Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.


Infieles


09. Decisiones

Al fin. Su primer día de Universidad, el inicio de una fase que había esperado durante mucho tiempo, pero que al final no había sido la esperada.

Se observó ante el espejo, vestida con unos tejanos y una camisa blanca de manga corta; ese sería el primer año sin llevar el largo y oscuro uniforme del internado.

Se fijó en sus ojos, que le devolvían una mirada de extrañeza; y sus ojeras... sus ojeras eran a causa de no haber dormido bien por tres noches. Desde aquel día.

Nadie sabía lo que había ocurrido en aquel baño. Se había guardado el secreto y procuraría no contárselo a absolutamente nadie. Sin embargo, no podía obviar que el no haber dormido bien por pensar en "eso" era su culpa.

Por él: La causa de todos sus males, de todas sus inquietudes… el causante de que se hubiera pasado tres noches pensando en lo que había pasado. No había podido evitarlo: Todas aquellas sensaciones, aquel temor… aquella excitación tan parecida a su pequeña experiencia con Naruto.

Pero no, ¡ni hablar! No era para nada igual, ¡Él había intentado forzarla!

Su timidez se indignaba cada vez que recordaba sus pieles rozándose, aquel sabor amargo en sus labios. Sus mejillas se tiñeron de carmín.

Aquella noche había entrado a su cuarto como una exhalación, cerrando el pestillo; se había tirado a la cama, roja como un tomate, asustada, y aún así deseosa de haberle sentido. Su debilidad como mujer había actuado por ella.

Pero se lo había prohibido a sí misma y creía que eso era lo mejor.

Porque no quería absolutamente nada con Neji. Le odiaba. Detestaba cada parte de él, tanto que le habría gustado no volverle a ver, olvidarse de su cara, incluso de su nombre. Era su familiar y había ultrajado -desde el principio- su voluntad.

¿Acaso no tenía alma? No, eso no. Era muy vano e infantil pensar en que el alma cabía en él. Podría tener un cuerpo de ensueño, pero a ella no la engañaría. Si algo la había enseñado estar recluida en un colegio de monjas durante tanto tiempo y tener una mala experiencia en el amor, había sido a pensar en su propia salud mental. En liberarse de demonios como Neji Hyuuga.

Y es que había llegado a la conclusión de que él, al contrario de estar enfermo, estaba demasiado cuerdo. Conclusión: Era un degenerado.

Casi no lo había visto desde aquel suceso, y sabía que era lo mejor. No le hablaría a nadie respecto a eso por respeto, pero le iba a guardar el aire a Neji.
Se había acabado la Hinata Hyuuga buena, se había acabado la amabilidad. Todo. Se forzaría a no ser la misma con él.

Mirándose una vez más al espejo, se arregló un mechón de cabello que le caía por la frente y se volvió. Cogió su bolsa y salió por la puerta, suspirando.
Ahora tenía un prometido por conocer, una carrera por estudiar y un futuro; no iba a echarlo todo a perder por el idiota de su primo.

-¡Vamos allá, Hinata! -Se dijo mientras caminaba por el pasillo.

&

Neji remoloneó en la cama. No se quería levantar, no después de haber -al fin- dormido dos horitas esa noche. Digamos que algunos problemas le acosaban: Empezaba la universidad ese mismo día, su tía le había confesado algo que le había dejado patidifuso y también estaba el otro problemita con su prima...

Recordó la desastrosa conversación con su "tía" hacía tres días, cuando después del suceso del baño con Hinata, entró a su cuarto sin que se diera cuenta...

-Te he visto esta mañana -comenzó ella.

-¿Y? -Alcanzó a decir, hastiado. Las imágenes de su prima aún estaban demasiado frescas, quería que le dejara tranquilo un rato-. ¿Acaso es eso una novedad?

-...con una mujer -Acabó, seria.

Neji subió la cabeza y la miró, dubitativo. Pronto vio la rabia en sus ojos a pesar de no mostrarla con palabras fuertes, ¿celos?, ¿acaso eso podía ser posible en ella? Nunca, jamás antes los había visto.

