Los más allegados al imponente Líder Huno se quedaron pasmados en su lugar al verlo tambalearse, a la par que este retrocedía sobre sus propios pasos, mientras admiraba con desasosiego a la pequeña figura del soldado Han que se encontraba frente a él. Battar exhalo pesadamente y su aliento se materializo ante el frío de la montaña, sus ojos parpadeaban como sino creyera lo que estaba viendo a la misma vez que sentía una fuerte opresión instalarse en su pecho, que le instaba a bajar el arma que empuñaba contra él contrario. En ese momento, él mismo hombre frío y despiadado que había traído el fuego del terror a las tierras Chinas, titubeaba ante la presencia de un simple soldado Imperial...o eso parecía.
-No...es posible...-Murmuro Battar con clara incredulidad, los Han no permitían que sus mujeres sirvieran en el ejército, era imposible que pudiesen toparse en un lugar como ese.
-Mulán no me digas que conoces a este loco...-Decía Mushu asomándose por el cuello de su camisa en la parte de la espalda, sin embargo la mano de la pelinegra rápidamente cubrió la boca del diminuto Dragón callándolo, procurando de que este no fuera visto por él Huno.
-¿No reconoces a tú propia esposa?-Pregunto Mulán con una sonrisa melancólica dirigiéndole una mirada comprensiva. Los ojos de Mushu casi se salieron de sus cuencas ante esas palabras, mientras que Battar por su parte simplemente fruncía el ceño debatiéndose internamente si aquello podía tratarse de una dulce realidad o simplemente ser una baja treta del destino.
-Pero esta bien...-Continuo la Han, notando su desconfianza -Yo tampoco me creía capaz de reconocerte en cuando nos volviéramos a ver-Confesó sinceramente, mientras procedía a retirar lentamente la cinta que sujetaba su cabello.
-Sin embargo por mucho que transcurra el tiempo, hay un par de cosas que nunca olvidaré-Dirigió la mirada hacia el halcón que descansaba sobre el hombro de Battar, él animal movía la cabeza agitadamente observándola con curiosidad como si se estuviera preguntando si la conocía de alguna parte, entonces volvió los ojos hacia él Huno.
-Hayabusa y la espada que te obsequie hace tanto son imposibles de olvidar, pero sobre todo... cuando miro tus ojos se que él hombre frente a mi es él mismo muchacho con el que me case-Murmuro Mulán con una sonrisa dejando caer su cabello.
Las pupilas ámbar se deslizaron por su rostro observándola con pasmada atención, y aun pese a todo el tiempo le resulto fácil encajar los desgastados recuerdos que albergaba en su mente con los rasgos que ahora contemplaba. Estaba más madura y el aura que portaba era sin duda la de un soldado que había sido preparado para la guerra, sin embargo aquel rostro redondo de tez blanca y grandes ojos oscuros enmarcados por un sedoso cabello azabache seguían siendo exactamente como los recordaba, igual a una muñeca de porcelana. Ahora sentía que era inaudito el no haberla reconocido antes, y la realidad de lo que pudo haber hecho lo golpeo con fuerza.
-Shan-Yu-La demandante voz de sus hombres lo regreso al presente, su rostro se endureció nuevamente y su postura regresó a la normalidad.
-Acamparemos aquí-Ordeno Battar severamente, pasando de una expectante Mulán para dirigirse hacia sus soldados.
-Pero Señor, este no es un lugar apro...-Objetaba uno de sus subordinados siendo callado violentamente.
-¡Dije que acamparemos aquí!-Grito él Huno sin paciencia y Hayabusa salió volando, emprendiendo vuelo nuevamente -Preparen todo-Ordeno seriamente a la par que le dirigía una ultima mirada a la Han antes de darle la espalda.
-Si, Señor-Dijeron los Guerreros al unisono, sin atreverse a contradecirlo. Battar dio un paso al frente, no obstante la pesada mano de Nakudu se instalo en su hombro deteniéndolo.
-¿En cerio es ella?-Pregunto él moreno en voz baja. Él aludido simplemente se limito a asentir en confirmación, causando la sorpresa en sus compañeros de infancia quienes observaron a la nombrada.
-¿Qué hacemos con los soldados?-Pregunto un soldado acercándose hasta ellos.
-A ella déjenla viva, la quiero ilesa-Pronuncio Battar gravemente, lo suficientemente alto como para que todos los presentes escucharan -Al resto...-Decía él azabache y sus subordinados ya se encontraban desenvainando sus espadas esperando la habitual orden, sin embargo antes de que su Líder pudiese terminar la oración fue cortado por una voz suave.
