Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.
Advertencia: +18 a la vista. Cuidado.
Infieles
08. Obsesión
Hinata se levantó aquella mañana con un extraño sabor de boca; y es que la idea de acudir a una entrevista de matrimonio aquella mañana no se le hacía del todo halagadora; más bien era una idea aterradora. ¿Ella, casada tan joven y con alguien que no sabía ni siquiera quién era?
Definitivamente no era algo que la entusiasmara.
Aparte de eso, estaba el tema de que tenía su primer día de trabajo esa misma mañana, a la misma hora de la dichosa entrevista y no quería faltar y que la tomaran como una irresponsable. ¿Qué le diría al señor Uchiha cuando llegase al día siguiente, excusándose con que había faltado porque su padre la había llevado a una entrevista de matrimonio? Sí, obviamente sería una excusa muy pobre.
Se metió al baño contiguo a su habitación y se duchó. Eligió del armario un traje de chaqueta beige, con el que se vistió lo más lentamente que pudo. Después de eso se maquilló y peinó con una pequeña coleta que dejaba el resto de su cabello suelto. Cuando el reloj del comedor daba las nueve, bajó por las escaleras.
Su madre y su padre ya la esperaban cada uno en su sitio y en cuanto ella se sentó, la criada comenzó a repartir el desayuno. Hinata reparó en que su primo no estaba; casi parecía haber olvidado el suceso de la noche anterior, pero no era así, porque en cuanto lo rememoró, las imágenes volvieron, y con ellas todo el odio reprimido hacia él. La noche anterior se había prometido guardarle tanto rencor como fuere necesario.
-¿Cómo has dormido, hija? -La pregunta de su padre la sacó de sus pensamientos y al mismo tiempo la sorprendió, ya que él no solía decirle ese tipo de cosas.
-B-Bien, padre -Titubeó, nerviosa.
Su padre la miró raro al notar como tartamudeaba, pero decidió no decir nada. Al mismo tiempo, Hinata se metió un pequeño trozo de comida en la boca, pero no pudo tragarlo. No solía estar desanimada por tanto tiempo, pero estaba asustada y preocupada por lo que iba a pasar al mismo tiempo. Su primo la odiaba y necesitaba un psiquiatra, su padre la había comprometido sin decirle nada y su madre no le hablaba (o eso parecía, por que no le había dirigido la palabra en lo que llevaba allí). Por otra parte, se había quedado sin su primer día de trabajo y consecuentemente sin su trabajo.
No podía estar más deprimida: ella también necesitaba un psiquiatra.
Y por lo visto, no sabía cuánto.
&
Neji entreabrió los ojos; el sol le cegaba y algo le oprimía el pecho, impidiéndole casi respirar.
Abrió un poco más los ojos y notó la figura de una mujer. Por un momento pensó que era Hikari, pero pronto supo que no: conocía las curvas de su tía política a la perfección y sabía que no era ella. De todas maneras no le importaba.
Ahora que lo recordaba, había pasado una noche realmente impresionante. Después de tirarse casi toda la noche de discotecas con aquella chica colgada del brazo. Borrachos, llegaron a la mansión a las cuatro de la mañana e hicieron el amor como locos.
Recordándolo, se pasó la lengua por los labios resecos y entonces cayó en la cuenta de que no se acordaba de la cara de aquella mujer con la que había compartido la noche y la cama.
Sólo recordaba haber pensado en ella con ansia, con odio, con agresividad y resentimiento. De repente, la cara que menos quería ver en ese momento se le apareció.
Se levantó rápidamente de la cama, no importándole echar a su acompañante hacia el lado contrario; buscó su móvil por toda la habitación y buscó el teléfono por todos lados. Cuando al fin lo encontró, revisó en la agenda hasta encontrar un número. Lo marcó y se puso a la espera.
«Clínica de Salud Mental Sakurai. ¿En qué podemos ayudarle?»
-Buenos días, quería cita para hoy.
De ese día no pasaba: Necesitaba un psiquiatra rápido.
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Hikari cerró la puerta del Lexus y se puso el cinturón. Su marido, en el asiento del conductor, arrancó el coche y se pusieron en marcha; a través del retrovisor, vio la mueca de disgusto de su hija.
