Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.
Infieles
05. A un paso del límite
Después de tan terrible disgusto con su primo y luego de ver esa escenita entre su madre y él, Hinata se quedó más que traumatizada y se durmió sin demasiadas ganas de recordar el peliculón que había vivido hacia tan pocos minutos. A la mañana siguiente despertó antes de lo normal, no había dormido bien y se sentía algo cansada pero de nuevo se dedicó a lo que venía haciendo desde hacía unos días: Sacó una caja de su ahora armario y la destapó, sacando de ella un pequeño libro -con decoraciones variopintas y bastante estrafalario, por cierto- que ojeó por cuarta vez aquella semana; era su diario.
Leyó por centésima vez las palabras de aquella única página y se quedó pensativa:
"Sé que sólo fue sexo, pero te amo; ¿Te suena esa oración? Quieres seguir con él y nada calma tu ansia, nada cambia lo que sientes. Cometiste el error de acostarte con él, cometiste el error de entregarle tu ser, cometiste el error de enamorarte de él. ¿Para qué sirve recordar? No puedes olvidarle, no puedes quitarte los recuerdos de sus ojos cerrados ante los tuyos, besándote, dándote el placer que jamás habías sentido con un hombre. Recuerdas tiempos más oscuros en los que no había luz para ti, no había nadie que quisiese estar contigo de esa manera. Pero no puedes olvidar que sólo fue sexo y que él ya te olvidó y se acostó con otra.
Porque él te lo advirtió, dijo: "Tan sólo quiero un polvo sin compromiso". Tú aceptaste, creyendo que quizás así podrías tenerle un poco más, pararle lo suficiente como para que te aceptase, te amara tanto como tú lo amabas a él. Pero no fue posible porque él te malinterpretó y ahora posiblemente te odia; Pensó que lo querías amarrar. ¿Y dime qué queda ahora? Tu consuelo es levantarte cada día y pensar en si te perdonará o no. Tu consuelo es que algún día se añada el valor a tu lista de requerimientos; fuerza y valor para pedirle perdón".
Recuerdos, recuerdos de otros tiempos en los que Naruto –su primer amor- y ella fueron más que eso, más que amigos, pero menos que novios. La usó, y ella no pudo resistirse a esa necesidad que la corroía. Creyó que podría separar sexo y amor, hacerlos dos términos completamente diferentes sin relación entre uno y otro. Leyó el diario en que había apuntado tantas cosas años atrás.
Se conocieron en una salida de ambos colegios, y resultaron ser del mismo curso. Se enamoraron poco a poco –o al menos ella lo hizo- y lo siguiente pasó rápido. En un sólo curso perdió la virginidad, fue tres veces más idiota de lo normal sacando malas notas y para colmo la plantaron como una idiota en un compromiso estúpido, la engañaron tontamente haciéndola esperar por casi otro año y finalmente para no conseguir nada. Fue un trago realmente amargo, porque realmente se sentía culpable de su situación.
Ahora todo eso ya casi no le pesaba -habría sido una mentirosa si hubiese dicho que ya estaba todo olvidado- pero casi había dejado de sentir su corazón apretarse cada vez que lo recordaba. El sexo no había sido una experiencia especialmente grata para ella: se podría decir que la primera vez le dolió, ya que él no fue del todo fino pero al fin y al cabo fue la primera que tuvo por lo tanto le era difícil olvidarla -por no decir imposible-. Y es por eso que había sufrido tanto con él, porque había sido su primer chico.
Pasó la página dispuesta a leer la siguiente -que por cierto se sabía de memoria- y se llevó la gran sorpresa de que no estaba allí. Durante un momento pensó que quizá la había perdido o se había desenganchado de su soporte pero sin embargo se fijó en que esta estaba cortada a ras de la libreta.
