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Voz silenciosa

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Sakura
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El martes, durante el descanso, secretamente agradecí que el clima de hoy fuera húmedo, las nubes se asomaban en el cielo con un aviso anticipado a la llovizna. Cuando salí de casa no imaginé que las próximas horas se convertiría en una torrencial lluvia. Reprimí mi frustración.

Y justamente ayer se me corrió decirle a Naruto que no era necesario que viniera por mí ya que me arriesgaría a ir sola en metro. Suspiré intentando encontrar una solución para evitar terminar empapada de pies a cabeza.

Contactar a Sasuke era mi única opción, pero seguramente estaría atareado con el horario de su trabajo. Esto lo solucionaré con mis propios medios. Mojarme no me mataría, a lo mucho me daría un resfriado.

—¿Qué sucede con ese suspiro? —preguntó Hinata frente a mí mientras enrollaba sus fideos en los palillos.

Habíamos juntado nuestros pupitres y comíamos una frente a la otra. Hinata trajo una especie de sopa especial, una combinación de fideos instantáneos, trozos de carne de res, verduras y un toque de soya. A simple vista parecía una bomba atómica, pero el olor era atrayente.

Abrí la boca dispuesta a explicarle mi pequeño percance, pero Hinata se inclinó ligeramente moviendo las cejas de forma insinuante impidiendo que dijera algo.

—Uhm, cuando alguien suspira es porque está pensando en su pareja, así que seguramente estás pensando en tu novio.

¿Novio?

Por un momento recordé a Neji y me amargó el arroz que masticaba. Lo hubiera escupido si no fuera porque sería asqueroso para Hinata. Entrecerré los ojos a su dirección, seguía mirándome con una sonrisa pícara.

Vaya recordatorio matutino.

—No tengo novio, rompí con él hace semanas —solté sin pensar verdaderamente en mis palabras.

Hinata se quedó estupefacta.

—¿Qu-? —Dejó su bento en la mesa, con los ojos abiertos—. ¿Terminaste con él? Pero si vino por ti el viernes, ¿no es así? —rectificó.

Parpadeé, confundida. ¿Cuándo Neji apareció por aquí?

—Creo que no te estoy siguiendo el hilo... —acepté con ligera sospecha de a quién se refería— ¿De quién estás hablando?

—¿Pues quién más? El que me dijiste que es mudo —dijo enarcando una ceja.

Ah.

A Sasuke.

El pensar su nombre provocó que me atragantara con el pedazo de carne que estaba a punto de tragar, me di unas palmaditas en el pecho sin dejar de mirar a Hinata, sonrió de forma pícara e insinuante.

Recordé cuando se despidió de mí el domingo él... me abrazó, quise justificar su acción al pensar que yo estaba demasiado afectada por hablar de la enfermedad de mamá y pudo ver a través de mí y quiso consolarme con ese gesto.

De nuevo me reconfortaron sus brazos alrededor de mí, como un manto que me protegía de mis propias cargas y calmaba la tristeza momentáneamente, siempre que estuviera a mí lado, sentía que nada me lastimaría de nuevo.

—Sasuke es sólo un amigo —dije tras recuperarme—. Pensé que estábamos hablando de mi exnovio que vive en el pueblo.

—¿Tenías novio? —parecía interesada.

—Como dices tenía. Al venir aquí me alejé de los antiguos lazos que me traían pena y sufrimiento —solté de mala gana, masticando con fuerza el pedazo de carne que recibía la furia que sentía en estos momentos.

A pesar de que seguía doliendo los recuerdos de Neji no experimenté la agonizante tristeza que oprimía mi corazón al principio, tampoco las lágrimas acudían a mis ojos, ya me había convencido noche tras noche que no valía la pena seguir llorando por él. Nada de cabezas inclinadas o lamentos innecesarios, debía seguir adelante. Ya me había lamentado tanto por él de todas las maneras posibles para mi corazón.

Superar su recuerdo con la cabeza bien alta sin dejar que siguiera dañándome.

La furia que corría por mis venas erradicaba parte de mi sufrimiento, la herida en mi pecho apenas comenzaba a cicatrizarse. Tardaría un poco, estoy consciente de ello, pero no me detendría por su recuerdo.

Él no tuvo reparos en lastimarme, al igual que Tenten. No se merecen que tan si quiera los considere en mi mente. Son lo peor para mí.

—No sólo corté lazos con él, también perdí a mi mejor amiga —dije en voz baja con pesar memorando los días en que fuimos unidas.

Tardé me percaté de lo que pronuncié y encorvé los hombros a la defensiva. Rayos, Hinata no tenía por qué saber lo patética que resulté al no darme cuenta a tiempo del engaño de ambos. Hasta un ciego se daría cuenta del trasfondo.

Esperé sus preguntas con la vista clavada en la mesa, tendría varias, lo sé. Inevitablemente las personas tenían curiosidad y son impulsadas por esa emoción.

Pasaron los segundos y nada sucedió. Alcé la vista fijándome que Hinata me veía con una fina sonrisa de comprensión. No había amagos de querer arribarme con preguntas, más bien, de darme el espacio que necesitaba para respirar adecuadamente.

No había engaños.

—Debió ser muy difícil, Sakura. Pero no tienes que hablar de ello si te sientes incómoda —dijo dulcemente—. Cuando estés preparada te escucharé.

Le miré agradecida por su comprensión y que no me presionara en lo absoluto. Al principio tratar con ella fue un poco incómodo pues pensé que podría ser una persona superficial y la poca confianza en mí misma de creer en Hinata como amiga por la traición de Tenten.

No quería involucrarme demasiado.

—Oh, se acabó mi jugo. —Hinata absorbió con fuerza por la pajilla del envase de cartón—. Iré por otro, ¿quieres alguna bebida? Yo invito —me preguntó.

Clavé los ojos a la botella casi vacía de té frío.

—El mismo.

—Me he dado cuenta en estos días que eres adicta a toda clase de tés fríos —refutó tomando su cartera e incorporándose—. Probaré el que bebes a ver que tal.

—Lo escupirás de inmediato —dije segura, anticipando su reacción—, las únicas que hay en la máquina tienen menta.

Su rostro se descompuso en una mueca graciosa de asco. Ella odiaba la menta, decía que era para las personas que no tenían confianza en si mismos de charlar animosamente sin preocuparse por su aliento o lo ridículo que se ve uno al comer un chicle de menta antes de besar a alguien.

No sé porque tuve la sospecha de algún resentimiento oculto con la menta cuando admitió lo último.

—Que asco. —Frunció los labios—. Mejor tomaré mi preciado jugo o se me caerá la lengua.

Me reí de su gesto mientras la veía irse, saludó a Deidara y sus amigos en el pasillo.

Cubrí su bento para que no se enfriara, la calefacción del salón apenas era perceptible, froté las manos y continúe comiendo en silencio, esperando a que Hinata regresara. Miré una vez más mi almuerzo, arroz con carne del estofado que preparé el domingo por la tarde.

Ese día en particular fue impactante con noticia de que Mikoto-san y mi madre se conocían. Cuando se abrazaron parecían dos viejas amigas reencontrándose después de varios años, pero en la mirada de Mikoto-san había algo más, como si mamá se tratase de alguna clase de milagro viviente; y el que platicaran de lo que sea que hayan platicado en su habitación me daba alegría.

Estaba feliz por mi mamá. Cuando le detectaron la psicosis muchas de sus amigas del pueblo dejaron de frecuentarla por temor a no saber lidiar con ella, y con el paso del tiempo nadie la visitaba ganándose una vida solitaria en tal aspecto. Mayormente se debía a que Kizashi la limitaba demasiado, incluso antes de enfermarse.

Saber que tenía a alguien como Mikoto-san como amiga me llenaba de paz, porque ella no rechazó a mamá.


Lamenté con todas mis fuerzas no haber traído un paraguas o mínimo un suéter para cubrirme del torrencial aguacero que caían con tanta precisión y dolor, como si le estuviera reclamando a la tierra su insolencia. Me encogí de hombros al retroceder unos pasos, la ventisca de aire había desviado varias gotas a mi dirección.

Gemí a desesperación, sólo necesitaba que la lluvia cesara un momento para correr hasta la entrada de la estación del metro.

—¿Estás calculando el tiempo exacto para llegar al metro? —preguntó alguien a mi lado.

Di un tremendo respingo del susto, estaba tan absorta en mis pensamientos que no me percaté cuando Deidara se detuvo a mi lado, mirándome con curiosidad. Entrecerré mis ojos ante su sonrisa burlona.

—Perdona, no pensé que fueras sensible a las sorpresas.

—No es muy cortés asustar a una chica, Deidara —objeté recobrando la compostura—. Y sí, pensaba si terminaré completamente empapada.

Deidara negó con la cabeza y miró el cielo con algo de desaliento.

—Lamentablemente está a diez minutos corriendo como desquiciada y terminarás empapada hasta los pies —dijo, enarqué las cejas a su dirección y él sonrió de oreja a oreja encogiéndose de hombros—. Es la experiencia. No es la primera vez que pasa esto, así que tendremos que esperar un poco.

Asentí sin dejar de mirar el estacionamiento, los coches comenzaban a partir bajo la capa de lluvia. Tuvimos que retroceder otros pasos para evitar ser empapados por el paso de estos, nos quedamos en silencio un momento más.

—Como envidio a quienes tiene la comodidad de su auto —susurró sin dejar de ver al frente, luego ladeo la cabeza a mí—. Pero ¿no venían a recogerte en automóvil?

Sonreí con los labios apretados intentando no gritar por la frustración.

