Hola a todo el mundo!

He venido con la tercera parte de este fic. Por fin llegué a la conclusión/decisión de que este fic tendrá una cuarta parte (y última, creo).

Es importante que lean las notas finales. No quiero hacer spoilers, pero hay un tema un poco conflictivo en cuanto a opiniones y quiero aclararlo al final del capítulo. Lo importante que deben saber antes de leer este capítulo es que nada malo ocurre con nuestros protagonistas.

Nos leemos en las notas finales.

Disfruten su lectura :D


Por favor, dime que no lo hicimos

Parte III


Cuando Steve despertó la mañana siguiente, la habitación estaba en penumbras y el cálido cuerpo de Tony estaba aún abrazado a su pecho. Egoístamente se permitió un par de minutos disfrutando la cercanía y el contacto que había extrañado por más de un mes. Luego de permitirse esos minutos, decidió que sería mejor salir de la habitación para no incomodar al genio ni agobiarlo con su presencia.

El soldado sabía que, si bien su esposo había permitido el contacto físico y que se quedara durante toda la noche, Tony se sentiría abrumado por su presencia ahora que la pesadilla y la necesidad de consuelo había pasado. Con una sonrisa triste comenzó a soltarse del fiero abrazo en que el moreno lo tenía atrapado.

Cuando por fin pudo soltarse y comenzó a salir de entre las sábanas, una mano tomó la suya y unos somnolientos ojos castaños hicieron contacto con los suyos.

―Gracias por quedarte conmigo. ―Su voz sonaba ronca por el sueño.

―No tienes nada que agradecer, Tony. Siempre estaré aquí para ti.

Una sonrisa suave se instaló en los labios del mecánico.

―Sé que esto no es fácil para ti. Sé que dormir a mi lado debió ser duro para ti y por eso te agradezco.

El soldado no supo qué decir ante esas palabras. Solo se inclinó para besar su frente y dejó al genio dormir un poco más.

•••

Tony no salió de su habitación hasta después del medio día. Su rostro se notaba cansado, pero había una pequeña sonrisa en su rostro. Steve sabía que no había tenido más pesadillas después de dejarlo. JARVIS tenía órdenes de notificarle sobre cualquier cambio.

― ¿Puedo abrazarte? ―Preguntó el genio con timidez.

Steve se quedó en silencio unos segundos. Sorprendido por la pregunta.

―Sé que tal vez me estoy aprovechando de ti al pedir esto, sé que no soy el Tony que tanto extrañas, pero necesito-

Sus palabras fueron interrumpidas por el repentino movimiento del soldado. Fuertes brazos lo rodearon y un cálido cuerpo duro se acomodó contra el suyo en un abrazo fuerte, pero tierno.

―No tienes que pedirlo. Si necesitas un abrazo o quieres tomar mi mano, lo que quieras, puedes hacerlo. Estoy aquí para lo que necesites.

El genio asintió contra su pecho y se aferró con fuerza.

•••

Tony había permanecido despierto por más de una hora antes de salir de su habitación. Había pensado en Steve y en lo bien que su presencia le había hecho luego de esa horrible pesadilla. En lo mucho que su cercanía le gustaba y lo reconfortaba. Pensó en lo egoísta que había sido al pedirle que se quedara la noche anterior.

Steve extrañaba al antiguo Tony, al Tony de los videos, pero él necesitaba el contacto. Su cuerpo pedía a gritos estar cerca de su esposo y ya no podía seguir negándose esa indulgencia. Tal vez si se permitía esos contactos que necesitaba, de alguna forma, su memoria volvería. Y quizás el contacto con Tony ayudaría a Steve. Le ayudaría a quitar esa tristeza de su mirada y devolvería la luz a sus ojos. Tal vez los ayudaría a ambos a sobrellevar la situación.

Es por ello que, al verlo, pidió un abrazo. Aunque algo en su interior le decía que estaba siendo egoísta y que solo le hacía daño al rubio, no pudo evitar disfrutar el abrazo y el calor que emanaba del cuerpo de su esposo.

•••

Los días pasaban lentos y una semana luego de aquella pesadilla, Tony invitó a Steve a su habitación.

•••

El soldado estaba feliz de ver a Tony más relajado en su presencia y ese primer abrazo solicitado por el genio había desencadenado una serie de contactos físicos entre ellos.

Cada mañana Tony se abrazaba a él sin decir nada, solo se hundía en su calor y permitía que Steve lo rodeara con sus brazos y su amor. Lo abrazaba cada noche antes de retirarse a su habitación y le sonreía con cariño. No eran las mismas sonrisas amorosas llenas de travesura que le dedicaba su esposo antes del accidente, pero era una pequeña victoria.

A veces, mientras veían una película juntos, Tony se hundía en su costado y descansaba la cabeza en su hombro. En otras ocasiones el genio tomaba su mano y entrelazaba sus dedos con los suyos, cerraba los ojos y disfrutaba el contacto.

Tony no estaba enamorado de Steve en estos momentos. El moreno aún no recordaba nada, ni siquiera sus sentimientos por él. Podía ver en sus castaños ojos que faltaba esa chispa de amor al mirarlo. Eso le dolía. Era una herida abierta que ni el suero podía curar. Cada contacto era una tortura y, al mismo tiempo, un alivio para su dolor.

Cuando Tony tomó su mano y lo invitó a su habitación una noche, no supo bien que esperar. Mucho menos supo que pensar.

