Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.


Infieles


10. Propiedad

Ir a clase, estudiar, ir a trabajar... Hinata nunca había hecho tantas y tantas cosas seguidas. Aquello sólo se podía comparar a su último curso de Bachillerato pero con trabajo incluido. Por la noche llegaba a casa tan reventada que sólo podía estirarse en la cama y dormir dos horas antes de la cena. Tenía un trabajo duro en una hamburguesería, que le iba bastante bien con la Universidad, de la que nada más salir, tenía que dirigirse a el.

A pesar de su obediencia, se había permitido contarle una pequeña mentira a su padre, quien tenía entendido que estaba en un club y por eso venía tan tarde. Por supuesto, su madre sabía lo que estaba haciendo y se lo permitía. No por algo había firmado su contrato, ya que por desgracia, su mayoría de edad no la cumpliría hasta los veinte.

Por otro lado, con Neji ya no era lo mismo. Para su tranquilidad, él no la había vuelto a molestar, por no decir que ni siquiera la miraba. Lo único que hacía era llevarla a la escuela por la mañana, pero eso se acabaría cuando se comprase la bicicleta que quería, con la cual ya no tendría que ir con él todas las malditas mañanas.

-Hyuuga, hemos acabado la clase -Su compañera vio oportuno "despertarla" de sus pensamientos, ya que se estaba durmiendo-. ¡Hyuuga!

Pareció hacerle gracia como ella salía de sus ensoñaciones con un pequeño saltito.

-¡Eh!-La muchacha saltó en su asiento- ¿Qué...?

-Hemos acabado la clase -La joven le sonrió y se levantó de la silla, marchándose-. Hasta mañana, Hyuuga.

Oh sí, estaba en clase de cálculo, lo había olvidado completamente.

Hinata se quedó allí un rato, sin saber lo que hacer, hasta que cayó en la cuenta que debía llegar al trabajo o la volverían a reñir. Por eso empezó a recoger sus apuntes y estuche a toda prisa, metiéndolo todo en su bolsa de mano. Olvidó apuntar lo que había en el gran pizarrón y bajó por las pocas escaleras que conducían desde su asiento hacia la puerta. Al otro día se encargaría de preguntarle a su compañera de al lado lo que tocaba, pues era bastante amable con ella y no dudaría en hacérselo saber; o eso creía ella.

Tocaban las cuatro y cinco de la tarde mientras salía por la puerta de la facultad y se encaminaba a la parada de autobús más cercana. Algunos alumnos aún rondaban por los alrededores, celebrando el fin de las clases por aquel día. Hinata se sentó en un banco a esperar su transporte y mientras lo hacía, se dio cuenta que estaba sedienta.

Como no se había traído ni una sola botella de agua, caminó un poco, hasta una fuente de la que usualmente bebía. Enseguida, un chorro de agua refrescó la sequedad de su boca. Volvió a la parada del bus, donde todo parecía estar tranquilo, pero tarde se dio cuenta que el autobús que debería llevarla a la ciudad acababa de enfilar la carretera, y no pasaría hasta cuarenta y cinco minutos más tarde.

Hinata suspiró contundentemente. ¿Qué haría ahora?

Como respuesta, oyó el sonido de un claxon. Pero se decepcionó al ver que iba dirigido a otra persona.

Bueno, no estaba todo perdido: caminaría. Tenía una hora para llegar y prepararse, ya que no comenzaba hasta las cinco. Y tomando el camino del autobús, avanzó sinuosamente por las calles que la llevarían hasta su destino.

&

Sasuke Uchiha recién salía de una conferencia en la universidad, totalmente aburrida y de cosas que conocía muy bien. Ocasionalmente, su jefe le obligaba a asistir a algunas que le parecían interesantes y le hacía comentárselas, ya que él no podía asistir debido a su poco tiempo. ¿Aquel viejo excéntrico se pensaba que era una especie de sirviente, o qué?. Así Hiashi Hyuuga se mantenía informado del mercado, las nuevas oportunidades, todo con el fin de modernizarse.

Cuando un mes antes habían aprobado el plan de volver Hyuuga S.A internacional, la innovación había acertado en él como un remolino de hechostotalmente nuevos. Quería mejorar y vender sus productos, acertar en todo.