—Le dije a mi primo que podría olvidarse de mí hoy, y no quiero molestarlo a que venga a buscarme, seguramente ya hizo otros planes.

—Que mala suerte... ¿Y tu novio?

Estuve a punto de irme de lado por la pregunta. ¿Cuál será la obsesión de hoy al preguntarme por mi novio, cuál claramente no tengo, y aclarar que Sasuke es solamente mi amigo?

Volví a sonreír con más ganas de matarlo con la mirada.

—No es mi novio, es mi amigo.

—Sólo tu amigo —repitió como robot.

—Sí, sólo un amigo —asentí.

—Pero podría convertirse en tu novio.

—Sí, podr- ¿qué? —casi grité al darme cuenta de mis palabras.

Deidara se largó a reír con tanta fuerza, ¡qué desesperación! Abrí la boca ofendida de que se estuviera burlando de mí de aquella manera. ¡Dios! Era tan frustrante este día. Me crucé de brazos y consideré seriamente empujarlo afuera del recibidor para que se empapara por completo.

Fruncí el entrecejo con fuerza al seguir escuchando su risa, y sentí mis mejillas calientes. El pensar en Sasuke y yo... simplemente me parecía lejano e insólito, como un deseo que se instalaba poco a poco en mi corazón, pero sabía que no podía cumplir.

¿O sí?

Agité la cabeza dispersando ese pensamiento.

Además, no podía molestarlo siempre en que viniera por mí, seguía con los puntos en su cadera. Hacerlo esforzarse más no sería comprensivo de mi parte.

—¡Perdón! Es que tu expresión fue tan graciosa —intentó disculparse sin sentirlo realmente, seguía con la mano en la cintura y mirando hacia arriba.

—Deja de burlarte o la próxima vez haré de tu mochila mi paraguas —le reté con la mirada apuntando al exterior.

Rápidamente intentó suprimir su risa, pero fue inevitable.

Y ahí, a punto de quitarle la mochila, un auto rojo se estacionó frente a la acera, se me hizo sospechosamente familiar. La ventanilla del copiloto se bajó y Hinata se inclinó con una expresión de suficiencia.

—¿Qué hacen ahí parados?

—Esperando a que cese la lluvia para irnos a casa —respondió Deidara esquivando mi mirada letal, consideré que debió de agregar: «y molestar a Sakura mientras tanto».

Hinata alzó las cejas y luego se enderezó.

—Vamos, suban. Les daré un aventón hasta sus casas. —No hizo ademanes con las manos.

Mientras subía la ventanilla, Deidara y yo nos miramos.

—Hinata nos presume que tiene un automóvil y nosotros no —dijo como si fuera un hecho, yo asentí estando de acuerdo.

Una vez resguardados de la lluvia, Hinata condujo por las calles de la gran ciudad con total precaución por la lluvia, pensé que su licencia debía tener alguna clausura que le impidiera conducir en días lluviosos contando el hecho que aprobó a la quinta ocasión.

Discretamente me aferré al cinturón de seguridad, estando de copiloto me ponía un poco nerviosa, sobre todo estar en otro automóvil. En ese momento extrañé la silenciosa compañía de Sasuke al igual que la sonrisa resplandeciente de Kiba cuando iba al volante.

La nostalgia me invadió por un momento.

—Por mí no hay problema si me dejas en la estación —aseguró Deidara en la parte de atrás, con las manos detrás de su cabeza, esa pose despreocupada me recordó a Kiba—, iré a otra parte.

—¿No tendrías que estar preparando el boceto del proyecto de Asuma-sensei? —dijo Hinata mirándolo por el retrovisor.

Imité su gesto, observé el reflejo del rubio que se encogía de hombros.

—Lo aplazó dos días más.

—Eso fue el ayer y estamos a martes —comenté con inocencia.

—¡Ya lo sé! Sólo voy a recabar información con respectó a mi investigación —bufó, como si el hecho de que le recordáramos la tarea le fuera desagradable. Después sus ojos tuvieron una chispa de curiosidad y se inclinó entre nosotras—. ¿Qué investigarán ustedes?

Hinata frenó cuidosamente en un semáforo rojo.

—Yo haré una meticulosa investigación del maquillaje más caro del marcado, ¿por qué sus precios elevados? ¿Será que tienen sustancias altamente riesgosas que nos maltratan la piel? —preguntó cuál investigadora profesional, asentando el puño a su palma extendida—. Una incógnita que merece ser resuelto.

—¿Por qué no cuestan un sólo yen? —se burló Deidara. No pude evitar soltar una risita y Hinata soltó un "ja" de indignación—. Que poco significativo, tiene que ser un tema interesante.

—Es interesante para la mayoría de las chicas de preparatoria —objetó muy segura.

—Punto para Hinata —contribuí apuntándola con un dedo. Advertí de la mirada llena de reproche de Deidara. Me encogí de hombros—. ¿Qué? Es absolutamente cierto... Hinata, ya está en verde.

—¿Y tú? —Deidara me miró con curiosidad mientras Hinata hacía avanzar el automóvil— ¿Cuál es tu tema?

Me mordí el labio inferior un poco ansiosa en revelarlo.

—Las limitaciones que tienen las personas que son mudas y sordomudas —dije un poco cohibida.

Tanto Deidara como Hinata me miraron con extrañez.

—Eh... que inesperado, ¿por qué el interés?

Y esto quería evitar el que preguntaran.

—Bueno... mi amigo, Sasuke —recalqué la palabra al ver sus expresiones de sugerencia—. Es mudo, y me parece totalmente injusto que algunas personas desprecien a las personas que tienen una discapacidad; además de los absurdos e insípidos prejuicios que son tontos o lelos.

—¿Tu amigo es mudo? Que interesante. —Vi la genuina sorpresa de Deidara, parecía entusiasmado con algo en particular—. ¿Y sabes eso que le dicen lengua de señas? —preguntó haciendo unos movimientos ridículos con las manos.

Me reí por su evidente estupefacción y dije con cierta satisfacción:

—Sigo mejorando.

—¿Y cómo se dice en lengua de señas: ¿Sasuke es mi amigo, pero no es mi amigo? —preguntó Hinata sin poder contener su risa.

—¡Hinata! —exclamé avergonzada.

Deidara se volvió a interponer entre ambas.

—Sí, sí. O algo cómo: Hinata, ¿cómo fue posible que obtuvieras tu permiso de conducir después de intentarlo cinco veces?

—¿De nuevo con lo mismo? Ya les dije a todos que fue perseverancia, ¡perseverancia! —retó ella intentando asesinarlo con la mirada.

—¡Hinata! Mira al frente o nos vas a estrellar. —Le medio grité tomando su cabeza para centrarla en la calle.

Entre risas y habladurías, Hinata estacionó frente a la estación de metro justo dónde Deidara bajaría primero.

—Gracias por el aventón, Hinata. A pesar de que conduces un poco torpe te doy crédito por haberme traído en una pieza —retribuyó dándole palmaditas en la cabeza.

Ella dio un ligero manotazo en su mano y lo corrió con un gesto de mano.

—Cómo sea, suerte en tu recolección de pruebas.

Me despedí de él con una sonrisa, cerró la puerta de golpe y se precipitó a las escaleras para descender a los andenes. Observé por un momento los paraguas de las personas que caminaban bajo la lluvia, y uno que otro desafortunado corriendo con una carpeta o mochila sobre sus cabezas.

Alguno de ellos pude haber sido yo si no fuera porque no tome mis precauciones.

—¿En dónde vives? A ti sí planeo dejarte en la puerta de tu casa. —Hinata sonrió mientras se incorporaba a la cola de automóviles.

A pesar de que conducía un poco torpe, era muy precavida y calculadora; no como el loco de Kiba que luego se desviaba del camino para asustarme. Reí un poco al recordar ese suceso.

Mientras conducía por las calles de la ciudad, charlamos de cómo era Konoha y los amigos verdaderos que tenía ahí —evité hablar de Tenten y Neji—, por supuesto que mencioné a Kiba muchas veces, por nada del mundo olvidaría a mi mejor amigo.

De hecho, cada fin de semana hacíamos una videollamada para no perder la comunicación. Lo extrañaba tanto, nada es igual sin mi mejor amigo cerca. Me reconfortaba saber que tenía planeado venir una semana durante las vacaciones.

Fue interesante escuchar a Hinata hablar de su familia, tenía una hermana menor que se llamaba Hanabi y entraría a la escuela media este año; su padre era jefe de seguridad de una inmobiliaria y su madre una refinada modista que viajaba a menudo al extranjero. Eran una familia de cuatro que iban de vacaciones a Hawái todos los años en navidad para visitar a los abuelos maternos.

—No me quejo demasiado de mi vida, no tengo mucho ni poco —dijo apretando los labios—, pero quisiera que mamá estuviera más tiempo en casa.

No comenté nada al respecto. Por un momento pensé en como hubiera sido nuestra familia si Kizashi no hubiera sido un completo monstruo con nosotros, que amara a su esposa e hijos como el padre de Hinata con ella y su hermana; y fuera el cariñoso padre que te venden los programas de televisión.

Pero no fue así. Mi supuesto padre salió de lo normal y se encargó de convertir la casa en un tormento. Cada vez estoy más segura de que él fue culpable de la enfermedad mental de mamá, mi rencor se hacía más latente y entraba en conflicto con el poco afecto que albergaba mi corazón a pesar de todo.

Para mi desgracia, era mi padre. ¿Qué se hacía cuando la persona que se supone que debía protegerte era la que te dañó profundamente?

—Imagino que es complicado estar al pendiente de tu hermana en su ausencia —comenté, de cierta manera la comprendía. Aunque no era lo mismo cuidar de tu hermana menor que tu propia madre.

