|24| La cuestión de arriesgar
Sasuke
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—¿Dónde está Sakura?
Abrí los ojos al escuchar la voz acelerada de Sasori. Respirando agitadamente y teniendo su bolso atravesado en el pecho, realmente inquieto revelando el maratón que se hizo desde la estación del metro.
—Viene en camino —le dijo Kiba que estaba a mi lado. Lo vi suspirar a ambos en un gesto de alivio, lo mismo experimenté al escuchar a Sakura a través del teléfono—. Quizás ya no tarde en arribar.
—Es un alivio que está bien —dijo frotándose el rostro—. Pensé lo peor cuando me llamaron y dijeron que dos hombres intentaron llevársela.
Yo igual pensé lo peor media hora atrás. En mi mente solamente deberían acaparar consuelo al saber que ella se encontraba bien, pero algo más me inquietaba de sobre manera y sabía exactamente que se trataba del hecho de que no parecía ser la situación adecuada en sacar a relucir el tema de mi distanciamiento. Todavía ignorábamos los hechos que rodeaban su espontanea desaparición, así que lo primordial su bienestar, no mis sentimientos egoístas.
O esa excusa me invente esperando así aplazar esa plática que tendríamos tarde o temprano. Terminé suspirando, recargándome en el automóvil, a mi lado Hinata que movía su pie, nerviosa y Kiba cruzado de brazos. Yo seguí mirando las luces encendidas del departamento, el ventanal del departamento de Itachi. Seguramente Karin y Mikoto estarían intentando tranquilizar a Mebuki a pesar de que se le dijo que Sakura se encontraba bien.
Apreté los dientes, frustrado. Si tan sólo hubiera tenido mi voz pude haberle preguntando su ubicación y yo mismo ir por ella. Ahora no quedaba sólo que esperar.
Esperar eternamente.
—Aún me pregunto qué sucedió —dijo Hinata de pronto pasando de mirar sus pies a nosotros—. Es decir, ¿alguien le intentó hacer daño? ¿Quién pudo haber sido?
—En quién puedo pensar es en su padre. —Kiba respondió con un deje de furia—. Es la única persona que parece odiar tanto a Sakura para hacerle daño, y se supone que es su hija.
Ese tipo ni título de padre debía tener. Yo también lo pensé en un principio e idealicé un sinfín de escenarios, pero ahora de nada servía hacernos preguntas que serían contestadas por Sakura una vez que llegara.
—¿Por qué la odia tanto? ¿Están seguros de que no es adoptada? —inquirió Hinata a Sasori.
Sasori se llevó una mano a su rostro, frotándolo. Seguía apoyando en la pared del muro que separaba el patio compartido del edificio y la banqueta, desde que llegó se quedó ahí en silencio.
—No es adoptada. Sólo somos diferentes —dijo él solemne—. Eso es todo.
—¿Diferentes en qué sentido? —Kiba preguntaba lo que yo pensé, si Sasori iba a aclarar esa duda quedó en el olvido.
Luces replicaron de pronto distrayéndonos. Un automóvil venía de frente y se estacionó a unos metros, sin apagar las luces. Rápidamente nos enderezamos teniendo la esperanza que fuera Sakura quién apareciera tras la puerta abriéndose, cuando su rostro salió al acecho la carga en mis hombros se volvió más ligera.
Ella está aquí, segura.
—¡Sakura! —exclamaron a la vez Kiba y Hinata a su dirección apenas puso un pie fuera del automóvil.
La abrazaron en conjunto, Hinata se tendió a llorar en su hombro diciendo cosas incoherentes, por su lado Kiba le acariciaba la cabeza pidiéndole que no lo volviera a preocupar de esa forma. Tuve que meter las manos a mis bolsillos y apartar la vista quedándome en mi lugar, ojalá yo pudiera hacer eso, pero no tenía ni la más mínima idea de su reacción si me acercara de nuevo. ¿Estaría enfada conmigo por nuestro distanciamiento? ¿Rechazaría mi contacto?
Las dudas volvieron, fue cómo si estuvieran escondidos en los oscuros páramos de mi mente esperando pacientemente el momento exacto para hacerme flaquear en mis propias decisiones. Y yo no hacía más que alimentarlos, quizás, con "después será". Apreté los labios, intentando contenerme por todos los medios.
Concentrándome en las presencias de cada uno para llenar mi mente, me percaté que un hombre pelirrojo emergía desde la puerta contraría del automóvil con cristales polarizados, por lo tanto, me fue imposible identificar quién conducía. Entrecerré los ojos a su dirección analizándolo desde la distancia, observando al tipo de traje impecable cuyo reloj era uno de esos caros que llevaban los clientes que visitaban el restaurante. Me dio un mal presentimiento, ¿quién era este tipo?
—¡Hermana! No vuelvas a preocuparnos de es amanera. —Sasori la abrazó una vez que Hinata la dejó libre—. Pensé... yo pensé... ¿Qué sucedió? ¿Alguien intentó hacerte daño?
A Sakura casi se le escapan las lágrimas, pero las contuvo a tiempo. Su afán de permanecer fuerte ante sus hermanos la superaba de nuevo. Nunca estaba mal mostrarse débil frente a ellos, recibir otra clase de consuelo. Sin embargo, lo consiguió abrazándolo con tanta fuerza.
—Sí... intentaron llevarme con ellos —dijo tensando los hombros, me percaté que rápidamente cambió de tema para no hablar por el momento sobre las identidades—. Pero Ryu-san me rescató del peligro justo a tiempo. —Se notaba que intentaba desesperadamente no llorar y esquivar las preguntas importantes.
No aparté la vista de ese hombre que permanecía en silencio a un costado de ellos. Debí sentir gratitud con él por rescatar a Sakura, y lo tuve. Pero algo en este sujeto, de la forma en cómo la miraba atentamente todos sus gestos después de separarse de Sasori no me causó buena impresión.
Se percató de que yo no le quitaba la mirada de encima. Enarcó una ceja a mi dirección en reconocimiento, entrecerré la mía sosteniéndole la mirada sin dejarme intimidar. Este hombre... ¿quién era en realidad? Ese reloj es demasiado costoso, el automóvil cuyos cristales estaban polarizados, tenía pinta de ser un importante empresario o, por el contrario, un gánster.
—¿Ryu? —dijo Sasori dirigiéndose al pelirrojo, este asintió cortando el contacto visual—. Le agradezco que haya rescatado a mi hermana. Mi familia está en deuda con usted.
—En realidad —Ryu miró a Sakura— la encontré de casualidad mientras escapaba. Fue coincidencia encontrarme con ella de nuevo.
—¿De nuevo? ¿Lo conocías? —le preguntó Sasori a Sakura.
—También me ayudó en una situación en la gala dónde acompañé a Sasuke.
Mi nombre en sus labios me pareció reconfortante, y en ese instante fue cómo si me buscara, no tardó en encontrarme alejado de ellos solamente de espectador. Hicimos contacto visual por un segundo antes de que ella apartara la vista y agachara un poco la cabeza. Contraje mi rostro por su acción, en verdad... estaba enojada.
Enojada conmigo por haberla herido.
Enojada por hacerla sentir triste.
Enojada por mi inseguridad.
Intenté controlar mis emociones. Determinación. Determinación que se derrumbó. Quizás mañana, o pasado mañana o dentro de dos días que no estuviese enojada podía aclarar la situación. Además, ahora parecía conmocionada y más pálida de lo normal. Una experiencia tan aterradora de la cual me podía hacer una idea a medida que transcurrían los segundos, no dijo nada más de quienes la atacaron, pero dio a entender que uno de ellos fue su padre. Maldito hombre.
Quería extender mi mano y tocar su rostro, pero se quedó nada más en un deseo en librarla de todo tormento; detrás de su perceptible sonrisa de "todo está bien ahora" se escondía un rostro agotador. Y sus ojos viajaban de aquí para allá, pero sin verme a mí. Rehuía de mi mirada porqué sabía que yo podría descifrar sus emociones.
