Era una noche tranquila bajo los oscuros cielos estrellados del basto Imperio Chino. Sumidos en la más absoluta serenidad, los pueblos del interior del territorio podían escuchar el melódico canto de los pequeños grillos que iba en perfecta sincronía con el suave silbido que hacía el viento al golpear contra las hojas. En el interior de una casa en particular una bella joven parecía incapaz de conciliar el sueño, a pesar de que el resto de sus familiares se encontraban ya durmiendo pacíficamente, manteniendo la vista a un costado de la cama permitiendo a su mente divagar en viejos recuerdos como solo se permitía hacer a altas horas cuando nadie pudiera perturbarla.
Un suspiro escapo de sus labios, más pesado de lo que hubiera deseado, mientras extendía la mano y acariciaba el lado contrario de las sabanas imaginando por un momento que ahí se encontraba otro cuerpo, perteneciente a una persona que muy posiblemente hoy día no reconocería, sintió tristeza invadirla a la par que trataba de trazar la líneas de aquel rostro en su mente, formando una imagen actual a partir del viejo vestigio que aun guardaba con apreció en su memoria. Llevaba a cabo esa rutina de vez en cuando, para no perderse en la melancolía del recuerdo, sin saber que a cientos de kilómetros aquella persona hacía exactamente lo mismo. Pero no aquella noche.
Muy lejos de ahí en la gran muralla reinaba un abrumador silencio, complementado por un ambiente inusualmente frío que calaba hasta los huesos. Los guardias hacían sus rondas habituales, custodiando las impenetrables paredes centímetro a centímetro como hacían cada día, especialmente luego del crepúsculo, sin embargo muy diferente a la rutina un destello marrón surco el ennegrecido paisaje embistiendo sin delicadeza contra la cabeza de un soldado,volando su casco. Él Han se sorprendió ante la inesperada arremetida observando al causante, un gran halcón de oscuro plumaje que pareció observarlo con desprecio antes de cantar en un audible chillido que hizo eco en el lugar, casi como si fuese una especie de alarma.
Casi inmediatamente después un misterioso gancho de metal salió disparado desde las profundidades del bosque que se encontraba al otro lado, aferrándose a los muros de la muralla. Él soldado parpadeo extrañado y de forma precavida se acerco lentamente a la orilla con la intención de inspeccionar, sin embargo tuvo que retroceder cuando para su horror cientos de ganchos más aparecieron de la nada. Intimidantes Guerreros de gran contextura e implacables ojos aparecieron de entre la oscuridad, adentrándose al camino de la muralla en clara amenaza de sobrepasarla. Y la preocupación ardió en sus ojos, cayendo en cuenta de lo que estaba pasando.
-¡Nos están atacando! ¡Enciendan la señal!-Grito él soldado advirtiendo a sus camaradas, no obstante estos no respondieron.
En su lugar más Guerreros Hunos se hicieron presentes dispuestos a matar, haciendo que con gran esfuerzo tuviera que evadir el mortal ataque de sus espadas trepando como pudo hasta la torre, debía encender el fuego para dar la alarma al resto de China, no podía permitir que él enemigo pasara desapercibido. Tomo una antorcha de forma apresurada y corrió lo más rápido que pudo a la hoguera, pero antes de que pudiese encenderla una figura mucho más intimidante que las otras apareció frente a él, y él Han se paralizo durante un breve momento mientras era escudriñado por la intensidad de aquellos peculiares ojos que parecían proclamar destrucción a cada paso.
Un escalofrío desagradable le recorrió la espalda viendo como el halcón que había visto anteriormente descendía del cielo para posarse sobre el hombro de su amo, él soldado sintió sus piernas temblar sin embargo reuniendo todo el valor que había dentro de si lanzo la antorcha hacia la hoguera frente a él prendiendo un intenso fuego que fue el primero de muchos más que ardieron a lo largo y ancho de toda la muralla, dando la tan advertida alarma. El pecho del Han subía y bajaba con rapidez tratando de mostrar una fortaleza que en realidad no sentía, mientras que la figura frente a él se mantenía en un crudo silencio, el miedo removió sus entrañas sabiendo seguramente de quien se trataba.
-Ahora toda China sabe que están aquí-Espeto él soldado.
