Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto Masashi; trama de mi propiedad.
Infieles
02. Reencuentro
Después de que el sujeto de la entrada le diera la "bienvenida", la hizo acompañarle por el pasillo hasta una salita de estar, diciéndole que tomase asiento en el sofá. Mucho más calmada, Hinata no pudo evitar notar la irreal situación que estaba viviendo en la que había sido su casa: un extraño semidesnudo le abría la puerta y estaba sentada en el sofá como si sólo fuese una invitada, no la hija de los Hyuuga.
No pudo evitar preguntarse dónde estaban sus padres y quién diablos era ese tío. Además de eso, también se preguntaba cuándo le iban a ofrecer algo para beber, porque llevaba más de medio día sin beber nada y afuera hacía algo de calor —no por algo estaban en pleno agosto—. La espera, más la sed que tenía, la iban a acabar por volver loca.
Hacía más de trece años que no veía a absolutamente nadie de su familia y estaba ansiosa por saber de alguien. Por razones que no conseguía entender, a los seis años la habían enviado a un colegio de monjas donde le enseñaron a ser toda una respetable señorita. Entendía desde cocina hasta matemáticas avanzadas, sin descuidar los idiomas, la forma correcta de hablar, la manera de coger los cubiertos... cosas que necesitaría saber en un futuro.
Recostó la espalda en el sillón y pudo notar que la decoración había sufrido un cambio drástico en su ausencia: En vez de aquella lámpara de araña que solía detallar con tanto entusiasmo en su niñez, había varios ojos de buey apagados. El sol entraba tras unas hermosas cortinas blancas —a juego con los sofás— sin estampado que cubrían los ventanales verticales. Todo era muy sencillo y espacioso, dando un aire de serenidad poco usual.
Se podía decir que había vuelto a casa. Hogar, dulce hogar.
—Parece que tu niña ha vuelto pronto —Pronunció Neji, dejándose caer en la cama; tenía una notable cara de fastidio.
La mujer ya estaba sentada en la cama, a medio vestir. Se giró a ver a su amante a la cara y sus ojos brillaron extrañamente.
—¿En serio? Creía que no volvía hasta esta tarde. —respondió, animada.
Se levantó de la cama y cogió sus demás prendas, poniéndoselas rápidamente. A veces, a Neji le sorprendía esa energía que poseía. A sus casi treintaisiete años tenía la misma energía que a los veinte, y por supuesto el cabello negro y la hermosa figura que tanto le habían turbado de adolescente.
—Pues parece que nos ha arruinado la fiesta —suspiró con tono de "amargado a quien le han jodido el polvo de media mañana".
—Vamos, Neji —susurró, acercándose a su oído—. Prometo compensarte esta noche.
Él no respondió a aquel sugerente juramento, sólo se dio la vuelta y suspiró pausadamente:
—Me quedaré un rato más en la cama, ve a ver a tu hijita, Hikari.
—Está bien, parece que vuestro primer encuentro no ha sido muy cándido —rió de nuevo—, pero sería una gran alegría para mí que te llevaras bien con tu prima.
Neji pudo oír la puerta de la habitación abrirse y cerrarse con la misma fuerza. Cerró los ojos, dispuesto a volver a dormirse. Igualmente era sábado, y no tenía clases, así que no haría nada en todo el día.
Aquellos pasos femeninos que tanto había escuchado de pequeña volvían a su mente con más intensidad; parecían incluso reales. Pero cuando sintió las manos cálidas de su madre en sus hombros, sintió un gran peso distenderse de su ser, y algunas lágrimas acudieron a sus ojos, aunque no estaban dispuestas a salir.
—Mi niña, cómo has crecido… —preguntó aquella voz tan conocida que ahora se escuchaba frágil y temblorosa— ¿En serio eres tú?
El viento atizó las cortinas y una onda de emociones encontradas las invadió a ambas. Hinata se dio la vuelta rápidamente y corrió a abrazar a su madre; a su vez, la mujer hizo lo mismo. De la nada, los ojos de ambas se llenaron de lágrimas.
—Te he echado tanto de menos, mamá… —sollozó la joven, sin poder reprimirse más—. Nunca entendí por qué papá me llevó a ese colegio… yo sólo quería estar con vosotros.
Hikari abrazó con más fuerza a su hija, dejando que le reprochase todo aquello que por tanto tiempo ella había guardado en su interior. Sentía como la culpa impregnaba su ser… ¿cómo le había podido causar tanto daño a una parte de ella? Lo cierto es que le dolía.
