Cuando el dialogo aparezca —"Así mero" es que Sasuke está empleando el lenguaje de señas.
|37.2|
El final del camino
.
Sakura
.
Al despertar lo primero que vi fue a alguien de pie al lado. Aturdida, me topé con Ryu-san frente a mí y la desesperación inicial que experimenté al pensar que estaba en peligro, se apaciguó, sobre todo porque había estado huyendo de los guardias de Neji y estaba alerta. Quise llorar de alegría y agradecimiento, si él estaba ahí quería decir que me encontraba a salvo... ¿o no? Pronto recordé que Ryu-san era parte de los yakuza y por un momento entré en pánico.
Pero algo en su mirada hizo que desistiera de mi idea. Se veía preocupado.
—Sakura ¿Cómo te sientes? —cuestionó.
Me percaté de que estaba acostada en una cama y él sentado en la orilla. Intenté incorporarme sólo para notar que me dolían las piernas, solté un leve quejido y las froté ligeramente.
—¿Te lastimaron? —Ryu-san de inmediato reaccionó y se acercó dispuesto a jalar la sábana que me cubría, pero lo pensó—. Llamaré a alguien para que te revise.
—N-No, no me lastimaron... que yo recuerde —murmuré negándome.
Intenté hacer memoria, todo era tan confuso después de que Takeshi me dejara inconsciente. Encerrada en sueños desagradables y memorias que carcomían mi alma, fue lo único que me centré. Fuera de eso lo demás no importó.
—Seguramente son mis músculos quejándose de que ayer corrí demasiado para huir. —Mi explicación logró hacerlo desistir de revisar, pero sus ojos pasaron de mis piernas a mí y frunció el ceño.
—¿Estás completamente segura?
—Sí, no tiene de qué preocuparse —aseguré un poco más lucida.
Miré a mi alrededor sin disimularlo. La habitación era relativamente grande con exquisitos muebles y una decoración singular. Las paredes color ocre le daba un aire de vida y los recuadros en la pared un toque elegante. La cama en la que estaba acostada también tenía un tamaño considerable, las sábanas eran muy suaves.
Y Ryu-san parecía impaciente. Bajé un poco la vista y suspiré.
—¿No vas a preguntar dónde estás? —preguntó él enarcando una ceja al percibir mi tranquilidad.
Sonreí un poco.
—¿Debería? —Le devolví la pregunta—. Tengo el presentimiento que me salvó de los Hyūga... de nuevo.
—Espero que no haya una tercera —advirtió levantándose. Lo observé moverse a la mesa del centro por un vaso con agua que me entregó pidiéndome en silencio que bebiera, lo obedecí y bebí sin dudarlo.
Luego me quedé en silencio sosteniendo el vaso entre mis manos, apretándolas ligeramente sin saber cómo agradecerle. ¿Extender una dedicatoria? Sin embargo, en ocasiones las palabras más simples eran las más eficaces y esta ocasión ameritaba algo desde lo profundo de mi corazón.
—Gracias por salvarme —expresé con toda mi sinceridad. Ryu-san no apartó la mirada de mí lo cual me puso un poco nerviosa al no saber sus pensamientos. Él entrecerró sus ojos y un destello peligroso pasó sobre ellos, tragué grueso al intuir un regaño.
—Sakura. Tuviste la osadía de mentirle a tu madre —Sí, supuse que lo que diría se relacionaba con la cuestión de que les oculté que Neji me amenazaba. A estas alturas supuse que lo sabía todo— y no sólo a ella, también me mentiste a mí.
Respingue agarrándome con la guardia baja. Eso no me lo esperé.
—Discúlpeme por lo que voy a decir, pero no le incumbe lo que suceda conmigo —dije sabiendo que quizás perdería su favor, pero la duda me estaba matando—. ¿Por qué se esfuerza tanto por protegerme? A quién debería proteger es a Sasori, él es su hijo biológico.
Sus ojos verdes permanecieron serenos. De pie a un lado de la cama lo meditó unos segundos menos de lo que pensé. Llevó una mano a su cadera y la otra hizo un ademán algo complicado al alzando un dedo.
—Primero: Sasori no está en la mira de los Hyūga, por lo que el peligro con él es menor que el tuyo —Estuve a nada de replicar, pero escuché la segunda parte de la oración que me obligó a callar—. Y segundo: eres una mujer y créeme cuando te digo que el sector femenino no le va bien una vez que cae en manos de ese clan.
Obtuve un escalofrío y mi mente prefirió no divagar en lo que sucedía con las mujeres bajo el poder de los Hyūga, una vaga idea me hizo asquearme e infundir temor en cada parte de mi ser. No toqué esa parte, pero tampoco desistí.
—Tengo la sangre de Kizashi ¿lo odia, no es así? —Atiné, y logré ver una chispa de rencor en sus pupilas al escuchar ese nombre—. Aborrece al hombre que le robó el amor de la mujer que ama ¿no es suficiente para odiarme a mí también?
Permaneció callado y tuve la sensación de que no encontraría una respuesta sincera a mi pregunta. Por supuesto qué él debía mantener cierta distancia, aunque desde antes sabía de quién yo era hija no fue impedimento a seguir ayudándome. De mamá lo comprendía perfectamente, de Sasori igual, pero ¿yo o Karin? En algún momento sacaría sus verdaderas intenciones.
Ryu-san suspiró quedamente, y manteniéndose firme dijo sin dudar:
—Eres la hija de Aria, eso es lo único que me importa.