Quería intimidarlo de alguna manera o por lo menos borrar aquella satisfacción que surcaba su rostro encapuchado, contrario a esto él Huno simplemente tomo sus palabras con una fría tranquilidad, mientras tomaba la bandera que portaba el escudo de China, la cual había hondeado con orgullo junto a la torre y la colocaba sin dudar sobre el fuego. Los ojos del Han miraron con horror como el valorado símbolo era consumido rápidamente por las llamas, como si fuera alguna clase de metáfora ante la sonrisa maquiavélica del invasor, y su corazón se agito con miedo sabiendo perfectamente que lamentaría la noche en la que se cruzo cara a cara con él Rey Huno.
-Perfecto-Sonrío Shan-Yu, satisfecho con que se diera a conocer su llegada.
Quería que toda China se estremeciera de miedo ante la noticia, los Hunos habían llegado para cobrar venganza por cada uno de los actos de crueldad que los Han habían cometido en su contra, ya no sufrirían más a manos del Imperio, ahora era su turno de sufrir las consecuencias. Aunque eso solo era la mitad de las razones que impulsaban sus acciones, la otra era una mucho más personal quizás incluso hasta egoísta, pues esta era la única forma que tenía de recuperar a su esposa y si debía barrer cada pequeño pueblo del Imperio para encontrarla, que así fuera.
Desde el interior del templo Él Gran Ancestro Fa observaba atentamente por la ventana, confiando en que nadie de la familia podía verlo. Observando el semblante inexpresivo de la joven Dama que buscaba hacer sus deberes diarios sin delatar sus verdaderos sentimientos, y desde lo profundo de su corazón él espíritu lamento el sufrir de su descendiente tratando de convencerse de que eso era lo mejor para ella. Los años habían transcurrido de forma lenta pero constante, como el cause de un río y sus poderosas aguas parecían empujar a la joven Fa hasta un punto en que parecía que se sofocaba, costumbres y tradiciones inflexibles que ahogaban su voz enterrándola bajo siglos de tradición, pero él Ancestro sabía que lamentablemente aquel no era la clase de vida que el destino le tenía impuesto.
-Parece un poco triste ¿No lo crees?-Hablo Mushu ruidosamente, apoyándose contra el brazo del espíritu mientras veía en dirección de la pelinegra -Si quieres puedo darle un poco de ánimo, como Guardián Familiar es mi deber...-Decía él pequeño Dragón antes de ser rápidamente interrumpido.
-¿Guardián? Tú solo haces sonar el gong-Espeto él Ancestro Fa empujando a la lagartija roja a un costado -No interfieras, la pobre ya tiene muchas cosas de las que preocuparse-Dijo él espíritu seriamente, antes de regresar al interior del templo.
-¡Ay! Pero que humorcito...-Bufó Mushu rascándose la oreja.
Mulán no pudo evitar fruncir el ceño mientras tomaba la ropa seca del perchero, depositándola en una canasta a su lado en el suelo. Después de tanto tiempo finalmente había llegado la etapa tan temida para ella, se encontraba en edad de casarse y sus Padres parecían ansiosos ante la idea de orquestar un matrimonio para ella, aliviados de saber que su hija no había sido ''deshonrada'' durante su cautiverio como habían creído en un principio, no obstante esta jamás afirmo seguir siendo casta. Lo que más deseaba el matrimonio Fa era encontrar un buen hombre que la desposara y le brindara honor, así quizás esta terminara de reintegrarse a su forma de vida.
La pelinegra sintió una enorme angustia aglomerarse en su estomago con solo imaginar casándose con cualquier hombre que la Casamentera pudiera encontrar, ella ya estaba casada y ni en un millón de años pensaba en serle infiel a su esposo. Sin embargo este no era un hecho que pudiera dar a conocer a sus Padres e incluso si llegara a confesarlo estos no le creerían, en el pensamiento Chino tradicional las personas de ''sociedades primitivas'' no contraían matrimonio así que era imposible que un Huno y una Han pudieran casarse, para ellos estas personas vivían como animales y carecían del concepto básico de maternidad, paternidad, hermandad, matrimonio y género e incluso mucho menos de ceremonias oficiales.
Los Han definían estrictamente él rol de ser un Padre o un Marido, enseñando a las mujeres a respetar y rendir honores a la familia, en China cuando una joven llegaba a cierta edad, los Padres decidían que ya era tiempo de buscar pareja para su hija pero no era cuestión de buscar una persona cualquiera, ya que se hacía pensando en continuar la línea ancestral y crear alianzas entre familias. El proceso era sumamente complicado lleno de normas y tradiciones y Mulán no deseaba nada de eso para si misma...además de que no encajaba en el molde esperado de una novia ejemplar, pues las palabras que dictaban los viejos pergaminos sobre lo que debía ser una mujer...no la describían exactamente a ella.
