Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.


Infieles


03. Padre.

Nueve en punto de la mañana. Hinata se levantó mucho más descansada. El día anterior había sido terriblemente cansador, y agradecía a los dioses que pudiese descansar como Dios manda. Corrió las cortinas, dejando entrar la luz matinal. Tras esto, entró al baño, que era contiguo a su habitación y se desvistió; se dio cuenta que llevaba la misma ropa del día anterior, pues al acostarse se le había olvidado quitársela. Abrió el grifo, y se metió en la ducha, dejando que el agua tibia corriese por su cuerpo.

Al salir, tomó la toalla y miró el reloj de pared: ya eran las nueve y media, y su padre llegaba a las once. Lo había añorado mucho, y ahora, después de tantos años, al fin lo vería. Divisó las bolsas a un lado de la habitación, plagadas de la ropa que había comprado el día anterior. Rebuscó en ellas hasta dar con algo adecuado que ponerse.

Tras maquillarse levemente y secarse el cabello, bajó al comedor para comer. Para su sorpresa, un exquisito desayuno ya estaba servido sobre la gran mesa, y sus dos parientes más cercanos –por el momento- estaban sentados ya en sus asientos.

En cuanto la vio, su madre le dio los buenos días: -Hasta que despertaste, dormilona. –Le sonrió, indicándole que se sentara.

Hinata no dudó demasiado a la hora de aceptar, y una vez sentada, comenzó a tomar su desayuno tranquilamente. La ansiedad por la llegada de su padre empezó a hacerse presente a mitad de la comida, cuando no pudo evitar preguntar algo que creía que a su madre le sentaría mal:

-¿Papá llegará a las once, o se retrasará? –Para su sorpresa, Hikari sonrió y le contestó ávidamente.

-Llegará a las once en punto –Se dirigió hacia ella, mirándola fijamente-. Supongo que tienes muchísimas ganas de verle.

-Sí –Hinata sonrió.

Siguieron comiendo tranquilamente, sin hablar. Por el rabillo del ojo, la hija vio como Neji le echaba miraditas a su madre, guiñándole de vez en cuando un ojo, y ésta le sonreía, sonrojándose. ¿Qué significaría eso? Se limitó a pensar que entre ellos había mucha confianza, por nada del mundo podía malpensar de ambos. Era lindo ver como tía y sobrino se llevaban tan bien.

Una vez acabaron, se sentaron tranquilamente a tomar el té, esperando la llegada del cabeza de familia, que tendría lugar en un poco tiempo. Conversaron largo y tendido de la vida de Hinata en el internado durante todos aquellos años, y ella les habló a ambos sobre banalidades, cosas neutras y pequeñas situaciones que habían tenido lugar en los primeros años de la preparatoria.

Algunas veces se sonrojaba gracias a las pícaras y burlonas sonrisas de su primo, que no parecía ver otro medio para joderla; pero no era un sonrojo de vergüenza, sino de ira. Su madre escuchaba sus comentarios y vivencias como si fuese lo más interesante del mundo, lo que rebajaba en gran parte su enojo y ganas de tirarse a los brazos de Neji (y no exactamente para hacerle cariñitos). Era extraño como en tan poco tiempo le había pillado tanta tirria a ese pedazo de idiota; y más porque no solía pasarle con nadie.

Hikari incluso le preguntó por sus "novios", -lo que uno de los presentes aprovechó para reírse más descaradamente- pero Hinata evadió bastante el tema, ya que, aunque no lo dijo, le era especialmente doloroso hablar de ello.

Sin embargo, cuando comenzaban a charlar de más temas sin importancia, oyeron el timbre de la puerta, y vieron como la empleada de hogar acudía rauda a abrir. No pudieron más que ponerse de pie para demostrar respeto, comprendiendo al instante de quién se trataba: Hyuuga Hiashi.

Pasos resonaron en el corredor, y el señor Hyuuga entró con su porte recto y serio, recorriendo el comedor hasta ponerse frente a la mesa y sus familiares. Una pequeña sonrisa torcida se pintó en su rostro, y saludó de forma muy cortés:

-Hinata, hija –Sus palabras eran aceradas, casi sin sentimiento-. Es agradable volver a tenerte aquí… entre nosotros.

