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El mismo sentir


Sasuke
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CUATRO AÑOS ANTES

Cerré la puerta de la entrada tan fuerte que no me sorprendería saber que se escucha por todo el edificio, me importa poco si los vecinos fueran a quejarse por tanto escándalo, como si tuvieran derecho a quejarse cuando hacen fiestas a entrada la madrugada y no me dejan dormir.

A cuestas me quité los zapatos y los dejé a un costado. Las costillas y cara me duelen y la sangre en mis labios se niega a detenerse, recordar mi descuido en la pelea de hace una hora me hierve la sangre de nuevo. Sobre todo, sus palabrerías sin sentido, o por lo menos para mí.

«Que lamentable que no hayas muerto ese día, ¿eh, chico mudito?».

Apreté los dientes conteniendo mi propio grito si acaso pudiera salir. ¿Acaso mi pecado me seguiría hasta el fin de los tiempos? Sé que estuvo mal, que no fue la vía más inteligente que tuvieron mis neuronas para intentar acabar con todo el dolor que cargué en mis hombros por años. Y demonios, cuanto me arrepiento solamente de haber pensado en el suicidio, mucho más al intentarlo.

Miré mis manos, las muñecas aun las cubría con vendas. Apenas un par de meses de eso y en la escuela no dejaron de molestarme pase a la situación tan delicada, en cambio, de cierta forma empeoró. No quise decirle nada a mamá para agobiarla, pero no tardarían en llamarle para hacerle saber que golpeé a varios compañeros por acosarme.

No me dejaré de ellos, si tengo que defenderme a golpes lo haría. Aunque Kakashi insiste en que la violencia nunca es la solución, para mí sí lo es. Solamente así dejaban de acosarme por un tiempo.

—¿Eres tú, Sasuke? —la voz de mi hermano se escuchó desde la sala.

"¿Quién más sería?" pienso sarcástico y camino hasta la sala intentando pensar en una excusa rápida para explicar mi labio roto.

En cuanto pisé la sala, mi hermano borra la sonrisa de su rostro al verme. Rápidamente se aleja de Izumi que se encontraba sentado a su lado con una caja enorme en su regazo, y llega a tocarme la herida de la ceja con preocupación.

—¿Qué sucedió esta vez? —pregunta severo.

Le quité la mano de un manotazo ligero, no necesito su preocupación, puedo solucionarlo por mis propios medios. No es la primera vez que me involucro en peleas, debe estar acostumbrado a verme llegar con moretones.

Ni siquiera le respondí, voy a la cocina sin saludar a Izumi que igual me veía preocupada. Chasqueé la lengua, irritado. Me hastía la excesiva preocupación de ellos, especialmente la de Itachi después de mudarse de nuevo aquí. Ah, de tan sólo pensar en la cara de pondrá mamá cuando llegue a casa me da jaqueca. Froté mi rostro con una de mis manos.

—Sasuke, sabes que no debes meterte en más problemas. Si te siguen acosando en la escuela debes hacérselo saber a los directivos para llegar al fondo del asunto —sigue diciendo detrás de mí.

Sí, sí. Lo que digas. La verdad estoy hastiado de que me cambiará de escuela cada vez que me meto en problemas creyendo que será la mejor solución. Simplemente a las personas no les gusta mi sola presencia, punto. Tendré que lidiar con ello hasta la graduación.

Me encogí de hombros demostrando mi desinterés en el tema mientras daba alcance al botiquín dentro de la alacena. Como si fuera rutinario busco los algodones y el agua desinfectante, limpiaré los raspones de mis brazos.

Siento la presencia de Itachi a mis espaldas, lo miré sobre mi hombro sin emoción en mi rostro a contrario de él que parecía un poco más enfadado por mi nulo interés. Pronto entiende que es imposible seguir hablar del tema, suelta un suspiro resignado y ablanda el semblante. Lo comprendo perfectamente, es cansino lidiar conmigo.

—Viendo que no podré contigo, te tengo una sorpresa —cambia de tema intentando aligerar mi mal humor y el suyo por mi renuencia.

Enarqué una ceja al ver a Izumi acercarse con la caja en sus manos y dejándola encima de la mesa, me parece extraño cuando se mueve ligeramente. A pesar de mi curiosidad no la abrí, le di una mirada perturbada a mi hermano que se ríe ligeramente sabiendo que no tocaré la caja por nada del mundo.

—¿No vas a abrirlo? —pregunta Izumi sonriente.

Negué de inmediato.

—Que se le va a hacer.

De la caja saca una bola peluda color blanco con manchas negras envuelto en una manta azul, la cosa me mira con dos enormes ojos y la lengua de fuera soltando un pequeño alarido como si estuviese hablándome, emocionado por verme.

Un cachorro.

De hito en hito, mi vista decae en Itachi.

—Lo traje para ti —aclara, al ver mi falto de emoción procede a tomarlo de manos de Izumi y lo extiende a mi dirección, me quedé con la mente en blanco—. Recordé que querías tener un perro, te vendría bien tener un compañero.

"Eso fue hace años" —gesticulé frunciendo el ceño sin querer tocar al cachorro que sigue mirándome y lloriquea—. "No me interesa cuidar de él".

—Vamos, sé que lo quieres tener —insiste Itachi.

Miré fijamente los ojos del cachorro que no pierde detalle del mío, sus ojos resplandecen de emoción insólita y se remueve en brazos de Itachi. Estuve a punto de estirar las manos para tomarlo, pero el recordar que encariñarme con las cosas y personas me hacen daño, dejé caer mis brazos, como si me hubiesen dado un tremendo golpe.

Cierto. Encariñarse con las cosas me llevaran en algún punto al dolor.

Ese perro se escapará en algún momento u ocurrirá algo que me hará arrepentirme de mi decisión.

No, simplemente no quiero arrepentirme más de mis decisiones.

"No me interesa" —Tomé el botiquín y lo pongo debajo de mi brazo, Itachi e Izumi decaen en su semblante—. "Es muy problemático encariñarme con las cosas, prefiero evitarme las penas".

—Pero…

Lo dejé hablando y me encaminé al baño para limpiarme la herida del labio sin importarme que sucederá con el cachorro, sencillamente… no quiero responsabilizarme de una vida si ni siquiera puedo con la mía.


—¡Oe! Mudito —Un brazo recae en mi hombro. Hace unos meses hubiera roto mañeca de quien osase a tocarme, pero ahora le di una mirada vacía. Se trata de uno de mis "amigos" en esta nueva preparatoria que mamá me transfirió del otro lado de la ciudad—. Iremos a casa de Raika a beber unas cervezas, ¿te apuntas? Irán unas chicas de tercero que andan coladitas por ti —insinúa dándome golpecitos en el torso.

Lo miré fríamente desde mi posición, a estas alturas no parece importarle mis gestos letales, se están acostumbrando a mi actitud; lo seguí con apenas un movimiento de mi cabeza.

A nadie le parece interesar mi pasado a pesar de que seguramente algunos me reconocieron con verme, no pude obviar algunos comentarios sueltos. A pesar de ello, decidí no meterme en más problemas después de ver el rostro decepcionado de mamá cuando el director le dijo que quizás era preferible considerar cambiarme de preparatoria.

Lo vi venir, sin embargo, el derrumbe de emociones de mamá en la casa no. Su voz entrecortada y escucharla llorar dentro del baño al pensar que estaba sola en casa, lamentándose por mi nula cooperación y mis escasos avances tanto en la escuela como en mi propia vida, culpándose por no ser una madre suficiente para apoyarme debidamente.

«Ya no puedo más…»

Por eso decidí no meterme en peleas que tuvieran que ver con mi discapacidad. En cuanto pisé la nueva escuela decidí aparentar que no me afectaban las criticas y chismes, con el paso de los días comprendí que debía mezclarme entre el puñado de chicos y ser uno del montón. Al parecer a ellos les impactó las cicatrices de mis manos y bromearon que fui "rudo" al intentar suicidarme.

Aunque yo no lo vi así, solamente sonreí a medias, sarcástico. Conseguí unas pulseras para ocultarlas y perfeccionar mi imagen de "chico malo" como ellos.

Unirme a su círculo sintiendo la presión social, imitándolos en lo que hacían.

Fumar.

Beber.

Perforarme la oreja derecha y lengua.

Tener sexo con las chicas que se me insinuaban.

Conducir mi primera motocicleta robada.

