|26|
Si existen los arrepentimientos
.
Sakura
.
Una de las cosas que odio en el mundo es ver a mamá retorciéndose de dolor a causa de los tratamientos que es sometida. A pesar de que no era la primera vez que la veía así, ojerosa, con las lágrimas asomando sus ojos y tratando de sonreír pase al dolor que debía sentir; no podía evitar contener las mías y apretar los dientes, reprimiendo las ganas de largarme a llorar. Debía ser fuerte por ella, por mis hermanos.
Esto apenas era el principio. El tratamiento para la Leucemia dio comienzo días atrás, iniciando por la primera parte: la inducción que consistía en eliminar las células leucémicas de la sangre y recudir el número de blastos en la médula ósea al nivel normal de una persona promedio. El tratamiento duraba poco y es intensiva, por lo que mamá tendría que estar en el hospital aproximadamente una semana o más dependiendo de los resultados y como su cuerpo fuera recuperándose.
La segunda parte se escuchaba aún más dolorosa extendida en ciclos de consolidación, administrar quimioterapia después de que se haya recuperado de la inducción. La doctora Anko nos explicó a mí y a mis hermanos el proceso con lujo de detalles —por la mirada indulgente que me dedicó, deduje que mi expresión delataba el terror y miedo que pasó por mi mente en ese momento—, la quimioterapia tenía el objetico de destruir el pequeño número de células leucémicas que permanecen en el cuerpo, se administraba en ciclos los cuales cada período de tratamiento es seguido por un descanso para permitir la recuperación del cuerpo.
El tan sólo escucharlo sentía mi cuerpo estremecerse, y fue aún peor ver a mamá después de la primera inducción. Cuando antes hubiera suplicado a que la lleváramos de regreso a casa, ahora apretaba los labios y se mantenía fuerte, valiente a continuar un tratamiento que tenía más posibilidades de fracasar; pero le hacía ver mi propia esperanza y fe para contagiarla de ello.
Aunque eso no quería decir que no fuera inmune a su dolor.
Lancé una miradilla desde el sillón dónde me encontraba sentada leyendo un ejemplar de Memorias de una Geisha, mamá dormía plácidamente en la camilla ajena a los pensamientos que inundan mi mente e intentaba alejar leyendo. Pero cuando volví mi vista al libro, las palabras fueron incomprensible y me estresó pasar solamente los ojos por las páginas.
Cerré de golpe el ejemplar alertando un poco a Karin quién cabeceaba del otro lado, enarcó una ceja a mi dirección con su cabello agitándose débilmente al compás del viento de la tarde.
—Saldré un momento —dije dejando el libro en dónde estuve sentada.
Apenas se percató y volvió a cerrar los ojos. Pero antes de irme escuché su voz.
—Deberías irte a casa ya, es tarde.
La miré sobre mi hombro, sus ojos ahora estaban puestos en mí. Desde que mamá estaba internada en el hospital nos turnábamos para cuidarla en lo que necesitara pues aún se ponía nerviosa y le daba tranquilidad nuestra compañía. Mayormente me quedaba en la mañana o tarde y Karin o Sasori durante la noche, en ocasiones Mikoto-san cubría turnos, pero pronto le decía que no era necesario, aunque insistía mucho por qué no querían que me expusiera a ningún peligro.
Sin embargo, me hastiaba.
—Esperaré a que llegué Sasori —solté simple antes de cerrar la puerta sin dejarla replicar.
La excesiva preocupación de mis hermanos me asfixiaba de cierta forma, comprendía sus razones, por supuesto, pero bastaba a que les recordara la pulsera enredada en mi mano derecha y así calmarlos un poco. No quería que la desesperación y temor también me afectara, hacía todo lo posible por no pensar en el inminente peligro que me acecha día y noche.
Sacudí la cabeza en un intento de alejar esos pensamientos, al concentrarme mejor me asombré de que no haya chocado con nadie mientras caminaba distraída y pronto supe porque, me dirigí al lado contrario de los pasillos concurridos, con razón una que otra enfermera fruncía el ceño al verme pasar a su lado.
—Que distraída eres —susurré para mí dando media vuelta para regresar, buscaría la máquina expendedora de bebidas y así refrescar mi mente.
En mi caminata desplacé mi vista por las plaquetas de las puertas, las especialidades resaltando en cada placa. Pediatría, psiquiatría, neurología…
La siguiente puerta fue abierta y di un respingo esperando que no fuera ningún doctor y me regañara por estar en un lugar prohibido, estuve a punto de escapar por el otro lado si no fuera porque la sorpresa me paralizó al ver a Sasuke salir de la habitación, apenas lo reconocí puesto que traía su gorra azul.
No se percató de presencia, estaba de espaldas a mí. Del umbral se asomó un hombre de aspecto peculiar, cabello casi plateado y ojos negros, vistiendo de manera informal.
—La siguiente semana nos veremos en mi consultorio particular —dijo el hombre, y Sasuke hizo alguna seña que no pude ver—. Bien, no tengo ningún problema con ello. Entonces seguimos así.
Él asintió y cuando volteó el rostro se percató de mi presencia, por alguna razón me sentí atrapada enterándome de algo que no debía. Dudé en si acercarme o no, pero tras ver su semblante ablandándose elegí la primera opción. Al estar lo suficientemente cerca detalle con disimulo la placa de la puerta, "psicología" en mayúsculas y en negro.
Una vez Sasuke comentó que visitaba un psicólogo una vez o dos veces a la semana. El tema apenas salió a relucir, por lo que no sabía mucho al respecto —e imaginé que se trataba por su intento de suicidio— y no lo mencioné más por temor a incomodarlo. Ayer por la noche también lo mencionó vagamente, y no insistí por la misma razón, pero no pensé que viniera aquí.
—Buenas tardes —saludé al hombre que mantenía una mirada curiosa sobre mí. Agitó la cabeza en saludo, sonriendo apenas.
—"Te presento a mi novia, Sakura" —Las señas que hizo Sasuke lograron que mi rostro se pusiera rojo, era la primera vez que utilizaba ese apelativo frente a alguien más—. "Él es…"
Tu psicólogo. No tienes porqué mencionarlo si te incomoda. Pero no lo dije.
—Oh, un gusto señorita Sakura. —Lo interrumpió ágilmente antes de que completara la presentación, extendiendo su mano a mi dirección, me apresuré a estrecharla y no parecer grosera—. Soy Hatake Kakashi. Siendo sincero, tenía mucha curiosidad en conocerla desde hace tiempo.
Percibí la pequeña advertencia en el rostro de Sasuke cuando Kakashi habló, y él sólo sonrió un poco más sin despegar su vista de mí, esperando una respuesta.
—El placer es mío, Kakashi-san —respondí componiendo aquella voz que me esforzaba, parecía más angelical.
La situación era sumamente extraña, y a pesar de que Kakashi volvió a sonreír generándome confianza, no me sentí lo suficiente a gusto para decir algo más, no frente a Sasuke sabiendo que era mi probable que estuviera incómodo. ¿O sólo sería yo?
Sentí que tomaba de mi mano y comenzaba a caminar, lo miré un poco extrañada. Apenas pude ver la seña que le dedicó a Kakashi "Nos vemos luego" y siguió caminando sin mirar atrás. Yo lancé una mirada de soslayo al hombre que soltaba una risa apenas disimulada por la actitud de Sasuke, atisbos de alivio reflejaba su expresión, como si le alegrara verme ahí.
—Fue un placer conocerla señorita —dijo sincero en voz alta—. Espero tener otra oportunidad de charlar.
Un gruñido salió de la garganta de Sasuke y me reí quedamente.
Caminamos en silencio un poco más, al doblar en la siguiente intersección me atreví a hablar esperando que no estuviera de malhumor.
—No pensé que vendrías aquí hoy.
