo diga
—No se preocupe, señora —Yuichiro resopló hastiado por el comportamiento apático de Mika. Sin duda no entendía un carajo lo que le pasaba. Pero tampoco estaba dispuesto a caer tan bajo como para invadirle su preciosa privacidad de soltero— No necesito dormir en una cama.
—Pero ya lo he decidido, mocoso —negó Krul— Mika dormirá conmigo.
—Ni lo sueñes —refutó el ruso con voz asqueada.
—No me importa realmente —el ojiverde se encogió de hombros— Dormiré en el sofá.
—No lo creo —negó la vampira— En tal caso, Mika dormirá en el sofá. Y si sigue con sus estupideces, dormirá en el establo.
Madre e hijose comieron con la vista, entre amagos de disgusto y sumisión. Fue un touché para el rubio, ya que ambos tenían en claro que los vampiros no duermen. ¿Acaso quería revelarles a sus amigos que era un chupasangre? De muy mala gana no le quedó de otra que aceptar sus reglas.
—Muy bien. Ya está decidido —aplaudió Tepes. Aunque no sin antes, agregar— Ah. Shinoa. Quiero hablar contigo un momento. ¿Me acompañas a darle de comer a los caballos?
—Ah…Si…—aceptó.
Las dos mujeres se desvanecieron por la puerta principal. Una vez más, Yuichiro intentaba acercarse a Mikaela. Pero este le esquivó raudo por los escalones en dirección al segundo piso. Bien. Así que estamos con esa ¿eh? No le importó. El era una persona muy tenaz y obstinada cuando se proponía algo. Era solo viernes por la noche. Tenía todo el día sábado y domingo para lograr algo con él. Por el momento, le daría su espacio.
—¿Soy solo yo…o esto fue realmente una muy mala idea? —Mitsuba se tocó la sien.
—Ya no sé que pensar —murmuró retraído el pequeño Saotome.
—Tsk…no me importa en lo más mínimo —reclamó Kimizuki, tomando su bolso del suelo— Hemos venido aquí ayudando a Yuu. No por otra cosa ¿No?
—Pe-pero…—Yoichi bajó la mirada con nostalgia— Yo si consideraba a Mika-kun como mi amigo…
—Pues con esos amigos…—sentenció Shiho— ¿Para que quieres enemigos?
—Tal vez Mikaela tenía razón y…hemos mal interpretado la situación —balbuceó Sangu, imitando la acción del pelirosa.
—¿Serian tan amables de dejar de sacar conclusiones tan apresuradas? —Yuichiro los increpó— Está bien. Hemos venido sin avisar y de improvisto. Hay muchas cosas que debo aclarar con Mika primero. Hasta no saber que está pasando, no digan nada. ¿Quieren?
—Mh…
Todos asintieron al unísono. ¿Demasiado confiado, eh Yuu?
[…]
Krul subió el interruptor de la única ampolleta que iluminaba el establo trasero de la finca. Ahí, dos caballos purasangres les recibieron un tanto adormecidos. Uno era café claro y el otro de pelaje azabache con un prominente tono blanquecino en su frente. Aprovechando la visita, la mayor tomó un par de sacos pequeños con algo de alfalfa y se dispuso a alimentar a los animales.
—Este lugar es un tanto paradisiaco. ¿No cree? —murmuró Shinoa con inocencia. Observaba a los caballos con admiración. Eran realmente muy bonitos. Seguramente Kureto les había encargado también el cuidado de ellos. Tenían el cabello acicalado y se veían gorditos, bien alimentados— Realmente no tenía idea de este lugar. Me pregunto…cuantas propiedades más tendrá mi familia.
—Antes que todo —expresó Tepes con indiferencia a sus palabras— Quisiera que le dieras las gracias a Kureto por habernos facilitado esta casona. Pero…eso sería pedirte demasiado. Porque…tu no mantienes contacto directo con el ¿O sí?
Esa pregunta…traía consigo un mensaje subliminal demasiado claro para ella.
—Dime una cosa, Shinoa —continuó la reina, acariciando la mejilla de uno de los corceles— ¿El sabe que estás aquí?
—…
La menor de los Hiragi desvió la mirada con incomoda templanza. Eso se había manifestado a su pregunta con creces. Iba a rebatir algo contundente…pero por alguna razón, su compañera nocturna parecía bastante intimidante.
—Ya veo —sonrió— Así que eres la rebelde de la familia Hiragi. Seguramente te habrás largado sin su consentimiento, pero dejando algo así como una carta.
—Este…—Mierda. ¿Cómo podía saber tanto? Ahora si le resultaba sumamente amenazante. Pensó— Lo he hecho. Y ahora está al tanto de todo.
—¿No temes que el tome represalias por desobedecerle?
—No es mi padre. Solo mi hermano ma-…
—Pero aún así —rebatió Krul en señal de firmeza— te ha advertido que no vinieras —Bueno, joder, ella leía mentes ¿O qué? — Y has venido igual. ¿Acaso no te ha dicho que nos dejaras en paz?
Mierda. Krul entonces ya lo sabía todo. ¿Cómo era posible? Se volteó a verle, lacerándola con la mirada. ¿Tenía los ojos de ese color la ultima vez que la vio? No recordaba que…sus pupilas fueran de un rojo furioso tan penetrante. Uno de los rocines chilló sutilmente alterado. ¿Qué era esa aura oscura que la rodeaba? Se vio forzada instintivamente a dar un paso hacia atrás. No. Basta de tonterías. No se dejaría amedrentar tan cómodamente. Se detuvo a pensar bien la situación. Eso era. Kureto seguramente le había avisado que, sin remedio su plan se encontraba al descubierto ahora. Tal vez por la visita que le hizo en verano la menor. Si había tanto en juego, no era información vaga que descuidara con demasiada ingenuidad.
—Entonces —admitió Shinoa con arrogancia— Si ya sabe todo. ¿Para que hacernos las tontas? Vamos al grano —ahora era su turno de tomar las riendas de la conversación. Sirviéndose de la ligera ventaja que tenía— Yo lo sé todo, Krul-sama.
La pelirosa se paralizó de golpe. Un momento. ¿Qué se supone que "literalmente" sabía?
—¿Tu hermano te contó todo ya, entonces? —examinó con desconfianza.
—Exacto —mintió— Con lujo y detalle. Así que…basta de rodeos por favor. No soy la niñata ingenua que piensa.
—¿Qué demonios? ¿Kureto nos traicionó? —especuló Krul, mordiéndose el labio inferior de la impotencia— ¿Eso quiere decir…que esta mocosa sabe que Mika y yo…somos…?
—Ya sé todo sobre el secuestro —soltó de pronto Hiragi. Mas tranquila de revelar dicha pesquisa, caminó hasta uno de los corceles para acariciarle el lomo. Por alguna razón, Tepes exhaló con alivio. ¿Por qué? — Y es por eso que he venido finalmente. La razón por la cual huyeron. No fue porque Mikaela-san haya querido. Se vio obligado a huir…porque los persigue alguien de su pasado. ¿Es correcto?
—Ah…niña —la regente de los vampiros esbozó una risa un tanto sagaz— Mierda…pensé otra cosa — Bueno…ya no puedo ocultarlo más. ¿O sí? Estás en lo correcto. Pero por lo mismo, no me siento cómoda con que hayan venido. Eres una chica inteligente. De seguro ya sabes los riesgos que corren tú y tus amigos en la osadía de visitarnos.
—No debería importarle tanto lo que yo piense o haga al respecto —determinó la pelimorada en lo que cogía algo de forraje para el corcel— No estoy aquí precisamente por mí. Estoy aquí por Yuu-san.
—Ah…pero que tierna eres —se mofó la emperatriz— ¿Lo haces por amor?
—Bueno, si le quiere llamar así —le respondió con un gesto afable— Si. Digamos que es por amor. Amo a mis amigos. Amo a Yuu-san. Y por sobre todo…Yuu-san ama a Mikaela-san.
De piedra quedó Tepes.
—Es por eso mismo, que mi objetivo es solucionar este problema —Shinoa se reincorporó a la plática, quedando a escasos metros de la mayor— He aquí el meollo del asunto. Resulta ser, que soy la única que entiende los hechos del secuestro hace un año. Pero Yuu…no lo sabe realmente. Aunque no tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que el estaba al tanto "en parte" de este sujeto. Seguramente porque Mika-kun le confesó de ello. Pero pensándolo bien y conociendo a Mikaela, no le debe de haber contado toda la verdad. ¿La razón? Porque tal vez deseaba protegerlo de algo o alguien.
—Vaya, vaya…y yo que pensaba que Mikaela era el único humano interesante que había conocido. Esta chica sin duda…tiene lo suyo — Entonces has sacado tus propias conclusiones. Has atado cabos sueltos y…ahora estás aquí. ¿No?
—¿Me lo quiere decir usted? —preguntó Shinoa con irónicas intenciones— ¿O tendré que interrogar otra vez a mi hermano?
—…tch…
[…]
Su nombre era Ferid Bathory. El ex tutor legal de Mikaela en rusia. Hiragi Shinoa le dio vueltas al asunto por lo menos un par de horas antes de subir al segundo piso. La historia fantástica jamás contada en sus cortos 18 años. Un muchacho de familia adinerada, huérfano a los 8 años, criado en un orfanato acusado por prácticas religiosas sectarias. Violentado y abusado sexualmente en reiteradas ocasiones por Ferid. Prácticamente victima de un lavado de cerebro silencioso y perfecto. Pero si todo resultaba ser cierto…eso significaba solo una cosa: Yuichiro lo sabía. La pregunta entonces era: ¿Pero que tanto sabía Yuichiro de todo eso?
