Hola a todo el mundo!

Wow.

He estado trabajando en este fic desde hace muuuuuuucho tiempo. Acabo de revisar el documento (la fecha de creación) y la idea principal surgió en diciembre del 2018. Sé que el año pasado dejé un poco botados mis proyectos y este fue uno de ellos. He avanzado, leído y releído este fic muchas veces (hace diez minutos volví a leer esta primera parte) y aún me falta para terminarlo.

Hasta ahora tengo dos partes completas y la tercera está muy avanzada. No sé si me alcance para una cuarta parte, así que de momento solo serán tres.

No sé qué más decir por ahora, así que vamos con las cosas importantes antes del fic.

Información importante: Para efectos de este fic, Ultrón sí pasó, pero encontraron una forma de separar a JARVIS de Visión. Tengo una debilidad por JARVIS como la IA de Tony, así que quise dejarlo. Este fic está ambientado más o menos en la época entre Infinity War y Endgame (básicamente están en el mismo año que nosotros), pero Civil War no pasó y ninguno de los eventos que sigue han pasado. Ah, y Tony nunca estuvo en una relación con Pepper, por lo que nunca se hizo la operación para remover la metralla y el reactor sigue en su pecho.

Nos vemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Por favor, dime que no lo hicimos

Parte I


Cuando una misión se sale de control, por lo general las cosas terminan muy mal para un miembro del equipo en específico. Sin importar si están trabajando en parejas o si están por separado, siempre hay alguien que se lleva la peor parte. A veces resulta ser Clint, otras es Steve. En este caso el mal herido resultó ser Tony.

Las cosas eran más sencillas cuando solo tenían que enfrentarse a un idiota con un IQ dos puntos por sobre el promedio que lograba crear un arma relativamente poderosa. Llegaban al lugar, lo golpeaban un poco, rompían su juguete barato y eso era todo. Un "villano" menos en el mundo. Todos aplaudían y nadie salía lastimado; a excepción de un par de moretones o unas costillas astilladas.

Luego vinieron los villanos un poco más inteligentes. Aquellos que seguían al pie de la letra eso de "dos cabezas piensan mejor que una" y se conseguían un compañero de fechorías con el cual intentaban dominar la cuidad o destruir la torre Stark. Sí, la Torre Stark, porque Tony se había negado a cambiar el nombre de su torre y había construido unos cuarteles especiales con tal de conservar su apellido en lo alto del edificio. En fin, las cosas se volvían un poco más movidas cuando los villanos se aliaban y terminaban con brazos en cabestrillos, una que otra pierna rota, un par de cortes en el rostro y dolorosos hematomas que duraban semanas, por supuesto, sin olvidar las costillas lastimadas.

Más adelante llegó Justin Hammer. Tony tenía razón al decir que era un inútil y un completo idiota. Pero resultaba ser que, aunque su tecnología era una basura, tenía recursos para construir armas y robots malvados en masa. Lo que ocurría cuando Hammer aparecía en escena siempre era igual: media ciudad destruida, muchos heridos y un montón de chatarra por las calles. Oh, y también los Vengadores terminaban heridos, pero siempre uno más que los demás. Dentro de las primeras veces, Clint había terminado inconsciente durante una semana, y Steve terminó con un brazo fracturado que se curó en menos de veinticuatro horas. Natasha había resultado herida en una ocasión, pero desde que Hulk la había tomado como prioridad, no había vuelto a pasar.

Esta vez, para pesar de todos, en especial de Steve, el lastimado había sido Tony.

―Va a estar tan molesto cuando despierte. ―Se quejó Clint. ―Stark odia a Hammer y ser enviado al hospital por uno de sus bots será como perder la mitad de su fortuna contra un idiota. Le caerá como una patada en las-

Natasha le tapó la boca, impidiendo que terminara la frase. Steve estaba preocupado y las tonterías de Clint no ayudaban.

Un doctor se acercó para decir que el millonario ya estaba fuera de peligro y que Steve podía entrar para estar con él.

―Aún estoy esperando los resultados de la tomografía. Iré a informarle en cuanto tenga los resultados.

―Gracias, Doctor.

El rubio caminó en dirección a la habitación y su corazón se estrujó al ver las máquinas conectadas a su esposo. Odiaba cuando Tony terminaba herido. No le gustaba saber que no había podido protegerlo como había prometido el día en que se casaron.

Se acercó a la camilla y se sentó en la silla que había junto a ella. Tomó una de las manos de Tony entre las suyas y rogó a nadie en específico, en silencio, para que su amado despertara. Los minutos pasaban y el sonido de la máquina era constante. Nada le indicaba que Tony fuera a despertar pronto.

De repente, Steve no supo cuánto tiempo había pasado, la mano de Tony se movió. La máquina que marcaba sus latidos cambió de ritmo y supo que el moreno había despertado.

―Tony. ―Susurró. ― ¿Cómo estas, cariño?

El genio abrió los ojos y lo miró, pero no respondió. Steve acarició su mano con suavidad, pero el moreno la retiró con brusquedad, haciendo un gesto de dolor ante el movimiento.

― ¿Qué pasa, Tony? ¿Te sientes mal? ―Preguntó preocupado. Se acercó un poco a la cama para presionar el botón y llamar a una enfermera.

La mirada del millonario se llenó de confusión y algo que Steve no quería pensar que estuviera dirigido hacia él: miedo.

― ¿Quién es Tony?

Esas palabras fuero como un golpe para el soldado. Justo en ese momento la enfermera entró y vio al paciente despierto y salió rápidamente en la búsqueda del doctor.

