Hace cerca de una semana Atila había ordenado que se alistaran todos los preparativos necesarios para que el Clan abandonara el territorio que habían ocupado los últimos años, lo cual sería una gran movilización ya que estaban conformados por casi 1.000 personas aproximadamente entre todos los hombres, mujeres, ancianos y niños de la Tribu. Siempre que ocurría aquello era algo que tomaba tiempo, debido a que cada miembro debía organizar sus pertenencias y posesiones necesarias antes de poder asentarse en un nuevo territorio, además de que había que asegurarse que la ruta que tomarían estaría libre de imprevistos indeseados y tener un lugar al cual llegar.
-En cuatro días vamos a partir-Comento Battar de brazos cruzados, mirando como su esposa terminaba de reunir a los caballos en el establo.
-Si. Aunque es una lástima, me gustaba este lugar-Dijo Mulán, aunque ya más que acostumbrada al estilo de vida nómada que mantenían. Estaba de espaldas a él acariciando la cabeza de su hermosa yagua blanca, antes de hacerla pasar junto a los otros.
-Me asegurare que no corramos peligro alguno-Prometió él azabache, acercándose lentamente a ella hasta quedar lo suficientemente cerca como para poder abrazarla desde atrás, envolviéndola entre sus brazos.
-Todo saldrá bien-Dijo Mulán tranquilamente correspondiendo el abrazo, sintiendo como este apoyaba la barbilla sobre su cabeza.
-Si alguien te hiciera daño...-Murmuro Battar con la mirada pérdida hacia el frente, empleando un tono de voz grave poco usual en él -Mataría a ese alguien-Juro él Huno con un semblante sombrío. Mulán lo miró sorprendida.
-¿A que viene eso?-Cuestiono la muchacha, ante la repentina declaración. Sin embargo él no respondió a su pregunta, dando a entender que las cosas bien podrían estar más graves de lo que se imaginaba.
Frunció los labios preocupada, Battar confiaba en ella plenamente pero sabía que no siempre le decía todo lo que ocurría, quizás para no preocuparla. Apoyo la cabeza contra su pecho cerrando los ojos un momento, disfrutando de su cercanía, respiro profundamente recordando a Yakiu y algo que esta le había dicho hace algún tiempo ya, cuando comenzó a involucrarse más en el liderazgo del Clan. Como esposa del futuro Líder debía ser un buen apoyo para su marido como las otras mujeres que la precedieron, y estaba dispuesta a aprender lo que fuera necesario para ayudar a Battar en lo que necesitara.
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-Nosotras somos las mujeres de los hombres que han nacido con derecho a mandar en el Clan...eso conlleva una gran responsabilidad-Decía Yakiu -Nunca debemos mostrar ningún tipo de debilidad, por que los demás de nosotras sacan fuerzas-Explico -El deber de nuestro corazón dicta que debemos velar por quienes amamos, por eso hay que ser fuertes...y eso no significa simplemente aparentar ser duro sino hacer lo que debe hacerse sin importar lo asustada, inquieta o vacilante que puedas sentirte-Dijo la anciana.
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-Ya casi estamos listos para partir y cuando salgamos de aquí estoy segura que no habrá nada que temer-Aseguro Mulán estirando una mano hacia atrás, para posarla en la mejilla de su esposo -Tú mismo te has asegurado de que todo este en optimas condiciones, no deberías preocuparte. Además, sabes que se cuidarme-Dijo con una sonrisa, en un intento de tranquilizarlo. Alegrándose al verlo sonreír.
-Si, tienes razón-Concordó Battar, depositando un suave beso en su cabeza.
-¿Cuando no la tengo?-Bromeo Mulán y él río.
-Cierto-Asintió él Huno apoyando su mejilla contra la de ella, mientras afianzaba el abrazo.
