Hola a todo el mundo!
He vuelto con la segunda parte de este fic.
Y esta vez no me demoré un año. Creo que estoy progresando.
Disfruten su lectura :D
Por favor, dime que no lo hicimos
Parte II
Steve había logrado un par de avances en esa semana que había pasado desde que Tony puso sus pies en la torre. Había logrado hablar con él por más de dos horas sin que se pusiera nervioso. Eso era un gran logro. El moreno aceptaba tomar su mano y ya no temblaba de miedo o ansiedad ante el contacto. También estaba el hecho de que habían hablado sobre el miedo que Tony sentía al saber que Steve había estado en el ejército; al menos ahora ya lo sabía y podía actuar con más cuidado a su alrededor. Porque, si bien Tony había asegurado que ahora sabía que no sería capaz de hacerle daño, Steve estaba seguro de que tomaría más que una conversación para que el genio realmente internalizara ese conocimiento y su miedo desapareciera por completo. No era algo que se pasara de un momento a otro y el soldado lo sabía bien; aún tenía miedo de que Tony no se recuperara y le aterraba la idea de perderlo. Los miedos eran difíciles de manejar. Oh, y no podía olvidar que había escoltado a Tony a su habitación luego de la cena y el moreno había permitido que besara su mano en un gesto de galantería.
El soldado estaba feliz por sus pequeñas victorias. Ahora debía pensar en formas de acercarse nuevamente a su esposo y, si no podía ayudarle con sus recuerdos, al menos lograría que volvieran a ser la pareja que eran antes.
•••
Los días siguieron pasando y cada día Steve hacía algún movimiento para acercarse a su esposo. El primer día luego de la cena, Steve preparó el desayuno y se lo llevó a la cama. Preparó una bonita bandeja con comida suficiente para el apetito que el genio tenía por las mañanas y la subió a su habitación. Entró en el más absoluto silencio y dejó la bandeja en el velador. Luego salió en igual silencio y bajó a la cocina a comer su propio desayuno.
―El Señor ha despertado y está disfrutando de su comida, Capitán. ―Informó JARVIS minutos después.
La sonrisa de Steve no podía ser más brillante al escuchar eso.
Casi una hora después, Steve leía sentado en el sofá cuando un tímido Tony se acercó a él y le agradeció el gesto. Tony se veía nervioso, pero no temeroso como días antes. Le dedicó una de esas sonrisas que solían derretir al moreno cuando estaban solos y fue correspondido con un sonrojo y una salida nerviosa del genio hacia otro lugar del Pent House.
•••
Tony había vuelto a su habitación y había enfocado toda su atención en los videos de seguridad que le mostraban un pasado que no recordaba. Lo que fuera con tal de no tener que estar cerca del hombre que lo ponía nervioso en más de un sentido.
JARVIS le había proporcionado unos audífonos para que no tuviera que ver los videos sin sonido y así saber lo que decían. La noche anterior había visto uno de la pareja tomando desayuno en la cama. Se vio a sí mismo recostado cómodamente contra el cabecero de la cama, una taza de café en una mano, comiendo una tira de beicon con la otra. Todo esto mientras Steve estaba recostado a los pies de la cama, con medio cuerpo levantado, apoyado en su antebrazo; jugo de naranja en una mano mientras observaba a su yo pasado con adoración. La bandeja estaba entre ellos y lo único que los cubría era una fina sábana blanca que no dejaba mucho a la imaginación. La tela apenas cubría lo necesario.
En un momento, la grabación cambió. Había dejado de poner atención por un par de segundos y la bandeja había desaparecido de la cama y Steve se acercaba a Tony con una mirada llena de deseo. Iba a apagar la grabación cuando escuchó su propia voz diciendo "no tienes idea de las cosas que quiero hacer contigo justo ahora". Su voz era seductora y profunda. Él nunca diría algo así. Mucho menos a ese hombre tan… grande. ¿Qué podría hacerle a Steve? Un hombre como él no se dejaría hacer muchas cosas. Parecía de esos hombres que solo daban y no recibían en el tipo de relación que ellos mantenían. Pero cuando vio que el Tony de la grabación quitaba fuertemente las sábanas de sus cuerpos y se abalanzaba sobre el rubio… pensó que no pasaría más de un minuto antes de que el fuerte hombre exsoldado intercambiara posiciones e hiciera lo que lo había visto hacer en la cocina. Esperó a que Steve dominara con su fuerza a ese Tony, pero eso no pasó. En cambio, vio la mano de aquel Tony desaparecer entre las piernas de Steve e ir mucho más allá. Vio como Steve gemía de placer al recibir las atenciones que su yo del video le daba; lo que fuera que estaba haciendo. Aunque podía hacerse una buena idea de lo que hacía.
Pasaron varios minutos del video en que Tony hacía y deshacía con el rubio, quien solo disfrutaba las atenciones que recibía. Tony movía suavemente el brazo derecho, oculto por su cuerpo del ojo de la cámara, que coincidía con la mano que había desaparecido más allá de la entrepierna del rubio. Su otra mano acariciaba los costados del soldado y sus labios repartían besos por todo el torso del hombre bajo él. Steve extendió una de sus manos y la metió debajo de la almohada; una botella de color negro fue entregada a su yo del video. Pudo ver la sonrisa en su propio rostro, ese rostro que veía cada mañana frente al espejo. Era una sonrisa llena de satisfacción y altanería, mezclada con algo suave. ¿Amor, tal vez? No estaba seguro, pero en el momento en que se vio a sí mismo abrir la botella y dejar caer parte del contenido en su miembro… ahí supo que debía apagar el video.
Pero no pudo dar la orden a su voz ni a sus manos para apagar el video, mucho menos a sus ojos para dejar de mirar. Su cerebro se apagó cuando se vio a sí mismo mover las caderas en un movimiento fluido contra las caderas del soldado. Cuando vio el placer explotar en el rostro de Steve no pudo despegar su mirada de aquel acto tan íntimo. No podía entender cómo alguien como Steve se dejaba dominar de tal forma. No podía dejar de observarse a sí mismo mover las caderas con cada vez más fuerza, cada vez con más velocidad y descontrol. Como a cada segundo el rostro de Steve se llenaba de más placer y sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas, apretándolas en su poderoso puño. Como su espalda se arqueaba y un gutural gemido escapaba de su garganta al llegar al orgasmo. Todo esto mientras el Tony del video no dejaba que acariciar cada parte del poderoso cuerpo que yacía frente a él con sus manos y sus labios.
