Sumido en la penumbra de aquella habitación se sentía incapaz de dormir ¿Y por qué hacerlo? Si la realidad era mucho mejor que soñar. Sus ojos ámbar permanecían fijos en el apacible rostro que descansaba a su costado, recorrió suavemente aquella pequeña espalda con la punta de sus dedos en una sutil caricia. Ella se veían tan tranquila durmiendo plácidamente y el solo pensamiento de creer que anoche pudo herirla, le atravesó el pecho como un puñal gélido, el remordimiento lo lleno y se reprocho a si mismo a pesar de saber que aquello había sido algo inevitable de hacer. Su rostro se contorsiono ante ese pensamiento.

Sin embargo rápidamente se olvido de todo, cuando una delicada mano se poso inesperadamente en su mejilla. Con sorpresa alzo la mirada observando los grandes y muy atentos ojos de su esposa, quien lo miraba fijamente mientras le acariciaba el rostro con la yema de los dedos. Mulán contemplo su mirada ambarina casi pudiendo verse a si misma reflejada en esas dos gemas amarillas, ella no tuvo que observarlo por mucho tiempo más para saber lo que le afligía, teniendo una idea de lo que seguramente cruzaba por la cabeza de su marido. Embozó una dulce sonrisa y se acerco aun más a él.

-Battar...estoy bien-Aseguro Mulán -No soy tan débil como crees...-Recordó la pelinegra. Él Huno parpadeo lentamente procesando sus palabras, algo sorprendido de que pudiera adivinar tan fácilmente su línea de pensamiento, antes de sonreír en respuesta.

Entonces se dijo a sí mismo que sí, que ella no era débil, al contrario, era muy fuerte y había sobrevivido a muchas adversidades siendo tan solo una niña, por lo que aquello no sería la excepción. A pesar de esto, afianzo el abrazo alrededor de ella y deposito un cariñoso beso en su cabeza, en modo de disculpa. Era casi inaudito que la pequeña Han que había encontrado hace tanto tiempo, ahora fuera la mujer con la que se había casado, la única que había despertado en él el más profundo sentimiento de amor, queriéndola con una fuerza con la que jamás creyó posible amar a nadie antes.

-Te amo, Battar-Murmuro ella descansando la cabeza contra su fuerte pecho.

-Mulán…-Susurro Battar cerrando los ojos, abrazándola con fuerza y acariciando su cabello -Yo también te amo-Respondió él azabache lentamente -Te prometo que siempre voy a cuidar de ti-Juro separándose lo suficiente como para poder besarla.

Se sentía dichoso de saber que era él único hombre que tendría el dichoso privilegio de besar aquellos rosados labios, de tocar su perfecto cuerpo y amarla con toda la fuerza de la palabra. Pues desde hoy no solo se había convertido en su esposa, sino que estaba seguro que había dejado gravado en cada rincón de su piel la esencia de sus besos y sus caricias, algo que nadie jamás podría borrar. De hecho, deseó por un instante que ese momento durase eternamente, con Mulán abrazándolo, sin separarse de él ni un solo centímetro. Entonces el beso se rompió volviendo a descansar la cabeza contra el pecho de su esposo.

-Mmm...tengo mucho sueño...-Murmuro Mulán cerrando lentamente los ojos lentamente, mientras el rojo de sus mejillas no desparecía. Aún le resultaba difícil creer que todo esto fuera cierto y que no solo se trataba de un magnifico sueño.

-Buenas noches...-Susurro Battar en su oído, mientras ella volvía a caer profundamente dormida.

Yakiu tarareaba una vieja melodía en voz baja mientras se movía por la cocina limpiándola en el proceso, mientras esperaba pacientemente a que el contenido dentro de la tetera sobre la estufa hirviera. No obstante no hicieron falta más allá de algunos pocos minutos para que esto finalmente ocurriera, por lo que apago el fuego y con un paño que tenía a la mano sostuvo el aza vertiendo el caliente líquido en una sencilla taza, para luego volverse hacía la joven que aguardaba pacientemente sentada en una de las sillas de la mesa, acercándose hasta ella mientras le ofrecía el té recién hecho.

-Gracias-Dijo Mulán aceptando la taza, depositándola un momento sobre la mesa para que se enfriara lo suficiente como para poder beberlo.

