|19| Páramos del alma
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Sasuke
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A lo largo de mi vida estuve involucrado en diversas riñas, ya sea iniciadas por mi parte hastiado de recibir burlas y decidir desquitarme con algún golpe, o alguien más retribuía que era el día ideal para fastidiarme y terminábamos en el suelo con el labio roto.
Base a ello tuve que aprender a defenderme. Itachi me enseñó todo lo que él sabe dándome las herramientas necesarias defenderme, a sus palabras, si no podía estar conmigo todo el tiempo, debía tener conocimientos de defensa personal. Fue tanta su preocupación que incluso le enseñó a mamá lo básico por si alguna vez se veía envuelta en una situación similar.
Aunque esto no se parecía en nada a las riñas, tuve que mantener la calma para que el sujeto no me clavara el arma en la espalda. Supuse que era alguna clase de cuchillo o navaja, no me moví como me lo indicó una vez más. Debía mantener la calma e intentar no entrar en pánico o el miedo no me dejaría pensar con claridad.
—Eres muy obediente —dijo el chico moviéndose a un lado, seguía haciendo ligera presión de la chuchilla en mi espalda baja.
Apreté los dientes y seguí mirando al frente preguntándome cómo rayos él sabe de mi discapacidad si ni siquiera lo conozco, así que no puede ser un asalto común y corriente.
La posibilidad cabía en que alguien lo mandó para amenazarme o darme una advertencia pronto fue una tentativa idea, si no, ¿cómo explicara que supiera tal dato de mí? O simplemente me investigó, el mundo de posibilidades se extendía frente a mí.
No me dio oportunidad para seguir pensando, tomó mi hombro con fuerza y me hizo girar a la izquierda, sin separarse ningún centímetro.
—Caminaremos despacio por esta dirección. Si intentas correr o mirar hacia atrás, te entierro el cuchillo hasta sacarte las tripas —espetó fríamente.
Solamente le dirigí una mirada contenida, mantenía mi rostro serio y la mandíbula apretada. No demostré el pánico que comenzaba a formarse en mi pecho y la falta de aire, me limité a asentir y comencé a andar a la dirección. Seguía tomándome con fuerza del hombro y caminaba a mi lado de una forma tan natural.
A causa de la adrenalina, mi oído se afino más, escuché más pasos y susurros a mis espaldas ajenos a la voz del que me amenazaba. De reojo miré el asfalto y las luces de los faroles reflejaron dos sombras más a mis espaldas. Venía acompañado. Sería difícil librarme si eran tres.
—No es nada personal, créeme —comentó de pronto mientras nos alejábamos apenas de la calle—. Incluso si te entierro el cuchillo ahora no sería personal, sólo hago mi trabajo. Únicamente eres un desafortunado que se involucró con la gente equivocada.
Lo escuchaba atentamente tratando de descifrar el significado oculto de sus palabras. Apreté los labios, quise hacerle preguntas, pero no podía. Así que me limité a seguir mirando al frente pensando en cómo podría librarme de todos.
Analicé mi entornó en busca de alguna cosa que pudiera ayudarme o alguna ruta que me sirviera de escape. Todavía transitaban algunas personas que salían del trabajo y los automóviles pasaban a nuestro lado cada milenio. Y por la forma tan natural que caminábamos nos hacia ver como un grupo de amigos, nada sospechoso.
—¡Sasuke, espera! —gritó alguien.
No basto de echar una mirada para saber que no fui el único que se tensó al escuchar la voz femenina.
Mierda, era la voz de Ino.
Por inercia me detuve y el chico detrás conmigo. Se escucharon pasos pegando fuertemente al asfalto, acercándose cada vez más.
No te acerques más. No te acerques más.
—Vaya, pero que hermosa amiga tienes —me dijo sombrío enterrando un poco los dedos en mi hombro—. Harás que venga con nosotros para alegrar un poco más el ambiente, ¿o quiere que te entierre ahora el cuchillo?
Ensanché los ojos y le dirigí una mirada cargada de furia. Ino era un punto y aparte, no tenía por qué involucrarla en este asunto, pero fue muy tarde para renegar o hacer algo, obligó a que diera media vuelta y quedar de frente. Pude ver mejor a los dos tipos que lo acompañaban siendo los mismo de ese día que vi a Kizashi.
Y seguía preguntándome que asuntos tendrían quién los lideraba conmigo. Que yo recordara no estaba metido en algo turbio y no había golpeado a nadie últimamente… en un rango de tres semanas sin contar al imbécil de Neji.
Con la respiración contenida, observé a Ino detenerse poco a poco mirando extrañada a las personas que me rodeaban. Todos parecían casuales y con una mirada de fingida curiosidad. El de ojo grises seguía a mi lado amenazándome con el cuchillo.
Me obligué a tratar de relajarme lo cual estaba resultando imposible, mi quijada seguía tensa. Observé a Ino que se detuvo a una distancia considerable, en sus manos traía mi mochila, supuse que era la razón por al cual me buscaba.
Ino los detalló sin mucho esmero y luego clavó los ojos en mí.
—Me encontré con Iruka buscándote para entregarte tu mochila, y cómo sé dónde tomas el metro, le dije que yo te la daría —dijo un poco dudosa, sin atreverse a acercarse más. Luego miró alternamente a los tres chicos—. ¿Quiénes son ellos?
—Somos sus amigos de la universidad —respondió uno de ellos, era pelirrojo y esbozaba una sonrisa de lo más perversa. No pasé de desapercibido como miraba lascivamente a Ino de pies a cabeza.
—Que amable eres, linda —alagó jovialmente a mi lado, cambiando discretamente la navaja de mano para pasar un brazo por mis hombros—. Es un alivio que nos alcanzaras, ya íbamos a perdernos en algún club para disfrutar del fin de semana. ¿Por qué no nos acompañas? Entre más personas seamos mayor será el disfrute.
Presionó un poco la navaja en advertencia a que hiciera mi parte, sentí el filo obligándome a tragar grueso y mirar fijamente a Ino. Estiré mi brazo al frente haciendo alusión de que le indicaría que viniera con nosotros, pero no sería así. Ino no debía involucrarse en esto, y las ideas que cruzaban por mi mente por el cual la querían aumentaban mis ansias de golpearlos.
Haciendo uso de la herramienta que ellos ignoraban, moví mi manos y dedos simplificando una palabra.
«Corre».
Ino permaneció con los ojos fijos en mí, los suyos abriéndose ligeramente debido a la intuición de lo que sucedía. Un momento más de inquietud, dejó caer la mochila al suelo y comenzó a correr rápidamente al lado opuesto.
—¡Mierda! ¡Vayan tras ella! —gritó el que me tenía amenazado a sus dos compañeros.
Ambos asintieron y echaron a correr en dirección a dónde se iba Ino. Sentí cómo me apretaba el hombro con su mano ingiriéndome dolor, me retorcí a la izquierda por impulso, apretando los dientes y tratado de recobrar la compostura.
—Oe, oe ¿qué hiciste para que se largara a correr? —preguntó en un tono casi tranquilo pero teñido de amenaza—. Bueno, no importa. Ellos la traerán y nos iremos todos juntos. ¿No te parece genial? ¡Tendrás una hermosa compañía!
No, por supuesto que no me parece genial que intenten secuestrarme junto con Ino.
Era el momento para librarme, sus compañeros se habían ido y podría asentarle un golpe que lo dejara bastante aturdido para correr tras Ino, no permitiría que le hicieran daño por mi culpa.
—Sigamos, ya nos alcanzaran —expresó obligándome a dar media vuelta con brusquedad.
Cuando iba a retirar el brazo de mi hombro, rápidamente me gire a él tomando la muñeca con la vaina para girarla hacia adentro. Gimió de la impresión y extendió los dedos de sus manos soltando el cuchillo.
Justo en ese momento alzó la pierna en un arco asentándome en las costillas, el impactó provocó que lo soltara y retrocediera hasta chocar con un poste de luz. Traté de tomar aire, pero no me dejó hacerlo, tras recoger la vaina del suelo se acercó rápidamente agitándola a mi dirección.
Desesperado, me giré a tomar la tapa del contenedor de basura que estaba cerca. Se lo azoté en la cabeza con tanta fuerza que logré alejarlo lo suficiente para despistarlo. Di otro paso al frente con la misma intención dándole otro golpe, aturdiéndolo.
Solté la tapa para agarra su mano jalándolo a su espalda hasta que casi tocara la cabeza. Su mano se tensó y soltó el cuchillo por inercia, me apresuré a patearlo para que estuviera fuera de su alcance.
Me dio un codazo en el estómago, gemí y lo solté, guardando las distancias. Inmediatamente vino a mí con la respiración menos acelerada que la mía y una mirada de extraña calma. Por la forma en que se movía entre puñetazos y patadas, esquivando hábilmente, deduje que tenía alguna experiencia en peleas; lo cual le daba cierta ventaja sobre mí.
Un puñetazo me asentó en el costado de mi rostro confundiendo mis sentidos y fue el momento que necesitó para derribarme al suelo. La cabeza mi dio vueltas cuando impactó en el asfalto y me sacó el aire, pero no me di tiempo de sentir el dolor, la adrenalina lo nublaba.