Apagó el video con la respiración agitada y los sentidos alterados. Le parecía incorrecto haber visto aquel video, pero el encuentro había sido tan perfecto, tan atrayente y atrapante. Se quitó los audífonos y cuando fue a levantarse de la cama se dio cuenta de que tenía un pequeño gran problema en sus pantalones.
Avergonzado por la situación, se dirigió al baño y se dio la ducha de agua fría más larga que pudo soportar, evitando otras formas de solucionar el problema.
¿Cómo podría mirar a Steve a la cara ahora que había visto aquel video? Esto era aún peor que ver a Steve hacerle el amor a su yo pasado en la cocina.
•••
Luego de aquel avance con el desayuno, Steve no supo qué había pasado, pero Tony se negaba a mirarlo a la cara. No había hecho ningún otro intento de acercamiento ese día, así que no sabía qué podía estarle molestando, pero claramente era algo relacionado con él. Según recordaba, el moreno había desaparecido luego de agradecer el gesto del desayuno y no lo había visto en todo el día, porque se había negado a bajar a almorzar. Se había excusado diciendo que tenía dolor de cabeza y quería dormir. Steve le había creído y por la noche le había llevado un contundente sándwich con tres tipos de jamón, dos tipos de queso, tomate, lechuga, y algunos aderezos que sabía que a Tony le gustaban, acompañado por un vaso de néctar de durazno.
Tony había evitado mirarlo en ese momento y lo seguía haciendo ahora. Y ya habían pasado dos días.
―Tony, creo que necesitamos hablar. ―Se adentró en la habitación del moreno sin tocar la puerta antes de entrar.
Sorprendido ante la intrusión de Steve, Tony apenas tuvo tiempo para cerrar la pantalla holográfica que había estado mirando durante la última hora. Steve no pareció notarlo o, al menos, no dijo nada sobre el asunto.
El soldado se acercó a los pies de la cama y se paró frente a él en su postura de Capitán América, con los brazos cruzados sobre el pecho. Tony tragó grueso y se quedó sin aliento por un momento. Por un largo minuto mantuvo la cabeza abajo y el miedo junto a la ansiedad crecieron en su pecho.
―Mírame, Tony. ―Comandó con voz firme, pero sin elevar el volumen.
Tony se estremeció al escuchar la firmeza de la orden y no pudo hacer otra cosa más que obedecer. Cuando miró su rostro se dio cuenta que el rubio no estaba enojado, más bien parecía preocupado y triste. Dolido.
―Yo…―Creía que debía disculparse, pero no estaba seguro de la razón. No supo qué decir, así que se mantuvo en silencio.
―Tony, ―ahí estaba otra vez la suavidad en su voz―creí que ya habíamos pasado por todo esto. Creí que…―su voz se cortó― ¿Me tienes miedo, Tony? ¿Es por eso que no te atreves a mirarme cuando me acerco? ¿Por eso me has estado evitando estos últimos días? ―Preguntó con la voz rota. Tristeza bañando sus palabras. Sus hombros descendiendo derrotados al tiempo que sus brazos caían pesados contra sus costados.
El mecánico no sabía lo que estaba haciendo. No sabía por qué su cuerpo le impulsaba de esa forma, pero esta vez se dejó llevar por él y acalló la voz en su mente que le decía que no se moviera. Se acercó gateando por la cama hacia el soldado. Steve retrocedió, dándole espacio para que se pusiera de pie frente a él. Las manos de Tony tomaron las suyas y las llevó a su pecho, frente al reactor. El gesto movió algo de esperanza hacia el pecho de Steve.
―Lo siento, Steve. ―Dijo casi con desesperación. ―En verdad lo siento. Te prometo que el problema no eres tú. ―Enlazó sus miradas. ―Es solo que… he estado viendo videos de seguridad. ―Confesó. ―He estado viendo momentos que tú y Tony compartieron-
―Tú eres Tony. ―Le recordó con fiereza, casi con la misma desesperación que el genio demostró momentos antes.
―Pero no lo soy. ―Sollozó el moreno. ―No soy tu Tony. No recuerdo ser el hombre de los videos. ―Soltó las manos de Steve y comenzó a caminar de un extremo a otro de la habitación. ―Veo a este hombre lleno de seguridad, galante y coqueto que te mira con adoración y un brillo de amor en los ojos que yo no siento. Veo los momentos que compartías con él y yo no puedo ser él. ―Dejó salir en medio de un llanto.
Steve se acercó a él y sin pensarlo lo abrazó a su pecho y lo apretó contra su cuerpo. El moreno lloró en su pecho, pero en ningún momento se abrazó a él. No como lo hubiera hecho antes. Sus brazos siguieron laxos junto a su cuerpo mientras Steve lo abrazaba y eso hizo que el corazón del soldado de desgarrara un poco más.
―Quiero recordar y quitar esa sombra de tristeza que está siempre presente en tus ojos. Quiero ver ese brillo de felicidad que veo en las grabaciones, pero tengo miedo. ―Se apartó de Steve y limpió sus lágrimas con la palma de sus manos. ―Tengo miedo de no recordar y que me dejes solo. No quiero estar solo.
Esas palabras sorprendieron a Steve, pero no tanto como hubiera esperado. Desde que había conocido a Tony se había dado cuenta de que el millonario temía estar solo. Se había dado cuenta por la forma en que siempre trataba de estar acompañado, incluso cuando la compañía no era de su agrado. Incluso cuando estaba solo en su taller, estaba acompañado por sus bots, JARVIS y su música. Saber que aquel miedo seguía ahí, saber que aquel miedo se había enfatizado ahora que Tony no tenía recuerdos, le partía el alma.
