|15| ¿Se puede romper un corazón roto?
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Sasuke
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Estoy sentando en una silla. A vista de cualquiera pareciera una silla aburrida: de madera y color azul, sin nada en especial. Nada que ofrecer más que un asiento incomodo si estás más de dos horas sentado, las nalgas se entumecen y la espalda te duele cuando mueves la mitad del cuerpo.
Pero para mí no es así. Conozco esta silla desde hace un mes, vengo dos días a la semana, me siento aquí a rasgar la superficie con mis uñas, como consecuencias toda la orilla se asoma el color verdadero de la silla, cremoso y las astillas entraban por mis uñas. Igual la primera vez dibujé a Rex en el respaldo con un crayón rojo. Lo extraño, desde el día en que encontré a papá en el suelo no lo he vuelto a ver.
La silla ya me es familiar.
Ya es mía.
Escuché a alguien frente a mí, una señorita bonita se sienta en la otra silla roja y me pregunta cosas. Apenas le vi su rostro ovalado y pequeño, con sus labios carmín y una sonrisa gentil. Aparté rápidamente la mirada y comencé en rasgar la silla. Quiere saber mi color favorito, lo pienso un momento y yo me agacho a recoger la pieza de LEGO color roja para mostrárselo. Después continúa con otras preguntas y, si yo no encuentro el objeto a la vista, voy a la mesita y escribo la respuesta, vuelvo a sentarme y se la enseño.
Así es la rutina en los días que vengo. Intentando por todos los medios decir algo, pero siento que las palabras se traban en mi garganta y no salen. Así que me apoyo con los objetos y la escritura, mamá dice que tengo una caligrafía clara y bonita, por eso me esfuerzo en escribirlo bien.
—Sasuke, ¿tienes miedo de hablar? —me pregunta, incluso su voz era gentil y calmada.
Fruncí el ceño y dejé de rasgar la silla. No me daba miedo hablar como hace unas semanas cuando vi a papá llegar a casa con las vendas alrededor de sus muñecas; pensé que se enfadaría conmigo por gritar ese día, pero en cambio corrió a mi llorando y me abrazo, pidiéndome disculpas.
Quise preguntarle porqué se disculpaba, pero las palabras no salieron de mi boca. Las sentí trabadas en la garganta y por más que abría la boca no dije nada.
Después de pensar en ello, niego con la cabeza y me incliné a escribir en la libreta apoyada en mis rodillas. Luego se lo mostré esperando a que comprendiera.
"Quiero cantarle a papá para que se recupere pronto del corazón". Mamá me dijo que papá estaba un poco enfermo del corazón y tengo que cantarle para que ya no estuviese triste. Por eso intento esforzarme al máximo para hablar.
—¿Una canción? —Asiento a su pregunta—. ¿Podrías enseñarme cómo se canta?
Empiezo a balancearme al frente, abriendo y cerrando la boca intentando cantar las palabras que a papá le gusta. Es una canción que mamá compuso para mí con el piano, mi hermano igual tiene una canción; pero me gusta más la mía. La aprendí a cantar y a tocar el piano para acompañarlo.
«Las estrellas cantan esta noche celebrando el nacimiento de un ser pequeño y sin color. Hecho un ovillo llegaste al mundo reclamando lo que es tuyo. Tus orbes oscuros reflejan las luces del cielo, como tributo a tu vida...» canto en mi mente mientras intento tarantear la canción con mi voz.
No sale nada.
Después de eso la señorita bonita llama a mis padres al consultorio y me manda a jugar con los carritos en medio de la sala. En el cesto hay un peluche parecido a Rex y no dudé en agarrarlo, pero no tiene el ojo de botón. Frunzco el ceño y lo dejo de nuevo en el cesto, no es mi mejor amigo, yo tengo el mío en casa, mamá dijo que lo estaba reparando.
Escucho un sollozo a mis espaldas y volteo disimuladamente. Sé que a papá no le gusta que me entrometiera en conversaciones de adultos. Dudo en hacerlo al ver a mi mamá llevar las manos a la cara, ambos están de espaldas. Vi a la señorita bonita que tiene un gesto comprensible.
—Ténganle paciencia. Les recomendaré a un especialista en estos casos, él podrá ayudarles más.
Después de que terminaran de hablar, mamá me llama y voy corriendo. Me despido de la señorita bonita con la mano y me devuelve el gesto con una sonrisa cálida. Me agrada mucho.
Nos dirigimos al coche, tomo de las manos de cada uno y doy saltos a las líneas de la banqueta. Trato de no hacer mucha presión en la de papá, ha de dolerle mucho la herida. Mamá fue la única que me habla, tiene los ojos llorosos y me pregunta que quiero de comer.
En cambio, papá estuvo en absoluto silencio mientras conducía y no me miró. Temía que me regañara por no hablar, pero tampoco comentó nada al respecto. Cuando llegamos a casa ignora a mamá cuando lo llama por su nombre y se va directo a las escaleras con un temple indescifrable y serio. Sus gestos duros apenas repararon en mí.
Yo me quedo con mamá en la sala a la espera que llegara Itachi y jugara conmigo, desde que no iba a la escuela las tardes son aburridas sin mi hermano. Noto que mamá parecía más distraída de lo normal, incluso se le cae una taza y me sobresalto. Rápidamente me bajé de la silla y voy con ella.
Inmediatamente sus ojos llorosos se dirigieron a mí. Me asusto, ¿por qué llora? ¿Acaso le gusta mucho esa taza y está triste porque ya no la utilizará más? Quise decirle que cuando crezca le compraré muchas de ella.
Y de nuevo las palabras no salieron.
Se agacha a mi estatura para verme fijamente a los ojos, tomándome por los hombros y clava sus ojos en mí.
—S-Sasuke, si no quieres hablar está bien, ¿sí? —Me dice acercándose a mí para abrazarme—. Si estar callado te hace sentir mejor está bien. No te preocupes por nada, papá y yo no nos enojaremos contigo, ¿vale?
No comprendo mucho sus palabras, ¿acaso no nota que yo quiero hablar, pero no puedo hacerlo? Aun así, asiento con la cabeza dejándome envolver por su calor, se siente tan bien y sus brazos son un refugió para mí, me carga mientras entona mi canción. Su dulce voz me arrulla y su amor incondicional arropa mis temores.
—No tengas miedo porqué siempre estaré aquí...
Soñar, o más bien recordar el comienzo de mi fatalidad me ponía de un humor de mierda. No se alejó de mi cabeza durante todo el maldito día atormentándome las horas de clase.
No estaba de humor para soportar a Naruto y Shikamaru y los evité toda la mañana. Fue un milagro que pudiera escapar de ellos en la salida, y a cambio recibí mensajes de ambos desde esa hora, los ignoré por un rato.
La opresión me acompañó de regreso a casa mientras manejaba. Pensé en algo para ocupar mi mente del recuerdo, dormir es una opción demasiado peligrosa por lo que lo deseché de inmediato. Por ello, agradecí enormemente al llegar a casa y ver la camioneta repleta de cajas cuales unos chicos metían rápidamente a nuestra casa.
Bajé del auto después de asegurar las puertas. Mamá estaba afuera dando las indicaciones de dónde poner las pertenencias de Itachi, eran las cosas que permanecieron arrumbadas en su departamento cuales ocupaban espacio y decidió traerlas a casa y resguardarlas en el ático.
