Aclaración: cuando el diálogo aparezca —"Así mero" es porque Sasuke está empleando la lengua de señas.

Doble actualización: El capítulo 17 ya está disponible.


16

Cerezo en rama

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Sakura

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Es tu culpa por preferir a Kiba que a mí.

Recordar las palabras de Neji en plena mañana no era la mejor forma de comenzar el día, definitivamente. Aún me ardían los ojos por llorar toda la noche y mi pecho se contraía a cada respiración, tratando de expulsar todas mis dolencias trabajaba el doble de lo normal. ¿Qué yo prefería a mi mejor amigo (que siempre estaba a mi lado) que a mi novio (que me ignoraba y últimamente era destructivo)?

La respuesta fue contundente.

Cuando me levanté me quedé mirando fijamente el techo de la habitación semioscuras, con cortinas corridas y el viseo del aire acondicionado de fondo. Asimilando mi primer día como la que una vez tuvo alguien a quién querer y ahora estaba desecha a causa de ese amor desesperado. Me había roto poco a poco desde dentro tiempo atrás y apenas me daba cuenta de ello, antes no quería verlo, pero todo comienza a aclararse.

Hoy oficialmente ya no tenía nada que ver con Neji.

Por más que intentaba asimilarlo, no podía evitar la presión de mi pecho al pensar en él. De todas las cosas que me dijo por teléfono, de su insistencia por seguir juntos con sus argumentos irracionales tras decirme sin pelos en la boca de mi supuesto amorío con Kiba. Apreté los labios imaginando la posibilidad a esas noches en vela que la pasaba ideando un futuro juntos, creyendo ingenuamente que cambiaría su actitud con el pasar del tiempo.

Si tan sólo él no desconfiara de mí ni me hiciera daño de esa forma... tal vez cabría la posibilidad de...

Suspiré agotada.

Seguía preguntándome en qué momento comenzaron a torcer las cosas en nuestra relación. ¿Fue en nuestra primera discusión por el acoso de las chicas de primero? ¿Por la vez que le gritó a Tenten en medio de la cafetería y yo salí en su defensa de mi mejor amiga? ¿O será aquella vez que pensó que Kiba y yo éramos amantes?

Sea cual sea, ya no importa.

—Lleva esta caja abajo, por favor. —La voz de Karin me sacó de mis cavilaciones.

Recibí en brazos la caja de cartón que me entregó Karin, eran sus pertenencias que usualmente no utilizaba. Ejercí fuera en los brazos y salí al pasillo con la esperanza de no tropezarme con las escaleras, pensar en Neji era una enorme distracción innecesaria de la cual no debía ocupar mi tiempo.

Desde temprano comenzamos a trasladar las cajas esenciales a la camioneta. Teníamos pensado partir mañana por la mañana, pero dado a la fiesta —o, mejor dicho, reunión a conocimiento de mis hermanos mayores—, decidimos empezar después de desayunar. Era un poco fatigoso subir y bajar las escaleras cargando cajas, y en más de una ocasión casi me tropezaba con mis propios pies y caída al suelo.

Pisé cuidadosamente las escaleras y pronto estuve en la planta baja, sonriendo por mi pequeño triunfo. Caminé hacia afuera, el día estaba soleado y el calor era penetrante, tanto que decidí dejar de lado la ropa ahogada que ocultaba mis —poco— visibles moretones y me puse ropa fresca y me amarré el cabello en una coleta alta, mi fleco rebelde no colaboró a unirse a mi cabellera y la sentía pegarse a mi frente por el sudor, era un poco incómodo.

Cerca de la entrada estaba a vista la cajuela de la camioneta, lo suficientemente cerca para bajar los escalones e inclinarme a dejar la caja. Había un espacio hueco en el lado derecho, pareciera que justo a la medida de la caja, pero encima tenía apoyada la mitad de otra. Un problema.

—Uf —farfullé—. No queda de otra.

Estiré los brazos y coloqué la caja al ras. Alcé con la mano la caja de arriba y con la otra empujé cuidadosamente para que encajara con las demás, ya casi estaba en su sitio cuando alcé de más la caja de arriba y las otras apiladas se balancearon peligrosamente en la orilla.

Un segundo después las cajas casi caen sobre mi si no fuera porque dos manos la sostuvieron en el momento preciso en que caían, evitó que me golpearan y las otras se fueron a los lados. No me di cuenta de que aguanté la respiración hasta que solté el aire y cerré los ojos. Del golpe que me salve.

—Estuvo cerca, ni siquiera me dio tiempo de pensar en mi testamento —me quejé. No me moví por miedo a hacer un movimiento en falso y las cajas cayeran sobre mí.

Abrí los ojos. Alrededor de las manos que detenían las cajas colgaban pulseras de cuero mordisqueadas, supe que era Sasuke. Me puse un poco nerviosa por la cercanía, lo sentí detrás de mí, demasiado cerca como anoche. Durante el desayuno evité tanto mirarlo directamente a los ojos, en cambio respondí a las preguntas que apenas capté en su mirada, le hice saber que estaba bien con una seña.

Tragué grueso tratando de no pensar en lo vergonzoso que fue anoche al tener sus brazos alrededor de mí y la caricia de sus gentiles manos en mi cabeza. Su aliento contra mi oreja y la firme sensación de acobijo y consolación. Sentí mis mejillas arder y apreté los ojos. No debía ponerme nerviosa, solamente es Sasuke...

El mismo que me consoló anoche.

Viéndolo desde esa perspectiva provocaba más calor en mis mejillas por mi propia vergüenza.

Todavía no tenía claro si en verdad sucedió, ¿o se trataba de un sueño? Que Sasuke extendiera sus brazos y permitiera que llorara sobre él como una niña pequeña, mostrándole aquella chica que en verdad era en lo profundo de mi ser: débil y llorona. Mi fachada de soportar todos los golpes no caía ante nadie más que mis hermanos o Kiba, ni siquiera con Neji fue así porque no quería molestarlo más de lo necesario.

Pero de pronto llegaba Sasuke logrando que con un abrazo y un cálido aliento olvidara mi fortaleza y sacara toda la tristeza que me ahogaba en ese momento que me sentí morir por creer que me habían arrancado un pedazo de mi corazón al terminar con Neji, uno de los "pilares" de mi vida.

Y seguía asimilándolo.

Abrí los ojos hasta que terminó de acomodar las cajas y retiré mis manos. Maravillosamente no cayeron. Hizo un trabajo perfecto.

—Gracias por ayudarme —dije armándome de valor para voltear a verlo.

Él seguía ahí, con una mano apoyada en la orilla de la cajuela y la otra en la cintura, con la cabeza un poco inclinada para verme. Se había quitado la gorra y traía la misma camisa que ayer portaba en la noche, sin mangas que dejaba ver sus fuertes brazos no parecían los típicos brazos de los deportistas de revistas y tampoco flacucho como los estirados. Le sentaban bien las líneas a sus bíceps y sus antebrazos con las venas sobresalientes haciéndolo ver más...