Antes de poder incorporarme, un puñetazo en el costado de mi cabeza me lo impidió. Se colocó encima de mí cargándose de dos puñetazos más aturdiéndome por completo. Logré desviar uno y regresarle el golpe.
Exhale con fuera, la sangre en mi boca me pasmo… Una sensación horrorosa mis sentidos se nublaron un segundo el cual fue perjudicante.
Cuando me di cuenta de mi error, él rápidamente buscó mis costillas con sus dedos, como si supiera exactamente dónde enterrarlos entre la piel y las alzó con fuerza.
Lancé algún tipo de sonido agonizante, tan lamentable para mis oídos. Como pude, le pegué un puñetazo en la manzana de adán, inmediatamente me soltó ahogándose con su saliva y le rematé con otro golpe a la altura de su nariz.
Se escuchó como algo se rompía. Supuse que fue el arco de dicha parte.
Se llevó las manos ahí y gritó desesperado.
—¡Maldito seas bastardo!
La sangre que escurría y el sudor combinado me dificultaron la tarea de enfocarlo bien. Acopiándome de mis instintos, lo empujé con ambas manos y cayó de espaldas al suelo, me levanté como pude, adolorido de mi abdomen. La adrenalina bloqueó la mayor parte de dolor cuando me aproximé a asentarle varias patadas en donde cayeran con toda la fuerza que obtuve.
Una.
Dos.
Tres.
Sin embargo, mi propósito no era dejarlo indispuesto como para que pudiera moverse. Ir por Ino era mi objetivo principal.
Lo miré de reojo, apenas se podía sostener sobre sus rodillas, escupiendo sangre. Inmediatamente desvié la mirada tomando bocanadas de aire. Giré por dónde Ino se marchó tratando de mantener el equilibrio y las nauseas lejos de mi mente.
Cuando comencé a trotar a esa dirección, escuché a mis espaldas otros pasos pesados, y al darme ligeramente la vuelta para contrarrestar cualquier golpe que viniera a mí, el chico fue más rápido para cortar las distancias de una zancada gritando mientras agitaba el cuchillo.
Abrí los ojos cada vez más.
La embistió en dirección a mi estómago, por reflejó me aparté justo a tiempo y evitar ser apuñalado, sin embargo, al apoyar mi pierna hacia atrás le dio entrada a mover el arma, pero pasando el filo a mi costado derecho.
¡Mierda!
Tomé distancias entre trompicones hasta apoyarme en la pared del edificio más cercano. Con la mano a mi costado, apretándola a reflejó. Suponiendo que la adrenalina controlaba el dolor imaginaba que la herida era peor de lo que imaginaba.
El sujeto se mantuvo quieto en el mismo lugar respirando pausadamente, frunció el entrecejo visiblemente enojado. Apretó la empuñadura de la vaina con fuerza.
—Me estás dando más problemas de lo que deberías, ¿cómo puedes esquivarme así? —preguntó, luego se llevó una mano a su rostro y negó con la cabeza, mirándome como si se disculpara de una manera demasiada falsa—. Ah, perdón, se me olvidaba que tu hermano es policía. Es lo bueno de tener familia en ese tipo de ambiente, ¿no?
Con cada palabra que pasaba confirmaba una de mis sospechas: me habían investigado.
Comencé a dar pasos laterales sin perderlo de vista, lo cual no era necesario, él me seguía con la mirada. Estaba perdiendo el tiempo aquí, me preocupaba que Ino fuera atrapada; si eso ocurría la situación se volteaba a desventaja.
Tenía que hacer algo para librármelo de encima. Quería respuestas, pero lo que más importaba ahora era socorrer a Ino.
Al estar con completo silencio con las calles desérticas pude escuchar voces lejanas. Al girar un poco la cabeza, me percaté de que tres siluetas venían corriendo hacia nosotros, logré distinguir la cabellera rubia de Ino y dos de sus compañeros de trabajo.
—Mierda, que inútiles son esos idiotas —espetó el sujeto frente a mí, enojado de que sus planes fueran timados. Luego me lanzó una mirada llena de amenaza mientras se colocaba su capucha, se la sostuve apretando la mandíbula y entrecerrando los ojos—. Ten cuidado, chico. La próxima vez nadie intervendrá.
Tras la advertencia se dirigió rápidamente al sentido contrario, intenté seguirlo pero la dolorosa punzada a mi costado me impidió moverme más de cinco pasos. Me doblegué a reacción y volví a apoyarme en la pared, resbalando poco a poco hasta quedar sentando. Maldita sea, ¿por qué dolía tanto?
Sentía la tibieza de mis dedos contra la herida, apreté los ojos mientras alzaba mi mano temblorosa, la sangre opacaba todo rastro de mi piel. Hasta ahora había olvidado cuan espantosa resultaba ser la visión, una de mis peores pesadillas estaba impregnada en mi mano.
Un color carmesí que representa la desgracia.
Mi mente jugó una mala pasada haciéndome recordar el día en que marcó mi vida al encontrar a Fugaku rodeado de sangre en medio de la cocina. Comencé a respirar entrecortadamente, abrí la boca intentando cerrar los ojos para evitar seguir mirando. Pero mi cuerpo se estaba paralizando.
Todo fue muy confuso. La mano se volvió borrosa, una mancha rojiza dentro de mi cabeza. Mis pulmones exigieron más aire de los normal, y el aliento caliente se expendía.
—¡Sasuke! —La voz intensa de Ino me centró un poco. Apenas moví la cabeza a su dirección.
De igual manera parecía borrosa. Se arrodilló frente a mí tocándome la cara, desesperada, la enfoqué entre parpadeos. Tenía una expresión temerosa y asustada, me preguntaba si me encontraba bien, alguien más me alzaba la camisa para ver mi herida.
Pero lo único que podía pensar era en la sangre impregnada en mi mano. La alcé a mi altura, horrorizado de que aún estuviera frente a mí, ¡quería que desapareciera de mi vista!
—¡Dios! ¡Llamen una ambulancia, está herido! —dijo Ino al borde de la histeria intentando controlar sus nervios.
Cuestión que yo también intentaba.
—No se ve como una apuñalada, fue un rozón profundo que seguramente necesitara puntos —dictaminó Ray dándome una mirada de cierto alivio.
Agradecí de cierta forma la información. Apreté los dientes, tratando de controlar mi respiración a causa de la incomodidad. A medias los enfoqué, me sentía mareado. Junto a Ino estaban Ray y Kenzo.
Ino suspiró aliviada.
—¿Llamaste por una ambulancia?
—Ya vienen en camino —dijo Kenzo mostrando su celular dando alusión que había llamado por ayuda—. Por lo pronto, vayamos al restaurante para más seguridad.
Entre los dos me ayudaron a incorporarme tratando de no ejercer mucha fuerza, Kenzo colocó mi brazo en tornó a su hombro y Ray por el otro lado, Ino venía de frente lanzándome miradas angustiadas.
A cada paso que daba era una tortura, sentía la sangre caliente escurriendo de mi costado, las punzadas de dolor en dónde recibir los golpes y la sensación de la viscosidad de mi mano. Quería lavarlo, me picaba el cuello por la ansiedad.
Aspiré varias veces con la boca recordando la frase: «la sangre se lava». Una y otra vez mientras cerraba los ojos y me dejaba guiar.
Exactamente. La sangre se puede limpiar.
Cuando estuvimos dentro del restaurante, la dueña, Akane, abrió la puerta rápidamente y nos permitió pasar siguiéndonos por detrás. De reojo vi a los otros dos sujetos que perseguían a Ino inmovilizados en el suelo, amarrados con las manos en la espalda; otros dos empleados los vigilaban de cerca a la espera de que llegara la patrulla.
Ray y Kenzo me ayudaron a sentarse en la silla más cercana, terminé apoyándome de la mesa. Se apartaron para darme más espacio a recuperar mi respiración y solamente quedó Ino. No lo porté más y le formulé una palabra con mis labios «agua».
No tenía fuerzas para mover mis manos.
—¿Quieres beber agua? Te traeré un poco y de paso el botiquín. —Al parecer entendió a lo que una persona común pediría.
Tuve que tomarla del brazo con mi mano limpia y hacerla regresar. Aspiré antes de sacar mi mano ensangrentada debajo de la mesa y emplear la lengua de señas lo más rápido que podía y fuera entendible.
—"Agua para lavarme la mano".
Me clavó la mirada por unos segundos y comprendió.
—Intenta no moverte mucho, regreso en un momento.
Al quedarme solo, apoyé la mano limpia sobre la mesa y mi rostro en la palma, tratando de regular mi respiración. Tras pasar lo minutos resentía los golpes que me propino ese imbécil en el estómago, rostro y torso, pero seguramente en unas horas después de dormir el resentimiento en mi cuerpo sería peor. Ya podía imaginármelo.
Mi mano ensangrentada temblaba sobre mi rodilla. Alguien asentó algo sobre la mesa, no tuve fuerzas para alzar la cabeza y tampoco fue necesario para saber que se trataba de Ino. Tomó mi mano manchada entre las suyas y la sumergió en agua tibia. Procedió a tallarlo con cuidado para quitar las manchas de sangre.
Permanecí en la misma posición, cada vez más calmado hasta que sacó mi mano dejándome una toalla limpia para secarme.
—Listo, quedó limpia —dijo serena.