¿Son las consecuencias de mis actos? ¿De haber puesto distancia de una forma tan infantil cómo no hablarle toda la semana? Gemí por debajo, y después alcé mi vista al cielo, si tan sólo alguien allá arriba pudiera darme una respuesta clara sería sencillo para mi acatarla.
Sasuke, dile, ¡habla de una vez!
—¿Quiere quedarse a cenar? Cómo agradecimiento por lo que hizo por mi hermana —ofreció Sasori.
—En otra ocasión será, tengo un asunto laboral que tratar. Debo retirarme —dijo Ryu después de intercambiar rechazando la invitación. Luego se giró a Sakura—. Ten más cuidado, niña. Cualquier cosa que se necesites ya sabes cómo contactarme.
—Por supuesto. Y gracias de nuevo por todo, Ryu-san. —La sonrisa de Sakura revelaba toda su gratitud.
Sasori le volvió a agradecer en nombre de su familia —tal parecía que los hermanos Haruno tenían una extraña manía de agradecer muchas veces—, y cuando finalmente Ryu subió al automóvil, todo pareció más claro. Verlo alejarse mientras los demás se acercaban a la entrada justo dónde yo me encontraba en estos momentos.
No quiero incomodar a Sakura así que quizás sea mejor esperar en el asiento de la camioneta de mamá a esperar que volviera. Sí, sería lo mejor por ahora.
Lo pensé seriamente observando a Sakura despedir a Hinata alegando que era muy tarde, me aparté del coche e iba a dirigirme a la camioneta sin acercármele, pero Hinata me tomó del brazo deteniéndome abruptamente.
—¿A dónde crees que vas? —murmuró demasiado bajo para que nadie más escuchara, de reojo observé que Sakura estaba hablando con Kiba y Sasori. No se había dado cuenta que Hinata me veía con ojos entrecerrados y dejes de advertencia—. Si piensas huir sin aclarar las cosas con Sakura eres más cobarde de lo que creí.
¿Cobarde?
Fruncí el ceño sintiendo un sabor amargo en mi boca, no me sorprendió que supiera sobre nuestro distanciamiento.
—La heriste con tu indiferencia. —Apretó mi brazo y luego me soltó, girándose a la puerta—, así que arregla lo que hiciste o alguien más aparecerá y ocupará tu lugar. —Y señaló con su vista a Kiba.
Sentí cómo si un balde de agua helada me cayera encima. No soy cobarde, quise decirle. Me irritó su comentario porque en el fondo sé que ella tenía razón. En el fondo me inventé un sinfín de excusas para alejarme de nuevo. Alegar una y otra vez que no era el momento indicado, que ella seguramente estaba enojada por mi actitud, que me aborrecía por haberla dañado con mi silencio e indiferencia.
Y si lo está, ¿qué más daba? Ella era la única que decidía si quería tenerme en su vida o no, si tuvo suficiente de soportarme cómo soy, de mi inseguridad al querer expresarle mis sentimientos, de mi torpeza al intentar ser sincero con ella, de mi propia brutalidad de ver la vida. De ponerle una línea adversa que interpretaba su paciencia descendiente.
Me alejé del coche y me encaminé a la entrada dándome ligeros golpecitos en la frente a puño. Puedo hacerlo, puedo hacerlo. Abrí los ojos con la vista al suelo y vi unos zapatos negros con calcetas. Alcé la vista de sopetón y ahí estaba Sakura, a un metro de distancia de mí. Inconscientemente me dirigí a ella.
Taladró mi mente con sus grandes ojos que reflejaban su inquietud, abrumada. Tragué grueso al llevarme una mano detrás de la nuca, sin saber cómo reaccionar a la repentina seriedad de su semblante, separé los labios y luego los apreté. Ahora que la tenía frente a mí sabiendo lo que se aproximaba resultaba más difícil de lo que pensé en un principio.
—Sakura, vayamos arriba, mamá te espera. —Sasori se acercó a su lado tomando de su mano, pero ella no se movió—. ¿Sakura?
—Adelántense, ya los alcanzamos —le dijo casi de inmediato dedicándole una frágil sonrisa.
—¿Por qu-? —Sasori nos miró extrañados.
—Le avisaremos a Mebuki-san que ya estás bien —intervino Kiba empujando a Sasori al interior del edificio sin dejarle completar su pregunta.
Estando conmigo mayormente todo se reflejaba en silencio, y mi única forma de expresarme era mediante gestos y letras. Ahora mismo me picaban las manos por la necesidad de abrazarla y hacerle saber cuan aliviado me encontré cuando la vi descender el automóvil; sin importarme si Sakura estaba molesta o no, si me reclamaba a gritos sobre mi indiferencia de estos días o daba la media vuelta, ignorándome, dándome una cucharada de mi propia sopa.
Nada de eso me importaba.
Solamente...
—Sasuke. —Tomó aire cerrando los ojos—, lo que quiero decirte es que...
... Estoy tan aliviado de que te encuentres bien.
El viento susurrando las palabras que yo no podía decirle. Terminé de cortar la distancia que nos separaba y envolverla entre mis brazos, aprisionándola en mi pecho, sintiendo su cuerpo cálido sobre el mío llenándome de calma. Aspirar la fragancia que venía de su cabello, el champú de aroma a vainilla y canela. Un aroma que gravé en mi mente a medida que sus manos dudaban al aire y mi camisa.
Depositando un beso en su cabeza, cerré los ojos queriendo que este instante se volviera eterno. En el momento que pensé que jamás volvería a tenerla así entre mis brazos, la fragilidad y facilidad en que podía perderla en un abrir y cerrar de ojos, todo eso me hacía cuestionarme si era estaría bien expresárselo en esta oportunidad, de aclarar esa noche, que no la besé por intentar calmar su llanto.
La besé porque realmente lo quería, pero mi propia inseguridad nos orilló a esta confusa situación.
—No seas gentil conmigo... —murmuró ella tan bajo que apenas la escuché—. Estoy enojada porque has ignorado mis mensajes y me evitas.
Lo que temí en un principio se cumplió, pero no me importó ahora más que tenerla así entre mis brazos. No hasta ella quisiera separarse. Se lo permití apartando mis manos y los dejé a los costados, concediéndole la oportunidad de hacerlo. No sucedió, se aferró más a mí hablando con su voz ahogada. Su mil y una palabras que brotaban de sus rosados labios que temblaban.
De sus ojos que derramaban aquellas lágrimas que seguramente soportó delante de los demás. Porqué así era ella, no quería que nadie la viese débil para no preocuparlos, pero estando frente a mí no ocultaba su tristeza y bajaba la guardia, de alguna forma se reconfortaba con mi pesada presencia. Ni yo mismo lo comprendí mientras se aferraba más a mí.
—Estoy enojada porqué tus acciones me confunden más... incluso cuando casi me besaste en la fiesta de gala.
Asegurando estar enojada, pero se aferraba a mí con tanto añico como si temiese a que me huyera a alguna parte. Sus acciones contradecían sus palabras.
—¿Por qué intentaste alejarme de ti? ¿Es que... tú... ya no soportas tenerme en tu vida?
Abrí los ojos a medida que alzaba su cabeza, gruesas lágrimas resbalando por sus mejillas. Las limpié con mis pulgares acariciando los pómulos de su rostro delicadamente, siendo la muñeca de cristal que en ocasiones es y en otras la chica valiente que enfrenta la vida despiadada que la golpeaba a menudo. Yo quiero protegerla de esos golpes.
Presentí que había algo más detrás de su semblante. Mis acciones la confundían, ¿de qué manera? ¿aún albergaba sentimientos por Neji y no quería deshacerse de ellos o de sus sentimientos formándose por mí? Hablando de rechazo significaba que en su corazón yo alcancé un lugar especial.