•••

El moreno lo dirigió hacia la cama y se acurrucó contra su costado. Un suspiro escapó de sus labios y él no podía estar más tenso que en ese momento. Tony estaba cómodo, pero él no sabía qué hacer o decir. No sabía lo que pasaba y eso lo ponía nervioso.

Tony era un torbellino de acciones inesperadas y Steve se había acostumbrado a su forma de ser. Se había acostumbrado a esperar lo inesperado. A discutir con el genio por una tontería y dos segundos después tener la lengua del moreno dentro de su boca en un beso fogoso y obsceno. Se había acostumbrado a estar sentado en el sofá, leyendo un libro y de pronto encontrarse con Tony sobre él, una rodilla a cada lado de su cadera, su cabeza descansando en su hombro y suaves ronquidos.

Todo lo que Tony hacía era impredecible, pero eso era antes.

La chispeante personalidad del mecánico había desaparecido y se había llevado su espontaneidad. Las cosas no eran iguales. Tony nunca pedía un abrazo, solo se abrazaba a su pecho o a su espalda sin previo aviso; sin importar que el soldado estuviera ocupado. Nunca sonreía avergonzado mientras entrelazaba sus dedos con los suyos. Nunca apartaba la mirada cuando había pasado mucho tiempo, simplemente le guiñaba un ojo con promesas demasiado sensuales. Lo seducía con solo un gesto.

Este Tony lo había traído a su habitación, estaba abrazado a él, pero la situación era totalmente nueva. Diferente.

―Tony-

―Quiero que te quedes conmigo cada noche. ―Lo interrumpió. ―Así, abrazándome.

Steve lo apartó un poco de su cuerpo y, con su dedo índice en el mentón del genio, levantó su rostro para mirarlo a los ojos. Buscando la verdad en su mirada.

―Dime lo que quieres de mí, Tony. No sé lo que estamos haciendo y no quiero equivocarme contigo. No quiero alejarte de mí otra vez.

Sin apartarse de su mano, Tony miró hacia abajo. Su rostro enrojeció levemente. Luego de un eterno momento volvió a mirarlo a los ojos.

―Desde el principio, aunque no te conocía, mi cuerpo ansiaba tu cercanía. Cada vez que veía tu mirada triste quería acercarme y abrazarte, consolarte. Con cada sonrisa, con cada gesto, luego de ver lo que tú y yo teníamos antes del accidente…―Steve se dio cuenta de que Tony ya no se separaba de su yo pasado. ―Steve, mi cuerpo te desea. En todo sentido. Y, aunque no estoy listo para eso, necesito tu contacto. Estar abrazados así, ―se abrazó a su pecho―me da seguridad y tranquilidad.

La opresión en el pecho de Steve, esa que había estado ahí desde que Tony no lo reconoció en el hospital, se alivió un poco al escucharle hablar.

―No sabes lo mucho que quiero besarte cada vez que me miras con una sonrisa o cada vez que dices mi nombre de aquella forma… tan llena de amor. Pero no quiero hacerte daño. No quiero intentar mantener una relación como la que tuvimos antes del accidente sabiendo que no me siento de la misma forma.

―Tony. ―Steve lo apretó contra su pecho. Sus ojos llenos de lágrimas sin derramar.

―Esa forma en que dices mi nombre. ―Acarició su espalda al mismo tiempo que soltaba un suspiro. ―Te quiero, Steve.

El corazón del soldado se detuvo.

―Me he encariñado contigo. Sé que te quiero y que te deseo, pero eso no es suficiente. No sé si tu presencia ayude a mi memoria, pero te necesito a mi lado. Ya no quiero dormir solo, no puedo. ―Lo miró. ―Por favor. ―Pidió.

―Me quedaré contigo, Tony. Ya te lo he dicho muchas veces. No me iré a ningún lado. Y quiero que sepas que aprecio tu honestidad. Te prometo que no pasará nada que no quieras. ―Suspiró. ―Te amo, Tony. Lo prometí. En las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad.

Y, mientras Tony lo quisiera a su lado, no había nada que le impidiera cumplir su promesa.

•••

Esa noche, Tony soñó con un taller. Una armadura de rojo brillante y dorado resplandeciente. Los ojos de la armadura se encendieron con un color azul conocido y en el centro de la armadura algo igual al reactor ARC que sobresalía en el centro de su pecho, en medio de las cicatrices.

El nombre Iron Man atravesó su cabeza al despertar en medio de la oscuridad.

Steve dormía tranquilo junto a él.

•••

Una mañana, días después de empezar a dormir juntos, Tony entró a la cocina y escuchó música.

―Nunca he comprendido tu gusto por esa música tan anticuada. ―Dijo el genio sin pensar.

Ambos se habían sorprendido por sus palabras, pero ninguno mencionó lo ocurrido.

Tony tuvo dolor de cabeza toda la mañana después de eso.

•••

La primera cosa que Tony recordó con toda seguridad, y a todo color y volumen, fue su primer beso con Steve. Había ocurrido en su taller. El soldado había ido a reclamarle por ser un irresponsable incapaz de cumplir órdenes. Otra vez estaba vestido con ese traje extraño, pero los colores eran un poco diferentes. Tony recordaba la sensación del enojo surgir en su estómago y había gritado de vuelta que él no era un soldado y que no tenía por qué obedecer órdenes y mucho menos las órdenes de Steve. Le había dicho que él se mandaba solo y que podía hacer lo que quisiera, cuando quisiera y con quien quisiera. Y sin aviso, con la idea de demostrar su punto, se había acercado a Steve, lo había agarrado bruscamente de las pequeñas solapas del cuello de su traje y lo había besado bruscamente.

