Sí, lo sé.
Les debía una actualización de este fic desde hace semanas.
En mi defensa solo diré dos cosas: 1- La universidad me está matando lentamente. y 2- Mi inspiración se va y vuelve cuando quiere y yo hago lo mejor que puedo con lo poco que me da.
Se acuerdan cuando dije que la cuarta parte podría ser la última? digamos que no es la última. Ya no les digo cuantas partes quedan porque no lo sé. Esta historia está fluyendo de una forma diferente a mis otros fics. Solo les diré que ni siquiera sé como planeo terminar esta historia. Es todo un misterio para mí. Lo sabremos pronto (espero).
Por el momento les traigo este pequeño avance.
Espero les guste.
Disfruten su lectura :D
Por favor, dime que no lo hicimos
Parte IV
Las cosas con Pepper habían ido bastante bien. Eso, si contaba los regaños de la mujer como algo bueno. Entre todas las cosas que le había gritado y reclamado, Pepper le había dicho que no podía lastimar a Steve. Le había dicho que el soldado era tan fiel a sus sentimientos que se quedaría a su lado incluso si Tony no volvía a amarlo. Steve se quedaría con él por el resto de su vida, conformándose con ser solo amigos, sufriendo en silencio, con tal de quedarse con él. Y eso lo mataría poco a poco, hasta dejar solo un cascarón del hombre que es ahora.
―Debes tomar una decisión, Tony. Steve se quedará contigo a menos que le pidas que se vaya. Si no estás seguro de lo que sientes, no juegues con él. No le des falsas esperanzas. ―Regañó.
―No lo entiendes. No es que no sienta nada por él, es todo lo contrario. ―Apartó la mirada. ―Desde el primer momento, desde que lo vi junto a mi cama en el hospital… cuanto puso su mano sobre la mía sentí una corriente subir por mi brazo. Sentí una conexión especial. Y eso me aterró. Estaba en una cama de hospital, todo el cuerpo me dolía, no podía recordar absolutamente nada y de pronto este hombre desconocido me toca y me siento si estuviera en casa.
El moreno sonaba agitado. Las emociones a flor de piel. Pepper sonrió.
―No lo entiendo. Si tu cuerpo te dice que Steve es tu hogar, ¿por qué te resistes?
Tony la miró con ceño fruncido.
―Mi mente estaba en blanco. Toda mi vida fue borrada de mi cerebro, pero este hombre asegura ser mi esposo y ¿yo debo creerle? ¿Debo ir a vivir con él? ¿Dormir con él y dejar que me toque como si fuera suyo? Eso fue lo que pasó por mi mente en ese momento. Todo pudo ser una mentira y yo no lo sabría. Tenía que creer en su palabra y en lo que el doctor me decía, pero no estaba seguro de nada. Por supuesto que tenía miedo de aceptar lo que mi cuerpo me decía. No podía solo lanzarme a sus brazos cuando mi mente me decía que algo no estaba bien. Sentía que Steve me estaba ocultando algo. ―Se levantó en dirección a la cocina para beber un poco de agua. ―Sé que no me han dicho toda la verdad. JARVIS sigue diciendo que hay cosas que no puedo saber por el bien de mi salud.
―Como le he explicado muchas veces, Señor, el doctor dijo que no es recomendable entregarle información que pueda resultar demasiado impactante. Y en su primer día supo que tenía un esposo y un dispositivo extraño en su pecho. Si permite mi opinión, eso es mucho para asimilar en tan poco tiempo. ―La voz de JARVIS interrumpió la conversación.
El silencio duró un par de segundos.
―Siempre has sido un hombre que piensa demasiado. Eres un genio y eso es lo que hacen los genios, lo sé. Me lo has dicho un millón de veces. Tal vez deberías dejarte llevar por tu corazón en esta ocasión. Olvida tus dudas y actúa con tus sentimientos. Tu cuerpo añora el toque de tu esposo. Tu corazón anhela el suyo. Mi consejo es que sigas a tu corazón de la misma forma que has hecho durante los diez años que has estado con Steve.