Asintió soltando un suspiro.

—En los últimos años la críe a mi manera, Hanabi lloraba mucho al principio, pero después se acostumbró a no verla a diario. Y mi padre... —Se quedó callada un instante—. No me sorprendería si un día se harta de mamá por su ausencia y le pide el divorcio.

La tristeza se reflejaba en sus palabras y ojos, cuán versátil debía ser ver a tus padres separarse sin circunstancias conflictivas física como los que pasé yo. No era ni por asomo parecido, seguramente el matrimonio de sus padres se basó en mutuo respeto derivado al amor mutuo que se profesaban y se separarían por una razón bastante sencilla como la ausencia del otro.

Suprimí mis pensamientos, no quería comparar mi vida con la de Hinata.

Cada quién soportaba lo que podía.

—¿Y tus padres se divorciaron? —preguntó después de unos segundos—. Habías dicho que te mudaste a la ciudad por el trabajo de tu hermano mayor.

Compuse una mueca sin ánimos de contestar. Pregunta incorrecta.

—Se podría decir —dije un poco evasiva—. Vivo con mi mamá, pero en realidad nos convenía vivir en la ciudad por ella, queda más cerca el hospital.

Perfecto, esto desviaría su atención.

—¿Hospital? ¿Tu madre está enferma? —preguntó realmente preocupada.

Aspiré por la boca, todavía es un poco difícil hablar de las enfermedades de mamá, pero Hinata se merecía sinceridad cuando a sido muy amable conmigo en todos los aspectos. Hasta ahora pensé en no involucrarme mucho, pero algo en la mirada de ella me incitaba a confiar.

Y correr el riesgo de ser traicionada.

Retrocedí un poco a ese pensamiento.

—Tiene Leucemia aguda —solté sin más—. La detectaron hace unos meses.

Ella no dijo nada durante unos segundos, con la vista fija en la carretera mientras daba vuelta al volante, con una mirada seria, respondió:

—Disculpa que te preguntara sobre ello.

—No, descuida. —Negué con la cabeza.

Le indiqué el edificio y se estacionó con mi puerta frente a las puertas automáticas. Me quité el cinturón de seguridad y me giré a ella, lucía avergonzada.

—Gracias por traerme, Hinata —dije.

Asintió retomando su sonrisa.

—Para eso estamos las amigas, ¿qué no?

Amigas.

La única amiga que tuve me dio una apuñalada por la espalda de la peor forma posible.

¿Hinata sería igual? ¿Me traicionaría ante la más mínima oportunidad?

Le sonreí de regreso, sin responder a sus palabras. Sería impropio de mi parte decir alguna imprudencia. Debía pensar cuidadosamente en lo que sería al futuro, ¿acercarme más a ella o pasar en solitario toda la preparatoria?

Me quedé en la entrada del edificio observando el coche partir, hasta que no lo vi doblar en la siguiente esquina me adentré al cálido refugió del edificio.

El llegar a casa sin estar alerta a que mi padre apareciera a regañarme, era un sueño para mí a pesar de las semanas transcurridas; todavía seguía un poco tensa. Hasta me obligué a recordar todos los días de que no volvería a vivir ese infierno que soporte por años, nunca más volvería a esos días de maltrato.

La ciudad era una bocanada de aire freso para mi corazón acribillado.

Mientras me colocaba mis pantuflas favoritas escuché voces en la sala. Sorpresivamente me topé con mis dos hermanos sentados en el sillón más grande y a mamá abrigada con su frazada.

—Bienvenida, Sakura-chan —me dijo mamá en cuanto me vio.

—Mamá, ¿qué hace fuera de cama? Hace un poco de frío. —Me acerqué a ella frunciendo el ceño.

—Estoy bien, estoy bien —aseguró—. Te estábamos esperando, siéntate con tus hermanos.

Fui obediente sentándome alado de Karin, dejándola entre Sasori y yo. Extrañada observé que mis hermanos que parecían intrigados, Sasori se encogió de hombros en cuanto captó mi mirada.

—No nos ha querido decir de que se trata hasta que estuviéramos reunidos los tres juntos —se quejó ligeramente, luego cruzó los brazos sobre su torso. Se había quitado la corbata y desabrochado el chaleco interno de su traje.

—Ya estamos juntos, madre. —Karin se inclinó. Me contagiaron su ansiedad que no pude evitar imitar su gesto—. ¿Qué es eso importante que quiere decirnos?

Por un momento mamá nos observó a los tres, como si estuviera grabando en su mente nuestras expresiones, reteniendo el momento de sus palabras misteriosas. Aspiró fuertemente por la nariz y agachó un poco la cabeza, retomando valor.

Comencé a impacientarme, pero no quería apresurarla. Esperamos por unos minutos hasta que se enderezó de nuevo con una ligera sonrisa sobre sus labios.

—Saben que los amo a los tres más que a nada en este mundo, y daría mi vida por ustedes —dijo con dulzura, alternando la mirada entre los tres, no nos dejó contestar porque siguió hablando—. Son mi motor por el cual seguir de pie a este mundo pase a las enfermedades que tengo. Pero debo confesarles que hubo un momento pensé en rendirme por completo.

El escucharlo de los labios de mamá era aún más duro. Un nudo se formó en mi garganta. Lo sabía, sabía que su sufrimiento le llevó a considerar esa opción, el desaparecer sin más de este mundo para dejar atrás el dolor.

A nadie le gustaba sufrir.

Sentí escozor en mis ojos.

—Madre... —empezó a decir Sasori, pero mamá le hizo una seña para que la dejara continuar.

—Pero eso fue antes de que comenzara a recordar detalladamente con cada día que transcurre.

Y esto se debía, según su psicólogo, el que Kizashi casi me haya matado a golpes aquel día fue un detonante para mamá en salir de su bucle de tiempo y darse cuenta por si misma que estaba viviendo en el pasado. El hecho de que él ya no viviera con nosotros era un estímulo a que el tratamiento sea más efectivo.

—Ahora recuerdo con más claridad. Y cuando me encontré con Mikoto el otro día me hizo entender muchas cosas, me hizo recordar que ustedes todavía me necesitan, mis niños. —A este punto se me humedecieron los ojos—. Y que mi vida todavía tiene significado si están a mi lado. Por eso, he decidió someterme de nuevo a las quimioterapias.

¿Qué dijo?

Jadeé, llevándome las manos a la boca.

—¿L-Lo está diciendo en serio? —preguntó Karin lo que yo no podía formular.

Sasori había abierto su boca.

Y yo bajé las manos.

—Sí. Sé que será difícil y posiblemente yo...

—¡No! —exclamé antes de que completara la frase—. No piense en ello ahora. Lo que importa es que...

Por fin se decidió.

Decidió seguir luchando por su vida contra esa peligrosa enfermedad cancerosa. Había escuchado que pocas personas que padecen de Leucemia aguda difícilmente se curan, pero son tratables si son detectadas a tiempo y pueden vivir muchos años con el tratamiento adecuado.

Pero, por más egoísta que era, apunté a la primera opción cuando pensaba que Dios no podía ser tan desconsiderado como para no permitirnos tener a nuestra madre sana, a que ella no sufra mucho más después de sus tratamientos.

Quería creer que así sería.

Porque, con el cáncer, todo es incierto. Y era mi temor más grande.

—¡Madre, nos alegra escuchar que lucharás con todas tus fuerzas! —gritó Sasori levantándose para abrazarla.

Karin y yo no tardamos en unirnos a ellos en un gran abrazo, riendo por la felicidad que todos experimentábamos en ese momento, en el que mamá dictó que no se dejaría vencer y lucharía por su vida con todas sus fuerzas. Porque quería estar más tiempo a nuestro lado, y nosotros con ella.

—Siempre la apoyaremos, pase lo que pase —le aseguré besando su frente, tan llena de dicha y alivio de que, en los futuros días, mamá no pensaría en rendirse.

Esa noche no podía con mi euforia que tenía que contarle a alguien, y la primera persona que pensé fue en Sasuke.

Dudé un momento si mandarle un mensaje o no ya que seguramente estaría ocupado en el trabajo.

Al abrir su conversación había un mensaje más, lo envió a eso de las seis de la tarde, seguramente no advertí de él porque preparaba la cena.

«¿Llegaste bien a casa? Llovió
fuerte en la tarde.

Sonreí contra la pantalla mientras escribía una respuesta.

Me trajo Hinata en su coche,
así que no me mojé y estoy en
una sola pieza.»

¿Sigues trabajando?»

Uhg, seguramente, todavía eran las diez de la noche y faltaba media hora para su salida. Esperé unos minutos más, pero no contestó. Suspiré un poco desanimada.

Llamaron a la puerta, era Karin que entró mientras se peinaba su larga melena pelirroja.

—¿Qué haces? —preguntó sentándose a mi lado, a veces la extrañaba ya que las dos teníamos habitaciones separadas, pero cuando recordaba sus ronquidos dejaba de lado la nostalgia.

—Intentando contactar a Sasuke, pero creo que sigue trabajando —dije con desaliento dejando el celular de lado y apoyando las manos sobre el colchón.

Karin sonrió de la misma manera que insinuaba algo más, la había visto cuando me llamó acosadora aquella vez que nos encontramos con Sasuke en el hospital. Me entró la vergüenza, ¿por qué últimamente a mi alrededor se empeñaban a insinuar eso?

Pero, en lugar de soltar un comentario al respecto, solamente dijo:

—Espero que no lo asalten de nuevo.

—Sí... me preocupa que le hagan daño.

Nos quedamos unos segundos en silencio, observando la pared de enfrente hasta que ella habló de nuevo.

