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Muñeca de cristal
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Fueron las cinco horas más largas de la semana.
En el camino pasamos a la gasolinera para llenar el tanque del coche, debí asocairarme de cuánta gasolina antes de pretender realizar un viaje por carretera. Mientras Itachi cuidaba del auto, vi una tienda de veinticuatro horas justo a un costado, me aproximé revisando mi billetera esperando que Itachi tuviera más efectivo.
Compré un montón de golosinas, cigarrillos y refrescos. Estar despierto casi un día entero no es recomendable, es la mayor estupidez que he hecho hasta ahora —aparte de la vez que a los diez años intenté hacer un curso de marítimos por internet—. Por lo pronto no provocaría un accidente, bebí el café de sopetón y mientras tanto fume dos cigarros.
Itachi se durmió poco después de nuestra última parada. Él tomaría el relevo en cuanto me sintiera cansado, así que debía dormir lo suficiente. Me acabé el tercer paquete de gomitas después de dos horas, todo mi paladar inundado por excesiva azúcar. Agité un poco la cabeza, por lo menos me mantuvo despierto.
Miré de reojo la pantalla de mi celular. Dos y media de la madrugada, contando que faltan dos horas de trayecto, estaríamos llegando a Konoha entre las cinco o seis de la mañana. Perfecto. Fue una decisión impulsiva manejar de noche, pero la correcta. El primer tren salía a las siete de la mañana y el tren bala a las ocho; cualquiera de las dos opciones nos retrasaría.
Mantuve la mente en blanco, evitando desesperarme más. Al sentir los ojos más pesados, aparqué a la orilla de la carretera y levanté a mi hermano para que condujera, en cualquier momento podría estrellarnos en uno de los postes de luz.
No rechistó, nos movimos en silencio. Le coloqué a su alcance un paquete de golosinas y una botella de refresco. Al final, me acurruqué en el asiento cruzándome de brazos, metí las manos para calentarlas. El frío aumento ligeramente por la madrugada. Coloqué la capucha sobre mi cabeza y cerré los ojos.
Lo sentí tan rápido, como un simple parpadeo. Alguien me zangoloteo y alcancé a aferrarme a mi asiento y mirar desorientado. ¿Al final Itachi nos estrelló con algún poste de luz?
Parpadeé estabilizando mis ideas, lo primero que vi fue a Itachi condiciendo, sonreía divertido.
—Despierta dormilón, hemos llegado —avisó apuntando a mi costado.
Me acomodé de vuelta al asiento y giré a la ventanilla. Restregué mi rostro con los nudillos, alejando los rastros de cansancio; una vez que enfoqué el exterior, supe que Itachi tenía razón. Llegamos justo a la aurora.
Sakura siempre me describía y enviaba fotos de los prados que se extendían por las faldas de las colinas, con sus flores a pleno brote y pétalos rebosantes en todos lados, asimilando una capa de lejos a las montañas. Pero, sinceramente, aquello no hacía justicia a lo que admiro desde aquí.
Era indescriptible. Un poco antes del amanecer, la tenue luz apenas tocaba la superficie de la hierba verde brillante, las flores y árboles se balanceaban al compás de la brisa, los pétalos se deslizaban entre el aire, cambiando de rumbo constantemente. El matiz con el que todo se combinaba no tenía nombre. Incluso el aire que se respira es ligero, transmitía una gentil paz.
Las luciérnagas corrían a esconderse por el día, saldrían durante la noche para alumbrar la oscuridad del prado creando otro escenario. El camino por dónde íbamos poco a poco perdía su textura, convirtiéndose en un suelo fijo y sin pavimento. Una ligera capa de polvo se levantaba detrás del auto, lo vi por el retrovisor.
—Es impresionante —comentó Itachi.
Me di cuenta de que estuve tan concentrado a mi alrededor, carraspeé avergonzado y volví a mi lugar cruzándome de brazos. Lo miré de reojo, no parecía tan impresionado como yo. Eso me intrigo un poco.
—"Pues parece como si lo hayas visto antes" —gesticulé.
—Vine hace unos meses a cerrar un caso —dijo pensativo—. Pero estaba tan estresado que no me fijé mucho a mi alrededor. Ciertamente es un lugar maravilloso, a mamá le encantaría.
Sí, ella sería feliz corriendo por el prado de flores. De eso estoy seguro.
Fue muy evidente cuando llegamos a la entrada del pueblo, una gran señalética indicaba el inicio del "Mercado de valores" y a un costado el dibujo de un auto y motocicleta encerrados en un círculo rojo. Estaba prohibido el paso a vehículos grandes. Itachi frenó paulatinamente, asomándose un poco para indagar.
Maldije por debajo y observé la extensa calle. Los locales empezaban a abrir sus puestos y acomodar sus letreros, suponiendo que sería el centro del pueblo, dudo mucho que Sakura viva por aquí.
Itachi compartió el mismo pensamiento porqué me preguntó si sabía dónde vivía Sakura.
A regañadientes me encogí de hombros, él abrió ligeramente la boca.
—¿Estás diciendo qué no sabes dónde vive, y aun así venimos hasta aquí? —preguntó incrédulo.
—"No te lo estoy diciendo, no puedo hablar" —rebatí.
