La Transferencia


—¡Me quiero volver chango! —exclamó Finn el humano mientras cargaba una manada de animalitos del bosque entre sus brazos al mismo tiempo que desesperadamente corría por su vida—. ¡¿Porqué no puedes seguir ninguno de mis planes, Jake?!

—¡Ay, Hermanito, no me culpes de nada! —respondió Jake junto a su hermano de toda la vida, haciendo lo mismo que él sólo que de una forma más exagerada, pues había aumentado su tamaño y cargaba el doble de animalitos que Finn—. ¡Creí mi jugada sería la más genial, de esas que dices "Osea jelou, qué plan tan asombroso, Jake. Te regalaré todo mi espagueti por un mes".

—¡Después de esto no te voy a dar de mi espagueti nunca! —sentenció Finn cerrando los ojos con fuerza acompañado de una clara expresión de enojo.

—¡¡Nunca me digas eso, Finn!!

Detrás de ellos, una de las montañas que adornaban el bosque explotó y un enorme monstruo de helado emergió del interior. Finn y Jake se detuvieron y voltearon a ver lo sucedido. Aquél monstruo levantó sus enormes garras y golpeó con fuerza el suelo, haciendo que todo a su alrededor saliera volando por los aires, incluidos Finn y Jake.

—¡¡AY, MAMACITA!! —gritó Jake presa del pánico.

—¡Jake, hazte bolita para amortiguar la caída! —pidió el humano al tratar de alcanzar a los animalitos del bosque que salieron volando de sus brazos.

Jake rápidamente reaccionó y usó sus habilidades de estiramiento para tomarlos a todos entre sus brazos, aumentar de tamaño y cubrirlos a todos; cayeron de lleno al suelo, rodaron cuesta abajo y se detuvieron. Jake volvió a la normalidad y junto a Finn se aseguraron que todos estuvieran bien.

—No hay heridos —aclaró Finn después de examinar a todos sus animalitos.

—Sí, ninguno —secundó Jake.

Ambos voltearon de nuevo hacia el monstruo de helado, seguía rugiendo y sacudiendo sus garras en lo alto. Los hermanos intercambiaron miradas inexpresivas hasta que Jake dijo algo.

—Ya nos cargó la... —

—No digas eso, hermano —lo silencio Finn al cubrirle la boca—. Tiene que haber una manera de acabar con ese monstruo todo feo para que no siga haciendo más destrozos.

—¿Y cómo en el nombre del queso Gravy lo vamos a hacer? —interrogó Jake alzando los brazos.

Finn se quedó pensando por unos momentos, reflexionando, para encontrar una manera; siempre debe de haber una, por muy difícil, extraña, y extravagante que sea. Miró fijamente al monstruo, observando cada aspecto de el, sus garras, extremidades, torso, cabeza todo su cuerpo.

—¡Eso es! —exclamó Finn al dar con una idea—. ¿No dijiste que tenías antojo de un helado esta mañana?

—Pues sí, ¿Pero eso qué tiene que ver con...? —Jake dejó incompleta la pregunta y volteó lentamente hacia el monstruo, pues ya había caído con la idea qur había tenido su hermano—. ¡Ah, mejor un plato de pudín de chocolate!

—'tas todo tonto, Jake. No tienes que comerte todo el monstruo, sólo finge que lo harás y ya.

—¡Ah, ya...! —Jake estaba completamente aliviado de saber todos los aspectos del plan, pues tenía miedo de que Finn le pidiera comerse todo el monstruo y terminara empachado—. Para la otra avísame. ¡¡AHORA SÍ SE ARMÓ LA GORDA!!

Con ese grito de guerra característico de Jake, se lanzó al ataque con todo lo que tenía contra el monstruo de helado; aumentó su tamaño hasta quedar igual que el monstruo y se lanzó sobre el, para luego soltarle una mordida en el hombro derecho. El monstruo rigió, y por su forma de hacerlo, Finn dedujo que estaba asustado; no fue el único en notarlo. Jake sujetó con fuerza al monstruo y lo arrojó al suelo para "Soltarle otra mordida"; el monstruo reaccionó a tiempo y empujó a Jake con toda su fuerza hasta caer de sentón al suelo, rápidamente el monstruo se levantó y salió despavorido del lugar. Jake se levantó y rugió con fuerza, imitando al monstruo.

—¡¡Jake, persíguelo un poco para que se asuste y no regrese!! —le pidió Finn desde el suelo, alzando ambos brazos por encima de su cabeza.

Jake levantó el pulgar y fue tras el monstruo.

Finn volteó hacia los animalitos del bosque y se agachó a su nivel para serciorarse de que se encontraban bien, y efectivamente todos se encontraban bien, un poco mugrosos, pero bien a final de cuentas.

—¡Son libres ahora, pequeños animalitos de la creación! —vociferó Finn al ponerse de pie—. ¡Ahora vayan y vivan sus vidas, pequeñines!

Los animalitos se levantaron y cada uno tomó su propio camino hacia la libertad. Finn estaba satisfecho, llevó ambas manos a su cintura mientras observaba cómo se iban los animalitos. Otro día de trabajo bien hecho y derecho.