Seguir a su corazón era algo que no había hecho. Se había negado seguir a su corazón, solo se había permitido seguir a su cuerpo. Había seguido ese deseo físico que tenía por Steve. Ese deseo de besarlo, abrazarlo, dormir abrazado a su calor y… el deseo sexual que lo había llevado a la situación actual.
Tal vez Pepper tenía razón.
•••
Natasha informó lo ocurrido en el complejo a Pepper.
Nunca entendería el funcionamiento de la mente de un super héroe, mucho menos la mente de Steve. Solo alguien que hubiera pasado por una situación similar podría comprender lo que pasaba por la mente de un hombre que había vivido en dos épocas tan distintas. Steve era un hombre extraño y, si bien no había conflictos entre ellos, no entendía por qué alguien elegiría recibir una paliza por parte de robots letales a modo de distracción. De momento, lo único que sabía era que no podía dejar que Tony viera al equipo traer a Steve. El moreno se preocuparía al verlo inconsciente y eso podría generar un nuevo ataque de pánico, así que decidió llevar a Tony de vuelta a su habitación donde estaría segura de que el genio no vería nada que le causara estrés.
El mensaje decía que el quinjet aterrizaría en dos minutos en el helipuerto de la torre.
―Vamos a tu habitación, Tony.
Tony la siguió sin resistirse. Aun pensando en lo que habían hablado antes. Ignorando completamente el suave murmullo que se acercaba rápidamente a la torre.
•••
Cuando la pelirroja dijo que tenía que irse, Tony pensó en Steve. El rubio no había regresado. Un vacío se instaló en su pecho al pensar que su esposo se había cansado de esperarlo. Finalmente había pasado lo que tanto temía: Steve lo había dejado solo. Lo había abandonado a su suerte después de sentirse utilizado como si fuera un juguete.
Y lo entendía.
Todo había sido culpa suya. Tal vez el malentendido de esa mañana había sido demasiado para Steve y había decidido que Tony no valía la pena. Que no merecía tanto esfuerzo. Seguramente Steve se había dado cuenta de que era una pérdida de tiempo y un error esperar a alguien que no estaba seguro de nada.
―JARVIS, si Steve regresa dile que… ― suspiró desanimado, sin saber qué mensaje dejarle a su esposo― no le digas nada, solo avísame, por favor.
―Señor, el Capitán ya está de regreso en la torre. Volvió cuando la señorita Potts lo llevó a su habitación. ―Informó la IA con prontitud.
Eso quería decir que Steve no lo había dejado solo. Había vuelto a pesar del problema que habían tenido. Steve estaba cumpliendo su promesa de no dejarlo solo, pero…
―No ha venido a verme. ―Murmuró para sí mismo.
―Señor, debo informar que el Capitán Rogers está dormido. ―Mintió la IA, sabiendo perfectamente que Steve no estaba dormido, sino inconsciente producto del sedante que se le fue administrado en el complejo. ―Puedo informarle que usted desea hablar con él cuando despierte.
El mecánico asintió y murmuró una afirmación antes de recostarse en la cama.
―Muéstrame el video de mi boda. ―Pidió.
Los minutos pasaron como en un sueño, lentos y eternos, mientras veía a Steve y su radiante sonrisa. Sus ojos azules brillantes de emoción mientras él caminaba hacia el altar, colgado del brazo de un hombre moreno vestido en un traje de gala de alguna fuerza armada, pero diferente al de Steve. Escuchó sus votos, aquellos que no recordaba haber dicho, y los de Steve. Su garganta de apretó y lágrimas cayeron por sus mejillas. La devoción en su voz, el amor en su mirada y la promesa de una eternidad a su lado le hicieron comprender que Steve no mentía cada vez que declaraba su amor. Que decía la verdad cada vez que prometía no dejarlo solo. Se sintió como un idiota al pensar en el daño que le había hecho al rubio con su rechazo.