Lanzó un lastimero suspiro. Luego movió el volante y el auto siguió de largo por la carretera, a una velocidad envidiable para una tortuga.
—"Sé que vive frente a un prado".
—Sasuke, si no te has dado cuenta, el pueblo está rodeado de prados —me miró de una forma obvia, de esas miradas que te hacen pensar que dijiste algo estúpido.
Justamente así me sentí. Crucé los brazos refunfuñando, debí venir sólo.
—Como sea. Será mejor pedir indicaciones. Supongo que todos se conocen entre sí, así que solamente preguntemos por la familia… ¿cómo se apellida Sakura?
Busqué en mi mente las gesticulaciones que representarían su nombre, tardé un poco en unirlas para que tuviera lógica. Se las expresé lentamente a Itachi, y a su vez señalé el prado de un costado. Él permaneció en silencio un minuto, analizándolo.
—¿Jaruno? —dudoso, recreó la gesticulación.
Hice una mueca.
—"No, es con H no con J".
—Ah, Haruno, primavera —completó sonriendo ligeramente—. Es un interesante significado.
Recorrimos la calle con algunos baches en el camino, llegamos al final. Una hilera de casa se extendía a nuestra derecha, separadas entre ellas por una considerable porción de patio, no había cerca que las dividiera. Y a la derecha, se extendía otro camino dónde más allá se veía la inclinación de un puente y le seguían más estructuras.
Itachi se bajó del auto para preguntarle a un hombre mayor que había salido de una de las casas de la derecha. Hablaron por unos escasos minutos, desde ahí no pude ver bien sus expresiones faciales, pero en la forma en que el hombre negaba con la cabeza no fue favorecedor. Partió por su rumbo y pronto Itachi estuvo dentro del auto, una mueca de inconformidad se extendía en sus labios.
Enarqué una ceja y moví ligeramente la barbilla, cuestionándolo mudamente.
—Tal parece que no dan información tan fácil —contestó abrochándose el cinturón de seguridad. Luego piso el pedal y movió la palanca de velocidades—. Sólo me dijo que sabía que viven del otro lado del puente.
Miré ese rumbo, a dónde nos dirigíamos. Torcí los labios y apunté la infinidad.
—"Hay muchas casas por allá".
—Sí, eso mismo pensé —suspiró.
Para pasar del otro lado del estrecho puente y el río por debajo, tuvimos que rodear por la orilla. Unos metros más, nos encontramos con un puente más angosto, una señalética se alzaba a un costado y relucía de rojo: "pasó para vehículos". Itachi avanzó con cuidado y pronto nos encontramos con otra traba: a dónde ir.
—"El anciano sólo dijo por aquí".
—Oye, se más respetuoso con la gente mayor —me riñó Itachi dándome un ligero golpe en el hombro.
Gruñí inconforme.
—"Si nos hubiera dicho exactamente dónde era, no tendría ninguna objeción" —repliqué moviendo las manos más rápido.
Bufó por debajo y negó con la cabeza.
—Bueno, sólo debemos preguntar otra vez… elijamos a una persona más accesible y menos desconfiada —sugirió observando a su alrededor.
Hice lo mismo, pero pronto volví a gruñir. ¿Quién transitaría en pleno amanecer por las calles de Konoha? Suponiendo que el horario de las escuelas es entre las siete u ocho, no tardarían en aparecer las personas.
Pero el tiempo apremia, y cada segundo me preocupaba más por Sakura.
Estuve a punto de bajarme del auto para acercarme a la mujer que estaba pasando cerca del puente cuando un chico montado en bicicleta se estacionó justo frente a mí, agachó ligeramente la cabeza, su cabello cortó café y sus ojos eran negros. Traía puesto un uniforme, la corbata y mochila lo delataban. Un estudiante de preparatoria.
—Hola, ¿buscan una dirección? —preguntó con un tono de voz inusual, parecía intrigado.
Nos examinó disimuladamente, sobre todo a mí, pues mi gorra azul impedía que me viera un poco el rostro.
Itachi se apresuró a hablar.
—¿Parecemos turistas? —inquirió dudoso.
El chico sonrió descaradamente mientras se apoyaba en el manubrio y estiraba las piernas.
—Conozco a todos del pueblo, y puedo asegurar que nunca los había visto —Nos miró más a profundidad—. Y normalmente la gente viene a ver el Mercado de Valores. ¿Van ahí? Porqué están yendo por el camino equivocado.
—De hecho —lo interrumpió Itachi antes de que pudiera decir otra cosa—. Estamos buscando a la familia Haruno, ¿sabes dónde viven?
Inmediatamente el chico frunció el ceño, claramente consternado, una fina señal de que sabía de quienes hablábamos. Nos lanzó otra mirada, pero esta vez teñida de desconfianza.
—¿Qué quieren con ellos?
—No te preocupes chico. Somos amigos de Sakura, venimos de Tokio a visitarla por un asunto delicado —explicó breve Itachi, agradecí que no diera información de más, tal parece que el chico no sabía nada o intentaba ocultarlo—. Pero es la primera vez que venimos y nos hemos perdido.
Una vez más, el chico nos inspeccionó. Emitió un ligero quejido y se enderezó en la bicicleta.
—Sakura no tiene muchos amigos en la ciudad… ¿cómo se llaman?