Me quedé paralizada en mi lugar y mis pensamientos rebotaron. Alcé la vista hasta toparme con su rostro que permanecía completamente serio, sin rastros de mentira alguna. La sinceridad destilaba en su expresión y parecía intentar convencerme de sus palabras. Tragué grueso el nudo que se formó en mi garganta y retuve la sonrisa que amenazó mis labios.
Con qué por ser hija de Mebuki ¿eh? Este hombre amaba tanto a mi madre que llegaba a estimarnos a Karin y a mí a pesar de ser hijas de Kizashi, dentro de mí me alegraba que mamá tuviese a alguien como él. Sin duda alguna Ryu-san no la maltrataría como lo hizo Kizashi, una nueva vida se extendía bajo sus pies y está vez nada se interpondrían entre ellos. Recé para que fuera así, mamá se merecía toda la felicidad del mundo.
—Ya veo —susurré apartando el rostro para que no me viese sonreír.
La puerta fue tocada un par de veces y él concedió el paso, cuando se abrió se reveló la figura de una señora mayor, su rostro cubierto de pocas arrugas y un pulcro cabello café agarrado firmemente en un chongo; sus ojos verdes claros se fijaron en nosotros y una sonrisa amable destelló en sus labios.
En sus manos traía una mesita repleta de comida cual le fue quitada de sus manos por Ryu-san.
—Mitsu ¿Cuántas veces te he dicho que no es necesario que hagas esto? —reprendió él un poco más suave que de costumbre.
La señora, Mitsu, se rio quedamente y le quitó la mesita de las manos.
—Aún tengo fuerzas, Ryuichi-sama —reprendió ella. Se acercó hasta la cama y colocó sobre mis piernas la mesita suspendida. Me sonrió con calidez—. Mi nombre es Mitsu y estoy para lo que necesite. Primero debe comer señorita Sakura, recuperar fuerzas es vital.
—Te dije que le trajeras algo de pizza o mariscos. —De pronto apareció Ryu a sus espaldas mirando escéptico la comida en la mesita. A mí me pareció normal, parecía ser una especie de caldo y guisado de verduras hervidas. Él lo señaló— ¿Qué tal si es alérgica a las verduras?
—La pizza no le ayudará a recobrar fuerzas —dijo ella dedicándole una ligera mirada de reprensión—, se ve un poco baja de peso y en cualquier momento se desplomará.
Ryu-san no rebatió tras ese argumento, se quedó en silencio.
—Le buscan en la sala principal —avisó Mitsu sentándose en la orilla de la cama anunciando silenciosamente que me haría compañía—. Es mejor que atienda sus asuntos urgentes, se ha ausentado varios días.
Y mientras comía, giré mis ojos de Ryu a la señora Mitsu que se mantuvo erguida y serena ante la mirada de reproche que le lanzó él. Ver emociones y expresiones en el rostro de Ryu-san me pareció... extrañamente bien. Normalmente tendría una mirada serena y pulcra, nada le perturbaba demasiado. Pero ahora parecía un joven bajo las enseñanzas de una abuela ¿o sería mi imaginación?
Se resignó pronto.
—Volveré en unos minutos para irnos —dijo Ryu-san específicamente a mí.
—¿Tan pronto? Será mejor que antes se dé una ducha para recobrar el espíritu. —Mitsu ladeando un poco el rostro—. Una vez que descanse lo suficiente pueden irse.
—... —Ryu-san le dedicó una mirada entrecerrada que parecía resignada—. Bien.
¿Bien? ¿¡Bien!?
Quedé boquiabierta cuando él partió y miré a Mitsu ¡Está mujer tenía el control!
—Anda niña, come que se enfría. —Me alentó volviendo a mí con su sonrisa gentil.
—¡Oh, sí!
Me apresuré a beber del caldo tan exquisito que en todo el rato me pregunté si podía replicar el sabor. A cada bocado mis fuerzas se renovaban y cuando acabé y no vi nada en los platos me di cuenta de que debí estar muy hambrienta para terminar la porción. Normalmente sólo probaría uno o dos bocados y lo dejaría ahí.
Fue tan rápido que me apené por mis modales, seguramente parecí tan desesperada por un bocado, pero Mitsu no dijo nada. Siguió con esa misma sonrisa y sin dejar de observarme, no me incomodó, al contrario, el que tuviera su compañía me daba una sensación de paz y tranquilidad. En algún punto sentí que me observaba fijamente, como si estuviera buscando algo en particular.
—¿Es alguna familiar de Ryu-san? —pregunté de pronto al recordar su intercambio de palabras y parecían tan cercanos, aunque pronto recordé mi descortesía por intentar indagar algo tan íntimo y me apresuré a disculparme—. No... perdóneme, no es de mi incumbencia.
Mitsu cerró los ojos acentuando su sonrisa.
—En lo absoluto señorita. No somos familia de sangre —dijo respondiendo mi pregunta, se inclinó a apilar los platos vacíos, uno sobre otro sin dejar de hablar—. Soy la prima del antiguo jefe del clan, me quedé bajo las órdenes de Ryuichi-sama cuando mi primo murió y desde entonces le he servido, actualmente manejo esta mansión.
—Oh. —Fue lo único que pude decir. Ciertamente apenas me enteré de que Ryu-san era un yakuza, menos sabía del tema como el antiguo jefe del clan.
—Pero no le tema Ryuichi-sama por ser el jefe, es benevolente a su manera. No lo demuestra a menudo en nuestro entorno —dijo excusándolo, me pareció más una madre intentando explicando el carácter de su hijo.
Mitsu levantó la mesita y la dejó sobre la cómoda de al lado. Después se giró a mí extendiéndome un par de piezas de tela, me di cuenta que era ropa y la tomé por reflejo.