Para él, el hijo único de los Uchiha, todo iría de fábula si la cosa seguía así.

Mientras pensaba en esto, vio a una joven que le era familiar caminando de espaldas a él, probablemente hacia el aparcamiento. Pensó en tocarle el hombro y cuando se volviese, ponerle su mejor rostro de seductor, pero otra cosa, o mejor dicho, persona, le llamó sumamente la atención.
Un chico moreno con el cabello recogido en una coleta alta. Tez clara y ojos grises o más claros, casi blancos. Aquel extraño color sólo podía provenir de una familia, y él sabía muy bien cuál.

Aquel era Neji Hyuuga, que salía de la misma conferencia que él. Aquel que alguna vez fue un pobretón pero que ahora residía en la misma casa que su prometida. El que alguna vez le sorprendió con su genio y que le le había igualado en ligues cuando iba a la Universidad.

Si no recordaba mal, a él le faltaba más o menos un año para terminar la carrera y empezar a trabajar en la empresa, aunque ya había comenzado a hacer sus pinitos. Su tío, Hiashi, ya le estaba preparando para trabajar, y lo había podido ver en más de una reunión.

Él era el pequeño desliz de sus planes con Hanabi, para el cual no tenían un plan aún.

No podía subestimarlo; el tiempo le había enseñado a no subestimar a sus enemigos, aunque él sólo fuera un antiguo rival en la universidad.

Sin embargo, tenía su punto débil, como todos.

Él, Sasuke Uchiha, tenía un irracional interés en conocer el pasado de ciertas personas, y en todas las ocasiones que alguien le había interesado se había encargado de enterarse por cualquier medio. Aunque sólo lo revelaba cuando le hacía falta. Y el de Neji Hyuuga, por supuesto, lo tenía en la punta de sus dedos, aunque no lo conocía por entero.

Únicamente había revelado ciertas cosas en los primeros cursos de Universidad, y Neji había dejado de ir con ciertas chicas.

Sin quererlo, quiso cambiar de tema y cuando se giró nuevamente a la chica de antes, ésta había desaparecido.

&

Neji salió de aquella estúpida conferencia. No entendía por qué su tío tenía que enviarlo a aquellas idioteces. Si no fuese por ella, podría haber dedicado el tiempo a otras cosas mucho más interesantes, como por ejemplo salir con chicas, dormir o ir al bar de copas más cercano. Y por supuesto, antes de nada, ir al encuentro de Yuuhi Kurenai, su psiquiatra, que le había llamado diciéndole que acudiera a su hogar en cuanto pudiera para una nueva consulta.

Desde que había tomado distancia con Hinata, sin embargo, creía estar mejor. Sin embargo, el mero contacto de ambos en el coche le hacía volver a su enfermiza obsesión por ella. En ocasiones, tenía la tentación de entrar a su habitación de noche y observarla. Pero no lo hacía, se controlaba demasiado.
Aunque eso probablemente le llevaría a explotar en el momento menos pensado. No tenía miedo, simplemente sonreía cuando pensaba en esto.

Era lo que ella causaba en él.
No podía controlar esos sentimientos de obsesión y locura que poblaban su mente en cuanto la veía. Ella era como una enfermedad para él; una enfermedad que aceptaba en cualquier caso, y que no dudaría en explotar al máximo en cuanto tuviera ocasión.

A pesar de todo, Hinata estaba mucho más tranquila, y él también.

Pasaba mucho menos tiempo con ella, con lo que aquel sentimiento se disipaba en sus clases y cuando estaba en la empresa, trabajando. Entre lo malo y lo bueno, aquello estaba más enfocado hacia lo bueno.

Eso, creía Neji, era lo más importante.

No quería hacer creer a su psiquiatra que estaba cambiando, portándose bien, que se estaba recuperando de su enfermedad.

De un modo u otro siempre salía, no podía pararla, y era mejor aceptarla que estar huyendo y conteniéndose. Sabía que de no ser por las cosas que ocurrieron en su pasado, él tendría una mente sana, pero iluso sería si creía poder cambiar un pasado que sólo él había elegido.