[…]
—Con permiso…
Amane Yuichiro giró la manija de la habitación sintiéndose un tanto tonto por preguntar si podía ingresar. Sabía que no había nadie ahí. Cuando la puerta se cerró tras de sí, rápidamente se vio victima del aroma del lugar. Esa fragancia…tan familiar.
El perfume de Mikaela colmando sus fosas nasales. Hacía tanto…pero tanto…que no olía su esencia. En todo lo que ahí permanecía, se podía percibir. Las cortinas, el pequeño velador, un escritorio, el ropero, la alfombra, incluso la ropa de cama. La almohada, las sabanas. Era como una droga adictiva de éxtasis para sus sentidos. Dejó caer de forma despreocupada su bolso al piso. Tomó asiento al borde del catre, percatándose de lo estirada y pulcra que estaban las colchas. Casi…como si nadie la hubiese usado en meses. Exhaló satisfecho, dándose un momento para asimilar todo el vaivén de sensaciones que le inundaban. Si bien sabía que esa no era la casa precisamente de Mika, la decoración sobria; humilde sin duda era un toque del rubio. Si tuviera que pasar un concurso de reconocer la habitación del ojiazul con otras cincuenta, el ganaría con creces. Era única e inigualable. Se mantuvo en silencio un par de segundos, antes de levantarse y correr las cortinas grises que adornaban el ventanal. Una vista privilegiada, conectándose con el risco empinado que limitaba el predio de los Hiragi. A lo lejos, la luna dibujaba un camino ficticio; divino sobre el mar calmo de la oscuridad.
Algo flageló su pecho con malestar. Se preguntó entonces, quizás cuantas noches Mika observó ese paisaje sublime por las noches. Sintiéndose solitario, desarmado, contentándose tan solo con aquel horizonte nostálgico. Y tan solo por unos efímeros segundos, se sintió culpable de todo.
—¡No hables como si solo tú lo hubieras pasado mal!
Sus palabras, fustigaron su corazón. Viéndose inmerso en un mar de sentimientos dolorosos para él. Si tan solo hubiese tenido el valor de evitar que se fuera. O si tal vez…haberle visitado antes habría arreglado el problema. ¿Por qué demonios tuvo que pasar un maldito año para todo esto? Se desplomó desalentado sobre la cama. Llevó el antebrazo a la altura de sus ojos y lloró cuanto pudo en el vacío de la habitación. Algo estrujaba sus pulmones. Las lágrimas fluyeron como ríos de lava por sus mejillas, quemándole. Dolía…era desmedida la incompetencia que sentía.
Repentinamente, una corta pero sonora melodía vibrante llegó a sus oídos. Arqueó la columna, percatándose que aquel vibrato provenía del interior del velador. Quiso incursionar en él, sujetando la manilla por unos momentos. Pero titubeó. ¿Estaba bien meterse en el cajón de Mika? Era su velador. Seguramente guardaba muchas cosas importantes ahí. Tragó saliva, apartando la mano sin más. De alguna manera sintió miedo. ¿De qué? No lo sabía. ¿Y si se encontraba con cosas desagradables para él? Una carta de amor de otro sujeto. Quizás algún secreto oculto del rubio. O alguna cochinada. Se llegó a cuestionar, si era legitimo incluso acostarse en su lecho. Pero cuando nuevamente volvió a oscilar contra la madera, toda cordura perdió cabida para él. Y con total intimidad, deslizó la cajonera hacia afuera. Se topó con un par de cosas simplonas no muy llamativas. Suspiró aliviado. No era como si Shindo fuera un muchacho tan siniestro. Pero si muy misterioso con lo suyo. Y no era algo que quisiera profanar. Amaba ese enigma que envolvía su vida personal.
—Pero… ¿Realmente está bien que haga esto?
Cautivo por la maldita curiosidad, comenzó a revolver un par de papeles de aquella cajonera. Lo primero que encontró fue una pequeña caja de cuero pardo. En el interior, 6 probetas con rastros de un liquido acuoso escarlata. A juzgar por el color, se veía como el vino después de estar al aire libre. Abrió uno de los tubos, olfateándolo. El olor le llegó de golpe. ¿Qué era eso? Sintió un sabor metálico en la boca. ¿Acaso eran muestras de sangre o algo así? ¿Podría ser que Mika estuviese enfermo…?
Lo dejó pasar. Lo siguiente que encontró fue un tarjetero. Ahora que lo pensaba bien…jamás vio a Mika portar dinero. Nunca cuestionó aquello, dando por sentado que su madre tenía mucha plata. Sin embargo, en aquella billetera halló por lo menos 100 dólares envueltos con un elástico, una tarjeta de crédito visa, la licencia de la biblioteca de Tokio. Un DNI con letras en ruso y un DNI japonés mucho más actualizado. Tras levantarlo, una tarjeta de cartón negra se deslizó hasta el piso. Al sujetarla, leyó las siglas: Hyakuya.
—¿Qué es…esto? —se cuestionó desalentado.
Lo devolvió todo a su lugar. Posterior a ello, encontró un arete de oreja, un par de sachet de toallas húmedas de esas que te dan en los aviones, dos boletos de tren, un recibo del supermercado, un pequeño peluche de gatito del tipo llavero. Y finalmente un anzuelo de pesca color esmeralda con un aparente uso por desgaste. Vaya…en resumidas, eran cosas realmente ordinarias. ¿Podría ser que Shindo realmente fuera tan solo alguien común y corriente? Eran sin duda artefactos de un muchacho de su edad. Suspiró aliviado. Para su satisfacción, no había nada que atormentara su conciencia. Sin embargo…casi al final, al fondo de aquel mueble de madera esmaltada…halló un móvil. Tras investigarlo, pudo reconocerlo automáticamente. Era el celular que Mika usaba cuando ellos se conocieron. Al momento de levantarlo la pantalla automáticamente reconoció un rostro e iluminó el menú principal. Mostraba la hora, fecha, tiempo y la batería marcaba en rojo. Estaba casi descargado a portas de apagarse. Vamos…si es el teléfono celular de Mika, al menos tendría clave. Igual pulsó el dedo pulgar sobre el touch, desbloqueándolo instantáneamente.
—Mierda…no tenia contraseña —balbuceó para sí mismo.
Ok…este si es un punto de inflexión. He aquí la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez. ¿Está bien revisarle el celular a tu…ex novio? La curiosidad estaba carcomiéndolo por dentro. De pronto, este se remeció. Estaba en silencio, pero sin duda que vibró en sus dedos. Del puro susto lo dejó caer, recogiéndolo casi al instante. Si se llevaba a romper…estaría muerto.
—¿Por qué vibra…?
Recordó que el celular del rubio había permanecido apagado por casi un año. Pero ahora mismo…estaba encendido, liberado y en su poder. ¿Eso significaba que entonces Mika si lo usaba...? ¿Podría ser que solo le había bloqueado o algo así…?
El artefacto reveló una notificación de fecha por lo menos tres semanas atrás. Por el desface, seguían llegando y quizás por eso vibraba aún. Indagó un poco mas con el corazón atorado en la garganta. Ya no daba más del descarado fisgoneo.
"Usted tiene, treinta mensajes escuchados en el buzón de voz. Y un nuevo mensaje sin escuchar. Para escuchar el nuevo, presione 1. Para escuchar los dos últimos mensajes oídos, presione 2"
Seleccionó el número dos y lo llevó a su oreja.
"Mikaela al habla. Ahora mismo no puedo atender tu llamado. Pero agradecería que dejaras un mensaje después del sonido. Prometo llamar de vuelta"
—No agradezcas, pieza de imbécil. ¡Maldito bastardo rubio y tonto! ¡No prometas cosas que no harás! ¡RUBIO! ¡COBARDE! ¡VUELVE Y ENFRENTAME! ¡¿NO SE SUPONE QUE ESTO ERA REAL?! ¡YO TE CREÍ! ¡TE CREÍ, OK! ¡RUSO DE PACOTILLA! ¡PASIVO! ¡MALDITO HIJO DE PU-…!
Yuichiro se paralizó al instante. Claro que reconoció su voz. Sus labios se abrieron de par en par, como quien intenta decir algo…pero no lo consigue. Estupefacto, en shock. Comenzó entonces a sacar sus propias conclusiones. La mano se le solidificó en el teléfono. Quería soltarlo. Tirarlo lejos. Pero…por alguna razón no podía. ¿Entonces, ese resultaba ser uno de los dos últimos mensajes que Mika había oído?
"Usted tiene un nuevo mensaje. Para escuchar los últimos dos, presione 1"
Presionó el 1.
—Ha pasado un año ya desde que te fuiste —hablaba Yuichiro— Quiero contarte que ya me he graduado. ¿Lo sabías? Me he graduado. Y tu no estabas aquí. ¿Cómo eres tan sínico? Si…seguramente te has ido porque te has cansado de mí. ¿Pero sabes qué? A que no adivinas. Me he conseguido a un chico para reemplazarte. ¡Si! ¡Se llama Narumi! ¡Y es mucho mas guapo e inteligente que tú! ¡Incluso me entiende y no abandona! ¡Maldita seas, Mika! no sabes…cuanto te odio.
Y ese era sin duda, el ultimo que Mikaela escuchó…pero…había uno más sin atender…y que jamás llegó a sus oídos.
