Hola a todo el mundo!
Lo sé, lo sé. Soy la peor.
Al principio era capaz de mantener mis actualizaciones más seguidas, pero la inspiración me ha abandonado más veces de las que puedo decir y no tenía la menor idea de como continuar este fic.
Supongo que no es necesario recordar por qué subo actualización precisamente hoy ;) sé que lo saben.
Espero que todavía quede alguien interesado en esta historia, y de ser así...
Disfruten su lectura :D
Por favor, dime que no lo hicimos
Parte V
Cuando Tony despertó, afortunadamente, estaba solo. No sabía como enfrentar a Steve luego de lo ocurrido la noche anterior. Su mente estaba dividida entre dos hombres completamente diferentes. Se sentía contrariado por sus emociones y no sabía qué hacer.
Por un lado, estaba el hombre sin recuerdos que había comenzado a enamorarse de Steve. Ese ser sin personalidad que se había acostumbrado a tener a su esposo alrededor, que sabía que todas sus acciones no serían juzgadas ya que estaba aprendiendo a ser una persona otra vez. Ese lado de su personalidad era suave, asustadizo y relativamente tranquilo. Estaba aprendiendo lo que le gustaba y lo que no. Se sorprendía por cosas que debían ser normales para él; cosas que él mismo había creado. Era una persona que estaba conociendo el amor a través de un hombre que declaraba su amor con palabras y lo demostraba con acciones; Steve lo cuidaba y le daba su espacio, no lo presionaba a recordar, pero hacía todo lo que podía por ayudarle sin abrumarlo. Tony era como un niño descubriendo su lugar en el mundo.
Por otro lado, estaba Tony Stark. El "mercader de la muerte", ahora recordaba ese apodo. Ese hombre despreciable que solo sabía de sexo y alcohol. Fiestas y armas. Excesos y desprecio. Desprecio por sí mismo y hacia Steve. Los recuerdos que habían inundado su mente eran de soledad y rechazo por parte de Howard. Ese rencor que poco a poco se fue transformando en odio hacia Steve Rogers, Capitán América. Porque para ese Tony Stark que había crecido bajo la sombra de un fantasma, Steve era el enemigo. Era ese ser inalcanzable que nunca podría imitar porque, si era sincero consigo mismo, Tony estaba lleno de los defectos que Steve no tenía. Al menos no en las historias que su padre contaba una y otra vez. Y había sido más fácil odiarlo en vez de tratar de parecerse a él. De hecho, había ido a tal extremo de proponerse ser todo lo contrario. Donde Steve era virtuoso, Tony era un pecador. Steve había trabajado duro para salvar a su país en medio de la guerra y Tony solo había creado armas para que los verdaderos héroes pudieran usarlas. Tony había dado un paso al costado y confiado todas sus labores en otros, nunca haciendo su trabajo ni cumpliendo con sus responsabilidades. Y le había resultado bien… hasta la traición de Stane. Hasta que abrió los ojos y se dio cuenta de todo el daño que estaba haciendo al apartarse de todo y dejar que otros actuaran por él.
Su mente estaba dividida entre su reciente amor por el soldado y su odio alimentado durante treinta y ocho años de maltratos, soledad y posterior desenfreno.
Sentía ganas de correr a buscarlo. Abrazarse a su pecho buscando ese confort que tanto necesitaba, pero también quería encontrarlo para estampar un puñetazo en su rostro por arruinar su infancia, por robarle el amor de su padre desde antes de nacer. Así que la mejor idea, por el momento, era alejarse de él hasta controlar sus emociones y no cometer un error que no podría remediar.
•••
Para Steve, los días eran grises. Aún más grises de lo que habían sido los primeros días después del accidente. Tony estaba aún más distante y, a veces, buscando su mirada, había notado el mismo rencor y desprecio que había visto hace tanto tiempo en el Helicarrier. Tony había vuelto a ser el hombre resentido con la vida, desconfiado de los que lo rodeaban. Tony había vuelto a ser el hombre que juró odiar a Steve Rogers tanto como había odiado a Howard.