Unos días atrás fui con ella a limpiar el departamento y dejarlo en condiciones para el fin de semana, por lo menos Sakura y sus hermanos no tendrían que esperar un mes para establecerse. Tal parece que Mikoto estuvo ocupada en sus días libres de la escuela, se encargó de llamar al plomero y al cerrajero para hacer los cambios en el departamento y mandar a pintar las paredes con un nuevo color amarillo para alegrar el ambiente.
Se volvió toda una casera.
Además de ello, fue guía de Karin cuando arribó días atrás para agilizar los documentos de Sakura en la preparatoria más cercana a la universidad dónde se matriculó —ahí se reflejó cuán preocupada estaba la pelirroja por Sakura—. Estuvo toda la tarde en su compañía, y cuando regresó a casa, expresó que la muchacha era tan agradable y cómica. Su mirada se tornó triste al comentar que los moretones de su rostro aún eran visibles sin los lentes oscuros.
No quiero ni imaginarme como se verían los de Sakura a estas alturas.
—Con cuidado, esa caja tiene mi preciada colección de vasijas —expresó mamá al ver uno de los chicos maniobrar con la caja.
Me planté a su lado a observar cómo vociferaba gentilmente. La miré fijamente hasta que desplazó su vista a mí.
—Hola, hijo. Menos mal que llegas —dijo alegre y señalando su mejilla con un dedo.
Enrolé los ojos al saber que quería y le planté un escaso beso en dicha parte. No me importaba hacerlo frente a otros, con tal de ver la sonrisa en su rostro apaciguaba un poco mi culpa por no poder corresponder con palabras su cálida bienvenida.
Era lo único que podía hacer.
—¿Puedes dirigir adentro? Asegúrate que coloquen las cajas con cinta roja dónde les indiqué —pidió.
Asentí con la cabeza un tanto gustoso al encontrar mi distracción.
Esquivé ágilmente las cajas de la entrada, quité mis zapatos y fui directamente arriba. Me extrañé al no escuchar a Hunter, pero no tardé en descubrir que mamá cerró la puerta trasera. Sus lloriqueos se escuchan del otro lado, odiaba estar tanto tiempo en el patio. Lo he acostumbrado tanto a dormir conmigo que hacia berrinches.
Seguí al chico que ingresó a la habitación del fondo. Fue cuando maldije en mi mente y estuve tentando en dar media vuelta y regresar con mamá a intercambiar el trabajo. Bastó que los pasos se aproximaran a mis espaldas para dejarme de tonterías e ir hasta allí.
La habitación se utilizaba como un cuarto de estudio para mamá, aquí planificaba sus clases de música, un pizarrón suspendido en la pared derecha y un escritorio de frente con el librero del otro lado repleto de ejemplares. Al correr las cortinas, la luz iluminaba perfectamente todos los ángulos posibles. Era un espacio demasiado grande y no tendría problemas en compartir una parte con las cajas que se encargaban de apilar al fondo. Mamá ya encontrará el lugar indicado para todo.
Intenté con todas mis fuerzas no reparar en el gran piano negro situado del otro costado, cerca de la ventana con la tapa baja. Llevaba mucho tiempo que no ponía un pie aquí y justamente por ese instrumento. Me traía recuerdos que prefería evitar a toda costa, aunque podía sonar un poco hipócrita de mi parte tomando en cuenta que trabajaba tocando ese instrumento.
Pero no es el mismo con el que aprendí a tocar.
Y este fue lo único que mamá conservó de él.
De Fugaku.
Alejé mi vista bruscamente, no debía estar deseando un ataque de ansiedad. Los recuerdos no me ayudaban en nada. Los ignoraré y seguiré con lo mío.
Haciendo acopio de autocontrol, acomodé las últimas cajas en el rincón, asegurándome de que los nombres estuvieran a la vista por si mamá necesitaba algo de ellas. No revisé el contenido por temor a encontrar cosas indeseadas, sabía de ante mano que hay pertenencias de nuestra antigua casa.
Desde que Fugaku se largó me preguntaba muchas cosas con respecto a él. Trataba de evitarlo, pero en días como hoy, me carcomían las ansias de saber sus razones. ¿Qué pensó de lo que le dijo la psicóloga en ese momento? Fuese lo que fuese, sus pensamientos no pudieron ser factibles.
Nos abandonó dos días después.
—Es todo —dijo uno de los chicos dejando la caja pegado a la pared. Se volteó y elevó ambas cejas al ver que apenas lo miré. Seguramente mi rostro tenía la misma expresión que mamá decía que destilaba inconformidad o enojo, porque él habló después con cierta molestia en su voz—. Si hay algún problema o queja de nuestro servicio puedes llamar al número del boletín que les proporcionamos. ¿Necesita algo más?
Negué con la cabeza y, enrolando los ojos, el chico se marchó en silencio.
Le resté importancia y le di un vistazo rápido a mi alrededor y caminé hasta la puerta. Entre el umbral y el pasillo mis pasos dudaron un momento. No, rotundamente no regresaré a descargar mis frustraciones oprimiendo las teclas. Cerré los ojos con fuerza, resistiéndome en ceder a mis deseos.
No lo haría.
Sin darme cuenta, mis pies se movieron por sí solos dejándome frente al piano. Al abrir los ojos el aire a mi alrededor fue más denso, me costó respirar debidamente, como si una mano me sujetara con fuerza desde atrás, impidiendo acercarme más.
No lo tocaré, no lo haré.
No alzaré la tapa.
No miraré las teclas.
No me sentaré en el banco.
Mayormente mi mente era quién ganaba la partida al ignorar los deseos de mi corazón y saliendo victorioso. Este pedazo de carne no hacía más que ocasionarme desdichas, se oprimía cuando los recuerdos salían a flote e impedían que mi razón los bloquee, porque sabe que me hacen daño.
Y, sin embargo, una parte de mí quiere recordar.
Hoy ganó el corazón. Dejé que mis extremidades se movieran, sentado frente al piano me pareció más impotente del que suelo sentarme en el trabajo.
Era diferente, tanto en textura como en color, la esencia no era la misma. El otro contiene mis emociones más vivaces —las que murieron hace mucho— y mi lado hipócrita y mentirosa al mostrarle a medio mundo: «estoy bien, no intentó retomar la voz que perdí». Las melodías vivaces y alegres incitaban a bailes y canticos que atravesaban los oídos de quienes lo escuchaban para deleite.
En cambio, el que tenía al frente, encerraba todas mis frustraciones de adolescente. Antes de intentar suicidarme venía en las noches a tocar las melodías más nostálgicas y triste que aprendí en mis escasos años. Aquella partitura inconclusa dentro de la caja de madera en la esquina de mi armario, desechada como mis más profundos deseos.
Contenía mis gritos silenciosos, los que intenté sacar mientras tomaba las cuerdas de la guitarra de mi hermano, la misma que le regaló Fugaku; y encerrado en esta misma habitación, intenté acabar con mi vida al no ver otra opción para salir de mi horrible agonía. Escuchar a los demás hablar, verlos interactuar y mis amigos mismos alejarse por no ser tan interesante como ellos. Las burlas de ellos calando en lo profundo de mi cabeza y la propia incapacidad de enfrentar al mundo.
Me superó todo. No pensé en otra cosa más que terminar con todo.
Y ahora lo lamentaba profundamente.
