7
Detrás de una sonrisa se esconde una lágrima
Sasuke
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A la mañana siguiente baje por las escaleras después de ducharme sin prisas, me daba tiempo de comer con tranquilidad e ir a tomar el metro y llegar un cuarto de hora antes. Perfecto. Me purgaba llegar tarde a cualquier lugar.
Como de costumbre no se escuchó ruido aparte de la respiración de Hunter y la mía, me siguió a trote hasta la cocina donde y busqué algo comestible. A esta hora no había nadie en casa, mamá impartía clases de piano y vocalización en una escuela particular en el centro y regresaba alrededor de las dos de la tarde.
La mayor parte del tiempo ella dejaba mi desayuno preparado para que lo calentara en el microondas. Al principio le insistí que no era necesario porque poseía dos manos por las cuales podía cocinar, pero ella no dejaba de consentirnos en ese aspecto, aprovechaba cualquier oportunidad para mimarnos. Lo deduje a que evitaba que nos intoxiquemos. Y, por mi parte, para que no me enfermara al no comer adecuadamente.
En esta ocasión dejó curry con arroz, mi estómago rugió cuando abrí el microondas después del pitido y la capa de humo pego en mi cara. Hasta Hunter se puso a mi lado pasando su lengua con entusiasmo.
Me senté, únicamente con la presencia de mi perro como compañía. Por un segundo lo disfrute. Todo. Estar solo, así no fingía frente a nadie y me evitaba ciertos pensamientos que llevaban a la destrucción o desdicha en completo.
Así no tenía por qué mentirle a mamá.
Le di el resto de la comida a Hunter y lavé el plato pensando en la silueta de mamá moviéndose a mi alrededor. Disfrutaba estar solo, sí, pero mamá siempre sería indispensable en mi vida, al igual que Itachi.
Al darme la vuelta me acerque al refrigerador, una inusual nota naranja estaba pegada con un imán. Se trataba de la letra de mamá. Me deseaba que tuviera un día productivo, y, además, que Itachi salió a un operativo programado y me dejaba a disposición el auto.
La nota me pareció tan pequeña desde mi posición, asimilando la noticia, trate de seguir impasible. ¿Un operativo programado? Nadie me avisó en los días anteriores.
No era común que Itachi fuera a los operativos armados, su trabajo consistía en estar en la oficina, atendiendo llamadas de emergencia, y llevar papeleo, entre otras cosas. Lo había escuchado refunfuñar por su miserable puesto desde que entró, y secretamente yo estaba tranquilo, así su vida no corría ningún peligro.
Y hace un año asistió a su primer operativo. Afortunadamente no recibió ningún daño. Esa noche no pude dormir en lo absoluto, sentí un alivio al en ver la patrulla estacionarse frente a la casa y que él bajara. No fui a recibirlo, me quedé en mi habitación, atormentándome. No debía preocuparme demasiado, Itachi sabía lo que hacía, fue entrenado para eso y tendría el extremo cuidado de no perder la vida a sabiendas que mamá sufriría.
O esa fue la excusa que inventé en las siguientes veces que permanecía sentado en el marco de la ventana, calmando mis ansias con un cigarrillo esperando que arribará a salvo. Nunca ha llegado herido de gravedad, golpes sí, pero nunca lesionado severamente.
La vida de un policía era dura, y más por la familia. Si morías, la dejabas destrozada y con el amargo sabor de que hizo su trabajo protegiendo a la ciudadanía.
A la mierda ellos.
Con furia recogí las llaves del tablero ignorando la sensación de ahogo que embargo mi pecho.
°/°/°
Las horas pasaron lentas.
Esperé impaciente a que el profesor terminara de indicar el trabajo que debíamos entregar antes de la media noche. Apenas salió y yo agarré mis cosas, ignorando por completo la mirada furtiva que Shikamaru me dedicó desde su lugar.
Pasé al casillero a recoger la libreta que necesitaría para realizar el reporte. A mi alrededor comenzó a escucharse el bullicio, personas hablando entre sí, riéndose y tonteando. No les presté la debida atención.
Azoté a propósito la puerta metal, logré sobresaltar a un grupo de chicos que se reían a carcajadas en una de las esquinas. Me dirigieron una mirada de molestia por la interrupción, las ignoré y me dirigí rumbo al estacionamiento.
Al cruzar entre los edificios de las facultades, sentí una presencia muy pegada a mi espalda. Instintivamente volteé y me encontré con Shikamaru que se detuvo.
Lo miré por unos segundos intentando que me dijera la razón por la cual me siguió.
Él enarcó una ceja y miró sobre su hombro, no había nadie, después se recobró y soltó un bostezo que contuvo con su mano.
—Te parece extraño que te siga, ¿no?
No respondí, tampoco es como si pudiera hacerlo.
—Le di tu número a Naruto.
Creo que me lo dijiste una semana tarde.
Entorné los ojos impregnados de ironía, él lo notó.
—Sí. Sé que debí preguntarte antes, pero ese chico en verdad no me dejó otra opción —replicó.
Hice una mueca. Shikamaru se percató de mi pesada mirada y volvió a hablar.
—Naruto puede ser muy escandaloso e intenso, es de familia —aseguró—. Es una persona honesta y siempre dirá la verdad, aunque duela. Si él está intentando acercarte a ti, simplemente vio lo que yo también: que estás completamente solo.
Está vez lo miré sin expresión. El rostro sereno de Shikamaru no pareció falso, incluso la fina sonrisa que mostró segundos después pareció genuina.