Nada de eso llenó el vacío que perfora mi pecho, lo sé. Nada en el mundo pudo hacerme sentir mejor, feliz. Aquella emoción me abandonó desde hace mucho tiempo que, aunque añorara sentir el sentimiento, tampoco lo extraño como tal. Por muchas cosas efímeras que probé, de tantas cosas que hice y seguiré haciendo, absolutamente nada llena el vacío de mi pecho.

Sé que no son amigos verdaderos, no son ni por asomo como aquel chico pelirrojo que una vez conocí y nunca supe nada de él. No, estas son amistades falsas, por conveniencia. Y no es cuestión de no quererme sentir solo, más bien he intentado buscar algo de consuelo que por desgracia no obtuve y seguramente jamás conseguiré.

Cada día que transcurre me limito a vivir sin pensar demasiado en el mañana, moviéndome cual robot con la intención de no provocar más daños en mi pequeña familia rota. Itachi apenas se alza en su trabajo en la estación de policía y mamá se veía con ánimos al no tener que acudir a la escuela por llamadas de que me involucré en peleas —o por lo menos no ahí—, no quiero darles cargas y problemas cuando se ven estables.

Me estoy pudriendo por dentro, temo que de un momento a otro me convierta en un desastre.

Al día siguiente por la mañana llegué a casa pensando en ello. A diferencia, cerré la puerta apenas haciendo ruido y unos ojos me ven desde abajo. El perro que trajo Itachi creció y ahora anda por toda la casa haciendo su desastre, en ocasiones intenta colarse en mi habitación, así que mayormente dejé la puerta cerrada.

Lo evité, ignorándolo como de costumbre y me fui a la cocina escuchando sus alaridos detrás de mí. Me muerde la parte trasera de mis calcetas y se deja arrastrar por mí. Compuse una mueca de fastidio, siempre hace eso a pesar de que lo alejo cada vez.

Me recargué en el marco de la cocina y lo alejé lo suficiente. En medio de la cocina Itachi parecía terminar de lavar los platos apresurado, hablaba por teléfono apoyándolo entre su hombro y oreja.

Sonríe aliviado al verme.

—Hola, hermano. Llegas justo a tiempo —dice secándose las manos y metiendo el celular en el bolso de su pantalón. Lo miré sin comprender—, ¿puedes darle de comer al Hunter? Voy tarde al trabajo y no me dará tiempo en prepararle su comida.

¿Darle de comer a quién?

El perro me vuelve a jalar de la calceta, lo miré hastiado.

—"¿Quién es Hunter?" —gesticulé cuando Itachi se pone su gabardina.

Él frunce el ceño desconcertado, sin detener su acción se gira a mí.

—¿Estás de broma? ¿No prestaste atención cuando te dije el nombre que le puse al perro?

Inmediatamente le di una mirada corta a la bola de pelos que sigue batallando con mi calceta.

—"Tampoco es que me interese mucho".

O no quise tomarle importancia desde el inicio, al igual que pasaba la mayor parte del tiempo fuera de casa que apenas veía a mamá o Itachi. En la madrugada el primer recibimiento es el perro y como ninja me escabullía hasta mi habitación evitando que la cosa peluda haga ruido.

Itachi suspira resignado, una punzada de culpa me ataca mi pecho.

—Como sea. Te dejé anotado en la hoja lo que debes darle —señala la mesa y recoge las llaves de su automóvil, agachándose a mi lado para acariciar al perro que me suelta y menea la cola a su dirección y él le hablaba como si fuera su hijo—. Regreso en la noche, Hunter. Sasuke cuidará de ti durante el día y te dará de comer.

¿Ah?

Mi desconcierto parece divertirle. Me sonríe alborotándome el cabello, le alejé la mano de un manotazo ligero. No me gusta que lo hiciera y aún así lo hace.

—Nos vemos en la noche, hermano, cuida de Hunter. —Antes de que pueda hacer señas, se aleja rápido sin darme oportunidad de replicar—. ¡Y no olvides sacarlo a pasear en la tarde! —grita antes de cerrar la puerta principal.

¿¡Ah!?

Me quedé en la cocina, incrédulo con la compañía de la cosa peluda —que se llama Hunter— que se sienta sobre sus patas traseras y con las delanteras rasguña mi pie mientras llora, después rueda sobre sí. Lo hace repetidas veces que llega a fastidiarme, chasqueo la lengua, seguramente tendrá hambre.

Más molesto que resignado, le preparé su dichosa comida escrita a detalle en la hoja que dejó Itachi sobre la mesa. Que perro más afortunado, come mejor que yo. Aproveché a prepararme mi desayuno con la silenciosa compañía del perro que se movía a mi alrededor cada vez que cambio de lugar, me di cuenta de que al ver su cuenco se alborotaba demasiado.

Torcí la boca, demasiado efusivo.

Dejé mi plato en la mesa y su cuenco a un lado mío, apenas lo miré con ojos severos y se detiene, sentándose sobre sus patas traseras, pero sin dejar de mover su cola, inclinándose un poco a medida que bajé el cuenco hasta que toca el suelo y se abalanza a su comida como si nunca hubiese dado un bocado.

Ocupé lugar en la mesa y comí en silencio alternando la vista en la silla de mamá e Itachi, y en la cuarta que antes pertenecía a mi padre. Recordarlo siempre me trae un nudo en la garganta y amarga mi comida. Y pensar que seguí los mismos pasos que él al intentar suicidarme…

Sentí un tirón en mi pantalón, al percatarme noto que la cosa peluda terminó su comida y está sentado a un lado, colgándose de mi rodilla, mirándome suplicante. O más bien, saboreando en todo su esplendor el pedazo de jamón que estoy a punto de llevarme a la boca.

Ah, maldición, esa mirada de cordero degollado me puede.

Le doy mi pedazo sin reparos y lo mordisquea feliz, no deja de mirarme entusiasmado, sin reparos, sin importarle nada más que la comida. Sin darme cuenta sonreí por debajo, quizás este perro no fuera una pérdida de tiempo después de todo. Recordé porque de niño quise un perro como compañero de juegos debido a que los demás niños me despreciaban, pero mamá nunca me dejó tener uno.

Así transcurrió todo el desayuno hasta que mamá aparece por el umbral vestida para irse a impartir clases. Sonríe resplandeciente en cuanto me ve después de dos días a pesar de vivir en la misma casa.

Otra punzada de culpa me ataca.

—¡Sasuke! Me alegra que llegaras antes que me fuera al trabajo —se acerca a mí dándome un beso en la frente y estrechándome en un abrazo, me agobia un poco el pensar que se siente triste cuando no me ve. Después se gira al perro se le llora—. Oh, pequeño Hunter, ¿tienes hambre? Ahorita te doy de comer.

—"Ya le di de comer".

Mamá parece impactada por mis señas, me mira como si me hubiese salido dos cabezas. No es un secreto que no me agradaba del todo el perro y ella lo sabe, por eso cuando Itachi no está, se encarga de dejarle la suficiente comida para todo el día.

—Ya veo, entonces…

Se queda en silencio cuando me ve inclinarme a tomar al cachorro entre mis brazos para abrazarlo, caminé con él hasta el umbral con la intención de llevarlo a mi habitación.

"Yo cuidaré de él hoy. Nos vemos en la noche, mamá" —gesticulé dejándola en medio de la cocina, seguramente desconcertada por mi repentina cercanía con el perro.

Y desde ese día jamás quise soltar a ese cachorro.

De alguna u otra forma, al intentar hablarle me di cuenta de que quizás con él pueda tener distracción y cierta alegría al verlo conseguir realizar uno de los tantos trucos que comencé a enseñarle, como quedarse sentado cuando silbo y le hago una seña con la mano; o cuando da la vuelta sobre sí al silbarle dos veces y mover el índice al mismo tiempo.

En alguna parte de mi mente, el haberme encariñado con Hunter fue parte de mi distracción, me sacaba una sonrisa cada vez que lo veía aprender los trucos y comencé a trabajar medio tiempo para comprarle sus artículos y llevarlo al veterinario cuando comía algún bicho extraño del patio y se enfermaba, no quería que se muera pronto.

Aquel perro que desprecie al principio se convirtió en mi mejor terapia.


Sakura
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ACTUALIDAD

—Con el testimonio de la señorita Haruno se confirma que Hyūga Neji es parte de un clan Yazuka —repitió el detective sentado frente al otro lado de la mesa con la computadora a un lado y varias notas a su alrededor.

