|8| Si tuviera voz… ¿cómo se escucharía?
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Sakura
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Cuando Neji me pidió ser su novia, fue a principios de primavera.
Únicamente hay una secundaria en el pueblo, e íbamos a diferentes clases. Todo el día actúo de forma extraña, demasiado nerviosos e incluso me evito varias veces, pensé que se había enojado conmigo por alguna razón. Me sentí aliviada cuando me habló al terminar las clases para citarme en el puente del pueblo, al crepúsculo.
Estuve nerviosa el resto de la tarde, las expectativas eran demasiadas y mi corazón tan pequeño para soportar estos sentimientos. Que, cuando él se me confeso y me pidió que fuera su novia, sentí que mi pecho explotaría de emoción. Toda la semana estuve flotando entre las nubes.
Comparado a ese momento con este, aún no asimilo cuanto han cambiado las cosas. Aquel sentimiento aplastante en mi pecho, tan hermoso y regocijante, se convirtió en una opresión dolorosa, a tal punto que me provoca un llanto menospreciado por él.
¿En que instante cambiaste, Neji?
¿Cuándo comenzaste a ser tan celoso? ¿O llegar a desconfiar de mí?
Preguntas que no me dejaron tranquila después de volver de Tokio. Decidida en resolver la pelea desatada por sus celos, lo busqué en la escuela consiguiendo que me ignorara completamente. Al principio pensé que era mi imaginación, pero incluso Kiba y Tenten lo notaron al cabo de unos días.
Me enfureció por completo. ¿Por qué él estaba enojado? En todo caso debería ser él quién debía disculparse conmigo al insinuar un engaño de mi parte con Kiba, argumentos totalmente estúpidos y carentes de sentido.
Así que intentaría abordarlo hoy al terminar las clases, es absurdo seguir con esto.
—Estaremos por allá si nos necesitas —dijo Tenten señalando el árbol más cercano a la entrada. A su lado, Kiba hizo un gesto de puño.
—Tenten-chan, no… —traté de negarme, pero inmediatamente noté que Neji se dirigía a la salida. Escaparía si no lo alcanzaba ahora.
Los dejé hablando y caminé rápidamente tratando de nivelar su paso. Lo llamé, primero con un tono moderado, hasta ser ignorada a la tercera vez, exclamé su nombre al mismo tiempo que lo tomaba del brazo.
Neji apartó bruscamente la mano de mi agarre y se dio la vuelta para mirarme.
Y en sus ojos no hubo más que desprecio.
Me faltó el aire, completamente, de una forma dolorosa.
¿Desde cuándo me miras así?
—¿Qué quieres? —preguntó brusco, sin delicadeza.
Tragué grueso reponiéndome de mi conmoción. Es hora de enfrentarlo.
—He intentado hablar contigo, pero me has evitado como plaga todos estos días —espeté sin entusiasmo.
Su expresión se tornó fastidiosa.
—No tengo nada de que hablar contigo —indiferente, da indicios de marcharse.
Me cabreo más.
—¿Qué no hay nada…? —murmuré por debajo. Rápidamente lo tomé de la muñeca y lo jalé bruscamente—. ¡Eres un estúpido insensible! ¿Cómo puedes estar indiferente después de nuestra pelea? ¿Acaso crees que no me siento herida por tu insinuación?
—No tienes ningún derecho a reclamarme cuanto fuiste tú quién comenzó todo.
Lo solté por inercia, me causó escalofríos su expresión airada, pero no me deje intimidar.
—¿Yo? ¡Tú viniste a reclamarme cosas sin sentido! Te dije que fue un simple abrazo ¿no puedes comprender algo tan cotidiano entre amigos?
—No cuando es un hombre.
Sus reclamos llenos de furia, sus ojos parecían dos dagas, intensos que buscaba donde clavármelas junto a sus palabras. Cada fracción de su rostro irradiaba celos, pero no era normal. No cuando me sostenía de los hombros hasta que doliera, solté un quejido desesperado.
La cabeza comenzó a darme vueltas.