Callada...
Reservada...
Educada...
Delicada...
Refinada...
Equilibrada...
Puntual...
Y en cambio era...
Problemática...
Inconsciente...
Impropia...
Masculina...
Tosca...
Descarada...
Vulgar...
O al menos eso era lo que la gente pensaba de ella, aunque no se le dijeran directamente era imposible no escuchar los murmullos que musitaban a sus espaldas cuando creían que no oía. Las Chinos rechazaban la manera en la que pensaba, que en consecuencia la llevaba a actuar libremente, volviéndola el vivo ejemplo de lo que una Dama en su cultura no debía de demostrar y aunque por sus Padres intento integrarse, la verdad es que jamás pudo hacerlo y cada día que pasaba aquella meta parecía más inalcanzable, incapaz de ocultar quien es en verdad. Suspiro acomodando un mechón de cabello por detrás de su oreja, a veces deseaba simplemente escapar y huir a un lugar donde ser ella misma no acarreara dolor o vergüenza a su familia.
La noticia de la inédita invasión llego volando a la Ciudad Prohibida, terminando en los oídos del Comandante Imperial, quien sin perder ni un solo segundo del preciado tiempo con el que no contaban, se dirigió directamente al Palacio para notificarle a su Gobernante de lo sucedido. Él rostro del ex general Li transpiraba y estaba ligeramente enrojecido, denotando su preocupación por la situación actual, conociendo lo suficiente al enemigo contra el que se enfrentaban como para saber que estos no se detendrían ante nadie para cumplir con su objetivo, no antes de apropiarse de todo y ver las ruinas del Imperio arder bajo sus pies.
Desde hace pocos años la repentina aparición de un enorme y aparente invicto Ejército bárbaro hizo que los Hunos, antes insignificantes para las Tropas Imperiales, se convirtieran en una verdadera amenaza para el Reino y su gente hacía bien en tenerles miedo. Estas bestias no conocían las piedad ni la clemencia, solo la brutalidad y la violencia eran conceptos nítidos en sus mentes, no se podía razonar con ellos y no podían confiarse cuando alguno se encontraba cerca. Nadie estaría a salvo hasta que acabaran de una vez por todas con esa fuerza invasora, que lo único que buscaba era traer la muerte a su gente.
-Majestad-Dijo él Comandante caminando apresuradamente por la sala del trono donde descansaba su alteza, postrándose frente a él en compañía de dos de sus soldados -Los Hunos han cruzado la frontera Norte-Informo él Li seriamente, a lo cual el ceño del Emperador se frunció inmediatamente.
-Imposible, nadie puede pasar la Gran Muralla-Objeto Chi-fu incrédulo, pero la mano levantada del Emperador lo silencio de inmediato.
-Shan-Yu es él Líder-Añadió él Comandante, queriendo recalcar la seriedad de la situación.
Con el pasar de los años, la fama de los actos crueles y la eficacia en batalla de aquel Huno se hicieron tan famosos que habían logrado resonar cada uno de los rincones de China. Este sujeto había sido él bárbaro propulsor del genocidio masivo y caos que reinaba en los límites fronterizos de su Imperio y que ahora había logrado cruzar por la Gran Muralla. Él Emperador contuvo un suspiro, disimulando el estremecimiento que lo recorrió tratando de seguir mostrándose imperturbable e omnipotente como su cargo lo demandaba, reconociendo internamente que en cierta medida esta invasión había sido culpa del propio Imperio.
Pues esta era la consecuencia directa con la que tenían que lidiar luego de que sus ancestros en la antigua dinastía, expulsara violentamente a los Xiongnu occidentales, tribus yeniseianas o turco-mongolas que vivían en las tierras del interior norte de la Gran Muralla, los cuales huyeron de la persecución China para asegurar su propia supervivencia. Y ahora Shan-Yu descendiente directo de Genghis Khan, fundador del imperio Xiongnu unió a las tribus dispersas reclamando sangre por lo sucedido en ese entonces y todas las brutales acciones consiguientes que los había vuelto enemigos mortales. Los dos bandos habían sufrido mucho a manos del otro.
-Colocaremos tropas alrededor de su palacio de inmediato-Dijo él Comandante Li.
-No-Sentenció él Emperador seriamente, procediendo a levantarse de su trono -Las tropas protegerán a mi pueblo-Ordeno él hombre -Chi-fu-Llamo él Emperador.