Tras una última bocanada de aire, retiré mi mano de la cara para ver la otra.
Ya no había rastros de sangre, únicamente mi piel limpia. Un suspiro de alivio escapó de mis labios y cerré los ojos. Tras recobrar un poco la compostura, le agradecí en silencio a Ino que sonrió comprensible, inclinada a mí.
—Intentar respirar hondo. Ya regreso, iré a tirar el agua sucia —avisó y se alejó sosteniendo la cubeta con el agua sucia.
Procedí a secar mi mano con la toalla amarrilla que dejó encima y retomar la serenidad que me había sido robada.
Sin embargo, no pude evitar mirar al otro costado dónde los otros dos sujetos seguían amarrados en el suelo y aparentemente inconscientes. Con la gran duda de quién los habían enviado para amenazarme.
El primero en llegar fue la ambulancia que atendió al llamado. Un paramédico se encargó de terminar de limpiarme la herida pues Ino desinfectó la herida de mi ceja y labio.
Ciertamente se trataba de un rasguño profundo que necesitaría cinco puntos para que ayudara a cicatrizar correctamente. Para mi sufrimiento estuve apretando los dientes con todas mis fuerzas mientras la saturaban, a pesar de la anestesia, estaba un poco alterado y nervioso por todo lo sucedido.
La patrulla no tardó en llegar minutos después y con ello varios agentes. Al ser el primer afectado se acercaron inmediatamente a mí para hacerme preguntas. Pero, como era de suponerse, no podían entenderme a menos que alguien les tradujera mis gestos. Ino se apegó a mí en cuanto los vio y comenzó a traducirles a palabras lo que yo contaba.
No sé cómo pude considerar que mi hermano no sería notificado en cuanto supieran mi nombre. Itachi llegó en tiempo récord, prácticamente corrió hasta donde yo estaba, se veía desesperado, un nudo se formó en mi garganta por la angustia que le provoqué.
—Sasuke, ¿te encuentras bien? —No permitió que respondiera cuando se giró al paramédico que me atendió para hacerles preguntas—. ¿Lo apuñalaron?
—Por fortuna solamente fue una rozadura profunda —dijo el paramédico mientras metía las enormes pizas al botiquín. Se dirigió a mí—. Ve al hospital dentro de siete días para que te retiren los puntos, intenta no hacer movimientos bruscos o se abrirá y tardará en sanar.
Asentí atendiendo a las indicaciones. Se alejó de dónde estaba sentado permitiendo que Itachi pudiera acercarse más, me miró intensamente, sus ojos parecían turbios y abrumados. Tuve que hacerle de nuevo una seña.
—"Estoy bien, hermano. No hay de qué preocuparse".
Suspiró profundamente colocando una mano en mi cabeza para revolver mi cabello, el gesto me recordó a cuando éramos niños. No pude evitar sentir un poco de nostalgia y culpabilidad. Mi hermano pasó por preocupación cuando le avisaron sobre el altercado, no quería imaginar cómo se pondría mamá.
—Itachi-san —los agentes le llamaron—. Tenemos que discutir lo sucedido.
—Bien —dijo, y tras darme una palmada en el hombro, se alejó sólo unos cuantos metros de dónde estaba sentado en la ambulancia.
Entrelacé las manos, observando la extraña atmosfera del alboroto. Las patrullas estacionadas en la acerca y luces encendidas, dos policías obligando a los otros dos atacantes a ingresar al automóvil. Más cerca, otro agente hablaba con Ino —que no me di cuenta cuando ya no estuvo a mi lado—, Kenzo y Ray para verificar los hechos.
Apenas una que otra persona curiosa se asomaba por la madrugada. También identifiqué a uno que otro reportero con su cámara, tampoco es que fuera un altercado digno de mencionar en el periódico matutino.
Igual me pareció ver a Iruka, se acercaba rápidamente viniendo del otro extremo de la calle y le concedieron el pasó tras hablar brevemente con un oficial. Esperé a que llegara para alzar la cabeza, no me extrañaba que estuviera aquí.
—¿Te encuentras bien? —preguntó preocupado.
Asentí. Alce un poco la camisa mostrándole la parte de los puntos. Se vio aliviado en cuanto dio por hecho que no fue nada grave.
—Me alegra que no te sucediera algo peor —dijo destilando sinceridad—. Cuando te vi sentado aquí pensé algo peor.
Lo mínimo que podría haberme pasado ese que ese sujeto me enterara el cuchillo. Pero no fue así.
—Mañana no necesitas venir al trabajo, ¿bien? Tomate un descanso, le pediré a Sai que te cubra.
La verdad lo escuché a medias, estaba más concentrado en intentar leer los labios de los detectives e Itachi de su conversación. No quise verme grosero y asentí a su dirección, agradeciéndole con una seña, de las pocas que él conocía de mí.
Se despidió y me dejó de nuevo solo. Está vez me concentré más y atrapé algunas palabras sueltas, al parecer el asalto no fue por al azar, y eso yo lo sabía mejor que nadie. Todavía tenía gravadas en la mente las palabras que me dijo.
Y seguía cuestionándome a que se refería con involucrarme con las personas equivocadas.
Tuve que ir directamente a la jefatura a rendir mi declaración, la escribí en una hoja por protocolo; conocía al agente que me veía con sus penetrantes ojos negros, era el capitán de la unidad de Itachi, Yamato. Aunque mi hermano estuvo detrás de mí mientras lo hacía, secretamente me brindaba cierta tranquilidad, tenía los nervios un poco alterados por lo sucedido, más que nada por mi pequeño colapso.
—Entonces el sujeto dijo que te involucraste con las personas equivocadas —estableció Yamato tras leer lo que escribí. Dejó de lado la hoja y entrelazó las manos sobre la mesa—. Dime, ¿estás involucrado en algo turbio? ¿Una pandilla quizás?
Negué con la cabeza sin caber de tal posibilidad. Yamato siguió mirándome, tratando de saber si le decía la verdad o no. Le sostuve el gesto sin sentirme intimidado, pocas veces lograban ese efecto en mí. Mamá solía decir que tenía una mirada muy pesada que desarrolle tras tantas burlas en la escuela y pocos lograban soportarlo.
Y él era un digno rival en cuanto a miradas pesadas.
—Contando el hecho de que no fue un asalto al azar, sabían de tu discapacidad y de Itachi e incluso cabe la posibilidad que en realidad quisieron secuestrarte —dijo centrándose en leer el papel hablando de sus deducciones—. Si hubieran querido advertirte, contaba con sólo clavarte el cuchillo allí mismo, pero se tomó las molestias de alejarte de la zona.
Le lancé una mirada corta a Itachi que seguía de pie, callado y observando. Después Yamato dejó la cuestión a un lado y pidió en voz alta que dejaran pasar al Perito dibujante. El hombre con barba entró rápidamente y se sentó en la silla libre del costado, cruzando la pierna para apoyar la libreta, sosteniendo hábilmente el lápiz, finalmente alzó la cabeza.
—¿Podrías describirme al sujeto en cuestión? Todo lo que recuerdes.
—Itachi, traduce por favor—dijo Yamato cruzándose de brazos.
Los siguientes minutos fue una clara descripción de lo que recordaba del sujeto a pesar de la oscuridad puede verle el rostro, lo que llevó a cuestionarme del porqué actuaron tan deliberadamente sin ningún tipo de mascara o algo parecido. Sobre todo, recalqué que sus ojos eran de color grises.
El dibujante tardó unos minutos más en hacer correcciones y después de borrar y trazar, giró la libreta a mi dirección mostrándome el resultado final.
—¿Se parecen? —preguntó Itachi.
Miré el dibujo detallado. Claramente no era una réplica exacta, pero se parecía al sujeto. Sobre todo, sus ojos, una de las miradas más penetrantes con las que me he topado. Asentí tras unos segundos y el dibujante se levantó diciendo que lo llevaría a que lo hicieran boletín.
—Gracias por tu cooperación, es una ventaja de que hayas visto y recordado al sujeto en cuestión. Dudo mucho que las cámaras de la zona revelen algo más. —Cerró la carpeta de sus manos y se levantó—. Sería todo de tu parte. Itachi, puedes irte a casa unas horas.
—Sí, Yamato-san.
Me debatí un segundo con la mirada clavada en la mesa, debatiéndome en decirles o no que son los mismos sujetos que perseguían a Kizashi. Lo que sospeché desde un principio, pues no me conocía de frente y tal vez no supiera quién soy. Siendo casualidad o no, tenía esa extraña sensación.
—¿Sasuke? —inquirió Itachi al ver que no me moví de mi lugar.
El que me quedara quieto abrió la intuición de ambos que regresaron sobre sus pasos y Yamato apoyó las manos en la mesa, inclinándose a mí.
—¿Recordaste algo más, chico?
Lo miré tras unos segundos antes de asentir con la cabeza.
—"Ya los había visto antes" —aseguré.
—¿Dónde lo viste? —preguntó apresurado mi hermano.
Yamato nos miró a ambos con una ceja alzada. Le pedí a Itachi dijera en voz alta lo que yo le contara para él, así no tenía que perder más tiempo.
—"Hace dos semanas, o un poco más, mis amigos y yo vimos a Kizashi rondando en la ciudad. Naruto quiso golpearlo, pero lo retuvimos; y nos dimos cuenta de que lo golpearon, su rostro estaba casi irreconocible".