Cerró el video y decidió que necesitaba un baño. Necesitaba despejar su mente y pensar en lo que le diría a su esposo para que lo perdonara.
•••
JARVIS monitoreaba muy de cerca todo lo referente a su creador. Siempre lo había hecho. Estaba en su protocolo inicial. El que Tony había escrito a mano, letra por letra, mientras lo creaba en una de sus aburridas clases en el MIT. La primera orden, la única que nunca había cambiado era estar pendiente de todo lo referente a Tony Stark. Eso incluía estar al pendiente de su estado de salud, físico y mental, estar pendiente de sus ideas y guardarlas para más tarde por si el genio decidía desarrollarlas, saber su ubicación a cada segundo del día, recordarle sus actividades sin importar que el mecánico no le hiciera caso, tomar su llamadas… básicamente, su protocolo básico era ser una versión elegante y virtual de un mayordomo/niñero perfecto para un adulto que aún se comportaba como un niño irresponsable.
Cualquier persona de carne y hueso diría que hacer todo eso era extenuante, pero JARVIS solo sabía que tenía que hacerlo y lo hacía con gusto. Era su único propósito.
La I.A había estado al tanto de la falla del reactor cuando Tony fue atacado hace dos meses. Había indicado a Steve meticulosamente todos los pasos a seguir para volver a iniciarlo manualmente y había vigilado sus signos vitales de cerca cuando volvieron a la torre.
Y, en este momento, JARVIS estaba tan o más preocupado que si fuera una persona real.
Tony llenó la tina hasta la mitad antes de sumergir su cuerpo hasta los hombros en el agua caliente. Un suspiro salió de sus labios al sentir todo ese calor rodear su cuerpo. El calor relajando sus músculos tensos por todos los sucesos del día.
Minutos más tarde, preocupado por el desastroso resultado que podría tener esta situación, JARVIS decidió intervenir.
―Señor, creo que debería salir del agua ahora. Ya pudo relajarse lo suficiente y no creo que quiera ser víctima de un resfriado. ―Trató de razonar la I.A.
―No seas aguafiestas JARVIS. Saldré cuando considera necesario hacerlo. ―Desestimó el moreno.
No lo entendía.
Si su cuerpo le decía una cosa y su mente otra… su mente nunca se apagaba. Esa era una de las cosas que había aprendido de sí mismo en estos meses. Había aprendido que su mente nunca se callaba. Siempre estaba enviando uno que otro comentario sobre Steve, sobre algo que había visto de reojo en un rincón del Pent House horas antes, sobre alguna idea sobre cómo mejorar el gimnasio, sobre alguna cosa que había recordado en sueños o algo que había escuchado a Steve decir al teléfono. Incluso días después de haber visto algo, su mente volvía a traerlo a la superficie para que lo masticara y pudiera digerirlo de manera adecuada. Era algo desesperante.
Pensando en Steve y en lo que había pasado la noche anterior… Steve lo amaba, había escuchado esas palabras muchas veces a lo largo de dos meses llenos de miedos, errores, deseos y anhelos. También lo había escuchado justo antes de quedarse dormido la noche anterior. Después de que Steve le hiciera el amor. Luego de que le pidió, le rogó que lo amara como antes y decirle que lo necesitaba.
Se sentía como el más grande de los imbéciles al evaluar la forma en que se había comportado esa mañana. Steve estaba dormido y él lo había despertado con besos y caricias, rogándole que lo tomara como si fuera un animal en celo. Steve había reaccionado como cualquier esposo enamorado hubiera actuado. Le había hecho el amor en medio de besos, caricias y susurros de amor. Y ¿qué es lo que él había hecho? Lo había tratado como un oportunista. Como si el que hubiera cometido una atrocidad hubiera sido el rubio. Steve había sido un amante amoroso y considerado. Por el amor de todo lo que es sagrado, el hombre le había llevado desayuno a la cama. Y él lo había echado como si fuera un animal sucio de la calle.