—Lo siento tanto, Hinata —murmuró, sumergiendo la nariz entre su cabello—. Tengo tantas cosas que explicarte… Lo bueno es que has vuelto y ahora estaremos juntas.
La escena se quedó congelada en aquella habitación, como si se tratase de una fotografía. Nadie fue testigo de ella, pero sería imborrable para ambas.
Pasaron el resto de la tarde contándose todo lo que había ocurrido en los años en que no se habían visto. Resultaba raro para Hinata, pues después de tanto tiempo sentía que le contaba sus cosas a una extraña; y fue por esa falta de confianza que se calló muchas cosas que le parecieron demasiado íntimas. Quizá con el tiempo recuperarían la confianza, pero aún era demasiado pronto.
—Umm, ¿quién es el chico que me ha abierto la puerta, mamá? —preguntó Hinata. Era algo que la estaba carcomiendo desde que había llegado; su madre pareció dudar un momento.
Su madre le cepillaba el cabello frente al tocador de su antiguo cuarto, como solía hacerlo cuando era niña. Ahora que observaba con detenimiento aquella habitación, notaba que no había cambiado en nada. La misma cama de madera con sábanas infantiles se hallaba en uno de los rincones y el escritorio seguía en su lugar, cubierto de polvo. Algunos cuadros colgaban de las paredes, dándole un aire lúgubre. Habría que hacer una limpieza generalizada en aquel cuarto.
—Ese chico es tu primo Neji —le confesó—. Me extraña que no le recuerdes, de pequeños os llevabais muy bien.
—¿E-Enserio? —Dudó. Recordaba de manera difusa a aquel niño con el que solía jugar de pequeña, pero no salía de su asombro al notar el cambio que había sufrido con el tiempo. Enseguida, su expresión se tornó ceñuda: ese tipejo era un verdadero idiota creído—. ¿Pero por qué salió medio desnudo a abrirme, nadie le ha enseñado modales?
—No te molestes con él —rió su madre y luego mintió descaradamente—: la verdad es que a veces, Neji se trae amiguitas a casa.
Hinata enrojeció visiblemente, imaginando para qué las traía.
—E-Entiendo. Igualmente, es muy molesto que salga así…
—Querrás decir que a ti te molesta —pronunció, guiñándole un ojo pícaramente—. Hay que decir que tu primo se ha convertido en un hombre muy atractivo, es normal que tenga a tantas chicas a sus pies.
La muchacha evadió aquella respuesta y volvió a centrarse en el reflejo que le devolvía el espejo y los continuados movimientos que su madre ejercía en su cabello. Bajo hasta sus ojos gris claro y pudo notar el parecido con los de ella. Entonces algo interrumpió su tranquilidad: oyó la puerta tras ella y aún sin verle, pudo saber a ciencia cierta de quién se trataba.
—Siento interrumpir —habló aquella voz masculina que Hinata ya conocía de antes—. Sólo quería disculparme contigo —se dirigía a Hinata—. Siento mi comportamiento de antes.
—Es muy considerado de tu parte, Neji —habló Hikari, sonriente.
Hinata se levantó enseguida y sacudió la cabeza ligeramente: no era correcto seguir enfadada por lo de antes. Ambos habían comenzado con mal pie y, sinceramente, ella no quería seguir de aquella manera. Sin embargo, enseguida que le miró a los ojos supo que aquella disculpa por parte de su primo no había sido sincera.
—¿Podrás perdonarme por lo de antes? —le preguntó él. Había algo en aquellos grises irises que Hinata despreciaba con todas sus fuerzas, quizá las ganas que él parecía tener de burlarse de ella.
—Claro, estás perdonado —sonrió falsamente. Su mirada se clavó en él con algo de resquemor, y así, ambos juraron un pacto silencioso de odio mutuo.
Se tomaron de las manos, estrechándolas. Hinata sintió un fuerte calambre y vio los fríos ojos de su primo clavarse en ella con altanería y burla: puro desprecio.
Hikari sonrió al verles, feliz de que aquel mal comienzo se hubiese disipado.
Pero ellos lo sabían: lo que mal empezaba, mal acababa.