"Usted tiene un nuevo mensaje. Para escuchar el nuevo, presione 1"
—Mika…—murmuró el pelinegro al teléfono— He descubierto ya donde vives. Iré a verte cueste lo que cueste —aguantó un momento— ¿Sabes? Últimamente he estado pensando muchísimo en lo que tu y yo pasamos. Y…me di cuenta de que…nunca te dije realmente lo que sentía por ti —agregó— Mika…yo…me enamoré de ti. ¿Lo sabías? Y quizás nunca te lo dije realmente…pero me encantaría que por alguna vez en tu vida…lo supieras. Supieras que yo…yo te…yo te am-…
"Ha excedido el limite permitido para el mensaje"
—Haa…haa…—jadeó sistemáticamente, dejándose caer al suelo contra sus rodillas. El móvil se desplazó por la alfombra a lo lejos — ¡Haa…! ¡HAA!... —se ahogaba. Literalmente por mas que diera bocanadas extensas de aire, no eran suficiente para llenar sus fatigados pulmones. Intentó con violencia quitarse la polera de encima, romperse la ropa para respirar. Nunca se había sentido de esa forma. El calor sofocaba su cabeza. Sintió como si los globos oculares se le fueran a salir de lugar. Estaba mareado. Todo a su alrededor parecía amenazante. Se sintió morir. Iba a morir. Justo ahí. Clínicamente…estaba sufriendo un horrible ataque de pánico.
—¿Puedo pasar?
La pelimorada dio golpes suaves a la habitación de Shindo. Pero nadie respondía. De repente, logró oír a lo lejos un jadeo horripilante, como si estuvieran matando a alguien. Instintivamente, abrió la puerta de un bastonazo. Yuichiro se encontraba tendido en el piso como quien sufre un paro cardiaco.
—¡YUU! —bramó la mujer.
[…]
—¿Estas seguro de que ya te sientes mejor? —consultó Shinoa fuertemente preocupada. Le tomó a lo menos 45 minutos calmarlo. Pero incluso para una inexperta adolescente era complicado sobrellevar algo así. Era la primera vez que lo experimentaba— Yuu-san… ¿Qué ocurrió?
—Soy un monstruo…—murmuró a duras penas el ojiverde.
Y fue lo ultimo que pudo revelar. Sin mas preámbulos, se desvaneció en los brazos de su compañera como un pequeño niño atormentado. Lloró. Lloró sin duda la mayor parte de la noche, acurrucado en su regazo. Shinoa no quiso incursionar más. Le dejó desahogarse…hasta finalmente caer rendido al sueño.
[…]
—La mocosa ya sabe toda la verdad —reveló Tepes.
Ambos se encontraban sentados en la habitación de la reina. El rubio se situaba en un sofá a pocos metros de la cama de su madrastra. Con la mirada rendida y el ceño compungido. Sabía a la perfección lo que eso significaba. Posiblemente por esas horas, ella ya le habría revelado todo al menor.
—No puedo con esto…—balbuceó Shindo a duras penas— Ni si quiera tengo el valor de verle a los ojos…—llevó el puño derecho a la altura del plexo— Me duele…me duele muchísimo…Krul.
—¿Es por los mensajes que te dejó en el móvil? —incursionó la mayor— Eres un masoquista.
—Ni si quiera me importan tanto —reveló Mika, mostrando los colmillos con irritación— Comprendo a la perfección los sentimientos de dolor de Yuu-chan. Ahora mismo…es…
—Ya veo —esbozó Tepes, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda— Te está comiendo por dentro. Lo veo en tus ojos.
—Haa…—gimoteó Mikaela— No…sé que hacer.
—Es la sed. Te dije que tarde o temprano te acabaría —sentenció— ¿Qué harás?
—N-no tengo idea….
—Mika —refutó— Deja de resistirte ya. El enano vino hasta aquí por ti. El solo busca respuestas. Respuestas que yo no puedo darle.
—¡Krul, tu no entiendes!
—¡Claro que lo entiendo, carajo! —se alzó de su asiento con ímpetu— ¿O acaso olvidas que yo también fui humana en algún momento? ¡Deja ya de luchar contra tu naturaleza!
—¡¿Y que mierda pretendes que haga, eh?! —le rebatió abatido— ¡Yuu-chan no sabe de esto! ¡Si no logro controlarme, yo podría-…!
—¡Hazlo ya!
—…
—Hazlo ya, con una jodida vez —espetó Tepes, abalanzándose sobre el— No me obligues a cachetearte otra vez.
—Pe-pero…
—¡Mika! —nuevamente volvían a lo mismo de antaño. La líder de los vampiros, estrujó sus mejillas entre sus dedos apresándolo contra su voluntad. Le escucharía o moriría en el intento— Escúchame por una puta vez en tu vida. Si no bebes sangre humana, morirás. Es así de simple. Y no quiero escucharte decir que prefieres eso a todo lo demás. No seas mal agradecido —frunció el ceño— Me hiciste perder 5 años de mi valiosa existencia inmortal rescatándote de las garras de Ferid, deseando que vivieras una vida "decente". ¿Para ahora echarte a morir porque eres un puto cobarde? —el ojiazul parpadeó atónito. No tenía respuesta afín a eso— Solo respóndeme una cosa. ¿El chico te gusta?
Mikaela asintió sin dudarlo.
—¿Lo quieres?
Y repitió el gesto, aunque esta vez con las mejillas ruborizadas.
—Demonios…—protestó Krul, soltándole la cara. Estaba intentando buscar las palabras adecuadas, pero vamos, que ella no tiene mucho tino— Te voy a confesar algo…y más te vale que se lo cuentes a nadie porque te juro que como me llegue a enterar, te arranco la lengua —pero el rubio no parecía importunarle su próxima revelación— Moh…vamos. Es lo más cursi que diré en la vida. Pero…—dudó antes de mencionarlo. ¿Realmente ayudaría? — Si. Alguna vez fui humano. Y sentí lo que ustedes llaman "amor". Lo sentí realmente por mi hermano…Ashera. Yo lo amaba ¿Sabes? No era precisamente un amor de un macho a una hembre. Hablo de un amor…devoto. Lo que ustedes catalogan como "fe" —y continuó el relato— Yo sentía un amor fehaciente por él. De aquellos en los que eres capaz de quemarte en el infierno. Y por esa época, mi hermano y yo fuimos raptados por Sika Madu, el fundador. Él era el mayor, pero yo fui convertida primero para un experimento fallido de Madu. Como vampira neófita la sed era casi imposible de aguantar. Y el precursor intentó muchas veces que yo bebiera sangre de humanos corrientes para detener mi crecimiento —aguardó silencio unos segundos antes de reanudar la historia. Mikaela parecía sentirse absorto ante el relato— Pero, así como tú, yo me rehusé. Solo deseaba beber…la sangre de quien valiera la pena.
Shindo tragó saliva.
—Así que…—Krul suspiró rendida— Entiendo perfectamente lo que sientes. Quizás no al 100%. Pero si al 99%. Y eso ya es mucho que decir —le observó con nostalgia— Mikaela. Me tiene hasta los cojones tener que alimentarte yo. Eres mi hijo amado, pero siento que estamos engañándonos entre nosotros —declaró sin más— Si vas a convertirte en un vampiro por completo, bebe la sangre de quien realmente deseas. Solo así valdrá la pena al final del día. ¿Le quieres? Pues bien. Permite que el deseo de sangre se diluya con el amor que le tienes para que finalmente fluya…a través de ti —sonrió— Como el maldito chupasangre que eres.
[…]
—¿Cómo que no están aquí?
Canadá. Ciudad de Vancouver, 11:45am.
Ferid Bathory hacía ya 1 años que buscaba el rastro de los vampiros. Tras varios interrogativos, viajes y recorridos por el hemisferio norte de América, no había logrado dar con su paradero. Era como si se hubieran esfumado. ¿Se daría por vencido?
—Eso jamás.
No. Claro que no. Ferid se caracterizaba por tener contactos en casi todo el globo terráqueo. Podía saber que mierda pasaba en rusia, al mismo tiempo que acontecía en Chile. La red de vampiros era extensa y cada noble mantenía su propio reino o prefectura en el planeta. Sus fuentes más cercanas le revelaban que, en definitiva, Krul jamás arribó al país. A pesar de haber comprado tickets de vuelo para ese destino. Se sentía mucho más encabronado que hace un par de años atrás.
—Ya te digo. Se han ido del planeta —se mofó Crowley.
—No me obligues a cortarte la cabeza otra vez, Crowley-kun —sonrió Bathory.
Pero claro que se había enterado de la traición de su mejor amigo y pésimo abogado. Resultaba ser que aquel contrato que alguna vez firmó Krul tenía validez solo en territorio japones. ¿Letra chica? Eusford era experto en ella.
—No me odies tanto —frunció el entrecejo el penalista— Tu jamás especificaste algo como eso.
—¡Ajá! —carcajeó el peliblanco— Por eso mismo no te la corto otra vez. Es porque tontamente cometí un error. Pero no volverá a repetirse. ¿O sí?
—Dalo por hecho —indicó el pelirojo, sin mayores importancias— Eso te pasa por no pagarme lo suficiente.
—Eres un mal agradecido~ —bromeó Ferid— ¿No te bastó con esos miles de millones?
—Eran yenes —se encogió de hombros— A mí me gusta el Euro.
—Ahra…me aseguraré de que la próxima vez sea en Dirhams si es necesario —bufo despreocupado. La moneda árabe era más codiciada que incluso el dólar— Ahora. Volviendo al tema… ¿Dónde mierda están mi gatito y la zorra de mi reina…?
—¿Recuerdas a Urd?
—Urd Geales —masculló Ferid con falsa modestia— Pobrecito…sí. Le dieron el reino de Estados Unidos. Qué país más decadente.
—Bueno. El parece ser que trabaja para una organización humana conocida como "Interpool"
—La conozco. El enano de Lest Karr también pertenece a ella —argumentó Bathory— Pero Lest está en Alemania.
—Da lo mismo el país. Japón también es parte de ella —explicó el grandote de Crowley— Y según me informan, Tepes nunca abandonó el tratado.
—¿Joh? —Ferid alzó una ceja con suspicacia— ¿Eso que significa?