—Este... ¿faltan más cosas? —pregunté nerviosa alzando de sopetón la mirada.

Grave error. Lo vi directamente a los ojos, cada vez que detallaba en ellos parecían más profundos y menos tristes que la primera vez. Pero... todavía seguía ahí el lamento y desesperación, como si contuviera sus gritos y desgarraba su alma por dentro.

Me entraron ganas de abrazarlo de vuelta como ayer. Apreté las manos para evitar concretar mis pensamientos y forcé una sonrisa, tratando de parecer lo más natural posible, no quería preocuparlo, él seguramente tenía sus propias cargas.

Sasuke me miró un largo rato, apreté los labios y moví mis ojos de un lado a otro, esperando su respuesta. Cuando me decidí averiguarlo por mí misma, él suspiró mientras asentía con la cabeza y se separó de la camioneta para rodearla. Su mirada de pronto se volvió más desairada y apenas atisbaba la amabilidad de hace unos segundos. Me preocupé, ¿acaso hice alzo para hacerlo enfadar? Porque parecía enojado.

—"Con Mebuki" —Sasuke seguía haciendo letra por letra para facilitarme el entendimiento. Después me dio la espalda y avanzó al lado contrario de la casa.

Estuve a punto de llamarlo, pero Naruto llegó con un par de cajas y una amenazaba con caer. Le ayudé a sostenerla justo a tiempo y a colocarlas dentro de la cajuela.

—Toma, refréscate un poco —dijo entregándome una botella helada con jugo de verduras.

El plástico era transparente y así podía ver el líquido rojo, parecía sangre. Reí por debajo al recordar la primera vez que vi a Sasuke en el suelo pensando que lo había lastimado y al final resultó ser jugo de verduras.

Naruto me miró extrañado.

—¿Por qué te ríes de pronto? ¿Da risa el dibujo de la etiqueta? —preguntó curioso mirando las otras dos botellas que sacó del bolsillo trasero de su pantalón. Ambas tenían la etiqueta colorida en frutas y el líquido naranja.

—No es eso. Recordé la vez que casi maté a alguien —comenté sin dejar de verlo.

—Tú estás loca, mira que alegrarte por casi matar a alguien. —Naruto fingió espantarse. Le golpee en el hombro a modo de juego—. Si alguien me pregunta de tu estado mental, definitivamente pediré que te recluyan a un manicomio.

Enrolé los ojos, exagera.

—Sí claro... —murmuré quitándole la otra botella que sostenía y le pasé la de verduras—. Ten, dale este a Sasuke, prefiere el jugo de verduras.

La sonrisa de Naruto era similar a cuando descubres la respuesta a la inmortalidad del cangrejo.

Regresé adentro bebiendo del refrescante jugo de frutas. Mi garganta lo recibió tan bien que al final solté una exclamación de satisfacción, pocas veces me quejaba del calor pues era mi clima favorito, podía ir al lago y sambutirme en sus cálidas aguas, aunque la desventaja era el sudor que se adhería a mi frente. Era el único inconveniente que le veía al este clima casi perfecto.

Al llegar a la segunda planta, vi a Karin salir de nuestra habitación.

—Sasuke me informó que falta la habitación de mamá —dije.

Karin asintió, su ceño estaba fruncido y parecía pensativa. No dudé en preguntar.

—¿Ocurrió algo?

—No, es sólo que —Se pasó la mano por su frente apartando un mechón rebelde de su coleta— no encontré mi collar.

—¿Estás segura de que revisaste bien?

Me preocupó. Sabía cuán importante era el collar que mamá nos obsequió a cada quién.

Ella sonrió ligeramente.

—Revisaré otra vez antes de irnos la próxima semana. Por lo pronto ve a recoger las cajas echas en el cuarto de mamá.

—Pero...

—Anda, no te preocupes. Ya aparecerá.

Asentí no muy convencida y me dirigí a la puerta continúa. Estaba abierta así que no me molesté en tocar y entré aun pensando en el paradero incierto del collar. No podía perderse en casa, a menos que Karin lo haya perdido fuera, aunque aseguraba que lo puso sobre la cómoda. Uhmm.

Por estar tan distraída en mirar si mamá estaba o no en la habitación, no noté la caja que yacía cerca de la puerta y la pateé al dar un paso, la caja semiabierta cayó a un lado y todas las cosas del interior también se desparramaron.

—Genial —murmuré hastiada apretando los puños.

Solté un resoplido y me arrodillé para devolver las cosas a la caja dejando la botella a un lado. Era un par de libros de poemas con separadores de colores sobresalientas y un álbum de fotografías. No sabía que mamá guardaba esto, aunque tampoco fisgoneaba todo el tiempo como cuando era pequeña al escabullirme a jugar con su maquillaje y zapatos.

Los libros permanecían en buen estado. Uno en particular atrajo mi atención, era de pasta suave y color aguamarina con pétalos de cerezo como adono, mamá leía mucho este libro cuando no tenía fuerzas para moverse mucho. Una vez le pregunté una vez porqué era su favorito y ella me respondió que poseía una cita que la identificaba: «Ciruelo en rama, ¿no será el aroma de ti, mi adorado?» revelándome que así supo que nombre ponerme. Sakura.

Lo tomé entre mis manos. A mitad del libro sobresalía un pedazo de fotografía, abrí el libro en esa parte descubriendo la fotografía de un hombre.

No era Kizashi.

Inmediatamente lo deduje puesto que ya había visto fotos de él cuando era joven. Además, quién estaba en aquí era un joven de cabello rojo intenso —más que la melena de mis hermanos—, perfil derecho lo cual dejaba ver solamente un ojo, color verde oscuro, estaba un poco inclinado a un escritorio repleto de diferentes figuras de dragones, del otro lado se veía vagamente la silueta de alguien más. A juzgar por la posición en la que estaba y el fondo, tomaron la fotografía sin que él se diera cuenta.

—¿Qué haces ahí abajo, Sakura?

Solté los que traía en mano por inercia, asustada. Sonreí automáticamente como una niña siendo pillada en una travesura y miré a mamá que entraba con los brazos cruzados enarcando una ceja. Sus ojos parecían cada vez más profundos y llenos de vida.

Me alegraba demasiado. Ayer me sorprendió cuando nos ayudó a servir la cena y estuvo hablando amenamente sin divagar demasiado. Llenaba mis esperanzas cada vez más.

—Pues... se cayó la caja y... vi el libro que te gusta —justifiqué.

Ella miró a dónde el libro y la fotografía que descansaban en el suelo. Descruzó los brazos y se arrodillo a mi lado para alcanzarlos, al verla con esa mirada nostálgica al tocar la foto y el libro, supe que ese joven tenía relación con dicho objeto.

—¿Quién es él? —me atreví a preguntar inclinándome a un lado para observar mejor la fotografía.