Apenas me di cuenta de que estábamos en el mismo lugar que nos vimos la segunda vez, frente a la máquina expendedora de bebidas. Sasuke seguía sin mirarme, sacó unas monedas del bolsillo de su pantalón y lo ingresó a la perilla. Desvié la vista, moviendo mi pie mientras me preguntaba el motivo de su actitud, lo noté un poco extraño, ¿estará relacionado a que aún sigue distanciado de Itachi?
Sentí de pronto un toque frío en mis manos, él me tendió un té frío, mi favorito. Le sonreí enternecida por la mirada que tenía marcada de preocupación. Intentaba reconfortarme, tal vez percibió mis bajos ánimos.
—Estoy bien, gracias. —Lo agarré destapándola.
—"Cambié el día, Kakashi estará ocupado lo que resta de la semana" —Por fin gesticuló, lo miré mientras bebía del té, Sasuke abrió una botella con agua después de hacer las señas. Esperé a que terminara.
—¿Te ayuda acudir a él?
Sasuke me miró unos segundos y temí que mi pregunta fuera imprudente.
—"Vengo con él desde que intenté suicidarme" —me reveló lo que yo sospeché desde el principio—. "Es… terapéutico, supongo. Y costumbre más que nada".
Pensé en la razón por el cual visitaba al psicólogo a estas alturas, muchas razones embargaron mi mente. No sabía como reaccionar ante esta situación, me reconfortaba saber que Sasuke seguía intentando mejorar conforme a sus pensamientos que alguna vez le embargaron y lo llevaron a intentar suicidarse.
La inquietud aún me persigue por esa posibilidad, entumiendo todo mi cuerpo. Apreté la botella entre mis manos, sin atreverme a alzar la vista. Seguramente él lo comprendí y por eso me miraba, la sentía pesada sobre mí.
Llevó su mano a mi mentón, alzándolo para que lo mirara directamente a los ojos. Hasta ese momento no me percaté de que las lágrimas se acumularon en mis ojos, al verlo un poco borroso me avergoncé de mi propia actitud.
—¿Eh? No debería estar llorando —murmuré apartando la vista, intentando limpiar mis lágrimas con el dorso de la mano.
No, no debería llorar por algo cómo esto. Confiaba que Sasuke no…
De nuevo tomó de mi rostro, pero esta vez con ambas manos en mis mejillas obligándome a verlo. Sus ojos más cerca cada vez, una chispa de comprensión en ellos y de cariño. Aún no me acostumbraba del todo a esa mirada dirigida a mí. Sus manos se humedecieron por mis lágrimas, supuse que mi estrés por mamá y pensar de esa forma en él me superaron a creces.
Y él lo comprendió con sólo verme, sabiendo de mi más profundo miedo, con sólo escuchar el temblor de mi voz. Parte de mí odiaba quedar expuesta, no podía ocultarle mis más profundos temores para no preocuparlo, lo que menos quería era eso.
—"No volveré a caer en eso, por eso vengo con Kakashi" —Sus ojos suplicaban a que confiara plenamente en él, y lo hacía, una parte de mí lo hacía—. "Lo prometo".
—No tienes que prometérmelo —aseguré pensando que lo estaba obligando, acaricié las pulseras de sus manos que escondían recelosamente sus cicatrices.
Algunas promesas no pueden ser cumplidas.
Él negó con la cabeza, esta vez abrazándome. Sus brazos me rodearon por completo y yo no me resistí a ellos, hundiendo mi cabeza en su pecho, aspirando su característico aroma. Me embriago que tuve ganas de permanecer aquí, para siempre. Olvidándome de todas mis preocupaciones y viajar a lugares desconocidos que sólo existían en mi mente.
Mi realidad era mucho más dolorosa, y a pesar de tener a Sasuke a mi lado, sentía que si él se iba para siempre una parte de mí se iría junto a él. Ya no quería sufrir más. Quería confiar en sus palabras, en la sensatez de su determinación al mirarme fijamente, cada gesto lleno de seriedad.
Yo… confiaría en él.
—Gracias por seguir luchando y permanecer a mí lado.
Imaginé su ceja enarcada, no me equivoqué. Al separarse de mí tenía ese gesto en el rostro, le sonreí mientras pasaba mis manos por su cuello, acercándome a él para juntar nuestras narices. Permaneció quieto, esperando mi explicación.
Una que no llegaría. En ocasiones simplemente le agradecía por todo lo que hacía en mí, por la protección que me daba, por hacerme sentir una chica feliz en medio de toda la porquería de problemas que me rodeaban.
Una chica normal completamente enamorada.
La comida del hospital no era tan buena que digamos, pero ya me había acostumbrado a ella. Dicen que comer acompañado se disfrutaba mejor, y lo comprobé cuando compartí almuerzo con Sasuke a mi lado sentados en una de las mesas de la cafetería. Engullí con fervor el espagueti con poca sal, no me había dado cuenta del hambre que tenía hasta él me propuso comer antes de irse al trabajo, me entristecía que se fuera tan pronto.
Así que debía aprovechar cada momento con él, cuando se terminaran las vacaciones en unas semanas nuestras obligaciones escolares serían más y no lo vería a menudo.
Me miraba con una expresión divertida señalando su mejilla con un dedo, fruncí el ceño hasta toqué mi propia cara y sentí un pedacito de pasta que quedó ahí. Hay Dios, mis modales dejaron mucho que desear.
Contuvo una risa mientras refunfuñé y limpiaba mi boca con una servilleta.
—No te burles, tenía mucha hambre —me excusé bebiendo del té.
—"Ya me di cuenta" —aseguró. Sus ojos brillaron con malicia al inclinarse a mi dirección—. "Me da curiosidad tu extraña manía por los tés fríos, ¿qué los hace tan especiales?".
—¿Uh? —Hice una mueca de incredulidad, lo señalé con indignación—. ¿Nunca has probado uno de estos? —pregunté y por su expresión adiviné que no—. Puedo asimilarlo con tu extraña manía, por no decir obsesión, con los jugos de verduras. ¿Qué los hace tan especiales? Saben… raro, especialmente las espinacas.
Compuse una mueca de asco, no me gustaban mucho las verduras. Mamá me traumó de niña, siempre me obligaba a comérmelas todas, especialmente la espinaca y zanahoria, sabores que deseaba olvidar.
Se rio entre dientes, cada vez que lo hacía mi mente respingaba y me maravillaba por el sonido. Entrecerró los ojos, apoyando una mano en la mesa a mi dirección.
—"Cada quién disfruta de su propio veneno" —Su seña fue a medias lanzándole una mirada rápida a la botella—. "Probaré de tu té si bebes del jugo de verduras".
Enarqué una ceja, sonriendo ladina.
—Es un trato, pero no vayas a… —Sentí sus labios sobre mí, y yo abrí la boca, sorprendida de su acción. Su lengua delineó mis labios y se alejó demasiado rápido para mi gusto, pero logró ponerme roja. Apreté mis dientes al ver su deleite, cubriéndome la boca—. ¿Q-Qué…?
Lancé una mirada a todos lados, ¡que vergonzoso fue eso!
—"Tiene un sabor singular" —Su sonrisa marcaba su malicia, disfrutando verme avergonzada, no lo comprendí. En ocasiones era demasiado cariñoso y otras gozaba en molestarme—. "La próxima vez es tu turno, si es que puedes hacerlo con tu tamaño".
Me lanzó un reto demasiado tentador, dejé de lado mi vergüenza y lo reté con los ojos. Nadie se metía con mi estatura. Alcé la barbilla llena de dignidad.
—Verás que lo conseguiré.
—"Ansío verte intentándolo".
Y mientras yo refunfuñaba bebiendo de lo que restaba del té, revisó su celular que antes estaba apoyado en la esquina de la mesa. Ensanchó un poco los ojos y después lo metió dentro de su bolsillo delantero. Luego me lanzó una mirada atisbada de abatimiento.
—"Debo irme al trabajo".
Mi semblante decayó, lo sentí al igual que mis ánimos.
—¿Tan pronto? —pregunté. Vaya, el tiempo se pasaba volando cuando disfrutaba a su lado.