Algunos recuerdos siempre volvían en sus pesadillas para volver a destrozarlo, pero no importaba. Era un ser traumatizado, lleno de rencor hacia los hombres y tan sólo a algunos tipos de mujeres.

No tenía interés en cambiar.

Y una pregunta no paraba de rondar en su cabeza.

Ahora estaba tranquilo pero, ¿qué sería de él cuando perdiese el control de todo?

Volvió a fijar sus ojos en la calle por la que caminaba, y allí la vio; a ella. Hacía tiempo había perdido todo contacto con la realidad, y ahora que volvía a retomarlo, no sabía ni dónde estaba, pero podía ver, junto frente a él, a su prima Hinata.

Volvió a fijarse en aquel cuerpo vestido con una camisa amarilla, unas pantalones tejanos que le llegaban a las pantorrillas y unas sandalias.

¿Acaso no tenía frío? Bah, seguro que quería volver a provocarlo, y no sólo a él, sino a todos los de su clase.

Decidió seguirla con el coche, ya que por supuesto, no se dirigía al club de fotografía al que había dicho que pertenecía.

&

Llegó a su trabajo a las cinco en punto, con la particular bronca de su jefe por haber llegado tarde un día más. Mientras se cambiaba y oía sus amenazas de despido, no pensó en nada más que en llegar de una vez por todas a su puesto para no seguir oyendo reclamos. En parte había sido culpa suya el llegar parte, por ir a beber agua . Por otro lado, el maldito conductor del autobús -y que la perdonaran por la expresión- no había esperado ni un minuto a que alguien se subiese, sino que se había largado al no ver a nadie en la parada; directamente había pasado de largo.

En cuanto acabó de ponerse el uniforme se situó en una de las cajas para tomar los pedidos y ponerlos, substituyendo a un compañero que ya se marchaba y que le dio las gracias de antemano. Hinata se dedicó a apuntar en la pantalla LCD lo que el cliente quería tomar, y comenzó a poner las bebidas, para luego ir directa a por las hamburguesas y gritar un par de pedidos a la cocina con algo de timidez. Ciertamente aún no se había acostumbrado a aquella rutina, pero confiaba en que lograría hacerlo.

Recordaba cómo hacía dos semanas había visto un anuncio en aquella hamburguesería y le había comentado a su madre -que era en quien más podía confiar- que si la dejaría trabajar allí y firmaría su contrato. Ella había estado contenta en que su hija quisiese trabajar y no había dudado en decirle que sí. Sólo le hizo prometer a su madre que no se lo contaría a su padre o a Neji, y ella estuvo de acuerdo.

No es que se llevara del todo con su madre después de todo lo que había sucedido, pero aún así la quería muchísimo, ya que no tenía otra.

Continuó trabajando, sin pausa para comer, hasta las ocho y media de la noche. En media hora más se acabaría su turno y volvería a su casa para descansar. Casi a quince minutos para acabar, sin embargo, pasó algo en lo que ni siquiera había creído posible: Sasuke Uchiha, frente a ella, haciéndole un pedido.

&

Había sentido hambre después del trabajo, por lo que fue a la hamburguesería más cercana para conseguir algo rápido. No era muy de comer comida basura, pero habían pasado ya muchas horas desde la comida y no resistía con un simple café, por no decir que cuando llegase a casa no quería tener que cocinar nada, sabiendo cómo acababa de mal la cocina cuando lo hacía.

Era un hombre soltero, sí, y bastante ordenado, ¿por qué no decirlo?

Pero, por desgracia, la cocina se le daba fatal.

Al entrar al establecimiento, ni por asomó se esperaba con quién se iba a encontrar allí, pero cuando le atendieron, reconoció al instante a la persona tras el mostrador.

-¿Hinata? -Preguntó.

-¿Uchiha-san? -Tartamudeó ella.

-Menuda sorpresa -Le sonrió enseguida, escondiendo su exclamación al saber que ella trabajaba en lugar de esos.

-Pues sí -La joven curvó sus labios en una bonita sonrisa.

-Cuánto te falta para salir? -Preguntó ahora, sin darle tiempo a responder.

-Quince minutos -Agregó Hinata, sin saber muy bien por qué se lo había dicho.