—Kizashi… —murmuró Yamato tras hacerle conocido el nombre.
—Haruno Kizashi. Tiene extendida una orden de restricción a su familia por agredir físicamente a su hija menor, Haruno Sakura —le explicó Itachi torciendo el gesto—. De hecho, Sasuke vino junto a Uzumaki Naruto a declarar hechos de la noche en cuestión y agregaron al expediente el encuentro previo que menciona.
—Lo recuerdo, el caso de violencia intrafamiliar que lleva Mei —Asintió tras recordar—. Y hasta ahora no ha sido localizado ni avistado por la zona… pero ¿qué relación tiene Kizashi con esto?
—"Kizashi estaba huyendo ese día de los tres que me atacaron" —Los miré a ambos—. "El mismo que me golpeó se acercó a nosotros a preguntarnos si teníamos asuntos con Kizashi, pues al parecer lo estaba persiguiendo para cobrarle una deuda".
—¿Deuda? ¿Cómo supones eso?
—"La madre de Naruto, que es prima de la esposa de Kizashi, nos comentó que Kizashi era adicto a los juegos de azar y las apuestas en la universidad y que tampoco le sorprendía que estuviera en malos pasos".
Tras escucharlo de boca de Itachi, él y Yamato se quedaron en silencio un segundo, tratando de unir los hechos. Mi hermano anotaba rápidamente en una libreta de mano y Yamato movía con sutileza la carpeta en sus manos.
—Ese sujeto habló de que te involucraste con las personas equivocadas… ¿Hay una posibilidad que te vinculen con Kizashi?
Negué con la cabeza.
—"No lo conozco en persona. Solamente me relaciono con los demás integrantes de la familia".
Aunque, recordando, aquella vez se dirigió a mí cuando pregunto quién era. Pase a que no nos habíamos visto en persona, tuve la impresión de que me confundió con alguien más…
Justo como Mebuki lo hizo antes cuando casi la arrollaba con el automóvil.
Yamato escuchó a voz de Itachi y siguió frunciendo el entrecejo. Incluso para ellos era una coincidencia de que los mismos chicos estuvieran involucrados. Un prolongado silencio se extendió por la sala, y después de unos minutos, Yamato se levantó soltando un suspiro.
—Bien, creo que es todo. Gracias por la cooperación —dijo descruzando los brazos—. Si recuerdas algo más no dudes en decirle a Itachi.
Asentí con el extraño sabor de boca.
Salimos de la sala. Seguí frotándome un poco las muñecas topándome con las pulseras de cuero. Les di un rápido vistazo y seguí avanzando hasta recepción, pase a ser madrugada, veía a algunos escritorios ocupados por personas inclinados en sus sillas a punto de dormirse.
—Itachi, ¿a dónde crees que vas? —inquirió una mujer joven y pelirroja, inclinada en la computadora con los ojos entrecerrados. Su cabello, a pesar de estar recogido, era una maraña.
—Tengo un asunto que atender, regresaré en unas horas —respondió mi hermano a modo de disculpa.
—¡Pero no vayas a tardar mucho! Tenemos que encontrar a Yamamoto cuanto antes —exclamó un hombre albino que lo miraba desde el otro lado con un gesto de advertencia fingida.
Mi hermano negó con la cabeza mientras sonreía y me guio al otro extremo de los escritorios. Me dio una palmada en el hombro.
—Espérame aquí un momento, iré por tu mochila —me pidió Itachi.
Se alejó, adentrándose a la una de las oficinas. Hundí las manos en los bolsillos de mi pantalón y me encaminé a la hilera de sillas pegadas a la pared contraria para esperar, me dejé caer con pesadez y suspiré, cansado. Todo esto me estaba causando estrés.
Llevé las manos a las sienes, tratando de tranquilizarme. No debía caer en la ansiedad, ya había pasado lo más fuerte. Logré salir casi impune, o mínimamente sin ninguna apuñalada, lo cual era ganancia a que mamá no estuviera detrás de mí preocupada. Lo menos que quería era provocarle angustias.
Saqué mi celular de mi bolsillo, y me incliné apoyando los codos sobre las rodillas. Noté que tenía llamadas perdidas de mamá y un montón de mensajes. Le envíe uno de regreso diciéndole que estaba bien y que íbamos a casa. Sólo así la tranquilicé un poco.
Mis ojos captaron otras conversaciones, primero de Sakura que me preguntaba a que hora iría mañana a su departamento, pues mamá insistió tanto en conocerla que pidió ir hasta allá, no podía más con la curiosidad. Y bueno, ya no la escucharía quejarse de que ella era la única que no la conocía en persona.
Pensé en un momento si decirle o no a Sakura sobre este incidente, tampoco quería preocuparla innecesariamente. Ya tenía sus propias preocupaciones como para que fuera agobiarla con las mías.
—¿La víctima fue el hermano menor de Itachi?
Capté una voz entre todo el relevante silencio. Por inercia alcé la mirada, buscando la procedencia de la voz.
No tardé en encontrarla del otro lado del lugar, frente a la cafetera exprés de café. Dos hombres estaban de espaldas a mí esperando a que la cafetera terminara. No pude verles el rostro, pero si escuchar sus voces.
Apenas había sonido para que las cubriera por completo, con la relativa calma apenas irrumpido por los dedos en un teclado o los leves ronquidos. Incluso regulé mi respiración para intentar escuchar mejor a pesar de estar un poco más cerca.
—Sí, pero el altercado fue descartado como asalto y catalogado como un intento de secuestro —dijo el otro hombre, rubio y agitando la cuchara en la taza.
—¿Secuestro? —Casi escupió con ironía—. Siendo así, seguramente está involucrado en alguna pandilla o debe alguna suma de dinero a personas con las que no debería meterse.
—Eso pensé… Me compadezco de Itachi, debe tenerlas duras con un hermano que rompe en malos pasos. Si de por sí nadie le toma muy en serio por el historial familiar, esto podría afectar su trayectoria.
Apreté los dientes con la ira comenzando a tomar control de mi mente.
¿Cómo se atrevían a hablar de esa manera de Itachi? Me importaba un carajo lo que dijeran de mí, pero de mi hermano jamás. Él se había esforzado día y noche para que sus esfuerzos fueran reconocidos. Y ahora que Shisui lo ascendió de puesto muchas lacras hablan pestes.
—No me sorprende de los hijos de Uchiha Fugaku "uno de los mejores abogados del país" —se burló el otro enfatizando con los dedos al aire. A este punto, escuchar ese nombre me hervía más la sangre—. El hijo mayor siguiendo el lado de la ley estacando en su puesto por años, y el hijo menor involucrándose en algún negocio turbio. Que decepción.
Me levanté de sopetón sin poder soportar más las habladurías y me fui acercando a ellos por detrás para que me lo dijeran a la cara. No fue necesario acercarme más, de pronto Itachi salió de la puerta que estaba justo alado de ellos, cargando mi mochila.
Los dos hombres quedaron pálidos tras reconocerlo. No pudieron nada más que intentar evadir su mirada. Si la mía era potente, la de Itachi era mil veces peor.
—I-Itachi, ¿no te habías marchado? —preguntó uno tragando grueso.
—A eso iba —dijo Itachi con una calma extraña dando unos pasos y deteniéndose un momento para girar de nuevo a ellos—. Si hacen ese tipo de conjeturas para ustedes, hablen un poco más bajo que las paredes tienen oídos —advirtió con la quijada apretada provocando que tragaran grueso.
Después se acercó a mí para tomarme de los hombros y girarme en dirección a la salida. No hubo necesidad de palabras, con una sola mirada me suplicó que no pensara en lo que acababa de escuchar.
Que solamente pensara en cosas positivas.
En cosas que me alejen de los recuerdos de mi infancia con Fugaku.
—No pienses en ello. Ignóralos, no saben lo que dicen.
Pero era muy tarde. Quedó gravado en mi mente. Tanto que no podía evitar repetirme el nombre de mi padre que pocas veces lo había escuchado en boca de otros.
Cuando llegamos a casa mamá bajó corriendo las escaleras con su bata puesta. Con lágrimas en los ojos me obligó a que le mostrara la herida. Me sorprendía que no haya ido directamente a la jefatura por nosotros, pero supuse que fue cosa de Itachi y la convenció de no abandonar la casa hasta que regresáramos.
—Oh, cariño. Estaba tan angustiada por ti —su voz estaba quebrada, se me oprimió el corazón al escucharla—. ¿Estás bien? Por favor, dímelo.
Tocó mi cara con desesperación, tuve que agarrar fuertemente sus manos y apretarlas contra las mías. Asegurándole con la mirada que me encontraba bien. Vi la desesperación en sus ojos por el miedo y temor a que me sucediera algo.
—Está bien, mamá —dijo Itachi colocando unas manos en la nuestras—. Sólo necesitó unos cuantos puntos, fue un rozón escandaloso.
A pesar de las noticias no dejó de tocarme la cara y darme besos en las mejillas, pidiéndome que no volviera a angustiarle de esa manera. Quise prometérselo, una y otra vez con mis propias palabras, pero lo único que hice fue asentir con la cabeza.
Lo menos que quería era preocuparla, aunque fuera inevitable.