Me estaba hartando tantas preguntas. Estuve a punto de salir del auto y obligarlo a que nos dijera la dirección, pero Itachi me retuvo tomándome del hombro para inclinarse ligeramente, lo hizo ver tan natural que no me quedó de otra más que suspirar en busca de paciencia.
—Soy Uchiha Itachi, y él es mi hermano Sasuke —me señaló con un ademán—. Mira, sé que tienes dudas, ¿por qué no nos guías hasta su casa y te asociaras?
Agradecí en ese momento haber traído a mi hermano, él sin duda es mejor tratando amablemente a las personas, haciendo que las cosas giren a su favor con su astucia y utilizando las palabras adecuadas. En cambio, yo, además de tener la limitación de mi ausencia de voz, soy muy brusco.
Miré con urgencia al chico que lo pensó por unos segundos. Fueron eternos.
—Bien. Los guiaré hasta ahí —finalmente accedió y comenzó a pedalear su bicicleta por la calle contraria al puente.
Itachi le agradeció en voz alta y se enderezó para hacer avanzar el auto. Me limité a mirar fijamente al chico que iba delante de nosotros a una distancia prudente y yendo muy rápido, por lo menos recuperamos el tiempo que perdimos atrás.
La hilera de casa se terminó y dio paso a otro extenso prado. En uno de los costados había un salón de baile abandonado, el enorme cartelón a caerse y las puertas con maderas cruzadas daban esa clara señal. Después le siguieron más casas, pero más separadas que las anteriores.
Unos minutos más de trayendo sin vislumbrar ninguna vivienda y pude observar otra casa de dos pisos, similar a las anteriores. El chico se adentró al patio, e Itachi estacionó el auto frente a la casa. A diferencia de las otras, hileras de flores se extendían al frente con su singular belleza, me dio una sensación de reconformación.
Bajé del auto sin dejar de observar la fachada, pintada de un blanco perfecto. Caminé por el pequeño sendero de piedras que dirigían a la entrada de la casa, a un costado había un espacio sin flores dónde yacía estacionada una motocicleta negra reluciente, casi, casi corrí a ella para tocarla. Soporté la tentación y mejor detalle la bicicleta desparramada a la par.
El chico dejó la suya apoyada en la pared y nos lanzó una mirada de reojo.
—Esperen aquí —indicó lanzándonos una mirada de reojo.
Se acercó a la entrada y oprimió el timbre, esperamos en silencio unos segundos antes de que la puerta fuese abierta.
Karin fue quién atendió. Traía puesto unos lentes de sol, evidentemente intentaba ocultar algo, un golpe, por ejemplo. No lo pensaría si en la llamada que asaltó mi teléfono en la noche no hubiera escuchado su voz suplicante.
Nos se percató de nuestra presencia, se concentró en el chico frente a ella.
—¿Kiba? ¿Qué haces aquí tan temprano? —murmuró Karin.
Ahora sé el nombre del chico.
El chico, Kiba, pareció agitar la cabeza.
—Hola Karin. Vine por Sakura para ir a la escuela —dijo encogiéndose de hombros, y luego apunto hacia atrás con el pulgar—. Y bueno... ciertas personas preguntaban su dirección, dicen ser amigos de Sakura.
En ese momento el rostro de Karin se alzó ligeramente. No pude ver completamente reacción, pero su boca abierta, desconcertada. No es para menos, en todo caso, soy un desconocido para ella.
—¿S-Sasuke?
Dentro de la casa seguían los rastros del altercado, como algunos rastros de vidrios rotos en la esquina y las flores esparcidas en la entrada. Intenté, en serio que lo hice, no recrear lo sucedido, imaginándome en que lugares precisamente Sakura lloró, echa un ovillo, rogando a que no la golpeara. Me hirvió la sangre, ese maldito le puso una mano encima, ¿y así se dice llamar padre?
Que escoria de persona.
Controlé por poco el coraje, concentrándome en mirar fijamente a la persona de pie frente a nosotros. Supuse que era el hermano de Sakura, sus rasgos faciales lo afirmaban. Tenía una mirada dura, y sus ojos cafés nos escanearon en desconfianza, cruzado de brazos.
—¿Quiénes son ellos? —le preguntó directamente a Karin.
—Es el chico que te platicó hace unos días, Sasuke —dijo ella.
—Ah, el que es mudo.
Sé que debí ofenderme, pero no lo hice. Detecté cierta curiosidad en su voz detrás de su seriedad. Lo mencionó sin deje de burla o malicia. Me miró de nuevo, esta vez intrigado.
—Soy el hermano mayor de Sakura, Haruno Sasori —me extendió la mano, a la espera de ser estrechada.
Inmediatamente lo saludé con un asentimiento de cabeza. Después Itachi se presentó a mi lado y regresó a su antigua cuestión.
—¿A qué se debe su visita tan temprano? —preguntó Sasori aparentemente calmo, se fijó en Kiba que estaba alado de su hermana.
Esperé a que Karin respondiera la pregunta.
—Ellos… —titubeó— saben lo que sucedió con Sakura y… ese hombre anoche.
La mandíbula de Sasori se endureció y volteó a nosotros, sus ojos destilaban precaución extrema. Sus puños aprensaron sus brazos, no se movió ni dijo nada al principio.
Fue Kiba quién irrumpió el silencio.