También vio la suya.
No había sido una buena mañana, ¡y una mierda! Estaba realmente disgustada, al borde del enfado. No podía quitarse la imagen de Neji acostado con otra mujer que no era ella. Le podía perdonar haberle visto besar a su hija la noche anterior -otra cosa que quería olvidar-, pero esto ya era el colmo; ¡se había acabado!
Estaba tan celosa, tan absolutamente llena de ira… Quería llorar, matar a alguien, lanzarse del coche en marcha, pero era una mujer adulta y por lo tanto, razonable.
Todo había comenzado aquella mañana, cuando había entrado al cuarto de su sobrino para despertarle; entonces les había visto: Una chica morena y él, durmiendo tranquilamente encima de la cama; como tantas veces habían hecho ellos dos cuando Hiashi no volvía.
Le odiaba tanto, pero también le amaba tanto… Muchas veces se había dicho a sí misma que no se enamoraría de su amante, que era su sobrino y por lo tanto su familiar -aunque político- y que no debía sentir nada más por él que no fuese sexual; pero el inicio de aquel sentimiento había sido irremediable.
Le necesitaba a cada segunda y no había sido capaz de confesárselo a sí misma hasta aquel momento. Sin querer, una lágrima se resbaló por su mejilla, pero nadie fue consciente de ello.
&
A las diez de la mañana en punto, Hinata bajó del asiento trasero del coche de su padre. Un nerviosismo innato la carcomía, pero lo que más: estaba intrigada por saber quién sería su pretendiente.
Entraron a un restaurante que parecía caro y se sentaron en una mesa libre. Enseguida, un camarero con pajarita y que a Hinata le pareció cómico vino a atenderles. La joven se fijó en los grandes cristales a modo de paredes de aquel lado del establecimiento, y también en la mesa, adornada con un impecable mantel blanco.
Mientras sus padres ordenaban, se fijó de nuevo en los cristales y vio pasar a la gente que iba a trabajar, a un grupo de niños de excursión, una chica embarazada, un hombre que se le hacía conocido y una mujer...
-¿Qué le pongo a usted, señorita?
Hinata giró la cabeza. Había estado tan entretenida que no se dio cuenta que le hablaban a ella.
-Agua, por favor.
Vio como su padre miraba la hora en su reloj de muñeca, impaciente, y enseguida le vio sonreír: Parecía que ya habían llegado. Hinata se tensó y bajó la mirada, preparándose para el momento fatal.
Cuando subió la cabeza ató cabos finalmente, al verlo allí frente a ella, dirigiéndole una mirada altiva: era él.
«Uno de mis subordinados en la empresa"..., "Es mi mejor empleado, proveniente de una acaudalada familia»...
¡Oh, madre mía, era él!
Sasuke Uchiha se sentaba ahora ante ella, pero esta vez no en calidad de jefe, sino de prometido.
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Ya no estaba asustada, sólo sorprendida. Sólo hacía un día que se habían conocido y fue toda una coincidencia que él fuera su prometido sin ella saberlo. Se había pasado toda la noche angustiada por quién sería esa persona, pero ahora que lo veía, y por alguna razón que desconocía, no se sentía tan mal como antes; digamos que se había quitado un peso de encima.
Pero ahí seguía aquel sentimiento de temor a lo desconocido, de desconocerse incluso a sí misma… Notó frío a pesar del soleado día y tembló ligeramente. Quizá era porque no había comido, pero empezaba a sentirse cansada.
-Y bien Hinata, ¿qué edad tienes? -Le preguntó Sasuke con una sonrisa, como si no la conociera de nada.
-Tengo dieciocho años, Uchiha-san
-Llámame Sasuke, por favor.
-Está bien, Sasuke-san -Trató de sonreír, pero en vez de eso una fea mueca se formó en sus labios. No tenía ganas de echarle en cara que le conocía del día anterior; tampoco quería que su padre lo supiera.
-Hace buen día, ¿no crees? -Trató de conversar.
-Sí, claro -Respondió ella vagamente.