Después de comer, pasaron la tarde al completo comprando ropa y cosas que necesitara a la recién llegada. Por supuesto, en todos aquellos años, a las monjas ni siquiera se les había ocurrido el comprarle algo de ropa decente a su hija, por lo que la niña venía con un una ropa muy hortera y, por supuesto, una falda que le llegaba hasta los pies. En la maleta, como no podía ser de otro modo, estaban las mismas prendas con las que había llegado años atrás al internado. Hikari no paraba de maldecir a las santas por todo el camino a su tienda favorita: ¿cómo podía caber tal desfachatez en la cabeza de alguien? Criticándolas en todo lo que vio posible, llegó a la conclusión de que estaban amargadas por no haber echado un buen polvo en su maldita vida.
Cuando al fin llegaron a la tienda, Hinata al fin pudo librarse de la palabrería de su madre, quien se limitó a mirar algunas prendas con sumo interés. Ella comenzó a pasearse por el negocio, admirando todos los objetos que allí se encontraban. Realmente, parecía una tienda muy elegante además de cara, y no se equivocaba, pues cuando miró la etiqueta de una camisa, se espantó.
—¿Qué te parece esta camisa, Hinata? —su madre se acercó a ella, sonriendo y mostrándole una bonita camisa de seda blanca que por supuesto costaba un ojo de la cara.
—Mamá, aquí todo es muy caro… –le dijo al oído, con modosidad— ¿Podríamos ir a un sitio más barato?
—Cariño, tu padre se lo puede permitir —su madre rió por su comentario y siguió enseñándole prendas—. Elige lo que quieras… y si te asustan los precios, el truco es no mirarlos.
—E-Está bien… —la joven intentó no mirar las etiquetas de la ropa, y revolvió entre los percheros por si acaso encontraba algo de su gusto. Como estaban en plena estación de verano, los modelos eran cortos y de telas finas, en su mayoría vestidos.
Eligió uno blanco de gasa, corte recto y vuelo en la parte de abajo, y se dirigió al probador después de la aprobación de su madre, que puso el pulgar hacia arriba en señal de que le había gustado. Se desvistió y se lo puso, notando que le quedaba como si lo hubiesen cosido especialmente para ella. Justo cuando iba a salir para preguntarle a su madre qué le parecía, ésta entró, sujetando entre sus dedos unos bonitos tacones blancos con tiras brillantes.
—Ponte estos, creo que combinaran bien —le dijo, sonriente—. Te has convertido en una chica preciosa.
Hinata se sonrojó levemente ante el comentario, y es que hacía mucho tiempo que no oía a su madre decirle esas cosas. Se dedicó a ponerse aquellas diminutas sandalias —que no estaba segura si le entrarían, pero al final resultó que sí— y salió del cambiador, mirándose al gran espejo que había justo en uno de los lados de la pared.
—¿Te gusta? —preguntó su madre, cogiéndola por los hombros—. Te queda como anillo al dedo.
—Me encanta —le respondió—. Nunca había llevado nada parecido, mamá.
Una de las dependientas se acercó a ellas mientras aún charlaban, y dirigiéndose a Hikari, preguntó:
—¿Se lo va a llevar puesto? —luego, agregó—: Déjeme decirle que a su hermana le queda muy bien el vestido. Está preciosa.
—¡Ay, pero qué cosas! —exclamó la mujer, avivada por aquella errata—. ¡No es mi hermana, es mi hija!
La dependienta rió y se disculpó por su error, haciendo que Hikari riera aún más; ésta parecía no darse cuenta que simplemente era un halago para que comprase más, o quizás, es que era buena clienta.
Una vez eligieron varias prendas más y compusieron todo el ropero que tendría la recién llegada, salieron de la tienda con la tarjeta de crédito un poco más vacía y más sonrientes si cabe. Hinata nunca había tenido una experiencia como aquella. Sólo de pequeña había salido a comprar con su madre, pero ahora las cosas habían cambiado totalmente, ya que ambas podían compartir sus gustos y aconsejarse el qué comprar.
Por no decir que Hinata tenía bastante buen gusto, y a veces, las tendencias que le gustaban eran las mismas que a su madre. En pocas horas, parecían haber recuperado un poco del tiempo perdido en todos aquellos años.
