Sí, yo soy completamente humana; me llamo Fionna, y necesito desesperadamente tu ayuda. He venido de muy lejos para encontrarte, específicamente de un reino llamado Aaa, y aunque se escuche como algo inventado, puedo asegurarte que no lo es; ese reino es real, tan real como yo o como tú. Y está en grave peligro. TODO está en grave peligro.

Hace no mucho tiempo yo y mi...compañero, éramos los protectores del Reino de Aaa, por muchos años hasta que llegó una amenaza que aún hoy en día su origen es desconocido; un chico, llamado Alexander Shadow, puso al Reino de Aaa patas arriba con tal de conseguir lo que quería, y lo que él quería...era poder. Poder más allá de nuestra imaginación, poder para hacer y deshacer el mundo a su voluntad. Y por poco lo logra.

Mi compañero y yo pudimos hacerle frente un par de veces, pero no contamos con su perseverancia e insistencia en cumplir con sus metas, y eso nos costó muy caro. Nos confiamos, nos dejamos guiar por nuestra confianza, y llegó el momento que más teníamos: Nosotros perdimos.

Ahora, y gracias a nuestra arrogancia, no sólo el lugar de donde vengo, el Reino de Aaa, está en peligro...LITERALMENTE todo está en riesgo, y para salvaguardar todo, necesito de tu ayuda, Finn. ¿Lo harás?

Finn el humano no respondió, simplemente se le quedó mirando a la joven rubia con una cara inexpresiva y una mirada petrificada. Fionna ladeó la cabeza y se acercó un poco más a Finn.

—¿Comprendiste? —interrogó. Finn no reaccionó, siguió igual de congelado—. Ahm...¿Seguro que escuchaste todo lo que te dije?

—E... —musitó Finn por primera vez desde que Fionna comenzó su explicación. La chica rubia volvió a ladear la cabeza, pero esta vez del lado contrario—. E... —

—No entiendo qué tratas de decir. Sólo dilo.

—Eres hu-humana... —Finn terminó la frase sin aliento.

Fionna dejó salir un suspiro de resignación.

—¿En serio es todo lo que planeas decirme después de mi explicación?

—Es que tú...yo...no... —Finn trataba de articular palabras, pero nada le salía; parecía más un disco rayado. Un disco que Fionna no tenía la intención de escuchar.

—Santas vacas voladoras —dijo entre dientes, se apartó de Finn y caminó hacia la ventana a sus espaldas —, estoy creyendo que es una pérdida de... —

—Peligro... —dijo Finn de momento. Fionna lo miró de reojo—. Dijiste, que todo está en grave peligro.

—Sí, así es —afirmó Fionna con aire esperanzador.

—¿Qué quieres decir con "Todo"?

—Hasta hace poco fuiste golpeado por una luz azulada muy brillante, ¿Verdad? —quiso saber Fionna. Finn asintió—. Pues déjame decirte que esa luz, estaba destinada a llegar hasta ti.

—¿Qué?

Fionna suspiró, está vez para calmar su ansiedad, y se acercó a Finn; tomó asiento sobre su cama y comenzó a explicarle todo lo demás.

Esa luz no es un fenómeno natural o algo artificial, se trata de poder. Un poder más allá de tu imaginación y conocimiento; pasa de un anfitrión a otro desde hace miles de años. El héroe legendario entes conocido como Billy, a quien ya conoces, lo tenía almacenado en su cuerpo, y ahora eres tú quien lo tiene ahora. Te fue heredado. Y es ese mismo poder el que tienes que usar para poner orden al las diferentes secciones de la estructura multiversal. Tú eres el guardián del multiverso, Finn; sólo tú, nadie más, me puede ayudar. Por favor, ayúdame.

—Ay, nanita... —murmuró Finn completamente incrédulo, se rascó nerviosamente el cabello e inspiró hondo—. En verdad creo que estás diciendo la verdad, porque antes ya había vivido algo parecido con mi hermano Jake; visitamos a un tipo genial llamado Prismo que te podía mostrar otras realidades, que por desgracia está muerto ahora, ¿Entonces lo que tratas de decir es que tengo que tomar su lugar?

—No —contestó Fionna de forma rotunda—. Prismo era un observador, nada más, tú puedes interferir y mantener intactas las miles y miles de diferentes realidades.

—Sí, puede que tengas razón. Prismo no hacía nada, pero su existencia era necesaria para mantener el orden, ¿Entonces si tomo este poder que dices que tengo, podré revivir a Prismo?

