Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.

Atención: Algo de +18 por ahí. Cuidado.


Infieles


11. Preguntas

Sentada en la cama de su cuarto, Hikari miró tristemente a sus pies como si le resultaran de lo más interesante. No quería pensar en lo que acababa de ocurrir, en lo que le había hecho Hiashi a su hija. No tenía suficiente con alejarla durante doce años, sino que ahora que volvía quería herirla por el egoísta deseo de no poder pegarle a ella, como si se vengara. Jamás pensó, por muy recio y recto que fuese Hiashi, que le iba a levantar la mano a su propia sangre.

Nítidos recuerdos volvieron a su mente, de cómo se sintió furiosa al ver a Hinata sangrar; de cómo quiso pegar, matar, acabar con su marido como fuese. A Neji la sujetándola de los hombros, tranquilizándola. Ahora se lo agradecía, pero estuvo tentada de maldecirle enardecidamente, de empujarle para que la soltara y no volver a hablarle en su vida por impedirle llevar a cabo aquel acto de violencia.

¡Y es que no se hacía a la idea!, ¿cómo había osado tocar a su niña?

Con esto le había perdido el poco respeto que le tuvo alguna vez; ahora quería verlo en la cárcel, o mejor, muerto y enterrado, carcomido por los gusanos.

Le odiaba.

Ya no quedaba nada entre ellos, ni una sola cosa que les uniera. Él había golpeado a Hinata, a su única hija legítima. ¡Diablos!, ¿por qué se pasó la vida soportando maltratos, injusticias y abusos por parte de su marido, por qué había sido tan cobarde al no denunciarle? Probablemente porque, durante mucho tiempo, temió perder a su hija y le dolió pensar que él la alejara de tal manera que no volviese a verla nunca más.

Era joven, estúpida, sin experiencia en la vida. Si fuese ahora, en esa misma situación, habría removido tierra, mar y aire para encontrarla; pero por desgracia ahora no sabía qué hacer para detener todo eso.

No olvidaba cuando años atrás, cuando el maltrato se hizo constante, se acostumbró: los insultos —golpes que no dejaban marca—, aquellas palizas con un cinturón de cuero, aquellas noches de sexo no consentido en las que lloró como una niña para que parase... Todo aquello se hizo más llevadero cuando lo aceptó, aunque no sin reticencia: si quería su cuerpo ella cedía, pero no mostraba un solo sentimiento de dolor, odio u amor. Dejó de sentir cualquier cosa por él; en su mente sólo cabía el desprecio.

Hiashi Hyuuga era su marido de puertas para afuera; en casa eran dos extraños, dos personas que no se conocían y que tampoco lo intentaban. Y al parecer, después de años de tratarla como a verdadera inmundicia, él paró. Paró porque no le divertía ver su rostro con expresión neutra, sin sentimientos, sin sensaciones.

Pero todo eso había vuelto para ella, y esta vez no estaba sola; la acompañaba Hinata.

Recordó, con asco, la pelea que habían tenido ese día en el cuarto...

La esposa de Hiashi Hyuuga leía un grueso tomo tendida en la cama, sin embargo, su lectura era interrumpida entre línea y línea por su marido, que iba de un lado a otro removiendo papeles y dando golpes por doquier, buscando algo importante.

Su mente, dando el libro por perdido, se concentró en otras cosas, como en que su hija no había vuelto aún de trabajar —hacía unas semanas la niña le había insistido en que le firmara un contrato de trabajo, pero eso era otra historia—, también en que no sabía si Neji estaba en su cuarto o no, ya que pensaba hacerle una visita para "saber qué tal se encontraba". Hacía más de un mes que no hablaban mucho, cuando le dijo aquellas palabras: "Estoy enamorada de ti".

En verdad tenía ganas de estar con él una vez más, como antes.

Su devaneo lo erradicó la voz de su marido.

—¿Dónde demonios estará? —se dijo a sí mismo— ¿Dónde pude ponerlo?

—¿Qué buscas? —se aventuró a preguntar ella por encima de sus gafas de lectura, más bien porque el traqueteo la estaba molestando.

—¿A tí que te importa? —con aquella respuesta ella se levantó, diciendo— Está bien, me largo.

A pocos pasos de la salida, sin embargo, una mano la alcanzó por el pelo y la arrastró al interior. Fue toda una sorpresa, sorpresa que luego pasó a ser aprensión, temor y finalmente alerta y adrenalina.

