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Sueño (no) eterno

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Sasuke

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«Eres importante para mí».

Sé que las palabras se las lleva el viento y que en ocasiones tienen diferentes significados. Pero, a pesar de que intenté en ese momento controlar con todas mis fuerzas mi propio llanto, no tuve éxito. Lo único que pensé fue lo reconfortante provocó esa frase en mi interior y que era completamente cierto.

Una frase proveniente de sus labios bastó para que me deshiciera en sus brazos, las murallas invisibles que puse al darme cuenta de lo que experimentaba cada vez que estoy cerca de ella, esas murallas que impedían sentir algo más que cariño; se derrumbaron con tan sólo una frase.

Dicho por Sakura, y sus ojos tan esperanzados a que yo lo creyera. Tan desesperados a que lo concibiera. A que no intentara rebuscar que clase de importancia era.

No, nada de eso.

Simplemente saber que le importaba a alguien más además de mi familia —que me aceptó tras quedarme mudo—, que en verdad llegué a la mente de alguien, sea de la forma que sea, no tenía relevancia. Lo que me dejó anonado fue el hecho que soy importante alguien.

Para Sakura.

Aún no lo creía del todo, pero…

—No debes subestimar tu propia esencia —dijo Kakashi, con las manos juntas sobre el escritorio.

—"Sigo sin creer que le importe de verdad".

Y era cierto.

¿No estaría ella equivocada y lo confundía con lástima? Lo menos que necesitaba era su maldita lástima, pero…

Desde el principio fue sincera.

Honesta.

Linda.

Transparente.

Ninguna gota de lástima en su semblante.

Nada.

—Si hubiera sido cuestión de lástima, jamás se hubiera lanzado a defenderte de la forma en que me contaste.

Sí, lo recordé muy bien. Sé que se contuvo al principio, la vi apretar las tazas entre sus manos e intentar no crear un problema más grave; y cuando esos malditos mencionaron lo que intenté hacer, el mundo bajo mis pies se tambaleó al pensar en la posibilidad que Sakura sintiera verdadera lástima por mí.

Pero su actitud me dio un golpe a la realidad. La manera en que todo su cuerpo reaccionó a un rechazó absoluto por las habladurías de esos hombres, la apasionada y envenenada en que defendía mi nombre, a pesar de que no supiera demasiado los acontecimientos que mencionaban, no dudó en lanzarse a ellos como una tigresa defendiendo a los suyos.

A defender mi dignidad.

Una dignidad que ya me importaba, ya no poseía una tal cual desde el momento que pase las cuerdas de la guitarra sobre mis muñecas.

—"Lo sé… pero temo que sea mentira. A pesar de que me dijo que le importo, ya sea como un amigo o lo que sea —Me detuve un momento, titubeando—, yo no sea capaz de reunir los medios necesarios para que no se aleje de mi".

Me quedé mirando mis propias manos, intentando digerirlo. Desde hace rato dejé de escuchar el bolígrafo sobre el papel, Kakashi lo hizo a un lado y se inclinó un poco más mirándome serio que me ponía los pelos de punta porque diría algo en lo que me dejaría pensando toda la semana.

Y que tarde o temprano, aunque lo quisiera negar, tendría razón.

Siempre la tenía.

—Siempre has tenido los méritos necesarios, pero no los habías notado porque no aparecía la persona que vería esas cualidades únicas en ti. —Me señaló con el dedo, directamente a mi corazón—. Confía más en ti mismo.

¿En verdad puedo confiar en mí mismo?

Kakashi me observó unos segundos más, pero ya no expresé nada al respecto, me encerré en mis propios pensamientos, intentando encontrar el origen de estos y que no me sobrecogiera demasiado la mesura o terminaría largándome de ahí creyendo que no servía de nada.

A regañadientes tenía que admitir que funcionaban lo que me daba a pensar, porque Kakashi era lo más cercano a un amigo desde los diecisiete años a pesar de que debía cumplir su papel dentro de esa habitación, el psicólogo de un chico que intentó suicidarse. En ocasiones se quitaba esa máscara profesional y me hacía poner los pies sobre la tierra de un modo más lógico.

El pensarlo y creerlo.

—Sólo intenta creer. El precio es muy alto, sí. Pero la recompensa es mejor, ¿no lo crees?

En otras palabras: es mejor haber tenido y perder, que no haber tenido absolutamente nada.

—"Pero si pierdo, se lleva consigo todo lo que creía que estaría bien".

Y era cierto.

Lamentablemente resultó ser cierto.

No dijo nada más, dio por terminada la sesión agendando la siguiente para la próxima semana, comúnmente las sesiones eran los sábados por la mañana, pero tomando en cuenta el evento que asistiría ese día, lo recorrió para el lunes por la mañana antes de mis clases de la universidad.

Una vez más, Kakashi no parecía ser mi psicólogo, sino un amigo al cual aprecio demasiado.

Lo consideré mientras bajaba por el ascensor, agradeciendo una vez más que hiciera un hueco para que las sesiones fueran en su consultorio personal y no en el hospital como debería ser. Después de todo no era el único paciente a quién debía ver. Conocía de vista a un hombre que tenía serios problemas con la ansiedad y estaba renuente a aceptarlo o eso parecía cada vez me lo veía de casualidad los jueves al terminar mi sesión.

Me lo tope de vista en el vestíbulo, venía frotándose las palmas de sus manos y su rostro contraído de ansiedad, como si estuviera carcomiéndose la cabeza en pensamientos que lo llevarían a la auto destrucción.

«Todos lidiamos como podemos con lo que nos toca vivir».

Las palabras de Sakura tenían mucho significado ahora, el pensar desde otro ángulo, ese hombre hacía un enorme esfuerzo por decidirse a plantarse en el edificio, y otro esfuerzo por meterse al elevador que lo llevaría con Kakashi a entablar una conversación sobre su ansiedad.

Era otra clase de ansiedad a la que a veces se me presentaba en mí, él se afanaba demasiado con el futuro.

Verlo así, era como si me trasladara a los primeros días que ponía un pie en ese lugar, con un rostro renuente y completamente resignado a posibles avances.

—Oh, Sasuke. —No sé cuánto tiempo me le quedé mirando cómo para que se haya dado cuenta y me hablara, intenté no ser grosero y mover mi cabeza en forma de saludo. Él no sabía que soy mudo, habla y habla sin importarle si le contesto o no—. Ya terminaste… eso quiere decir que llegué tarde. —Miró espontáneamente su reloj en la muñeca, después de volvió a sonreír con desgano—. Bien, me toca enfrentar a la bestia.

La bestia. Así se refería él a su yo interno.

La bestia de la ansiedad que no lo dejaba en paz.

¿Cómo llamaría a mi yo que me atormenta por las noches?

Con las inseguridades, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.

Caminé de regreso a la estación del metro intentando no pensar mucho al respecto o me distraería de nuevo, dirigí mis pensamientos a que tuve que cederle el automóvil a Itachi para que él pudiera utilizarlo el viernes. Aunque me molestara viajar en metro hasta casa, lo toleré.

Me sentía más seguro acobijado en el vehículo que en medio de aglomeraciones. Todavía no habían atrapado al otro hombre que me asaltó, el de ojos grises, y no podía estar tranquilo en plena ciudad con la urgencia de pensar que podría aparecer de nuevo.

No era miedo por mí persona, era preocupación a lo que podía provocar. Si me sucedía algo, ¿haría sufrir indirectamente a mi familia por mi desaparición?

¿A Sakura?

Suspiré intentando no considerarlo, después de todo podía defenderme de él. Toqué descuidadamente mi abdomen, a la altura de los puntos que sanaban poco a poco, el lunes después de la escuela tendría que ir al hospital para que fueran retirados.

Me detuve en el paso peatonal, esperando que el semáforo cambiara a verde para cruzar junto al grupo de personas que yacían de pie metidos en sus propios mundos. Eché una mirada rápida alrededor, incluso del otro lado de la calle. Tantas personas, tantas voces mezclándose entre sí, las respiraciones, los automóviles andar.

Recordé que, de niño, después del incidente me aturdían severamente este tipo de sonidos. Con el paso del tiempo me acostumbré a ellos y posteriormente me era indiferente, aunque prefería evitarlo a toda costa.

Y entre todas mis cavilaciones me sentí observado, la misma sensación que un tiempo experimenté, una tranquilidad que entumecía mi mente. Como si los bellos de mis brazos se erizaran con la ventisca agradable de la tarde o la alerta en mi mente cada vez que me sucedía algo que sucumbía mis pensamientos.

La calma antes de la tormenta.

Enfoqué mi vista al otro grupo de personas que esperaban la señalética. Tantas personas, tantos rostros, tantos ojos… tantas apariencias y entre todas ellas reconocí una en particular.

Bastó un maldito segundo para reconocerlo, a él.

A ese hombre que era mi tío.

A Madara.

¿Qué demonios…?

No, esto debía ser una maldita ilusión, él no debía estar del otro lado de la calle, observándome cauteloso, con ese rostro que, a pesar de los años, no había cambiado mucho, y tampoco es que pudiera detallarlo mejor desde aquí. Con su cabello largo amarrado en una coleta alta y una vestimenta completamente abrigadora a pesar de estar todavía en verano.

Solamente sabía que era él, Madara, que desapareció el mismo día que mi padre, y a ambos pareciera que se los tragó la tierra.

Esto debía ser una maldita broma y debía que comprobarlo.

Me abrí paso entre todas las personas que se quejaron entre maldiciones y ofensas, me importó poco, lo único que podía centrarme era en el rostro de Madara, uno serio, sin dejar de mirarme a los ojos. En el pasado esa expresión solamente la utilizaba para reñirnos, mayormente sonreía efusivo y parecía más un chaval que un hombre adulto.

—¡Oye! ¡Mínimo pide permiso! —exclamó uno.