—¿Qué le sucedió a Sakura? —preguntó el chico acercándose a Sasori.
Este no lo miró, sus ojos seguían enfocándome, le devolví la mirada serena, no era mi intención dejarle una mala imagen de mí y que no me dejara ver a Sakura. Traté de transmitirle confianza, lo que era muy difícil, ¿cómo lo hago si carezco de ello?
—Kiba.
Cuando Karin lo llamó, se quitó los lentes oscuros que cubrían parte de su rostro. Pudimos ver parte de su rostro, a la altura de sus ojos, una mancha rojiza adorna su piel blanquecina, apenas pudo mover su párpado.
Un golpe.
Apreté los puños.
Kiba se escandalizó, tomándola de las manos, le pidió que le explicará quién le había hecho eso y si acaso Sakura se encontraba en las mismas condiciones. Para este punto, recordé parte de la llamada, Karin exigía por un doctor porqué Sakura se había desmayado.
Escuché de fondo cómo Karin intentaba encontrar las palabras para decírselo, no fue cuestión de adivinanza. El chico estaba muy preocupado, seguramente es un amigo de infancia de Sakura. No es para menos, la situación es demasiado complicada.
—¿Cómo lo saben? —Sasori se acercó a nosotros, consternado.
Aparté mi atención de Kiba y Karin, concentrándome en Sasori. Sin voz, es difícil comunicarme.
Esta vez Itachi decidió hablar.
—Una llamada se disparó desde el celular de Sakura al de Sasuke, pudimos escuchar casi todo —explicó en breve. Luego me miró de reojo.
Sasori agachó la mirada, apretando los dientes a tal punto de rechinarlos, sentí su frustración con sólo analizar su rostro y postura. No podría ponerme totalmente en sus zapatos, pero si mi madre estuviese en la misma situación… me volvería loco.
Tenía la cabeza fría, no se dejó llevar por sus emociones.
No soporté más la incertidumbre que amenazaba en estallar. Necesito saber que está bien. Necesito verla. Debo tener tacto al plantear mis preguntas, o de lo contrario, Sasori negaría a que la viera, agradecí por decima vez que Itachi haya venido conmigo.
Me iré a Itachi y gesticulé rápidamente, la ansiedad comenzaba a ganar mecha.
—Sasuke quiere saber cómo está Sakura.
Inmediatamente Sasori elevó la cabeza, frunciendo el entrecejo, sus cejas casi se juntan. En silencio se enderezó y volteó a Karin que terminaba de relatarle a Kiba lo sucedido, su rostro estaba rojo por la furia y apretaba los dientes. Murmuró algo que no alcancé a escuchar debido al volumen de su voz.
Regresó con nosotros con un gesto más blando.
—Ella… está bien dentro de lo que cabe. No sufrió ninguna fractura grave, se golpeó la cabeza al caer y… él la azotó con el cinturón. No llegó a ese nivel de agresión porqué lo detuve; y se desmayó debido al shock —tras decirnos, se llevó una mano a su rostro y negó con la cabeza—. Si hubiera llegado tarde, ella estaría en la clínica del pueblo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al imaginármelo. Me obligué a despejar esa imagen de mi mente, sólo conseguía desesperarme más. Por una parte, me tranquilicé al saber que sus heridas no son tan graves. Al venir hasta acá, llegaban conclusiones nada favorecedoras, tan brutales que me mantuvieron despierto.
Ahora sólo puedo respirar en paz. Sakura está bien… por el momento.
En eso, Kiba le habló a Sasori.
—Quiero verla, por favor.
Negó con la cabeza, y yo no pude hacer más que apretar los dientes.
—Está descansado, no creo que esté bien que interrumpas su…
—Sasori, no le hará daño —intervino Karin colocando sus manos sobre los hombros de Kiba, le sonrió un poco mientras lo empujaba a las escaleras.
Sin poder hacer nada más que mirar cómo Kiba subía las escaleras, divagué un poco en mis pensamientos al mirar el entorno. Varios espacios vacíos dónde antes los objetos reposaban adornando la sala, al igual que las fotografías. No pasé desapercibido el retrato al fondo de la habitación, destrozada.
Y los nudillos de Sasori vendados. El quebrantamiento debía ser doloroso. Lo menos que debía querer es tener invasores en su morada; la definitiva ruptura de su nucleó familiar debía dolerles en lo profundo de su corazón.
Uno que queda y despedaza por dentro. ¿A dónde se fue aquel primogenitor qué velaba por su familia? ¿Cuándo se volvió un desconocido? Cuestiones que también me hice en su momento, ese día que entré a la habitación y encontré a mamá llorando sobre la cama, sosteniendo un pedazo de papel arrugado.
Tres simples palabras que destruyeron todo.
"Lo siento, Mikoto".
Abandono. El dolor entró por la puerta mientras la felicidad salió por la ventana. Que irónico.
Parpadeé al sentir un toque en mi brazo, era Karin frente a mí, parecía preocupada.
—¿Estás bien?
Inmediatamente asentí con la cabeza, y con delicadeza me libré de su agarre. Miré a Itachi, es momento de irnos, estamos usurpando su dolor añadiéndole más sal a la herida.
—"Vámonos" —gesticulé apartándome de Karin.
Itachi frunció el entrecejo por mi repentino cambio de actitud.