Un ruido llamó su atención del humano, volteó en aquella dirección y agudizó más su oído para saber qué clase de ruido era, rápidamente lo dedujo: Alguien estaba cantando. Por desgracia conocía esa voz tan aguda y chillona.

—Rey Helado —siseó Finn.

Observó todo su entorno para saber la dirección correcta del Rey Helado, hasta que dio con él; se encontraba a su derecha, volando por los aires, pero Finn notó que no estaba sólo del todo, cargaba algo entre sus brazos: Un costal. Finn dedujo, por el tamaño, que se trataba de una Princesa, así que no sé quedó de brazos cruzados y actuó rápidamente antes de perderlo de vista; agarró una piedra del tamaño de su puño, colocó su mano detrás de su cabeza para prepararse a lanzarla con todas sus fuerzas directamente a la corona del Rey, y esperó el momento adecuado.

—¡Ahí te va la voladora! —y lanzó con todas sus fuerzas la piedra.

Finn observó cómo la piedra volaba por los aires, incluso con cierto efecto de curva, como si hubiera pateado un balón de fútbol, hasta golpear de lleno la corona del Rey; él y su costal comenzaron a caer, y fue ahí cuando Finn salió disparado como bólido para atrapar el costal, se lanzó con las manos por delante y apenas pudo atrapar el costal mientras que el Rey Helado se dio de cuernos sobre el césped. Finn desamarró el costal y liberó a la Princesa Mora de su secuestrador.

—Muchísimas gracias, Finn. Eres todo un sol —dijo la Princesa en todo dulce y amable, con un ligero rubor en sus mejillas.

—No hay de qué, Princesa. Para eso estamos.

La Princesa Mora abrazó tiernamente a Finn y salió corriendo, de una forma adorable y tierna según Finn; el chico humano echó un vistazo al Rey Helado, seguía inconsciente, así que decidió dejarlo ahí en lo que Jake regresaba.

Finn alzó la mirada hacia el cielo nocturno y contempló las estrellas brillantes, dejándose maravillar con su belleza y misterio; la última vez que había visto las estrellas fue hace ya muchos ayeres, cuando hicieron aquella fiesta en el techo de su Casa/Árbol, a la cual asistió la Dulce Princesa para presenciar aquella aurora boreal, un evento que sucedía cada cierto tiempo. Entonces un sentimiento de melancolía inundó al chico humano como abejas a la miel, y eso no le gustaba. ¿Porqué se sentía así? Sencillo, porque recordó a quien fue su primer amor, y que ahora era nada más que una amiga; su mejor amiga de hecho. Finn se preguntó porqué no tenía suerte con las Princesas si siempre le echaba ganas a sus métodos de conquista y plática con chicas. En ese momento deseó, con todo su corazón, que en algún momento llegara la ocasión en la que podría conocer a una chica con quien pudiera compartir su plato de espagueti y jugar a Los Guardianes del Sol. Ese era su más grande deseo.

En medio de todas aquellas estrellas destacó una que brillaba más que las demás, a una intensidad que podía distinguirse con claridad desde el punto de vista de Finn, lo que extrañó al humano; aquella estrella seguía brillando con intensidad, e incluso Finn creyó que había aumentado de tamaño, la observó más detenidamente y descubrió que sí había aumentado de tamaño. La estrella estaba creciendo; con cada segundo la estrella crecía más y más a tal punto que se podía comparar con un enorme globo, de aquellos que Finn había leído que eran para subirse en ellos y pasear. Luego de unos segundos, Finn llegó a la conclusión que la estrella no estaba creciendo, se estaba acercando a él.

—¡Santa cachucha, se dirige hacia acá! —gritó con todas sus fuerzas, sintiendo mucho pánico.

Era una enorme estrella que se dirigía directamente hacia él, ¿Cómo no sentiría pánico? Finn no sabía qué hacer, así que sólo se quedó parado, completamente congelado, viendo a aquella estrella acercarse.

Estando suficientemente cerca, la estrella brilló con mucha más fuerza que antes, luego se encogió hasta tomar la forma de un limón, se colocó frente a Finn y atravesó su pecho, directamente a su corazón.

Finn cayó inconsciente sobre el césped.


La Novia


Dentro de un espeso bosque tenebroso, tenebroso para los ciudadanos que vivían a las afueras, una figura femenina yacía parada en el centro exacto del bosque; con los brazos cruzados, y golpeteando el suelo con la punta de su pie derecha, una mujer de unos treinta años, más o menos, se mostraba impaciente; parecía llevar ahí más tiempo del que parecía a simple vista. Se llevó su pulgar derecho a la boca y comenzó a mordisquearse la uña, un claro signo de que estaba muy ansiosa.

—¿Porqué tardas tanto? —preguntó en voz baja, casi un susurro, aún mordiéndose la uña del pulgar.