-¿Acaso lo tengo prohibido? -Atinó a pronunciar, sorprendido-. ¿Estás celosa?

Sonrió. Era demasiado cómico que ella pudiese estar enamorada de un tipo como él, que nunca se había enamorado de ninguna de ellas. Sí, realmente gracioso.

-Te voy a ser sincera, Neji -Hikari tragó saliva y de repente él sudó frío.

¿Qué pasaba ahora mismo en esa habitación, qué diablos estaba ocurriendo? Sabía que algo se aproximaba, algo que rompería lo que hasta ahora tenían.
No quería oírlo; no aún. Sin embargo, escuchó muy bien aquellas palabras fatales que lo cambiarían todo de la mañana a la noche.

-Estoy enamorada de ti.

Por un momento aquella idea le conmocionó. No podía ser cierto, no quería que lo fuese. Necesitaba una amante, no una compañera para toda la vida. Pronto racionalizó las cosas: La conocía, sabía que nunca había tenido las cosas claras respecto a ambos. Quizá estaba confundida.

-Desde el principio dijimos que no iba a ser una relación seria, ¿te acuerdas? -Le dijo él después de unos segundos-. Que no iba a ser más que una mera distracción a nuestros problemas.

-Lo sé -Respondió decidida-, y también sé que no tengo derecho a decirte nada por traer a tus amigas a casa, pero... no puedo soportarlo. Te ruego que si quieres tener sexo con alguien, no lo tengas en esta casa. Es realmente insoportable.

Tan rápido como había venido, se fue. Y él se quedó allí, sin nada más que decir.

Volviendo al presente, levantó la cabeza con pesadez y miró el despertador: casi las nueve. Echó cuentas: La ceremonia de inicio de curso empezaba a las nueve, y eran las ocho y media.

Sin prisa, se levantó de la cama y se vistió con efectividad, como era costumbre en él. Ese año "ella" empezaba, y no lo había recordado, porque después de recordarla también venían aquellas imágenes subidas de tono.

¿Por qué no decirlo?

Tenía un problema, y de los gordos: No tenía remordimientos, sólo una obsesión enfermiza que no hacía más que atormentarle.

¿Estaba enfermo, mal de la cabeza, loco?, ¿acaso todo eso no era lo mismo?

Oh,no. Seguramente eso era autocompasión. Estaba peor, mucho peor que eso. No pensando más en cómo diablos estaría su cabeza de bien o mal, se dirigió al baño y abrió el grifo, dejando salir abundante agua fría. Se remojó el largo cabello, peinándolo para luego recogerlo en una coleta alta.

-Al menos soy un poco guapo, ¿no? -Le dijo a su reflejo; este le respondió con una sonrisa cínica, como siempre.

Digamos que todos los días su vida era igual: Salir con chicas, ir a clase, estudiar, acompañar a su tío a la empresa, acostarse con su tía… Había sidos divertido durante un tiempo, pero comenzaba a cansar. Creía que una obsesión le daba un punto interesante a su vida, cuando había perdido interés en casi todas las que hacía. Esta "cosa", obsesión, como se llamara, había hecho que se interesara en todas ellas, pero que también tuviese nuevos quebraderos de cabeza.

Por suerte, en sólo un curso más se largaría de aquella pesadilla de casa y viviría cómodamente con algo de dinero que tenía guardado de cuando trabajaba.

-Vamos allá -Se dijo, incentivado por sus pensamientos.

Se olvidaría de todo, de su obsesión, de Hikari, de su prima...

Viviría su vida sin ataduras, sin mujeres que le atosigaran. No iba a dejar que, en un futuro, su existencia estuviera envuelta en basura.

&

El estómago de Hinata rugió exageradamente en cuanto bajó por las escaleras. No queriendo decepcionarle, fue a la cocina para desayunar algo; abrió la nevera y descubrió un brick de leche y unas galletas en uno de los armarios de arriba.