Apenas lo escuché, tenía mi vista puesta en un punto incierto de la mesa. No reaccioné por unos segundos, pensando que la vida era una cruel broma.

Entreabrí los ojos sin poder creer aún lo que el detective Yamato me decía, busqué en su rostro rastros de que se tratase de una broma, pero no hallé ningún indicio que estuviese mintiendo. Lamentablemente no lo hacía, no mentía. Apreté los labios intentando contener la maldición que amenazó mis labios.

—Sé cómo debe sentirse —se compadeció señalando la fotografía sobre la mesa—, pero si en verdad este tatuaje lo tiene él y su apellido es Hyūga, no podemos estar equivocados. Neji pertenece a un clan Yazuka.

No despegué la vista de la fotografía. El mismo tatuaje que vi una vez en el torso de Neji y que él ocultaba de los demás recelosamente, incluso me pidió a mí que no lo revelara o se metería en problemas con sus padres. Creí que se trataba de que no quería ser castigado por hacerse un tatuaje sin permiso, nada más, no que se tratara de una marca especial para identificarse con un clan Yazuka.

Me llevé una mano a mi boca por inercia, cubriéndola, intentando que no se reflejara demasiado mi sorpresa. Y es que no podía creerlo, y no era porque no quisiera aceptar que Neji pertenecía a una mafia peligrosa, si no por lo estúpida que fui al no darme cuenta de algo cómo esto, de lo impotente que me sentí. Cuando creí que conocía una parte de Neji, todo de él… resulta ser un hipócrita y mentiroso; de lo peligroso que era y no quise verlo antes.

Cosas que pasé por alto comenzaron a encajar, lo agresivo que se convirtió de la noche a la mañana con sus maniáticos celos con mis amigos, los viajes largos a Osaka excusándose que visitaba a sus familiares que enfermaban —cuando en realidad venía a aquí, a Tokio por negocios— o su infidelidad con Tenten.

Tenten…

«Tenten desapareció al día siguiente de la fiesta».

—Por las declaraciones anteriores, el psicólogo dictamina que está obsesionado contigo, una mala combinación con su impulsividad, lo que lo hace peligroso para ti. Así que te pondremos una pulsera especial para protección —dijo Yamato guardando las fotografías en la carpeta de un lado. A mi lado, Sasori no perdía cada detalle de lo que decía.

Indicó con una señal del otro lado del cuarto de interrogación a que alguien viniera. Lo miré intentando sacar a relucir el tema de Tenten, pero él seguía explicándose aun cuando le entregaron la pulsera gruesa de color negra que me colocaba en la mano derecha.

—Cuando te sientas en peligro solamente debes pulsar el botón rojo de aquí y la patrulla más cercana acudirá a tu rescate.

Casi no sentía la mano dónde me colocaron la pulsera, alcé mi muñeca sin dejar de observarla. Me entristeció de cierta forma que mi vida corriera tal peligro que tuviera que llevar una de estas cosas en la muñeca, y yo que pensé que solamente sucedían en las películas. En ocasiones la realidad supera por demencia a la ficción, me volvería loca con tantos problemas a mi alrededor.

—Gracias, detective. —Sasori le hizo una corta reverencia—. Les estaré agradecidos que cuiden a mi hermana.

—Es nuestro trabajo. No puede dejar de lado su estilo de vida por esto, por eso hay que atraparlos cuánto antes.

—Y yo que pensé seriamente mantenerla recluida en nuestra casa —acertó mi hermano, lo creía capaz de hacerlo con tal de resguardarme del peligro.

Yamato suspiró con los hombros tensos.

—Aunque usted la tenga recluida, si Neji y Kizashi la quieren secuestrar, ni con mudarse del otro lado del mundo bastaría.

—Así que prácticamente me están utilizando cómo cebo para atraparlos. —Las palabras salieron de mis labios sin permiso alguno, no reconocí la pesadez del tono de mi voz.

—Sakura… —Sasori me miró con cierta severidad.

Pero, por su ceño fruncido y labios apretados atiné en pensar que él mismo se había dado cuenta de la situación de trasfondo, aunque prefirió callarlo al pensar que yo no lo sabría. El detective Yamato intensificó su mirada oscura hacia mí, como si intentara leer mis pensamientos con sólo mirarme a los ojos.

—Lamento que lo vea así, señorita Haruno.

—Ustedes no dejaran pasar una gran oportunidad para atrapar a alguien de la Yazuka que les podría proporcionar información —seguí diciendo sin parar, queriéndome quitar la pulsera de un tirón, pero no hice nada al respecto.

Lo seguí afrontando, pensé en Itachi-san y lo mal que debería sentirse al respecto, sé que él no estaría de acuerdo, por eso no le permitieron estar de este lado. Apostaría mi última moneda a que debe estar detrás del cristal enorme, observando la charla ideando alguna forma factible de mantenerme segura sin arriesgarme demasiado.

—Y por eso necesitan que yo continúe mi vida normal para que ellos crean que no acudí a ustedes, lo cual sería inútil.

—Sólo intentamos protegerla —me interrumpió él serio, inclinándose sobre la mesa—. Usted tuvo suerte a que no la llevaran, ¿puede imaginarse a dónde estaría en estos momentos si los Hyūga la tuviese secuestrada? Ellos son buscados principalmente por trata de blancas, asesinatos, lavado de dinero, tráfico de personas, entre otras cosas graves.

Me heló la sangre el escucharlo, parecía tan lejano la posibilidad cómo tan cercana. Sentí todo mi cuerpo estático, la pulsera en mi muñeca de pronto se sintió más pesada, un artefacto que podría salvarme de tal destino en cualquier momento, de ello no podía quejarme. ¿Cuántas chicas no eran víctimas de esa horrenda cadena todos los días?

Quise vomitar.

Quise llorar, sobre todo al pensar en Tenten. Por más que yo le tuviera rencor no le deseaba mal a tal magnitud, porque seguramente Neji la tenía amenazada de alguna forma, privándola de su libertad.

—Detective, ¿usted podría ayudarme en algo más? —pregunté sin dejar de mirar mi muñeca.

—… ¿Hay algo más de lo que quieras hablas?

Asentí, primero volteando a mi hermano que no dejaba de prestarme atención y luego al detective.

—La chica con la que me engañó Neji… era mi amiga, y creo que él la tiene secuestrada. Ayer vino un amigo de Konoha a visitarme y me dijo que ella desapareció un día después de una fiesta que hubo allá la noche antes de mudarme a la ciudad —aspiré con fuerza intentando que mis manos no temblaran—. Tengo entendido que la policía local investigó a Neji, pero no hubo ninguna prueba de que él hizo algo, pero… cuando intentó secuestrarme le tanteé sobre el asunto y él insinuó que quizás le hizo algo. En ese momento pensé que quizás era mentira, una provocación para que fuera con él pacíficamente, pero ahora… lo creo capaz de todo.

Incluso de hacerle daño a alguien más.

Yamato escuchó atentamente con una expresión analizadora, frotando su barbilla en un gesto pensativo.

—¿Dices que la chica era tu amiga y Neji te engañó con ella?

—Sí, se llama Yamada Tenten —me apresuré a decirle mientras él tacleaba en la computadora que tenía a un lado—. Ella me dijo una vez que no estaba con él porque lo amara, quizás… Neji la amenazó.

Seguí aterrada y al mismo tiempo tensa por todo lo que estaba sucediendo, tocando temas cómo estos a las personas que una vez creí conocer mejor. Le relaté sobre las demás sospechas que tenía, de los momentos que Tenten me advirtió que no siguiera con Neji, de su plática que escuché cuando descubrí la infidelidad de Neji y que ahora cobraba sentido con el panorama despejado en cierta manera.

Tenten, quién al principio amó a Neji, cuando descubrió que él era Yazuka seguramente quiso dejarlo, pero él la amenazo a muerte impidiéndoselo. La pregunta aquí sería el ¿por qué la amenazó? ¿acaso ella sabría algo importante?


Las preguntas cada vez se arremolinan más en mi mente y no me dejaron en paz todo ese tiempo. Incluso mientras esperaba en la salida a que Sasori terminara de hablar con el detective después de darme indicaciones más precisas en qué hacer en caso de que sucediera lo peor.