Se quedó callada por unos segundos. Pensé que tal vez no me había escuchado o simplemente no quería hablar de ello, estuve a punto de decirle que no se preocupara por contestar cuando sonrió al acariciar la fotografía.

—Es un amigo que conocí cuando trabajaba en una biblioteca de Tokio para pagar mi matrícula de la universidad —respondió suavemente sin dejar de tocar la fotografía—. Fue poco antes de que me embarazara de tu hermano. Él me regaló este libro como felicitación de mi embarazo, pensó que Sasori sería niña y me recomendó el nombre conforme a su poema favorito —se rio un poco, embargada de recuerdos.

Me reí con ella.

—Ahora entiendo porque Sasori tiene cara de niña —dije en burla. Cuando era niño a Sasori le decían que parecía niña por las fracciones de su rostro, la adolescencia le sentó bien porque definió sus rasgos duros—. Debió llevarse una decepción al enterarse que Sasori fue varón.

—Uh... él se sorprendió cuando se enteró, me hizo prometerle que le diría si algún día tenía una niña y le ponía el nombre representativo se su poema favorito —admitió con una sonrisa—. Siempre quiso formar una familia y tener una niña.

Entendí entonces porque la insistencia con el nombre, y pensar que era a honor al poema favorito de un amigo de mamá.

—Y esta fotografía se lo tomé una ocasión cuando estaba distraído. —Seguía mirándola—. No era muy dado a las fotografías y no era muy demostrativo que digamos. De cierto modo me recuerda a Sasuke.

Con esa idea podía idealizar un poco su actitud y rasgos. Sasuke mayormente se mostraba serio y rara vez sonreía... o más bien, me sonreía. Con los demás no lo había visto hacerlo, a simple vista lo juzgan por ser serio y frío por las expresiones de su rostro. Si tan sólo se tomaran un instante para mirar más allá de los prejuicios porque era mudo se darían cuenta de que es un ser humano maravilloso que se preocupa por sus amigos —a su manera, claro está—. Aunque a veces si era antipático y su sentido de humor satírico me crispaba un poco los nervios.

—Eh... entonces no era muy comunicativo. ¿Será que su nombre termina con Suke?

Mamá negó con la cabeza entendieron el rumbo de mis pensamientos.

—Al principio no hablaba mucho, pero tenía cierto carisma en su mirada. Y no, su nombre... es Ryuichi, pero le dicen Ryu como el dragón —sonrió a medias, como si estuviera recordando un chiste.

Sospeche de su relación con ese hombre en un principio por la forma en que hablaba con añoranza y tristeza. ¿Acaso tuvo algo que ver con él? ¿Qué le sucedió? ¿Fue novio de mamá antes de casarse con mi padre? Sus ojos eran bañados por algo más que los recuerdos.

Una vez Karin me transmitió las palabras que mamá le dijo poco antes de comenzar a divagar: que todos teníamos varios amores a lo largo de nuestras vidas, nos llenaban de alegría, o, por el contrario, podrían destrozarnos por completo. Hasta que llegaba la persona indicada que ponía nuestro mundo de cabeza, "sin ti no puedo vivir", literalmente. Llenándonos de tanto cariño y amor que nos sentiríamos inmerecidas, pero lo aceptaríamos porque esa persona nos haría ver que "siempre espere por ti", no viceversa.

Pero no todo era perfecto y tampoco un camino tallado de rosas suaves.

No todos estaban con las personas que amaban.

Si quieres amor, tendrás que pasar primero por dolor.

Con mamá al parecer se aplicó sus palabras.

No tenía el valor de preguntarle directamente por su verdadera razón con él, pero... ¿Qué hubiera pasado si en realidad mamá no se hubiera casado con Kizashi?

Agité un poco la cabeza despejando ese pensamiento y las palabras que dijo ella cuando él me golpeaba. No había tenido tanto tiempo para analizarlo.

—¿Y dónde está Ryuichi-san ahora?

Me daba curiosidad saber porque nunca nos habló de él si era alguien querido para ella, a menos que Kizashi se lo haya prohibido o ya sea por su mente confundida que no tenía cavidad para ello.

Ahora su semblante se abatió mientras dejaba la fotografía en una página al azar del libro y lo cerraba delicadamente.

—No lo sé. La última vez que supe de él fue antes de que tú nacieras. —Me acarició la mejilla con delicadeza, le sonreí un poco intentando que su tristeza se alejara—. Se mudó al extranjero y no he vuelto a saber de él desde entonces. Perdí la oportunidad de decirle que hice un buen uso del nombre para ponértelo a ti.

—¿Nunca volvió a contactarse? —Mamá negó—. ¿Por qué? Si él sabía dónde encontrarla.

—La vida es incierta, cariño —dijo inclinándose a dejar el libro dentro de la caja, me pareció ver resignación confirmando mis sospechas—. Hoy estamos aquí, pero mañana no sabemos que será de nosotros. Él decía mucho que nuestras nunca sabremos si elegimos la decisión correcta conforme a los deseos de nuestro corazón, solamente podemos tomarlas confiando que es la mejor y no arrepentirnos de las consecuencias.

Una frase muy significativa y profunda. Me quedé pensando en ella por unos segundos.

—Tal vez ya esté en compañía con el fuego ardiente del atardecer —susurró sin dejar de sonreír tristemente.

Por primera vez en mucho tiempo, mamá mostraba algo más que una felicidad falsa que reflejaba el desaire de su mente; sus ojos parecían más tristes de lo normal y su expresión era de una persona que anhela tener lo perdido una vez más.


A eso de las cuatro, Tenten y Kiba tocaron la puerta de mi casa. Dejé de ver el programa de comedia absurda para abrirles la puerta. Mi amiga estaba ahí para ayudarme en elegir un conjunto ideal de ropa; y Kiba ansiaba saludar a Sasuke que no quería evitar esperar a verlo en la fiesta.

—¡Sakura! —chilló emocionada Tenten lanzándose a mis brazos, estaba más feliz como en la mañana en la escuela—. Ya llegó tu salvación. Ya, no digas nada, no tienes por qué agradecer.

—No iba a hacerlo —bromeé cuando se separó de mí.

—Hola, hola —Kiba me dio un corto abrazo y se adentró a mi casa como si fuese suya. Típico de él, tantas tardes aquí que ya conocía cada parte y se paseaba a sus anchas.

Escuché sus gritos a modos de saludo, se alegró en cuanto vio a mi primo sentado en la sala casi ahogándose de risa por el programa de comedia. De Sasuke no había rastro alguno.

—¿Dónde está? —me susurró Tenten al llegar a mi lado.

Enarqué una ceja a su dirección.

—¿Dónde está quién?

—Sasuke, tienes que presentármelo.

Bufé al captar sus verdaderas intenciones. Ella tampoco podía esperar a la fiesta para que se lo presentara.

—No sé, estaba por aquí hace rato —divagué.

