Mulán no podía evitar observarlo todo como si se tratase de la primera vez, con ojos llenos de curiosidad y asombro casi infantil. Aunque no se trataba del mismo pueblo en el que había crecido durante sus primeros años, la verdad es que este era increíblemente similar, no obstante las elegantes casas tradicionales y caminos sedimentados le resultaban tan ajenos, aunque era de esperarse luego de haber vivido tanto tiempo en un entorno que sin duda era mucho más agrario y rudimentario. Estaba genuinamente feliz de volver a ver a toda su familia, pero aun así no podía evitar que cierta melancolía contaminara esa alegría.
Camino lentamente por el hermoso jardín que tenía su nueva casa, aquello podía ser lo más parecido que ahora tendría de su antiguo estilo de vida. Observo la bella vegetación verde que reinaba, la cual era enmarcada por la abundancia de lirios y el gran árbol de cerezo que adornaba el centro del lugar. Dirigió sus pasos al lugar que sería quizás el que más le gustaba, un lindo estanque a mitad del jardín, se sentó sobre una roca cercana y retirando sus sandalias sumergió los pies dentro del agua cristalina sonriendo al sentir la fría humedad, salpicando un poco con pequeños movimientos de sus dedos mientras observaba a los tímidos peces que se asustaban con facilidad.
A pesar de la serenidad que reflejaba su rostro aniñado era obvia la tristeza que se ocultaba detrás de su expresión, algo que hasta sus Padres podían percibir claramente. Suspiro superficialmente apoyando las manos en la tierra e inclinando su cuerpo ligeramente hacia adelante observo la gran estatua de piedra que había en el jardín, en la cual estaba tallado un intimidante dragón, no le prestó mucha atención y sus ojos revolotearon sobre el pequeño tembló que guardaba los altares familiares. Después de un par de días noto lo mucho que su Padre parecía disfrutar rezar ahí, o al menos eso era lo que ella creía.
Una suave brisa paso golpeando su rostro, agitando su cabello cuidadosamente peinado junto a la tela de su vestido, hace mucho tiempo que no lucía un atuendo tan elegante como ese y aun así se encontraba extrañando el humilde abrigo que su Madre había quemado. No había tenido el corazón suficiente para confesarles a sus Padres la verdad, a los pocos minutos de estar de nuevo junto a ellos fue más que claro el profundo desprecio que estos guardaban hacia los Hunos. Aun recordaba la gélida mirada que envolvió a su Padre al solo tener que mencionarlos en la misma oración.
Hubiera deseado corregir todas aquellas ideas erróneas que tenían contra las Hunos, sin embargo comprendió que quizás...dentro del corazón de los Han, especialmente en el de su Padre, jamás habría cabida para alguien que hubiera formado parte de aquella sociedad que era tan aborrecida dentro de los limites del Imperio. No quería ver la decepción y el rechazo reflejado en el rostro de sus Padres si llegaban a enterarse de la verdad, puede que fuera un pensamiento inmaduro, pero no lo quería. Por lo que llego a la conclusión de que, mientras estos no pudieran entender o hasta que abrieran sus mentes a nuevas posibilidades, lo mejor para todos sería que nunca llegarán a enterarse de la verdad que ocultaba tras su estadía con los Hunos.
Desde el interior de la casa la Abuela Fa observo a su nieta por la ventana, el arrugado rostro denotaba una profunda preocupación. Desde que había regresado Mulán parecía estar siempre ausente, fantaseando en otro mundo perdida en sus propios pensamientos, y aunque había momentos en los que sonreía lo cierto era que, esas demostraciones eran escasas. Entendía que seguramente el horror que había visto era demasiado y que quizás nunca volvería a ser la misma niña que se llevaron, pero al menos deseaba volver a ver la felicidad envolver su ser, quería que estuviera tranquila y a gusto en su hogar. Soltó un pequeño suspiro, antes de volverse hacia donde se encontraban su hijo y su nuera.
-Debemos hacer algo para mejorar su estado de ánimo-Dijo la anciana.
-Hay que darle tiempo-Opino Zhou tomando un sorbo de té negro -Aun esta procesando todo lo que ha ocurrido-Dijo él ex-soldado.
-Creo que tú Madre tiene razón-Dijo Lin sentándose a su lado.
-No quiero seguir tocando el tema de su secuestro-Hablo Zhou seriamente -Ella se sentirá mejor si solo hacemos como que nada paso, no necesita que sigamos hurgando en la herida-Espeto él Han.
-No me refiero a eso-Corrió Lin, negando lentamente con la cabeza -Hay que hacer algo que la anime. No me gusta verla tan triste-Explico la mujer.
Él Fa sujeto su propio mentón en ademán pensativo dejando la taza de té a un costado de la mesa, meditando seriamente las palabras de su esposa durante un minuto, para luego asentir afirmativamente. Mientras tanto afuera en el jardín, Mulán se distraía jugando con el agua que había bajo sus pies absorta en como la superficie reflejaba los finos rayos de sol que caían sobre ella, y no podía evitar que aquella simple acción trajera ciertos momentos a su mente, que aunque dulces ahora podían resultar ser tan amargos. Rememoro esas incontables veces en las que ella y Battar habían tenido largas caminatas a lo largo de la orilla del río, permitiéndose sonreír ante el recuerdo.