Recordaba estar sorprendido cuando el soldado lo había besado de vuelta. Tomándolo bruscamente por los muslos, empotrándolo sobre su mesa de trabajo.

Acalorado y sorprendido por el recuerdo, había caminado hacia la sala de estar, la cocina, recorriendo todo el pent house buscando a Steve. Lo encontró en el gimnasio. El soldado, ¿desde cuándo pienso en él como un soldado?, vestía un pantalón deportivo y una camiseta ajustada mientras golpeaba un saco de arena con sus manos desnudas.

Sin saber de dónde había venido el impulso, se acercó a él y tomó al desprevenido rubio por ambos lados de la cara y lo besó. Sus labios se entrelazaron con los suyos y, luego de un momento de duda, Steve lo abrazó por la cintura y respondió al beso son insistencia. La lengua de Tony saboreó la boca del rubio, captando el sabor ligeramente salado de sus labios por el sudor y el dulce sabor a jugo de naranja. Su lengua jugó con la del soldado hasta que ambos se quedaron sin aire.

―Tony. ―Suspiró Steve. ― ¿Qué fue eso?

―Recordé nuestro primer beso. ―Respondió sonriente. ―Aun no entiendo el traje con la estrella en el pecho ni sé dónde está mi taller, pero sé que ocurrió ahí. Discutíamos y te besé.

―Y yo respondí a ese beso. Contigo sentado sobre la mesa de trabajo. ―Sonrió el rubio.

Más besos siguieron a ese. Sin importar que Steve estaba cubierto en sudor ni que Tony no recordaba nada más que eso.

•••

―Nat, Tony está recordando.

Eso es estupendo. Los chicos estaban preocupados de que Tony nunca recordara. Han pasado casi dos meses.

―Lo sé. ―Se apoyó en la encimera de la cocina. ―Yo también temía que nunca recordara nada. Me besó, Natasha. Tony me besó.

La pelirroja se rió. No con mala intención, sino de pura felicidad. La espía bien sabía de la situación inicial, en que Tony tenía miedo de Steve. Que el moreno lo hubiera besado significaba una gran mejoría.

Me alegra escuchar eso, Steve. Tu compañía le ha hecho bien. Tu cercanía y recobrar la intimidad que tenían le hará bien a su memoria.

―Eso espero, Nat.

•••

Tony había recordado varias cosas respecto a su relación con Steve. Por ejemplo, lo celoso que Steve se ponía cuando jóvenes mujeres se apegaban a él en cenas de gala. No tenía idea qué hacía él en una cena de gala, pero suponía que tenía que ver con la compañía que Steve le había mencionado, Stark Industries. El rubio no podía ocultar la fuerza con la que apretaba su mandíbula, conteniendo la rabia provocada por los celos. La forma poco elegante y casi grosera en que interrumpía las conversaciones y se llevaba a su esposo con excusas ridículas o sin excusas en absoluto.

Cuando recordaba esas cosas, su pecho se calentaba y se apoderaba de él una necesidad de Steve. Solo eso. Necesidad. Necesitaba a Steve como el aire que respiraba.

•••

Tony tenía jaquecas horribles que duraban varias horas después de recordar algo nuevo. JARVIS había estado monitoreando sus signos vitales las veinticuatro horas del día con mucha más diligencia que antes. Y había mantenido a Steve al tanto de cada uno de sus cambios.

Durante las noches, a veces, Tony despertaba casi sin moverse, tomaba una gran bocanada de aire y luego volvía a dormir. Caía en un sueño profundo del que era difícil sacarlo antes de las once de la mañana. JARVIS había dicho que no había nada de qué preocuparse y Steve había comenzado a respirar más tranquilo con sus palabras.

•••

Tony estaba en la ducha y Steve en la sala de estar, dibujando, cuando JARVIS le notificó de una llamada.

Capitán, tiene una videollamada de la señorita Potts.

Steve suspiró. Sabía que esta llamada llegaría.

―Pásame la llamada, JARVIS. Y avísame si Tony sale de la habitación.

Con gusto, Capitán.

―Gracias.

No tuvo que esperar más de unos segundos antes de ver el serio y profesional rostro de Pepper en la pantalla holográfica.

―Por fin he terminado de calmar a los inversionistas. Estoy cansada, preocupada y ansiosa por ver a Tony. La última vez que lo vi estaba inconsciente en una cama de hospital y luego me enteré en pleno vuelo que estaba sin memoria. ―La pelirroja suspiró y relajó su postura, hundiéndose en el asiento. ―Voy directo a la torre y no hay nada que puedas hacer para negarme la entrada, Steve.

Luego de que la mujer terminara con su monólogo, Steve sonrió.

―No me atrevería a negarte la entrada y como bien sabes, por mi llamada semanal, Tony está bien, pero aún sigue sin recordar del todo.

― ¿Ha recordado algo desde la última vez que hablamos?