Llevaba poco sin verlo, contando conque habían tomado el té varias veces con sus padres con el interés de que se conocieran más. No es que se llevaran mal, pero Hinata lo veía con poco interés, y aún no le tenía mucha confianza.

-¿Quieres que te lleve a tu casa? -Le preguntó su "prometido" con amabilidad.

-No hace falta -Respondió Hinata con timidez-. Cogeré el autobús, no te preocupes.

-Insisto.

La mirada de su jefe apresó a Hinata, que se dedicó a preguntarle a Sasuke lo que quería tomar. Éste comprendió al instante, y comenzó a pedirle a Hinata varias cosas.

-Quiero una doble con queso, una ensalada y agua para beber. Todo para llevar.

Ella caminó rápidamente y en cuestión de tres minutos, el pedido estaba listo para llevar.

-Qué eficiente -La halagó Sasuke. Te espero fuera para que te cambies.

-E-Está bien -Hinata no pude negarse. Su encanto era irresistible, aunque le recordaba a Neji en varias cosas no muy buenas.

Transcurrieron quince minutos desde aquel singular encuentro y al fin terminó su turno. Se desperezó y fue hacia el vestidor, donde ya varias chicas se estaban cambiando para salir. Ella las imitó, y en medio minuto ya estaba lista, hasta que oyó algunos comentarios subidos de tono de sus compañeras de trabajo dirigidos a ella.

-Qué suerte tienes, niña -Le dijo una, desde su taquilla. Era una chica rubia bastante bien dotada y sobretodo muy salada- ¿Quién es ése tío bueno que te está esperando fuera?

Hinata se sonrojó violentamente, dando a entender lo avergonzada que se sentía por aquel comentario. Sus compañeras se rieron, y una de ellas le respondió a la otra:

-Ino, no avergüences a la chiquilla -Le dijo otra, un poco más recatada pero igual riéndose-. No es culpa de nadie que tú no tengas novio.

Mientras ambas seguían peleándose y las demás reían, Hinata se cambió y salió del vestidor sin ser vista. Si bien quería reírse, pero tenía algo de temor a que la tomaran a mal.

Se despidió de algún compañero y de su eternamente-cabreado-jefe, que la fulminaba con la mirada. Saliendo del local, se desperezó y sintió el aire frío correr por su rostro. Era una sensación reconfortante.

Y allí estaba Sasuke Uchiha, esperándola en su coche. Le sonrió al verla, y ella le devolvió el gesto tímidamente, subiendo al asiento del copiloto.

Recordó aquella situación, e irremediablemente la comparó con el camino a la facultad que hacía con Neji.

¿Por qué ése idiota tenía que meterse incluso en sus pensamientos? De ninguna manera eso tenía respuesta, pero sabía que todo había mejorado mucho desde que ambos no se dirigían -sólo en variadas ocasiones- la palabra.

-¿Estás bien? -Le preguntó su prometido al arrancar el motor del coche-. Te noto extraña.

-Sólo es que he trabajado mucho.

-Ya veo -El chico fijó la vista en la carretera y siguió preguntando-. ¿Y cómo es que trabajas aquí, tu padre te deja?

-Ehmmm... -Ella dudó-. La verdad es que no, pero quería trabajar.

-Así que sigues con eso, ¿eh?

-Sí.

Hinata rogó porque no se lo contara a su padre, porque aunque no lo conociera mucho, sabía muy bien que la mataría -no en el estricto sentido de la palabra- si se enteraba.

-No te preocupes, no le contaré nada -Habían parado en un semáforo. Él se giró con una sonrisa angelical. Diablos, sí estaba bueno, sí. Se sonrojó inmediatamente al pensar esto y giró la cabeza hacia el paisaje.

-Gracias, Uchiha-san.

&

Habían discutido de nuevo. La había insultado, le había dicho lo mala esposa que era por haberse negado a mantener relaciones sexuales con él. Incluso había intentado golpearla, pero ella había huido hacia el baño, donde hasta ahora estaba segura.