-Pa-Padre… -Tartamudeó quedamente. Tras esto, vio como su padre le dirigía una mirada de disfrazado desprecio a su madre, y ésta bajaba el rostro, acongojada. Sólo se dignó a saludar a su sobrino con un meticuloso gesto de cabeza.

-Me gustaría que me acompañaras a mi despacho, hay asuntos que quiero comentar contigo –Se dirigía a Hinata-. Nos veremos en la comida, si me disculpan.

Ella no pudo más que seguirlo, sorprendida por el trato indiferente que le había dado su progenitor. Casi ni la había mirado a la cara, ni un beso en la mejilla, ni una caricia en el pelo. Las lágrimas comenzaron a formarse en sus lagrimales, mas no se atrevió a derramarlas, con miedo a una reprimenda. Después de todo, parecía ser que las cosas no habían cambiado en tantos años, sino que habían ido a peor. Con ligereza, se deslizó por los pasillos, siguiendo a su padre, dejando a su madre y a su primo atrás.

Cuando finalmente llegaron al despacho, pudo notar la frialdad con que ahora la trataba. No es que de pequeña lo hubiese visto como un padre cariñoso y comprensivo, más bien había sido muy severo con ella, pero en aquel entonces había sentido mucha protección por su parte, y sabía que siempre hacía lo mejor para ella. Sin embargo, los años parecían haber abierto un gran trecho entre ellos, una distancia insalvable.

Tenía un gran nudo en la garganta que le impedía hablar, y si sus ojos se hubieren posado en los suyos, habría tenido que apartar la mirada. Cuando él empezó a hablar, fijó la vista en un punto frente a ella, y no dijo más.

-Veo que tus notas han superado a la media, y estoy contento con eso, Hinata –Le dijo, revisando unos papeles sobre su escritorio.

Hinata elevó la mirada, encontrándose con las adustas facciones de su padre: -Sí, espero no haberle decepcionado.

-Para nada –Respondió-. Los Hyuuga siempre hemos demostrado gran dominio para los estudios, y tú no podías ser menos.

-Gracias, padre.

-Supongo que tomarás la misma carrera de tu primo y harás las prácticas en la empresa familiar. –Observó-. Debes dar lo mejor para ser la heredera de los Hyuuga, el futuro de la familia estará en tus manos dentro de unos años.

-Esos son mis deseos, quiero lo mejor para esta familia –El nudo en la garganta seguía ahí, no dejándola soltar sus lágrimas.

-Ya puedes retirarte, hija –Finalizó el padre.

Sólo de sentir estas palabras, la joven salió por la puerta con un "con permiso" como despedida, y una vez en el pasillo, se dejó llevar por el llanto y sus sentimientos reprimidos. Corrió hasta su habitación y cerró la puerta con pestillo, sintiéndose sola y amargada.

Ahora entendía por qué su madre lloraba la noche anterior. Lo entendía todo, y lo peor es que no tenía la solución a nada.

&

Aquel día comió junto a su padre, su madre y su primo, y como siempre, no dijeron nada durante aquel rato, pero cuando ya estaban a punto de acabar, el cabeza de familia habló, dándole algunas ordenes a Neji, el cual no las pudo evadir.

-Quiero que lleves a Hinata a conocer la ciudad, estoy seguro que después de tantos años no conocerá mucho de aquí. -Le había dicho, con un tono que no permitía reproches. Y es más, Neji no los haría:

-Está bien, tío, me encantaría.

La joven levantó una ceja, confusa: parecía que su primo sabía esconder muy bien sus verdaderas emociones. Estaba claro que no quería salir con ella a enseñarle la ciudad. ¿Cómo?, ¿Es que nadie notaba lo que él se burlaba de ella cada vez que decía cualquier cosa? A su padre poco parecía importarle su opinión, pues ya se había levantado de la mesa y se dirigía de nuevo a su despacho.