-¿Si Alteza?-Dijo inclinándose servicialmente.
-Envía avisos de reclutamiento a los provincias, convoca a las reservas y recluten a toda la gente posible-Ordeno él Emperador.
-Disculpe Majestad, pero creo que mis tropas podrán detenerlo-Objeto él Comandante, puede que no fuera una batalla sencilla de ganar y el gran número de bajas fuera inevitable pero confiaba en la fuerza de su propio Ejército.
-No correré ningún riesgo, un solo grado de arroz podría inclinar la balanza ¡Un hombre podría ser la diferencia entre la victoria y la derrota!-Sentenció él Emperador sabiamente, a lo que él Li se inclino obedientemente.
-¡Eres una desgracia! ¡Podrás parecer una novia...pero no brindarás honor a tu familia Nunca!-
Las palabras cubiertas de ponzoña se repetían en su mente causándole un gran malestar, estaba tan avergonzada por lo sucedido y se sentía incapaz de ver a su Padre al rostro, no después de saber las expectativas que este había tenido respecto a ella ese día. ¿Como había sido posible que su visita a la Casamentera resultara tan mal?, quería estropearla pero no a tal extremo, no era su intención dañar a nadie ni mucho menos prenderle fuego a la mujer. Quería hacerlo bien para darles a sus Padres algo de lo que estar orgullosos, pero no lo suficiente como para atraer la tención de algún posible esposo, aunque al parecer ya no tendría que preocuparse por esto luego del escándalo que armo.
-Mulán-Llamo Zhou caminando hacia ella, a lo cual esta simplemente le dio la espalda. Zhou suspiro tomando asiento a su lado buscando las palabras que pudieran consolarla, sonriendo al ver los cerezos en flor -Vaya...vaya...que hermosos retoños tenemos este año-Comento en tono alegre -Mira ese, todavía esta cerrado-Señalo a la par que tomaba el broche de su regazo y la colocaba con suavidad en el largo cabello ébano a modo de adorno.
-Apuesto que cuando florezca será el más hermoso de todos-Aseguro él Fa acariciando su rostro y provocándole una sonrisa en la más joven. Cuando repentinamente fueron interrumpidos por el sonido de un tambor, el cual retumbo por toda la ciudad, sonido que Zhou reconoció indudablemente.
-¿Qué es eso?-Pregunto Mulán mientras veía a su Padre levantarse y dirigirse a fuera de la casa, lo siguió de cerca extrañada por la situación.
-Mulán quedate adentro-Pidió Li deteniéndola en la puerta, saliendo junto a su marido. Sin embargo la Abuela Fa discretamente le hizo una señal con la mano, indicándole que observara oculta por sobre la pared lo cual hizo de inmediato logrando admirar a los soldados montados portando banderas con el escudo de China.
-¡Ciudadanos! ¡Traigo una proclamación de la Ciudad Imperial! ¡Los Hunos han invadido China!-Exclamo él Consejero real, Chi-fu. Mulán ahogo un gemido ante aquel anunció ¿Tan cerca se encontraban? Pero trato de desechar la idea recordándose que habían venido a declarar la Guerra contra el Imperio. Sin embargo eso no le impidió a su corazón velar por el deseo de que Battar pudiese encontrarla.
-¡Por ordenes del Emperador un hombre de cada familia deberá enlistarse en el Ejército Imperial! ¡La familia Shao!-Llamo dando entrega del pergamino de reclutamiento -¡La familia Yi!...¡La familia Fa!-Dijo e inmediatamente un frío recorrió él cuerpo de la Fa más joven.
-No...-Murmuro horrorizada ante la idea, observando como su Padre se desprendía de su bastón entregándolo a su Madre tratando de mostrar fortaleza mientras caminaba hasta el soldado para recibir aquel pergamino. Mulán sintió que su cuerpo se movía por si solo.
-Estoy dispuesto a servir al Emperador-Aseguro Zhou inclinándose respetuosamente, no obstante antes de que pudiera tomar el rollo su hija se interpuso entre ellos.
-¡Padre no puedes ir!-Grito Mulán anteponiéndose frente a él -Por favor Señor, mi Padre ya ha peleado valientemente...-Suplico la Fa antes de ser abruptamente interrumpida.
-¡Silencio!-Callo Chi-fu mirándola con desaprobación -Debería enseñarle a su hija a no abrir la boca en presencia de un hombre-Espeto él Consejero ladeando la cabeza con desdén.