—¿Dónde mierda vas y quién te ha dicho que puedes hablarme así? —le espetó, atrayéndola hacia sí y estirando un poco más su cabello, causando una mueca de dolor en su esposa. Hikari luchó por deshacerse del agarre de su marido, pero le fue imposible, ya que por desgracia era más fuerte que ella— ¿Desde cuándo te resistes, querida? —su mano libre le desanchó el cuello de la camiseta que llevaba para dar cabida a su boca, que surcó la extensión de piel, marcándola. Ella se dejó hacer, notando aquel característico bulto refregarse contra ella.

Así pues, cuando menos lo esperó, uno de sus pies atizó una patada justo en aquel lugar y aprovechando, ella corrió al baño como nunca lo había hecho, esperando que él no rompiese el pestillo. Se puso contra la puerta, esperando los golpes. Y éstos no se hicieron esperar.

—Ábreme... —la primera sacudida llegó, luego otra y otra y otra—. Ábreme... ¡Ya!

—No —cerró los ojos, cayendo en la cuenta de su atrevimiento—. No voy a abrir…

—Te juro que cuando salgas te mataré ——Hikari tragó espeso, aferrándose a la cortina de la ducha. Por extraño que pareciere, después de eso ya no oyó nada más: ni un golpe, ni un grito, ni un forcejeo en el manillar.

Salió de entre sus recuerdos, poniéndose en pie y descolgando su camisón de la percha del armario. Se desvistió, dejando la ropa de calle a un lado y pasando a aquella prenda más cómoda. Volvió a tumbarse en la cama, dispuesta a descansar.


¡Era un idiota!, ¿por qué diablos le había dicho algo así, quién le mandaba soltarle semejante cosa a su prima?

Pero si él se había prometido odiarla, —o al menos hacerle las peores cosas vistas— sin embargo, se contradecía en cada una de las palabras que decía. Siempre hacía lo contrario a lo pensado, y por supuesto siempre acababa mal.

¿Por qué mierda no cumplía su palabra y le hacía la vida imposible?, ¿por qué hacía cosas tan erráticas?

Bueno, lo admitía: había tenido la obligación de pararle los pies a su tío Hiashi. Ni siquiera él, con lo loco que estaba, podría haber permanecido quieto ante algo así... ¿pero por qué mierda Hikari le había mandado curarla, y él decirle esa frase a su primita de los…?

"Lo único que he hecho es proteger lo que es mío".

¡Lo único que he hecho es proteger lo que es mío?, ¡menuda ridiculez había soltado!

Los colores subieron a sus mejillas mientras miraba por la ventana por segunda vez en la noche. Si bien ella era su familia y aquella frase podría haberla hecho dudar, ya que "mío" podía significar muchas cosas; como por ejemplo, el clásico mío de "mi familiar".

¡Pero no, mierda! No lo había dicho por eso, él lo sabía muy bien.

Ella le hacía perder la cabeza, contradecirse, era la culpable de todos sus males; la culpable de que se sintiese tan confuso y violento. No entendía aquella fijación u obsesión; como se llamase. Lo único que quería era que le dejase en paz, pero al mismo tiempo su neurosis le decía que sería una manera fácil de darle un punto interesante a su vida, una diversión.

Se debatía entre hacerle caso a la voz malvada y sugerente —que le hacía ser un chico malo al extremo— o hacérselo a la buena y aburrida —esa que le decía que debía ser un buen chico con su prima—. Esas voces infundadas y alegóricas le hacían dudar, comportarse de una manera a cada rato, actuar como el peor de los enfermos mentales... Siempre era una de ellas la que estaba ahí, manipulándole; sumiéndole en la ira o la alegría según lo que viera.

Y siempre salían cuando estaba ella, su prima Hinata.

La odiaba, la culpaba, quería hacerla sufrir, pero a la vez sentía algo más que no sabía distinguir. Y sin embargo, había algo de lo que no dudaba: Hinata Hyuuga había sido el inicio de sus problemas.


Hinata Hyuuga tenía dudas; dudas porque no sabía lo que significaban esas palabras que Neji le había dicho en el baño del primer piso, mientras éste le curaba el labio.

Desde que convivían en la misma casa él la había tratado mal, le había dicho cuánto la odiaba, la había tratado bien aquella única vez en el campus, la había acorralado en su cuarto, en el baño y... ¿ahora la trataba bien de nuevo? Parecía una broma pesada.