La conversación fue meramente esa, al igual que la que tuvo con la madre de Sasuke; Hinata descubrió que era una mujer realmente agradable y fácil de tratar a pesar de sólo haber intercambiado una palabras con ella. Por otra parte, se preguntó dónde estaría el padre de él, pero desechó este pensamiento ya que otra cosa la distrajo.
-¿Qué le parece si celebramos la boda cuando Hinata acabe la carrera, señor Hyuuga? -Oyó decir a la madre de Sasuke-. Mi hijo está muy ilusionado con la propuesta, pero ha pedido tiempo para conocer a su hija más en profundidad.
-Lo veo bien -Contestó Hiashi-. Es una de las cosas que había tenido en cuenta. Quiero que ambos estén preparados para llevar la empresa en el futuro.
-Supongo que comparte el deseo por la felicidad de ambos -Siguió hablando la mujer-. Me gustaría que su compromiso se fortaleciese y no tuvieran lugar ciertas discrepancias.
-La entiendo perfectamente, señora Uchiha.
Hinata prefirió no seguir escuchando; no quería pecar de cotilla.
Sin embargo, no podía dejar de pensar en que estaban planeando su boda tres o cuatro años antes de lo esperado -muy pronto para ella, ya que nunca había planeado casarse-. Su plan de vida no constaba de una boda con alguien que casi ni conocía, y porque sus padres se lo habían mandado discretamente. Y sobretodo, porque todo eso lo hacían si su consentimiento.
La culpable debía ser ella, por no quejarse nunca de nada; por no tener carácter.
La herida de tantos años sin verles ni tener noticias de ellos -sus padres- había hecho mella en ella y aún no se había cerrado: Más bien se estaba abriendo más y más, pronto sería tan grande que no habría manera de coserla.
Quiso explotar ahí mismo, pero no tenía fuerzas ni valor suficiente. Para acabar de empeorar la cosa, empezaba a sentir molestias en el estómago y unas náuseas horribles que le subían a la boca. Luego un ardor en el pecho, la sensación de no poder respirar. Se sentía mareada, así que tomó un poco de agua por si se le calmaba: la frescura del líquido la alivió bastante y pudo, al fin, calmarse un poco.
Lo había estudiado en la clase optativa de Psicología de su instituto: aquellos síntomas eran el principio de un ataque de ansiedad.
Le iría bien un psiquiatra: Quizá su madre le podría recomendar uno y pediría cita, así se calmaría y quizá, con algo de suerte, le recetara algo para calmarse.
&
Visto que eran las once, pidieron el almuerzo. Fue entonces cuando Hinata sintió ganas de ir baño; poco antes de llegar, Sasuke Uchiha la siguió y la tomó del brazo antes de que entrara, entregándole algo:
-Éste es el documento identificativo que dejaste en mi oficina ayer -Le dijo con rostro inexpresivo.
-Gracias, Uchiha-san -Respondió ella-. Aunque preferiría que me lo hubiera entregado hoy en la empresa.
-Lo siento, Hinata-san, pero no te puedo dar un puesto en la empresa -Se disculpó él-. No me está permitido, y ayer no te quise decir que no. Sin embargo, espero que nos llevemos bien; ojalá no me guardes rencor.
-Claro que no… -Se le pasó un poco el resentimiento-. Sólo me hubiera gustado que me dijeses la verdad.
-¿Entonces me perdonas? -Una media sonrisa iluminó el rostro de él, y ella no pudo decir que no.
-S-Sí, claro.
Hinata se fue al baño, y Sasuke volvió a la mesa. Siguieron comiendo y Hinata se unió al poco rato, mucho más alegre de lo que había salido de casa ese día -aunque con las mismas molestias estomacales-. Pero de algo estaba segura: Ya no la amargarían más ese día.
Quizá no debió confiarse de aquella manera.
&
En la clínica de salud mental Sakurai, Neji esperaba su turno en un cómodo asiento acolchado. Por no tener coche, había tenido que caminar un buen rato y coger un autobús que lo dejase cerca, así que estaba extremadamente agobiado: no estaba acostumbrado al transporte público. Había sido una pena que le hubiesen robado la bici hacía unos años… Quizá era el momento de comprar otra.
