|14| Sin pena ni lástima

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Sakura
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Cinco días pasaron rápido, el tiempo no fue muy relativo, pero me abrumó por completo el drástico giro que daría mi entorno.

Sumándole a mis preocupaciones, Neji no volvió a la escuela, traté de no preocuparme por él y evitar el impulso de ir a su casa, aunque seguramente no estaría allí, algunas veces pide permisos especiales para ausentarse y acompañar a su familia de viaje a Osaka.

Kiba me ayudó a no pensar en ello cuando tenía oportunidad. Últimamente pasábamos más tiempo juntos, no me sentía sola ahora que Tenten parecía ignorarme. Pasaba a mi lado sin dirigirme la mirada y evitaba estar en el mismo lugar que yo.

Me entristecí sin saber sus razones para que me evitara como una plaga, ¿por qué no quería hablarme? Tras varios intentos de querer acercarme a ella, me cansé de ser rechazada una y otra vez y la dejé estar. Si quería recuperarme tendría que poner de su parte.

Me dolía, pero no podía hacer nada más cuando ella no está dispuesta a verme.

Y no hacía más que idear razones para su comportamiento que rayaban lo absurdo. ¿Y si la razón estaba ligada a que Neji no asistiera a la escuela? ¿Y si él la convenció de lo contrario, poniéndola en contra mía? No, Tenten me dijo que él no es lo que parece, percibí que le había tomado cierto rencor por el tono de sus palabras.

Pasaba medio día convenciéndome de que era así.

—Mira arriba, ¿es el libro que buscas?

Alcé la mirada frente al estante de libros, a mi lado, Kiba señalaba en lo alto un libro de pasta azul cuyo título decía: "manual de lenguaje de señas". Genial, después de una búsqueda exhaustiva en la biblioteca del pueblo, por fin pude encontrarlo.

—¡Ah! Sí, sí ¿podrías bajarlo por mí?

Lo recibí en manos, el polvo en la pasta era una prueba infalible de que estuvo guardado por mucho tiempo. Lo soplé con fuerza y frente a Kiba, que tosió sin parar quejándose de la picazón de su nariz.

Me reí al ver su expresión.

—¡Shh!

Nos encogimos de hombros al escuchar a la bibliotecaria, la señora Akane, una señora pasada de los cuarenta que trabajaba por las tardes. Nos veía desde la mesa de recepción, arrugando el ceño. Le dimos unas disculpas mudas y nos dirigimos a las últimas mesas de la biblioteca, no queríamos molestarla con nuestras voces.

Uno frente al otro, Kiba tomó un ejemplar de la sección de cómics y por otro lado, yo me enfoqué más en el que traía en mis manos. Tenía un libro que parecía ser un diccionario a dibujos de lenguaje de señas que me prestó una amiga de Karin, y este que estuve buscando por días, favorecería mis conocimientos en el tema.

Después de pensarlo seriamente, me propuse aprender un poco de lenguaje de señas y así lograr entender mejor a Sasuke, sé que le incomoda utilizar el celular a causa de mi ignorancia. Y quería que se sintiera cómodo cuando esté conmigo, por ello decidí ponerme manos a la obra y aprender de esa maravillosa forma de comunicación.

Si le podía facilitar la interacción, haría lo que sea. Le debía mucho, ya sea por gratitud o por gusto, quería hacerlo.

—Eh... ¿No crees que es muy complicado? —preguntó Kiba con el cómic abierto sobre la mesa, estirando el cuello para ver las páginas del libro dispuesto a indagar.

—Si no lo sabes, es normal que parezca complicado al principio —dije mientras abría mi libreta con los apuntes y el diccionario del otro lado, dispuesta a estudiar—. Así que sólo debo esforzarse más y más.

—No me imaginó cuanto ha de saber ese tipo, uh... ¿Sasuke? Sobre este lenguaje. —Mi amigo parecía interesado que dejó el libro de historia de lado y agarró el diccionario para hojearlo. Él sabía la razón por la cual comencé a interesarme en este tema.

Asentí con la cabeza. No sabía con exactitud si él nació mudo o en algún momento tuvo un accidente que lo llevara a esa discapacidad, leí en un artículo de Internet que es a causa de diversas razones. Nunca le he preguntado, me parecía indiscreto de mi parte, y seguramente es un tema que evita como peste. Y lo comprendía, si estuviera en su lugar también lo hiciera con cualquiera.

—Por el momento aprenderé lo básico, luego conseguiré más y más libros para reforzar mis conocimientos. —Me proyecté tanto que la satisfacción llegó a mí incluso antes de comenzar con la lección.

Kiba sonrió socarrón mientras agitaba el diccionario a mi dirección.

—Te ayudaré como bien amigo que soy.

—¿En serio? —pregunté maravillada. Me vendría bien poner en práctica que lo estaba aprendiendo.

Su sonrisa burlona me dio mala espina.

Yes girl. Yo tomaré tu libreta y te diré una palabra, si haces mal la seña, ¡te daré un apretón en el cachete!

—¿Qué? ¡No! Me duele mucho cuando lo haces —objeté a la defensiva alejándome de él.

—Entonces enfócate en recordarlo para evitar que tus cachetes terminen sin sensibilidad.

Hice un mohín al jalar mis apuntes y el libro, ¿por qué venía conmigo? Le mostré lengua de forma infantil. Vaya mejor amigo que se mofaba y ayudaba continuamente.

Después de una hora de continua lectura y de rascarme la cabeza al tratar de memorizar las señas, sentía mi mano entumecida de tanto hacer los dibujos en representación para practicarlos en casa. Aunque podría pedir prestado el libro, no lo tendría para siempre en mi posesión. Tampoco es que haya una librería con bastos libros del tema. Terminaría tomándole fotos con el celular, pero era más factible la vieja enseñanza para memorizar mientras escribía.

Hasta que no fuera a Tokio y visitara una librería, anotar esta información parecía la mejor opción por el momento.

—Aunque, pensándolo bien, ¿no sería más fácil para ti que siguieran con el hilo de conversación por mensajes? —inquirió dudoso.

Alcé los ojos destilándole una respuesta tan obvia, incluso para mí. Él no lo comprendió y tuve que explicarle mis razones, y al decirlo en voz alta me di cuenta de lo vergonzoso que resultaba admitir la importancia del asunto frente a otros. Sobre «un chico».

No por cualquier persona.

Si no, él.

Sasuke.

Sentí mis mejillas arder por la mirada insinuadora de Kiba, enarcando una ceja, expectante. Incluso él pensaba que, tratándose de otra persona, una chica, mis acciones serían las mismas. Pero no estaba sonrojándome al admitirlo.