―Nuestro primer beso. ―Sonrió. ―Luego de eso creo que ha recordado otras cosas, pero no me ha dicho nada. Por las noches despierta sobresaltado y luego duerme profundamente por horas. Creo que recuerda en sueños, pero tiene miedo de decirlo y darme esperanzas. O, tal vez, ni siquiera sabe que está recordando.

La pelirroja sonrió con tristeza.

―Dime, ¿cómo puedes soportar todo esto? Steve, Tony es el hombre que has amado por una década y ahora ni siquiera sabe quién eres. ―Su voz suave, tratando de no lastimar a Steve con la verdad.

―Lo aguanto lo mejor que puedo. No puedo demostrar mi debilidad ante él más de lo que ya lo he hecho. Y el amor que siento por él es mucho más fuerte que cualquier cosa. Superaremos esto, Pepper. Y si Tony nunca recuerda… me quedaré a su lado mientras él me lo permita.

Pepper lo miró con tristeza. Ella sabía lo que era el amor, pero ese amor tan devoto que Steve sentía por Tony podría destruirlo si esto no se solucionaba.

―Debes avisarle a Tony que iré a verlo. Estaré allí mañana a medio día. ―Prometió.

El rubio asintió y la llamada terminó.

•••

Esa misma noche, Steve se despertó con el genio sobre él. Todo estaba oscuro. Tony lo besaba y lo tocaba por todos lados con sus manos calientes y suaves por no trabajar en el taller por meses. Aún medio dormido, Steve simplemente reaccionó ante las acciones de su esposo y se dejó llevar por el momento. Devolviendo los besos, cambiando sus posiciones en la cama, atrapándolo entre su cuerpo y el colchón. Besándolo y acariciándolo, adorando su cuerpo como había hecho tantas veces antes. Mordiendo y dejando marcas que no desaparecerían en varios días en toda la extensión de su piel bronceada. Steve se dejó llevar por completo.

Tony respondía a sus acciones pidiendo más, gimiendo y jadeando. Besándolo con fuerza. Metiendo una mano en su ropa interior, rogando por él.

―Steve, por favor. ―Jadeó en su oído. ―Te necesito dentro de mí.

Y eso fue todo lo que la mente de Steve, nublada por el sueño y el placer, necesitó para actuar. Su cuerpo recordó cada movimiento. Su mano alcanzó fácilmente el cajón de la mesa de noche, su mano cubierta en el viscoso líquido preparó a su esposo con expertiz.

Ambos gimieron sobre los labios del otro cuando Steve se adentró en el cuerpo del genio. Sus movimientos cadenciosos, suaves, profundos. Sus labios dejando más marcas sobre el cuerpo de su amado. Tony aferrándose a su espalda, dejando marcas de uñas sobre su piel al alcanzar el éxtasis de su orgasmo; llamando por Steve mientras su cuerpo disfrutaba del placer, de la saciedad. Steve siguiéndolo momentos después.

―Te amo. ―Susurró Steve al oído de su esposo justo antes de quedarse dormido, abrazado a su espalda.

•••

Había tenido un sueño muy placentero la noche anterior. Había soñado que Steve le hacía el amor, bañándolo en besos, caricias y susurros de amor. Miró hacia el lado y se encontró solo. Afortunadamente el rubio no estaba ahí para verlo. Se sentía avergonzado de haber tenido un sueño así con el protagonista dormido junto a él. Tony no estaba listo para dar ese paso aún, aunque su mente claramente sí lo estaba.

Cuando se movió en la cama se dio cuenta de algunas cosas.

Sentía el cuerpo adolorido, sobre todo la parte baja de su espalda. Sentía los músculos cansados y un ardor en su… Oh, por Dios, pensó. Con miedo llevó una de sus manos hacia su entrepierna, un poco más abajo, y pudo sentir algo húmedo y viscoso. La piel alrededor de su entrada se sentía un poco inflamada y ardía levemente al contacto. Miró hacia abajo y vio las marcas en su cuerpo. Sus brazos y su torso estaban cubiertos de marcas de dientes. Mordidas. Y algunas marcas de dedos en sus caderas.

Se sintió mareado.

Justo en ese momento, antes de que pudiera seguir revisando su cuerpo, Steve entró con una bandeja en las manos. Un plato con tortitas, una gran taza de café y un vaso largo con una simple y hermosa rosa roja.

Sin saber porque, trató de cubrir su desnudez con la sábana. Aferrándola contra su pecho.

―Por favor, dime que no lo hicimos. ―Fue lo primero que salió de su boca. Podía notar que un poco de pánico se había filtrado en sus palabras.

Steve, que se había sentado junto a él, acarició su cabello. Se sentía triste al ver el miedo volver a la mirada de Tony. La desesperación en su mirada era dolorosa.

―Puedo mentir y decir que nada pasó si es lo que quieres. ―El moreno negó con la cabeza. ―Lo siento, Tony. No fue mi intención que las cosas llegaran tan lejos. Debí detenerme, y no estoy tratando de defenderme, pero debes comprender que, cuando desperté en medio de la noche contigo sobre mí, besándome… las cosas se nos fueron de las manos. Por un pequeño momento solo fuimos tú y yo. No había amnesia ni miedos, nada más que nosotros.

Tony no entendía porque Steve tenía que hablar de esa forma tan poética. Sus palabras estaban llenas de cariño y algo parecido a la vergüenza. Sus palabras no pedían perdón por sus acciones, pero la culpa escondida en su voz lo hacía.

