Feliz navidad!

He venido a dejarles la última parte de este fic. Sé que la debía, pero créanme que la vida está difícil. La inspiración no viene y no es algo que se pueda forzar, porque las cosas quedan mal.

Había estado trabajando en esta última parte durante los últimos meses, escribiendo un día y dejando de escribir por semanas o meses. Pero lo logré. Hoy que revisé el epílogo me di cuenta que estaba listo desde hace tiempo, solo me faltaba ver detalles.

Espero que les guste y posiblemente leerán algo mío el próximo año.

Disfruten su lectura y felices fiestas :D


Por favor, dime que no lo hicimos

Epílogo


La frase más conocida respecto al tiempo dice que el tiempo es relativo. Y la realidad es, en efecto, que el tiempo es diferente para todos. O al menos su percepción.

Cuando se está en una reunión aburrida el tiempo parece pasar más lento, al igual que cuando se lo está pasando bien el tiempo parece ir más rápido. Aunque no solo el aburrimiento y la diversión cambian la percepción del tiempo.

Si le preguntan a Steve, el tiempo pasó muy rápido cuando estaba en la guerra; también había momentos donde el tiempo parecía detenerse. Para él, el tiempo se hizo infinito durante aquellos primeros dos meses viviendo con un Tony sin recuerdos. Los días se hacían más largos, extenuantes, y durante la noche cada minuto lejos del moreno parecía una eternidad de tortura.

Por otro lado, si le preguntaban a Tony, el tiempo no era un concepto con el cual estuviera familiarizado. El genio podía estar días encerrado en su taller, trabajando para mejorar la calidad de vida de las personas con sus creaciones o modificando su armadura para tener ventajas sobre sus enemigos en una batalla. Los días se juntaban en una masa de tiempo que no parecía tener extensión y su percepción de la realidad a su alrededor se perdía. Tony no notaba la salida del sol, así que los días no pasaban en su mente y solo se daba cuenta que los días habían pasado cuando Pepper lo obligaba a salir del taller.

Durante la última década su percepción del tiempo había cambiado. Tony tenía completa noción del tiempo, del día y la noche. El día comenzaba con Steve besando su cuello, abrazándolo contra su pecho y prometiendo mucho más que un delicioso desayuno. Y las noches llegaban cuando el genio se acostaba en su gran cama junto al soldado.

Para ambos, en una batalla, el tiempo pasaba muy rápido cuando iban ganando y parecía eterno cuando el favor estaba en manos del villano de turno. Y parecía detenerse cuando algún miembro del equipo estaba herido. Esa típica idea de que el tiempo se detiene por completo cuando un arma detona en dirección de un ser querido era totalmente cierta. La adrenalina corría tan rápido por sus venas que todo a su alrededor parecía detenerse, permitiéndoles ver más detalles de la situación y comenzar a cambiar de rumbo antes de que el herido reciba el impacto, alcanzándolos justo antes de caer al piso.

Al menos así había sido para Steve en aquella batalla, cuando Tony resultó herido.

Ahora, cuando Tony estaba aprendiendo nuevamente a ser Iron Man, el tiempo parecía ir a una velocidad normal. Steve ayudaba en lo que podía. Le ayudaba con su entrenamiento dentro y fuera de la armadura. Tony parecía recordar cómo moverse, pero no era más que memoria muscular.

Durante la primera misión luego de que Tony decidió seguir con su vida, Steve estaba aterrado. Los minutos se hacían más que eternos, parecían prolongarse un infinito segundo tras otro. Pero las cosas salieron bien. Nadie resultó herido y el equipo cayó en esa sincronía que habían desarrollado desde Nueva York en aquella primera misión. Steve daba órdenes y los demás seguían sus indicaciones, Tony seguía sus órdenes hasta que no le parecía y hacía de las suyas.

Todo parecía haber vuelto a la normalidad.