Pasó el tiempo y la mujer dejó de permanecer quieta en el mismo lugar, caminaba en círculos una y otra vez hasta que algo la llegase a interrumpir; estuvo así tanto tiempo que ya había formado un círculo perfecto en la tierra bajo sus pies. Una vez que se dio cuenta, chasqueó la lengua y mejor tomó asiento en un tronco viejo y reseco.

Algún tiempo después, la mujer escuchó un estruendo en el bosque, como una explosión, se levantó de su asiento y buscó desesperadamente el origen del sonido, o al menos de una señal que mostrase un indicio de vida inteligente; a sus espaldas, otro sonido la hizo saltar del susto, un sonido de vidrio rompiéndose, sólo que esta vez no era vidrio, el aire mismo se había quebrado, y las grietas en el aire formaron una telaraña extraña, luego esas grietas colapsaron y dejaron paso a un portal que giraba sobre sí mismo con un as de luz azul eléctrico. La mujer se sorprendió, y al mismo tiempo sintió un tirón nervioso en el cuello. Del portal apareció una silueta más, otra mujer, y esta se dejó caer directamente al suelo en un golpe sordo, luego el portal se cerró.

—¡Fionna! —exclamó la mujer, y se apresuró a auxiliar a la chica llamada Fionna.

La mujer se arrodilló frente a Fionna y la acunó entre sus brazos para verla mejor; su cuerpo estaba lastimado, tenía moretones, rasguños, cortadas, y sangre seca en todos lados, y peor aún, estaba inconsciente. La mujer trató de despertarla dándole golpecitos en la mejilla hasta que finalmente Fionna reaccionó.

—¡Fionna! ¡¿Estás bien?! —inquirió. Fionna abrió por completo sus ojos, y al reaccionar volteó a todos lados desesperadamente, su respiración aumentó, y temblaba como si se estuviera muriendo de frío bajo el agarre de la mujer—. ¿Fionna?

—¿Cake? —cuestionó Fionna. Al verla cara a cara, la ahora llamada Fionna arrugó la frente, nariz y labios, para luego romper a llorar—. ¡¡CAKE!!

Fionna abrazó con fuerza a Cake, como si al soltarla esta fuera a desaparecer, mientras lloraba inconsolablemente. Cake estaba confundida.

—¡Fionna qué...! —Cake trató de apartar a Fionna para mirarla a los ojos, pero ella la estaba apretando con demasiada fuerza, así que le fue imposible—. ¡¿Porqué lloras?! ¡¿Qué fue lo que pasó?!

Cake aguardaba paciente por la respuesta de Fionna, pero esta nunca llegó, sólo siguió llorando y llorando un mar de lágrimas. Segundos después, Cake comprendió qué fue lo que pasó, y se entristeció; correspondió el abrazo de Fionna con la misma fuerza que ella y la pegó más a su cuerpo.

—Ay, hermanita. En verdad lo siento.


La Resurrección


El cielo se iluminó con la llegada de un relámpago, segundos después la lluvia hizo acto de presencia cayendo de forma rápida y concisa, cambiando de una simple brisa a un fuerte diluvio, sobre lo que parecía ser un campo de batalla; ahí, había huecos en el suelo, de fuertes explosiones que daban la impresión de que el suelo estaba minado y estas a su vez fueron activadas a propósito; más adelante, el suelo se había partido en dos, formando así una enorme grieta que daba hasta el núcleo del planeta; y en el centro mismo, junto a tres cuerpos sin vida, yacía un objeto grande, del tamaño de un humano. Un sarcófago; sin embargo este sarcófago no era igual a los demás, este tenía forma curva, como si se tratara de una cápsula, y estaba hecha de obsidiana, una rara clase de piedra que se encontraba en pocos lugares.

De momento el sarcófago se movió levemente, luego más agresivamente, daba pequeños brincos en el suelo, que en realidad sólo estaba reaccionando a lo que estaba sucediendo dentro, lo que sea que se encontrara en el interior del sarcófago estaba golpeándolo desde el interior con mucha fuerza, y así fue hasta que cedió completamente; el sarcófago se abrió, y de él emergió una persona, un chico veinteañero de cabellera larga y blanca cubierto de una extraña baba azul oscuro; el chico inhaló profundamente y abrió los ojos de golpe, comenzaron a arderle muy intensamente, tal vez por el ambiente que aún tenía residuos de la batalla que ahí se libró. El chico trató de salir del sarcófago, y en el intento resbaló y cayó de cara contra el suelo; se levantó, muy difícilmente, un poco mareado por el golpe, se miró las manos y luego alzó la cabeza hacia el cielo, la lluvia ayudó a calmar el dolor en sus ojos, y lo sintió reconfortante. El chico sintió su cabeza punzar, palpitar muy dolorosamente; se llevó ambas manos a la cabeza para calmar el dolor, pero era inútil, el dolor era muy intenso. Fue entonces que una marea de recuerdos llegaron a su mente, uno tras otro, sin oportunidad de procesarlos todos. Una vez que se detuvieron, el chico volvió a levantar la cabeza y gritó con todas sus fuerzas hacia el cielo.

—¡¡MALDITA SEAS!!

CONTINUARÁ...