Había despachado a su "chica" hacia más de una hora y ésta había aceptado gustosa una nueva invitación para el sábado siguiente. Aunque Neji sabía la cruda realidad: era probable que no se volviesen a ver.
Pero es que él no estaba acostumbrado a tener a una cada noche, porque desde hacía un año y medio sólo se acostaba con Hikari. Ni una chica más en ese tiempo: sólo ella. Se había hecho algo común estar con ella y con ninguna más. Casi se había acostumbrado.
No le tenía pena a su tío Hiashi; no dudaba que él hiciese lo mismo con otras mujeres. Más bien, odiaba la manera que tenía de tratar a Hikari, por lo pronto su prima le daba igual, estaba demasiado cabreado con ella como para cuidarla o hablarle. Pasada la borrachera del día anterior, se había propuesto "intentar" -a ver si podía- no hacerle la puñeta ni fastidiarla. Ni siquiera volver a besarla.
Muy a su pesar, no había podido desprenderse de ese recuerdo: ese era el motivo por el que ahora se encontraba en la consulta de una de las psiquiatras más brillantes de todo el país. Yuuhi Kurenai era una de las psiquiatras más prestigiosas en la clínica, con todos sus diplomas colgados de la pared, sus gafas de media luna y su bolígrafo en mano. Había sido amiga de su padre, y hacía muchos años, cuando aún era un adolescente, había acudido a ella
Se sentía del todo agradecido con ella, y era a la única a quien podía confesar sus problemas, más que a cualquier otro médico.
-¿Hyuuga Neji? -La voz de una chica de bata blanca le sacó de sus pensamientos.
-Sí, soy yo -Respondió.
-Ya puede pasar, la doctora Kurenai le está esperando -Le sonrió.
-Gracias -La joven se retiró y él avanzó hasta la puerta, abriéndola y entrando.
Lo primero en que se fijó, fue en el agradable tono melocotón de las paredes; en la suave luz que entraba por los ventanales y en las cortinas blancas. Luego vio a la doctora en psiquiatría Yuuhi Kurenai: Se conservaba tan bien como años atrás.
-Neji, me alegra verte de nuevo -Habló con tranquilidad-. Ha pasado mucho tiempo.
-Sí, lo sé -Respondió mientras se acomodaba en una de las cómodas sillas del despacho-. Pensé en hacerte una visita, pero estuve ocupado con las clases; además, no sentí la necesidad de venir.
-Te entiendo perfectamente -Afirmó la mujer-. Pero dime, Neji, ¿qué es lo que te preocupa?
-Es mi prima -Dijo con rotundidad.
-¿Qué hay con ella? -Preguntó la psiquiatra, sacando un bloc de notas de un cajón, y empezando a apuntar en él algo ilegible.
Neji se mordió el labio, contrariado en decirle éso que tanto le preocupaba o no, pero al fin se decidió, y comenzó a hablar; realmente necesitaba contarlo.
-Llegó hace un par de semanas a casa y se me hace insoportable tenerla cerca -Empezó-. Es como un virus, se me ha pegado y no puedo sacarmela de la cabeza. Empiezo a preguntarme qué diablos me pasa con ella.
-¿Puedo suponer que te gusta? -Neji se azoró ligeramente al oír la pregunta.
-No, no me gusta -Objetó-. Más bien me disgusta; creo que incluso he empezado a odiarla. ¿Puedes creer que el ayer casi tenemos un accidente por su culpa?
-¿Qué hizo? -Le miró dubitativa, con el bolígrafo al filo del cuaderno.
-¡Trató de tirarse del coche, la muy estúpida!, ¿Puedes creerlo?
-Ajá. Realmente es un comportamiento algo psicótico, pero, ¿hubo algo que le molestase de ti en estas dos semanas, Neji? Piénsalo bien.
Neji recordó en aquel momento, todas las pequeñas putadas que se habían hecho -y las que aún le quedaban- y bufó exasperado: -Claro que sí, supongo que son demasiadas cosas; ya me conoces.
-¿Pasó algo después de eso?
Recordó borrosamente aquel beso que no debió darle; había sido un castigo.