Mis manos se movieron sobre el piano por voluntad, siguiendo el deseo de mi corazón por conectarme a la tristeza de mi corazón. Pocas veces lo hacía, no mostraba debilidad frente a mamá e Itachi para que ellos no se preocupaban más de lo necesario. No merecían más cargas. Reprimía mis emociones y las liberaba en vicios y miradas vacías; rechacé este método porque a la vez me recordaba a Fugaku.
Estar aquí era mi salvación.
Y también mi perdición.
La música se colaba por mis oídos, inundándome de un abrazante frío y soledad, igual al que reside en mi interior. Al principio mis dedos fueron vacilantes, como si se tratasen de un principiante, pero después mi pecho ardió y sucumbió, intentando romper mi corazón en mil pedazos.
Pero ¿se podía romper algo que ya estaba roto?
No, por supuesto que no.
Era el niño atrapado dentro del cuerpo de un joven desolado.
Me empapaba los recuerdos de mis propios pensamientos ruidosos.
Las voces sacuden mi mente, retrasos y palabras que intentaban darme alivio.
El dolor acuchilló un pedazo de mi corazón.
Retomé el último recuerdo de mi padre al cerrar los ojos. La mirada que padre me dirigió, el último abrazo que me dio en medio de la noche cuando lo vi partir creyendo ingenuamente que regresaría al día siguiente como siempre. Sus ojos negros llorosos y gimiendo por debajo al tomarme entre sus brazos con fuerza.
Sintiéndose una verdadera despedida.
«Perdóname, Sasuke...»
Jamás.
Abrí de sopetón los ojos y mis dedos se detuvieron sobre las teclas. Todo mi cuerpo se quedó paralizado, sus palabras martillaron mi mente. El aire me faltaba, ¿qué hacía aquí? Apreté los dientes con fuerza y aporré mis puños sobre las teclas, el sonido que produjo resonó más entre las paredes que se ceñían a mí como una prisión de mis propias dolencias.
¿Por qué, maldita sea? ¿Por qué tuviste que rendirte conmigo? Quizás si no te hubieras ido yo...
No. El problema no era con él, ni con nadie.
Si no yo. Era el defectuoso. Era el inseguro al pensar que Naruto, Shikamaru y Sakura se hartarán de mí y terminarán alejándose como lo hizo Fugaku. Rindiéndose de mis escasas posibilidades de volver a hablar, haciéndome de lado poco a poco y no tendría las fuerzas o el valor para retenerlos.
Era cobarde por no esforzarme en ser positivo y tener una vida pasiva, ignorando las posibilidades por miedo a fracasar.
Era el desastre que nadie quería tener en su vida. Nadie. Si mi padre se rindió, ¿por qué no lo harían los demás?
A mi mente la sonrisa de Sakura trato de hacer espacio, sus ojos verdes vivaces de la vez que la vi en el hospital brillaban emocionados al verme. Y también cuando fui hasta su casa, a pesar de que la tristeza y el dolor inundaban su ser, permitió que estuviese cerca de ella.
Y no se olvidó de mí.
No me sobresalté a las lágrimas que recorrieron mis mejillas, hacía mucho que no las sentía sobre mi piel, me ahogaba tanta bruma en mi cabeza, me asfixiaba la agonía que de algún modo debía sacar. Enterré las uñas en mis palmas y limpié bruscamente mi rostro húmedo.
La furia se apoderó de mí.
Fugaku no merecía que lamentara su abandono y tampoco que cuestione desesperadamente sus acciones, ¿de qué me sirve ahora? A estas alturas de mi vida no necesitaba de él, ¿para que recordarlo con tanto dolor si no solucionará que mi voz volviera? Él no tuvo reparos en abandonarnos, fue un cobarde que decidió desguindarse por las consecuencias de sus actos.
Su corazón se volvió de piedra.
Y aquí, sentando frente al piano que le regaló a mamá, entendí porque ella no se deshacía del piano e Itachi conservaba la vieja guitarra colgada en su habitación, y tampoco el porque yo no me deshacía de las partituras de la caja escondida en mi armario.
Nos remontaba a Fugaku, a los tiempos en que éramos la familia feliz y unida.
Muy en el fondo, éramos masoquistas y lidiábamos con el dolor a nuestra manera.
Y no queríamos olvidarlo.
Tal parece que mamá no notó quiebre en la habitación, y si lo hizo, prefirió no comentar nada al respecto. Era imposible no escuchar el piano dentro de la casa, pero le pareció sensato no indagar sobre el tema.
Suspiré un poco tranquilo y agradecido. No le mentí. Hoy no tendría culpas.
Itachi no tardó en llegar a casa, se sentó en la silla pensativo y serio, a la espera de que mamá terminara de colocar los platos en la mesa. Seguramente venía pensando en algo relacionado con el trabajo no le interrumpí. Terminé de ayudar a mamá en acomodar los platos y no sentamos a compartir almuerzo. Pocas veces a la semana coincidíamos en horarios, y hoy era uno de esos días.
—Agradezcamos por la comida —dijo mamá.
Suprimí los labios y los escuché agradecer. Recordé que de niño lloraba mucho al no poder decirlo en voz alta, mamá solía decirme que con que lo pensara de corazón bastaba, a estas alturas me causaba una gracia agria.
Hunter llegó después de pasar la mañana en el patio trasero encerrado contra su voluntad, se metió debajo de la mesa como de costumbre a esperar un desafortunado pedazo de chuleta. Disimuladamente corté un pedazo y se lo lancé tan rápido que mamá apenas pudo detectarlo, me miró con ojos entrecerrados y yo me hice el desentendido.
—¿A qué hora te irás a Konoha? —me preguntó mi hermano.
Le devolví la mirada.
Para tener libre el fin de semana tuve que cubrir mis horas el lunes, martes y miércoles, Iruka no puso objeciones en acceder a prescindir de mi presencia, y cambié horario al que relevaba los fines de semana y accedió a cambiar turno. Me debía un favor por la ocasión anterior, así que era lo menos que podía hacer.
Alcé la mirada del plato dejando los cubiertos a un lado para utilizar mis manos.
—"A las cinco".
Itachi asintió.
—Llegarás alrededor de las diez, perfecto, es buena hora. ¿Estás seguro de que no irás sólo? —preguntó sospechoso.
Tan sólo recordarlo me daba dolor de cabeza. Por supuesto que no iré sin compañía, Naruto terminó por ensañarse y me lo repitió toda la semana que hasta tenía harto a Shikamaru. Le hice saber a mi hermano de Naruto y pude ver que estuvo más tranquilo, mamá ya sabía de todos modos.
Mastiqué sin prisas, tenía tres horas antes de que Naruto se plantará frente a la puerta y emprendiéramos el viaje. Le advertí que no trajera cosas innecesarias por el espacio de la camioneta. Había estado en contacto con Sasori y al parecer eran muchas cajas. Con suerte la camioneta de mamá es suficientemente grande como para albergar un batallón ahí dentro.
Suspiré.
—Sasuke. —me habló cuando terminamos de comer, se encontraba lavando los platos. Ladeo el rostro para verme—, ¿ya sabes la fecha exacta de la fiesta de caridad?
Atendí a mamá con un asentimiento de cabeza. Todos los años los organizadores de la celebración contactaban a Iruka para que presentara a su mejor pianista a tocar en la velada, justo en las subastas para menguar el ambiente. Mi compañero y yo teníamos ese trabajo u otros eventos, él asistió a un recital el mes pasado en representación del restaurante, y esta vez me tocaba a mí hacerlo.