―Necesito estar solo. ―Desvió su mirada. ―No puedo estar cerca de ti en este momento.

El rubio asintió. Tuvo la intención de acercarse y besar su frente, pero lo pensó mejor. Se levantó y se fue.

Ahora sí. Lo había arruinado todo. Todo.

•••

Un par de horas después, Steve tocó a su puerta.

―Tony, sé que no quieres verme en este momento, pero tengo que decirte algo. ―Escuchó al moreno acercarse a la puerta a paso lento.

―Te escucho. ―Vino su respuesta amortiguada por la puerta.

―Pepper, tu mejor amiga y CEO de tu compañía llega en una hora. Ha estado de viaje desde el accidente y está ansiosa por verte.

―Está bien. Estaré listo y JARVIS puede avisarme cuando llegue.

Steve se sentía dolido. Se sentía como un idiota.

―Bien. No te molestaré más.

•••

―Pepper lo arruiné todo.

La mujer vio su rostro demacrado y se acercó a abrazarlo con fuerza.

―Cuéntame lo que pasó. ―Dijo con suavidad.

Steve le contó lo que había pasado la noche anterior y esa mañana. La pelirroja pudo notar la culpa y la vergüenza en la voz del soldado mientras relataba lo ocurrido. Su corazón se sentía pesado en su pecho.

―De momento creo que lo mejor es que nos dejes solos. ―El soldado la miró con sorpresa. ―Debes salir de aquí, Steve. El encierro te ha hecho mal. Sé que Tony es tu esposo, pero no estás solo en todo esto. Ya han pasado dos meses y has enfrentado esta situación completamente solo. Necesitas un descanso. Tómate unas horas.

―Pero-

―No te preocupes por él. No me iré hasta que estés de regreso.

Dudando largos momentos, Steve dejó salir un suspiro y asintió.

―JARVIS, ¿puedes avisar a Tony que Pepper está aquí y que estaré fuera de la torre el resto del día?

Por supuesto, Capitán.

•••

Cuando Steve salió de la torre, Natasha estaba esperándolo en la recepción. Lo abrazó con fuerza y se lo llevó en su auto deportivo por las calles de Nueva York en dirección al complejo.

El camino fue silencioso, una mano de Natasha siempre sobre la de Steve, intentando confortarlo.

Cuando llegaron al complejo, lo esperaba el resto del equipo. Cada uno de ellos le dio un abrazo y lo arrastraron hacia la cocina. Natasha le sirvió un vaso con vodka puro y lo puso frente a él.

―Sé que el alcohol no tiene efecto en ti, pero te hará sentir mejor.

Steve la miró por menos de un segundo antes de tomarse todo el contenido del vaso. El ardor que rasgó su garganta, todo el camino hacia abajo por el esófago hasta su estómago se sintió bien. De alguna forma sentía que se merecía ese dolor. Aunque también se sentía bien esa sensación de calor asentándose en su estómago. Ni siquiera podía sufrir su castigo sin disfrutarlo.

La pelirroja le sirvió otro trago y uno a todos los demás. Juntos, bebieron el siguiente trago de una sola vez mientras los otros procedían con cuidado. Demorándose en cada pequeño sorbo del fuerte alcohol.

―Cuando quieras puedes hablar. Estamos aquí para escucharte. ―Dijo la voz consoladora del Doctor Banner.

Los minutos pasaron y ya en su tercer vaso, su garganta acostumbrada y sin ser afectado por el alcohol, Steve habló.

―Tony jamás perdonará lo que hice…

Su mirada se encontró con la de Natasha y la pelirroja se sintió horrorizada por las emociones que vio en sus ojos azules. Emociones que jamás pensó ver en su amigo.

•••

Tony no supo bien qué estaba sintiendo en ese momento. Se sentía aliviado, pero al mismo tiempo se sentía abandonado. Steve le había prometido no molestarlo y ahora se había ido de la torre. Luego de jurar una y otra vez que nunca lo dejaría solo, el rubio se había ido. Lo había dejado en presencia de una mujer extraña. Una mujer a la que no recordaba.

Su respiración se estaba haciendo agitaba y laboriosa, sentía que le faltaba el aire. Sentía que su cabeza daba vueltas. Todo a su alrededor se veía enorme y se movía en direcciones equivocadas. Se protegió con los brazos, evitando que algo lo golpeara. Se sentó en el piso, con la espada contra la pared, rogando porque el mundo dejara de moverse y atacarlo.

Una voz se escuchó. Lejana, amortiguada.

Manos pequeñas y delicadas le obligaron a bajar los brazos de su cabeza y una hermosa mujer con el cabello rojizo y labios color carmesí apareció en su campo visual.

―Respira conmigo, Tony. ―Indicó la mujer antes de tomar un profundo respiro. Trató de imitarla. ―Lo estás haciendo bien, cariño. Sigue respirando conmigo.

La mujer lo ayudó y lo animó durante varios minutos hasta que el ataque de pánico se desvaneció. No sabía cuanto tiempo había pasado, pero se sentía cansado. Sus pulmones ardían, su pecho se sentía apretado y sus ojos seguían derramando lágrimas por el esfuerzo.