—¿Cómo te sientes respecto al cambio? ¿Ya hiciste amigos en la escuela?

Una pregunta que hasta ahora mis hermanos no habían hecho para darme mi espacio, de los tres era más difícil en mi caso que estaba acostumbrada al pueblo, ellos no tenían ningún inconveniente, o eso parecía pues ya se habían adaptado a la vida de la ciudad.

Yo todavía iba con mis pasitos de anciana renuente a que le ayuden a cruzar la calle.

—No necesariamente debo hacer amigos para sentirme bien —rebatí evadiendo la pregunta—. Ya tengo a Kiba y Sasuke.

—Sé por qué lo dices —dijo con pesar, como si le doliera el hecho de que no me involucrara mucho con mis compañeros—. Pero ¿sabes? No todas las personas son traicioneras como Tenten o Neji. Hay amigos que serán leales y sinceros que ofrecerán su amistad y algo más porque te aprecian.

—¿Y qué pasa si ya no quiero confiar?

¿Qué sucede cuándo la marca seguía en mi pecho y quemaba? Cuando al estar en un ambiente ameno tenía ganas de alejarme inmediatamente por temor a confiar de nuevo.

Realmente necesitaba saber la respuesta.

—Ahí está el problema: tienes que confiar de que vendrá algo mejor —acertó dándome un abrazo, sin dejar de mirarme comprensible—. No estarás por siempre encerrada en ese caparazón e impedirás que otras personas entren en tu vida. Sin darte cuenta dejarás ir a las personas correctas por no darles la oportunidad.

No dije nada, me quedé mirando un punto al frente.

Karin se fue después de un rato, ni siquiera noté cuando las estrellas parecían llamarme incesantemente o la fría brisa de la ventana semiabierta. La naturaleza que extrañaba en Konoha vino hasta mí llenándome del ánimo que necesitaba mientras consideraba las palabras de mi hermana.

Volver a confiar.

Volver a descubrir una amistad sincera.

Volver a abrir mi corazón a alguien que me amara de verdad.

¿Sería posible encontrarlos?

El tintineó de mi celular me alertó de un mensaje, moví la mano por la cama en busca del celular. Algo en mi pecho se agitó al leer el nombre de Sasuke en la pantalla, había contestado.

«¿La chica que sacó su licencia al quinto
intento?

Me mordí el labio inferior suprimiendo mi risa.

Según ella es cuestión de perseverancia.»

¿Ya estás en casa?»

«Todavía. Pasaré por un café para despertarme.
Conduciré hasta casa.

«Por cierto, ¿recuerdas la gala de beneficencia
del que te hablé?

«Ya me dieron la fecha exacta.
Será este sábado.

¿Este fin de semana? ¡Era muy pronto!

Sin saber porqué me puse nerviosa, llevé el celular a mi pecho y miré el techo por unos segundos. El imaginar cómo sería un evento de esa magnitud, todos con trajes de etiqueta que explotaban la belleza. La música, la subasta que recaudaría millones de yenes...

Personas "elegantes", ¿y yo estaría en medio de eso? ¡Ni siquiera tenía un vestido adecuado! No quería avergonzarlo frente a sus conocidos.

Rasqué mi cien en busca de control. El celular vibro contra mi pecho, lo volví a encender.

«¿Sigues ahí?

«No me digas que te pusiste nerviosa.

Boqueé cual pez fuera del agua. Podía imaginarlo con su sonrisa de medio lado llena de diversión por mi nerviosismo sin sentido.

Hasta yo sé que no tenía sentido sentirme así.

No estoy nerviosa... sólo entré en pánico.»

«No debes entrar en pánico por el ambiente.
Es un evento de caridad, no una fiesta de
alta alcurnia.

¿Se supone que eso debería tranquilizarme?»

«Sí. Supongo.

«Pero, si no quieres ir... entenderé.

Fruncí el ceño al leer el último mensaje. Sin saber porqué me entraron ganas de atravesar mi mano por la pantalla y darle unos golpecitos en la cabeza. Ya le había dicho que iría con él, secretamente esperé con ansias hasta ahora por esa salida.

Puede que no sea una "cita" —ni por asomo— pero sería su acompañante en el tiempo que no estuviera detrás del piano.

La perspectiva fue estupenda. Nunca lo había visto tocar el piano, me emocionó por completo al imaginármelo con traje negro y sentado frente al piano moviendo magistralmente sus dedos sobre las teclas blancas.

No me retractaré de haber aceptado

tu invitación.»

Quiero ir contigo.»

Cuando envié el último mensaje, me di cuenta de que mis mejillas se calentaron sin ninguna razón.


Me levanté con un ánimo que ni yo misma reconocía, me dolían las mejillas de tanto sonreír. Aunque la razón principal era bastante clara: el tener la certeza de que mamá lucharía con todas sus fuerzas me llenaba de esperanzas.

Estaba tan llena de alegría que cuando llegué a la escuela a la mañana siguiente no pude evitar ir hasta dónde Hinata que guardaba sus libros en los casilleros, me planté frente a ella y con una sonrisa le conté al respecto sin obviar ningún detalle.

¿Qué más daba si me equivocaba en aceptar su amistad? Si no arriesgaba nada no ganaría nada.

No dejaría que la sombra de Tenten me persiguiera por siempre, comenzar de nuevo en esta ciudad parecía la mejor opción hasta ahora. Como dije antes, este ambiente era una gran bocanada de aire fresco.

—¡Hay que celebrarlo con dos juguitos! —había exclamado Hinata tras contagiarse de mi alegría.

La jornada escolar transcurrió demasiado rápido, cuando me di cuenta era la hora del descanso. Y mientras compartía mesa con Hinata y Deidara —que se unió con una sonrisa socarrona alegando que necesitaba cambiar de aires—, Itachi me contactó.

—Perdona que te hable a esta hora, Sakura, pero es urgente.

—No te preocupes, Itachi-san, estoy en la hora de descanso —le aseguré agarrando fuertemente el celular contra mi oreja—. ¿Ocurrió algo?

Viniendo de él podría ser algo relacionado con la demanda. Miré de reojo a Hinata, platicaba con Deidara y no parecían atentos a mi conversación. Me alivió un poco eso.

—Es necesario que rindas de nuevo tu declaración, pero está vez para contribuir a favor de tu madre para que el divorcio sea un hecho a causa de la violencia intrafamiliar —explicó.

—¿Divorcio de mis padres? —pregunté en murmullo.

En ese instante Hinata y Deidara giraron a mí. Ella me formuló con los labios: «¿Qué sucede?».

Negué con la cabeza y me levanté de mi asiento, sin decirles nada comencé a caminar hacia el pasillo, no quería que ellos escucharan lo tormentoso que sería el desenlace de mi familia fragmentada.

Sí, al parecer cuando mi madre y Mebuki-san hablaron ese día, ella le pidió que me dijera sobre esto y procediera con la solicitud de divorcio por violencia intrafamiliar. Pero cómo no se ha localizado a Kizashi por ningún lado, si ustedes testifican, el divorció se agilizará, aunque tu padre no esté de acuerdo.

—Mamá no nos comentó eso —dije deteniéndome a mitad del pasillo—. No sabía que lo había hablado con Mikoto-san.

A menos que les haya dicho a mis hermanos mayores y me ocultaran este tiempo. Apreté mi mano libre y fruncí el ceño, ¿por qué no me excluían esta clase de cosas importantes?

—¿No estás de acuerdo? Te escuchas un poco... decaída. Quizás porque tus padres se van a separar. Pero es lo mejor, créeme.

—¿Eh? —Solté considerando que Itachi-san se golpeó la cabeza con la cafetera—. No, me estás malinterpretando. Estoy realmente bien con esto, mi madre no tiene porque seguir atada a una persona como él que no tiene reparos en maltratar a su familia para enaltecer su ego.

O fue la conclusión que llegó la psicóloga que habló conmigo antes de rendir la primera declaración de mi agresión. Que Kizashi buscaban canalizar su hombría mediante los golpes, marcando una línea fija de quién mandaba en ese hogar, una mente muy cerrada al respecto.

No me di cuenta del alcance de mi molestia hasta escuchar un timbraste suspiro del otro lado de la línea.

Perdona si te ofendí, Sakura. —Itachi-san se escuchaba arrepentido, como si hubiera cometido un error—. No era mi intención hacerte recordar algo doloroso.

Diablos.

—Itachi-san... no es necesario una disculpa. Me exalté un momento, pero no es tu culpa, te lo aseguro —dije rápidamente. Él era un hombre muy agradable y no merecía ser objetivo de mi enojo. Nos ayudaba mucho con todo este embrollo—. Y volviendo al tema principal, ten por seguro que iré a testificar, ¿a qué hora debo estar ahí?

Después de que salgas de la escuela. Pero no te preocupes por el transporte, pasaré por ti a la hora de la salida. —Su voz parecía más tranquila—. Nos vemos entonces.

¿Y encima vendría por mí? Quería llorar en ese momento por la amabilidad de Itachi-san, se me dificultaba todavía moverme en el metro.

—Oh, Itachi-san —lo llamé antes de que colgara, escuché su respiración que esperaba paciente—. Muchas gracias por todo lo que haces por mi familia.

—No tienes que agradecer, Sakura. Después de todo, ahora nuestras familias son cercanas.

Cercanas.

¿Tan cercanas que él se toma la molestia en buscar mejores soluciones?

Al colgar miré la pantalla de mi celular, justo en los mensajes. El nombre de Sasuke relucía como un fundillo en medio de la oscuridad, en mi mente así era. ¿Tan cercana soy para él como para preguntarle porque sus ojos se veían solitarios ese día que nos vimos?