-¿Cómo has dormido, cariño? -Su madre la sorprendió, entrando como una exhalación en la cocina, con lo que a Hinata casi se le derramo la leche en la camisa limpia.

Notó que ya llevaba el bolso, así que supuso que le iba a decir que salieran ahora mismo. Sin embargo, no fue así.

-Bien, mamá -Mintió ella, recomponiéndose del susto-. ¿Nos vamos ya?

-Neji me ha dicho que te llevará él. Yo no puedo, hija, tengo asuntos urgentes que atender -Se disculpó.

Hinata suspiró. ¡Cuán desdichada era! Se juró a sí misma comprarse una bicicleta en cuanto encontrase un trabajo a media jornada.

-¿Enserio tengo que ir con él? -Su día comenzaba mal de nuevo.

-Sé que estará encantado de llevarte. No le hagas esperar, él comienza a la misma hora que tú.

Sin que Hinata pudiera siquiera responder, la figura de Neji entró en la cocina.

-¿Vamos o qué? -Sonrió. Menudo cínico. ¿Qué se había creído el muy cínico, qué le podía sonreír y olvidar lo que había pasado hacía unos días?

Aquella ansiedad de unos días atrás volvió a adueñarse de su estómago, llenándola de náuseas. Decidió dejar la leche y las galletas donde estaban anteriormente y caminó hacia la salida de la cocina.

-Está bien, mamá. Adiós -Resopló molesta, atravesando la cocina y pasando de largo a su primo.

Y es que, la problemática era exactamente esta: Hiashi había ido al trabajo en uno de los tres coches -cosa normal en él; cada mañana lo hacía-, Hikari se tenía que ir urgentemente a algún lado y no podía llevar a Hinata a la Universidad porque simplemente tenía prisa. Pero la mayor problemática era que sólo quedaba un coche y Neji iba a cogerlo (y por supuesto era el único que tenía carné de los dos).

En resumen, que la parada de autobús estaba bastante alejada y no paraba en el campus, así que tenía que irse con Neji o a pie, lo que sería cansado y por lo que probablemente llegaría tarde.

No es que a ella le importase caminar, pero es que eso de llegar tarde el primer día no era algo típico en su persona.

Definitivamente comprar una bici sería la mejor idea de todas; aunque no supiera ir en ella.

&

Hinata abrió la puerta del coche, se sentó y se puso el cinturón. Trató de relajarse, pero cuando la puerta del conductor se abrió y su primo entró por ella, los nervios volvieron con más intensidad por haberlos estado reteniendo. Jugueteó con sus dedos, empezando a temblar mientras sus tripas se retorcían y se notaba un nudo en la garganta.

No tenía ganas de mirarle ni hablarle. Sólo estaba en el coche con él para que la llevara a la Universidad; nada más. Cuando el motor arrancó, él echó el seguro y entonces ella levantó la mirada, notando lo que estaba sucediendo.

-Es por si intentas lo de la otra vez -Agregó Neji-. Suicidate si quieres, pero no en el coche; me podrías matar a mi también.

Sin querer, sus miradas se cruzaron y Hinata se sonrojó notoriamente. Sin embargo, muy pronto se dio cuenta de lo que había dicho. Su manera de cortar el silencio no había sido muy grata.

Ofendida, apartó sus ojos de él y miró por la ventana, concentrándose en el paisaje que pasaba cada vez más rápido a través de esta. Siguió jugueteando con los dedos en su regazo, sin darse cuenta. Sus mejillas seguían rojas y sentía como era escrutada de vez en cuando, aunque de reojo.

Y es que, de vez en cuando, ella cometía el error de curiosear si él sentía remordimientos por lo que le había hecho.

Sin embargo siempre apartaba la mirada decepcionada, no descubriendo ni rastro de esa culpa que esperaba encontrar. ¿Neji no tenía alma? Lo sospechaba, pero había acabado por saber que era verdad, que él era un ser inhumano, carente de todo sentimiento. Pese a todo, su lado racional salió a flote: pese a haber convivido con monjas, no creía en un alma. Además, su pasión por la Medicina, la Bioquímica y todos sus ramos la había hecho ver el lado humano de las cosas. Digamos que el alma era inexistente según la ciencia. Y ella lo creía firmemente.