Y a pesar de todo, tuvieron que salir el uno con el otro por toda la tarde, dispuestos a patearse la ciudad entera; Neji le enseñaría los puntos importantes, como la Universidad, algunos colegios e institutos, museos y tiendas nuevas, así como otras cosas, como monumentos de interés, parques, etc.

Nadie parecía saber lo mal que le caía Neji. Y el sentimiento era compartido. él era una de esas personas que le caían mal a la primera, y la llenaban de histerismo y nervios. Siempre que le veía tenía ganas de meterse con él, de mandarlo a freír espárragos a la sartén más cercana. Pero en todo eso se le adelantaba, y era ella la que salía escaldada y con ganas de matarlo.

Por eso seguro que no acabarían bien.

&

-Oye, ¿Dónde estamos? -Preguntó Hinata, confundida y malhumorada. Ella también no sabía esconder bien sus expresiones, así que se limitaba a mostrar serenidad, sin curvar demasiado sus cejas o sus labios por el disgusto.

Y es que no era para menos, estaba sentada en el taburete, apoyada en la barra de un bar, y el muy necio de Neji se tomaba tranquilamente un cóctel, cóctel que probablemente contenía alcohol.

-Tranquila, primita -Dijo, apoyando su bebida en la barra, al tiempo que pedía su tercera ronda-. Necesitas quitar esa cara de amargada que tienes. Tantos años en un colegio de monjas no te hicieron bien.

-No tengo cara de amargada -Contestó-. Y me educaron muy bien en ese colegio.

-Lo que tú digas -Atrevido e indiferente; así era él. La dejaba completamente descolocada.

Siguieron en silencio por un rato, Hinata con la misma cara, y Neji tranquilo, con media sonrisa y consumiendo su bebida a paso de tortuga. Y por supuesto, la paciencia de la gente tenía un límite, y el de cierta persona ya había llegado a los topes.

-Se acabó -Confesó, exasperada-. Me voy a casa.

Se dispuso a levantarse de la silla, pero un pequeño comentario la paró: -Y no podíamos olvidar la impaciencia, por supuesto.

-¿Podrías hacer el favor de callarte? -Se arrugó la tela de la falda plisada que llevaba, mientras se exasperaba, y pensaba en que tenía que ordenar su armario en cuanto llegase a casa-. No necesito de tus comentarios sutiles para vivir. Estoy mejor sin ellos.

-Menuda heredera estás hecha -Habló, como quien no quiere la cosa-. Espero que tu padre no se equivoque contigo.

-¿Tratas de ofenderme, Neji? -Preguntó, ligeramente temblorosa-. Papá dijo que me llevaras a recorrer la ciudad, y visto lo visto, son las seis de la tarde y todavía estamos en el bar; ¡y de eso hace una hora!

Varias miradas se elevaron, viéndola directamente a ella. Hinata se tapó la boca con la mano; había elevado demasiado la voz. Notó como Neji se reía levemente, y una especie de sonrisa curva se dibujaba en sus labios.

-Definitivamente, eres igual que tu madre -La niña se quedó allí clavadita, sin saber que decir, mientras Neji se levantaba de la silla, y dirigiéndose al barman decía-: Apúntamelo a la cuenta, ¿quieres?

A largos pasos, avanzó hacia la entrada del establecimiento, y abrió la puerta lentamente. Hinata se dio prisa en seguirlo; de verás no quería quedarse en ese antro de perdición, tal como lo llamaban las religiosas con las que estuvo por tanto tiempo.

&

Fueron directamente al campus de la Universidad donde Neji estudiaba. Era un enorme parque, con pequeños edificios, en los que se impartían las diferentes especialidades, carreras y materias. Había algunos parques aquí y allá, donde los alumnos podían descansar en sus horas libres, además de un par de cafeterías. Aunque ahora, al ser Verano y finalizado ya el curso, el lugar se encontraba prácticamente vacío, exceptuando algunas personas, que venían a recoger sus notas o a matricularse al siguiente curso.