—Ambos estamos de acuerdo que esperamos demasiado tiempo para actuar. Te has vuelto más cerrado y desconfiado. Será difícil el reto.
¿Me habían observado desde el primer día? No, mi desconfianza se volvió fuerte en la preparatoria. No dejaba que nadie se me acercara a temor que me insultaran o lastimaran con sus palabras.
Fruncí el ceño.
Shikamaru me dio una palmada en la espalda y se fue sin despedirse.
¿Naruto y él se pusieron de acuerdo para fastidiarme? Nara nunca me había dirigido formalmente la palabra, aunque estaba consciente de mi existencia, no intentó ir más allá de un simple asentimiento de cabeza.
¿Qué me sentía solo?
No quise responder.
Me dirigí al auto. Una vez adentro, coloqué mis cosas en la parte de atrás, al meter la llave en el contacto mi celular sonó alertando a un mensaje. Lo saqué comprobando que se trataba de Naruto.
» Naruto: ¡Hey, amigo! ¿Dónde estás? No te he visto en todo el día. Comamos juntos, todavía no saldo mi deuda con lo del ensayo.
Justo en el momento que dejé caer el celular en el tablero dispuesto a pisar el acelerador, algo chocó en la ventana opuesta, sobresaltado. Se trataba de Naruto, pegó su rostro al cristal, se veía sumamente horroroso.
Antes de que pudiera acelerar o, por lo mínimo activar los seguros automáticos, él se tomó la libertad de abrir la puerta y sentarse en el lugar del copiloto.
Por un segundo permaneció en silencio. No lo miré, me contenía en sacarlo a golpes del auto, y estuve a punto de hacerlo si no fuera porque habló.
—Bueno, esto es muy incómodo. Siento que soy un tipo acosador que anda detrás de una mujer.
Maldito.
—¡Espera! No lo dije en sentido amoroso —advirtió rápidamente al ver la nueva expresión de semblante, uno más terrorífico—. Créeme cuando te digo que en verdad quiero ser tu amigo.
Ni siquiera había pasado un día y de nuevo sacaba el tema a flote. No quise darme la oportunidad de imaginar posibles desenlaces.
Sin concebir la posibilidad de que Naruto se acercara de nuevo.
Sin concebir la posibilidad de encontrarme cara a cara con Sakura en el hospital.
Sin prever que Shikamaru me hablara por primera vez.
Por un segundo me sentí como un adolescente de quince años, cuya preocupación giraba en torno a los demás.
Una etapa que no viví como tal.
—Hay dos tipos de personas: las ingenuas, que creen que con paciencia y afecto se ganan el afecto de quienes los rodean. Y las ruines, que saben que la realidad es más que conexiones, por eso son astutas y buscan su propio beneficio sin importarles pasar sobre los demás.
¿Qué demonios...?
Esas palabras se me hacían conocidas. Estoy seguro de ello. Mis ojos viajaron a las manos de Naruto, hasta ese momento me di cuenta de que traía consigo una libreta vieja, la había abierto en cierta página y leído su contenido.
Sonrió amigable y alzó dicha libreta.
Lo recordé abruptamente.
Un salón de clases, en segundo grado de la escuela media. Alguien se había acercado a mí con la misma sonrisa de Naruto después de recibir burlas sobre mi discapacidad. Era un chico pelirrojo con uno frenos horribles y un montón de granos, con una voz chillona, y unos enormes lentes que parecían fondo de botella.
Ese mismo chico me brindó unas palabras de aliento, y a respuesta, yo le escribí en la libreta que tenía a la mano. Él se rio muy fuerte en ese entonces.
—Entonces, soy un estúpido e ingenuo, dispuesto a ser amigo de una persona tan enigmática con cara de estreñido.
Las mismas palabras que repitió Naruto en este instante.
—Por tu expresión de que acabas de ver a un muerto, afirmo que te acordaste de mí.
Y yo seguía sin creerlo. Del chico pelirrojo no tuve noticias al siguiente día. En ese tiempo albergaba una mínima esperanza de que alguien quisiera ser mi amigo sin importarle mis limitaciones con el habla.
Pero me enteré de que fue transferido a otra escuela. Y nunca más supe de él.
La decepción no fue muy fuerte, en el fondo sabía que todo sería difícil, incluso el mismo destino o Dios se encargaría de ello.
Y deje de intentar encajar.
—Mi cabello ahora es rubio, me lo teñí hace unos años, quería parecerme a mi padre —comenzó a explicarse por su apariencia—. También me quitaron esos estúpidos frenos, y mi cutis y la voz me cambió. ¡Ahora soy todo un adonis para las mujeres!
Bufé, riéndome irónicamente entre dientes por su comentario. ¿Adonis? Este tipo era un estúpido.
—Y por lo otro, me fui de emergencia al pueblo donde viven mis tíos, hubo un... grave problema y mi familia permaneció una temporada por allá. Obviamente me transfirieron de escuela. Regresamos un año después. ¡Y fue casualidad descubrir que tú asistas a esta universidad! Si no fuera por Shikamaru nunca te habría encontrado.
Lo escuché sin hace un indicio de querer responder. Mentiría si pensaba que no me sorprendía su repentina confesión.
Ciertamente me abrumó. ¿Cómo alguien me consideraría, a mí, un mudo sin nada que ofrecer más que amargura y dolor? Siendo sincero, seguía en shock.
Ahora entiendo las palabras de Shikamaru: "Te has vuelto más cerrado y desconfiado".
Suspiré quitándome la gorra para frotar con libertad mi nuca. Esto me estaba estresando, ahora no sabía qué hacer.
