El trinar de los pájaros despertó a Finn de lo que parecía un sueño bastante largo, y él lo sabía porque su cuerpo se sentía rígido y un poco adolorido; sin embargo, al despertar, esa sensación fue desapareciendo poco a poco. El joven humano se enderezó de su cama y abrió lentamente los ojos, frente a él yacía Jake totalmente dormido en una silla de metal dentro de...¿Un cuarto de hospital? Eso fue lo que más sorprendió a Finn y lo sacó de onda, ¿Cómo fue que llegó a ese cuarto de hospital? ¿Cuándo? Y más importante aún, ¿Porqué?

Finn volteó a su derecha, hacia un pequeño mueble junto a la cama, y encima encontró su gorro de oso blanco, se lo puso y trató de levantarse de la cama; en ese momento la puerta de la habitación se abrió y una enfermera pastelillo cruzó el umbral, cuando sus miradas se encontraron la enfermera en un segundo presionó un botón ubicado en la cabecera de la cama de Finn y una alarma comenzó a sonar con fuerza.

—¡¡No, carnicero!! —gritó Jake, para después caerse de la silla y darse de bruces en el suelo.

—¡¿Qué está pasando?! —exigió saber Finn mientras cubría sus orejas por tanto ruido que había.

—¡¡Finn, ya despertaste!! —exclamó Jake al levantarse de un brinco con un chichón del tamaño del puño de Beemo en la frente.

—¡¡Jake...!!

Un ejército de Enfermeras y Doctores entraron a la habitación con algunos artefactos extraños en manos, la voz de Finn quedó en segundo plano al escucharse a todo volumen las diferentes voces de todos los presentes; nadie decía nada concreto, sólo desvariaban. Algunos Doctores sujetaron a Finn y le tomaban sus signos vitales, presión sanguínea, reflejos, todo el numeríto.

Jake se estaba desesperando de ver semejante mar de cabezas y cuerpos en la habitación de su hermanito, eso, y que también no se callaban en ningún momento; incrementó su tamaño hasta cubrir la habitación y gritó con todas sus fuerzas.

—¡¡A VER, HIJOS DEL PAPÁ, MÁS LES VALE DECIRME QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ O SINO VAN A SABER PORQUÉ EN CAPÍTULOS ANTERIORES DIJE QUE ME LLAMABAN EL NUEVO REY DE BIUTIFÚL!!

Literalmente todos en la habitación se quedaron callados, menos Finn ya que no aguantó las ganas de reír después de ver a Jake de esa manera.

—Yo responderé tus dudas, Jake —dijo una voz femenina que provenía del umbral, que Finn y Jake conocían a la perfección.

—Dulce Princesa —dijeron al mismo tiempo los hermanos.

La soberana del Dulce Reino entró a la habitación, se abrió paso entre todos los Doctores y Enfermeras que se encontraban en el suelo, se acercó a Finn, y de su bata de laboratorio sacó una lamparita y un palillo de madera.

—Di "Ah", Finn —le pidió al chico humano. Finn obedeció—. Primero que nada, Jake te encontró en el bosque inconsciente y te trajo inmediatamente aquí para que te atendieramos.

Finn miró de reojo a Jake, y este asintió en respuesta.

—Segundo, realizamos diferentes exámenes para evaluar tu salud tanto física como mental y... —

—¿Ehtoy cohletahente lien, herdad? —interrumpió Finn a la Dulce Princesa aún con el palillo sobre su lengua.

La Princesa terminó de revisar la garganta de Finn y lo miró directamente a los ojos.

—Sí... —confirmó la Dulce Princesa—, y no.

—¿Eh? —Finn estaba confundido.

La Dulce Princesa se alejó de Finn y quedó parada al pie de la cama, mirándolo fijamente; su rostro estaba relajado, tranquilo, pero Finn creía ver algo más. Algo que no sabía qué era.

—Finn, después de hacerte las pruebas, llegamos a la conclusión de que tu cuerpo no solamente está bien, sino que, poniéndolo de una forma, es perfecto. ¡¡Tu cuerpo no tiene ningún malestar o imperfección!!

—¿Osea cómo? —Finn seguía sin entender.

—Tu cuerpo está más que bien, es perfecto en todo sentido.

—¿Soy como una clase de supersoldado?

—¡Jejeje! —Jake reía del otro lado de la habitación con fuerza—, no tuvieras tanta suerte hermanito.

—Tu cuerpo ya no tiene imperfecciones —la Dulce Princesa siguió con su explicación—, si te das cuenta, tus cicatrices de batallas anteriores desaparecieron.

—Ah, canijo. A ver... —Finn buscó en zonas específicas de su cuerpo por una cicatriz, en su pecho, brazos, piernas, manos, y nada. No tenía ninguna cicatriz—. ¡Es verdad!

—Wow... —masculló Jake, completamente asombrado.

—Pero me temo que no todo es increíble, Finn —admitió la Dulce Princesa agachado la mirada.

—¿A qué se refiere, Princesa? —quiso saber el chico humano.

—Tu cuerpo es perfecto, pero también encontramos algo extraño en el —la Dulce princesa le hizo una seña a uno de los Doctores, y éste trajo un monitor del pasillo para posteriormente prenderlo—. Observa.

En la pantalla, ampliamente, se podían ver lo que parecían cascadas de luz que no dejaban de fluír, parecían de esas series de luces navideñas que nunca dejan de moverse ni de brillar. Finn y Jake se asombraron.

—¿Y porqué nos muestra esas imágenes del espacio exterior? —cuestionó Finn.

—Esos...son tus tejidos, Finn.

—¿Cómo? ¿Mis...? —Finn dejó incompleta la pregunta y volvió a mirar el monitor—. ¿Todo eso está en mí?