—Que no se fueron de japón —carcajeó como si de un juego se tratase— Siguen allá.
—Menudo engaño me montó…
Ferid Bathory se mordió el labio inferior hasta hacerlo sangrar. Como odiaba que intentaran engañarlo. Había perdido tiempo innecesario, aunque fuese un ser inmortal. Pero algo le decía en su interior que todo saldría ahora de acuerdo a su plan.
—Krul no lo hizo sola. Quiero encontrar a todos los que le ayudaron. Y me ayudarás en eso. ¿No?
—Luego de la segunda guerra mundial, este mundo se volvió realmente aburrido —exhaló Crowley con un mohín inofensivo— Si. Supongo que te ayudaré. No tengo nada mas divertido que hacer.
—Aunque no lo parezca, para mi ya no resulta gracioso —endosó el peliblanco— Supongo que volver a japón reafirma mis planes de quedarme con el trono de Sanguinem en Kyoto.
—Eso no va a pasar —Eusford sacudió la cabeza de izquierda a derecha en una negativa— Krul sigue siendo la reina.
—Claro que sí. Lo será mientras ella siga viva…—esbozó con egolatría— Pero ¿Y si eso se acaba?
—Mhm…—el pelirojo se tomó la barbilla a modo pensativo— No me parece correcto que digas eso, Ferid. Eso sería traición. ¡Aunque si suena muy divertido! ¡Hagámoslo! ¡Matemos a la reina! —repentinamente sonaba demasiado sobreexcitado.
Eran tal para cual…
Pero que no se creyeran mucho el cuento de que Tepes se encontraría pobre, triste y abandonada en Japón. Ella aún contaba con un par de aliados…
[…]
Un Gallo a la lejanía cloquea. El reloj de pared marcaba las 7:30 de la mañana en Izumi y los primeros rayos del sol aún no se asomaban del todo en el horizonte. Por esas horas por muy increíble que pareciera, una sombra se deslizaba sospechosa por el segundo piso. Aquella silueta curioseó por la habitación de los jóvenes visitantes. Todos dormían pacíficamente. Dando pisadas sigilosas de escalón tras escalón, se incorporó hasta la plata inferior. De entre la penumbra, una mano decisiva se escabulló tanteando la pared en busca de un interruptor. La luminosidad de una ampolleta le dio directo en los ojos de forma sorpresiva, cegándole de golpe.
—¿Se puede saber qué haces deambulando por mi casa como un ladrón? —Krul Tepes se asomó recostada sobre un gran sofá de cuero, situado en el living.
—Ah…—Yuichiro se cubrió los ojos con el dorso de su antebrazo. Le habían pillado in-fraganti— Krul…no creí que estuvieras despierta tan temprano.
—Tienes agallas para tutearme, mocoso —frunció el ceño— ¿Se te perdió algo acaso?
—N-no…realmente no. Yo solo…—intentó excusarse con nerviosismo, rehuyendo de su mirada fisgona— Estaba buscando el baño.
—Vaya…pero que mal mentiroso eres —rió la reina con irónica expresión en el rostro.
Por muy tonto que se escuchara, el plan de Amane era levantarse primero que todos para lograr así interceptar a Mikaela y…tal vez hablar a solas. Pero no olvidemos que Tepes tiene 2.000 años de vida. No le resultó muy difícil descubrir de inmediato sus intenciones.
—No está en casa —expresó la pelirosa, arqueando la ceja con obviedad.
—¿Cómo que no está? —parpadeó confundido. Pero si apenas eran las 7:30 de la mañana— ¿Acaso no duerme?
—Jajaja…—carcajeó la vampira en tono satírico— Bueno, eso es algo que tendrás que averiguar por ti mismo algún día.
—¿Ah…?
—Eres bastante lento —se levantó— Pero como oyes. No está. Le he mandado temprano a hacer unas diligencias al pueblo. ¿Tienes algún reparo en ello?
—…no…realmente —desvió la mirada con decepción.
—Bien. Hagamos esto mucho más simple ¿Quieres? —llevó sus manos al borde de las caderas en modo categórico— Te lo preguntaré una sola vez y espero captes rápido, porque odio repetir las cosas dos veces —juntó el entrecejo— ¿Quieres mi ayuda?
—¡Por favor! —Yuichiro le regaló una reverencia casi perfecta.
—Mhm…no lo sé…—jugueteó— Tienes que ser más convincente, niño.
—¡Se lo ruego, Krul-sama! —se tiró al suelo, reverenciando con total descaro. Sus rodillas golpearon el frio suelo. Su frente se dio contra la baldosa. La punta de sus dedos hizo contacto. Un acto de sometimiento interesante para la mayor — ¡Por favor ayúdeme!
—Ajá…—Krul se mordió el labio con placentera vanidad— Así está mucho mejor. Sumiso como un gatito.
La pelirosa se desplazó hasta aquel muchacho obediente, jactándose de su superior poderío de confianza. Le tomó por el mentón elevándole la cabeza para finalmente, brindarle una mirada penetrante.
—Mika fue a cortar madera al bosque —murmuró con la voz colmada de predominio— "Cruzando por el pórtico norte, una roca musgosa señalará el camino. Un abeto antiguo duerme a los pies de un viejo monolito religioso. Ahí lo encontrarás".
Eso había sonado casi como un poema milenario. ¿Qué estaba intentando con él? ¿Era un juego divertido para ella? No sabía que los humanos fueran tan brutales. Aunque en esos orbes teñidos de un carmesí brillante, no lograba distinguir si eran normales. Eran tan poco usuales para alguien de su calaña. El ojiverde asintió dócil y partió en su búsqueda. Prefirió obviar todo aquel preámbulo sin cuestionárselo mucho. Lo único que nublaba sus pensamientos, era la imagen de Shindo.
Las primeras estelas del sol adornaron la vía. Con un GPS en la cabeza, cruzó el pórtico de madera que se levantaba por el norte. Transitó por una roca musgosa, llegando a un camino de tierra que le condujo a la estatua corroída de Buda. Justo debajo de un enorme abeto, logró divisar una melena aleonada color amarilla. Se detuvo instintivamente. Dudó de forma involuntaria de si era buena idea avanzar un poco más. Después de toda la información que había recabado la noche anterior, no estaba seguro si quisiera hablarle. ¿Es por eso que Mika le odiaba? ¿Era por los mensajes en el buzón de voz? Escondido cual cleptómano tras unos arbustos, estudió cada uno de sus movimientos a la lejanía. Nunca le vio haciendo trabajos forzosos como cortar leña o levantar objetos pesados. Pero era increíblemente habilidoso con esa hacha. Los trozos de madera fueron apilados uno a uno con destreza. Los juntaba, amarraba y subía a un saco con total normalidad. Mikaela secó el sudor de su frente, tomando asiento en una piedra para descansar un momento. A continuación, extrajo una probeta de aquel liquido rojo que descubrió en su habitación. Y bebió no solo uno, si no tres al hilo. De un momento a otro se mostraba muy agobiado, como si algo le doliese en los pulmones. Como si le faltara el aliento. ¿Era por cortar leña…?
Una rama se quebró bajo su pie derecho. En un bosque tan silencioso…eso seguro se había oído a kilómetros.
—¡Mierda! ¡¿Por qué soy tan torpe?! —pensó Amane.
—No tenía idea que tuvieras esa clase de fetiches —exclamó Mikaela a lo lejos.
Listo. Le había descubierto.
—Eres un morboso, Yuu-chan —agregó esbozando una sonrisa lasciva.
—Ah…Mika me ha llamado "Yuu-chan" como solía hacerlo antes —fue como si todo el peso del mundo se desvaneciera de sus hombros. Un sentimiento de alivio increíble. ¿Entonces no estaba molesto…? — ¿Quién de los dos es más morboso?
—No lo sé —se encogió de hombros con normalidad— Eso tendrás que averiguarlo tu —le estaba desafiando— ¿Quién lo es más? ¿Si tú, por observarme escondido o yo, por disfrutarlo haciéndome el tonto?
Mikaela actuaba de una forma totalmente distinta a como le conoció. ¿Cómo era posible que alguien cambiara tanto…en un año? Ya no daba señales de nerviosismo. Sus ojos no mostraban ni un atisbo de vergüenza, vacilación o miedo. Ese muchacho de palabras dulces, de personalidad retraída, jocoso e inocente. No era solo un estudiante rubio de ojos azules. Se veía…jodidamente masculino. Hasta dudaba que el tono de su voz fuera el mismo. Juraría que era mucho más ronco y varonil. Yuichiro tragó saliva en respuesta. Y sin más preámbulos, caminó hasta él.
—¿Que…ha pasado Mika? —preguntó al fin.
—No mucho, la verdad —declaró el ruso— Ahora mismo corto algo de leña para la chimenea como puedes ver. La casona se vuelve fría por las mañanas —y se levantó. Sin mayor fuerza se arrimó aquel saco de madera al hombro. Los troncos hicieron un ruido preciso. Sin duda ese costal no estaba para nada liviano— El clima de este lugar es horrible. No se puede confiar en él. Es como los humanos. Llevado a sus ideas y bastante traicionero.
—"¿Cómo los humanos, dices?" —repitió totalmente anonadado— ¿Por qué hablas como si no fueras uno?
Pero Shindo no se molestó en responderle. Pasó por su lado sin emitir una sola palabra. El pelinegro le agarró del brazo para detenerle.
—Mika…—siseó con dejo de culpa— ¿Podemos hablar?
—¿Hablar? —refrendó— ¿De que hay que hablar?
—Ya basta, joder —gruñó Yuichiro. Ya no daba más de esa estúpida indiferencia— Deja de hacerte el desentendido. ¿Acaso no te alegra verme otra vez? He viajado kilómetros por venir. Solo deseaba encontrarte de nuevo.