Quisiera responder con un sí absoluto.

—¿Segura de que vendrán por ti? —preguntó Hinata en cuanto terminó la jornada escolar. Estábamos en la entrada del estacionamiento y me miraba con intriga—. Podría llevarte yo con mucho gusto.

Asentí. La miré un largo momento esperando que me preguntara porqué iba a la comisaría, pero no dijo nada más. Una vez más le agradecí por el espacio que me brindaba.

—Sí, vendrán a recogerme así que no te preocupes, te enviaré un mensaje.

Habíamos intercambiado números durante el almuerzo, la sonrisa que esbozó cuando se lo pedí hubiera iluminado toda la cafetería, y no exageraba.

—Está bien, te haría compañía, pero me tengo que cocinar para mi hermana —chasqueó la lengua, y luego sonrió—. Bien, envíame mensaje más tarde, ¡no lo olvides! —Me apuntó con el dedo mientras se alejaba.

—Verás en tu buzón mi mensaje —le aseguré entre risas.

Me dirigí a una de las bancas bajo la protección de la sombra de los árboles, sus pequeñas flores amarillas me recordaron a las praderas de Konoha, como quisiera estar rodeada de toda esa naturaleza en este momento.

En cambio, aquí tenía la perfecta vista al cruce entre calles, al frente se extendían varios locales, una heladería que estaba atribulado de estudiantes principalmente; alado un estudio de fotografías y después un pequeño comedor que ofrecía paquetes económicos para los alumnos.

Me concentré en admirar a las personas avanzar sin paraguas como ayer, hoy el día parecía haberse tomado un descanso de sus lágrimas para sonreír con toda la extensión, las nubes eran blancas y no había rastros de una próxima lluvia.

—¿Eres Haruno Sakura?

Bajé la vista, había estado tan absorta en mis pensamientos que no me fijé cuando alguien se detuvo frente a mí. Una cabellera rubia sobresalió y unos ojos aguamarina que me enfocaron con extremada curiosidad, a un lado, un pelirrojo con los ojos del mismo color parecían igual de intrigado.

Al detallarlos rápidamente me percaté de que tenían el mismo uniforme que yo.

—Eh... ¿Sí?

—Perdona que te moleste, pero mi hermano y yo tenemos extrema curiosidad —dijo, su voz revelaba su intriga. Enarqué una ceja sin comprender a lo que se refería—. ¿Tu cabello es natural o teñido?

Ah, con qué era eso.

Resoplé muy suavemente. Este tipo de preguntas eran más común desde que llegué a la escuela. Enderecé mi espalda con toda la serenidad posible.

—Es natural, por supuesto —contesté con toda la paciencia que pude. No tenían la culpa de que los demás hubieran gastado mi tolerancia con las mismas preguntas.

La rubia sonrió de oreja a oreja y se giró a su hermano cuyo rostro se deformó en una mueca de susto.

—¡Ja! Te lo dije, es natural —dijo, y su hermano bufó girando el rostro, indignado—. Dame mi recompensa, perdedor —exigió extendiendo la mano a su dirección.

Lo que se desarrolló frente a mí fue completamente bizarro: el pelirrojo apretó los dientes mientras hurgaba entre los bolsillos de su pantalón y sacaba un billete y un par de monedas, las depósito en la palma extendida de la rubia, totalmente resignado. Ella lo recibió gustosa diciendo algo como: es un placer hacer negocios. Y guardó el dinero en su mochila.

No pude hacer más que observarlos desde ahí, preguntándome por la extraña situación. La rubia, entonces, se giró a mí con una sonrisa. Sin necesitada de decir algo, se sentó a un lado de mí, y su hermano, que lo pensó tras unos segundos, se dejó caer del otro lado con desgano.

Los miré de hito en hito sin comprender.

—Perdona que no nos hayamos presentado primero. Soy Subaku Temari, y él es mi hermano mellizo, Subaku Gaara —apuntó al susodicho que bufó a respuesta, pero movió su mano en saludo—. Estamos en la clase 2-C. Un gusto, por cierto.

Me quedé un momento en silencio, tratando de asimilar lo que sucedía. Estos das personas se acercaron tan repentinamente que no tenía tiempo para procesar su extraña presentación, pero parecían amigables y yo no estaba en posición para rechazar un habla bonita.

Sonreí juntando las manos sobre mis rodillas.

—Creo que decirles mi nombre está demás... ¿y qué fue eso que sucedió hace unos minutos? —En verdad tenía curiosidad.

Temari se inclinó un poco con una mueca divertida.

—El nuevo rumor de la semana trata sobre la envidia que tienen algunas chicas por el color de tu cabello, no dejan de hablar de eso en el baño. ¿Lo habías escuchado?

Alcé un momento los ojos. Por supuesto que estoy al tanto de ello y Hinata no paraba de decir que si escuchaba los rumores de frente no se contendría en decirles unas cuantas cosas.

Antes no me había presentado un problema, pero de pronto llegué a este instituto y comencé a recibir un puñado de miradas con diferentes expresiones, desde la envidia hasta la admiración. Todo era sumamente nuevo para mí, en el pueblo mis amigos ya estaban acostumbrados, todos nos conocíamos entre sí.

Cada vez era más difícil.

Asentí sin muchos ánimos de responder, pero lo hice por educación.

—Por si no lo sabías, también lo comentan en la biblioteca —dije, y Temari rió quedamente.

—Mi hermano y yo hicimos una apuesta, quien perdiera le daría al otro todo el dinero que tuviera en ese momento. Yo aposté a que era natural y él a que era teñido.

Inmediatamente volteé a mi otro lado dónde Gaara nos observaba con aburrimiento. Sus ojos se entrecerraron y se encogió de hombros por el reclamo silencioso de mi expresión.

—¿Qué? En verdad lo pensé. Nadie está realmente cuerdo al teñirse el cabello de un color tan chillón como tuyo —se excusó alzando las manos. Su voz era una mezcla entre grave y grutesca.

—Ya confirmaste que no estoy loca.

—En ese sentido, claro.

Abrí la boca, indignada dispuesta a reclamar, pero Temari me interrumpió primero.

—¡Gaara! Que falta de consideración. Eso no se le dice a una chica.

—Chica o no... —Soltó él alejándose un poco del alcance de su hermana que agarró su mochila y se la aventó.

—¡Hey!

No pude evitar inflar mis cachetes en un intento absurdo para contener mi diversión, y solté una estrepitosa carcajada. Me agarré de mi estómago y dejé que aflorara desde mi garganta, no reía demasiado de esta manera, desinteresada y completamente libre. Mi respiración se entrecortó cuando intenté retomar el aliento y me dejé caer en el respaldo de banco.

—Sakura, tranquila que te vas a ahogar... —me decía Temari, sin saber que hacer. Me vi obligada y apretar los dientes para no seguir riendo y mover mi cabeza. Ella le dirigía una mirada de reproche a su hermano que sonreía de medio lado—. Mira lo que provocas, Gaara, ¿Qué hubiera pasado si se muere en medio de un ataque de risa?

—Valió la pena, por lo menos confirme que está loca.

—¡Si serás...! —espetó Temari dispuesta a lanzarle mi mochila.

Antes de que pudiera hacerlo, mi celular sonó en una llamada entrante, Temari y Gaara se quedaron quietos observando que lo sacaba rápidamente y contestaba sin dudar.

—¿Hola?

Sakura —Era la voz agradable de Itachi-san—, ya estoy estacionado frente a la entrada.

Estiré el cuello para ver al frente, el automóvil que Sasuke compartía con su hermano estaba estacionado ahí.

—Sí, ya te veo. Voy en camino.

Colgué mientras me levantaba agarrando mi mochila y giré a Temari y Gaara que se incorporaban aun discutiendo en susurros quedos.

—Debo irme, me ha encantado en conocerlos —dije sincera.

—Lo mismo digo chica pelirrosa —alegó Temari ofreciéndome una sonrisa amigable—. Nos vemos luego.

Me despedí de Gaara con un movimiento y él agitó un poco su mano por debajo, sin borrar su expresión impasible recién adquirida.

Troté hasta el costado del copiloto, la ventana estaba abierta, vi a Itachi-san que hablaba por celular. Me hizo señas para que subiera y no dudé en hacerlo. Intenté no ser muy ruidosa para no interrumpir con quién sea que estuviera hablando.

En silencio me coloqué el cinturón de seguridad, pero no podía evitar no escuchar lo que decía, así que me hice de oídos sordos.

—No, Izumi. Por su puesto que entiendo... —dijo en murmullo, sin dejar de mirar al frente. Luego se rió por debajo—. Está bien, mi corazón no es tan insensible para no sentirme triste porque mi novia me desplazó a causa de una cirugía inesperada. Sabes que lo entiendo.

Quité una basura imaginaria de mis rodillas. Era incómodo escuchar como destila su amor con su novia, no me malinterpreten, me alegra que por lo menos Itachi-san tenga una persona para amar, seguramente esa joven no lo traicionará como Neji lo hizo conmigo...

—Bien. Te hablo al rato. —Colgó y luego se giró a mí avergonzado—. Disculpa que no te haya saludado al principio, estaba hablando con mi novia.

—No, descuida. —Negué inmediatamente con la cabeza—. Es lindo tener a alguien a quién hablar después de todo.

Al decirlo giré la cabeza, no quería que viera mi expresión lamentable.

—Tú igual tienes con quién hablar —aseguró mientras ponía en marcha el automóvil.

—¿Eh? Si no recuerdas yo...

—No habló de tu ex novio. —Me interrumpió, y luego sonrió ligeramente como si escondiera un secreto—. Ya lo entenderás cuando te des cuenta.