•••

Los primeros meses después de su conversación en la cama, Steve estaba inseguro, pero parecía haber recuperado a su esposo en casi todos los aspectos. Lo único de lo que tenía que pensar un poco más era cuando mencionaba su vida juntos durante los últimos años. No quería presionarlo rememorando situaciones que el moreno no recordaba. Hasta que llegó un día en que las cosas se hicieron tan normales que Steve cayó en la rutina nuevamente.

Los días comenzaban abrazados en la cama con besos lentos y caricias suaves; las noches daban paso a conversaciones en voz baja y terminaban en momentos de pasión y besos tiernos antes de dormir.

Todo había caído nuevamente en un ritmo que conocían.

•••

Hoy, casi un año después de aquella misión que terminó en un Tony amnésico, el tiempo pasaba con normalidad. El sol estaba alto en el cielo despejado, las calles de Nueva York igual de ruidosas que siempre y las personas corriendo de un lado a otro como si cruzar la calle fuera el logro más grande de sus vidas.

Steve estaba en la cocina, decidiendo entre una manzana o una ensalada de frutas prefabricada. Como era un super soldado, no necesitaba preocuparse por los excesos de azúcar, por lo que decidió la ensalada de frutas. Cuando su mano tocó la cuchara, la alarma de los Vengadores resonó en todo el piso. JARVIS rápidamente proporcionó imágenes de los nuevos robots que estaban atacando el centro de la ciudad. Steve abandonó su fruta y corrió a prepararse.

Los minutos pasaban rápido a medida que su escudo destruía robots. Cabezas volando en una dirección y cables amarillos chispeando antes de que el resto del cuerpo de robots tocaran el suelo. Steve gritaba órdenes por el comunicador y planeaba estrategias en su mente a una velocidad inalcanzable para un ser humano normal.

El equipo ejecutaba cada una de sus indicaciones y todo iba bien.

De pronto, la situación cambió y todo parecía ir mal. Extremadamente mal.

•••

Tony sobrevolaba el lugar destruyendo robots con sus propulsores y ayudaba a su compañeros de equipo cuando era requerido. La adrenalina de la situación lo inundaba como había ocurrido en cada una de las misiones durante los últimos meses. Desde su posición observaba y ayudaba a Steve con la toma de decisiones, proporcionando información que el soldado no podía obtener desde su posición en el suelo.

La misión casi había terminado. Todo iba bien.

El millonario hacía un último escáner del lugar para detectar si había algún robot funcionando cuando lo vio. Un último robot en perfecto estado tomó un fragmento de metal, probablemente desprendido de uno de los toldos de las cafeterías al costado de la calle, y se acercaba peligrosamente a Steve por la espalda.

Tony gritó por el comunicador y Steve volteó justo a tiempo para ver el robot que se acercaba rápidamente hacia él. Tony vio como el soldado levantó el escudo, pero no antes de que el fierro atravesara su abdomen, saliendo por su espalda. El genio había gritado al tiempo que volaba en dirección a su esposo; sus propulsores no funcionaban correctamente, por lo que no pudo atacar al robot antes de que este lastimara a Steve.

El tiempo enlenteció.

El rostro de Steve cambió rápidamente de sorpresa a su cara de Capitán, para dar paso a un gesto de incredulidad y luego se transformó en dolor. Su rostro se contrajo, sus ojos cerrados, sus dientes apretados evitando abrir la boca para dejar escapar un grito de agonía. Tony pudo ver el momento en que el miedo cruzó los ojos de Steve al tiempo que el soldado lo buscaba en el cielo con la mirada.

Su respiración de detuvo, su garganta se cerró y, sin saber cómo, Tony estaba fuera de la armadura, abrazando a Steve contra su pecho, rogándole que abriera los ojos y que no lo abandonara. Sus manos temblaban, presionando la herida que dejó el robot a su paso, tratando de detener la hemorragia. Sus ojos llenos de lágrimas, su respiración entrecortada y el pánico inundando su cuerpo.

De pronto, el cuerpo de Steve quedó laxo contra el suyo y, en ese momento, las puertas se abrieron y un mar de recuerdos inundo su mente. Sus ojos se desenfocaron y un fuerte dolor de cabeza hizo que el mundo diera vueltas.