-Mulán...me estas deshonrando-Murmuro Zhou gravemente. Ella quiso decir algo, seguir insistiendo para que dejaran a su Padre en paz sin embargo la mirada de su Madre le indicó que solo empeoraría la situación, por lo que se obligo a morderse la lengua limitándose en bajar la cabeza y hacerse a un lado.
-En el campamento mañana-Dijo Chi-fu entregándole el pergamino.
-Si, Señor-Asintió Zhou seriamente.
Cuando llego la noche Mulán no podía deshacerse de la punzante sensación que quemaba su pecho, y no entendía como todos podían actuar tan normales, como si nada pasara. Ella era muy consciente de que su Padre partiría sabiendo que no volverá, apenas podía caminar, aquella herida de batalla lo había dejado lesionado de por vida, era imposible que lograra defenderse en una Guerra en ese estado debilitado. Su pecho dolía ante la angustia mientras oprimía con fuerza la taza de té que tenía entre sus manos, lo habían llamado a una muerte segura. No pudo contenerse más y azoto la taza contra la mesa generando un fuerte ruido.
-¡No es tu obligación!-Grito levantándose abruptamente de la mesa.
-Mulán...-Dijo Li con sorpresa.
-¡Hay muchos jóvenes que lucharan por China!-Aseguro la pelinegra.
-Es un honor proteger a mi pueblo y a mi familia-Dijo Zhou seriamente, rehuyendo de su mirada.
-¡¿Así que morirás por tu honor?!-Cuestiono Mulán, el enojo la atravesaba ante esas engreídas palabras.
-Tengo que hacerlo por dignidad-Explico él Fa.
-Pero...-Iba a objetar sin embargo su Padre se levanto empujando la silla, encarándola con dureza.
-¡Se cual es mi lugar! Y ya es tiempo de que conozcas el tuyo-Exclamo Zhou.
Los ojos de Mulán se abrieron con sorpresa y desilusión antes de abandonar la habitación, corriendo con prisa sin que ninguno de sus familiares tratara de detenerla. Salió al jardín sujetándose de una de las columnas de la casa, tratando de contener las angustiadas lágrimas sin éxito pues estas comenzaron a recorrer sus mejillas como hace mucho tiempo que no sucedía, confundiéndose con la lluvia que se hacía presente. No pudo regresar a la casa, tratando de despejar su mente sentándose a los pies de la gran estatua que esculpía un Dragón de piedra, permitiendo que la fría agua torrencial la bañara empapando completamente sus ropas.
El cielo tronaba iluminándose ferozmente con los relámpagos que resonaban, cerro los pesados parpados que ya habían enjugado las ultimas lágrimas y apoyo la mejilla contra sus rodillas tratando de pensar en una solución, la que fuera, amaba a su familia con todo su ser pese a todo y no quería que esta fuera dañada de ninguna forma, ni siquiera a causa del deber, mucho menos del honor. Su mente lógica formada por años de cultura Han le decía que debía resignarse ante lo inevitable, pero su corazón...su corazón que aun vivía bajo la libertad de un Huno le dictaba que debía resguardar la vida de su Padre, solo entonces un alocado pensamiento acudió a su mente ¿Acaso no podía ser útil solo por no ser hombre?
En la Guerra nada es la fuerza sin un gran cerebro, y estaba más que dispuesta a luchar para proteger lo que era importante para ella. La decisión ardió con fuerza y no dudo ni un momento, ni siquiera cuando sus impulsivas acciones la llevaron a partir de su pacífico hogar vestida como un soldado portando la espada de su Padre, y a Khan como única compañía para luchar en una Guerra en su nombre. Los espíritus familiares observaron cada paso que dio e inmediatamente la Fa de mayor edad fue advertida de su partida, lamentablemente no lo suficientemente rápido como para parar sus acciones. La anciana corrió inmediatamente a la habitación contraria iluminando con una lampara la tenue oscuridad, despertando al matrimonio dormido.
-¡Mulán se ha ido!-Anuncio la Abuela Fa.
-¿Qué?-Murmuro Zhou con sorpresa, notando entonces el broche que yacía en el lugar donde debía estar su aviso de reclutamiento -No puede ser-Susurro en un gemido ahogado, procediendo a confirmar que efectivamente su armadura había desaparecido. Sin importarle nada más, salió corriendo de la casa en plena lluvia -¡Mulán!-Grito y por su estado cayo al suelo mojado.