―Jamás. ―Aseguró. ―Pon atención, Tony. ―Ordenó. ―Jamás vas a estar solo porque nunca permitiré que eso pase. No importa si no recuerdas nada de tu pasado, yo siempre seré parte de tu presente y tu futuro. Siempre voy a estar ahí. ―Hizo una pausa y se acercó a él. ― ¿Sabes por qué? ―El moreno negó. ―Porque me lo prometí en el momento en que me enamoré de ti. Y porque lo prometí el día de nuestra boda. En mis votos.
La mirada de alivio en los ojos de millonario enterneció a Steve. Se acercó un poco más y posó su gran mano en el rostro del moreno. Inconscientemente, Tony se hundió en el contacto. Steve sonrió; el genio no se había dado cuenta de lo que su cuerpo había hecho.
―Gracias, Steve. ―Susurró.
Si decir nada más, Steve volvió a sonreír antes de depositar un beso en la frente del moreno. Luego salió de la habitación dejando a un sorprendido Tony en medio del lugar.
•••
Al día siguiente, Steve decidió hacer otro avance, pero desde otra perspectiva. Volvió a dejar el desayuno en la habitación de Tony antes de que este despertara y esta vez dejó algo más. La noche anterior había buscado por todo el taller la copia del álbum de bodas que Tony guardaba tan celosamente de la vista de todos. No quiso revisarlo, porque a Tony le gustaba poner anotaciones en diversos lugares y sabía que ese álbum de fotos era tan privado que no quería entrometerse en la intimidad de los pensamientos de Tony. Si alguien podía ver ese álbum con toda confianza era el mismo Tony y eso es lo que haría. Dejó el álbum sobre la cama, junto al moreno, en la almohada que él solía usar cada noche antes de la última misión.
•••
El millonario había despertado antes de lo normal ese día, pero no se había querido mover. No quería enfrentarse a la mirada triste y preocupada de Steve todavía. La puerta se abrió y el aroma a café inundó sus fosas nasales. Una bandeja fue depositada en el velador opuesto al lado de la cama en la que estaba y a unos cuantos centímetros de su cabeza sintió que dejaban algo.
Esperó un poco a que Steve saliera de la habitación y esperó un poco más, en caso de que el soldado decidiera volver, antes de levantarse. JARVIS abrió las cortinas y pudo ver una especie de libro en la almohada. Lo tomó entre sus manos; era un álbum de fotos blanco con las letras en color dorado. Algo cálido se extendió por su pecho al verlo.
Con manos temblorosas lo abrió y lo primero que apareció ante sus ojos fue una foto con un post-it encima. La nota decía: "El día más feliz de mi vida." Levantó un poco la nota y vio la foto: Steve vestido con un traje de gala del ejército y él con un traje de color negro, corbata blanca; se besaban. Se veía feliz en esa foto.
Pasó a otras fotos y sobre cada una había una nota distinta; "Lo amo tanto" decía una donde salía Steve sonriendo a la cámara, con una copa de champaña en la mano; "Nunca pensé que tendría una familia" sobre una foto donde había un grupo de gente que no reconocía, pero se veían felices; "Me he arrepentido de muchas cosas, esta no es una de ellas" decía sobre una fotografía de sus manos entrelazadas, los anillos de matrimonio brillantes. Miró el anillo que traía en su mano. No sabía la razón, pero no se lo había quitado. Lo había intentado, pero no había sido capaz de hacerlo sin sentir como si le golpearan el estómago y lo dejaran sin aliento.
Había una hoja en medio del álbum. Una especie de carta dirigida a sí mismo.
"Siempre estuve solo, incluso cuando tenía a Pepper y a Rhodey para hacerme compañía. Es interesante como un hombre que parecía ser irreal y completamente inalcanzable consiguió sacarme de mi soledad. Steve me salvó de mí mismo en más de una ocasión y es importante que nunca lo olvide. Su amor me ayudó a ser un mejor hombre de lo que siempre fui, me ayudó a recordar que no soy mi padre y sé que puedo ser mejor cada día solo por el hecho de despertar junto a él.
Es extraño escribirme a mí mismo…
Tony, si estas leyendo esto es porque necesitas recordar lo que Steve significa para ti y lo que tú significas para él. Seguramente ahora estás encerrado aquí, viendo este álbum para recordar que una pelea tonta no es suficiente para romper lo que han construido y tienes razón. Porque yo siempre tengo razón. Recuerda que Steve te demuestra cada día lo mucho que te ama y tú haces lo mismo, es por eso que han estado tanto tiempo juntos como pareja y como parte del equipo. Sé que estaré leyendo esto en medio de una pelea tonta de la que más tarde me arrepentiré, pero lo importante es que todo tiene arreglo. Mientras Steve esté ahí, siempre habrá una solución a tus problemas, Tony. No lo arruines. Recuerda que Steve es el amor de tu vida."
Tony se quedó ahí por un largo rato. Parecía que esa carta había aparecido frente a él en el momento que más lo necesitaba. No sabía a qué se refería con lo del equipo y parecía que solían discutir frecuentemente por tonterías, pero lo más importante es que Steve estaba ahí para él. Se lo había dicho la noche anterior, pero leerlo en una carta que había escrito él mismo… tenía otro nivel de verdad cuando eran sus propias palabras. Se preguntaba si Steve tenía conocimiento sobre la existencia de esa carta y las notas, tal vez por eso le había entregado el álbum.
•••
Steve estaba hablando por teléfono cuando Tony bajó, álbum en mano, y se sentó frente a él en la isla de la cocina.
―… Nat, te hablo más tarde. Tony está aquí. ―Guardó silencio mientras Natasha le hablaba. ―Sí, lo sé. Y no, no ha vuelto a fallar. ―Pausa. ―Lo haré. Serás la primera en saberlo. Adiós.
Tony lo observaba con curiosidad.
―Buenos días, Tony. ―Saludó.
―Buenos días. ―Dudó antes de preguntar. ―Este álbum…
―Es tuyo. Es tu copia privada. Lo busqué para ti, pensé que podría ayudar un poco.