Asintió agarrando la mochila y gorra reposando en la otra silla, se dirigió a mí, inclinándose a mí.
—Bueno… maneja con cuidado —deseé, su aroma me embriaga por completo, aspiré un poco más queriendo conservarlo cuando estuviese lejos de mí.
—"¿Estás segura de que no quieres que vaya a dejarte a casa?".
Negué inmediatamente con la cabeza, ocasionarle retrasos era lo último que deseaba, intenté persuadirlo.
—Llegarás tarde a tu trabajo. No te preocupes, estaré bien —aseguré lo más convincente que pude.
Me observó por unos largos instantes rebatiéndose internamente si marcharse o no. Después suspiró, asintiendo a medias y acarició espontáneamente mi rostro, como si quisiera gravar cada gesto de mí.
—"Envíame un mensaje cuando llegues a casa".
—Lo haré. Nos vemos.
Lo vi alejarse entre las mesas llevándose consigo los platos desechables y ambas botellas vacías, las tiró en el contenedor. Antes de desaparecer por el pasillo, volteó un poco sobre su hombro y agité mi mano despidiéndome de él, devolvió apenas el gesto y finalmente su espalda desapareció de mi vista.
La sonrisa de mis labios se borró con él y suspiré profundamente. Bueno, mi tiempo de felicidad terminó tan pronto como llegó. Me reconfortó saber que intercambiaríamos mensajes más tarde o, si mi suerte se alzaba, mañana vendría, esperé que yo estuviese mejor para entonces.
La primera vez que lloré al no soportar ver el sufrimiento de mi madre fue entre sus brazos. Siempre intentaba permanecer fuerte con mis hermanos y no preocuparlos, pero la situación me superó y me quebré.
Pensándolo detalladamente, sólo Sasuke conocía mi lado vulnerable.
—Que coincidencia verte por aquí, niña.
Respingué al escuchar una voz familiar, a mis espaldas se encontraba Ryu-san mirándome desde arriba. Me sorprendí de verlo aquí, un momento, ¿qué hacía aquí?
—¿Ryu-san? —pregunté sorprendida.
De cierta forma me alegré verlo cara a cara. Entre él y yo formamos un peculiar vínculo, uno en que él llamaba cada cierto tiempo y preguntaba cómo me encontraba. Aunque la primera vez me impresionó su repentina preocupación, le aseguré que todo marchaba a viento de popa dentro de las posibilidades.
Después le secundaron inusuales llamadas, siempre preguntándome sobre mi situación, nada más. Una vez llamó en presencia de Sasuke, a él no pareció agradarle la idea de que Ryu-san me estuviese hablando, pero no comentó nada al respecto. Le aseguré que solamente monitoreaba que me encontraba bien y ello aplaqué su humor, pero sabía que seguía sin agradarle la idea.
Le aseguré que no había segundas intenciones, desde el principio Ryu-san mostró que no me veía de esa manera, simplemente se preocupa por mí por una extraña razón ligado a que siempre quiso una hija. Quizás… veía en mí aquella progenitora que jamás tuvo, y siendo sinceros… me agradaba sentir por primera vez una emoción así, de un padre preocupado por su hijo.
A pesar de que Ryu-san no es mi padre, lamentablemente. ¿Qué hubiera pasado si las cosas fueran diferentes?
No hubiera existido el dolor.
Ningún golpe.
Tampoco alguna palabra ofensiva.
Y mamá estuviera bien mentalmente hablando.
—Me alegra verlo de nuevo —le dije cuando tomó asiento frente a mí olvidando mi desdicha—. ¿Qué hace en el hospital? ¿Acaso está enfermo? —cuestioné preocupada, sabía pocas cosas de este señor las cuales me intrigaba, siempre parecía enigmático.
Ryu-san negó ligeramente con la cabeza, su porte, como la última vez, se mantenía urgido y hombros firmes, como si estuviese alerta.
—Vine a visitar a un amigo —respondió simple.
—Aaaah…—susurré y lo primero que se me ocurrió fue preguntarle más—. ¿Juugo-san está enfermo?
—No, Juugo es mi guardaespaldas y está ahí. —Señaló con un ademan a mis espaldas.
Y ahí estaba, el imponente hombre de traje negro y lentes oscuros, de pie en la entrada del umbral sin molestar a nadie. Mirando fijamente a nuestra dirección, lo saludé desde lejos y recibí apenas un asentimiento. Debajo de todo ese aspecto grandullón parecía un buen sujeto.
Me pregunté que clase de trabajo hacía Ryu-san para tener un guardaespaldas con él a todos lados.
—Menos mal, le tengo cierta preferencia porqué consiguió pizza de pepperoni para mí.
—Si quieres pizza puede ir a conseguírtelo, imagino que tendrás hambre. —Estuvo a punto de alzar su mano y atraer la atención de Juugo. Me escandalicé y se la bajé con algo de brusquedad, me miró sorprendido.
—No es necesario, acabo de comer. Además, ¿no cree que es poco excesivo? —Justifiqué soltándolo repentinamente, demonios, mi impulsividad puede ser molesta en ocasiones—. Este… disculpe.
Negó apenas con la cabeza zanjando el asunto, sin dejar de mirarme, o más bien detallar mi rostro, como si buscara algo en mí. Encogí un poco los hombros sin tener la más mínima idea de comenzar a formular mis dudas. Justo lo tenía frente a mí, mi oportunidad de oro se presentaba.
La idea de que él posiblemente es el amigo/primer amor de mamá seguía rondando por mi mente, y ahora que lo tenía frente a mí no debía desaprovechar la oportunidad para corroborarlo o descartar la idea.
Pero pensarlo y hacerlo eran dos cosas muy distintas.
«Ryu-san, ¿usted es el primer amor de mi madre, Mebuki?». No, demasiado directo.
«¿Le gustaría conocer a mi madre? Quiere conocer a quién me salvó». Tampoco, muy precipitado.
«¿Su nombre completo es Hiryu Ryuichi?». No, no existía tal nivel de confianza.
—¿No has tenido problemas con Neji o con tu padre? —Su pregunta me sacó de mis cascabeles.
Alcé la vista olvidando por un momento mi pequeña conspiración.
—Eh… no. —Fruncí el ceño—. Como le dije, tengo una pulsera que me dio la policía en dado caso de que aparezcan —Y se la mostré extendiendo mi mano a su dirección.
Lo detalló a medias, después frunció ligeramente el ceño.
—Es mejor que no estés afuera por las noches —dijo entonces y se quedó callado un momento, sospesando sus siguientes palabras—. Corres más peligro así.
—Me resulta imposible por el momento —reconocí, me miró ceñudo—. Cuido de mamá, está internada aquí para recibir el tratamiento para la Leucemia.
Atiné a mencionar a mamá esperando ver alguna reacción de su parte. Nada asaltó en su rostro sereno, simplemente entrecerró los ojos en un gesto de entendimiento, como si fuera de lo más normal. Me frustré un poco, ¿en verdad este hombre era o no el primer amor de mamá? Una parte minúscula de mi ser deseaba que ambos se volvieran a encontrar, sin embargo, mi razón me gritaba que no era correcto, sería contraproducente para mamá.
—Suena razonable, pero sigue siendo peligroso que estés sola en la noche, ¿acaso tu amigo el pianista no pensó en ello? —aseveró ladeando el rostro hacia la ventana.
—Sasuke tuvo que ir al trabajo, además lo convencí de que no habría ningún problema —dije de lo más orgullosa también dirigiendo mi vista a la ventana—. Y no debe preocuparse, me iré a casa antes de que anochezc-
La ventana dio pasó a un el cielo comenzaba a ponerse oscuro, a lo lejos el rojizo del atardecer se perdía detrás de los edificios. Solté una palabrota entre dientes y al percatarme de mis propias palabras, sonreí nerviosa a Ryu-san que enarcó una ceja en un gesto de obviedad.
—¿Decías?
Me reí nerviosa. Ups. Parece que el tiempo pasó muy rápido estando con Sasuke, por eso se veía preocupado cuando me propuso llevarme a casa sabiendo a costa de que llegaría tarde al trabajo.