—¿Irnos ya?
—Espera, Sasuke. Dudo mucho que hayas hecho un viaje de cuatro horas sólo para preguntar por el estado de salud de mi hermana cuando pudiste haber enviado un mensaje —supuso Sasori.
Me detuve en medio del pasillo. Ciertamente no fue sólo por eso, pero tampoco quisiera invadir su espacio. Una petición egoísta que no merezco en lo absoluto. ¿Quién soy para Sakura?
Un simple conocido. Nada más. No soy tan cercano como Kiba.
—¿Por qué no subes a verla?
Me volteé bruscamente a ella, ladeando un poco el rostro. Parecía aliviada, mostrándome una ligera sonrisa, menos tensa que la primera vez. Sasori no había objetado, incluso hizo un gesto con la barbilla en dirección a la escalera.
Hundí mis manos en los bolsillos delanteros de mi pantalón, cambié de dirección a las escaleras, subiéndolas despacio, retrasando el momento.
Escuché la indicación de Karin: su habitación es la segunda puerta de la derecha.
Una vez arriba, observé el pasillo silencioso. Leí una vez en internet que el ambiente de la casa dependía mucho del estado de ánimo de las personas. No cabía la menor duda de que así fuera, incluso la nuestra fue así por varios meses después de la partida de Fugaku.
Agité la cabeza, evita tener pensamientos innecesarios, me dije. Torturarme ahorita no es lo más sensato.
Me dirigí a la segunda puerta, estaba abierta, estaba nervioso por ver cómo estaba Sakura. Detuve mi andar en el umbral, con los ojos fijos en la cama, Kiba estaba sentado en la orilla de la cama, tapándome el rostro de Sakura.
No dudé en acercarme, ansioso por verla.
Y cuando lo hice, no pude hacer nada más que apretar los dientes, conteniendo las inmensas ganas de golpear algo y así descargar mi impotencia.
Su rostro parecía ajeno al dolor que enfrentaría al despertar. Su labio partido cubierto por un curita, debido a que sus manos estaban sobre la manta que cubría su cuerpo, vi los moratones que comenzaban a formarse en sus brazos. Su delicada piel salpicada de golpes, no quiero ni pensar en los que tendría en la espalda y piernas.
Dormida, así debes quedarte. Sufrirás al despertar.
—Así parece una muñeca así, ¿no lo crees? —dijo de pronto Kiba.
Él miraba a Sakura, sus ojos amenazaban con derramar lágrimas.
—Ella decía que estaría bien siempre y cuando no hiciera enojar a su padre. Siempre trata de llegar antes que su padre, prepara la comida más de deliciosa que existe y saca buenas notas. Su único vicio es el ballet.
No aparté mi mirada de él, parecía estar sufriendo.
—Es tan buena que no entiendo por qué tiene que soportar esto. No le hace daño a nadie. ¿Por qué su padre tuvo que golpearla así?
También me lo pregunté. ¿Qué mal hizo? Ninguno. Simplemente tuvo la mala fortuna de tener un progenitor abusivo. Pasé a la tensión, quise reír sin ninguna mala intención, por amargura, por desdicha. ¿Por qué? ¿Por qué? Muchas preguntas, pocas respuestas; y una herida que se extiende sobre la piel, encarnando el mismo sufrimiento.
Nos parecemos en algo, Sakura.
Después de unos minutos, ella comenzó a quejarse al mover su mano. Kiba se apoyó de sus rodillas e inclinó un poco, pidiéndole que no se moviera mucho o le dolería más su cuerpo.
Desde ahí, vi las luces de sus ojos como un rayo verde al entreabrir su parpados, apretando los labios, seguramente conteniendo sus quejidos. Hasta este momento intenta parecer que todo es bien pase a las heridas de su cuerpo.
No lo estaba. Su corazón maltratado gritaba.
Intentó sentarse, Kiba le repitió que no debía hacerlo, pero ella se negó. Así que la ayudó a alzarse un poco más y recostó su espalda en el respaldo, sus manos temblorosas apretaban las de Kiba, buscando apoyo.
En ese momento me acobarde, viéndola tan cercana a Kiba, ¿estaría sobrando aquí? ¿quién soy yo para querer verla o tocarla?
Nadie.
Iba a meter las manos a mis bolsillos para contenerme, pero su melodiosa voz pronunció mi nombre, fue tan reconfortante. Diablos, lo fue, enfocar sus ojos verdes cansados, y paulatinamente emocionados por verme. De nuevo esa emoción parecía real.
Maldición, ella…
—Sasuke… ¿en verdad eres tú?
Camina ya, me dije obligándome a mover mis piernas.
Me acerqué a ella tomando la mano que extendió a mi dirección, no dudé en hacerlo. Su tacto tan delicado y su mano pequeña. La apreté ligeramente, expresándole con gestos que estaba preocupado por ella, no sé si lo comprendió o no, pero aquella sonrisa cansada consternó mis más sólidos pensamientos.
Soltó mi mano para llevarla a su boca al toser ligeramente, luego pasó la lengua por sus labios.
—¿Tienes sed? Iré por agua, espera un segundo —Kiba dio por sentado que sí y se levantó de sopetón.
Desapareció por el pasillo tan rápido que apenas noté que se fue.