Lo diría su pudiera hablar, pensé sin mirarlo.

Me enfoqué más en Madara que daba la media vuelta y comenzaba a alejarse, no sin antes dirigirme una mirada rápida.

¡Espera, no te vayas! Quise gritarle, incluso entreabrí mi boca, pero nada salió.

No me importó que el semáforo estuviera en rojo todavía pasé corriendo justo cuando la señalética cambiaba de color que permitió el paso sin causar ningún accidente, rodeé al grupo de personas que venían en contrario y me lancé a la banqueta intentando hallarlo de nuevo entre toda la multitud. No sería difícil contando su apariencia, pero…

Lo perdí unos segundos y ahora ya no estaba a mi vista, lo busqué en las dos intersecciones, desesperado, si pudiera gritar su nombre sería más fácil. De nuevo esta boca no servía para nada. Maldición.

Por un momento consideré que fue producto de mi imaginación, en serio que sí.

Pero mi mente no estaría tan trastornada para imaginármelo en medio de la ciudad en plena tarde, dónde no había pensado en él antes, ¿verdad?

Me convencí de ello a medias, porque, a estas alturas, posiblemente mi cordura estuviese oscilando en el acantilado de la desesperación.

En seguir buscando respuestas.


Cuando llegué a casa mamá estaba sentada frente a su tocador poniéndose unos pendientes en las orejas, la saludé con un beso en la mejilla. Parecía feliz por alguna extraña razón, intenté adivinar en mi mente cuál sería, a menos que tuviera una cita…

Cita.

Pensar en ello me amargó profundamente. Mamá en ocasiones salía a citas, me alegraba por ella, debía rehacer su vida después de tanto tiempo de cuidar de mí e Itachi; el divorcio se le fue dado ya que Fugaku abandonó su hogar y en automático recuperó su apellido de soltera.

Mamá debía retomar el tiempo que perdió conmigo.

Consideré en contarle que había visto a Madara… o creí haberlo visto, pero no quería preocuparla por mis delirios.

Afortunadamente evité ese tema porqué comenzó a hablar.

—Iré a la boutique para conseguirle un vestido a Sakura-chan —dijo sin dejar de mirarse al espejo.

Su respuesta me sorprendió, pero luego me tranquilizó, sobre todo pensar que se encontraría con Sakura. Desde ese día que le mostré mi debilidad no volví a verla y tampoco la contacté por mensaje. Mi propia vergüenza me lo impedía, ¿Qué estaría pensando en estos momentos?

¿Creería que soy patético y débil?

Por eso mismo desde que la conocí procuré que supiera nada de mi turbio pasado, porque, siendo sinceros, me avergonzaba enteramente esa parte de mi vida. El que se diera cuenta que soy tan insignificante que no pude retener a mi padre con mis propios medios.

Que soy un don nadie.

Y no me tranquilizó el hecho que ella tampoco me enviara mensaje. Me ponía ansioso y a la vez desesperado.

—Me llamó esta mañana para pedirme consejo sobre qué vestir en la gala, le dije que iríamos a conseguir un hermoso vestido —seguía diciendo mientras se admiraba frente al espejo, tuve que centrarme en ella—. Espero que no rechacé mi regalo, en verdad estoy tan emocionada que vaya con nosotros.

—"Que bien" —gesticulé apenas, frunciendo ligeramente el ceño en consternación. Bueno, ella no había cancelado su asistencia a la gala, debía ser una señal que mínimamente no repudría de mí, ¿o me acompañaría sólo por compromiso?

Me distraje al escuchar la risa de mamá, tan armoniosa y gentil. Parpadeé a su dirección, confundido.

—"¿Qué es tan gracioso?".

—Que deseas verla, pero tú mismo te lo impides, cariño —acertó, volviéndose a mi para tomarme de las manos. Sentí mis orejas calientes al verme descubierto—. ¿No quieres venir con nosotras? También irá Mebuki. Además, estoy segura de que tu opinión al respecto le agradaría a Sakura-chan.

Recordé lo linda que se veía aquella vez con ese vestido blanco estampado de flores y la forma que dejaba sus hombros al descubierto, también que eso atraería demasiado la mirada de muchos morbosos y por eso le hice ponerse la chamarra.

Arrugué la nariz, menos mal la gala sería un ambiente menos intenso.

—"Es asunto de mujeres" —me desguindé tan rápido con esa frase.

Claro que mamá notó que no era por esa razón que rechazaba acompañarla, pero no dijo nada, solamente sonrió y me beso en la mejilla para después agarrar su bolso de mano.

—Itachi cenará con Izumi hoy, así que tú y yo cenaremos solos, pero si no regreso a tiempo hay lasaña en el refrigerados que puedes calentar.

Enrolé los ojos, a pesar de los años seguía tratándome así. Asentí con la cabeza cargándome de infinita paciencia.

—"Sé perfectamente dónde está cada cosa en esta casa" —refuté marcando mis señas.

Mamá volvió a reírse.

—Lo sé, cariño. Volveré pronto.

—"Con cuidado".

La vi irse emocionada, tal vez sea el hecho de que se encontrará de nuevo con Mebuki.

De pronto la casa parecía tan solitaria y vacía, Hunter apareció a mi lado llenando cierto vacío. Pero quedarme de pie en el vestíbulo no parecía una excelente idea porqué recordé el día en que mi padre se fue. Con los ojos cerrados di la media vuelta directamente a la planta alta, practicaría un poco con el piano para el evento y despejaría mi mente de esos abrumadores recuerdos.


Era sábado por la mañana y mi humor no podía ser peor.

De por sí estaba alterado porqué me encontraría con Sakura y por fin sabría lo que sentía al respecto ¿se sentiría comprometida con sus palabras? ¿las habrá dicho al azar? ¿me miraría con desprecio?

Y encima los contratiempos inesperados.

Todo comenzó porque la tintorería no tendría a tiempo mi traje, cuando me lo dijo el empleado tuve ganas de reclamarle, pero recordé la ausencia de mi voz, lo que hizo empeorar mi maldito humor de mierda. Tuve que conformarme con insultarlo en mi mente y retirarme de ahí respirando profundamente en busca de paciencia.

Tendría que conformarme con buscar uno de Itachi que me quedara.

Estuve a punto respirar profundo mientras buscaba un cigarrillo cuando por primera vez el mensaje de Naruto fue oportuno. Notó inmediatamente mi mal humor por medio de mis mensajes y le expliqué lo del traje, pero no le había dicho que tenía la de mi hermano cuando me preguntó si necesitaba uno con urgencia.

No quise rechazar su… amable ayuda y le pregunté si acaso tenía uno.

Naruto: No tengo un traje, ¿para qué
yo querría uno?

Me froté el rostro con la mano, en busca de paciencia. ¿Será por qué tú lo ofreciste, idiota?

Yo: Serás abogado penal
¿y me dices que no has tenido
curiosidad de probarte
un maldito traje?»

«¡Oye! No es necesario
la agresividad, yo sólo
quiero mi portafolio.

«Para tu buena suerte, Shikamaru
tiene un traje. Lo llevaremos
a tu casa en una hora.

Al pie de la letra, a la hora que mencionaron, estaban frente a la casa. Shikamaru sostenía el traje resguardando en un porta trajes, al ser de la misma altura esperaba que me quedara a pesar de que no era a la medida.

—Ricachones —dijo Naruto mientras atacaba el refrigerador, Hunter estaba a su lado esperando a que le diera algo, perro glotón y confianzudo. Al primer vistazo le agradaron ambos.

Shikamaru y yo enrolamos los ojos.

—Somos ricachones porque trabajamos, no estamos de vagos en nuestras casas como tú comprenderás —atacó él con una sonrisa marcada.

—¡Trabajo para el bien común! —apuntó Naruto con la mano que sostenía un embace de leche.

—Claro, defendiendo a señoras de la limpieza que se roban trapeadores.

—¡Es un trabajo digno y social!

—Como digas. —Shikamaru agitó su mano.

Sonreí de lado, burlándome de Naruto mientras se hundía de nuevo en el refrigerador, luego lo cerró dándole un pedazo de jamón a Hunter que lo comió gustoso. Me miró con ojos entrecerrados mientras se acercaba a mí comiéndose el otro pedazo.

—Cómo primo de Sakura-chan debo decirte un par de cosas comenzando con: cuidado y haces algo que merezca un golpe.

Lo miré fijamente. ¿Algo cómo qué?

Mi expresión lo dijo todo.

—Descuida, Naruto. Sasuke es más confiable que tú con esto de los trajes —aseguró Shikamaru gozando de la molestia del rubio, igual me burlé.

Ignoró el comentario, volviendo a dirigirse a mí.

—Y cuídala. Ella no está acostumbrada a ese tipo de ambiente, no la dejes sola.

¿Cómo pedirme algo así? Por más que yo quisiera al principio ella estaría con mamá e Iruka ya que estaría ocupando, encargándome del ambiente la primera parte de la velada.

Saqué mi celular y le mostré lo que escribí.

«Recuerda que iré por trabajo».

Me miró con ojos entrecerrados.

—Sólo por esta vez te la paso: quédate con ella mientras puedas, ¿bien?

«Ya ni Sasori me amenazó tanto, y eso que no es una cita como tal» escribí despreocupado.

—Siéntete afortunado que le caigas bien a mi primo, porque si no… —Naruto compuso una de esas muecas que ocultaban un mal presagio— serías hombre muerto. Aunque por mi está bien.

—Sí, sí, ya entendimos —intervino Shikamaru empujándolo a la salida, los miré desde la sala con Hunter a mi lado—. Sasuke cuidará de Sakura en la velada, además, ¿Qué podría pasar en una gala benéfica? Lo único emocionante será la cantidad de recursos que se recaudará.

—¡Espero noticias, Sasuke! —seguía diciendo desde afuera— ¡Cuida de mi adorada prima! ¡Recuerda que todavía es menor de edad!