―Cariño, esto no es gracioso. Tú eres Tony. Mi Tony. ―Respondió con voz suave.

―No. No te conozco. Yo- yo no recuerdo… nada. ―Dijo agitado. Ese golpe fue aún más doloroso que el anterior. El soldado lo sintió justo en el corazón. Fue como si alguien apretara su corazón con fuerza.

El moreno miró a su alrededor con miedo e intentó moverse, pero todo su cuerpo protestó ante el dolor.

― ¡¿Qué me hiciste?! ¡¿Por qué estoy aquí?! ―Gritó con desesperación.

―Cariño-

― ¡¿Quién eres?! Y, ¿Por qué sigues llamándome cariño? No… no te conozco. ―Terminó en un susurro temeroso y lleno de confusión.

Justo en ese momento entró el doctor. Y se acercó a Steve.

―Doctor, Tony no sabe quién soy. Tampoco sabe quién es. ―Informó el soldado con preocupación y más alterado de lo que había estado en mucho tiempo.

El hombre de bata blanca asintió y miró una vez más los resultados de la tomografía.

―Doctor. Si usted es un doctor eso quiere decir que estoy en un hospital. ―Comenzó a decir Tony. ―Necesito saber lo que pasó. No recuerdo quien soy, no sé quién es este sujeto. ―Intentó acercarse al doctor en el reducido espacio de la cama, alejándose de Steve. ―Sigue intentando tomar mi mano y llamándome cariño, pero no lo conozco. ―Confesó en voz baja. ―Además me duele todo el cuerpo y no sé por qué.

Steve se sintió dolido de que el hombre que amaba actuara más calmado con la presencia de un tercero en la habitación. Un completo extraño. Ya se había acostumbrado a ser la persona en que Tony confiaba en todo momento, la única persona necesaria para calmarlo. Pero ahora parecía asustado. Y todo era su culpa. El moreno parecía asustado de él más que por la situación.

―Tu nombre es Tony Stark, ―explicó el doctor― y este hombre es tu esposo.

― ¿Esposo? ―Preguntó con los ojos muy abiertos. Steve le enseñó el anillo en su dedo y el moreno miró su mano y vio el anillo de oro en su dedo anular. Un anillo exactamente igual al de aquel sujeto desconocido.

―Mi nombre es Steve. Lamento haberte asustado, Tony. ―Trató de acercar su mano, pero el otro rechazó el contacto.

El doctor observó la situación con algo de lástima y decidió intervenir.

― ¿Puedo hablar con usted, Capitán?

―Claro. ―Dijo con tristeza mientras se dirigía a la puerta. Se sentía derrotado.

Una enfermera entró a la habitación para cuidar a Tony.

Cuando la puerta se cerró, el doctor mostró la preocupación en su rostro.

―Capitán, el señor Stark sufrió un daño a nivel del hipocampo debido a la exposición a energía electromagnética. Sin contar el daño que sufrió su cuerpo debido a la descarga eléctrica que recibió. El daño en el hipocampo ha comprometido lo que se conoce como memoria retrógrada o memoria a largo plazo. Lo que ocurre es que, en este momento, él es incapaz de recordar eventos específicos de su pasado y por lo que pude observar con este pequeño intercambio de palabras, es algo serio.

― ¿Qué tan serio?

―Al parecer ni siquiera recuerda su propio nombre, por lo que dudo que recuerde que es el reconocido hombre de negocios que es, y mucho menos que es Iron Man. ―Dijo con pesar.

El problema era serio y Steve estaba empezando a asustarse.

― ¿Hay algo que podamos hacer para que recupere la memoria?

―Lo más común es que el paciente se recupere de a poco. Visitar lugares conocidos, revivir momentos importantes, rodearse de sus seres queridos siempre adelanta el proceso. En algunas ocasiones los pacientes nunca recuperan la memoria, algunos tardan meses o años, algunos se recuperan espontáneamente al revivir un recuerdo especialmente importante que sirve como gatillo para abrir las memorias bloqueadas. ―El médico suspiró. ―Todo depende de la profundidad del daño. No es algo que podamos predecir con facilidad. Los estudios en el campo de la memoria no han logrado explicar con exactitud su funcionamiento con relación a lesiones como estas, por lo que es un territorio frágil e impredecible. Lo lamento.

Steve se sintió como en un callejón sin salida, pero debía ser fuerte por Tony.

―Doctor, supongo que no será buena idea dejar caer toda la información sobre su vida de forma abrupta. ―Observó Steve.

―Así es, por lo que debería omitir la información de Iron Man y todo aquello que sea especialmente chocante en su vida.

―Hay un problema con eso…―Steve sabía cuál sería el primer problema: el reactor ARC que Tony había negado a quitarse del pecho.

Un grito se escuchó desde la habitación de Tony y luego la enfermera salió por ayuda.

Cuando Steve entró se encontró con la imagen que se había formado en su mente menos de un minuto antes, mientras hablaba con el doctor en el pasillo. Tony miraba con horror y miedo la brillante luz azul que salía de su pecho. Sus manos estaban abiertas sobre su pecho, pero sin tocarlo, dudando si sería buena idea llevar sus manos al aparato que tenía incrustado en el cuerpo.

Acompañado por el doctor, Steve se acercó y, con cuidado, tomó las manos de Tony, alejándolas de su cuerpo. El moreno lo miró con algo de súplica.

―Escucha, Tony. ―Dijo con voz suave. ―Sé que es confuso y que estás asustado, pero todo tiene una explicación. Lo que tienes en el pecho es… algo que protege tu corazón.