Miré de nuevo a Sakura, no apartaba la vista de mí, traté no hacer una clase de mueca extraña. Separó los labios y volvió a cerrarlos, dudando en preguntar o no.
En su lugar también estaría sorprendido. Después de aquella vez en el hospital, no nos hemos visto, y jamás imaginé que sería bajo estas circunstancias.
Llevé una mano a mi nuca, frotándola. Me permití mostrarme tal cual, sin filtros, sin barreras. Sólo sería un momento, nada más.
Me senté en la orilla de la cama, quedando a su altura, seguía mirándome tan profundamente. Gracias a que la ventana estaba abierta, corría un fuerte aire que se llevaba los males en un suspiro agotador.
—Si estás aquí debo suponer que saber que me sucedió —dijo tras el silencio.
Asentí con la cabeza, apartando la vista a sus brazos. Se avergonzó claramente de ellos, pero no de una forma común, no de pudor. Sentí que su rostro expresó impotencia. Nada más. ¿Tristeza? Mucha, sus ojos desolados no serían consolados.
¿Qué debo hacer?
Vine hasta aquí para verla, asegurarme que esté bien.
Mi corazón se aceleró y mi respiración se cortó porqué sus ojos comenzaron a decaer y rastros de lágrimas se asomaron en ellos. Y su propio aliento pareció entrecortarse, sus brazos temblaron sobre la manta.
Parece una muñeca.
Sí, una de cristal con varias grietas, y aun así intenta sonreír bajo esas heridas, omitiendo el dolor para no preocupar a su creador. Encerrándose en su propia compasión, lidiando con ello sola, sin realmente estarlo.
—Perdona… apenas pude contenerme estando Kiba aquí —murmuró encogiéndose de hombros y cerrando los ojos—. Pero… duele, me duele todo.
Te comprendo Sakura, créeme que tengo una idea de cómo te sientes.
Me vio con esos ojos verdes, tan claros en emociones. Sufren y se rompen. El lazo que la unía a su padre se ha expandido y roto tras los maltratos.
Vi mis ojos reflejados en los suyos, las mismas emociones que cargué años atrás, tras el abandono de Fugaku; al mirarme al espejo, parecía un contenedor vacío, sin propósito, sin vida. Moviéndome por inercia, viviendo por obligación.
No, Sakura no merece sentirse morir.
Nunca me he visto la necesidad en consolar a alguien fuera de mi núcleo familiar, ni mucho menos desear hacerlo. Pero algo se removió en mi corazón, una minúscula parte cuando Sakura comenzó a derramar lágrimas silenciosas, tratando de reprimir el sufrimiento al morderse los labios.
Mi propio pecho se estruja. Como si alguien agarrara mi corazón y lo apretara por un instante.
Estiré mi brazo a su cabeza, comencé a acariciar delicadamente su cabello, la sentí quedarse quieta un segundo. ¿Estaré haciendo mal? ¿Se habrá incomodado? Estuve a punto de retirar mi mano, Sakura se doblegó un poco, apretando la manta sobre su regazo y cerró los ojos.
Aceptando mi gesto, pero sin dejar de llorar.
Seguí frotando su cabeza, tratando de transmitirle la consolación que carece en este momento, disipé todo pensamiento negativo y me concentré en ella.
Sólo en ella.
Sakura se quedó dormida mientras lloraba, todavía seguía cansada. La recosté delicadamente para no despertarla y la dejamos descansar más, necesitaría todas sus fuerzas para enfrentar lo que se venía, no sería sencillo.
Abajo, Sasori, Karin e Itachi se instalaron en el comedor. Por sus semblantes tensos y serios, supuse que mi hermano les habló de los procedimientos legales a seguir. Se callaron abruptamente cuando entramos.
—¿Quieres café? —me preguntó Karin levantándose de su asiento.
No fue necesario que respondiera, dio por sentado una afirmación y se acercó a la cafetera. Después lo deposito frente a la silla vacía, invitándome a tomar asiento. De reojo observé a Sasori, no apartaba su vista de la taza entre sus manos, la apretaba fuertemente.
Qué momento más inoportuno. No deberíamos estar aquí. Malditos instintos impulsivos, no volveré a escucharlos.
—Kiba, será mejor que te apresures o llegaras tarde —escuché que decía Karin.
—Pero, Sakura… —dijo él preocupado.
—No despertará hasta más tarde, puedes venir después. Y por favor… se discreción —pidió encarecidamente.
El chico asintió con todas sus fuerzas, renuente a irse. En su lugar tampoco quisiera hacerlo, pero es necesario. Estoy planteándome seriamente hacerle una señal a Itachi y marcharnos. Y supe que sería imposible porque cuando Kiba desapareció, Itachi retomó el tema de conversación.
—¿Ya decidieron qué hacer?
El rostro de Sasori se crispo de rabia, de cualquier punto se hubiera interpretado a irritación y negación; pero no es así. Sus ojos expresaban toda la furia contenida que en un principio su boca se negó a destilar contra su progenitor.
Compartió una larga mirada con su hermana, sospesándolo seriamente.
—Es nuestra culpa que Sakura haya terminado así —dijo Sasori enfocando su vista nuevamente en la taza—. Hace unos meses ese maldito le dio una bofetada y tres patadas, esa vez estuve presente y logré quitárselo de encima. Pensé… absurdamente que no se repetiría, a pesar de las claras muestras de hostilidad y sus insultos a ellas. ¡Lo presencié y no hice nada al respecto!