—¿Me estás reclamando? —le observó por sobre el hombro— Suelta —le apartó la mano— Yo no te lo he pedido.
Y volvió a retomar su caminata en dirección a la casa. Bien. Ya está. Había logrado colmar su paciencia. Se acabó el Yuichiro amable. Ahora conocería una faceta de el bastante rabiosa. Empuñó la mano derecha y apenas le pudo alcanzar, conectó un puñetazo en la mejilla de su contrincante. El ruso se tambaleó unos segundos, dejando caer los leños al suelo. Vamos, que no era un golpe que no pudiera prever. Pero…en el fondo se había dejado aporrear.
—¡Maldita sea, Mika! —vociferó con ira— ¡¿Qué mierda te pasa conmigo?! —el pelinegro se abalanzó hasta el, sujetándole de la ropa por la altura del pecho— ¡Vamos a hablar o te sacaré las palabras a putazos!
Pero el rostro del rubio distaba de todo menos una actitud confrontacional. Rayando en la ridiculez, simplemente le miró desarmado. ¿Estaba dejándose lastimar porque si o qué? ¿Qué era eso? ¿Culpa…? Tras varios segundos de colera, le soltó. Mikaela permaneció de piedra.
—Perdóname…Yuu-chan…
A la mierda. Lo dijo. Finalmente…lo dijo. Era todo lo que deseaba oír desde aquel funesto día que le dejó en Tokio. Solo. Lleno de incertidumbres y con el sentimiento del desamor anidado en su corazón. Yuichiro mostró los dientes con impotencia. Escondiendo los ojos en el flequillo de sus cabellos, sollozó un instante. Era complicado para el poder lidiar con sentimientos encontrados tan intensos. Por una parte, lo odiaba. Y por la otra…lo…
—No ha pasado ni un maldito día…en que no piense en lo que pasó hace un año atrás —masculló Mika con sufrimiento. Las palabras le laceraban la lengua. Un aire sofocante le impedía decir tantas cosas…que le atragantaban— Si tan solo pudiera retroceder el tiempo y cambiar las cosas…créeme que no dudaría ni un segundo en hacerlo. Pero…—agregó, clavándole una mirada húmeda de lágrimas— No puedo remediarlo ya. Porque lo hecho, hecho está. Ya te he causado mucho dolor. Y no entiendo realmente por qué has venido…después de lo que te hice —renegó con la cabeza. Sus manos formaron dos puños trémulos— Los mensajes en el buzón de voz.
—¡Mika! —le interrumpió— ¡Olvida esos mensajes! ¡Por favor perdóname! ¡Yo no quise-…!
—¡No puedo olvidarlos! —le rebatió. Yuichiro se paralizó del miedo— ¿Qué acaso no lo entiendes? No te estoy reprochando eso. Se por qué lo hiciste. Es mi culpa. ¡Todo esto es mi culpa —balbuceó— Yuu-chan…Mi preciado Yuu-chan. Estaba dolido, sufriendo porque no pude si quiera despedirme de él. Y se desahogó como pudo…por el error de este "Maldito bastardo rubio, tonto y cobarde que promete cosas que no cumple" —citó— Yuu-chan…yo-…
Pero mucho antes de dejarle terminar la frase, Yuichiro se había lanzado a su pecho, envolviéndolo en un cálido y reconfortante abrazo reconciliador.
—Ya no digas más…por favor —musitó entre lágrimas— No digas cosas como esas. No las repitas más. Te lo ruego. Ya no te hagas esto…
Instintivamente Mikaela correspondió su abrazo, con casi la misma intensidad que él. Se apretujaron por varios minutos en silencio. Ninguno de los dos jóvenes logró controlar el llanto. Era la debilidad que tanto amaba el pelinegro de su muchacho. En el fondo, el Mika de siempre seguía por ahí dormido, asustado y solitario. Recordó sus palabras en la residencia. Tenía toda la razón de reclamarle. El tampoco sabía que estaba sufriendo. Lo que había tenido que pasar ese año. De una manera ilusa y absurda llegó a pensar que le había dejado sin importarle sus sentimientos. Pero…como estaba equivocado. Le juzgó mal. Y ambos pagaron el precio de los acontecimientos. Se separaron unos segundos, hipando entre sí. Amane Yuichiro removió las lagrimas del febril rostro de su compañero. Shindo Mikaela hizo exactamente lo mismo de las mejillas de su contrario.
Su boca pedía a gritos ser aplacada por un beso ardiente, que lo llevó a caer de espaldas a la húmeda hierba. Sus labios se encajaron como dos piezas de rompecabezas. Perfecto. Sublime. Fundidos como el hierro al fuego. Y como resultado, todo sentimiento de enemistad se desvaneció en el aire.
[…]
—¿Yuu-san? —llamó Shinoa a la puerta— ¿Te has levantado ya? —Pero tras abrir la puerta de la habitación, no le encontró ahí— ¿Cómo…?
—Shinoa —Krul le llamó por la espalda.
—¿Krul-sama?
—He visto en las noticias que hoy habrá un excelente clima en Izumi —esbozó con una sonrisa segura— ¿Qué te parece si tú y tus amigos se van a recorrer el pueblo hoy?
La pelimorada tenía listo el argumento para rebatirle. Pero detrás de ese sugerente consejo, reparó en dejarse llevar por él. Mika no está. Yuu no está. Era sumar 2+2.
—Bien…no me parece mala idea —suspiró rendida la menor. Lo mejor era salir a buscarlos y reunirse todos como amigos. De seguro habían salido al poblado.
Pero en cuanto Shinoa se volteó para regresar al cuarto, una lluvia torrencial casi de película se desencadenó sobre el tejado.
—¿Y esto que es…? —Hiragi parpadeó atónita.
—¡Gnk! ¡Arg! —Tepes se tomó la cabeza— ¡Este maldito lugar y su clima bipolar! ¡Ya no lo aguanto!
—Pero bueno…yo por eso nunca veo las noticias…
[…]
—Cielos, Mika —exclamó Yuichiro con asombro. Comenzó a sacudirse como un perrito— Realmente tenías razón. Este lugar es bastante inesperado. ¡Aish…! Que locura.
La repentina lluvia les había alcanzado por lo menos a un kilometro de poder llegar al pequeño santuario de madera de la familia Hiragi. Estaban algo empapados. Pero afortunadamente ese lugar les refugiaría de manera cómoda mientras el mal tiempo pasaba. El ojiverde observó a través de la mampara del oratorio, como a lo lejos el paisaje se tornaba gris. Tal aguacero golpeaba con insistencia la techumbre del lugar, generando un ruido sonoro bastante relajante para él. Su camarada intentaba sacudirse a duras penas el agua de sus prendas.
—Te ves como un renacuajo —se mofó el pelinegro.
—¿Qué es tan gracioso? —rebatió Mika con molestia— No quisiera decir esto, pero me he mojado hasta la ropa interior. Y no se siente nada de bien.
—¡Jajaja! ¡Es porque eres tan delicado para tus cosas! ¡Es solo lluvia!
—Bueno…si la comparamos con la que cae en Tokio, definitivamente prefiero esta —expresó el rubio, en lo que cogía un par de fósforos para prender unas velas santas. Cada una de ellas en un candelabro nipón a los pies de una estatua Inari.
—Este lugar es un tanto tétrico…—murmuró Yuu, cerrando la puerta corrediza. Divisó con inquisición el bloque de piedra— ¿Por qué la familia Hiragi veneraría a Inari?
—¿Te sorprende tanto? —bufó el ojiazul, dando una reverencia a la figura— Inari es el dios de la fertilidad, el arroz, la agricultura, la industria y el éxito en general. Siendo Izumi una localidad rural…no es tan extraño. Por aquí hay muchos Inaris.
—Pero también es el dios de los zorros —reveló.
—¿Qué tienes con esos pobrecillos animales? —arqueó las cejas con tristeza— A mí me gustan.
—Si, pero muerden feo —argumentó Yuichiro, paseándose por el lugar cual detective. Shindo hizo un amago de incomodad antes de sentarse de cara al calor de las velas. Como si aquel comentario le hubiese preocupado en demasía— ¿Qué pasa?
—Nada…estaba pensando…—musitó confundido— si te desagradan tanto las mordidas.
—¿Ah? —el pelinegro arqueó una ceja con extrañeza— Últimamente dices cosas muy extrañas, Mika —y se sentó a su lado también— No es como si me hayan mordido tanto en la vida. Mi gato a veces me mordisqueaba los dedos, pero era de juego.
—Claro…solo juegan así —sonrió su camarada con calidez.
—Pero me alegra que se haya puesto a llover ¿Sabes? —Yuichiro enredó nervioso sus dedos, casi como si le picaran— Nos ha reunido aquí a solas y podemos conversar muy tranquilamente.
—Es verdad —asintió Mikaela satisfecho con el ambiente acogedor que se había generado. La tenue luz que emanaba de las velas, le daba un toque agradable a su silueta. Y eso sin duda le gustaba mucho— Te ves bien todo empapado.
—¡No te burles! —gruñó Yuichiro. Ambos se echaron a reír sin mayores miramientos. Aunque…ahora que lo pensaba mejor, Mika también se veía bastante bien en esa forma— Ah…tal vez, algún día podríamos darnos un baño juntos —se rascó la mejilla con timidez— Conozco unos baños termales muy buenos en Nagoya. Sin duda deberíamos ir.
—Ustedes los japoneses hacen de todo un ritual ¿No? La cena, el beber té, el descansar apropiadamente. Incluso el baño.
—¡Por supuesto! —le respondió enérgico— ¡Hay que dedicarles tiempo a las cosas buenas! La vida es muy corta para desperdiciarla.