Esos días me parecían bizarros, muchas personas alrededor congeniando con sus voces, un ambiente muy elegante y helado. Aunque Iruka me acompañaba, me sentía mejor con la presencia de mamá e Itachi. Ambos podíamos llevar dos personas como acompañantes, e Iruka siempre iba sólo —no estaba casado y tampoco tenía pareja—, así que no habría problema con el pase de Sakura.
Sakura.
De tan sólo pensar en mi atrevimiento me daban ganas de levantarme y estrellar mi cabeza en la pared. ¿Qué diablos estaba pensando cuando le escribí? Admitía que me deje llevar por mi propio impulso y mis emociones cuando me dijo que le acompañase a la fiesta del sábado. Aunque por entrada lo pensé mucho porque no me entusiasmaba asistir a ese tipo de reunión, pero ella iría y me lo había pedido. La conversación fue tan fluida y me sentí en confianza en invitarla de regreso.
Segundos después, al percatarme del error, me arrepentí e intenté reparar mis palabras, no estaba listo para recibir la negación de su parte. Estuve a punto de borrar el mensaje, con suerte y no lo había leído.
Pero ella contestó antes de que pudiera hacer.
«Acepto ir contigo».
Regresé a la realidad al ver que mamá esperaba una respuesta.
Carraspeé intentando disimular mi distracción y moví mis manos.
—"Dentro de un mes o quizás menos".
—Bien, avísame una semana antes para que organicé mis clases —dijo sonriente. A ella le gustaba ir para verme tocar el piano.
Miré a Itachi que cerraba el refrigerador después de hacerse de un vaso con judo, al reparar que lo miraba, tragó impaciente y me miró apenado.
—Aún no puedo decirte si iré o no. Estaré ocupado en los siguientes días.
Enarqué las cejas, sorprendido.
—¿Tienes un caso? —preguntó mamá con mi expresión. Cerró el grifo a prisas y se secó las manos en el mandil.
Itachi asintió dejando en la mesa el vaso, parecía complacido.
—Ayer Shisui me llamó a su oficina para darme la noticia de que consiguió que me aceptaran en el departamento de Delitos Mayores junto a su mejor equipo.
Casi me atraganté con el pedazo de carne que estaba masticando. Mis ojos se enfocaron en su rostro que pronto fue interrumpido por una sonrisa ladina y llena de satisfacción, no pude evitar que la mía apareciera en mi rostro y el orgullo inflamara mi pecho.
Mamá dio una exclamación de alegría y le salieron lágrimas de felicidad, se acercó a él para abrazarlo y no paraba de decir lo orgullosa y alegre que estaba por él. Esto definitivamente no era una broma.
Itachi por fin pertenecía a un grupo y sería un detective ejemplar. Desde que entró a la academia de policías había sido su meta por seguir, su impulso a tomar en cada negativa que le daban, en cada golpe, en cada herida e insultos de sus compañeros.
Todo valió la pena.
—¡Estoy tan orgullosa de ti! —Seguía diciendo al separarse de él. Le besaba ambas mejillas. Mamá era muy melosa—. Sabía que Shisui vería tus habilidades.
—Gracias, mamá. —Mi hermano se dejaba de lo más gustoso.
Conocíamos al jefe de Itachi, no era mucho mayor que él, pero se ganó el puesto por sus propios méritos. Siempre habla de él con admiración, presiento que no fue sólo la decisión de Shisui, sino las mismas habilidades de Itachi por esforzarse a ser reconocido.
—Tenemos que celebrar. —Entusiasmada se giró a mí—. Como la agenda está llena esta semana, ¿Qué les parece si cenamos fuera el lunes?
—Mamá. —Itachi parecía apenado—. Me parece una gran idea, pero como les dije, confirmaré conforme al marcha. ¿Sí?
Los ojos de Mikoto flaquearon por un momento.
—¿Estás trabajando en un caso ahora?
Le lancé mi último pedazo de chuleta a Hunter y prestar atención. Lo observé aspirar con fuerza y cruzarse de brazos.
—Es complicado el caso. La escena apuntaba a que la víctima se había suicidado. Sin embargo, tras hacerse la autopista en el cuerpo, se reveló que la verdadera causa de muerte fue por un corte en la yugular, así el rumbo de la investigación se centra en dictaminar cuál de los sospechosos es el asesino.
Entendí la razón detrás. Investigar un caso así llevaría su debido tiempo, obviamente, además que las muertes ocurren a todas horas, en alguna parte de la ciudad mientras nosotros comíamos amenamente. Alguien podría estar sufriendo y nosotros ignorándolo.
Lo sabíamos, pero no tenía caso preocuparse por algo que no está en nuestras manos. Y eso nos hacía a todos hipócritas a una cierta medida.
Mamá parecía absorta, pero tras unos segundos, dijo que lamentaba mucho escuchar de muertes. Pero entendía debidamente su nuevo puesto, por lo menos tendría más beneficios y los más importante...
—"Te subirán el suelo" —gesticulé a prisas.
Itachi me miró ofendido.
—¿Acaso sólo te interesa mi dinero? ¿No te interesa mi integridad física?
—"Por fin te das cuenta" —bromeé, se indignó cada vez más. Luego se giró a mamá señalándome con el pulgar.
—¿Cómo ve? Mi pequeño esclavo se ha revelado. Ahora hasta me ve como banco, es lamentable la juventud de ahora.
—"Es parte de crecer, anciano".
—Anciano con mucho dinero.
—"Uy sí, pero arrugado como una pasa"
Mamá se reía de nosotros.
Por un momento olvidé mis dolencias, celebrando en silencio el ascenso de Itachi.
Me alegraba que, por lo menos, uno de los dos estaba alcanzando sus sueños.
Intenté por todos los medios no ahorcar a Naruto en nuestro viaje a Konoha.
Llegó a mi casa con media hora de anticipación, conoció mamá e Itachi que casi lo ponían en un pedestal cuando Naruto dijo que era mi amigo y que existía Shikamaru. Tuve ganas de zarandearlo y decirle que se callara de una vez por todas.
Porque ahora mamá parecía más feliz, le ofreció a Naruto un montón de bocadillos y le preguntó un montón de cosas, entre ellas, él confesó que era el primo de Sakura. Cada vez que escuchaba su nombre mamá me miraba con sus ojos negros, intrigados. Sabía que moría de ansias por conocerla personalmente, a veces se quejaba de ser la única de la familia que no tiene esa dicha.
Así que su ansiedad se vino conmigo en todo el camino. No dejé que Naruto condujera, quería llegar entero a Konoha y sin ninguna multa de por medio. Por otro lado, la opresión de mi pecho no se disipaba, aunque llenara mi mente de pensamientos positivos. La negrura amenazaba en atácame de nuevo.
Internamente agradecí que el trayecto se tornó relajado las primeras horas. Naruto venía platicando sin parar y hacia preguntas cuyas respuestas eran limitadas a sí o no, por lo que solamente debía mover con la cabeza y él quedaba satisfecho.
Estaba olvidando lo que es el silencio dentro del auto. Seguía pareciéndome agradable.
Compramos golosinas cuando paramos a recargar el tanque de gasolina y volvimos a incorporarnos a la carretera. A diferencia de la vez anterior, no me ganó el sueño y la radio venía encendida. El copiloto se la pasó mandando mensajes a Sakura por el celular, notas de voz con su escándalo, e incluso me tomó una fotografía, por esa razón quise lanzarlo por la ventana y dejarlo a la deriva. Que Sakura se consiguiera otro primo.