Tuvimos que convencerla otro rato más y obligarla a que fuera a descansar, Itachi también lo hizo, había sido un día ajetreado para él.
Cuando entré a mi habitación detuve a Hunter que casi se me lanza encima por la emoción, le di un par de palmadas en la cabeza y se quedó tranquilo, acostado a un lado de la cama.
Lo único que quería era tumbarme en la cama y dormir todo lo que pudiera. Suspiré cuando sentí el colchón debajo de mi cuerpo, relajándome por completo. No hubo necesitad de ponerme los audífonos con alguna melodía arrulladora, con sólo cerrar los ojos fue suficiente.
Estaba demasiado cansado como para pensar.
Abrí los ojos en medio de la noche, la oscuridad se cernía sobre mí. Tallé mis párpados, confundido por la repentina la luz de la luna que se filtraba por la ventana, líneas tenues y frías.
Me senté a cuestas sin dejar de observar por la ventana los copos de nieve que caían lentamente, parecían pequeños átomos arrullándose con el viento. Sonreí emocionado por la perspectiva que mañana podría jugar en la nieve acumulada con Itachi.
Giré la cabeza en dirección a la puerta escuchando ligeros pasos en el pasillo, ¿será mamá? Salí de la cama y abrí con cautela la puerta para echarle un vistazo al pasillo.
Derecha, izquierda. Por las escaleras vi descender la espalda de alguien, me tomó un segundo para reconocer a papá.
¿Qué hacía despierto a esta hora? No podía hablarle para preguntarle, así que cerré la puerta y me apresuré a seguirle con los pies descalzos. Debí ponerme mis pantuflas, el suelo estaba helado.
Con cuidado me tomé del barandal de las escaleras hasta pisar el último escalón. Me apresuré a ir a dónde se escuchaban el tenue ruido cerca de la entrada. Detuve mi andar en el recibidor observando a papá sentado, colocándose rápidamente los zapatos, como si tuviera prisa.
Bastó para que se levantara mientras colgaba la mochila en su hombro y volteara ligeramente, percatándose de mi presencia. Ensanchó sus ojos, sorprendido y quedándose estático en su lugar.
¿A dónde vas papá? Fue lo que quise preguntar, pero sólo lo miré intensamente. Me acerqué para tomarlo de la mano y tratar de transmitirlo con mis ojos.
—Sasuke… —dijo mi nombre como si fuera un lamento.
Apretó mi mano antes de apoyar una rodilla en el suelo para quedar a mi altura. Puso una mano sobre mi cabeza y sonrió a medias, como si le doliera verme. ¿Seguirá enojado conmigo por qué no quería hablar? ¡pero mamá me dijo que él no se enojaría!
—¿Por qué te despertaste? Debes quedarte en la cama, hace mucho frío y te resfriarás —me regañó ligeramente mirando mis pies descalzos.
Negué con la cabeza. Sabía que no debí salirme de la cama en los días fríos, pero no pude evitarlo al escuchar pasos.
Papá agarró sus pantuflas y me hizo ponérmelas, el frío dejó de ser una molestia. Contraje los dedos y alcé la vista para sonreír, pero no llegué a concretarlo al ver sus ojos acumulándose en lágrimas.
¿Por qué lloras, papá?
—Yo… iré a un viaje de negocios, ¿vale? —su voz salió quebrantada, limpiándose el resto de las lágrimas, aspiró tratando de sonreír un poco—. No sé cuándo regresaré. Espero que sea antes que la nieve se derrita para que juguemos juntos.
No me sorprendía sus viajes de negocios, eran muy comunes. Lo que me extrañaba era que no llevara a Itachi con él, mayormente lo acompañaba en vacaciones. Solamente me le quedé mirando, asintiendo tras comprenderlo.
Lo extrañaría, pero solamente sería por unos días. Y cuando regrese ya no estará enojado conmigo por completo.
De nuevo asentí y lo abracé para despedirme, tenía un aroma peculiar a canela. Papá me abrazó con fuerza y cuando me separé de él, me dio un beso en la frente y me miró derramando lágrimas sin parar.
—Perdóname, Sasuke… algún día lo entenderás.
Alborotó mi cabello y se levantó. Su calor se alejó de mí, sentí en ese momento como si una parte de mi se desprendiera de sopetón.
¿Por qué se disculpa? Vi su mirada entristecida llena de dolor al abrir la puerta, el frío se coló congelando mis manos desnudas, y alborotando ligeramente mi cabello. Se detuvo un momento para dirigirme otra mirada, sonriendo en medio de su tristeza.
Algo crujió dentro de mí.
Espera… no te vayas… explícame porque me dijiste eso.
Su espalda se perdió tras cerrar la puerta. Extendí mis manos, intentando alcanzarlo.
Si te vas, ¿cuándo regresarás?
La desesperación me inundó y di unos pasos con las manos extendidas para alcanzarlo. Entonces me percaté que ya no estaba frente a la puerta de la casa, más bien, en medio de mi habitación. Todo parecía sombrío y perturbador; ya no caía la nieve como antes. Sentí mis manos tibias, y, al alzarlas, especté horrorizado la sangre que cubría mi piel.
Abrí la boca, perturbado. Empecé a respirar con fuerza y un nudo se formó mi garganta, impidiendo mi respiración. Mis manos temblorosas frente a mi y la sangre escurría en pequeñas líneas por mis muñecas, sin parar.
Retrocedí a prisas, resbalando ante la superficie resbalosa. Temeroso, bajé la mirada de inmediato descubriendo que estaba descalzo. En el suelo descansaban unas cuerdas de guitarra y a mi alrededor un charco de sangre me atrapaba.
Mis piernas temblaron, no tuve la fuerza suficiente para mantener el equilibrio y caí de rodillas al suelo, sin dejar de mirar mis manos temblorosas; preguntándome qué demonios había hecho, ¿cómo caí por el mismo camino de mi padre al intentar suicidarse?
Cometiendo el mismo error por mi desesperación.
Mi peor pesadilla atormentándome. Se escondieron tras los pajares de los días, agazapados y saliendo en el momento exacto a perturbar la poca paz que había acumulado en medio del desierto de mi pérdida.
Llevé las manos a mi cabeza tratando de calmar la ansiedad y miedo que me inundaba de nuevo al pensar que jamás volvería a ver a mi padre.
No después de tantos años.
Él jamás volvió por mi culpa.
Condené a mamá e Itachi a sufrir conmigo.
Grité con todas mis fuerzas, tratando de llamarlo con mi lamento desesperado. Intentando que mi voz lo alcanzara dónde quiera que estuviera y que volviera a darme una explicación, ¿por qué tuvo que irse así? ¿Fue por mi culpa? ¿Seguirá enojado conmigo? ¡No le importó fragmentar nuestra familia!
Grité con tanta fuerza que sentí mi garganta desgarrarse y mi boca secarse. Llevándome las manos a mis oídos intentando no escuchar mi lamento, expulsando todo lo que me hacía daño. Todo lo que me carcomía el alma, nada importaba ya…
Ya no quería sufrir…
—¡Sasuke, reacciona! ¡Es sólo un sueño! ¡No te hará daño!
Abrí los ojos de sopetón y de pronto ya no me encontraba en ese escenario aterrador.
Todo parecía más sombrío.
Estaba sentado en la cama empapado de sudor y con la respiración agitada. Frente a mí, Itachi apoyaba una rodilla en la cama tomándome de los hombros, y mamá detrás con las manos sobre su boca angustiada.
De nuevo aquí estaban, preocupándose. Sacándome de lo profundo de mis pesadillas que atormentan, que carcomen mi alma. Estaba cansado de lidiar con todo esto después de algunos días que dormí sin muchos problemas.
¿Cuándo fue la última vez que sucedió? En mi lucidez, estime a casi dos semanas que los sueños no eran tan ocurrentes…
Los mismos días que Sakura estaba en la ciudad, mucho más cerca de mí.
Pero ellos no merecían esto. Ni mamá, ni Itachi, Sakura, Naruto o Shikamaru. No tenían por qué preocuparse por mis arranques entre sueños.
Ni yo tampoco.
¿Cómo librarme de esto?
Cubrí mi rostro con las manos, inclinándome para intentar que no vieran las lágrimas que salían de mis ojos y manchaban mis mejillas. Mi pecho subía y bajaba en un llanto silencioso, tan desastroso era que únicamente en mis sueños podía hablar.
¿Por qué no aquí y ahora? ¡Maldita sea! ¿Por qué no pude hablar ese día de que Fugaku se fue y pedirle que me dijera cara a cara que nos abandonaba porque no soportó a un hijo mudo?
Los sueños son mucho más reales de lo que se creía.
Las pesadillas toman el control y se transforman en los peores escenarios.
Las manos de mamá me rodearon, y no pude hacer nada más que aceptar su consolación, me quedé entre sus brazos como el niño que siempre necesitó de ella para calmar los llantos desesperados en media noche. Y mi hermano se quedó a mi lado, tocándome la cabeza con paciencia para hacerme saber que contaba con su apoyo.
Mi familia, que era parte de mí, se encontraba aquí, apoyándome pase el tiempo y la nula capacidad para expresar con palabras lo que siento.
Y la otra persona que deseaba abrazar con todas mis fuerzas se encuentra no muy lejos de aquí, durmiendo plácidamente, ajena a lo me sucedía.