Lo que yo no soportaría sería no tenerte en mi vida, pensé mientras caminábamos al elevador, no le respondí en el momento, quiero encontrar una mejor oportunidad para responderle e intenté tantear terreno al preguntarle lo que sucedió, pero no me respondió cómo tal. Y tampoco es que tuviera la obligación de hacerlo, yo no correspondí a sus deseos.
—Se los diré en cuanto estemos juntos —dijo bruscamente rehuyendo de mi vista caminando frente a mi para darme la espalda.
Suspiré con fuerza esperando a que el elevador abriera sus puertas. Deseé que alguien me enviase una señal divina. El elevador llegó junto con un tintineo y una pareja de ancianos salió, nos saludaron alegremente.
Quisiera tener la misma vitalidad que el anciano sonriente. Cuanta ironía, ellos ya no tenían las energías físicas como las mías, pero sí un gran ánimo y seguridad que yo carecía. ¿No podríamos intercambiarlos por unas horas? Quería decirle a la chica que estoy enamorado que en realidad soy un idiota inseguro que creía no merecerla y tenía miedo de expresárselo porque mis inseguridades me arrastraban tras los pajares de los días pasados.
—¡Oh, Sakura-chan! Buenas noches —dijo la anciana con una sonrisa deslumbrante que hubiera competido con el sol. La recordaba vagamente habérmela encontrado un par de veces cuando venía a visitar a Itachi anteriormente. Al parecer conocía ahora a Sakura pues esta le sonreía amigable—. Si me permiten decirles, hacen una linda pareja. Aaaaah... me recuerdan a mis días de juventud.
Sakura le sonrió de forma apagada.
—Sólo somos amigos, Chiyo-san —dijo contraída.
Y dicho eso deseó buenas noches y pasó de largo, yo me quedé plantado ahí, mirando su espalda hasta que se acomodó en la esquina del ascensor agachando la mirada.
Me enloqueció. Sus palabras siendo un eco en mi mente mientras ingresé al ascensor y oprimía el botón del penúltimo piso. Las puertas se cerraron y cada segundo que transcurría mis pensamientos se volvían más y más nítidos, las nubes dispersándose, revelando lo que yacía perdido en mi inconsciencia.
Estando los dos completamente solos en un espacio tan reducido, mirándola de reojo detrás de mí abatida cuando creía que no la veía y sus lágrimas amenazando sus ojos, lo supe. Supe que no debía esperar más. Que nunca habría el momento adecuado si me quedaba esperando. No, yo mismo debía crear dicha oportunidad.
Ella no merecía que la hiciera esperar. No merecía una respuesta a medias de mi parte, no merecía que la hiriera al alejarme, no merecía confundirla más con mi indiferencia y mi repentina preocupación.
No merecía nada de eso.
La miré sobre mi hombro intentando averiguar sus pensamientos mediante sus ojos, pero ella sabía que los reconocería, por eso evitaba verme y mantenía la cabeza gacha, con su cabello suelto sirviéndole de escudo.
Simplemente me cansé de intentar ser razonable conmigo mismo. Ya no me importaba las reglas. Si no arriesgaba nada no ganaría nada, y si nada resulta, bueno, podía asegurar que al menos lo intenté y no me quedaré con el pensamiento de: "que hubiera pasado si..."
Pulsé el botón rojo para detener el elevador en uno de los pisos, la sensación de vacío se esfumó al quedarnos varados y Sakura se percató de ello, no tardó de enderezarse de sopetón alternando su mirada entre el botón y mi mano sin comprender.
—¿Por qué detienes el elevador? Nos están esperando en cas...
La acorralé en la esquina del ascensor dejándole sin habla, se encogió de hombros con la espalda pegada al metal, inmediatamente quiso aparentar molestia cual no lo consiguió del todo cuando agaché la cabeza a su dirección, su semblante titubeó, se puso nerviosa.
Apoyé las manos en los barandales de sus costados y me acerqué más al punto de quedar a milímetros de ella obteniendo ese sonrojo que me privé de admirar tantos días.
—S-Sasuke... ¿qué...? —decía cada vez más inquieta. Colocó sus manos en mi torso intentando alejarme sin poner suficientes fuerzas, y yo me rehusé a ser amable y darle su espacio—. Estoy enfadada ahora mismo y no quiero ver tu rostro. Así que apártate.
Oh, claro que quieres verme.
Sonreí de lado pillándola desprevenida pues retiró las manos colocándolas en el barandal, cerca de las mías. Su respiración se volvió más pesada con nuestros rostros a un palmo de distancia y mi nariz rozando la suya mezclando nuestras respiraciones. Sentirla tan cerca de mí removía algo en mi interior, un sentimiento que jamás había experimentado.
Rocé sus labios en ese beso inconcluso en medio de una noche cálida. No renegó ni hizo amago de alejarse, en cambio se apegó más, buscando hacer eterno el momento, dejándose acariciar los labios por los míos volviéndolos una tortura placentera. Ella también lo quería, su anhelo sobrepuso su enfado, y el mío sobre mis inseguridades.
El negarme a mí mismo que ella pudiera sentir lo mismo que yo cuando en este instante, mientras sus ojos envolvían los míos y resplandecían de ese sentimiento que no pensé que fuera reciproco, parecía corresponderme. O si fueran alucinaciones mías Sakura insistiría más en que me alejara, pero no lo hizo. Seguía mirándome con los ojos muy abiertos.
Ansiosa.
Indecisa.
Inquieta.
Miré sus labios y luego sus ojos, avisándole silenciosamente lo que iba a hacer. Separó sus labios sobre los míos y supe que fue una buena decisión perder la calma al salirme de mi propia negación.
Tomé su rostro sin vacilar y uní mis labios con los suyos. Eran tan suaves y adictivos. Su boca tenía un sabor dulce que me fascinó y pudiera volverme adicto a ellos para siempre. Acariciando con fervor sus labios sin darle tregua alguna dejando de lado la dulzura que le mostré noches atrás.
Afirmé mi mano a su nuca devorando sin piedad su boca, lo que quiero era tomar todo de ella. Guardar para mí lo adorable que se veía con los ojos cerrados y sus pestañas acariciando las mías, de mi mano alrededor de su cintura sin intención de dejarla ir, de las suyas rodear mi espalda sin querer apartarse tampoco, eso me fascino más de lo que debería.
No quería soltarla nunca y jamás pensé sentir este abrumador deseo de tenerla así entre mis brazos. Acariciar todo su rostro, su cabello, repartirle besos en sus mejillas, párpados y frente. El capricho de que me viera de la misma forma que yo a ella, siendo egoísta. Porque el amor te volvía egoísta, ¿no? Un loco apasionado que en medio de una inmensa multitud no tardabas en encontrar a esa persona especial.
Entre el beso soltó un pequeño quejido al morderle suavemente su labio inferior, la miré a los ojos igual que un depredador, ella se veía imponente ahí abajo, cautivándome una vez más con sus voraces ojos verdes, el principal rasgo de esa dulce muñeca que me enamoró.
Sin darnos cuenta estábamos tan juntos que podía sentir su cuerpo completando el mío. Me incliné de nuevo para besarla. Si seguía así sería totalmente insaciable, pero lo menos que quería era controlarme y parecíamos tener todo el tiempo del mundo.
—Sasuke... —susurró contra mis labios, pero sin dejar de corresponderme—. El elevador...
¿Qué con el elevador? Por mí que los demás esperen.
Profundice el beso, pero alguien debía tener cordura en ese momento y pareció ser ella.
—Eh... ¡Oye! —exclamó avergonzada cuando mi boca recayó en su oreja, se llevó la mano ahí, sus mejillas estaban ligeramente rojas—. ¡No hagas eso! Vas a matarme de los nervios.
