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¡Alerta de Lemon en este capítulo!
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Quiero Aclarar que:
Aunque no estoy de acuerdo con las relaciones entre adultos y menores, era completamente normal en Japón y China para las niñas casarse y tener hijos a una edad temprana en la época que se sitúa esta historia. Además de que considero que es un tema interesante de explorar en un trabajo literario. Pero sería algo controvertido e inmoral hoy en día si aparece una pareja así.
Y yo solo trato de ser lo más históricamente precisa que pueda.
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Antes de la ceremonia, la tradición nupcial indicaba que la novia debía recibir una serie de cuidados entre los cuales debía enjuagarse con agua perfumada con plantas y flores, para así presagiar la buena suerte. Luego de esto se realizaría la ceremonia, lo que normalmente ocurría en un lugar selectivo del bosque donde se invocaba a los Dioses y se ofrecían animales en honor a la pareja, después seguiría la fiesta y banquete, el cual era abierto por una palabras del Jefe del Clan para que se bendijese al nuevo matrimonio. Y el festejo a parte de la comida tendría bebida, baile, luchas y muchos juegos para entretener a los presentes.
Mulán se sumergió completamente en el agua de la tina aprovechando para mojar su larga cabellera oscura, exhalando un profundo suspiro que reflejaba tranquilidad, se encontraba tan relajada que creyó por un segundo que hoy no se trataba de día de su casamiento, olvidando todo por completo disfrutando del baño. Yakiu terminó de llenar completamente la bañera con agua caliente, y la adornó con múltiples pétalos de flores y otras sales que inundaron la habitación de un delicado aroma a jazmín, para después proceder a ayudar a Mulán con su baño, lavando su espalda cuidadosamente.
-Muchas gracias, Nana-Dijo Mulán con una sonrisa.
-No tienes por qué agradecerlo mi niña-Dijo la anciana dulcemente -Hoy planeo ayudarte lo más que pueda-Dijo Yakiu y el rostro de Mulán pareció iluminarse. Una mirada un tanto melancólica apareció en los ojos de la anciana -Estoy tan feliz por ti hija-Dijo y en un gesto de cariño Mulán tomó con ternura una de las manos que sintió cerca de su hombro, a lo que Yakiu le devolvió la sonrisa con afecto.
En otra parte, según mandaba la tradición en la Cultura Huno, él novio debía realizar ciertos rituales antes de la boda. Battar se presento en la que sería su nuevo hogar en solitario, adentrándose en el interior de la vivienda antes de apoyarse en una rodilla sobre el suelo, desenvainando su nueva espada colocándola con cuidado frente a si. Observo atentamente el regalo de diseño tan peculiar que su amada había mandado hacer para él con tanto esmero, para luego colocar otra de sus armas a un costado para hacerle compañía prendiendo una pequeña vela en medio de estos, en símbolo de protección y de una nueva vida familiar.
Los Hunos no se ataban a lugares ni posesiones concretas, el verdadero significado de ese sencillo ritual era ni más ni menos que la afirmación de la entrega y la devoción a su esposa y los hijos que pudieran tener juntos, de la promesa de proteger, y matar al quien se atreva a lastimarlos junto a toda la descendía de aquel que lo hiciera. Battar se levanto sin prisa una vez la vela fue consumida en su totalidad, vistiendo con su atuendo especial para la boda, el cual contaba con una gruesa capa de lana de oveja blanca, portando la pintura facial correspondiente. Él Huno salió del lugar para posteriormente montar al lomo de su caballo e ir al lugar donde seguramente ya lo estarían esperando.
Mulán sintió la emoción y el nerviosismo revolotear con fuerza en la boca de su estomago mientras se preparaba para salir, Yakiu la había ayudado a alistarse y ahora vestía con un vestido puramente blanco que iva sujeto a su cuello, era largo, holgado muy cómodo y dejaba la espalda al descubierto. Una colorida corona de flores adornaba su largo cabello negro mientras que esencias naturales pintaban finamente su bello rostro. Respiro hondamente cuando finalmente llego el momento, la boda se efectuaría en un pequeño claro del bosque rodeado por mucho árboles cercano a la Aldea.
En el lugar ya se encontraban las personas invitadas todas de pie en torno al pequeño altar rudimentario, podía ver varios caballos y rostros familiares quienes le sonrieron con ánimo, ella devolvió el gesto pensando en que hacer con sus manos inquietas. Los presentes hicieron un camino viviente ellos mismos mientras ella caminaba hacia quien a partir de hoy sería su esposo. Battar no respiraba, no se movía, el tiempo se había detenido para él a penas esta llego a su rango de visión pudiendo escuchar a penas un eco lejano y distante, junto al profundo martilleo de su propio corazón. Mulán resplandecía. Parecía la misma, sólo que mil veces más ella.
