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Estrellas y café

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Sasuke

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—¿Ya lo consideraste?

Dejé de mirar la pantalla del computador, los ojos azules de Naruto que me observan del otro lado de la mesa, bebiendo de lo que sea que haya en su termo naranja. Desde que comenzó el descanso, llegó a sentarse en silencio.

Retomé mis pensamientos con respecto a él y su espontanea amistad en la escuela media. Seguía sin creer que ese chico estuviese aquí tratando de ser mi amigo nuevamente.

Y tampoco sigo sin asimilar en lo que me he convertido yo.

Lancé una mirada de soslayo por debajo de la mesa, consternado. No quería con fiar en las personas, temía a ser traicionado por la espalda, ser menospreciado, agredido. Mi propia actitud ha alejado a muchos, y con el tiempo aprendí a mantener las distancias.

Hasta que choqué con Sakura, la insistencia de Naruto y la repentina interacción con Shikamaru, él no era muy intenso, se limitaba a tratar de que escribiera respuestas en su libreta a modo de contestación. Si no me irritaba lo hacía de buena gana.

Pero no quitaban esa espina. Con Sakura poco a poco he abierto cierta parte de mí, le he permitido conocerme más, y viceversa. Pero porque está lejos, en cambio Naruto y Shikamaru los veo frente a frente.

¿Realmente vale la pena?

Tan sumergido me encontraba en mis pensamientos que no me percaté de mi desconexión en la realidad hasta que Naruto agitó su mano frente a mí. Parpadeé un poco, sin llegar a sorprenderme de su acción.

—Naruto llamando a Sasuke, ¿escuchaste lo que te dije? —me preguntó.

Agité la cabeza en negación, él bufó.

—Que está bien si no quieres que me acerque mucho, nada más dímelo.

En lugar de ofenderme por sus últimas palabras, suspiré resignado y un tanto aliviado. Naruto no se andaba con delicadezas ni con tratos especiales para hacerme sentir menospreciado o inútil, no. Me trataba como una persona normal, dirección sin intenciones de ofender.

Como un gesto involuntario.

Suspiré mientras cerraba la computadora y la metía a su bolso correspondiente. Todavía quedaba tiempo para llegar a casa y hundirme en los proyectos pendientes. De tan sólo pensarlo me daba jaqueca.

Colgué la mochila a mi hombro y le lancé una mirada a Naruto que seguía mirándome con el ceño fruncido. Luego señalé detrás de él. Volteó instantáneamente a sus espaldas, la cafetería de la facultad estaba en punto muerto, el horario favorito de personas como yo que odiaban las multitudes.

Entendió después de unos minutos el mensaje que transmití, sonrió de oreja a oreja al incorporarse de un salto.

—Ahora recuerdo que todavía te debo la semana de comida gratis —dijo sacando su billetera.

Tuve que contener la risa al ver el color rosado con figuritas de pandas, una onomatopeya de "smile" salpicaba cada parte. Que ridículo.

Se percató de mi contienda y sonrió nervioso al rascarse la nuca.

—¡No es lo que crees! —rápidamente lo metió en su bolsillo—. Mi cartera es de Capitán América.

Que original.

—Mi prima se lo llevó cuando regreso a su casa y dejó este en su lugar. Intenté triturarlo como venganza, pero mi madre me lo prohibió rotundamente pues se lo regalo a ella para su cumpleaños —y tras explicarme, se hundió en su miseria murmurando que se vengaría de su traviesa prima cuando la viese.

Me burlé internamente. Tengo la dicha de no convivir con ningún familiar puesto que todos se alejaron cuando se enteraron de mi discapacidad; tuvieron renuencia a tratarme o no sabían como hacerlo, lo ignoro por completo, pero de lo que estoy seguro es que no se arrepienten.

Le dediqué una mirada sarcástica encaminándome al comedor.

—¡Oye! No te burles, a cualquiera le pasa.


Me llamaron del trabajo y tuve que sustituir al que le tocaba piano en el turno entre semana, recayó por culpa de un resfriado; acepté a hacerle ese favor, me convenía tener un día indispensable a cambio.

Nunca se sabe cuándo se necesitaría.

—Aquí tienes tu parte Sasuke, también viene el bono del mes. Como siempre excelente trabajo.

Despejé mis ideas y tomé el sobre amarillo que reposaba en el escritorio y lo metí en mi mochila- No respondí adecuadamente a su halago, me puse la gorra y bajé la visera despidiéndome del jefe.

—Oh, antes de que te vayas —sus palabras detuvieron mis intenciones, observé que jalaba el cajón y rebuscaba algo entre las cosas. Unos segundos después su mano se extendió a mi dirección, sosteniendo una pequeña tarjeta blanca.