-¿Estas segura de esto?-Pregunto inquisitivamente la anciana, a la par que tomaba asiento.

-Así es-Asintió la muchacha de forma segura -Battar y yo ya lo hablamos-Comento Mulán.

-No mentiré, me decepciona un poco-Admitió Yakiu apoyando la mejilla contra la palma de su mano -Esperaba tener otro nieto pronto-Dijo la anciana, a lo que la más joven se sonrojo algo avergonzada -Se que no siempre se concibe la noche de bodas, pero de eso a decidir esperar deliberadamente...me parece demasiado-Dijo Yakiu.

-Nos acabamos de casar y aun nos estamos acostumbrando a la idea-Respondió Mulán -Además ya habrá mucho tiempo para pensar en hijos-Sonrío la pelinegra. Aun no sabía si estaba preparada para ser Madre, sin embargo mentiría si dijera que no le emocionaba la idea de tener un hijo junto a Battar.

-Sin duda mi nieto es más paciente de lo que fueron su Padre y Abuelo-Comento Yakiu -Con ellos fueron nueve meses de matrimonio y nueve meses de embarazo-Dijo recordando tanto la experiencia de Evolet como la suya propia.

-Si, supongo-Asintió Mulán con una sonrisa.

Para luego tomar la taza que se encontraba frente a ella, rectificando que estuviera lo suficientemente frío como para poder tomarlo. Observando el vapor que se desprendía del cálido líquido que residía en su interior, el cual poseía un olor que no era del todo agradable, la pelinegra frunció las cejas ligeramente cuestionando seriamente que clase de sabor tendría aquella bebida, antes de simplemente cerrar los ojos y beberlo lo más rápido posible dejando que el té bajara por su garganta sin saborearlo, dejando una sensación algo amarga en su boca. No era el mejor té que había tomado, pero al fin y al cabo su finalidad no era la de ser sabroso.

-Muchas gracias-Dijo la pelinegra depositando la taza vacía en la mesa.

-No hay de que, después te enseñare a prepararlo con las hiervas que tenemos aquí-Dijo Yakiu tranquilamente -Mientras tomes una taza al día no deberás preocuparte por un posible embarazo, y cuando estén listos lo único que debes hacer es dejar de tomarlo-Explico la anciana, a lo que la más joven asintió.

-Ojala no esperen tanto, estos viejos ojos ansían poder ver a la siguiente generación-Comento Yakiu con una sonrisa -Te lo aseguro, que ser Madre es lo más maravilloso que hay-Dijo la anciana -Especialmente cuando tengas a esa pequeña criaturita en tus brazos e inmediatamente sabes que no hay otra cosa que podrías amar más-Admitió la mujer.

-Puedo imaginarlo-Sonrío Mulán.

-¿Te digo una cosa? Cada embarazo y niño es único-Comento Yakiu -En el caso de Akira él durante todo el embarazo era enérgico y cuando llegó la hora de dar a luz terminé en un dos por tres, pero la historia fue completamente diferente con Atila, él casi no se movía, por eso en varias ocasiones hasta pensé que ya no estaba vivo, ni siquiera quiso colaborar cuando vino la hora de salir, me pasé horas en trabajo de parto y él no salía-Contó la anciana.

-Jaja...-Mulán se vio obligada a reprimir una risa, especialmente cuando vio al Jefe entrar por la puerta con una expresión nada contenta en su rostro.

-Madre...hay cosas que son mejor no comentar-Sentenció él Huno dirigiéndole una mirada furiosa, sintiendo vergüenza ante el relato que había oído por casualidad.

-Eso te pasa por andar escuchando a escondidas-Dijo Yakiu restándole importancia con la mano.

-No escuchaba a escondidas-Contradijo Atila.

-¿Acaso no tienes cosas que hacer?-Cuestiono la anciana enarcando una ceja. Él hombre bufo y atravesó la sala tomando lo que había ido a buscar, antes de retirarse. Yakiu regreso la mirada a la muchacha frente a ella -Y bueno si, adoro a mis hijos, aunque estos sean unos malhumorados o no los vea con frecuencia-Añadió -Y no lo dudes nunca, se que serás una gran Madre, por eso insisto no deberían esperar tanto-Dijo Yakiu.