-Nos volvimos andando, y quise atemorizarla por medio de la violencia verbal, pero me dio una bofetada y salió corriendo. Luego en casa… la besé contra su voluntad; quería castigarla, hacerla sentir mal.
La psiquiatra apuntó todo escuetamente y le miró fijamente; le habló amablemente, con tono profesional.
-Entonces pensaste en venir a verme, ¿me equivoco?
-Siento decir que sí. Ya llevaba tiempo pensándolo, pero esta mañana surgió la gota que colmó el vaso.
-Cuéntame.
-Anoche me acosté con una chica, y cuando he despertado y la he visto, me ha pasado la imagen de Hinata por la mente.
-Debo suponer que Hinata es tu prima, ¿cierto?
Neji asintió y fijó la vista en la ventana; a lo lejos se veían montañas de las que desconocía el nombre, carreteras, edificios… pero sólo podía pensar en su problema.
-Neji, tienes que entender que lo que has hecho está mal. Mi consejo es que te centres en tus estudios y busques un trabajo a media jornada; trata de no estar cerca de ella, no es conveniente que sigas obsesionándote. No caigas en el error hacerla víctima de tu pasado, Neji.
Neji se reprimió la rabia. Sabía que Yuuhi Kurenai tenía razón, pero no quería admitirlo.
-Cuando viniste hace cuatro años, te costó mucho contarme lo que te había ocurrido, lo que habías hecho; pero mejoraste, Neji. Fuiste uno de mis pacientes más difíciles, pero con ayuda superaste lo que te había ocurrido -La mujer hablaba firmemente-. Y sabes que no quieres volver a lo mismo, ni yo tampoco; no quiero volver a verte así.
Recordó cuando había acudido a la consulta de Yuuhi Kurenai hacía cuatro años, tras la muerte de su padre. Como amiga de Hizashi Hyuuga, ella no le había cobrado nada y le había atendido en su propia casa.
Sentía tanto o más rencor hacia su tío Hiashi de lo que ahora, ya que ni siquiera les había ayudado en su pobreza; no tenía dinero ni un hogar al que ir, porque le habían embargado; iba de calle en calle, rondando por allí y por aquí, haciendo trabajos que le dañaron el cuerpo y el alma, que le hicieron ver la crudeza del alma de los hombres. Se metió en peleas, sufrió toda clase de abusos, olvidó lo que era una vida.
Llegó a la consulta traumatizado, a la defensiva, sin nada que le diese fuerzas para seguir viviendo.
Pero con el tiempo su mente sanó, mas no su alma. Sin embargo, Hinata había venido para torturarlo un poco más, para hacerlo sentirse como uno de esos asquerosos hombres que le habían torturado en su adolescencia.
Aunque lo había superado, se odiaba en cierta forma. Repudiaba lo que en su día había tenido que aguantar y hacer por dinero.
Y lo peor es que quería hacer sentir a su prima lo que él había vivido, quería que se sintiese como una rata miserable.
Sin embargo, aunque le costase una vida, trataría de no hacerlo trataría de reprimirse, de callar, de alejarse de ella como fuese; aunque tuviese que alejarse de Hikari y de la fortuna de la familia Hyuuga.
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Hinata se echó a la cama, agobiada por tanta formalidad. Acababa de entrar a casa sola con su madre, ya que sus padre las habían dejado en casa y se habían ido vete a saber dónde. Su madre se había disculpándose por dejarla sola; momentos después había cogido el otro coche y también se había largado.
Por lo demás, después de la sorpresa que se había llevado en el restaurante, no le vendría mal un baño de espuma. Se sonrió. En el internado nunca habría podido darse esos lujos, ya que sólo había duchas. En su actual habitación también habían duchas, pero sabía que al final del pasillo, justo al lado de la habitación de sus padres, había un baño enorme.
Lo había descubierto hacía unas noches, cuando rondaba por el pasillo sin poder dormir. Había abierto una puerta, y… ¡Gualá! Un pequeño cuartito a la entrada para desvestirse, después de eso una bañera con hidromasaje de las caras, botellas de jabón y sales de baño en una pequeña estantería de cristal, y una ventana grande desde donde podían verse todas las casas del barrio y más allá. ¡Menudo lujo!