Battar sintió que nada más importaba, todo lo que era bueno y bello del mundo parecía haberse concentrado en ella en aquel preciso instante en que caminaba hacia él, sonriendo con timidez pero a la vez sin vacilar un instante. Mulán sonrió tiernamente satisfecha ante la mirada de pura adoración que su novio le dirigía y cuando estuvo lo suficientemente cerca, este pareció salir de su aturdimiento y le ofreció la mano. Ella la aceptó con confianza posicionándose junto a él frente al altar, Battar la observo embelesado mientras la envolvía en un abrazo.
Sin embargo le había puesto la mano en la espalda y en lugar de notar tela, como esperaba, había notado piel al descubierto. Sintió que el corazón le daba un vuelco y sus mejillas se acaloraban. Pronto la ceremonia dio inicio y Atila apareció portando dos sencillas copas de plata en sus manos, llenas de hidromiel hasta la mitad y se las ofreció, cada uno tomo una antes de que él Jefe hiciese entrega de una daga al novio como dictaba la tradición. Era necesario hacer un ligero corte en la mano de cada uno de los prometidos, para hacer la unión permanente a través de la sangre.
Una pequeña cortada en el dedo índice de cada uno fue más que suficiente para sacar una pequeña gota carmesí, que fue depositada en su propia copa disolviéndose fácilmente entre el contenido de la bebida. Solo entonces procedieron a darle de beber al contrario de ella, con cuidado de no derramar el dulce líquido sabor miel, primero fue ella y luego él. Una vez terminada la bebida los aplausos emocionados no se hicieron esperar, siendo escuchados claramente junto a la alabaría de la gente, que celebraba la unión del recién formado matrimonio, especialmente los amigos más cercanos de ambos.
-A partir de este momento...-Decía Battar mirando profundamente a los luminosos ojos de Mulán -Eres la Huno Mulán, esposa de Battar Yu Khan-Dijo él moreno firmemente, a lo que ella sonrío.
-Y tú eres Battar, esposo de Mulán Yu Khan-Dijo la pelinegra con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Más que dispuesta a dejar finalmente su pasado Han atrás y comenzar de nuevo como una Huno más. Battar sonrío y la beso sintiendo su corazón rebosante de felicidad.
Una vez culminada la breve ceremonia él azabache ayudo a su esposa a subir sobre el lomo de su corcel blanco, mientras él tomaba las riendas y guiaba al animal de regreso a la Aldea, donde se efectuaría el esperado festejo con todos los invitados seguiéndolos de cerca desde atrás. La noche había llegado antes de lo esperado, iluminando el cielo con las últimas luces del crepúsculo que se plasmaban pintando un perfecto lienzo de colores naranjas y rojizos. Una vez reunidos en la Aldea Atila había procedido a desearles suerte mediante un pequeño discurso nada emotivo, y después de recibir los buenos deseos del Líder del Clan se dio inicio a la celebración.
Una gran hoguera se prendió para iluminar el centro del lugar mientras la celebración se desenvolvía con mucho animo, junto a música resonando, niños jugando alrededor, personas bailando y disfrutando del generoso banquete que un buen período había proveído. La sonrisa en el rostro de Yakiu no se podía medir, mientras se acercaba al nuevo matrimonio queriendo ser una de las primeras personas en felicitarlos y desearles lo mejor, lo cual esperaba fuera una vida larga y prospera. La pareja no pudo evitar sonreír al mismo tiempo al ver a la anciana aproximándose, esperando ya aquel abrazo de su parte.
-¡Enhorabuena!-Exclamó Yakiu envolviendo los brazos alrededor de ambos, antes de tomar distancia observando fijamente a su nieto -Ya eres un hombre casado-Dijo en tono orgulloso brindándole un suave apretón en el hombro, para luego volverse hacia Mulán -Estoy segura serás una muy buena esposa. Y él te va a cuidar muy bien. Ya lo veras-Aseguro mirándola con dulzura, antes de abrazar a la mujer más joven -Bendiciones y felicidades a ambos-Deseo la anciana.
-Muchas gracias Nana-Dijo Mulán alegremente, devolviendo el gesto gustosa.