― ¿No es un corazón mecánico? ―Preguntó con ansiedad bañando sus palabras y un poco de alivio en la mirada.

―Escúchame, Tony. Hace casi doce años estuviste en un accidente y para salvar tu vida tuvieron que poner el reactor en tu pecho.

―Reactor. ―Susurró el genio.

―Así es. Este aparato se llama Reactor ARC y te prometo que no es peligroso. Puedes tocarlo. Es lo que te ha mantenido con vida todos estos años.

Poco a poco el soldado dejó ir las manos temblorosas del genio, que se dirigieron inmediatamente al reactor. Lenta y cuidadosamente puso sus manos sobre él; estaba frío. Su mirada se dirigió a Steve.

― ¿Cómo funciona? ―Y ahí estaba el Tony que Steve conocía; un hombre lleno de curiosidad, siempre ansiando saber algo más.

―Te explicaré como funciona y te mostraré algo fantástico cuando volvamos a casa. Te gustará. Te mostraré lo que lo hace funcionar.

―Casa. ―Sopesó la palabra. ―Vivimos juntos…―Susurró. ―Nosotros… estamos casados, ¿no es así? ―Preguntó con una timidez que sorprendió al rubio.

Tony Stark era todo menos tímido y el no saber nada de su vida antes del accidente le había arrebatado no solo sus recuerdos, sino también su excéntrica personalidad. El corazón de Steve se apretó y un nudo comenzó a formarse en su garganta. Quería recuperar a Tony y eso incluía esa formidable personalidad que lo desquiciaba al tiempo que lo enamoraba.

El genio notó que la mirada del soldado se llenaba de distintas emociones, pero antes de contestarle su mirada se llenó de suavidad y cariño. Una de las manos del hombre se acercó a la suya y algo en su mirada le hizo sentir seguridad por lo que decidió no apartar la mano.

―Lo somos. Nos conocimos hace casi diez años y hemos estado casados desde hace cinco. ―Apretó un poco su mano. ―Pero no voy a presionarte, solo quiero que te recuperes para llevarte a casa y ayudarte a recordar.

Había algo en la voz suave y llena de amor del rubio que hacía que Tony quisiera abrazarse a él, pero no lo conocía, así que no podía hacer algo así. Además…

―Todo me duele. ―Se quejó. ― ¿Qué clase de accidente tuve? Siento como si me hubiera caído un rayo.

Steve solo de dedicó una sonrisa torcida. No era exactamente lo que había pasado, pero era una aproximación bastante buena.

•••

Steve habló con el equipo y decidió que sería mejor si todos acordaban ocultar aquella parte su vida que no era normal; todo el asunto de los Vengadores se mantendría en secreto mientras Tony se recuperaba.

―No voy a participar en misiones hasta que todo esto haya pasado, así que tendrán que actuar sin nosotros en caso de que algo ocurra. ―Declaró sin dejar lugar a dudas.

Los otros asintieron y guardaron silencio. La situación no era para bromear y Clint lo sabía.

•••

Tony había estado tres días en el hospital. La mayor parte del tiempo había estado sedado para evitar movimientos bruscos y ayudar a la recuperación de su cuerpo lastimado.

Steve lo observaba desde la silla. Se veía tan pacífico mientras dormía. Tan indefenso y tan inocente. El soldado no podía alejar la vista de su rostro y se negaba a soltar su mano. Mucho menos después de la primera noche; Tony había tenido pesadillas. El millonario no había despertado, pero se había revuelto en la cama, bañado en sudor y con la respiración agitada. Habían bastado las palabras de Steve, tal vez solo oír su voz, para calmarlo. Desde ese momento se había reusado a moverse de la habitación y no había soltado su mano a menos que estuviera despierto. Tony se tensaba con su toque cuando estaba despierto porque no lo conocía. No recordaba nada de su historia juntos; sus peleas, sus discusiones, sus besos, sus caricias, los miles de "te amo" que se habían dicho una y otra vez. Eso le dolía, pero tenía el consuelo de que, inconscientemente, Tony todavía lo recordaba y no rechazaba su contacto mientras dormía.

Eso le daba algo de esperanza.

La puerta de la habitación de abrió y el doctor entró con una enfermera tras él.

―Buenas tardes, Capitán. ―Saludó el hombre de bata blanca. ―Vengo a informarle que el señor Stark será dado de alta mañana temprano. Sus exámenes no revelan ninguna otra complicación y, usted fue testigo, cuando despertó esta mañana podía moverse con un poco más de libertad y sin tanto dolor. ―Steve asintió. ―De todas formas, le daremos unos analgésicos para cuando el dolor sea demasiado, pero le recomiendo guardarlos para emergencias.

Steve volvió a asentir. Comprendía lo que el doctor quería decir. Sabía de muchas personas que se hacían adictas a los analgésicos y Tony tenía un mal historial con las adicciones.

―Gracias, doctor. ―Dijo Steve con convicción.

El hombre le dio indicaciones a la enfermera para que disminuyera la dosis del sedante que se le estaba administrando a Tony por vía intravenosa.

―Duerma un poco, Capitán. Los días que vienen serán los más difíciles para usted.

Diciendo esto, el hombre se retiró. La enfermera lo siguió poco después, dejando a Steve con sus pensamientos.

•••

El viaje a la torre fue silencioso.

Cuando salieron del hospital, Steve se había asegurado de que el moreno tuviera ropa cómoda para el viaje y habían hecho una salida discreta por la parte trasera del hospital. En la salida principal, como era de esperarse, estaba lleno de reporteros esperando por la gran salida de Tony Stark.

Casi al llegar a la torre Tony se decidió a hablar.