Con Neji siempre fue tan natural, y ahora me resulta dolorosa imaginar que esos días jamás volverán. No los quería de vuelta, menos que él estuviera presente.

La retrospectiva bajo mi ánimo y Kiba lo notó. Trato de sonreír alegre para contagiarme, lo consiguió de inmediato. Las sonrisas en los rostros de las personas son espejos: sonríes a alguien y ya sea por cortesía o por deseo, te devuelve la sonrisa. Tan poderosa es la capacidad de contagiar el estado de ánimo con mantenerse afable.

Un poder natural que todos poseemos y valía la pena intentar.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el incesante vibrar de mi celular, a la deriva sobre la mesa. Le clavé los ojos, preguntándome quién podría ser. Al ver la pantalla, casi se me salen los ojos de las cuencas al ver el remitente.

«Sasuke».

Imposible. La pantalla parpadeaba haciéndome dudar de mi lucidez, de mi propia vista. ¿Necesitaré unos lentes?

—¿Es una broma? —murmuré incrédula. Para reforzarlo, le mostré la pantalla a Kiba que enarcó ambas cejas y se quedó quieto, pensativo—. Es Sasuke.

—¿Segura que estamos hablando del chico mudo? —preguntó dudoso, yo asentí con fuerza—. Por ende... las llamadas no deberían ser lo suyo.

—Definitivamente —acepté.

Me quedé mirando como tonta el celular, sin saber exactamente qué hacer. Reafirmando que parecía más una broma, pero, pensándolo bien, Sasuke no es el tipo de chico con ese sentido de humor... ¿verdad? Aún había cosas que desconocía de él.

Antes de que perder la llamada, contesté —no sin antes lanzarle una mirada furtiva a Kiba que jaló su silla a mi lado, pegando la oreja cerca del teléfono— y esperé lo inesperado.

—¿Hola? —murmuré.

¡Sakura-chan!

La voz de Naruto me sorprendió enormemente, aparté un poco el celular, incrédula. Incluso Kiba tenía los ojos abiertos. ¿Por qué la voz de mi primo salía de la bocina cuyo contacto es Sasuke?

Entorné los ojos.

—¿Eres tú, primo? Espera un segundo ¿Cómo es que tienes el celular de Sasuke? ¿Se conocen? —pregunté atropelladamente.

—Resulta que Sasuke es amigo mío, tuve que tomar su celular contactar a cierta personita que no contesta mis mensajes y llamadas. —La enfatización en cada palabra me hizo sentir mal, su tono dolido, reclamando mi ausencia.

Apreté los labios, sintiéndome un poco culpable. No le había contestado sus mensajes con el afán de no preocuparlo más de lo necesario. De ante mano él sabía lo sucedido con mi padre por medio de mis tíos, Sasori siempre se mantiene en contacto con ellos. Quería retrasar enfrentar el tema, por lo menos por este medio.

Naruto ha sido un pilar para mí, más que nunca desearía que estuviese aquí para hacerme reír. Pero he sido una carga para todos por un buen tiempo, y retrasar esto me pareció sensato. Él también es impulsivo, y no dudaría en buscar a Kizashi y hacer justicia por sus propias manos.

—Naruto, yo... —balbuceé.

Lo sé, no te he llamado para reprocharte —aseguró, interrumpiéndome. Al calor en mi pecho se intensificó, cuando comencé a evadirlo pensé que su furia terminaría explotando en cuanto volviera a hablarle—. Sólo quiero saber si estás bien con todo esto. Debe ser difícil para ti.

Me tome varios segundos, organizando mis ideas para no decirle una mentira.

—Estoy bien, consternada y llena de dolor—dije apoyando una mano en la mesa, observándola he intentado poner en orden mis pensamientos—. No quise angustiarte más, sé de lo que eres capaz cuando estás enojado, por eso no te conteste.

Su risa escuchó ahogada.

Debo admitir que hiciste una buena jugada —suspiró encarecidamente—. Me conoces tan bien para saber mis reacciones. Aunque no puedes evitar mis próximos movimientos, y te guste o no, iré a verte el fin de semana junto a...

Se calló de repente, y seguidamente un golpe sordo aturdió mi oído. Compuse una mueca mientras me separaba del aparató y Kiba me lanzó una miradita.

—¿Naruto?

Él ya está aquí. —Ahora hablaba en susurros con un toque de terror en sus palabras.

¿A quién se refería? Arrugué el ceño, intentando comprenderlo.

¡No tuve opción!

—¿Qué-hi-cis-te? —siseé remarcando cada sílaba.

Le robé el celular a Sasuke para llamarte —alegó, seguía hablando bajo y de fondo se escuchaban los golpes. Como si alguien estuviese aporreando puertas.

—¿¡Por qué hiciste eso!? —le reclamé tratando de controlar mi voz, no podía gritar como tal o la señora Akane me fulminaría con la mirada.

Él se negó a cooperar cuando se lo pedí amablemente. Así que tuve que ingeniármelas y ahora me escondo en el cubículo de un baño para que no me atrape pronto.

Kiba reprimió una risa por su explicación, yo estaba cerca de tener la misma expresión.

—Vaya, un defensor de la justicia que roba —rechiné, irónica—. ¿Y ahora que sigue? ¿Cerdos volando? ¿Qué mi cabello sea rubio? ¿Kiba con novia?

—¡Hey! —Mi amigo me miró ofendido. Le hice burla y lancé ambas cejas.

—¡No me culpes! —replicó Naruto—. Tú no contestabas y él no quería ponerme al tanto de la situación...

Gritó de pronto, tuve que alejar más el articular y no me lastimara el tímpano. No me preocupé en lo absoluto e intenté imaginar la situación como tal: Naruto corriendo a esconderse en los baños y Sasuke buscándolo cual psicópata con ansias de sangre. No evité la sonrisa que escapó de mis labios, sí, seguramente esa haya sido la situación.

Naruto sal de ahí. Sasuke está furioso —dijo alguien ajeno, me costó trabajo reconocer su voz—. Si abres la puerta del cubículo promete no golpear tu rostro... o lo intentará.

No suena muy alentador de su parte, Shikamaru —alegó mi primo.

Se escuchó otro golpe. No podía hacer nada más que guardar silencio y esperar el desenlace, ansiosa.

Sasuke quiere saber el motivo por el cual le robaste el celular —dijo Shikamaru.