-Debes ir tras ella, podrían matarla-Dijo Lin acudiendo a su lado.
-Si la descubro...morirá-Dijo Zhou con dolor, viendo como el rostro de su esposa se contraía ante la pena y la preocupación cubriéndose la boca para amortiguar el llanto. La Abuela Fa miro la escena con tristeza, procediendo a dirigir la mirada al cielo.
-Ancestros escuchen nuestra oración, cuiden a Mulán-Rezo la anciana colocando toda su fe en esas palabras, a pesar de que en el pasado jamás considero que estos pudieran brindar una ayuda real. Y los espíritus actuaron en consecuencia, sin embargo por diversos sucesos fuera de su control él Gran Dragón de Piedra que debía traer a Mulán de regreso, fue sustituido por la ayuda de Mushu y Cri-Kee.
Los relinchos de los caballos perforaban el aire y el golpeteo de los cascos hacía eco en la tierra mientras el basto Ejército Huno se movilizaba velozmente a través de los limites del Imperio, adentrándose aun más en los territorios de China en ruta directa a la Ciudad Imperial. No obstante Shan-Yu jalo las riendas deteniendo repentinamente su andar apresurado, dando una señal para que los demás hicieran lo mismo siendo obedecido de inmediato, ninguno de los soldados emitió ni un solo ruido mientras él Rey Huno indicaba a tres de sus subordinados más cercanos revisar el perímetro. Estos se perdieron en la vegetación circundante solamente para regresar en compañía de un par de soldados Han.
-Espías Imperiales-Dijo Mogaku empujando bruscamente a los hombres, tirándolos al suelo, parado junto a Nakudu y Tudu.
Battar se bajo lentamente de su corcel negro caminando con pesadas ancadas hacia él par de espías, quienes temblaban en su lugar mientras veían al Huno retirarse la capucha solamente para revelar sus duras facciones, a la par que Hayabusa volaba por sobre ellos y se posaba en su hombro emitiendo un chirrido molesto en dirección de los Han, como si de alguna manera compartiera el mismo desprecio arraigado que sentía su amo. Los rostros de los soldados palidecieron cuando él Guerrero se agacho hasta su altura, sonriendo con una oscura diversión mientras anudaba burlonamente la pañoleta verde de uno de ellos.
-Shan-Yu...-Murmuro él mayor de los dos, mostrando una expresión aterrorizada.
-Buen trabajo Señores...encontraron el Ejército Huno-Dijo Battar señalando a su Armada, provocando risas maliciosas en sus hombres.
-Él Emperador te detendrá-Aseguro él más joven imprudentemente.
-¿A mi?-Dijo Shan-Yu dramáticamente -Pero si él me ha invitado-Aseguro antes de tomarlo violentamente del cuello y alzarlo por sobre el suelo sin esfuerzo alguno, provocando que este se retorciera ante la falta del vital oxígeno -Al construir la muralla ha retado mi fuerza y responderé su desafío-Espeto soltando al soldado sin cuidado.
-¡Vayan! ¡Díganle al Emperador que envíe lo mejor de su Ejército!...Estoy listo-Incentivo con confianza permitiéndoles marcharse, observándolo correr a la distancia mientras procedía a rascar su barbilla con exagerada tranquilidad -¿Cuantos hombres se requieren para enviar un mensaje?-Cuestiono a sus hombres a la par que una sonrisa malvada surcaba sus labios.
-Uno-Respondió Tudu en igual tono, apuntando su arco hacia él de rojo. Lo que se escucho después fue el inconfundible sonido de la flecha cortando el aire, antes de impactar y un cuerpo cayo inerte al suelo.
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Demás sucesos de la película
(Realmente nada cambia en este período)
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El ambiente era frío y la blancura de la nieve rodeaba todo a su alrededor en el paso Tung Shao, pero era el miedo lo que en verdad helaba los huesos del pequeño grupo de soldados Han. Haber sido descubiertos luego del descuido de Mushu con los cañones en la carreta los había dejado en medio de un peligro inminente, observando como la imparable fuerza bárbara descendía colina abajo con las espadas desenfundadas y la clara intensión de acabar con los últimos restos que quedaba del alguna vez poderoso Ejército Imperial. Sin embargo los soldados se mantenían firmes en su lugar, dispuestos a luchar hasta la muerte por su honor, utilizando la única carta que tenían a su favor.