Golpeó con su puño la mesa, todo saltó de su lugar. No pude hacer nada más que observar su frustración, recordando las palabras de Sakura: les había pedido a sus hermanos que no hicieran nada al respecto. Pero ellos no lo admitían.
No estaba de acuerdo con ella, ¿soportar tanto sin pensar en el sufrimiento de sus hermanos? Ciertamente es un acto imprudente, aunque sea con fines buenos —que su padre diera parte del sustento para el tratamiento de su madre—.
—Ignoraba que fuera constante, si tan sólo lo hubiera sabido antes… —Sasori se llevó las manos sobre su cabeza, tirando de su cabello.
Karin le frotó la espalda delicadamente.
—No es sólo tu responsabilidad. Yo estoy aquí más tiempo y no quise verlo —la culpabilidad destilaba en sus rostros.
Itachi torció el gesto.
—Lamentarse ahora no servirá de nada, lo importante aquí es alejar a Sakura de su padre. Él volverá por la noche, ¿verdad?
Sasori liberó su rostro y apretó los dientes.
—Estoy seguro de ello, a pesar de que lo corrí insistirá tanto, pero no puedo permitir que esté cerca de mi hermana. Sí procedemos en contra de él… ¿Sakura estará segura? —preguntó.
Comprendo su inseguridad. Hasta a mí me preocuparía saber que ese hombre estaría viviendo bajo el mismo techo que ella, con la amenaza de ser agredida nuevamente. ¿Con que tranquilidad vivirían? Absolutamente era lo correcto.
No importaba si era su padre, él debía pagar por lo que hizo.
Itachi les habló del proceso, la contratación de un abogado y siendo que tenían pruebas físicas y varios testigos, por lo pronto giraran una orden de restricción. Todo se llevaría a cabo en la comisaría de Konoha, a menos que viajen a la ciudad y pongan la demanda allá. Él se encargaría de recomendarles un buen abogado que llevaría el caso, alguien de su absoluta confianza. Se encargaría él mismo, pero ahora tenía otros casos.
Al mencionar la ciudad, noté que Sasori intercambió una mirada rápida con Karin, algo ocultaba.
—A decir verdad, nos íbamos a mudar a la ciudad dentro de unas semanas —dijo Sasori apoyando las manos entrelazadas sobre la mesa—. Conseguí un nuevo trabajo en un despacho de arquitectos, yo me iba a ir primero dentro de unos días y cuando consiguiera un departamento, ellas me seguirían dentro de unos meses. Pero con esto…
Torció el gesto, preocupado.
—Tenemos que acelerar las cosas, Sakura no puede permanecer en el pueblo, y menos mi madre y Karin. Podemos quedarnos en casa de míos tíos, pero… no por mucho tiempo. Ahí nos encontraría fácilmente.
Sakura estaría en peligro si la noche cae y su padre llega a casa. Sasori podría refrenarlo, pero no sería por siempre. En algún momento volvería cuando Sasori no estuviese y la atacaría de nuevo. El parón se repetiría sin importar qué.
¿Una solución rápida?
Pensé, mientras tomaba de las piezas de pan en el centro de la mesa. Pensando en algunas posibilidades rápidas. Conseguir un lugar donde pudieran vivir a gusto, con renta accesible el primer mes mientras se estabilizan económicamente…
¡Claro! ¿Por qué no lo pensé ante?
Por mi repentina exaltación, casi me atraganto y alcancé a toser un poco, demonios, ¿cómo un pedazo de pan puede ser mortal? Itachi me preguntó si estaba bien. Asentí con la cabeza mientras restriego parte de mi pecho. Ahora entiendo a mamá cuando me decía que no hablara con la boca llena —sí, a eso de mis siete años, antes de perder mi voz era muy parlanchín y entusiasta—.
Traté de no escarbar por ese rumbo.
—"¿Qué sucedió con los inquilinos de tu departamento?" —le pregunté a Itachi.
Contrajo el ceño.
Después de unos años trabajando en la estación de policía, consiguió un crédito para su propia vivienda, decidió escoger un departamento acogedor, ubicado a unos kilómetros de casa alegando que así estaríamos cerca. Independizarse era uno de sus objetivos directos, así que lo adquirió y se mudó unos meses.
Y luego cometí "esa estupidez" que siempre estarían gravadas en mi piel. No soportó estar lejos de nosotros y volvió a casa. Así que rentó su departamento que le ayudaba a pagar parte del crédito. Tenía conocimiento que una pareja vivió por un año hasta que se casaron y consiguieron su propio hogar; eso fue hace un par de meses.
—¿Te refieres a la pareja recién casada? Ya dejaron el departamento libre —alzó las cejas al comprender hacia dónde iba la intensión de mi pregunta.
—"¿Es posible qué se los prestes a ellos durante el primer mes?" —apunté con la mirada a los hermanos Haruno que nos miraban con un deje de curiosidad.
Karin se removió en su lugar.
—Disculpa Itachi, pero ¿qué es lo que pláticas con Sasuke?
Mi hermano se giró de nuevo a ellos, moviendo sus manos procedió a explicarles.