No tuve que verlo para saber de qué se trataba. Una tarjeta de presentación de un patrocinador.

—A este hombre le gustó demasiado tu técnica de las piezas de hoy, está dispuesto a aceptarte en la Universidad de Osaka con una beca completa.

Se calló al ver mi mueca de disgusto, él sabía más que nadie que detestaba a esas personas que "veían mi talento nato" e intentaban convencerme de ingresar a una cualquier universidad de artes, ser solista en obras y un sinfín de propuestas que comenzaron a llegar desde que comencé a trabajar en su restaurante.

En ocasiones consideraba la opción de renunciar al trabajo y conseguir otro menos hostigador, después recuerdo que nadie pagaría la suma que recibo por tres días a la semana lo cual me servía para cubrir la matrícula de la universidad y otros gastos. Saber tocar el piano ha sido mi mejor arma en ese lugar, aunque detestara por completo hacerlo, de algo tenía que ganarme parte del dinero con el que pagaba la matrícula de una carrera que veía sin ánimos.

Ni si quiera lo tome, lo dejé con la mano extendida. Él, lejos de molestarse, sonrió resignado al regresar la tarjeta de donde la había agarrado. Anteriormente discutimos sobre este asunto. Iruka creía que desperdiciaba mi talento, pero no me presionaba.

—Deberías pensarlo un poco más. Aún estás a tiempo de cambiar de carrera —aconsejo. No pude evitar sonreír irónico sin molestarme en ocultar la gracia agria de la situación—. Ambos sabemos que elegiste mecatrónica porque fue la primera carrera que viste en el folleto.

¿Cómo no recordarlo? Si fue él quien me entregó ese folleto con la esperanza de que buscara más opciones de universidades. No dude en escoger una carrera que mantendría mi mente demasiado ocupada, pero no era lo que deseaba. En realidad, no quería absolutamente nada. No sabía a ciencia cierta que estudiar, así que se me hizo demasiado fácil apuntar a la primera carrera que vi.

No podía afirmar que me arrepiento o que estoy satisfecho, más bien, me tranquiliza un poco, así no preocupaba a mamá e Itachi que creían que no tenía idea de que hacer el resto de mi vida. Les ocultaba la verdad a medias, pintándoles un muro de colores cuyos cimientos eran negruzcos.

Soy un mentiroso. Me dije. Le mentía para mantenerlos en paz, mientras yo seguía revolcándome en la inseguridad y resignación. ¿Qué más daba? Mis sueños se destrozaron a temprana edad. No he encontrado la motivación suficiente para continuar.

Recuerdo que deseaba ser un abogado, como el hombre que me engendro o ser maestro de música como mamá. Ambos sueños se destrozaron en cuanto perdí mi voz, cualquier carrera de esa rama era indispensable el interactuar con personas. Ahora recuerdo porque elegí mecatrónica.

Tomé la pluma que había en el escritorio y escribí en la parte inferior del bloc de notas.

"Gracias, pero prefiero evitarme las molestias de ser menospreciado".

Lo leyó con un semblante decaído. Sus ojos parecidos a pasas me enfocaron con tristeza.

—Te entiendo chico. Pero no puedes quedarte encerrado en ese caparazón por siempre. Hay miles de personas como tú que han sobresalido en el mundo.

Bufé. No quería escuchar el mismo cuento de todas las semanas.

Le despedí con la mano cortándole el habla, comúnmente no soy grosero con Iruka, pero no estoy de humor para soportar la reprimenda.

No contestó, pero escuché el suspiro que escapó de sus labios lamentándose de mí, seguramente.

Salí de su oficina y me dirigí a la puerta de trasera por donde entraban y salían los empleados. Afortunadamente no me tope con nadie y me apresuré a cerrar la puerta tras de mí. El callejón era alumbrado lo suficiente para ser un punto de desgracia, Iruka lo condicionó por las mujeres que trabajan con él puesto que por los eventos del restaurante se cerraba a las diez de la noche, y en días altos, a media noche.

Cómo hoy, apenas marcaba un par de minutos más. Tendría tiempo de pasar por un café y dormir lo suficiente para mañana asistir a la universidad, agradecía que fuera lunes, día que la primera clase comenzaba a las once.

Me detuvo lentamente al llegar a la acera, con los fijos en cielo reflejaron las pocas estrellas que emitían su escasa luz a miles de kilómetros de la superficie del planeta. Tan pequeñas e insignificante.

«Todos deberíamos ser estrellas».

Esa frase me perseguía todas las noches cuando me encontraba en soledad, como ahora. Mientras contemplo en silencio el cielo, sólo puedo recordar a Sakura ojos verdes resplandecían de sinceridad.