― ¿Por qué salimos en secreto del hospital? ―Miró a Steve por primera vez desde que se subió al auto. ― ¿Y por qué tenemos un chofer?

Steve sonrió ante la inocencia y la timidez reflejadas en la segunda pregunta.

―Ambas preguntas tienen una misma respuesta. ―Respondió. Iba a acercar su mano a la de Tony, pero se detuvo antes de siquiera moverse. ―Tal vez no lo recuerdas, Tony, pero eres un genio. ―La forma en que los ojos de Tony se abrieron en sorpresa volvieron a pintar una sonrisa en su rostro. ―Eres el dueño de Stark Industries, la empresa más lucrativa del país. Eres uno de los hombres más rico del planeta, Tony.

― ¿Lo soy? ―Preguntó con algo de agitación. ―Yo no sé nada sobre cómo dirigir una empresa. ―Dijo con confusión.

―No debes preocuparte por nada de eso. La empresa lleva varios años en manos de tu mejor amiga, así que nadie te espera para trabajar. Lo único que debe preocuparte es tu recuperación. ―Dijo con voz suave.

El otro asintió y apartó la mirada. No soportaba ver esa mirada llena de amor y no poder corresponder.

•••

Por la tarde, al entrar al Pent House, Tony quedó maravillado por el enorme lugar.

―Es hermoso. ―Dejó salir en un susurro. ―Es enorme.

Steve dejó salir una risa.

―Yo tuve la misma impresión la primera vez que entré a este lugar. ―Dejó el bolso con las cosas que los chicos le habían llevado al hospital en el piso. ―Ven, te mostraré el lugar.

Con algo de duda, Tony asintió y caminó junto a Steve mientras le mostraba el enorme lugar.

―Esta es nuestra habitación. ―Dijo al abrir la puerta de la habitación principal. ―Detrás de esta pared está toda tu ropa, ―presionó un botón en la pared y esta se abrió. Tony estaba más que maravillado. ―Por ahí está el baño y esta, ―se acercó al gran ventanal―es la mejor vista de la ciudad New York.

Tony caminó con lentitud y observó maravillado los edificios y los autos que se veían diminutos bajo sus pies. Después de un par de minutos se dio vuelta; sus manos juntas, sus dedos retorciéndose con nerviosismo.

―Nosotros… este… Sé que estamos casados. ―Mencionó con duda. ―Me lo dijiste, pero yo no recuerdo. ―Hizo un gesto en dirección a la cama y Steve comprendió.

Con una sonrisa triste respondió a la pregunta no dicha.

―Hice que cambiaran mi ropa a la habitación de al lado. No me quedaré contigo sabiendo que eso te hará sentir incómodo.

―Pero…―Lo miró con algo parecido al miedo.

El soldado odiaba ver esa mirada temerosa dirigida hacia él.

―Tony, sé que no recuerdas nada de esto. Que no recuerdas ser mi esposo ni el amor que nos tenemos… no voy a obligarte a recordar y mucho menos a hacer algo que no quieras. ―Se acercó y levantó su mano, esperando que Tony la tomara. Cuando sus manos se tocaron volvió a hablar. ―Te amo. No importa si no lo recuerdas. Solo quiero que sepas que estoy aquí para ti.

―Yo… no sé qué decir. ―Respondió. Steve notó que su mano temblaba ligeramente.

―No tienes que decir nada. ―Soltó su mano sin ganas. ―Hay alguien a quien quiero presentarte. Sígueme.

Caminaron en silencio hacia la sala de estar.

―Esta casa está controlada por una Inteligencia Artificial que tú creaste hace muchos años. ―Explicó. ―JARVIS. ―Llamó.

Es un placer tenerlo de regreso, Señor. ―Saludó la I.A.

El moreno miró a su alrededor y finalmente al cielo, su mirada llena de confusión.

―Hola. ―Saludó Tony dudoso.

―JARVIS es algo así como un computador que dirige la casa. Todo este lugar está automatizado. ―Intentó explicar Steve.

Esa es una descripción realmente básica de lo que soy, Capitán. ―La voz de JARVIS parecía algo ofendida.

Tony miró a Steve por un momento. Decidiendo si sería buena idea preguntarle algo a aquel hombre. Si era sincero consigo mismo, se sentía un tanto intimidado por la apariencia de su… esposo.

― ¿Steve? ―Habló en voz muy baja.

El rubio lo miró y asintió, dándole a entender que estaba escuchando.

―El doctor y ahora… emm… ¿JARVIS? ―Dudó. Steve asintió. ―Te llamaron Capitán. ―Hizo una pausa antes de terminar con su pregunta. Inseguro de preguntar. ― ¿Eres parte del ejército?

―Lo fui. Hace mucho tiempo. ―Suspiró. ―Ahora trabajo para una agencia del gobierno, pero en este momento tengo permiso para quedarme contigo y ayudarte en tu recuperación. Si eso está bien contigo, por supuesto. ―Agregó con rapidez.

El otro solo asintió, sin saber si negarse era una buena idea.

•••

El mecánico se excusó por un rato diciendo que quería darse un baño. Al parecer le molestaba el olor a hospital que tenía en el cuerpo y en la ropa. Al menos eso no había cambiado, aunque el moreno no lo sabía. Steve aprovechó ese tiempo en soledad para hacer lo mismo. Se dirigió a su nueva habitación y se dio una ducha rápida, se cambió de ropa y le dio algunas indicaciones a JARVIS.

―Tony no puede saber de Iron Man ni del resto del equipo. En su condición solo lo confundiría más. El acceso al taller está totalmente restringido. Tony no debe saber de su existencia; a menos que lo recuerde, no puede saber dónde está. Todas las armaduras están allí.