Si bien ella tenía una paciencia de oro, solía perderla con él; los estribos y la dulzura se iban al carajo cuando estaban cerca. En esos casi dos meses le había insultado, golpeado, odiado, querido fraternalmente y deseado, para finalmente oír aquellas palabras que la derritieron; palabras que habían hecho su corazón latir con un calor inesperado.

Con media sonrisa en los labios Hinata siguió estirada en la cama, contemplando la luna creciente tras la ventana. Quizá al fin se llevarían bien su primo y ella, no dudaría en hablarle y sonreírle normalmente. Las cosas en su mente habían cambiado, quería hacer las paces con él y que él las hiciese con ella.

No quería más lucha, más peleas; si seguían así tendría que salir de aquella casa y eso era algo a lo que no quería llegar. Necesitaba que estuvieran como ese mes, sin que nada malo ocurriese, luego la cosa seguramente mejoraría; ella se empeñaría en ello.

Sólo quedaba que Neji no rechazase su amabilidad, que no la mantuviese alejada. Y sobretodo que ella no cambiase de idea. El buen comportamiento debía perdurar en aquella casa, aunque con la actual situación fuera casi imposible.

Tapándose con una sábana y una manta ligera, se quedó dormida.


Jueves, principios de Octubre: el penúltimo día de clases para Hinata aquella semana, sin embargo, el reencuentro con una pesadilla bastante difícil de olvidar. Los hechos acaecidos la noche pasada seguían en su cerebro grabados a fuego: el golpe propinado por su padre, su primo interponiéndose, su madre gritando como loca y por último aquellas palabras en el baño.

"Lo único que he hecho es proteger lo que es mío".

Aquella frase rondaba por su cabeza desde primera hora de la mañana, manteniéndola en una burbuja de irrealidad de la que no quería ni podía salir. No encontraba la manera de olvidarlas. Respecto a su padre, había vuelto aquella mañana bastante más tranquilo pero ella había rehuyó su presencia, abandonando su hogar lo más rápido que pudo.

Su madre la había llevado a la facultad ese día, ya que por razones del todo desconocidas, Neji no estaba en casa.

En general la situación parecía haber mejorado; aunque con ciertas excepciones. Hinata veía esto normal, ya que lo que había ocurrido aún estaba muy reciente. Aún ella no comprendía por qué su padre actuaba de aquella manera, sorprendida y horrorizada por su comportamiento de la noche anterior.

Las clases pasaron largas y aburridas pero para su suerte, Hinata pudo salir viva de ellas. Eran interesantes, sí, pero a ella no le gustaban; digamos que preferiría haber estudiado otra cosa. Sin embargo, la vida era así, a veces debías hacer cosas por obligación.

Algo la sacó de sus cavilaciones mientras recogía sus cosas: la voz de su compañera de al lado.

—¿Qué te ha pasado en el labio, Hyuuga—san? —le preguntó ella, siempre tan simpática—. ¿Te has golpeado?

—La verdad es que preferiría no contarlo —respondió con discreción.

—Está bien, no insisto —sonrió la joven, comprensiva.

Hinata suspiró, agradecida. No quería contarle a nadie lo que había sucedido la noche anterior; bastante trauma tenía ya como para que se lo hicieran más grande teniéndolo que contar una y otra vez; aparte, sería muy indiscreto contarlo a alguien que no conocía demasiado. Ella no era demasiado buena para hacer amistades, tardaba en confiar en la gente.

Cuando acabó de recoger sus cuadernos y bolígrafos abandonó la clase, surcando los pasillos con ligereza hasta llegar a la calle, donde caminó un poco y se sentó frente a la parada del autobús.

Esperó allí un rato, pensando en lo que haría al llegar a casa después del trabajo. Debía estudiar bastantes temas de diferentes asignaturas, así que suponía estaría muy ocupada. Por lo demás, sería más cuidadosa al entrar y evitaría a su padre; no quería volver a ser víctima de su mal humor.

Al rato de estar esperando, el pitido de un claxon llamó su atención. Cuando se giró, no pudo creer lo que estaba viendo: con sus labios curvados en una curiosa sonrisa, Sasuke Uchiha, su prometido, la esperaba en el interior de un lujoso deportivo negro.