Me aparté de ellos lo suficiente para aspirar el aire del medio día, cielos, el tiempo transcurrió demasiado rápido. El estómago me rugía y mi boca reclamaba un poco de agua, tenía un fuerte nudo en la garganta del cual quería deshacerme, pensar en Tenten no me vendría nada positivo a sus posibles ubicaciones.

—Sakura.

Me sobresalté ligeramente al escuchar mi nombre, cuando giré mi cabeza vi a Itachi caminar a mí sonriéndome amigable. Le devolví el gesto intentando ocultar que me asustó su repentina aparición.

—Buenos días, Itachi-san —saludé una vez que estuvo frente a mí—. Muchas gracias por todo lo que haces por mí, ya tengo mi pulsera —dije enseñándole la mano para mostrársela.

—Recuerda que no importa que clase de peligro sea, si te sientes amenazada no dudes en apretar el botón —me pidió tomando mi muñeca, mirándola algo absortó—. Sinceramente espero que nunca tengas que utilizarla.

La preocupación se reflejaba en sus ojos, me encogí un poco de hombros cohibida por su repentina angustia por mí. Quisiera pensar que está preocupado porqué soy una víctima y testigo para su investigación, pero sé que no es solamente eso. Al igual que él, yo le guardo un profundo cariño.

—Gracias por preocuparte por mí, igual espero no utilizarlo nunca.

Me soltó la muñeca.

—En realidad… quería decirte otra cosa —dijo un poco apenado sin que el rastro de tristeza se fuera de sus ojos—. No quiero parecer un entrometido, pero… te agradezco por lo que provocas en mi hermano.

—¿Ah?

Parpadeé sin comprender a que se refería, pareció entender, así que sonrió afable.

—Ayer Sasuke se veía muy feliz —aclaró, y yo no pude evitar sonrojarme al pensar en el motivo de dicha alegría, pensar que yo lo provoqué me llena de calidez mi pecho—. Desde hace tiempo que no lo veo así. En verdad agradezco que ahora estés con él. Haces que ponga los pies sobre la tierra.

Sentí mi cara caliente. Dios santo, ¿en verdad estaba hablando esto con el hermano del chico que quería? Sus palabras me reconfortaban, porqué de cierta manera es cómo si estuviera aceptando que fuera… la novia de su hermano menor, al igual que me apreciaba.

Alzó las cejas al notar mi reacción no logré decir algo coherente, solamente asentí con la cabeza y agradecer en murmullo. Mi mente era un revoltijo de pensamientos en este momento, difícil de organizarlos.

—G-Gracias, Itachi-san.

—Sé que tú le harás comprender… —acalló a medio de su oración y agitó ligeramente la cabeza—. Sé que lo harás, ¿puedo confiarte esa tarea?

—No estoy comprendiendo a que te refieres.

—Ya lo entenderás cuando lo veas.

La sonrisa triste que me dedicó me persiguió mientras íbamos directo a casa en taxi. Se sumaba a mis otras preocupaciones. Mirando la calle y el viento que revoloteaba las hojas de los árboles, observando sin hacerlo realmente a las personas que caminaban por la acera, quise creer que alguna de ellas sería Tenten, y por más que busqué su rostro por el camino no la hallé.

—Aún no puedo creer que lo que sucedió —acertó a decir mi hermano un poco ausente.

Ni yo, siendo sinceros. ¿Quién se imaginaría que tu exnovio en realidad está obsesionado contigo a tal punto de intentar secuestrarte? O quizás sea el pago de la apuesta —lo cuál Neji se habría aprovechado de eso para matar dos pájaros de un tiro—, y tu padre intentara utilizarte como pago a una deuda.

No podía dejar de pensar en ella, en lo que realmente pudo haber sucedido, con este contexto al tener de Neji cómo alguien capaz de todo con tal de tenerme, un amor que se convirtió en obsesión que ahora me parece bastante lógico y apegado a la conducta que demostró en las últimas semanas a mi lado. Sus celos y quererme sólo para él.

Repulsivo.

—Creí conocerlos a ambos —susurré.

Recliné mi cuerpo a Sasori y permití que me abrazara, en ocasiones sentir el cariño de mi hermano mayor soluciona temporalmente mis problemas internos, sus cálidos abrazos me recordaban cuando él me defendía de los brabucones que intentaban molestarme cuando iba a comprar pan al mercado. Los ahuyentaba con sus patadas y luego regresaba a mí para abrazarme y decirme que todo estaría bien, prometiéndome que si volvían a molestarme los asaltaría con sus técnicas mortales.

Sólo que en esta ocasión mis agresores no estaban a la vista y uno de ellos desafortunadamente era nuestro padre.

—Vamos enana, no hay que perder los ánimos.

—¿Aún tienes ánimos después de todo lo que sucedió? —pregunté en voz baja.

No respondió, se percató de que no hablaba solamente de Neji, si no de nuestra situación en general. Yo podía verlo a través de sus ojos cuando me veía en ocasiones, resplandecían de una emoción que ahogaba su conciencia, de arrepentimiento e impotencia. Varías veces pienso que él se culpaba por todo cuando no tiene la más mínima culpa de lo que me sucede.

—Perdóname, al parecer no sé cumplir mis promesas —dijo sin dejar de abrazarme—. Prometí que al mudarnos a la ciudad estaríamos bien, pero exceptuando la situación de mamá, empeoró tu situación.

—No tienes que disculparte, no es tu culpa que Kizashi sea una persona sin escrúpulos y Neji un obsesivo.

El mismo ser que es mi padre tenía la culpa de todas nuestras desgracias. Nos dejó marcados de por vida con sus maltratos verbales y físicos, no sólo a mí me maltrató, supe de Karin que a Sasori lo golpeaba mucho de niño, de la vida de infierno que llevó mamá unos años después de tenerlo y casarse con Kizashi.

Me sorprendía cuanto tiempo mamá lo soportó, cuando Karin nació y luego yo. Ocho años de contenerse y soportarlo repercutió en su mente que se perdió en alguna parte de su cordura. Y al saberlo me daban ganas de llorar más al no comprender del todo porque ella soportó todo eso a su lado.

Estoy segura de que el amor se extinguió incluso antes de tenerme.

Al llegar a casa ya era más de medio día, al parecer tardamos demasiado en la delegación, lo único que quería hacer era tirarme en mi cama y pensar seriamente en el tema, o quizás atacarme de helado de la nevera pensando en las desgracias que me perseguían. Hablaría con Kiba de ello y me reiría de mi mala suerte con tanta desdicha, como si hacerlo haría que mis problemas desaparecieran por arte de magia, secretamente eso deseé con todas mis fuerzas.

—Estamos en casa —exclamé quitándome los zapatos, los dejé a un costado y avancé a la sala.

Apenas di dos pasos y me quedé estática en el pasillo devolviéndole la mirada a un par de atractivos ojos negros.

Sasuke estaba sentado en el sillón más grande, y mi madre en el otro costado, a juzgar por la libreta que reposaba en su rodilla pude adivinar que mantenía una charla con mamá.

No pude evitar ponerme roja al verlo y recordar el beso que compartimos, ¡no debería ponerme así nerviosa! Rayos… seguía mirándome sin piedad, con la misma intensidad que anoche, cómo si adrede quisiera que recordara ese momento en que me acorraló en el ascensor y se acercó peligrosamente a mí para…

¡No! ¡No frente a mamá!

—Hola, Sasuke —lo saludé torpemente desde ahí, sin saber que hacer realmente.

Sonrió de lado y me hizo una seña con la mano.

—"Adorable".

Fruncí ligeramente el ceño, ¿qué quería decir con esa palabra? Capté rápidamente cómo mamá se reía con disimulo y me miraba con ojos cariñosos llenos de complicidad. Me alteré, ¿se habrá percatado de mi reacción? ¿tan roja está mi cara? Toqué mis mejillas sintiéndola calientes, ¡me delataron!

—Sasuke, no pensé encontrarte aquí —dijo mi hermano apareciendo detrás de mí. Después miró alrededor—. ¿Dónde están Karin y Kiba?

Respingué, no me percaté de la ausencia de mi hermana y mejor amigo.

—Karin fue a dejar sus papeles a la universidad —explicó mamá, sus ojos llenos de vida se enfocaron en mí—. Sasuke llegó justo cuando Karin partía, Kiba aprovechó que Sasuke se quedaría a esperarte para ir con ella, quería comprar algo de comida rápida para compartir cuando ustedes llegaran.

Y volvió a sonreír cómplice.