En esos momentos, cuando captaba ese odio, el soldado sentía la poderosa necesidad de golpear algo. Viendo que había perdido la oportunidad de golpear un poco de sentido en la mente de Howard Stark, solo le quedaban los sacos de arena en el gimnasio. Aunque estos días ya no eran suficiente. Steve necesitaba algo más que golpear. Necesitaba una misión en la que pudiera descargar su ira, su tristeza, su frustración y el odio que había desarrollado por Howard, aquel hombre que alguna vez consideró un amigo.
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Tony había notado la mirada dolida que le dirigía el soldado, pero no podía evitar ese resentimiento que sentía por él. No podía evitarlo para siempre, por lo que se veían en algunos momentos del día y era extraño, incómodo.
Algunas veces sentía la necesidad de acercarse y retarlo a una pelea. Descargar todo lo que Howard le había hecho sentir durante esos veintiún años en el objeto de sus desdichas, pero el tiempo que había pasado como un ser sin memorias se lo impedía.
En esos momentos de ira infinita solo había una cosa por hacer. Volar. Volar lo más alto que podía y dejarse caer hacia el vacío. Dejarse caer hasta estar a unos metros del suelo y repetir. Una y otra vez hasta que su mente se despejaba y esas ganas de disparar uno de sus repulsores en la cara del rubio de alejaban de su mente y solo quedaba una sensación de cansancio.
El cansancio siempre era bueno. Caer inconsciente en su cama producto del cansancio puro era la única forma que tenía para no arruinar las cosas con Steve. Porque, aunque los únicos recuerdos que tenía eran de rencor y odio, en el fondo de su corazón sentía que no podía hacerle daño. No realmente. Después de todo, Steve era su esposo y sin importar el tiempo que costara recuperar la otra mitad de sus recuerdos, no podía arruinar lo que parecía ser lo único bueno en su vida.
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Algunos días eran diferentes.
Tony había notado que Steve dejaba la torre durante todo el día y llegaba tarde en la noche. Una parte de él decía no me importa y la otra se preguntaba ¿dónde estuvo todo el día? Era en esas ocasiones cuando los celos salían a flote. Se preguntaba si tal vez el soldado, su esposo, había decidido que era demasiado. Que ya no podía seguir viviendo en esta situación. Tony sabía ahora que Steve era un super soldado. Sabía que la energía le brotaba por los poros. Sabía que un hombre como él tenía más necesidades que el hombre promedio.
Y era en esos momentos cuando se preguntaba si Steve estaba teniendo una aventura. Si lo estaba engañando. Y se preocupaba. Claro que se preocupaba. Aún tenía ese resentimiento, pero, aunque no lo recordaba, ellos habían hecho una promesa. Estaba seguro de que había votos de por medio. Y Tony Stark no podía permitir que su esposo le fuera infiel. Nadie le era infiel a Tony Stark.
Si algo había aprendido de la relación de sus padres era que a un Stark se le respeta. Su madre nunca fue infiel, y a Tony le constaba que había tenido varia oportunidades para hacerlo. Howard era un esposo desconsiderado y un mal padre, pero era un hombre fiel. Los Stark eran hombres de palabra y la fidelidad era algo que tenía peso en su familia. Por eso le había costado tanto comprender la traición de Stane.
En esos días en que Steve desaparecía, Tony caía en un agujero de desesperación. Su corazón dolía ante la idea de una traición así y su mente le decía que tenía que hacer algo. A veces, pensaba en meterse en la cama de Steve. Mantenerlo ocupado. Quitar de su mente la idea de estar con otras personas. Volver a sentir la fuerza del super soldado y su pasión… si bien Tony sabía que sentía deseo por el rubio, esa otra parte de su mente que lo despreciaba decía que no. Así que volvía al inicio, pensando en sus escapadas y su sangre hervía de celos.
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―Sé de buena fuente que Tony está celoso. ―La voz suave y sensual de Natasha se escuchó por el altavoz, resonando dentro de la habitación de simulaciones.