Escuchó a lo lejos al resto del equipo antes de que todo su mundo se fuera a negro.

•••

Steve Rogers había sentido dolor durante toda su vida. Había nacido con un número casi infinito de condiciones médicas que le provocaban dolor de una u otra forma. Se podría decir que el dolor era parte de su día a día.

Uno de los dolores más grandes que había sentido fue cuando sus huesos crecieron dentro de la máquina que lo convirtió en Capitán América. Pudo sentir como sus huesos crecían y sus músculos se estiraban bajo su piel, la forma en que su caja toráxica creció para darle espacio a los agrandados y sanos pulmones. Nunca le había contado a nadie, pero, durante los primeros meses, todo su cuerpo parecía un nervio expuesto. La simple acción de vestirse era una tortura. Sus receptores nerviosos estaban tan "nuevos" que no parecían acostumbrarse al roce de la tela. Pero Steve Rogers, chico escuálido y enfermizo de Brooklyn, estaba acostumbrado al dolor. Así que guardó el secreto.

El dolor que sintió cuando Tony no lo reconoció en esa cama de hospital fue diferente. Ya había sufrido y sentido como si le arrancaran una parte del corazón cuando murió su madre; conocía la pérdida de un ser amado. Esto fue mil veces peor. Ver el miedo y la falta de reconocimiento en los ojos de Tony fue como si le arrancaran el corazón y pusieran una bomba en su lugar. Una bomba que no estallaba, pero lo mantenía con vida y en un infinito dolor e incertidumbre al no saber cuándo lo mataría. Era un tipo diferente de dolor. Era algo que empezaba en su pecho, pero no en la carne propiamente tal. Era un dolor en el alma que iba creciendo hasta derramarse, para finalmente inundar su cuerpo.

La barra de hierro que atravesó su abdomen no era nada comparado con perder a su esposo. Sí, había dolido como si su abdomen hubiera sido atravesado por un fierro, porque así había ocurrido, pero se recuperaría. Siempre se recuperaba. No era algo excesivo. Steve estaba acostumbrado al dolor físico.

Ver el rostro de Tony al salir de la armadura y sobre el suyo cuando lo abrazó… eso fue otro tipo de dolor.

Algunas personas pierden el conocimiento al alcanzar el umbral del dolor. Es como si el cerebro se desconectara del cuerpo para no sentir dolor, pero Steve no tenía esa suerte. Todo se fue a negro cuando escuchó los ruegos de Tony y, finalmente, la pérdida de sangre fue demasiada para seguir despierto. Pequeños regalos de la vida.

•••

Tony odiaba los hospitales. No necesitaba sus recuerdos para saber eso, lo había sentido cuando despertó con la mente en blanco en medio de máquinas y olor a antiséptico.

Ahora que recordaba todo, y había cometido el error de mencionarlo al despertar, lo tenían encerrado en una habitación mientras le hacían preguntas, porque no podían meterlo a una máquina sin correr el riesgo de dañar el reactor. Así que estaba atrapado respondiendo preguntas como si fuera un criminal. Había una luz blanca y todo el asunto.

Dos horas de preguntas y un par de doctores satisfechos fue lo único necesario para darle el alta.

•••

Tony realmente odiaba los hospitales. Siempre le habían molestado; el olor, los colores, el ambiente de tristeza en las salas de espera. Comenzó a odiarlos aún más cuando tuvo que hacerse ver por el reactor. Y los odió un poco más cuando Clint fue herido por primera vez. No que Clint fuera especial; sí, era un buen amigo y le llevaba el ritmo con su humor cínico y el sarcasmo volaba entre ellos, pero verlo envuelto en vendas y yesos fue algo que no le gustó. Clint era parte del equipo, era como parte de su familia desde el mismo comienzo, y cada vez que él o alguno de los otros miembros de su familia resultaba herido y en el hospital, Tony odiaba el sitio un poco más.