- . -
Una de las ultimas veces que habían tenido el tiempo de recorrer el lecho del río, Mulán se había soltado del brazo de Battar mientras caminaban, corriendo directamente hacia donde se encontraba el agua fresca. La pelinegra bajo la atenta mirada de su esposo volvió la vista hacia él, y una sonrisa traviesa atravesó su rostro antes de patear en su dirección, salpicándole agua eficazmente. Él Huno simplemente se había cruzado de brazos fingiendo molestia, con la ropa casi completamente empapada, ella se llevo una mano a la boca riendo alegremente ante su travesura sin notar como él se inclinaba hacia adelante.
Con las palmas extendidas Battar procedió a salpicar grandes cantidades de agua hacia ella. La pelinegra dio pequeños gritos divertidos, mientras trataba esquivar el repentino ataque sin éxito alguno terminando más mojada que él, por lo cual lo miro con reproche. Pero para su sorpresa él la abrazo sorpresivamente cayendo ambos en medio del lecho, terminando por empaparse completamente. Profundas risas abandonaron la garganta de Battar mientras ella se abrazo a su cuello contenta, entonces las manos de él, que habían estado puestas sobre su cintura, viajaron hacia arriba picando suavemente sus costillas e inmediatamente Mulán comenzó a reír.
-¡Battar! ¡Jajajajajaja! ¡D-Detente ya!-Río la pelinegra, retorciéndose bajo su agarre. Él azabache tenía una enorme sonrisa en el rostro, mientras oía a su esposa reír y evitaba que esta huyera de él.
-¡Jajajaja! ¡No estoy jugando!-Exclamo Mulán sin verdadero enojo, estallando en más carcajadas -¡Por favor! ¡Jajajaja!-Suplico sin dejar de reír. Él Huno obedeció su solicitud, tirando de ella para que descansara sobre él sentándola en su regazo.
-Me encanta oírte reír-Confesó Battar, mientras ella trataba de recuperar el aliento. Su esposa había sido la autora que le había enseñado la forma de reír y jugar libremente, antes de ella prácticamente desconocía todo aquello.
-Tú...tú necesitas reírte más...-Murmuro Mulán con una sonrisa, acariciando su mejilla antes de plantar un dulce beso en su boca.
- . -
Battar indudablemente había sido un buen esposo, corrección, él mejor esposo de todos. No recordaba período más feliz que el tiempo que paso junto a él durante el ultimo año, incluso casada se había sentido más libre que nunca viviendo bajo la protección de un marido devoto y comprensivo, que le había consentido todo cuanto pudo desear. Pasando la mayor parte de los días amándose y fortaleciendo sus lazos, por que para ellos la vida era simplemente perfecta incluso con todos sus anti-bajos y dificultades. Sonrío débilmente, preguntándose ¿Como estaría Battar ahora?
-¡Mulán!-El repentino llamado de la Abuela Fa la saco de su trance -¿Puedes venir un momento por favor?-Pidió la anciana desde la puerta, portando una amable sonrisa. La chica se levanto y colocándose las sandalias regreso a la casa.
-¿Ocurre algo?-Pregunto Mulán, la Abuela simplemente apoyo la mano en su espalda y le sonrío.
-Hoy vamos a salir-Respondió la anciana.
-Queremos mostrarte algo-Explico Lin tranquilamente, a lo que ella asintió mansamente.
-Esta bien, vayamos ahora-Dijo Mulán resignadamente. Las otras mujeres parecieron alarmarse un poco ante esto, a lo que la más joven simplemente parpadeo confundida.
-Hija, no puedes salir así-Señalo Lin detallando su atuendo ''inadecuado'', haciendo que Mulán se preguntase sinceramente que tendría de malo -Hay que alistarte-Dijo la mujer para luego tomar a su hija, y guiarla hacia el interior del cuarto sin escuchar sus protestas.
Una vez adentro Lin procedió a sentar a la más joven sobre la cama y con un cepillo comenzó a peinar el suave y largo cabello negro que poseía su hija. Mulán algo extrañada se permitió alistar, sin comprender realmente por que tanto protocolo para algo tan sencillo como eso, pronto un lindo vestido apropiado para la ocasión fue entregado en sus manos y no perdió tiempo para colocárselo requiriendo un poco de ayuda de parte de su Madre. Entonces Lin retrocedió un par de pasos y la observo con detalle, sin poder contener una sonrisa así como algunas cuantas lágrimas que se hicieron presentes en sus ojos mientras sonreía con emoción.
-Eres muy bonita, hija, realmente hermosa-Murmuro con ternura, mirando frente a si la imagen, no a una mujer, sino la de una niña pequeña. Mulán sonrío dulcemente ante el alago, vislumbrando la felicidad y dulzura que su Madre desprendía junto a esas palabras repletas de cariño.
Una fría brisa soplo golpeando el endurecido rostro del Huno que no pudo evitar soltar un pesado suspiro mientras fijaba la vista en el filo de su espada, la hoja irregular reflejo sus fríos ojos en la superficie metálica y casi no había podido reconocer su propia mirada. Había tanta amargura y tristeza que contrastaba con toda la alegría que antes parecía hacer brillar en sus pupilas ámbar, pero eso había sido hacia mucho tiempo, o al menos así lo sentía. El conflicto contra los Han se lo había arrebatado todo, incluso antes de ser consciente de ello, logrando en última instancia arrebatarle lo más preciado que su vida poseía, terminando por borrar todo trazo de felicidad y bondad que alguna vez había tenido cabida en su corazón.