No se lo permitiría, no de nuevo, como años atrás, donde tenía que ocultar sus moretones a los vecinos y amigos; donde tenía que ser un florero para él.
Siempre ocurría algo que le hacía ser violento, pero ahora no tenía motivos. Desde hacía años sólo soportaba sus instintos de vez en cuando, pero esta vez había sido demasiado.

Escuchó la puerta cerrarse con violencia y luego todo quedó en silencio. Aún así, no se decidió a salir.

Deseaba que Neji, o su hija estuviesen allí, pero no regresaban hasta tarde.

Sollozó, y lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

El teléfono aún reposaba en su mano por si tenía que llamar a la policía, pero en este caso no sería así. Sólo había una persona a la que llamar: Kakashi Hatake.

&

Neji Hyuuga corrió las cortinas hacia un lado y miró por la ventana; Hinata llegaba más tarde de lo normal. Ya eran las nueve y media, se preguntaba qué había estado haciendo para que fuese esa hora y aún no hubiese aparecido.

No es que le importara su vida, pero nada le impedía saber lo que hacía ella o no.

Pero como si sus pensamientos se hubiesen hecho realidad, observó aquel deportivo negro llegar, y a ella salir de él.

Se preguntó quién era esa persona que la había traído. No dudaba que su prima fuese una cualquiera, pero por las cosas que veía en ella, cada vez le parecía más obvio que salía con más tipos desde que había entrado en la Universidad.

"Así que aparte de mentirle a tu padre diciéndole que estás en un club, vienes en coches de tipos con dinero". Sonrió, inquieto.

¡Qué ironía!

Una niña rica como ella trabajando; idílico, jamás visto.

Porque sí, Neji Hyuuga había espiado a su prima y había descubierto que trabajaba en una hamburguesería del centro.

Dejó la ventana y se metió en la cama, estirando sus músculos.

Hacía poco, cuando bajaba a por algo de comer, había descubierto a Hiashi durmiendo en el sofá pese a ser las nueve de la noche. En la cocina no había nada preparado, por lo que tuvo que hacerse algo rápido. Después de eso intentó ir a ver a Hikari, pero su habitación estaba cerrada a cal y canto, por lo que decidió ir a su cuarto y estudiar un poco.

Ahora oía la puerta de entrada cerrarse, y a alguien deslizándose por la planta inferior. Suponía que sería ella, tampoco se iba a levantar para averiguarlo.

&

Después de un recorrido más o menos largo, al fin llegaron frente a la casa de los Hyuuga. Hinata no tardó en bajar del automóvil, consciente de que llegaba un poco más tarde de lo habitual.

-Hasta otra, Hinata -Le dijo Sasuke desde el coche- Espero que podamos vernos más.

-Bien -Atinó a contestar ella-. Eso espero.

Se inclinó levemente como despedida y se alejó mientras oía el motor rugir en la noche. Atravesó la verja y todo el jardín hasta llegar a la entrada, donde se encontró la puerta ligeramente abierta. Cuando entró, se encontró todo oscuro y apenas con visibilidad.

-¿Mamá? -Preguntó al aire, pero nadie respondió.

Dio algunos pasos en la oscuridad. Era extraño que todo estuviera así a esa hora. Pensó en encender la luz, pero algo la dejó completamente helada...

-¿Qué haces aquí tan tarde? -La voz de su padre la espantó, haciéndola dar un bote en su sitio.

-Pa-papá -Tartamudeó, viendo cómo se le acercaba-. Si-Siento llegar tarde, pero me entretuve.

Tragó saliva viendo el rostro severo de su padre acercarse, a pasos lentos y controlados él se iba aproximando. Sus ojos refulgían con ira; parecía realmente enfadado. Hinata nunca había visto a su padre así, y ahora que lo veía más detenidamente, podía decir que la asustaba. Convenio que era mejor bajar la mirada y disculparse de nuevo; quizá así la dejaría marcharse rápido.

-L-Lo siento.

-No quiero que vuelvas a llegar tarde, ¿me has escuchado? -Hiashi Hyuuga no había levantado demasiado la voz, sin embargo, su hija notó en su tono una ira latente-. ¡Te he preguntado si me has escuchado!

Puede que siendo una niña se hubiese puesto a llorar, pero no lo era, por lo que siguió enfrentándole con la cabeza gacha, sin ningún reparo. Cuando respondió, temblaba imperceptiblemente.