Tuve la misma sensación que experimenta uno cuando entras a la sala de cine con la película a la mitad y perdiste la parte crucial de la trama. No dije nada y tampoco intenté acercarme, a pesar de que parecía que entre Sasuke y yo teníamos las cosas en claro no sé cómo comportarme con él y menos frente a mamá o Sasori.

Que vergüenza.

Evité la mirada de Sasuke y me sentí mal por ello segundos después.

—Eh… iré por un poco de agua. —Hui a la cocina con esa simple excusa.

—¡Prepara té!

La tetera todavía no estaba en su punto máximo para mi desgracia, tendría que ocuparme con otra cosa para distraer a mi mente, o quizás pensar en las finas posibilidades. Ayer en la noche no pude dormir por la emoción que estruja en mi pecho al pensar en lo impulsiva que fui al confesarle mis sentimientos a Sasuke.

Él los aceptó, ¿verdad? ¿o debí esperar otro momento?

Una parte de mí tenía miedo de preguntarle cómo sería nuestra relación ahora, pero esa parte impulsiva me obligaba a regañarme. Él me besó, me hizo saber a su manera que no se iría de mi lado. ¿Qué más señales quería para sentirme segura de que él sentía lo mismo que yo?

Un suspiro salió de mis labios al mismo tiempo que sentía otro recaer detrás de la oreja, me sobresalté y giré mi rostro quedando a un palmo de distancia del rostro de Sasuke, no dejaba de mirarme como si quisiera saber los pensamientos que fluyen en estos momentos por mi mente.

Le sonreí un poco cohibida por su muestra de afecto. Apoyó una mano en la barra sin dejar de mirarme, al no desviar mi vista pude encontrar algo más que alegría que reflejaban sus ojos, unas apenas perceptibles ojeras que ayer no estaban se encontraban debajo de sus ojos. Me preocupó.

—Hola de nuevo. —La sonrisa fina que se asomó en su rostro parecía verdadera, pero a la vez escondía cierta tristeza—. No me avisaste que vendrías hoy, si no te hubiera dicho que nos alcanzaras en la comisaria.

"Pensé que ya estarías aquí, no creí que tardaras demasiado".

—Sí… bueno, sobre eso —desvié los ojos a su mano apoyada en la barra e hice círculos en su dorso con mi dedo—, ya me dijeron todo. Lo de Neji y que es aún más peligroso. —Al pronunciar ese nombre frente a Sasuke me incomodaba, él apretó ligeramente la mandíbula cómo si supiera a que me refería, no era de extrañarse, Itachi-san es su hermano después de todo—. ¿Estás preocupado? ¿Por eso no pudiste dormir anoche?

Toqué con mis pulgares el contorno de sus ojos mostrándole mi propia preocupación, él no necesitaba mortificarse, le dije que incluso ya contaba con la pulsera especial y se lo mostré, pero no pareció tranquilizarse. Su expresión no revelaba mucho al igual que los mensajes que intercambiamos durante la noche.

Siguió mirándome fijamente, la tetera comenzaba a llegar a su punto máximo y el chillido se elevaba cada vez más que se extinguió cuando apagué la hornilla.

"Aunque me digas que no me preocupe no puedo evitarlo, pero quiero confiar que todo saldrá bien y no estarás en peligro" —gesticuló, después acarició mi mejilla, no aparté mis ojos de los suyos.

Sus palabras hacían brotar calidez en mi corazón, sonreí débilmente. Su explicación no borró la aflicción de su mirada.

Las palabras de Itachi-san brotaron en mi mente, sin dejar de observar a Sasuke, comprendí cierta parte de lo que dijo. ¿Habrá sucedido algo con Sasuke? A juzgar por su mirada podía atinar que quizás ocurrió algún problema, pero sería imprudente preguntarle de golpe.

—Si confías que todo saldrá bien, entonces ¿por qué estás triste? —Se lo pregunté aún sabiendo que quizás no me respondiera y lo guardara todo para sí.

Se separó un poco de mí sin aparte su vista de mis ojos, nos quedamos mirándonos por unos segundos. Luego se inclinó de nuevo a mí.

—"¿Parezco triste?".

Asentí a la pregunta que formularon sus labios sin sonido, pareció absortó un momento en sus cavilaciones sin retirar la mano de mi rostro, sospesando si decirme o no el motivo de su desosiego, al final pareció rehusarse a querer compartirlo conmigo. Pegó su frente con la mía y sentí sus labios sobre los míos, fue una caricia dulce y consoladora, o intenté transmitirle esas emociones al presionar mis labios con los suyos.

Si no quería contármelo respetaría su decisión, pero lo único que no podía soportar era ver la tristeza en sus ojos cuando ayer parecía feliz al reír de una forma tan libre. No me parecía justo que algo mayor lo atormentara de esa manera para quitarle su alegría.

Muy injusto.

Cuando se separó se dispuso a hacer señas.

"Se trata de… mi hermano" —gesticuló, compuse un semblante más centrado a medida que comprendía un poco la actitud de Itachi-san esta mañana. Después suspiró y terminó de hacer señas— "Me he peleado con él".

—Creo que es normal disgustarse con los hermanos mayores —comenté, pero tras ver que apretaba la mandíbula y tensaba los hombros me hizo querer retractarme de mis palabras, me preocupó más—. ¿Es tan grave?

Sasuke asintió apoyándose en la barra, suspirando, siguió dudando en sí hacérmelo saber o no, yo no lo obligaría.

—Si no quieres contarme está bien —me apresuré a decirle, a lo mejor se sentía presionado. No quería que se sintiera así. Le sonreí intentando transmitirle paz.

Él sacudió la cabeza en negación, se quedó mirando un punto en el suelo hasta que volvió a suspirar por la nariz, concentrándose.

—"Cuando mi padre nos abandonó con él se fue mi tío, su hermano menor. Fue un golpe doble, lo apreciaba mucho a pesar de que lo veía muy poco porque siempre viajaba al extranjero".

Me quedé sin aliento a medida que leía sus señas, era la primera vez que Sasuke exponía temas ligados con el abandono de su padre y su mudez después de que quebrantarse frente a mí, dejando expuesto las cicatrices mortales de su pasado. El tema no había salido a relucir después, y tampoco es que quisiera removerle viejas heridas.

No dije nada incitándole a que continuara, ¿qué podría decirle en todo caso?

Sacó de su bolsillo un llavero y me lo dio, era circular colorido y los hilos desgastados por los años. Una pequeña fotografía adornaba el centro, a juzgar por los rasgos de los dos niños debían ser Itachi-san y Sasuke de niños, el hombre del centro debía ser su tío o padre.

Me quedé observando el hombre de la fotografía, se me hacía familiar. ¿Dónde lo había visto?

"Es mi tío" —aclaró en cuanto lo miré—. "Desde que desaparecieron no hemos sabido nada de ellos, con lo años le perdí el interés… o pretendí hacerlo para que no me doliera. Pero ayer él habló a la casa y le dejó un mensaje de voz a Itachi pidiéndole verlo de nuevo. Cuando le exigí a Itachi una explicación no quiso decirme nada al respecto. Eso me enojo, me ocultó la carta que había enviado y su primer encuentro, ¿tan patético y débil me cree para esconderme la visita de nuestro tío?".

Su expresión desconsolada se posó en mí esperando encontrar la solución a todos sus problemas, pero lamentablemente —y aunque yo quisiera— no la tenía. Y yo quería borrar de su rostro tales rastros de amargura que arremolinaban sus expresiones.

Tomé su mano apretándola para darle seguridad. Comprendía desde el punto de Itachi-san al querer proteger a Sasuke de un daño mental, quizás lo considera aún inestable conforme al tema de su padre y tío; pero, por el lado de Sasuke, tenía derecho a saber lo que sucedía con esa persona que fue importante para él cuando era niño, de que no lo consideraran débil porque no lo era.

Dejé el llavero sobre la barra y me acerqué a él de frente para acariciar su rostro.

—No eres débil, y recuérdalo bien —le dije con firmeza sin dejar de mirarlo fijamente, él no apartó sus ojos de mí, consternado por mi repentina serenidad—. Cada día que te levantas das lo mejor de ti para vivir a pesar de que quizás no tengas los ánimos suficientes para querer continuar, pero sigues aquí, de pie ante el mundo y no te rindes fácilmente.