¿Era Sasuke Uchiha el que estaba pitándole a su prima desde aquel deportivo negro? La pregunta rondó por su cabeza unos segundos, tratando de acostumbrarse. Qué bien tendría que irle la vida para tener un coche así. No era para menos: el cargo de sub—director de la empresa de su tío era uno de los más codiciados y nada más ni nada menos lo tenía uno de los miembros más jóvenes del sector, de tan sólo veinticuatro años, un genio en el sector y lo más importante: con muchos contactos.

Acabado de salir de clase y ya se encontraba con la imagen de aquel hombre que había sido su rival años atrás y ahora la mano derecha de su tío Hiashi. No sabía qué tenían que ver su prima y él, pero se lo comenzaba a sospechaba en aquel preciso momento. Sabía que Hinata estaba prometida, pero hasta ahora no le interesó saber quién era, suponía que era un idiota rico que le resolvería la vida a Hinata. Sin embargo, ahora lo veía más que claro: era Sasuke Uchiha.

No se lo acababa de creer.

¿Pero cómo no conocer a aquel idiota que en un tiempo había sido su compañero de clase, para luego convertirse en su rival? Aquel que luego se había vuelto su compañero de trabajo en la empresa de su tío Hiashi, cuando iba. Jamás reconocería que le superaba en ciertos aspectos, porque él lo hacía en muchas más cosas, incluidas entre ellas el llevarse a más mujeres a la cama y en superarlo en las calificaciones obtenidas.

Desde que Sasuke terminó la carrera, dos años atrás, no había tenido demasiado problema para ser el mejor, pues siempre terminaban igualados en todo, aunque no quisiera reconocerlo.

Con curiosidad, se acercó a ellos, ocultándose tras el tronco grueso del primer árbol que se encontró. No era típico en él espiar o meterse en las cosas de los demás —porque realmente no le importaban—. Sólo quería fastidiarla en cuanto tuviera oportunidad (aunque hacía ya semanas, quizá meses, que sólo se dirigían frases cortas al ir juntos a la Universidad), hacerle la vida imposible. Y es que por más que quisiera, aquellos deseos de molestarla seguían ahí, saliendo a la superficie a cada oportunidad.

Como decíamos, Neji Hyuuga no era del tipo cotilla pero la curiosidad y su obsesión le cegaron por momentos, en los que pensó en cosas demasiado estúpidas para ser reales. Una vez más se fijó en la escena, poniendo todo su oído en lo que hablaban:

—¿Quieres que te lleve, Hinata? —le oyó decir desde su coche con una voz interesante.

—No hace falta Uchiha-san, puedo coger el autobús; de hecho lo estoy haciendo ahora mismo.

—Y tú sigues renegando a llamarme por mi nombre —rió él—. Soy tu prometido, no un extraño.

—E—Está bien, Sasuke-san —ella sonrió, tímida.

—Así me gusta, aunque prueba a quitarle el sufijo.

-E-Está bien… –Neji podía imaginar el rubor cubrir las mejillas de su prima– Sasuke.

-¿Entonces vienes? –le preguntó ahora; notó cierta nota de impaciencia en su voz.

-Bueno, venga, pero sólo hoy –respondió ella, sonriéndole-. De todas maneras ibas a insistir mucho.

Dicho y hecho, se subió al coche y ambos arrancaron hacia el trabajo de Hinata.

"La muy tonta", se burló Neji "Realmente no sabe con qué tipo de hombres se mete".

Neji se retiró del árbol con fastidio. La conversación le había convencido de que ellos estaban prometidos, pero, ¿en sólo un mes un trato tan íntimo?, ¿por qué mierdas le molestaba cómo se tratasen? Ah, ah, molestar no era la palabra. Él tenía otros asuntos que atender, no estaba para perder el tiempo en gilipolleces y lo más importante, ¿desde cuándo era un chafardero o estaba interesado en conversaciones ajenas?

"Desde que estás obsesionado, Neji" se respondió a sí mismo.

No, no era él el metomentodo ni el culpable, ni siquiera estaba obsesionado: era ella. Él no tenía la culpa de que su prima les provocara a todos, a él incluido. Se lo estaba demostrando cada día más. Sin embargo, parecía que esta vez ella no había empezado el problema, sino su padre al prometerla con ese Uchiha.

Y es que aquella punzada molesta seguía en su cerebro, recordándole que le había molestado verles juntos y en confianza. Pero Neji Hyuuga nunca reconocería esa verdad.


Después de que Hinata se subiera al coche, agradecida de tener a alguien que la llevase a casa, Sasuke le hizo la pregunta del siglo.