-Yao...apunta el callón a Shan-Yu-Ordeno Shang, si iban a morir por lo menos se llevarían a la tumba al Líder de aquel Ejército.
Mulán observo desde su lugar a espaldas del General la inmensidad de aquella Armada, y no pudo evitar el estremecimiento que le recorrió el cuerpo entero ante el anunció de una muerte devastadora. Respiro profundamente observando el filo de su espada frente a si, lo único que les quedaba era morir luchando pues eran crudamente conscientes de que jamás podrían ganar contra una fuerza así, entonces se fijo en la imagen que se reflejaba en el pulido metal, en el cual se veía con claridad el empinado pico de la montaña, una rápida y loca idea cruzo su mente. Sabiendo que no había mucho tiempo empujo a Yao a un lado y tomo el callón, corriendo en dirección del enemigo.
-¡Ping regresa!-Grito él Capitán Li con notable preocupación -¡Ping! ¡Detente!-Fue más un pedido que una orden. Mulán avanzo varios metros apuntando la boca del cañón justo a la cima de la montaña, con la idea de causar una avalancha que enterrara al Ejército Huno mientras escuchaba a sus compañeros correr detrás de ella.
-Haber a que hora se te ocurre encender eso-Exclamo Mushu comenzando a entrar en pánico -¡Deprisa hazlo ya!-Grito él Dragón en su hombro.
Mulán froto con fuerza el encendedor tratando de crear una chispa, pero sus manos temblaban demasiado por la presión del momento y la piedra se le resbalaba de entre los dedos. Sin embargo cuando un familiar chillido resonó sobre ella, alzo la mirada solo para toparse con la figura de un Halcón de impecable plumaje oscuro sobrevolando el lugar, aquella imagen la paralizó de inmediato...¿Hayabusa?...Regreso la vista al frente y la posibilidad de que Battar pudiera estar entre todo ese Ejército la freno, fueron tres segundos de intenso debate mental que finalmente la llevaron a tomar una dura y quizás equivocada decisión. Soltó la piedra levantándose para enfundar su espada.
-¡¿Qué estas haciendo?! ¡Se acerca! ¡Dispara!-Grito Mushu evidentemente asustado.
-Lo siento...pero tendrás que confiar en mi-Dijo la Fa metiendo al pequeño Dragón dentro de su armadura.
Entonces se giro velozmente hacia sus compañeros quienes acababan de llegar hasta ella, y con una rapidez y precisión impactantes golpeo el mango de la espada de su Padre contra la cabeza del más cercano tirándolo al suelo inconsciente. Totalmente desprevenidos Yao, Ling y Chien Po cayeron desmayados sobre la fría nieve, pero completamente intactos ante la sorpresa casi palpable de su Capitán quien fue él único de los hombres ahí presentes en intentar contraatacar, solamente para ser bloqueado y reducido eficazmente por el brazo de la pelinegra quien lo observo con ojos repletos de tristeza pero indudablemente decididos.
-En verdad lo siento-Se disculpo Mulán antes de golpearlo justo en la frente y lo ultimo que este vio al caer fue el triste rostro de ''Ping''
Sin duda no era la decisión más prudente que Mulán había tomado en su vida, probablemente era incluso peor que su idea de alistarse en el Ejército Chino en primer lugar suplantando el lugar de un hombre, pero ya no había tiempo para lamentaciones. Inhalo una gran bocanada de aire frío que lleno sus pulmones completamente, mientras venía a la Armada Huno desacelerar lentamente su carrera ante la orden directa de su líder quien había visto la peculiar escena de traición lleno de curiosidad. Mulán sujeto con fuerza su arma infundiéndose de valor y manteniendo su guardia en alto, viendo como estos terminaban acercándose en un lento galope, muy diferente a como había sido su acercamiento inicial.
Shan-Yu detuvo su caballo algunos metros adelante, bajando del animal con un sonido seco ocasionado por sus botas empuñando su propia espada mientras caminaba sin ninguna clase de vacilación hacia ella, con paso lento pero firme. Cuando estuvo lo suficientemente cerca antes de que esta tuviera la oportunidad de hacer algo alzo el arma apuntando el peligroso filo a la garganta contraria, en clara amenaza, a la par que la estudiaba en silencio reluciendo su completa desconfianza. Ella dejo de respirar por un momento y se mantuvo inmóvil esperando que no terminara cortándole el cuello, entonces Hayabusa descendió de lo alto del cielo y se poso sobre el hombro del Huno.
-¿Quién eres?-Cuestiono Shan-Yu, siendo claro por su tono que quería una respuesta rápida.