—Vamos, la guiaré al baño.
La amabilidad de la mujer me reconfortó en medio de un lugar desconocido. Al salir por el pasillo no nos topamos con nadie, me pregunté si acaso nosotras estábamos en el lugar —que llamó mansión y me pregunté qué tan grande sería—, pero Mitsu pareció notar mi pregunta muda y dijo que Ryu-san ordenó que nadie además de ella se acercara al pabellón.
—No quiere que sus presencias la incomoden —explicó.
Sonreí un poco sintiéndome extraña. ¿Esta era la sensación de acobijo cuando alguno de tus padres hacía algo que te llenaba de calidez? Si era así no se parecía nada en cuando mamá lo hacía, más bien, esta protección era más paternal. Muy diferente. Me pregunté si así se hubiera sentido si Kizashi me quisiera como su hija, lamentablemente compartíamos la sangre, pero no los lazos afectivos.
Al pasar por una intersección me pareció ver del otro extremo una figura familiar. Un hombre azabache que portaba una bufanda caminaba en sentido contrario. Alguien lo llamó a su costado y él ladeó la cabeza. Un momento ¿Era el papá de Sasuke, Fugaku-san? ¿Qué hace aquí?
Pasmada, me detuve en seco sin quitarle los ojos de encima. Mitsu notó que la dejé de seguir y también se detuvo, no preguntó que sucedía simplemente siguió la dirección de mi mirada y se topó con Fugaku-san que hablaba con un chico de cabellera café.
—Oh ¿conoces a Uchiha-san? —inquirió sin esperar respuesta. No me atrevía a asentir pues conocerlo como tal... era una mentira, solamente por fotografías de periódicos viejos y un encuentro casual predeciría.
Al parecer Fugaku-san sintió nuestras miradas desde la distancia, pues giró más la cabeza hasta toparse conmigo. Desde ahí me regaló una tenue sonrisa y un saludo con la mano. Torpemente se la regresé todavía anonadada de encontrarlo ahí, muchas preguntas inundaron mi mente, pero no tuve tiempo de analizarlas debidamente ya que el joven a su lado le apresuró en seguir su camino y se alejaron.
También retomamos nuestros pasos unos metros más hasta que Mitsu señaló la puerta del fondo indicando que era el baño que podía utilizar. Agradecí su hospitalidad y al entrar casi me voy de espaldas ¡Este baño era del mismo tamaño que la sala del departamento de Itachi!
—Por cierto ¿sabe cómo se encuentra Falcor? —La detuvo cuando estuvo a punto de irse. Recordé al albino que me ayudó esa vez, el nudo de mi garganta fue intenso al considerar que él...
Para mi alivio, Mitsu asintió y sonrió. Su gesto no podía significar nada malo ¿verdad?
—No se preocupe por él, su herida no fue tan grave y se está recuperando. La dejaré sola para que se bañe.
Y desapareció, no pasó desapercibido de mi intuición que seguramente se fue para evitar responderme cuestiones de las que no debía saber; arrugué el ceño dejando de lado por el momento mis especulaciones. Había tenido suficiente por estos días.
La tina estaba llena, fue cuestión de quitarme las prendas sucias y sumergirme en el agua tibia. Mis músculos agradecieron que los relajara, mojé pausadamente mi cabello intentando serenarme. Desde que desperté aquí omití mi desesperación y angustia, encerré en lo profundo de mi mente el pensar en las consecuencias que Ryu-san me haya rescatado. Neji no tardaría en movilizarse e ir contra mi madre y hermanos; una parte de mí se aterraba a lo que vendría, pero la otra parte parecía confiar en que Ryu-san buscaría la manera de que los Hyūga no pudieran hacernos daño.
Quizás por eso mi desesperación tardó en manifestarse. La mantuve a raya mientras apoyaba mi cabeza en la tina y observaba fijamente el techo. ¿Y ahora que seguía? ¿Debía decirle a Ryu-san del CD?
—Por supuesto, no es una pregunta que deba hacerme —susurré cerrando los ojos. Él me salvó y lo menos que daría como pago sería esa información, agradecí que el e-mail que escribí antes para Sasuke no se haya enviado. Hubiera sido muy dramático.
Agité furiosamente mi cabeza, suficiente. No pensaré en nada por el momento, este es mi momento de serenar mi mente y alejar momentáneamente los problemas, la ansiedad y la tristeza; ahí estarían en un rato cuando volviese a enfrentar a la realidad, oprimiéndome severamente. Pero ahora no, me merecía este instante.
Sólo necesitaba unos minutos de paz...
Sólo unos cuantos.
—Señorita Sakura.
Dejé escapar el aire que retuve, largamente y resignada de encontrar sosiego. Cerré los ojos ¿a quién tengo que matar para conseguir un miserable momento de calma alejada de mis tormentos? Sin abrir mis ojos pregunté un poco más alto:
—¿Sí?
—¿Ya está lista? Necesita salir de inmediato.
Su tono urgente me alertó.
—¿Ocurrió algo?
—Es mejor que salga primero.
No tan convencida tomé la toalla y rápidamente sequé mi cuerpo. A tientas me coloqué el conjunto de ropa que Mitsu me dio, apenas le di una mirada al espejo del baño y asegurarme que todo estaba bien puesto. También me entregó la bufanda que Fugaku-san me dio. No me molesté que secar debidamente mi cabello y pasé rápidamente el peine.
Al abrir la puerta la señora Mitsu se encontraba ahí, parecía un poco preocupada. Lo que me impactó fue encontrarme a Ryu-san, de espaldas con el celular contra la oreja alcance a escuchar algo relacionado con que no se escatimaran los gastos, él los pagaría.