Un nudo se formó en mi garganta que me impidió hablar por un momento tras recordar uno de mis miedos: que Sasuke intentara suicidarse de nuevo. Deseché esa idea tan rápido como llegó, Sasuke no volvería a recaer en ello, lo creía fieramente con todo mi ser, la esperanza venía detrás de mí todo el tiempo.

Aspiré disimuladamente antes de continuar.

—Y quizás Itachi-san no se ha dado cuenta de ello aún, tal vez no te dijo nada para intentar protegerte de tus propias reacciones, ¿no es un tema muy delicado? —pregunté sin esperar una respuesta a lo que ya estaba dicho entre líneas—. Los hermanos mayores siempre velan por los menores, seguramente se preocupó por cómo lo ibas a tomar.

"Pero eso no le da derecho a ocultarme las cosas" —Frunció el ceño.

—No, no debió ocultártelo —concedí estando de acuerdo—, pero tampoco tú le haz hecho saber que puedes soportarlo, ¿o sí? —dije separándome un poco de él quién abrió ligeramente los ojos y negó con la cabeza—. Si no le haces saber que en verdad puedes sobrellevar estos temas, seguirá protegiéndote de esta manera y al final terminarán peor, ¿acaso quieres enojarte de por vida con tu único hermano?

Sasuke pareció comprender mi punto al dejar de tensar los hombros desviando ligeramente la mirada hacia el suelo puerta, pensativo. Lo que yo buscaba era que se diera cuenta de su propia capacidad de soportar las cosas y que seguramente Itachi-san, en su afán de protegerlo, le ocultó la noticia de su tío para no provocarle un daño, aunque en realidad él es capaz de soportar la noticia sin derrumbarse, pero su hermano no lo sabía.

—Eres más fuerte de lo que crees, Sasuke. —Esbocé una pequeña sonrisa, no quería que se enfadara conmigo por decirle estas cosas, parecía como si defendiera a Itachi-san cuando en realidad sólo quería que él se librara de esa sombra que amenazaba sus ojos.

Parecía menos consternado que hace unos minutos, a medida que el silencio se extendía, alargó su mano a mi rostro juntando nuestras frentes. Intenté mirarlo por mis pestañas, pero lo único que conseguí fue un beso en la frente y que sus brazos me rodearan por completo, apegándome a él.

Me dejé llevar por su calidez y cerré los ojos apoyando mi rostro en su torso, la oreja cerca de su corazón, con la debida atención escuché los latidos de su corazón, eran tenues y gentiles, igual que todo su ser.

Una vez leí en algún libro que si escuchaba el corazón de la persona que amabas podías sincronizar tu latido con esa persona por la fuerza de tus propias emociones de querer ser parte de ella.

Creía que era imposible hasta este momento, a quién se me planteara de frente afirmando lo contrario lo rebatiría: que era posible sincronizarse con el corazón de la persona que amas. Un dato que quizás sea irrelevante, pero me pareció completamente fascinante ahora, mientras lo abrazaba sin despegar la oreja de su pecho.

Pudiera quedarme así todo el día, aspirando la colonia impregnada en su camisa. Acariciar la pulsera de sus manos, pero recordé el té de mamá. A regañadientes tuve que separarme de él y preparar bebidas para todos. Al mirarlo a los ojos percibí que tampoco quería soltarme, el anhelo de su rostro lo dejó en evidencia, parecía un gran perro cariñoso buscando afecto.

Reí por debajo sintiendo un hormigueo en mi estómago. Jamás imaginé que Sasuke pudiera hacer esa clase de expresiones, ¿Qué clase de caras descubriría de él? Pedí en silencio que tuviéramos más tiempo para descubrirlo.


Karin y Kiba tardarían en llegar con la comida —o eso dijo Sasori cuando colgó la llamada con una mueca de fastidio—, así que lleve a Sasuke hasta mi habitación para matar el tiempo.

No sé qué me da más nerviosismo: si tener los ojos de mamá y Sasori sobre nosotros mientras merendábamos algo rápido, como si estuviesen vigilándonos; o que Sasuke estuviera en medio de mi habitación sin dejar de observar con extrema curiosidad el pizarrón colgado encima de mi escritorio. Aunque no era la primera vez que entraba a mi habitación.

La primera vez fue cuando poco después de mudarnos a la ciudad y me era difícil adaptarme. Venía en ocasiones por las tardes y un día lo invité a mi habitación. Como esa vez, me sentí nerviosa, sobre todo porqué al tener un pie dentro se quedó observando alrededor y moviéndose a la cama dónde reposaban varios peluches.

Me abochorné, seguramente él pensaría que era muy infantil al respecto, pero en vez de ello, tomó un peluche verde en forma de cocodrilo animado y sonrió, pero la emoción que transmitió parecía más llegada a la tristeza. No supe descifrar en ese momento a que se debió ese gesto.

Alcé la vista de mis manos que junté sobre las rodillas intentando despejar mi nerviosismo. Ahora era diferente el tenerlo en mi habitación, pensar qué… agité la cabeza intentando que pensamientos rebeldes se colaran por mi cabeza y me concentré en el silencio que bailaba en el aire.

El silencio no era como otras veces, incluso lo sentí más ligero y cómodo. Sasuke se había aproximado a mi escritorio, detallaba el pizarrón sobre este y las fotografías clavadas con alguna que otra calcomanía colorida y un papel llamativo dónde anoté la fecha de dicho momento. Me miró, intrigado.

—Cierto, la última vez que estuviste aquí aún no los había colgado.

Me levanté de la cama hasta quedar a su lado, también mirando las diversas fotografías clavadas con tachuelas. Momentos de los festivales en mi antigua escuela, mayormente con Kiba u otros compañeros de clase, al igual que familiares, como aquellas tardes que simplemente me recostaba en el pasto, llegaba Karin o Sasori del trabajo y se unían a mí.

Una en especial me trajo recuerdos, estaba yo cómo de diez años junto a varias niñas que fueron mis compañeras de ballet, reí por debajo al recordar lo que sucedió ese día.

"¿Qué es tan gracioso?" —gesticuló curioso.

—Lo que sucedió antes de que nos tomaran la fotografía —dije con una sonrisa.

Le conté la pequeña historia detrás. En uno de los recitales que dábamos en la escuela durante el verano de mis diez años, justamente a la mitad de la coreografía me caí en medio del escenario al no aterrizar bien después de la vuelta, pero supe disimularlo y me quedé tendida simulando que era parte de la danza, segundos después mis compañeras imitaron el movimiento y terminamos improvisando el final totalmente diferente a lo planeado dejando al público encantado con nuestra actuación.

—La maestra nos felicitó ya que teníamos una fuerte noción de que el ballet y jazz no solamente depende de uno, la coreografía conjunta es trabajo en equipo y cada quién debe dar lo mejor de sí para resaltar la coreografía —expliqué, sin dejar de mirar la fotografía, extrañaba tanto esos tiempos—. Aunque nos regañó por improvisar, las risas al final de recital no faltaron, y la sensación de que tenía a las mejores compañeras del mundo no se fue de mí durante mucho tiempo.

Sí, incluso ahora lo añoraba mientras miraba el recuerdo plasmado.

—"¿Lo extrañas tanto?".

Asentí sin dejar de sonreírle.

—Quiero pensar que algún día volveré a bailar, no he perdido la esperanza —me encogí un poco de hombros, sinceramente no había pensado mucho al respecto con tantas cosas en la cabeza—. Pero en verdad me gusta que… no me veo haciendo otra cosa en el futuro.

Sasuke apretó los labios sin dejar despegar la vista del escritorio, me pregunté que estaba pensando, me alegré internamente de que el tema de la discusión con su hermano no parecía abrumarle por el momento.

Abrí mi boca para decir algo hasta que dirigí también mis ojos a dónde veía y casi me muero de vergüenza por lo que reposaba ahí.

Una fotografía de su rostro, meditando bajo un árbol.

¡Mierda!

Sentí que todos los colores se subieron a mi cabeza, y antes de poder tomarlo para esconder e idear una patética excusa, él fue más rápido y se lo apropio dando le media vuelta para evitarme.

—¡Sasuke! Devuélvemelo —exigí a pesar de estar en desventaja, ¡se me olvidó por completo que estaba sobre el escritorio! Rayos, esa la saqué cuando fue a visitarme en Konoha, sentados debajo del árbol del patio trasero, se distrajo un momento contemplando el prado y aproveché para tomarla con la cámara de mi celular.