Tosí por su mala insinuación.

—Lo dejarás sordo con tantos gritos, señor sobreprotector.

Hasta que no los escuché alejarse por fin no subí a mi habitación con la sensación de que, posiblemente, Kakashi tenía razón. La prueba la veía en esos dos, que con algo tan simple como ayudarme a conseguir un nuevo traje.

Sin pedir nada a cambio.

Con una sonrisa.

Con sinceridad.

Por amistad.


No salí de mi habitación hasta que me aseguré de estar listo, para mi desgracia en estas ocasiones tenía que peinarme el cabello hacía atrás para que no cubriera todo mi rostro, dos mechones rebeldes a la cera se levantaban. Los dejé ahí sin lidiar mucho con ello, sólo debía estar presentable para la ocasión.

Afortunadamente el traje me quedó, Shikamaru y yo teníamos el mismo vuelo. Miré de reojo mi gorra descansando sobre el escritorio.

Estando en el pasillo escuché las voces de mamá y Sakura provenientes de su habitación, la puerta estaba abierta, pero no soy un fisgón como para acercarme y ver algo que no debía. Así que di la media vuelta y me encaminé a la parte baja a esperarlas en la sala, seguramente tardarían otra eternidad en terminar.

Me senté en el sillón recargando la cabeza en el respaldo, mirando el techo, retomando el valor de verla a los ojos y controlar mis pensamientos negativos con respecto a la reacción de Sakura, ¿sus bellos ojos reflejarían desprecio e incomodidad? ¿o sería una lástima absoluta?

Lástima.

Lo menos que quería de ella era la maldita lástima.

Cerré los ojos y masajeé el puente de mi nariz, tan pronto estaba estresándome con toda esa negatividad, como una capa invisible que impedía entrar las esperanzas y el buen ánimo. Sólo quedaba tragarlo y esperar la resolución.

Y la impaciencia me carcomía por dentro.

Estaba tan concentrado en mis pensamientos que me sobresalté al sentir un toque en mi frente, abrí de sopetón los ojos y me topé con una vista realmente fascinante.

El rostro de Sakura inclinado, mirándome desde ahí con curiosidad, sus mechones ondulados me hacían cosquillas en las mejillas, y sus ojos… más potentes y profundos con ese maquillaje negro alrededor de ellos.

Se me fue la respiración un segundo.

Sus ojos no expresaban nada de mentiras, ni la lástima que debía sentir, ni alguna clase de desprecio hacia mí.

Siempre fue transparente en emociones.

Siempre sincera.

—Perdón, ¿estabas durmiendo? —preguntó sin moverse ningún centímetro.

Negué apenas con la cabeza, sin poder dejar de mirarla, me hubiera gustado que permaneciera más tiempo así, pero se enderezó y se alejó. La seguí con la mirada, rodeó el sillón para plantearse frente a mí, con las manos detrás de su espalda y una sonrisa muy tímida.

—¿Y bien? ¿Crees que me veo aceptable para ser tu acompañante? —preguntó, parecía realmente anhelante a que le diera una respuesta.

La miré a los ojos un poco más de tiempo, detallando en cada pómulo de su rostro, con el poco maquillaje que traía seguía viéndose realmente hermosa. Sus labios entreabiertos pintados de un cálido color rosado, y el rubor natural que aparecía cada vez que estaba nerviosa o abochornada.

Me obligué a ver su aspecto.

Un caso error.

Pero no pude no reparar por mucho tiempo el vestido que traía puesto, más elegante comparado con los que solía utilizar, este era de un rosa pálido que le dejaba descubierto sus hombros y parte de torso sin verse vulgar… intenté no quedarme mirando mucho esa parte o pensar lo sensual que se veía su silueta envuelta en ese vestido, de su pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración.

Mínimo el largo era aceptable a mis ojos, debajo de la rodilla, y ahora que la veía mejor, no traía zapatos.

Intenté hacer una broma al respecto para disipar mis recientes pensamientos.

—"¿Piensas llevarte tus pantuflas aerodinámicas?" —pregunté, esbozando media sonrisa.

Sakura hizo un pequeño puchero aún con las mejillas sonrosadas, quise apretárselas como lo hacía comúnmente, pero no creía poder contenerme.

—Por supuesto que no, aquí tengo las zapatillas —dijo extendiendo sus manos escondidas para mostrarme el par de zapatillas planteadas que sostenía—. Será un gran reto andar con estas armas mortales, no estoy muy acostumbrada a ellas.

Se sentó al otro costado del sillón soltando un suspiro triste, una punzada llegó a mi pecho, ¿Qué tan difícil era hacerle un cumplido? Me abrumó por completo el vibrar de mi propio corazón, de lo que eran mis pensamientos cada vez que ella se plantaba frente a mí.

Como si fuera mi oxígeno y estando a su lado pudiera respirar mejor.

Casi idiotizado la observé batallar al colocarse la cinta de las zapatillas, frunciendo ligeramente el ceño y las murmuraciones que apenas se escuchaban, seguramente decía algo en contra de esas "armas mortales". Intenté no reír por lo adorable que se veía.

Me deslicé a su lado y tomé sus piernas para ponerlas en mis rodillas, se sobresaltó y me miró con los ojos muy abiertos.

—¿Q-Qué estás haciendo? —preguntó con las mejillas rojas intentando retirar sus piernas, pero las sujeté fuertemente.

Incluso cuando tartamudeaba se veía adorable.

—"Te ayudaré a ponerte las zapatillas" —gesticulé.

—Puedo ponérmelas yo sin ningún… —La interrumpí extendiendo mi mano a su dirección.

Esperé paciente, me los entregó con los dedos temblorosos, rocé sus manos notando el pequeño respingo de su cuerpo. Mientras le ajustaba la cinta con cuidado, mirándola de reojo para verificar que no lo había apretado, ella asentía mordiéndose el labio inferior. Sus mejillas seguían ligeramente rojas.

Al terminarlas de colocarlas me permití observarla de nuevo, enfocada con la vista fija en sus propias rodillas descubiertas, su vestido se le había subido un poco hasta el muslo. Aparté la mirada súbitamente a su cabello trenzado de lado. Odiaba cuando evadía mi mirada.

Dejé caer mi mano en su mentón y hacerla que alzara su vista a mí, no quería privarme de sus hermosos ojos, seguían con ese brillo de emoción cada vez que me miraba. Sin embargo, esta vez había algo diferente en ellos…

Transmitían dudas e inseguridades. Como si esperara una señal de rechazo de mi parte a que estuviera cerca de mí y me alejara a pasos agigantados. Un temor a que no pudiera alcanzarme a dónde fuera.

Pero yo no lo haría, por nada del mundo me permitiría pensar en tal posibilidad, sin importar lo que sea para ella, aunque sea un amigo más… no podía estar lejos de ella.

Confórmate con lo que tienes de ella, me repetía una y otra vez.

Separé mis labios, moviéndolos sin sonido. Dándole el pensamiento mío que pasó por mi mente cuando la vi y me robó el aliento.

"Estás hermosa".

Como si mi voz pudiera traspasar el mismo silencio de mis sentimientos.

Que mi voz llegara a sus oídos.

El sonrojo acudió de nuevo a sus mejillas y sonrió con timidez, de esa forma que me dejaba totalmente embelesado.

—G-Gracias… por las dos cosas —dijo pasándose un mechón de cabello detrás de su oreja, un pendiente brillante y largo se agito a su movimiento.

Soy quién debería darte las gracias, de sonreírme de esa forma a pesar de que descubriste el alcance de mi desesperación, pensé, sin dejar de mirarla.

El sonido de los tacones contra el suelo fue un indicio de que mamá se aproximaba por las escaleras. Dejé libre a Sakura y le sostuve la mano ayudándola a ponerse de pie, lo hizo tan firme que me hizo dudar que no estaba tan acostumbrada a esos zapatos.

Enarqué una ceja a su dirección, ella me sonrió.

—He estado practicando un poco de ballet en casa —dijo, sus ojos brillaron más de una emoción que asaltaban sus ojos cada vez que hablaba del ballet—. Ya regresó mi estabilidad… o eso espero.

De nuevo su risa y mi propia mente se serenó al escucharla.


Sakura

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El lugar dónde se llevaría a cabo la gala benéfica era… alucinante, se trataba de una mansión, de esas que aparecían únicamente en las películas de Hollywood, una majestuosidad abrumadora.

Tardamos media hora en llegar en automóvil —milagrosamente sin tráfico—, a las afueras del distrito, el lado norte de la ciudad. Cerca había un pequeño estante que asimilaba a un lago, de frente a este yacía la recepción y entrada, en los francos dos pinos altos que desprendían un olor fragante, y entre estos las dos puertas abiertas de par en par. Atribuladas de personas que llegaban en sus propios vehículos.

Para mi fortuna el suelo parecía ser de azulejo no resbaladizo, suspiré aliviada, con estos zapatos no dudaría en que saldría de aquí con un esquince.

Casi se me va el aire cuando Sasuke me abrió la puerta y ofreció su brazo para mí, sentí mis mejillas arder cómo hace rato, a este pasó él creerá que estoy resfriada. Contrólate, contrólate. De reojo observé a Mikoto-san que sonreía afable a mi dirección. Traté de no sonrojarme de nuevo.

Justo en la entrada nos esperaba un hombre de cabello castaño entrado a los cuarenta, sonrió cuando vio a Mikoto y Sasuke.

—Hola, Mikoto. Ha pasado un tiempo —dijo el hombre sonriente, saludándole con un beso en la mejilla—. Te ves hermosa.

—¡Iruka! Gracias, espero que te encuentres bien —saludó ella, devolviéndole el gesto. Inmediatamente se giró a nosotros, traté de sonreír amigable—. Ven, mira. Te presento a Haruno Sakura, es una amiga de Sasuke.