Primero que nada: si tomas algo con la intención de regresarlo, no puede considerarse un robo como tal —alegó Naruto—. Y segundo: Situaciones desesperadas, requieren medidas desespera... ¡Ah! —Otro golpe y está vez se escuchó más ahogado, y Naruto soltó un gritillo agudo—. ¡Santa madre de mierda! ¿Qué tipo de expresión tienes, Sasuke...? ¡No, espera un poco! ¡Todavía no termino de utilizarlo! ¡Sakura-chan, dile que me dé su celular! ¡Sakura-chan!

Esta vez no pude evitar carcajearme, ¡En verdad son un caso! Me agarré el estómago sin detenerme, al cabo de un par de segundos, Kiba también se rio conmigo. A ambos nos mando a callar la señora Akane al chitarnos con demasiada fuerza y señalando el cartel de «absoluto silencio» en el extremo de su escritorio.

Nos encogimos de hombros y cubrimos nuestras bocas con la mano. De soslayo miré el celular y me percaté que la llama había cesado.

—¿Será que si haya muerto en manos de Sasuke? —inquirió Kiba muerto de la curiosidad.

—Sólo hay una forma de averiguarlo —dije juguetona.

Localicé rápidamente el contacto de Sasuke y le envíe un mensaje.

¿Está todo bien? ¿Quieres que te
ayude a enterrar el cuerpo
de mi primo? ;)»

A los pocos segundos me contestó.

« Con tu menudo cuerpo dudo
que seas de gran ayuda,
mínimamente podrías cargar
las palas.

¡Oye! Aunque no lo creas, puedo
cargar el peso de una persona. Soy bastante fuerte »

« Digamos que te creo, ¿qué
pasaría si te rompes en dos
cuando lo cargues?

« Como una tablita. Tendría que

repararte con saliva y sudor.

Eres un... »

« Sí, lo soy. Hablemos en la noche,
estoy ocupado.

Su basto cortó en la conversación reflejó su humor. Apenas y me respondió los mensajes, lo dejé pasar. Pasaba a un estado gruñón en cuestión de minutos que era sorprendente. Observé la pantalla una vez más y lo dejé apoyada en la mesa, ahí permanecería sin más distracciones hasta terminar de estudiar el lenguaje de señas.

Respetaría su petición. Después de todo, me mantiene más ocupada la sorpresa en la que estoy preparando.

—¿Y bien? —inquirió Kiba.

—Sobrevivirá —aseguré sonriente.


Regresé a casa por la tarde. Realmente no pensaba en hacerlo hasta la noche como días anteriores, pero Sasori me aseguró que Kizashi no había aparecido y nadie lo vio por los alrededores. Era como si se lo hubiese tragado la tierra, nadie sabía nada de él.

Si era el caso, podría estar en casa hasta que Sasuke viniese el fin de semana a llevar parte de la mudanza en su camioneta. Él propuso que me fuera ese mismo día y dejaría en casa de mis tíos, mientras movilizaban todo para el traspaso de preparatoria e Itachi-san tuviera en condiciones su departamento para ser nuevamente habitable. No pasaría más de una semana más.

La situación se me antojaba ansiosa. No podía dormir bien durante las noches. Pase a que sé que es lo mejor para nosotros, la renuencia atacaba mi mente. Después de vivir toda una vida en el pueblo, nos mudarías a la ciudad a probar suerte.

No, más bien, a mejorar.

Trataba de convencerme con esa convicción, cada vez me resultaba más fácil creerlo y aceptarlo. Más, sin embargo, el miedo embarga mis sentidos y no me deja pensar con claridad.

—¿Eres tú, Sakura? —preguntó mi hermano desde la sala.

—Sí, estoy aquí.

Agité la cabeza, basta. Serenate, serenate.

Avancé a la sala topandome con varias cajas de cartón con los pliegues abiertos. Encima relucían las letras que seleccionaban el tipo de artículos que yacían dentro, alcance a los jarrones verdes de mamá y portarretratos.

Cada vez la casa se iba haciendo más solitarias sin los recuadros colgado de las paredes, pronto no habría ningún rastro o prueba de que habitamos allí; todo quedaría a la deriva. Una fuerte sensación de melancolía me atacó, la reprimí mucho antes que se afianzara a mi cabeza y no me permitiera dormir en la noche.

Sasori estaba desarmando la mesita, sentado en el suelo y concentrado en su labor hasta que llegué. Alzó la cabeza y esbozó una sonrisa. Mentiría si no aceptara que se veía más positivo y lleno de anhelo, no sólo se trataban de mí, él y Karin tendría mejores oportunidades de crecimiento profesional.

—No hemos tenido tiempo para cocinar, encargamos pizza. Te dejamos tus rebanadas en el microondas.

Asentí, no dejaba de mirar a mi alrededor.

Despejé mis pensamientos.

—Espero que sea de pepperoni —advertí esquivando las cajas para ir a la cocina.

—Pedimos mitad y mitad por Karin. Ni loco me rebajaría a la piña. Que asqueroso.

Una de las cosas que odio en el mundo, y cual comparto con mi hermano mayor: la piña en una pizza. ¿Cómo podían combinar queso y piña en una pizza y pretender que sepa delicioso? Simplemente no me parecía posible, en mi cabeza esos dos ingredientes no deberían estar junto nunca, y punto.

Tras verificar con sospecha de que eran de pepperoni, seleccioné los minutos en el teclado y me moví por la cocina en busca de zumo.

Era uno de los lugares intactos. Por lo pronto se llevarían las cosas pequeñas de las habitaciones y la sala, lo que se pudiera guardar en cajas. Los muebles se quedarían resguardados aquí, al parecer el departamento de Itachi estaba amueblado. Vendríamos a buscarlos una vez que tuviéramos nuestra propia casa.

—¿Cómo está mamá? —pregunté al no verla. Seguramente estaba durmiendo.

Sasori tardó en responder, se adentró a la cocina en busca de un vaso con agua.

—Bien... bastante bien —Por la forma vacilante en que lo dijo no me convenció.

El pitido del microondas interrumpió lo que iba a decir. Abrí el compartimiento y saqué cuidadosamente el plato, el olor llegó a mi nariz, irresistible queso fundido y pepperoni cocido. Partí un pedazo, viendo el queso extender, y sólo cusndo le di una mordida, retome el hilo de mi pregunta.

—¿Estás seguro? No parece muy convencido. —Lo miré de reojo mientras masticaba.

Frunció el entrecejo y se acercó un poco más, inclinándose de lado.

—Escucha... Mamá parece reconocernos.

—Ella nunca ha olvidado que somos sus hijos.

—No me refiero a eso. —Apretó los labios y dejó el vaso vacío sobre la encimera, y movió su mano—. Entre ratos parece reconocer la realidad: que yo soy un adulto al igual que Karin, que tu vas a la preparatoria y no a la primaria. Al igual lo que sucedió con... Ese hombre, ¿entiendes?