Cómo tú a mí si sigues mirándome así. Con los ojos brillosos de una repentina felicidad que yo cause.
La miré intensamente intentando convencerla, pero ella se veía tan decidida. Suspiré resignado y terminé por apoyar mi frente en su hombro tratando de serenar mi mente y respiración compasada mientras alejaba mis manos al barandal. Con tan sólo probar sus labios no quería separarme de ella nunca. Quizás ella me lanzó un hechizo al mirarme con sus ojos verdes, y yo fuera incapaz de resistirme.
Acarició mi cabello lentamente, lo que no me ayudó en lo absoluto.
Cerré los ojos sintiéndome dichoso en ese momento. Nada en el mundo podía quitarle la alegría que estaba experimentando, pensando en retrospectiva, ¿desde cuándo no sentía esta dicha que inundaba todo mi pecho? No lo recordé con claridad, pero lo provocaba Sakura, tan sólo tenerla a mi lado.
—Entonces esto significa... —dijo ella después de unos segundos en silencio cual aproveché a oprimir el botón del ascensor—... ¿qué me besaste por qué querías hacerlo?
Alcé mi vista a ella. Atisbos rojizos teñían sus mejillas, abochornada por la situación en la que nos encontrábamos. Sonreí enderezándome, pero sin separarme por completo.
—"Son mis disculpas por lo que hice, fui... no, soy un estúpido desconsiderado" —rectifiqué repasando las palabras en mi mente—. "Lo menos que quiero es tenerte lejos de mi vida, sino más cerca como ahora".
A medida que comprendía, sus mejillas se volvían cada vez más y más rojas, con tanta facilidad podía sonrojarse. Agachó la mirada, procesando mis palabras caladoras. No dijo nada, se quedó así observando fijamente el suelo. Esperando su respuesta a mi volví a mi posición inicial, intentando persuadirla a que dijera algo.
—Y-Yo también quiero estar así contigo —aseguró, y sus palabras me supieron a gloria. La miré con una sonrisa sincera—. Y aunque quisiera alejarme sé que no podré porqué... estoy enamorada de ti.
Por un momento mi mente no captó el significado de su frase, fue parecido a estar en un trance durante unos segundos, mirándola ponerse más roja y sin apartar la mirada de mí. Una mezcla de seriedad y nerviosismo reflejaba su rostro demostrando el valor necesario que reunió al confesármelo.
Cuatro palabras que me robaron la respiración.
Cuatro palabras que me reconfortaron el corazón.
Cuatro palabras que me hicieron sonreír cómo nunca lo hice.
Al estar mirándola fijamente desvió los ojos y ocultó su rostro entre las manos, totalmente avergonzada. Si yo pudiera hablar se lo diría ahora mismo. Quiero decirle que me sentía tan aliviado y dichoso que en realidad ella correspondiera a mis sentimientos, que estuviéramos en la misma sintonía.
Agarré sus manos para separarlas de su rostro y tomé sus con mis dedos sus mejillas como siempre lo hacía, sus labios formando en pico y le di otro escaso beso correspondiendo a mi manera su confesión.
Volvió a exaltarse.
—¡Sasuke!
Me reí. ¡Me mataría con sus expresiones! Se veía tan tierna aparentando enojo, ceño fruncido, labios y nariz arrugada. Sólo faltaba que sus ojos me taladraran por completo. De un momento a otro me miró sorprendida y yo detuve mi diversión sin comprender su emoción, ¿sucedió algo?
—Tu risa... ¡acabas de reírte!
¿Lo hice?
Me avergoncé de mi propia actitud, me separé completamente de ella y en cuanto las puertas se abrieron a mis espaldas me giré a la salida. Sentí de inmediato que me rodeaba con sus pequeños brazos, y se inclinaba a un lado, mirándome con esa sonrisa suya que contagiaba alegría.
—Sabes que en realidad tú...
Detuve mi andar, esperando a que continuara la frase.
—... Tienes una risa hermosa, en serio.
Sonreí al escuchar la suya que parecía más fuerte, llena de alegría y dicha. Si le hacía feliz mi vergüenza o que yo riera, quizás... podría hacerlo más a menudo para verla con esa expresión tan infantil en su rostro.
Sakura devoró toda la pasta lo que Mebuki le sirvió en el plato después de relatar lo que sucedido en el centro comercial. Ardí en furia cuando mencionó que Neji apareció junto a Kizashi a intentar llevársela, de su intento de pedir ayuda fue frustrado y tuvo que empañárselas en huir de ellos. Al final del día Ryu lo impidió resguardándola en su automóvil. Bien, un punto para ese hombre que al principio —o todavía— no me daba una buena impresión.
Imaginar el miedo que sintió al tragarse parte de su histeria y querer sacar hasta la mínima información del porqué le seguían haciendo daño. Quise tener a esos dos malditos frente a mí y molerlos a golpes por hacerla pasar por tan horrible experiencia. Por más que fuera su padre no tenía ningún derecho a querer privarla de su libertar y convertirla el pago de una apuesta. Y con Neji bulleron infernales ganas de concluir esa pelea pendiente de la fiesta.
Me quedé observando a Mebuki seguir abrazando a Sakura sin querer soltarla por temor a que desapareciera de su vista una vez más, y era comprensible, su hija estuvo a punto de ser secuestrada por su exesposo y exnovio de esta. Viéndolo desde ese punto era brutal el acontecimiento.
—Fuiste muy valiente, Sakura-chan —dijo mamá una vez que ella terminó de escuchar su relato. Yo seguí pensando en los hechos—. Pero esto es un asunto serio. Kizashi debe ser arrestado cuanto antes.
—El problema es que aparece y desaparece de la nada. Y ahora Neji... ¿qué tendrá que ver en todo esto? —preguntó Karin consternada—. Jamás imaginé que llegara al extremo de querer secuestrarte.
—¡Ese desgraciado! —Kiba se levantó azotando la mano en la mesa—. ¡Juro que cuando lo vea en el pueblo lo golpearé sin piedad!
Miré con orgullo a ese chico. Me caía mejor cada día.
Sasori interrumpió el grito de Kiba, sostenía el teléfono fijo cual colgó en su lugar pegado a la pared de la cocina.
—Hablé con Itachi, mañana llevaré a Sakura a la delegación para que dé su testimonio —dijo mirando a su hermana que asintió con la cabeza, no había duda en sus gestos lo cual me alivio de cierta manera.
No había dudas de ir en contra de Neji. Si pensé que quizás tuviera sentimientos albergados por él, se estaban esfumando.
—Pero ahora Sakura no puede ir sin compañía por la ciudad, ¡ellos pueden intentar llevársela de nuevo! —Mebuki siguió aferrándose a ella.
—Eso no sucederá, mamá —aseguró Sasori intentando tranquilizarla.
—Sí, no debes preocuparte por eso. Seguramente Itachi pensará en ello y le pondrá un escolta en cubierto o le dará de esos brazaletes especiales de protección a víctimas —dijo mamá señalando su muñeca. Sabíamos de esos procedimientos ya que Itachi siempre decía la información que estudiaba por las mañanas antes de partir a la Academia de Policías.
Igual me sentiría seguro sabiendo que Sakura contaba con uno de los dos métodos. No siempre podría estar con ella y me sentiría intranquilo cuando no estuviese a su lado. Tendría que hablar con Itachi al respecto.
—¿Escuchaste, mamá? No debemos preocuparnos ahora, ¿por qué no mejor vamos a descansar? —propuso Sakura tomándola de las manos.
—Siento las molestias, deberíamos retirarnos para dejar que Sakura-chan descansé —dijo Mikoto incorporándose de su asiento, me lanzó una mirada rápida que capté de inmediato. Aunque no quisiera irme ahora comprendí que era necesario.
Mientras mamá se despedía de las tres mujeres de la habitación, Sasori se acercó a mí con ese semblante serio que componía cada vez que había algo que decir. Lo miré, esperando.