El moreno asintió.
― ¿Lo has visto? ―Necesitaba saber.
―Por supuesto que no. Es tuyo y lo guardabas con recelo, así que supuse que solo existía para tus ojos.
Asintió. Así que Steve no sabía de las notas o la carta. No sabía qué más decir ni preguntar, así que se quedó en silencio.
― ¿Te sirvió de algo? ―Preguntó Steve cuando ya no pudo soportar el silencio.
―Me aclaró algunas cosas, pero mis recuerdos… ―negó con la cabeza.
Steve trató de esconder el dolor en su mirada y le dedicó una sonrisa antes de preguntar.
― ¿Quieres ver una película después de comer?
El otro asintió.
•••
Steve había hecho el ofrecimiento de la película sin segundas intenciones, a diferencia de las veces en que Tony le hizo el mismo ofrecimiento, las cuales habían terminado con ellos haciendo el amor en el sofá o la alfombra. La idea del rubio era que el mecánico se distrajera un poco de la presión de no recordar, que se relajara un poco y que disfrutara de su película favorita. Y considerando que no recordaba la película, Steve había creído que el moreno la vería con interés y se maravillaría como si la viera por primera vez; que era la verdad, si consideraba la situación de su esposo.
Lo que no había esperado, fue que el moreno se quedó dormido en el mismo punto de la película en que siempre se dormía. Justo en medio de esta. La primera vez que la habían visto juntos, Tony estaba emocionado por mostrarle su película favorita y Steve se había sorprendido cuando el filántropo se había dormido en su hombro. Al parecer la película tenía un efecto sedante para Tony y Steve había usado el truco de la película un sinnúmero de veces para lograr que se durmiera en sus interminables noches de insomnio.
Pero esta vez lo había tomado por sorpresa cuando la morena cabeza cayó pesadamente sobre su hombro. No sabía cuánto tiempo había estado observándolo dormir con cara de tonto enamorado, pero cuando se había dado cuenta de la situación, Tony se había abrazado a su brazo de la misma forma en que siempre lo hacía. Era un movimiento inconsciente, pero era un avance y eso pintó una sonrisa en su cara.
De la misma forma en que siempre lo hacía, acomodó al moreno entre sus brazos y lo llevó a la habitación. Una vez allí, lo recostó en la cama, le quitó los zapatos y lo tapó con una manta. Acarició su rostro por un momento, observándolo dormir tranquilo y disfrutando la forma en que el moreno hundía el rostro en su toque y sonreía en sueños. Depositó un suave beso en su frente antes de salir de la habitación y dejarlo dormir.
•••
Sí, había sido extraño despertar en su cama sin recordar la forma en que había llegado a ella, pero supuso que había sido obra de Steve cuando se quitó el cobertor de encima y vio que tenía puesta la misma ropa con la que había estado el día anterior mientras veía una película con el rubio. Había tenido un pequeño momento de pánico al despertar en la cama, pero la ropa lo había tranquilizado.
Se dio un largo baño pensando en ello, pero luego decidió que no podía darle muchas vueltas y trató de olvidarlo. Más tarde ese día, había continuado con su pequeña investigación de su vida antes de perder la memoria mediante los videos de seguridad.
En ningún momento se había atrevido a mencionar los videos que había estado viendo. Cuando se lo contó a Steve unas noches atrás solo había dicho que eran videos de ellos antes del accidente. No había mencionado que hasta ahora había visto como Steve le hacía el amor a su yo pasado en la cocina, pasional e inesperado; tampoco había mencionado el video de él haciéndole el amor a Steve por la mañana en la cama que solían compartir, sensualmente y lleno de besos y caricias. Se preguntaba si todos sus encuentros serían así: Steve rudo y pasional, en los lugares menos esperados, mientras él era del tipo dulce y cariñoso, lleno de afecto. Pero no era una pregunta que pudiera hacerle al rubio. Era mejor que Steve no se enterara jamás de los videos que había visto. Apenas podía mirarlo a la cara luego de verlos, sería imposible que lo mirara a la cara si el rubio se enteraba.
Si bien el hombre había demostrado ser atento, paciente, bondadoso y para nada agresivo, su talla aún le provocaba escalofríos. Mucho más aún luego de ese video en la cocina. Si se acercaba mucho o le daba indicios de querer algo más, el hombre no tendría que mover más que un dedo para retenerlo contra su voluntad.
―Señor, debo informar que su frecuencia respiratoria está aumentando peligrosamente, así como su presión arterial. Debe respirar y tratar de calmarse antes de sufrir una crisis de pánico nuevamente. ―La voz de JARVIS lo sorprendió.
―Nuevamente. ―Susurró mientras intentaba calmarse.
―Si tiene alguna duda al respecto, creo que debería hablar con el Capitán Rogers, Señor. ―Pausa. ―También tengo un par de videos que calmarán parte de sus preocupaciones.
JARVIS había mantenido vigilancia estricta sobre su creador, no solo por la insistencia del Capitán, sino que ese era su protocolo. Era su deber saber si su creador estaba en problemas y también aprender de lo que veía a través de las cámaras de seguridad y lo que escuchaba. Durante más de una semana había estado escuchando los susurros de Tony sobre lo peligroso que sería si Steve perdiera la paciencia con él o, ahora mismo, su preocupación de que Steve pudiera lastimarlo en ámbitos más íntimos. Aunque dudaba que su creador fuera consciente de haber murmurado estas cosas en voz alta.
Tony temía de todo lo que no conocía y no conocía nada de lo que le rodeaba, mucho menos al hombre que decía ser su esposo. JARVIS sabía que era un absurdo pensar de esa forma, pero comprendía los miedos humanos tan bien como podía, y tenía sentido que su creador estuviera atemorizado de un hombre que se veía capaz de todo. Es por ello que, había seleccionado videos de seguridad que le quitarían esa idea y así también ayudaría al Capitán. El hombre se veía un poco desesperado y muy desolado por no poder acercarse a Tony sin causar una mala reacción o miedo.