—¿Quieres venir a mi casa? –Hinata abrió los ojos con sorpresa- He sido demasiado directo, lo sé. Repetiré la pregunta: ¿te gustaría venir a mi casa a tomar el té?

Su prometida parecía descolocada por completo y tardó un rato en responder.

—¿Ahora? –preguntó con aprensión. Sasuke le sonreía apaciblemente.

—No quisiera rechazar tu propuesta, pero… quizá sea mejor en otro momento, Sa-Sasuke… —Hinata enrojeció—. Hoy… Hoy tengo… que trabajar… y luego estudiar.

—Está bien, sé que la carrera que estudias es muy dura, yo mismo tuve que sufrirla durante cinco años —aceptó él con una sonrisa-. Por cierto, ¿cómo te va en el trabajo?

La vio arrugar el ceño, pensando en ve a saber qué cosas. Era gracioso verla así, con esa expresión pensativa tan impropia en ella.

-La verdad, no me gusta demasiado –empezó, más relajada- pero tengo muy buenas compañeras y pagan bien, así que no puedo quejarme.

Así pasó el rato, con él preguntándole sobre su vida en general y ella respondiéndole a todo entre sonrisas y muecas. Cuando Sasuke frenó poco a poco, y ella notó que ya estaban al lado del trabajo, se desabrochó el cinturón de seguridad y se dispuso a salir, sin embargo, antes de abandonar el coche, Sasuke la tomó por un brazo.

—Hay algo que quiero preguntarte desde hace rato, Hinata —comenzó, mirándola fijamente a los ojos—. ¿Qué te ha pasado en el labio?

Fue su única pregunta, con sus oscuras pupilas penetrándola e impidiéndole abandonar el automóvil. Notó como su cuerpo se tensaba y se hundía más en el asiento, tratando inútilmente de hablar, de soltar una respuesta con la que mentir. Finalmente, cuando se sintió con fuerzas, optó por la ignorancia.

—No quisiera tener que contártelo, Sasuke –suspiró, vacilando antes de decir cualquier cosa más.

Antes de que pudiese sorprenderse, él trasladó sus dedos a su rostro y rozó la yema de su dedo índice contra su labio inferior, acariciando con suavidad la parte herida. Se sonrojó mientras su corazón se aceleraba. Notaba aquellos ojos oscuros sobre ella, analizándola, veía sus labios, que ahora le decían algo.

—No tengas miedo a decírmelo, Hinata —su mirada no mentía y ella necesitaba contárselo a alguien o reventaría.

¿Por qué no decirlo y aliviar de una vez su ansiedad, sus ganas de llorar? Enseguida, las lágrimas hicieron inundaron sus ojos, llenando sus lacrimales y deslizándose por sus mejillas. Y se echó a llorar en el pecho de su acompañante, que la acogió entre sus brazos como jamás había hecho con una mujer.


Ese día, con sólo cuatro horas de trabajo, Hinata llegó reventada a su casa. No sabía muy bien por qué, pero estaba triste a pesar de haber liberado su llanto. Hablar con Sasuke Uchiha había sido un bálsamo reparador en su cerebro, pero estaba desanimada. Digamos que se sentía mucho mejor, pero había algo que aún le pesaba.

No dándole más vueltas al asunto, subió al piso de arriba y en cuanto llegó a su habitación se tumbó sin siquiera cambiarse, dándose la vuelta y mirando directamente al techo. Su vida era sumamente estresante, tanto que a veces le habría gustado acabar con todo, como en ese momento. Estaba harta de todo, de su familia, su primo, todo…

En instantes como ese, cuando la depresión tocaba su mente, no podía dejar de ser pesimista.

Dejando de lado sus problemas, se levantó de un salto de la cama y cogió el pijama que siempre guardaba bajo la almohada. Estaría muy desanimada, pero no podía dormirse vestida.


La vio desvestirse por la rendija de la puerta, tan sugerente y excitante su cuerpo que enseguida pudo notar una molestia en su entrepierna. Se pasó la lengua por los labios mientras desabrochada con demora el único botón del pantalón. Había llegado allí unos cuantos minutos antes y al ver la puerta entreabierta y la luz salir del cuarto, se asomó, tentado una vez más por aquella obsesión a la que estaba sujeto. Y ahora sus manos bajaban la bragueta del pantalón y comenzaban a tocar, masturbando su sólido miembro sin prisa.