—Bueno…
—No pensarás irte sola a esta hora, ¿verdad? —Entrecerró peligrosamente sus ojos.
—Técnicamente si tomo un taxi no iré sola, el chofer me acompañará —dije astuta.
Pero no pareció darle gracia mi comentario, su semblante se intensificó de seriedad. Con esa mirada me sentí regañada, como si mi propio padre estuviese en desacuerdo. Tragué grueso.
—… ¿O no? —murmuré probando mi suerte.
—Recoge tus cosas, te llevaré hasta tu casa. —Prácticamente me ordenó mientras se levantaba de su asiento, vi que le hacía una seña a Juugo con sólo mover la cabeza y comenzó a caminar en dirección al pasillo.
—No puedo irme ahora, tengo que esperar a mi hermano —me excusé tras seguirlo, parecía dirigirse al área de las habitaciones de los pacientes buscando algo.
¿Estaría buscando la habitación de mamá? Entré repentinamente en pánico, ¿sería prudente que se encuentre con mamá ahora? No, no, no.
Intenté retenerlo con otro pretexto.
—Debe tener cosas que atender, no se atrase por mí.
Pero él no pareció tomarle la debida importancia.
—Mis asuntos pueden esperar unas horas más, me interesa más que llegues a casa en una sola pieza —dictaminó sin dejar de caminar, buscando entre todas las plaquetas—. ¿Cuál es el número de habitación de tu madre…? No importa, ya lo encontré.
De nuevo me embargó el pánico al detenernos frente a la habitación de mamá, ¿cómo supo que era esta si nunca le dije su nombre? Me pareció muy sospechoso y afianzó la posibilidad que se convertía a ese 99.99% que fuera el mismo Ryuichi del que hablaba mamá con tanta añoranza.
Me interpuse en la puerta incluso antes de que pensar hacer algo, lo miré un poco nerviosa. Este no es el encuentro que pensé.
—No puede entrar… verá…
Justo ese momento Sasori apareció por el pasillo exclamando mi nombre. Suspiré aliviada por su intervención, no sabía que hubiera pasado si no aparecía justo a tiempo, se me agotaban las ideas. Sasori saludó a Ryu-san con un asentimiento de cabeza.
—Lamento el retraso, Sakura, la junta se extendió más de lo previsto —se disculpó mi hermano dándome un corto abrazo, se giró a Ryu-san—. Buenas noches, es extraño verlo aquí.
Los ojos verdes de Ryu se enfocaron en él, intrigados.
—Vine a visitar a un amigo y me encontré con Sakura —dijo parco—. Estaba diciéndole que es peligroso que esté sola cuando caiga la noche, así que le ofrecí llevarla a casa.
Al parecer Sasori le tenía preferencia a Ryu-san porque no tardó en ablandar su semblante y considerarlo, ¡rayos! Aun le estaba agradecida por haberme salvado de ser secuestrada, no quería abusar de su confianza.
Intervine antes de que dijera algo.
—En serio, no es necesario…
—Gracias por el ofrecimiento, dejaré que lo haga.
¿¡Qué!?
Lo miré con ojos muy abiertos.
—Hermano, no hay que abusar de la confianza de Ryu-san —mascullé entre dientes, apenada.
Él me miró con esos ojos que no aceptaban replicas.
—Me sentiría más tranquilo que él te dejara en casa a que te fueras con un completo desconocido.
Hasta hace unas semanas él era un desconocido, quise decirle. De hito a hito miré en ambos que no despejaban sus gestos serios y decidí que lo mejor era no complicar las cosas, tampoco deseaba perturbar la paz de mis hermanos y ellos estarían tranquilos sabiendo que llegaría sin percances a casa.
Suspiré muy exageradamente.
—Bien —mascullé adentrándome a la habitación, dejándolos en el pasillo.
Mamá seguía durmiendo plácidamente, ignorando que detrás de esa puerta seguramente estaba alguien que anhelaba ver. No rebusqué mucho al respecto y avancé hasta el sillón colgando mi mochila al hombro y el ejemplar debajo de mi brazo. De reojo Karin parecía dormitar hasta que escuchó mis pasos, apenas abrió los ojos.
—¿Sakura?
—Sasori ya llegó, me iré —le dije dándole un beso en la mejilla, me dirigí a mamá y también hice lo mismo, apretando su mano suavemente. Quizás… pronto sería el momento que se encontrara con Ryu-san. Tantearía terreno sobre ello una vez que estuviera despierta—. Volveré mañana, mamá. Descansa todo lo que puedas.
El automóvil esperaba frente a la entrada del hospital, me adentré a la parte trasera y ahí se encontraba Ryu concentrado en la tableta que traía entre manos. Me pareció que no debía interrumpirlo por el momento, su ceño se fruncía a cada segundo. Así que saludé a Juugo —que nos hizo avanzar— sabiendo que seguramente no tuviera ninguna respuesta verbal.
—Hola, Juugo-san, ¿cómo has estado?
Para mi sorpresa me respondió.
—Todo en orden, señorita Sakura —habló, su voz era más grave de lo que creí. Con sus lentes oscuros fue difícil saber si me veía por el retrovisor o no—. ¿Le apetece que nos detengamos a comprar pizza?
¿También él?
—No hace falta Juugo-san —le aseguré—. Comí hace poco y estoy llena. Lo único que quiero es llegar a casa a dormir, por favor.
Asintió sin más recibiendo la petición y se desvió a otro cruce.
—¿Segura que no quieres nada? —preguntó Ryu-san a mi lado sin dejar prestarle atención a la tableta.
Negué con la cabeza.
—No, muchas gracias. Es abusar de su confianza, y, además, gastaría en vano su dinero.
—Yo decido en que gastar mi dinero —replicó dejando la tableta a un lado y por fin mirándome con ese gesto genuino en sus ojos verdes—. Pero está bien, si quieres algo no dudes en pedirlo.
Desvió la mirada al frente y yo me quedé callada, analizando a profundidad sus palabras y acciones que en ocasiones parecían desconcertantes.
—Ryu-san, ¿le puedo hacer una pregunta demasiado personal?
Su ceño se frunció ligeramente, y tras pensarlo varios minutos, asintió tensando un poco los hombros.
—¿Por qué nunca tuvo hijos? —decidí preguntarle sin discreción—. Usted… me dijo una vez que veía en mi la hija que nunca tuvo. Así que…
Detuve mi hablar, dejando inconclusa la frase. Ryu-san clavó sus ojos en mí, extendiendo un largo silencio que incluso Juugo podría ser mejor compañía en estos momentos. Fue similar a cuando te sientes estúpida por hacer la pregunta incorrecta, la que sabías que era delicada y aun así decidías decirla.
—Nunca me casé ni tuve interés de hacerlo si no era con la mujer que amaba —me interrumpió apenas separé los labios para ofrecerle una disculpa por mi imprudencia—. ¿Recuerdas lo que te dije sobre el arrepentimiento? —preguntó, y yo asentí.
—No arrepentirnos de nuestras acciones —recité.
Sus ojos parecieron brillar de un sentimiento de emociones ahogadas en un llanto silencioso.
—Alguna vez pensé en casarme con la única mujer que me ha importado, pero —se detuvo un momento, analizando sus propias palabras—, la vida no siempre te trata cómo quieres y la mayoría de las veces las cosas que planeas no salen a tu favor. En ocasiones hay que tomar situaciones drásticas y tal vez no sean las mejores para tu corazón.
—¿Sobrepuso algo más sobre sus sentimientos? —susurré ahogadamente.
—Tuve que enterrarlos en el fondo de mi corazón por una causa mayor. —Por primera vez lo vi sonreír lleno de resignación—. Y es una de las dos cosas de las cuales me arrepiento.
Ensanché los ojos por su declaración, el sufrimiento que reflejaba su mirada, la carga de tantos años sobre ellos. Su boca torcida y la sulfúrica angustia que destilaba cada poro de su ser, lo podía sentir desde aquí.