Le presentó una serie de videos durante toda la tarde. Algunas de sus tardes de entrenamiento, para que viera que ni siquiera en esa situación le haría daño, otros sobre sus tardes de lectura y trabajo en el sofá: cuando Steve se sentaba en el sofá con un libro y Tony se recostaba sobre sus piernas mientras trabajaba en su Tablet. Algunos videos como cuando Steve le traía comida a la cama por las mañanas o aquellos en que se quedaban en la cama todo el día, haciendo nada más que abrazarse y besarse suavemente. Tony estaba sorprendido por la amabilidad que había en aquel hombre, JARVIS podía notarlo, pero había algo que aún lo inquietaba y por eso había reservado algunos videos para el final. Aquellos en que los había captado haciendo el amor durante el día, ya que las grabaciones nocturnas estaban restringidas incluso para su creador; requería una clave que no tenía idea que existía porque no tenía recuerdos de haberla creado.
El millonario dejó salir un jadeo de sorpresa cuando se vio a sí mismo saliendo del baño completamente desnudo, con el cabello mojado, saltando a los brazos de Steve. El hombre lo recibía con manos fuertes, pero con un toque suave. Besos y caricias tiernas mientras lo llevaba a la cama. Su corazón se aceleró. Steve dejó caer a Tony sobre la cama y lo siguió en un movimiento que parecía practicado y perfeccionado; fluido y suave. Steve cayó sobre él y siguió con sus caricias y besos por todo su cuerpo, adorándolo y honrando cada palmo de su piel con sus labios. Se veía tan enamorado y cariñoso; en ningún momento vio temor en el rostro que lo saludaba cada mañana frente al espejo, solo veía placer. Escuchó palabras de amor salir de los labios del rubio y gemidos de placer salir de los suyos. Bueno, de ese otro Tony. Steve lo amaba con movimientos suaves, lentos y profundos. Lo que hacía, lo que fuera que fuese, tenía a ese Tony rogando por más y a cada segundo que avanzaba el video, Tony se quitaba un peso de encima. Si Steve se comportaba de esa forma con su yo pasado no podía ser lo que su mente vacía y asustada imaginaba.
Toc, toc.
Saltando del susto que el sorpresivo toque en la puerta, rápidamente, Tony apagó la pantalla y caminó a la puerta para abrirla.
―No has bajado en todo el día y creí que podías tener hambre. ―Fue lo que dijo Steve entregándole una bandeja con comida. ―Buenas noches.
Le había sonreído y se había dado media vuelta para irse, pero la mano de Tony en su brazo lo detuvo.
―Gracias por preocuparte tanto por mí. ―Dijo, refiriéndose no solo a la comida sino a todo lo que había visto en los videos esa tarde. ―Buenas noches.
Steve sonrió y siguió caminado hacia su habitación, considerando aquello como una pequeña, pero significativa victoria.
•••
Tony había visto un par de videos más esa noche mientras comía y se había dado cuenta de que su yo pasado era un hombre con mucha energía y con muchas ganas de trabajar. Siempre que estaba con Steve, el soldado leía o dibujaba mientras él trabajaba. No sabía en qué cosas trabajaba porque JARVIS no tenía permitido darle esa información, pero sabía que trabajaba en estos proyectos como los llamaba la I.A.
―Es por el bien de su salud, Señor. ―Había argumentado la I.A cuando se negó a decirle en qué trabajaba.
No había servido insistir mucho más en el tema y lo había dejado de lado. Ahora había otras cosas que ocupaban su mente esa mañana. Había despertado con fragmentos de la conversación que Steve había mantenido por teléfono un par de días antes. No lo había procesado en ese momento, pero lo hacía ahora. Steve había hablado con alguien llamado "Nat" y le había dicho que "no había vuelto a fallar". Se preguntaba qué cosa no había vuelto a fallar. Y si era sincero consigo mismo, se sentía un poco más que solo curioso respecto a esta persona. Steve le hablaba con mucha familiaridad y, aunque él no lo recordara, se supone que Steve era su esposo, así que no tenía sentido que hablara con voz suave y una sonrisa en la cara cuando mantenía una conversación telefónica con un desconocido. Aunque tal vez solo estaba siendo paranoico y estaba hablando con alguien de su familia, porque no sabía absolutamente nada de la familia del rubio, ni de la suya viniendo al caso.
Lleno de preguntas y con la curiosidad quemándole el pecho, porque no eran celos sino curiosidad, decidió que le haría caso a JARVIS y le preguntaría todas sus dudas respecto a la crisis de ansiedad que la I.A había mencionado la noche anterior y también preguntaría sobre lo que rondaba por su mente esta mañana. Con esa idea en la cabeza, bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, donde se escuchaba ruido de un desayuno en proceso. Steve estaba de espaldas a él y tarareaba una canción.
Tony se detuvo por un momento. Su rostro se puso pálido y se sintió mareado. Algo le decía que conocía esa canción, pero su mente no podía traer el recuerdo de regreso. Con los ojos cerrados con fuerza por la molestia en su cabeza por ese el intento de recuerdo y el aire atrapado en sus pulmones por una eternidad, se obligó a olvidar el asunto y seguir su camino a la cocina. No sería justo para Steve creer que había recordado algo cuando claramente no lo había hecho, solo había sido el fantasma de una sensación extraña que había atravesado su cuerpo y no había tenido la gentileza de quedarse. No valía la pena elevar las esperanzas ante algo que no parecía tener solución pronto.
Despejando su mente de aquel extraño episodio de déjà vu, caminó hacía la cocina y se sentó frente a la isla, observando a Steve.
― ¿Quién es Nat? ―Preguntó de pronto, pero no tomó por sorpresa al soldado, que ya se había percatado de su presencia.
El rubio volteó con el desayuno servido en un plato y lo dejó frente al mecánico.
―Creí que lo preguntarías mucho antes. ―Respondió con una sonrisa. Había algo similar a la diversión en su mirada.