Aunque parecía estar de mejor humor que en la mañana pues había pasado a mi lado y desacomodado mi cabello con su mano. Me quejé por el desorden y le obligué a que acomodara mi cabello, y él aceptó fingiendo resignación.

Aunque seguramente estuviese arreglándose para acompañarme. Pensar en mi atrevimiento y la forma en que me contestó por mensaje ese día...

A mi mente llegó la imagen de ayer, él abrazándome delicadamente, dejándome saber con sus acciones que podía llorar todo lo que quisiera en su presencia, que no me haría más daño. Su mano acariciándome el cabello como si fuera una niña pequeña, en ningún momento mostró molestia o exasperación. La única persona que estuvo allí cuando sentía mi mundo derrumbarse.

—¿En qué piensas pervertida? —Tenten me dio codazos.

No me percaté de que me sonrojé por el recuerdo, toqué un poco mis mejillas, estaban calientes.

—¡En nada! —exclamé nerviosa caminando a la cocina. No debería pensar en eso, no tenía ánimos de explicarle a Tenten ahora.

Casi doy un grito al verlo en medio de la cocina junto a mis hermanos, iba a recriminar mi exaltación hasta que reparé de la seriedad de todos y la libreta en manos de Sasuke, se las enseñaba a mis hermanos cuyas expresiones eran de asombro.

—¿Lo viste en Tokio? ¿Cuándo? —preguntó apresuradamente Karin. Sasori había apretado fuertemente la mandíbula.

—¿A quién vio en Tokio? —pregunté sobresaltándolos.

Los tres se viraron a mí con rostros serios después de la impresión, ninguno dijo nada por varios minutos. Esperé impaciente, cruzándome de brazos. No me movería de aquí hasta que lo hicieran.

Karin fue la primera en contestar.

—Pues...

Sasori le tocó el hombro, interponiéndose entre las dos.

—Es un asunto importante que hablaremos luego. —Sasori despejó el tema de un ademán y no me dejo replicar—. No te preocupes por ello y ve a la reunión a divertirte —me alentó sin mucha emoción y pasó a mi lado en dirección a las escaleras.

¿Y ahora que sucedió?

Por más que miré insistente a Karin, se negó a compartir información.

—El hermano mayor manda aquí —se limitó a decir antes de marcharse.

Sin más opción, clavé mi vista en Sasuke que desvió la suya de inmediato. Entrecerré los ojos y me fui acercando lentamente, esperando a intimidarlo, aunque sea un poco. Si lo lograba me agarraría de ello, no quería esperar a mañana para saberlo.

—¿Tú si me dirás?

Él entornó los ojos y escribió.

«No puedo hablar».

Arg. Activaba mal humor cada vez que escribía eso y se limitaba a tomárselo en broma.

—Que detestable eres —murmuré resentida.

Pronto caí en cuenta de mis palabras. Aunque lo dije para hacerle broma, temí que se lo tomara en serio.

Pero, en cambio, movió sus manos y una expresión divertida surcó su rostro.

—"Gracias".

Bufé un tanto aliviada y enojada por su sarcasmo. Le hice una señal de "tonto" que él mismo me enseñó para insultar a Naruto de una forma creativa y me encaminé a la sala. Lo sentí seguirme de cerca, apostaba que tenía una sonrisa burlona en su rostro.

En la sala Naruto y Kiba hablaban casi a gritos, Tenten esperaba sentada pacientemente en uno de los sillones. Al verme se levantó de un salto y prácticamente voló a nosotros. Sus ojos brillaban de emoción al ver a Sasuke detrás mío.

—Vaya, ¿y quién es él? —Se hizo la desentendida.

Paciencia. Paciencia.

—Tenten, te presentó a mi amigo, Sasuke. Sasuke, ella es mi mejor amiga Tenten —los señalé respectivamente.

La castaña le tendió la mano, y Sasuke, tras verme de reojo, aceptó el saludo a regañadientes y retiró muy pronto la mano.

—Si nos permites, es hora de comenzar la sesión de belleza. —Tenten se apoderó de mi brazo y la dejé ser, discutir con ella no llegaría a ningún lado.

Me arrastró sin darme tiempo de decir algo. Gemí por debajo, ¿en qué demonios pensaba al pedirle ayuda a Tenten? Mas que nadie sabía lo intensa que se ponía con su obsesión de resaltar mi belleza.


Pase a que sería una fiesta nada relevante, me permití dejar de lado mis sudaderas y pantalones, Tenten me ayudó a cubrir mis moretones con maquillaje y se encargó de orientarme a la hora de escoger los atuendos que aparté de mi maleta para esta noche. Al final me dejo sola por ir a ver el como iban las cosas con Kiba en la otra habitación.

Al final, después de probarme tres conjuntos diferentes, me decidí por un vestido blanco sin mangas, con flores pringando en la parte inferior. Se pegaba a mi busto y el pliegue caía con gracia sobre mis muslos. Tuve que ignorar el largo que apenas rozaba mis rodillas, normalmente rehuía de ello, pero Tenten me convenció en que era una ocasión especial pues la fiesta era mi honor.

De tan sólo recordar lo que me dijo Takeshi en la mañana cuando le agradecí la invitación en la escuela, me ponía nerviosa.

«Es lo menos que te mereces, hermosa».

No supe como tomar aquello.

Tras estar frente al espejo batallando con el delineador y el labial, quede satisfecha con el resultado al mirar mi reflejo por unos segundos, mis ojos parecían más agudos y mis pestañas más largas. No me coloque ninguna sombra los parpados, tampoco es que me entusiasmara mucho maquillarme, lo hacía para ocasiones como esta.

Dejé mi neceser sobre el tocador y fui en busca de mis botines negros que reposaban cerca del armario. Me senté en la cama a batallar con ellos. Una vez más, me puse de pie e intenté andar firme, se me escapó una risita. Estaba más acostumbrada a utilizar mis zapatillas deportivas que me sentía extraña con estos, me forcé a recordar el equilibro y suspiré en cuanto pude dar más de cinco pasos sin doblarme el pie. Sonreí satisfecha por mi triunfo.

Alguien tocó a la puerta. Alcé la cabeza. Si se tomaban la molestia de tocar seguramente sería Naruto o Kiba.

—¿Quién es? —pregunté, pero no hubo respuesta.

Ceñuda, me acerqué a tirar de la puerta y saber para qué requerían de mí.

Casi olvido mantener el equilibrio cuando lo vi a él.

Sasuke estaba de pie frente a mí, con una mano en el bolsillo de sus jeans azul oscuro y la otra a su costado, junto a una Jersey negra y en la parte de los hombros atisbos de líneas blancas, se subió un poco las mangas dejando a la vista sus ante brazos y sus pulseras de cuero. Sorprendentemente no traía su gorra y tuve la sensación de que sus ojos son profundos y misteriosos, su flequillo cubría un poco su costado dándole un aire rebelde.

Admití dolorosamente gustosa que daba la misma imagen de uno de los modelos de las revistas que le gustaban a Tenten.