Veía la tela del pantalón tejano de su prima bajar, mostrando sus torneadas piernas; la camiseta deslizarse por su cabeza y caer al suelo, y su sujetador desaparecer, dejando ver sus pechos exuberantes, firmes, blancos y suaves. Era un demonio, tan tentador… tan terriblemente hermoso.

Abrió la boca, soltando un suspiro cargado de placer: la imaginaba encima de él, con esa cara entre placer y dolor que tanto le ponía, poniéndola en todas las posiciones que se sabía de memoria, hasta llegar al orgasmo una y otra vez.

Para siempre.

Podía imaginarla haciéndole mil cosas, comiéndosela, sudando con él. No podía aguantar más, tenía que hacer algo, entrar, matarla a polvos, lo que fuera con tal de quitársela de la cabeza.

Se apretó el miembro, sintiendo una punzada aún más placentera: no podía, no quería, no caería ante la tentación; no sería tan rematadamente estúpido.

Rápidamente, se alejó de la puerta y se dirigió al cuarto de Hikari. Sabía muy bien que ya no había peligro de que Hiashi les descubriera, pues ya no dormía allí. Entró al cuarto, cerró con pestillo y se quitó la camisa, acalorado. Pronto pudo ver a su soñolienta tía removerse en la cama, sorprendida ante su visita.

—¿Qué ocurre, Neji? –No le dio tiempo a decir nada más, pues él se abalanzó sobre ella, recorriéndola y desnudándola con rapidez, suprimiendo aquella angustia y los deseos que le atormentaban.

Hikari no se negó a revolcarse una vez más con él, sintiendo su vigor y pasión, henchida en placer. Las estocadas rápidas se sucedían sin pausa, como locura hecha carne.

—Hinata… —susurró, sin ser oído por su amante, que se hallaba concentrada en el placer que estaba sintiendo- …Hinata.

Notó como pronunciaba el nombre de su prima, pero no se corrigió. Quería, desde hacía ya tiempo, que ella se marchase de su cabeza. Quizá con eso podría quitársela definitivamente… poniéndole la cara de Hinata a Hikari. Era descabellado, pero una buena opción al no estar del todo cuerdo.

—Te… Te quiero —susurró Hikari a su oído mientras llegaban al orgasmo.

Cuando el clímax se sucedió, Neji se quedó encima de su tía durante un rato, para luego tumbarse a su lado y abrazarla, esperando que el sueño les venciese a ambos. Quería cerrar los ojos, dormirse; porque la cara de Hinata Hyuuga seguía allí, más nítida que nunca.


Hanabi estaba aún más atractiva dormida y desnuda, con esos ojos cerrados inocentemente y la boca entreabierta. Probablemente estaría sumida en un sueño reparador y sosegante, pues sus rasgos felinos habían quedado en el olvido por unas horas en las que tan sólo descansaba. Era tranquilizante verla así, sin ningún tipo de atadura al mundo terrestre.

A ella le gustaba acostarse con él, decía que le quitaba el asco de estar con el viejo, así que a veces iba a su casa a consolarla, a reparar sus sentimientos. A veces los mejores amigos hacían cosas por el bien de sus amigos -porque no era precisamente que se gustaran, más bien era un amor fraternal el que tenían-, para poder verles sonreír una vez más.

Porque a él le dolía que Hanabi se forzase a estar con Hiashi para llevar a cabo aquella venganza; le dolía ver el daño que se hacía cada vez que se acostaba con ese cerdo despreciable. Le dolía tanto que se habría cambiado por ella, pero por desgracia, Hiashi Hyuuga no era homosexual (ni él tampoco, por qué no decirlo).

Admiró el rostro de su amiga una vez más, que con los años se había vuelto más hermoso. Después del orgasmo, a ella siempre la invadía el sueño y él la cubría con las mantas porque ya estaban a Octubre y hacía frío en el cuarto a pesar de la calefacción.

Sin poder dormir, Sasuke Uchiha encaminó sus pasos a la gran puerta de cristal que cubría el balcón. La abrió y salió, notando las suaves ráfagas de aire fresco recorrer su piel. Se apoyó en la barandilla, viendo los coches pasar una y otra vez, como si no se acabaran. Le gustaba esa sensación: sentirse el único en la noche, mirándoles a todos sin ser visto; aunque a decir verdad, tenía plena certeza de que no lo era.

Notando un poco más de frío, decidió meterse dentro.