—Calma Sasuke. Solamente piénsalo con certeza, no mentí en aquel entonces que quería ser tu amigo, tú me defendiste de esos bastardos que me golpeaban. Por eso siempre te considere mi amigo.
Recordé eso también. Lo miré de soslayo, su expresión seria me decía que no mentía.
Sin embargo, todo era un revoltijo.
Saqué mi celular y le escribí un texto a Naruto.
"Lo pensaré, miope".
Se rio al recordar el apodo que le pusieron en la escuela media.
—Me alegra que por lo menos consideres la idea.
Gruñí a respuesta y volví a colocarme la gorra.
—Bien. Me iré porque tengo prisa, necesito llegar a casa —abrió la puerta del copiloto dispuesto a salir.
Lo dejé irse. Se despidió espontáneamente, alejándose entre los carros directo a la salida.
Me di cuenta de que dejó el cuaderno sobre el asiento. No lo tome, no tuve el valor de abrirlo. Ese cuaderno poseía notas de lo que sentía en aquel entonces, de lo que mi corazón herido profesaba a las personas.
Y pensar que Naruto lo leyó.
Amigos.
¿En realidad existirán?
Mientras divagaba en esa cuestión, un ligero pitido proveniente de mi celular me alertó. Lo saqué de la mochila y revisé el buzón de mensajes. El remitente era mamá, seguramente me pediría pasar a comprar algún tipo de verdura o carne para completar la cena de hoy, cocinaría estofado de res: la comida favorita de Itachi. Recibirlo cálidamente haría que dejará sus preocupaciones de lado —a palabras de mamá— y disfrutar la paz que le brindamos.
Siempre reprimía mi mal humor en tal aspecto, ¿paz? Yo no brindo tal sentimiento que comenzaba a sentirse ajeno cada día que transcurría.
Leí el mensaje con calma trazando la ruta más corta para el supermercado, pero las palabras que resaltan en la pantalla crearon un torbellino de emociones en mi interior. Aguante la respiración unos segundos, asimilando lo que contenía el mensaje. Una mueca de horror surcó mi rostro y apreté los dedos alrededor del aparato, pensé que lo rompería por tanta fuerza que ejercía.
» Mamá: Itachi está en el hospital.
¿Mi hermano resultó herido en el operativo?
Conduje como un loco, ligeramente sorprendido de que no haya atropellado a nadie.
Evité a toda costa las saturadas carreteras, no soportaría lidiar con el tráfico vespertino, no mientras no supiera sobre la salud de Itachi. Muchas ideas paranoicas llegaban brutalmente por cada segundo que transcurría, haciendo alusión un desenlace aterrador.
Se me cerró la garganta al pensarlo.
Gruñí por debajo al doblar en la siguiente esquina. Pise el acelerador agradeciendo internamente que hoy parecía invisible para los policías de tránsito, tampoco estaba de humor para ellos. Mandaría todo a la mierda en voz alta si fuera posible.
Aparqué en la plaza más cercana, por poco embisto el automóvil continuó. Apretando los dientes, contuve un mísero gruñido de frustración. Agarré mi celular y las llaves del auto antes de salir azotando la puerta a mis espaldas. Corrí hasta la entrada principal con la respiración cada vez más agitada debido a mi desesperación, localicé la recepción y no dudé en abalanzarme a la barra.
La enfermera en turno dio un respingo del susto, me dirigió una mirada fulminante.
—¿Puedo ayudarte en algo jovencito? —farfulló malhumorada.
Tecleé rápidamente en las notas de mi celular y se lo mostré.
"Necesito información sobre Uchiha Itachi, soy su hermano".
Seguramente mi rostro urgente ayudó a que la enfermera dejará de lado su actitud, viró el rostro a los papeles desparramados sobre la mesa. Al cabo de unos minutos que parecieron eternos, alzó la mirada frunciendo el ceño.
—Su hermano fue ingresado hace poco. Recibió un balazo en el brazo, pero la herida es superficial.
La última frase renueva mis energías, solté el aire que hasta ese momento retuve inconsciente mente, preparándome a una peor noticia. Un poco más calmado, quise saber en dónde se encontraba.
Recorrí los pasillos que sabía de memoria hasta encontrar el ala de urgencias. Las palabras rojas relucían sobre el umbral de las puertas automáticas, cruce a grandes zancadas buscando el rostro de mamá e Itachi, no tardé mucho en hallarlos cerca de otro pabellón. Gracias a que nadie se molestó en correr las cortinas para darles privacidad, pude ver a Itachi sentado en el borde de la camilla mientras el enfermero terminaba de ponerle el último punto en el brazo derecho.
Me acerqué precavido. Mamá tenía las manos entrelazadas debajo de su barbilla y sus ojos inquietos se fijaron en mi cuando se percató de la cercanía. Sonrió aliviada, pero el brillo de sus pupilas no desapareció: miedo y un profundo terror.
Adiviné de una u otra forma su inquietud. ¿Y si la bala le hubiera atinado directamente a un órgano vital? O peor, ¿la cabeza?
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me obligue a despejarlo.
Me planté al lado de mamá. Ambos observamos en silencio al docente colocar una gasa sobre la sutura, Itachi no se percató de mi presencia hasta que viró a nosotros plasmando una despreocupada sonrisa, parecía avergonzado.
—Mamá, no era necesario preocupar a Sasuke —dijo Itachi con un deje de resignación.
—Tiene derecho a saber lo que te sucede, además, se hubiera dado cuenta —alegó muy segura Mikoto.