Hinata no quiso entretenerse más con él. Era obvio que no tenía remedio.

No hablaron durante todo el viaje. Al parar y salir del coche en el aparcamiento ni siquiera se dirigieron la palabra o se miraron. La frialdad y la tensión eran palpables en el ambiente.

Quiso mirar la hora, pero se dio cuenta que no llevaba ninguna clase de reloj, por lo que no le quedó más remedio que preguntarle a él.

-E-escucha... -La voz le falló momentáneamente, sin embargo prosiguió con renovadas fuerzas-. ¿Qué hora es?

Él la miró, como si no esperase eso de ella.

-Faltan diez minutos para las nueve; más vale que te des prisa.

Ese trato tan impersonal molestó un poco a Hinata, pero empezó a caminar deprisa en cuanto él lo hizo. No perdía nada siguiéndole.

Por lo que parecía, Neji sabía hacia dónde se dirigía, porque no tardó en ver a una gran multitud congregada a las puertas de un gran edificio, más parecido a un anfiteatro que a otra cosa -digamos que una sala de juntas se hubiese quedado pequeña-. Hinata recordó brevemente como hacía unas semanas Neji la había llevado a un bar de copas (aunque eso no estaba en los planes) y luego a visitar el campus por orden de su padre. En aquel momento habían tenido sus piques, pero luego él le había demostrado cierto tipo de cariño.

Recordaba con claridad cómo la había agarrado por el brazo y la había abrazado; como ella se había echado a llorar como una niña.

"Claro que me importa, todo lo que él os haga a tu madre o a ti me importa"...

Las recordaba. Se acordaba ahora de esas palabras mientras le seguía, observando como su cabello -recogido en una coleta alta- se movía al compás del viento de primeros de Septiembre… No entendía la manía de los hombres Hyuuga por conservar el cabello largo, ¿sería algún tipo de rito ancestral? En fin, no importaba demasiado, quizá le preguntara a su madre (y pensando en eso, la lista de lo que quería preguntarle a su madre se iba haciendo extensa). En su escrutinio, se fijó en lo alto que era su primo, por lo menos le pasaba seis o siete centímetros…

En cuanto se supo pensando en la altura de su primo se quiso golpear, pero no lo hizo para que no la trataran de loca. En su primer día de Universidad no era nada conveniente.

Y de nuevo volvió a los fustigantes pensamientos anteriores, a revolver su cabeza con cosas que quizá no tenían tanta importancia pero le causaban migraña. Porque no entendía cómo él había tenido que cambiar tanto como para tratarla tan mal, tan funestamente; hasta el límite de intentar forzarla.
Fue recordar aquel momento y se le volvieron a subir los colores. Decidió no pensar más en ello, pero fue demasiado tarde para reaccionar cuando se dio de morros contra "algo", o más bien dicho contra "alguien".

Volvió a sonrojarse sobremanera al descubrir que ese alguien era su primo; aunque por suerte él no se giró y puso suspirar tranquila.

Se reprimió a sí misma mientras retomaba el paso: Debía controlar sus nervios, no pensar en cosas desagradables, y lo más importante de todo: no ser tan patosa.

Avanzó unos minutos más detrás de él, hasta que al fin llegaron a la multitud, que ya se iba introduciendo en el edificio. En unos pasos más estuvieron en el interior del recinto. Hinata no se impresionó demasiado, pero se sorprendió al no ver un sitio más lujoso. Dado que estaban en una Universidad privada, lo normal sería haber visto sillas más cómodas, quizá un palco, paredes mejor adornadas... pero aquello se asemejaba más al teatro de un Instituto público: Cientos de sillas plegables estaban repartidas por todo el lugar, donde los alumnos se iban acomodando. En una plataforma un poco más alta, algunos profesores se iban congregando y sentando, preparados para un supuesto discurso de primeros de año.