―Soy una horrible persona, J. ―Dijo antes de sumergirse por completo en el agua.
Sus ojos se abrieron con sorpresa y horror al verse bajo el agua. De pronto, el cielo sobre la tina se volvió negro. Estaba en una cueva y había un hombre calvo con lentes. Yinsen. Sus manos sostenían una batería de auto y su pecho dolía. Su ropa estaba rota y sucia. Frente a él había una cámara y unos hombres gritando órdenes en un idioma que no comprendía. Su cabeza fue sumergida una y otra vez en un tarro lleno de agua turbia. Sus fosas nasales llenas de agua. Su pecho ardía por el agua que había entrado a sus pulmones. El miedo a morir era lo único que podía sentir en ese momento.
Se sentó de golpe en la tina. El agua salpicando hacia todos lados mientras su cabeza daba vueltas. Sus brazos sosteniendo con fuerza el borde se la tina, aferrándose con miedo a que el fondo fuera a desaparecer bajo su cuerpo y terminara hundido en las profundidades de ese maldito tarro de agua turbia en…
Afganistán.
Ese fue su último pensamiento antes de dejarse llevar por la inconciencia. Su cuerpo cayó laxo en el borde de la tina. Su cabeza colgando hacia afuera, lo más lejos del agua posible.
Ocurrió justo lo que JARVIS temía. Alarmado, se apresuró a llamar al Capitán Rogers que, afortunadamente, ya estaba despierto.
―Capitán, el señor perdió el conocimiento en la bañera.
•••
Steve corrió hacia el baño de la habitación y sintió algo de alivio al ver que Tony no estaba sumergido, ahogándose, en el agua.
―JARVIS, prepara el quinjet. Debo llevar a Tony al complejo. ―Ordenó al tiempo que quitaba el tapón de la tina y esperaba a que el agua se fuera por completo.
―No creo que eso sea necesario, Capitán. El Señor no ha sufrido ningún daño, ni hay rastros de agua en su sistema respiratorio.
Delicadamente, Steve recostó a Tony en la tina, su cabeza ladeada, inconsciente. Rápidamente comenzó a secar su cuerpo con una toalla, lo cubrió en ella y lo levantó entre sus brazos, llevándolo a la cama para continuar con su tarea.
―Necesito saber exactamente qué pasó. ―Su voz firme y preocupada.
Mientras Steve terminaba de secar el cuerpo de su esposo, su piel fría al contacto, JARVIS relató lo ocurrido.
―Según mis escáneres en tiempo real, puedo decir que el cerebro del Señor está funcionando activamente. De la misma forma que se activa luego de una pesadilla. ―Informó.
―Eso quiere decir…
―Que su cerebro está reparando las conexiones neuronales que fueron dañadas durante el accidente. El Señor está recordando. Aunque lamento decir que, dadas las circunstancias, los primeros recuerdos sólidos que tendrá no serán placenteros.
Sí, JARVIS tenía razón.
Tony no hablaba mucho sobre sus pesadillas. Solo cuando era una muy horrible y despertaba gritando y llorando, aterrado por las imágenes que su cerebro proporcionaba. Afganistán no era una de ellas. Al parecer, Afganistán no era más que algo común en comparación a las terribles cosas que le habían ocurrido después. Steve no sabía nada de lo ocurrido, solo que en medio del desierto había surgido Iron Man.
Para un Tony que no recordaba lo más terrible de su pasado, Afganistán no sería placentero. Debía quedarse con él. Debía estar ahí para él cuando despertara de esa pesadilla.
Con mucho cuidado secó su cabello y lo vistió con ropa interior y una camiseta antes de recostarlo entre las sábanas. Acarició su rostro y frotó sus grandes manos sobre sus brazos intentando hacerlo entrar en calor. Luego acercó una silla a la cama y se sentó ahí. Esperando a que su esposo despertara.