Dejó caer los brazos y se acercó a él, abrazándolo con cuidado de no tocar su herida. Alejó un poco su rostro y le acarició tiernamente sus cabellos azabaches, esparcidos sobre sus hombros, al parecer se despojó de la liga que los sostenía.
—Me alegra que estés bien Itachi-chan.
Mi hermano sonrió depositando un beso en la mejilla, después me miró.
—¿Te preocupaste tanto hermanito? —preguntó Itachi dirigiéndome una mirada cargada de burla sana.
Refunfuñe en silencio al evadir su mirada y cruzar los brazos sobre mi torso. Maldito Itachi, gozaba ponerme en situaciones incómodas, y él aprovechaba cada oportunidad. No merecía mi preocupación. Es más, yo mismo me encargaré de abrirle la herida.
Con ese pensamiento sádico me aproxime a la camilla, pero mamá no dejó que le tocara la gasa. Gemí en lo bajo al ser descubierto. Desvíe mi atención a otro aspecto importante, por ejemplo, como lo hirieron.
—Digamos que uno de los delincuentes se libró de las esposas y comenzó a disparar a lo loco —comentó tratando de minorar el daño. Su sonrisa no calmó la mirada indiscutible de mamá ni la mía, ensanchó el gesto, seguramente esperando que cayéramos en su sutil engaño—. En serio, no es nada grave, solamente no debo forzarme por unos días, ¡pronto estaré como nuevo!
—"Y con una cicatriz que parecerá un bulto feo" —gesticule.
Itachi bufó entornando los ojos.
—Son gajes del oficio.
El suspiró de mamá atrajo nuestra atención. Cerró los ojos y, cuando los abrió, una sonrisa maternal adorno su rostro que poco a poco se iba relajando. Estuve tranquilo por el momento.
—Iré a terminar el papeleo para que dejen ir a Itachi —avisó.
Depositó un beso en la frente a cada uno y se alejó rápidamente a la recepción de urgencias, al cabo de unos segundos hablaba con el enfermero que atendió a Itachi.
Me viré a él con ojos entrecerrados. Decirle que esa profesión era peligrosa ya no entraba en mis posibles ideas de hacerlo desistir, así que decidí no formular nada y sentarme a su lado, en completo silencio. Itachi me miró de reojo y sonrió al pasar el brazo sano sobre mis hombros.
No lo miré.
—Vamos, vamos. No pongas esa expresión hermanito. Mejor... consigue un poco de comida, muero de hambre.
Lo miré con ojos asesinos.
—¿Qué? Perdí mucha sangre Ahhh... —se lamentó muy patéticamente. Enrolé los ojos y apreté los labios—. Siento que me desmayo, un bollo de chocolate sería mi salvación...
Irritado por su mala actuación, me levanté de sopetón, librándome del abrazo. Lo miré con ojos asesino y él se limitó a ensanchar su sonrisa socarrona a sabiendas que se salió con la suya.
—Mejor que sean dos.
Decidí ir por su dichoso bollo antes de lanzarle el botiquín que reposaba sobre el carrito de metal, a lo mejor así dejaba de molestarme el resto de la tarde. No me rebajaría a discutir con él por algo tan infantil.
Caminé decidido a la puerta principal, al tener la mirada gacha no me percaté del cuerpo frente mío, impacto con cierta brusquedad. Fue un desafió mantener el equilibrio ante la embestida. Aturdido, bajé la vista y me topé con una cabellera rosada. ¿Acaso era...?
Bastó que ella, después de alejarse torpemente y murmurar una débil disculpa, alzara el rostro y se sorprendiera al verme frente suyo.
Nuevamente sus ojos brillaron emocionados, pero detrás de esa emoción se escondió algo más oscuro.
—Hola, Sasuke. Creo que nuestro lugar predestinado es el hospital —comentó esbozando una sonrisa, después se quejó y rápidamente deshizo su gesto.
Se llevó una mano a su mejilla, hasta ese momento vi su piel rojiza y ligeramente hinchada. La frotó a modo de consuelo y evitó mis ojos al darse cuenta de que no le quité la mirada de encima.
—Eh... yo solo... —carraspeó, incómoda—. Me caí...
No fue muy convincente. Volvió a desviar los ojos a su costado, y su otra mano temblaba contra su pierna. Su parecía frágil encogida de hombros y con una mirada turba, lejana y reprimiendo tanta tristeza y coraje.
Frené la necesidad de preguntar. Antes que nada, debía ponerse algo frío en la mejilla para librar el ardor.
Guiado por ese mismo impulso que parecía dominarme al estar cerca de ella, le hice una señal para que me siguiera, después de lanzarme una mirada confusa, se limitó a encogerse más de hombros y caminar detrás de mí por la sala de urgencias.
Busqué con la mirada a Anko, le pediría un poco de crema para desinflamar el dolor y una compresa fría. No tardé en localizarla, de pie junto a la recepción leía unos documentos, su ceño fruncido daba señal de concentración.
Me acerqué con cierta precaución, por experiencia conozco su temperamento cuando la sobresaltan. Bastó que agitara un poco mi mano para que Anko captara el movimiento y me mirara con el ceño fruncido, luego enarcó una ceja al deslizar su rostro a mi lado. Sakura la saludo con su mano.
—Doctora Anko.
—Sakura, querida, ¿Qué sucede? —la doctora dejó los papeles sobre la barra.
Suspiré, y un poco renuente, moví mis manos.
—"Necesita un poco de crema para desinflamar su mejilla" —gesticulé, y seguidamente señalé a Sakura.