—Tu hermano me pidió que te dijera que fueras a la comisaría en un rato —dijo en voz baja, entendí que no quería que sus hermanas supieran. Asentí con la cabeza—. Habló sobre un asunto de la vez que te atacaron. Tengo entendido que esos tipos también iban tras Kizashi, ¿no?
Asentí no pasando desapercibido que pronuncio el nombre con tanto desprecio. También me preocupaba el rumbo de las cosas para Sakura a partir de ahora.
—Pero está ahora Sakura está involucrada y no puedo pasarlo desapercibido —agregó, dirigiendo su vista a la cocina dónde mamá terminaba de despedirse de Sakura—. Mis hermanas y madre son lo más importante para mí. No quisiera que nada malo les pasara, lo entiendes por Sakura, ¿no es así?
Me azoró su afirmación, con la boca seca apreté los labios, sin saber que hacer. Demonios. Lo miré con los ojos ligeramente abiertos y él sonreía débilmente dándome unas cuantas palmaditas en el hombro. ¿Cómo se había dado cuenta tan pronto? O bueno... quizás lo decía porque estaba consciente de lo tan cercanos que somos.
Cómo sea tenía que pensar esto cuidadosamente. Hacer las cosas bien...
Estuve en mis pensamientos a medida que nos dirigíamos a la puerta, Sakura venía detrás de nosotros para despedirnos. Mamá le dio un beso en la mejilla pidiéndole que intentara descansar salió primero, me miró sonriente, yo no supe que hacer con esa mirada.
—Te esperaré en el ascensor, no tardes mucho —me susurró mientras se alejaba esbozando una sonrisa de apoyo.
Fue similar a las veces que parecía titubear entre mis acciones y cuando ella se daba cuenta me envolvía en sus cálidos y reconfortantes brazos, animándome y diciendo que todo estaría bien. Repitiendo una y otra vez: "tú puedes, tener miedo es de valientes. Tú eres valiente y capaz".
Pero, por primera vez reuní todo ese valor por mi propia cuenta y en mi interior la seguridad se mantuvo durante un tiempo y tomar acción. En esta ocasión se podría decir que arriesgue y gané algo a cambio: los sentimientos de Sakura.
Terminé de colocar mi tenis y me enderecé por completo. El tatami atribuía a Sakura un poco de estatura y la veía cara a cara sin necesidad de inclinarme por completo. Estaba nerviosa, de nuevo nos encontrábamos solos con el sonido de las voces lejanas. Mordiéndose el labio inferior y restregando sus manos entre sí, sin dejar de mirarme.
—Bueno... nos vemos luego.
Un mechón de cabello se deslizó de su coleta mal amarrada cuando viró el rostro a otro lado, estiré mi mano para pasar ese mechón detrás de su oreja, lo que siempre quise hacer. Dejé mi mano ahí y besé su mejilla, al alejarme ella se abalanzó para abrazarme con fuerza escondiendo su rostro en mi pecho, también la rodeé con mis brazos correspondiendo gustoso.
Nos quedamos así por unos instantes, con el sonido de nuestras respiraciones compasándose. Me parecía tan irreal todo esto, incluso la coordinación de nuestros propios corazones. Pudieron pasar minutos, horas y días, jamás me cansaría de tenerla así. No quisiera dejarla, pero mamá esperaba. Deposité un beso en su cabeza, apretando mi mano en contorno a su rostro al separarnos, seguía aferrándose a mi camisa como si no quisiera dejarme ir.
Se me hizo tierno ese gesto.
—"Te enviaré un mensaje" —gesticulé cuando me separé de ella, dándole unas palmaditas en su cabeza, asintió aún sonrosada y ojos brillantes.
—¿Lo harás? ¿No te irás a ninguna parte? —preguntó, y seguramente era lo que quería decirme desde un principio.
El que jamás desapareciera de esa forma.
Intenté tranquilizarla.
—"No lo haré, estaré a tu lado todo el tiempo que quieras".
Porqué era verdad.
En ese momento lo supe, mientras la abrazaba de nueva cuenta aspirando su aroma, sintiendo su cuerpo junto al mío. De su esencia tan calmante que fungía de catalizador para todos mis males.
Lo supe incluso desde antes y no quise aceptarlo.
Aunque pusiera distancia entre ella y yo una y otra vez, parte de mí siempre volvería a ella.
De alguna u otra forma regresaría.
Me pareció extraño que mamá me dejase conducir hasta casa, normalmente pelearía ese derecho, pero en silencio se montó en el asiento del copiloto y no dijo nada en todo el trayecto, y tampoco es que pudiera preguntarle en voz alta. Su comportamiento me preocupó en un principio hasta que se percató de mi inquietud y dijo que solamente pensaba en lo sucedido a Sakura y lo bizarro que parecía.
—Jamás pensé que Kizashi llegaría a esos extremos. —Mamá tenía la vista al frente—. Ahora es una persona completamente diferente a lo que fue.
Las personas cambian, para bien o para mal, uno decide a dónde direccionar sus ideales y valores. Y al parecer Kizashi eligió cambiar para mal intentando hacer todo el daño posible. A pesar de que sus acciones eran desconcertantes al principio por ensañárselas con Sakura solamente, su propósito era darla cómo pago de sus apuestas.
La furia ardía en mi interior incluso cuando dejé a mamá a casa y me dirigí a la comisaría. Me fui por calles menores para evitar el tráfico y llegué más rápido de lo que esperé, por fortuna no atropellé a nadie.
Itachi no se encontraba en la entrada. No hizo falta que le dijera a la recepcionista a quién venía a buscar, apenas me vio e identificó.
—Le diré a Itachi-san que estás aquí —dijo saliendo de su cubículo, pero dudando en el último segundo antes de irse—. ¿Por qué no lo esperas en el área común? No creo que haya ningún problema, puedes beber café si gustas.
Señaló a dónde se encontraba la maquina y partió por el pasillo del fondo. Observé los escritorios agrupados, un área menos ajetreada a dónde esperaría en un principio, después me hice a un lado dejando pasar a un par de policías que caminaban a prisas. Opté por la tranquilidad y me dirigí a la máquina de café, recordé el día en que ese par de malditos hablaron a mis espaldas y Sakura salió en mi defensa considerando tirarle el café encima.
¿Cuántas veces lo habría hecho? Ahora sabía que no se trataba de mera lástima, aquel día le conté sobre todas mis heridas, las que perduran y las que sanaron. Sin percatarme sin siquiera, al alzar la vista al cristal apenas observando mi reflejo miré que mi rostro estaba más calmó que antes. Me pregunté qué tipo de expresiones hacía cada vez que recordaba algo relacionado con Sakura. Sinceramente nunca me cansaría de pensar en ella y sus acciones en dejarme claro su propia posición.
De sus sentimientos.
Pensando serenamente, dejando de lago mis propias inseguridades absurdas, ella en verdad me veía cómo un hombre a quién querer. La forma en que habló de Neji me dejó en claro que sus sentimientos ya no le pertenecían.
Ella ya había visto lo peor de mí. Conocía parte de mi pasado tan vergonzoso donde fui débil e intenté dejarlo todo. Me aceptaba sin voz... tal y como soy, y aún así dijo estar enamorada de mí.
Cerré los ojos escuchando solamente el goteo de la cafetera.
Vaya lugar para reflexionar.
—Si estás pensando en Sakura me debes un bollo de chocolate.
La voz de mi hermano me tomó desprevenido, di un pequeño respingo. Algo en mi rostro me dejó en evidencia porqué sonrió socarrón, ¡diablos! Se pasará toda la semana molestándome con esto, estoy seguro. Y yo no podría hacer nada al respecto. Estúpido hermano mayor abusando de su autoridad.