—¿Dedicarles tiempo a las cosas buenas, eh? —una sonrisa ladina se dibujó sobre la comisura de sus labios— En ese caso, este es el momento preciso. Debo pasar más tiempo con Yuu-chan. Porque sin duda es algo muy bueno.
—¡T-tonto! ¡¿Por qué dices cosas así?! —le dio un golpe en el hombro sumamente avergonzado— A veces me dan ganas de estrangularte y-…
—Está bien. Hablemos.
Yuichiro guardó silencio automáticamente. En ese momento, el semblante tranquilo de su amigo se tornaba cada vez más prudente. Con la mirada clavada en la estatua de la deidad, su mano izquierda se posó sobre el dorso de la de Yuichiro. Era un toque sereno, pero muy sensato antes de hablar.
—Esa noche a portas de navidad. Me vi forzado a huir contra mi voluntad. Tras secuestrarme, Ferid convocó a Krul para obligarle a firmar una cesión de tutoría —explicó tranquilo— Si ella no lo hubiese firmado, el maldito no me hubiera dejado libre. El trato era simple. "Entregarme legalmente a él". Pero por razones que desconozco, Crowley Eusford, abogado y amigo del infeliz había redactado un documento que solo se limitaba a tener aquel resquicio legal en territorio japones.
—Shinoa me comentó algo así —le respondió muy atento a su relato— Kureto y Krul idearon un plan para hacerles creer a todos que se habían ido del país. Y eso dejaba nulo el contrato.
—Es correcto. Pero…—Mika descarrió la mirada hacia un punto fijo de la habitación— como ya te habrás dado cuenta, yo no dejé el territorio. Eso quiere decir, que en estos momentos técnicamente soy propiedad de Ferid. Por lo menos hasta los 19.
—Bien. Esa parte la entiendo —manifestó Yuichiro— Pero piénsalo. Ya tienes 18. Solo debes esperar un año mas y ese contrato quedará olvidado. ¿No?
—Ojalá las cosas fueran tan simples como las pintas…—entonces el rubio apretó la mandíbula, mostrando los dientes con impotencia. Aquella mano que sujetaba la suya se retorció sutilmente— Pero…puede ser que nunca llegue a esa edad…
—¿Por qué…dices algo como eso…? —el rostro de Amane se desfiguró con aprensión— Mika… ¿Qué es lo que no me estás contando? ¿Hay algo más que deba saber?
Pero no respondió. Quizás porque no se sentía capaz de hacerlo. O simplemente porque las palabras no querían salir de su garganta. Shindo lo intentó con creces, tratando de contener la voz. Fue en ese instante que el pelinegro recordó las probetas que yacían dentro de su velador; generando una conexión obvia al hecho que presenció en la mañana. También le vio beber de un líquido rojizo.
—Mika —ahora era el quien tomaba su mano con firmeza— ¿Acaso estás enfermo de algo? Por favor dímelo…—su compañero no reaccionaba. La inquietante espera le estaba carcomiendo por dentro— ¡Mika! —insistió, abalanzándose hacia el para sujetarle de los hombros.
La expresión en el rostro del ojiazul estaba lejos de ser normal. Al verle tan cerca otra vez, sus pálidas mejillas se tiñeron de un febril tono. Por alguna extraña razón, Yuichiro también terminó siendo presa de un rubor muy delatador.
—Siento como si mi corazón se me fuese a salir por la boca…—especuló el ojiverde— ¿Por qué de pronto…quiero…?
—Yuu-chan —musitó Mikaela casi en un jadeo— ¿Podemos besarnos?
—¿A-ah…? ¿A que viene eso…tan de pronto? —titubeó el moreno.
—¿No quieres?
—N-no. No es eso —negó. Sus dedos ahora estrujaban sus extremidades con mas fuerza aún. Como si no quisiera que escapase— Pero…
—Si no quieres. Solo dilo y ya.
—¡Si quiero! —aclaró, con el rostro colorado similar a tomate— Si…quiero… —Mierda. Hay…demasiada tensión sexual en el aire. Es la primera vez que me pide un beso. Por lo general cuando lo hacemos…surge natural. Como si estuviéramos alineados. Mi pecho arde. ¿Por qué? Esta sensación no es para nada similar a lo que sentí la noche que Mika y yo…—tragó saliva, ahora subiendo sus manos a su acalorado rostro— Está bien…acércate.
El ligero sonido acuoso de sus labios unidos, no tardó en hacerse notar con avidez. Mikaela estaba correspondiendo aquel ósculo. Pero tampoco era igual al que se habían dado en el bosque. O los de hace tiempo atrás. De un momento a otro, el rubio se situaba cada vez más dominante sobre él. El vapor caliente que emanaba entre cada vaivén, no dejaba espacio para detenerse a pensar. Le estaba comiendo la boca con tanta exquisitez, que se sintió un esclavo del momento. No. Sin duda ya no era lo mismo. Esta vez, era Shindo quien lideraba la situación.
—Mhn…—emitió quejumbroso el pelinegro.
—Abre mas la boca —exigió Mikaela con osadía— Toca mi lengua.
—¿Q-que la toque…? Mika estás loco…—pensó en respuesta. Pero que inútil era si quiera recapacitarlo. Su cuerpo se movía por inercia. Era batallar contra su propio deseo, ya que cada celular de su anatomía no estaba obedeciendo al control. Obedeció cual perrito faldero, entrelazando su lengua contra la suya.
Sin duda eso era un jugueteo muy peligroso. Se sentía tan caliente que hasta la ropa se le secó. Intenso. Jodidamente intenso. Quería más. Mucho más.
—Por favor no te detengas —siseó— No te atrevas a detenerte. Te lo prohíbo, no te vayas a…
Demasiado tarde. Shindo se apartó de el con violencia arrastrando su cuerpo hacia atrás.
—¡Mierda! ¡¿Es una broma?! ¡¿Por qué justo ahora que me estaba…?! —Yuichiro farfulló— ¿Qué haces…?
—Haa…gnhg…—se tocó el pecho con terror— Yuu-chan…no-no puedo…mas…
—¡¿Mika?! —bien. Eso le había espantado demasiado. El ruso estaba todo compungido en el peso de su propio cuerpo. E inequívocamente, sacaba desde el interior de su pantalón una de esas probetas carmesí— ¿Qué es eso? —Shindo le ignoró, bebiendo de golpe el líquido— Espera. ¿Qué estás tomando? ¡Mika ya dime! ¡¿Qué mierda es eso?! —le zarandeó.
—¡Déjame en paz! —le apartó bruscamente, dejando caer al suelo el frasco. Este se partió en mil pedazos. Y el fluido escarlata se desvaneció por el piso— ¡No! ¡No, no, no!
Yuichiro le empujó con el puño fuertemente, para tocar el brebaje con sus dedos. Lo olfateó un momento. Lo probó. Y los ojos se le fueron a blanco.
—¿Esto es…sangre? —masculló en shock— ¿Por qué estás…bebiendo…?
Listo. Era el principio del fin. Tras ver como la sangre se escurría por sus dedos, poco y nada le importó la expresión fundida de su compañero. Mikaela se estremeció en cada musculo, hueso y extremidad al descubierto que tenía.
—Mik-…
Ni si quiera logró hilar una palabra racional, cuando dos colmillos filosos cual navajas se hincaron en su cuello.
[…]
—¿Acaso no duerme? —Dijo Yuichiro.
—Bueno, eso es algo que tendrás que averiguar por ti mismo algún día —dijo Krul.
—El clima por aquí es como los humanos. Llevado a sus ideas y bastante traicionero —dijo Mikaela.
[…]
Oh…vaya. Menuda cagada. Ahora todo tiene sentido.
Entonces todas sus vagas, pero concretas sospechas tuvieron asidero. Nunca vio a Mika dormir. No recordaba algo así. Nunca vio a Mika comer, ni tomar baños de sol, ni usando el inodoro, ni mucho menos…envejecer. ¿Era cierto? ¿Mika…era…un…?
—Agh…—emitió quejumbroso Yuichiro. La fuerza de Shindo se había triplicado de un momento a otro. Ahora, se encontraba apresado tanto de las muñecas como de los pies, como una presa ante su cazador. Logró escuchar nítidamente el sonido que generaba la succión en su yugular. Y continuaba. "Shuim…shuim…shuim". Paulatinamente las irrisorias fuerzas que le quedaban le abandonaron, traicionando su voluntad. ¿Podía ser quizás producto de la mordida? Era un shot de morfina directa al sistema nervioso. Sometido, sumiso, obediente y dócil. Vale. En estos momentos tienes dos opciones, Yuichiro. O le dices que se detenga y le preguntas estúpidamente si es un jodido Vampiro, cosa que es obvia. O…dejas que te succione la sangre y posiblemente te mate en el intento. Pero… ¿Mika sería capaz de lastimarme así? A estas alturas del partido, todo y nada podría pasar. ¿Por qué demonios…tengo tanto miedo y a la vez tanta felicidad de que sea verdad? Yo solo…—Mhn…—musitó, agarrándole la nuca al rubio para tironear de sus cabellos hacia atrás con fuerza. Sintió como sus colmillos se retiraron de la piel. Algo espeso y caliente se desparramó por el cuello. Alcanzó a jalar mucho mas fuerte sus hebras doradas, permitiéndole ver sus ojos. Ya no eran azules como el cielo de primavera. Era la misma mirada inquisitiva de Krul. ¿Entonces eso significaba que ella también? — ¿Cómo hago para que se detenga y a la vez no? —pensó. Sus fuerzas vitales disminuían velozmente y no lograba idear un plan para poder sobrellevar de forma madura la situación. El chico que te gusta es un vampiro. ¿Cómo le dices que no te mate sin lastimarlo?