Crucé el paso peatonal rápidamente para dirigirme al cafetería-restaurante situado en la esquina de la siguiente calle. Acudía allí después del trabajo por un café para mantenerme despierto para no dormirme mientras conduzco, por las noches es preferible evitar alguna desgracia.

Al entrar me topé con un olor peculiar, canela y miel, no era muy fuerte para molestar mi olfato, parecía más… agradable. Observé el lugar, aunque lo conociera como mi propia casa, no habían cambiado muchas cosas en particular en la semana.

—Sasuke, Sasuke.

Volteé buscando quién me hablaba, me topé con una de las meseras que atendían durante la noche. Los meseros me conocían de vista, pero esa chica se tomaba la molestia de tratar de atenderme. Su cabello rubio lo traía atado en una coleta alta y sus ojos azules se entrecerraron sospechosamente.

Elevé un poco mi mano en modo de saludo.

—¿Qué tal el trabajo? Vi que el restaurante se llenó espantosamente —comentó mientras sacaba una libretita y lapicero del interior de su mandil enrollado a su cintura.

Hice una mueca al recordar la proposición de la que me habló Iruka. La verdad me molestaba recibirlas, pareciera que pidiera a gritos ser patrocinado o lucir una habilidad. No le veía el sentido, me sentía hostigado en ocasiones.

—"Estuvo bastante pesado".

Como mayormente interactúo con personas que me conocen desde pequeño y saben a la perfección el lenguaje de señas, olvidaba que Ino apenas comprendía mis gestos, pero hacía un enorme esfuerzo por tratar de entender. Con lo basto que sabía se guiaba.

Frunció el ceño tras analizar los gestos.

—¿Y no te acosaron de nuevo las chicas? —sugirió burlona.

Estuve a punto de lanzarle una contestación grosera hasta que un chico del otro lado del restaurante llamó a Ino. Al ser la única en servicio tenía que atenderlo.

—Voy, voy —protestó en voz baja mientras anotaba en la hoja—. Lo bueno es que no trabajo para el gobierno, sería una esclava de la sociedad, ¿te imaginas? No recibiría ni mis propinas… Será americano, ¿no? —eso último lo preguntó mirándome de reojo.

Asentí con la cabeza.

—¿No quieres algo más? No me entusiasma la idea de recibir la propina por un simple café —me enseñó la libreta dónde sólo anotó el café, casi me reí al ver que puso la propina en letra grande, y a un lado, una carita triste que parecía más una sandía.

Tomé la libreta y anoté dos pastelillos de chocolate para llevar. A mamá e Itachi les encanta los postres de aquí. Cada vez que llegaba con mi vaso, mi hermano me preguntaba si acaso olvidé su apreciado bocadillo.

Le devolví la libreta a Ino, sonrió de oreja a oreja al ver lo que escribí. Arrancó la nota y se la entregó al chico detrás de la barra.

—Compensará la propina. En un momento estará tu pedido —me guiñó el ojo y se fue a atender al cliente desesperado por su tardanza.

Negué con la cabeza. Ino es muy risueña y extrovertida. Al principio me irritó su personalidad, pero con el pasar el tiempo aprendí a lidiar con ello. Cada vez que entraba a la cafetería me saludaba con efusividad, pero no me hostigaba, es más un trato amable.

Me senté en uno de los banquillos dejando la mochila en el de alado, metí mi mano a mi chamarra sacando el celular que alertó un mensaje. Seguramente era Naruto sugiriendo una salida grupal con sus amigos a un bar, pero no estoy de humor para meterme en un ambiente bullicioso.

Pero no era él.

» Sakura: "¿Sigues despierto?"

Miré la hora, era media noche. Apoyé las manos sobre la barra y me dispuse a contestar.

» Yo: "La pregunta sería: ¿qué haces despierta a esta hora? ¿No tienes escuela mañana?"

» Sakura: "No soy una niña pequeña, puedo dormirme a la hora que me plazca.

Imaginé su puchero, mejillas infladas y murmurando sin parar. Me atacó una risa silenciosa.

» Sakura: "¿Y tú? ¿No tienes que ir a la universidad mañana?"

» Yo: "Salí tarde del trabajo, y decidí pasar por un café al restaurante de enfrente".

» Sakura: "Oh, ¿no me digas que eres una de esas personas adictas al café?"

» Yo: "No diría adicto, más bien, necesitado de cafeína. Lo comprenderás cuando vayas a la universidad".

—Aquí tienes tu pedido —el empleado puso la bolsa sobre la mesa y trajo consigo la terminar de tarjeta.

Saqué mi billetera, extraje la billetera y un pedazo de papel, le pedí prestado el bolígrafo que cargaba en su bolsillo de la camisa. Escribí rápidamente y se lo entregué junto a mi tarjeta.