Un sufrimiento silencioso.
—¿Por qué…? —susurré con voz ahogada—. Si la amaba tanto… ¿por qué la dejó ir?
No comprendía, o más bien no quería comprenderlo. Si él hubiera enfrentado a Kizashi en ese tiempo, entonces mamá sería feliz.
Pero los hubiera no existen.
Sus ojos se oscurecieron drásticamente y sonrió a medias, una expresión abatida.
Él lo sabía.
Sabía que yo sospechaba de él y mamá.
Su mirada lo dijo todo.
No mencionó nada más en todo el trayecto, dejándome con más dudas. Mi suspicacia a que había algo más detrás de todo no me dejó tranquila. Una y mil ideas rodeaban mi mente sin cesar, recreando escenas surrealistas y suposiciones se quedaban en el aire, no me atreví a decir algo más.
Al llegar a casa, agradecí con un corto "gracias por traerme" y abrí la puerta sin ganas de despedirme de mejor manera. Antes de bajarme por completo, miré a Ryu-san que no apartaba la vista de mí, incluso sus pensamientos resultaban ser un enigma.
Quizás sí tenía una pregunta más por hacerle.
Dudando, me giré a él.
—Dijo que había dos cosas de las cuales se arrepiente, ¿cuál es la otra?
En esta ocasión pareció que cada palabra que decía le dolía profundamente.
—No haber luchado lo suficiente para permanecer junto a tu madre.
Ensanché mis ojos sin dejar de mirarlo absorta, una declaración bastante fuerte. Ninguna mentira asomaba en sus ojos verdes y la incertidumbre teñía su semblante. Me quedé quieta por unos segundos, procesando el peso de sus palabras.
Finalmente, también sonreí triste.
—Sí, eso si es verdaderamente lamentable.
Sin media palabras más salí del automóvil cerrando la puerta con excesiva fuerza, las palabras repitiéndose en mi mente como un remolino de emociones. ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Él era el primer amor de mamá, el sujeto de la fotografía que guardaba con recelo junto al libro de poemas. Apreté la mochila entre mis brazos percatándome de que el automóvil se marchó apenas pisé las puertas del edificio.
Y al mismo tiempo, sentí una parte de mi irse. La tristeza me embargó de inmediato.
Si tan sólo hubiera luchado más por mamá… él sería mi padre.
Sasuke
Llevé mis manos al cuello, moviendo la cabeza en círculos intentando dispersar la tensión acumulada. Desde mucho tiempo dejé de disfrutar tocar el piano, especialmente en el trabajo, por lo regular los días no son tan pesados, pero ni siquiera pude pararme de mi sitio durante horas. Las muñecas y manos me dolían, y si no fuera porque tocaba piano desde niño, mis brazos estuvieran flácidos y sin fuerza para moverlos.
En ocasiones el trabajo resultaba así, no tenía sentido quejarme.
De reojo observé a un camarero pasar a mi lado, asintió en saludo y yo penas le respondí el gesto. Aunque el restaurante estuviera a media hora de cerrar algunas mesas seguían ocupadas por comensales, no era mi área de trabajo y tampoco es que pudiera ser de mucha ayuda, así que lo único que podía hacer era cambiarme y luego retirarme.
Pensé en comprar café americano en el cafetería de enfrente, pero no quería lidiar con las insinuaciones y gritillos de Ino por mi "hazaña" de haber conseguido novia, o más bien, que Sakura haya aceptado poniendo la excusa que soy "muy huraño". Cuando lo dijo frente a Sakura, esta se rio por debajo y me abrazó asegurando que soportaría mi humor porque me quería.
Pensar en Sakura siempre sacaba una sonrisa inconsciente en mi rostro. La punzada de preocupación pinchó mi pecho recordando su situación actual, una parte de mi me aseguraba que estaría bien. Además de poseer el brazalete que le dio la policía, contaba con un agente en cubierto que la custodiaba todo el día hasta encontrarse en la comodidad de su casa.
Fue lo único que escuché de Itachi estos días, todo lo relacionado con ella me hacía olvidar espontáneamente mi enojo contra mi hermano, pero no por siempre.
—Sasuke. —Me llamó Iruka, no me percaté de que se encontraba a mi lado, estábamos dentro del área de vestidores frente a mi casillero, ¿cuándo llegué aquí? Esperé a que continuara hablando—. Llegaron las fotografías liberadas del evento de beneficencia, este es la que me pediste.
Agarré la fotografía que me extendió. Admiré la imagen captada en todo su esplendor, éramos Sakura y yo en la entrada del recinto, lo linda que se veía con esa sonrisa radiante y sus trenzas recogidas luciendo aquel vestido rosa pastel, la imagen no le hacía mucha justicia a su verdadera belleza, pero no pude evitar contemplarla más. Esta fue tomada después de que casi la besara en el lago, ambos en nuestras nubes, y yo, al estar medio idiotizado, Sakura aprovechó a tomarme del brazo y posicionarse frente a las cámaras.
Seguramente le gustaría tener esta imagen en su colección pegada en la pizarra.
—"Gracias".
—Por fin te encuentro, pensé que ya te habías ido —dijo Sai a mis espaldas, supe que me habló a mí porqué me clavó la mirada un tanto cansina, ambos cansados, él por tocar el violín y yo el piano—. Alguien te busca e insistió mucho en verte.
—¿Quién? —preguntó intrigado Iruka.
Mi compañero se encogió de hombros.
—No lo sé, dijo que estaba interesado en hablar sobre tu habilidad con el piano. Quizás sea un director de alguna universidad de música.
Bufé por debajo, no era de extrañarse esta situación, más bien me parecía rutinario. Las propuestas cesaron semanas atrás, siempre habría alguien interesado y nunca me encontraba de humor para soportarlo, hoy era el mismo cuento, no tenía ánimos de lidiar con nadie. Lo único que quería era llegar a casa y dormir.
Sin embargo, no podía seguir dejando el despliegue a Iruka, no era su problema de todos modos.
—Seguramente es alguien que quiera ofrecerte otra beca para la universidad —indagó él fijándose brevemente en mi disposición en ir después de dejar la fotografía dentro de mi casillero, junto a mi gorra—. No te apures, yo iré a despacharlo.
Negué con la cabeza sin dejar de caminar, si iba a decir algo no lo dejé.
Pronto me encontré caminando hacia el área de mesas pasando a un costado del el personal de limpieza y los meseros que todavía atendían algunas mesas. Al llegar al umbral barrí con la mirada el lugar en busca de la mesa indicada, medio vacío el lugar, se escuchaban los cuchicheos ahogados en pláticas y la música clásica de fondo en el tocadiscos.
Fue hasta que localicé la mesa y fruncí el ceño, retraído y sorprendido por quién encontré ahí sentado, debiendo de lo más calmado del mundo una copa de vino tinto.
El mismo hombre que rescató a Sakura aquel día.
El "famoso" Ryu que le llamaba ocasionalmente para saber cómo se encontraba.
Sin relajar mi semblante caminé hasta ahí. ¿Qué querría en verdad este tipo? Dudé a que viniera a ofrecerme alguna clase de beca para estudiar, o eran paranoias mías o ya no sabía qué pensar. El hecho de que estuviera al tanto de Sakura me ponía ansioso de cierta forma, no me tragaba del todo el cuento que él la ve con ojos fraternales —no seguí insistiendo el tema con ella para no incomodarla más—.
Una vez que llegué a la mesa me senté frente a él sin contemplaciones, me dedicó una mirada serena. Este tipo no expresó nada más que una ceja enarcada y dejó de lado la copa que sostenía, solamente una botella de vino se encontraba en la mesa y ninguna carta de por medio. A juzgar por la botella casi llena no llevaba mucho tiempo aquí. Así que debió llegar después de que terminara mi número con el piano.
Entrecerré los ojos a su dirección maldiciendo una vez más mi falta de voz, sería complicado hacerle preguntas cuyas respuestas necesitaba. Afortunadamente tenía un lapicero en el bolsillo y extrañamente la hoja blanca en medio de la mesa.
