Kagome no reconoció el lugar donde despertó. Aún aturdida olvidó momentáneamente los pasados eventos y su cabeza tardó en hacer la conexión. Al incorporarse se dio cuenta de que se encontraba durmiendo en un lecho de pieles al interior de una carpa, donde se colaban tímidos los reflejos de la luna. Alguien la había vestido con un kimono que le quedaba grande. La piel del tórax la sintió tensa y al tocarse palpó los vendajes, ya casi no le dolía.

Kagome se deshizo de las pieles que la cubrían para levantarse y observar el lugar. Le palpitaba la cabeza como si se le hubiera pasado la mano con el sake. Vio su arco y flechas junto a su improvisada cama, y los tomó rápido como quien se lanza sobre un salvavidas.

"¿Qué demonios…"- el ruido en la entrada de la carpa cortó sus pensamientos y activó sus sentidos.

-¿Quién es?- preguntó desafiante apuntando a la silueta que se incorporaba en la improvisada habitación.

-¡Kagome, por fin despertaste!- la voz inconfundible de Rin la llenó de alivió y gustosa aceptó su abrazo de bienvenida. No la veía hace más de una década y aunque fuera obvio, le sorprendió verla en sus veintitantos. La barrera de la edad entre ellas podría pasar casi inadvertida.

-¿Dónde estamos Rin? ¿Cuánto tiempo llevo acá?- le preguntó dejando que la joven la volviera a guiar a cama.

-Llegaste inconsciente hace un día y medio. Venías muy mal, pero el Señor Sesshomaru ya había limpiado tus heridas. He estado cambiando tus vendajes, ya has cicatrizado casi por completo ¡Los poderes del Señor Sesshomaru son impresionantes!- le explicó y a Kagome los recuerdos le llegaron a oleadas.

Las imágenes estaban cortadas, pero estaba segura de que no se lo había imaginado. El calor de la vergüenza se le armó en el estómago y se le subió a las mejillas.

-No debes sentirte incomoda Kagome- dijo Rin leyendo sus pensamientos-, esa es la forma natural en que los youkais sanan a los suyos. Es un gran honor recibir ese trato por parte del Señor Sesshomaru, no deberías avergonzarte- la reprendió, pero de inmediato regresó a su tono afectuoso.

-Supe lo que ocurrió en tu aldea, lo siento mucho- siguió Rin- Acá estarás segura, nos encontramos en la base del campamento, el punto de reunión de los aliados del Oeste, son los youkies más poderosos de estas tierras… pero no te preocupes están de nuestro lado y…

-Rin.- La voz de Sesshomaru invadió la carpa y el espacio se hizo pequeño.

-¡Señor Sesshomaru! Mire Kagome despertó- dijo Rin dando un salto.

-Así veo Rin. Ve a buscar más hierbas medicinales para los guerreros, se acerca una nueva tropa de heridos- ordenó el Lord despidiéndola.

-¡Sí señor! Adiós Kagome, te veré más tarde- dijo al levantarse.

La ausencia de Rin dejó un silencio tenso que Sesshomaru no parecía apurado por romper. Kagome mantuvo la mirada baja, no estaba lista para hacer contacto visual, pero fue ella la primera que habló.

-¿Qué estoy haciendo aquí, Sesshomaru?- preguntó sin más rodeos, teniendo claro que salvarle la vida no fue un repentino acto de compasión.

-Sígueme- le dijo ofreciéndole su mano para incorporarse.

Salieron por la parte trasera de la carpa ignorando al grueso del campamento y se incorporándose al bosque. Kagome no soltó el brazo de Sesshomaru mientras caminaban, aún sentía su paso endeble.

-En los próximos días atacaremos las Tierras del Este- comenzó el youkai- necesito que te unas a mi comando.

Kagome detuvo el paso y lo miró por primera vez a los ojos, buscando en su mirada una explicación, pero no encontró nada.

-¿Por qué necesitas la ayuda de una humana para librar una batalla entre youkais?- preguntó.

-Por el momento, estamos en desventaja, las bestias del Este han conseguido una especie de poder purificador, aún no comprendo cómo pueden usarlo sin autodestruirse, pero necesito tus habilidades de sacerdotisa para contrarrestarlo- explicó.

Kagome soltó su brazo y caminó unos pasos hacia adelante, como si necesitara una pequeña distancia para absorber la nueva información. Sesshomaru interpretó el silencio de la miko como duda.

-Si te unes a mí, cuando acabe la guerra te daré una tierra para que reconstruyas tu aldea. Si te niegas debes marcharte y quedarás por tu cuenta- propuso el demonio.

"Uff que ofertón", pensó Kagome irónica, "básicamente tengo que elegir entre el Sida y el Cáncer".

-Tengo una condición- dijo la sacerdotisa volteándose para mirarlo. Sesshomaru arqueó una ceja sorprendido de su atrevimiento.