—Entonces, ¿ya puedo decirle cuñada? —preguntó emocionado.
—"Dudo mucho que me hayas echo venir hasta aquí sólo para preguntar mi progreso" —gesticulé aparentando serenidad, vertí el café en la taza cuyo dibujo parecía más a los garabatos de Itachi—. "¿Y bien? Sasori me dijo que querías verme"
Mi hermano dejó su diversión para después y pasó de un semblante más serio.
—Necesito que identifiques al hombre que intentó llevarte, tenemos unas cuantas fotografías y queremos estar muy seguros. Y también me adelantes algunos hechos del intento de secuestro de Sakura, seguramente ya te dijo que sucedió en rasgos mayores.
—"Pero ella vendrá mañana" —Él asintió—. "Entonces, ¿para qué quieres información ahora?
—Es importante para comprender unos casos.
Terminé mi café de sopetón y me guio en dirección contraria al pasillo por dónde apareció.
—Escucha. Justo cuando sucedió todo recibimos una llamada anónima de una chica que pedía ayuda en las afueras del centro comercial. Al parecer perseguían a una joven que gritó por auxilio, la describieron de cabello rosa, ojos verdes y portando uniforme de la preparatoria —decía mientras pasábamos por varias puertas, me miró enarcando una ceja—. Era difícil de creer, pero ¿cuántas chicas con esas características van en esa preparatoria? La patrulla más cercana fue en su ayuda, pero al parecer no llegaron a tiempo, pues no había rastro de ellos. Se iba a cerrar el perímetro en su búsqueda justo cuando me enviaste ese mensaje explicándome todo.
Itachi abrió otra puerta lateral a otra extensa habitación revelando varios escritorios agrupados entre sí, la oficina general de su equipo. Ventanales que daban vista amplia al exterior, la noche se cernía en el cielo. Más adelante observé a los compañeros de Itachi frente a un pizarrón con diversas fotografías unidas entre flechas y fijadores. La fotografía de Kizashi llamó demasiado mi atención, y más alado, los otros dos tipos que venían con ese sujeto de ojos grises y en medio de estos la imagen de un tatuaje de ciempiés.
Fue tan rápido mi ojeada, me enfoqué a dónde Itachi me señaló. A leguas se notaba que era su escritorio, tenía la fotografía familiar que tomamos recientemente y la taza que Izumi le regaló por su ascenso de puesto. Todo parecía desordenado, pero teniendo su propio orden. Me senté en la silla y él llamó a Yamato desde el grupo que conversaban del otro lado de la habitación sobre la pizarra.
—Buenas noches, Sasuke —dijo sentándose frente a mí. Le vi ojeras debajo de sus ojos, se veía cansado—. Imagino que Itachi te dijo por qué estás aquí. —Asentí—. Bien, espero que sea rápido, queremos ir a dormir cuanto antes.
Sacó el par de carpetas que sostenía debajo de su brazo, dejándolos arriba del escritorio y desplazar imágenes de la computadora de este. Fue mostrándome imagen por imagen a sujetos de características similares tales como los ojos y el gesto, pero nadie se parecía. Hasta la quinta fotografía apareció ese sujeto, lo señalé y asentí tras reconocerlo. Era el mismo, no podía equivocarme.
—¿Es él? —preguntó mi hermano acercándose más.
—Su nombre es Nishimura Masaru, alias Shimimaru. Un alias bastante patético si me lo preguntan.
Me fijé en la imagen, el sujeto mirando fijamente a la cámara. Al parecer ya lo habían atrapado anteriormente y estuvo un tiempo en la cárcel por robar una tienda de empeños y salió bajo fianza. A simples rasgos su perfil no reflejaba cuán peligroso era hasta que se leía la descripción y afiliaciones con grupos de gánster y otros tipos.
—Actualmente pertenece a un clan Yakuza, los Hyūga —dijo Itachi señalando la foto de un costado, una imagen de un tatuaje de ciempiés posicionado en su espalda.
No me sorprendió saber que pertenecía a un clan Yazuka. Lo que me dejó completamente dislocado fue saber a qué clan pertenecía.
Hyūga.
Ese apellido lo había escuchado en mi estadía en Konoha, cuando Karin hablaba tan despectivamente de ese sujeto lo hacía por su apellido, de la misma forma que se expresaba de cualquier escoria.
Es apellido pertenecía a...
Hyūga Neji.
Quedé estático en mi lugar al recordarlo. Todo fue enlazándose en mi mente. Apenas presté atención a Yamato e Itachi que hablaban entre sí, cómo si lo que dijeran no fuera de suma importancia o un secreto a voces, quizás atribuían que no importaba si escuchaba pues no entendería del todo. O igual les valía.
—Ahora que sabemos con certeza que es parte del clan, tenemos que determinar porqué fue tras Sasuke. La única conexión posible es Kizashi, pero ellos apenas se vieron las caras —decía Yamato revisando un par de carpetas—. Este hombre incluso es el principal sospechoso de Yamamoto, tenemos que atraparlo cuanto antes. ¡Shino, busca en la base de datos...!
Dejé de escucharlo clavando mi atención en mis manos apoyadas en las piernas, en puño hasta que mis nudillos se volvieron blancos.
¿Y hubiera la posibilidad que Neji sea parte de ese clan? ¿Era tanta la coincidencia que él viajara junto a su familia a Osaka cómo se lo decía a Sakura? ¿Y si en realidad venían a la ciudad a tratar otros asuntos? El idiota sabía pelear bastante bien para haber aprendido por su cuenta.
El hecho de que Nishimura me atacara abría especulaciones a que quizás Neji le pidió cobrárselas de alguna forma. Desde que la pelea siempre tuve el presentimiento que Neji no dejaría las cosas así y que algún día iba a verlo cara a cara y darle otra paliza, pero al parecer él actuó primero.
Si todo era así entonces...
Me levanté de sopetón llamando la atención de mi hermano y Yamato que me miraron extrañados.
—¿Sasuke? ¿Recordaste algo más? —preguntó mi hermano.
No le respondí, rodeé el escritorio yendo directamente hasta la pizarra, dos hombres y una mujer seguían observando las fotografías con tensión y una cara de mucho pensar. Pues no lograban del todo conectar las piezas, les hacían falta algunas fundamentales.
Piezas que yo les daría.
—¡Oye, niño! No puedes meterte así, ¡esto es asunto de la policía! —exclamó un hombre de cabello blanco tomándome del hombro cuando me acerqué.
—Déjalo, Tobirama —intervino Yamato—. Al parecer el hermano de Itachi sabe algo que nosotros no.
Desplacé sus voces para concentrarme en las imágenes que tenía enfrente, repleta de notas de periódicos y fotografías, rostros desconocidos. Intenté no ver demasiado el lado derecho dónde venían escenas más explicitas de cuerpos sangrientos y me centré en el otro lado dónde aparecía la fotografía con mi rostro junto a los dos matones y Kizashi.
Fui trayendo a mí recuerdos del día de la pelea, todo fue rápido y lleno de frenesí, pero recordé que cuando le jalé la camisa en medio de nuestra disputa, pude ver rastros de un tatuaje en el inicio de su torso. Las púas que se reflejaban al comienzo de este tatuaje, debía ser demasiada coincidencia si no resulta ser así.
Tomé la fotografía de Nishimura que sostenía Itachi y la colgué ahí con un fijador.
—"Posiblemente la razón por la cual Nishimura intentó llevarme fue por motivos de venganza, pero no por parte de Kizashi, si no de otra persona" —gesticulé, e Itachi fue hablando por mí.
—¿A qué te refieres? —preguntó la pelirroja—. ¿Hay otra persona que te tenga en la mira?
Asentí, señalando a los otros hombres.