Le sostuve la mirada tensa por varios segundos.
—Esa ocasión no tuve la oportunidad de presentarme —habló después de unos segundos—, pero por la forma en que me miras supongo que sabes de mí por Sakura.
La sola mención de su nombre logró crispar mi mirada y lanzarle una mirada de advertencia muda. Lo comprendió rápidamente, agitó un poco su cabeza, incrédulo.
—Primero déjame aclararte una cosa: no veo a Sakura con esos ojos. Más bien, como la hija que nunca tuve.
Bueno, eso no resuelve nada.
—"¿Y por qué precisamente ella?" —escribí en la hoja.
Se quedó callado un momento, sospesando su respuesta.
—¿Has escuchado alguna vez que el destino juega sucio? —preguntó, no me tomé la molestia de responder—. El destino es caprichoso y nos da giros inesperados. Digamos que… Sakura es como ese giro inesperado.
—"Así que te aferras a ella como si fuera una hija porqué es tu capricho".
—Si lo pones así no suena para nada bien —replicó él, pude ver algo de molestia en sus gestos. Vagamente me recordó a Sakura, ceñuda y sus ojos parecidos a una advertencia sin llegar a intimidarme, yo afilé mi mirada—. Pero no estoy aquí para hablar de Sakura.
Fue mi turno de verlo interrogante, si no estaba aquí a tratar ese tema, ¿qué otra cosa tenía que ver conmigo?
Intenté que mi rostro no reflejara la confusión que me causó sus palabras, esperé a que dijera algo más. Las voces a mi alrededor apenas fueron un zumbido en mis oídos.
Ryu compuso un gesto más serio.
—En el mundo en dónde me muevo los favores se cobran tarde o temprano —comenzó a decir—, y yo te hice uno en el momento que la salvé a ella de ser secuestrada, Sakura es muy importante para ti, ¿o me equivoco?
Un segundo después comprendí a que se refería, apreté los dientes. Odiaba esta sensación de verme vulnerable y en desventaja. No lo negaría, y tomando en cuenta las palabras de este hombre iba a tomar ventaja de la situación. Y pensar que antes soltó palabrerías que veía a Sakura como la hija que nunca tuvo. Sensateces. Casi me reí en su cara, pero me contuve.
¿Me pediría un favor a cambio? ¿Qué tenía yo que ofrecerle más que mis incontrolables ganas de advertirle que se alejara de Sakura por qué no me inspira confianza?
Lo miré largamente, esperando y sospesando mis opciones.
—"¿Por qué piensas que te devolveré ese favor?"
—Lo harás a menos que no quieras tener problemas conmigo —dijo sin más, y por el significado de sus palabras endurecí el gesto.
Mierda. Este hombre no es lo que aparenta ser. Las señales son bastantes claras ahora, el guardia de cabellos naranjas que estaba sentado una mesa después —lanzando miradas de reojos a nuestra dirección—, su forma elegante de vestir, el reloj costoso alrededor de su muñeca; la mirada penetrante y un rostro del cual revela vivencias acumuladas de tantos años.
No cabía dudas de que era una especie gánster o perteneciente a alguna pandilla.
—"No me interesa estar involucrado en cosas turbias".
—Lo que te pediré no se dirige por esos rumbos —objetó muy seguro entrelazando sus manos sobre la mesa lanzándome una mirada significativa, mi respuesta seguía siendo negativa y él lo intuyó—. Lo harás si tanto te interesa conocer la verdad del abandono tu padre hace casi once años.
Si acaso podía enmudecer más mi rostro juraría que lo haría, porque su revelación me dejó completamente helado, con la boca seca y mis ojos abiertos a máxima capacidad. Mi vista no se despegó de él. ¿Cómo este hombre mencionaba deliberadamente un asunto cómo ese? ¿Sabía él algo de lo que orilló a mi padre a abandonarnos?
Ryu cosas íntimas de mi familia, ¿me habrá investigado?
Tensé la mandíbula. Que Sakura estuviera en contacto con este sujeto me inquieta más.
—Lo único que tienes que hacer por mí es entregarle este encargo a tu hermano. —Puso en la mesa un sobre amarillo sellado, deslizándolo a mi dirección, miré el objeto sin imaginarme realmente lo que contenía—. Itachi sabrá por dónde comenzar a investigar cuando vea esto.
Le lancé una mirada llena de pesadez, intentando que mi mente no colapsara por la información de que mi padre seguía vivo en alguna parte del mundo, sumándole que Madara merodeaba cerca y ya había tenido un encuentro con Itachi. Esto no pintaba nada bien. Me colmó los nervios tener solamente piezas del enorme rompecabezas frente a mis pies.
Ryu sabía que mi hermano era detective, ¿qué más sabría de nosotros?
—Por esa mirada supongo que lo harás —dijo Ryu asintiendo para sí, convencido.
No me quedaba de otra más que aceptarlo, miré el folder sobre la mesa, llamándome en susurros quedos que revelaban una verdad perturbadora y que quizás no estaba listo para afrontarlo. Casi la mitad de mi vida me aferré a la idea de que por mi culpa Fugaku nos abandonó aquel día, pero con el pasar de los días, los hechos y las mismas palabras de Ryu confirmaban que no fue esa razón lo que causó la desaparición de Fugaku.
Se trataba de algo más fuerte. Un asunto ajeno a mí.
Apreté los puños sobre la mesa intentando comprender lo que sucedía.
Ryu se levantó de su asiento, apenas le presté atención, mi vista enfocaba el objeto en la mesa. Si hubiera desaparecido de la nada ni cuenta me habría dado. Tan absorto me encontraba que apenas salí de mis pensamientos al escucharlo hablar.
—Confiaré en que ambos llegaran a una conclusión acertada —destiló sus palabras irremediables, lo miré conteniendo mi propia necesidad de atacarlo de preguntas que no contestará, por algo me dio el sobre sin mencionar el contenido—. Aunque Madara no quería involucrarlos, me temo que les será imposible por el simple hecho de ser hijos de Fugaku, uno de los mejores abogados penales del país.
Y con esas últimas palabras se alejó dejándome con demasiadas dudas en mi cabeza y una creciente necesidad de exclamar maldiciones al aire.
Fue un milagro que no atropellara a nadie de camino a casa por estar creando conjeturas en mi mente mientras manejaba, y es que la situación no merecía menos, de pronto me topaba con esta realidad que creía que no me afectaría. Sabía internamente que este día llegaría, en que tendría que aceptar que Fugaku tuvo más razones para irse, pero no así de pronto.
Una parte de mí se sentía aliviada, pero la otra embargaba de preocupación creciente. ¿Qué tan peligroso resultó ser el asunto cómo para impulsar a mi padre a marcharse?
Las preguntas me siguieron hasta la casa. Me adentré todavía distraído obviando el par de zapatos en el recibidor, apenas le presté atención a Hunter que revoloteó a mi lado. En cuanto puse un pie en la salda vi a Itachi cruzado de brazos y frotándose el rostro con la mano. Notó rápidamente mi presencia y se giró a mí, caminando con total decisión.
Tragué grueso. Había estado evitándolo durante todos estos días tan deliberadamente, rehusando a entablar esta conversación, me sentía dolido y traicionado de que me haya ocultado la carta de nuestro tío. Y, a pesar de que lo que me dijo Sakura me hizo recapacitar sobre ello, no quitaba el hecho de su mentira. Así que decidí ponerle la ley del hielo hasta que mis propias emociones se apaciguaran.
Al parecer él no pensaba así.
—Sasuke, tenemos que conversar. Estoy harto de que me ignores —aseveró con una mirada de total arrepentimiento, la culpa cayó sobre mi conciencia, haciéndome sentir mal. Olvidé por completo que mi dedicación era no causarle más males a mi familia, me volví egoísta—. Sé que hice mal al ocultarte la aparición de tío Madara, pero temí por tu reacción.