El día tenía cierto silencio tranquilizador. Al mirar por la ventana, el cielo era cubierto por nubles blancas impidiendo que los rayos del sol se filtraran demasiado. Y gracias a ello, el calor apenas era perceptible. Bastó una ducha para refrescarme y sacar de mi cabeza todas las perturbaciones que me atormentaban.
Como supuse, mi cuerpo estaba adolorido y me costaba moverse un poco, pero no era impedimento a que caminara, tampoco estaba invalido. Bajé a la cocina con Hunter pisándome los talones, al llegar abajo, le abrí la puerta trasera y se quedó revoloteando para hacer sus necesidades.
Regresé a la cocina dónde mamá estaba sentada con la laptop encendida, se percató de mi presencia de inmediato y sonrió dulcemente.
Me sentí avergonzado de mi debilidad, no podía mirarla fijamente. Aparté la vista y fui al refrigerados en busca de algo de comida. Antes de abrirlo mamá me habló.
—Buenas tardes, hijo. Hice unos sándwiches, los calentaré para ti —dijo mientras se incorporaba.
Se aproximo al mesón y metió al microondas el plato con los sándwiches. Saqué el jugo y fui por un vaso. Me senté un poco renuente en la otra silla y reprimiendo el resentimiento de mis golpes. Con una buena pastilla para el dolor no lo sentiría mucho.
Entrelacé mis manos sobre la mesa, tratando de alejar los recuerdos de la pesadilla, eran tan nítida que todavía sentía la sensación de la sangre en mis manos.
Las cerré en puño, intentando no pensar mucho al respecto.
Mamá dejó el plato frente a mí y se sentó a mi lado, tomando mis manos mirándome con tristeza. Cuando lo hacía se me formaba un nudo en la garganta y las ganas de levantarme y encerrarme en mi habitación eran intensas.
—Sasuke, no es tienes que cargar con una culpa que no te corresponde. —Alargó su mano para acariciarme el cabello, agaché la mirada de inmediato—. No es tu culpa lo que sucedió con tu padre.
¿Qué no me correspondía? Sonreí con amargura. Cómo no sentir culpa si por mi Fugaku se fue dejando una herida en el corazón de mamá e Itachi. Ellos se vieron afectados por esto. Recordar no me hacía bien.
—"No quiero hablar de esto" —gesticulé sosteniéndole la mirada. Lo menos que deseaba era recordarlo.
Me miró fijamente, tratando de saber si decía la verdad o no. Soltó el aire por la boca y asintió, comprensible.
—Bien, cariño. No hablaremos de esto —concedió levantándose para sentarse de nuevo frente a la computadora—. Cuando estés listo siempre estaré aquí.
Eso lo sabía de antemano. Mamá siempre estaba ahí para mí.
En silencio comí tratando de concentrarme en el sonido de las teclas oprimiéndose. Al cabo de un rato Hunter volvió agitando la cola y sentándose a un lado, pasando la lengua con entusiasmo. Le di la corteza del pan y un pedazo de tomate, al igual que a mí le fascinaba.
Recordé entonces que hace hoy iríamos a casa que mamá conociera a Sakura, pero contando la situación… quizás insista tanto en que me quedara a descansar.
Pero lo último que quiero es permanecer encerrado.
—"¿Ya estás lista para irnos?" —pregunté en cuanto cerró la laptop.
Frunció ligeramente el ceño, levantó la vista del computador.
—¿Te refieres a que conozca a Sakura-chan? Puede ser otro día, debes descansar por el momento.
Negué con la cabeza.
—"Me siento bien y puedo moverme" —Ya antes de que dijera algo más, agregue—. "Y tampoco quiero estar encerrado entre cuatro paredes".
Necesitaba distraerme en cualquier otra cosa.
Necesitaba ver a Sakura.
Mamá entendió perfectamente mi mirada ligeramente desesperada por salir de la casa. Así que sonrió un poco entusiasmada. Se levantó apoyando las manos en la mesa y cerrando la laptop con cuidado.
—Muy bien. Entonces iré por mi bolso.
Tenía los brazos cruzados sobre mi torso en cuanto mamá aparcó el auto en la plaza vacía. Seguía refunfuñando para mis adentros porque no me dejó conducir, de hecho, pocas veces me dejaba cuando iba con ella. Y se debía a que siempre platicaba y yo tenía que contestarle con señas.
Estando al volante era imposible, por lo que se apropiaba de lado del conductor y a mí me lanzaba al copiloto.
—Estoy muy emocionada por conocer a una amiga tuya. Mujer, quiero decir —aclaró en cuanto la miré con una ceja alzada. Exageraba demasiado—. A menos que me digas que eres gay.
Rodé los ojos fastidiado. No era un misterio para mí el rumbo de sus pensamientos. Tampoco es que fuera un asocial que retribuye de cualquier tanto humano, simplemente no me había acercado lo suficiente a las personas a concederles ingresar tanto en mi vida personal.
—Pero ya tuvimos "esa" charla, a menos que hayas cambiado de parecer en los últimos meses…
—"Mamá, no me gustan los hombres, punto" —Le interrumpí—. "Y Sakura sólo es mi amiga. Además, no hace mucho terminó con su novio. Así que no insinúes nada, por favor".
—Uh, ¿en serio? Debe ser muy duro —murmuró mientras retiraba las llaves de su coche—. Las mujeres somos más sensibles en esos temas... Bien, intentaré no emocionarme… demasiado.
—"Gracias" —Rodé los ojos en sarcasmo.
Salimos tras poner los seguros automáticos. Observé el complejo de departamentos frente a nosotros, ya había venido en otras ocasiones a dejar a Sakura, pero hasta ahora sin adentrarme hasta el departamento. Siempre me mantuve fuera el tiempo necesario.
Empujé la puerta de cristal, mamá cruzó primero. La recepción era un vestíbulo acogedor, con paredes blancas y plantas suspendidas, incluso las flores parecían con más vida. Del otro lado de la barra el portero nos saludó amigablemente.
—Sasuke, Mikoto-san. Que alegría verlos de nuevo.
—Aito, ¿cómo sigue su esposa?
Mientras mamá se detenía a saludar correctamente, me dirigí al ascensor y oprimir el botón, mientras esperaba vi mi reflejo en el metal, apenas vislumbrando la herida de mi ceja, la del labio no eran tan notoria. Moví un poco la quijada, ojalá que Sakura pasara de ese detalle.
Las puertas se abrieron, mamá ya estaba a mi lado y ambos entramos, presioné el número cuatro. La música de fondo era una tenue interpretación de rock pesado, lo que provocó que mamá alzara una ceja y mirara las bocinas.
—Interesante elección de música.
A pesar de que era maestra una escuela particular impartiendo clases de piano, violín y vocalización no me sorprendía en lo absoluto su comentario. Además, una vez en secundaria llegué a casa y la sala parecía un concierto de rock con una vocalista que parecía mi madre cuyo micrófono era el palo de la escoba.
Sin duda su rostro engañaba a cualquiera con sus gustos musicales.
Las puertas se abrieron al cuarto piso, justo revelando que alguien esperaba de igual manera el ascensor. Era Karin.
Nos miró sorprendida.
—¡Vaya! Karin, un gusto verte querida —dijo mamá al reconocerla.
La pelirroja sonrió alegre.
—Digo lo mismo, Mikoto-san —aseguró sonriendo. Nos miró a ambos extrañada.
—Vine a conocer a Sakura-chan, ¿estará en casa? —por la mirada anhelante de mamá ella esperaba que sí.
—Eh… sí, de echo me comentó que vendrían, pero más tarde —se encogió de hombros y volvió a sonreír—. Me disculparan, pero tengo un poco de prisa.
—Oh, no te preocupes, ¡espero platicar mejor la próxima vez!
Karin desapareció tras las puertas del ascensor mientras agitaba su mano.
Nos dirigimos a la puerta número siete que abarcaba un solo lado. Vagamente recordé la impresión en los ojos de Sakura cuando vio lo espacioso que era el departamento. Ciertamente no era un común lugar para un soltero, Itachi lo adquirió pensando en el futuro.
Toqué el timbre una sola vez. Mamá tenía la mirada fija a la puerta y poco a poco esbozaba una sonrisa tras escuchar los pasos apresurados.
Después de un segundo, la puerta se abrió revelando la figura de Sakura. Aguanté la respiración al verla, traía una de sus blusas de tirantes delgados y un pantalón de algodón que le gustaban, las pantuflas que traía eran unas que… casi me daba risa de tan sólo verlas. Eran de la dichosa película de "Hércules".
Y, por su puesto, su cabello amarrado en una coleta alta con unos mechones sueltos. Tenía una sonrisa en su rostro cual se quebrantó un momento a una desconcertada al ver mi rostro.
—Tú debes ser Sakura-chan —dijo mamá tomando sus manos sin darle tiempo de seguir viéndome. Parpadeó un par de veces antes de devolver la sonrisa alegre—. Un gusto, querida, soy la mamá de Sasuke.
—Un gusto señora…
—¿Señora? ¡No! Sólo dime Mikoto. Me harás sentir muy vieja, y sabes que a una mujer no le gusta aparentar más que su edad —aseguró lanzándole una mirada cómplice.
Sakura se rio quedamente.