Reaccionó con rabia: esa era la página donde describía a la perfección –por centésima vez- cómo y dónde había hecho el amor con Naruto por primera vez, y toda una sarta de detalles que no le importaban a nadie. Entonces supo al instante quién había sido el responsable de que la hoja de su diario no estuviese allí, y al instante siguiente tuvo la mejor idea que se le hubiese ocurrido en su corta existencia -o la más maligna, si alguien quiere verlo así-.
Sin perder el tiempo fue a la última página escrita del diario, comenzando otra en blanco: "Ayer por la noche vi algo sorprendente -por no decir acojonante- en la cocina de la mansión Hyuuga. No eran nada más ni nada menos que Neji Hyuuga, mi primo, y mi mamá: Hikari Hyuuga teniendo"…
"Te vas a enterar, pedazo de necio". Pensó Hinata, sonriendo como una verdadera loca, algo impropio en ella.
Realmente, nadie pudo haber dicho que la frialdad con la que actuó fuese lo mejor en esa situación… y las cosas iban a cambiar mucho a partir de aquel día, porque si Hinata era buena en algo, ese algo era escribir con detalles.
&
Neji y Hikari Hyuuga bajaron a desayunar tarde ese día. El señor Hiashi Hyuuga, cabeza de familia, se había marchado pronto ese día: supuestamente tenía mucho trabajo pero tampoco dio motivos; ciertamente no acostumbraba a darlos. Cuando ambos se sentaron, la primera en hablar fue la primogénita Hyuuga.
-¿Os lo pasasteis bien anoche? –Su voz sonó fría y monocorde por un momento, pero luego volvió a su tono dulce de siempre-. En la coci… Digo en el restaurante donde fuistéis papá y tú.
Neji la miró raro y algo alertado por su extraña equivocación al principio de la segunda frase pero su madre se limitó a responderle como normalmente: -Claro, hija. Fue una linda velada –Hinata se preguntó si su madre ignoraba su doble sentido o es que sabía disimular muy bien. Probablemente, pensó, era lo segundo.
Su primo se limitó a mirarla fríamente, algo raro había en ella esa mañana. Hinata no acababa de actuar como normalmente, y eso era para sospechar… o temer en el peor de los casos. ¿Qué se traería entre manos? Su prima no era del tipo de mujer que hacía planes de venganza ni mentía descaradamente, ¿se habría dado ya cuenta de que había arrancado aquella página de su diario? Se sonrió con burla al pensar en la cara que habría puesto; realmente le gustaría haberla visto.
-Me alegro de que la noche acabase bien -Sonrió con ironía, o al menos lo intentó, porque la mueca que hizo fue demasiado forzada y dio a entender otra cosa.
-Hinata-chan, ¿te encuentras bien? -Le preguntó Hikari. Decididamente, fingir ironía no era lo suyo-. Tiene mal color de cara, ¿te duele el estómago?
-No, mamá. No te preocupes -La Hyuuga se dispuso a servirse un poco de leche y tostadas, pero su madre la interrumpió-. Únicamente es que ayer pasé mala noche, pero ya se me pasó.
-Insisto, hija. Estás amarilla -Pronunció la mujer, preocupada. Seguidamente se dirigió a su sobrino-. Neji, ¿podrías acompañarla a su habitación?
-Pero mamá... -Intentó quejarse Hinata- Insisto, me siento muy bien.
-Hazle caso a tu madre, Hinata -Soltó Neji desde un lado de la gran mesa-. No querrás preocuparla, ¿verdad?
Hinata le lanzó una mirada a su primo, dando a entender que no le pasaba nada, pero su madre insistió de nuevo diciéndole que no quería que se enfermase y que seguía teniendo mala cara. Por lo cual, después de echarle una mala mirada a Neji y levantarse de la mesa, se dirigió arriba subiendo una a una las escaleras. El chico la siguió después de dirigirle una sonrisa a su tía. Ambos desaparecieron en el segundo piso y Hikari se quedó desayunando solitariamente en el comedor.