Ella me miró con un deje de fascinación, luego mis manos y supe de que se había asombrado. Bufé por debajo, era normal que yo utilizara el lenguaje de señas para comunicarme, el que los demás no lo supieran resultaba un verdadero fastidio.
—Se ve muy inflamado —dijo Anko acercándose a Sakura.
Dejó que le tocará la quijada, movió un poco la cabeza y soltó un quejido por el esfuerzo. Después de unos segundos, noté que algo que me inquietó un poco.
Los ojos de Anko se volvieron más oscuros y apretó los dientes. Su mirada dura se giró a Sakura, ella la desvió mientras se mordía el labio inferior y unió ambas manos detrás de su espalda, tensa. No comprendí sus reacciones y porque permanecieron en silencio por unos segundos.
—Fue él... ¿verdad? —preguntó Anko, apenas contuvo la ira en su voz.
¿Él? ¿Quién?
Miré a Sakura con el ceño fruncido. Me frustró que se alejara del contacto de Anko, agachó la mirada en un punto fijo del blanco del azulejo.
—¿Te golpeó de nuevo?
Una pregunta que salió de los labios de Anko.
La respiración de Sakura se detuvo y yo lo comprendí más rápido de lo que deseé.
Ella me mintió al decirle que se cayó para así ocultar la verdad.
Él... la golpeó. Un hombre. ¿Su novio? Pensé al recordar que mencionó a su pareja.
La miré bruscamente intentando encontrar la respuesta a la cuestión que ahora daba vueltas en mi mente, tubulado y confundido, le insistí a mi forma, sin apartarme de ella. Haciendo mis propias preguntas ante la preocupación que pronto me embargó.
Y nuevamente me pregunté porque estaba preocupado. Absurdo. La última vez que la vi me prometí no interesarme en lo que sucediera con ella. Claro, si fuera el caso de no verla nunca más. Pero ahora estaba de pie, frente a mí, con un golpe en la mejilla y una mirada apagada; hastiada, no de nosotros, pareciera que la situación la sobrepasaba con creces.
¿Cómo preocuparme en su angustia cuando no puedo con la mía?
No quería ver esa mirada. No, quería ver la hermosa sonrisa que compone en su rostro. Sus ojos no merecían la agonía a la cual su portadora tenía que sufrir a causa de terceros.
El silencio de Sakura bastó de afirmativa. Apreté los puños a los costados.
—Mi padre enfureció porque mamá se escapó ayer —dijo por fin, una mueca de dolor surcó su rostro al hablar tan deprisa—. Así que vino a...
—... Regañarte a su manera —le interrumpió Anko.
Hasta ese momento Sakura pareció reaccionar a mi presencia, se giró bruscamente a mi dirección y sus ojos pidieron silenciosamente que no indagara hasta que ella decidiera contarme. Tuve que respirar varias veces para controlar mi respiración que se había acelerado y ni siquiera me di cuenta. Relajé mis hombros, pero no la mandíbula, la seguía apretando con fuerza.
Anko la tomó del brazo y la llevó de regreso, las seguí mientras divagaba en mis cavilaciones.
¿Cómo podría su padre levantarle la mano de esa forma? ¡Era su hija! ¿No consideraba del daño que le ocasiona fuera de lo físico? Hay heridas que no sanan con desinfectante y medicinas, no, las ingeridas en el corazón persistían por un tiempo indefinido. Expuestas a tal manera que cualquiera puede expandirlas con tocarlas deliberadamente.
Padres... no pude evitar una sonrisa satírica. Se suponía que ellos velaban con sus hijos, procurando su bienestar, apoyándolos en todos, brindándoles la protección que solo ellos parecían profesar.
Recordé lo que mi propio padre propicio y reprimí el impulso de golpear la pared a mi costado y así soltar mi frustración.
¿Qué clase de progenitores no tocó, Sakura? Parece que la vida se encargó de ponernos las peores escorias. Que ironía, un juego macabro del cual nosotros somos los perdedores.
Sakura se sentó en una camilla vacía, me quedé al pie observando a Anko sacar un botiquín y proceder a untarle una crema transparente. Al cabo de unos minutos le puso una pequeña compresa fría y arrancó unas tiras de cinta blanca, colocándolas a los costados para que se mantuviera sobre su mejilla.
Al terminar su rápida labor, se levantó del banco y puso el botiquín en su lugar.
—Doctora Anko... —Sakura vaciló— ¿Podría no mencionarle nada a Karin? Por favor.
Una súplica que me costó digerir. ¿No quería que su hermana lo supiera?
Anko se molestó.
—Karin tiene derecho a...
—No es el momento. Está muy preocupada por mamá, no quiero cargarle más los hombros con esto —dijo seria—. He sabido manejar esto.
—Algún día se te saldrá de las manos.
Fuera mi imaginación o no, pero me pareció captar un ligero temblor en Sakura que asintió pesadamente, su sonrisa fue fugaz y llena de resignación.
—No mientras tenga cuidado.
Finalmente, Anko suspiró derrotada, llevándose una mano a su frente. Se despidió con un gesto y partió al pasillo continuo, desapareciendo de nuestra vista.
Al quedarnos solos —exceptuando a todos los paciente y enfermeros de la habitación—, se incorporó como si nada y me miró con sus grandes ojos verdes. Yo seguía un poco perturbado, por lo que no la miré al instante, esperé unos segundos para que mi mente se calmara. Cerré los ojos y al abrirlos, los dirigí a ella.
—Sasuke yo... —murmuró ahogadamente.
Se sentó de nuevo en la camilla y palpó su lado. Con cierta duda me dejé caer a su lado, guardando un poco la distancia.