-Los echaré de menos en mi casa todos los días-Dijo Yakiu con una sonrisa melancólica.
-Tampoco es como si no nos fueras a volver a ver-Comento Battar simplemente -Seguimos cerca de todas maneras-Señalo él azabache.
-Si. Espero te guste la casa que hizo Battar-Dijo la anciana sujetando suavemente las manos de Mulán -Pero sino es así, puedes visitarme y quedarte a dormir cuando quieras. O si mi nieto se pone demasiado insoportable-Ofreció Yakiu con una sonrisa, medio en broma.
-Descuide, estoy segura que se comportara-Dijo Mulán, riendo al ver la expresión en el rostro de su esposo. Algún tiempo después, cuando el velo de la noche cubrió completamente el cielo la pelinegra se encontró sentada frente a una amplia mesa en compañía de Battar, mientras recibían otro regalo más de parte de uno de los invitados -Gracias-Agradeció Mulán aceptando el obsequio.
-Mis mejores deseos a los dos, que los Dioses los bendigan con mucha suerte y prosperidad-Deseo D'lhee junto a su esposo, quien cargaba a su pequeño hijo.
-Estoy seguro que Battar será un buen esposo-Opino Kazan mirando al mayor tomar vino de un tarro -Seguramente tendrán hijos muy pronto ¿Y quién sabe? Quizás conciban uno esta misma noche-Rió con malicia, tratando de hacer chiste de algo que ocurriría. A penas escucho esto Battar se ahogo con lo que bebía, escupiendo estrepitosamente.
-¿Te encuentras bien?-Pregunto Mulán colorada por el desvergonzado comentario anterior, palmeando la espalda de su esposo para ayudar. A lo que este asintió mientras se recuperaba.
-Ya. No, los molestes Kazan-Reprendió D'lhee a su esposo, empujándolo lejos de la mesa. Poco después Zariel y los amigos de Battar presentaron sus propios obsequios a la nueva pareja, siendo muy generosos al respecto.
Aunque realmente fueron los presentes de Maki y Akira los que más resaltaron de entre el montón, incluso superando los regalos de Atila, debido al exagerado valor que estos poseían, demostrándose en la presentación de cajas con seda e incienso, que no eran cosas que un pueblo como el suyo consiguiera con relativa facilidad. Mulán observo alegremente como ambos primos dialogaban sin tensión de por medio, y no pudo evitar sonreír a lo que Maki devolvió el gesto de forma sincera, aunque lo suyo jamás podría ser deseaba lo mejor para ella. Una vez se retiraron, la pelinegra se frotó los brazos cuando una fría brisa la azoto.
-¿Tienes frío?-Preguntó Battar, notando su escalofrío.
-Un poco-Admitió ella, riéndose nerviosamente. Entonces él se quitó la gruesa chaqueta de lana y se la coloco suavemente sobre sus hombros.
-Gracias...-Murmuro Mulán sonrojándose tiernamente, mientras se aferraba a la cálida chaqueta.
Battar alzo el brazo y acaricio delicadamente su mejilla con la yema de los dedos, regalándole una amorosa sonrisa, él corazón de ella se acelero ante lo dulce del gesto devolviéndole una sonrisa mucho más resplandeciente, enmarcada por lo rojo de su rostro. La música acompañada de los palmas chocando al ritmo de la melodía resonó por todo el lugar, animando a los presentes dispuestos a iniciar con la danza. Battar no lo pensó dos veces antes de levantarse y ofrecer la mano a su esposa dispuesto a unirse al baile, Mulán dejo escapar una pequeña risa emocionada antes de aceptar su mano siguiéndolo sin objeción hacia la pista.
Zariel tomo un gran trago proveniente de su bebida alcohólica, detallando con la mirada como sus amigas más cercanas bailaban alegremente junto a la pequeña muchedumbre de personas, en compañía de su respectiva pareja. La luminosa sonrisa de Mulán mientras Battar la hacía girar o la centelleante mirada de D'lhee mientras tomaba las manos de Kazan, la hizo sentir algo depresiva ahí sola mientras las veía tan felices y enamoradas con sus maridos, culpándose parcialmente por no tener la misma suerte, por no querer a Ka'ren o a ningún otro hombre de la misma manera. Suspiro y decidió tomar otro trago.