El mundo era cruel y despiadado ¡Una oscuridad inmensa donde las flores se marchitan y todo muere! por lo que si él quería sobrevivir junto con el resto de su Clan ellos deberían volverse peores, era la única forma de asegurarse algún futuro. Aparto esos pensamientos a un lado y regreso su atención al arma que se encontraba frente a él, observo detalladamente el peculiar diseño de la espada por varios minutos y casi sin quererlo fue apretando paulatinamente la mandíbula a la par que estrujaba furiosamente el detallado mango contra su mano, sus ojos se estrecharon recriminándose mentalmente una y otra vez rememorando aquel juramento roto.
-Te prometo que siempre voy a cuidar de ti-
-¡Battar!-
Cerró los ojos con fuerza, la voz asustada de Mulán hacía eco en su mente y removía cada pequeña fibra de su ser, aumentando el sentimiento de enojo e impotencia. Aunque tenía la fortuna de poder asegurar que su esposa se encontraba bien a diferencia de muchos otros Hunos, debido a su origen Han, no soportaba la idea de que esta estuviera tan lejos de él. Esperaba que sus recientes esfuerzos no fueran infructuosos y que pronto pudiera ir a recuperarla, imaginar tener a Mulán de nuevo entre sus brazos era el motivo que le daba fuerzas, aunque lamentablemente si quería lograrlo eso por el momento no podía ser su prioridad principal.
-¡Jefe! Llegaremos tarde-Anunció Ka'ren. Battar se limito a asentir en silencio, mientras se levantaba.
La pequeña familia Fa abandono su hogar en conjunto, dirigiéndose hacia un lugar en particular que Mulán no conocía. La joven miraba todo con extrañeza preguntándose que clase de sorpresa tendrían para ella, sintiendo curiosidad cuando finalmente llegaron a una hermosa casa tradicional de diseño asiático algo pequeña a solo algunas cuantas calles de donde se encontraba la suya propia. Parpadeo con intriga detallando las plantas que se encontraban decorando el lugar, una vez su Padre llamo a la puerta un hombre de mediana edad abrió la entrada recibiéndolos con una semblante inexpresivo, y por alguna razón algo en su expresión ocasiono que Mulán sintiera que lo había visto en algún lugar antes.
-Hola Zhou, bienvenido-Saludo Yo amablemente, posando brevemente su mirada en Mulán, solo entonces ella pareció reconocer al hombre que estaba frente a ella -Es un gusto ver que los rumores son ciertos, y que tu hija se encuentra bien y devuelta con ustedes-Dijo él azabache tranquilamente -Mai seguro querrá verla-Opino con cierta alegría en su voz.
-¿Mai?-Repitió Mulán con sorpresa, sin dar crédito a lo que había escuchado -No puede ser...-Murmuro rememorando a su vieja amiga, mientras una sonrisa genuina se formaba en su rostro -¡Entonces Mai esta bien!-Exclamo con alegría desbordante y sin ningún tipo de delicadeza hizo al hombre a un lado, adentrándose en su casa.
Mulán entró deprisa perdiéndose en el interior del lugar sin reparar ni por un segundo en los rostros sorprendidos e incluso ligeramente avergonzados de sus progenitores, quienes con una clara resignación procedían a disculparse con Yo, quien solo por esta vez pareció ignorar aquella gran falta de respeto. Los pasos apresurados de Mulán se detuvieron abruptamente en la sala de estar, cuando se topo con la presencia de una joven de corto cabello ébano que leía con tranquilidad un libro, esta observo con sorpresa a la contraría, la cual con gran escándalo había irrumpido en su casa y que para su gran desconcierto se abalanzo contra ella, atrapándola en un fuerte abrazo.
-¡Estas bien! ¡Por un momento pensé que habías muerto!-Exclamo aliviada Mulán, estrechándola aun más.
-¿Quién...eres?-Pregunto Mai confundida, sin estar acostumbrada a aquella muestra tan explicita de afecto. Entonces la Fa rompió el abrazo.
-Soy Mulán-Respondió inmediatamente, sin apartar las manos de sus hombros.
-¿Mulán?-Repitió Mai con genuina sorpresa, asimilando la noticia durante un minuto antes de sonreír -Ancestros...por un momento creí que nunca te volvería a ver, pensé que era mentira lo que decían-Confeso mientras lágrimas de puro alivio se deslizaban por sus pálidas mejillas.
-Estoy bien-Aseguro la Fa con seguridad -¿Y tú? ¿Como escapaste?-Pregunto Mulán, recordando como había sido su ultimo encuentro. Mai se apresuro a limpiar sus lágrimas antes de animarse a responder.
-Cuando nos separamos...un batallón Imperial intercepto la carreta en la que me transportaban, derrotaron al enemigo y luego de liberarnos nos regresaron inmediatamente con nuestras familias-Respondió Mai sonriendo tristemente -Casi no lo creo...luego de tantos años...estas aquí-Murmuro la azabache mirando fijamente a su antigua amiga, tapando su rostro en un vago intento de contener las lágrimas que volvían a hacerse presentes.
-Hey...no llores, estoy bien y tú estas bien. No hay necesidad de estar triste-Consoló Mulán dulcemente, frotando sus hombros para apaciguarla.
-L-Lo siento..es que...el que estés aquí significa que todo lo que dijeron era cierto...-Sollozó Mai.
-¿Lo que dijeron?-Pregunto Mulán confundida, a lo que la otra sintió.
-E-En el pueblo se decía..que la hija de Fa Zhou...tú...estaba viva y que...había vivido como esclava Huno..y..y...¡Mulán como lo siento!-Lloró Mai amargamente -¡Seguramente habrás pasado por un infierno! ¡Lo siento! ¡Lo siento!-Se disculpo la azabache.