Pasaban de las ocho de la tarde en la mansión Hyuuga. Neji estaba sentado en el salón, esperando a que la empleada de hogar acabara de servir la mesa. Escribía en su portátil, que reposaba sobre la mesita del té; parecía estar ocupado en algo importante. A su lado, reposaba una taza de té caliente, que despedía un vapor oleoso. Dejando la escritura a un lado, la cogió, llevándosela a los labios y probando el oleoso líquido. Hikari entró al salón sin hacer ruido, posando sus manos encima de los hombros de Neji, que dio un bote, asustado. Hinata, entrando detrás de su madre, rió tímidamente al visualizar la escena: ése tipo se merecía que le dieran más sustos, incluso que se derramara el té que estaba bebiendo en la camisa.
¡Ay, dios, se lo había derramado!
—¡Diablos! —Exclamó el moreno. Hinata corrió enfrente del sillón, dispuesta a socorrerlo.
Con un trapo que había sobre la mesa, la joven secó a duras penas la camisa manchada de té. Neji sólo intentó apartarla, diciéndole que no se había quemado, que podía quedarse tranquila.
—¿Estás bien… en serio? —preguntó una vez más, preocupada. Pensar que momentos antes le había deseado que se quemase con el té y ahora le secaba la camisa… Su primo la miraba sorprendido.
—Lo siento, Neji, no pensé que te ibas a derramar la taza de té encima —habló Hikari, con algo de pena—. Perdóname, por favor.
—No pasa nada, Hikari —habló él, sonriendo levemente—. Comprendo que ha sido sólo una broma. No hay problema.
Las mejillas de la mujer se sonrojaron al notar una leve caricia de Neji en uno de los hombros. Hinata lo notó, pero decidió callar; no quería incomodar a su madre. Se levantó del suelo, en el que hasta ese momento estuvo en cuclillas y se quedó callada viendo como su primo subía a cambiarse. Madre e hija se sentaron en el sofá hasta que la sirvienta avisó de que la cena estaba lista. Cuando ya estuvieron sentadas en sus respectivos lugares, Neji bajó y se sentó en una silla al lado de su prima.
—¿Papá no vendrá? —preguntó Hinata, rompiendo el silencio de la sala.
La situación se tensó visiblemente. Parecía que se hubiesen estrellado contra un iceberg, porque el ambiente candoroso habitual cambió a uno helado. El que partió por lo sano la tensión, fue Neji, que respondió:
—Mientras estabais fuera, Hanabi, su secretaria, llamó para avisar que no llegaría esta noche —respondió con calma—. Mañana a las once en punto estará en casa para verte, Hinata.
—Muchas gracias por la información, Neji —respondió Hikari.
Prosiguieron con la cena hasta que Hikari alegó que tenía que retirarse por indisposición, por lo que Neji y Hinata continuaron solos. Por suerte, la tensión del ambiente disminuyó. Lo que acababa de ocurrir era un verdadero misterio y Hinata no sabía qué ocurría pero creía que tenía que ver con su padre.
Rápidamente, se disculpó con Neji y subió arriba, en donde se fijó en el reloj del pasillo, que marcaba las nueve menos cuarto. Hinata hizo amago de golpear la puerta, pero algo se lo impidió: unos sollozos a través de la madera. Tenía miedo de molestarla; sabía que cuando una persona lloraba, dejarla sola hasta que se desahogara era lo mejor. Así la habían educado, así se había criado; en el respeto a la intimidad de las personas. Sin embargo, no pudo evitar preguntarse por qué lloraba su madre, aunque de lo que sí estaba segura ahora es que tenía que ver con su padre. Aun pensando en ello, se dirigió a su habitación, tirándose a la cama. Había sido un arduo día y estaba demasiado cansada para hacer nada más. Sus ojos se fueron cerrando y, lentamente, se quedó dormida.
Continuará...
Nota 19/04/2011: Capítulo editado.
Nota: ¡Ei! Siento la es pera, la verdad es que estoy enferma (y sigo enferma -_-), y hace unas horas andaba con una fiebre terrible. Agradezco mucho la aceptación que tuvo el fic, me encanta que opinéis, critiquéis; y sobretodo que os toméis el tiempo de leer. Escribo esta historia porque hace tiempo quería comenzar una de esta temática y porque me pedíais más NejiHina, así que, ¿por qué no traros más? xD
Saludos a todas, y muchísimos besos. Por cierto, gracias por su ayuda a Flordezereso, que me motivó muchísimo en este capítulo, jeje (gracias a ella publiqué antes). ¡Cuidaos!
Agradecimientos especiales a:
Viicoviic, Artemisav, Black-sky-666, Star-Flowers, Flordezereso, Akasha, SweetHyuuga, LennaParis, Miyako-Hyuuga1912 y Claressa.