Miró, sin percatarse, hacia donde estaba su compañero de armas cruzando miradas con Ka'ren, y cuando se dio cuenta de ello trató de no romper inmediatamente el contacto visual sino prolongarlo hasta donde le fuera posible, luego de un par de minutos desvió la mirada disimuladamente pero aun sintiendo los ojos del pelinegro fijos en su persona. Repentinamente con todo aquel alcohol en su sistema el recuerdo del beso que le dio Ka'ren ya no le resultaba tan desagradable, incluso la perspectiva de estar a solas con él no parecía ser tan...imposible.
Sintió angustia al divagar al respecto sobre algo que pensaba que ya estaba firmemente decidido, volviendo la mirada hacia el lugar donde Mulán besaba a su marido a mitad del baile. Quizás solo..quizás...la vida matrimonial no era tan terrible como imaginaba, aunque eso lo decidiría dentro de un par de años más. Mulán río cuando Battar la tomo de la cintura y la giro en el aire poco antes de que aquella pieza terminara, culminando cuando una nueva tonada dio inicio, permitiendo a algunos de los bailarines más cansados retirarse a recuperar el aliento.
La pelinegra respiro profundamente, aquel era un baile que aunque carecía de gracia requería de una gran energía. Se había escabullido junto a D'lhee cuando los amigos de Battar lo habían interceptado, acaparando su atención para platicar animadamente a lo que Kazan se sumo a la conversación. Mulán sonrío con cierta diversión al ver la ligera frustración de su esposo por escapar de aquel grupo sin éxito, mientras le dirigía desde la distancia lo que parecía ser una mirada de disculpa, a lo que ella hizo un gesto para restarle importancia. Procediendo a hablar con D'lhee, hasta que sintió la suficiente confianza para preguntar algo que rondaba su mente.
-¿Y...te dolió cuando...?-Balbuceó Mulán sin terminar la pregunta.
-¿La primera vez que estuve con Kazan?-Termino D'lhee, sonriendo de manera comprensiva al ver que esta asentía -Bueno..si soy sincera apenas y recuerdo. Aunque si lo pienso un poco creo que si dolió pero no tanto-Dijo la rubia.
-Nana me explico todo al respecto, pero no puedo evitar preocuparme un poco por lo que me espera-Confeso Mulán con la mirada baja.
-Es normal tener miedo-Reconoció D'lhee, sabiendo que todo eso sería nuevo para ella -Pero no te preocupes, es lo más natural del mundo así que no tienes por que cohibirte o temer. Todo saldrá bien al final-Aseguro la Huno.
-Gracias D'lhee-Dijo Mulán con una pequeña sonrisa.
-Cuando lo necesites-Asintió la rubia -Nunca dudes en acudir a mi si tienes dudas-Dijo la Huno posando una mano en el hombro de su amiga.
Ya fue a altas horas de la noche cuando Battar finalmente cansado de todo el ajetreo de la fiesta decidió que ya era hora de irse. Mulán a penas y tuvo tiempo para reaccionar cuando al momento siguiente este la cargó en sus fuertes brazos y comenzó a alejarse, dirigiéndose al lugar en el que ambos vivirían a partir de ahora. Él azabache atravesó la puerta con ella en brazos e ingreso al interior de su nueva habitación, deteniéndose en medio del cuarto antes de bajarla con cuidado. La pelinegra apreció en silencio sus últimos momentos como doncella, aunque confiaba en Battar debía reconocer que estaba muerta de miedo. Este deposito un casto beso en su frente.
-¿Estamos obligados a hacer esto?-Mencionó Mulán y él reconoció la preocupación impresa en su voz, odiándose a si mismo por producirle aquel temor.
-Si no consumamos ahora no se dará por válido el matrimonio-Murmuró Battar suavemente, acariciando su brazo -Sé que tienes miedo-Admitió mirándola directamente a los ojos -Pero tienes que saber que lo último que quiero es hacerte daño, por eso prometo ser gentil-Dijo con dulzura, en un intento de aminorar su preocupación.
Mulán permaneció en silencio un minuto antes de asentir de acuerdo, Battar sonrío ligeramente pasando una mano por su largo cabello negro antes de colocar un beso sobre aquellos labios rosados, con todo el propósito de hacer de aquella noche la más memorable de sus vidas. Ella suspiró relajándose de inmediato permitiendo que sus manos acunaran el rostro del contrario, profundizando el beso y perdiéndose en la sensación de la caricia en el proceso. El tiempo perdió significado mientras entregados completamente al otro intercambiaban besos, que de a poco perdían inocencia creciendo en pasión con cada instante que pasaba.