—¿Qué sucede? —cuestioné cada vez más nerviosa.
Antes de que ella me contestara, Ryu-san se giró a mí terminando la llamada. Sus ojos urgentes me traspasaron el alma, y las palabras que dijo desmoronaron la poca tranquilidad que había acumulado desde que desperté:
—Aria está en el hospital. Debemos ir de inmediato si queremos verla antes de que la operen.
Definitivamente mi paz estaba lejos de vislumbrarse.
No esperé a que Juugo estacionara correctamente el automóvil, apenas vi las puertas del hospital y la velocidad disminuir, salí disparada por la puerta ignorando el llamado de Ryu-san que tuviera cuidado. Traspasé las puertas entre abiertas y evadí a los pacientes y doctores que deambulaban por la recepción, me abalancé a la barra asustando a la enfermera.
Traté de controlar mi respiración errática.
—Mi... madre está hospitalizada... Se llama Aria, Aria Mebuki —dije con toda la prisa que mi respiración me permitió, mis piernas temblaron y tuve que ganas de apresurar a la enfermera que parecía moverse con extrema lentitud ¡A este paso no la vería a tiempo! —. Enfermera-
—¡Sakura!
Giré a dirección dónde escuché la voz de mi hermano, lo encontré apresurándose por uno de los pasillos laterales. Detrás de él venía Madara-san y...
Sasuke.
Se secó mi boca al reconocerlo, nuestros ojos se encontraron por unos breves segundos antes de que Sasori se interpusiera en mi campo de visión y me hizo desplazar el impacto de verlo. Mi mente únicamente ocupaba en que viese lo antes posible a mamá.
—Hermano ¿Dónde está mamá? Necesito verla —le rogué cuando llegó a mi lado abrazarme y decirme que le alegraba verme. La desesperación en mi voz se filtró sin piedad, incluso el temblor me delató.
—No te desesperes ¿Dónde está Ryu-san? —preguntó al no verlo a mi lado—. Él también debe venir.
No fue necesario responder, él apareció casi corriendo por las puertas automáticas, nos localizó de inmediato y no dudó en acercarse.
—Sasori ¿Cómo está Aria?
Hasta ese momento se me olvidó preguntar lo más importante, pero estaba tan desesperada por ver a mamá que me parecía una eternidad la conversación, manifesté mi emoción al insistirle a su vez. Sasori se veía igual de afectado y lamenté esto, pero en verdad necesitaba ver a mamá. Me estaba carcomiendo la culpa y el dolor, no soportaría que algo le sucediese.
Sus ojos cafés reflejaron tanta preocupación.
—Vamos primero, les diré en el camino.
Nos guio por el otro pasillo. Recordé fugazmente que Sasuke se encontraba ahí y solamente atiné a mirar un poco sobre mi hombro. De nuevo me crucé con su mirada penetrante, no me atreví a sostenerla por más de unos segundos y regresé mi vista al frente, apretando las manos. ¿Por qué está aquí? Quise preguntarle a Sasori, pero preferí callarme, no era el momento.
En el camino nos explicó que mamá fue ingresada urgentemente debido a que su presión se alteró al punto que uno de sus vasos sanguíneos dañados terminó con una rasura provocándole vomitar sangre, pudieron controlar el principio de la hemorragia momentáneamente, pero necesitaban operarla para restaurar el vaso sanguíneo. Estaban preparando el quirófano en estos momentos y no tardarían en transportarla al quirófano. Sasori ya había firmado los papeles del permiso.
Mi cuerpo tembló al escuchar que tendría que ser operada.
—Sólo cuentan con unos minutos —dijo Anko cuando la encontramos frente a la habitación de mamá—. Apresúrense.
Rápidamente nos colocamos las batas azules y cubrebocas que nos extendió a cada uno. Fui la primera en colocarlo y entré apresuradamente. Karin ya se encontraba adentro junto a mamá, mi corazón se detuvo en el instante que vi a mamá recostada en la camilla, sus ojos hundidos y con bata azul, apenas hablaba con mi hermana.
Karin tenía los ojos húmedos. Al notar mi presencia paralizada se giró a mí sonriéndome un poco, mescla de felicidad y alivio de verme, pronto me hizo acercarme.
—Mamá, Sakura está aquí —dijo ella cuando llegué a su lado.
Mamá, que tenía los ojos cerrados, los abrió con dificultad y agitó un poco su cabeza a mi dirección. La tomé de la mano y la coloqué en mi mejilla. Inevitablemente mis ojos se humedecieron.
No, no debía llorar frente a mamá. Debía mostrarme fuerte.
—Mi niña... —Susurró, ella si lloró silenciosamente—. Mi niña, estás aquí... —Con esfuerzo estiró su otra mano y acarició mis cabellos.
—Sí mamá, estoy aquí —dije ahogando mi voz—. He vuelto, así que no debe preocuparse por nada más.
—No... ahora no estoy preocupada ahora que estás lejos del peligro —aseguró con firmeza detrás de su voz cansina.
Sin dejar de mirarme se topó con Sasori que estaba a mi lado, únicamente se veían sus ojos y se bajó el cubrebocas. Tomó la otra mano que mamá le ofreció y la apretó un poco.
—La estaremos esperando en la sala general, todo irá bien —dijo él.
Sí, todo iría bien. Me convencí y asentí apoyando sus palabras. Incluso Karin, que parecía llorar en silencio lo hizo. La mirada que nos dedicó mamá me rompió el corazón y mi propio semblante flaqueó, parecía como si nos estuviese observando por última vez, y lo comprobé cuando me pidió que descubriera mi rostro. No dudé en hacerlo, a cada quién nos admiró unos segundos.