—"No lo consideré por qué no me pareció relevante. Hace unos meses tuve una riña bastante fuerte con el exnovio de la hija de Kizashi. Nunca pensé que fuera él hasta este momento que mencionaron el Clan Hyūga. Ese tipo se llama Hyūga Neji y vive en Konoha, tengo entendido que hacía viajes durante el año a Osaka con sus padres, pero quizás era una mentira más. Vi rastros de su tatuaje durante la riña, pero les mentiría si les afirmo que es este tatuaje" —señalé al ciempiés.
—Espera un momento —dijo Tobirama frunciendo el ceño, interrumpiéndome—. ¿Me estás diciendo que parte de los Hyūga están en Konoha?
Mi hermano te lo está diciendo, no yo, pensé entornando los ojos.
Todos se miraron entre sí.
—Es una posibilidad —aceptó Shino—. En ese caso sería una venganza atribuyendo que estés con la exnovia, Haruno Sakura, ¿no? —Asentí.
—"Teniendo en cuenta que hoy intentó llevársela, sí, es una posibilidad".
—¿Él fue uno de quiénes intentaron secuestrarla? —inquirió más analítico mi hermano.
Volví a centrarme en la pizarra procediendo a explicarles en brevedad.
—"Sí. Neji y Kizashi aparecieron juntos a intentar llevársela, pero Sakura logró librarse y mientras escapaba se encontró con un conocido que la ayudó a escapar. No sé su nombre completo, pero se hace llamar Ryu".
—¡Aparecieron juntos! —exclamó la pelirroja, ensanchando los ojos—. ¿Será posible que Kizashi sea parte del clan o sea un peón más?
Fruncí el ceño, pensándolo.
—"Según Sakura, Kizashi intentó llevársela para ser un pago a sus deudas".
—Lo que nos afirma que en verdad Kizashi debe mucho dinero y parte de su relación con los Hyūga, ya que tienen casas de apuestas ocultos en la ciudad —murmuró Yamato llevándose una mano a la cintura, a su lado Shino anotaba toda la información que les estaba proporcionando—. Es posible que no consiguiera dinero y se le ocurriera ofrecer a su hija como pago, después de todo el clan también se dedica a la trata de blancas.
Se me revolvió el estómago al escuchar eso.
—Y si Neji es parte también del clan, y tuvo una relación amorosa con Sakura, aprovechó la oportunidad para intentar llevársela a toda costa —siguió diciendo Yamato—. Será cuestión de tiempo para que intenté algo más ya sea en contra tuya o intentar llevarse a Sakura, en estos casos o primero encontramos a Kizashi muerto o lo atrapamos aún vivo para hacerlo hablar.
Reinó el silencio por unos segundos mientras todos mirábamos el pizarrón. A mí me parecía cada vez más claro las relaciones que tenían esos hombres. Contando que quizás Neji sea alguien influyente dentro del clan puesto que envío a Nishimura y sus secuaces a intentar llevarme, al igual que Sakura acudió personalmente. Y Kizashi, al ser adicto a los juegos contrajo una enorme deuda cual quiere pagar vendiendo a su hija a los Hyūga, Neji siendo parte tomaría partido de ello para tenerla a su lado.
Si queríamos saber más, que la policía atrapara a Kizashi con vida parecía ser la única opción.
Fruncí el ceño sin dejar de observar la pizarra, ahora teniendo incluida una fotografía de Sakura y la boca del estómago me ardió junto a un hueco en mi pecho.
¿En qué embrollo involucraron a Sakura?
De camino a casa Itachi me aseguró que harían todo lo posible para proteger a Sakura siendo ella un blanco potencial para Kizashi y Neji, mañana en cuanto tuvieran su declaración se haría oficial y actuarían rápidamente. A pesar de que me lo prometió no pude estar tranquilo, todavía sentía aquella sensación horrible al pensar que hubiera pasado con Sakura si hubiesen llegado a secuestrarla.
Un escalofrío feroz recorrió mi columna y mis pensamientos fueron borrosos. Intenté no mortificarme por eso el resto de la noche, de nada me ayudaría estar inquieto.
Al llegar a casa mamá nos recibió terminando de preparar la cena, me pareció singular la repentina presencia de Izumi, desde que escuché de Itachi su regreso del extranjero no la había visto en el hospital. Ahí trabajaba ella y pocas veces nos topábamos, eso porqué yo evitaba su área a toda costa cuando las terapias eran ahí. No me desagradaba la novia de mi hermano, simplemente me parecía incómodo encontrarla por "casualidad".
Y aquí es cuando me preguntaba cuando se casarían. Llevaban años de novios y todavía nada, pero cómo decía mamá: cada quién a su tiempo.
Todo requiere de tiempo, pensé mientras me dirigía a la sala en busca de Hunter. Me pareció extraño no verla merodeando en la sala y pronto supe el porqué, mamá le había dado varias carnazas para que se mantuviera entretenido mientras Izumi estaba aquí. Él se volvía frenético cada vez que la veía. Al percatarme de ello le pregunté a Itachi la causa y me reveló nostálgico que Izumi lo cargó cuando lo hallaron abandonado en una caja en medio de la lluvia.
Le silbé por debajo y alzó sus orejas, movió la cola y no dudó en venir a mí sin dejar la carnaza. Poniéndose en sus dos patas traseras se estiró sobre mí. Le acaricié la cabeza, le gustaba que lo hiciera incluso rascarle la parte de las orejas, me tranquilizaba a mí hacerlo.
Y cómo siempre, no importaba si Izumi se hallaba cerca, Hunter apenas me veía y corría a mí.
Kakashi decía que era terapéutico hablarle a un perro, en un principio lo había mirado como si estuviese loco, ¿hablarle un animal que jamás contestaría? Después de intentar suicidarme Hunter llegó a traerme cierta pasibilidad a pesar de que al principio renegaba de él y me negaba a aceptarlo por temor a encariñarme con él.
Un día Itachi me pidió cuidarlo todo el día cuando todavía era un cachorro, no me dejó negarme en lo absoluto, al darme cuenta me quedé sólo en casa junto a esa cosa peluda dando vueltas sobre sí y tirando de mi calcetín en jugueteo, al final lo llevé a mi habitación. Sentados frente a frente, me llegó el pensamiento de querer hablarle a ese cachorro frenético que no paraba de mover el rabo.
—Quizás sea timidez y no quieras hablarles a otras personas. Los humanos tendemos a pensar que nos juzgan deliberadamente por nuestra forma de ser si no les gusta —dijo en ese entonces Kakashi cuando apenas lo conocí y la primera cosa que me aconsejó fue intentar abrirme a los demás. Al negarme y contarle vagamente del perro se giró a ese tema—. Tal vez si intentas hablarle a tu cachorro sea menos difícil.
Lo intenté un millón de veces, abriendo y cerrando la boca. Nada salía. Ni siquiera un mísero sonido, a pesar de que los ojos de cachorro me observaban curiosos a un movimiento mientras yo seguía inmóvil observando las vendas de mis muñecas. Los perros no juzgan, me repetí una y otra vez, así que está bien.
Era cómo ese momento, pensando que en más adelante sería Sakura quién estuviera frente a mí. Sabía que ella no me juzgaría de esa manera, conocía parte de mí, mis defectos, mis cicatrices apenas sanando. Lo cual me resultaba de alguna manera aterrador en el sentido que nadie se había acercado tanto de esa forma.
«Tienes una risa hermosa». Las palabras de Sakura resultaron reconfortantes y yo quería transmitirle en palabras lo que significaba para mí, de mis propios sentimientos por ella.
Te quiero. Son tan sólo ocho letras, ¿por qué era tan difícil de decir?
Miré intensamente a Hunter que seguía observándome intrigante. Siempre había creído que intuía mis pensamientos de alguna forma. Le hice un movimiento a Hunter para que se sentara, fue tan obediente como la mayor parte del tiempo, sin dejar de mascar su carnaza mientras yo me ponía de cuchillas con los codos apoyadas en las rodillas.