—¿Es la chica que mencionaste? —preguntó Iruka a dirección de Sasuke, él asintió. Luego se giró a mí ofreciendo su mano cortésmente, se la estreché con la que tenía libre—. Un gusto, señorita. Soy Umino Iruka.

—El gusto es mío, Iruka-san.

Él parecía ser sereno y amigable, le ofreció el brazo a Mikoto-san, al parecer sería su compañía hoy.

Apreté el brazo de Sasuke a medida que avanzábamos, sumamente nerviosa. ¿Qué me esperaría del otro lado de la estructura? Al parecer él notó mi nerviosismo porqué acarició mi mano que tenía apoyada en su codo en un gesto tranquilizante, y funcionó. Su toque era un catalizador para mí.

Me miró intensamente.

—Gracias, ya estoy mejor —le aseguré.

Asintió, no muy convencido.

Cruzamos lo que parecía ser la sala con mesitas altas, alrededor las personas charlaban animadamente, portando esos trajes y vestidos galantes. Agradecí internamente que Mikoto-san me haya regalado este vestido, comparado al que al principio pensé en traer parecería fuera de lugar. Tampoco quería avergonzarlos.

Apenas vi la decoración exquisita que colgaban las paredes pintadas en amarillo oscuro, o las lámparas suspendidas sobre nosotros. Para no ponerme nerviosa miraba al frente, siguiendo a Mikoto-san e Iruka-san. Noté y escuché a medias su conversación animada, como si se conocieran desde hace años.

—Parecen muy cercanos —comenté al aire, sin dejar de mirarlos.

Sasuke asintió y formuló con cierta dificultad con sus manos, pero no deshizo el agarre.

—"Estudiaron juntos en la universidad. De hecho, Iruka me contrató por ser su hijo, le tiene mucho aprecio".

—Oh… así que estuvieron juntos —murmuré, y vagamente me pregunté si él conocía a mamá.

Salimos a la parte trasera de la mansión dónde sería el verdadero evento. Absolutamente todo estaba montado en el patio, hasta el suelo era de concreto, específicamente abarcaba las carpas que refugiaban las mesas y el bufet del fondo. De frente a todo, el pequeño escenario elevado unos dos metros, era tan largo que inmediatamente noté el piano, tres violines recargado a un lado y un micrófono sobre el soporte; y finalmente una pantalla enorme suspendida al aire.

Lo que me fascinó fue el hecho que detrás del escenario, del lado izquierdo, se veía parte del lago tan extenso. Respiré profundo, llenándome del aroma de la naturaleza y fue agradable.

—Nuestra mesa está por aquí—dijo Mikoto-san girando frente a nosotros y haciendo un ademán el lado contario.

Sasuke me guio hasta la mesa circular, con diez sillas blancas rodeado de listón del mismo color. Nuestros asientos eran los únicos vacíos, me senté alado de Mikoto-san, Sasuke sostuvo mi mano mientras lo hacía, pero él no se sentó. Se quedó de pie, mirándome desde ahí.

—¿Qué sucede? —pregunté en susurro.

Él negó ligeramente con la cabeza, me dio un apretón en la mano antes de soltarme.

—"Me toca trabajar primero, regresaré en un rato" —me indicó.

—Ah. —Quise darme un golpe en la cabeza. Lo había olvidado por completo, estaba tan absorta que olvidé el pequeño detalle que Sasuke estaba aquí para trabajar.

Lo cual me hizo sentir un poco solitaria a pesar de que estaré con Mikoto-san e Iruka-san.

—Te estaré observando desde aquí —le aseguré sonriéndole. Sasuke me miró un largo tiempo, asintió con esa sonrisa que me hacía perder la razón.

Lo vi irse directamente detrás del escenario, no aparté la vista de su espalda a medida que avanzaba con pasos firmes y seguros, el pensamiento que se veía realmente guapo con ese traje y peinado de esa forma atacó mi mente y me hizo suspirar, con una sonrisa boba en mis labios.

No reaccioné hasta que Mikoto-san me habló.

—Espero que disfrutes el evento, Sakura-chan —me dijo.

Me obligué a concentrarme en ella, le sonreí de vuelta, pasando uno de mis mechones sueltos detrás de mi oreja.

—El lugar es hermoso, y el ambiente… no se nota tanto que sea…

—¿De alta alcurnia? —preguntó completando la frase por mí. Asentí avergonzada—. Lo sé, es porqué quienes realizan el evento buscan que sea lo más sencillo posible a pesar de ser una gala de caridad anual.

—¿Es un evento anual? —Aquello me sorprendió.

Justo cuando pregunté, Iruka-san pareció haber escuchado, ladeó la cabeza a nuestra dirección. Su piel morena relucía en contra de su traje gris, ahora que lo veía de cerca, cuando sonreía se le formaban pequeñas arrugas en los costados de sus ojos.

—La gala es en honor a un político que fue presidente del condado, se llamaba Ishikawa Jiraya.

—¿Se llamaba?

—Lamentablemente lo asesinaron —dijo Mikoto-san, extrañamente su voz parecía más baja y sus ojos más apagados—. En vida construyó un orfanato y varios centros de rehabilitación para ayudar a las personas con problemas de adicción. Realmente… era un buen hombre que buscaba ayudar a las personas.

Me quedé en silencio, mirándolos con cierto pesar. Por la forma en que hablaban de él parecía ser alguien que conocieron, ¿o yo estaría equivocada?

Interrumpieron brevemente nuestra charla, uno de los meseros se ofreció a servirnos vino. Yo lo evité a toda costa, primero porque aún soy menor de edad —lo cual a veces pasaba por alto en las fiestas— y segundo jamás había probado vino y no comenzaría ahora frente a Mikoto-san.

—Y cada año sus hermanos hacen una gala benéfica para reunir fondos que van dirigidas a sus fundaciones. —Iruka-san retomó la conversación en cuanto el mesero de alejó a los otros invitados—. Hacen convenios con varias compañías para lograrlo. Jiraya-sama fue un hombre muy respetado y muchos aún le guardan admiración… mira, de hecho, es él —señaló al frente.

Dirigí mi vista directamente a dónde señalaba, en la pantalla suspendida en el escenario pasaba un video sin sonido, el hombre hablando frente a varios micrófonos; parecía entrado a los cincuenta, cabello totalmente blanco y unos ojos negros que transmitían total seguridad a cualquiera que los viera fijamente.

Miré un momento más la pantalla, sin duda alguna en vida fue una persona honorable con tantas cosas que hizo para ayudar a los ciudadanos que confiaron en él

Un sonido tenue comenzó a escucharse, como si estuviera acariciando el aire. Deslicé la cabeza al otro extremo, justamente al piano. Sasuke ya se encontraba ahí, sentado en la butaca y moviendo sus manos creando una melodía realmente hermosa.

Quedé absorta en su mundo, mirándolo solo a él. Dejando que la melodía me transmitiera un sentimiento de paz y a la vez melancolía. Alguien más hablaba a través del micrófono, quizás el presentador, apenas alcance a prestarle atención, relataba sobre las contribuciones de Jiraya a la sociedad y el objetivo de la gala.

Pero solamente pude enfocarme en Sasuke, en lo ensimismado que parecía estar mientras tocaba el piano, parecía una persona completamente diferente, con el rostro relajado, dejando que su corazón y mente se unieran y las manos se movieran al son sobre las teclas. Sin embargo… algo en su semblante me hizo dudarlo.

Reflejaba tristeza.

Dolor.

Como si su alma estuviese clamando mediante la melodía.

Como si la música fuera el último medio por el cual quería comunicarse.


—¡Vendido a la señorita de la mesa tres!

El coro de aplausos se alzó, y yo me uní a ellos por quién sabe cuál ocasión. A pesar de que solamente estaba sentada ahí, observando cómo subastaban las piezas de artes, objetos y viajes a propiedades; me parecía fascinante la cantidad de personas que pujaban sus dólares para contribuir y ser beneficiados.

Mikoto-san estuvo conversando conmigo un gran rato. Decía que las obras de artes eran exquisitas y apostaba que alguna de ellas aparecería en la escuela donde trabajaba pues le pareció ver al director de esta sentado en una mesa más lejana, llevándose una de ellas.

—Es un gran admirador del arte moderno —comentó divertida.

Me reí un poco por su voz animada, parecía divertirse con esto.

La música seguía de fondo en ambiente. Sasuke había cambiado a una melodía más sutil y animosa. Lo miré entre ratos, luego me concentraba en ver quién se llevaba los demás lotes en pasar unos días en una cabaña de lujo en las aguas termales de Osaka. Finalmente, un joven se llevó la oportunidad y de nuevo los aplausos.

A este punto creí que nunca acabaría, y lo peor era que tenía hambre. Demonios, seguramente sería casi las nueve de la noche y mi reloj biológico pedía comida. Suspiré, quizás el buffet… pero…

—Sakura-chan, ¿por qué no pruebas los postres del buffet? —me incitó Mikoto-san deslindándose de la plática que tenía con las demás mujeres en la mesa.

Seguramente mi mirada me delató, porque se rio divertida de mi expresión cuando la enfoqué. No lo dudé ni dos veces al incorporarme.

—¿Gusta que le traiga algo de ahí? —pregunté.

—No te preocupes, linda —dijo, y se inclinó para hablarme en susurro en tono cómplice—. Iré en un momento a probar los maricos.

Asentí divertida, antes de marcharme miré a mi lado la silla vacía de Sasuke parecía más fría, a un asiento más una pareja de ancianos miraban fijamente el evento, murmuré un "con permiso" y me alejé por el pequeño camino adornado perfectamente con arbustos cuyas ramas sostenían pequeñas luces que alumbraban tenuemente.