A medida que nos acercábamos al pueblo, por alguna razón me ponía más nervioso. No me sacaba de la cabeza la osadía de invitarle a una... ni siquiera concreté la palabra porque no es así. Simplemente es una salida de amigos, y, además, no estaremos solos.
Claro. Me dije. Eso debía tranquilizarle, pero la verdadera razón de mi ansiedad no era el hecho como tal, sino su reacción al verme después de eso. De ante mano sabía que Sakura aún estaba enamorado de ese bastardo —recordar su nombre me ponía de malas—, con ese pensamiento siempre trataba de redirigir mis pensamientos.
Naruto silbó a mi lado cuando pasamos el letrero que daba la bienvenida a Konoha.
Y mi ansiedad llegaba cada vez más.
—¿Recuerdas que te dije por qué desaparecí un día a otro de la secundaría? —preguntó Naruto mientras avanzábamos por la calle.
Asentí sin mirarlo.
—Fue el tiempo que mi tía comenzó a divagar y le diagnosticaran las ... —Se movió un poco en el asiento, esta vez lo miré por el rabillo—. Mamá decidió pasar una temporada por aquí para ayudarla y nos quedamos en su casa. Fueron tiempos difíciles para todos, Sakura-chan se veía apagada y extrañaba ir a ballet —agregó como si fuese un secreto.
Enarqué una ceja. Desconocía que Sakura alguna vez haya ido a clases de ballet, jamás lo comentó mediante mensajes, aunque tampoco es que surgiera un tema similar, ella se dio cuenta de que trataba de evitar mi niñez a toca costa.
—Sí, lo sé, es extraordinario —dijo él entusiasmado—. Aunque no ha asistido a ninguna clase después de ello, sigue teniendo su talento natural. ¡Deberías verla cuando se pone los audífonos y usa la casa como escenario!
Me dio curiosidad su comentario. Anoté mentalmente corroborar algún día sus palabras.
Poco a poco nos íbamos adentrando más al pueblo. Pasamos por el Mercado de Valores que a estas horas las calles estaban casi desérticas de puestos, llegamos más rápido a la sección a una intersección y me indicó que doblara por la derecha.
Vi de reojo el prado a nuestro alrededor, en plena noche parecía irreal la luna sobre nosotros y las luciérnagas parecían flotar libremente sobre las flores. Traté de no distraerme demasiado para no chocar con los postes y dirigí mi atención al frente. Escuché a Naruto y su discurso de lo bello que es el lugar hasta que estacioné el auto frente a la casa de Sakura.
Estar aquí de nuevo me ponía nervioso, no lo demostré. Serené mi semblante cuando estacioné el auto frente a la casa de Sakura. El foco estaba encendido e iluminaba el sendero.
—Oh, parece que alguien ansiaba que arribáramos pronto —comentó divertido Naruto, tenía la cabeza ladeada a la ventanilla.
Curioso, incliné un poco la cabeza y la vi sentada en las escaleras que daban a la entrada. Alzó la vista de inmediato y una sonrisa cruzó por su rostro.
Me enderecé de sopetón. Demonios.
Esperé a que Naruto se adelantara a salir, apenas escuché su voz chillona gritar su nombre y correr a ella para abrazarla. Me quedé en el auto unos minutos más fingiendo apretar el botón para subir las ventanillas para intentar serenarme. Después de colocar la palanca, apreté el volante y solté aire por los pulmones.
Vamos, puedes hacerlo. Ya no era una extraña.
Era Sakura.
Y curiosamente por eso estoy así.
Jalé las llaves y salí. Tras verificar que la alarma estaba activada, rodeé el auto para dirigirme a los primos Haruno. Naruto no dejaba de hablar hasta por los codos y sonreír con lágrimas en los ojos, Sakura tenía la misma expresión.
—Me he preocupado mucho por ti, enana —decía él—. No vuelvas a ignorar mis mensajes, ¿vale?
—Vale, pero ya no tendrás necesidad de robarle el celular a Sasuke ahora que viviremos cerca.
Escuchar su voz me trajo cierta tranquilidad. Llevaba una semana privándome de tan singular melodía.
Me quedé mirándola fijamente, debió sentir el pesor puesto que no tardó en devolverme la mirada con sus grandes ojos verdes. A pesar de la tenue luz que profesaba el foco de la casa, sus pupilas brillaban de emoción. Se me cerró la garganta, ahí estaba de nuevo esa alegría.
Le saludé con la mano, y ella separó sus labios para saludarme.
O eso pensé.
—¡Eh! Sasuke, Naruto. Qué bueno que llegaron sin percances —dijo alguien a nuestras espaldas. Me causó un pequeño sobresalto, eso fue inesperado.
Me volví de sopetón y reparé en Sasori. Venía caminando del lado contrario de la camioneta, tenía una mano alzada y en la otra un par de bolsas de plásticos. El aire recorrió y el exquisito olor a comida llegó a mis fosas nasales.
Cuando llegó le extendí la mano para saludarlo, pero Sasori me miró con mala cara.
—¿Qué te pasa? Te mostraré la forma de saludar a un amigo —dijo acercándose para pasar su brazo por mis hombros, me tensé un poco, fue inesperado—. ¿Está todo en orden?
Asentí, una vez más.
—Bien, pasen. Están en su casa.
Por inercia clavé mis ojos en Sakura que ya no estaba, fue jalada por Naruto al interior. Suspiré decepcionado y no tardamos en seguirlos.
Dentro parecía la estancia de otra familia. Recordé el panorama la última vez que estuve aquí, todo fue sustituido por cajas selladas con cinta y palabras saltadas a la vista ralladas con plumón negro. Apiladas de una en una, calculé desde ahí cuando espacio necesitaríamos para acomodarlas dentro de la camioneta, afortunadamente ese cacharro podía almacenar a un elefante sin ningún problema.
Con suerte cabríamos los tres. Si no, estaba la otra opción de abandonar a Naruto en la gasolinera.
Sonreía de lado a la perspectiva.
—Creí que llegaría a media noche —comentó Sakura una vez que nos instalamos en la cocina. Se plantó frente a mi sin restricciones.
De fondo escuché pasos en el segundo piso y la voz de Sasori por las escaleras. Me pregunté si hablaba con Karin o Mebuki.
—¡Es que Sasuke conduce como loco! —exclamó Naruto distrayéndome.
Entrecerré los ojos a su dirección. Que exagerado, sólo por ir a ochenta kilómetros en una carretera de sesenta, llorica.
Pasé un dedo sobre mi cuello en señal y él fingió estremecerse al captarlo, pero su sonrisa burlona decía todo lo contrario.
—Lo importante es que llegaron con bien —expresó Sakura sentándose a mi lado, su cercanía provocó que los bellos de mis brazos se erizaran—. ¿Y qué dice la gran ciudad? —Se recargó en la mesa apoyando los brazos, y jugueteó con la manga de su suéter, que, a mi parecer, no hacía tanto frío para que lo tuviera puesto.
Una vez más, recordé la verdadera razón. Apreté la mandíbula, ya no tenía caso rabiar por tal situación.
Agité un poco la cabeza, alucinado. Pensé en preguntarle cómo se sentía, pero Naruto siguió hablando y no pude enfocarme en una sola en concreto. De pronto, Sakura sacó de los bolsillos de su suéter un lapicero y una hoja doblada cuales deslizó a mi dirección. Su acción hizo que mi pulso se acelerara, ¿ella se tomó la molestia de traerlo consigo?