-No creo que sea mucho-Admitió Mulán ligeramente sonrojada -La verdad me emociona mucho la idea de tener un bebé, aunque por lo que he escuchado de la boca de varias mujeres es el peor dolor que existe-Dijo la pelinegra, algo nerviosa ante la idea.

-Eso es verdad, aunque también el hecho de que vale la pena-Asintió Yakiu -¿Sabes por que somos nosotras las mujeres quienes damos a luz a los hijos?-Cuestiono sin esperar una respuesta -Por que los hombres no soportarían tal dolor. No te preocupes, estamos hechas para eso-Aseguro tranquilamente.

Un año después

En el interior de una descuidada cabaña vagamente iluminada por algunas cuantas velas a mitad consumir, se podía observar a un pequeño grupo de altas figuras frente a un viejo mapa discutiendo enérgicamente, pudiendo sentirse perfectamente la tensión que flotaba en el aire volviéndolo mucho más denso de lo normal. Entonces sin previo aviso un pesado puño se estrelló con fuerza contra la superficie de la mesa astillando la madera ante la potencia del golpe, arrugando de la misma manera una esquina del mapa que mostraba una detallada representación del territorio que alguna vez antes fue propiedad de todos, y que ahora se encontraría dividido para siempre.

-Maldición...¿Quién se cree ese Emperador para querer separar nuestras tierras con la construcción de aquella muralla?-Espeto Atila con desagrado, apretando la mandíbula con coraje.

La elaborada obra a manos de los Chinos a penas se estaba realizando pero era seguro que cuando estuviera terminada los Hunos ya no tendrían acceso a aquellos terrenos, los cuales les proveían de vitales suministros. Puede que pudieran sembrar y cultivar para satisfacer sus necesidades básicas durante algunos períodos, pero la cruel realidad era que las áridas tierras que habitaban eran mayormente estériles solo con ciertas zonas a las cuales podían sacarles verdadero provecho para su sustento.

Esta era la razón principal por la cual no se mantenían mucho tiempo en ningún lugar, cuando los recursos se terminaban se iván. Ciertamente ser una tribu nómada no era tan malo pero no mentiría, poder asentarse y permitir a su pequeña sociedad crecer sería lo más idóneo. Cuando los tiempos eran muy difíciles sobrepasaban los límites de las ciudades Han y saqueaban todo lo que pudieran llevarse, ocasionando casi sin quererlo una gran devastación, tomando recursos esenciales como comida, granos, semillas, frutas y hortalizas hasta vienes materiales como oro, seda y plata.

No le avergonzaba reconocer que eran un pueblo brutal que arrebataba a los más débiles para su propia supervivencia, harían lo que fuera para asegurar el bienestar de su pueblo. Hubiera deseado haber evitado los interminables enfrentamientos contra el Imperio pero estos habían monopolizado los recursos y maltratado a su gente apropiándose de sus tierras, por lo que no tuvieron más opción que contraatacar ya sea por venganza o necesidad, la línea en este punto se volvía muy delgada.

Habían logrado prosperar saqueando las aldeas Han durante los últimos años manteniendo las bajas Huno a lo mínimo, pero una vez aquellas murallas fueran erigidas su pueblo pasaría más hambre y trabajo. Esto en un futuro pronosticaba algo mucho peor que lo que ocurrió la primera vez que ambas sociedades se toparon, e inicio su fiera enemistad. Atila cerró los ojos batallando contra la impotencia que sentía en ese momento, le encantaría poder atacar y estropear la incipiente construcción pero un bastó ejercito Han se había dispersado alrededor para la protección de la misma.

Y aunque no le gustara reconocerlo su pequeño batallón no tenía la fuerza suficiente para enfrentarlos, hacerlo sería un suicidio seguro. Ahogo una maldición mientras los oscuros ojos de sus subordinados estaban fijos en él a la espera de alguna instrucción, inhalo una gran bocanada de aire llenando sus pulmones tratando de calmar su perturbación interna y disimular aquella preocupación, ya que un líder nunca debía mostrar tal postración por que se suponía que debía ser el inamovible pillar que sostuviera todo, incluso cuando su alrededor se estuviera derrumbando.