-Esta es la sala de conferencias -Anunció Neji, sin gota de sentimiento.

"¿Quién le ha preguntado?" Se dijo Hinata, ignorándole. Casi todo lo que él decía le molestaba relativamente.

Una vez tomaron asiento -extrañamente, uno al lado del otro-, tuvieron que esperar varios minutos para que todo empezara. Hinata estaba un poco enfadada consigo misma porque se habían sentado juntos, pero por otro lado sabía que hasta no encontrar algún buen compañero, él era su única opción para no perderse en esa Universidad tan grande. Por eso no quería perderle de vista. Amigo o enemigo, por interés propio o por necesidad, necesitaba contar con alguien para conocer aquel lugar lo mejor que pudiese.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el comienzo del discurso del rector, que abarcaría gran parte de la mañana...

&

Eran justamente las nueve de la mañana cuando Sasuke Uchiha entró a la sala de conferencias de Hyuuga S.A. Hiashi Hyuuga ya le esperaba allí junto a Hanabi, su secretaria, que le estaba sirviendo una taza de café recién hecho. El aroma era exquisito; siempre había gustado del café de Hanabi por las mañanas, y siempre solía pedírselo a ella.

En cuanto él entró, ella tomó una taza de la mesita auxiliar y vertió un poco de aquel líquido negruzco para servirle a él también. Se acercó, y con una pequeña sonrisa le ofreció el vaso:

-¿Café, Uchiha-san? -Le preguntó en tono afable.

Desde su lugar, Hiashi Hyuuga les miró un momento, para luego bajar la cabeza a los documentos que estaba revisando.

-Gracias, Hanabi-san.

Aceptando la taza, acomodó su maletín en la mesa y tomó asiento junto al jefe de la empresa, que no le dijo ni pío. Se aflojó ligeramente la corbata y miró el cielo azul tras el cristal de la ventana.

Ese día era relativamente importante: Un par de socios extranjeros querían hacer un trato importante: Exportar productos de Hyuuga S.A. a sus tiendas en Europa y América, un negocio que jugaba un papel importante en la economía de los Hyuuga. Los productos informáticos de la empresa se harían internacionales, conocidos a nivel mundial y eso, por supuesto, les daría muchísima fama.

En un principio, Hyuuga Hiashi no estuvo dispuesto a recibir a accionistas y aún menos a extranjeros -a saber con qué intenciones- en su empresa. Sin embargo, después de pensarlo detenidamente, vio un gran negocio gracias a esto.

Le había pedido consejo a Sasuke, y él le dijo que era un buen negocio, que se haría de oro en el mercado occidental; no por algo Japón era un país avanzadísimo en el terreno de la electrónica y la informática. Por eso, en aquel día y en aquel lugar iban a cerrar un trato millonario que les elevaría.

Hyuuga S.A. se enriquecería, se volvería de oro.

Fundada sobre las bases de un Japón en crisis, la empresa se había solidificado con el paso de los años. Hirai Hyuuga había sido el primer hombre de la familia en atreverse en aquel terreno, y había salido ganando, dejando la empresa a sus hijos Hiashi y Hizashi al morir él. Después de eso habían seguido avanzando, ganando; pero una trama corrupta, un acto ilícito había separado a los dos hermanos.

Sasuke Uchiha se conocía la historia completa, y también otras muchas. Sabía además que su superior no era trigo limpio del todo. Pero a pesar de todo, había aceptado aquel puesto, se había ganado su confianza y ahora iba a casarse con su hija. Dentro de unos años quizá, pero él haría de las suyas para que fuera pronto, muy pronto.

Hinata Hyuuga era una chica guapa, pero nada del otro mundo para él. Lo único que le importaba de ella era el dinero de su padre, suficiente para vivir como un rey toda su vida. Y por supuesto, una niña rica como ella debía estar harta de hacer ve a saber qué cosas, así que por unos meses tendría disfrute asegurado.

Por no decir que él era un conquistador de primera, -de eso no cabía duda- así que no tardaría mucho en caer en sus redes. Después de casarse, ya vería lo que hacer...