Ya Otoño, qué rápido pasaba el tiempo.


En la barra de un bar de copas, en plena periferia, Hyuuga Hiashi no esperaba una hora concreta para volver a su habitación en el hotel donde se estaba alojando desde la pelea con su mujer. Seguía cabreado. Sólo había vuelto a su casa para dos cosas: una para coger algo de ropa –pues pensaba pasarse en el hotel unos cuantos días- y otra para buscar algunos documentos que le faltaban para el trabajo. Removió su copa de whisky, llevándosela a los labios y dando un largo sorbo. Ya llevaba toda la noche mirando a una dama de negro que se paseaba de un lado a otro del bar. La música, con tintes románticos, recordaba a las películas americanas de los años sesenta.

Se calmó, dando un último trago a su bebida y dispuesto a entrar en acción. Estar con mujeres era algo que le gustaba, cuanta más variedad mejor. Encontrar a una no era tarea difícil debido a su dinero y posición social; caían enamoradas a sus pies con tan sólo enseñarles la billetera. Era divertido usarlas para una noche y luego no volverlas a ver. Nunca podían aprovecharse de él o su dinero, una verdadera delicia era ver en sus caras la decepción al dejarlas solas en la cama por la mañana.

Se podía decir que nunca le faltó sexo en su vida, fuera con su mujer o con otra; estaba sobrado en todos los aspectos de su vida. Sexo y dinero era lo único que necesitaba para vivir.

Era un vicio, una sensación maravillosa el poder estar con una de ellas cada noche, sin complicaciones ni ataduras; el compromiso ya lo tenía con Hikari, y la muy desagradecida no era una buena esposa. Estaba realmente molesto, pues además de no dejar que la golpeara ni siquiera le daba buena imagen ante la sociedad y la empresa. Y ahora su hija igual: menudo par de putas le había tocado mantener.

Le tocaría adelantar aquel matrimonio concertado entre su hija y Sasuke Uchiha, para sacársela lo más rápido posible de encima. Esa niña no deseada al nacer, se había convertido en una carga ahora que la tenía en casa. Él siempre había deseado a un varón, alguien realmente capaz de llevar la empresa. Pero no, eso sólo le había tocado a su hermano con Neji, su sobrino, y de qué le había servido al no tener nada: exactamente de eso, de nada.

El idiota de Hizashi, -se sonrió- se había muerto sin disfrutar de lo mejor, sin un céntimo, dejando a su hijo y a su mujer solos, y a él, por supuesto, no le había dado la gana de acogerlos cuando vinieron a pedirle asilo. Finalmente, años después de que la madre de su sobrino muriera, le había acogido tan sólo por interés, por encontrar a un heredero lo suficiente inteligente para dejarle su cargo, la empresa y el dinero. Porque una niña no valía absolutamente nada para él y antes prefería tener al hijo de su hermano como heredero que a su propia hija.

Sin embargo, ciertas dudas estaban nublando sus decisiones, preguntas que prefería guardarse por ahora. Levantándose de su asiento, se dirigió hacia su presa de aquella noche. Probablemente sería una noche divertida y llena de acción.

Continuará...


Nota: ¿Qué tal? Sí, mucho tiempo sin actualizar esta historia, pero os juro que tengo excusas más que suficientes para explicarme, aunque no las contaré para no aburriros. En fin, tengo el siguiente capítulo en el tintero, casi terminado, sólo le faltan algunos detalles, así que espero actualizar pronto (aunque no os prometo nada, eh). En fin, este capítulo había quedado con unas 8000 palabras en un inicio, pero decidí cortarlo para no hacerlo tan extenso, porque si no, creo que se haría difícil de leer. Por lo demás, me costó mucho escribirlo y espero que me podáis dar algunas críticas sobre mis fallos, aciertos, cosas a mejorar, etc. La verdad es que a los autores de fics también nos gusta recibir críticas, sobretodo si son para mejorar ^-^. Bueno, ya dejo de escribir, que a este paso esto va a ser más largo que el capítulo. ¡Saludos, gracias por vuestro ánimo y por estar siempre ahí apoyándome con esta historia!

Agradecimientos especiales a: NejiHien, Uchihyu, MariieHyuga, Fujioka-chan, Sumebe, Bell, Ridesh, Dana, Azkaban, Flordezereso, Daniratoe, Hinata. Asumi. Kaoru. Lore, Chiiiachan, Artemisav y Kairi.