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Subieron la escalera y caminaron por el pasillo. Hinata no había dejado que Neji la tocara y le miraba de reojo con enfado; él se sentía bastante divertido con la expresión de su prima, una de las más raras que la vio poner desque que llegó. La inútil preocupación de Hikari había sido uno de los exponentes para que la niña tuviese esa cara, y es que parecía no haberle sentado demasiado bien que la mandaran arriba con su primo como guardaespaldas.
-¿Qué te pasa, primita? -Preguntó Neji, con desprecio-. ¿No dormiste bien anoche o es que tienes la regla?
-La verdad es que no te importa -Contestó Hinata con molestia-. Lo que me pase es problema mío, ¿lo sabías?
-¿La tímida Hinata-chan hablándole mal a su primo? Quién lo diría... Claro que me incumbe, soy tu primo -Objetó él-. Además, vivimos en la misma casa y tu humor también me afecta. Normalmente no estás tan borde.
-Nada te da derecho a inmiscuirte en mis asuntos -Finalizó Hinata, tratando de ponerse dura, cosa que casi nunca conseguía-. Ni a decirme lo que tengo que hacer o que no.
-¿Eso crees, primita? -Preguntó-. Nadie ha hablado de lo que tienes o no que hacer.
-¡Claro que lo creo! -Sus ojos destellaban de algo parecido a la furia, aunque quien lo viera, no se lo habría creído-. ¡Eres el primero que se mete en mis asuntos sin pedir permiso!
Ambos se quedaron quietos el uno en frente del otro, de repente levantándo la vista. Sus ojos se encontraron y se descubrieron llenos de sentimientos de rabia. Venganza y enfado por parte de ella, sarcasmo por parte de él. Una mezcla totalmente heterogénea y que conbinaba a la perfección, pero que en dos personas diferentes daría lugar al principio de una batalla. La joven quiso retirarse, dándose la vuelta y haciendo la tentativa de caminar. Fue entonces cuando Neji la tomó del brazo, evitando que se alejara.
-Dime, ¿qué te pasa en realidad? -Le preguntó.
-Ojalá fueras más discreto -Dijo con rabia contenida y mirándole por el rabillo del ojo-, así quizás entenderías lo que me ocurre, ¿o es que quizá te ocurre a ti?
Hinata dio media vuelta para evitar discutir y se marchó a su cuarto, no quería saber nada más de su primo; al menos por ese día.
-Qué estúpida -Se dijo Neji antes de caminar de vuelta al comedor.
Y por supuesto, aún quedaba mucho día por delante.
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El día pasó como cualquier otro. Hinata salió con su madre a hacer diversos recados -y también con intención de despejarse-, Neji salió a "vete a saber dónde", y Hiashi estaba ocupado trabajando, por supuesto. Un día normal para la familia Hyuuga, obviamente. Pero no era del todo normal, porque Hinata, en vez de despejarse estaba oyendo la cansina conversación de su madre con una de sus amigas y estaba más que harta de el hijo de esta intentara tocarle el trasero. Neji, en vez de estar divirtiéndose con una de sus amigas, se había quedado compuesto y sin novia, plantado como una palmera en plena playa. Hyuuga Hiashi... bueno, Hiashi Hyuuga simplemente estaba en su oficina, -sí, eso... trabajando-. Se podía decir que en vez de aliviar sus dudas y limar asperezas, Neji y Hinata se estaban poniéndo aún más nerviosos de lo que ya estaban; y eso no era especialmente bueno para ninguno de los dos.
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Y como todo día, llegó la noche. La oscuridad ya casi asomaba por el cielo cuando Neji llegó a la residencia de la familia Hyuuga. Recordó como tiempo atrás no había sido más que un simple visitante de aquella mansión; las tripas se le revolvieron. Traspaso la verja y se adentró en el caminito que llevaba directamente a la entrada. Una vez allí presionó el timbre y un agudo sonido resonó por todo el porche. Enseguida, la criada que se encargaba de la casa por la tarde le abrió la puerta.