•••
Lo observó por horas y horas. Viendo como se removía y su rostro se contraía, mostrando cada una de las emociones que pasaban por él. Miedo, rabia, dolor, tristeza, esperanza, un pequeño atisbo de felicidad y luego solo miedo y una infinita desolación.
La noche había dado paso a la mañana y Tony seguía sufriendo.
A lo largo del día Steve había tenido que quitarle la ropa y secar su sudorosa piel con la misma camiseta que le había quitado. Su esposo alcanzó un estado febril que lo asustó, pero que descendió a medida que la tarde se hacía presente.
Con el cuerpo a medio cubrir por las sábanas, Tony parecía descansar, la fiebre olvidada horas antes.
•••
Steve había visto a su esposo en múltiples facetas.
Tony Stark era un hombre de negocios que no se dejaba pasar a llevar por nadie, mujeriego y adicto a los excesos. Era una bestia que atacaba sin dar la oportunidad a sus atacantes. No importaba si era el senado, la policía o el mismísimo presidente. Si alguien estaba en su contra o no apoyaba sus ideas, ese era el fin. Pasaban a la lista negra de Tony Stark y no había nada que lo hiciera cambiar de opinión. Un hombre fuerte, de armas tomar que arrasaba con todo a su paso, pero con la inteligencia superior que le impedía meterse en grandes problemas.
Ese era el Tony que conocía el mundo. Era el hombre que la prensa había ayudado a crear, exagerando todo lo que rodeaba la vida del millonario desde sus primeros años; construyendo un personaje que cada vez se alejaba más del hombre vestido de Armani.
Steve conocía al verdadero Tony. El hombre amable que se preocupaba por la seguridad y comodidad de sus amigos. El hombre que podía actuar como un niño mimado y que podía discutir por horas sobre una película infantil con Thor; que podía ingeniárselas para ganar en una guerra de bromas con Clint y que podía planear un día de relajación en un spa para Natasha mientras ayudaba al Doctor Banner en su incesante búsqueda por una cura para su problema de control de la ira.
Steve había visto a un Tony risueño, relajado y feliz. Había visto al hombre que podía amar hasta olvidarse a sí mismo. Ese hombre que le había ofrecido su corazón en bandeja de plata sin esperar nada a cambio. Lo había visto desarmarse con un beso, lo había visto subir y bajar del cielo luego de un orgasmo, admirando la belleza de aquel hombre que había sufrido toda su vida a manos de otros. Lo había visto entregarse una y otra vez, y había sido testigo en primera mano de su amor. Había recibido sus caricias y había descubierto que era un amante desinteresado y más que considerado, que no se permitía alcanzar el máximo placer hasta que su amante lo hiciera primero.
Lo había visto en sus peores momentos; destruyendo todo a su paso luego de una misión extremadamente difícil o un proyecto fallido que había tardado meses en desarrollar. Así como también lo había visto en sus mejores momentos; su rostro iluminado al ver que su trabajo había dado resultado, o al saber que había tenido éxito al proteger al equipo y llevar a su familia sana y salva de regreso a la torre.
Y en algunas ocasiones había sido testigo de su vulnerabilidad. Esas noches luego de una pesadilla cuando el genio sollozaba refugiado en su pecho hasta quedarse dormido.
Esta vez era diferente.
Steve nunca lo había visto tan vulnerable. Tan solo ahí en la cama, viéndose tan pequeño y desamparado. Encogiéndose en sí mismo, buscando consuelo aferrándose a la tela de la sábana.