¿Qué diantres decía? Lo miré con los ojos muy abiertos y los labios separados, tratando de emitir alguna palabra. ¿Acaso esto es posible? ¿En verdad mamá nos reconocía como tal?

Me quedé en blanco, relacionando los acontecimientos más recientes y de impacto. El altercado de Kizashi, ella hablaba con firmeza y parecía reconocer el tiempo. Incluso aquella ocasión en la mañana lo recordó y me reconfortó, no profundice mucho su actitud, sinceramente.

—¿Acaso dices qué... hay esperanza para ella?

Las pupilas de Sasori se expandieron y aspiró con fuerza.

—Tal vez, quiero creer que sí, pero no hay que hacernos ilusiones porque...

Se calló. De igual manera mi humor no mejoró, todo lo contrario: me dio un golpe directo al recordatorio de la otra enfermedad física de mamá. Leucemia. Sí, por su puesto. En dado caso que recuerde, no sería por mucho tiempo ya que recaería en cama. Siendo así, ella no...

Agité la cabeza, intentando no pensar en la muerte.

Jamás lo aceptaré.

—¿Hace cuanto qué hablamos con mamá sobre las quimioterapias? —pregunté.

—Hace un mes —respondió, moviéndose al otro extremo de la cocina y desde ahí me miró—. Sé lo que piensas, dejemos que se recupere de sus memorias y trataremos de convencerla. ¿Vale? Pero no te ilusiones.

No de ilusiones. Claro.

Era difícil no hacerlo.

Centrada estaba en mis pensamientos que apenas me percaté de la presencia de Karin poco después, volví a la realidad cuando dio un aplauso frente a mi rostro. Di un respingo y grité, recargándome de la encimera con las manos apoyadas, su risa inundó la cocina e incluso me pareció escuchar a Sasori carcajear.

—¡Karin! —La fulminé con la mirada.

Ella seguía riéndose.

—Lo siento, es que no me hacías caso —decía entre risas, acomodándose su larga melena pelirrosa. Me fijé que no traía su típica chaqueta café sobre su top negro dejando a la vista su ombligo, si no, una blusa azul de botones de manga larga seguramente venía del trabajo.

—Estaba pensando...

—¿Por fin? —Siguió burlándose, la miré feo—. Bien, bien. Te decía que el señor Taiki ya tiene lista tu maleta para que vayas a recogerla y empaques tus cosas.

Oh, cierto. Antier tuve la intención de comenzar a empacar lo esencial de mi habitación, me percaté de que mi maleta sufrió una lesión: se rompieron las rueditas. No estaba de lujo para comprar una nueva, y, además, no tenía otro defecto visible. Así que la llevé con el señor Taiki cual hace reparaciones a lo que sea que se le pusiera en frente. Me aseguró de que podía repararlo en un día.

Lo había olvidado.

—Iré a recogerlo, regresaré más tarde.


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Sasuke
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—¿Aún sigues enojado por qué te robe el celular?

Le lancé a Naruto una mirada desquiciante y lo ignoré de nuevo. No estoy de humor para soportar sus idioteces.

Caminé de regreso al coche aparcado cerca de la entrada del estacionamiento de la facultad. A la par caminaban Naruto y Shikamaru, yo iba en medio de ellos. Por más que les mostré mi peor cara y les hice una seña obscena, no se apartaron y platicaron normalmente.

No olvidé el episodio de hace unas horas. Lo desquiciado que me volví cuando descubrí lo que hizo el estúpido de Naruto.

En serio, ¿a quién se le ocurre robar mi celular? Alguien con irremediables ganas de morir, es seguro. La paciencia y tolerancia son dos rasgos que carezco encarecidamente, y aún estaba tentado en asentarle un golpe a Naruto, y lo hubiera hecho si no fuera porque Shikamaru me detuvo.

¿Qué más daba darle un zape? Tuve que conformarme con eso y nada más.

—Sasuke, no tuve opción. —Seguía alegando en su defensa—. ¡No querías informarme sobre mi prima!

Volví a mirarlo enarcando una ceja. Por su puesto que no le diría nada porque no podía hablar, y, por otro lado, no me correspondía.

Desde que solté el detalle que la conocía, se la pasó acosándome por la facultad y mensajes haciéndome la barba para que soltara información. Pero decidí no hacerlo por respeto a Sakura, seguramente ella no quería que él se enterara y por eso no le contestaba los mensajes y llamadas. Y yo no soy nadie para intervenir en sus deseos, mantenerme al margen de esta discusión parecía lo correcto.

Y sucedió el robo frente a mis narices, y lo peor era que me distrajo con un maldito café americano que me regaló. Mi debilidad. Debí sospechar de ello, ya que actuó en cautela y sin mucho movimiento.

Apreté los dientes al recordarlo. Shikamaru preguntó algo como «¿Y tú celular?», mi cara fue de «sobre la mesa, junto a café...» ambos vimos dicho lugar vacío y rápidamente sospechamos de Naruto, fue el único que se acercó a nosotros.

Si pudiera gritar su nombre en rabia, lo hubiera hecho. Me límite a respirar furioso y lanzarme a los baños, lugar muy predecible.

—Ya no le digas nada —le dijo Shikamaru a su lado—. No tientes tu suerte, está pensando en golpearte.

Tienes mucha razón, pensé, mirándolo de reojo.

—¿Más que el zape? De todos modos, se enfureció más cuando le dije que iríamos juntos el sábado, ayudaré a la mudanza también.

Claro, perfecto, recordé sarcástico.

Cuando se enteró de que iría el fin de semana con la intención de traer las pertenencias de la familia Haruno, se puso insistente en que lo dejara acompañarme, diciendo cosas como «es mi deber como parte de la familia» o «no podrás cargar todo sólo de regreso». Al principio me negué rotundamente, considerando las posibilidades, pero después...

El mensaje de Sakura bastó para dejarlo que fuera conmigo en la camioneta.

A dos días, y ya me estaba reimplantando seriamente no llevarlo. O podría llevarlo, abandonarlo en una gasolinera en medio de la nada y todos estaríamos contentos.

—Naruto, estás cavando tu propia tumba, ¿lo sabías?

—¡Ja! Ni que tuviera tanta suerte. Ya dije que moriré después de tener mi propio portafolio, antes no.

Finalmente llegamos al coche, le quité los seguros automáticos y nos adentramos. Naruto se agazapó al asiento de copiloto y Shikamaru se deslizó en la parte de atrás. Tuve el impulso de empujar al rubio y dejarlo botado en la universidad, pero respiré hondo y encendí el auto. Les había dicho que les daría un aventón cerca de la casa de Naruto, así que lo cumpliría.