Como ordene, Capitán. ―Estuvo de acuerdo la I.A.

―Cuando Tony termine de darse un baño dile que baje a la cocina. Prepararé algo de comida. ―Indicó antes de salir de su habitación.

•••

Rato después, Steve estaba frente a la cocina, preparando algo simple. Sintió pasos suaves y poco decididos acercarse a la cocina. No podía creer que esos fueran los pasos de su Tony. El Tony que él conocía siempre caminada con decisión y algo de altanería, sin olvidar su elegancia y perfección. Esos no eran los pasos del mismo hombre. Tony había perdido su esencia al perder la memoria; el filántropo no sabía cómo comportarse cuando estaba en su presencia, parecía asustado todo el tiempo, dudaba de cada cosa que hacía y decía, y lo peor de todo es que parecía temeroso de él.

Respiró profundamente un par de veces y se obligó a alejar esos pensamientos. Se dio media vuelta y sonrió al recién llegado.

―No hay nadie más en este lugar. ―Mencionó el moreno.

―Normalmente no te gusta compartir tu espacio. ―Respondió con simpleza.

Tony pensó en eso. ¿Qué clase de persona era antes? No recordaba nada de sí mismo. Hasta hace un par de días ni siquiera sabía su propio nombre. No estaba seguro de qué hacer. No sabía cómo debía comportarse. No estaba seguro de nada y la sonrisa triste de Steve le hacía sentir mal por no recordar nada. Podía notar que el rubio lo estaba intentando, pero se veía claramente en su mirada que estaba sufriendo por toda la situación. Pero no había nada que él pudiera hacer por cambiar las cosas, quería sentir pena por el sujeto, pero no sentía nada por él. No recordaba sentir nada por él y eso le molestaba. El hombre era su esposo, JARVIS lo había confirmado, pero no recordaba haber pasado tiempo con él. Solo recordaba haberlo visto cada vez que despertaba en el hospital.

Trató de pensar en otra cosa y se sentó en la isla de la cocina.

―Yo… me preguntaba… ―Suspiró. ― ¿Cómo se hacen las cosas aquí? ―Dudó. ―Es decir, ¿hay turnos para cocinar o algo así? ¿Quieres que yo haga el desayuno por las mañanas?

Steve no pudo evitarlo y comenzó a reír.

―No. ―Rió un poco más. ―Digamos que la cocina no es lo tuyo. ―Explicó. ―La última vez que cocinaste tuvimos que remodelar la cocina.

El mecánico lo miró con confusión e inclinó su cabeza hacia un lado. Ese gesto se le antojó infinitamente inocente a Steve.

―Te mostraré. ―Aseguró. ―JARVIS, ¿puedes mostrarle la grabación de ese día?

Será un placer.

Una pantalla holográfica apareció frente a un sorprendido Tony. Un video comenzó a reproducirse y el moreno miró atónito los acontecimientos. Verse a sí mismo en una grabación y no recordar el suceso era algo extraño. Pudo ver la mirada y la forma de moverse del Tony de la grabación y comprendió la tristeza en el rostro de Steve.

―No soy el mismo hombre del video. ―Susurró. ―Por eso te ves triste.

Un gesto de dolor se formó en el rostro del hombre del pasado y una opresión comprimió su pecho.

―No te preocupes por mí. Lo importante es que tú estés bien.

Por alguna razón, Tony sintió que eso no era correcto. Si bien no sentía nada por el sujeto, no podía dejar de preocuparse por él. Steve estaba haciendo todo lo posible porque él estuviera bien, para que no se sintiera incómodo en este lugar tan desconocido. Al menos debía intentarlo. Se prometió intentarlo.

―Steve, no creo que eso sea cierto. No puedes despreocuparte de ti mismo por mi causa. ―Dijo con menos dudas que antes.

―Está bien, Tony. Tienes razón. ―Sonrió.

Comieron la comida que Steve preparó y Tony agradeció y halagó la comida.

―Mmm… En el hospital dijiste que me explicarías como funciona esto. ―Indicó su pecho.

―Claro. ―Asintió. ―No seré yo quien lo explique completamente, porque solo conozco una parte de su funcionamiento.

Se levantó y una vez más, a causa de la costumbre, alzó su mano esperando por la mano de Tony. Algo dudoso, pero menos temeroso que al principio, Tony tomó la mano de Steve y el rubio pensó que eso ya era un avance; su mano no temblaba con nerviosismo.

Sí… había pensado demasiado pronto. Minutos después, cuando entraron a la sala de estar, la mano de Tony comenzó a temblar por el nerviosismo y Steve lo tomó como una señal para alejarse y darle algo de espacio al moreno.

―El reactor es una especie de imán que mantiene pequeños fragmentos de metralla lejos de tu corazón. ―Contó. ―O al menos eso es lo que me dijiste cuando te lo pregunté. ―Suspiró. ―JARVIS, ¿puedes mostrarle a Tony el componente que hace funcionar el reactor?

De pronto la habitación se oscureció y en el centro del lugar apareció un pequeño holograma de color azul. Steve había hecho que Tony se sentara en el sofá. El moreno miraba encantado el holograma. El soldado se acercó y juntó sus manos sobre la esfera, luego expandió sus brazos y ambos se vieron envueltos por el átomo gigante. Steve se deleitó con la sonrisa maravillada que adornaba el rostro de su esposo. El rostro de Tony se iluminó de tal forma al escuchar la explicación de JARVIS que Steve se quedó embobado mirándolo durante lo que parecieron horas, pero no fueron más de diez minutos. Ver esa sonrisa llena de emoción en su rostro le hizo tener aún más esperanzas. Tony no lo sabía, pero su hambre por el conocimiento seguía ahí, su facilidad para maravillarse por la ciencia también seguía ahí, solo tenía que encontrar la forma de hacer que recordara su vida y ahora tenía algunas pistas.