Tony se sintió ignorado cuando Steve tomó otro plato y se volteó hacia la cocina para servir su propio desayuno. Y además parecía estar tomándose su tiempo. Comenzando a impacientarse y sin saber de donde salieron sus siguientes palabras, habló con tono irritado.
―Si estar encerrado conmigo en esta casa es muy agobiante para ti, bien podrías evitar hablar con tu amante sabiendo que puedo entrar en la habitación en cualquier momento. ―Y comenzó a comer.
Si bien estaba sorprendido del tono mordaz con el que le había hablado, Steve dejó que una pequeña sonrisa adornara su rostro. Tony podía no recordar nada de su matrimonio, pero no podía evitar esos instintos que tenía tan arraigados en cada parte de su cuerpo. Esos mismos instintos que lo atraían hacia él como un imán, lo estaban haciendo sentir celos por alguien a quien ni siquiera podía recordar. Esperó un momento antes de hablar, intentando borrar toda señal de su sonrisa para no irritar más a su esposo. Si conocía a Tony, y vaya que lo conocía bien, le tomaría al menos dos minutos calmarse lo suficiente para mantener una conversación civilizada. Afortunadamente no estaban en el taller; había tenido que esquivar pesadas llaves y puntiagudos destornilladores en más de una ocasión.
Mientras ignoraba a Steve y comía su desayuno, la mente de Tony funcionaba a máxima capacidad buscando el origen de ese reclamo. Aunque no recordara muchas cosas, sabía perfectamente que eso había sido un pequeño episodio de celos. Había manifestado celos por una persona a la que, hasta hace unas horas, aún se sentía inseguro de acercarse. Y no solo estaba manifestando esos celos hacia Steve, sentía el ardor de esos celos recorrer su cuerpo de arriba abajo con una velocidad que lo asustó. Steve es mío, pensó con posesividad. Se alarmó por la intensidad de ese pensamiento, pero pronto lo superó y decidió que tenía razón. Steve era suyo y los videos que había visto lo confirmaban. Pronto lo recordaría, pero por el momento no dejaría que nadie le quitara lo que era suyo. El Tony de los videos no estaría feliz de perder a su esposo en un episodio de amnesia. Mucho menos al saber que había sido su propia culpa.
―Natasha es una de nuestras amigas, Tony. Es casi una hermana para mí y una gran confidente para ambos. Está preocupada por ti y llamó para saber de tu estado. ―Explicó con calma mientras bebía una taza de té.
Tony levantó la vista de su plato y alzó una ceja.
―Es la pelirroja de las fotos. ―Aclaró.
El moreno asintió, creyendo completamente en las palabras y la mirada sincera de Steve, y tomó un poco de café. Aunque no estaba completamente seguro de cuál de las dos pelirrojas hablaba. En su momento lo sabría.
―Y, ¿qué es lo que no ha vuelto a fallar? ―Su voz ya no estaba bañada con celos, ahora sí era curiosidad.
―Recuerdas cuando despertaste, dijiste sentir como si un rayo te hubiera caído encima. ―El otro asintió. ―No fue precisamente un rayo, pero sí recibiste una descarga eléctrica muy potente.
Una de las manos de Tony viajó con rapidez hacia su pecho, tocando el frío metal del reactor.
―Exacto. ―Dijo Steve. ―Tu reactor se detuvo por un par de segundos. JARVIS lo analizó en el mismo instante en que volvió a funcionar y me indicó como reemplazar las piezas dañadas cuando estábamos de camino al hospital. Lo volvió a analizar en el momento en que pusiste un pie en el edificio y lo ha estado monitoreando desde entonces con la orden de informarme de cualquier anomalía. En caso de que falle, tendríamos que reemplazarlo completamente y el nuevo prototipo no está listo para usarse.
Luego de pensar un momento, volvió a hablar.
―Esa metralla que mencionaste… ¿qué pasó conmigo?
La mirada que tenía Tony en ese momento era más que conocida para Steve. El moreno no dejaría pasar el tema por más tiempo y él había prometido contarle más cosas más adelante. Al parecer había llegado el momento.
―Mucho antes de que nos conociéramos, ―comenzó― tu empresa aseguraba la mayoría de sus ingresos gracias al área armamentista. Eras un hombre poderoso, envidiado y odiado por algunos de tus competidores. Incluso ahora lo eres, pero en ese entonces alguien cercano te traicionó y ordenó tu secuestro y asesinato para quedarse con todo. ―El rostro de Tony palideció. ―Ese hombre está muerto y no tienes nada de qué preocuparte, Tony. ―Aseguró. ―Cuando te secuestraron, estabas en Afganistán. Ibas a presentar una nueva arma.
Steve contó toda la historia, omitiendo estratégicamente la creación del primer traje Iron Man y Tony escuchó todo con atención, internalizando el nuevo conocimiento. Luego de eso, ambos terminaron su desayuno en silencio. A Tony le costó un poco procesar toda la nueva información, pero ahora comprendía de dónde venían los ataques de ansiedad. Se imaginó lo difícil que tiene que haber sido para él confiar en alguien después de que el hombre en quien más confiaba lo traicionara de esa forma. Mientras pensaba, algo hizo clic en su mente y recordó las notas que tenía el álbum de fotos de su boda; ahora todo tenía sentido.
― ¿Cómo conseguiste que confiara en ti luego de todo lo malo que me pasó? ―Preguntó cuando Steve se levantó para dejar los platos en el fregadero.
―No lo hice. De hecho, la primera vez que nos vimos tuvimos una fuerte discusión. No recuerdo si lo había mencionado antes. ―Tony recordaba lo que Steve había dicho.
―Casi nos fuimos a los golpes. ―Interrumpió. ―Eso dijiste antes.
―Sí. Así fue. ―Sonrió. ―Pero el trabajo que teníamos entre manos era más importante que una discusión y luego de ese día aprendimos a trabajar juntos. Tal vez confiaste en mí por la necesidad del momento, nunca pregunté. ―Se encogió de hombros.
―Mmm…
Ambos se quedaron en silencio por un rato, mirándose cuando el otro no miraba.
―Tal vez esto te va a sonar extraño, pero ¿quieres entrenar conmigo? ―Preguntó Steve.