-Debemos prepararnos para lo inevitable, pero por el momento debemos sacar provecho lo más que podamos antes de que la muralla sea terminada-Indicó Atila mirando seriamente a los guerreros a su alrededor buscando luego la mirada de su hijo junto a él, quién se limito a asentir de acuerdo -Zariel quiero que lideres un grupo hasta la zona sur y revisen los puntos ciegos que puedan haber durante la construcción, no llames la atención-Ordeno él Jefe.

-Como diga-Asintió la castaña inclinando la cabeza y golpeando ligeramente su pecho con respeto.

-Yicka-Llamo Battar secamente, a lo que él Huno experimentado este dio un paso al frente -Tú y Ka'ren evadan el perímetro y entren sin ser vistos, si ven que no es seguro regresen y luego iré con ustedes y buscaremos otra manera de ingresar-Ordeno él azabache a lo que estos asintieron, imitando el mismo gesto de Zariel. Pronto el pequeño grupo reunido se disperso dejando a Padre e Hijo a solas.

-No me gusta esto, tengo un mal presentimiento-Dijo Battar volviéndose hacia su Padre, de brazos cruzados. Él mayor asintió.

-Justamente por eso hay que movilizarnos a un nuevo territorio, por seguridad-Dijo Atila apartando la mirada del mapa.

-¿Estas seguro? Sabes que trasladarnos siempre equivale un riesgo potencial-Señalo Battar seriamente. Todo el pueblo solía movilizarse al mismo tiempo, por lo que no solo los Guerreros podían ser emboscados fácilmente sino también sus familias junto con ellos.

-Dudo que en este punto tengamos muchas opciones, de cualquier manera estamos viviendo tiempos difíciles. Además dentro de poco no quedara nada más aquí para nosotros-Dijo él Jefe -Dile a Moha que notifique a todos, nos vamos-Ordeno Atila apoyando las manos sobre la mesa. Battar asintió obedientemente.

La realidad de la vida Huno había ido cambiando de manera progresiva pero constante a lo largo de los últimos años, volviéndose lamentablemente cada vez más intensa en el ultimo tiempo. Muy antiguamente habían prosperado únicamente con la agricultura y la cría de ganado, pero recientemente se había vuelta más difícil continuar con ese estilo de vida, sus cultivos pasaban por un mal momento, se quedaban sin lugares fértiles para sembrar y les era imposible almacenar forraje y grano. Todos los alimentos que antes ellos mismos sacaban de la tierra ahora se veían obligados a conseguirlos a través de medios externos.

Incluso su vida como pastores nómadas se complicaba, ya que sus rebaños necesitaban una extensión de tierra considerable y el Imperio amenazaba con tomar cada vez más de sus tierras, dejándolos sin espacio para sus rebaños de cabras y vacas los cuales les proporcionaban comida, cuero, sangre y leche para beber. El resto de su dieta, vegetales y cereales, la conseguían en poca cantidad mercadeando con pueblos sedentarios que encontraban en su camino o robando directamente a los Han. No era una forma estable de vivir pero era lo que tenían y buscarían sacarle el mayor provecho, viviendo el día a día esperando que todo mejorara.

Una niña observo con tristeza el aspecto desnutrido de las cabras pastando a su alrededor en busca de algo de comida, siendo sus costillas claramente visibles a los costados. Normalmente se les hubiera alimentado con grano pero en tiempos de necesidad no se podían dar aquel lujo, por lo que los animales de cría debían sobrevivir alimentándose solamente del pasto que les brindara el suelo y cualquier cosa que encontraran. Coloco el cuenco de agua en el piso, pasando una mano suavemente por el pelaje de uno de las cabras, cuando estas se acercaron antes de levantarse.

-Quita esa expresión de tu cara-Dijo una voz suave detrás de ella.

-Lo siento-Se disculpo la niña, al ver a Mulan. La pelinegra se acerco hasta donde se encontraba la pequeña, posando la mano sobre su alborotado cabello oscuro.

-Monma-Nombro Mulán suavemente -Se que ahora todo es difícil, pero es en estos tiempo cuando más fuertes debemos ser-Aclaro mirándola dulcemente.

-Lo sé-Asintió Monma, pasando rápidamente las manos por su rostro. Consciente de que ninguna tribu Huno tenía la fuerza suficiente para enfrentar al Imperio, y que muchos otros se encontraban en igual o peores condiciones que ellos.