Entonces Battar alargó sus manos, y en una acción algo descarada, las metió bajo los bordes del vestido, sintiendo la suavidad de su piel blanca. Ella apretó los párpados con fuerza sintiendo las mejillas acaloradas, su corazón palpitaba con fuerza dando testimonio de su nerviosismo mientras trataba de concentrarse en el beso y no en las nuevas y desconocidas sensaciones que aquellas cálidas manos comenzaban a producirle. No obstante un nuevo pensamiento invadió su mente preocupándola y repentinamente sintió la creciente necesidad de respirar, rompiendo el beso.
-Mulán...¿Qué ocurre?-Pregunto Battar, mirándola con preocupación -¿He hecho algo mal?-Cuestiono al verla bajar la mirada, quizás estaba yendo demasiado rápido.
-No...-Dijo Mulán casi sin aliento -Sólo que...es sólo que...-Murmuro indecisa, apretando la tela del abrigo entre sus manos.
-Somos esposos...Puedes decirme lo que sea-Aseguro Battar suavemente, pasando una mano por su rostro. Mulán suspiró con las mejillas ardiendo.
-Battar...es que...tú estás tan tranquilo...y yo estoy muerta de miedo...yo...siento que...no sabré complacerte-Confesó cerrando los ojos avergonzada. Battar negó lentamente, haciéndola alzar la cabeza para que lo mirara, dedicándole una sonrisa tranquilizadora.
-Yo te enseñaré a hacerlo-Murmuró bajamente volviendo a juntar sus labios.
Mulán respondió a la caricia, teniendo que ponerse de puntillas incluso con él inclinado para profundizar el beso. Battar retiro lentamente el abrigo que aun cubría los hombros de su esposa, procediendo a acariciar la parte de su espalda que el vestido dejaba al descubierto, sentir su piel con la suya era casi una bendición. Mulán sintió la mullida superficie de la cama tras sus rodillas y cómo las insistentes manos de su esposo la empujaban delicadamente hacia atrás, haciendo que se recostara rompiendo el beso para así poder mirarla...mirar a aquella hermosa mujer debajo suyo...que pronto florecería en todo su esplendor aquella noche.
Él fue el primero en despojarse de su vestimenta, la cual cayo al suelo al igual que el alma de Mulán quién se sintió incapaz de verlo, pronto cerró los ojos con fuerza ladeando la cabeza, en un vago intento de ocultar su rubor que crecía más a cada momento en que los diestros dedos de Battar retiraban lentamente los tirantes de su vestido, tomándose su tiempo hasta que finalmente quedo al descubriendo cada trozo de piel tersa en toda su gloria. La retuvo entre sus brazos, sintiendo la pequeña figura pegada a su cuerpo sin ninguna barrera que los separara, sabiendo que era él primero en hacerlo.
Con manos temblorosas Mulán lo rodeó con sus brazos, sintiendo como sus pequeños senos se presionaban contra aquellos impecables pectorales. Ella suspiró sintiendo su rostro arder y Battar la beso nuevamente, viendo que bajo aquellas mejillas escarlata y esos orbes luminosos seguía asustada, y se llamó a sí mismo necio por hacer lo que estaba haciendo. Sentía que ella sufría al estar desnuda frente a él, por eso mismo Battar cubrió sus cuerpos con una suave sábana para mitigar el pudor y bajo aquella delgada tela, él le confesó su más preciado secreto.
-Eres perfecta mi amor...tan hermosa como un ángel-Le dijo en un susurro bajo. Mula sintió la pesada respiración de Battar en su cuello, mientras dejaba un rastro de cálidos besos sobre su hombro.
Sus labios trazaron aquel suave pecho haciéndola suspirar con vergüenza, sintiendo su rostro quemar cuando aquellas ásperas manos repartieron delicadas caricias por todo su cuerpo arrancándoles gemidos de placer. No sabía de donde provenía esa necesidad, solo sabía que disfrutaba de aquellas caricias y su voz se manifestaba en contra de su voluntad, relajándose progresivamente y dejando su miedo atrás. Buscando los besos de su esposo, atreviéndose a recorrer con sus tímidos e inexpertos dedos la ancha y fornida espalda del Huno.
Battar gruño bajamente, era inexplicable el placer que le producía tan simple caricia, le gustaba que ella lo tocara de aquella forma tan suave y delicada, pero pronto comenzó a desear mucho más que esa sesión de íntimas caricias. Una amplia mano trazo cada centímetro de esa perfecta piel blanca bajo sus palmas, pasando de su abdomen a sus caderas y de allí al lugar más secreto de su esposa. Mulán se tenso instintivamente al sentir al invasor internarse entre sus muslos, temblando con renovado temor, Battar deposito un suave beso en su mejilla retirando la mano inmediatamente.