—Si todo sale como debe ser, podrás salvar incluso más vidas.

Finn estaba asombrado, y a la vez ansioso; de sólo imaginarse tener ese increíble poder, y más que nada el poder controlarlo y usarlo a voluntad, le deban escalofríos por todo el cuerpo.

Finn se acercó de golpe hacia Fionna, quedando cara a cara, en ese momento la joven de cabellos dorados se sonrojó ligeramente mientras apartaba un poco su rostro.

—Entonces lo haré. Quiero convertirme en un verdadero héroe, tan legendario como Billy y ayudar a todos mis amigos —Finn regresó a su posición inicial y rodeó su barbilla con el dedo índice en un claro gesto de reflexión—, aunque en realidad Prismo es más amigo de Jake que mío. ¡No importa! ¡¡QUIERO SALVAR A TODOS!!

—Esa voz me agrada —señaló Fionna, luego cruzó sus brazos por encima de su pecho—; pero déjame decirte que no todo es miel sobre hojuelas.

—¿Qué quieres decir?

—Que ese poder no sólo te convierte en alguien muy poderoso, te convierte en un blanco.

—¿"Blanco"? —cuestionó Finn—. ¿De quién?

—Alexander Shadow; aunque de donde vengo lo conocen como... —

—El Rey Sombra —interrumpió Finn de momento. Fionna se exaltó.

—S-Sí...¿Cómo adivinaste?

—Yo...no lo sé —contestó Finn, extrañado por las palabras que salieron de su boca—. Sólo lo dije. ¿Tiene que ver con este nuevo poder que tengo?

—Sí... —la respuesta de Fionna se perdió en el aire. Una vaga respuesta—. El poder te dará conocimiento que puede ayudarte en un futuro.

—Algebráico... —musitó Finn, asombrado.

—Ahora... —Fionna se levantó de la cama de Finn, sin despegar la vista de él—, hay unas cosas que tienes que saber.

—Venga, dispara.

—Lo primordial... —

—¿Finn? —alguien lo llamó del otro lado de la puerta de su habitación. La Dulce Princesa—. ¿Estás despierto?

—¡Sí, Princesa! —afirmó al mismo tiempo que volteó hacia la puerta.

La Dulce Princesa entró a la habitación con una charola metálica llena de comida y un vaso de jugo natural de naranja.

—¿Estás...?—la Princesa inhaló de golpe y dejó caer la charola al suelo, señaló frente a ella—. ¡Finn! ¡Tu ventana!

Confundido, Finn volteó hacia la ventana y notó un hoyo en ella; no lo había visto. Estaba más concentrado en Fionna...quien, ahora que lo notaba, ya no se encontraba en la habitación. ¿Desapareció? ¿En qué momento se fue? Y más importante aún, ¿Porqué?

—Ah... —fue lo único que alcanzó a decir Finn, ya que al mismo tiempo la Dulce Princesa corrió hacia aquella ventana y echó un vistazo al exterior.

—¡A todos los Bananaguardias...! —dijo la Princesa a través de un radio que sacó de su vestido—, ¡Activen la alarma y movilicen a todos los elementos disponibles! ¡¡Tenemos un intruso!!

Finn quería decirle algo a la Dulce Princesa, pero lo sabía por dónde comenzar, pues no estaba seguro si la presencia de Fionna había sido real o alguna especie de alucinación. ¿Habrá sido por esa luz azulada? ¿Estaba tan grave que ahora veía cosas que no existían? Pero él lo había sentido muy real, tan real como los Sandwiches de frituras picantes que desayunó en la mañana con Jake.

De algo estaba seguro el chico humano, quería volverla a ver.


Mientras tanto, en un lugar desconocido, cuyos alrededores estaban adornados por cientos de corrientes azuladas y en constante movimiento, el aire de ahí se quebró como cristal y apareció un portal, del cual emergió Fionna; el portal se cerró, y en ese mismo instante la joven rubia cayó de rodillas al suelo, se apoyó con ambas manos en el suelo para no ceder ante el mareo y el cansancio que sintió de golpe.

—Diantres... —exclamó Fionna con un hilo de voz—. Estoy perdiendo mi poder con rapidez. Tengo que moverme rápido.

—Me temo... —dijo una voz masculina, que lamentablemente Fionna pudo reconocer. Volteó a su alrededor para encontrar a ese sujeto, pero no había nadie—, que eso ya es demasiado tarde.