Recordando que había dejado ese baño para otro día, se preparó la ropa que se pondría y atravesó su cuarto hasta llegar a la puerta, la cual abrió; salió fuera y se dirigió directamente al famoso baño. Cuando llegó, suspiró, sonriendo: al fin podría quitarse el estrés de todos los días que había pasado en aquella casa, podría estirarse en aquella gran bañera llena de agua calentita, podría relajarse, aunque dudaba que se durmiera.
Cuando entró, abrió el grifo y empezó a desvestirse, Hinata olvidó cerrar con pestillo.
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Neji se adentró en la mansión Hyuuga resoplando; la puerta estaba cerrada con llave, así que había tenido que buscar las llaves por todos sus bolsillos, hasta recordar que guardaban una bajo la alfombra. Siendo que nadie iba a robar a ese barrio -ya que era relativamente seguro- se suponía que dejarla ahí no era algo malo. Sin embargo, Neji pensaba que cualquier día les iban a entrar a robar.
Subió las escaleras hasta su cuarto, notando que no había absolutamente nadie. Cuando entró, se echó a la cama, cansado mentalmente por su visita al psiquiatra. Había recordado cosas del pasado que no le habían gustado, cosas que preferiría no recordar, pero seguían ahí, preparadas para amargarle en cualquier momento o situación.
Pero sabía que podía guardárselas. Porque nunca revelaría nada de aquellas vivencias pasadas.
Levantándose de la cama, Neji se quitó la camisa y los pantalones, abrió el armario -de donde cogió una toalla y algo de ropa- y caminó directamente hacia su puerta. Era hora de usar el baño que se encontraba al lado de la habitación de sus tíos; ese gran baño que adoraba.
Caminó por el pasillo y se situó ante la puerta, entreabriéndola. Y lo cierto es que Neji no esperó encontrarse con tal espectáculo: Su prima en todo su esplendor, extendida a lo largo de la bañera con las finas hebras de su cabello flotando en el agua; completamente desnuda. Neji no pudo evitar quedarse mirando fijamente sus curvas, sus pechos redondos y grandes, su vientre plano, sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos.
Sintió como su vello se erizaba y su amigo se le empalmaba; tragó saliva. Y entonces su razonamiento empezó a nublarse.
-Al demonio contigo, tú te lo has buscado -Susurró, fuera de sí.
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En cuanto oyó aquel susurro, Hinata abrió los párpados, asustada. Se encogió en la bañera y miró a su "agresor" a la cara. Cubrir su desnudez como pudo, agarrando una toalla que había dejado en el suelo anteriormente; todo eso antes de que él llegara hasta ella. Con brusquedad y una fuerza de la que no le creyó capaz, la sacó de la bañera y la arrimó contra la pared.
-Te has dejado el pestillo abierto para que te vea, ¿verdad? -La había agarrado por las muñecas y la miraba con furia, hablándole muy cerca de la boca-. Eres una zorra.
La joven se sonrojó, hiperventilando por el susto. Notaba como su pecho subía y bajaba rápidamente junto al de él. Estaba en una posición degradante, pero gracias a dios tenía la toalla como barrera, porque sino se hubiese muerto de la vergüenza. Intentó zafarse de su agarre, pero sus intentos fueron frustrados; era demasiado fuerte para ella. Tragó saliva, impotente. Un nudo se había formado en su garganta, impidiéndole casi hablar.
-Ne-Neji, por favor... Déjame en paz -Le rogó, aguantándose las lágrimas que luchaban por salir. Una mueca deformó sus labios.
-¿Por qué te tendría que dejar? -Argumentó-. Para eso has venido aquí, ¿no? Para que no te deje de follar en toda la tarde, ¿verdad? Se ve que en el colegio al que ibas te dieron duro. Siempre me pregunté cómo serías, pero ahora lo he descubierto: eres la gran mosquita muerta que pensé que eras en un principio.
-¿T-Te estás oyendo? -Respondió con un par de lágrimas bajando por sus mejillas; incrédula-. Estás enfermo.
Estrujó sus muñecas, haciéndole saber que estaba de verdad cabreado. Ella gimió y contrajo su rostro, tratando de no llorar más.