-Por favor, no los mates-Mulán se apresuro a decir, él Huno continuo dándole la espalda pareciendo meditar su pedido durante varios segundos en los que la Han contuvo el aliento, preocupada por la seguridad de su compañeros, sin embargo para su gran alivio vi como este hacía una señal a sus soldados para que bajasen las armas.
-Atenlos, serán nuestros rehenes-Sentenció Battar sin ninguna pizca de emoción en su voz.
Los hombres parecieron decepcionados sin embargo no tardaron en acatar inmediatamente sus ordenes, procediendo a arrastrar sin cuidado a los inconscientes soldados imperiales para luego sujetarlos con gruesas sogas al lomo de los caballos, a los cuales estos al despertar no podrían mover o ni siquiera robar debido a la lealtad que los animales tenían a sus amos. Mulán observo la ancha espalda de su esposo alejarse de ella sin que le devolviera la mirada otra vez, no pudo evitar sentirse triste ante esto, incluso si no era como lo había imaginado siempre pensó que su reencuentro sería mucho más emotivo que aquel trato frío.
Suspiro profundamente, tratando de no darle importancia a los cientos de ojos fieros que la observaban con exagerada atención, casi como si esperaran que ella fuera a arremeter contra alguno de ellos en cualquier momento. Ante la estricta vigilancia de Mogaku pudo acercarse hasta Khan, él Huno parecía asegurarse de evitar cualquier intento de escape a la par que permanecía incrédulo ante la identidad de la Han recientemente descubierta, actualmente eran contadas las personas que conocían que su Líder si quiera estaba casado, por lo que a parte de él y los hombres con quienes compartió su infancia nadie de ahí sabía quien era ella.
Si en cerio la mujer que veía era la esposa de su viejo amigo entonces estaba seguro de que las cosas podrían complicarse rápidamente, comprendiendo la forma distante de actuar de Battar a pesar de tener frente a sus ojos lo que más había anhelado los últimos cinco años. Mogaku miro el esmero con el que la pelinegra acariciaba al caballo antes de dirigirle una sonrisa, él Huno se tenso y sus dudas se dispersaron, sin duda alguna esa Han era Mulán. Las tiendas fueron instaladas con una gran eficiente rapidez y fue solo entonces cuando la potente voz de Shan-Yu se escucho, indicándole a la Han que deseaba tener una conversación privada con ella. Mulán discretamente deposito a Mushu en uno de los bolsos del lomo de Khan junto a Cri-Kee.
-Mulán...por favor, explícame lo que esta pasando-Pidió él Dragón.
-Tranquilo, prometo que luego te lo contaré todo-Dijo la Han con una sonrisa que buscaba inspirar confianza.
Mushu aunque algo dudoso asintió permaneciendo en su lugar mientras la Han se alejaba lentamente de ellos dejando un camino de huellas sobre la nieve, dirigiéndose hacia la tienda principal donde él Líder Huno la esperaba, abrió la puerta para ella y esta entró. La pelinegra agradecía finalmente tener la privacidad necesaria, suspirando profundamente preparándose para lo que seguramente sería una situación difícil de llevar, sin embargo para su atónita sorpresa Battar la sujeto firmemente de un brazo y la tiró hacia él para seguidamente oprimirla contra su pecho en un abrazo. Mulán parpadeo totalmente incrédula ante la muestra de afecto, la tenía sujeta con tanta fuerza que a penas sentía que pudiera moverse, pero no tanto como para lastimarla.
-No tienes idea cuanta falta me hiciste...-Murmuro Battar con la respiración agitada, como si le faltara el aliento. Mulán tembló ante esas palabras, aferrándose a él mientras ocultaba el rostro en las ropas de su pecho.
-Por favor...no permitas que me vaya de nuevo...-Dijo la Han con la voz rota, sintiendo la mano contraria posarse en su cabeza.
-Ahora que te tengo de vuelta, nunca más te dejaré ir-Susurro Battar en su oído. Tomaron distancia y Mulán pudo ver como sus ojos antes duros y fríos ahora estaban dotados de una dulzura y una calidez que parecían inexplicables. Sonrío genuinamente con eso, mientras él trazaba pequeñas líneas con la yema de los dedos por su mejillas hasta finalmente llegar al contorno de sus labios.
Los dos se fueron acercando lentamente y cerraron los ojos, en principio aquel toque de labios resultó tentativo y dulce a penas un roce entre sus pieles, la de ella cálida y fresca, fría y tosca la de él, ambos asustados. Había transcurrido mucho tiempo desde que ambos esposos compartieron un beso por ultima vez, Battar sintió un ápice de escepticismo ante la emoción que nublaba sus sentidos. La sensación de los labios de Mulán contra los suyos era la mejor sensación que había sentido en la vida, si antes estos besos le habían transmitido la fuerza para continuar batallando y no perderse a si mismo en el mar de sangre que era la guerra, ahora el amor que le ofrecía en ese beso se convertía en un bálsamo milagroso que sanaba su alma fracturada.