No me había dado cuenta de que aguante la respiración hasta que su aroma masculino llegó a mí cuando intente respirar para tranquilizarme era hierbabuena y chocolate, una combinación exquisita. Un nudo se formó en mi garganta. Dios, no, no, no.

—Eh... —murmuré al percatarme que lo miré más de lo que debía. Aclaré mi garganta y apoyé disimuladamente mi mano en el marco para inclinarme. Piernas, es momento de retomar su rol, no quería quedar en ridículo frente a él—. ¿Ya estás listo?

Vaya pregunta más estúpida, pensé al instante.

Afortunadamente se compadeció de mí, ofreciéndome una sonrisa de lado y asintiendo con la cabeza. Procuré no quedarme viéndolo más de lo necesario y forcé una sonrisa, más para parecer natural.

—Te ves... —perfecto, pensé y agité un poco la cabeza simulando que acomodé mi cabello para despejar ese pensamiento— bien.

Antes de presenciar cómo se burlaba de mí, me di la vuelta y anduve hasta el tocador en busca de mi bolso. Relájate, no deberías pensar en esto y céntrate de caminar correctamente. ¿Desde cuándo me comportaba tan nerviosa con algún chico cerca? Estaba con Sasuke, era mi amigo, no debería embobarme de esa manera al verlo.

Mientras metía en el bolso algunos cosméticos, escuché los pasos de Sasuke detrás y cuando alcé los ojos vi su reflejo por el espejo, me observaba desde ahí con una expresión indescifrable, le ofrecí una sonrisa inquieta. Él alzó un pedazo de papel cual leí con cierto esfuerzo desde el reflejo.

«Tú también te ves bien».

No pude evitar sonrojarme y después expandir mis mejillas. Me tomó por sorpresa, el calor de mi pecho se expandía.

Colgué la bolsa en mi hombro y di una vuelta completa por mi lugar hasta quedar frente a él con los brazos extendidos.

—Ya que los dos nos vemos espectaculares, es hora de irnos.

Sasuke no dejó de observarme por unos segundos y después le dio un vistazo a la cama repleta por los conjuntos de ropa desechados para la ocasión. Se inclinó para tomar una pequeña chamarra de mezclilla, que, recordando, nunca me lo había puesto. Primero porque era de un corte pequeño para enseñar el ombligo, lo cual deriva a la segunda razón: no me gusta mostrar mi ombligo.

Se acercó a mí, su aroma penetró más mis sentidos, aturdiéndome un poco. Colocó la chamarra sobre mis hombros. Sentí sus firmes manos entrono a ellos y después se alejó unos pasos, mirándome una vez más y luego asintiendo en aprobación.

—Uh, así que me veo mejor con esto —dije enarcando una ceja. Él volvió a asentir e hizo una ademan a la puerta.

No me quejé. Metí mis brazos en las mangas y bajamos para reunirnos con Tenten y Kiba.


—Ya dinos, Kiba ¿qué le excusa le disté tu mamá para que te dejara el auto? —pregunté por tercera vez.

Kiba iba manejaba animado el automóvil de sus padres, taranteando una canción y Tenten le secundaba con la letra, en cuanto escucharon mi pregunta, se detuvieron y él me miró por el espejo retrovisor y una sonrisa de autosuficiencia.

—Que daríamos una vuelta a la tienda de veinticuatro horas que está saliendo del pueblo y que me quedaría a dormir en tu casa —dijo y se encogió de hombros, como si no le importara.

—¿Entonces no le dijiste que iríamos a la fiesta? —Me sorprendió su mentira.

Tenten se giró desde el asiento del copiloto con las cejas alzadas y una mirada de "mira quién lo dice".

—Por favor, ¿me dirás que tus hermanos saben a dónde vamos exactamente?

Cerré mi boca de inmediato. Por supuesto que no. Sólo distorsioné un poquito la verdad diciéndoles que iríamos a una reunión de amigos en casa de Takeshi y que regresaríamos antes de las dos. Claro, pensé para mis adentros. Si ellos tuvieran idea de lo que sucede en esas fiestas lo más seguro es que prefieran encerrarme en la casa toda la noche.

Miré de reojo a mi lado, Sasuke venía con el brazo extendido sobre el respaldo de los asientos y la otra apoyada en la ventana cerrada, escuchaba nuestra conversación con cierto interés. En cuando se dio cuenta que lo observaba, su expresión cambió a una como diciéndome «¿En serio?». No pude evitar reír nerviosa e inclinarme un poco a él, ladeando mis pestañas intentando parecer inofensiva.

—Ups. —Solté llevándome una mano cerca de mi boca—. ¿Estás enojado?

Me observó por unos segundos más y suspiró negando con la cabeza. Por supuesto que él no se tomó la molestia de corroborar nuestro destino con Sasori. Recordé que mamá le pidió que cuidara de mi suponiendo que iríamos a una reunión. Fue una lástima que Naruto no quisiera acompañarnos alegando que tenía pendientes que hablar con mis hermanos y mamá.

Pensar en el tema que llevarían a cabo me bajaba los ánimos.

Sentí unas palmaditas en mi cabeza que no permitieron que pensara a profundidad. Sasuke señaló al frente. Escuchaba cada vez más la música retumbando a nuestro alrededor que fue abriéndose paso a medida que avanzábamos por la carretera pavimentada hasta la lujosa casa de Takeshi.

Pero clasificarla como "casa" sería un mero insulto. Más bien debía llamarse "mansión". A pesar de que había venido antes, aún me seguía impresionando las dimensiones de la vivienda.

—Fiu. —Tenten fingió un silbido—. Hemos llegado, ya estoy ansiosa.

Kiba buscó entre las filas de autos un lugar vacío para estacionarse. Encontramos uno cerca del lado izquierdo de la hilera de autos. Antes de salir, pensé seriamente en dejar mi bolsa en el auto, no quisiera que se perdiera en el alboroto. Al final decidí quedarme solamente con el celular y dejarla en los asientos.

Un nuevo problema surgió en cuanto salí, ¿dónde metía mi celular? La chamarra tenía bolsillos de adornó.

—¡Ya estamos aquí! —exclamó Kiba al rodear el auto en camino a la mansión.

—¡Espéranos, Kiba! ¡Debemos hacer una aparición épica en la fiesta!

Tenten lo alcanzó rápido a pesar de andar con sus botas con tacones de infarto. Su vestido rojo centelló bajo el faro y su bolsa de lentejuelas, siempre ha tenido gustos extravagantes. Su cabello agarrado en una coleta alta se balanceaba de un lado a otro.

Me reí de sus locuras mientras iba junto a Sasuke. A medida que avanzábamos la música era más intensa, pegajosa y movida que te invitaba a moverte de tu lugar. Estuve taranteando mientras observaba a mi alrededor los autos y la cantidad de personas, me pregunté vagamente si acaso había tantos jóvenes en el pueblo o venían de los más cercanos. Era bien sabido que Takeshi no sólo invitaba a la escuela entera. Incluso podía asegurar que había universitarios por aquí.