-Bienvenido a casa, Señorito Hyuuga -Habló con sumo respeto, haciéndole una reverencia.
Él pasó al recibidor sin ningún saludo, y fue directamente al piso superior, ascendiendo por la escalera de manera rápida y precisa. En el camino a su habitación, se paró en la de su prima, abriendo la puerta y echándole un ojo al interior. Perfecto, no había nadie. Abrió la puerta del todo y entró sin mucho sigilo, distinguiéndo un diario con las tapas decoradas grotescamente. Se sentó en la butaca frente a la cama y al lado del escritorio, recostando la cabeza en ella. Por lo que sabía de labios de Hikari, su prima no regresaría hasta más tarde, ya que habían ido a visitar a una amiga cuyo hijo parecía estar interesado en la primogénita Hyuuga.
Abrió por la página en que había terminado el día anterior; quizá ella hubiese escrito algo desde esa noche y la verdad es que no se decepcionó al encontrar la pulcra letra de su prima impresa en las siguientes páginas. Aunque lo que leyó no fue del todo halagador...
"Querido diario, soy yo de nuevo, Hinata Hyuuga
Ayer por la noche vi algo sorprendente -por no decir acojonante- en la cocina de la mansión Hyuuga. No eran nada más ni nada menos que Neji Hyuuga, mi primo, y mi mamá: Hikari Hyuuga teniendo la conversación más amena y apasionada que pude ver en mi vida; realmente parecían estárselo pasando bien, así que no les molesté. Todavía cuando escribo esto, me pregunto si aquellas posiciones y esos jadeos eran una simple conversación, porque hasta yo misma me sentí extraña al verlos. Sabía que hablar de sexo era algo normal, pero me pregunto si es posible que mi madre, Hikari y mi primo Neji estén engañando de esa manera a mi padre teniendo esas conversacions a escondidas... Quisiera haber expresado esto tal como lo vi, pero habría sido una grosería de mi parte contarlo con detalle"...
Y ahí no acababa, pero en el cuello de Neji se habían marcado claramente sus venas, pronosticando que un enfado considerable estaba a punto de caer sobre la hija única de Hiashi Hyuuga. No, esa niñata no se saldría con la suya; no iba a manipularlo, ¿o es que acaso eso de escribir lo que había visto la otra noche en la cocina no era una manera de querer manipularlo? Por un lado se preguntaba que le tendría preparado esa niña, pero una cosa le había quedado clara de la rama del hermano de su padre: casi todos ellos tenían la misma naturaleza manipuladora y rastrera. Si es que todo se heredaba y Hinata no parecía tener ni una cualidad de su madre, excepto sus rasgos.
-Encima de estúpida, manipuladora y rastrera -Se dijo el Hyuuga con crudeza, una sonrisa torcida se dibujó en sus labios-. Esta familia está llena de basura.
Incluso él lo era, por pensar de esa manera.
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Hinata y Hikari llegaron a la mansión Hyuuga cuando el poco sol que quedaba ya se habia escondido entre las oscuras nubes que anticipaban la noche. Las farolas ya estaban encendidas, esparciendo su luz por la calzada y parte de la acera de la calle más rica de toda la ciudad. Hinata suspiró aliviada cuando al fin entró en porche de la casa; su madre, a su lado, no parecía mucho más feliz que ella. El día había sido uno de los más aburridos que había tenido la desgracia de vivir, y es que del mediodia a la tarde no habían hecho otra cosa que soportar la algarabía incesante de la señora Tomoeda, una "amiga" de Hikari. Como factor alterno, Hinata había tenido que soportar al hijo de dicha señora, que se la estaba comiendo con los ojos nada más llegar; por supuesto, la siguió durante toda la tarde, le preguntó que qué carrera pensaba seguir y trató de tocarle el trasero en diversas ocasiones. Luego tuvo que soportar que la madre de ese idiota se había dedicado a interrogarla sobre lo que haría en el futuro, ¿qué mierdas les importaba a ellos? En fin, nunca lo entendería.