—Te dije que no me alejaría de Kiba por tus absurdos celos —advertí reprimiendo una mueca de dolor al sentir presión en mis hombros.
—¿Tanto insistes en seguir siendo su amante?
Ah, lo insinúo de nuevo.
Crispé los labios e intenté zafarme de sus manos que me sostuvieron con más fuerza.
—No permitiré que me insultes de esa forma… —dije conteniendo las ganas de morderle el brazo—. Quería hablar contigo para arreglar las cosas, pero veo que es absurdo seguir con esto.
Sentí mis palabras pesadas, cargando de tensión el ambiente ya torcido. La manera en que lo dije, lo interprete más a fondo sin proponerlo. Neji lo notó inmediatamente, puesto que repentinamente se quedó quieto, sin moverse. Lo miré sin demostrar que también me afectaba mis palabras, ¿en verdad lo consideré inconscientemente?
Neji apretó más mis brazos, no contuve el quejido que salió de mis labios. Lo miré pidiéndole que me soltara, pero no me escuchó. Su rostro se transformó a una mueca desesperada e incluso terrorífica. El escalofrío volvió.
—¡Neji, suéltame, me lastimas! —exclamé desesperada.
—¡Hey, bastardo! ¡Aleja tus manos de Sakura!
La voz de Kiba se escuchaba tan cerca, al tener los ojos cerrados, no supe en que dirección se aproximó. Un jalón en ambas direcciones nos separó, respiré pesadamente al estar lejos de Neji, sus manos fueron sustituidas por unos gentiles brazos me rodearon gentilmente.
Mi rostro estaba pegado al torso de mi amigo, apenas vi de reojo a Neji a metros de nosotros, siendo retenido por otros chicos que le repetían una y otra vez que se tranquilizara.
Un nudo se trabo en mi garganta, mis ojos picaban. ¿Qué acaba de suceder?
—Neji, no cometas una locura. Regresa a tu casa y piensa con claridad —Esa voz era de Takeru, un chico que cursaba en el último grado.
—¿Cómo quieres que me tranquilice si ese idiota está abrazando a mi novia? —casi grito Neji.
—Él la abraza para protegerla de ti, ¿comprendes? —vi el rostro de Neji deformarse en una mueca de horror y lanzarme una mirada de soslayo, agradecí que mi cabello estuviera esparcido sobre mi rostro y así no pudiera ver mi expresión herida—. La acabas de lastimar con esa fuerza excesiva —Takeru lo fue empujando hasta la salida.
Muchos compañeros se acercaron a preguntarme si me encontraba bien, no les respondí, me faltaban fuerzas para verlos al rostro y aparentar que todo marchaba perfectamente. Me refugie en el cálido torso de mi amigo, soportando las lágrimas que se acumulaban en mis ojos. Oprimiendo el llanto que amenazó mis labios, controlando el temblor de mi propio cuerpo.
¿Desde cuándo todo empeoró?
En el momento que Neji me miró de esa forma desquiciante; con las cejas fruncidas, los ojos abiertos y enfurecidos, sus labios apretados conteniendo tantas palabras, sus dedos clavándose en mis brazos… otro pedazo de mi corazón se fracturó.
Lo escuché, en ese preciso instante, reconocí el sonido desde el fondo de mi pecho.
Desilusión.
El saber que nada sería como antes.
Cuando Neji me pidió ser su novia fue a principios de primavera. Y fui tan feliz en ese momento que jamás imaginé que llegaríamos a este punto donde saldría lastimada por sus acciones.
Ignoré sus mensajes y llamadas los días siguientes. Cada vez que el celular emitía ese rechinante sonido, me daba ganas de lanzarlo por la ventana y librarme de la melodía. Pero también tengo consciencia, no podría conseguir uno nuevo después de que cayera a más de cuatro metros, opté por configurarlo a silencio.
Evité pensar en él reparando mis pensamientos en otros pendientes como cocinar, hacer los deberes, estar con mamá, limpiar el jardín…
Agradecí internamente que el fin de semana se atravesara justo a tiempo. Sinceramente mis ánimos no eran los mejores del mundo, evité hablar del tema con Karin y Sasori, lloré frente a ellos sin se cuestionada. Me reconfortó ese gesto, sin presionarme, dándome el espacio para ordenar mis pensamientos.