No quería pensar. No quería analizarlo. No quería imaginarme que mamá se despedía de nosotros. No, no ¡por supuesto que no! Me niego a pensar que esos eran sus pensamientos, ella estaría bien. La veríamos de nuevo en unas horas.
—Mis niños... si algo sale mal en la operación...
Cerré los ojos conteniendo mis lágrimas. Sabía que estaba pensando en esa posibilidad que yo no consideraba.
—... Recuerden esto, por favor —nos pidió tomando nuestras manos poniendo una sobre otra, el resultado fue que mis hermanos y yo teníamos nuestras manos entrelazadas. El calor de sus manos traspasó mi piel—. Ámense y jamás peleen entre sí porque solamente se tendrán entre sí, el que sean de diferentes padres no significa que no sigan siendo hermanos.
Sus manos perdían fuerzas, hacia un enorme esfuerzo bajo la anestesia que le aplicaron.
—Sakura —respingué al escuchar mi nombre—, tus hermanos siempre te apoyarán, no sigas ocultándoles cosas pensando que es por su bien. No puedes cargar con todo por ti sola, es bueno compartir la carga.
Aquellas palabras cansinas y plagadas de desesperación calaron en mi ser. Únicamente pude asentir sin parar prometiéndole que no volvería a hacerlo, que no la engañaría de nuevo pero que no siguiera despidiéndose.
—Tengo qué, mi niña —susurró gentilmente—. Karin... no guardes silencio en tus emociones, sé que te afecta demasiado mi enfermedad. No pares... no desista de tu sueño. —Mi hermana emitió apenas un "Sí" absorbiendo por su nariz que moqueaba y no lo disimuló—. Y Sasori... gracias por cuidar de tus hermanas... sigue haciéndolo en el futuro.
—Lo prometo, madre —asintió. Al contrario que nosotras, Sasori se mantuvo firme y apretando los labios, aunque sus ojos parecían cristalizarse a cada palabra que decía mamá no lloró. Apretó su mano con la de nosotras—. Seguiré cuidando de ellas.
Mamá pareció satisfecha, sonriéndonos débilmente. Entonces estiró su mano al frente. Hasta ese momento Ryu-san había guardado silencio frente a la camilla, observándonos sin reparos.
En cuanto mamá hizo ese gesto, no dudó en pasarse al otro lado y tomar de su mano como si fuera una delicada flor. Tenía descubierto el rostro, sus labios tocaron el dorso de mamá y una línea fina sustituyó sus labios curvados.
—Aria... —dijo él y noté la impotencia en su voz.
—Ryuichi-kun, gracias por dejarme ver a mi Sakura una vez más, gracias.
Y por fin lloró silenciosamente. Ryu-san negó con la cabeza y dijo que no debía agradecerle, que volvería a salvarme o a mis hermanos siempre que estuviéramos en peligro. Entonces mamá guio la mano de Ryu-san sobre la de nosotros que seguían entrelazadas. Nos miró a los cuatro y nos regaló una sonrisa genuina sacando fuerzas de dónde no tenía.
—Ustedes cuatro... son las personas más importantes de mi vida —aseguró con voz temblorosa—. Los amo.
—Mamá —gemí por debajo, no quería pensar que se despedía.
—Todo estará bien mis niños —aseguró en medio de un susurro cerrando los ojos de cansancio.
Tuvimos que dejarla porque las enfermeras llegaron y nos pidiendo espacio, el quirófano estaba listo. Nos hicimos a un lado, Karin rodeó mis hombros con sus brazos en un fuerte abrazo presintiendo que mis piernas flaqueaban a medida que veía como preparaban rápidamente a mamá.
—La llevaremos a quirófano —indicó una de las enfermeras.
—Espere un segundo. —Ryu-san las detuvo.
Se acercó por un costado a la mano que extendió mamá a su dirección en el último momento, llamándolo con cierto desespero. Desde ahí no pude escuchar que le susurró mamá cuando él se inclinó de cerca. Ryu-san apretó los labios y asintió sin vacilar acariciando con anhelo su rostro, entonces bajó sus ojos y unió fugazmente sus labios con los de mamá. Mi corazón latió de dolor al ver la agonía en las pupilas verdes de Ryu-san cuando se separó y finalmente la camilla desapareció por la puerta.
Froté mi rostro tratando de contener mi llanto por el sentimiento. Mamá estaría bien, mamá...
—Respira, Sakura —Me pidió Karin frotando mis hombros. Apenas me percaté de que comencé a respirar erráticamente—. Mamá estará bien.
Asentí y cerré los ojos. Lo único que deseaba era tener de nuevo a mamá sonriéndome desde el sillón mientras tejía una bufanda, de la comida exquisita que preparaba por las noches y yo apenas probaba bocado, pero lo poco que comía lo disfrutaba porque era cocinado por ella.
Recé en silencio a que la operación fuera un éxito.
Sasuke
.
Las horas pasaron lentamente en un suplicio.
Me quedé sentado entre las sillas de la sala de espera de cuidados intensivos. Era un espacio tanto reducido que apenas cabían diez personas. Las primeras hileras eran ocupadas por los hijos de Mebuki-san, Ryu-san y mi mamá, entre ellos platicaban en voz baja o permanecían en silencio entre ratos. La única que no se movió de su lugar fue Sakura, acurrucada en la silla pegada a la pared con una chamarra sobre su cuerpo y una bufanda cubriendo la mitad de su rostro.