—No puede ser... —

—¿Tú qué sabes de lo que es posible y lo que no? Eres sólo una mujer que aún cree en los cuentos de hadas, en los finales felices.

—Porqué no mejor te callas y sales de donde quiera que estés —espetó Fionna al ponerse a duras penas de pie. Aún sentía mareo, pero no era tiempo para resentirlo.

—Oh, mi querida Fionna… —la voz se escuchó a espaldas de Fionna, volteó en aquella dirección pero no había nadie, se volvió al frente y fue sujetada por el cuello, para luego ser levantada unos centímetros en el aire—. Aquí estoy.

Frente a ella, yacía un chico vestido con una playera de manga larga, pantalones, y una gabardina, todas ellas de color negro, pero lo que más distinguía al chico era su larga cabellera blanca que le llegaba hasta los hombros. Fionna lo conocía a la perfección, y eso la aterraba; no sabía qué hacer en ese momento, sólo se dejó guiar por el sentimiento que más la dominaba ahora. Miedo.

—A...A... —trataba de decir Fionna, pero el chico la estaba estrangulado con gran fuerza.

—Por favor… —dijo el chico con voz serena—, Rey Sombra es suficiente.

El Rey Sombra, Alexander Shadow, acercó más a Fionna a su rostro para verla mejor, o más bien...para ver el miedo en su mirada.

—¿Creíste que te librarías de mí? Olvidaste un aspecto muy importante de mi persona —el Rey Sombra acercó sus labios a los oídos de Fionna—: Yo. No. Puedo. Morir.

—Guhh... —Fionna perdía la sensación de m sus brazos y piernas, estaban entumecidas.

—Mírate ahora, la situación en la que te encuentras. Tan frágil, tan patética, tan…vulnerable —el Rey Sombra alejó un poco a Fionna, para verla de frente—. Me hace reír cómo antes por poco y me derrotas; pero te salió mal la movida. Fuiste confiada, arrogante.

Los ojos de Fionna se estaban cerrando, y el aire de sus pulmones desaparecía.

—Eso pasa con los héroes que no han hecho nada más que sentirse cómodos en sus altares dorados, mirando hacia abajo a aquellos que los ven como dioses. ¡¡EL ÚNICO DIOS AQUÍ SOY YO!! —el Rey Sombra apretó más su agarre. El rostro de Fionna estaba enrojeciendo—. Siempre ganar, siempre resolver los problemas de otros. Esa es su zona de confort. Los héroes no conocen la verdadera desesperación ya hasta que es demasiado tarde.

Fionna se desvanecía, ya ni siquiera podía escuchar bien, o sentir sus extremidades. Se estaba yendo.

El Rey Sombra siguió con lo suyo, y lo que miraba le estaba dando una gran satisfacción; dibujó una sonrisa.

—Tú conoces la desesperación, la has vivido; sin embargo no era parte del plan que sobrevivieras. Ahora me encargaré —Fionna cerró los ojos y aflojó por completo su cuerpo. El Rey Sombra mantuvo su sonrisa—. Adiós, Fionna.

—¡Tú primero! —gritó una voz masculina.

El Rey Sombra recibió un potente golpe en su mejilla izquierda, tan fuerte que lo mandó volando unos metros a su derecha.

Fionna fue atrapada por esa tercera persona y acunada entre sus brazos.

—Vamos, bebé —decía dándole pequeñas palmadas a Fionna en la mejilla derecha para hacerla entrar en razón—. Despierta.

Finalmente reaccionó, Fionna se giró a la izquierda con un horrendo ataque de tos, más que nada por la irritación y dolor que sentía en esa zona; una vez que recuperó el aliento suficiente, se giró hacia arriba para ver cara a cara a quien la estaba cargando.

—No deberías estar aquí.

—No me llamaría a mí mismo un verdadero hombre si dejo a una mujer en apuros —Fionna se levantó de los brazos de quien la estaba cargando y miró al frente—. ¿Qué crees que haces?

—Mi trabajo —dijo Fionna con voz firme y profunda—. Debes irte; el plan no funcionará si llegas a salir lastimado, o peor.

—¿Estás segura de lo que harás?

—No —respondió Fionna, sin vacilar. Luego miró de reojo a su compañero con media sonrisa en el rostro—. Lo hago todo sin pensar, como cierta persona que conozco.

Fionna dobló las rodillas para tomar impulso, un aura de energía azul brillante la envolvió de pies a cabeza, y salió volando como una bala de cañón.