—No sé si estoy haciendo bien al decirte, no quiero preocuparte... que va —frunció los labios—. No creo que te preocupe lo que le suceda a una desconocida.
No. No debería preocuparme, pero aquí me encuentro, sentado a su lado, impaciente a conocer su dolor, aunque yo no ofreciera nada más que soledad y sufrimiento propio, quise... intentar comprenderla, ¿Qué clase de dolor es?
También necesito quitarme la primera impresión que tuve de ella: falsa e hipócrita, nada de ella era real.
Lo necesito para decidir si permito que entre a mi vida o alejarla completamente para evitar una traición.
Saqué mi celular y abrí las notas, escribí con rapidez y se lo mostré a Sakura.
"Dijiste que no soy un desconocido para ti, ¿piensas retractarte?"
Elevó sus ojos después de leerlo, mantuve mi rostro sereno, expectante a su reacción, cuál sea su decisión la respetaré, tampoco quería forzarla a hablar, debía tener sus propias razones.
Algo vio en mí que le dio el empujón para contarme. Sonrió un poco y después juntó las manos sobre su regazo, pensativa.
—Aún no estoy preparada para contarte todo, pero... —me miró suplicante—, lo que sí te diré es que todos los días me esfuerzo, doy mi mejor cara a mi familia para que no se preocupen por mí. Mis hermanos saben que padre me maltrata, pero no a qué grado. Esto —señaló su mejilla— no es nada comparado a lo que una vez sufrí.
Una imagen producida por mi mente caló en mi ser. Reprimí muchas emociones y me limité a escribir nuevamente en el celular.
"¿Tus hermanos no han hecho nada al respecto?"
Por la forma en que Karin me miró recelosa supe que la protegía mucho, así que no me cabía en la cabeza que ella y su otro hermano o hermana permitieran las agresiones de Sakura.
—Yo les pedí que no lo hicieran para evitar problemas más graves, papá no me... maltrata si lo obedezco y hago las cosas bien —apretó los dientes—. Sasori, mi hermano mayor, dijo que estamos muy cerca de salir de esa casa de infierno. Mamá, Karin, él y yo nos iremos pronto de allí.
Lo que Sakura soportaba con tanto añico eran los maltratos de su padre para no poner más carga en los hombros de sus hermanos mayores, ni preocupar a Mebuki, era obvio que todo le afectaría directamente. Lo hacía por amor a la que consideraba su familia, porque, por más que su padre haya contribuido a que naciera y la criara, desde el momento en que la golpeó, algo en ella comenzó a romperse.
Lo deduje al ver sus ojos, poco a poco comencé a leer más su sentir mediante sus expresiones.
Volví a mover mis dedos sobre la pantalla.
"No tienes por qué soportar ese peso tu sola"
Sakura miró largamente la frase que escribí, luego sonrió tristemente.
—Si no lo hago arruinaría sus planes. Además... papá paga los medicamentos de mamá, sin su ayuda ella no... —la voz se apagó a mitad de sus palabras. Sus ojos se cristalizaron, pero no derramó las lágrimas que amenazaban en caer.
Ahí estaba, el verdadero motivo por el cual soporta los maltratos de su padre: el dinero que él aporta para los medicamentos es indispensable para el tratamiento de su madre.
Sacrificaba su integridad, su bienestar emocional para así alargar la vida de Mebuki. Cada medicina e ida al doctor compensaba cada golpe, cada grito de su progenitor, cada insulto con tal de tener a su madre un día más.
Me llevé una mano a mi rostro, frotándolo. Demasiada información en un día para digerir completamente. Ella en verdad... sufría, fuera de su aspecto angelical y la sonrisa que siempre portaba, se consumía desde dentro, lentamente. Cargaba el peso y arriesgaba demasiado con tal de restarle un tema delicado a los demás.
Una sonrisa fracturada en su rostro aparecía, y solamente los que han traspasado por un quebrantamiento, saben diferenciarla.
Detrás de una sonrisa siempre se esconde una lágrima.
Sakura... también tenía sus cargas... igual que yo.
—Gracias por escucharme —la voz de Sakura me hizo reaccionar. Alejé la mano de mi rostro y la miré, sonreía con sinceridad—. Necesitaba sacarlo antes de que se acumulara en mi pecho y no supiera que hacer.
Me abrumaron sus palabras. Atiné a agachar la mirada y asentir con la cabeza.
¿Qué podía expresarle? ¿«Gracias por confiar en mí»? bufé internamente, yo que ni siquiera estaba seguro de lo que hacía, me resultaba extraño estar a su lado, entablando una "conversación" aunque el tema sea un tanto delicado.
—Hoy regresaré a mi pueblo.
Esa inesperada confesión me asfixio de repente. Era de esperarse, en algún momento ella tendría que volver a su hogar, el pueblo con el que tanta añoranza hablaba. Lejos de la ciudad y sus visitas cada dos semanas.
Al notar mi reacción retraída, me dio un golpecito en el hombro. Salí de mis pensamientos y me obligo a mirarla a regañadientes.
—Volveré en dos semanas, así que quita esa cara. Te dije que no te librarás de mí fácilmente —dijo burlona.
Claro que lo recuerdo, lo sentenció con esa misma sonrisa cargada de diversión. Contando el hecho de que casualmente nos encontramos en el hospital, y ahora que sabía que ella siempre estaba aquí, podía evitar pisar el hospital esos días.
Pero... ¿a quién engaño? Esa chica era diferente, todo de ella. La forma en que conversa conmigo, como si mi discapacidad no fuera un problema, como si no le importara en lo absoluto, me veía como...