Pasearon largo rato, mientras el chico le señalaba dónde estudiaría ella, y le decía algunas curiosidades del lugar. Por primera vez en todo el día, Hinata se sintió bastante tranquila con su compañía. Notaba que era una persona bastante culta, y se había equivocado con él en algunos aspectos; aunque eso no quitaba de que la siguiera poniendo histérica, y fuese un-estúpido-de-mierda-creído.

Al acabar el paseo, se sentaron en uno de los parques. Era un lugar tranquilo, pequeño y confortable, con algunos árboles de los que no logró catalogar la especie.

-No sabía que te gustara tomar -Le dijo-, me gustaría saber que piensan mamá y papá de eso.

-Es algo que no les importa -Respondió, necio-. Son ellos los que deberían resolver su vida.

-No puedo opinar sobre eso, me siento una completa extraña entre ellos -Le comentó-. Han cambiado tantas cosas desde que me marché.

-No puedes solucionarlo, eso es algo entre ellos dos -Le dijo.

-Vaya, señor necio, ¿Cómo hemos llegado a este tema? -Se burló-. Creía que sólo sabías meterte conmigo.

-¿Cómo iría yo a meterme con mi querida prima? -Comentó, con una gota de picardía-. Le faltaría el respeto a tu madre y a tu padre.

Hinata se sonrojó levemente, notando el doble sentido de esas palabras: -No me refería a involucrarse conmigo de esa manera.

-¿Qué manera? -Preguntó.

-Definitivamente, sabes como ponerme de los nervios con tu estupidez -Apretó los puños contra sus piernas.

-¿Eso ha sido una maldición? -Fingió sorpresa.

-¡Venga ya! -Exclamó, levantándose del banco en el que se encontraba sentada-. Me voy.

Salió andando, pero él se levantó con prisa y la siguió, tomándola del brazo y parandola. Subiendo hasta su hombro, la inmovilizó, bajando hasta su oído y susurrándole: -Te oí llorar ayer.

Algunas lágrimas se formaron en sus ojos al recordar como la había tratado su padre el día anterior. No debía llorar por eso, y menos enfrente de su primo, que la había estado fastidiando por días.

-¿Acaso te tiene que importar? -Preguntó, haciendo fuerza para soltarse de su agarre-. ¿No, verdad? Entonces déjame en paz.

-Claro que me importa, todo lo que él te haga a tu madre o a ti me importa -

-¿Qué sabes de eso? -Las lágrimas ya descendían por sus mejillas.

-Sólo quiero que te desahogues -Sonrió tras su cabeza, besando sus cabellos.

Y Hinata se dejó llevar, amparándose entre esos brazos que se le antojaban tan protectores en ese momento.

&

Salió de la ducha sólo envuelta por una toalla, y le vio allí, frente a ella, esperándola. Siempre que venía lo hacía, y aunque ella se negara a satisfacer sus deseos, él la obligaba, la hacía suya pese a todo. Mientras veía como se quitaba el cinturón, decidió no hacer las cosas más difíciles, y simplemente dejó caer la toalla al suelo, dejando al desnudo su anatomía femenina.

-Siempre has sido tan puta, Hikari -Ella sólo cayó, mientras contenía las ganas de huir. Su marido besaba sus pechos y todo su cuerpo con algo de rudeza, para después tomarla y lanzarla a la cama; hacía tiempo que a ella había dejado de gustarle, que se había convertido en una tajante controversia el característico acto sexual.

Con los años, todo había acabado convirtiéndose en algo sin sentido.

Continuará...


Nota: Siento haber tardado tanto. Mi inspiración y ganas están a cero últimamente; espero que no me dure mucho. Besitos a todas las que me dejaron comentarios, animáis mucho, je. Sé que el capítulo es una pedazo de "esa cosa que apesta" donde las haya, pero no doy para más, y bueno, espero que nadie me tire tomates, berenjenas, patatas podridas, -sí aceptaría dinero- etc. Pues nada, ¡saludos y abrazos! ^_^

Agradecimientos especiales a:

Akasha, Star flowers, YoshiSmile, Viicoviic, Flordezereso, Artemisav y Sayuri Koitsumi.