-Ahora ven. Aun hay mucho que hacer-Animo Mulán, incentivando a la niña quien simplemente la siguió obedientemente.

Eran altas horas de la noche y podía percibirse una atmósfera increíblemente fría reinar en el lugar, que no solo provenía del exterior sino también del interior de las casas de la Aldea normalmente cálidas, aunque no se debía únicamente al clima. Últimamente se había sentido un ambiente pesado y lúgubre dominar el lugar con una gélida presencia, que parecía estar presente sin importar que momento del día fuera, dando la sensación de un pronostico desalentador. Battar suspiro pesadamente mientras sus pisadas lo guiaban automáticamente, teniendo la mente pérdida en todo lo que acontecía, sin prestar verdadera atención en que momento llego a su hogar.

A penas sintiendo el suave movimiento de su esposa cuando lo ayudo a retirarse el abrigo, demasiado sofocado por el cansancio y el estrés que conllevaba cargar cada día con el peso del sustento de todo un Clan sobre sus hombros, no podía imaginar como debía ser para su Padre. Entones sintió un cálido beso posarse con delicadeza en la mejilla que lo saco de sus cavilaciones, cerró los ojos exhalando profundamente antes de recibir un nuevo beso en la comisura de la boca cerca de los labios, en un gesto cálido y tierno, muy parecido al primer beso que ella le había dado hace tantos años ya.

-¿Mucho trabajo?-Pregunto Mulán, regalándole una sonrisa tranquila.

-Ni te imaginas cuánto-Respondió Battar sinceramente.

-¿Tienes hambre?-Cuestiono la pelinegra sin esperar una verdadera respuesta, pues inmediatamente se giro hacia la cocina.

Battar se limito a tomar asiento en la mesa mientras veía como su esposa encendía la estufa, calentando lo que había cocinado anteriormente, se recargo sobre la superficie de madera observándola fijamente, sintiendo una profunda serenidad solo con contemplarla. Agradecía genuinamente que se le permitiera tener a esa extraordinaria mujer en su vida. No paso mucho tiempo, antes de que Mulán se girara y colocara una pequeña olla con comida sobre la mesa junto a un plato, sirviéndole un poco de arroz cocido junto a algunas porciones de pollo.

Él Huno comió un par de bocados degustando la comida, la cual aunque era sencilla era más de lo que podía pedir, antes de parar abruptamente el cubierto en el aire a centímetros de su boca, una vez el rugido del estomago de Mulán rompió el silencio. Esta se sonrojó intensamente mientras la penetrante mirada ambarina caía sobre ella, inmediatamente bajo la cabeza tratando de disimular sin éxito y el aroma que desprendía la comida tampoco la ayudaba mucho. La expresión del Huno se endureció inmediatamente, observándola con desaprobación.

-No has comida ¿Verdad?-Dijo Battar, no era una pregunta. Ella no respondió -Abre la boca-Pidió él azabache.

-¿Para qué?-Cuestiono Mulán, alzando tímidamente la mirada.

-Te he dicho que habrás la boca-Gruñó él Huno y esta hizo lo que le pidió.

Entonces para su sorpresa le había llevado un poco de arroz a la boca y ella lo masticó con lentitud sin apartar la vista de aquellos ojos ámbar que la observaban con intensidad, sintiéndose momentaneamente incapaz de contradecirlo, limitándose a saborear el arroz blanco prácticamente sin sabor. Trago y ante la insistencia de su esposo abrió nuevamente la boca, esta vez había recibido un poco de pollo y esto se repitió, hasta que al estar a medio camino de estar llena, finalmente la molestia fue demasiada. Hablo con seguridad y firmeza mientras enfrentaba sus duros ojos.

-No me gusta que hagas esto-Se quejo Mulán frunciendo el ceño -Tú lo necesitas más que yo-Señalo tercamente.

-Creo que esa es mi decisión-Dijo Battar seriamente, ofreciéndole otro bocado sin embargo ella giro la cabeza.

-No quiero, ya no tengo hambre-Espeto la pelinegra.

-Eres demasiado testaruda-Comento él Huno llevando la cuchara a su propia boca, conformándose con que ella hubiera comido la mayoría. Mulán sonrío complacida -Prometo que estos malos tiempos no durarán mucho más...-Murmuro Battar con la mirada fija en la mesa.