Mulán no pudo evitar fruncir los labios, sintiendo una opresión en su pecho al ver el genuino dolor reflejado en el rostro de su amiga quien lloraba amargas lágrimas en su nombre, lamentando un sufrimiento por él cual no había pasado. Se sintió repentinamente culpable y no pudo evitar recriminarse mentalmente, aquella farsa solo provocaba dolor en las personas que la querían, pero de saber la verdad fácilmente podría despertar su odio y desprecio e incluso quizás un dolor mucho más auténtico. Suspiro en conflicto, oyendo los rotos murmullos de Mai que rogaban perdón sin cesar una y otra vez.
¿Por qué se disculpaba? Ella no había tenido la culpa de lo ocurrido. Entonces recordó vagamente que antes de conocer a Battar, antes de vivir como una Huno había sido como Mai, siempre disculpándose sin razón, como si todo lo malo del mundo de alguna manera fuera su culpa simplemente por que esa había sido la manera en la que le habían enseñado a actuar. Las mujeres siempre debían disculparse, por que ellas jamás tenían la razón, sumisas ante lo que los demás dijeran, era como si su actuar siempre estuviera inclinado a disculparse por el simple hecho de haber nacido mujer.
-Mai por favor no llores-Pidió Mulán secando las lágrimas contrarias con la manga de su vestido.
-Pero...-Iba a objetar la azabache.
-No hay manera en que pudieras hacer algo para evitarlo, eramos solo unas niñas cuando los Hunos me llevaron. Así que no te sientas mal por mi, si te digo que estoy bien es por que es cierto-Sonrío la Fa, queriendo transmitirle tranquilidad. Mai asintió mansamente, tomándose algunos minutos para controlar su llanto.
-Mulán...-Llamo la azabache tímidamente, borrando el ultimo rastro de lágrimas -¿P-Podría hacerte...una pregunta?-Pregunto Mai.
-Si, por supuesto-Asintió la Fa de forma segura.
-¿Ellos...te deshonraron?-Pregunto Mai con la mirada baja. Mulán dejo escapar un profundo suspiro, todos parecían pensar exactamente lo mismo.
-No, Mai. No me violaron-Respondió la pelinegra sin vacilación.
Consiguiendo una mirada de sorpresa de parte de la contraria, aunque no sabía si era por lo que había dicho o por como lo dijo, en cualquier caso no parecía ser la respuesta que Mai había esperado obtener. Jamás podría llamar violaciones a lo que había tenido con Battar y ya no pensaba permitir que los demás pensaran que durante su estadía con los Hunos la habían deshonraron, por que ella jamás ni por un solo momento había perdido su honor.
La conversación con Mai duro un par de horas más, en las cuales las dos habían logrado ponerse al corriente de la vida de la otra aunque había sido la hija de Yo la que más había tenido de que hablar, mientras Mulán se limitaba a escuchar con suma curiosidad todos los cambios y nuevas anécdotas. Hasta que finalmente su Padre decidió que la visita debía concluir, luego de haberles permitido a ambas jóvenes la privacidad y tiempo que habían necesitado, lamentando no haber llevado a su hija ahí antes. Mulán se despidió efusivamente de su vieja amiga antes de partir junto a su familia, abandonando la residencia de Yo.
Se dirigían de vuela a su hogar sin embargo para hacerlo tuvieron que recorrer varias calles y pasar frente al ajetreado mercado, la pelinegra se había mantenido centrada en sus propios pensamientos sintiendo una agradable sensación en su pecho luego de tanto tiempo, incluso portaba una genuina sonrisa en su rostro, y eso era algo que alegraba a su familia, al parecer haberse reunido con Mai la había ayudado más de lo que ninguno pensó originalmente. Un pequeño alboroto seguido por los característicos relinchos de un caballo fueron la razón por la que Mulán volvió él rostro.
El disgusto y la desaprobación bañaron sus suaves rasgos cuando observo como a algunos cuantos metros de ella un aldeano propinaba latigazos a un corcel negro, el cual se negaba a tirar de la pesada carreta en la que estaba atado. Aquel trato brutal era una forma inaceptable de tratar a un animal, y guiada por lo que dictaba su corazón y no por el sentido común decidió hacer lo que creía correcto, por lo que grande fue la sorpresa en el rostro de Fa Zhou cuando su hija salió corriendo alejándose de ellos, solamente para ir en contra de un hombre desconocido.
Él Han alzo el brazo dispuesto a propinar otro latigazo al testarudo animal, cuando una joven inesperadamente se poso frente a él e imitando su posición intercepto el cable, el cual se enrollo en su delgado brazo antes de tirar con fuerza de el y arrebatárselo de las manos casi sin esfuerzo, tirándolo posteriormente al suelo mientras le dirigía una mirada severa digna de admiración. La sorpresa e incredulidad tiñeron el rostro del hombre ante el extraño actuar de aquella chica tan joven, más acreedor de un hombre que de una mujer.
Sin importarle la presencia del hombre ni el haber captado la atención de las personas a su alrededor, Mulán se volvió hacia el caballo susurrando suavemente mientras pasaba una mano por su cabeza logrando tranquilizar al animal, quien rápidamente se inclino hacia adelante buscando más de su toque, ella sonrío ligeramente ante esto para luego proceder a desatar las cuerdas que lo restringían liberándolo de la carreta. Él propietario quien había estado sin habla, escucho como las personas a su alrededor murmuraban siendo juzgado severamente por las miradas del resto de hombres, disgustados ante la confianza que esta mostraba, entonces el enojo lo invadió considerando aquello como una humillación.