Me limité a dejarme llevar en su conversación y en ningún momento me excluyeron. Pronto me vi envuelto entre las risas de ambos primos que no paraban de contarme las anécdotas del tiempo que estuvieron viviendo juntos, escucharlos no me parecía desagradable como pensaba de los demás, odiándolos en silencio por tener una capacidad que yo no.
En cambio, me alegraba que ellos sí la tuviesen.
Que no fueran un desastre como yo.
Al cabo de un tiempo, Sasori regresó sin corbata y relajado. Detrás de él, entró Karin y seguidamente Mebuki vistiendo una piyama abrigadora de color lavanda. En cuanto reparó en nuestra presencia, nos dedicó una enorme sonrisa.
Me pareció alucinante, la última vez que la vi fue hace más de un mes, y, sin embargo, parecía completamente otra persona. En mi mente comparé sus ojos de entonces con los de ahora, y parecía más...
Libre.
Parpadeé sin saber de dónde vino esa definición.
—¡Tía! Ya llegó tu sobrino favorito —Naruto rodeó la mesa para abrazarla con afecto.
—Pero si eres el único, Capitán América —dijo dulcemente Mebuki.
—¡Tía, te acordaste de mi apodo! —Naruto parecía realmente feliz.
Apreté los labios intentando contener la risa. Conseguí la atención de Sakura y la interrogué con un gesto sobre el dichoso apodo, ella lo comprendió perfectamente, se limitó a encogerse de hombros y sonreír burlona demostrándome que le hacía tanta gracia como a mí.
Perfecto. Ahora tendré con qué molestarlo cuando se ponga de pesado.
Karin se acercó alegre. Sin los lentes pude verle los moretones que mamá mencionó, eran menos pronunciados y podía cubrirlo con un poco de maquillaje.
—Hola, Sasuke. Una vez más gracias por estar aquí. —Dudó un momento, pero me abrazó tan rápido que, cuando reaccioné, se alejó en dirección a fregadero.
Suspiré, esta familia sí que era extraña. Secretamente esperaba que el próximo abrazo fuera de cierta persona que me miraba fijamente y ese puchero que me parecía irresistible. Tuve que apartar la vista rápidamente para no concretar mis pensamientos.
Naruto y Mebuki se separaron y luego sus ojos verdes se dirigieron a mí. Me incliné sobre la mesa para escribir en un espacio en blanco sobre la hoja mi nombre, sabía que ella tenía problemas para recordar sucesos pasados y entrelazarlos con la realidad. Así que seguramente no me recordara.
—Es un gusto volver a verte, Sasuke.
Dejé de escribir en cuanto escuché mi nombre. Lentamente elevé mi rostro y la vi mirándome con afecto, pero yo estaba tan impresionado que no reaccioné hasta que me preguntó si estaba bien. Asentí a medias y me enderecé.
Mebuki me tomó de la mano con las suyas y las apretó gentilmente.
—Sé que es un poco tarde, pero te agradezco que me hayas ayudado a regresar al hospital —dijo, y la sinceridad de sus ojos relucieron.
No pude hacer más que frotar un poco la nuca con mi mano libre, sintiendo cierta vergüenza al tener los ojos de todos sobre mí. Pero asentí, solemne y formulando un "no hay de que" con mis labios sin sonido. Pareció complacida porque luego me soltó y se dirigió a la cabecilla de la mesa.
—Escuché que Sasori trajo comida china —comentó agarrando un par de platos—. Siéntense, hoy les serviré la cena.
—Dormirán conmigo —sentenció Sasori pasada la media noche, en medio del pasillo.
Señaló la puerta a la derecha. En el suelo se extendían los futones que se encargó de colocar para nosotros. Me ajusté la correa de mi mochila y asentí sin quejas, pero Naruto era otro cuento.
—Sasori, vamos. Quiero dormir junto a Sakura, ¡tenemos que retomar nuestras conversaciones secretas! —se quejó apenas escuchó la noticia.
El pelirrojo se negó rotundamente.
—Creo que no entiendes, la habitación está repleta de cajas y no hay modo que, siendo un gorila como tú, quepas con el futón.
—¡Oye! Que agresividad, ¿recuerdas que somos primos?
—Por desgracia.
Reprimí una risa mientras me adentraba a la habitación. Las tonalidades de las paredes eran azules temples, no había ningún cuadro colgado. Un escritorio en la esquina repleto de planos extendidos y sujetados por imanes coloridos; a un costado, la lámpara y una computadora apagada. No había mucho que mirar, en realidad, las cajas también ocupaban las orillas de la habitación, pero dejaba el suficiente espacio para los futones.
Dejé la mochila sobre el que estaba pegado a la puerta, y cuando me volteé, vi que Naruto se rindió y se cruzó de brazos.
—Vaya forma de tratar a la visita.
—Tú mismo dijiste que somos familia —dijo Sasori dándole un codazo. Luego fijó sus ojos en mí—. Siéntete como en casa. —Y desapareció de mi vista.
Vagamente me recordó a la relación con mi hermano, pensé que tal vez para Naruto sería lo mismo, pues él era hijo único. Por eso no se enojó como tal y se adentró de mala gana a la habitación junto cargando su mochila. Se quedó de pie al borde del futón que le correspondía.
—¿No tienes ninguna objeción en dormir aquí?
Negué con la cabeza.
Naruto se arrimó a su futón y se detuvo al borde, pensativo.
—El aire está fresco, con un baño caeremos como tablas.
Asentí estando de acuerdo mientras abría el cierre de mi mochila, sin prestarle mucha atención.
Y él entrecerró los ojos.
—Y solamente hay un baño en el pasillo...
Eso alertó mis sentidos al verlo aferrarse a su mochila, afilé mi mirada cuando sonrió socarrón y salió corriendo antes de que pudiera ponerme de pie. Aspiré con fuera con la indignación atorada en el pecho y las ganas de gritar su nombre, me conformé con levantarme rápidamente y hacerle una seña obscena antes que desapareciera por la puerta del baño.
Maldito.
Regresé al futón y me quité la camisa de botones quedando con una simple negra sin mangas, el aire pegó a mi piel, refrescándome, me permití cerrar los ojos y envolverme en la extraña calma. No se escuchaba el bacheó de los autos o las voces amortiguadas de la ciudad, los pasos de las personas o el claxon sonando al ritmo agitado de las calles.
Aquí todo era tranquilo. Lo único que mis oídos captaban era el susurro del viento al acariciar las plantas, los grillos cantar su balada a la luna y la misma noche sobre mí. Me dejé envolver por las canciones de cuna que la naturaleza ofrecía y ladeé el rostro a la ventana intentando ver las estrellas por el cristal.
Dejé la camisa a un lado para recostarme a esperar justo cuando un borrón rosa se asomó por la puerta.
—Sasuke, traje una toalla para ti... —Se detuvo cuando me vio.
Sus ojos se detuvieron en los míos y después dio una mirada rápida a mi torso. Por un segundo se quedó pasmada y se volteó rápidamente, aferrándose a la toalla blanca que traía en sus brazos.
Me pareció gracioso y tierno a la vez su reacción. No pude evitar mi sonrisa de autosuficiencia en mis labios.
—Lo siento, pensé que... —balbuceaba.
Quería que se diera la vuelta y así presenciar su sonrojo, pero no quería ponerla más nerviosa y terminara corriendo de mi presencia. Enfríe mi cabeza con pensamientos dirigidos "todavía quiere a Neji" y suspiré resignado. Me ayudaba a serenarme y enfriar mi cabeza.