La guardé como un recuerdo pensando que quizás él se alejaría por todos los problemas que le causaba, y una foto de él me serviría para recordarlo. Aunque siempre siguió a mi lado, así que simplemente la capturé para tenerla impresa.

E Iba a ser un secreto. Sólo entre mi conciencia y yo, obviamente Sasuke no debía enterarse.

"Quiero pensar que te gusto tanto como para tener una fotografía mía entre tus momentos preferidos" —hizo las señas sin soltar la fotografía.

—¿¡Eh!? —Me exalté por su sonrisa de lado que me deja dislocada de todo pensamiento, ¡y lo insinuaba como si nada! Tuve que concentrarme al máximo para poder hablar—. Es mía, no tienes derecho a robármela.

—"Pero si fuiste tú quién tomó la foto sin mi consentimiento".

—Sigue siendo mía —refunfuñé acercándome a él para quitársela, volvió a evadirme y estiró su brazo en lo alto, sin dejar de sonreír. Que descarado, disfrutando de mi frustración. Me alegraba que ya no estuviera alicaído ¡pero no a costa mía! —. Maldita enanez… ¿por qué no eres más pequeño? ¡Así podría quitártela!

Una vez que la tuviera en mi posesión correría a esconderla en el closet y de paso me encerraría ahí a pasar la vergüenza que siento en este momento.

El rostro de Sasuke se crispó un momento antes de acercar su rostro al mío, aturdiéndome por completo su repentina acción. Cuando me di cuenta, se sentó en la cama y a su vez jaló de mi para que quedara sentada entre el hueco de sus piernas.

La primera vez que estuvimos así de cerca fue en el elevador y en ese momento terminó casi un beso intenso…

Me quedé rígida, sin saber como reaccionar, juntando las piernas y apretando los puños en las rodillas. Sabía que mi rostro estaría rojo, por eso evité ver a Sasuke cuando me abrazó por detrás y posó su barbilla en mi hombro, abrí los ojos se sopetón. Demasiado cerca, ¡demasiado cerca!

¿Era yo o mí corazón se saldría de mi pacho por lo acelerado que se encontraba?

—No quiero verte hasta que me devuelvas la fotografía —susurré sin mucha fuerza, sus brazos alrededor de mi cintura se aflojaron y una de sus manos alzó la fotografía hasta dónde pudiera alcanzarla.

Sin pensarlo dos veces se la arrebate y contraje a mi pecho para que no me lo quitara de nuevo. Lo escuché reírse quedamente, lo fulminé con la mirada apenas y me fijé al frente, rehusándome a mirarlo.

—Claro, disfruta de mi vergüenza a mis espaldas —pronuncié sarcástica.

—"Literalmente lo estoy disfrutando"—Sus manos gesticularon.

—Fanfarrón.

"Gracias. Tú, en cambio, te ves adorable así de roja".

Leer sus señas mientras imaginaba su voz provocaba que me pusiera más roja si era posible, conseguí moverme un poco tratando de encontrar una respuesta ingeniosa a su ataque, pero mi mente no procesó como naturalmente debía hacerlo. Estar con Sasuke me dejaba en un estado idiotizado, sintiéndome protegida entre sus brazos pensando que nada ni nadie en el mundo podía hacerme daño mientras estuviese aquí.

Bueno, si no contrarrestaba no quedaba más que seguirle la corriente y disfrutar.

Relajé mi cuerpo y terminé apoyándome en su pecho, cerrando los ojos y soltando un tenue suspiro. Sentí sus caricas por mi cabello mal amarrado que se había soltado por el pequeño ajetreo, pensé que quizás no me cortaría mi cabello si él seguía acariciándolo así, disfruté de aquello hasta que se detuvo. Abrí mis ojos y lo miré ladeando mi cabeza me encontré inmediatamente con sus ojos suaves, como si me sonrieran con dulzura.

Una imagen que quería clavar por siempre en mi corazón.

—¿Esto significa que…? —me mordí la lengua, quería preguntarle, pero no sabía cómo reaccionaría al respecto. ¿Se burlaría o me daría una respuesta que no quería escuchar? A pesar de mis propias inseguridades, decidí continuar— ¿Tú y yo estamos juntos…?

Enarcó una ceja, separándose ligeramente. Oh, rayos. Me apresuré a explicarme mejor, aclarándome un poco la garganta retomando el valor.

—A-A lo que me refiero si somos pareja o… —acallé al sentir sus labios sobre los míos y su mano en mi barbilla para que no me alejara de él y tampoco yo lo iba a hacer a voluntad propia.

Recordé el beso del ascensor mientras su lengua se enrollaba con la mía sin dejar de apretar mi mejilla, siendo exigente, a comparación esta vez fue más corto pero intenso, me mordió el labio interior provocando que soltara un jadeo. Al separarme de él podía sentir que me faltaba la respiración y mi corazón golpeaba furiosamente mi pecho, lo miré desde ahí, su rostro indiscutible me recibió. El mismo deseo que vi en sus ojos ese día, el mismo anhelo de su mirada mientras acariciaba mi mejilla.

¿Acaso esta es tu respuesta?

De una forma silenciosa me lo pedía, sólo cómo él sabía hacerlo. Estremecer hasta la más fina fibra de mi ser con sólo una mirada, perderme en mis pensamientos con solamente un beso. Como ahora, mientras nos mirábamos sin palabras de por medio, sus ojos y su expresión hablaban por él de una manera tan especial que mi corazón se regocijaba.

De una forma que me hacía sentirme querida.

—¿Sabes? Yo también te quiero —dije dichosa, volteando todo mi cuerpo a él para abrazarlo por el cuello, hundiendo mi cabeza en su hombro para ocultar mi pena de frente—. Gracias por estar conmigo, Sasuke. Siempre estás a mi lado sin importar qué.

Una de sus manos siguió acariciando mi cabello, sentada sobre sus piernas, comencé a sentirme adormecida ante sus caricias. Y mientras sentía que me quedaba dormida entre sus brazos, sólo había una cosa que realmente anhelé en ese momento.

Que me lo dijera.

Que no hablara solamente entre sueños.

Escucharlo decir mi nombre algún día, ese era uno de mis mayores deseos.


POV´S NORMAL

Justo cuando la puerta se cerró detrás de Karin y Kiba a medio día, Sasuke se quedó a cargo de Mebuki —las palabras entre líneas que dijo la pelirroja—. Tenía la vista puesta en la rubia, le parecía un poco extraño percatarse la vitalidad de sus ojos, cada ocasión que la veía, cada vez parecía llena de vida, despertándose de un infinito sueño y la venda de sus ojos cayendo sin problemas.

—Me alegra que hayas venido, Sasuke. Hacia tiempo que no te veía, Mikoto me decía que mayormente trabajas por las vacaciones —comentó invitándolo a sentarse, el azabache obedeció y se dejó caer a su lado, saludándola con un asentimiento de cabeza—. Imagino que estás aquí para ver a Sakura, pero como puedes apreciar, no ha regresado de la comisaría.

Sasuke aspiró con fuerza, debatiéndose en el tiempo en que tardarían en llegar. Después de todo el asunto que tratarían ahí sería delicado, intentó no pensar mucho al respecto o la preocupación asaltaría de nuevo.

—¿Quieres un poco de café?

Lo consideró apenas, accediendo a medias. La vio levantarse e ir a la cocina sumamente tranquila. Se quedó pensativo observando a lo lejos los marcos de fotos colgados en la pared, una de ellas aparecía Sakura de pequeña con un tutú y su curiosidad despertó, a pesar de haber estado ahí nunca se dedicó a observar con todo su esplendor lo marcos.

Se levantó a verlo más de cerca, no perdería la oportunidad de hacerle un comentario al respecto cuando la viese. A un lado se encontraba otra con Sakura de unos doce años soplando las velas de un pequeño pastel con Karin y Sasori a sus lados. Se veía muy feliz, sin darse cuenta también sonrió al notar la felicidad que desprendía en esa imagen.

Pensó en lo que sucedió la noche anterior, de sus sentimientos desbordando y sin poder contenerse a no tenerla libremente entre sus brazos, besándola sin remordimientos, sin excusas de por medio. Sin embargo, no olvidaba que ella era dos años menor que él, y, por ende, un tema delicado a tratar con la familia de la chica, sin contar por los antecedentes de la relación pasada de Sakura.