Recordó que de pequeño solía ver mucho animal planet. Vamos, se que suena una comparación muy absurda. Pero jamás olvidaría el episodio de la araña viuda negra. Un maldito bicho horrible que mataba a sus parejas luego de aparearse con ellas. ¿Y si aplicaba algo parecido por acá? Mikaela tenía los glóbulos oculares desorbitados. Estaba desorientado y temblaba muchísimo. La sangre chorreó por sus labios hasta caer por la barbilla. ¿Un vampiro experto reaccionaria así después de beber la sangre de su martirizada victima? No. Claro que no. A juzgar por su expresión, sin duda era la primera vez que lo hacía. Mika tenía miedo. Estaba paralizado del pánico. Quizás cuantas mierdas rondaban ahora por su cabeza luego de lo que había hecho.
Y no iba…a juzgarle.
—Tranquilo…—murmuró Yuichiro en un gimoteo. No supo como explicarlo, pero ahora mismo su cuerpo se sentía sumamente lujurioso. Era como si aquella mordida hubiese erotizado toda su anatomía al punto de convertirse en un perfecto masoquista— Está bien —susurró aun mas suave que antes. Instintivamente, deslizó su pierna derecha bajo el cuerpo de su pareja; llevando la rodilla hasta la entrepierna de este. Frotó por sobre la tela gradualmente, dando empujoncitos de vez en cuando— ¿Qué estoy haciendo…?
Mikaela esbozó un gemido áspero, sobresaltado por las acciones de su contrario. Y en pocos segundos, un bulto vigoroso sobresalió bajo el cierre de su pantalón.
—Y-Yuu-chan…—exhaló adormecido ante la sensación. Sus parpados se entrecerraron, abrumado de la excitación— De-detente…yo…no…puedo…más…
—Mika…—balbuceó sonrojado debajo de el— Ha dejado de llover.
—… ¿Ah?
La puerta corrediza se abre de golpe.
—¡Yuu-san! —vociferó Shinoa— ¡¿Estás aqu-…?!
Silencio total.
—Ah…—el color se le subió al rostro en cuanto presenció dicha escena tan…comprometedora. A lo lejos, las voces de sus compañeros tomaron fuerza.
—¡¿Yuu-kun?! —gritó Yoichi más atrás— ¡Estás-…!
—¡No vengan! —rugió Hiragi, cerrando la puerta violentamente.
—¡Shinoa! —bramó Yuichiro, totalmente colorado. En lo que de un movimiento impulsivo golpeó la zona con la rodilla.
—¡Yuu-chan, no te muev-…! —gruñó Mika…viniéndose del puro nerviosismo— "Ah".
—"Ah" —emitió de vuelta apenitas.
De piedra quedaron.
Ok…que incomodo…
[…]
—¿Qué sucede? —consultó el chico de anteojos— ¿Por qué tanto escandalo?
—Ah…pues…este…—Shinoa titubeó por muchos minutos sin saber que demonios decir. No tenía la excusa para aquello— No lo sé. Yo no sé nada. Yo no vi nada. Realmente no sé de que hablas, Kimizuki. Jajaja…tonto —y se largó.
—… ¿Ah? —giró la cabeza sin entender un carajo— Oe…Shinoa.
Tras deslizarse la mampara principal del templo, Amane se asomó con total normalidad y apatía.
—Ah. Hola, Kimizuki. Eres tú. —y pasó por delante de el como si nada hubiese ocurrido.
—¿Qué demon-…? —Mikaela le siguió detrás con la misma maldita actitud. Y esbozando un "Yoh" de saludo— ¿De que me perdí…?
Ambos muchachos caminaron de vuelta a la casona. Yuichiro fue alcanzado por sus amigos y básicamente le escoltaron. A lo que Krul acompañaba a Mikaela mas atrás.
—Veo que la lluvia te agarró de improvisto también. Estás todo "mojado" —Tepes jugueteó con la mirada. Como adoraba incomodar con su hijito.
—No molestes —farfulló enfadado el rubio, sin si quiera darle una sola mirada. Su rostro dejaba entrever mucha vergüenza.
—No lo hago —incursionó Krul con aires de soberbia— Pero será mejor que te des una ducha luego. Apestas a macho en celo —se mofó.
—¡Ghk! —Mikaela se giró a ella, tomándole del pecho— ¡¿Qué quieres?!
—Ah…pero mira nada más —siseo la pelirosa con una sonrisa morbosa en el rostro— Esos ojos…—a lo que Shindo reaccionó con recelo— Es oficial.
—Tch…—le soltó rendido ante sus provocaciones— Yuu-chan ya lo sabe.
—Si. Así puedo ver —rio Tepes— Veo que se divirtieron mucho en el templo. Me pregunto que diría Inari de tu comportamiento depravado. Tendrás que ofrecerle algo a cambio más tarde.
—¿Qué dices? —chasqueó la lengua mosqueado— Me importa una mierda eso.
—Sigues castigado, Mikaela —le recordó— Harás lo que yo te diga o te arrancaré los pulmones de las costillas y quien sabe…quizás hasta me coma tu corazón —remedó, adelantándose raudamente.
—…no logro entender tus amenazas —se detuvo a mirarle desde atrás— Eres una desquiciada.
15:12pm. Isla de Kyushu.
—Yuu-san —murmuró Shinoa con sutil normalidad. Tras lo que había presenciado sin querer en el santuario, pretendía pedir disculpas. Se afirmó en el marco de la puerta del baño, observando como se cepillaba los dientes— No quise incomodarte.
—¿Mh? ¿De que hablas Shinoa? —respondió Yuichiro por el espejo. Se enjuagó la boca y secó con una toalla— ¿Incomodarme? ¿Por qué? —sonrio.
—Puta mierda…yo intentando disculparme y el haciendo como si nada ha pasado —se rascó la nuca despreocupada— Estábamos preocupados por ti y por Mika-san. Por eso fuimos a buscarlos.
—Y te agradezco el gesto —halagó con sinceridad— Pero… ¿Cómo sabían que estaríamos en el templo?
—Ah. Pues…—llevó sus manitos detrás de su espalda— Krul-sama nos lo dijo.
—Ya veo. Entonces también ella es un vampiro —dudó unos momentos con aura introspectiva— Shinoa. Será mejor que no te acerques tanto a Krul.
—¿Eh? ¿Y eso por qué?
—Solo hazme caso ¿Sí? —se aproximó hasta ella, dándole un cariñoso toque en la nuca— Confía en mí. Todo saldrá bien.
—…mh —asintió ruborizada.
Pero si les había encontrado juntos, en una situación un tanto intima; eso solo significaba una cosa. Mika y Yuu se habían reconciliado. Y de alguna forma, se sentía muy contenta y satisfecha con su propio esfuerzo. Finalmente, el viaje había valido la pena.
—Nee, Yuu-san —dijo Shinoa con voz calmada— ¿Qué te parece si vamos a recorrer el pueblo con los muchachos? Ha dejado de llover y el sol pronto comienza a salir.
—Me parece una estupenda idea —esbozó una sonrisa de mejilla a mejilla, saliendo por la puerta en dirección a la habitación.
—Dios…no recuerdo cuando fue la ultima vez que le vi realmente sonreír así —parecía una quinceañera enamorada— Ay…Yuu-san —agregó confiada— Invita a Mikaela-san por favor. Podemos ir todos, como familia. Como los viejos tiempos.
Pero Amane se detuvo de golpe en medio del pasillo. No movió un solo musculo, antes de poder decir algo al respecto.
—Déjame pensarlo. ¿Sí? —esbozó con tristeza.
—¿Qué pasa…Yuu-san? —inquirió Hiragi— Creí que tu y Mika…estaban bien ahora.
—Mh —asintió, aun dándole la espalda— En efecto, así es.
—¿Pero entonces…por qué de pronto le veía tan afectado?
—Pero…las cosas han cambiado un poco ahora mismo —expresó, observándole por sobre el hombro— Así que nos iremos con calma esta vez. ¿Sí?
¿Qué iba a decirle a eso? No era como si pudiese refutar sus decisiones. Cuando se trataba de Mikaela, Yuichiro era una pared impenetrable para ella. Algo que realmente no se toca. Y tampoco se sentía con el derecho de meterse. ¿O sí? Aunque…ahora mismo…ella haya sido la real causante de su reencuentro. Shinoa se mordió el labio con desagrado. Estaba cabreadísima. Por mas que intentaba acercarse al pelinegro, agradarle o hacerle sentir querido, el siempre lograba de alguna u otra maldita forma rechazarle. ¿Qué demonios pasaba?
—Yuu…eres un mal agradecido —sacudió con la cabeza, tapándose la boca. Por unos momentos creyó haberlo dicho en voz alta. Pero afortunadamente no lo hizo. Solo lo pensó— Mooh…está bien —acató. Claro. Como siempre— Lo que tu digas…
¿Qué pudo haber sido "aquello" que había cambiado entre ambos?
El ojiverde se adentró en la habitación donde se alojaba y tras cerrar la puerta, se deslizó por ella hasta caer sentado al suelo. Estaba agobiado. Exhaló cansado. Demasiada información en tan poco tiempo. Su cerebro no lograba procesarlo tan rápido. Se cuestionó incluso su propia existencia.