-Sí, padre.

Era realmente temible. Se sentía pequeña ante él, como la menuda y temerosa niña que había sido alguna vez. Ignoraba por qué estaba enfadado, pero parte de ese enfado se debía a ella. Su presencia imponente y la oscuridad de la habitación la hacían temblar sin control ahora y tenía unas ganas locas de huir de aquel lugar.

Y es que Hiashi Hyuuga estaba enfadado, demasiado enfadado como para no pagarlo con alguien en ese mismo instante. Había discutido con la estúpida de su mujer. Tenía a Hanabi, sí, pero quería tener sexo con Hikari; un simple capricho que había acabado en pelea porque ella se había negado. La había insultado, incluso querido golpear, pero la muy maldita se había encerrado en el baño con pestillo y no pudo derrumbar la puerta.

La mantenía, le daba todos sus caprichos; incluso mantenía a aquella niña que era hija de ambos.

De un puñetazo, tiró uno de los jarrones que decoraban una pequeña mesita de noche y le levantó la mano a su hija. Hinata cerró los ojos, asustada.

-¿Crees que puedes hacer lo que te dé la gana, como llegar tarde? -Dijo fríamente, esta vez levantando la voz-. Puede que hayas pasado toda tu vida sin mano dura en ese internado, pero conmigo no será así. Te lo aseguro.

No tuvo tiempo de decir nada, cuando una mano se descargó contra su mejilla. Enseguida notó el líquido corriendo por la comisura de su labio. No lo entendía, podía ser muy duro con ella, pero jamás se lo habría esperado.

Abrió los ojos, a tiempo para ver como otro golpe se dirigía a ella, pero alguien se interpuso en el choque. En un principio creyó que era su madre, pero luego oyó aquella voz masculina tan conocida, y tras eso abrió los ojos y le vio allí: Su padre había golpeado a su primo en lugar de a ella, mientras éste se quedaba frío como la piedra. El otro hombre se quedó estático por unos segundos, hasta que se dio cuenta de lo que había dicho.

-¡No quiero que te metas en esto, Neji! -Exclamó su tío, enfurecido; trató de apartarle, pero él le agarró fuertemente.

Hinata seguía en la escalera, patidifusa. Acercó sus dedos justo a aquel punto de su boca donde le dolía, notando un pequeño corte producido por la fuerza del golpe. Miró la sangre en sus dedos, notando como ésta seguía saliendo.

-No pienso dejar que la toques -Afirmó su primo.

Hinata abrió los ojos desmesuradamente al oír esto… Pero si era él quien siempre quería lastimarla, ¿por qué se contradecía ahora?

Hikari, que había escuchado ruido en la planta baja, descendió rápidamente las escaleras; inmediatamente después de ver la escena que se desarrollaba abajo, se abalanzó hacia su marido como una fiera.

-¿Qué mierda has hecho, hijodeputa? -Gritó, como una leona defendiendo a sus cachorros-. ¡No te atrevas a ponerle otra mano encima a mi hija!

Neji actuó entonces, separándola de su marido; la mantuvo firmemente sujeta mientras la puerta delantera de la casa se cerraba de un portazo y un furioso Hiashi Hyuuga desaparecía por ella.

&

Eran cerca de las diez y media de la noche cuando el teléfono empezó a sonar en casa de Kakashi Hatake.

-¿Diga? -Una voz somnolienta se puso al aparato.

La voz de Hikari sonó; su seriedad asustaba:-Necesito hablar contigo, Kakashi.

-¿Qué ha ocurrido? -Se le había ido completamente el sueño al escuchar ese tono en ella.

-Es Hiashi.

-¿Te ha tocado? -Preguntó, incorporándose en la cama.

-No, pero sí a Hinata.

-¡Ese bastardo! -Exclamó Kakashi al escuchar esto último, levantándose de la cama de un salto-. ¿Qué le ha hecho?

-Le ha partido el labio de un golpe; por suerte, Neji se ha interpuesto cuando le iba a dar el segundo.

-¿Quieres que vaya? -Preguntó preocupado-.