Tony asintió sin saber por qué. Solo sabía que quería pasar más tiempo con Steve, conocerlo sin tener que ver más videos encerrado en la soledad de su habitación.
•••
Steve le indicó a Tony el lugar donde guardaba sus tenidas deportivas y le dijo que lo esperaría en el gimnasio; varios pisos más abajo.
―No sé hacer esto. ―Fueron las palabras que Tony dejó salir en cuanto entró al gimnasio.
El soldado sonrió.
―Comenzaremos con lo básico. ―Volvió a sonreír y le guiñó un ojo.
Lo intentó. Tony lo intentó, pero no pudo evitar el sonrojo que ese gesto provocó. Miró avergonzado hacia otro lado y se adentró en el lugar.
Steve no había mentido, comenzaron con cosas básicas. Eso no evitó que en menos de media hora su cuerpo estuviera cansado, dolorido y asquerosamente sudado.
•••
Los entrenamientos habían seguido casi todos los días durante una semana. Steve tenía razón al pensar en que el cuerpo de Tony recordaba cosas que su mente no. Tony había necesitado un poco de tiempo para perder la timidez dentro del gimnasio, pero una vez pasado ese punto, había sido como volver a ver a su Tony. Ese Tony confiado y divertido, el Tony que disfrutaba intentar patear el trasero del súper soldado.
Steve estaba feliz, pero era difícil ver a Tony sudado, jadeante y feliz frente a él sin sentir ganas de acorralarlo contra la colchoneta y comérselo a besos. Era una lucha constante por no dar un paso en falso y asustar a este hombre tímido y asustadizo que había reemplazado a su confiado y coqueto esposo. Ese esposo que a la menor oportunidad se lanzaba sobre él y devoraba su boca sin reparos. Estaba feliz, pero le dolía no poder volver a la normalidad.
•••
Una noche, días después de que se cumpliera un mes desde el accidente, Steve fue despertado por JARVIS.
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Tony había hecho avances por sí mismo. Ahora, cada vez que su cuerpo quería aferrarse a Steve, su mano iniciaba un contacto. No había logrado abrazarlo como su cuerpo deseaba, pero ponía una mano en su antebrazo y le sonreía. Steve parecía entender que era un contacto que necesitaba y lo dejaba ir a su ritmo. Nunca intentaba abrazarlo y rara vez iniciaba un contacto sin preguntar al menos con la mirada.
Había logrado dejar de sobresaltarse cuando la voz del rubio reverberaba en la habitación por sorpresa. Había comenzado a esperar los besos en la frente que Steve depositaba cada noche cuando lo acompañaba a la puerta de su habitación. Su cuerpo despertaba de una forma extraña cada vez que escuchaba su voz y las pocas veces que había escuchado su risa. Sentía un calor subir desde su estómago hacia su rostro y se sonrojaba por tonterías. Sonreía cuando Steve le contaba cosas de su vida juntos o cuando el rubio le daba la espalda al cocinar. Había algo que lo hacía feliz al estar junto a Steve y era una sensación que le agradaba.
Esas sensaciones no se comparaban con lo que sentía al ver al rubio sudado y ligeramente sin aliento durante sus entrenamientos. Eso era diferente. Steve le hacía sentir un calor diferente. Un calor que comenzaba en su estómago y bajaba hacia su entrepierna. Un calor que le daba miedo. Miedo de cometer una locura.
Si bien se había dado cuenta de que su cuerpo deseaba el contacto de Steve, también se había dado cuenta que en su condición actual deseaba al hombre que tenía frente a él. Su desmemoriado cerebro, alimentado por esos íntimos videos de ellos haciendo el amor, había desarrollado un deseo sexual sobre el hombre que era su esposo.
A veces, se encontraba acostado en su gran cama, solo y deseoso, y se sentía necesitado del toque de esas grandes manos que habían envuelto las suyas cuando había necesitado seguridad. Deseaba esos labios, que besaban su frente por las noches, sobre los suyos, sobre su cuerpo, sobre su…
Es así como había iniciado la noche. Tony se sentía necesitado de afecto y algo más. Había dejado que su mente divagara y que su mano viajara hacia su entrepierna. Pensar en Steve sobre él, envolviéndolo con sus poderosos brazos y besándolo con ardor… su cuerpo había reaccionado de tal forma ante sus pensamientos y el movimiento de su mano, que no había necesitado mucho tiempo antes de que su espalda se arqueara y su orgasmo explotara tras sus párpados, esparciéndose tibio y pegajoso sobre su mano y abdomen.
Con la respiración agitada y el sueño a punto de vencerlo, había encontrado energías para limpiarse antes de caer en la deliciosa inconciencia del sueño post-orgásmico.
•••
Steve estaba diciéndole algo. Estaba vestido con un traje azul oscuro, lleno de protecciones en los codos, hombros, rodillas, una notoria estrella blanca en el centro de su amplio pecho y una "A" de color rojo en su hombro. Su mirada era de reproche y según su actitud podía notar que estaba enojado con él. Le decía palabras que no podía escuchar. Se sentía como una voz lejana y amortiguada. Él se estaba moviendo, movía sus manos y podía notar que sus labios se movían también, pero no podía identificar las palabras que decía. Estaban discutiendo por algo importante. No estaban en la torre. O, por lo menos, en ningún lugar que él reconociera.
Había otras personas cerca de ellos. Una pelirroja vestida en un traje de cuero negro; un hombre con un arco y flechas, un gigante vestido con un disfraz extraño y una capa roja. Había otro hombre, pero él se veía bastante normal. Solo se notaba algo nervioso e incómodo. Tal vez por la discusión entre Steve y él.
La escena a su alrededor cambió y una oscuridad lo envolvió. Podía ver el espacio sobre su cabeza y ruinas a su alrededor. Al dar unos pasos hacia adelante pudo ver a las mismas personas que lo rodeaban hace unos segundos, tirados en el suelo. Muertos. Entre ellos Steve, que aún respiraba. Su corazón se aceleró y se acercó a él. La mano de Steve atrapó la suya al intentar tocar su rostro. No pudo entender sus palabras, pero se sintió ahogado. No podía respirar. Su corazón se aceleró aún más.