Mikaela es ahora un vampiro. Pensó. Y los vampiros viven a costa de beber sangre humana. ¿No? Ellos son seres nocturnos que suelen salir a cazar como los depredadores salvajes. Eso significaba que…de ahora en adelante, tanto el como sus amigos serían "presas" y no camaradas. ¿O estaba equivocado? Se estrujó la cabeza con fuerza. Mierda. ¡Mierda! ¿Cómo debía tomárselo? ¿Bien o mal? Ah. Pero al parecer…Krul también lo era. Ambos eran vampiros ya. Solo que…según se sabía, aunque no a ciencia cierta, Mika no había bebido sangre de un humano. Por lo tanto, era un pseudo-vampiro. ¿Correcto? O sea que cuando le conoció, ya era un vampiro. Pero no del todo. ¿Por qué ahora se cuestionaba tanto las cosas? No recordaba para nada que en el pasado se hubiese comportado como un ser maquiavélico chupasangre. O que hubiese atacado a alguien de forma despiadada. Mika no era un ser malvado. Todo lo contrario. Su adorado Mikaela…
La ignorancia ante el tema le atormentaba demasiado. No. Debía irse con cuidado. Antes de comenzar a hacer conjeturas erróneas y llegar a lastimarlo a él. O a sus amigos. No deseaba ofender a nadie.
Piensa, Yuichiro. Piensa. Piénsalo bien…
¿Y si mejor averiguaba un poquito? Si. Eso sin duda era una excelente idea. Debía al menos estudiar un poco mas sobre el tema. Tenía una ligera ventaja al tener de aliada a la madrastra de Mika. Ella se había mostrado suspicaz, pero dispuesta a ayudarle desde el primer día. De lo contrario ya les hubiese echado a patadas de la casa.
—Bien —se levantó del suelo— Voy a tomarlo con calma. Después de todo, yo…—se tomó el pecho— Yo lo amo…sin duda lo hago.
¿Pero y si Mika no?
¿Y si Mika no estaba enamorado de el? Nuevamente se sintió abatido. El nunca había logrado confesar sus sentimientos tan abiertamente. Seguro que sabía que le quería y que le gustaba. Pero de eso a amarle…
—Carajo —apretó la mandíbula— No puedo quedarme quieto y dejarlo pasar. Tengo que al menos saber…si soy correspondido primero.
Ratificó con convicción y giró la manilla para salir de la pieza. Pero al momento de abrir la puerta, Mikaela apareció delante de el como un espectro. Yuichiro quedó helado.
—¡Ah! —le cerró la puerta de golpe.
Por la mierda. ¿Qué acabo de hacer? ¿Le cerré la puerta a Mika en la cara? Serás pendejo, Yuichiro.
—Yuu-chan.
Le llamó desde el exterior. A juzgar por su tono de voz, estaba afligido. ¿Pero ahora que demonios debía hacer? La mano le tembló en la abrazadera en señal de querer abrir otra vez.
—Solo quiero conversar contigo un momento.
—Tch…—le abrió finalmente dejándole pasar— Esto es ridículo. ¿Por qué de pronto me comporto de esta forma con él? —le dio la espalda— Realmente me siento muy mal. Yo no soy tan estúpido. Bueno, solo un poco. Pero…después de lo que pasó en el templo…
—No te quitaré mucho tiempo —dijo, cerrando tras de él.
—¿Jah? ¿Por qué de pronto suenas como un perrito golpeado? —Yuichiro se cruzó de brazos, sentándose al borde de la cama— Esta es tu habitación, tonto. No me quitas el tiempo —no le quiso mirar.
—Es verdad. Pero eso no significa que no podamos compartirla —explicó con voz templada. Se sentó a su lado, a escasos centímetros de él. Pero Yuichiro por alguna razón, rehuía no solo de su mirada. Si no que también de su propia presencia. Mikaela era un hombre muy recatado. No profundizaría demasiado en lo que estaba imaginando su camarada— He venido porque quiero disculparme por lo que ocurrió en el templo. Me pareció algo desmedido de mi parte.
—¿En serio? ¿Había venido solo a disculparse? —se mordisqueó el labio en lo que buscaba la forma de distraerse con la mirada— Pero no entiendo muy bien el por qué, debería. ¿Es porque era un vampiro y nunca me lo contó? ¿O porque bebió de mi sangre sin mi consentimiento? ¿O por…?
—Y también —aguardó un momento— A pedirte encarecidamente que por favor lo olvides.
—¿Es una broma…?
Mikaela le dio una sutil reverencia y se encauzó a la puerta. En lo que Yuichiro brincó sobre si y de sopetón le retuvo.
—¿Por qué me pides semejante estupidez? —reparó Amane con el ceño fruncido. El rubio ni si quiera le correspondía la mirada— Mírame —pidió. Este no hizo caso— ¡Que me mires, Mika!
Dos enormes orbes color granada se posaron sobre él. Pensó que sería sumamente intimidante verlo tan de cerca otra vez. Pero sería engañarse así mismo. Azules, verdes, negros, morados, cafés. ¿Cuál era la diferencia? El color había perdido sentido. Era la manera criminal en que le observaba, lo que le volvía loco. Esa indiscutible forma de desnudarle con la mirada. Y ahora que era ciento por ciento vampiro seguramente sus sentidos duplicaban la agudeza con la que podía percibir el mundo a su alrededor. Probablemente era justamente aquello lo que le volvía un ser tan único y especial. Que alguna vez fue humano y sintió miedo de morir en el olvido.
—Eres tu —admitió galante el ojiverde. Con ternura, sujetó su rostro para que no se perdiera ni un segundo de su contemplación— Sigues siendo el mismo Mika de siempre. Y lo que ocurrió en el templo, ahora forma parte de mis mas preciados recuerdos.
—Yuu-…
—¿Sabes? No te lo voy a negar —sonrió apenado por si mismo— Soy muy torpe. Lo reconozco. Y dentro de mi propia torpeza, por un momento pensé que esto no resultaría ahora que eras un vampiro —le dio un golpe en la nuca— Pero mírate a ahora. Tan serio, tan educado y preponderado consigo mismo. No quiero olvidarlo. Y realmente quiero que funcione. Es por eso que soy yo quien debe pedirte una disculpa —admitió pegando su frente a la de su pareja— Discúlpame por ser tan tonto. Creo tu y solo tu puede ayudarme porque Mika…no puedo hacerlo solo. Oriéntame.
Pero para Shindo, el no era el único que podía describirse como serio y educado. En ese preciso instante Yuichiro estaba siéndolo también. Los ojos del rubio se humedecieron un poco, opacando el llanto tras varios parpadeos decisivos.
—Gracias, Yuu-chan. Por aceptarme como soy —reveló. Ahora concerniendo cada uno de sus agasajos— Y sí. Claro que te ayudaré. No estás solo.
—Es verdad. Te tengo a ti y a mis amigos…—musitó el pelinegro. Dos de sus dedos se deslizaron por su mejilla hasta dar con sus labios. Ahí, tanteó con la punta de sus dígitos la piel rosada de su boca— Eres bastante guapo ahora ¿Lo sabias?
—Jajaja…eres un tonto sin duda alguna —Mikaela rio por unos momentos. La conversación estaba yéndose a un nivel mucho mas ocurrente de lo esperado. Pero muy pronto esa aura pacifico entre ambos se vería interrumpido por una niñería de renombre. Sin ni un ápice de criterio, Yuichiro introdujo los dos dedos en su boca, como un profesional dentista— Erg… ¿Qué haces?
—Si que lo eres. Estos de aquí…—dos prominentes colmillos que sin duda se alzaban con un filo increíblemente mortal. Era hermoso— Se parecen a los de mi gato.
—¿Y no estas asustado acaso?
—¿Por qué debería? —musitó, ahora escabullendo sus manos por debajo de sus cabellos— Tus orejas son puntiagudas también. Me parecen muy sexys —rio.
—Ya basta, Yuu-chan —exhaló fatigado— No soy tu juguete. No me-…
—Dijiste que me ayudarías con esto —le interrumpió el ojiverde— Déjame al menos aprender un poco mas de ti para asimilarlo. ¿Quieres?
—Está bien. Tienes razón.
—Por cierto…—Yuichiro dio un paso hacia atrás— Shinoa quiere que vayamos al pueblo a recorrerlo. No estaba seguro de invitarte porque no sabía muy bien si era seguro para todos. Pero ahora que te veo…—suspiró más calmado— Estaba pensando que no existe nadie mejor que tú, como guía para mostrarnos el lugar. ¿Qué dices?
—¿Es una cita?
—¿Una cita? —automáticamente sus pómulos se ruborizaron— Ah…bueno…si quieres llamarle así.
—Si no es una cita, no tiene gracia —Mika se cruzó de brazos, molestándole.
—¿Jah? ¿Por qué de pronto esa condición? —pero solo entonces recordó que él estaba en todo el derecho de exigírselo. Porque…después de todo…seguían siendo novios. ¿O no? Esperen. Un momento. Se supone que habían terminado. ¿O no terminaron realmente? Claro, Mikaela se había ido de la ciudad y le dejó sin mayores explicaciones, pero…no recordaba que le hubiese cortado como tal. ¿Entonces fue algo así como una pausa…? Recapacitó — Vale…ahora que lo pienso. Nos debemos bastante tiempo perdido. ¿No crees?
Mikaela esbozó una sonrisa cálida en respuesta. Si. Claro que si…
Aeropuerto Internacional de Haneda, Tokio. 16:13 pm.
—¡Pero que maravilla volver a este país tan tranquilo y lleno de deliciosa sangre!
Ferid Bathory se dio un giro cual bailarín de ballet. Ambos vampiros estaban de regreso en territorio Nipon. A la salida de la terminal, un automóvil de vidrios polarizados y apariencia elegante se estacionó a recogerles. La puerta se abrió, rebelando desde el interior a un viejo conocido suyo.
—Bienvenido nuevamente a Japón, Ferid —le saludó Ky Luc, quinto progenitor de 1.000 años. Una mueca solapada esculpida en su rostro— ¿En que te puedo ayudar?
Continuará.
Agradecida infinitamente por todos aquellos que me han apoyado en continuar este Fic. Un saludo y abrazo cordial a mis más fieles lectorxs. InnerTurmoil.