El olor a incienso reinaba en el lugar iluminado únicamente por velas, las cuales se reflejaban perfectamente en los altares familiares que se encontraban en casi todo el lugar. Fa Zhou sintió su pierna herida comenzar a doler luego de pasar tanto tiempo arrodillado en la misma posición, pero no le presto atención concentrándose más en orar y pedir debidamente por el bienestar y protección de su hija, como siempre hacía. Aquello se había vuelto más costumbre que otra cosa, ya que en este punto no creía que volvería a ver el rostro de Mulán, ni siquiera si podría reconocerla si de verdad la viera de nuevo.
Entonces contrario a su comportamiento habitual bajo las manos que estaban en posición de oración, apoyándolas sobre sus muslos apretando la tela de su pantalón entre los dedos, mientras la mandíbula se le tensaba con toda la ira y frustración que llevaba acumulando durante estos años. Siempre era lo mismo, se suponía que estaba haciendo todo lo que se debía hacer para que sus ancestros oyeran su suplica, pero no obtenía respuesta alguna de ellos...solo silencio...y ya no le importaba si era irrespetuoso...o si lo que estaba pidiendo era un auténtico milagro...ya nada de eso le importaba...lo único que le importaba ahora era una cosa...una única cosa.
-...Tráiganla de regreso...-Murmuro bajamente Zhou -Devuelvan a Mulán a casa...no me importa como...tráiganla...¡Por lo que más quieran! ¡Les ofrezco todo! ¡Pero devuélvanme a mi hija!-Grito finalmente él Fa cansado de prácticamente vivir dentro de aquel pequeño templo sin recibir ninguna ayuda de parte de los espíritus.
Un silencio gélido y sepulcral siguió a su demanda, su pecho subía y bajaba con fuerza recuperando el aliento, antes de llevar una mano a su rostro cubriéndolo en un intento de evitar que el dolor y la impotencia se manifestaran en forma de lágrimas en sus ojos. Una pequeña mano se poso sobre su hombro en un intento de consolarlo, al alzar la mirada a su costado se topo con los cansados ojos de su Madre, quién le sonreía tristemente antes de animarlo a regresar a la casa y descansar un poco.
Una vez ambos abandonaron el templo Él Gran Ancestro Fa se hizo presente junto al resto de familiares difuntos, quienes portaban una triste expresión viendo al poderoso Fa Zhou, quien tanto honor había traído a su familia, ahora como un hombre derrotado que se ahogaba en su propia incertidumbre. Los Ancestros intercambiaron miradas interrogativas entre si, era limitado lo que podían hacer, a veces las cosas simplemente estaban fuera de su control, incluso para los Guardianes Familiares, sino fuera así hubieran traído a Mulán de regreso hace mucho tiempo pero eso iba más allá de su poder.
Sin embargo, podían tratar de guiar hacia un sendero diferente la forma en que se estaban desenvolviendo las cosas. Lamentablemente no había forma alguna de cambiar el destino, aunque si la ruta, pero inevitablemente como la primera vez esto traería mucho dolor para ambas partes, pero como él mismo Fa Zhou había dicho...no importaba como...la traerían de regreso. Después de todo era lo mínimo que podían hacer por él hombre que tan fielmente les había implorado de rodillas en su templo sin pausa o descanso durante años.
Mulán observo a su esposo desde su posición desde la cama, ella ya se encontraba recostada sobre las sabanas lista para dormir, él en cambió a penas tomaba asiento sobre el colchón el cual se hundió ligeramente bajo su peso, mientras se retiraba las pesadas botas. La mirada de ella cayo en la espalda descubierta de Battar, pudiendo admirar claramente las tres finas marcas de un zarpazo que estaban grabadas permanentemente sobre su piel, alzo la mano y con suavidad trazo las viejas cicatrices con la yema de sus dedos, incluso después de tanto tiempo aun lamentaba lo ocurrido aquella noche.