-No, no te preocupes, él se ha ido -Su voz sonaba tirante.

-¿Ni siquiera piensas llamar a las autoridades? -Hubo un silencio al otro lado de la línea.

-Sé mejor que nadie que no nos harán caso. Hiashi no es cualquiera, lo sabes bien, Kakashi.

-Espero poder verte pronto, Hikari.

-Ojalá. Hasta pronto.

Su voz dejó paso a un pitido distante, señal de que ella había colgado el teléfono.

&

Había conducido por las calles sin querer llegar a ningún lugar, perdido en sus pensamientos. Pero inevitablemente, ahora estaba allí, en casa de Hanabi Ichinose, su secretaria y amante. Mientras bajaba del coche, supuso que ella estaría despierta, así que apretó el timbre. Ella no tardó en abrirle la puerta, vistiendo una ligera bata de seda; su bonito rostro expresaba sorpresa.

-¿Qué haces aquí? -Fue todo lo que dijo-. No sabía que venías.

-Quería verte -Mintió.

-Pasa entonces -Aceptó con una sonrisa nada inocente.

No quería contarle nada de lo que había ocurrido, pero inevitablemente, ella se lo sacaría tarde o temprano, así que empezaría cuanto antes. No por algo Hanabi era la mujer en la que más confiaba. Hermosa, comprensiva, joven. Ella era ideal, tal como lo había sido Hikari hacía ya años. Sin embargo, ya se le había pasado el arroz.

Él tenía dinero, se podía permitir a cualquier mujer, por eso ya no la quería. Era la cruda verdad. Hacía tiempo que se había cansado de su esposa y todo lo que conllevase estar con ella.

&

-Te voy a poner un poco de yodo, estate quieta -Era su primo el que hablaba.

Su madre le había mandado curarla, ¡cómo si ella no fuera capaz de hacerlo! Hinata había insistido en hacerlo ella, pero su madre era tan exagerada que había acabado accediendo a que "ése" le hiciera lo que tuviese que hacer.

"Tengo que hacer una llamada, y ese corte no puede esperar" Había dicho su madre.

Y ahora estaba en el baño de la primera planta, dejándose curar por Neji mientras trataba de pensar en otra cosa que no fuese en él; y no era para menos...
Tenía el cabello suelto ligeramente despeinado y vestía una camisa con los dos primeros botones desabrochados, dándole una hermosa panorámica que no podía dejar de mirar. Una marca roja surcaba su mejilla, probablemente el golpe que había sido dirigido principalmente a ella.

Bajó la vista aún más, dolida.

A pesar de no caerle bien odiaba verlo con aquella marca en el rostro. La había sorprendido al defenderla, pero aún más al llevarse aquella bofetada por ella.

-Si-Siento que te hayas llevado ese golpe por mí -Se sorprendió al tartamudear; hacía años que no lo hacía tan seguido.

En un ademán tierno, llevó sus dedos hasta aquel rostro masculino y acarició la parte dañada con cuidado. Neji paró de apretar la gasa contra la herida en su labio, mirándola como si se tratase de un extraterrestre. Por fin, tras un momento en que ambos se miraron a los ojos, habló finalmente, con una expresión que erizó todo el vello de Hinata.

-Lo único que he hecho es proteger lo que es mío -Quitó la mano de Hinata de su rostro, y ella bajó la mirada de nuevo, aturdida por lo que acababa de oír-.

Listo, he acabado.

Tal cual, se marchó por la puerta del baño, dejándola sola con sus dudas.

Continuará...


Nota: Hola, ¿que os ha parecido este capítulo? No he tardado tanto porque he tenido bastante tiempo para hacerlo. Por otro lado, la semana que viene la tengo llena de inconvenientes, etc, así que no sé si podré hacer algo. Yo supongo que sí, pero ya veremos. En fin, espero que esperéis con paciencia el siguiente. ¡Besos, abrazos y saludos a todas/os ^-^!

Agradecimientos especiales a: Uchihyu, NejiHien, DdeiSmile, Fujioka-chan, Ridesh, Viicoviic, Sumebe, Daniratoe, Hinata. Asumi. Kaoru. Lore, Chiiiachan y Artemisav.