Sabiendo que habían sido las egoístas acciones de terceros lo que lo habían mantenido lejos de esos besos durante tantos años lo enfurecía por dentro, él entregaría cualquier cosa y haría lo que fuese para tener esa caricia y esa compañía por el resto de su vida, para despertar cada nuevo día con sus besos y dormir en la compañía del otro. Pronto aquella inocente caricia derivo en la apremiante necesidad de tocarla, sus manos callosas acunaron sus mejillas sintiendo la cosquilleante sensación de las puntas del corto cabello azabache. El aromo que emanaba su piel le resultaba tan familiar que le provocaba nostalgia, seguía siendo exactamente la misma esencia a flores silvestres que había extraño cada día de los últimos cinco años.
Conducido con el deseo de sentirla aun más cerca, envolvió su espalda con los brazos y la atrajo contra si, era tan pequeña, siempre lo había sido pero ahora la diferencia entre ambos era mayor. La estrechó contra si, anhelando mantenerla cerca suyo así para siempre, la discreta curva de sus pechos se hizo evidente al presionar contra su pecho. Cada movimiento manso y sin ninguna prisa, cada toque en una fina caricia hasta que finalmente ella quedo completamente expuesta ante él, sin cubiertas que los separaran. El deseo quemaba con fuerza en su pecho pero en lugar de responder a esos deseos, prefirió tomarse su tiempo para memorizar cada nueva curva de su cuerpo, cada nuevo cambio que la hacía diferente a su memoria de hace años atrás.
Sus pechos habían crecido, sus cabellos también eran más cortos que antes. Las temblorosas manos de Mulán recorrieron el pecho descubierto de su esposo, sus pectorales eran más grandes de lo que recordaba y los músculos de su cuerpo se habían definido a un punto en que hacía ver al difunto Atila como un joven escuálido. Con paciencia y cariño fue trazando con sus pequeños dedos cada una de las nuevas cicatrices que ahora pintaban su anatomía, besando y acariciando como en un intento de compensar el dolor. Battar cerró los ojos dejando escapar un suspiro al sentir aquellas angelicales manos tocándolo, tantos años de abstinencia sin duda lo habían hecho olvidar el placer que el cuerpo era capaz de sentir.
Así transcurrieron perdidos en la presencia del otro descubriéndose nuevamente, hasta que finalmente la tal esperada unión fue llevada a cabo con vergüenza y temor pero sin ningún ápice de duda en su ser, sintiéndose completos igual que en el pasado. Mulán se sostenía poniendo ambas palmas de sus manos en el pecho de él, mientras este las mantenía firmemente en sus caderas para ayudarle con los movimientos proporcionados, era una nueva forma de hacer el amor, de permitir que ella llevara el control al estar encima de él semi-sentada.
Hicieron el amor de una manera suave pero profunda, con calma pero desgarradoramente necesitados, las embestidas se hicieron más rápidas y fuertes proveyendo el punto culminante del acto: sintió como su miembro se llenaba de su humedad acompañado de un ultimo gemido de placer seguido del suyo al depositar su semilla en su interior. Cuando el clímax los sacudió finalmente ninguno de los dos pronunció palabra alguna, solo se acostaron el uno junto al otro envueltos en un abrazo, Mulán recostó la cabeza en su fornido pecho sintiendo la calidez de los fuertes brazos a su alrededor respirando entrecortadamente por el esfuerzo realizado, mientras oía el latir acelerado del corazón de su esposo como queriéndose salir de su pecho el cual subía y bajaba constantemente.
Había pasado tanto tiempo desde la ultima vez, que el desacostumbrado cuerpo de Mulán no pudo evitar caer presa del cansancio agotador, durmiéndose en compañía de su amor feliz y segura como debió haber sido siempre. Battar la observo en silencio, tan dulce y apacible, él que había sobrevivido estos años alimentándose únicamente de la amargura y el odio, al verla sentía que ella era como una luz que iluminaba todo su ser extinguiendo lentamente la oscuridad, la cual aunque seguía presente ya no tenía la misma fuerza de antes. Apretó su agarre sobre ella depositando un casto beso en su cabeza, se encontraba tan tranquilo y confortable de tenerla ahí con él que finalmente aquel vació que siempre sintió en su ausencia se había extinguido.