—Sí, así es —confirmó la Dulce Princesa—. Todo eso que estás viendo, está en todo tu cuerpo; una especie de energía muy extraña, y también poderosa.

—¿Y es malo?

—No estoy segura. En todos mis años solamente he visto en una ocasión algo parecido a esto...con el legendario héroe de Ooo y de todos los reinos.

—¡¡Billy!! —exclamaron Finn y Jake al mismo tiempo.

La dulce princesa asintió, luego se acercó a Finn.

—Billy era un héroe increíble, y muy poderoso; pero también era único. Su anatomía no tenía igual, ningún ser vivo tenía ni el más mínimo parecido con él. Y creo que por eso mismo la energía permaneció oculta y controlada; pero tú eres un chico humano, y hasta donde yo sé, los cuerpos humanos no son tan resistentes como creemos.

—¿Quiere decir que me voy a...?

—¡No, no! —se apresuró a corregir la Dulce Princesa mientras sacudía rápidamente las manos frente a ella—. No estoy diciendo eso; sólo me estoy preocupando mucho por ti, y trato de ver por tu salud. Así que, sabiendo esto, quiero pedirte que me dejes seguir haciendo pruebas. Exámenes que confirmen la naturaleza de esta energía y que no corras ninguna clase de peligro.

Finn en realidad no sabía ni qué pensar; estaba contento de compartir algo más que su sentido de la justicia con su ídolo de toda la vida, Billy, pero también tenía un poco de miedo al creer que podría salir herido o de lastimar a quienes estén a su alrededor. Era algo nuevo para él, tener mucho poder en su cuerpo sin siquiera pedirlo. Estaba abrumado.

—Por favor —suplicó la Dulce Princesa en voz baja.

Fue esa misma voz que escuchaba desde que tenía memoria, la que le recordó que no estaba solo; que él tenía a muchas personas cuidando sus espaldas, ayudándolo. No se sintió sólo; Jake, la Dulce Princesa, todos los dulces ciudadanos, sino también a todo el Reino de Ooo. Alguien debía conocer una manera de resolver esto. Así que sólo le quedó una cosa por hacer: Creer.

—De acuerdo, Princesa.

Pasaron horas, y la Dulce Princesa seguía haciéndole exámenes a Finn, de todo tipo existente y que ella había desarrollado con el paso de los años. Finn se sentía un poco nervioso y ansioso por encontrarse en esa posición, pero saber que tenía a Jake a su lado, y a la Dulce Princesa supervisando, lo reconfortaba bastante. Estaba más tranquilo.

Las pruebas finalmente habían terminado, y el chico humano se sentía muy exhausto y fatigado; Jake lo ayudó a recostarse en su cama de hospital y lo acobijó gentilmente. La pesadez del sueño venció a Finn, y se quedó profundamente dormido.

En medio de la noche, una figura vestida con ropas negras se aproximaba al hospital con agilidad felina pasando por las calles, callejones, y tejado del Dulce Reino; saltó una increíble distancia entre un tejado y otro, para caer de pie sin ningún problema. Subió rápidamente por las paredes del hospital hasta llegar el tercer piso, se detuvo en una ventana, sacó un cortador de vidrio y se abrió paso a la habitación; ya adentro, se acercó lentamente hasta la cama de un paciente: Finn. Se encontraba profundamente dormido boca abajo pero con el trasero levantado, nadie sabía porqué, pero él siempre dormía de las formas más raras. Aquella persona desconocida siguió acercándose, hasta quedar a tan solo unos centímetros de distancia, y simplemente se le quedó mirando fijamente; podría decirse que lo estaba contemplando, como a una exhibición de algún museo. Aunque, en su mirada, podía notarse que había algo más, un sentimiento; pues sus ojos lo miraban de una forma diferente, una forma más personal, una forma...de necesidad. Aquella persona se agachó para quedar cara a cara con Finn, levantó lentamente su mano derecha y la dirigió a su rostro con la intención de acariciar su mejilla.

—¡¡Caja de jugo picante!! —exclamó Finn abriendo los ojos de golpe y sujetando a la persona desconocida de la muñeca para tirar de ella y arrojarla del otro lado de su cama.

Finn se levantó de un salto de su cama y cayó sobre la persona desconocida; la sujetó del cuello de su sudadera negra y preparó un ataque levantando su puño encima de su cabeza, en ese momento una luz blanca cubrió el puño de Finn y brilló con gran intensidad, tanta, que iluminó todo el cuarto.

—¡¡Ay, nanita!! —gritó Finn y se lanzó a su lado derecho, rodó en el suelo sobre sí mismo y se arrinconó contra unapared—.¿Pero qué fue...?

—Lo sabía —dijo la persona desconocida, y por el tono de voz, Finn supo que era una chica—. Yo estaba segura que tendrías esa reacción.

—Pero...¿De qué estás hablando? —Finn le echó un rápido vistazo a su puño, y luego regresó hacia esa persona—. ¿Qué me hiciste?

—Yo no hice nada, Finn.

—¿Cómo sabes mi nombre? —quiso saber, completamente intrigado, y asustado.

—Esa es una historia para otro día, Finn. Ahora... —la persona desconocida se retiró el pasamontañas de su rostro, liberando una larga mata de cabello dorado y revelando su rostro. Y efectivamente, la persona en cuestión se trataba de una chica—, tienes que venir conmigo.

Y no sólo eso, Finn notó, además de que era una chica bastante atractiva, que no poseía branquias como los Hi-humanos, lo cual quería decir que aquella chica misteriosa...

—Eres...¡¿Humana?!

CONTINUARÁ…