-No sé cómo puedes soportar a ese tipo de gente, mamá -Hinata no se pudo reprimir más sus palabras-. ¿qué pretendían?
-Cuestión de protocolo, hija -Le contestó ella con una sonrisa-. Algún día quizá lo entiendas.
Hinata calló y ambas entraron, recibidas por la sirvienta, que aún se encontraba en la casa. Una vez en el salón, anunció que la cena pronto estaría lista, desapareciendo nuevamente por el pasillo, probablemente en dirección a la cocina. Hikari se sentó en el sofá mientras que su hija subió a su habitación a ponerse algo más cómodo.
Hinata atravesó el pasillo e ingresó en su cuarto, donde comenzó a desabotonar los primeros botones de su camisa y a bajarse la cremallera de la falda plisada que vestía. Se deshizó de los zapatos y relajó los ojos en la oscuridad, mientras su falda caía al suelo y cerraba la puerta con uno de sus pies. Se dirigió a la cama y se tiró en ella, cansada de ese día. Se puso boca arriba y observó sus piernas desnudas, doblándolas y acariciándolas; suaves y sin vello. Era una suerte que hubiera tenido una "noche de chicas" justo antes de acabar la escuela, una especie de despedida. La depilación a la cera había sido algo dolorosa, pero no tanto como para morirse...
-Lindas piernas -Habló una voz en la oscuridad.
A Hinata le dio un salto el corazón; conocía esa voz.
-¿Ne-Neji? -Tartamudeó, temiendo que no fuese quien decía.
-El mismo -Respondió. Ya no había duda de quién se trataba.
Hinata reaccionó. Se levantó de la cama y corrió a la puerta, donde encendió la luz y comprobó de quién se trataba: Sí, el mismo Neji Hyuuga en persona. ¡Pero que mierda hacía allí, en su habitación?
-¿Qué mierda haces en mi habitación? -Se le escapó por la boca. La verdad es que ir a una escuela de chicas no le había hecho mucho bien a
su vocabulario. Se puso una mano en la boca, tratando de controlarse. Ella era tímida y recatada, se repitió en su interior.
-Pues como ves, tengo tu diario -Le mostró el pequeño cuaderno que había en su mano.
-¿Y qué se supone que haces con él? -Le preguntó, suavizando el tono esta vez.
-Lo había acabado leer, pero me pasé por aquí y noté que habías escrito más, así que también lo leí -La mirada de Neji se endurecía mientras hablabas.
-¿No sabías que las cosas ajenas no se curiosean? -La pregunta era retórica, Hinata casi no podía controlar sus nervios y comenzó a temblar imperceptiblemente.
-Entre familia no hay que tener secretos, ¿no crees, primita? -Le preguntó, con rostro tranquilo. Sin embargo, había algo en sus ojos que la hacía temerle.
-Pues si has leído bien -Comenzó Hinata, reuniendo valor-, sé que Hikari y tú teneis uno muy grande.
Neji se levantó y Hinata hizo amago de abrir la puerta, sin embargo la voz de su primo la paró:
-No te atrevas a abrirla sin antes haberme dado una razón por la que has escrito esto -Hinata tembló. Su primo la estaba asustando, en gran parte porque nunca le había oído hablarle en aquel tono. Notó como la mirada de aquel hombre parecía escrutarla, recorriendo cada centímetro de ella y pronto se dio cuenta que era porque su piel estaba más expuesta de lo normal. Sin embargo, no podía moverse, estaba como paralizada por esos ojos grises.
-N-No te tengo por qué dar razones... -Le costaba reunir el valor y las palabras- cuando tu que fuiste el que leyó sin permiso algo que era mío, algo que... realmente no te importa. Por favor, márchate.