El "¿qué debería hacer?" rondaba por mi mente. Incluso ahora, que el celular vibró alertando otro mensaje de Neji pidiéndome disculpas.
Apreté los labios. Si creía que disculpándose por un mensaje de texto arreglaría el daño, estaba muy equivocado. Jamás se paró frente a mi casa cuando comenzamos a salir, y en esta situación tuve la esperanza que vendría a enfrentarme en persona. Pero parece que no sería así.
Apoyé la cabeza en el respaldo de la cama, atrayendo las rodillas a mi pecho, las abracé escondiendo mi rostro en ellas. Dolía esto, ¿el amor era así de dañino? Y pensar que hace unos días apenas se asomaban las sombras de la desgracia.
—Sakura, ¿has visto mi cadena? —Karin entró a la habitación a prisas.
Moví la cabeza observándola, especialmente su rostro. Los párpados delineados resaltaban sus ojos, al ladear sus pestañas salía a flote un coqueteo natural, seguramente por eso sustituyó los lentes por lentillas.
A conclusión: tendría una cita.
Sonreí sin pensarlo.
—La pusiste sobre el tocador anoche —señalé dicho lugar sin moverse mucho de mi posición.
Karin removió todo sin éxito. Me extraño que no estuviera ahí, ayer lo vi antes de irme a dormir. Separé las rodillas y me bajé de la cama para ayudarle a buscarlo.
Busqué debajo de la cama, del mueble, en el armario y nunca apareció.
—¡No puede ser! ¿Cómo se pudo perder? ¡Me muero si no lo encuentro! —exclamó angustiada.
Toqué a inercia mi collar oculto debajo de mi blusa. Un sencillo dije de bailarina que sostenía un listón donde venía grabado mi nombre, un regalo que mamá nos dio al nacer. El de Karin era una pequeña rosa y una carta —ahí venía su nombre— y el de Sasori una radio con dos notas musicales sobre este. Los tres de oro.
Una vez intenté empeñarlo en Tokio por la desesperación de conseguir dinero para el tratamiento de mamá, pero Sasori me lo impidió a toda costa y me hizo prometerle no volver a intentarlo. Era un preciado regalo de mamá y se pondría muy triste si no lográbamos pagar de vuelta el refrendo para recuperarlo.
—Ya aparecerá, no pudo haber ido muy lejos de aquí —dije intentando calmarla.
Me miró angustiada, después se fijo en la hora del reloj digital sobre el escritorio y se sobresaltó, asustada. Reí por su comportamiento, seguramente tardó demasiado en buscar el collar que se retrasó.
—¡Demonios, se me hizo tarde! —corrió al pasillo sin despedirse.
—Pero que mal hablada —dije en voz alta—. ¡No me culpes si aprendo de ti!
—¡Te lo prohíbo señorita!
Caminé al umbral cubriéndome la boca con mi mano, entrecerré los ojos al ver a Karin al pie de las escaleras con el casco entorno a su brazo. Sonrió deslumbrante e hizo un gesto con la mano.
—Regreso antes de las doce, ¿estarás bien hasta ese entonces?
Hice un mohín.
—Mamá está durmiendo, y tengo dos manos para hacer cualquier cosa. Ya no soy una niña —refunfuñé.
—Lo sé.
Su mirada nostálgica me trajo muchos recuerdos.
—Bien, cualquier problema me marcas y vendré de inmediato.
—Sí, sí. ¿Qué podría pasarme? ¡Ah, ya sé! Caer dentro de la lavadora —el sarcasmo hizo reír a Karin sin parar.
—Contando que a veces te subes a tu nube no me sorprendería.
—¡Oye!
Rayos, tampoco soy tan torpe, sólo un poco despistada.
—¡Me voy! Regreso pronto.
Sus risas se escucharon incluso después de salir al patio. Regresé a mi habitación para asomarme por la ventana y verla marcharse sobre su motocicleta por el camino trazado al centro del pueblo. La seguí con la vista hasta perderse en una bajada, el sol en pleno atardecer bañaba de diferentes matices las flores. Siendo casi las siete no me sorprendería.