Sus apagados ojos verdes no se movieron del suelo, permanecieron ahí incluso después de que hiciéramos contacto visual por tercera vez, a pocos metros de distancia. Yo me coloqué en una silla que quedaba estratégicamente frente a ella, con sólo inclinarme un poco alcanzaría el borde de su silla.
Desde que me senté frente a ella nos dedicamos a observarnos un momento, libre de todos nuestros sentimientos negativos. Entre nosotros surgió un silencio táctico y ninguno habló —por parte de Sakura ella seguía pensando en mi mudez—. Intenté pensar en las palabras adecuadas para hablarle y hacerle saber que estoy aquí para ella, pero nada salió de mis labios y permanecí callado, tampoco quería atormentarla más con la carga emocional que tenía ahora.
Sólo pude mirarla fijamente y luego liberarla de mi presión, terminé en una posición incómoda, pero me daba la libertad de entornar un poco los ojos y estar al pendiente de ella. No se movió más que para suspirar y hundirse más en el suéter.
Regresaba del baño cuando me topé con Madara en la entrada de la sala. Traía entre sus manos varios cafés humeantes.
—Sasuke ¿Quieres café? —me preguntó extendiéndome un vaso con el famoso café el hospital ¿Cuándo fue la última vez que lo probé? Agradecí con un gesto, cuando vi que se giraba en dirección a Sakura para ofrecerle uno rápidamente tomé de su mano—. ¿Eh?
Negué con la cabeza y le quité el café de su mano.
—Yo se lo doy —le susurré apenas audible.
Me alejé antes de que me dijera algo más. Enfoqué mi vista en Sakura y dudé unos segundos antes de tomar el aire necesario y acercarme a su lado. Me senté en la siguiente silla y ella apenas movió los ojos, cuando me vio rápidamente apartó su vista y se encogió más de hombros.
Sin palabras de por medio le tendí el café, Sakura le dio un vistazo.
—... Gracias —murmuró con voz muy débil. Agarró el vaso con cuidado de no hacer contacto con mis dedos y se contrajo más en sí. Una parte de mi corazón se quebrantó al verla así, hecha un ovillo y unas inmensas ganas de abrazarla me invadieron. Tuve que apretar mis manos y controlarme para no hacerlo, en cambio, llevé el vaso a mis labios.
Advertí de sus movimientos sin girar completamente mi rostro. Ella sopló ligeramente el café y bebió un poco sosteniéndolo con ambas manos, después de juguetearlo un momento, dejó el vaso en el soporte de la silla y volvió a su misma posición.
Fruncí el ceño al verla temblar.
Sin decir nada más me alejé en busca de una máquina expendedora, regresé a los pocos minutos cargando conmigo uno de esos panqueques que le gustaban demasiado. Confíe en que aún los comiera después de estos meses. Esta vez me planté frente suyo y se lo extendí. Sakura alzó de sopetón la vista y sus ojos se engrandecieron.
—... No es necesario que hagas esto —dijo ella con el mismo tono y evadiendo mis ojos, como si temiese a que en cualquier momento le gritaría a reclamos. Lo vi en sus ojos temerosos y sus manos inquietas—. No lo merezco.
En ningún momento dijo mi nombre. Me acobardé a hablarle, así que utilicé el otro método de comunicación.
—"Debes comer algo para recuperar fuerzas" —le indiqué con gesticulaciones. No sé por qué me embargó cierta calidez el que me entendiera después de todo este tiempo. Ella negó ligeramente.
—No tengo estomago para nada en estos momentos.
—"Insisto".
Algo en mi le hizo encogerse más y asentir, como si no tuviera de otra más que obedecer. Me senté a su lado de nuevo y me negué a apartarme. En el fondo me excuse diciéndome que la vigilaría a que terminara todo, pero sabía muy bien que no era así y lo único que quería era estar a su lado.
Comió en silencio y con la vista en el suelo. Lentamente, sin prisa alguna. Apenas terminó una cuarta parte y se negó a comer más, no le persuadí, en cambio, agradecí internamente a que por lo menos comiera algo. Volvió a encogerse en su lugar y acurrucarse contra la bufanda, no tuve otra excusa para tenerla de frente y consideré volver a mi lugar sólo para tener mejor ángulo.
Pero de pronto Sakura se movió, girando un poco su cuerpo a mi dirección.
—Yo... quiero agradecerte por reaccionar rápido y traer a mi mamá —dijo poco audible, daba gracias a que la sala estuviera casi en silencio y las otras voces fuera lo suficientemente bajas para no interrumpir nuestra conversación.
El mismo silencio táctico en no mencionar anda de nuestra ruptura y lo que conllevaba se extendió frente a nosotros.
No sabía si fui yo quien se compadeció de la situación o fue ella. Nunca lo sabré, pero me dispuse a separar mis sentimientos en esta situación grave. Sakura no se encontraba en su mejor momento.
—"No tienes qué agradecerme" —moví mis manos un poco a prisas, noté mi propia ansiedad a que comprendiera así que aminoré mis gestos—. "En verdad que no, Sakura".
Algo en su rostro cambió al leer su nombre en mis gestos, dudó y pareció romperse. Entreabrió los labios y quiso decir algo, conteniéndose a tiempo. Asintió y retomó su posición dándome la espalda.
No hubo necesidad de decir algo más.
Desde que conocí a Sakura supe que era una persona fuerte que soportaba el dolor con una sonrisa en el rostro, ya fuera falsa o impregnada de resignación.