Él Huno se mantuvo quieto sintiendo las delgadas manos de Mulán acariciar sin prisa alguna su ancha espalda antes de viajar hasta sus adoloridos hombros haciendo movimientos circulares, mientras abandonaba su posición inicial en la cama y se acercaba aun más a él. Aquellos finos dedos recorrieron con delicadeza la maltratada piel de su espalda masajeando con esmero los músculos de sus hombros, en un masaje que le permitió relajarse disfrutando tanto de la caricia como de la atención proporcionada.
-Estás muy tenso-Murmuro Mulán casi tímida, mientras pasaba las manos por la espalda desnuda de su esposo.
Entonces en un rápido movimiento Battar se había girado acostándola sobre la cama, Mulán parpadeo con sorpresa antes de sonreír. Se acostó encima de ella, cuidando de no aplastarla con su peso, apoyándose sobre sus antebrazos que se encontraban a cada lado de su cabeza., él Huno estaba seguro que tenía a la esposa más hermosa y perfecta que hubiera puesto un pie en esta tierra. Acortando la distancia entre ambos repartió una gran cantidad de besos por su cuello y hombros devolviéndole el favor anterior, mientras esta acariciaba los fuertes brazos que la rodeaban.
-Te amo...-Murmuro Mulán con las mejillas ligeramente sonrojadas. Él la miro intensamente a los ojos.
-Eres lo único que me importa...-Aseguro Battar sin pizca de duda -Si te pierdo ya no me interesa nada-Dijo él azabache. Ella sonrío y paso una mano por su tonificado pecho.
-No me perderás-Prometió Mulán, antes de besarlo de manera suave y dulce.
-Tengamos un hijo...-Murmuro Battar en un jadeo, cuando rompieron el beso. El rostro de su esposa enrojeció de inmediato observándolo incrédula -Ahora...-Gruño bajamente, acercándose con la intención de besarla nuevamente.
-¿A-Ahora?..-Cuestiono Mulán con sorpresa y el rostro ardiendo -Sabes que...aun sigo tomando el té ¿Verdad?-Recordó la pelinegra tímidamente.
-Aun así podemos intentar-Susurro él Huno cerca de sus labios -Ser él Padre de un hijo tuyo sería mi mayor sueño hecho realidad...-Admitió Battar con sinceridad. Mulán observo los profundos ojos de su esposo perdiéndose en su mirada antes de besarlo, envolviendo los brazos alrededor de su cuello.
Battar se despertó repentinamente, teniendo que tomarse un momento para calmar sus crispados nervios pasando una mano por su rostro, con toda la intención de apartar la molesta sensación de una pesadilla que había quedado impresa en él. Sacudió la cabeza restándole importancia, antes de volverse hacía el pequeño cuerpo que descansaba a su lado, mirando como Mulán dormía plácidamente cubierta por las cálidas mantas, se vía tan hermosa, tomo delicadamente uno de sus mechones oscuros apartándolo de su rostro. Suspiro decidido a permanecer un poco más de tiempo en la cama, pudiendo percibir el olor a humo que se filtraba por la ventana...Espera...¿Humo? Rápidamente salto de la cama, tomo su pantalón lo más rápido que pudo y salió de la casa.
-Dioses...-Exclamo sin aliento ante el horrendo panorama que lo recibió.
Cientos de soldados Han estaban atacando la Aldea prendiendo fuego a las viviendas, y matando a diestra y siniestra a quienes se encontraban en su camino. Battar crispo los puños con una increíble ira ardiendo en su interior la cual se reflejo en su rostro, antes de regresar al interior y despertar apresuradamente a Mulán quien a penas entendió lo que pasaba, alarmándose al escuchar los gritos que llenaban el aire antes de verlo tomar su espada. La pelinegra se vistió lo mejor que pudo en su prisa, y al salir no pudo evitar cubrir su boca horrorizada.
-No puedes estar en las calles, te matarán si te ven-Dijo Battar seriamente, se veía increíblemente tranquilo para todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor -Debo ponerte a salvo-Dijo él Huno rápidamente, aquella era su prioridad. Sin embargo cuando tomo la mano de su esposa esta se soltó abruptamente.