El trayecto fue muy ruidoso. Naruto encendió la radio buscando una estación adecuada, las noticias le parecieron un poco aburridas después de escuchar sobre el desperdició de las acciones comunista de los países bajos y lo cambió a otra estación. Después de unos segundos, los versos en ingles con voz graves inundaron el auto.

Suspiré. Extrañaba el silencio con el que manejaba todas las mañanas y tardes, pero... debo admitir que se sentía extraño que otras personas hablaran a mi alrededor y me incluyeran en sus conversaciones. Aún siendo limitada mi interacción, aportaba con gestos que eran bien recibidos y procesados.

Era algo completamente nuevo.

—¡Oh, maldición! —exclamó Shikamaru desde atrás cuando Naruto comenzó a cantar con su voz desafinada, lo hacía a propósito—. ¡Deja de torturarnos! ¡No merecemos que nos utilices de experimentos para ligae a las chicas!

Llegamos al distrito dónde vivía Naruto con una canción de los The Beatles «Don't Let Me Down» cuando vimos algo inusual.

Aparqué a unas cuadras cerca de la casa de Naruto y quité los segundos automáticos. Segundos después, Naruto se encaramo a la ventanilla, sacando un poco su rostro y entrecerrando los ojos.

Enarqué una ceja por su repentina actitud, y cuando me volteó a ver, le hice un gesto de interrogación. Él tenía los ojos muy abiertos y su respiración se volvió versátil.

—Acabo de ver a Kizashi.

Arrugué el ceño e inmediatamente me fijé al frente. ¿Qué hacía ese hombre en Tokio? Identifiqué al que Naruto me señalaba con el dedo, traía puesto una camisa azul y caminaba a prisas por la banqueta. Desde ahí no se podía apreciar bien, pero noté el color de su cabello, parecía un castaño... no, era un color extraño.

—Perfecto. Que bien que esté rondando por aquí —alegó Naruto seriamente—. Ese maldito me va a conocer.

Salió del automóvil y se dirigió rápidamente a Kizashi.

Maldición. Irá a cometer una estupidez. Lo supe cuando vi sus intenciones grabadas en su forma de andar.

Mire a Shikamaru por el espejo retrovisor, ¿qué hacemos?

—Mierda, hay que detenerlo o cometerá una estupidez —dijo Shikamaru apresurado mientras abría la puerta.

Suspiré, tocándome las cienes con los dedos.

Era bien sabido del odio que Naruto le tiene a ese hombre, y si somos sinceros, yo también. De hecho, quisiera zamparle unos buenos golpes y así descargar mi propia furia, hacerle saber lo que Sakura sintió cuando él la aporreó sin piedad. Que se enfrentara con alguien que supiera regresarle los golpes.

Pero, como le prometí a mi hermano y madre, no me metería en problemas... o trataría. Sonreí un poco alentado por ese pensamiento.

Me apresuré a alcanzarlos, puse los seguros automáticos del auto y cerré la puerta. A grandes zancadas cubrí el perímetro que nos separaban. Naruto iba a prisas, estaba cerca de Kizashi y no había llamado su atención, pretendía hacer un ataque sorpresa.

Me adelanté a Shikamaru trotando, y lo tomé del hombro con fuerza, obligándolo a detenerse sin objeciones, me miró furioso e intentó avanzar, pero Shikamaru se interpuso en su camino.

Kizashi no se percató de esto y siguió andando, cojeando a su franco derecho.

—Piensa bien las cosas, no es solución golpearlo —dijo Shikamaru tras encararlo, firme lo detuvo del torso, yo seguía agarrándolo del hombro, casi enterrándole los dedos—. Empeoraras las cosas, podrías ir a parar a los amparos y sería un fastidio avisarle a Minato-san.

Naruto apretó los dientes.

—¡No me calmaré! ¡Ese maldito... merece una buena escarmienta! —gritó lo bastante alto para que llegara a oídos del susodicho que no estaba muy lejos de ahí—. ¡Te estoy hablando a ti, Kizashi! ¡Ven y enfréntame de una buena vez! ¡Te haré pasar el mismo infierno y lo pensarás dos veces antes de volver a tocar a Sakura!

Tuvimos que afianzar el agarré, impidiendo que avanzara más, sí que tenía fuerza. Varias personas se detenían a ver el alboroto, consternado y pensando en si irse o permanecer hasta que hubiera pelea.

¿No tenían algo mejor que hacer? ¿Solucionar sus vidas tal vez, en lugar de quedarse a observar una contienda?

Desde ahí, observé al hombre que se detenía paulatinamente, tras unos segundos en los cuales Naruto respiraba con fuerza y Shikamaru comenzaba a aflojar el agarre, Kizashi se viró a nosotros.

Nos quedamos impactados por el aspecto que presentó cuando pudimos verlo bien. Incluso Naruto se quedó estático.

Su rostro era irreconocible debajo de las bolsas azuladas, el párpado derecho rojo e hinchado cubría la visión y los puntos que iban desde la frente hasta la ceja. Labios partidos con restos de sangre seca y una gasa en la mejilla. Su ropa tenía vestigios de sangre representadas en manchas oscuras. Ni siquiera podía reconocer su expresión airada, me costó mucho hacerlo.

Carajo, se ve miserable.

Entendí la razón de su cojera: lo había golpeado. Recordé una ocasión en particular en una mis vueltas al hospital por las sesiones con Kakashi. Me había sentado en la sala de espera con las manos jugando mi mochila, reprochando mentalmente por el retraso de mi madre, entonces por la puerta ingresaron dos tipos. Uno gritaba desesperada por ayuda y venía arrastrando a cuestas el cuerpo moribundo de su compañero, cuyo rostro parecía una deformidad de sangre y bultos rojos. Horroroso y penoso, apenas se le identificaba.

El estado de Kizashi se parecía a ese hombre.

No supimos cómo reaccionar. Naruto volvió en sí, ladeando una mueca de satisfacción, y Shikamaru aflojó el agarré del torso creyendo que no haría nada.

Por mi parte, me mantuve quieto. Tratando de analizarlo, grabando cada rasgo y odiándolo en silencio.

—Parece que alguien se me adelantó —comentó burlón Naruto, pero seguía tenso.

Apenas se movió y nos miró uno por uno con su único ojo visible, se detuvo en mi dirección y me clavó su vista. Arrugue el ceñó en cuanto él gruñó y dio un paso al frente, me tensé y encuadre los hombros, desafiándolo con la mirada.