"Ponle a Ino el treinta por ciento de propina".

—Al final se salió con la suya —dijo refiriéndose a sus quejas.

Mientras realizaba el pago, leí los mensajes de Sakura.

» Sakura: "¿Qué tipo de café te gusta?"

» Sakura: "En lo personal, prefiero el moccachino con canela o un chocolate caliente".

» Yo: "Americano o late".

Mi contestación sequé me dejó con una espinita. Miré a mi alrededor, el tipo de restaurante que era, envolvente con sus aromas cálidos y suaves. ¿Le gustaría el tipo de ambiente a Sakura? No conocía mucho de su pueblo, pero estoy lo suficientemente seguro que no hay un lugar como esté allá.

Impulsado nuevamente por esa emoción indescriptible, escribí el siguiente mensaje.

» Yo: "Avísame la próxima vez que vengas a Tokio, te invitaré un moccachino en la cafetería que suelo comprar".

Antes de arrepentirme, envié el mensaje. Vaya valor que reuní en cinco segundos. Bebí cuidadosamente del café, estaba muy caliente, procuré agarrarlo precavido.

El celular vibró, tuve ansiedad por leer lo que había escrito.

» Sakura: "¿Prometes qué no te retractarás?"

» Yo: "Lo prometo".

» Sakura: "¿Por tu garrita?"

Casi escupí el café, contuve mi risa al recordar aquella película infantil. No pude evitar negar ligeramente divertido y seguirle la todo un caso.

» Yo: "Sí, lo prometo".

Repentinamente sentí una mirada sobre mí, al virar mi cabeza, me percaté que Ino estaba apoyada a mi lado con la mochila separándonos, masticaba un chicle ruidosamente. Sonrió cuando la miré.

—Tu conversación es tan interesante que no te diste cuenta de que estaba aquí desde hace unos minutos.

Recibí la tarjeta del chico y lo metí a mi billetera.

—¿Es tu novia? —preguntó Ino acercándose más.

Inmediatamente negué con la cabeza. Sakura tenía a su novio, si recuerdo bien se llama Neji, lo mencionó una vez durante sus conversaciones. Pensé en lo que me pidió contestarle el otro día, la duda seguía ahí. ¿Habrá arreglado los problemas con su novio?

Me percaté que Ino veía en mi celular la foto de contacto de Sakura, hizo una mueca satisfactoria y llena de orgullo. ¿Qué estará pensando?

—Es una lástima, si fuera hombre no dudaría en, por lo menos, invitarla a salir —dijo riéndose.

—"Tal vez le invite un café".

Agarré la mochila del mesabanco colgándola en mi hombro. Ino unió las manos frente a su cabeza y compuso una mirada suplicante.

—¿Verdad que la traerás aquí? Di que sí, por favor.

—"Lo que tú quieres es mi propina" —gesticulé mientras caminaba a la salida.

—Claro que no, tu apenas y me das ganancia con un café —se quejó yendo detrás de mí—. ¿No podrías ser una persona normal y acompañarlo con un sándwich o un panecillo de esos caros? Eres un tacaño.

Sonreí divertido por el insulto que me lanzó. No es la primera vez que me dice tacaño.

—Además, quiero conocerla —estimuló con voz melosa, y agregó—: Es muy mona.

Entorné los ojos al empujar la puerta, antes de salir, le entregué mi recibo de compra a Ino que lo tomó con duda, y me despedí con una sonrisa torcida.

Cuando iba a abrir la puerta de mi auto estacionado cerca de ahí, escuché un grito.

—¡Sasuke, te mereces un beso francés de tu amiga pelirrosa! ¡Regresa pronto!

Por poco y me voy de boca por sus palabras, maldición. Trataré de no recordar los "buenos deseos" de Ino con relacionado a Sakura. No debo relacionarla con ese tipo de pensamientos, agité la cabeza apartándolos de sopetón.

Dentro del auto tuve la repentina sensación de sentirme observado. Inmediatamente miré al restaurante, Ino ya no estaba en la entrada. Y tampoco se veía a muchas personas transitar a pie por la zona.

Traté de ignorarlo, seguramente un curioso quería quebrantar mi repentino buen humor. Quiero sentir esto un poco más, al llegar a casa mis pensamientos asaltarán desde las sombras a querer perturbar mi sueño y no me dejarían dormir.

Saqué un cigarro de la cajetilla olvidada en el asiento del copiloto, lo llevé a mis labios con la intención que calmara un poco mi repentina ansiedad de sentirme observado. Lidiar con esto es más cotidiano de lo que creí en un principio.

Giré la llave del coche y me dispuse a ir a casa.