El Rey Sombra se levantó del suelo de un salto y levantó la mirada hacia Fionna, él también se preparó para saltar, y salió volando. Fionna preparó un golpe con su puño derecho, estando lo suficientemente cerca lo lanzó; el Rey Sombra giró a la derecha al mismo tiempo que doblaba su cuerpo hacia la derecha, evadió el golpe y conectó una fuerte parada a la espalda de Fionna, haciéndola salir disparada directo al suelo. Fionna usó ambos brazos y piernas para frenar su caída al tocar el suelo; alzó la mirada y en un segundo rodó a la izquierda, el Rey Sombra golpeó el suelo con su rodilla y lo agrietó, si no lo hubiera esquivado sería un golpe mortal.

Fionna se reincorporó, pero el Rey Sombra ya no estaba, había desaparecido; sintió una ráfaga de viento en su nuca, ladeó la cabeza hacia derecha, evadiendo así un golpe por parte del Rey Sombra. Una, y otra, y otra vez siguió soltando golpe tras golpe mientras Fionna los esquivaba a la perfección; el Rey Sombra giró y al mismo tiempo soltó una patada, Fionna se agachó para esquivarla y giró al mismo tiempo que extendió su pierna derecha, hizo perder el equilibrio al Rey Sombra y cayó el suelo; Fionna aprovechó el impulso de su patada y cambió de posición a estar boca abajo,se impulsó con sus piernas y brazos para levantarse, giró al frente y extendió la pierna derecha para conectar una fuerte patada en el abdomen del Rey Sombra, la cual lo hizo golpear con fuerza el suelo y atravesarlo. Fionna cayó de pie al suelo, no perdió más tiempo y se acercó al Rey Sombra para darle el golpe de gracia.

—Esto es por... —dijo, pero una fuerte sacudida interrumpió sus palabras.

El suelo bajo sus pies se quebró, y este salió volando en cientos de pedazos con una potente detonación, que la hizo retroceder.

El Rey Sombra salió del hoyo en el suelo, flotando, con el cuerpo rodeado de una luz verde. Fionna lo miraba con incredulidad.

—No puede... —musitó.

—Claro que puede, Fionna —pero fue interrumpida por el Rey Sombra—. He obtenido un gran poder... —

Del hombro izquierdo del Rey Sombra brotó una protuberancia, del tamaño de un puño de bebé, seguido de leves tics nerviosos en el cuello, que fueron fácilmente dominados por él; la protuberancia bajó, sin quedar señal alguna de su aparición en el cuerpo del Rey Sombra.

—Que me está dando mucha pelea para tomar el control. Yo soy más fuerte, y la puedo controlar sin problema alguno.

—¡¿Te das cuenta de lo que hiciste?! —exclamó Fionna, completamente molesta.

—¡¡Lo que TÚ me hiciste hacer!! —replicó el Rey Sombra al cerrar con fuerza los puños—. ¡¡TÚ tenías que morir conmigo!! ¡¡TÚ no deberías estar aquí!! ¡¡TÚ tienes la culpa!!

—¡¡No me culpes por tus propios crímenes, Shadow!!

—¡¡NUESTROS CRÍMENES!! —rugió el Rey Sombra con todo el aire en sus pulmones, manifestando también aquél nuevo poder que había adquirido.

A su alrededor, las corrientes azuladas estaban reaccionando ante aquella demostración de poder, moviéndose frenéticamente y fluyendo violentamente.

Fionna observaba aterrada, no sabía qué hacer. En ese momento la persona que la salvó de ser estrangulada apareció una vez más y la cargó como un costal de papas sobre su hombro derecho.

—¡¿Qué crees que estás haciendo?! —exigió saber Fionna mientras golpeaba la enorme espalda de su compañero.

—¡Mejor aquí corrió...! —respondió, ignorando completamente los golpes de Fionna, que aparentemente no le hacían nada.

—¡Tienes que regresar!

—¡No podemos ganarle así como estamos ahora! —señaló su compañero —. ¡Debemos reagruparnos!

—¡¡Más te vale no regresar, Fionna!! —gritaba el Rey Sombra aún flotando en el aire, su poder aún se manifestaba—. ¡¡Mataré a todo tu maldito grupo si vuelvo a verte!!

—Shadow... —musitó Fionna.

—¡¿ME OÍSTE?! —exclamó.

—¡Fionna, abre un portal! —la voz del compañero de Fionna interrumpió sus pensamientos—. ¡Fionna!