―Es hermoso, Steve. ―Dijo con una enorme sonrisa de felicidad en su rostro. ― ¿Es cierto que yo lo hice? ―Preguntó emocionado.

―Lo hiciste, Tony. Eres un genio, ya te lo había dicho. Has creado muchas cosas, pero por el momento creo que es suficiente. ―Informó. ―El doctor dijo que tenías que tomarte las cosas con calma y no debemos llenarte de información tan rápido.

Tony asintió y siguió observando el holograma. Luego de un rato se atrevió a jugar con el átomo, imitando los movimientos que había hecho Steve con sus manos.

El soldado lo observó con atención. Esos movimientos eran los mismos que hacía antes. Era como ver a su Tony otra vez.

•••

Por la noche, Tony no podía dejar de pensar en lo que Steve le había explicado. Había estado largos minutos frente al espejo observando el reactor. JARVIS le había explicado todo lo que necesitaba saber sobre él con palabras que podía entender ahora que no recordaba las cosas que sabía antes. Mucha de la jerga científica que usó JARVIS al principio no significaba nada para él.

Ya en la cama, la enorme cama, se sintió solo. Si bien no recordaba lo que era dormir con alguien a su lado, su cuerpo ansiaba el calor de alguien más en la cama y eso lo asustó. Sabía que su cuerpo debía querer la presencia de Steve, pero él simplemente no podía permitirlo. Sí, había superado un poco la inquietud que le provocaba el rubio, pero aún se sentía intimidado por su presencia.

Steve era un hombre alto y estaba lleno de músculos que se veían poderosos y temía que pudiera hacerle daño. La mirada del otro le decía que no sería capaz de lastimarlo, pero eso no disminuía su miedo. Además, estaba solo en el Pent House con ese hombre. Steve había sido un soldado y no sabía si podía tener algún tipo de reacción violenta ante algún evento inesperado.

―JARVIS, ¿Steve ha tenido algún tipo de problema después del ejército? ―Preguntó al cielo.

Tendrá que ser un poco más específico, Señor. El Capitán Rogers trabaja para una agencia del gobierno y eso trae muchos problemas. ―Desvió la I.A.

―Me refiero a algún tipo de violencia doméstica. ―Susurró.

Por supuesto que no, Señor. ―Afirmó la I.A. ―El Capitán siempre es un hombre muy pacífico a menos que usted esté en peligro. Nunca levanta la voz a menos que tengan una discusión muy intensa, pero nunca ha utilizado la violencia en su contra. En contra de nadie, a decir verdad. ―Aseguró.

JARVIS sabía que su creador sufría de ansiedad cada vez que estaba en una habitación con el Capitán, había monitoreado sus constantes vitales desde que entró al edificio. También sabía que no podía revelar la verdad sobre el violento trabajo del Capitán, o del suyo. Debía ir con cuidado a su alrededor.

Después de escuchar esa respuesta, Tony pudo respirar un poco más tranquilo. Finalmente, luego de dar vueltas en la cama por más de una hora, se durmió.

•••

Los días pasaron con una incómoda lentitud. Afortunadamente Tony no sentía dolor. Tampoco dejaba que Steve se acercara más de lo estrictamente necesario y eso lastimaba al soldado, que solo podía disfrazar su dolor con una sonrisa torcida. Tony no entendía, pero su cuerpo quería abrazar al rubio cada vez que sus ojos se apagaban y sus rasgos se volvían tensos; quería consolarlo, su cuerpo quería hacerlo, pero él no podía. Simplemente no podía.

A pesar de todos los incómodos momentos que ocurrían a lo largo de todo el día, Tony no podía esperar a que llegara la noche para seguir averiguando cosas de su pasado. Cada noche se encerraba en su habitación y se sentaba en medio de la cama a observar grabaciones de seguridad. Resulta ser que Tony Stark era un hombre que grababa todo lo que ocurría a su alrededor. Y en su mayoría, guardaba los videos de cosas que resultaban interesantes, importantes o buenas para futuras extorsiones a sus amigos. Al parecer, su yo pasado era ese tipo de persona.

Las grabaciones importantes estaban divididas en otras categorías: proyectos, a la cual tenía prohibido el acceso, una que se llamaba equipo, a la cual también tenía prohibido el acceso, misiones, también prohibida… la única categoría a la que tenía acceso era una llamada Steve.

Resulta ser que esa sección de las grabaciones contenía todo tipo de momentos que había vivido durante su tiempo juntos. JARVIS le había explicado que incluía momentos desde el mismo día en que se conocieron hace casi diez años. Él estaba más interesado en ver las grabaciones recientes; las de su tiempo de matrimonio.

Había comenzado con grabaciones comunes y corrientes. Momentos del día en que la pareja pasaba tiempo de calidad en el sofá o en la cocina.

El rostro de Tony siempre se iluminaba cuando el alto soldado se adentraba en una habitación. Tony parecía no poder quitar sus ojos de encima de su esposo y lo miraba con una adoración y amor que no podía comprender. Sí, al parecer estaba enamorado de ese hombre, pero por más que lo intentaba no podía traer de vuelta esos sentimientos a su yo presente. Su mente estaba en blanco y sus sentimientos parecían perdidos y confusos.