―Tony, me tenías tan preocupada. Pensé que tendría que llamar a emergencias. ―Lo abrazó, atrayendo su cabeza contra su pecho. Pudo escuchar como sus latidos se calmaban y siguió su respiración para alejar lo más posible el pánico que sentía. Sabía que sus lágrimas humedecerían la fina seda de su blusa, pero se negó a soltarla. Se negó a alejarse de ese contacto que, por algún motivo, lo hacía sentir tranquilo. No de la misma forma en que Steve lo hacía sentir, pero se acercaba lo suficiente para dejarse envolver por la sensación.

―Pepper…―Suspiró el nombre sin saber si estaba con la mujer correcta.

―Vamos, cariño, levántate. Necesitas lavarte la cara con agua fría y beber un poco de agua también. Luego podremos hablar con tranquilidad.

Asintió con la cabeza y se separó un poco. La miró a los ojos. Esos ojos azules que no eran del tono correcto. No tenían esas pequeñas vetas de color verdoso ni ese brillo de amor de enamorado que tenían los ojos de Steve. Pepper lo besó en la mejilla y le ayudó a levantarse, guiándolo al baño.

•••

El equipo estaba bien enterado de toda la situación en la torre. Si bien Thor había hecho un viaje a Asgard por un par de semanas, incluso el dios estaba enterado de todo. Natasha se había encargado de mantenerlos a todos al tanto de la salud del genio y de la situación en la que se encontraba Steve. Pero lo que estaba escuchando era más de lo que esperaba.

Steve había relatado lo ocurrido la noche anterior sin detalles, solo estableciendo los hechos. Contando la situación en la que había despertado y cómo se había dejado llevar por las circunstancias. Lo que había hecho. Lo que había ocurrido esa mañana. Cómo Tony lo había mirado y le había pedido que se fuera. Y luego se había negado a abrir la puerta.

―Es como si… siento como si hubiera abusado de mi propio esposo. ―Confesó. ―Sabía que Tony no estaba listo para esto. Debí detenerme. No debí dejar que las cosas llegaran tan lejos. Hubieran visto el miedo y la desesperación en sus ojos. La forma en que se cubrió con la sábana. Como se encogió, alejándose de mí. ¿Cómo pude hacerle esto? ―Su pregunta no iba dirigida hacia nadie en particular, más hacia sí mismo. ―Soy un monstruo.

El equipo lo miraba con tristeza. Buscando las palabras para consolarlo.

―No. Steve no digas eso. ―Natasha se paró y lo abrazó por la espalda. ―No eres un monstruo y no abusaste de él.

―Nat. Tony no estaba listo. No quería hacerlo.

―Sé como se ve toda esta situación, pero tú no lo obligaste a nada. Sí, tal vez Tony no está psicológicamente preparado para intimar contigo, pero él inició todo. Él te pidió que le hicieras el amor. Y sí, eres un super soldado, estás por encima de una persona promedio, pero esta experiencia traumática te ha afectado tanto como a Tony, solo que no de la misma forma. La soledad y la necesidad de amar a tu esposo pudo más contigo.

Steve no lo veía de esa forma.

Era imposible para él cuando al cerrar los ojos lo único que veía eran los ojos aterrados de su esposo por lo que había pasado la noche anterior. Tony no estaba bien y él se había aprovechado. No había otra forma de verlo ante sus ojos. Cualquier otra persona que analizara la situación lo vería de esa forma. Lo que había hecho era terrible y no sabía si su matrimonio podría sobrevivir a algo como esto. La amnesia era una situación fuera de sus manos, era una situación completamente fuera del alcance de ambos, pero esto… jamás podría perdonarse por traicionar la confianza de Tony de una forma tan ruin.

―Creo que necesitas escuchar lo que Tony tenga que decirte, Steve. ―La voz calmada de Bruce interrumpió sus pensamientos.

― ¿Qué quieres decir con eso?

―Tal vez Tony no tenía miedo de ti, sino de sí mismo. De lo que es capaz de hacer por seguir a su instinto. ―El doctor bebió un pequeño trago del vodka que había quedado olvidado cuando Steve empezó a hablar. ―Nos dijiste que su cuerpo ansiaba tu cercanía desde el principio. Pequeños toques, luego los abrazos y besos hasta que te pidió que durmieras con él en tu antigua cama. Todos conocemos al Tony de antaño; saltando de cama en cama sin pensarlo. Pero ese Tony desapareció cuando comenzó a salir contigo. Este Tony amnésico carece de esas personalidades que lo caracterizaron en el pasado. Este Tony es una página en blanco y que su cuerpo pida algo que no concuerda con lo que pide su mente debe haberlo abrumado. Créeme cuando te digo que sé lo que se siente no poder controlar tu cuerpo con tu propia mente.

Toda la mesa se quedó en silencio.

Bruce sabía lo que era no poder controlarse, pero esa era una situación completamente diferente. Bruce no tenía amnesia. Bruce tenía una personalidad completamente diferente esperando a salir a la menor oportunidad. Hulk salía cuando la mente de Banner perdía la batalla con el control. No era como si él siguiera siendo él mismo durante sus transformaciones. Sí, tenía que vivir con las consecuencias de lo que el otro sujeto hacía, pero era como si fueran dos personas diferentes. Tony era solo él.

La situación no era la misma.

Él era un monstruo y nada le quitaría eso de la mente.

Se levantó de la silla y caminó en dirección a la sala de simulación. Se puso el traje y comenzó a pelear con los robots de entrenamiento. Y si dejó que más de un golpe le diera de lleno en el cuerpo… bueno, eso era lo mínimo que merecía.