Los golpes que le daba su padre dolían cómo el infierno, pero decidía afrontar la situación para sacrificarse por el bien de su madre. Siempre sonriendo, no demostrando el dolor.
La primera vez que la vi tan afectada sucedió tras su ruptura con Neji. Aún recuerdo la furia que sentí hacia él por provocar tanto dolor en una chica como Sakura, ella no merecía que aplastaran su corazón de esa forma, que traicionaran su confianza de la peor manera.
Sin embargo, Sakura siguió adelante. Superó su ruptura y pudo sonreír de nuevo. Recobró la vitalidad de vivir y su felicidad.
Una felicidad que se le fue arrebatada cuando la obsesión de Neji la alcanzó y clavo en ella mil espinas de dolor ante las amenazas. Hizo lo posible para tenerme alejado de su lado para evitar que me hicieran daño, no permitió que nadie más se acercara y trabajo arduamente durante meses para asegurar la futura salud de su madre.
Siempre sacrificándose por otros, sin dejar de sufrir. Aunque esta vez no sonreía, veía en sus ojos una esperanza silenciosa por algo mejor. Nadie quería vivir presa del dolor, todos anhelábamos una vida cómoda y sin dificultades, lamentablemente no la teníamos.
Ella lloraba de felicidad y lloraba de tristeza. En los peores momentos la veía llorar, recuerdo vívidamente cada una de esas ocasiones en que la abracé en un intento de consolarla. Pero jamás llegué a imaginar que llegaría el día en que escuchara su grito más potente y desgarrador que retumbó en la sala de espera.
Por un segundo me quedé pasmado mientras el tiempo parecía detenerse y Anko nos miró con una expresión repleta de tristeza, sosteniendo fuertemente la cofia entre sus manos. Observé desde mi costado a los tres hermanos escucharla con las ansias marcadas en su rostro para después transformarse en diferentes expresiones de shock, pero cada uno experimentaba los mismo.
Pero la única que pude fijarme únicamente en Sakura mientras sentía mi propio nudo en la garganta subir hacia mi boca y mis ojos humedecerse, fue inevitable. Me torturé cuando los sollozos y el llanto comenzaba a extenderse entre los demás, la primera en hablar fue Karin negándose y Sasori la abrazaba con fuerza; y luego Sakura se tambaleó perdiendo las fuerzas de sus piernas y siendo sostenida por Ryu que la atrapó y la acobijó en sus manos.
Sakura lo apartó bruscamente y se acercó a Anko negando con la cabeza mientras que su rostro estaba a punto de romperse en dolor.
Un dolor que jamás le deseé.
Un dolor que jamás sería superado.
Contuve el gemido de mis labios ante la desesperación en querer ir a su lado cuando retrocedió y llevó sus manos a su rostro húmedos dónde gruesas lágrimas caían sin parar escuchando de nuevo la frase de Anko:
—Mebuki no sobrevivió a la operación.
Entonces gritó. Gritó hasta que su garganta se desgarró mientras Ryu la tomaba en un abrazo y Sakura se negaba con fuerza.
—¡NO ES CIERTO! ¡ES MENTIRA! ¡MI MADRE NO PUEDE... NO PUDO HABERSE IDO! —gritó Sakura irreconocible, su rostro roto y su voz tan alta y desgarrada mientras los brazos de Ryu la frenaba y la obligaban a acurrucarse en su pecho dónde ella negaba fuertemente y arrugaba su camisa—. ¡No...! No...
Quise acercarme más, pero tuve que ir con mamá pues se había desplomado en el sillón con las manos en su boca. Llegué a su lado y la abracé, permití que mamá llorara en silencio entre mis brazos.
Pero jamás aparté mi vista de Sakura envuelta en la protección que le brindaba Ryu, su menuda espalda parecía a punto de romperse y el llanto fue lo único presente en la sala de espera toda la noche. El dolor marcó cada una de nuestras expresiones, y a pesar de que las lágrimas silenciosas bajaron por mis mejillas, deseé con todas mis fuerzas ir con ella y abrazarla.
No lo hice. No me acerqué.
Únicamente pude observar desde mi lugar tan impotente cómo se había callado y solamente lloraba sin abrir su boca, conteniéndose a gritar más, con sus dolencias dejando caminos húmedos en sus mejillas y sus ojos perder aquel brillo de esperanza que vislumbré unos minutos atrás.
Algo en mi interior también se rompió en este instante.
No abrazó a nadie más que Ryu incluso después que sus hermanos se acercaron a intentar separarla. Ryu se veía tan fatigado y sumamente triste revelando emociones desgarradoras, pero aun así fue soporte para Sakura.
No abrió su boca para hablar, quedándose en silencio apretando fuertemente sus labios, conteniéndose a gritar o emitir sollozos.
El rastro de las primeras lágrimas se marcó en su rostro brilloso y quebrantado, reflejando su dolor tan grande.
Pero no la vi soltar otras lágrimas por el resto del día.
Y me dolió el saber que Sakura se había secado de tanto llorar que ya no le quedaban lágrimas para derramar ante la muerte de Mebuki.
—Aria.
La joven alzó la vista hasta toparse con los ojos más bellos que jamás vio en su corta vida, pero alarmándose al notar que estos yacía enrojecidos y su rostro tenía rastro de lágrimas. Dejó de lado el álbum de fotografías en el que estaba concentrada y extendió su mano al joven que estaba de pie frente a ella.