Retomé mi posición en la cama, aferrándome a mi celular, tuve el valor de ver el buzón de mensajes. Neji había enviado un par más, pero otro contacto también respondió justo en ese instante.
Sasuke.
Impresionada, acerqué más la pantalla a mi rostro, leyendo una y otra vez el nombre de contacto ¡Él me envió primero mensaje después de días!
Cuando le pedí su número en el hospital me sentí realmente avergonzada, fue un impulso tras ver la decepción al decirle que me marchaba. Admirar su rostro estático me di cuenta de lo que implicaba mis palabras y me disculpé intentando enmendar el ambiente.
Pero, inesperadamente, él acepto. Internamente celebré sin parar.
Después de enviarle el primer mensaje al regresar a casa, le secundaron varios: descubrí que es estudiante universitario en la carrera de mecatrónica, trabaja los fines de semana por la noche en un restaurante prestigiado —nunca mencionó de qué exactamente— y su bebida favorita es el jugo de verduras. Ah, y disfrutaba ver a Hunter hacerles maldad a las personas desconocidas.
Me esfuerzo en no invadir mucho su privacidad, aunque él no contestara constantemente. No le envié mensaje en estos últimos días al estar pensando en otras cosas, por eso me sorprende que él me enviara mensaje a voluntad.
Sin embargo…
Entrecerré los ojos, solamente envió una fotografía de lo que parecía ser un parque, con una hilera de árboles de pétalos azules al fondo, formando un arco con sus bellas ramas. Se me hizo conocido ese lugar…
» Yo: ¿Es un parque…?
No tardó en contestar.
» Sasuke: ¿Acaso no recuerdas cuándo me arrollaste con tu bicicleta?
Sentí mis mejillas calientes. Debe ser mentira.
Miré de nuevo la fotografía, recreando el momento en mi mente. Incluso podía escuchar mi grito ahogado al ver la supuesta sangre salir debajo de su cuerpo, pensando que estaba muerto.
» Yo: ¡Para empezar no es mi bicicleta! Y en verdad pensé que estabas muerto al ver la sangre… digo, el jugo de verduras.
» Sasuke: ¿Sangre? Que gran imaginación tienes.
—¿Te estás burlando de mí? —pregunté al aire.
Rescribí riéndome por debajo.
» Yo: Seguramente fue castigo divino por burlarte de la desgracia ajena.
» Sasuke: Me descubriste.
Sonreí contra la pantalla, resultaba un poco predecible después de todo.
«Sasuke envió una fotografía»
Observé la imagen, un borrón blanco y negro parecía ir a dirección de la cámara, rápidamente reconocí a Hunter. Se veía adorable con la lengua de fuera. Otra imagen llegó, está vez la nariz de Hunter pegaba a la cámara y lo veía claramente.
» Yo: Hunter es muy tierno, lastima que tenga un dueño tan malvado.
Nuestra conversación se siente tan… natural, no como las primeras que fueron tensas. Sasuke enviaba monosílabos tipo: "ah, que bien" o "mmm". Me alegro sinceramente de que sea más cooperativo que de costumbre.
Otro mensaje llegó, pero no era de Sasuke.
Neji nuevamente invadía mi mente, desatando el dolor al saber que nada sería igual o mejor que antes. Simplemente yo… tenía que pensarlo seriamente. Una parte de mi corazón quería establecer que se trataba de una simple riña que se resolvería y el tiempo se encargaría de cubrirlo, de esos baches en la relación.
Pero, la otra parte lastimada retumbaba en líneas razonables, voces como Karin, Sasori, Tenten y Kiba: "déjalo ya".
¿Sería capaz de dejarlo ir?
» Yo: ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal e hipotética?
No esperé su respuesta, comencé a escribir de nueva cuenta.
» Yo: Si tuvieras una novia, ¿te sentirías celoso que se llevara demasiado bien con sus propios amigos varones? ¿Gestos como abrazos o algún contacto físico en particular?