-¡No! Debes buscar a Atila, y junto a los otros Guerreros distraerlos mientras yo ayudo a evacuar a los aldeanos-Dijo Mulán rápidamente.
-Pero...-Iva a objetar Battar.
-¡Es nuestra responsabilidad! ¡No hay tiempo para discutirlo! ¡Ahora ve!-Exclamo Mulán recordándole lo primordial. Había que sacar a su pueblo de ese infierno y Battar no debía perder su tiempo preocupándose por ella.
-¡Maldición!-Exclamo él azabache, antes de posar la mano en su mejilla y atraerla en un rápido y apasionado beso -¡Más te vale que te cuides!-Dijo Battar con clara preocupación reflejada en sus ojos.
-Estaré bien-Aseguro la pelinegra, acariciando la gran mano en su mejilla. Incitándolo a irse, él Huno dudo y con mucha dificultad se separo de ella corriendo en dirección opuesta.
Mulán respiro profundamente preparándose mentalmente para actuar y entonces corrió lo más rápido que pudo, era una suerte que las carretas y caballos estuvieran preparados para partir eso haría más fácil la evacuación. Ignorando los charcos de sangre que llenaban el suelo al igual que los múltiples cadáveres, se concentró en buscar y guiar tanto a los heridos como las personas no aptas para el combate hacia las caravanas que comenzaban a partir, alejándolos del peligro, esquivando con gracia y eficiencia a los soldados Han que se encontraban por doquier luchando contra los Guerreros Hunos.
Al toparse con Moha esta la ayudo en su deber, guiando a los sobrevivientes lejos de donde se llevaba a cabo la lucha. Ahí fue cuando Mulán se percato de como la caballeriza ardía envuelta en fuego y humo, apresuradamente fue al lugar pasando demasiado cerca de varios Hunos y Han luchando con mortales espadas, llegando al establo abriendo con apuro las puertas liberando a los corceles que aun quedaban, los cuales salieron corriendo asustados huyendo del calor del fuego, entre ellos pudo ver a su yegua blanca huir, se permitió sonreír ligeramente sabiendo que al menos ellos estarían bien. Entonces fuertes gritos la hicieron girar la cabeza.
Mirando con detalle la brutal batalla entre ambos grupos, sin piedad la pupila de Mulán grababa permanentemente cada segundo que transcurría observando la imagen de los cuerpos caídos, almacenando aquellos recuerdos para guardar todo su dolor para después. Entonces un rostro familiar llego a su rango de visión, Kazan luchaba contra varios soldados Chinos, y aunque había logrado matar a varios él ultimo había logrado superarlo hiriendo uno de sus brazos. Ella era muy capaz de montar a caballo y tirar de un arco como si fuera un juego de niños, pero jamás había empuñado una espada en su vida mucho menos participado en un combate armado, sin embargo esto poco le importo cuando fue en aquella dirección tomando una espada del suelo dejada por un soldado muerto.
Y con rapidez y precisión enterró el arma a un costado del soldado Chino quién inmediatamente al percibir el dolor se volteo con sorpresa hacia ella, este con enojo alzo el brazo y la golpeo en el rostro tirándola al suelo y provocando que soltara el arma, la cual no había hecho nada más que una herida superficial. Pero esto fue más que suficiente para distraerlo y hacer que Kazan tuviera la oportunidad de clavar su propia arma en la espalda del Han, terminando con su vida. Mulán observo el cuerpo caer con fuerza a su lado sin saber que pensar, antes de sentir un par de pequeños brazos envolver su cuello con fuerza.
-¡Mulán!-Grito él pequeño Kanak -¡No encontramos a Mamá!-Chillo él niño asustado.
-Tra..tranquilo...D'lhee seguramente esta a salvo-Calmo la pelinegra, abrazándolo.
-Gracias...te debo una..-Sonrío Kazan con alivio, pero su semblante rápidamente volvió a endurecerse -Vienen más...¡Rápido escondánse!-Grito él Huno.