Entonces la expresión de ella rápidamente entristeció, cambiando a una preocupada, notando la forma inconsciente en que el ceño se marcaba en los rasgos ya de por si duros de su esposo, y como los músculos se le tensaban con frustración. Sin pensarlo mucho estiro ligeramente los brazos apoyando los codos sobre la mesa, colocando sus pequeñas manos sobre la derecha de él, frotando diminutos círculos en una caricia claramente reconfortante que logró relajar visiblemente al Huno. La mirada de él se suavizo al igual que sus rasgos a la par que devolvía el gesto, trazando delicadamente la tersa piel de la muñeca de ella.

-Todo mejorará, no te preocupes-Aseguro Mulán con positivismo, sin embargo él negó con la cabeza.

-No es tan sencillo como solo esperar-Dijo Battar sin mirarla.

Un crudo silencio se extendió entre ellos después de aquellas palabras, dolorosamente realistas. Ella suspiro imperceptiblemente afianzando gentilmente el agarre que mantenía en la mano de su esposo, trazando la amplia extremidad con la yema de sus pequeños dedos, sin estar del todo segura sobre que decirle al respecto para apaciguarlo. Estuvieron sumidos en aquel silencio durante varios minutos sin hacer el más mínimo intento de interrumpir la tensa atmósfera, hasta que finalmente fue él quien decidió romper el silencio, dejando ver una inseguridad muy recurrente.

-Si tan solo fuera más capaz... -Murmuro él Huno, pero fue inmediatamente interrumpido.

-Battar-Llamo Mulán severamente, haciendo que la mirara a los ojos -Nada de esto...es culpa tuya-Aseguro la pelinegra seriamente. Él se encogió de hombros.

-Has hecho hasta lo imposible por mejorar las cosas y si ni tú has podido enmendar la situación, entonces eso significa que nadie más puede. Atila ha logrado mantenernos a flote solo porque cuenta con tu apoyo, así que jamás pienses que no eres capaz de liderar, por que eres él hombre más apto que conozco-Dijo Mulán sin rastro de duda existente. Battar no pudo contener la sonrisa que se extendió por su rostro.

-Eres increíble-Dijo él azabache sinceramente, acunando suavemente las delicadas manos de su esposa entre las suyas, antes de apoyándolas contra su frente en un gesto puramente devoto.

Mulán sonrío con alegría reclinándose sobre la mesa lo suficiente cerca como para depositar un casto beso en los labios contrarios, quién le devolvió una mirada repleta de dulzura. Tiempo más tarde, una vez estuvieron en su habitación gozando de la privacidad que esta les proporcionaba, se permitieron olvidar momentaneamente todo lo malo que los rodeaba por un segundo y compartir un íntimo momento entre ellos, solamente disfrutando de su mutua compañía. Mulán estaba sentada sobre la cama mientras Battar descansaba la cabeza contra su regazo.

Los ojos del Huno prácticamente brillaban mientras observaba detalladamente el hermoso rostro de su esposa, quién permanecía con los ojos cerrados entonando una melodía que solo podía calificar como majestuosa, Mulán siempre había tenido una voz preciosa, tan suave como la seda e igual de dulce que la misma miel. Completamente embelesado alzo una mano lentamente, recorriendo sin prisa alguna su suave y rosada mejilla con la yema de los dedos, cantando su atención lo suficiente como para que esta bajara la cabeza y lo viera con sus lindos ojos oscuros, sin dejar de cantar en voz alta...solamente para él.

-Desde hoy y para siempre amor...

Aclamaré sin dudar con convicción...

Qué en mi corazón no importa que...

Te amaré con fervor y devoción...-

Entonaba Mulán con voz suave, esmerándose en la pronunciación de cada letra, formando lo que era una hermosa canción. Deteniéndose solamente cuando fue inesperadamente acompañada.

-Yo me muero por hacerte feliz...

Por favor no te alejes de mi...-

Pronunció Battar, habiendo dado su mejor esfuerzo por entonar bien, aunque sabía que estaba muy lejos de estar a la altura de aquella bella voz. Mulán se sorprendió antes de mirarlo enternecida por su esfuerzo, pasando una mano cariñosamente por su cabello azabache.