El video de esta noche era algo diferente. Ambos estaban en la cocina, Steve cocinaba y Tony sacaba un par de copas y el vino para la cena. De pronto, Tony se acercó a Steve por la espalda y se abrazó a él. Pudo ver que susurraba unas palabras, pero por miedo a que Steve escuchara las grabaciones por casualidad, no tenía encendido el volumen y no pudo escucharlas. Pero fue evidente que Steve estaba complacido por lo que había escuchado. Inmediatamente se dio la vuelta en el abrazo y comenzó a besar a Tony con pasión.

Un jadeo de sorpresa escapó de sus labios al ver la simpleza de sus movimientos, la coordinación perfecta. Como si hubieran hecho aquello miles de veces, pero, a la vez, fuera una nueva experiencia. Como los brazos de Steve lo atraían con fuerza a su cuerpo, pero sin hacerle daño, como sus labios viajaban por el cuello del moreno haciéndole tirar la cabeza hacia atrás y separar los labios, como esas caricias llenaban su rostro del más puro placer y éxtasis. Tony estaba seguro de que su grabación había dejado escapar un sonido, pero tenía miedo de escuchar el video.

Se sonrojó al pensar en cómo se sentiría si esos labios recorrieran su cuello y no los de aquel Tony en la grabación. Se sentía como un extraño. Al ver las imágenes le parecía estar viendo a otra persona porque no podía recordar ninguno de esos momentos. Nada de eso le había pasado a él. No que él pudiera recordarlo, en todo caso.

Los besos y caricias entre Steve y el Tony del video se volvieron cada vez más intensos y rápidamente la ropa desapareció de sus cuerpos. En un simple movimiento Tony se volteó y Steve lo atracó contra la encimera. El moreno soltó otro jadeo de sorpresa cuando vio el rostro de Tony llenarse de placer y lujuria ante ese movimiento. Pudo ver el preciso momento en que Steve entró al cuerpo de Tony y su corazón se aceleró y su respiración se volvió irregular.

― ¡JARVIS, apaga el video! ―Gritó llevándose una mano al pecho.

Las imágenes de sí mismo y Steve haciendo el amor en la cocina tardaron varias horas en desaparecer de su mente, impidiéndole dormir y haciéndole sentir aún más solo y necesitado de alguien a su lado. Cuando por fin pudo dormir un poco, sus sueños estaban llenos de los pequeños detalles que había visto en su rostro a través del video.

•••

A la mañana siguiente Tony se negó a comer en la cocina. Ni siquiera quiso entrar al lugar. Estaba tan avergonzado de lo que había visto la noche anterior. No podía mirar a Steve al rostro sabiendo lo que ese hombre había hecho con su antiguo yo. No podía evitar pensar en si el rubio rememoraba esos encuentros mientras estaban juntos en la cocina; esperando a que volvieran a repetirse.

Casi al caer la noche la mano de Steve se posó en su hombro, sorprendiéndolo. Pegó un salto y lo miró con miedo. ¿Sabría en lo que estaba pensando? ¿JARVIS le habría dicho que estuvo viendo esos videos?

―No quise asustarte. ―Se disculpó el rubio, alejándose. ―Lo siento.

―No… no te disculpes. Estoy algo distraído.

Los ojos de Steve se abrieron con ilusión.

― ¿Recordaste algo? ―Pregunto con emoción.

―Lo lamento, pero no.

―Oh. ―Hubo un silencio algo incómodo. ―Quiero mostrarte algo.

Una vez más la mano de Steve estuvo ahí, esperando la suya. Ya se había acostumbrado a eso y ahora su mano no temblaba con ansiedad al tomarla. Así, con las manos juntas y los dedos entrelazados, caminaron hacia el elevador.

― ¿Vamos a salir de la torre? No he salido desde que llegué. ―Dijo con la respiración algo agitada. ―Eso fue hace más de una semana, pero…

―No te preocupes, Tony. Sé que no estás listo para salir. Iremos a otro lugar, sin salir de la torre.

•••

Steve había decidido tomar en sus propias manos la recuperación de la memoria de Tony. Como bien había dicho el doctor, podía ser que nunca recordara, que recordara de a poco, o que algún lugar o situación gatillara su memoria de vuelta. Es por ello que había decidido rememorar junto a su esposo algunos de sus más memorables momentos.

La noche en que Steve le propuso matrimonio había sido hermosa y estrellada. La luna llena brillaba en la hermosa postal nocturna de la bulliciosa y brillante noche en Nueva York. El soldado había planeado la cena, había cocinado, había decorado el lugar y puesto la mesa en medio de la azotea. Las luces eran tenues proporcionándole al lugar una intimidad casi mágica.

Cuando salieron del elevador, Steve lideró el camino. Su mano cálida unida a la de su desmemoriado esposo.

―Espero que no te moleste, pero preparé una cena especial para ti. ―Dijo con voz suave, acercándose más de lo que a Tony le resultaba cómodo.

―Yo… no sé qué decir. ―Susurró el otro. Su voz ansiosa y algo temblorosa. Su mirada fija en el piso.

Steve dio un paso atrás.

―No quise incomodarte. ―Su rostro se llenó de tristeza. ―Lo lamento. No debí acercarme tanto.

Otra vez, en el pecho de Tony se formó esa extraña sensación de pesadez. Esa opresión que le hacía querer acercarse a él y abrazarlo hasta que una sonrisa se instalara en sus labios. Pero, aunque su cuerpo quería consolarlo, su mente no dejaba de repetirle que no podía hacerlo.