Mulán obedeció inmediatamente cargando al pequeño corrió directamente hacia una casa, escondiéndose detrás de una pared. Él guerrero tomo otra espada y llamo la atención de los soldados que venían, y fue en ese momento cuando ella se dio cuenta lo que estaba haciendo Kazan, se estaba sacrificando por ellos. Apretó el rostro de Kanak contra su pecho mirando como él herido Kazan en poco tiempo era fácilmente derrotado antes de ser obligado a ponerse de rodillas, su rostro perdió el color reconociendo lo que estaba a punto de ocurrir. Los ojos del Huno fijaron disimuladamente su mirada en su persona por un segundo, su rostro lleno de polvo y heridas mientras sus pupilas gritaban una sola cosa.
-¡Protégelo!-Exclamo Kazan mientras lo tomaban bruscamente del cabello con fuerza, tirando su cabeza hacia atrás. Mulán apretó los dientes para no gritar ante aquello, sintiendo las lágrimas abandonar sus ojos.
-Lo haré...lo haré...-Prometió la pelinegra como un juramento.
Kanak se removió insistentemente entre los brazos de Mulán ante el grito de su Padre, pero ella lo sostenía con fuerza sin dejarle movimiento alguno, de tal manera que él niño no pudiera ver como cortaban la garganta del mayor. Él pequeño sin entender que sucedía sintió miedo, un miedo estremecedor que le hizo tiritar y aferrarse al calor de la amiga de su Madre. Mulán cerro los ojos con fuerza cuando finalmente el cuerpo de Kanak cayo al suelo sin vida, abrazando al niño de forma posesiva recordando el momento en que su Padre se lo había confiado a ella, incluso si moría lo protegería.
La Han sin perder más tiempo se levanto velozmente sin que nadie la viera llevando a un aturdido Kanak en brazos, corriendo en dirección opuesta a donde su Padre yacía inerte, corrió con toda la fuerza que tenían sus pies. El cansancio ni siquiera llego a sus pulmones mientras esquivaba toda la conmoción que ocurría a su alrededor, sin prestar atención al filo de las espadas chocando o a los gritos que retumbaban en el aire actuando mecánicamente más que cualquier otra cosa, debía poner a Kanak a salvo, esa era su prioridad. Sus piernas casi flaquearon cuando ante sus ojos apareció una caravana a punto de partir con varias ancianos, mujeres y niños.
Un suspiro de alivio abandono sus labios al reconocer los rostros familiares evacuando el lugar, centrando su atención en la cabellera rubia cubierta de tierra acelero el paso de forma casi irreal, logrando llegar justo antes de que los caballos arrearan la carreta. Los ojos de D'lhee se abrieron con conmoción al reconocerla antes de posarse rápidamente sobre él pequeño asustado envuelto entre sus brazos, el color volvió al rostro de la mujer, como si de alguna manera hubiera recobrado la vida. Y sin mediar palabras Mulán deposito a Kanak en el regazo de su Madre quien se aferro a él con fuerza aferrándolo a su pecho, mientras él niño se abrazaba a ella.
-Dioses...¡Gracias!-Exclamo con alivio de tener a su hijo en brazos, antes de que una interrogante viniera a su cabeza -¿Kazan..?-Pregunto D'lhee con voz temblorosa, y el corazón de Mulán se desgarro.
-Lo..lo lamento mucho..-Murmuro la pelinegra. Los ojos de D'lhee reflejaron el más profundo dolor pero no se permitió llorar, contrarió a eso endureció su expresión y estiro una mano hacia su amiga sosteniendo a su hijo con la otra.
-Vámonos. Tenemos que salir de aquí-Dijo la rubia seriamente, Mulán sintió el impulso de aceptar la mano que esta le ofrecía, no obstante negó con determinación.
-Tengo que buscar a Nana-Dijo la pelinegra, retrocediendo un par de pasos.