Agradecí no haber traído los zapatos que Tenten me recomendó al principio, los tacones ya se hubieran hundido en la tierra.

—Uh, no —murmuré una vez que estuvimos cerca, buscaba dónde meter mi celular. Lamenté dejar la bolsa en el auto. Kiba no me daría la llave para abrirlo.

Me encogí de hombros y lo iba a meter en mi sostén cuando la mano de Sasuke me agarró de la muñeca y con su otra mano tomó mi celular. Me miraba como si fuera a cometer una falta.

—¿Qué? Es que no tengo donde guardarlo y fue el mejor lugar que se me ocurrió —dije formando un puchero.

Enroló los ojos y metió el celular en el bolsillo delantero de su pantalón. Dio unas palmaditas y problema resuelto.

—Oh, gracias.

Alcanzamos a Kiba y Tenten que discutían en la entrada que tipo de actitud debían tener al cruzar la puerta. Si acaso entraban con porte de "háganse un lado, llegaron los reyes de la noche" o simplemente pasaban desapercibidos.

—Dejen sus payasadas y entremos. —Les reñí empujándolos a la puerta abierta.

Adentro el ambiente era más torcido. La oscuridad interrumpida por luces de neones iluminando sobre nuestras cabezas, de cerca había pequeños grupitos conversando y bebiendo, un poco más al centro se aglomeraban cuerpos que se movían al ritmo desenfrenado de la música que taladraban mis oídos. Me aturdió un poco al principio, pero a medida que avanzábamos esquivando a las personas en dirección al mini-bar del fondo me fui acostumbrando.

Tenten y Kiba encabezaron la fila. Entre la marcha viré mi rostro a Sasuke que miraba alrededor con esa expresión que no me dejaba adivinar sus pensamientos. Lo agarré de la muñeca y lo arrastré conmigo para que no se separara entre tantas personas. En serio, ¿tanta gente conoce Takeshi?

Llegamos a la barra. Detrás estaban varios chicos haciéndose de las bebidas, rápidamente los reconocí, cursaban el último año de preparatoria junto a Takeshi. Al vernos nos saludaron efusivamente, casi gritando para hacerse saber sobre el ruido de la música.

—Hola, chicos —saludé a medio grito.

Tenten y Kiba se agazaparon agarrando de los vasos que servían los demás detrás de la barra, y Sasuke se quedó a mi lado sin dejar de observar a los chicos.

—¡Eh! Miren nada más quién llegó. —El más alto tenía el cabello negro, Kira, sonrió mientras se inclinaba a la barra para tomarme de la mano. Las luces de neón combinaban con su atuendo—. Nuestra invitada especial de la fiesta.

—¡Hermosa Saku! —Su amigo, Arata, gritó desde atrás sosteniendo una botella de whisky—. ¡Qué alegría verte! Ten, hay que empezar la noche al máximo.

Estiró ambos brazos ofreciéndonos dos pequeños caballitos a Sasuke y a mí. Sabía lo que quería que hiciera, pero no pensaba comenzar la noche sambutiéndome de alcohol, quería bailar primero para no tener nada en la cabeza, ni mi ruptura con Neji o la demanda que se llevaría a cabo contra Kizashi.

No, no quería pensar en ello. Y sabía cuál era el mejor método.

Dejándome llevar por el momento.

Sin vacilar agarré el que me ofrecía. A mi alrededor escuché más gritos en conjunto de los dos chicos que gritaban "¡Fondo! ¡Fondo!". No lo pensé, lo tomé de un sólo trago, quemó mi garganta al principio y su sabor dulce quedó en mi paladar. Al terminarlo hice una pequeña mueca y el júbilo se alzó sobre mí.

—¡Así se hace hermosa! —gritó Kira dejando el caballito, que Sasuke se negó a tomar, sobre la barra—. ¡Disfruten la noche, todo a su disposición! —agregó antes de alejarse al otro extremo junto a Arata que se despidió bailando con dos vasos en mano.

Agité un poco mi cabeza, todavía no me acostumbraba ni en asomo a beber, apenas y soportaba la cerveza a medida. El sabor persistía en mi boca, miré a Sasuke que estaba a mi lado mirándome con más interés que antes. Le sonreí abiertamente.

—¿Qué? ¿Pensabas que era una de esas chicas que no disfrutan de una fiesta y alcohol? —pregunté un tanto escéptica.

El corazón casi se me detiene cuándo él se inclinó a mí con esa sonrisa de lado. Oh, Dios esperaba que no notara mis mejillas sonrojadas, agradecí que las luces de neón confundieran el tono de mi piel, sino estaría más avergonzada.

Tenten y Kiba se acercaron a nosotros alzando sus vasos y gritando eufóricos. Sasuke se enderezó para abrir el círculo.

—¡Eh, Sakura, bailemos juntas! —dijo Tenten dejando el vaso sobre la barra y prensándome del brazo para llevarme. Me hizo quitarme mi chamarra y se la entregó a Sasuke junto a su bolso—. Cuida de esto, por favor.

—Tenten...

—¡Vamos ya!

No me resistí, miré sobre mi hombro un poco preocupada en dejar solo a Sasuke, pero Kiba le dio unas cuantas palmadas en la espalda y me hizo una seña con el pulgar arriba. Atraje su mirada y seguía asintiendo con esa mirada suya, con sus potentes ojos negros.

Tenten me jaló hasta la pista, entre los cuerpos sudorosos y eufóricos que se movían de un lado a otro, con las luces centellantes sobre nosotros y la música retumbando por los oídos. Me dejé llevar por el ritmo, la ola de cuerpos que nos arrastrábamos a cada movimiento. Con vaso en mano y los brazos alzados, en compañía de Tenten, grité y baile sin tomar en cuenta el tiempo.

En todo rato me sentí eufórica, dispuesta a disfrutar el momento, distraer mi mente de todos los problemas que me aquejan. Ya me merecía un descanso de tanta desgracia en mi vida, y si esta noche fuese para alejar mis males, que así sea. Bebería hasta no saber nada y me dejaría en comienda de mi Tenten y Kiba, me lo debían, en otras ocasiones era yo quién debía arrastrarlos a ellos.

Agitando mi cabello y gritando, no supe cuánto tiempo estuve ahí y cuantos vasos de cerveza que acepté de mis amigos que pasaban a saludarme, pero cuando mis piernas me pidieron a gritos un descanso, Tenten estaba más eufórica que nunca saltando que me sorprendía que no se haya roto el pie con tales tacones.

Me reí con ella cuando casi se cae encima de un chico alto que inmediatamente le ayudó a enderezarse y, tras unas palabras dulce al oído, Tenten no dudó en unirse a él en un baile sensual en el cual yo sobraba.

Tenten me cambió por un hombre.

Me reí más. Igual si hubiese sido Sasuke quién viniera por mí no lo dudaría ni dos veces en dejarla sola.