Antes de acobardarme, envié el mensaje y dejé el celular a un costado, mordiéndome las uñas. Tal vez fue inapropiado de mi parte brincar a esa clase de tema cuando solamente hemos tenido conversaciones triviales y sin sentido. ¿Estaría invadiendo alguna parte de su coraza?
Él era un joven cerrado, lo noté ese día en el hospital, cuando permitió que me acercara un poco más a su zona de confort con cierto recelo. Sus ojos negros expectantes a su alrededor, como un cachorro enorme refugiándose en su pelaje esperando que nadie lo atacase.
—Creo que no estuvo bien… Tampoco quiero abrumarlo con mis problemas —murmuré.
Agarré de nuevo el celular dispuesta a borrar el mensaje antes que lo leyera, pero justo en ese momento vibró contra mis dedos y lo dejé caer en el colchón. En primer lugar, me sobresaltó que respondiera a mi pregunta.
Tragué grueso, seguramente escribió una rotunda negación a responder adecuadamente.
» Sasuke: ¿Problemas en el paraíso?
Sonreí nerviosa, acertó.
» Yo: Lamentablemente.
» Sasuke: Despende mucho del carácter de cada persona. Las reacciones y opiniones varían conforme a nuestra capacidad de sobrellevar una situación en particular. Los celos son una emoción muy compleja y problemática. Debes considerar los sentimientos de tu novio al ponerte en su lugar, ¿cómo te sentirías si él hiciera lo mismo con una de tus amigas?
No lo había pensado de esa forma. Si Neji hiciera esos gestos con Tenten…
Esperé a sentir eso que llaman celos. La molestia estaba ahí, en el pecho, estrujando mi corazón a más no poder. Pero había algo extraño, no dolía como al principio. Solamente se trata de un pequeño fuego casi inexistente.
Miré mi celular que alertó otro mensaje.
» Sasuke: Pero eso no quiere decir que evitarás a todos los chicos de tu circulo social solamente por él. Si sabes que tu novio es celoso considera esto, pero recuerda que no es tu padre. Debe confiar más en ti.
Sus palabras aumentaron mi estado de ánimo que antes estaba por los suelos. Incluso Sasuke creía que no era esa clase de chica que engañaba a su novio. Entonces, ¿por qué Neji no lo creía también?
Apreté el celular entre mis dedos.
» Yo: Y si me lastima a tal grado de dejarme marcas en mis brazos… ¿Es normal?
Sabía la respuesta, no soy tan estúpida para no saberlo, empero, necesito que alguien más me lo diga para creerlo. Así somos los seres humanos, aunque tengamos la verdad frente a nuestros ojos, al ser doloroso nos negamos hasta que alguien más llega a rectificarlo. En ocasiones no podemos ver con claridad la gravedad de la situación hasta que una opinión se asoma en los labios contrarios.
» Sasuke: …No lo es, Sakura. Quién dice quererte no debe dañarte de ninguna forma posible.
Agaché la mirada, encogí mi cuerpo en ovillo. Ah… de nuevo esa opresión en el pecho. La desilusión me ataca terriblemente.
» Yo: Gracias Sasuke, me has ayudado a reacomodar mis sentimientos.
Me arrastré por la cama, asomándome por la ventana, dirigí la cámara al paisaje que brindaba el cielo violeta, ¿Cuánto tiempo tarde conversando con Sasuke que ya casi estaba oscuro? Los minutos se fueron volando, ni siquiera presté tanta atención a mi alrededor.
Capturé el momento en una fotografía y se la envíe.
» Yo: Como agradecimiento, te presento la maravillosa vista que tengo desde mi ventana.
No respondió.
Pasaron los minutos y no hubo respuesta. Seguramente estaba ocupado con Hunter.
Dejé caer el celular en el colchón, apoyando la cabeza en el marco de la ventana para admirar el cielo donde las estrellas comenzaban a asomarse para deleitarnos con sus formas. Ahora que recuerdo claramente, una vez le dije a Sasuke que pensaba de ellas, y que todos deberíamos ser unas. Ese pensamiento siempre me asalta cuando las veo desde aquí.