-¡Mulán espera!-Grito D'lhee inútilmente al verla correr de vuelta a aquel infierno, desapareciendo de su vista y en ese instante la carreta comenzó a alejarse.
La cabaña apareció ante sus ojos justo en el instante en que hubo una explosión cerca, provocando el relincho asustado de varios cabellos y haciéndola tropezar. Mulán cayó sobre sus brazos y rodó sobre la tierra golpeándose con fuerza pero ni siquiera se quejó del dolor, se levantó con rapidez dirigiéndose directamente a la casa abriendo la puerta principal ingresando al interior, jadeó con cansancio pudiendo encontrar a la anciana aun dentro del lugar. Una sonrisa de alivio inundo sus labios, pero este sentimiento no le duro mucho tiempo ya que el sonido de las botas chocando contra el suelo la alerto de nuevo.
-Mulán...-Murmuro Yakiu.
Mientras la más joven se apresuraba a su lado y comenzaba a remover unas baldosas del suelo. Aparto las maderas con apuro, lastimando un poco sus dedos en el proceso, dejando ver un pequeño hoyo oscuro oculto en el piso, en el que fácilmente cabría una persona. Se volvió hacia la anciana, quien la contemplaba con una expresión que ya había dejado de ser confusa para ser horrorizada, entendiendo su línea de pensamiento. Mulán se acerco lentamente a la mujer mayor con toda la intención de ayudarla a esconderse en el pequeño escondite que había improvisado, pero Yakiu negó rápidamente retrocediendo un par de pasos.
-No...no..-Dijo la mujer.
-Vamos, rápido no hay mucho tiempo-Insistió Mulán.
-¡No! Escondete tú. Esta pobre vieja ya ha vivido demasiado-Negó Yakiu tercamente.
Mulán sonrío con ternura mirando a la mujer que había sido como una segunda Madre para ella y sin que esta se lo esperara empujo a la anciana, metiéndola en el escondite improvisado pese a sus objeciones antes de colocar apresuradamente las baldosas, y posar unas cuantas cosas sobre el lugar para dispersar cualquier atención. Justo cuando termino una fuerte patada arrancó la puerta de la entrada partiéndola en miles de pedazos, los cuales cayeron a unos milímetros de ella. Se levanto rápidamente y aunque lo intento no pudo evitar que su cuerpo temblara violentamente, temiendo lo que le esperaba.
Dos hombres entraron portando los uniformes imperiales distintivos de los Han, estos escanearon la habitación posando su estoica mirada sobre ella quién apretó la mandíbula y se clavo las uñas en las palmas de las manos, intentando controlar su temblor y pensar en una manera para salir de su predicamento, pero se encontraba acorralada sin oportunidad alguna de escape. Los soldados la observaron y él de menor rango rápidamente saco su espada dispuesto a ir contra ella a lo que Mulán dio un paso atrás golpeando su espalda contra la pared, pero el brazo del mayor se coloco frente al soldado impidiéndole el paso.
Él General la observo de arriba a abajo centrándose en su rostro por varios segundos analizándola a profundidad, abriendo ligeramente los ojos al percatarse de los inconfundibles rasgos que portaba, este le dio una orden rápida al otro quién asintió y abandono la habitación. Mulán se tenso al ver al soldado caminar imponentemente hacia ella y alzar la mano para tocarla, rápidamente golpeo su brazo e intento escurrirse de su agarre pero fue inútil. Este en un veloz movimiento sujeto su larga cabellera azabache sujetándola del cabello, ella emitió un gemido de protesta e intento soltarse ocasionando que este simplemente tirara de ella arrastrándola hacia la salida.
Lucho con todas sus fuerzas removiéndose ferozmente en su agarre pero él soldado era mucho más fuerte que ella, las lágrimas de impotencia comenzaban a acumularse en sus ojos, al salir de la casa ya había un caballo listo para partir. Sin esfuerzo él General la tomo de la cintura cargándola por sobre su hombro, como si su peso no representara un reto para él subiendo con todo y ella al lomo del animal, quien se agito ligeramente pero rápidamente se calmo. Mulán grito y chillo removiéndose con energía, tratando de soltarse, pero sin causar ningún efecto en su secuestrador.