¿Cómo se escucharía mi voz ahora?
¿Seré capaz de hablar a estas alturas?
Debía hacerlo.
Yo puedo hacerlo.
Apreté los labios, dudando y luego los separé.
—...
El timbre del teléfono sonó haciéndome perder toda la concentración. Suspiré repentinamente frustrado por la interrupción, agachando la cabeza. No volvería a hablar si me rendía en al primer intento verdadero después de mucho. Hunter soltó un alarido en un gesto juguetón al pensar que quería jugar con él, sentí sus lengüetazos en la cara.
Medité en dejar que alguien más contestara el teléfono, obviamente no podría responder. Viré al umbral de la puerta, nadie vino. Quizás estaban tan inversos en su plática que lo pasaron por alto. Así que me quedé ahí mientras le daba otra carnaza a Hunter que recogí del tapete, esperando a escuchar el mensaje de voz que dejarían.
Ojalá no lo hubiera hecho.
Ojalá me hubiera ido a la cocina.
Ojalá no hubiera estado ahí.
Porque, mientras me hincaba para quedar de nuevo a su lado, ladeé la cabeza al costado, encima de los cajones situados debajo del televisor. Observando reposar un colgante en fotografía que se me hacía perturbadoramente conocido. Yo tenía el mío guardado en la caja en el fondo de mi armario junto a las cosas que me recordaban a mi padre; e Itachi el suyo colgado de su guitarra.
Y este otro debía ser de...
Se me secó la boca al reconocerlo cuando lo tomé entre mis manos y el sonido del teléfono en sus últimos timbres me pareció tan lejano, de una galaxia a millones de distancia.
El colgante que tío Madara nos regaló antes de desaparecer años atrás, junto a una carta que leí tensando mis hombros «Nos veremos muy pronto» dictaba las palabras. El llavero me pareció cada vez más pesado en la mano, el tercer llavero que poseía Madara y en ese entonces fue un regalo especial entre tío y sobrinos.
Finalmente, el teléfono entró directo a buzón y se escuchó la voz de mamá pidiendo dejar un recado, después el timbre. Tardaron unos segundos para hablar y dejar el mensaje.
—Itachi... soy Madara.
Me levanté de sopetón, mirando fijamente el teléfono sin poder moverme por la impresión. Ensanché los ojos ante el silencio y contuve la respiración.
Esto debía ser una maldita broma. Esa voz familiar...
—No quería contactarte por este medio, pero no tuve elección. Necesito verte de nuevo cuanto antes.
¿Qué demonios...?
—Y si estás escuchando esto, Mikoto, hablaremos luego. Lo prometo, pero no ahora. Lo que realmente necesito es contactarme con Itachi. Sé que sería cínico de mi parte pedirte este favor, pero dile que me marque... Espero que Sasuke y tú estén bien.
El timbré volvió a sonar dejando el mensaje gravado junto a mi mente la voz del hermano de mi padre, repitiéndose una y otra vez. Todo a mi alrededor pareció más borroso y sombrío, el temblor de mis manos resultó ser real. Hunter comenzó a lloriquear cuando apreté la carta entre mis dedos.
Confirmé que él siempre presentía cuando mis emociones rayaban al borde del colapso. Y pronto lo estaría, pero no por las razones contundentes. No. Si no porqué Madara habló directamente a casa buscando a Itachi y tal parece que no era la primera vez.
Sabía que cuando lo vi en el paso peatonal no fue una ilusión de mi mente. Fue real.
Itachi sabía que Madara apareció, ¡y lo me ocultó!
—Sasuke, ¿quién habló hace un momento...? —Itachi había aparecido por el umbral y no terminó la frase.
Clavé mis ojos a su dirección apretando la mandíbula, él alternó la vista en mi rostro y las cosas que yo sostenía en ambas manos. Había algo en mi interior que bullía, él realmente no tenía intención de decirme sobre Madara porqué pareció consternado a que yo estuviera agarrando esto entre mis manos cuales dejé en la repisa, sin dejar de verlo dolido.
—"¿Desde cuándo sabes qué Madara regresó?" —gesticulé con las manos temblorosas.
¿Por qué mi hermano tuvo que ocultarme el regreso de nuestro tío? ¿Acaso pensó que yo sería débil de mente para no soportar la noticia? Rechiné los dientes, odiando la sensación de traición que embargaba mi pecho. La decepción a que todavía me creyeran un inepto e inestable al escuchar algo relacionado con mi padre, ¿temían por mis ataques de ansiedad? Últimamente no las había tenido, si viene al caso el dato.
Detesté que me vieran quebradizo.
Una persona quebradiza ante las situaciones cruciales.
No lo soy. ¡No lo soy!
Yo sólo...
Necesitaba saber, al igual que todos por qué mi padre se había ido en realidad. Si fue por mi mudez tendría que aceptarlo, pero si no... ¿Qué lo impulsó a abandonarnos y arrastrar consigo a su hermano menor, Madara?
Esa noche no sólo perdí a mi padre.
También a mi tío.
Continuará...
Vaya... espero que en verdad hayan disfrutado el capítulo porqué me costó escribirlo, *risas* no es cierto, ya estaba esperando este momento. Desde el viernes quería actualizar, pero nada se concretaba como tal y hasta hoy se hizo.
23 capítulos más tarde y nuestros niños por fin se besaron, ¡por fin! tomen su dosis de SasuSaku, son retiernos. Ya veremos cómo se van desenvolviendo ambos ahora que saben que el sentimiento es mutuo.
Aunque Sasuke no se le ha confesado como tal, le dio a entender sus sentimientos, la inseguridad de Sasuke se basaba mayormente en los sentimientos de Sakura y que no fueran recíprocos, la inseguridad de Sakura es de que él no intenté herirse de nuevo. Pero, por lo pronto las bases ya están en su sitio y todo comenzará a moverse a partir de ahora. Sasuke encontró su motivación para querer hablar, así que veremos que resulta.
Las revelaciones de Neji y su afilación con la Yakuza, el hecho de que Kizashi hubiera ofrecido a Sakura cómo un pago por la deuda. El tipo que ya tiene nombre: Nishimura. Por aquí deje una pista, que sabrán cuando llegue el momento. Todo parece unirse con seguridad. Pronto sabremos porqué Kizashi la tiene contra Sakura y Mebuki especialmente.
Y por último Madara intentando contactar a Itachi, y nuestro niño lo escuchó. El impacto emocional que tendrá pues de niño fue apegado a su tío también, por eso menciona a lo último que igual perdió a su tío. ¿Cuál será la posición de él? Lo descubrieremos.
-finalizando teorías-
¡Y bueno! La canción de 8 letters - Why Don't We, la letra es más el sentir de Sasuke, cuando escuché la canción dije: "esta va de anillo al dedo para los pensamientos de él, ¡perfecto!" por si la quieren escuchar, ya saben que Sasuke se la dedica a Sakura myjajaja :)
¿Y qué les pareció el capítulo? ¡No olviden decirme! Me alegra tanto leer sus teorías de cada una, como dice: cada cabeza es un mundo.
¡Gracias por leer! Estoy tan feliz ¡gracias por todo el apoyó que le dan! Estuve respondiendo sus reviews pero hay quienes no me deja FF -ahhh no entiendooo-, agradezco a Lucy, Sakura Forever, Alejandra Estrada, Cristina R. :D gracias por dejar su review, ya vieron que las teorías no estaban de todas arradas y se ha confirmado mucho, por lo pronto esta querida pareja ya se besó, ya se confesó y veremos que sucede de ahora en adelante.
En fin, les aviso que quizás está sea la última actualización del año, así que les deseo una feliz navidad y año nuevo adelantado, ¡disfruten el tiempo con sus familias! Que Diosito las cuide.
¡Nos leemos el próximo año, pequeños saltamontes!
Alela-chan fuera.