Recordé las palabras de Sakura y me infundieron parte de valor para encararlo.
—"No soy tan débil como crees".
—Lo sé, sé que eres mucho más fuerte que esto. —Asintió sin parar, desesperado a que lo perdonara—. Lamento si te herí, lo lamento en verdad, hermano. Sólo… quería protegerte.
—"¿Protegerme de qué?" —cuestioné duramente.
Bajó las manos y apretó la sin atreverse a apartar su vista de mí.
—De que su repentina aparición no te asentara bien.
Cerré los ojos y masajeé el puente de mi nariz. Al saber los verdaderos sentimientos de Itachi no tenía ningún derecho de seguir reclamándole, los hermanos mayores siempre protegen a los menores. Y era lastimosamente cierto, dolorosamente verdadero. Él soportó en silencio su propio sufrimiento a cuestas del mío, me odié en ese instante por haber sido tan egoísta e inmaduro.
Y aunque quisiera dejar este tema zanjado, no lo lograría. De pronto el folder me pesó una tonelada en mi mano.
—"Sólo necesito saber, Itachi, ¿cuándo apareció?" —pregunté.
Su rostro se crispó mientras recordaba dispuesto a hablar.
—Hace más de un mes me llegó la carta que leíste, pensé que se trataba de una maldita broma, pero el llavero confirmó que no era así. Después recibí una llamada de él, asegurándome de que padre está vivo.
Igual llegué pensar en la posibilidad de que ambos estarían muertos. De una forma macabra me aferraba a esa idea, era mejor tenerle rencor a un muerto sabiendo que jamás regresaría que a un vivo que anda por sus anchas en el mundo de lo más relajado.
Aquel día que me topé con Madara en el paso peatonal, estoy más que seguro que no fue una ilusión.
—"¿Te dijo dónde estaban?"
Negó con la cabeza.
—No, dijo que no quería involucrarnos en sus asuntos. Cómo sabes, uno de mis propósitos por el cual entré a la policía era para poder investigar el paradero de nuestro padre. —Sí, yo lo sabía y por eso no me agradaba el trabajo de Itachi—, sin embargo, nunca hallé pistas concretas. Fue como si en verdad se lo hubiera tragado la tierra.
Fue mi turnó de tensar los hombros y mirar la carpeta en mi mano. Sea lo que sea, Ryu dijo que Itachi sabría qué hacer con ello. Sin más rodeos le extendí el folder que no dudó en tomarlo, intrigado, lo viró intentando buscar algo.
—¿Qué es esto?
—"Un hombre llamado Ryu me lo dio" —comencé a explicarle lo más breve posible—. "Es el mismo sujeto que rescató a Sakura de ser secuestrada, pero no sólo eso, sabe cosas sobre nosotros. Incluso me atrevo a asegurar que conoce de alguna forma a Madara y padre".
Lo vi fruncir el ceño, totalmente desconcertado.
—"Me pidió que te diera este sobre, y si lo sabíamos manejar bien sabríamos la verdadera razón de la desaparición de padre".
Itachi no lo pensó dos veces y se encaminó a prisas al comedor, lo seguí de cerca más intrigado que él, se veía ansioso y hasta cierto punto, alterado. Pronto intuí que habría pasado algo más externo a nuestros problemas, cuando llegué ya se encontraba alterado.
En la mesa había otro sobre de dónde sobresalían fotografías, al ver la primera dónde se asomaba mamá más joven deduje que se trataba de las que estaban atrapadas en aquella cámara vieja que tenía de recuerdo.
Me enfoqué en cómo Itachi rasgaba el folder de arriba y sacaba de ahí retrasos de periódico, fruncí el ceño al tomar uno. La portada de un periódico con el enunciado: «Se haya muerto al presidente del condado, Ishikawa Jiraya, en su casa de campo» con fecha de dieciocho años atrás, más abajo la fotografía del hombre albino en uno de sus tantos discursos acompañado de una nota dónde relataba toda la vida y las condiciones en que fue encontrado. Tenía conocimiento de su identidad, después de todo una vez al año voy a tocar a la gala que preparaban los hermanos en honor a este hombre.
—¿Qué significa esto? —Itachi leía otro artículo.
Alcancé a ver el encabezado: «se reabre el caso del supuesto asesinado de Ishikawa Jiraya» con la fecha de un seis años después del primero.
—…Después de siete años de la muerte del presidente Jiraya, es aprensado el supuesto sospechoso del atentado, Unagi Tetsuya. Se cree que estuvo involucrado en el brutal asesinato del presidente —leía Itachi con voz trémula—. Las investigaciones continúan a manos de la policía municipal para llegar al fondo del asunto, con el apoyo del abogado más famoso de Tokio, Uchiha Fugaku y sus compañeros, Yakagi Obito y Hamada Izuna, se espera tener una resolución muy pronto y dar fin a los misterios que rodean su muerte…
Dejé de escuchar hasta ahí, sin dejar de mirar otro pedazo de periódico dónde padre era captado en una fotografía en blanco y negro. Hacía tanto que no veía su rostro ni siquiera por imagen, pero no fue difícil reconocerlo. Captado a las afueras de un tribunal acompañado de otros dos hombres mencionados y varios camarógrafos a su alrededor.
La verdadera razón de su desaparición.
¿Acaso esto tendría que ver con ello? ¿Cómo podría relacionase?
Piensa.
—No puedo creerlo —susurró a mi lado, apretando el periódico entre sus dedos—. Entonces es verdad.
—"¿A qué te refieres?" —le pregunté.
—Padre conocía a Jiraya, al parecer fue su tutor para la tesis a graduarse de abogado —dijo, sin despegar sus ojos alterados del anuncio—. Cuando investigué al principio pensé que padre tomó el caso porque era importante y difícil, pero ahora que lo pienso mejor tal vez lo tomó por razones personales y así refundir en la cárcel a la persona que asesinó a Jiraya.
—"Pero no lo consiguió".
Encontré otro retraso de periódico, en esta ocasión el encabezado relevaba que Unagi Tetsuya, principal sospechoso del asesinato fue liberado por pruebas falsas, se comprobó que no fue él quién atento contra la vida de Jiraya. Después de ello aparecen más anuncios menos importantes que hacían mención del intento suicidio de Fugaku y posteriormente su repentina desaparición.
¿Cómo se relacionaba? Mientras miraba los encabezados las ideas se iban uniendo en mi mente, estaban tan claras como el agua y a la vez tan turbias en la punta de mi lengua, oscilando en la orilla del acantilado A medida que mis ojos barrían el contenido, leyendo cada palabra, observando cada fotografía.
Esto tenía que ser irreal. Se me secó la boca.
—La verdadera razón de la desaparición de nuestro padre es esta, ya había investigado un poco sobre el asunto cuando me enteré de que este fue el último caso que atendió —dijo tan seguro, apoyando las manos sobre la mesa sin mirarme, tan absortó que sus ojos parecían replicar ante sus pensamientos—. Él tomó el caso de Jiraya para hacer justicia de su muerte, el sospechoso ya estaba ahí, pero por alguna razón la policía lo liberó por falta de pruebas. Quién sea que lo haya hecho, estoy seguro de que fue conspiratorio, por eso tenían que deshacerse de todos.
» En los reportes que leí, se mencionaba que estos dos que ayudaron en el caso —señaló a Obito e Izuna que acompañaban a Fugaku en la primera imagen— murieron a causa de terribles "accidentes" después de que el caso se cerrara de nuevo por falta de pruebas. Después de unos días padre intentó quitarse la vida días, ¿por qué? No lo sabemos, pero de lo que sí estoy seguro…
Se detuvo de su monologo, lanzándome por primera vez una mirada perturbada, seguramente la mía era tan parecida a la suya puesto que tragó grueso.
—… Es que lo amenazaron y tuvo que huir para salvar su vida, y por eso tío Madara se fue con él, para ayudarlo a desaparecer. —Agarró los retrasos del periódico con fuerza—. Es lo único que se me ocurre para explicar su desaparición.