La rubia juntó ambas manos y un pequeño flujo de energía anaranjada se manifestó entre sus manos; frente al compañero de Fionna, en su camino, el aire se quebró como vidrio y un portal apareció con una playa del otro lado. Ambos cruzaron sin problema y el portal se cerró a sus espaldas.

El Rey Sombra se limitó a observarlos partir, con una única lágrima bajo su ojo derecho.


El sol comenzaba a asomarse por las hermosas colinas de Ooo, augurando un bello día para aquellas personitas que vivían ahí. Finn el chico humano se despertó con los primeros rayos de sol que cruzaban la ventana de su habitación

Luego de aquél "Incidente" con el intruso el día de ayer, la Dulce Princesa lo dió de alta inmediatamente; las pruebas y exámenes ya habían terminado, y no había nada por hacer...por ahora. La Dulce Princesa le pidió a Finn que fuera a visitarla con regularidad para saber su estado de salud, y el cómo sentía su cuerpo con el paso de los días; Finn lo prometió, y así lo haría.

El chico humano se enderezó aún metido en su costal para dormir sobre su cama, con los ojos aún pesados, y se arrastró hasta llegar a la orilla de la cama; entonces una fuerte vibración se sintió por toda la habitación, confundiendo al chico humano. Levantó el rostro hacia el techo y lo observó detenidamente, dejándose perder en sus pensamientos, y en la poca somnolencia que sentía.

—¿El Rey Tierno nos ataca otra vez? —murmuró Finn con los ojos entrecerrados.

—Y que agarra y que me dice... —masculló Jake aún dormido en su cajón, girando a la izquierda—, y agarro y que le digo, ¿Vas ir?

—Jake... —lo llamó Finn, su garganta estaba irritada.

—No, dice-dice... —

—¡Jake!

La vibración aumentó de golpe y arrojó a Finn y a Jake de sus camas, ambos cayeron con un golpe sordo de cara al piso; los muebles se sacudían de un lado a otro como si estos hubieran cobrado vida propia, una ventana se rompió, y BMO cayó de un hoyo en el techo directamente a la cabeza de Finn.

—¡Ay, mis ideas! —Finn salió de su costal y con la mano derecha se frotó la zona donde lo golpeó BMO—. BMO deja de subir al techo.

—No me pidas que deje de ser hombre, Finn —replicó.

—Pero si tú no... —un crujido en el techo llamó la atención de Finn y BMO, ambos levantaron la mirada y vieron cómo unas tablas se rompían y caían directamente hacia ellos—¡Aguas!

Finn tomó a BMO entre sus brazos y rápidamente rodó sobre sí mismo para esquivar por muy poco aquellas tablas; sin perder tiempo, también cargó a Jake y los tres salieron de la habitación, de la casa. Una vez afuera, y con Jake finalmente despierto, notaron cómo todo a su alrededor se sacudía violentamente; era una vista aterradora para ellos tres, más que nada porque no sabían qué provocaba el temblor, y peor aún no saber cómo resolverlo.

—¡¿Y ahora qué hacemos?! —le preguntó Finn a Jake.

—¡No lo sé! —gritó Jake sacudiendo ambos brazos en lo alto de forma frenética—. ¡Esto supera mis habilidades de perro mágico!

—¡Pero eres perro viejo, Jake! ¡Debes tener un plan!

—¡Que sea perro viejo no me da las respuestas para todo, Finn!

En ese momento un carruaje proveniente del Dulce Reino apareció a la distancia, acercándose con rapidez hacia Finn y Jake. Ambos ya sabían de quién se trataba, y no era muy difícil adivinarlo; ellos se acercaron a paso veloz y esperaron a que la Dulce Princesa bajara.

—¡Princesa, Princesa! —gritaban los dos.

La puerta del carruaje se abrió y la Dulce Princesa, quien aún vestía su pijama y tenía el cabello hecho un desastre, bajó de un salto.

—Chicos, díganme que ya tienen un plan para esto —dijo una vez que bajó. Finn y Jake guardaron silencio—. ¿Y bien?

—Nuestro plan era ir contigo y preguntarte si tenías un plan —comentó Finn ligeramente avergonzado.

La Dulce Princesa lo tomó de los hombros y lo sacudió con fuerza.

—¡¿Estás diciéndome que no han pensado en nada?!

—¡¿Y cómo quiere que arreglemos un temblor, Princesa?!