-¡¿Quién te crees que eres?!-Espeto él Han con molestia, tomándola del hombro para girarla hacia él bruscamente
-¿Quién me creo? ¡¿Quién se cree usted?!-Grito Mulán golpeándolo en el pecho, haciéndolo retroceder en el acto para su sorpresa -¡Debería darle vergüenza tratar de aquella forma a un animal indefenso!-Señalo la pelinegra.
-¡Mulán!-Grito Lin alarmada llegando junto a su hija, seguida rápidamente por la Abuela Fa y Zhou quien con su andar cojo se había quedado atrás -L-Lo lamento mucho. Mis sinceras disculpas-Dijo la Fa colocando a la más joven detrás de ella, a la par que procedía a hacer una reverencia.
-¿..Qué?-Murmuro Mulán con sorpresa -Pero...¡Mamá no tienes nada porque disculparte!-Aseguro la pelinegra queriendo encarar al Han, pero manteniendo su distancia gracias a la Abuela Fa quien la envolvía con sus brazos.
-Qué vergüenza. Lo siento, no se repetirá-Se disculpo Zhou llegando junto a ellas.
-Controle a su hija-Espeto él aldeano, mirando a la pelinegra con desdén -Y enséñele a cerrar la boca ante un hombre-Dijo con desprecio.
Aquella frase le había causado más enojo del que Mulán creyó posible, con decisión fijo toda su atención en el hermoso corcel negro. Zhou suspiro pesadamente queriendo disimular el bochorno que sentía, estaba a punto de girarse hacia su hija con la clara intención de reprenderla sin embargo para su sorpresa Mulán se aparto de la Abuela Fa y apresurándose hacia el caballo subió encima del lomo del animal, ajustándose perfectamente a el a pesar de que no portaba montura, sin importarle en nada las miradas ajenas o las voces de sus Padres aparto su vestido antes de sujetarse de la crin del caballo dándole la orden de correr.
La gente a su alrededor soltó un grito de sorpresa que se entremezclo con los gritos de preocupación de la familia Fa, cuando el corcel salió galopando con la chica encima de el. Mientras se alejaba del mercado, sintiendo aquella escurridiza emoción surcar sus venas y el viento golpear su rostro como antaño. Mulán volvió a sentirse como en casa y una falsa sensación de libertad la lleno en plenitud, cerrando los ojos por un momento concentrándose en el aire fresco que llenaba sus pulmones, imaginando por un breve instante que volvía a estar fuera de los límites del Imperio, donde el resto de su familia se encontraba, galopando sin destino, perdurables momentos que atesoraría por el resto de su vida.
Cuando hubo llegado a la entrada de la casa Fa le indicó al corcel que se detuviera, lo cual hizo obedientemente y procedió a bajarse de un salto. Sabiendo que su familia tardaría un tiempo en llegar se tomo la molestia de hacer pasar al animal, poniéndolo cómodo con un poco de agua y comida así como tratar los bordes de piel maltratada que había dejado el látigo en el. Observo su propio brazo logrando ver perfectamente la marca roja que se formaba, consecuencia de haber detenido el pesado cable con la mano, se froto la piel lastimada sin darle verdadera importancia regresando su atención al caballo. Era un corcel muy hermoso, de gran contextura y un pulcro pelaje corto azabache con pequeñas manchas blancas.
-¡Mulán!-La voz de Zhou resonó en el patio. Ella simplemente dejó escapar un suspiro -¡¿Qué te sucede?! ¡Una dama no muestra esa clase de comportamiento! ¡Me has avergonzado frente a medio pueblo! ¡Y le faltaste el respeto a aquel hombre!-Exclamo él Fa llegando hasta ella, desaprobando el despliegue que había mostrado su hija.
-¿Qué esperabas que hiciera en esa situación...?-Cuestiono Mulán bajamente sin mirar, acariciando la cabeza del animal.
-¡Nada! Absolutamente nada-Respondió Zhou.
-Querido, tranquilizate por favor...-Pidió Lin suavemente, posando una mano en su brazo. Él Fa la observo antes de respirar profundamente, asintiendo de acuerdo.
-¡Estaba lastimando deliberadamente a este caballo! ¡No podía simplemente quedarme sin hacer nada!-Exclamo Mulán dejando al corcel para encarar a su Padre -Nadie más hacía nada, tenía que actuar-Aseguro la pelinegra.
-No, no tenías que-Negó Zhou seriamente, en tono calmado.
-El caballo es un animal sagrado ¡No puedo dejar que cualquier bárbaro lo lastime!-Exclamo Mulán e inmediatamente se cubrió la boca. La expresión de Zhou fue de suma sorpresa entendiendo solo entonces su línea de pensamiento, los caballos eran muy apreciados entre los Hunos, relajo su expresión mostrándose comprensivo antes de posar una mano suavemente sobre el hombro de su hija.
-Lamento mucho mi arrebato-Se disculpo él Fa, recordando la clase de ambiente en el que debió haber vivido esos últimos años, no podía esperar que no ocurriera ningún incidente -Pero debes comprender que lo que hiciste no estuvo bien, una joven no exhibe esa clase de conductas irrespetuosas y mucho menos cuestiona a un hombre-Explico pacientemente.