—Ryuichi-kun ¿Qué sucede? —preguntó preocupada. Entonces él cayó de rodillas al suelo y la abrazó, dejando desparramado la mochila que traía consigo y ocultó su rostro entre su pecho. Aria se sorprendió al principio por el inesperado abrazo, pero se repuso al sentir como él temblaba un poco y lloraba en silencio, estrechándola con fuerza. Su preocupación aumentó—. Ryuichi-kun…
—Tú… —dijo él con voz ahogada—. Mi madre…
El escucharlo llamarla oprimió el corazón de Mebuki. Su largo cabello rubio se meció en contra del viento de la tarde al igual que los cabellos pelirrojos cuales acarició en consuelo.
—Es el aniversario de su muerte.
Entendió porqué el joven parecía tan afectado. Cerró sus ojos y lo rodeó gentilmente con sus brazos.
—Ya veo… ¿Irás a verla? —cuestionó ella.
Ryuichi se quedó quieto.
—Aunque lo deseé, no es posible verla dónde está.
Mebuki sonrió gentilmente.
—Creo que a tu madre le hará feliz que la visites. —dijo. Y el rostro del chico se alzó para contemplarla en silencio—. Ha sido un tiempo difícil ¿Por qué no recoges a Oyuki-chan y van juntos?
—… Aún no es tiempo para que vaya a visitar a mi madre.
—Hum… —Mebuki suspiró.
Entonces Ryuichi se incorporó a medias y la miró fijamente como si le doliera las palabras que debía pronunciar.
—Ven conmigo.
—¿Eh?
Otra ventisca se agitó a su alrededor arrullando suavemente los árboles sin hojas eran cubiertos de poca nieve. Un par de ojos verdes de diferentes tonalidades se miraron fijamente, y las mejillas de la chica se colorearon en un ligero tono rosado mientras sentía su calidez y sonreía gentilmente.
—¿No crees que Oyuki-chan se enojará si se entera que la sustituí hoy?
Pero él negó firmemente.
—Está bien. No se enojará, tú debes ir con mi madre. Ella te cuidará.
Mebuki lo miró un largo instante y después asintió como si comprendiera a qué se refería.
—De acuerdo.
Recogió sus cosas dispersas en el suelo metiéndolas en su mochila, tales como un álbum de fotografías que se veían tres cabelleras rojas y una rosada; su libro de poemas de pasta verde y unas flores marchitas cuales colocó en entre las páginas. Una vez que la colgó en su hombro, se levantó con ciertas prisas, ansiosa a partir; Ryuichi había venido a buscarla para llevarla con su madre, quizás quería presentarla. Cierta parte de su corazón se encontraba encogido y un poco alegre, desafortunadamente no conoció a la madre de Ryuichi y era su oportunidad de estar con ella.
Al agitar ligeramente su falda, se quedó estática al sentir la mano de Ryuichi agarrar su meñique. Sonrió sin dejar su acción y lo miró, su rostro no había cambiado mucho más que la vacilación en sus ojos y los dedos agarrar el suyo deslizándose suavemente.
Mebuki apretó su mano correspondiendo a su gesto y afirmó sus dedos al entrelazarlos. No pudo evitar que su corazón golpeara gentilmente su pecho deseando que ese momento perdurara para siempre.
Incluso después que a su alrededor todo se convirtiera en calma mientras caminaban y se abriera pasó a un mar calmo que reflejaba el cielo azul repleto de nubes; un extraño silencio los envolvía a medida que sus pies ahora descalzos pisaban el agua y le hacía cosquillas leves libre de topo peso físico y mental, con su ondeante vestido blanco.
Incluso después de que la mano de Ryuichi la soltara a mitad del camino y cuando volteó ya no era ese caballeroso joven, si no un hombre que la miraba con tristeza y dolor, sus ojos reflejando tantos remordimientos. Mebuki extendió su mano y acarició su rostro. Ella lo sabía, debía ir ahora mismo con la madre de él, allí estaría bien y por fin podría descansar.
—Cuida de ellos mientras no esté.
Ryuichi siguió lleno de dolor, no quiso dejarlo así. Se acercó y le dio un beso corto en los labios.
—Nos veremos más tarde, Ryuichi-kun, no te apresures en llegar —dijo ella sonriéndole y sosteniendo sus mejillas, los ojos verdes de Ryuichi la contemplaron con tanta tristeza—. No olvides que te amo.
Y se alejó al infinito mar.
Sabía que después de cruzar el horizonte conseguiría su tan apreciada paz.
*Deja pañuelos gratis por aquí*
Sinceramente estoy destrozada como la mayoría de ustedes. Esté capítulo fue uno de los que más me costó escribir por la muerte de Mebuki. Aunque al principio se veía la mejoría, lamentablemente su cuerpo no resistió. Antes que nada quiero aclarar que esto es parte de la ficción y tanto lo reflejado aquí espero que no les afecte personalmente, mis disculpas si ocasiono eso.
Así que vayamos a nuestro luto *c va corriendo*
La escena final es una representación de lo último que soñaba Mebuki, ese famoso «recuerdos antes de morir», no estaba incluida esa escena en el capítulo original pero lo agregué en el último momento para demostrar que al final consiguió algo de paz después de todo lo que sucedió. Aún queda la incógnita de su pasado con Ryu, pero eso se verá más adelante.
Un capítulo lleno de emociones no tan buenas, pero como dije en el anterior capítulo ya no estamos acercando a la recta final por lo que los siguientes también serás llenos de emociones. A causa de lo Mebuki nuestra pareja principal no ha podido aclarar ciertas cosas, pero una calma táctica está ahí, así que es cuestión de tiempo.
Intentaré no demorar con el siguiente capítulo como la última vez.
Gracias por leer, cuídense mucho y tomen awa.
Nos leemos pronto
¡Alela-chan fuera!