-Yo...-Murmuro Mulán cuando la luz reflejada en el arma golpeo sus ojos, solo entonces reparo en ella.
Quedando pasmada cuando reconoció el diseño único de la peculiar espada, de hoja irregular que ahora la amenazaba...imposible...se dijo mentalmente a la par que sus pupilas lo recorrían a profundidad notando a primera vista su figura gigantesca y musculosa, empezando desde abajo notando sus botas negras con forro gris pasando a sus pantalones oscuros, fijándose en el guante que llevaba en la mano izquierda, llegando al grueso abrigo bicolor que cubría su pecho para finalmente llegar a su rostro. Tenía el cabello negro con piel morena a juego, un bigote en forma de herradura, una nariz afilada, junto a una frente y pómulos prominentes.
Entonces se fijó en sus ojos, los ojos fríos y opacos que le devolvían la mirada esperando una respuesta y entonces estuvo segura. Estaban muy lejos de ser los cálidos y cariñosos que contemplo en el pasado pero sin duda eran los mismos, jamás ni en cien vidas posteriores podría olvidar esos preciosos ojos ámbar, los cuales ahora poseían esclerótica negra con la intención de intimidar aun más al enemigo. El cuerpo entero de Mulán tembló con emoción contenida, sintiendo las lágrimas comenzar a picar a la par que una escurridiza sonrisa se formaba en sus labios como queriendo gritar al mundo su alegría.
-..¿B-Battar?-Susurro la Han con voz temblorosa, claramente femenina que contradecía su actual apariencia. Y el agarre del Huno repentinamente flaqueo, casi soltando su espada, hace mucho tiempo que nadie lo llamaba por su nombre -Battar...¿Eres tú..?-Pregunto Mulán con clara esperanza, a pesar de conocer de antemano la respuesta.
-¿Como sabes..?-Murmuro él Huno con clara confusión, antes de que su expresión volviera a endurecerse -¡¿Quién eres?! ¡Responde!-Demando Shan-Yu agresivamente perdiendo la paciencia, refirmando la amenaza con su espada.
-Soy yo...Mulán-Respondió la pelinegra suavemente, sin molestarse en seguir fingiendo y el rostro del Líder Huno palideció de inmediato, bajando el arma en reflejo.
-¿Mulán..?-Murmuro Battar abriendo los ojos con sorpresa, evidentemente incrédulo.
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Para mis lectores
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Abril Elena: En la Guerra nadie jamás gana lamentablemente. Y a mi modo de ver la Abuela Fa era como su nieta en su juventud, un espíritu libre, y así es como hubiera sido Mulán de no haber vivido entre los Hunos o de haberse resignado a vivir con la cultura Han. XD bueno ya veremos la primera interacción de Battar y ella en el siguiente capítulo, lo emotivo de los años separados y la intensidad de afrontar todo lo que a sucedido en ausencia del otro, será una charla intensa. Me alegra que te guste y espero más de tus comentarios XD.
Guest: Gracias por comentar XD
Ginny miau: Me encanta lo que dijiste ''el inicio de una leyenda'', pues es más o menos como será el final de esta historia XD. Y si, nada justifica la muerte, pero los sucesos tratan de dar explicación a como se llego a ese punto en la historia de Disney que altere XD, además de que era una época en la que la violencia y crueldad iban de la mano aunque el ejecutor no fuera precisamente malo. Espero leerte pronto
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Dato curioso:
-La esclerótica negra es un tatuaje escleral muy común, en el que se inyecta tinta en la parte blanca del ojo, usado tradicionalmente en el pasado hasta la actualidad.
-Los Hunos permitían que las mujeres sirvieran en el Ejército, y muchos de los peores crímenes de Guerra fueron causados por mujeres. A pesar de que no parece haber mujeres en el Ejército de Shan-Yu, esto podría simplemente ser porque en la mayoría de los casos las mujeres generalmente se quedaban atrás para defender el territorio, cuidar el ganado, los niños o la propiedad mientras los hombres estaban peleando
-Fue Modu Chanyu quien fundo el Imperio Xiongnu y unió sus tribus, no Genghis Khan como coloque, sin embargo la película de Mulán 1998 tiene un error histórico y fueron los Xiongnu los asaltantes tribales que atacaron a China durante la época de Mulán. Sin embargo los Hunos si descienden de estos.
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¡Yo escucho todo siempre y cuando no sea mal intencionado XD!