—Tiene razón, Mikoto-san —asintió dándole la razón. Después se hizo a un lado—. Adelante, están en su casa.
Nos dio un par de pantuflas. Dejé mis zapatos a un lado de los de mamá, mientras se acomodaba los suyos, capté la mirada preocupada de Sakura que torpemente gesticuló: "¿Qué te sucedió en el rostro?".
Le sonreí tenuemente intentando no preocuparla.
—"Luego te explicó" —le respondí.
No pareció muy convencida, así que, para despistarla, esbocé una sonrisa de burla mientras miraba sus pies, ella inmediatamente supo la causa de mi reacción al seguir la trayectoria de mi mirada.
—"Por cierto, son muy curiosas tus pantuflas" —gesticulé con una sonrisa.
Sakura mostró un mohín al cruzarse de brazos.
—No te burles. Son aerodinámicas —dijo ofendida mientras partía por el pasillo.
Hasta ese momento me di cuenta de que mamá nos observaba en silencio, en cuanto capté su mirada llena de orgullo. Tuve el impulso de esconderme en un lugar remoto, lo menos que quería era tener a mamá con sus insinuaciones
Cuando llegamos a la sala, mamá miraba alrededor con nostalgia. Se sentó en el sillón más grande y yo en el individual. Sakura permaneció pie sin borrar su sonrisa amigable, incluso su voz era mucho más dulce.
—Mikoto-san, ¿le gustaría beber té? Justamente estaba preparándolo.
Mamá regresó su vista a ella y le palmeó el lado vacío a su lado.
—Primero ven aquí, platiquemos un momento.
Sakura me lanzó una mirada rápida antes de ir con mamá y sentarse a su lado. Mamá agarró sus manos sin dejar de sonreír. Las personas alrededor de mamá siempre se sentían tranquilas con ese gesto, era como un catalizador a la angustia.
—¿Te has adaptado bien a la ciudad? Debe ser complicado para ti cambiar de aires de un día para otro —expresó con genuina preocupación.
Escuché atento a la respuesta de Sakura.
—Es… un poco extraño. No estoy acostumbrada al ambiente. Extrañó mucho estar rodeada del silencio de los lares —dijo, sus ojos parecían un poco tristes. Pero después sonrió de nuevo—. Aunque no es tan malo, los lugares de aquí son fantásticos e interesantes.
—¿Verdad? Es cuestión de ver de otra perspectiva —contribuyó Mikoto con dulzura—. En menos de lo que te imaginas estarás a gusto en la ciudad.
—Lo espero con ansias. No me gusta molestar a mi primo o Sasuke para recogerme en la escuela —me dedicó una mirada apenada.
—No te preocupes cariño, a Sasuke no le molesta en lo absoluto. —Mamá siempre dando en el clavó—. Él no es muy dado a acercarse a las personas, por eso me sorprendió que tuviera unos amigos singulares como Naruto y tú.
—¿Conoció a mi primo? —Sakura parecía sorprendida.
—Sí, un chico encantador y me dijo que era muy hermosa.
Aparté la vista en cuanto ella la dirigió a mí, como si estuviera reclamándome en silencio porque Naruto conoció primero a mamá que ella. En algo tenían que parecerse estas dos mujeres, sus ansías por conocerse la una a la otra parecía mutua.
—Ciertamente usted es una mujer joven, no parece que ya tuvo dos hijos.
—Vaya, así que lo has notado. ¿Escuchaste, Sasuke? —se dirigió a mí feliz—. Dice que soy hermosa. ¿Lo escuchaste?
Entorné los ojos y moví las manos.
—"Soy mudo no sordo".
Mamá me lanzó una mirada afilada, de esas que te hacen callar y temblar por una mala elección de palabras. Inmediatamente desvíe el rostro a otra dirección y me hice el desentendido. La armoniosa risa de Sakura irrumpió el ambiente, lo que bastó para disipar la tensión que cargaba desde la mañana.
Terminé apoyándome contra el respaldo, escuchándolas platicar amenamente. Me gustaba ver la sonrisa de Sakura, tan resplandeciente y llena de energía. No parecía la misma sonrisa de hace dos días, más bien… como si tuviera convicción.
Rememorar esos recuerdos bastaban para desplazar los otros, lo que le hice saber, llenándola de convicción y tratando de borrar la tristeza que opacaba su corazón. Incluso ahora, al ver sus brillantes ojos verdes parecía transportarme a otro universo lejos de aquí, dónde no existía el dolor.
Aspiré, cerrando los ojos y dejando de pensar tonterías. Estaba aquí para distraerme, aunque tal vez fue una elección de doble filo convencer a mamá en venir aquí. Me moví un poco, el dolor era apenas un susurro en mi mente gracias al medicamento.
Me distraje al escuchar una puerta cerrarse por el otro lado del pasillo. Volteé a esa dirección, Mebuki emergió de ahí con una mirada diferente, como si reconociera su entorno y estuviera segura de sí misma.
No parecía la persona distante que vi semanas atrás.
—Oh, madre —Sakura se levantó de su asiento para ir con Mebuki que parecía consciente—. Quiero presentarte a la mamá de Sasuke e Itachi-san. Ha venido a visitarnos.
Mikoto giró en dirección a ellas con una mirada curiosa, pero al pasar unos minutos, su expresión cambió a una de total consternación. Una mirada de reconocimiento suplantaba el semblante.
La misma mirada en Mebuki, que parecía anonadada de verla, separó ligeramente los labios.
—¿Miko…to?
¿Qué demonios?
Sakura y yo observamos, sin comprender demasiado, que Mikoto se incorporaba de su lugar y se acercaba lentamente a Mebuki con las manos cubriendo su boca, como si hubiera visto un fantasma y no lo creyera.
—¿Eres tú, Mebuki? —preguntó a hilo de voz. Luego separó las manos y tomó las de ella. Una sonrisa llena de nostalgia apareció en el rostro de la rubia mientras asentía—. No puede ser cierto. Tú estabas… ¡Oh, Dios!
Mamá soltó sus brazos para abrazarla sin parar de repetir la frase y dando gracias entre susurros. Más sorprendente, Mebuki le devolvió el abrazo con tanta fuerza diciendo que estaba feliz de recordarla al fin.
Era un escenario dónde dos amigas se encontraban después de tantos años sin saber de la otra. Hasta me pareció escuchar y ver a Mebuki comenzar a llorar sin cesar.
Sakura no sabía que hacer, tenías las manos extendidas y parecía aún más confundida que yo. Y no era para menos. Intercambiamos mirada atónitas y pasmadas desde nuestros lugares llegando a la misma conclusión sin necesidad de expresarlo en palabras, los hechos hablaban por sí solos.
Al parecer nuestras madres se conocían.
"POV NORMAL"
Itachi repasaba el informe del caso que les estaba llevando dos semanas en resolver.
Se trataba del homicidio de Yamamoto Masashi, en primera estancia catalogado como suicidio tras ser encontrado colgado a una cuerda en su departamento. Posterior a la autopista realizada en el cuerpo, se dictamino un caso de homicidio tras encontrar la verdadera causa de muerte en una cortada en la yugular.
Lo cual llevó los llevó a dónde vivía la víctima y pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad del edificio; descubrieron que la noche de los hechos Yamamoto fue visitado por dos hombres encapuchados y vestidos de negro.
No forzaron la entrada. Simplemente entraron cuando la puerta se abrió dándoles accesos y salieron media hora después de que lo asesinaran. Evitaron mirar a las cámaras y anduvieron a pie por los callejones. Para ver los videos de los postes de luz tuvieron que recurrir a los otros medios, la desventaja era que la calidad no era precisamente buena.
Se captó un momento en que uno de ellos ladeo el rostro rebelando ligeramente el perfil derecho. Basto para que tomaran la imagen y la enviaran a restauración facial, lo cual estaría en unos días para posteriormente mandarlo a reconocimiento facial y descubrir a su primer sospechoso.
Mientras tanto, investigaron la razón por el cual fue asesinado. Al indagar con la novia de Yamamoto quién lo encontró una hora después de su muerte, descubrieron que ella iba a romper con él ese mismo día porque no soportaba más su adicción a las apuestas; e incluso dos días antes le había robado sus aretes de oro, seguramente para saciar sus necesidades de seguir apostando.
Lo cual llevaron a la suposición de su asesinato: tenía una deuda encima y sus acreedores se lo cobraron con su vida.
El equipo de Delitos Mayores fue en busca de las grabaciones de las cámaras disponibles de dos días antes para revisar el contenido respaldados en USBS y hallar a Yamamoto en el día en que robo el collar en alguna casa de empeño y rastrearlo desde ahí.
Llevaban toda la noche en ello.
Mientras Karui bostezaba por quinta vez en la mañana un teléfono sonó, el de su compañero, Shino, que contestó al primer tono con desgano.
—Habla Shino… ¿Ya está listo? Bien, ya voy —colgó y volteó a sus compañeros que alzaron la cabeza de sus computadores. A pesar de haber dormido sobre el escritorio unas horas, no habían encontrado nada—. Ya restructuraron el reconocimiento facial del sospechoso.
Todos lanzaron un ligero grito de victoria.
—¿Y qué estás esperando? ¡Ve por él! —dijo Tobirama corriéndolo con la mano.