¿Entender que cosa?

A pesar de que sus palabras dieron una y mil vueltas por mi cabeza, no llegué a ninguna conclusión satisfactoria que me diera una respuesta certera. No me quedó más que cruzar los brazos y confiar en que llegaría el momento que me daría cuenta.

—Sasuke me comentó que lo acompañarás a la gala benéfica —comentó después de unos minutos de silencio, me miró de reojo al notar como me encogía un poco de hombros.

—Sí, me invitó hace un mes —dije al aire.

El semáforo estaba en rojo y nos detuvimos frente a una floristería, murmuró algo, pero no alcancé a escucharlo al estar distraída en admirar las flores rebosantes en las macetas y jarrones, tan hermosas y listas para ser vendidas a quienes quisieran expresar algo más que mil palabras.

Aparté de sopetón la vista de las flores hacia mis manos, de reojo noté un sobre blanco medio abierto a un costado de la palanca de velocidades, se veía la mitad de una fotografía, no le encontraba la forma de la imagen.

—Puedes verlos si tienes curiosidad —dijo Itachi-san al notar dónde dirigía mi mirada.

¿Estaría bien mirarlas?

No deseché su oferta y agarré titubeante el sobre blanco, dentro había cuatro fotografías.

Observé atenta la primera, era de un cachorro envuelto en una manta azul salpicada de lodo, se veía tan sucio y sus ojos desamparados me sobrecogieron el corazón. Noté su pelaje similar al de Hunter y deduje al instante de quién se trataba.

—Lo abandonaron dentro de una caja al borde de la banqueta —contó al percatarse de que veía esa foto—. Lo llevé a casa porque pensé que a Sasuke le vendría bien cuidar de un pequeño amigo.

Y se notaba su conexión, esas que dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. Recordé cuando mordió las llanas de la bicicleta, a pesar de que en ese instante no fue gracioso, ahora lo era.

Pasé a la segunda fotografía, era Itachi-san, vestía un elegante traje café y abrazaba por la cintura a una joven esbelta de cabello castaño que portaba estola negra y un sombrero del mismo color, sonreía alegremente. Supuse que fue tomada en alguna graduación.

Itachi-san miró de reojo y comentó que fue tomada en la graduación de Izumi, su novia, hace tres años cuando terminó la universidad como neurocirujana. Una vocación bastante honorable y difícil, a mi parecer.

La tercera foto fue la que me hizo mirarla unos segundos más hasta comprender lo ve veía.

Plasmaba a Mikoto-san mucho más joven que ahora, vistiendo un uniforme colegial de preparatoria, sonriendo alegremente, a su lado, mi madre tenía el mismo gesto que ella haciendo un símbolo de paz hacia la cámara, su cabello rubio largo lo traía recogido en una coleta alta.

Sus ojos parecían llenos de vitalidad y fuerza, no como los de ahora que en ocasiones se apagaban inminentemente por sus pensamientos.

Alcé más la fotografía, estaban frente a una banca con los libros desparramados. La nostalgia me invadió al ver la sonrisa llena de felicidad de mi madre, ¿habrá pensado en ese momento lo que le deparaba el futuro? Seguramente nada de eso le pasó por la cabeza.

—Es lindo ver a mi mamá en esta época —dije sin dejar de mirar las fotografías—. Me sorprende que Mikoto-san tuviera una foto de aquella época.

—Las tenía en una cámara que guardaba recelosamente, hasta ayer me pidió que las revelara todas, pero como la cámara es de cinta, tardarán para revelar las demás —decía mientras giraba el manubrio, observé por la ventanilla, estábamos cerca de la comisaría—. Pero supongo que pondrá estas en la repisa.

—Imagino que le gusta conservar los recuerdos gratos.

—Mi madre cree que poniendo muchos marcos de fotos ahuyentara los malos recuerdos —reveló con una sonrisa resignada—. Así que cada cierto tiempo revela un par de fotos significativas. Ahora tiene un anaquel completo de fotos de nosotros.

—No sé porqué me da la sensación de que quiere espantar muchos recuerdos malos —murmuré, él asintió solemne.

Desvié la mirada para ver la última fotografía.

Era un Sasuke de no más de seis años —calculé su edad al ver el año al fondo de la imagen— en medio de un recital de música vestido con un traje completamente blanco. Sostenía un par de hojas en sus manos y tenía la boca semiabierta, como si estuviera cantando.

Tardé un segundo para comprender que plasmaron el momento dónde él cantaba.

—Fue durante la graduación del preescolar —dijo Itachi-san cuando miró de reojo la fotografía—. Cantaron El Himno a la alegría.

Miré de nuevo la fotografía, consternada.

—Pensé que era mudo de nacimiento.

Él negó con la cabeza, sus ojos parecieron más aprensivos y desdichados.

—No. La mudez de Sasuke es a causa de un trauma. Dejó de hablar desde los ocho años. —La tristeza de su voz era muy palpable—. Sólo habla entre sueños, pero él no lo sabe.

Un nudo se formó en mi garganta.

¿Mudez por traumatismo? Había leído de ello cuando investigué sobre la mudez a consecuencia de vivir un suceso traumático, la persona en cuestión se obliga a cerrar sus cuerdas vocales, e independiente de la situación, a creer que no tenía voz.

De todas las posibilidades que consideré, nunca pensé en esta.

De nuevo dirigí mi atención a la fotografía. Se veía tan feliz de niño, antes de perder su voz.

¿Qué habrá sucedido para que Sasuke haya perdido sus infalibles ganas de querer hablar?

No era un secreto para mí que Sasuke era infeliz en su estado actual, sus ojos lo revelaban por sí solos, parecía un gran lobo solitario que se movía ferozmente por el mundo en busca de un lugar donde encajar, y mientras tanto se resistía de lo que le ofrecía las maravillas de su entorno.

Detrás de su temple aparentemente serio e indiferente se escondía la tristeza de su inverso corazón.

—Desde que sucedió se aisló del mundo y las personas. —Itachi se frotó un poco las sienes con una mano, parecía estresado ahora que lo veía bien—. Fue muy difícil para él convivir durante la primaria y la escuela media, le costaba demasiado relacionarse con sus compañeros. Nunca fue cercano a nadie porque se burlaban de él, por eso constantemente mamá lo cambiaba de escuela.

La opresión de mi pecho fue intensa.

¿Cuántos cuantas personas lo rechazaron sólo porque era diferente?

¿Cuán doloroso fue para él? o más bien, ¿cuán doloroso era ahora?

El ver a las personas interactuar normalmente, la frustración de no poder entablar una conversación normal. Para un niño las amistades lo son todo en la escuela, incluso los juegos infantiles.

Imaginármelo solitario, meciéndose en un columpio viendo a los otros niños reír armoniosamente. Tan solo, a medida que fue creciendo, apartándose cada vez más de todos, encerrándose en su propia burbuja e intento que las burlas no le afectaran. Fue tan duro que tuve que apretar los dientes y tallar mis ojos para impedir que las lágrimas acudieran a mis ojos.

Comprendí porque sus ojos reflejaban recelo cuando me veían en un principio, la renuncia de ante las demás personas, y el mismo temor de permitirme entrar en su vida.

Parecía tan solitario.

Pero ya no sería así.

Yo me encargaría de ello.

—Debió ser muy duro para él —dije por debajo, retomando mi valor y convicción de mis pensamientos—. Pero ahora me tiene a mí, no permitiré que de nuevo se sienta solo nunca más.

La certeza de mi voz sorprendió a Itachi-san e incluso a mí, nunca imaginé que pudiera decirlo con tantas fuerzas.

—Claro, también tiene a Naruto, Shikamaru e Ino... —intenté excusarme, avergonzada.

Él sonrió indulgente, me dio unas palmaditas en la cabeza sin dejar de mirarme agradecido.

—Me alegra que mi hermano tenga unos amigos tan leales y confiables, especialmente tú —aseguró volviendo aprestar su atención al frente—. Cuida de él, por favor.

Otro nudo en la garganta y fue mi perdición pensar en Sasuke.

Me dí cuenta de que sabía muy poco de su situación que lo orillo a no querer hablar.


Pensé en ello dentro de la comisaría mientras tomaba asiendo en un área dónde las sillas estaban apegadas a la pared casi al fondo, de frente había muchos escritorios con sus sillas giratorias vacías, supuse que era la hora del almuerzo por lo que no se encontraban ahí. Itachi-san me pidió que esperara aquí y desapareció por la puerta del fondo.

Del otro extremo de la habitación la máquina de café me llamaba silenciosamente, ¿y quién era yo para decirle que no? Dejé mi mochila en el asiento continuo y avancé hasta la máquina de café, a un lado había varias tazas de diferentes colores, tomé una que era completamente roja con una onomatopeya negra de interrogación. La unidad de Delitos Mayores era muy creativa.

Había un frasco de café, la etiqueta decía que era sabor avellana, nunca lo había probado y me entró más curiosidad, ¿sería dulce esa combinación? Me encogí de hombros, lo mínimo que me podía hacer era estropear mi paladar, por lo menos no eran gomitas picantes.

Observaba a detalle las demás tazas cuando escuché voces a mis espaldas, entraron dos hombres por el pasillo contrario, iban muy apresurados hacia los escritorios de la primera línea, les resté importancia y me concentré en las tazas.

—Itachi me hastía. Está metiendo sus narices dónde no le incumben.

El nombre de Itachi-san capto mí atención, de reojo los observé, uno se había sentado en la silla y veía unos papeles encima del teclado, el otro permanecía de pie con los brazos cruzados, ambos parecían molestos.