Llegué hasta la mesa, a pesar de que la subasta transcurría del otro lado, varias personas disfrutando de una buena copa de vino y charlando animosamente. Esquivé ágilmente a varias de ellas y me acerqué finalmente al buffet con tanta comida encima, desde platillos magistralmente elaborados hasta pequeños postres que parecían servidos para un niño.

¿O era sólo yo que lo veía tan poco?

Y justo en ese momento escuché mi propio estomago rugir ligeramente. No hubiera sido una completa vergüenza si estuviera sola, pero para mí desgracia a mi lado estaba uno de los meseros cargando una charola.

Deslizó su mirada lentamente a mí y yo me ponía cada vez más roja…

Luego sonrió ligeramente.

—Eh… —Quería esconderme debajo de la mesa.

El muchacho dejó la charola a un lado y se inclinó para tomar una copa redonda.

—Si no es alérgica a los mariscos, le recomiendo comenzar con este, señorita —dijo suavemente mientras me preparaba uno.

Seguía roja de la vergüenza cuando me ofreció la copa rebosante de camarones y la mezcla, se veía delicioso. Mordiéndome el labio inferior, avergonzada, lo tomé.

—G-Gracias.

Me guiñó el ojo y se marchó con su charola de copas rebosantes de vino. Agarré la cuchara y di primer bocado... delicioso. Un sabor inigualable, pocas veces comía mariscos, en el pueblo apenas se conseguía y desde que vivo en la ciudad no había tenido ni tiempo y ánimos de ir a los centros comerciales.

Bueno, desde ayer que Hinata me rapto para disfrutar la tarde en el centro de videojuegos. Descubrí dos cosas más de ella: le gustan los juegos de matanza y es adicta a las paletas de mora. Sin duda alguna fue la mejor tarde que había tenido desde que llegué a la ciudad. Me divertí tanto con ella.

Me demostró que podía confiar de nuevo en alguien. Que podía pasar un rato agradable con una amiga.

Pensando en ello, mientras comía, alguien se detuvo alado mío. Inmediatamente fijé la vista dándome cuenta de que se trataba de un señor mayor cuyo bigote, a mi parecer le hacía ver un poco ridículo. Me sonrió… pero no con la misma cortesía que el mesero, sino más bien… me pareció repulsivo.

—¿Disfrutando de la velada, señorita? —preguntó en un tono achispado, sostenía una copa con vino.

Incluso el "señorita" era diferente.

Sonreí forzosamente y desvié la mirada, intentando pensar en cómo marcharme sin parecer grosera.

—Es una vista agradable —dije al aire dejando mi copa medio vacía sobre la mesa—. Si me permite, mi acompañante me espera.

Miré de reojo al escenario, estaba más lejos y la música apenas se escuchaba. Sasuke seguía tocando el piano.

Quise rodearlo, pero el señor me tapó el paso adelantándose un paso al frente, fruncí el ceño y alcé la vista. Sus ojos entrecerrados me escanearon de arriba abajo y me fue realmente asqueroso. Un maldito viejo en busca de una aventura, que desagradable. Apreté los labios y mis manos se formaron en puño.

—¿Me permite pasar?

—¡Vamos! No seas engreída, señorita —decía recuperando una copa de vino de un mesero que pasaba por ahí, no era el mismo de hace rato. El hombre me ofreció la copa—. Brindemos por lo bella que luce hoy.

Me quedé quieta, sin aceptar la copa.

—No puedo beber —le dije, rechinando los dientes en busca de paciencia—. Tengo que irme.

Intenté de nuevo rodearlo, y dio otro paso a mi dirección. A la vez retrocedí de nuevo. Miré a mi alrededor para pedir silenciosamente ayuda, pero pareciera que la mayoría decidió alejarse un poco y nadie miraba por aquí.

—Si le tomas un sorbo te dejaré ir —insistía tendiéndome la copa.

Mire, si no me deja pasar en este instante, le patearé en sus partes nobles, pensé en un arranque de desesperación. Aspiré componiendo una sonrisa más forzada y dejando entrever mi enojo, paciencia.

—Ya le dije que…

No terminé la frase. Me quedé estática al sentir una mano posarse sobre mi hombro desde atrás, una cálida y familiar. Giré mi cabeza topándome con unos ojos verdes claros, el rostro de un hombre que me miraba desde arriba con una expresión serena y a la vez afable, o eso pensé en ese momento.

A diferencia del hombre que tenía enfrente, por alguna extraña razón, este no me hizo sentirme insegura.

—Con que aquí estabas, niña. Tardaste en regresar y tuve que venir a buscarte. —Su voz grave irrumpió el repentino silencio. Deslizó su mirada al frente, el hombre nos miraba con el ceño fruncido—. ¿Quién eres? ¿Necesitas algo con mi acompañante?

Me pareció ver como afilaba su mirada.

No encontré las palabras para hablar, seguía impresionada. ¿Este hombre me estaba ayudando?

—Yo pensé que estaba sola —dijo nerviosamente dejando la copa que anteriormente me ofreció. Luego volvió a mirarnos. Me tensé instintivamente, tal vez no lo creería.

Me mantuve callada, temí en arruinar el montaje.

—Quizás debería volver a su mesa, caballero. Seguramente su esposa lo espera. —La forma en que lo dijo el pelirrojo parecía más una sutil advertencia.

Al parecer no fui la única que lo notó. El viejo asintió, incómodo y se marchó sin decir nada más.

En cuanto desapareció por el camino hacia las carpas, la mano sobre mi hombro se retiró. Volteé a él de inmediato sin saber exactamente que decir. Al verlo de frente pude detallarlo mejor, tenía un aura diferente al hombre que acaba de marcharse.

Las fracciones de su rostro se mantenían serenas, ojos verdes oscuros reflejaban seriedad y cierta frivolidad o esa fue la primera impresión que tuve de él. Su cabello rojo alborotado se sacudía ligeramente por el viento.

—Gracias por la ayuda —dije realmente agradecida.

Asintió con la cabeza, sin dejar de mirar mi rostro con cierta curiosidad en su mirada. Enarqué una ceja, sin saber que más decir.

—¿Le puedo hacer una pregunta personal sin intención de ofenderte? —preguntó de pronto, totalmente serio.

Tragué grueso. Quizás… este hombre no sea diferente al otro. Pero le di el beneficio de la duda porqué me ayudó a librarme del viejo rabo verte. Asentí, con la guardia arriba esperando su pregunta, ¿me preguntará mi edad? ¿Si estoy sola? ¿Qué…?

—¿Tu cabello es natural o teñido?

Por un momento lo miré incrédula, me esperaba todo menos eso.

Solté una risa, llevándome una mano a mi boca y estómago, ¡en verdad! De todas las posibilidades el centro de atención se lo lleva mi cabello. Cuando dejé de reírme, me sentí avergonzada por lo irrespetuoso que fue reírme así de esa pregunta, pero seguía mirándome serio con las cejas ligeramente alzadas

—¿Lo dice en serio? —inquirí ahora enarcando una ceja.

Asintió sin retractarse.

Suspiré, bueno, no es la primera vez que me preguntan por el color de mi cabello, pero siempre esperaba que fuera la última.

—Es natural, por supuesto —aclaré, y luego agregué—. De hecho, mi nombre hace honor a ello.

—¿Su nombre? —Parecía realmente interesado.

—Haruno Sakura —dije, extendiendo mi mano para presentarme a la par, después de todo al parecer lo juzgué mal y en verdad me ayudó con buena intención—. ¿Y usted?

Se quedó quieto un momento, sin dejar de mirar mi rostro. Como si buscara algo en mí.

—¿No te han dicho que te confías demasiado de las personas?

Me sonrojé ligeramente de vergüenza.

—No es la primera vez que lo escucho —acepté a regañadientes recordando las palabras de Sasori cuando alegaba que no debía confiar en la primera impresión de las personas.

Me mostró una pequeña sonrisa amigable y estrechó mi mano con delicadeza.

—Soy Ryu.

—¿Sólo Ryu… san?

—Sólo Ryu-san —repitió divertido.

El toque de su mano no parecía tener segundas intenciones, era firme y familiar. Le sonreí, mostrando mis dientes. Mirándolo más de cerca un destelló de reconocimiento asaltó repentinamente mi mente y la voz de mi madre irrumpió mis pensamientos.

«Es un amigo que conocí…» Recordé a mamá. Aquella vez que encontré una fotografía en el libro favorito de mamá, de un joven a perfil de cabellera roja y ojos verdes oscuros.

Ensanché los ojos a su dirección, soltando su mano.

«Su nombre… es Ryuichi, pero le dicen Ryu como el dragón».

¿Será posible que…? No, definitivamente tendría que ser una coincidencia bastante alocada el que me haya encontrado cara a cara con el primer amor de mamá, ese Ryu que dijo que se fue al extranjero…

Y el hombre frente a mí de igual manera se decía llamar Ryu.

Lo miré de nuevo, inversa. La necesidad repentina de saberlo me carcomió en ese momento, pero no quería ser grosera y preguntarle algo privado a un desconocido.

Aclaré mi garganta, intentaré averiguar lo que pudiera.

—¿Y qué hace en un lugar como este? —pregunté una vez que retomé el coctel que había abandonado en la mesa, al llevar un bocado a mi boca, Ryu-san se quedó repentinamente callado ladeando el rostro. Torcí el gesto, quizás no fue la pregunta correcta—. No tiene por qué contestar si no…

Negó con la cabeza, deteniéndome con un gesto de su mano, noté que traía un reloj de apariencia cara.

—Hace poco me mudé a la ciudad —dijo, y su respuesta me pareció sencilla, a simple vista y por su apariencia, podía asegurar que era un hombre negocios, vestido con un traje negro y corbata roja que hacía juego con su cabello con mechones rebeldes. Quizás sea el presidente de una compañía, por eso no quiso decirme su apellido—. Vine por cuestión de negocios.

Lo miré un poco, notando la repentina tristeza en sus ojos verdes. Como si lamentara ese hecho. No quise pregunta más por temor a ser irrespetuosa.