-Tú perteneces aquí a mi lado, como siempre debió ser-Murmuro suavemente contra su cabello -Nunca más nadie volverá a separarnos-Le juro procediendo entonces a cubrir sus cuerpos con una gruesa manta, que los mantendría a salvo del frío, reposando en aquel lecho improvisado.
Se permitió cerrar los ojos de manera breve, confiando plenamente en que ninguno de sus hombres se atrevería a interrumpirlo hasta que acabase con sus asuntos y por lo visto eso no sería pronto. Difícilmente solía conciliar el sueño pero en presencia de su esposa le resulto extrañamente sencillo, recordándole los viejos tiempos cuando niños dormían uno junto al otro brindándose calor en aquellas noches frías. Un tiempo después cuando Mulán despertó lo primero que vio fue el techo de aquella tienda, tomándose un momento para reconocer el lugar donde se encontraba, sin embargo al ver la ancha espalda del Huno sentado junto a ella todos los recuerdos de lo sucedido regresaron a su mente.
La dicha y la preocupación la invadieron en partes iguales, estaba tan feliz de finalmente haberse reencontrado con el amor de su vida sin embargo no era ingenua como para ignorar todo lo que esto implicaba. Battar era su esposo, si, y lo amaba pero eso no borraba el hecho de que este también fuera Shan-Yu él Líder Huno que había invadido China con la intención de exterminar su nación. La Han dejó escapar un pesado suspiro antes de levantar la mano apoyando la palma contra las cicatrices que si le eran familiares, esas tres hileras jamás las olvidaría. Él azabache le recorrió un escalofrío ante el contacto más no se aparto, en cambió se volvió hacia ella y se acerco regalándola la sonrisa más gentil que pudo formar.
-Ya despertaste-Dijo él Huno suavemente, la pelinegra acaricio su mejilla y este acuno su pequeña mano con la suya propia depositando un pequeño beso.
-¿Cuanto ha pasado?-Pregunto Mulán.
-No más de dos horas-Respondió Battar. La Han procedió a sentarse cubriéndose con las mantas sintiendo sus mejillas enrojecer ante el pudor, observando su armadura descansar al otro lado de la tienda -Te traeré algo apropiado que puedas vestir-Dijo él Huno, sin querer que esta siguiera usando el emblema Imperial.
-Battar ¿Qué piensas hacer ahora?-Cuestiono Mulán mientras este se levantaba y colocaba nuevamente sus ropas.
-Todo continuara según lo planeado-Respondió tranquilamente él moreno, como si de alguna forma no le diera importancia a esto.
-¿Te refieres a tomar China?-Pregunto la Han sintiendo preocupación ante la respuesta, él Huno la miro con tranquilidad.
-El único motivo por el que forme este ejército e invadí China fue para encontrarte-Confesó Battar notando la clara sorpresa de su esposa, quien parecía no poder creer que la razón de aquella reciente invasión fuera a causa suya -Un hombre es capaz de lo que sea por la mujer que ama-Explico él azabache.
-Battar..yo..-Decía Mulán antes de ser interrumpida.
-Sin embargo para lograrlo tuve que prometerle a los demás Jefes que les entregaría China, por lo que aunque mi objetivo ya hace sido logrado debo cumplir mi promesa-Dijo él Huno. Había pensado buscar a Mulán luego de tomar la Ciudad Imperial y tener el control de todas las provincias, pues al conocer su nombre y el de su familia no debía ser difícil encontrarla, incluso se aseguro que en cada uno de los pueblos que ataco no se encontrara alguna familia con el apellido Fa antes de matar a los aldeanos. Ahora aunque la tuviera consigo, debía cumplir con que se llevara a cabo el resto del plan.
-Pero es una promesa de sangre y muerte-Objeto Mulán en completo desacuerdo, ya había visto lo que Battar planeaba hacer, sería un escenario igual a cuando destruyo al ejército Imperial liderado por el Padre de Shang.
-Quizás, pero no puedo simplemente frenar la invasión y mucho menos cuando estamos tan cerca de la victoria-Dijo Battar seriamente, sabiendo que China ya no tenía como defenderse mucho menos su Emperador -Los mismos Han sellaron su destino con sus acciones-Concluyo él moreno, queriendo adsorberse de cualquier clase de culpa.
-Yo también soy una Han-Le recordó Mulán frunciendo el ceño -Y ese es mi pueblo, no es perfecto pero sin duda no merece tener aquel final. Hay muchas personas inocentes ajenas a este conflicto que pagaran a causa de acciones ajenas, familias y niños inocentes que sufrirán de la misma manera en que sufrieron los Hunos-Dijo la pelinegra.