Alguien igual a ella, un ser humano.
Pero sería imposible, cuando se fuera de la ciudad no la vería, ella se olvidaría de mí.
—Sasuke... ugh —su repentino nerviosismo me intrigo. Ella tragó el nudo de su garganta—. Será mucho pedir si... ¿me das tu número de contacto?
Me quedé impactado en mi lugar, con una mirada incrédula, la lengua se me pego a mis palabras y mis pensamientos se volvieron confusos.
¿En verdad lo pedía?
Lo medité unos segundos en los cuales Sakura me miró repentinamente apenada.
—Claro que, si no quieres, no hay problema —le restó importancia, en lo cual era una absoluta mentira, pude verlo en sus ojos desilusionados.
Unos segundos de debilidad que jamás experimente aparecieron como una opción, pero ¿qué importaba darle la oportunidad a ella, o más bien, a ellos? Tal vez comenzando por Sakura... y la posibilidad de terminar destrozado.
Si algo salía mal no podía perder algo que no tenía.
Con cierta resignación de ser incapaz de poder imponer mis propias defensas —ocultando el nerviosismo que repentinamente me atacó— alcé mi celular y luego la señalé con un dedo.
Tardó unos segundos para comprenderme.
—¿Quieres que te de mi celular? —preguntó, dudosa.
Me sentí aliviado de que lo entendiera, es muy atenta y diligente al interpretar mis expresiones.
Lo sacó del bolsillo de su suéter y me lo entregó desbloqueado. Me di cuenta de la confianza que me tenía en tan poco tiempo como para entregármelo así nada más, Sakura era una persona un tanto despistada.
De fondo de pantalla apareció una foto de un cachorro blanco, acostado sobre una manta azul de una forma tierna, me recordó a Hunter cuando Itachi lo trajo a casa.
—Es la mascota de uno de mis amigos, se llama Akamaru —comentó como si nada.
Asentí sin darle más vueltas al asunto y busqué lo que me interesaba.
El teclado con número pasó a mi campo de visión, y aquello que consideré en un principio se esfumó, la duda me invadió por completo. ¿Sería lo correcto mantenerme en contacto con ella? me pregunté mirando la pantalla, ¿no se cansaría de tratar conmigo?
Las palabras de Kakashi me infundieron el valor necesario para el siguiente paso. Era cierto, si no lo intentaba no sabría que saldría de todo esto.
Solamente esperaba que no me estuviera equivocando con Sakura.
Después de teclear los dígitos que me sé de memoria —no sin dudar demasiado, llegando a borrarlo como tres veces—, finalmente le entregue su celular. Ella miró extrañada la pantalla totalmente confundida. Giró su vista a mí y luego a su celular, repitió la acción un par de veces más antes de sonreír de oreja a oreja, emocionada.
—¡Es tu número de contacto! No lo puedo creer —mencionó entusiasmada—. Pensé que te negarías por completo.
Todavía no estoy a ese grado de considerarlo, pero el hecho de que se lo diera a voluntad fue un gran paso que me costó dar. Seguramente me arrepentiría de esto unos días más tarde, en la noche comenzaría a prepararme a una posible desilusión.
Cierta molestia me distrajo, me sentí observado. Moví mi cabeza buscando el fisgón y, al enfocarme en unas camillas más allá, capté de inmediato el rostro de mi hermano que fijaba su vista a mi dirección, asombrado.
Me pregunté la razón y caí en cuenta que Sakura estaba a mi lado.
Oh, maldición, que no se le ocurra venir, pensé al ver sus ademanes de querer levantarse. ¿Por qué no le dispararon en la pierna en vez del brazo? Así quizás no tuviera esa intensión.
Para mi alivio, se sentó de nuevo.
«¿Quién es ella?» me gesticuló a lo lejos mientras una sonrisa adornaba su rostro. Conocía esa sonrisa, una de felicidad al verme cerca de alguien "desconocido" sin mostrar indiferencia.
Aparté la mirada, ignorándolo por completo.
—Listo, te envié un mensaje para que registres mi número —avisó Sakura.
Regresé mi atención a ella, su celular tintineo y rápidamente leyó el contenido. Luego vi el sosiego en sus ojos al verme con una disculpa marcada en su semblante.
—Eh... tengo que irme, Karin me está esperando en la entrada para irnos a la estación del tren —en el tono en que lo dijo dejaba al aire más emociones que la desilusión.
Mi pecho se oprimió en un repentino espasmo, llegó la hora de despedirme de ella.
Se levantó de un salto y esperó paciente a que imité su acción, pesadamente me puse sobre mis piernas y solté un suspiro que salió como un resoplido. Le saqué una sonrisa divertida, ¿de qué se reía?
—Bueno, Sasuke, esta vez soy yo quién me despido —se llevó una mano a su pecho—. Estaremos en contacto, espero que me contestes los mensajes.
Asentí ante su mirada inquisidora, algo dentro de mí me decía que estaba equivocándome al dejar que ella permaneciera en mi vida, que tarde o temprano me apuñalaría por la espalda, todo se volvería efímero.
Mientras que la otra mitad se aferraba a la esperanza que sería todo lo contrario. No quise ser positivo, pero me gusto esa idea.
—La próxima vez te agradeceré formalmente de haber ayudado a mi madre.
Alcé una ceja entendiendo a qué se refería, era de suponer que lo sabría tarde o temprano.
Después de mirarme fijamente y brindarme una sonrisa, agitó su mano en despedida y giró sobre sus talones para retirarse, tuve el impulso de regresarle el gesto, pero me quedé ahí, plantado y sin reaccionar a tiempo. Observando cómo desaparecía entre las personas ajetreadas directo por la puerta principal.