Un golpe por parte de un robot lo lanzó al piso. Llevó su mano hacia su mandíbula, comprobando que no era nada grave al mismo tiempo que la espía entraba a la habitación. La simulación apagada.
―Tony no soporta verme. Dudo que se sienta celoso por mí. ―Tristeza y algo de rabia se mezclaron en su voz. Natasha se compadecía de él.
Pepper le había comentado sus conversaciones con el millonario. Si bien Tony quería parecer agraviado por el asunto debido a su apellido, Pepper lo conocía más que suficiente para identificar los verdaderos celos. Esa respuesta tan visceral era más que evidente cuando Tony le había comentado sobre la ausencia del soldado. Natasha se sentía esperanzada y Pepper estaba segura de que la cosas saldrían bien, pero la espía no tenía que compartir todas sus ideas con el soldado. Había cosas de las que tenía que darse cuenta por sí mismo. Y si no era capaz de ver lo evidente, ella no le daría todas las respuestas.
―Si tu lo dices. ―Y salió de la habitación, reanudando la simulación.
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Habían pasado semanas desde que Steve desaparecía por lo menos cuatro veces por semana durante todo el día. Tony estaba hirviendo en celos. Más de una vez pensó en esperarlo. Confrontarlo. Hacerle saber que no podía casarse con un Stark y hacer lo que quisiera a sus espaldas. Que le debía un mínimo de respeto. Que no podía engañarlo.
Algunas veces pensaba en usar la carta del enfermo. Hacerle sentir culpable. Decirle que no podía abandonarlo en un momento de enfermedad, de debilidad. Que la amnesia no era su culpa y que lo único que quería era recordar… pero el solo hecho de pensar en ello le revolvía el estómago.
Tony Stark no hacía escenas de celos.
Tony Stark no buscaba la lástima de nadie.
Y cada vez que decidía no decir nada, sus celos crecían y su sangre hervía un poco más.
Odiaba la situación y quería más que nada hacer que JARVIS monitoreara la ubicación de Steve y le informara de su paradero cuando no estaba en la torre, pero los Stark eran orgullosos. Y su orgullo ganaba la batalla sobre sus celos.
Toda la situación era un circulo vicioso que no parecía tener fecha de caducidad.
El genio necesitaba un trago con urgencia.
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En las semanas que habían pasado desde su mega recuperación de recuerdos, el moreno no había necesitado un trago. Cualquiera pensaría que recuperar treinta y ocho años de recuerdos de una vida solitaria y llena de desenfreno, le habría hecho buscar una botella y beber hasta la última gota. Extrañamente, eso no había pasado.
Hasta este momento.
La necesidad por un trago, por algún licor que le quemara la garganta y le calentara el estómago, era cada vez más urgente.
No estaba seguro de la razón, pero no le sorprendía descubrir que la torre era un lugar libre de bebidas alcohólicas. JARVIS le había explicado que hace años había dejado la bebida por su salud, pero principalmente por Steve. Al parecer el soldado era tan importante para él que, voluntariamente, había dejado de beber. Era ridículo.
Cuando JARVIS se negó a pedir una botella para él, preguntó quién había sido el imbécil que programó su imposibilidad de comprarle un trago, la A.I respondió casi burlonamente "Usted, Señor". Tony se sintió como un idiota, insultándose a sí mismo. Desde un principio debió saber que solo él sería capaz de programar algo así en su propia A.I.
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JARVIS tenía la orden de notificar a Steve cuando Tony le pidiera adquirir un trago. El soldado estaba sorprendido de que no hubiera ocurrido antes. También se sentía furioso. La situación en la que se encontraban había agotado toda su paciencia, todas sus esperanzas. Lo había superado por completo. Se sentía solo y odiaba la sensación de soledad. No había sentido esa soledad absoluta desde que estaba en el avión de Red Skull, cayendo hacia las frías aguas del Ártico. Esa soledad le hacía sentir el eterno frío del hielo. Ese frío que tanto había luchado por dejar atrás. Ese frío que Tony había eliminado con su cálida sonrisa, con sus caricias, con sus miradas llenas de amor. Ahora solo quedaban miradas frías y desconfiadas, llenas de resentimiento.