-¿Y por qué debería marcharme? -Preguntó, sonriendo socarrón-. Estoy en mi casa.
Neji avanzó unos pasos, amenazador. Los nervios de Hinata se acrecentaron hasta hacerse más visibles. Sus manos temblaban y sentía algo de frío; el el ambiente ya se notaba la venida del Otoño.
-Porque esta es mi habitación, estás invadiendo mi espacio vital. -Neji no paraba de avanzar y pronto estuvo a pocos pasos de ella, tan cerca que Hinata pudo oler su aroma, transportado por el poco aire que quedaba en el cuarto-. Por favor... vete.
Él hizo caso omiso de sus palabras y se acercó aún más, invadiendo del todo el espacio de su prima. Puso una mano a cada lado de la pared, rodeándola y rozando la piel de su mejilla contra la suya, le susurró al oído:
-Si le dices algo a tu padre que nos incluya a Hikari o a mí, te haré algo que no olvidarás nunca -Bajo hasta su cuello y aspiró lentamente, como si necesitara su dosis. Hinata estaba paralizada, en shock. Notó, sutilmente, como la mano de su primo acariciaba su muslo desnudo. Quiso hablar, pero sus de sus labios no salían palabras. Su primo no intentaría nada, ¿verdad?
-Hinata, Neji, ¿bajais a cenar? -La voz de Hikari resonó por el pasillo, invadiendo los cuartos de toda la planta superior-. Os espero abajo, venid rápido o se enfriará.
Neji retiró sus manos de su prima y la dejó apoyada en la pared, pálida y temblorosa.
-Recuerda lo que te he dicho -Le dijo, cogiendo el pomo de la puerta y girándolo, abriendo la puerta y abandonando la habitación.
Cuando la puerta se cerró, Hinata se abrazó a sí misma y se deslizó hasta el suelo. Esa noche no pudo dormir, tratando de sacarse las imagenes de los ojos de su primo mirándola de esa manera, sus manos tocando sus muslos, su voz susurrándole una amenaza que no se le iba de la cabeza, su aroma.
No podía perdonar esa humillación, pero por más que quisiera no podía olvidarlo.
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Neji se apoyó en el otro lado de la puerta, respirando descompasadamente. Ver a su prima semidesnuda no había hecho ningún bien en su anatomía baja. Notó como lo que tenía entre las piernas seguía latiendo por las imágenes frescas del bien formado cuerpo de su prima. La manera en que sus piernas se cruzaron y en cómo se las tocaba, le había provocado una prominente erección. No pudo evitar sentirse molesto pero tendría que darse una ducha bien fría si quería quedarse tranquilo y con el mal día que había pasado, no le vendría nada mal. Sin más dilación, se dirigió a su cuarto para tomar una ducha de lo más helada.
Porque ciertamente, aquello no se le olvidaría en mucho tiempo.
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Neji bajó al comedor quince minutos después y Hikari le miró desde su asiento, extrañada.
-¿Por qué no te sientas a cenar? -Preguntó, pero le chico hizo caso omiso.
-Hay algo importante que deberías saber -Le respondió-. Hinata lo sabe, sabe que somos amantes.
El bello rostro de la mujer se contorsionó en una especie de mueca, se echó las manos a la cabeza y sonrió con amargura. En menudo lío se habían metido.
Continuará...
¡Holaaaa! Siento haber tardado pero tuve mucha falta de inspiración y todo lo que escribía no me gustaba. Pido disculpas y espero que no me matéis, porque si no, no habrá más historia. El capítulo es largo, casi nunca los escribo así, hice un gran esfuerzo. Espero que lo hayáis disfrutado, abrazos y hasta la próxima.
Agradecimientos especiales a: Viicovic, Akeshi 03, Flordezereso, Sayuri Koitsumi, Belldandy, Ddei, Akasha, Hina-chan, Maria-chan Uchiuga, Mangetsu-Souke, Love-Isaq y NejiHien.