—Díganme una cosa, ¿están dispuesto a dejar Konoha por la seguridad de Sakura? —preguntó con semblante serio.
Ellos realmente estarían locos si respondieran que no.
Vi determinación en sus rostros, y no dudaron en responder afirmativamente, y al unísono.
—Sí. Todo sea por Sakura.
—En ese caso, les propongo algo: tengo un departamento disponible, se los puedo prestar.
—¿Qué? Espera —Sasori agitó las manos frente a él, incrédulo—. No puedo simplemente aceptarlo… Han hecho demasiado con venir hasta aquí, incluso nos recomendaras un abogado.
Suspiré apoyando el codo en la mesa, debían aceptarlo, de lo contrario no habría otra solución.
—Mientras se gira la orden de restricción Sakura está expuesta, como dijeron, en casa de sus parientes la encontrara más rápido. Si están en un lugar que desconocen las posibilidades de que la agreda son menos —expuso Itachi su punto, fue muy convincente.
Miré a Sasori y Karin, lo sospesan seriamente. Y no es para menos, la seguridad e integridad de Sakura dependía de sus decisiones. Por mí fuera la meto ahora mismo en el automóvil y la llevó a casa, estoy seguro de que, aunque mamá no estuviera de acuerdo, en cuestión de horas la adoraría.
Karin fue la primera en suspirar audiblemente.
—Lo aceptaremos. En cuanto tengamos el dinero…
Mi hermano negó con la cabeza.
—No se preocupen por ello.
—Insistimos, no somos arrimados —terció Sasori cruzado de brazos—. Te pagaremos la renta.
Itachi sonrió indulgente. Conozco esa mirada, algo trama, y no estaría en paz hasta saberlo. Seguramente buscará la forma de salirse con la suya y no le recibirá ni un solo centavo a los Haruno, se las ingeniará.
Bufé por debajo. Por lo menos se arregló la situación de su vivienda.
Me sentía aliviado, Sakura estaría segura en Tokio, la posibilidad que su padre la encuentre en las primeras semanas era menor. Y cuando procedieran con la demanda…
Sin querer, se me escapó un bostezo, intenté ocultarlo al llevar una mano a mi boca y encoger los hombros, pero fue inevitable.
—Ha sido un largo viaje, ¿por qué no descansan? —Karin se levantó de nuevo de su asiento, la miré con los ojos entrecerrados—. Si no les molesta compartir cama, pueden dormir en la habitación de Sasori, ¿verdad?
El susodicho asintió con la cabeza, ausente.
—Sí, descansaré un rato en la habitación de mis hermanas.
—En ese caso, agradecemos su ofrecimiento —Itachi se levantó tras darle un sorbo largo al café.
Estiré los brazos. Nos vendría perfecto descansar, desvelarnos no es un plan magnifico. Pensé en preguntarle a Itachi si acaso no tiene un trabajo que atender, por lo tranquilo que se veía supuse que aviso que faltaría. Me encogí de hombros, en mi caso una inasistencia no me afectaría, es lunes, solamente asistía a dos clases.
Antes de seguir a Karin y Sasori, estiré mi brazo para atrapar una pieza de pan. Estaban deliciosos, se comparaban con los pastelillos que vendían en aquel café-restaurante dónde trabaja Ino. Desprenden un aroma dulce y vainilla. Me lo llevé a la boca mientras le hacía un gesto a Sasori con la mano, seguí inverso en sus pensamientos.
—Espera, Sasuke.
Detuve mi andar en el umbral de la puerta, aun mordiendo el pan, volteé a él. Ahora que lo veo fijamente y sin pensar en cualquiera otra cosa, sus ojos son muy parecidos a los de Sakura, igual de expresivos y gentiles, no importa que ponga esa coraza a su alrededor.
Sonrió débilmente tras ese rostro cansino.
—Gracias por venir hasta aquí para ver a Sakura, significa mucho para nosotros.
De hecho, fue un impulso, pensé sin poder llegar a expresarlo correctamente.
Quise responderle debidamente, pero el hecho de que no supiera lenguaje de señas complicaba la interacción. Así que me limité a asentir con la cabeza y componer un semblante no tan duro e inexpresivo, vamos, para esto he practicado frente al espejo algunas veces, sólo debo relajar mi postura y gestos…
Mierda, no lo conseguí.
Me fui de ahí, no sé si dejé una buena impresión o no. Aunque sería un verdadero milagro si lo consiguiera.
¡Hola! ¿Actualización en tiempo recórd? ¡Que te sucede Ale!
Respecto al capítulo, uff se han decidido a proceder en contra de su propio padre. Todo esto es intenso, ¿qué pasará con ellos? ¿Qué pensará Sakura?
Preguntas... nada de respuestas xD
Con esto de la cuarentena mundial tengo algo de tiempo. Por favor, sigan las indicaciones de sus autoridades, ya saben las medida de higiene y prevención, no salgan de sus casitas a menos que sea necesario :c nadie quiere enfermarse, ¿verdad? No olviden su gel antibacterial y sus cubre bocas c:
Los quiero y cuídense mucho, que Dios los proteja.
Pd: tengo mucha curiosidad, ¿cómo se imaginan el tono de mi voz? -dudas que no dejan dormir-
Nos leemos muy pronto,
¡Alela-chan fuera!