Necesitaba dejar salir su ira antes de volver a la torre, así que se lanzó de lleno en su entrenamiento. Destruyendo robots diseñados por Tony especialmente para el super soldado, recibiendo golpes, cortes, quemaduras de láser.
Cuando Natasha y Clint lo arrastraron fuera de la habitación se sentía agotado, sus nudillos estaban en carne viva, su cuerpo estaba lleno de hematomas en varios estados de recuperación y su rostro estaba casi irreconocible por tantos golpes que había recibido. Steve sabía que Natasha sabía que se había dejado golpear a propósito, así que decidió ignorar su mirada de desaprobación.
Un par de horas después, cuando su rostro estuvo un poco más recuperado y la inflamación había disminuido, dando paso a horribles moretones, montó en su motocicleta y volvió a la torre.
•••
Tony estaba cansado de la situación. No podía seguir odiando a Steve porque esos primeros meses de amnesia no dejaban de dar vueltas en su cabeza. Seguía recordando todos esos momentos en que se sintió vulnerable y Steve estuvo ahí, ofreciendo su presencia, un apretón de manos, una mano reconfortante en su espalda y más adelante esos abrazos que lo anclaban al mundo real. No quería seguir resintiendo al soldado, porque en el fondo sabía que él no era culpable. El culpable de todo era Howard. Steve había hecho todo bien. Había hecho todo lo posible por ayudar a Tony, antes y después del accidente. Steve había logrado lo que Pepper nunca pudo, erradicar su alcoholismo. Claramente, Steve había eliminado su miedo al compromiso y le había enseñado que era digno de recibir el amor de otros y que también podía amar a alguien. No solo una vez, sino dos veces. Porque, aunque le costara admitirlo, el Tony con amnesia total se había enamorado de Steve.
Luego de pensar en todo esto y más durante horas, decidió hablar con su esposo esa noche.
No estaba seguro si debía esperarlo en la habitación que estaba usando o si debía llamarlo a la habitación que ambos compartían. Tal vez debía esperar que llegara, dejar pasar un rato antes de ir a buscarlo y hablar con él. Existía otra opción; esperar al día siguiente e interceptarlo antes de que el hombre dejara la torre para hacer lo que fuera que hacía cuando desaparecía. Tony realmente no quería pensar en las posibilidades, no quería avivar sus celos antes de hablar con el soldado. No quería pelear.
Finalmente, decidió darle unos minutos antes de tocar a su puerta.
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El cansancio físico nunca duraba mucho tiempo. Por el contrario, el cansancio mental y emocional que sentía parecía que nunca acabaría. Su corazón se sentía pesado, su cuerpo estaba rígido y nada tenía sentido. Varios minutos pasaron desde que entró a la que ahora era su habitación y él seguía sin moverse. Estaba parado a unos metros de la puerta, a unos pasos de la cama. Consideró ir directo al baño para tomar una ducha, pero no se sentía con ánimos de nada, así que dio un par de pasos en dirección a la cama. Se dejó caer sin cuidado, resintiendo los golpes que había recibido horas antes, sus costillas aún estaban sensibles, pero no se movió. No sabía cuanto tiempo estuvo ahí, sin moverse, cuando sintió una mano en su espalda. Su cuerpo se tensó por un segundo antes de escuchar.
―Toqué varias veces y no respondiste. ―La voz de Tony era suave y su mano irradiaba calor.
Quería moverse. Realmente quería moverse y tomar la mano de Tony entre la suya, tirar de él y encerrarlo en la prisión de sus brazos, pero había perdido el derecho a hacerlo. Así que no se movió. Esperó unos segundos antes de voltear su cabeza. Sus ojos se encontraron con los castaños de Tony y pudo ver la sorpresa y preocupación inundar esos pozos de chocolate.
Antes de darse cuenta de lo que pasaba se encontró recostado sobre su espalda, las manos del millonario orbitando sobre su rostro. Tony parecía indeciso, no sabía si tocar o no su rostro lleno de moretones y uno que otro corte.
― ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? ―Tony sonaba alarmado, pero Steve no quería leer mucho en su reacción. No quería pensar que Tony estaba genuinamente preocupado, porque no quería elevar sus esperanzas para luego verlas pisoteadas nuevamente.
Una de las manos de Tony aterrizó en sus costillas y no pudo evitar quejarse. Banner había dicho que su costilla estaba fracturada y aunque habían pasado varias horas, el hueso aún estaba sanando y la zona seguía sensible. La mano del moreno se alejó de su cuerpo como si quemara, pero prontamente volvió a su cuerpo, levantando su camiseta. La mirada horrorizada que Tony le dio fue suficiente para elevar un poco sus esperanzas a pesar de su reticencia.
―Steve, háblame. Dime lo que pasó. ―Exigió.
Varios momentos pasaron. La mano de Tony volvió a su cuerpo, acariciando cuidadosamente sobre el extenso hematoma sobre sus costillas, mientras que la otra reposaba en su cuello, el pulgar acariciando el ángulo de su mandíbula.
―Estaba en el complejo. ―Su rostro giró en dirección a la mano de Tony, enterrándose en su caricia. ―Me descuidé en la habitación de simulaciones. ―Mintió. Una de sus manos viajó hacia sus costillas, tomando la mano del genio entre la suya.
―Esto es más que un descuido, Steve. ¿Acaso no había nadie contigo? Esto pudo evitarse. ―El millonario sonaba tan agraviado por la situación que el soldado no pudo evitar una pequeña sonrisa que lo hizo sisear; su labio también estaba roto.
Con algo de tristeza, Steve vio como su esposo se alejaba de él. Tony no caminó en dirección a la puerta como hubiera esperado, sino en dirección al baño. El moreno apareció varios minutos después, se acercó a él y le ayudó a sentarse en la cama. Acarició suavemente su rostro y lo llevó, tomado de la mano, en dirección al baño. La bañera estaba llena, el vapor del agua caliente inundaba el lugar.
Silenciosamente, Tony le ayudó a desvestirse y luego a entrar al agua. No pudo evitar el suspiro placentero que escapó de sus labios al sentir el calor envolver su magullado cuerpo. Se recostó en el borde de la tina y cerró los ojos.
Ninguno de los dos habló. Era una situación extraña. Steve se había acostumbrado a tener a Tony entre sus piernas mientras ambos disfrutaban de un baño caliente. Ahora el moreno estaba arrodillado junto a la bañera, pasando una esponja suavemente por su cuerpo. No era algo extraño; siempre hacían eso el uno por el otro, pero el soldado sabía que Tony no recordaba. Lo había visto en su mirada. Tony estaba preocupado, pero no había recordado su vida juntos.
Olvidando todos sus problemas por unos minutos, se dejó mimar por el moreno.
Cuando el agua comenzó a cambiar a una temperatura que le hizo recordar el frío que tanto odiaba, Tony percibió su incomodidad y le ayudó a salir. Steve no necesitaba su ayuda, después de todo había manejado su motocicleta a través de las calles de Nueva York por sí mismo, pero se dejó ayudar con el fin de mantener la cercanía con su esposo, aunque fuera un minuto más.
•••
Mientras le ayudaba a ponerse pijama, Tony pensó en qué haría después. No sabía exactamente qué decir y no quería arruinar las cosas. Le preocupaba que Steve fuera tan descuidado y algo en el fondo de su pecho le decía que no era un simple descuido. Algo le decía que Steve se había dejado apalear durante el entrenamiento de simulación a propósito. Sin darse cuenta, comenzó a hablar.
― ¿Esto es lo que has estado haciendo cuando no estás aquí? ―Su voz era suave, no quería que su tono fuera acusatorio.
Steve dejó que el moreno acomodara su camiseta antes de asentir.
―Podrías entrenar aquí en la torre. ―Trató de sonar casual. ―A menos que haya otro motivo para salir de la torre durante todo el día.