-Tienes que ser más obediente-Murmuro Lin acercándose para abrazarla, depositando un suave beso en su cabeza -Se que has sufrido Mulán...viviste con ellos y te trataron como a un animal...pero no eres así-Aseguro la mujer -Talvez ahora parezca difícil pero volverás a ser la misma de antes, nosotros te enseñaremos a ser una Dama adecuada-Prometió la Fa.
-Pero...-Iba a objetar no obstante fue interrumpida rápidamente por su Padre.
-Te amamos Mulán, solo queremos lo mejor para ti-Aseguro Zhou suavemente -Por eso es que debes cumplir con los honores de una mujer de verdad-Dijo él Fa.
-¿..Una...mujer de verdad?-Murmuro Mulán antes de cerrar los ojos y dejar caer la cabeza contra el suave pecho de su Madre, quien la abrazaba cariñosamente.
- . -
Una Dama jamás deberá abrir la boca en presencia de un Hombre porque una mujer no habla, una mujer no opina y una mujer no piensa. Si ella quiere dar honor tiene que ser perfecta...llena de gracia, educada, paciente, cortés y gentil.
Una mujer nace para complacer a los Hombres, debe ser una hija ideal, una prometida perfecta, una esposa modelo y una madre ejemplar...nada más...Una mujer no sale adelante por su cuenta, no aspirará a altos cargos, no logrará grandes cosas y jamás será digna de nada. Porque es una mujer.
- . -
Mulán abrió los ojos lentamente aferrándose con fuerza a su Madre, sintiendo como su corazón se oprimía ante la amarga realidad que venía a golpearla de repente, nada nunca volvería a ser como antes..de eso estaba segura...ni para ella ni para sus Padres, ella no podría ser la hija que ellos esperaban que fuera y ellos jamás serían la familia que ella necesitaba que fueran. Por un momento sintió la necesidad de llorar, más no lo hizo, simplemente asintió de forma obediente mientras rompía el abrazo en el que era mantenida.
Pese a todo, amaba profundamente a su familia y aunque no podía asegurar nada al respecto, al menos por ellos lo intentaría, aunque muy en el fondo supiera que no sería esa Dama perfecta que esperaban. Sus Padres se permitieron sonreír de forma alentadora ante la silenciosa afirmación de su hija, todo lo contrario a la Abuela Fa quien era más que capaz de ver bajo las capas de aquel rostro aniñado, lamentando el sufrir de su nieta aunque sintiéndose incapaz de hacer algo al respecto pues su hijo y nuera tenían razón, si Mulán viviría ahí debía comportarse como una verdadera Han.
-Me disculpe con aquel hombre-Contó Zhou mirando a su hija -Pero luego de que te fuiste, no tuve más opción que pagarle por la ausencia del caballo. Así que supongo que ahora se quedara aquí mientras pienso en que hacer con el-Dijo él Fa.
-¿Podríamos quedárnoslo?-Pregunto Mulán sin pensarlo. Él ex soldado lo considero seriamente por varios minutos, considerando las desventajas sin embargo había una chispa en los ojos de su hija que no quería extinguir con una negativa.
-Mientras seas tú quien se encargue de el-Aceptó Zhou.
-¡Muchas gracias Papá!-Dijo Mulán abrazándose a él con efusividad, a lo que él Fa sonrío genuinamente. Después de eso la pequeña familia paso al interior de la casa dejando a la más joven con el animal como única compañía, pasando una mano cariñosamente por su hocico.
-Te llamaré Khan...-Murmuro con una sonrisa algo triste -Nadie de aquí tiene que saber que significa ¿Esta bien?-Dijo en voz baja, era una pequeña forma que la hacía sentir de alguna manera más cerca de su esposo. Ahora debía hacer frente a la rígida vida que mantenían los Han, pero no se hacía muchas ilusiones respecto a eso.
-Mira bien...-
Canto bajamente, cepillando con sus dedos el corto pelaje negro, para luego volver la atención hacia su familia que reposaba dentro de la vivienda.
-...nunca voy a ser una mujer ideal o una buena hija
¿No sabre tal papel jamás tomar?
Ahora se que al demostrar quien realmente soy
Gran dolor podría causar-
Desvió su mirada hacia la superficie del pequeño lago que había en el lugar, dejando escapar un suave suspiro.
-¿Quién es quien veo ahí? ¿Su mirar fijo en mi?
Y mi propio reflejo no reconocí
Debo continuar con esta gran falsedad
Para que así no me vean en verdad-
Se encogió profundamente de hombros y volvió el rostro al cielo con tristeza reflejada en sus preciosos ojos, observando la inmensidad de aquel infinito azul que con su suave meneo trasladaba el curso de las blancas nubes a través de si. Descanso débilmente una parte de su cabeza en el costado del cuello de Khan mientras que el pensamiento de que en alguna parte...en algún lugar...Battar se encontraba bajo el mismo cielo, observando exactamente lo mismo que ella miraba en ese preciso momento, y eso de alguna u otra forma le traía algo de consuelo. Sonrío débilmente, quizás...algún día...podrían volver a verse de nuevo.
En una parte oscura y desolada del bosque un considerable grupo de personas se encontraba congregado, entre toda la multitud quizás la presencia que más destacaba era la de un joven de ojos ámbar que esperaba pacientemente sentado sobre el suelo bajo la sombra de un frondoso árbol, relegado a una esquina mientras los de mayor edad y experiencia discutían entre ellos. Battar observaba la absurda disputa que se desenvolvía frente a él con ojos críticos, parecía que el eterno altercado entre las Tribus Hunos era peor ahora que cuando estaban en guerra. Apoyo la barbilla contra su puño harto de todo aquel espectáculo.