—Pobre diablo, antes no sólo eran un contestador de llamas de emergencias. Que altanero se volvió ahora que subió de puesto, cree que puede hacer y deshacer a voluntad sólo porque Shisui y Yamato lo respaldan —decía el que estaba sentado, a mi parecer tenía la cara larga.

Apreté las manos. Hablaban mal de Itachi-san, quise dar la media vuelta y lanzarles la taza que tenía en las manos, pero me contuve. La taza era tan bonita como para estrellarse en el rostro de esos odiosos hombres, y tampoco quería ocasionarle más problemas a Itachi-san.

Ellos no tenían ningún derecho de hablar así de él, no sabían el esfuerzo que tuvo que hacer Itachi-san para ascender por sus propios méritos. Sasuke me contó una vez que debido a ciertos problemas en el trabajo había estado atascado en el mismo puesto por años, batallando día tras día para ser reconocido; y tras mucha convicción y perseverancia recientemente le dieron el ascenso.

Sólo estaban celosos de lo que Itachi-san logró tanto en tan poco tiempo.

Me concentré mejor en verter café en la taza e intentar ignorarlos a pesar de mis ganas de escupirles en el rostro.

—Pero su inmunidad no podrá impedir que investiguen a su hermano pequeño, sigo insistiendo que el intento de secuestro no fue al azar —sentenció el mismo hombre, tenía una cara larga.

—¿Crees que él esté involucrado en negocios turbios?

Volví a apretar los puños. No, Sasuke definitivamente no era esa clase de persona que buscaba problemas con las personas equivocadas, él piensa mucho en Mikoto-san y su hermano, en el sufrimiento que podría ocasionarles.

Pero al parecer ellos no lo creían.

—¿Qué si no? Ese chico está tan loco y depresivo como su padre que los abandonó hace años —escupió con desdén—. Tal vez Fugaku no soportó tener un niño inútil que no puede hablar.

A este punto me purgaba que estuvieran hablando mal de Sasuke, miré la taza rebosante de café y al azar me pregunté que tanto daño le haría a uno si se los lanzo por "accidente" en su entrepierna. Me sorprendió mi repentino enojo a con ellos por sus habladurías que escondían hechos que yo ignoraba hasta ese momento.

Como el abandono del padre de Sasuke..

En todo caso, esos hombres colmaban mi paciencia, no podía quedarme al margen cuando hablaban así de él.

Los miré de reojo, el que estaba de pie se rasco el puente de la nariz y con los ojos cerrados.

—Y ya sabes lo que dicen: de tal palo tal astilla —siguió diciendo el de cara larga. Me di la vuelta con el ceño fruncido a punto de llegar a mi límite—. Leí en el informe que ese chico intentó suicidarse a los diecisiete años de la misma forma que Fugaku: cortándose las muñecas.

Me quedé completamente estática, sin poder reaccionar. Por un segundo no comprendí sus palabras, pasaban en mi mente sin relacionarse entre sí.

Ese chico.

Suicido.

Cortar muñecas.

Sasuke intentó suicidarse al cortarse las venas de las muñecas.

La respiración se trabó en la garganta, con la mente totalmente en blanco comencé a relacionar sus palabras, tuve que agarrar la orilla de la mesa e intentar no aterrorizarme por el significado de la frase.

Todo encajó en ese momento, como si repentinamente me dieran las piezas faltantes de un rompecabezas que construía en mi mente y lo había dejado a medias para ir a mi propio ritmo, pero esto era demasiado por digerir.

Quizás la mudez de Sasuke se derivó tras ver a su padre intentar suicidarse, y el posterior abandono lo rompió por completo, a partir de ahí su vida fue un lienzo negro, inverso en un infinito mar de culpa y desesperación, sin saber como encontrar de nuevo su voz.

Ahora entendía por qué portaba las pulseras alrededor de sus muñecas y las cuidaba recelosamente, recordé aquella vez que intenté tocarlas y pensé que solamente se trataba de un regalo de alguien importante. Cuando en realidad ocultaba las cicatrices de su pasado.

Regresé de mi ensoñación al escucharlos otra vez.

—Que chico suicida, no encontró otra forma menos sangrienta de llamar la atención, es demasiado lamentable y patético que no pueda hablar.

Suficiente.

No soportaría ninguna palabra más de esos idiotas que no tenían ni la menor idea del sufrimiento de Sasuke y hablaban guiados por los celos.

No permitiría que nadie hablara mal de él frente a mí.

—Lo que realmente es patético es que te dediques hablar mal de otros —rugí mientras me acercaba a ellos totalmente decidida a defender a Sasuke—. Son unos idiotas que no merecen ser llamados detectives.

Inmediatamente me planteé frente a ellos, apretando los puños y los dientes, conteniéndome a no lanzarles una patada. Ambos me miraron de una forma extraña y déspota.

—¿Y tú quién demonios eres? —preguntó el cara larga levantándose de su asiento—. No puedes faltarle el respecto a un oficial de la ley.

—Y ustedes no deberían hablar mal a espaldas de los demás. —Apunté, mi sangre hervía de furia—. No tienen ningún derecho.

El que al principio estaba de pie entrecerró los ojos, pero no dijo nada, en cambio, el cara larga encorvó los hombros y sonrió de lado.

—Creo que ya entiendo... conoces al chico suicida del que hablábamos.

La palma de mi mano picó.

—Ese chico tiene un nombre como tú y yo, y es Sasuke. Y no tienes ni la más mínima idea de lo que le llevó a considerar que esa vía era la única salida. Es realmente intolerante que digan que se cortó las muñecas para llamar la atención.

—Pues es la verdad —dijo él inclinándose, seguía en su postura altanera—. ¿Qué otra cosa quería conseguir?

—Cada quién lidia con lo que le toca como puede.

Sin darme cuenta mi voz era más alta, casi un grito, pero estaba realmente molesta e indignada de su ignorancia, ellos no tenían ni idea de lo que era sentirse acorralado por el peso de la situación y buscar, aunque sea una vía de escape enteramente errónea, una forma de aliviar el dolor.

Cuando uno está severamente lastimado de muchas formas posibles, las cosas que haces son las que crees "correctas" en ocasiones no lo eran.

—Y ultimadamente no sabes nada de su situación para juzgarlo deliberadamente —dije enojada.

—Sé lo suficiente.

—¡Sabes lo que dice un maldito informe! —grité acercándome más a la mesa—. ¡No tienes ni idea de su sufrimiento, así que no tienes ningún derecho de hablar así de él!

—Mira niña, si vuelves a gritarme te encerraré —advirtió rodeando la mesa.

—¡Hazlo! Así podré escupirte en los zapatos cada vez que te vea pasar —gruñí encarándolo.

A este punto no me importaba nada, ni ocasionarme más problemas o agredir a un oficial de la ley, simplemente no podía quedarme de brazos cruzados al escuchar cómo juzgaban a Sasuke sin conocerlo realmente, creyendo que conocían todo el mar, pero en realidad solamente sabían una gota de tal inmensidad.

Una realidad dura en la que te daban bruces sin advertencia alguna.

El cara larga estiró su mano para tomarme de la muñeca, pero no llegó a tocarme ya que alguien por detrás de mí le dio un manotazo impidiendo que lo hiciera, su semblante se endureció de repente.

Abrí más los ojos cuando identifiqué la pulsera que rodeaba la muñeca de dicha mano.

Era Sasuke.

Inmediatamente giré a él, tenía una expresión dura en su rostro, cuando no portaba su gorra incluso parecía más intimidante. Veía a los dos oficiales que compusieron una expresión entre enojo y frustración.

¿Cuánto habrá escuchado de nuestra disputa? Por la expresión de su rostro quizás todo.

—¿Qué demonios...? —dijo uno de los oficiales.

Sasuke apartó bruscamente la mirada. Tomó mi brazo y me jaló hacia el pasillo, alejándome de ellos.

Estuve mirando su espalda ancha mientras caminábamos a prisas, sus pasos eran más largos que los míos y me hubiera arrastrado si fuese porqué aceleré mis pasos para ir a su ritmo, pero me di cuenta lo que hacía cuando me sacó de la comisaría casi arrastras.

—Espera, Sasuke. Tengo que volver y escupirle en el rostro —dije intentando que se detuviera con mis palabras.

Pero no lo hizo, seguía jalándome del brazo tan fuerte que comenzaba a dolerme. Miré la mano que me sujetaba, rodeada de la pulsera que ocultaba una cicatriz permanente de su pasado que afectaba su presente, y posiblemente su futuro si no controlaba sus emociones a tiempo.

—Está bien, no regresaré a ponerlo en su lugar—aseguré a medias esperando convencerlo—, pero detente ya.

De nuevo me ignoró olímpicamente, me llevaba a la zona verde del costado del estacionamiento.

—Suéltame, me duele el brazo —me quejé cuando no pude seguir su ritmo.

Inmediatamente se detuvo, extendió los dedos dejándome libre de su agarre. Me froté el brazo la muñeca y la moví ligeramente, no me preocupaba realmente el ardor. Alcé la vista a Sasuke que estaba a espaldas de mí con los hombros tensos y una postura rígida, las manos a sus costados estáticas.

La urgencia de verlo de frente y tener la certeza de que no había escuchado todo lo que esos hombres destilaron en su contra fue tan grande. Esos malditos hablaban deliberadamente su vida sin ningún tanto. Como si ellos fueran Dios para decir qué era lo correcto o no.

De burlarse de la debilidad de la debilidad de los demás.

Me planteé un segundo, con un nudo en mi garganta, lo que sería mi presente si Sasuke hubiera muerto ese día que intentó quitarse la vida. Lo gris y desamparada que sería mi vida sin tenerlo a mi lado, me había brindado tanto apoyo y protección que no podía imaginar un mundo donde él no existiera.