Salió de sus pensamientos al oír la puerta abrirse, fijándose en Hanabi, que desde esta le dirigía una sonrisa. Sin que Hiashi lo notase, se la devolvió. Ella abandonó la habitación poco después, haciendo que Sasuke Uchiha recordase la conversación que habían tenido unos días antes...

Hanabi había entrado en su despacho sin siquiera llamar a la puerta. Cuando entró, él la miró de arriba abajo, comprobando que era ella y le sonrió animadamente.

-¿Qué se te ofrece, Hanabi? -Le había preguntado-. ¿No habíamos quedado para mañana?

-Ajá, pero tenía que decirte algo.

-Dime, entonces -La vio ahora con seriedad.

-¿A que no adivinas lo que me ha dicho Hiashi? -Sonrió enorgullecida- Se va a divorciar.

Sasuke se carcajeó. Los hombres siempre le decían eso a sus amantes, pero nunca era así; siempre eran el segundo plato. Aunque, por decirlo de alguna manera, Hanabi estaba muy lejos de ser una verdadera amante.

-¿De qué diablos te ríes? -Exclamó, enfadada. Sus ojos chispeaban; enseguida sus labios dibujaron una mueca parecida a una sonrisa-. Esto mejora sumamente nuestros planes, Sasuke.

-Lo sé, pero quién sabe -Contestó, reprimiendo una sonrisa de burla-. Quizá sólo te quiere como segundo plato.

-¡Ja! Llevo demasiado tiempo estudiándole, Sasuke -Agregó, y acentuando más su mueca-sonrisa dijo-: Él lleva años harto de su mujer; y no me extraña, es una completa frígida que ni siquiera disfruta con el sexo.

Sasuke se echó a reír.

En realidad no le gustaba que ella hiciese eso, pero era su deseo, su venganza. La conocía desde los dieciséis años pero ignoraba lo que había ocurrido para que ella llegara al extremo de querer destruir a Hyuuga Hiashi. Sin embargo, como buen amigo la había apoyado en su plan. Habían tardado años en llegar a aquel punto, trabajando codo a codo para que todo aquello llegase a buen puerto.

-Creo que podrías tener razón, pero sé cautelosa antes de dar otro paso, Hanabi -Advirtió, antes de que ella se deslizase hasta la puerta a paso lento.

-Llevo demasiados años en esto para no serlo.

Con una última sonrisa, abandonó la habitación, dejándole seguir trabajando.

Sus recuerdos se desvanecieron en cuanto la puerta se abrió nuevamente. La lengua inglesa inundó sus oídos mientras "sus" socios se acomodaban en los sillones alrededor de la mesa.

Esa iba a ser una reunión larga. Muy larga.

&

-¿Te concentras o no?

Una voz masculina la sacó de sus pensamientos; nuevamente volvió a observar dónde se encontraba. Kakashi la había invitado aquella mañana a su pisito de soltero, como siempre lo llamaba ella con intención de burlarse. Su reunión era para juntar ideas para una nueva novela: esta vez habían decidido hacer una de amor, ya que por lo visto, el género de la ciencia ficción no había dado resultado últimamente.

Para Hikari, cambiar de género era venderse; caer realmente bajo. Sin embargo, para Kakashi Hatake eso era ser inteligente y no dejarse vencer por el mercado. Como su editor, él siempre le daba ideas para nuevas y buenas historias, pero ella pocas veces las usaba. Era una mujer difícil de complacer.

-Lo siento, Kakashi -Pronunció, estresada-. Realmente no sé lo que me pasa.

-Yo creo que lo sabes, pero no quieres decírmelo -Le contestó con un brillo interesante en los ojos.

-Has acertado -Le sacó la lengua, un poco más animada de repente-. Pero mejor me voy, olvidé que tengo que comprarle unas cosas a mi hija.

-Está bien -Bufó exasperado él. Hikari acababa de contagiarle su pesimismo anterior-. Nos vemos otro día, entonces.