—Tú... ¿Quién demonios eres? —preguntó jocoso.

Pensé, remotamente, que se dirigía a alguien a mis espaldas pues veía a mi dirección con una mueca despreciable. Rechacé la teoría en cuanto giró su cuerpo a mi dirección y su único ojo reflejo despreció. ¿Me odiaba siendo la primera vez que nos veíamos? Era viceversa, yo detestaba a este imbécil por obvias razones.

Tocó a Sakura, y es imperdonable.

Reí internamente al ver su insistencia, podía esperar una eternidad por una respuesta que jamás saldrá de mis labios.

No hubo necesitad de seguir con la intriga, puesto que de repente alzó más la vista, murmuró algo que no alcanzamos a escuchar y comenzó a avanzar con más prisas, intentando correr pase a su cojera.

—¡Detente ahí, bastardo! —Alguien gritó desde atrás—. ¡Tienes que ver a nuestro al jefe!

Viré el rostro a mi costado, tres tipos con capuchas pasaron corriendo como balas para alcanzar a Kizashi que ya les llevaba ventaja, incluso estaba desapareciendo por unos de los callejones —¿cuándo llegó ahí? —. Les sería difícil alcanzarlo incluso si se apresuran.

Una cuarta entidad se detuvo a nuestra altura, la capucha la traía baja. Su rostro duro se ladeo a nosotros, no retrocedimos, pero tampoco dimos indicios de hablar primero. Por el porte y la ropa que traía puesto, daba un aire de malhechor. Unos ojos grises nos inspeccionaron con la mirada.

Tensé los músculos, no me inspiró confianza.

—¿Se te ofrece algo? —preguntó Shikamaru después de analizarlo disimuladamente.

Me giré completamente al tipo que alzó un poco la mirada, metiendo las manos a los bolsillos de su sudadera. Optó por una pose fingida de despreocupación y enarcó una ceja.

—¿Conocen a ese hombre? —preguntó refiriéndose a Kizashi—. Tenemos asuntos económicos con él, y no me apetece dejarles mi presa. Nos debe más que su propia vida.

—¿Asuntos? Que va, solamente pasó corriendo y tumbo a nuestro amigo, y no se detuvo a disculparse —dijo Shikamaru dándole palmaditas en la espalda a Naruto, advirtiéndole muy sutilmente que no desmintiera.

Perfecto. Así lograría despistar a ese hombre que entrecerró los ojos de forma sospechosa.

—Tengo mal carácter, odio que me toquen —expresó dándole un manotazo a la mano de Shikamaru, muy real la actuación si me lo preguntan—. Ese maldito no sabe con quién se mete.

El sujeto no pareció muy convencido por las respuestas. Nos observó unos segundos más antes de dar por echo nuestra tetra, y sin decir más se alejó a paso apresurado mientras se colocaba la capucha para ocultar su identidad y pasar desapercibido entre los transeúntes.

Lo observé un poco más, tratando de identificar esa clase de mirada fría y distante. No ponía en duda que sí Naruto hubiera dicho algún dato que nos comprometiera, hubiera llamado a sus amigos y tal vez tener el mismo destino que Kizashi. La sensación de alerta no se fue por un buen rato, seguía a la defensiva.

—Que bizarro —dijo Naruto una vez que estuvimos en su casa, nos convenció de pasar por unos bocadillos y dispersar la tensión—. ¿Esos tipos serán los responsables del estado de Kizashi?

—No cabe duda de que se involucró en algunas apuestas, por el dinero que decían que les debía.

Lo medité, sentado en la sala, observando las fotografías en la repisa de arriba. El borrón rosa era la inconfundible cabellera de Sakura, unos años menor, sonriente a la cámara, a un lado Naruto le pasaba la mano por los hombros y alzaba su diploma de preparatoria.

Vagamente me pregunté cuando fue eso.

—Tal vez Kizashi volvió a sus malos pasos —dijo Kushina entrando a la habitación, ladeé el rostro deslumbrado por el intenso color de su cabello. Se sentó frente a mí, sonriéndome amablemente.

Naruto y Shikamaru no tardaron en incorporarse.

Me incliné un poco para escuchar con claridad, sospechando ligeramente a que se refería, ¿será que estuvo dentro de una pandilla o era un adicto a las drogas y juegos de azar?

—¿Malos pasos?

Kushina asintió con la cabeza.

—Antes de casarse con Mebuki era un adicto al póker, todos los fines de semana pasaba por el casino y no salía de ahí hasta el amanecer —explicó, mientras entrelazaba sus manos en el regazo, su gesto se volvió pensativo—. Varias veces Mebuki lo sacó a rastras y amenazó en terminar su compromiso si no se controlaba, Kizashi la amaba tanto en ese entonces que no lo pensó dos veces y decidió darle fin a su vicio. Fue unos meses antes que se casaran.

Claro, fue años antes, el amor predominaba en aquel entonces. No como ahora, que incluso atacaba a su propia hija, blasfemando al "amor" que una vez le tuvo a Mebuki.

—Y piensas que pudo haber retomado su vicio especulando con los "asuntos contables" que mencionaron esos tipos —acertó Shikamaru.

—O podría tratarse de cualquier otra cosa, como un préstamo —alegó Naruto, no muy convencido.

Negué con la cabeza y fruncí el ceño. Un vicio podía consumirte si no lo controlabas, especialmente relacionado con la avaricia, las cosas que anhela el lado más oscuro de nuestro corazón. Si no te sobrepones a la emoción, te tragaba sin compasión, borrando al viejo hombre.

En la estación de policía siempre caían personas que prefieren mantenerse tras las rejas para esconderse de sus cobradores, ellos no podían entrar a ese lugar y acabar lo que comenzaron. Les daba un plazo seguro, uno días más para conseguir el dinero.

Saqué una lapicero y papel de mi pantalón y escribí: "cuando un adicto vuelve a retomar un vicio, es difícil salir de ahí".

—Ciertamente —contribuyó Kushina después de leerlo—. Pienso que desde esa noche vino a la ciudad en busca de más opciones de esconderse. La casa dónde viven en el pueblo fue de mi tío, se la dejó a Mebuki. Él prácticamente no tiene nada ni nadie en este mundo.

—Ni dónde caerse muerto. —Naruto sonrió satisfecho—. Se lo merece por imbécil.

—Naruto, no hay que desearle mal a nadie. Se te puede revertir —le riñó su madre frunciendo el ceño.

Estuve de acuerdo con Naruto, se lo merecía. No daba ni pena y lástima que no tuviera dónde caerse muerto.