-¡Mulán!-La profunda voz de Battar la congelo en el acto.
Busco de forma errática su figura en todo el alboroto a su alrededor, pero solo podía ver el humo que se entremezclaba con la tierra a su alrededor, acompañada por el olor a sangre y los gemidos de desesperación. Con un poco de esfuerzo finalmente logro vislumbrar a su imponente esposo a unos escasos cincuenta metros de ella, el pecho de este subía y bajaba en una respiración entrecortada sujetando firmemente el mango de su espada la cual goteaba brillante sangre carmesí, su rostro contorsionado en una profunda mueca estaba cubierto por tierra y sudor, estrenando nuevas heridas por todo su cuerpo, aunque superficiales daban una idea de todo lo que había enfrentado en ese ataque.
-¡Battar!-Grito Mulán en modo de auxilio, tratando de aflojar el agarre que mantenía él soldado sobre ella.
Él Huno no perdió tiempo y corrió hacia ella siendo la desesperación visible en sus pupilas ámbar, una leve sonrisa surco el rostro de Mulán pero rápidamente el miedo se instalo nuevamente en ella cuando él General agito las riendas, indicándole al caballo que comenzara a andar. Un nuevo grito desesperado abandono su boca, Battar acelero el paso corriendo tan rápido que casi logró igualar al veloz animal que ya galopaba. Ambos intercambiaron miradas mientras Battar estiraba el brazo tratando de alcanzarla y ella hacía lo mismo estando sus dedos a punto de rozarse...tan solo un poco más...tan cerca...si tan solo pudiera tomar su mano...
Pero de improvisto un asustado caballo cuyas pezuñas resonaban con fuerza sobre la tierra atropello a Battar impactándolo en su huía, provocando que él gran Huno cayera al suelo aturdido por el potente golpe, intento levantarse como pudo pero falló y se derrumbó de nuevo. El rostro de Mulán no tuvo precio, completamente destrozado, dejando escapar el llanto que baño sus mejillas grito el nombre de su esposo entre sollozos desesperados. Los ojos ámbar de Battar intentaron enfocar la imagen borrosa frente a él, pudiendo escuchar solamente un pitido en sus oídos y la tierra temblar bajo sus pies.
-¡Battar!-Grito Mulán nuevamente y él Huno pareció salir de su aturdimiento. Battar se levanto con apuro, logrando solamente ver como su joven esposa desaparecía junto al General.
Se quedo paralizado en su lugar sin poder creer lo que acababa de suceder...Sus ojos se habían encontrado con los de ella justo un momento antes de que desapareciera, los ojos que tanto amaba y que asustados le habían pedido a gritos que la salvara. La impotencia y la desesperación lo inundaron, golpeando su corazón con una fuerza devastadora, su mundo pareció detenerse por un segundo mientras era destruido por los acontecimientos recientes. No fue consciente en cuando su respiración se volvió errática o cuando sus dientes se apretaron tanto que comenzaron a rechinar.
Ni siquiera midió la fuerza en la que cerro los puños, de los cuales podían verse deslizándose finos hilos de sangre. Su cuerpo tembló de forma incontrolable y sin poder resistirlo por más tiempo echo la cabeza hacia atrás observando el cielo que misteriosamente se volvió de un gris oscuro y sombrío, como si reflejara el interior destrozado de aquel Huno, y un gritó desgarrador abandono su garganta con tanta fuerza que pudo escucharse por sobre todas las voces que reinaban a su alrededor. Fue un grito estremecedor...agónico...e interminable...tan desesperado y lleno de dolor que hizo temblar a todo él que lo escucho.
-¡MMUUULLLLLAAAAANNNNN!-
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El capítulo más triste hasta ahora creo yo T-T
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