Cualquiera que no le conociera pensaría que el tono casual y conversatorio de Tony era natural, pero Steve lo conocía mejor. Ese pequeño tinte de celos se dejó mezclar con sus palabras. Natasha tenía razón. Como siempre.
―No entiendo. ¿Qué otro motivo tendría para desaparecer durante todo el día?
A Tony Stark no le gustaban los juegos. Y Steve estaba jugando con él.
―No lo sé, ―tomó su mano y lo llevó a la cama―tal vez un almuerzo con un amigo. Una amiga. Alguien.
El gesto de desagrado en su rostro era imposible de ocultar. Steve sabía que, si implicaba algo que no era, solo por darle celos, Tony daría media vuelta y no lo vería en días. Así que optó por buscar su mirada y cuando eso no resultó, llevó una de sus manos al rostro del genio y le obligó a mirarlo.
―Jamás, Tony. Sé que no lo recuerdas, pero fidelidad es algo que prometí en nuestros votos. Ni siquiera era necesario prometerlo oficialmente. Te amo tanto, Tony. Nunca podría engañarte. Preferiría pasar el resto de mis días en completa soledad antes de hacer algo así. Eres el único para mí. Incluso si me rechazas después de toda esta situación, nunca habrá alguien más. Nunca.
La intensidad de sus palabras y la intensidad de su mirada atravesó su cuerpo con tal fuerza que lo dejó sin aliento. Estaba congelado en su lugar, sentado junto a Steve. No supo en qué momento pasó, pero de pronto Steve estaba secando una lágrima que había bajado por su mejilla.
Sin decir nada, el millonario se quitó los zapatos y los jeans, se metió entre las sábanas y se abrazó al esposo que no recordaba haber conocido.
―Ese resentimiento que Howard causó en mí estaba mal dirigido. Nunca debí odiarte. Debí odiarlo a él por hacer mi vida miserable. Debí enfrentarme a él cuando tuve la oportunidad. ―Steve depositó un beso en su frente, justo en el nacimiento del cabello. ―Es tan estúpido. ― Levantó su cabeza, conectando sus miradas. ―Te amo, Steve.
―Tony…
―Es cierto. ―Lo besó suavemente y volvió a colocar su cabeza en su pecho. ―Este hombre que no sabía ni su nombre, que no sabía nada de nadie; ese yo después del accidente solo sabía que, a pesar de sus miedos, podía confiar en ti. En el fondo sabía que no me harías daño. Y ese Tony sin recuerdos se enamoró de ti.
Silencio inundó la habitación mientras una silenciosa lágrima caía por el rostro de Steve.
―No recuerdo habernos conocido además de cuando desperté en el hospital, con mi mano entre las tuyas. No recuerdo nuestra amistad formándose, nuestras discusiones ni recuerdo la primera vez que me enamoré de ti. Pero sé que te amo. Y no sé si recordaré nuestra vida juntos, pero debemos seguir adelante.
El soldado solo pudo asentir. Tony tenía razón, tenía que dejar de pensar en al pasado y mirar hacia el futuro que tenían por delante. No podía seguir pensando en esos recuerdos, cuando tenía al amor de su vida entre sus brazos y podían crear nuevos recuerdos juntos.
Se sentía feliz de tener una nueva oportunidad, y desolado al perder más de diez años de una vida que su esposo no recordaba, pero Tony merecía ser feliz. Ambos lo merecían. Prometió darse la oportunidad de ser feliz con lo que tenía frente a él.
También se prometió no perder las esperanzas de que, algún día, Tony recordaría.
Espero les haya gustado. No quise poner "Fin" al final de esta historia, porque tengo pensado un pequeño epílogo que espero subir lo antes posible. Aunque ya sabemos que últimamente no he sido muy regular con las actualizaciones.
Creo que no dejé pasar errores ortográficos, pero si lo hice lo siento. Ya saben que después de leer lo mismo tantas veces ya no se ven los errores...
Ya saben que acepto opiniones, ideas, críticas positivas y me encanta leer sus reviews.
Besos.
Bye :D
Sábado 29 de Mayo, 2021.