•••

Una vez que su ataque de pánico había pasado por completo y había bebido dos vasos de agua bajo la atenta mirada de Pepper, Tony yacía recostado sobre su cama. La pelirroja a su lado, sosteniendo su mano.

― ¿Cómo has estado, Tony? ―Preguntó con voz suave.

El genio la miró con frustración bañando su rostro.

―No puedo recordarte, Pepper. No he podido recordar mucho, solo sé que tu nombre escapó de mi boca sin pensarlo. ―La pelirroja apretó su mano con suavidad, animándolo a seguir. ―Recuerdo algunas cosas sobre Steve. Cosas al azar como sus celos en galas, nuestro primer beso, un taller, una discusión. Iron Man.

La cabeza de Pepper hizo un giro tan rápido y brusco para mirarlo a los ojos que Tony se sintió mareado por ella.

―Iron Man. Dime lo que recuerdas sobre eso.

―Solo recuerdo el nombre. Vino a mí en medio de la noche, en un sueño. También una especie de robot rojo y dorado con uno de estos ―dijo apuntando al su reactor ARC―en el centro de su pecho. Luz azul saliendo de sus ojos. No sé si es lo mismo, pero creo que el robot y Iron Man están relacionados de alguna forma. Aunque no sé qué tiene que ver conmigo.

Ella solo asintió.

―No has hablado sobre esto con Steve. ―Afirmó.

Tony negó y bajó la mirada. Se sentía avergonzado por ocultarle esa información a Steve.

Luego de eso Pepper decidió distraerlo con historias de cuando se conocieron y sobre su agotador viaje alrededor del globo, convenciendo inversionistas de que el gran Tony Stark no estaba muerto y que sus acciones en la compañía estaban seguras y en las mejores manos.

Más tarde, pidieron comida china y se sentaron en el sofá de la sala de estar. El millonario se sentía en completa confianza con Pepper. Steve había tenido razón al decir que la mujer era su mejor amiga. Sentía que podía contarle lo que fuera.

―Necesito saber lo que pasó anoche. ―Soltó de pronto la pelirroja. ―Te he visto en tu peor momento, Tony, también en el mejor. Sé que tu vida cambió cuando conociste a Steve y sé que él te hace ser la mejor versión de ti porque quieres ser mejor para y por él. No porque él quisiera que cambiaras, sino porque quieres entregarle lo mismo que él te da. ―Dejó su comida en la mesita de café y se acercó a él. ―Así que necesito saber lo que pasó anoche para saber el trasero de quien debo patear.

Tony guardó silencio por varios minutos antes de bajar su comida y hablar.

―No sé lo que pasó. Desperté en medio de la noche con esta necesidad de tener a Steve. De sentirme rodeado por él, por su amor, su calor y su protección. Comencé a besarlo y acariciarlo, y le pedí que me hiciera el amor. ―Enterró la cara entre sus manos. ― Y esta mañana creí que todo había sido un sueño.

―Pero no lo fue.

Negó con la cabeza, temblando.

―Desperté y me di cuenta de que había sido real. Me sentí agitado y tuve miedo…

Ese miedo que había sentido se había apoderado de él y no sabía como lidiar con ello y con Steve al mismo tiempo. Por eso le había pedido que se fuera. Necesitaba aclarar sus ideas antes de enfrentarse a ese maravilloso hombre que le traía el desayuno con un brillo en los ojos que no había visto en todo el tiempo que había estado en la torre, sin sus recuerdos. Tenía miedo de defraudarlo, de lastimarlo al no tener en orden sus ideas.

―Tony, tienes que aclarar todo esto. ―Tomó su cara entre sus delicadas manos y le obligó a mirarla. ―Ese hombre te ama con cada fibra de su ser. Y salió de la torre con la terrible idea de que lo que pasó anoche fue su culpa. Steve cree que abusó sexualmente de ti y que por eso no quieres verlo.

Su corazón se aceleró y trató de regular su respiración para alejar el ataque de pánico que sentía venir.

― ¿Él te dijo eso? ―Preguntó con la voz ahogada.

―Por supuesto que no. No necesitó decir nada, estaba escrito en su cara. Pude escuchar el horror, la vergüenza y la culpa en su voz. Lo primero que me dijo al llegar fue que lo había arruinado todo. ―Tony se alejó de ella y se levantó, dirigiéndose al gran ventanal. ―Steve cree que se aprovechó de su propio esposo.

El horror en el rostro de Tony era completamente diferente al horror que había sentido antes.

―Eso no fue lo que pasó. ―Aseguró con urgencia.

―Lo sé. Steve es el hombre más correcto que he conocido en toda mi vida y sé que nunca sería capaz de algo así. Es por eso que necesito saber tu versión.

Tony le contó que, si bien por un momento pensó que todo había sido un sueño, sabía que lo que hizo fue producto del deseo que sentía por Steve. El rubio lo sabía, se lo había confesado. No se sentía enamorado, pero se preocupaba por el soldado y le tenía cariño. Steve era perfecto en todo sentido. Cuando, la noche anterior, había estado necesitado de ese contacto íntimo; cuando necesitó que Steve le hiciera el amor para apagar esa llama que le quemaba por dentro, el rubio le había entregado todo. Había murmurado elogios y palabras de amor mientras cumplía con su petición. Tony se había aprovechado de la vulnerabilidad emocional que sufría Steve. Oh, por Dios. Se llevó una mano a la boca, ahogando un gemido. Ahora lo entendía todo.