-¿Ahora lloras? -Se rió-. ¿Acaso no te gusta esto?
Se restregó contra ella, y Hinata notó algo bajo sus pantalones; duro, erecto, palpitante. Se impactó: Esto no podía estarle sucediendo a ella. Quería que la dejara ir, marcharse de ese baño y no volver más, quería volver al internado y estar con Naruto, disfrutar de su sonrisa otra vez. Olvidarse de que tenía una familia, olvidar el odio mutuo de Neji y ella. Pero eso ahora no podía ser.
Y por más que no le gustara como Neji se frotaba contra ella, sus sentidos la traicionaban. Sentía un calor iracundo deslizarse hacia su intimidad, sentía las manos de su primo infiltrarse por debajo de su toalla, su boca buscando fieramente sus labios, casi con ansiedad. Se enojó con sí misma por ser tan débil al calor masculino de aquel que no la soportaba y que sólo quería burlarse de ella... Sentía que se estaba volviendo loca, pero eso debía parar.
Y de hecho paró, porque Hinata le empujó en aquel momento de debilidad, tirándolo al suelo. Cogió su ropa rápidamente y salió corriendo directa a su habitación.
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Desde su coche, Hikari pudo ver a Hiashi entrar a la casa de una desconocida. Sabía quién era ella: Hanabi Ichinose, su secretaria.
Se habían besado al entrar y no le había afectado para nada; para él siempre sería un témpano de hielo. Aunque dolía pensar que se había casado con ese hombre no por amor, sino por un estúpido compromiso. Pensó que podría amarle, pero jamás fue así. Los primeros años había sido amable, pero al tener a la niña se había vuelto frío y distante. Que pena haber desaprovechado la vida al lado de un ser asqueroso, sólo podía descartar algo en aquellos años, y era el haber tenido a Hinata. La había dado a luz en una fría noche de Diciembre, y para ella esa sería una de las noches más felices e importantes de su vida.
No se quedó más. Tenía que volver a casa rápido para escribir un poquito; en realidad, echaba de menos sus ratos a solas con el portátil.
Arrancó el coche y puso una de sus canciones preferidas a toda pastilla; a parte de su cita con la escritura, tenía una conversación pendiente con Neji.
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Hiashi miró por la ventana como el coche de su esposa se alejaba. Era ella, no había duda. Le había seguido cuando le tenía dicho que no le importaba dónde iba o dejaba de ir. Mujer estúpida. Cuando llegase a casa la insultaría hasta hartarse, le pegaría si hacía falta.
-¿Qué pasa, cariño? -Preguntó Hanabi, zalamera.
-Nada, preciosa -Respondió, encontrándola desnuda.
La agarró por la cintura y la encaminó hasta el cuarto, donde ambos fundieron sus bocas apasionadamente. Se deslizaron en la cama de sábanas blancas, dando rienda suelta a su pasión...
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Neji estaba en el baño aún, mirando al techo desde la bañera, absorto en su blancura; pero en realidad no pensaba en eso, sino en la desnudez de su prima y en su pelo, en sus labios, en sus pechos... Su mano se movía bajo el agua, trabajando en su miembro, subiendo y bajando aquella frágil piel que le llegaba a causar tanto placer. Oh, Dios, sabía que era un error, pero no podía parar de pensar en ella. La recordó bajo sus brazos, resistiéndose, tan débil... tan provocativa, tan endemoniadamente tentadora...
Estar así con ella había creado en él algo que no comprendía; su prima se había convertido en su particular obsesión.
Continuará...
Nota: Otro capítulo ^^. Me ha costado muchísimo acabarlo. Espero vuestros comentarios, y si habéis visto algo que no os gusta o que esté mal, me lo decís, jeje. Se aceptan críticas, opiniones, etc. Un beso y abrazos a todas/os ^^ Agradecimientos especiales a: Bell, Ridesh, Chiiiachan, Fujioka-chan, Neji-Hien, Isabella-Haruno, Artemisav, Daniratoe, Mangetzu-Souke, Karina Natsumi y Hinata Asumi Kaoru Lore.