Me levanté y le toqué el hombro. Se sobresaltó y le ofrecí una pequeña sonrisa enfundándole tranquilidad, hacerle ver que no me molestó que entrara sin más. Sus labios soltaron un suspiro, con verla sonreír de esa manera me bastaba.
Nos sentamos sobre el futón, uno frente al otro. No dormiría hasta después de ducharme, necesitaba con urgencia despejar mis pensamientos, ahora que tengo a Sakura frente a mí, me incomodaba no saber lo que pensaba después de que le invité a la gala benéfica. La miré de reojo y parecía interesante sus manos entrelazadas sobre sus piernas, suspiré y me exprimí los sesos para tratar de comenzar una conversación decente.
Estirando mi brazo, me hice de la mochila y saqué el cuaderno de bolsillo y un lapicero.
"¿Te siguen molestando los moretones?"
Lo leyó desde ahí, una mueca se extendió sobre su rostro.
—Un poco, pero ya puedo moverme con más libertad —dijo viéndole el lado positivo.
Remangó las mangas del suéter para mostrarme los moretones de un color azul oscuro y menos intenso que la última vez que los vi. Un poco dudoso, tomé delicadamente su muñeca para verlo mejor, su piel estaba caliente y me vino bien a mis palmas heladas. Se estremeció al contacto, pero no se apartó. También miré sus piernas cubiertas por el pantalón y su estómago, imagino que su espalda estaría en las mismas condiciones.
Apreté los puños. Debí de olvidar mi racionalidad el día en que vimos a Kizashi andar por Tokio y unirme a Naruto para darle otra paliza sin importarme que no pudiera defenderse. Que sintiera por mi propia mano lo que Sakura experimentó a que la pisoteara en el suelo, duplicar su dolor a tal punto que pidiera clemencia.
Dejé de divagar en mis pensamientos y me concentré. Le coloqué las mangas en su lugar en silencio, no se atrevió a hablar, seguramente se dio cuenta de mi ira y prefirió no decir nada al respecto. Mis manos abandonaron sus muñecas y por un instante deseé volver a tocarlas. Tuve que reprimir el impulso.
Pensé que diría algo, sus labios se separaron y luego cerró la boca. La duda carcomía sus ojos y se veía nerviosa. ¿Qué le sucede? ¿Mi presencia la ponía así? Por más que intenté no alegrarme, una sonrisa de medio lado amenazó con aparecer. Demonios, no debía centrarme en esas esperanzas.
Estar cerca de ella se volvía natural.
Entonces la vi alzar las manos, titubeando. Fruncí el ceño sin comprender que haría hasta que, de pronto, comenzó a moverlas junto a los dedos en señas que conocía a la perfección.
Una simple oración que no provocó que la mirarla como un idiota, debido a la impresión, aguante la respiración.
Ella terminó en señalarme y bajó rápidamente las manos, más nerviosa y removiéndose en su lugar.
«¿Cómo estás tú?» fue lo que transmitió.
Y yo seguí sin moverme.
¿Acaso utilizó la lengua de señas para comunicarse conmigo? Utilizó algunas señas conjuntas para expresar y al final me señalo para referirse a mí. ¿Será posible que...?
—Sasuke, ¡por Dios! —habló después de unos segundos en que no reaccioné—. Hazme saber si entendiste, ¿hice una seña mal? ¿Acaso te insulté sin querer?
Se miró las manos desesperada.
Pulmones, ya pueden respirar. Esto sucedió en verdad.
Me obligué a agitar un poco la cabeza y recuperarme de la impresión. Ignoré el cálido calor que recorrió mi pecho al imaginar que... no, más bien ver con mis propios ojos a Sakura emplear en método para llegar a comprenderme sin necesidad de la escritura. No sabía que pensar al respecto, lo dejaré para la madrugada cuando no pudiese dormir.
Intente contener mi propia emoción, fue imposible. Sonreí de medio lado logrando que Sakura detuviera sus murmullos y me mirara atenta con un puchero en sus labios.
Alcé las manos y marqué cada seña con lentitud.
—"Vamos bien, Sakura".
Ella frunció el ceñó.
—¿Vamos bien, Sa...? —pronunció, dudosa.
Asentí, y ella sonrió de oreja a oreja.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que lo hice casi bien! —Se miró las manos como si fueran un descubrimiento. Y luego se inclinó un poco a mí—. Estuve toda la semana leyendo libros y diccionarios de lengua de señas, es maravilloso entender este lenguaje corporal. Kiba me ayudó mucho con sus métodos torturantes en apretar mis mejillas cada vez que me equivocaba.
Se tocó las mejillas de nuevo con ese puhcero. Apreté los labios para no burlarme de ella, ya podía imaginarme la escena sabiendo lo chillona y quejona que era.
—Entonces —retomó acercándose un poco más, por inercia traté de poner la mente en blanco—, ¿podrías ayudarme a perfeccionar la técnica, maestro?
Su sonrisa juguetona me hizo darle la propia, sin restricciones y burlona. Me clavó los ojos con firmeza y detecté sus sinceros deseos de aprender. Siempre había tenido esa capacidad de leer las emociones que muestran los ojos, estar rodeado de personas repleta de prejuicios y arraigadas a mi discapacidad me ayudó a identificar a quiénes se acercaban a mí con intenciones de burlarse.
Y esta chica... me estaba llevando al límite.
No podía existir alguien así, ¿verdad? Que estuviera dispuesta en aprender una lengua para entenderme mejor. Escribir en la libreta estaba bien, pero poder expresarme al momento y sin demorarme siempre ha sido lo mío.
Aún seguía asimilando le importaba a alguien más.
Alcé mis manos para expresar cada letra de las palabras, pues ella apenas está comenzando a aprender y le sería difícil captarlo. Sería paciente y la ayudaría si así lo quería ella.
—"Soy un maestro muy exigente".
Sakura tardó unos segundos en unir las letras y alzar las cejas con una determinación bien marcada.
—Y yo soy una excelente estudiante —dijo e hizo una seña representante a la letra "e"—. Espero que nos llevemos bien, maestro —bromeó.
No sé en que momento me quedé dormido después de terminar la sesión de aprendizaje, pero cuando volví a abrir los ojos, la habitación estaba a oscuras. Un poco desorientado giré a mi lado derecho tallando un poco mis ojos, gracias al tenue silencio interrumpido por el sonido del ventilador escuché las respiraciones de Naruto y Sasori. La ventaba abierta ventilaba el aire.
Ah.
A cuestas me senté observando a mi lado, Naruto tenía abrazado su almohada y le vi un hilillo de saliva recorrer su mejilla. Me asquee y apresuré a levantarme, no podía concebir la idea no tomar una ducha antes de dormir, una costumbre muy marcada que ni siquiera el sueño me libraría. De eso estaba seguro. A tientas caminé por la habitación a oscuras, intentando no hacer mucho ruido, rebusqué un conjunto ligero para no dormir acalorado y fui al baño.
En cuanto salí de la ducha solté un bostezo. Por esta razón me bañaba antes de ir a la cama: el agua me daba más sueño. Al contrario de la mayoría de las personas que les avivaba sus sentidos, a mí me adormecía más. Me obligaba a caer en un trance y de ahí nadie me sacaba, y pensar que por la mañana empezaba el día me daba cierta pereza.