Todo mi cuerpo se hallaba paralizado por completo, sin atreverme a mirar los pedazos esparcidos en la mesa. El panorama fue aclarándose poco a poco, como una venda cayéndose de mis ojos, iluminando cada parte de mi inexistente necesidad de saber más. De pronto la furia recorrió mis venas, llenándome de tantos pensamiento y emociones encontradas.
Dolor.
Desesperación.
Caos.
Una angustia insoportable al pensar que Fugaku huyó de los problemas.
Me costaba creerlo.
—"No" —Apreté los dientes y aporré las palmas sobre la mesa—. "Simplemente no lo creo".
—¡Estás viendo las pruebas frente a ti! —exclamó de pronto mi hermano, girándose a mi totalmente incrédulo, señalando los periódicos—. ¿Y piensas negarlo?
—"Lo que no acepto es que haya huido abandonándonos aquí sin darnos explicación alguna" —gesticulé a prisas.
—Piénsalo bien, si lo amenazaron no tuvo otra opción que huir para protegernos —se acercó a mí con tanta desesperación a que yo lo considerara—. Entiéndelo de una vez, no nos abandonó porqué te odiaba o te tuviera repulsión. Si todo esto es verdad, lo cual tiene demasiado sentido hasta para ti, se largó para evitar que nosotros no corriéramos peligro. ¿No piensas que alguien lo amenazó con hacernos daño? El oficio de abogado penal no es nada fácil y corres muchos riesgos.
Tensé todo mi cuerpo imaginando tal escenario y no tuve con qué rebatir.
—"No sabes si es verdad, puede ser mentira".
Pero incluso yo lo dudaba, de Ryu podría esperarse cualquier cosa y no era coincidencia que nos haya dado un sobre repleto de periódicos antiguos, seleccionados cuidadosamente para unir ciertas piezas.
Tan evidente incluso para mí y esa idea me ahogó.
—No, no lo es. —Siguió negando aun cuando lo estoy digiriendo lentamente—. Por eso tío regresó, tal vez para advertirnos de algo mayor. La primera vez que lo vi mencionó que no quería involucrarnos porqué correríamos peligro.
«Aunque Madara no quiera involucrarlos, me temo que les será imposible por el simple hecho de ser hijos de Fugaku, uno de los mejores abogados penales del país» las palabras de Ryu tuvieron mucho peso en este momento, dedicándome a mirar los ojos ardientes de mi hermano de una furia contenida.
No conmigo, ni siquiera con nuestro padre, no, más bien a aquellas personas desconocidas que lanzaron esa amenaza que lo obligó a separarse de nosotros. De abandonar todo lo que una vez amó.
Abandonar su trabajo.
Abandonar a sus hijos.
Abandonar a su esposa.
Giré en torno a la mesa en los papeles dispersos que se habían combinado con las fotografías sueltas intentando darles coherencia a mis pensamientos dispersos. Un singular detalle captó mi atención porqué me pareció ver a padre ahí, fue suficiente para tomarla.
Descubrimiento tras otro. Las sorpresas nunca acabarían.
Quién estaba junto a Fugaku en la fotografía, en lo que parecía ser su tiempo de escuela, era el indiscutible rostro de Ryu unos años más joven mirando fijamente la cámara. Traspasando las paredes de los años, con el mismo porte y mirada enigmática, como si esperara a que enfrentáramos un pasado que no nos correspondía.
Uno que tarde o temprano llegaría a nosotros.
—"Él es Ryu, el hombre que me dio los periódicos".
—¿Qué? —Itachi agarró la fotografía, abriendo los ojos cada vez más incrédulo—. Esto debe ser una jodida broma.
Fruncí el ceño, sin comprender. Itachi se obligó a explicarse.
—Lo vi en varios reportes antiguos de la policía mientras investigaba sobre los Hyūga hace unos días. Es Ryu, también conocido como el Dragón carmesí del clan Hiryu. Es el jefe actual de una fracción de los Yakuza que se asentaron desde los años cincuenta junto a los Hyūga, pero se volvieron rivales al poco tiempo. Sus movimientos cesaron justo… —Ensanchó los ojos, turbados—… justo al mismo tiempo que padre desapareció. Y los Hyūga aumentaron su poderío en la ciudad.
Su expresión fue espejismo mío, ensanchando los ojos a más no poder, sin dejar de observarlo a él.
Maldición. Era mucha coincidencia, demasiado, a decir verdad. No era una simple casualidad, no.
Este asunto estaba más allá de nuestras manos.
Por un momento deseé regresar a unos días antes que era ignorante a todo esto, rodeándome de mi propia miseria calmada por la presencia de Sakura, enojado con mi hermano, batallando con mi trabajo y mis ganas de vivir.
Sonaba mucho mejor que estar al tanto de que en realidad tu padre no te abandonó porque te despreciara, que el jefe de un Yazuka tenía preferencia como hija a tu novia y haya estado involucrado de alguna forma con la desaparición de tu padre.
—Oh, mierda —dijo Itachi después de unos segundos, tragando grueso y completamente pálido—. Esta información es difícil de digerir.
Yo lo miré conteniendo las ganas de maldecir.
Sí bueno, quizás hubiera sido mejor dejar que Iruka hubiera despachado a Ryu.
Quizás.
*Lanza la bomba y se va*
Okey, no desesperen todo tiene una explicación lógica ahahaha ¿no se esperaban que se revelara muchas cosas de sopetón? ¿No? La trama ha ido girando así, sólo era cuestión de tiempo en la aparición de Ryu para que todo comenzara a revelarse. La llegada de Madara y podemos confirmar que no hay nada malo con él, y el mismo Ryu, ¿se imaginaron que fuera el mero-mero de los Yakuza?
Y no, no tengo preferencias *abraza a Ryu imaginario*
Bueno, aclarando puntos conforme al capítulo SE DIJO indirectamente que Ryu es aquel primer amor de Mebuki, y hubo una razón poderosa por la cual tuvo que dejarla ir y no insistir. Recordemos que Mebuki se embarazó de Sasori, Ryu se enteró y le dio el libro de poemas, más no sabemos las circunstancias. Por otro lado, aunque su lema sea no arrepentirse de nada, vemos que en verdad hay cosas de las cuales SÍ se arrepiente, como haber luchado por Mebuki. ¿Qué lo obligó a retenerse?
Por otro lado, tenemos a Sasuke y la revelación de su padre con los periódicos relacionado con Jiraya —¿Alguien notó la pista que dejé capítulos atrás al introducir a Jiraya? ¿Nadie? *llora*—. ¿Ryu es aliado o enemigo de ellos? Pronto lo sabremos, pero podemos intuir su verdadera naturaleza, contando que apareció en una fotografía antigua con Fugaku en la preparatoria se pueden asumir muchas cosas, quizás sean amigos, quién sabe…
Una de las razones de Fugaku ya fue dada, ¿será verdad o las conjeturas de ambos hermanos son erradas? ¿Qué parte tiene los Hyūga en todo este embrollo? ¿Y Kizashi? ¿Por qué nunca puedo actualizar en el día, sino en la noche y hacerlas desvelarse? No desesperen, pronto lo sabrán.
Muchas preguntas, pocas respuestas :v verdades reveladas y teorías comprobadas. De nada jajaja yo también andaba con los nervios de punta al leer sus teorías conforme a la identidad de Ryu y decirle a la mayoría: ¿ACASO LEÍSTE MI MENTE? En serio, después de mucho tiempo me siento satisfecho porqué ya quería revelar este capítulo.
Estamos entrando al clímax del fic, vendrás las partes más intensas y que les hará arrepentirse (¿ nocierto
¿Qué les pareció el capítulo? Estaré leyendo sus reacciones hhaha
En fin, ¡gracias por leer! Nos leemos el siguiente capítulo que esta ocasión no sé cuando lo traeré, a principios de mes el trabajo demanda más y lo único que quiero es llegar a dormir a casa XD
Se me cuidan.
¡Alela-chan fuera!