El aire detrás de Finn y Jake se quebró, y apareció un portal, lo que llamó la atención de ellos tres, del cual rápidamente salió Fionna; inmediatamente buscó a su alrededor hasta que encontró a Finn. Se acercó a él dando zancadas grandes.

—¡Finn, ya es hora! —le dijo una vez estando lo suficientemente cerca. Jake y la Dulce Princesa los miraban anonadados y con la boca abierta—. ¡Tienes que hacer algo!

—¿"Hacer"? —cuestionó Finn—. ¿Hacer qué?

—Usa tu poder para... —

—¡MOMENTO, MOMENTO! —gritó Jake de repente; tanto él como la Dulce princesa se acercaron a los dos chicos humanos—. ¡¿Qué diantres está pasando aquí?!, ¡¿Quién eres tú y cómo conoces a mi hermanito?! ¡¿Porqué saliste de la nada?! Y más importante aún...¿Eres soltera? Porque Finn está más urgido que... —

—¡Jake! —exclamó Finn con el rostro enrojecido y sudando en frío.

—¿Qué pues? La verdad es que sí estás muy urgido.

—¡¡JAKE!!

—No es momento para esto, muchachos —intervino la Dulce Princesa al colocarse entre ellos. Ahora se dirigió a Fionna—. ¿Cómo sabes que Finn tiene un poder?

Fionna miró a la Dulce Princesa de arriba a abajo, y mientras lo hizo, Finn y Jake notaron que la joven rubia había fruncido levemente la nariz; tardó en responder, pero Fionna al final dejó salir un suspiro y levantó la mano derecha. Una luz bola de luz blanca emergió de su palma, flotando como una pequeña luciérnaga. Finn, Jake, y la Dulce Princesa estaban impactados.

—Porque yo tengo el mismo poder —respondió Fionna seriamente.

—Increíble... —musitó Finn.

—No puede ser... —masculló la Dulce Princesa.

—Ay, Papántla... —murmuró Jake.

—¿Entonces...? —cuestionó Fionna—. ¿Vas a hacer algo?

—Sí, quiero hacerlo —afirmó Finn, luego agachó la cabeza—. Pero no sé cómo.

—¡Yo te ayudaré! —señaló Fionna al mismo tiempo que tomaba a Finn de la mano. El chico humano bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas y se ruborizó. Fionna hizo lo mismo y, en el momento que vio cómo agarraba a Finn de la mano, la retiró rápidamente, como si hubiera tocado un metal al rojo vivo—. Ah...sólo... —

Una detonación en el cielo interrumpió la explicación de Fionna; todos voltearon hacia arriba y sus respiraciones se detuvieron al mismo tiempo. Un relámpago cruzó el cielo matutino y lo partió en dos, dejando una grieta detrás, mucho más grande que la mismísima tierra de Ooo. Finn amplió los ojos como platos, la Princesa quedó boquiabierta, Jake palideció tanto que ahora parecía más una rebanada de queso amarillo, y Fionna...sólo frunció el ceño.

—Debemos actuar ahora antes de que esto empeore —dijo ahora refiriéndose a Finn—, o no habrá tierra de Ooo para el medio día.

—¿Entonces qué hay que hacer? —preguntó el chico humano al salir de su ensimismamiento.

Fionna al principio dudó, pero no había tiempo para eso así que tomó una vez más a Finn de la mano y lo acercó a ella.

—Saltemos al techo de tu Casa/Árbol a la de tres —indicó. Finn asintió—. Una...dos...¡Tres!

Ambos saltaron al mismo tiempo; a Finn casi se le sale el corazón al darse cuenta de que fue capaz de saltar más de veinte metros hasta el techo de su casa. Aterrizaron sin problema alguno y se colocaron en el centro del techo.

—¿Ahora qué? —preguntó Finn. Fionna lo volteó a ver.

—Ahora extiende tus manos al frente —le explicó Fionna al mismo tiempo que ella lo hizo y cerró los ojos. Finn accedió y levantó ambas manos—, lo que sigue es que debes imaginar una corriente, como un río moviéndose frente a ti.

Era algo extraño, y raro para Finn; la tierra de Ooo estaba corriendo peligro y él tenía qué imaginarse un río en la mente. ¿Eso de qué le serviría? Pero sentía que debía confiar en Fionna; muy en el fondo de su corazón lo sentía. ¿Era su instinto de héroe diciéndoselo, o sólo se dejaba guiar por la belleza de la chica rubia frente a él? No estaba seguro. Así que en esos momentos...él confió.