Solté bostezo y parpadeé dispuesto a ir por un vaso con agua fría antes de dormir. El pasillo estaba a oscuras, por esa razón detecté rápidamente la luz de la cocina encendida, junté las cejas curioso y me acerqué a la orilla de las escaleras. ¿Quién podría estar despierto tan tarde aparte de mí?
El extraño silencio era interrumpido por un cuchicheo. Sabía que no debía bajar e interrumpir, pero por alguna razón me pico más la ansiedad. "Bajé por un vaso con agua", sí, mi excusa perfecta podría ser esa.
Coloqué la toalla sobre mis hombros y bajé silenciosamente las escaleras, mis pasos apenas eran percibidos, a medida que me acercaba pude escuchar con más claridad.
—Escúchame... Neji, no, llegamos a esto por muchas razones.
Era Sakura.
Me quedé a un pie del umbral. Debía dar media vuelta y dejarla resolver sus problemas. Enfrentarse a su ruptura para continuar con su vida era lo ideal.
—Tenemos que vernos mañana... No, tampoco esperaré hasta que regreses de tu viaje para hablar contigo —espetó, y al final de la frase su voz se quebrantó un poco.
Reconsideré no moverme ningún sólo centímetro. Mi cerebro estuvo de acuerdo, ella de nuevo se rompía y por culpa de Neji. Tenía ganas de ir, arrebatarle el celular y lanzarlo por la ventana para que no siguiera hablando con él.
—¿Qué fue error mío? —Jadeó, incrédula—. Estás muy equivocado si piensas que te pediré perdón. Estás más segado por tus celos que no me has preguntado ni una vez como me siento con lo que paso con mi padre. Vaya forma de demostrarme cuando me amas.
Seguía hablando, escuché sus pasos. Seguramente caminaba en círculos, la imaginé con sus ojos llorosos y mordiéndose el labio inferior, en la cena noté que era un tic que tenía y lo hacía de vez en cuanto. Pero lo hacía ahora para acallar sus sollozos.
Apreté los puños.
—Es muy tarde para que lo pienses. Me he dado cuenta de muchas cosas.
A estas alturas ella ya lloraba, y mi pecho se suprimía por el dolor.
—¿Estás de broma...? ¿Sabes qué? Ultimadamente a ti debería importante lo que haga con mi vida. No quiero seguir hablando contigo... Lo que escuchaste, Neji. Y a vista que no regresaras pronto y yo quiero irme a Tokio en paz, sé que no está bien hacer esto por teléfono, pero te lo diré.
Se calló un momento y pareció que todo el mundo lo hizo con ella. Incluso yo aguante la respiración unos segundos. Y después, su voz sonó más aguda y quebrantada pero llena de determinación.
—Esto se terminó. No quiero seguir soportando tus estúpidos celos sin fundamentos, no quiero estar alado de alguien que no se preocupa por mí y es egoísta al pensar solamente en él. No vuelvas a llamarme, no me busques que no me encontrarás.
El silencio reinó una vez más, por unos instantes esperé escuchar su voz de nuevo, pero lo que irrumpió fueron los jades de un llanto ahogado con la intención de no ser escuchado por nadie.
El nudo a mi garganta volvió, sinceramente no tenía ni idea que hacer. ¿Regresar por dónde vine o ir con ella?
Incluso la respuesta era tan obvia, por lo menos para mi, que me golpeé mentalmente por dudarlo.
Mis pies se movieron de nuevo obedeciendo mi razón y corazón que extrañamente estaban de acuerdo. Ella estaba de espaldas a la puerta, inclinada y con las manos cubriendo su boca para que sus sollozos no se escucharan. Le haría mal suprimirlo, lo sabía mejor que nadie. Debía sacarlo de alguna forma.
Escuchó mis pasos y se volteó asustada a mi dirección, en cuanto me vio a los ojos, noté los suyos apagados, sin vida. Caló dentro de mi mente, ¿hasta que punto tuvo que llegar Neji para acabar finalmente con el brillo de sus ojos? Reprimí mi propia ira y hacer lo que mis impulsos gritaban vivazmente dentro de mí.
—Sasuke, ¿qué... haces despierto? —Balbuceó, no se molestó en aparentar su llanto, el cansancio destilaba en cada gesto de su rostro.
Cansada de tanto sufrir.
No lo pensé realmente. Me acerqué unos pasos más y alargué mi mano para tomar de su brazo, sus inseguridades asaltaron sus ojos, la chispa que la caracterizaba se avivó unos instantes antes de que supiera mis intenciones.
La apegué a mi torso pasando mi brazo por sus menudos hombros dejando que reposara su rostro en mi pecho. En ese momento no pensé el alcancé de mis acciones, podía golpearme mientras se alejaba molesta vociferando mi atrevimiento o desatar su llanto y esconderlo en mí, yo lo soportaría por ella.
Cualquiera de esas opciones estaría bien, descargaría su furia y libraría su alma de la agonía cual la sometía.
Sentí sus brazos rodear mi espalda y hundir su rostro en mi pecho, pronto su llanto llegó a mis oídos, amortiguado porque se hundía más en mi y su apretaba con fuerza sus brazos. Separé los labios, impulsado por algo que creí muerto, acaricié su cabello intentando consolarla sin palabras. La estreché un poco más dejando que mis acciones hablaran por mí, haciéndole saber que no estaría sola nunca más.
Que yo estaría siempre para ella.
Y ahí, en medio de la noche, dejé que me clavara las uñas, que insultara al aire, que llorara como una niña pequeña mientras se aferraba a mi liberándose de todas sus cargas. Podía insultar a medio mundo, maldecir a quien quisiera porque las palabras se las llevaría el viento y nunca nadie sabría de ellas.
¡Hola!
Por fin les pude traer esta actualización, jajaja
Bueno bueno, hablemos del capítulo: El recuerdo de Sasuke se retoma días después de que Fugaku haya intentando suicidarse, comenzó a ir a terapias cuando Mikoto se dio cuenta de que no quería hablar. Aquí aclaro que Kakashi es a quién ve actualmente y apareció cuando él intento hacerlo mismo que Fugaku.
Sasuke a veces cree que por su culpa se fue su padre, pero luego da la vuelta y se ciñe a que no lo fue. Lo que es cierto, a lo que nos preguntamos ¿Fugaku se rindió?
¡Vaya sorpresa que le dio Sakura! Aclaramos otro término: una de las chicas aclaró en el apartado pasado que no es lenguaje de señas puesto que se refiere a un término de movimientos corporales, si no que es lengua de señas lo que sería más referente a los gestos traducidos a las palabras. Información que cura ;)
Conforme a Sakura y su arrebato de terminar con Neji por teléfono. Sinceramente pensaba plantearlo que estuvieran cara a cara, pues a Sakura le da más decir las cosas de frente, pero ya no puede más con todas sus presión y no quiere seguir ligada a él incluso cuando esté en Tokio.
Y bueno, ¿qué les pareció el capítulo? ¡Díganme que les pareció capítulos! Ya estuve contestando por privado sus reviews.
Cabe decir que principalmente que este iba a ser un capítulo más largo, pero decidí dividirlo en dos. Así que el próximo estará muy pronto *risas malévolas* sé que ya quieren saber que sucede en la fiesta, paciencia, que las cosas bien hechas se disfrutan más.
Ya saben, cuídense mucho, no salgan de casa a menos que sea necesario, tomen mucha awua y duerman mucho iare (? Lqm cuídense.
¡Gracias por leer! Hasta pronto.
¡Alela-chan fuera!