-Cuando vea tu mirada brillar...

Cuando pueda tu sonrisa atrapar...

Cuando sienta que mi cuerpo encaja perfecto en el tuyo al bailar..-

Continuo Mulán sin apartar la mirada del par de ojos ámbar fijos en ella, que la observaban repletos de sentimiento. Entonces sintió como la mano de él se envolvía suavemente alrededor de la suya, entrelazando sus dedos.

-Es cuando sabre que él de allá arriba mis plegarias escucho-

Aseguro Battar siguiendo el ritmo de aquella canción, mientras llevaba la mano de su esposa a su pecho colocándola justamente a la altura del corazón.

-Estar feliz es más fácil si conmigo estas tú...-

Canto Mulán sintiendo los acompasados latidos de Battar retumbar bajo su palma.

-Eres el motivo que genera en mi una virtud...

Qué es hacer de todo para llenar tú corazón...

Por qué tú eres mi única razón...-

Musito él Huno con convicción, sin querer mirar otra cosa que no fueran los adorables ojos de su esposa que lo miraban con amor.

-No me pidas el mundo...que yo te lo obsequio

No me pidas la vida...que yo te la entrego

Solo tú verás...

Lo que esta mujer por amor es capaz-

Entono Mulán con suma dulzura, apretando gentilmente sus manos entrelazadas. Battar sonrío ampliamente observándola de la misma manera.

-Necesito de ti para poder vivir en paz...

Dime querida mujer ¿Qué haría yo sino estas tú?-

Cuestiono él Huno genuinamente antes de reincorporarse, tomando asiento a su lado y besar sus labios nuevamente.

Al separarse sujetó su mentón con delicadeza tomándose un momento antes de atraerla hacia él y presionarla contra su pecho, estrechándola entre sus brazos fundiéndose en un abrazo. Respiró con tranquilidad y sin dejar de abrazarla se acostó con ella encima de él acariciando su cabello tan suave y perfecto, oliendo discretamente el aroma floral que desprendían sus hebras oscuras. Mulán descanso la cabeza tranquilamente contra su fuerte pecho, abrazándose a él mientras disfrutaba de su calor y cercanía, afianzando su agarre poco después, casi ocultando el rostro entre sus ropas.

-Gracias...-Murmuro Mulán bajamente. Battar parpadeo confundido.

-¿Por qué?-Pregunto extrañado, mientras ella se apartaba ligeramente y lo encaraba.

-Por todo-Dijo la pelinegra con una sonrisa.

-Yo debería decirte eso a ti-Aseguro él Huno, acariciando sus delgados labios con el pulgar antes de sellarlos con un beso.

- . - . - . - . - . -. - . - . - . - .- . - . -. - . - . - . - . - . - . - . - . - . - . -. - . - . -

Para mis lectores:

.

.

.

Abril Elena: Hola XD, ciertamente creo que a nadie le gustara el próximo capítulo ya que ahí es donde finalmente veremos como será que Mulán regresará con sus Padres. Tengo todo un episodio pensado de como será aquella reunión y él como ella tendrá que volver a acostumbrarse al estilo de vida Han, la reacción de sus Padres muy emotiva.

Y sinceramente me hiciste pensar mucho con tu comentario, sobre las medicinas abortivas y él como los Padres de Mulán se desharían de su ''deshonra'' casándola rápidamente con otro, ciertamente creo que es un escenario muy lógico y posible conociendo el tipo de mundo que es.

Pero ya me había propuesto apegar la historia lo más posible a la película, lo que en otras palabras sería que nada de lo que pase aquí debería alterar de ninguna manera lo que ocurrió en el film. excepto hasta el momento del enfrentamiento en el paso de las montañas, que claramente tendrá un final diferente.

¡Mucha gracias por comentar y ser quién más al pendiente a estado de mi historia XD!

Nancy: Me alegra que te parezca hermosa mi historia y que te guste como la estoy llevando, me animan mucho tan lindos comentarios XD. Ojala este capítulo haya sido de tu agrado y espero ver más de tus comentarios por aquí.

.

.

.

¿Te gusto?

¿Observaciones?

¡No olvides dejar tu opinión XD!

Siempre que sea con respeto, claro.