Finn imagino dicho río en su mente, lo más detallado que pudo imaginárselo; imaginó el agua corriendo, fluida y de forma constante, el río lo más largo que pudo ser, también imaginó sentir la fresca agua bajo sus dedos y...en realidad podía sentirla. En sus dedos podía sentir algo parecido al agua corriendo entre ellos; eso lo hizo reaccionar y Finn abrió los ojos, vio frente a él una corriente, pero no de agua, era una corriente de la misma energía que le había mostrado la Dulce Princesa cuando le hizo sus exámenes médicos. La misma energía que, supuestamente, yacía dentro de él; fluyendo alrededor de él y de Fionna, como un lazo que ahora los unía.

—Santas vacas voladoras... —musitó Finn.

—¿Ya la viste? —quiso saber Fionna, aún tenía los ojos cerrados.

—Ah...eh, sí.

—Ahora levanta ambas manos hacia la grieta en el cielo —Fionna lo hizo primero, seguida de cerca por Finn. La energía se concentró en un sólo punto, a la misma altura que sus manos, formando una esfera del tamaño de un balón—, ¡E imagina que la cierras!

La energía fue concentrándose en las manos de Finn hasta cubrirlas como un par de guantes, y Finn pudo ser capas de sentir la grieta entre sus manos. Se asombró tanto que sintió escalofríos en la nuca. Sin perder nada de tiempo, forzó a la grieta a cerrarse bajo su agarre y el de Fionna juntos; la grieta reaccionó y comenzó a cerrarse poco a poco mientras pequeñas detonaciones se escuchaban en el cielo.

Jake y la Dulce Princesa los miraban desde abajo, algunos dulces ciudadanos se reunían junto a ellos para ser testigos de semejante muestra de poder, y dejarse maravillar por tan extraño fenómeno.

Finn y Fionna ya casi terminaban de cerrar la grieta cuando la joven rubia volteó para ver a Finn, lo miró por varios segundos, como estuviera tratando de encontrar algo en las facciones de su rostro; Finn de repente volteó hacia ella y dislumbró una sonrisa, en ese momento Fionna desvió la mirada y un rubor apareció en sus pómulos.

La grieta se había cerrado completamente, los temblores se habían acabado, ahora todos estaban a salvo; abajo, en el suelo, se escuchaban aplausos y una fuerte ola de vitoreos por parte de los dulces ciudadanos que se encontraban ahí. Finn y Fionna miraron hacia abajo, contemplando a aquellos ciudadanos aclamando el nombre de Finn, y agradeciéndoles por haberlos salvado.

—¡No puedo creer que hicimos eso! —dijo Finn lleno de emoción e incredulidad al mismo tiempo que volteó a ver a Fionna, luego la tomó de ambas manos y comenzó a saltar de emoción—. ¡Fue increíble!

—S-Sí —afirmó Fionna mientras seguía con la mirada al joven humano; sus manos estaban tensas, pero eso no evitaba que se movieran al ritmo de Finn—, muy increíble.

—Gracias a ti ahora sé que puedo llegar a hacer cosas así. ¡Gracias, Fionna! —el chico humano se abalanzó sobre Fionna con los brazos abiertos y le dio un fuerte abrazo.

El cuerpo entero de Fionna se tensó bajo el agarre de Finn, su rostro enrojeció, y sintió una ola de mareo alterando su mente; en una milésima de segundo Fionna se liberó del agarre de Finn y lo empujó al frente, luego se abrazó a sí misma mientras lo fulminaba con la mirada, encogiéndose como un cachorro asustado.

—N-No vuelvas a ab-abrazarme. Eso no me gusta —siseó al mirarlo fijamente.

—Ah, perdona. Lo siento mucho —dijo Finn levantando ambas manos en señal de calma—. No lo volveré a hacer.

—B-Bien —los gritos y vitoreos de los ciudadanos seguían escuchándose igual de fuerte que la primera vez. Fionna se acercó a Finn—. Vamos. Saluda a la gente que te admira.

Ambos bajaron de un salto, y aterrizaron en medio del tumulto de dulces ciudadanos que se formó alrededor de ellos; Finn fue rápidamente levantado por tres chocolates y lo alzaban varias veces en el aire, celebrando su nueva azaña heroica del día, Jake se les unió un cargó a Finn sobre sus hombros al aumentar su tamaño.

Fionna los miraba a la distancia con una tensa expresión y cruzando los brazos sobre su pecho; observaba cómo era tratado Finn por los dulces ciudadanos, el cariño y respeto que le mostraban, y eso, por un leve momento, hizo que relajara su ceño fruncido, y dibujó media sonrisa.