Lo último que vi fue sus ojos que me miraron a través del cristal, sonriéndole con amabilidad y diversión.
Me quedé parado como un idiota durante unos segundos, volví a la realidad abruptamente al recordar en donde me encontraba: la sala de urgencias. En cualquier momento entrará alguien herido y veré la horripilante sangre. No lo soportaría, no soy tan fuerte en estos momentos.
No quería empeorar más mi día, así que volví con Itachi rehuyendo de su mirada socarrona. No me reclamó que no trajera sus bollos de chocolate, a él le interesaba más saber con quién hablaba.
—Vamos hermano, dime quién es la chica.
Gruñí hundiendo mis manos en el interior de la chamarra. No me apetecía lidiar con su curiosidad, me limité a ignorar sus preguntas. Al cabo de unos minutos se calló, pensé que por fin se había rendido hasta que vi a mamá venir a nosotros, me toco la espalda y se aproximó a Itachi.
—Ya podemos irnos.
Internamente la agradecía a mi hermano que no comentó nada respecto a Sakura, me guiñó el ojo en son de complicidad y solamente pude entornar los ojos, menos mal que no tendré a mamá sobre mí con sus preguntas, ella sería la más entusiasmada que intentara socializar con alguien fuera de mis conocidos.
Como si eso fuera completamente posible.
Más tarde, encerrado en mi habitación tras terminar el ensayo, estaba sentado en la orilla de mi cama fumando un cigarro, el cenicero a mis pies apenas tenía rastro de las cenizas. Ahogaba mis pensamientos negativos de los acontecimientos de hoy.
Sakura no me enviara mensaje, se olvidara de mi.
Naruto me despreciara, odiara en lo que me convertido.
Shikamaru me ignorará, como lo ha hecho desde hace años.
Pegué el dorso a mi frente, apretando los dientes. Salgan ya maldita sea, quiero dormir tranquilo hoy sin que las pesadillas tomen formas. Hace días que las pesadillas surgieron de la nada, atormentándome en sueños representando mis profundos temores.
El celular parpadeó, la escasa luz iluminó momentáneamente las penumbras a la cual sometí la habitación. Alcé mi cabeza y estiré el brazo para alcanzarlo, ¿quién me molestaba a tales horas de la noche?
En la pantalla relució el nombre que no espere encontrar.
Sakura.
Mi respiración se cortó mientras abría el mensaje, apoyé la mano que sostenía el cigarro sobre mi rodilla y me incliné un poco. Después del primer mensaje que ella envió me limité a guardar su contacto. El de ahora revelaba una fotografía de un paisaje nocturno: el campo de flores se extendía por todo el prado, apenas visibles. Las luciérnagas verdes le daban un toque nostálgico.
Llegó otro mensaje.
» Sakura: Este prado queda frente a la parada del metro del pueblo, ¿verdad que es hermoso?
Mantuve mis dedos sobre la pantalla, meditabundo. Sí contestaba el mensaje le daba completa cabida a Sakura para que ingresara a mi vida. Tenía miedo, sí, de hecho, no me di cuenta de que mi mano temblaba hasta que el celular cayó sobre el cenicero, el abrupto sonido rompió el silencio. Sobresaltó a Hunter que permanecía acostado a mi lado, sobre la cama, dormitando.
Alzó su cabeza a mi dirección y me miró, de esa misma forma que yo estúpidamente creía que se trataba de preocupación. Restregó su hocico en mi mano y dejó caer su cabeza sobre el colchón a seguir durmiendo.
Suspiré armándome de valor, recogí el celular y dejé el cigarro sobre las cenizas. Limpié resto de las cenizas del aparato con la tela del pantalón y lo encendí de nuevo. ¿Sería lo correcto dejar que ella supiera más de mí?
Lo decidí en el hospital, por eso le di mi número, ¿no?
Maldición, hazlo de una vez Uchiha.
Tecleé con rapidez mi respuesta, y antes de que pudiera arrepentirme, lo envié.
Solamente esperaba que estuviera en lo correcto.
» Yo: Es una vista interesante.
Ella respondió segundos después.
» Sakura: Se siente una gran tranquilidad escuchar el cantar de los grillos y no los automóviles de la ciudad. El ruido me hostiga mucho.
No sé porque me la imaginé haciendo un mohín.
Retomé el cigarro del cenicero y miré una vez más la pantalla antes de contestar su mensaje.
Nunca imaginé que un simple mensaje sería el comienzo de todo.
¡Hola, hola!
No pude contenerme y publiqué este capítulo antes de lo previsto, ya tenía la mitad y pues no quise atrasarlo, como una pequeña recompensa de mi retraso con esta historia.
¿Qué les pareció? Aunque Sasuke ya haya aceptado un poco a Sakura, eso no quita que tenga ciertos pensamientos negativos, siempre estuvo rodeado de gente que lo despreciaba. Por eso se siente extraño el interactuar, al igual que Naruto descubriendo que lo conoció con anterioridad.
Ahora ya saben por qué tanta insistencia por parte de él XD créanme, esto apenas está comenzando -risa malévola- esta historia es más compleja de lo que parece -la que le gusta hacer drama todos los días-
En fin, ¿quién más comienza a odiar a Kizashi? -levanta su mano-
Les agradezco todo su apoyo y espero actualizar pronto, terminar con RTN para meterme en lleno a esta y DDS.
¡Nos leemos pronto!
Alela-chan fuera.