-Confía en mí-Murmuró en su oído gravemente, tomando la mano de ella entre la suya entrelazando sus dedos. Mulán trago nerviosamente, limitándose a asentir -Todo estará bien...te gustara...-Prometió en un susurro.
-C-Confío en ti...-Declaro Mulán, entonces Battar procedió a separar sus piernas colocándose entre ellas. Respiro entrecortadamente, temerosa ante lo que venía -Te amo..-Murmuro la pelinegra y él volvió a besarla.
-Yo también te amo-Dijo Battar, con las manos fijas en sus caderas.
Entonces Mulán frunció el ceño cuando el amargo momento llego, Battar se introdujo en ella despacio destruyendo sin mucho esfuerzo aquella fina telilla que obstruía su camino, ella ahogó su grito quebrado mientras sentía como un líquida cálido se escurría por su entrepierna hasta que finalmente manchó las sabanas debajo de ella. Él Huno dejo escapar un profundo suspiro cuando fue envuelto por sus paredes internas, disfrutando de la húmeda sensación, se sintió unido a ella como nunca antes sin embargo no pudo disfrutar mucho de esto ya que vio las lágrimas brotar de sus parpados cerrados.
Battar retuvo las sábanas entre sus puños, no quería hacerle aún más daño por lo que se mantuvo quieto, permitiéndole acostumbrarse a él. Tenía la mandíbula tensa mientras se maldecía internamente por ser él causante de aquel dolor, rápidamente limpió las lágrimas que seguían saliendo por sus ojos cerrados. Trazo suavemente con la yema de los dedos el rostro de la mujer que tanto amaba, prometiéndole en silencio que esto solo iba a ocurrir esta vez y nunca más. Poco a poco se fue acostumbrando, y el dolor desapareció progresivamente permitiéndole abrir sus ojos y mirar las orbes ámbar que tanto adoraba.
-¿Te encuentras bien?-Pregunto Battar con la respiración pesada. A lo que ella asintió y se abrazo a él.
-C-Continua...-Concedió Mulán, y él aunque algo dudoso comenzó con un suave vaivén.
Que aunque al principio resulto algo incomodo para ella rápidamente fue sustituido por el placer, Battar entrelazo los dedos de ambas manos y Mulán le devolvió el apretón. Ella cerró los ojos aquello que sentía ahora era una sensación tan diferente a todo aquello que había sentido antes, tan nueva, que no sabría ni cómo explicarla. Un torbellino de electricidad que dejó su mente en blanco, que recorrió su pecho y su abdomen poniéndole el vello de punta. Gritó, sintiendo que aquella extraña sensación no podía ser cierta. Battar acelero el ritmo ahora con confianza, quería ser él autor de cada una de esas nuevas sensaciones. Mulán se abrazó a él, esta vez enlazando las piernas en sus caderas para darle más espacio y sentirlo más cerca de si, extasiada ante aquella concreta consumación de amor.
Varias veces se había escuchado pronunciando el nombre de Battar como gemidos, que a su vez parecían hacer que este aumentase la fuerza y velocidad de sus embestidas. Él libero sus manos para poder sostener su cintura, ella lo beso paseando los dedos por su espalda, dejando el claro rastro de sus uñas sobre su piel morena. Sin estar acostumbrados a aquella clase de actividad, ninguno de los dos duro mucho tiempo más. Mulán se aferró más a él dejando escapar un grito cargado mientras sentía su interior estallar en llamas, derramándose sobre Battar dejándose caer sobre la cama completamente exhausta. Él dio una embestidas más antes de derramarse dentro de ella, llenándola con su esencia.
Respiro agitadamente antes de retirarse con cuidado, sin prestar atención a la sangre del himen que había quedado en él. Miro los satisfechos ojos de su esposa que lo observaban cansados sonriéndole débilmente, él le sonrío de igual forma antes de besarla con suma suavidad dejando de lado toda la pasión de hace un momento, al romperlo ambos se observaron fijamente mientras recargaban la frente contra la del otro. Entonces Battar la tomó por la cintura, alzándola sin ningún esfuerzo para colocarla sobre su pecho, sosteniéndola entre sus brazos, sintiendo que en ese pequeño momento de paz que no había fuerza alguna en este mundo capaz de separarles.
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