Itachi lo observó irse a prisas, y regresó la vista al computador tratando de mirar las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona. Indicios de dónde se habían escuchado de casas de apuestas a anteriores reportes. Llevaban casi toda la noche tratando de encontrar el rostro de Yamamoto.
Por lo menos él durmió un par de horas en su suave colchón, se compadeció de sus compañeros y escuchó sus quejas con atención, especialmente las de Tobirama y Karui alegando que necesitaba su dichoso sueño rejuvenecedor.
Bostezó mientras veía otra grabación y el flujo de personas andar, al ver la dirección de dónde se encontraba la cámara en la parte superior de la pantalla, su mente dio un brinco al recordar esa dirección en otra parte.
¿Dónde fue? Por supuesto, la declaración que Sasuke y Naruto dieron en cuanto vieron a Kizashi por esa zona. Y que, curiosamente, estaba siendo perseguido para cobrar alguna deuda pendiente. Contando el hecho de que tenía antecedentes de involucrarse con apuestas y póker.
El azabache se inclinó más, moviendo los ojos y vio las diferentes grabaciones de la zona a la hora en promedio. Después de unos minutos de estar con la mirada fija en la pantalla, pareció que no encontraría nada en esa parte dónde la escasa luz de los farones y los carteles daban buena iluminación.
Pero, entonces, observó a Yamamoto emerger de un callejón caminando a prisas, mirando a ambos lados con precaución.
—¡Lo tengo! —exclamó mientras le ponía pausa al video.
—¿Estás hablando en serio? —gritó Karui a su lado moviendo su silla giratoria hasta él.
Inmediatamente Tobirama y Yamato dejaron sus lugares para posicionarse detrás de él y ver el video que Itachi dejó reproducir.
En la pantalla se mostraba a Yamamoto que miraba constantemente a sus lados, y cuando llegó a una tienda de convivencia, se detuvo abruptamente. Casi de inmediato apareció en dirección contraria un hombre que extendía ambos brazos, acercándose a él. Lo rodeó por el hombro en clara señal de que no lo dejaría ir, y comenzó a guiarlo de nuevo al callejón de dónde había salido.
El sujeto se vio todo el tiempo de espaldas.
—¿Dónde queda esto específicamente? —preguntó Yamato apuntando la pantalla con un dedo.
Karui se impulsó del escritorio y regresó a su lugar tecleando la dirección en la computadora.
—Está en el distrito 5, a unos cinco kilómetros al sur de las zonas bajas, entre una tienda de veinticuatro horas y un conjunto de departamentos —indicó tras leer la información.
—¿Hay cámaras que nos muestren el interior del callejón?
Itachi negó con la cabeza después de revisarlo.
—La única más cercana es esta.
Yamato chasqueó la lengua y posteriormente se dedicó a dar órdenes.
—Tobirama, en cuanto regrese Shino ambos irán a este lugar e investigaran que hay dentro de ese callejón.
—Recibido.
—Los demás nos dedicaremos a…
Fue interrumpido por la estrepitosa entrada de Shino, casi cae a causa de toparse con el suministro de café instantáneo.
—¡Oye! Ten más cuidado —exclamó la morena alzando su puño desde su lugar—. Si tiras todo el café te meteré un puñetazo por tu torpeza.
—Lo siento, Karui. Tienen que ver esto —dijo Shino acercándose a todos con más cuidado. Les entregó primero una de las carpetas que tenía—. Aquí está la restructuración facial de uno de los sospechosos.
Yamato agarró la carpeta y la abrió, al principio visualizó la fotografía interesado, pero en cuanto lo visualizó bien, ensanchó un poco más los ojos y acercó un poco más la carpeta. Después se las mostró a los demás.
—Oigan, ¿no es ese uno de los que detuvieron anoche? El que atacó al hermano de Itachi —dijo Karui, sorprendida.
—Efectivamente —contribuyó al azabache sin dejar de mirar la imagen, él mismo había ido hasta la celda para mirarles el rostro—. Eso quiere decir que tenemos retenido a uno de los sospechosos.
—Hay que interrogarlo inmediatamente —dijo Yamato a punto de irse.
—Espere, capitán. Primero debe ver su expediente —le retuvo Shino extendiéndole la otra carpeta a Yamato que regresó sobre sus pasos y abrió la carpeta para leerlo.
A medida que sus ojos bajaban se ensanchaban cada vez más. Los demás se miraron entre sí, intrigados, y no dudaron en rodearlo para saber lo que decía el expediente.
—Demonios, son Yazukas —espetó Tobirama pasándose las manos sobre su cabello—. Aunque no es tan inesperado como las pandillas, no la venía venir.
—Así es —contribuyó Karui alejándose con aires pensativos—. Es inusual la relación que hay contando de que se suponía que la mayoría de las actividades Yazuka habían cesado hace años. ¿No se había marchado el Clan hace años?
—Seguramente son algunos desertados o se unieron a otro Clan. Por la información, pueden tener algún rango de kumi-in, o por lo menos uno de ellos en asesinar a Yamamoto —contestó Itachi sin dejar de mirar el expediente de ambos.
Los tatuajes que rebelaban en parte del cuello y las de la espalda daba indicio a aquello que había escuchado alguna vez, pero parecía una historia más entre el montón. Una historia revuelta que surgió casi una década atrás y un asesinato sin resolver.
—El ciempiés, conocido como el mensajero del Infierno —siguió diciendo Itachi, apretando las manos sobre el informe—. Y sólo un Clan Yazuka es reconocido a que sus miembros porten este tatuaje.
—Los Hyūga —dijo entre dientes Yamato cerrando la carpeta, su rostro parecía una explosión de emociones contraídas.
Primero que nada, wuen lunes (¿
Segundo: PERO QUE ESTÁ PASANDAAAA
Se han destruido, reforzado y aparecido teorías. ¿Cuál de estas les fue dada? Ha caído parte de la bomba hay que digerirlo.
En primera estancia tenemos al Sasuki casi secuestrado por esos matones; y luego su crisis de ansiedad. Así es, le tiene pavor a ver sangre, es parte de su trauma. Entra en un pánico y ansiedad, aunque ahora lo controla moderadamente, cuando era niño se alteraba demasiado la igual que sus sueños. ¿Descubrieron el trasfondo de como Mikoto e Itachi supieron que estaba teniendo una pesadilla y fueron a verlo?
Y con Fugaku hasta ahora sólo lo he mostrado entre recuerdos y pistas de aquí por allá con la incógnita que todavía no se resuelve: ¿por qué los abandonó? ¿En verdad se rindió con Sasuke o tuvo otra razón? Muchas preguntas, pocas respuestas.
Luego tenemos el encuentro entre Mikoto y Mebuki. Así es, ¡se conocen! pero ¿cómo es que Mikoto no tuvo una idea? Recordemos que jamás escuchó el apellido de Sakura, pero al verla tuvo una impresión de reconocimiento, por eso quería tenerla de frente para verla mejor. Y ahora, ¿cómo y dónde se conocieron? ¿Qué relación hay con la trama? Por lo menos ahora sabemos en parte porque Mebuki confundía a Sasuke.
Aunque recordemos que ella lo confundió con un "amigo". ¿Ya se imaginan de quién se trata? *risas*
Y, por último, ES CONFIRMADO que los Hyūga son parte de la Yazuka, pero no coman ansias ya se está viniendo lo shido (¿. Hay muchas pistas sueltas que hasta a mi me explota la cabeza en ponerlas y dejarlas con más y más dudas.
Que comiencen los juegos mentales.
Como dato los kumi-in son como los "soldados rasos" dentro de la organización. Se encargan de cobrar deudas, extorsionar a negocios de barrio o personas e incluso adiestrar a los aprendices. La Yakuza tiene una jerarquía de familia y, aunque sean llamados así, hay escalas de las actividades que realizan.
Y el significado del tatuaje se verá más adelante. Como saben cada detalle es revelador.
Estoy flipando (? Se vienen cosas grandes jajaja
Ya les traje la actualización en tiempo récord, espero que lo hayan disfrutado y que sus mentes no hayan colapsado mucho por tanta información recibida.
Gracias por leer chicas, nos estamos acercando a los 9K, ¡gracias por el apoyo! Y perdonen si vez dedazos, a pesar de que me la paso leyendo y leyendo se me escapaban *llorar*
¡Nos leemos pronto!
Alela-chan fuera.
PD: no olviden seguir cuidándose, toman sus medidas y coman muchas cosas verdes 3
Contestando reviews que FFT no me deja responder por privado.
Diane: ¡Hola! Me alegra tanto que la historia te haya echo reflexionar sobre estos temas de las limitaciones. ¡Ataca con tus teorías! Todas son bien recibidas, ¿con este capítulo acertó una de tus teorías? ¡Saludos!
Lucy: ¡Hola! Pues ahora ya sabes como se escucha por el momento la risa de Sasuke, debido a que por su trauma cree que no puede generar ningún sonido. Tanto Sasuke como Sakura se necesitarán mutuamente en un futuro, y todavía no son conscientes de ello. Incluso yo tengo ganas de abrazar a Sasuki por hacerlo sufrir tanto, y es dónde me preguntó a mi misma: ¿por qué eres así? ¡Si no duele no sirve! Okey, no, pero sí XD ¡Saludos y cuídate también!