-Solo devolvemos con creces todo el dolor infringido, pagar con la misma moneda no es represalia, es justicia-Dijo Battar sin dar su brazo a torcer, podían amarse pero era muy obvio que ambos estaban en lados opuestos de la balanza.
-Derramar toda esa sangre no devolverá la que ya se perdió-Objeto Mulán sabiamente -Ambas partes ya han sufrido lo suficiente, yo lo atestigüe con mis propios ojos, vi la crueldad que tanto Hunos como Han son capaces de hacer así como la bondad que pueden ofrecer. Ya es momento de dejar atrás todo ese odio y enemistad-Dijo la pelinegra -Ahora eres más que capaz de traer la paz en medio de tanta guerra-Señalo Mulán.
-No entiendes la magnitud de lo que me estas pidiendo-Espeto Battar seriamente negando con la cabeza -Si muestro alguna clase de debilidad frente a estos hombres, estos me matarían sin dudar. Mantener el poder y sobre todo el control de un ejército como este no es sencillo, debo cumplir mi promesa para mantenernos a salvo-Explico él Huno, sabiendo que eran el miedo y la promesa de venganza lo que aun lo mantenían como Shan-Yu.
-Están segados por el odio, pero estoy segura que detrás de todo ese resentimiento lo único que quieren es una existencia tranquila y poder vivir junto a sus familias en paz-Dijo Mulán.
-Aunque eso sea así...-Iba a objetar Battar.
-Por favor...se lo que hago, solo confía en mi ¿Si? Tengo un plan-Pidió la Han mirándolo con ojos esperanzados, él Huno dudo pero luego de unos segundos de titubeo la respuesta fue clara como el agua.
-Yo...confió en ti-Dijo Battar finalmente, tenía una fe irrefutable en su esposa y lo confirmaba ahora que colocaba el destino de sus vidas en sus manos.
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Para mis lectores:
Leer las notas finales por favor.
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Abril Elena: Muchas gracias por tu comentarios, los valoro mucho ya que siempre son los más largos que recibo XD. Mulán, por lo menos en mi historia, si le gusto Shang aunque solamente por que encontró características similares que le hicieron recordar a Battar e inmediatamente ese gusto murió poco después de empezar. El final de esta historia y como se resuelve el conflicto entre Hunos y Han estará basado en una leyenda China que me resulto muy entretenida. Espero más comentarios XD
Guest: Gracias por comenta.
Ginny miau: El entrenamiento era algo largo de escribir y realmente no hubiera cambiado nada además de agregar los pensamientos personales de Mulán mientras este se dabaXD. En el reencuentro era mucho más fácil que ella lo reconociera a él, pues no solo había rasgos distintivos sino que esperaría verlo en el ejército Huno sin embargo Battar jamás pensaría encontrarla sirviendo al imperio y mucho menos que esta estuviera disfrazada de hombre, pues no sé creo que era más difícil que este por mucho que quisiera la reconociera :V
SoraLee12: La duda que tienes creo que muchos también confundieron ese detalle, Mulán nunca aprendió a luchar cuando estaba junto a los Hunos, no recuerdo haber escrito de ella siendo adiestrada en combate físico, lo que si le enseñaron fue a montar y la arquería, lo que si era una costumbre Huno verdadera para todos sus miembros, y vi que concordaba con que en la película ella fuera buena montando y tirando flechas [en la escena del entrenamiento Han en que Mushu colocó tomates en la flecha que iba a lanzar Mulán, tengo que señalar que lo hizo antes de que si quiera esta intentara disparar]
Así que cada vez que a Mulán se le vio pelear durante su estadía con los Hunos lo hizo sin conocimiento previo de esto, solo dejándose llevar como hizo con la Huno que golpeo, fue una simple pelea de chicas pues se puede pelear sin ser adiestrado en combate. Explicando lo difícil que fue para ella superar a sus compañeros Han, pero según yo explicando la fortaleza que mostró. Esperó haber aclarado tu duda XD.
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Espero algún comentario inspirador, por que si soy sincera es solamente por ti, le hablo al que esta leyendo ahora, que continuo esta historia.
De lo contrario no sé si dar un final, ya que la inspiración la perdí hace mucho. Estoy algo deprimida y necesito tú apoyo.
Esta es la historia más popular que tengo y procuraré darle un buen final, pero espero me ayudes tanto tú que comenta activamente como quien me a agregado a favoritos y no comenta nada, pues aquel que lee sin decir no ayuda a que la historia que le gusta continué, hay que aceptar eso.
Ahora...
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¡No olvides dejar tu opinión XD!