—¿Y tú, niña? —El hecho que me dijera con ese apelativo me causaba un poco de risa—. ¿Viniste realmente sola o el acompañante era mentira?

Sonreí al pensar en Sasuke.

—Vine como acompañante del pianista —dije señalando al frente, Ryu-san dirigió su vista a ese lugar, desde aquí apenas podía ver algo.

Después de unos segundos de observarlo, comentó:

—Tu pareja es realmente buena tocando el piano.

Casi escupí el marisco que masticaba, tosí un poco y él me miró ligeramente impresionado.

—¿Te encuentras bien?

—É-l no es mi pareja —tartamudeé, sentí mis mejillas calientes—. Además, aún estoy en preparatoria como para casarme —refunfuñé tomando un vaso de ponche que yacía en la mesa para pasar la comida.

—Pensé que eran pareja —aclaró, frunciendo el ceño mientras se frotaba un poco el rostro, pensativo—. Los jóvenes de ahora se casan a temprana edad.

—Bueno, ese no es mi caso. Él y yo… ni siquiera estamos juntos —murmuré.

No. Y era lo que… mi corazón me reclamaba. A medida que pasaban los días, cada vez que lo veía. Esa susurrante voz que comenzaba a alzarse desde mi pecho que enterraba por completo las heridas que dejó Neji en mi ser, estaban siendo sanadas a su tiempo y permitiendo que ese sentimiento que albergué espontáneamente por Sasuke creciera cada vez más, siendo algo más que pasajero.

Siendo algo más que simple enamoramiento.

Aunque quizás sea incorrecto impedirte tal cosa, no podía permitir que se afirmara demasiado tiempo en mi pecho, en mi corazón. No sí quería salir de nuevo herida, pero esta vez no de una traición.

Si no una desaparición.

Tenía miedo. Un miedo irracional a que todo resultara de la misma forma. Miedo a que Sasuke pensara que había sido suficiente en dejarme permanecer en su vida y se alejara por temor a que yo lo lastimase cómo las demás personas que escupieron en su cara diciéndole lo inútil que era por ser mudo.

Miedo a que intentara suicidarse de nuevo y desapareciera del mundo dejándome con sus recuerdos.

Sin darme cuenta me había quedado mucho tiempo callada, en mis propios pensamientos. Algo en mí hizo que la persona frente a mí ablandara su semblante, incluso su voz fue más mesurada cuando habló.

—¿Sabes? Los humanos somos tan complicados —dijo, alcé mi vista de sopetón hasta él, que desviaba a la vista a dónde estaba Sasuke a lo lejos. Seguí a su dirección, observándolo desde lejos—. En cuestión de amar a una persona nos volvemos débiles por temor a ser lastimados o lastimar a alguien más, y pensamos que no vale la pena esforzarnos para conseguir la felicidad.

Y era cierto. El miedo nos impedía hacer muchas cosas. Volví mi mirada a Ryu-san, sus ojos verdes dejaban entre ver algo de emoción, una mínima detrás de toda esa capa de seriedad que reflejaba su semblante.

—Pero lo cierto es que el único límite es la muerte —aseguró.

La muerte.

—¿Y qué sucede si… él está a nada de llegar al límite? —murmuré.

Me parecía tan bizarro que estuviera hablando de esto con un desconocido en medio de una gala benéfica, y aún más extraño que esté dispuesta a escucharlo sin rezongar.

Él me miró, como si estuviera a punto de decirme un secreto.

—No queda más que luchar fuerzas y sin arrepentimiento.

Luchar sin arrepentimientos.

Apreté los puños a mis lados, intentando aspirar la tranquilidad que me fue robada cuando pensé en Sasuke. Quizás… Ryu-san tenga razón, luchar con todas mis fuerzas sería la única salida. Tal vez Sasuke se alejará pensando que al ver su debilidad le tendré lástima, pero no es así.

Más que nunca quería estar a su lado. Sin importar la manera en que me vea, ya sea su amiga o…

—Eh, Ryu.

Otra voz de hombre, más grave y armoniosa nos interrumpió. Giré la cabeza para ver quién le hablaba, un hombre azabache cuyo cabello largo parecía más elegante suelto, venía hacía nosotros agitando ligeramente su mano. Poseía unos ojos negros, unos que me recordaron a Sasuke por la profundidad de su mirada.

Se detuvo frente a nosotros, mirándonos de hito a hito con una sonrisa.

—Madara —dijo Ryu-san volviendo a ese gesto frío y distante—. Creí haberte dicho que no podías estar aquí.

Por el intercambio de sus palabras, al parecer se conocían.

—Sólo vine a echarle un vistazo a la familia —se excusó el hombre encogiéndose de hombros, luego giro su vista curiosa a mí, traté de sonreírle cortésmente—. Oh, creo que interrumpí algo importante.

—En lo absoluto —respondí soltando el aire por la boca. Ryu-san asintió a dirección de él, corroborando mis palabras, Madara nos miró de nuevo, encogiéndose de hombros.

—Ryu-sama, tiene una llamada importante —Esta vez, como si estuviera materializado de la nada, apareció detrás de él apareció un hombre corpulento con gafas oscuras, me asustó por lo sigiloso que fue. Quizás sea su guardaespaldas.

—Ahora voy. —Le dijo sin mirarlo, el hombre se retiró. No me di cuenta de que Madara no me había quitado la vista de encima hasta que seguí la mirada de Ryu-san. Me sentí cohibida, ¿Qué tanto me veía?

Madara parecía realmente curioso de mi identidad.

—Márchate —le pidió el pelirrojo, entrecerrando los ojos—. Sabes lo que sucederá si te ven.

—Sí, lo sé —dijo el azabache resignado, dando la media vuelta. Ladeó el rostro clavando sus ojos oscuros sobre mí—. Con su permiso, señorita.

Pensé que fue una extraña situación, pero no tanto cómo hablar sobre sentimientos con hombre mayor que conocí apenas unos minutos atrás. Eso sí era completamente bizarro y loco, junté mis manos al frente, sonriéndole un poco.

—El deber lo llama, Ryu-san.

—Eso parecen, niña. —dijo, ladeando la cabeza en dirección al escenario y después a mí. Extendiendo su mano grande—. Fue un gusto conocerte, Sakura —aseguró, y de nuevo una pequeña sonrisa asomó sus labios. No pude decir nada más que estrechar su mano, en despedida.

—Gracias por el consejo, Ryu-san.

Asintió, sin decir nada más, pasó a mí lado para marcharse. Pero antes de alejarse más, me habló de nuevo ladeando el rostro ligeramente a mi dirección.

—Cuídate.

Ese "cuídate" guardaba algo más que bueno deseos.

Era como si en verdad quisiera que pusiera empeño en eso.


Sasuke

.

Dejé de tocar cuando el presentador anuncio que podían disfrutar del resto de la velada, lo que significaba el fin de mi tiempo. Los violinistas subieron al escenario, la vocalista e Iruka; le dejé mi lugar y bajé rápidamente las escaleras dirigiéndome a la mesa dónde estaría Sakura. Mi sorpresa fue al no encontrarla ahí.

Le pregunté a mamá sobre ella, pareció un poco sorprendida cuando viró a su lado y notó el asiento vacío.

—Seguramente sigue en el buffet, cariño. Fue a disfrutar de la comida —me dijo en tono tranquilizador.

—"Iré con ella" —gesticulé, y me alejé, ansioso por encontrarla.

Sé que no debí dejarla sola, pero fue imposible por el trabajo. Debí suponer que no estaría todo el tiempo con mamá. Sólo esperaba que ninguno de los vejetes de aquí se le haya acercado con lascivias y oscuras intenciones, incluso en este tipo de lugares los hombres buscan engatusar a las mujeres jóvenes.

Para mi alivio la encontré casi al instante, su cabellera resaltaba sobre todas las personas. De pie frente el buffet con la mirada absorta en la mesa parecía tener problemas por elegir un postre, respiré tranquilo y me acerqué sigilosamente a ella, parándome detrás. Me incliné ligeramente soplando sobre su oreja.

Dio un pequeño chillido de sorpresa y se giró a mí llevándose las manos a su pecho, al verme frunció el ceño, molesta. No pude evitar reírme por lo graciosa que se veía con esa expresión de desconcierto.

Demonios. Debía dejar de asustarla así, porque se veía adorable.

—¡Sasuke! —exclamó con un puchero—. Me asustaste.

Saqué las manos de mis bolsillos.

—"Perdona, te vi tan distraída que me dieron ganas de molestarte".

Ella afiló su mirada. Se enderezo completamente, intentando hacerme frente. Aunque los tacones le regalaran altura, todavía no era una competencia para mí. La miré divertido.

—No es gracioso. Pensé que podría tratarse de otro viejo que intentara hacerme tomar vino.

Fue mi turno de fruncir el ceño por sus palabras.

—"¿Alguien te incomodó?"

—No te preocupes, alguien me ayudó a desguindarme… pero ese no es el punto —me señaló, se veía graciosa intentando amenazarme, logró que me olvidara del otro tema, sus ojos eran cautivadores—. No me asustes de nuevo, ¿vale?

Asentí a medias.

—"Sí… probablemente".

—¿Probablemente?

No me dejaría en paz hasta que se lo prometiera. Así que busqué la manera de desviar su atención, al mirar de reojo a mi derecha, recordé a dónde quería llevarla después de terminar de tocar el piano. Por impulso tomé una de sus manos y tiré ligeramente de ella para que me siguiera.

Sakura me miró, confundida, pero caminó junto a mí.

—¿A dónde vamos? —preguntó.

La miré sobre mi hombro, sonriéndole. No le contesté, sería mejor que lo viera con sus propios ojos, estoy seguro de que le encantará la vista, le recordará a Konoha.