No le importaba si los Clanes se despreciaban entre si o si a penas toleraban estar reunidos en el mismo lugar, ese orgullo solo era una pérdida de tiempo. Se levanto lentamente apoyando la mano sobre su rodilla y los Hunos que estaban con él se hicieron aun lado para abrirle paso, pisadas pesadas lo condujeron hasta donde el pequeño grupo de líderes discutía sin cesar, Hayabusa posado en su hombro canto y emprendió vuelo casi prediciendo lo que sucedería mientras que Nakudu y Mogaku lo seguían de cerca al igual que Naku y Baku un poco más atrás.
Un corpulento hombre de cabello blanco fue el blanco indicado, él Jefe Aitil, y antes de que nadie se lo esperara Battar se encontraba golpeando al mayor evidentemente más débil. Una exclamación de sorpresa se escucho mientras él que era el Jefe más joven entre los Clanes sin ninguna clase de expresión facial además de la pura indiferencia, golpeaba brutalmente al anciano en una escena que casi parecía una tortura. Él mayor intentaba contraatacar pero él más joven era demasiado rápido y fuerte, resultándole imposible parar sus ataques.
Varios observadores alrededor dieron un paso al frente con la clara intención de ayudar a su Líder bajo ataque, sin embargo la presencia de Tudu al igual que varios otros Guerreros apuntándoles directamente con sus flechas los mantuvo en su lugar, observando sin poder hacer nada al respecto. Un par de contundentes golpes más fueron suficientes para dejar al anciano al borde de la inconsciencia, aunque relativamente ileso, solo entonces Battar se detuvo apartándose del mayor mientras se limpiaba la sangre que salpico sus nudillos en la tela de su propia ropa.
-¿Qué crees que estas haciendo mocoso?-Cuestiono un hombre delgado, que portaba un grueso abrigo blanco. Un Jefe de nombre Mundzuk. Akira observo seriamente como su sobrino se posicionaba en medio del resto de Jefes
-Mírense los unos a los otros..-Dijo Battar seriamente ignorando por completo las palabras dirigidas a él, prestando su atención a los congregados a su alrededor -El verdadero enemigo no se encuentra entre nosotros-Aclaro él azabache -Él se encuentra del otro lado de esa muralla, planeando como acabarnos a todos mientras ustedes pierden el tiempo tratando enemistades pasadas-Acuso señalando hacia la dirección donde se erigía aquel inmenso muro.
-Escuchen. No convoque esta reunión para causar un enfrentamiento entre nosotros, estamos en este lugar para solucionar el mismo problema que nos aflige a todos-Aclaro seriamente -El Imperio-Recordó.
-Puede que ustedes no les importe quedarse de brazos cruzados...pero yo ya estoy cansado de que nos traten como animales...Cansado de que cada día mi Tribu pueda ser masacrada...cansado de pasar hambre...cansado de que nuestras tierras sean acaparadas...cansado de perder a mi familia...¿Acaso ustedes no?-Pregunto Battar mirando a los Guerreros, sin embargo estos simplemente guardaron silencio así que continuo.
-No somos más que insectos para El Imperio, cucarachas que pueden ser exterminadas sin esfuerzo, una plaga de la cual tarde o temprano se desharán-Dijo crudamente tal cual era su triste realidad -Por que no representamos una fuerza considerable...pero aun así nos temen ¿Y saben por qué? Por qué ellos saben de los que somos capaces de hacer-Dijo seriamente.
-Tenemos un potencial en bruto que no hemos sabido aprovechar. Unos cuantos de nosotros no somos nada para su basto Imperio...una sola tribu, no es más que un juego de niños para su armada...Incluso un batallón solo es un chiste para él Imperador...-Espeto antes de interrumpirse -Pero...muchos...y no hablo solo de dos, tres o cuatro tribus, ni siquiera la mayoría ¡Sino de todos los Hunos!-Exclamo -Conformaríamos una fuerza devastadora...tan temible que podría ser capaz de traer el fin de la Dinastía de los Han-Explico Battar.
-¿Qué insinúas?-Cuestiono uno de los Jefes, Octar un hombre bajo de gran contextura.
-Formar una alianza entre Clanes, uniendo nuestras fuerzas para conformar un solo ejército. Solo así tendremos la suficiente fuerza para poner a China a nuestros pies-Explico Battar e inmediatamente se escucharon risas despectivas de parte de los demás Líderes.
-¡Ja! ¡Eso es imposible!-Espeto uno, Csaba. Un Guerrero delgado y sin cabello.
-Ni siquiera recuerdo la ultima vez que luchamos juntos-Exclamo otro. Dengizik, él cual portaba las marcas de Guerra en su rostro.
-Incluso si aceptamos aquella idea, hace décadas que no ha habido Rey-Señalo Ugyek, uno de los Jefes más experimentados.
-¡Cierto! ¿Quién de nosotros liderara ese ejército?-Cuestiono Octar.
-Debería haber una votación-Propuso Akira diplomáticamente.
-Solo si primero acordamos dejar de lado nuestras diferencias y acordar la alianza-Dijo una de los Jefes más jóvenes, Erp. Su cabello era marrón, su andar cojo pero aunque no era un Guerrero era respetado por su liderazgo.