Sin embargo, lo que no me dejaba tranquilo, era la situación. Si Kizashi estaba involucrándose en aquel submundo oscuro y peligroso, ¿Sakura se vería afectada? El pensamiento me perturbó por unos instantes.

Kizashi podría deber una fuerte cantidad de dinero, y ellos no tenían ninguna clase de reparo en cobrárselas con la familia, de alguna u otra forma sabía dónde vivían.

¿Correrían alguna clase de peligro?

Cerré los ojos, en la espera de que estuviera en lo incorrecto.


.
Sakura
.

Mientras jalaba la maleta por la calle en dirección a casa, me llegó un extraño mensaje de Sasuke. Simplemente preguntaba si me encontraba bien.

Estoy perfectamente. Fui por
la maleta que mandé a reparar,
cruzar un puente no debe suponer ningún

peligro mortal. ¿Por qué lo preguntas?»

«Nada en particular. Asegúrate de empacar todo.

Sí, como digas mandón... Y sólo
para cerciorarme, ¿mi primo
sigue vivo?»

«Lo descubrirás en dos días.
Si llego sin él te diré dónde
escondí su cuerpo.

Sonreí divertida por su especial humor. En el tiempo que he platicado con él por mensajes, cada día lo sentía más familiar, siempre había algo nuevo por descubrir. No podía esperar de la emoción a que llegara el sábado y le mostrara mi saludo en su lenguaje de señas. ¿Qué expresión pondría?

Desde esa ocasión especulaba en cada una de las posibilidades.

Guardé mi celular en el bolsillo de mi short y avancé por la calle, las rueditas dejaban un pequeño camino de tierra y polvo al pasar. Le noche se ceñía sobre mi, en el horizonte vestigios de colores naranjas se asomaban entre las montañas; extrañaría este paisaje dentro de poco, no podía imaginar cómo sería la vida allí.

Me asustaba lo desconocido.

La gran ciudad, la tan añorada... que sería mi nuevo hogar. Ya no perteneceré aquí, ya no veré los campos de flores coloridos en pleno brote de primavera, o el cambio de hojas en los árboles con la llegada del otoño y la nieve de invierno que congelaría el lago y se podría patinar en él.

Suspiré largamente. Lamentarme me traería más resistencia.

Llegué al puente y vi a alguien familiar avanzar desde el otro extremo, agarrada del pasamano, casi arrastrándose. Con la oscuridad a mi alrededor y los faroles apenas encendiéndose, apenas la identifique.

Era Tenten.

Dudé un segundo, cual bastó al ver que tambaleaba a su costado y casi caía a las vigas. Dejé de lado mi maleta y corrí a su dirección, sosteniéndola justo a tiempo cuando sus piernas parecieron fallar.

—¿Te encuentras bien? —le pregunté preocupada.

Tenía la cabeza gacha, dio un respingo al escuchar mi voz y la elevó de sopetón. Asombrada y sin habla, solamente asintió con la cabeza y me permitió sostenerla en brazos. No importó nada, ni que me haya evitado durante días y su actitud cortante, me concentré en ayudarla a levantarse, en silencio.

—Sabes —dijo en cuanto comenzamos a caminar en dirección a su casa—, nunca hagas cosas que no quieres por amor, es la peor equivocación que puedes cometer.

La miré de soslayo, apenas y daba pasitos. Daba gracias que estuviéramos cerca de su casa.

Dirigí mi vista al frente y jalé con la otra mano la maleta. Pensé en dejarla en medio del puente y volver por ella después, pero no sabía si seguiría allí para entonces, era doble carga.

—Aún no me has dicho que te sucede, casi te desmayas allá atrás.

—No he comido bien últimamente —rezongó, aferrándose más a mí.

—¡Debes comer más! De ahora en adelante asegúrate de hacerlo o enfermaras.

Después de unos segundos, se detuvo y me abrazó, quedé estática y lentamente le devolví el abrazo, feliz y regocijante de que por fin me hablara. Ya no importaba que la impulso a hacerlo, simplemente... no concibo este enfado, ni siquiera sé en realidad que lo provocó.

—Perdóname por ignorarte —pidió a voz de hilo—, pero creo que sería mejor guardar un poco la distancia los primeros meses que estés en Tokio.

Me quedé helada después de sus palabras.

—¿Por qué? Tenten, ¿sucedió algo con tus padres o hermano? Puedes contarme.

—No se trata de eso —dijo muy segura, se separó de mí, sonriendo con debilidad y cansancio que jamás reflejó antes en sus ojos—. Como te dije, no hagas cosas que aborrezcas por amor.

—¿Es... algún chico que te gusta? ¿Te hizo daño?

Ella se rio.

—A estas alturas, ya no estoy con él por amor, sé que le hago daño a alguien más. —Sus ojos brillaron, acuosos y tristes. Me miró sin dejar de sonreír con tal emoción en su semblante—. Se trata de un asunto más delicado.

—Me estás asustando —aseguré sin dejar de avanzar, faltaba poco para llegar—. ¿Te involucraste en algo peligroso?

No dijo nada. Y no insistí, el nudo en mi garganta no me dejó pensar con claridad.

—¿Ya terminaste oficialmente con Neji? —me preguntó seriamente.

Negué con la cabeza, era otro asunto que debo resolver antes de irme. Esperaba que él apareciera antes para hacerlo oficial, tenerlo cara a cara y soltarlo.

Llegamos a su casa en unos minutos, la dejé apoyada en la puerta y nos quedamos en silencio por unos instantes, nos miramos a los ojos y sonreímos alegres. Por un momento llegué a pensar que Tenten se había enojado conmigo anteriormente, pero ahora me queda en claro que no fue esa la razón por la que me evitaba.

Había algo detrás de su actitud.

—El sábado por la tarde Takeshi-san dará una fiesta en su casa a tu honor —dijo Tenten tras acomodarse el cabello que lo traía suelto, la miré dudosa.

Takeshi era el único hijo a una familia rica que decidió asentarse en lo más apartado del pueblo, nadie sabía exactamente a que se dedicaban sus padres y había muchas especulaciones puesto que casi no estaban en casa; y él aprovechaba de su ausencia para dar grandes fiestas. Al estar un poco lejos de los ojos curiosos, la mayoría iba a sus fiestas a ingerir alcohol y pasar el rato, hasta que no recordaban ni sus nombres.

Un par de veces fui a sus fiestas, no asistí a otras por falta de tiempo y ganas, prefería pasar la noche cuidando de mamá cuando Sasori o Karin no llegaban temprano.