―Si alguien se aprovechó de alguien en esta situación… ese fui yo. ―Pepper lo miró con interés. ―Esta mañana no pude enfrentar esa mirada de amor y esas atenciones que Steve me ofrecía. No pude mirarlo a los ojos por más de una fracción de segundo porque no quería ver ese sentimiento… ese amor que no puedo reciprocar. Pepper. El amor que Steve siente por mí, lo utilicé para satisfacer una necesidad física sin pensar en las consecuencias. Soy una horrible persona.

Pepper sonrió con alivio, tristeza y algo de nostalgia. Tony solía culparse de todo lo que salía mal a su alrededor cuando se trataba de Steve.

―Ven, terminemos esta comida antes de que se enfríe. Aún faltan unas horas para que se ponga el sol y le pedí a Natasha que no dejara que Steve vuelta antes del anochecer. ―Le guiñó un ojo con complicidad. ―Ya más tarde veremos cómo solucionar este problema.

Besó su mejilla y lo arrastró de regreso al sofá.

•••

El resto de la tarde fue una montaña rusa de emociones para Steve.

El soldado del pasado se había encerrado en su miseria. Se había concentrado en el ejercicio, dejándose atacar por los robots sin escuchar a Natasha y negándose a dejar a sus amigos entrar para detenerlo. Cada par de minutos dejaba que un golpe le diera de lleno en el estómago o en el costado, algunos incluso en la espalda. No dejó que ningún golpe lo hiciera sangrar, en caso de que Tony lo necesitara, no quería tener que dar explicaciones sobre un labio roto. El traje estaba sucio y tenía agujeros donde algunos disparos de láser caliente habían golpeado su cuerpo. Tan distraído estaba en su castigo autoimpuesto que no vio venir la flecha de Clint que se incrustó en lo alto de su espalda, de lleno en el músculo, dejándolo inconsciente en pocos segundos.

―Buen sedante, Doc. ―Felicitó el arquero.

Tenía que serlo, Banner lo había diseñado para noquear al otro sujeto en caso de que saliera de control.

―Despertará en unas cuantas horas, si mis cálculos son correctos. ―Y lo eran. Todos a su alrededor lo sabían.

•••

Steve despertó un tanto desorientado. Miró a su alrededor y reconoció algunas cosas. Cuadros, fotografías, el escritorio y la silla especial que Tony había encontrado para él, el cuaderno de dibujos que había dejado sobre la mesa de noche. Estaba recostado sobre la cama de su habitación. Bueno, en la cama de su antigua habitación. Su mente estaba completamente adormecida, sentía el cuerpo entumecido y cansado. Sus reacciones eran lentas. Estaba oscuro a su alrededor, así que asumió que era de noche. Pasó las manos por su cuerpo y pudo notar que el uniforme de Capitán América aún estaba ahí.

Los minutos pasaron lentamente hasta que por fin pudo moverse con algo más de libertad. Se levantó de la cama y entró al baño para lavarse la cara con agua fría. Su cabello estaba pegajoso y había marcas oscuras de suciedad en su rostro y en sus manos. Se desvistió completamente y se metió en la ducha. El agua caliente relajó su cuerpo adolorido por tantos golpes que había recibido.

Varios minutos después, cuando ya estaba completamente vestido, la voz de JARVIS llamó su atención.

Capitán, el señor perdió el conocimiento en la bañera. ―Su voz sonaba angustiada.

Cuando el mensaje penetró su mente, se levantó de la cama, donde se había sentado, y corrió hacia la habitación de al lado.

Debía ayudar a Tony.


Primero que todo, espero que les haya gustado el capítulo. Espero no haber dejado pasar errores y si lo hice, lo siento.

Ahora, el tema en cuestión.

Quiero que sepan que ninguno de mis fics va a incluir jamás alguna escena de abuso (de ningún tipo) por parte de la pareja protagonista y probablemente de ninguno de los personajes a su alrededor. Es un tema con el que no se siento cómoda en la vida real y mucho menos como para escribirlo en una historia. En este fic todo lo referente a un abuso es producto de un malentendido tras otro. Y también producido por la culpa.

Pueden creerme cuando les digo que la culpa (en cualquier ámbito, no solo en una situación como la descrita en el fic) puede jugar con nuestras mentes y hacernos creer que hicimos cosas que no son así. Tal como nuestra mente puede engañarnos y hacernos creer que no somos culpables de nada y que lo que hicimos estaba bien o estaba justificado.

En cuanto al abuso como tal, quiero que sepan que tengo claro que puede ocurrir sin que el abusado se de cuenta. Lo sé por experiencia (nada tan malo como se podrían imaginar, no se preocupen) y es difícil darse cuenta cuando el abusador es "sutil".

Y quiero aclarar que este NO es el caso. NINGUNO DE LOS PERSONAJES COMETE NINGÚN TIPO DE ABUSO HACIA EL OTRO. Es solo un malentendido y si no se entiende de esa forma (quedará mejor explicado en el próximo capítulo, lo prometo) por favor digánmelo para intentar aclararlo.

En fin, eso era lo que quería decirles.

Nos leemos pronto.

Besos.

Bye :D


Lunes 28 de Septiembre, 2020.