-Estoy de acuerdo-Concordó él Jefe Mundzuk, un hombre de tupida barba negra -No es como si en este punto tengamos muchas opciones-Dijo encogiéndose de hombros.
-Entonces...-Comenzó Akira -¿Todos están de acuerdo con unirnos?-Cuestiono seriamente.
Hubieron algunos segundos de silencio antes de que la primera exclamación afirmativa se escuchara en el aire, seguida de la siguiente y la siguiente. Aunque ninguno disfrutara de la compañía de las otras Tribus, debían aceptar que la unión hacía la fuerza y si querían vencer tenían que estar unidos. Luego de sellar la nueva alianza con un sencillo ritual y anunciarlo al resto de sus tropas, solamente quedo un cabo suelto por resolver el cual era ¿Quién sería el Rey Huno? ¿Quién comandaría ese inmenso ejército?...El problema era que este puesto no era hereditario, se decidía por votación popular y unánime, no obstante los Jefes raramente se ponían de acuerdo, justamente por eso es que no había habido Rey durante tantos años.
-¡Debería ser yo!-Exclamo Dengizik.
-¡Callate desgraciado!-Grito Csaba.
-¡Yo soy quien debería comandar! Tengo muchos más años que ustedes dos-Espeto Ugyek.
-Battar debería ser él Rey-Opino Akira seriamente.
-Ciertamente-Apoyo Erp a su lado.
-¡¿Battar?! ¡Es solo un niño!-Dijo Mundzuk.
-Acaba de tomar el Mando de su Clan, no tiene la experiencia que se necesita-Negó Csaba.
-Aquí ahí muchos otros más competentes para ese cargo-Opino Ugyek.
-Déjenme recordarles quien convoco esta reunión y convenció a las Tribus de unirse-Dijo Akira severamente, callando las protestas. Él podía ser él Líder más amable de los ahí presentes, pero nadie era tan tonto como para atreverse a hacerlo enojar de verdad.
-La edad no es lo que hace a un gran Líder-Dijo Erp sabiamente -Requeriremos algún tiempo para que nuestras fuerzas aprendan a luchar una junto a la otra como hermanos, y necesitamos resolver todos los cavos sueltos antes de embarcarnos en una verdadera guerra contra El Imperio. Considero que es tiempo más que suficiente para que él demuestre su valía como Líder-Dijo él castaño.
-Aunque claro, solo si tú estas de acuerdo-Dijo Akira volviéndose hacia su sobrino, quién se limitaba a escuchar todo en silencio.
-Por supuesto-Dijo Battar con una sonrisa, carente de alegría.
Algunos graves gruñidos de insatisfacción se hicieron escuchar con claridad sin embargo ninguno de los Jefes en oposición se atrevió a refutar, aceptando aquel concilió aprendiendo a tragarse su orgullo de mala gana. Procediendo a golpearse el pecho con el puño justo a la altura del corazón e inclinar la cabeza, en clara señal de respeto ante la nueva Cabecilla de todas las Tribus. Ahora los Hunos tenían finalmente un Rey, pero ellos no se referían a su Líder unificado de aquella manera, sino bajo otro título...uno mucho más apropiado entre su gente.
-Entonces...¿Qué nos prometes Shan-Yu?-Cuestiono Mundzuk inquisitivamente.
-Quemar a China hasta los cimientos-Respondió Battar seriamente. Tanto la Ciudad Imperial como Él Emperador caerían bajo la fuerza de los Hunos.
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Para mis lectores:
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Abril Elena: Ciertamente serán los años más largos para ambos y muchas cosas cambiaran en ese tiempo, pero supongo que es lo que da el drama a la historia XD. Él General Li llego a esa hipótesis por si mismo, aunque creo que tiene precedentes para considerar aquello un hecho incluso si no tiene pruebas de ello, pues al ser un soldado en esa época no se me haría extraño que ya se allá topado con varios casos de mujeres secuestradas que terminaron siendo victimas de violación. Aunque obviamente ese no fue el caso de Mulán. Gracias por tú comentario XD, espero más.
Guest: Gracias por los comentarios en ingles XD jeje.
SoraLee12: Sinceramente había considerado la idea que planteaste, sin embargo pensé que era algo muy triste colocar un aborto, aunque realista, me rompería el corazón colocar que Mulán tuviera que perder a su bebé y coraje por que la obliguen a hacerlo. A pesar de todo el drama, amargura o tristeza por la que ambos personajes puedan pasar quiero darles un final feliz cuando culmine mi historia XD. Me alegra que te guste tanto como va el fic hasta ahora, espero más comentarios tuyos.
Ginny miau: Qué bueno que pese a todo comprendas mi narrativa XD. Me gusta explorar la incomprensión de la época así como el machismo que hay en aquella cultura, ni los Hunos o los Han ven lo parecidos que son y tachan al contrario de monstruos, solamente Mulán a visto ambas caras de la moneda y solo ella podría tener un juicio exacto llegado el momento. Mulán ama a sus Padres pero sinceramente si pudiera seguramente regresaría con Battar sin dudar. Gracias por estar al tanto de mi historia, espero leer más de tus comentarios XD.
Teseo perseo: Me conmueve mucho tus comentarios, son cortos pero demuestran lo mucho que te gusta mi historia y los aprecio mucho. Muchas gracias por comentar XD, quiero leer más de ti.
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PD: ¿Ninguno ha tenido problemas para entrar a fanfiction? Por alguna razón puedo publicar pero no leer las historias subidas sean mías o no T-T, me gustaría saber por que.