Con ese pensamiento inesperado, me abrí paso entre la multitud en la supuesta dirección a la barra. El vaso vació se me cayó en algún momento y equilibre para bajar la pequeña plataforma. El mareo apenas era presente, todavía no estoy acostumbrada a beber tanto, pero Tenten decía que era inesperadamente resistible al alcohol. Pero eso no significaba que no me afectara.

Al mirar a mis lados me di cuenta de que estaba del lado derecho del mini-bar, así que redirigí el rumbo.

—Hola preciosa. —Una extraña voz retumbo a mi lado y una mano tocó mi hombro, al voltear vi a un rubio de ojos azules con cuerpo atlético. Era guapo, lo admitía, pero no tanto como al que tenía en mente en ese momento—. ¿Quieres bailar?

—Vengo de ahí, y si me permites... —Le di una sonrisa amable y me dispuse a caminar a la barra, pero él se aferró un poco más a mi hombro.

—Oh, venga preciosa. Veo que estás sola, puedo hacerte compañía. —Y seguía insistiendo.

Mi sonrisa desagradable se afiló.

—No, gracias. Estoy acompañada. —Le di un manotazo para que me soltara y seguí avanzando.

Vaya irritante que fue ese chico.

Me concentré en llegar a la barra sin doblarme el pie. Busqué con la mirada a Sasuke y lo encontré en el otro extremo, recargado mientras bebía de un vaso. Un nudo se formó en mi garganta al ver una chica a su lado tocándole el torso, ella era lo que se definía como una belleza voluminosa, con una mini-falda pegada a sus piernas de infarto y el labial carmín reluciendo en su sonrisa insinuadora.

Hice un puchero y desvié la mirada. Vale, ahora entendía cuando Sasuke comentó que no le gustaba las fiestas porque las chicas le acosaban. Espera un momento Sasuke, ya iré a tu rescate como buena amiga que soy. Claramente no quería aceptar que era otra emoción que cubría mi excusa, no lo admitiría en voz alta y tampoco le daría la debida importancia.

Enderecé dignamente mi espalda y avancé a paso decidido a su dirección, pero incluso antes de poder llegar y hacer alzar mi voz, vi a la chica fruncir el ceño, quitar su mano de él y alejarse de ahí claramente indignada.

¿Qué sucedió?

Cuando llegué a su lado, Sasuke tiraba un pedazo de papel del otro lado de la barra, encima estaban las cosas que Tenten y yo le dejamos, un lapicero. No vi rastro de Kiba, a todo esto, ¿dónde se metió él?

Le toqué el hombro para llamar su atención. Inmediatamente volteó con una expresión más suave, seguía recargado en la barra.

—He vuelto —dije—. Disculpa por dejarte solo.

Él negó inmediatamente con la cabeza, dándome a entender que no me preocupara por ello. Le sonreí más.

—¿Y Kiba? Estaba aquí contigo.

Se encogió de hombros y señaló con su dedo índice al otro costado.

Casi me voy de espaldas al ver a nuestro conductor asignado en la cabecera de la mesa repleta de vasos llenos de cerveza, lanzando una pelotita de ping pong hasta acertar en unos de los vasos y beberlo hasta acabarlo por completo. Alentado por la multitud, siguió gritando y lanzando la pelotita que rebotó y acertó nuevamente en otro vaso.

Bufé conteniendo el regaño para Kiba que se autoproclamo el conductor designado, lo que quería decir que no bebería nada de alcohol para poder manejar y llevarnos de regreso. Vaya desastre, Tenten estaba más borracha que Kiba, y yo... bueno, no tanto, pero todavía no domino la palanca de velocidades. Lo más seguro que mi mala suerte hiciera jugada y chocaría con un poste de luz.

—¿Y quién será nuestra salvación? —gemí girándome a Sasuke—. A este paso todos nos iremos gateando a casa.

Él estiró su brazo con el vaso del cual bebía, olfateé el contenido y bebí dándome cuenta de que era solamente refresco. Sasuke estaba enteramente sobrio, seguramente fue su plan desde el principio al rechazar el caballito que le ofreció Arata. Suspiré un tanto aliviada, definitivamente ya no podía confiar en Kiba o Tenten para llevarnos a casa, sería mejor dejar todo en manos de Sasuke.

Un destello en mi mente y recordé a lo que venía en un principio. Dejé el vaso sobre la barra y tomé su mano, él me miró confundido.

—Ven baila conmigo —le pedí tirando de él hasta separarlo de la barra.

Pero se negó regresando a su posición, enroló los ojos y gestionó con la otra mano.

—"Yo no bailo".

—Si que lo haces —repliqué soltándole de la mano y retrocedí unos pasos, con un mínimo de espacio entre nosotros. La música retumbaba en mis oídos y el deseo hilarante de bailar con él se hacía más fuerte—. Vamos, no seas aguafiestas. Quiero bailar contigo.

Sasuke sacudió la cabeza de nuevo.

Una idea cruzó por mi mente para convencerlo. Una descabellada y atrevida de mi parte, que normalmente no tendría el valor de hacerlo por la vergüenza de mis acciones, pero a estas alturas no pensaba con claridad, sólo quería divertirme con él.

Comencé a moverme al ritmo de la música, moviendo seductoramente mis caderas y el resto de mi cuerpo, la música era suave y provocativa se adaptaba a mi propósito. Pasé mis manos por detrás de mi cabello suelto y las dejé ahí, luego miré sobre mi hombro cuando me detuve un momento a verificar si logré convencerlo con mi pequeño espectáculo.

Sus ojos parecían más ardientes y oscuros de lo normal, su mirada era igual al de un cazador observando detenidamente a su presa, esperando el momento justo para atacar. Apretaba ligeramente la mandíbula y entrecerró sus ojos. Me gustaba esa mirada suya, en cada instante me envolvía de un abrasante calor.

Me acerqué de nuevo apoyando las manos sobre sus hombros y sonriéndole inocentemente. Él no se alejó, bajó un poco la mirada para verme mejor, los zapatos no me daban buena altura que digamos.

—¿Eso es un sí? —ladeé mis pestañas.

Seguía mirándome desde ahí, su sonrisa de lado relució debajo de las luces de neón y tomó una de mis manos, la sentí más caliente. Le devolví la sonrisa y comencé a guiarlo a la pista de baile. Celebre mi triunfo en silencio, no lo dejaría irse sin que se divirtiera, era lo menos que podía ofrecerle por haberlo arrastrado hasta aquí, aunque tampoco parecía aburrido del todo.

Y justo cuando nos adentramos a la pista, una mano sudorosa tocó mi hombro. Me obligué a detenerme y con ello a Sasuke. Era Takeshi que me sonreía desde atrás con vaso en mano.

—¡Por fin te encuentro hermosa! —exclamó él.