Hikari se levantó, recogió su cuaderno y la pluma con la que solía escribir, y se dispuso a marcharse. Kakashi se adelantó, abriéndole la puerta de su piso con educación.

-Por cierto, Kakashi… -Su socia le miró una última vez antes de marcharse.

-¿Sí?

-Búscate novia, tienes el piso hecho un desastre -Con esto, Hikari se marchó, riéndose por lo bajo.

&

Por fin, tras dos horas de agotador discurso, el rector había terminado y por fin podía salir a despejarse. Hinata se desperezó y bostezó, sintiendo un aire ligeramente fresco inundarla.

Ya no necesitaba a Neji para nada (al que por cierto había visto con dos chicas cuando estaba saliendo): Había conseguido un mapa de todo el campus, además de otro del edificio donde se le impartirían las clases. Y los tenía porque al entrar se había dado cuenta que había una gran mesa con todo tipo de folletos, entre ellos, esos que ahora tenía y que le habían salvado la vida. Había cogido también uno de la facultad de medicina, ya que tenía gran interés en ella. Desde muy joven quiso estudiar algo relacionado con ella, pero pese a tener buenas notas, por obligación tenía que estudiar algo completamente diferente.

Suspiró.

¿Por qué se resignaba, por qué se tenía que dejar manipular? Oh, claro; casi lo había olvidado: Era la hija única de Hiashi Hyuuga, la única heredera disponible. Aquella hija a la que habían olvidado por tantos años...

Caminó, abriendo el mapa y mirándolo: La facultad de Ciencias Informáticas estaba justo al lado de la de Ingenierías y delante de la de Medicina.

Sin más dilación, avanzó hacia su lugar de destino, que según el mapa no quedaba muy lejos. Árboles, zonas repletas de césped y bancos, hacían aquel lugar más familiar; quizá la palabra correcta era natural, espacioso. A Hinata le daba fuerza, optimismo, ganas de estudiar y trabajar. Se sentía realmente bien allí.

Decididamente, aquel sería un buen año.

&

Neji la miró a lo lejos: Hinata era inconfundible. Su cabello moreno se esparcía por su espalda, y aquellos sugerentes tejanos le marcaban bastante bien el trasero. Sonrió; su vista era realmente buena.

Acababa de salir de la sala de conferencias-anfiteatro, se había deshecho de un par de "amigas" y había comenzado el camino a la facultad. Al cabo de unos minutos pudo distinguirla entre toda la multitud, la única que podía tener un cabello así de largo casi sin recoger.

Esperaba que su último año fuese bueno y poder irse de allí cuanto antes; también poder librarse de aquella visión que le atormentaba.

Confiaba en aprobarlo todo. No por algo tenía una de las notas medias más altas de su curso. Después haría algún tipo de máster, o quizá se pondría a trabajar en algo que realmente le gustase; o estudiaría algo que le gustase más. Nunca se sabía, pero lo que sí era verdad es que al acabar el curso, después de las vacaciones con los Hyuuga, se largaría.

Y no lo volverían a ver más.

Las cosas se habían suavizado, y quería que siguiesen así. Que Hinata no le provocase, a pesar de que su mente quería lo contrario.

Intentaría no volverse más loco de lo que ya estaba.

Continuará...


Nota: ¡Hola! Traigo nueva actualización. Me gustaría decir que conozco bien la vida Universitaria, pero no tengo ni idea de cómo es. Agradecería que si me equivoco en algo, me lo dijerais. Bueno, ¿y qué más? Las causas de no poder actualizar antes son porque un familiar cercano estuvo en el hospital, y preocupada como estaba no pude concentrarme en escribir. Espero que lo entendáis, desde aquí os mando agradecimientos por ser tan pacientes.

En fin, me voy yendo. ¡Hasta la próxima!

Agradecimientos especiales a: Uchihyu, NejiHien, Ridesh, Fujioka-chan, Hinata. Asumi. Kaoru. Lore, Bell, Artemisav, Daniratoe, DDeiSmile, Flordezereso, Miree, ChiiaChan, Yhara Hyuuga y Azkaban.