Por eso debía manejar este tema con cuidado y conseguir el permiso de Mebuki para estar con la pelirrosa, y siendo sincero, no sabría qué hacer si se lo negaba. Se volvería loco, era seguro.

—Aún me parece impresionante cuanto han crecido, el tiempo no perdona con los hijos. —La voz de Mebuki lo sobresaltó un poco, volteó para verla tomar asiento con una libreta y lapicero en manos, se lo extendió esperando a que lo tomara—. El café estará listo después de que el agua se caliente —comentó, y luego agregó al verlo indeciso: — Mientras esperamos, conversemos sobre lo que realmente te tiene aquí.

Que astuta, pensó él impresionado. Después de todo las madres sabían cosas antes que los hijos. Miró de nuevo la fotografía y se alejó para tomar el lapicero y libreta que le ofrecía, sentándose frente a ella.

—No he podido evitar pensar en que tienes un interés amoroso en mi niña desde hace un tiempo, noté que la mirabas diferente. —Mebuki fue directo al grano, con un rostro gentil, sonriendo un poco al ver a Sasuke removerse un poco y desviar la vista al verse descubierto—. ¿Qué intenciones tienes con ella?

Las mejores, si se lo preguntan directamente. Quería todo y bien con ella, hacer perdurar su inminente relación y fortalecer sus sentimientos. Protegerla de todo aquel que intenta hacerle daño, incluso de él mismo si lo considera necesario, pero era egoísta y no lo admitiría.

Tal pensamiento lo abrumó por unos segundos. Desde hacia tiempo que albergaba aquellos sentimientos en su pecho que ahora que podía expresarlo libremente se le atoraban en su pecho y la mano titubeaba al escribir una respuesta certera y esperando que fuera correcta para la mujer, de ella dependía parte de su cordura.

—"No tengo malas intenciones con su hija, lo que menos quiero es hacerle daño" —escribió en la libreta—. "Estoy locamente enamorado de ella. La quiero".

No se avergonzó a que lo supiera. Bajo la mirada de la mujer con sus ojos verdes enternecidos y absolutos, agarró su mano derecha, apretándola ligeramente, con ello le transmitiera todo su consentimiento reprimido en su interior. De que parecía totalmente lucida mientras se enderezaba como si jamás hubiera perdido la noción del tiempo dentro de su mente.

Porque así parecía estar, en sus cinco sentidos sabiendo de lo que hablaba y con quién hablaba.

—Esos ojos… te pareces tanto a él —murmuró absorta, sin dejar de sonreírle—. Me recuerdas mucho a mi primer amor.

Sasuke no comprendió sus palabras y a que venía tal comparación, la vio suspirar y mover un poco la cabeza, despejando algún recuerdo del pasado.

—Cuida mucho de mi niña, sé que aún le duele lo que sucedió con Neji y teme a salir lastimada de nuevo —dijo, y en ese momento Sasuke supo en verdad estaba recobrando su conciencia. Esos ojos reflejaban muchas cosas, entre ellas preocupación por su hija mejor—. No le hagas el mismo mal que ese chico, ella no lo soportaría.

Al azabache le supo mal que la preocupación de Mebuki se tornara a dirección a un posible engaño. Se asqueó el tan sólo tratar de imaginarse o tan solo pensar engañarla, no. Sus pensamientos no giraban en torno a ello, si él se plantaba frente a la madre de la chica era porqué en verdad quería estar con ella y hacer las cosas bien. Él no buscaba una aventura a medias, quería algo serio con Sakura si ella quería.

Incluso si le pedía ser otra cosa no se negaría, no mientras estuviese a su lado.

—"No pretendo hacerla infeliz. Iremos a su ritmo si eso está bien para ella, no quiero forzarla a nada que no quiera" —Mebuki volvió a sonreír, enternecida por su actitud caballerosidad—. "Por eso quisiera su aprobación para… pretenderla".

—Conociendo a mi niña seguramente te dirá que sí, se ve muy feliz —se rio un poco llevando la mano a su boca y después volvió a tomar su mano—. Te doy todo mi permiso, Sasuke, cuida de mi hija, por favor.

Se lo pedía con todo su corazón y el azabache lo sabía. Ninguna madre quería ver sufrir a su hija, y en este caso, Mebuki al ser el único de sus padres con el que podía contar, comprendía un poco ese sentimiento desde ese punto.

—"Lo haré, cuidaré de ella".

Ambos escucharon la puerta de la entrada abrirse y con ello Sakura anunciando su llegada. Inmediatamente los ojos de Sasuke se posaron ansiosos a la entrada del pasillo, y sin que él se percatara, Mebuki se rio un poco sintiendo ternura por la actitud del chico.

Los pasos resonaron y la melena rosada apareció por la entrada del pasillo quedándose estática a media sala tras percatarse de la presencia del azabache. Intercambiando miradas, las mejillas de la chica se sonrojaron ligeramente dejándose en evidencia sin ser consciente de ello.

—Hola, Sasuke —dijo ella aún cohibida.

Él no se resistió y le hizo un comentario respecto a su reacción.

—"Adorable".

Se veía realmente adorable. ¿Cómo podía tan sólo pensar hacerle daño a ella y borrar ese gesto inocente de su rostro?

No, Sasuke haría todo lo que fuera para que estuviera plena a su lado.

Porqué, así como una vez Sakura le dijo alguna vez lo importante que él era para ella, ese sentimiento era reciprocó convirtiéndose en su propio bálsamo para no descarrilarse de las vías de su vida, y de alguna forma quería compensarla por todo lo que hacía sentir.

Sasuke sonrió ante ese pensamiento.

Sin darse cuenta, ambos se complementaban a su manera y eso… les traía felicidad.


Bueno, bueno. Primero que nada: feliz año nuevo con muchooooooooooooo de atraso hahaha. Ya se me hacía una eternidad, pero primero tuve que actualizar DDS ya merecía una actu (si no lo han leído, pueden encontrarlo en mi perfil, es de fantasía con un Sasuke lobo sexy como protector de una Sakura vampira con un cargo importante) -fin de la publicidad-

Estaba esperando este capítulo, waa quizás no reveló mucho conformé a la trama actual de la aparición de Madara y cosas así, pero en verdad quería aclarar el punto de la actitud de Sasuke, de porqué de cierta forma se muerta un tanto cariñoso con Sakura: como leímos al principio, estaba descarrilado de cierta manera, probó de todo, intentó adaptarse de una forma a la sociedad y no lo consiguió (si recuerdan, en los primeros capítulos él menciona que dejó de preocuparse de agradarle a la sociedad desde hace mucho). Muchas veces nos dejamos influenciar por la corriente de las amistades o sociedad, pero no somos verdaderamente felices.

Sasuke lo comprendió después, pero primero tuvo que pasar por esa parte oscura de su vida al principio.

Quería que comprendieran su actitud, de como de no tener nada de felicidad por fin consiguió una brecha y no está dispuesto a dejarla ir. Por eso quiere hacer las cosas bien, la escena de cómo le pide permiso a Mebuki para pretenderla no pensaba ponerla, ¡perooo! Me pareció interesante poner algo cómplice.

Espero que les haya gustado la dosis de SasuSaku en el capítulo iare (¿ ya era justo y necesario *vomita arcoíris por doquier de felicidad* disfruten mientras puedan hahahah...

Principalmente iba a abarcar otras cosas, pero no cuadraba el hilo y decidí extender así este capítulo para dejar en claro el punto de vista de Sasuke y dar por sentado los pilares de su relación, pronto veremos qué tan fuerte son.

El próximo capítulo veremos algo impactante relacionado con Sasuke y persona X, ¿Qué será? ¿Por fin sabremos si Itachi quedará gordo de tanto bollo de chocolate que le debe Sasuke? ¿Hunter dejará de ser adorable? ¿Yo dejaré de actualizar en la noche casi madrugada? -imposible-

¡Muchas gracias por leer! Gracias por todos sus leídos, reviews, siempre intento contestarlos, perdonen si alguna vez no les contesté :(, pero todos me motivan a seguir escribiendo 3 les adoroooooooo. Como sorpresa estaré posteando en mi Facebook unas imagénes de retratos que recreé con el programa que estuvo de moda sobre la apariencia de Sasuke y Sakura si fueran reales (o como me los imagino aproximado en mi mente), el link de mi perfil de FB está en mi perfil, por si quieren curiosear :D

Nos leemos en el siguiente capítulo.

¡Alela-chan fuera!