¿Qué se sentirá estar allá arriba?
Por más que me lo imaginó, nunca podré acercarme a la respuesta.
—¡Enana!
Me sobresalté por el grito y miré hacia abajo. Sasori venía caminando a casa desde el sendero, en una mano sostenía una bolsa blanca y la otra la alzaba sobre su cabeza en forma de saludo. Sonreía tan jovial que pareciera mentira que volviera de una jornada de doce horas de trabajo.
Le devolví el gesto más efusivo.
—Veo esa bolsa muy sospechosa —le hablé desde arriba alzando la voz—. Espero que sea algo comestible.
—Traje los rollitos de canela y ciruela que tanto te gustan —Sasori sonrió divertido ante el grito involuntario que di.
¡Son mis bocadillos preferidos! Se me hacia agua la boca en pensar en su sabor. Rara vez los podía comer, además de que los vendían a las afuera del pueblo, Sasori no salía temprano a menudo del trabajo para conseguirlos.
—Despierta a mamá antes de que se enfríe —me apresuró aproximándose a la puerta.
Bajé de la cama buscando mis pantuflas. Justo cuando las calce, el tintineó del celular me alertó. Lo tomé rápidamente al intuir que se trataba de Sasuke y no me equivoque.
» Sasuke: ¿Estarás bien con respecto a tu novio?
¿Acaso él está preocupado? No, en lo absoluto. Sería gracioso si realmente lo estuviera.
No estaba demás molestarlo, sólo un poquito.
» Yo: ¿Estás preocupado por mí?
» Sasuke: Por supuesto que no, es simple curiosidad.
Sí, claro. No sé porque me resultaba divertido que intentara ocultarlo, no le creía después de tomarse la molestia de transmitirlo con esas palabras.
» Yo: Para saciar tu "simple curiosidad", seguiré el camino que me resulte menos doloroso.
» Sasuke: Percibí esa burla del principio.
Fue muy grato que cambiara de tema. Los ánimos para continuar con ello se esfumaron hace mucho, pensar en Neji era lo último que necesitaba esa noche.
Una creciente calidez embargo de pronto mi pecho al pensar en Sasuke, por un momento olvidé que él era mudo y la única forma de comunicarse era mediante mensajes de textos, escritura, gestos faciales y lenguaje de señas.
Después de todo es una persona normal. Nosotros somos los extraños por no saber cómo congeniar con ellos.
Él es especial.
Me pregunto… si tuviera voz, ¿cómo se escucharía?
—¿Celebramos algo en particular? —pregunté mientras acomodaba el último plato que lavé en su lugar. Miré de reojo a Sasori recargado en la encimera comiendo una manzana.
—¿No puedo comprar rollitos sin ningún motivo? —señaló escéptico al terminar de masticar.
—Sí puedes hacerlo. Pero siempre hay una noticia. La última vez fue por tu posible ascenso de puesto —le recordé.
Conozco perfectamente a mi hermano mayor, no en vano hemos vivido juntos toda nuestra vida. La forma pensativa que estuvo mientras compartíamos bocadillos, sus ojos ocultaban sus verdaderas emociones. Lo que ignoro por completo es si se trata de una buena o mala noticia. Temía mucho que sea la última, Sasori es dado a no exponer sus preocupaciones.
Me senté en la silla esperando su respuesta. Sonrió desde ahí dejando la manzana sobre la encimera, se inclinó un poco más sin dejar de mirarme.
—No puedo ocultarte nada, ¿eh?
—El día que puedas hacerlo, te compraré muchos cacahuates —objeté—. ¿Y bien?
Mi insistencia le hizo fruncir el ceño, pensativo. Se acercó a la mesa para tomar el asiento contrario. En silencio me miró, a este punto estuve a la espera de una terrible noticia, no parecía emocionado o contento. Estimaba si debía decirme o no, estaba segura.
—Si no me quieres decir… —comencé a decir, pero me interrumpió a mitad de la frase.
—Obtuve el ascenso.
Lo soltó de sopetón y con voz seria, su boca formó una línea torcida y sus ojos dudosos no se apartaron de mi expresión.