En silencio, Steve le instó a sentarse. Caballerosamente le ayudó con la silla y, con un gesto de su mano, una suave música comenzó a sonar. La cena estaba recién servida y ambos comieron en silencio por un rato. Tony estaba ansioso y muy nervioso, pero quería saber más. Le molestaba no recordar lo que antes solía ser.

―Quiero… Yo…―Steve lo miró con interés y posó una mano sobre la suya y le dio un ligero apretón, brindándole seguridad. ―Quisiera que me contaras cosas de antes.

― ¿Quieres que te ayude a recordar? ―Preguntó con esperanza.

―Bueno…―Dudó. ―Ha pasado poco más de una semana y no me has dicho nada sobre mí o sobre nosotros. No me gusta no saber. Además…

Cuando Tony apartó la mirada, Steve retiró su mano. No quería ponerlo más nervioso.

―No quise presionarte. Al principio, más que perdido, parecías asustado. ―Una mueca de dolor apareció en su rostro. ―Parecías asustado de mí y no quise imponer mi presencia sobre ti. Quise darte algo de tiempo.

Por primera vez en esa eterna semana, Tony inició el contacto con Steve. Su mano alcanzó la del soldado y se posó suavemente sobre ella, acariciando sus nudillos.

―No sé cómo ni por qué, pero cada vez que veo esa mueca de tristeza en tu rostro, el dolor reflejado en tus ojos… ―se sonrojó y luchó consigo mismo para mantener su mirada en esos ojos azules― No te recuerdo. No sé quién eres en realidad ni quienes fuimos antes de despertar en ese hospital. Lo único que sé es que cada vez que eso pasa… mi cuerpo quiere correr hacia ti y abrazarte. Borrar esa tristeza de tus facciones… pero no puedo.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del soldado.

―Creo que lo entiendo. No voy a presionarte. ―Volvió a asegurar.

El silencio se hizo por un par de segundos luego de eso.

―Sí tenía miedo de ti. ―Dijo con voz tímida. ―No puedo explicarlo, pero no sé cómo defenderme y tú pareces un hombre capaz de lastimar a alguien si te lo propones.

Eso causó un corto circuito en el cerebro de Steve. Tony creía que él podía ser capaz de lastimarlo. Lastimarlo a propósito.

―Tony, yo jamás te haría daño. ―Se apresuró en decir cuando su cerebro volvió a funcionar. Su mano se volteó, ahora sus palmas juntas y su agarre más seguro. ―Jamás. Te lo juro.

―Lo sé ahora. Pero debes entender que, al principio, sobre todo cuando supe que eras parte del ejército, creí que podías perder la paciencia conmigo. Que estarías molesto conmigo por no recordar. Yo…―sus ojos brillaron con algo parecido al miedo, mezclado con vergüenza.

―Cuando se trata de protegerte soy capaz de cualquier cosa, Tony. Aunque tú no lo recuerdes, yo sí y te amo. Y jamás sería capaz de hacerte daño. Una de las razones por las que funcionábamos tan bien como pareja es porque tengo una paciencia enorme. ―Sonrió. ―Siempre decías que tengo la paciencia de un santo.

Tony sonrió con timidez. Estaba seguro de que Steve jamás le haría daño, JARVIS se lo había dicho, pero escucharlo de su propia boca era algo muy distinto. Pudo ver la verdad en los ojos del rubio y eso le dio el coraje para más.

―Cuéntame más. ―Pidió. ―Sobre mí, sobre nosotros.

El resto de la noche Steve se concentró en contarle su primer encuentro. Tuvo que omitir algunas partes, pero logró relatar el hecho por completo y con detalles, incluso su gran discusión que casi los llevó a los golpes.

―Dijiste que nunca me harías daño. ―La voz de Tony sonó algo decepcionada y alarmada.

―Y nunca lo haría. Nunca lo he hecho. ―Aseguró. ―Nunca llegamos a pelear realmente. Hubo un problema que nos detuvo y era más importante solucionarlo que satisfacer nuestros egos. De hecho, luego de esa discusión comenzamos a trabajar juntos como un equipo. Hubo discusiones, claro que sí, pero nos hicimos amigos rápidamente. Aunque realmente no teníamos absolutamente nada en común. ―Sonrió con nostalgia.

El moreno había escuchado sus palabras atentamente y había observado su rostro en todo momento, buscando por algún signo de falsedad, pero no encontró ninguno.

―Creo que es suficiente por esta noche. ―Declaró el soldado. ―No es bueno sobrecargarte con información. Tenemos tiempo.

Una vez terminada la cena, Steve acompañó a Tony hacia la que hasta hace una semana era también su habitación. En la puerta, tomando todo el valor que pudo, esperando no arruinar las cosas, llevó la mano derecha del moreno hasta sus labios y besó suavemente el dorso de esta. Pudo escuchar un jadeo de sorpresa y, afortunadamente, la mano de Tony no se retiró. Cuando lo miró a los ojos pudo ver que sus mejillas estaban enrojecidas.

Fue en ese momento en que decidió que, si no podía hacer que los recuerdos de Tony volvieran, lo único que podía hacer era volver a enamorar a su esposo.


Espero que les haya gustado esta primera parte. No sé si publicaré la segunda parte la próxima semana o la subsiguiente, pero no dejaré pasar tanto tiempo.

Me disculpo si dejé pasar alguna falta de ortografía, pero he leído esto tantas veces que ya no las veo. Supongo que más de alguien sabe a lo que me refiero.

Díganme si les gusta y cuéntenme qué opinan. Me encantan sus reviews y conocer sus ideas.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye ;D


Viernes 07 de Agosto, 2020.