Me sorprendió enormemente que sea a mi honor. Los chismes corren rápido por el pueblo y ya era un secreto el motivo por el cual me mudaré a la ciudad.

—¿Para mí? Ni siquiera lo conozco bien. Solamente hemos cruzado un par de palabras en la escuela.

—Él me lo dijo hoy, de todos modos iba a hacerlo, y que mejor que fueras la invitada de honor ya que será la última vez que estarás por aquí. —Se encogió de hombros, y después sus ojos relucieron, ansiosos—. Anda, vamos. Será la última vez que nos veremos por un largo tiempo.

—Pero ese día vendrán por la mudanza —expresé, aunque me estaba convenciendo.

¿Qué más daba? Un poco de diversión no vendría mal.

—Sasori y Karin pueden encargarse de ello.

—Bueno, sí, pero... vendrá un amigo al pueblo. Es Sasuke...

Tenten parpadeó y asintió sin borrar su expresión. Vi sus ojos relucientes de curiosidad y por saber más.

—Es una buena oportunidad para presentármelo, ¿Qué dices? —Juntó las manos frene a mí, y puso unos ojos de corderito.

Me insistió una y otra vez, utilizando argumentos sumamente válidos.

—Argg, ¡Bien, iré! De todos modos, no creó que les afecte a mis hermanos mi ausencia.

—¡Sí! —gritó ella, emocionada. Su movimiento brusco le causo una mueca, apenas perceptible—. Entonces, nos vemos mañana en la escuela.

Mi último día en la preparatoria.

Le brindé un abrazo y un beso en la mejilla. Pase a sus palabras confusas de mantenernos distantes al estar en Tokio, me seguía preocupando. Me despedí y comencé a avanzar por la calle, en dirección a mi casa, ya no tendría que cruzar el puente, utilizaría una vía más corta para llegar más rápido.

—Sakura —me llamó.

Detuve mi andar, y ladeé la cabeza a su dirección. Me miraba de una forma extraña y culpable.

—Te prometo que, si se vuelve insoportable de cargar, te lo contaré.

Le sonreí infundiéndole valor sabiendo a que se refería.

—Estaré esperando.

Y seguí caminando.

Me intrigaba de sobremanera saber por la identidad del chico de la cual habló Tenten. Debía ser alguien que conocía, todos en este pueblo saben de identidades entre sí, o por lo menos la mayoría. Por eso identificamos cuando pasan los turistas, especialmente por el acento diferente en su forma de hablar.

Sólo esperó que no le perjudique, me desgarraría de dolor si algo malo le llegase a suceder a mi mejor amiga.

Al llegar a casa, me tumbe en la cama dejando que mi cuerpo se hundiera en el colchón. Mi amado colchón. Di vuelta por la cama y me quedé mirando la ventana, por fin podía ver las estrellas brillando en lo alto del cielo.

Agarré el celular de mi bolsillo y busqué el contacto de Sasuke. Me faltaba hacerle una pequeña pregunta, lo había incluido en mis planes sin siquiera consultárselo. De cualquier universitario esperaría un «sí» rotundo, pero Sasuke no era una persona corriente. No.

Era especial. En muchos sentidos, y por su actitud todavía no he deducido tal aspecto de su gusto.

Dudosa y con un extraño nerviosismo, le envíe el mensaje.

¿Estás despierto?»

Contestó unos minutos después.

« Desgraciadamente, estoy
terminando un estresante
proyecto importante para mañana.

Je... Que tortura. Bien, Ya no te
distraigo más y termina tu trabajo »

« No eres una distracción.
¿Querías decirme algo?

« Después de las 12 no estoy
disponible para nadie.

« Ni si quiera para mi perro.

¿Y qué te mantendrá tan ocupado
que ni siquiera atenderás
a Hunter?»

«Lo que todo universitario
hace después de terminar
su día de infierno: dormir.

Me reí, ¿estaba intentando ser gracioso?

Parece que alguien ya está
de mejor humor»

«Te sorprendería saber
lo que hace un cigarro y
ver a Hunter hacer maldad a
las personas.

«Es mi pan de cada día.

Por su puesto, ver la desgracia ajena de los demás debía ser gracioso para él. Su humor satírico era impredecible.

Volví a dudar. Debía aprovechar su buen humor para convencerlo.

De la escala del 1 al 10, ¿qué
tanto de gusta ir a fiestas? »

Su respuesta fue inmediata.

« 0 y punto. Y no por la
razón que tú crees.

« Las chicas borrachas me acosan
toda la noche, es muy molesto
su insistencia y que terminen vomitándome encima.

Comprendí lo que decía. Acosado por chica, no soy ignorante a su atractivo, incluso puedo asegurar que... al verlo, seguramente me dejaría deslumbrada como la primera vez. Sin la gorra que utiliza siempre, se ve mucho más...

Agité la cabeza al percatarme el rumbo de mis pensamientos.

Y si tengo un ligero cambio de
planes el sábado por la
noche que te incluye...»

«¿Quieres que te acompañe?
Puedo hacer una excepción
si...

«... Aceptas ser mi acompañante
en una gala benéfica
el próximo mes.

Me quedé en blanco, leyendo su mensaje una y otra vez. Pensando en las posibilidades, sentí el calor en mis mejillas y dejé caer el celular a un lado, esperando que esa sensación extraña y cálida en mi pecho cesara por completo.

¿Estaba insinuando una cita?


¡Hola!

Fue una actualización full, les dije que ya tenía casi todo el capítulo, solamente corregí algunos errores, perdonen si ven uno, a veces se me escapan de mis ojos XD

Bueno, con referente al capítulo, Sakura decidió aprender el lenguaje de señas para acercarse más a Sasuke, ya se empieza a ver el interés, aunque sea mínimo por él. No es ignorante a su atractivo Uchiha -risas- ya sólo es cuestión de tiempooooo

¿Qué dicen de Kizashi? Ese hombre se está tornando un poco misterioso y problemático. ¿Alguien se dio cuenta de un detalle en particular en esa escena? ¿Nadie? -c larga a llorar-

Conforme a Tenten, conocemos un poco más de ella, de la situación. Aunque todavía no lo he dicho a ciencia cierta, muchas ya saben de quién se trata. Pero la incógnita surgió ahora, ¿ya no lo ama? ¿Por qué sigue con él?

Muchas preguntas, myaakakka.

Este capítulo es un poco largo, en compensación a que no sé cuando les traeré la próxima actualización. Empezaré mis días de infierno XD

¡Muchas gracias por leer, votar y comentar! Me alegra leer sus ideas y teorías, al final ¿quién acertará? Pronto se descubrirá ¡Les amo 3!

Alela-chan fuera.