Instintivamente entrelacé mis dedos con los de ella, tan cálidos y suaves, no rechazó mi contacto, al contrario, apretó mi mano. Sentí mi pecho dar un vuelco por su recibimiento.

Caminamos por el sendero lateral hasta comenzar a rodear la mansión enorme. Los jardines de ese lado se extendían sobre la superficie, pero lo que buscaba era la entrada al lago, di con ella después de caminar unos metros más, dos pinos de mediana estatura indicaban la entrada. Desde ahí observamos la vista maravillosa que nos brindaba la naturaleza.

El lago abarcando en toda su extensión, la luna en lo alto brillando sobre ese cielo oscuro repleto de estrellas centellantes.

Los ojos de Sakura brillaban alentados por la irreemplazable vista.

—El lago…

No dudó en soltarme y comenzar a caminar hacía la orilla, la seguí por detrás cuidando de sus pasos, el tacón de las zapatillas se le hundían en el pasto. Estuvo a punto de caerse y la sostuve a tiempo por la cintura, se rio como una niña pequeña, emocionada. Tal sonido me distrajo un momento, sonreí sin darme cuenta.

—Es realmente hermoso este lugar —dijo dando otros pasos, seguí agarrándola hasta que estuvo firme, a unos metros de la orilla.

Se formaban hondas sobre el agua gracias a la brisa de la noche, su vestido se alborotaba ligeramente al igual que su cabello, no dejaba de mirar el lago, y yo no aparté la vista de ella. Me obligué a acompañarla a su visión y no parecer un estúpido embelesado en su rostro.

En el centro nadaban una pareja de cisnes bajo la luna, cuyo reflejo distorsionado por las ondas formaban otra imagen inédita. Del otro lado del lago apenas se podía ver la parte trasera del escenario, pues los arbustos y la mitad de la mansión cubrían la vista. Aspirar el aroma a pino y hierba fresca serenó mi mente.

El momento era único, aunque Sakura estuviera en silencio, admirando la belleza del lago. Incluso si yo no pudiera hablar, y no nos miráramos, el momento parecía tan íntimo.

Suspiré, aflojando la corbata con la intención de quitármela, aún no me acostumbraba a ella y sentía que me ahorcaba. La guardé en uno de mis bolsillos delanteros, desabroché dos botones de la camisa y por último pasé mis manos por el cabello, despeinándome por completo, de por sí mis mechones rebeldes hicieron de las suyas no tenía caso seguir peinado.

Escuché la risa de Sakura, la miré de reojo.

—El rebelde sin causa ataca —comentó sin dejar de reírse. Me uní a ella en silencio, reaccioné cuando dio un paso a mí estirando las manos e inmediatamente moví mis manos a su dirección por si se caía—. Tranquilo, no voy a caerme de nuevo. Déjame ayudarte con eso.

Sus manos se posaron en mi cabeza, revoloteando mi cabello. Desde ahí no pude dejar de admirarla, concentrada en su labor mientras se mordía el labio inferior. Nuestra diferencia de estatura se perdía un poco con esas zapatillas, me llegaba hasta la mitad de mi rostro, sin ellas apenas alcanzaba mi barbilla.

Una estatura perfecta para inclinarme ligeramente y…

Cerré los ojos, despejando ese pensamiento impulsivo.

—Listo —avisó, separé los parpados lentamente. Alejó la mitad de su torso para verme mejor apoyándose de mis brazos que no alejé de su cuerpo, asintió satisfecha al ver su dichosa obra maestra—, te ves bien peinado, pero definitivamente te ves más guapo así.

Presencié cómo sus mejillas se pusieron rojas por su declaración. Sonreí de lado al escucharla admitirlo en voz alta.

No contuve mis impulsos esta vez, posé mi mano en su mejilla. Sin ninguna razón, sin excusarme en mi mente. Solamente mirando sus bellos ojos cohibidos y gentiles. Su piel caliente y cálida contra mi palma, mi propio corazón desbocado ante mis ansias de querer robarle más expresiones inesperadas.

Más sonrisas.

Más sentimiento.

De un momento a otro presté atención a la música que cambiaba, la voz de una mujer tan suave y arrulladora, el piano acompañándola, el violín evocando melodías finas.

Me alejé un pasó de Sakura sin desviar la mirada, se sostuvo con sus propios pies cuando lo hice.

—"Recuerdo que en aquella fiesta no pudimos bailar" —gesticulé, ella abrió los ojos y separó los labios, sabía a qué me refería— "Quizás sea tarde, pero quiero cumplir tu petición ahora".

Estiré mi mano a su dirección, sentí mi rostro ablandarse, sólo con ella podía mostrarle mi verdadero yo. Quería una excusa más para tenerla cerca de mí y el momento parecía el indicado.

—Me alegra que quieras hacerlo, buen caballero —dijo con su dulce voz—. Acepto bailar contigo.

La observé agacharse para deshacerse de sus zapatillas y dejándolas a un lado, aquellas armas mortales que la harían caer en ese terreno en cualquier momento y yo estaría gustoso de atraparla. Se enderezó, con los pies descalzos que se hundían en el pasto. Más segura de sí misma, avanzó tomando la mano que le ofrecí, entrelazando nuestros dedos.

Coloqué la otra mano en su cintura, aferrándola a mí, mis manos parecían hechas a la medida para rodearla completamente.

Incluso si esto era un simple sueño, de una ilusión al tenerla así entre mis brazos, no quería despertar ahora. Antes que pedía todos los días que la vida fuera una mentira, pero fue antes de conocerla a ella.

Si dudaba de mí propia seguridad de ser digno de admirarla moverse sutilmente al compás de la melancólica canción, de admirar en paz su sonrisa centellante o aceptar la dulzura de sus ojos. De ser consciente de mi propio regocijo.

Olvidando un por un momento quién soy, de lo que carezco.

Olvidando, por un segundo, que soy indigno de estar a su lado.

Olvidando que solamente soy un amigo.

Parecía un cisne en medio de un lago, hermosa y elegante, y con el mismo incierto de que en cualquier momento le brotarían alas y saldría volando al cielo, lejos del mundo. Por eso me aferré tanto a ella, siendo egoísta por ese momento, por querer que permaneciéramos así por más tiempo.

Anhelaba que siguiera viéndome con esos ojos llenos de cariño y esa sonrisa vibrante.

No quiero despertar de este sueño.

Dio unas vueltas más y luego posó sus manos alrededor de mi cuello, recargándose en mi pecho, nos balanceábamos débilmente a los lados, yo seguí recargando mi mentón en su cabeza, escuchando la música, las palabras que se las llevaba el viento y la llenara de todo el sentimiento retenido en mi pecho.

De los sentimientos que bullían en mi ser.

—Sasuke —me llamó, deteniéndose, me obligué a hacerlo igual. No me moví, esperando a que continuara—. Sé qué piensas que yo… estoy aquí por lástima —sus palabras irrumpieron la repentina calma que se había establecido.

Me quedé estático en ese momento, saliendo de ese sueño profundo.

Se separó de mí, mirándome fijamente a los ojos con los labios apretados. Repentinamente parecía… triste y dolida. Sus hermosos ojos verdes llenándose de lágrimas, sentí mi propio nudo en la garganta, no pude hacer más que apretar el agarre de su cintura sin llegar a comprender el motivo de su lloro.

¿Yo lo provoqué?

—Pero no es así, ¡no lo es! —se aferró a mi camisa, apretándola con fuerza—. Te lo dije, y te lo repetiré hasta que te canses de escucharlo: Eres importante para mí.

Sentí una punzada en mi pecho, e intenté tomarla del rostro y poder verla directamente, pero ella se negó a cooperar y se aferró más a mí, con su cuerpo tembloroso y frágil entre mis brazos. Como una muñeca que se desharía ante el menor toque y a la vez la chica valiente que sigue de pie ante el mundo a pasar de los golpes que le daba la vida.

No cómo yo que…

—Por favor… créelo. Tú no eres miserable, no eres inservible sólo porque no puedes hablar. Encontrarás tu voz de nuevo en algún momento, sé que lo harás —seguía diciendo, su voz ahogada taladraba mis oídos, llenándome de dolor. Apretó más mi camisa—. Así que… no intentes irte lejos de nuevo… no soportaría pensar que tú…

Que yo intentara suicidarme y tener éxito esta vez.

Cerré los ojos unos momentos dándome cuenta de lo que en realidad tenía miedo, ese miedo que vi hace unas horas en sus ojos. No era miedo o desprecio a mi ser, tampoco renuencia. Se trataba de temor a la idea a que yo intentara hacerlo de nuevo.

Que yo creyera que no valía la pena seguir viviendo y me quitara la vida.

Miedo a que me fuera de su lado para siempre.

Su cuerpo empezó a temblar y los sollozos salieron de sus labios. Estaba llorando. Aspiré con fuerza, apretándola contra mi pecho, intentando calmarla y decirle que eso jamás volvería a pasar por mi mente. No ahora que sabía de su existencia, no ahora que ella cada día me hacía sentirme vivo y capaz de muchas cosas.

Ya no había dudas. Sakura era alguien demasiado importante para mí, la quería.

Demonios. La quería. Estaba enamorado perdidamente de ella.

Y no importaba que soy para ella en estos momentos, si sólo un consuelo por la ruptura de Neji o un medio para tranquilizar su propio corazón. No tenía relevancia ahora. No, lo que realmente me calmaba el corazón era saber que fui suficiente para reunir los medios necesarios y lograr llegar a alguien.

A la esencia de Sakura.

Abrumado por mis propios sentimientos, apenas sentí que aflojaba su agarre en mi camisa.

Ella alzó la vista de sopetón.

Yo te-

No la dejé hablar.

Tomé su rostro entre mis manos, sus labios entreabiertos me invitaron terriblemente a probarlos, a silenciar cualquier cosa que iba a decir, no soportaría escuchar de nuevo que soy importante para ella como persona, no como algo más. Me acerqué a ella lentamente, sin dejar de mirarla a los ojos, los suyos parecían abrirse cada vez más, anonadados, brillosos por las lágrimas que los amenazaba.