Sin decir nada, el soldado se acercó lentamente, buscando su mirada. Cuando los aterrados ojos castaños encontraron los suyos, fue instantáneo. Tony se desenvolvió tan rápido que Steve no alcanzó a reaccionar; de pronto viéndose con un cuerpo desnudo aferrado al suyo. Sentado a la orilla de la cama el rubio recibió el cuerpo de Tony en su regazo, aferrándose a su camiseta, buscando refugio. Llevó sus manos a la espalda del genio y acarició arriba y abajo, llevando una de sus manos a sus castaños cabellos, meciéndose suavemente con la intención de calmar la agitada respiración de su esposo.
En medio de sollozos y respiraciones entrecortadas, Tony encontró sus palabras y susurró Steve, hazme el amor.
―Tony, no creo que sea buena idea. No después de lo que pasó antes. ―Buscó su mirada y vio una necesidad tan grande de amor y cariño. Los ojos de Tony parecían decir que necesitaba que alguien lo amara por primera vez después de una vida de falta de amor. Su mirada le causó dolor en el pecho al pensar en la cruda tristeza que Tony parecía estar sufriendo.
―Por favor. ―Rogó.
Si Tony necesitaba esto, Steve iba a dárselo.
Sin intentar convencerse de que esto era una mala idea, Steve llevó el rostro de Tony hacia el suyo y lo besó con suavidad. Con una suavidad que nunca antes había necesitado usar con el moreno. Lo besó como si Tony estuviera hecho de porcelana y el más repentino movimiento fuera a romperlo. Y tal vez así era. Lo besó con lentitud, avanzando poco a poco hasta depositarlo en la cama. Y así, sin separarse de él ni dejar de besarlo, se desnudó y cubrió su cuerpo con el suyo.
Besando cada centímetro de su piel como si fuera sagrada, acariciando con delicadeza cada lugar especial, abriéndose paso en su interior con una lentitud que nunca había usado, Steve le hizo el amor por lo que parecieron horas. Tony solo sabía gemir entre suspiros, aferrándose a Steve con desesperación. Su cuerpo parecía tener cada nervio expuesto al contacto de las manos de Steve. Arqueando su espalda, gritando de placer, respirando agitado mientras sentía el sudor enfriar el ardor de su piel en llamas.
Aún después de bajar del éxtasis al que Steve lo había llevado, su cuerpo seguía temblando ante el roce más pequeño. Sus nervios receptivos ante las manos amorosas y cálidas del rubio.
Ahí, abrazado al cuerpo de Steve, con la cabeza escondida en su cuello, respirando ese aroma tan masculino y único del soldado, Tony se dejó llevar por un suave letargo parecido al sueño.
Cuando Steve pensó que Tony por fin estaba dormido, escuchó su voz. Pequeña y dolida.
―Recuerdo toda mi vida hasta mi regreso de Afganistán. ―Suspiró. ― Recuerdo a Howard y como nunca fui suficiente para él, mi madre y su infinito amor por mí, sus muertes justo antes de navidad. Afganistán, el reactor. La traición de Stane. Iron Man. ―Un sollozo escapó del moreno. ―Recordé los peores años de mi vida, pero no puedo recordar el tiempo que hemos estado juntos. No recuerdo habernos conocido ni habernos casado. Solo recuerdo torturas, sufrimiento, la soledad y el alcohol...
Steve lo abrazó con fuerza, sintiendo el sufrimiento de Tony como si fuera suyo. Y en ese momento se permitió llorar. Por Tony, por su vida llena de desilusiones, traiciones, tristeza y desamor. Por él y por sí mismo. Por las memorias que él conservaba y el moreno había perdido.
Con lágrimas aun cayendo de sus rostros, ambos de dejaron envolver por el cansancio, la tristeza y la oscuridad de la noche en un sueño intranquilo.
Espero no haber dejado pasar errores, ya saben como me resulta eso.
Si tienen alguna idea de como podría terminar esta historia, soy toda oídos. Tal vez alguno de sus comentarios me ayuda a enfocar el final de este fic de una vez por todas, porque les juro que no quiere salir de mi cabeza.
Nos leemos pronto.
Besos.
Bye ;D
Martes 17 de Noviembre, 2020.