Abrí la boca, asombrada por la noticia. No tardé en sonreírle y felicitarlo, pero algo en su mirada me alertó que no todo era bueno. Contuve las ganas de abrazarlo y me quedé ahí, esperando lo que seguía. Tenía algo más que decir.
—No te veo entusiasmado con la idea —dije insegura.
Él negó con la cabeza.
—No se trata de eso, en verdad estoy contento de que haya obtenido el ascenso. Pero no fue el puesto que pensé, más bien, podré ejercer mi carrera.
Sasori hizo una carrera en arquitectura, el año pasado se recibió como profesional. Mientras estudiaba la universidad en Tokio, los fines de semana venía a casa a visitarnos y regresaba a la ciudad el lunes al amanecer, para sustentar gastos trabajó en una cafetería cerca de la casa de un amigo. Cuando terminó sus estudios, la enfermedad de mamá empeoró y regresó completamente al pueblo para trabajar en la fábrica donde no ha salido de entonces.
Conseguir un trabajo en un despacho de arquitectos era completamente difícil, muchos te negaban la oportunidad. Ya sea que te vuelvas independiente, se necesitan muchos recursos. Por eso no se empeñaba a buscar un mejor empleo. Sobre todo, porque si se iba a la ciudad estaría lejos de nosotras y mamá, y mientras él no estuviera en casa papá haría de las suyas.
Parte es mi culpa, esa sensación no se va, aunque Sasori me aseguré de que no debo sentirla porque es su decisión. Además, su deber como hermano mayor era protegerme incluso de papá. Sólo me hacia sentir más miserable. ¿Qué clase de persona soy si retengo sus oportunidades?
—¿Cómo sucedió? ¿No se supone que el puesto era para jefe de planta?
Suspiró dispuesto a explicarse.
—Resulta que el checador de la prueba vio mi currículo y me preguntó por qué estaba ahí teniendo una carrera profesional. Le conté un poco de la situación que me llevó a tomar este trabajo. Hoy que me dio la noticia, me dijo que el nuevo trabajo consistía en pertenecer a un despacho de arquitectos, empezaría desde abajo, claro y no me quejo. Obtendré muchas cosas a cambio: ganaré el triple de lo que me dan en la fábrica ¿puedes creerlo? —me preguntó al ver que ensanché mis ojos.
—¿E-El tripe? —casi grite de emoción.
Se rio al ver mi expresión.
—Sí, ¿y sabes que más? También me darán un departamento en uno meses cual pagaré cada mes.
¿Esperen? ¿Dijo una casa? ¡Dios mío! De buenas a primeras la obtendría. Esto era… demasiado para ser real.
—¿Estás seguro qué no te está mintiendo? —pregunté desconfiada.
—Pensé lo mismo hermana —me aseguró, parecía más incrédulo que yo—. Pero me aseguró de que es completamente real. Por lo que me contó, el presidente del despacho era de bajos recursos y quiere ayudar a crecer a los egresados con potencial que estén comprometidos en todo.
—¡Es una maravillosa oportunidad! —exclamé eufórica—. Con tantos beneficios, ¿por qué pareces triste?
No comprendía. ¡Todo era fabuloso! Más dinero, son más posibilidades de un mejor tratamiento para mamá, Karin podría buscar otro empleo que le permitiera terminar la universidad y… podríamos dejar de vivir con papá.
No más maltratos, no más opresiones.
Ya olía la libertad.
Sasori me miró una vez con esa expresión arraigada. Respiró profundamente y apoyó las manos en la mesa.
—El despacho donde trabajaré está en el centro de Tokio —dijo lentamente—. Si acepto el puesto, tendremos que mudarnos a la gran ciudad.
Mudarnos a Tokio.
La frase se repitió en mi mente una y otra vez, haciendo un eco sin cesar. Perdí la noción de tiempo, no supe cuanto tiempo estuve en blanco, procesando las palabras de Sasori.
Como dije: es tan bueno para ser verdad.
Para mejorar nuestras vidas, tendríamos que dar un gran salto por el enorme abismo.