Mi propio corazón latiendo en mis oídos por lo que estaba a punto de hacer. Acerqué mis labios a los suyos, rozándolos sutilmente en una caricia placentera y dudosa. El estremecimiento de su menudo cuerpo y sus manos apretar mi camisa fueron mi perdición, con los ojos cerrados, sin dejar de llorar, entreabriendo sus labios suaves invitándome a sellar el beso. Otro rocé de labios, solté el aire que contuve a tiempo.

¿Lloras por mí, Sakura? ¿Por este intento de persona?

Alguien lloraba por mí.

Desvié mis labios a su mejilla, justo dónde resbaló una de sus lágrimas, un sabor melancólico. La tristeza, su alma llorando por alguien que no merecía ser amado, por alguien que fue un cobarde e intentó irse por la vía fácil.

No debes llorar por mí. No lo merezco.

Pensé.

Y luego toda mi seguridad se fue al caño.

Todas las palabras que quería decirle que no podía. Deslicé mis labios por su rostro, sus mejillas, sus ojos, su frente… su barbilla, pero no volví a acercarme a sus labios. Sentía que si cruzaba esa línea no tendría fin, a pesar de ser guiado sólo por el sentimiento y no por la razón, no quise pensar en nada más.

Un último beso en la frente y no dejó de llorar mí. No dejó de aferrarse a mi cuello en busca de mi calor, y yo del suyo. Acunándola en brazos, sintiéndola como ese pequeño pájaro temeroso en volar a la noche repleta de estrellas, que prefirió quedarse conmigo a pesar de que seguramente le traería sufrimiento.

A pesar de que no sentía lo mismo por mí, pero tampoco era lástima.

Entonces, ¿Qué era?

¿Por qué te quedas conmigo?

¿Por qué lloras por mí?

No busqué respuestas, solamente me aferré a ella, a su cálida presencia sin separar mis labios de su frente.

Sin querer soltarla.

Sin querer que se fuera de mi lado.

Quizás… cuando despierte de ese sueño la realidad sea dura, pero por el momento, quería disfrutar de la sensación de cobijo que me brindaba su alma.


POV´S NORMAL

.

.

—Gracias por irme a buscar al trabajo, amor.

Itachi sonrió de lado escuchando el apelativo que siempre utilizaba su adorada novia. Se quedó de pie en la acera hasta verla entrar a su casa, antes de cerrar la puerta Izumi se viró despidiéndolo con la mano, él retiró la suya del bolsillo y le devolvió el gesto.

Era reconfortante pasar, aunque sea unos minutos con ella después de un día ajetreado de trabajo. La tensión volvía a ser mínima, cerrando los ojos sólo podía añorar la próxima salida, ambos tenían encargos enormes en sus profesiones, y aunque en ocasiones cancelaban sus citas por lo mismo, sabía que ambos se esforzaban lo máximo.

Suspiró, mirando el cielo. Las estrellas rebosaban y se preguntó si su hermano y madre la estarían pasando bien en la gala, por otro lado, estaba ansioso por verlos regresar y ver en los ojos de Sasuke aquella alegría que se instalaba poco a poco en él.

Y todo gracias a Sakura. En su interior sabía que ella era la indicada, no cabía duda. Esa chica salió en defensa de su hermano aquel día que sus colegas hablaban pestes de él. Llegó rápidamente a sus oídos en cuanto escuchó las quejas de los dos hombres.

Sin duda alguna ella era alguien digna de querer, al igual que hermano. Ambos estaban heridos, marcados por la vida y juntos se complementaban, se ayudaban mutuamente a sanar y sobrellevar la situación.

Entró al auto mirando por el retrovisor las carpetas esparcidas, el caso de los Yakuza del clan Hyūga seguía en proceso, no fue una sorpresa encontrarse con tantas trabas. Lo que le inquietaba de sobre manera era saber que Kizashi, el padre de Sakura visitaba las casas de apuestas que ellos en la ciudad —lo cual son sólo sospechas hasta que tengan pruebas contundentes de que pertenecen los Hyūga—.

Desvió la mirada al frente mientras encendía el motor, su celular sonó en el bolsillo de su gabardina, lo extrajo pensando que quizás era su madre, pero se topó con un número privado.

Frunció el ceño antes de contestar.

—Habla con Uchiha Itachi —dijo solemne.

Un corto silencio y el interlocutor habló.

Querido sobrino, soy Madara.

Todo su cuerpo reaccionó bruscamente, se enderezó apretando su mano libre al volante, con los ojos cada vez más abiertos por la impresión.

¿Acaso se trataba de una jodida broma?

—Quien quiera que seas puedo rastrearte y…

Ser detective te volvió escéptico, Ita-cha —Un apodo que su tío le decía cuando era niño, hace más de diez años—. No importa, mi llamada es fugaz para decirte un par de cosas.

Itachi rechinó los dientes.

—No puedes llamar casualmente después de diez pretendiendo que tú y mi padre desaparecieron de la faz de la tierra. ¿Dónde diablos se encuentran?

Una pregunta que siempre ha rondado en su mente, una pregunta que lo impulsó a enlistarse en la academia de policía y buscar pistas de su paradero. Porque Itachi sabe perfectamente que su padre nos los abandonó por un motivo tan absurdo cómo provocar la mudez de su padre.

Fue una razón más poderosa, y lo presentía, por eso trataba de convencer a Sasuke de que no llevara una culpa que no le correspondía; y su madre que también dudaba en ocasiones. La soledad en ocasiones era tan fuerte que te hacía distorsionar la realidad.

Porque incluso había albergado una posibilidad de que estuviera muerto, diez años sin saber de él creaba demasiadas ideas a su mente, y eso le provocaba náuseas y profundo dolor.

Escuchó la respiración brusca de Madara.

No puedo decírtelo, Itachi. Sólo te diré una cosa: mi hermano… tu padre —corrigió de inmediato—… jamás ha dejado de pensar en ustedes.

—Entonces está vivo. —El azabache se frotó el rostro entre aliviado y colérico, sería mejor, repulsivamente, pensar que estaba muerto. Así concentraba su rencor a un recuerdo—. Si es así ¿por qué no volvió a casa en todos estos años? ¿sabe acaso lo que dejó detrás? ¿Mi padre sabe el sufrimiento que le causó a Sasuke por su abandono y la depresión que sufrió mi madre por su culpa?

¿De su propio dolor al soportar tanto de ambos e intentar permanecer fuerte por ellos?

Debía de estar consciente. Sería un maldito si no es así. Y, además, ¿por qué no habla el mismo Fugaku en persona? ¿Qué se lo impedía?

Solamente te llamé para decirte eso —aclaró Madara sin contestar sus preguntas, de fondo se escucharon cuchicheos—. No quiero involucrarlos más en este asunto.

—¿Asunto? ¿Cuál asunto?

Cuida de tu madre y Sasuke, Itachi —dijo suavemente sin responder a sus preguntas—. No olvides lo que te dije.

Y colgó. El silencio le pareció tan aterrador, tuvo ganas de bajarse del automóvil y gritar a todo pulmón sus frustraciones, por un momento, al mantener la boca cerrada, se preguntó si esta sensación la sentía todo el tiempo su hermano cuando quería exclamar.

Aspiró con fuerza, intentando controlar sus propios pensamientos, muchas preguntas surgieron y las respuestas no serían favorables, ni siquiera sabía que clase de conversación acababa de tener con su tío.

Pero estaba seguro de varias cosas, principalmente que padre estaba vivo. Lo cual no sabía si aliviarle o envenenarle más.

Que nunca dejó de pensar en ellos, a palabras de su tío.

Y la razón por el cual los abandonó es tan poderosa que incluso se atrevía a pensar que sus vidas corrían peligro.

Jaló la palanca de velocidades y piso el acelerador teniendo en mente la comisaria.

Lo único que sabía con certeza era que no podía dormir en paz hasta saber la principal razón de la causa del sufrimiento de su familia.


¡Hola!

Estoy tan emocionada y feliz porqué después de 21 capítulos (y casi dos largos años para mí ahahah) POR FIN ESTA PAREJA SE DIO MEDIO BESO. Bueno, no fue un beso francés, pero fue un roce, al fin y al cabo. Creo que muchas esperaban este momento con ansias y yo estaba más que emocionada a que lo leyeran, le puse mucho empeño a esa escena agridulce, la letra de la canción es uffff, ¡esplendida!

Con respecto a estos dos, Sakura sigue teniendo miedo a salir de nuevo lastimada, pero de una forma permanente, teme a que Sasuke lo intente de nuevo, pero cómo vemos de él, no le ha pasado por la mente, está arrepentido y acepta que no es la mejor vía para escapar de su situación. Ya están los pilares formándose y ya veremos como es que se llevan ahora que están en este tipo de situación.

*sigue emocionada*

Yendo con la espontanea aparición de Madara frente a Sasuke en el cruce, y el hecho que haya llamado a Itachi. Se presentó de cierta manera en la vida de ambos en este capítulo, pero en Itachi le carcomió la duda y no parará hasta saber realmente lo que sucedió. A estas alturas ya sospechan la razón principal que Fugaku se fue: para protegerlos. Ahora, ¿de quién?

¿Y Madara en qué posición está?

¿Qué pinta Ryu en todo esto? Esperé muuuucho ansiosa a que por fin apareciera *risas*

Yo lo sé, ustedes lo saben, iare (?

¡Muchas gracias por leer! Espero que les haya gustado tanto el capítulo como a mí.

No olviden decirme que les pareció este capítulo si les pareció muy precipitado o no, si es bueno o malo. Todo se acepta jeje :D

¡Nos leemos pronto!

Alela-chan fuera.