Simplemente era una blasfemia el pensar que jamás lo hubiera conocido. Ni sentir su presencia silenciosa que reconfortaba mis malos días, de sus miradas cargadas de tanto cariño hacia mí, de sus bromas que, aunque me azoraban al principio, terminaba de reírme con él; o su sonrisa encantadora que me robaba el aliento.

Un mundo sin él... era insoportable de imaginar.

En ese mismo instante, admirando su espalda y sabiendo los tormentos que pasaban por su cabeza, de los fantasmas que lo atormentaban, me di cuenta de lo importante que era Sasuke en mi vida desde el instante que nuestras miradas se cruzaron cuando nuestros corazones pasaban turbulencias y creíamos que nadie nos entendería.

Que no había una persona en este mundo capaz de soportarnos.

Con el gran impacto de mi interior, me moví a la derecha para estar de frente, pero Sasuke ladeó el rostro a otra dirección para que no lo viera. Eso provocó una punzada de rechazo mi pecho. Me detuve ahí mismo. ¿Por qué se ocultaba de mí?

—Sasuke... mírame, por favor.

Negó con la cabeza, se encogía de hombros cada vez más, al igual que mi corazón por su rechazo. Apreté las manos a los costados de mi falda, intentando controlar las lágrimas que se acumulaban en mis ojos.

Lo sentía cada vez alejarse más de mí, y no lo permitiría, no está vez.

—Yo no te juzgaré por lo que hiciste en el pasado, no tengo ningún derecho de hacerlo —dije, mi voz salió débil. No me hizo caso. Me acerqué a él, aferrándome a su espalda intentando absorber todo su dolor, lo podía sentir arder en mi propia piel. Mi garganta se cerraba a cada palabra pronunciada—. Así que mírame, por favor...

Esperé a su respuesta apoyando mi frente en su espalda conteniendo mi propio lamento. Se alejó de mí lo suficiente para girarse. Su mandíbula apretada y sus ojos atormentados revelaban su agonía, la sensación fue similar a como si me dieran una patada en el estómago.

Percibí el tormento que transmitían sus ojos en esos momentos, jamás lo había visto tan vulnerable y roto por fuera. Con los labios temblorosos y respiración entrecortada. Lo miré por un momento, me picaban las manos y la garganta, quería tocarle el rostro y decirle tantas cosas.

Tomó una profunda bocanada de airé antes de comenzar a gesticular a prisas.

—"Dime cómo no voy a tener vergüenza de mí vida. Soy tan patético como dicen esos hombres, mi voz se fue desde que era un niño y por eso mi padre nos abandonó, no soportó a un hijo inútil que no serviría para nada, no reuní los méritos necesarios para retenerlo. E intenté llamarlo a gritos para exigirle una explicación, ¿y sabes que salió de mi boca? Absolutamente nada, estoy seco en vida".

A cada palabra que gesticulaba derramé mis propias lágrimas, eran tanta la culpa que él acumulaba, y lo peor era que no podía decirlo con su propia voz. Su rostro reflejaba el desosiego de su interior.

"Y encima de todo cuando pensé que la única opción sería quitarme la vida todo fue un completo caos... me arrepiento cada maldito segundo por hacer sufrir innecesariamente a mi madre e Itachi, ellos no merecían más angustias. Ellos no... cuando por mi culpa... todo es mi culpa porqué soy un maldito desastre".

Llevó las manos a su rostro, intentando ocultar la resientes lágrimas que se acumulaban en sus ojos negros que no merecían cargar con más dolencias. De un cuerpo fatigado que no aguantaba más cargas, la del abandono de su padre y las consecuencias de lo que desencadenó su intento de suicidio.

Entreabrí mi boca, intentando comprender el dolor que reflejaba Sasuke frente a mí. De lo desprotegido que se encontraba en ese momento al ocultarse tras sus manos para que no nadie lo viera. Llorando de una forma tan silenciosa dónde no se escuchaba ni siquiera su respiración, no se movía ningún centímetro.

Se me encogió el corazón al presenciarlo así, al sentir los tormentos y la intranquilidad de su alma ensangrentada, tan cansado de sí mismo. Él no merecía sufrir.

Me acerqué a él sin titubear, posando mis manos en sus mejillas, no retiró las suyas, en cambio, las apretó más a su rostro.

Su respiración comenzó a acelerarse cada vez más, con la boca entreabierta y su cuerpo comenzando a temblar. Me tomó unos segundos para comprender que experimentaba un ataque de ansiedad.

—Sasuke, respira profundo. Estoy aquí contigo —le pedí intentando que mi voz no saliera quebrantada, e intenté abrir más mi corazón para decirle lo que pensaba.

De intentar disipar momentáneamente su dolor y se apoyara en mí.

Que no se sobrecogiera y pensara que estaba solo.

Yo estoy aquí para para él, así como él estuvo para mí en los momentos difíciles, pero no sabía que decir exactamente y hacérselo saber sin que creyera que era impulsada por la lástima o compromiso.

—No tienes porque avergonzarte de los actos que cometiste en desesperación, cuando buscamos salidas para aliviar nuestro dolor cometemos locura —susurré. Me escuchó, sé que lo hizo porque su respiración se ausento por un momento—. No tienes la culpa de que tu padre se haya ido, y tampoco no condenaste a tu familia al sufrimiento. Solamente lidiaste con lo que te tocó vivir.

Me detuve un momento a retomar el aliento, acaricié el cabello que caía en la frente, sus dedos temblaban debajo de los míos.

—Todos somos imperfectos. Nadie está exento de cometer errores, es lo que nos hace humanos. —Sasuke abandonó la tensión de sus hombros, detuve la caricia de su cabello—. Debe ser muy duro para ti soportar esta carga, pero no tienes porqué sufrir y culparte por ello, no fue tu culpa —repetí en voz baja.

No, no fue su culpa que tanto a él como a mí nos hayan tocado progenitores que nos hirieron de formas diferentes, pero al final dejaron cicatrices emocionales en nuestras mentes y corazones que tardarían en sanar.

—Y aunque en este momento nada esté bien, todo mejorará pronto.

Quería creer... que, así como yo sentí alivio y la protección que me brindaba él cuando me abrazaba, sería lo mismo cuando yo lo hiciera. Hacerle saber que jamás daría marcha atrás y que no era lástima lo que me impulsaba a querer cubrir sus ojos para que no viera lo desastroso que es el mundo a nuestro alrededor.

—No estás solo, yo estoy aquí para ti —le prometí, apoyando mi frente con la suya controlando mis propios sollozos—, eres muy importante para mí.

Me abrumaba mis propios sentimientos sin nombre. Solamente sabía que mi corazón se oprimía al verlo sufrir y la desesperación me inundaba al no saber que hacer para aliviar sus penas.

Dio una profunda bocanada de aire y separó sus manos lentamente. Me miró por unos segundos, y tomó una de mis manos, su palma húmeda me recibió. Entrelacé mis dedos con los suyos, intentando transmitirle un poco de paz. Mi corazón se oprimía al verlo desprotegido y alicaído, envuelto en la penumbra de su caparazón de suplicio, cuya esperanza ausente hacía eco en sus ojos desesperados por hallar un haz de luz.

Un niño en medio de una noche sin estrellas buscando el cuerpo de un hombre que se apresuró a partir pasos agigantados.

Se acercó más y hundió su rostro en mi hombro, el agarre de nuestras manos no se deshizo, en cambio la apreté más esperando que mi voz fuera alcanzada hasta su corazón. Mi mano libre voló hasta su cabello y lo acaricié dulcemente, intenté no moverme, temí que cualquier indicio lo hiciera correr lejos de mí.

Sus lágrimas traspasaron a mi piel y su brazo me apresó por la cintura, apoyándose más en mí, aferrando a mi blusa en la zona de mi espalda, intentando decir las palabras con una voz que llevaba mucho tiempo ausente y que buscaba salir a toda costa.

Miré al cielo llorando al igual que él mientras lo abrazaba con fervor, abrazando por completo su tristeza y envolviendo su dolor, levantando una súplica muda.

Por favor...

Por favor... que alguien encuentre su voz silenciosa desesperada a ser escuchada.


-Les deja pañuelos por aquí-

Este, sin duda, es uno de los capítulos que me costó demasiado por escribir, fuera de que Sakura por fin descubre porqué Sasuke es mudo y el nacimiento de sus sentimientos, quería darle un enfoque a este tema, porque el suicidio y la depresión no es un juego ni tampoco un intento de "llamar la atención".

Era algo que necesitaba plasmar, porque en verdad es muy duro.

Con respecto al capítulo, decidí hacerlo desde perspectiva de Sakura para mayor impacto, ya conocemos mejor a Sasuke conforme a sus pensamientos respecto a ella y su propia situación, pero no del todo con ella, con esto se puede ver lo que siente por él no es un simple sentimiento de cariño que le tienes a un amigo, al principio sí, pero se fue transformando.

Y bueno, creo que eso es todo por el momento (?

Las canciones Carry You - Ruelle Traumas - NF son las que me inspiraron conforme al sentir de Sakura y Sasuke respectivamente, me inspiran tanto para sus perspectivas, siento que dicen lo que sienten desde el interior.

Espero no desaparecer por mucho tiempo, pero si es así de antemano pido que sean pacientes, este fic seguirá su curso sí o sí.

¡Muchas gracias por leer! No olvides dejar tu estrellita y decirme que te pareció (bueno, malo -iora-) todo es bien recibido.

Nos leemos pronto.

¡Alela-chan fuera!