Pero nada se comparaba con el odio que sentía en este momento.

Steve estaba en la cama de hospital. Se veía tan pequeño e indefenso. Tan vulnerable. Su rostro era sereno y parecía dormir, pero Tony sabía que no era así. Steve estaba bajo la influencia de un poderoso cóctel de narcóticos que Bruce había desarrollado para Steve. Una cosa era dejarlo inconsciente con un tranquilizante que solo lo dejaba KO por un par de horas; se necesitaba una mezcla especialmente potente y especial para mantener al soldado inconsciente para una cirugía y su posterior recuperación.

Tony sabía que cuando despertara estaría probablemente recuperado de sus lesiones superficiales, pero él había visto la herida en primera fila. Steve necesitaría una semana para sanar y no podían tenerlo dormido por tanto tiempo. Tendrían que despertarlo dentro de una hora o dos para que su cuerpo no generara resistencia a la mezcla que habían creado.

Otra cosa que Tony odiaba de los hospitales era el silencio. Odiaba poder escuchar sus propios pensamientos y el pitido de las máquinas conectadas al paciente de turno. Siempre que alguien del equipo iba a parar al hospital Tony pedía el área privada. Y el silencio era aún más ensordecedor. Podía escuchar las respiraciones de Steve y se quedó ahí por varios minutos sin pensar en nada, mirando a la pared frente a él.

•••

No estaba seguro si habían pasado horas o minutos, pero pudo notar el momento exacto en que los latidos de Steve cambiaron. El sonido de la máquina más acelerado. Se acercó a él un poco más y tomó su mano entre las suyas.

Poco a poco los ojos del rubio de abrieron y se dirigieron a su esposo. Un gesto de dolor se escapó de su control y Tony lo notó, pero no había nada que pudiera hacer. La morfina no le hacía efecto debido a su metabolismo acelerado.

―No puedes hacerme esto otra vez. Sabes que odio los hospitales. ―Reclamó el moreno, dejando salir un poco de su frustración y tratando de no demostrar lo asustado que estaba por la situación.

Steve sonrió.

―Lo prometo. ―Su voz sonaba algo rasposa y Tony se levantó a buscar un poco de agua.

Una vez que le ayudó a beber algo de agua, decidió volver a hablar.

―La primera vez que te vi en una cama de hospital fue terrible, Steve. Y en ese entonces ni siquiera estábamos juntos. Por eso tienes prohibido que los edificios te caigan encima. ― Trató de mantener una actitud desinteresada.

Steve aún estaba un poco atontado por la anestesia, pero luego de un par de momentos lo que dijo su esposo le hizo sentido.

―Tú… Tony.

Una sonrisa gigante apareció en el rostro de Tony, una interrogante en la mirada del soldado. El mecánico asintió y con esa confirmación, olvidando rodo el dolor que sentía, Steve se levantó un poco y lo atrajo hacia él con una mano en la nuca. Tony respondió gustosamente al beso lleno de alivio y felicidad de su esposo.

La situación no era la ideal, pero Steve estaba feliz de que, por fin, luego de casi un año, el Tony con el que se casó volvió a él. No importaba si se había enamorado de la nueva versión de su esposo, era bueno saber que ambos tenían los mismos recuerdos de su relación. Saber que, por fin, Tony se sentiría completamente seguro a su lado. Por fin las dudas que tenía sobre él se disiparían y todo volvería a la normalidad.

No se podía decir que sus vidas eran muy normales, pero volver a la normalidad que tenían; salvar el mundo, amarse, discutir por tonterías y repetir todo lo anterior.

•••

Una vez más el tiempo pasó diferente.

Tony no supo cuánto tiempo pasó mientras besaba a su esposo, pero cada segundo valía la pena. Recordar todos aquellos besos que habían intercambiado antes… no entendía como pudo conformarse con no recordar. Cada uno de esos momentos era inolvidable y rogaba no volver a olvidarlos. No volver a olvidar a su Steve.

FIN.


Sábado 25 de Diciembre, 2021.