A regañadientes me obligué a soltar a Sasuke para saludar a Takeshi con un abrazo, hizo que retrocediéramos de vuelta a la barra. ¡No! Justo cuando convencí a Sasuke de bailar conmigo, ¿acaso esto era una confabulación? Refunfuñé para mis adentros.

No podía evitar mi descontento en mi voz.

—Gracias por invitarnos, nos la estábamos pasando fenomenal. —Definitivamente el alcohol estaba sacando ese lado afilado.

Takeshi se rio por debajo por mis palabras y le dio una mirada corta y desafiante a Sasuke que estaba a mi lado sin variar de expresión.

—Pues sí que te divertías mucho con tu amigo —insinuó. Luego se dirigió a Sasuke señalándolo con el vaso—. Te la robaré un momento, tengo una sorpresa preparada para ella.

El ceño fruncido de Sasuke no se hizo esperar.

—¿Puede ser luego? —pregunté atropelladamente colgándome del brazo de Sasuke—. Tengo algo que hacer primero.

Sí, como ir al baño a dejar mis necesidades y luego bailar con Sasuke.

Takeshi se limitó a mirarnos fijamente unos segundos, y luego ensanchó aún más su sonrisa, me dio la impresión de que era menos amigable que al principio.

—Ve sola detrás de la mansión, junto a la piscina —indicó después de acceder. Dio la media vuelta y alzó su vaso—. ¡Pero no tardes mucho que tu sorpresa se irá!

Finalmente se alejó. Menuda intervención, sólo me quedaban las esperanzas de que Sasuke no se retractara de su decisión. Me iré a él y lo miré desafiante.

—Iré al baño, luego iremos ver la dichosa sorpresa y después bailarás conmigo, estrictamente en ese orden —le amenacé.

Se me olvidó que él era más alto y tuve que ponerme un poco de puntitas para parecer intimidante. Sasuke negó ligeramente con la cabeza y alzó un poco la cabeza, claramente se estaba burlando.

—¿Acaso creías que te dejaría de nuevo? De eso nada, te salvaré está noche de ser acosado por mujeres con pechos grandes, cinturas pequeñas y piernas de infarto. Pero, si quieres irte con una de ellas sólo...

Me cubrió la boca con mi mano y negó con la cabeza, parecía divertido de mi actitud. No podía evitar sonrojarme al caer en cuenta de mis palabras. ¡Que desastre! El alcohol provocaba que hablara más de la cuenta, anoté mentalmente no beber más o terminaría diciendo algo de lo que pudiera arrepentirme después. De todos modos, el mareo aún era un eco en mi mente.

Aparté su mano y la tomé con fuerza.

—Bien, en ese caso vamos. —Lo jalé por la derecha para rodear la pista.

Pasamos detrás de la mesa de ping pong, Kiba ya no estaba ahí. Me pregunté vagamente dónde podría estar al igual que Tenten. Al llegar a las escaleras, le dije a Sasuke que me podía esperar mientras tanto cerca de la entrada de la piscina, no me apetecía dejarlo sin compañía así que me mentalicé en ir rápidamente.

Subí rápidamente las escaleras, saludé a unas amigas del otro grupo de la preparatoria, se alegraban de verme y me desearon un buen viaje para mañana. El intercambio de palabras fue rápido, pues además de tener prisa, ellas se iban cayendo sobre sus pies. La más sobria me dejó ir y ayudó a las otras a bajar por las escaleras.

La música era un poco menos penetrante en la segunda planta. Milagrosamente no había nadie dentro del baño, aunque no me hubiera sorprendido tanto ver a una pareja mostrándose cariño ahí dentro. De pensar en la ocasión pasada y mi trauma me recorría el desagrado. Para eso estaban las habitaciones, nunca había comprendido el desfalco de tener sexo en una fiesta, la verdad.

En el espejo del baño me di cuenta de que mi cabello estaba un poco desordenado. Lo mojé un poco y subí un poco más mi vestido en la parte del busto. Me pregunté si me vería bonita a ojos de Sasuke, ¿debería serlo para cualquier chico? Observé más mis ojos verdes, el mejor rasgo de mi rostro y mi nariz respingada, mi piel clara y el hoyuelo de mi mejilla al sonreír.

Y Neji no supo valorarlo, sus celos le dejaron en claro mi posición. ¿Acaso era una mera herramienta para él? ¿O lo único que quería de mi era sexo? Nunca le entregué mi virginidad, y en el fondo sabía porque: no era el indicado.

¿Verdad?

Salí de ahí sintiéndome un poco más sofocada. Rompí mis propias reglas de no pensar en Neji.

—Él no está y jamás volveremos —me repetí una y otra vez—. Interpuso su egoísmo y celos y perdió la confianza en ti. Ya es suficiente.

No me di cuenta de que por estar divagando caminé en el sentido contrario. Casi me da un ataque de risa lastimera ahí mismo y giré mis tobillos a la otra dirección. Como pensé en un principio, esto no era una casa, más bien una mansión. Había hileras de puertas, un espacio muy grande solamente para una familia de cuatro integrantes, y sin contar que Takeshi pasaba la mitad del mes habitando sólo ahí dentro.

La música se detuvo un momento y la voz animada de Takeshi resonó por el micrófono. Estaba saludando a todos.

Me apresuré a ir tratando de idealizar la dichosa sorpresa que me tenía.

Justo a la mitad del recorrido, vi la única puerta semiabierta. ¿Cuándo pasé la primera vez estaba cerradas? Me acerqué dispuesta a cerrarla y así evitar que otra persona se traumara por descubrir lo que hacían dentro.

Agarré el pomo, y sin querer, escuché una voz demasiado familiar.

Tenten.

—Te advertí que, si no terminabas tu relación, tú y yo tendríamos serios problemas.

Entrecerré los ojos. ¿Con quién hablaba? Se escuchó una risa ronca de un hombre.

—Que ilusa eres... ¿acaso creíste que dejaría a Sakura sólo porque tú me lo mediste?

Mi corazón se congeló en ese mismo instante al reconocerlo.

No podía creerlo.

Era Neji.


¡Holis! Esta costumbre de actualizar en la noche -c muere-

Aclaro que dividí el capítulo en dos partes pues resultaba muy largo, y sería fatigoso para ustedes leer de un jalón *risas* ¡Descontrol total!

Conforme al capítulo Mebuki cada vez está recuperando la consciencia a su propia realidad, ¿que pasará cuando establezca el orden de sus pensamientos? ¿Qué piensan al respecto? La verdad todo es un poco confuso a este punto, pero el panorama se va aclarando poco a poco.

Sakura apenas está lidiando con su ruptura con Neji así que es todo un manojo de emociones, aunque está mostrando que Sasuke tiene efecto en ella, y que incluso ignora porque se concentra en sus sentimientos por Neji. Pero después de esto... ya veremos como actuará al respecto.

¿Y la plática con Neji y Tenten? ¡Ah ya verán! Recuerden que esta es una doble actualización, en unos minutos publicaré el siguiente, ¡así que disfruten!

Nos leemos en el siguiente apartado.