—¡Quieta! —exclamó una voz femenina. Fionna reaccionó y volteó a su alrededor, se dio cuenta de que había sido rodeada por una docena de bananaguardias apuntándole con sus lanzas; de entre ellos salió la Dulce Princesa, quien se dirigió hacia ella con cautela—. ¿Quién eres tú? ¿Cuáles son tus intenciones?

—¡Princesa! —vociferó Finn del otro lado; acompañado de Jake, ambos se acercaron a ellas—. Bajen las armas. Ella es buena.

—Eso no lo sabemos, Finn —replicó la Dulce Princesa—. Puede ser una espía, o tener intenciones maliciosas para con el Dulce Reino, o puede trata de aniquilarte.

—¿Estás hablando en serio? —interrogó Fionna, bastante ofendida. Se disponía a dar un paso al frente, pero fue Finn quien lo hizo.

—Me ayudó a controlar este nuevo poder que tengo, Princesa —comenzó a decir. Todos le prestaba atención, incluida Fionna—. Vino aquí para ayudarnos con ese relámpago destroza cielos de hace rato, y también se calmaron los temblores. ¿Qué hubiera pasado si no estaría aquí, ahora?

La Dulce Princesa no decía nada, sólo se le quedaba viendo; por otra parte Jake asentía con los brazos cruzados sobre su pecho, los dulces ciudadanos también asentían, y Fionna...miraba fijamente a Finn con un rubor en sus mejillas, no le apartaba la vista de encima.

La Dulce princesa dejó salir una exhalación y le pidió a sus bananaguardias que bajaran sus armas.

—De acuerdo, Finn —aclaró, el tono de su voz era más relajado y calmado—. Confío en ti.

—Gracias, Princesa.

—Perdona que te haya tratado de esta manera —dijo ahora refiriéndose a Fionna—, han pasado muchas cosas y, para ser sincera, no suelo confiarme de los extraños. ¿Cuál es tu nombre?

—Fionna —respondió la joven rubia, de una forma un poco cortante.

—F-Fionna —la Dulce Princesa notó ese cambio en la voz de la rubia y se sintió amenazada, su voz, que vibró por unos instantes lo demostraba—. Si me permites preguntar, ¿Cómo fue que diste con Finn? Y también, ¿Cómo sabes usar ese poder que tiene?

—Sólo discutiré eso con Finn, y además vine con otra razón más importante —Fionna volteó hacia Finn, y lo miró directamente a los ojos; el chico humano se puso un poco nervioso—. Necesito que vengas conmigo.

—¿Ir contigo? —interrogó, luego intercambió miradas con su hermano Jake—. ¿A dónde?

—Mi Zona Segura, donde también nos esperan algunos aliados que nos ayudarán en nuestra misión.

—¿Cuál misión? —quiso saber la Dulce Princesa.

—Lo que ocurrió aquí, está pasando también en otros lugares...en otras dimensiones —aclaró Fionna; su tono de voz serio y firme puso más peso en la sorpresa que se llevaron todos, menos Finn, quien ya lo sabía.

—¡¿Estás diciendo que existen otras dimensiones aparte de la nuestra?! —exclamó la Dulce Princesa llena de curiosidad e incredulidad.

—¡Ay, Jojutla! —gritó Jake al aire libre, muy asombrado.

—Finn —dijo Fionna con serenidad—. Como ya te dije: Tú tienes el poder para ayudar las demás dimensiones, cientos de vidas incluidas. Juntos, tú y yo, pondremos orden y derrotaremos a Alexander Shadow para siempre.

—¿Quién es ese? —preguntó la Dulce Princesa.

—¡¿Podrías dejar de preguntarme cosas?! —gruñó Fionna entre dientes, fulminado al mismo tiempo a la Dulce Princesa con la mirada. Ahora sí que se sentía intimidada—. Esto es muy importante.

—Lo sé, y lo entiendo —dijo Finn, llamando la atención de Fionna—. Es mi deber como héroe ayudar a los demás sin esperar nada a cambio; además, creo que ya te dije que sí lo haría.

—Me alegra oír eso.

—Jake... —dijo Finn al voltear a ver a su hermano—, Princesa... —luego se refirió a la soberana del Dulfe Reino. Finn cambió su expresión a una más seria y enfocada—. Tengo que irme para salvar las otras realidades.

CONTINUARÁ...