De pronto se sintió atrapado entre unos brazos fuertes. Suaves caricias de manos grandes viajaban arriba y abajo por su espalda. Palabras eran susurradas en sus oídos.
•••
Cuando Steve entró en la habitación, alarmado por el aviso de JAVIS, y vio a Tony luchar con las sábanas, su frente sudada y su respiración agitada, su corazón se apretó. Había estado tan agradecido de que Tony no recordara lo peor de su pasado y no tuviera pesadillas. Pero eso había cambiado. Algo había aparecido en su mente y parecía ser que había recordado en sueños.
La pesadilla parecía no querer soltarlo. Tony se revolvía y su respiración se notaba laboriosa.
Normalmente Steve lo abrazaría contra su pecho y el moreno se recuperaría poco a poco. Pero tenía miedo de empeorar las cosas. La mente de su esposo era inestable durante una pesadilla, más aún con su amnesia.
Intentó sacarlo de su tormento con palabras. Cuando los minutos pasaron y nada parecía funcionar, decidió que cualquier consecuencia que su toque causara sería mejor que dejarlo perdido en una pesadilla que no comprendería al no saber el contexto.
Así que se acercó a él, tiró las sábanas lejos de su cuerpo y lo envolvió en sus brazos. No estaba seguro de cuantos minutos habían pasado cuando escuchó su nombre envuelto en un sollozo.
•••
―Steve. ―La voz era diminuta.
―Estoy aquí, Tony. ―Prometió con voz suave y acariciando su cabello. ―Estoy contigo y no te dejaré.
Tony se aferró a su espalda de la misma forma que lo había hecho muchas veces antes. Hundiendo la cara en su pecho y recuperando poco a poco el ritmo de su respiración. Sus manos se hundían en su espalda buscando reafirmar su presencia. Steve sabía qué pesadilla había tenido.
A través de los años, cada vez que Tony soñaba con aquella visión que Wanda había puesto en su mente, la situación era igual a esta. La pequeña bruja había intentado sacar esa imagen de la cabeza del genio en varias ocasiones, pero no podía. De alguna forma, esa visión se había arraigado en su mente y tal parece que ni la amnesia había podido mantenerla lejos por mucho tiempo.
―Todos estaban muertos. ―Sollozó el moreno. ―Las personas en la foto de nuestra boda. Estaban todos muertos…
Steve siguió acariciando su cabello.
―Tú… ―Tony levantó la cabeza de su pecho y lo miró a los ojos con lágrimas en ellos. Desesperación en su mirada. ―Estabas vivo cuando te encontré. Me dijiste algo, pero no pude escuchar nada. Y luego dejaste de respirar.
―Tony. ―El rubio llevó la mano desde su cabello hacia su rostro.
―Te vi morir. ―Las manos del genio volaron a su rostro, aferrándose con necesidad. ―Te vi morir y no pude hacer nada. No podía respirar. Sentí una opresión en el pecho y-
―Solo fue una pesadilla, Tony. Todo está bien. Lo prometo. Solo fue un mal sueño.
El moreno negó con la cabeza.
―No. Se sintió tan real. ―Acercó su rostro a Steve. Tocando su frente con la suya. ―Me dolió aquí, ―llevó una de las manos de Steve a su pecho, sobre el reactor ―cuando te vi dejar de respirar. Fue como si me arrancaran el corazón del pecho.
Steve sabía que debía mantenerse fuerte por su amado esposo, pero sus palabras tan honestas y dolorosas le formaron lágrimas en los ojos. Tony nunca había sido tan honesto en cuanto a cómo se sentía luego de una pesadilla. Esta era una de esas situaciones que Steve nunca pensó estar.
―Tony, todo está bien ahora. Mírame, estoy bien, vivo y respirando.
Las manos de Tony viajaron al pecho del soldado y una se hundió entre sus pectorales, buscando el latido de su corazón. Mientras la otra estaba ahí, subiendo y bajando con la respiración del rubio.
Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra por varios minutos.
―Fue- ¿eso fue un recuerdo? ¿Cómo puede ser un recuerdo si estás vivo, frente a mí?
―No, Tony. No es un recuerdo. No exactamente. ―El soldado suspiró pesadamente. ―Hace muchos años, estuvimos en una situación bastante compleja. Nuestro equipo… Tú y yo estábamos en desacuerdo sobre uno de tus proyectos y las cosas se salieron de control. ―Steve sintió a Tony contener el aliento. ―No entre nosotros, Tony. Tu proyecto se nos fue de las manos. Fue peligroso. Tú estabas bajo mucha presión y tuviste esta especie de visión donde todo salía mal para el equipo. Donde nos veías morir sin poder hacer nada.
―Mi pesadilla. ―Dijo el moreno, su mirada perdida. ―Empezó con nosotros discutiendo. No pude escuchar ni una sola palabra. Solo murmullos a lo lejos. El resto del equipo estaba ahí. Luego mi sueño cambió a los escombros. Se veía el espacio, infinito y oscuro sobre nosotros.
Las manos de Steve acariciaron su espalda y su rostro.
―Siempre parece ser la misma pesadilla. ―Sonrió tristemente. ―Lamento que lo primero que recuerdas haya sido una pesadilla.
Tony no dijo nada más. Solo se abrazó a él, hundiendo su rostro en el pecho de Steve y escuchando el latido de su corazón.
Largos, insufribles y eternos minutos más tarde, cuando ambos estaban recostados bajo las sábanas, Tony murmuró un pequeño "Quédate" antes de quedarse dormido, aún aferrado al soldado.
Y Steve se quedó a su lado toda la noche.
Espero que les haya gustado esta segunda parte, está recién revisada y me disculpo por cualquier falta de ortografía, pero llega un momento en que ya no las veo.
Ya saben que me encantan sus reviews y me hacen muy feliz.
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye :D
Lunes 31 de Agosto, 2020.