- Si ganamos la guerra, ordenarás a tus demonios no acercarse a mi aldea. Quiero construir un espacio donde los humanos puedan vivir en paz- dijo.

-Hnm- respondió Sesshomaru asintiendo apenas la cabeza. Para Kagome fue suficiente, el trato estaba sellado.

-Regresemos al campamento, el consejo de guerra será dentro de una hora- dijo el youkai dándose media vuelta. Kagome volvió a tomarlo del brazo, esta vez sin permiso. Sesshomaru no protestó.

De vuelta en el campamento Kagome se instaló junto a una fogata para devorar los pescados que le había regalado Rin. Comió con ganas, metiéndose en la boca más de lo que podía masticar. El estómago lleno le regresó las fuerzas y terminó con la molesta sensación de debilidad y mareo.

-¡Kagome estás viva! ¡Estás bien!- la sacerdotisa apenas alcanzó a reconocer a sus dos amigas, antes de que se le abalanzaran encima para abrazarla.

-¡Sakura! ¡Akane! Qué alegría verlas- dijo respondiéndoles el gesto- ¿Cómo llegaron aquí?-

-Cuando escapamos de las bestias nos cruzamos con el Señor Sesshomaru y con otros youkais que lo acompañaban. Iban a atacarnos, pero él los detuvo y les ordenó traernos al campamento. Luego salió disparado en dirección a nuestra aldea- explicó Akane.

-Decidimos unirnos a la batalla para recuperar el control de las Tierras del Oeste. Es un alivio tenerte junto a nosotras de nuevo Kagome- siguió Sakura.

Kagome sonrió, aliviada de ver caras amigas, pero cuando las observó bien notó algo extraño en sus rostros. Dos marcas como rasguños les atravesaban las mejillas. No se veían recientes, parecían marcas de nacimiento.

-¿Por qué tienen esas marcas? ¿Alguien las lastimó?- preguntó con rabia. Acabaría con quién hubiera tocado a sus compañeras. Las mujeres se miraron sin saber bien como explicar.

-Emmm… bueno Kagome, la situación es complicada…-empezó Akane sonrojándose.

-Nos apareamos. Akane y yo los tendremos de compañeros hasta que termine la temporada- espetó Sakura.

-¿Quéee, pero por qué? ¿Quiénes son? ¿Por qué no me contaron que ambas tenían parejas?- el rostro desfigurado de Kagome provocó carcajadas en sus amigas aumentando su estado de confusión.

-No son nuestras parejas Kagome, no en el sentido romántico que te estás imaginando, en esto no hay nada de amor. Fue más bien un acuerdo...- siguió Sakura.

-¿Qué tipo de acuerdo, de qué están hablando?- insistió la sacerdotisa mirando a sus amigas con los ojos desorbitados.

-Kagome, ya no estamos en una aldea humana, por si no lo notaste el campamento está lleno de bestias. Una hembra no marcada queda expuesta a ataques sexuales, aún cuando seamos del mismo equipo, para ellos es normal tomar a las mujeres a la fuerza- se sumó Akane.

-¡Entonces las violaron! ¿Es eso lo que me están diciendo?- dijo Kagome frenética con lágrimas en los ojos.

-No, no, tranquila. Esto fue nuestra idea, justamente para prevenir una violación. Elegimos a nuestros youkais apenas llegamos y zanjamos el asunto. Nosotras no podemos sentirlo, pero el olor de nuestros compañeros queda impregnado en nosotras y ahora los otros machos no pueden tocarnos. Es cierto que tenemos que continuar apareándonos con nuestras "parejas" mientras dure la temporada, pero es el mejor de los males- explicó Sakura.

-Cambia esa cara Kagome. Nosotras estamos bien, los youkais son increíblemente gentiles con sus hembras- dijo Akane mirando con una sonrisa cómplice a Sakura.

-Eligieron a sus propios youkais…-susurró Kagome. "Escoger a un compañero así sin más, como acuerdo comercial… no sé porqué estoy tan afectada, estamos en la Época Feudal después de todo, pero aún así, qué extraño suena. Inuyasha nunca me "marcó", ni si quiera sabía que pudiera hacerlo… probablemente nunca quizo hacerlo", reflexionó.

-Kagome- dijo Akane seria, deteniendo sus pensamientos- Te recomendamos encarecidamente hacer lo mismo. Pronto estaremos constantemente enfrentándonos al enemigo. No puedes desperdiciar las pocas horas de descanso que tendrás luchando contra los machos del campamento.

-Kagome- interrumpió Rin tocándole el hombro- el Señor Sesshomaru te espera, va a comenzar el consejo.

Kagome siguió a Rin quien llevaba el cabello recogido en un moño alto. En la parte trasera de su cuello tres marcas rojizas se lucían como un tatuaje. "Sesshomaru y Rin... por supuesto", infirió.

FIN DEL CAPÍTULO