Pd: Esta escritoria está triste, abrazos. Les extrañaré a todas (os)


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El amor puede reparar el alma

Sasuke

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Ah... sólo quiero que se acabe ya.

¿Cuándo moriré? Las cuerdas ya han sido pasadas por mis muñecas, la sangre escurría sin piedad y llevaba bastante tiempo tendido en el suelo contemplando el techo sin fin, esperando impaciente el momento en que el repentino sueño me invadiera.

¿Cuándo moriré? Me pregunté tantas veces en el tiempo transcurrido, ni siquiera sabía la hora. El único indició fue la transición del día al anochecer y los rayos naranjas proyectándose en el suelo.

Entonces cerré los ojos y soñé.

Soñé con un lugar cálido dónde unas manos acariciaban mis cabellos. Soñé con una canción sin nombre que era tarareara por una cálida voz que, a pesar de no conocer, había cierta familiaridad en ella. En mi sueño yo la conocía más que a nadie.

¿La conocía?

Estiré mis manos entre el cielo infinito, plagado de estrellas. Cada una de ella le pertenecía a un náufrago y le ayudaría a volver a casa. Me reí entre dientes y dejé caer mis brazos, ninguna de esas estrellas llegó a mí.

Y jamás llegaría.

Jamás...

De pronto sentí mi rostro mojado y al llevar mi mano a los ojos noté las lágrimas que recorrían mis mejillas.

¿Lágrimas? Ya hacía mucho que no lloraba.

—No te abandonaré. No de nuevo.

Esa voz...

Me senté en medio de la habitación y observé la puerta con insistencia, como si por ahí fuera a entrar la solución a mis problemas.

Como si ahí fuera a entrar mi estrella.

Y lo hizo, mi estrella apareció en un torbellino de emociones, llegando como una calma apaciguando mi tormenta interior, la primavera eclipsando el invierno de mi corazón. El verde fundiéndose con el negro, el silencio con el ruido, todo se hizo más claro.

Entonces comprendí que mi estrella llegaría.

Algún día.


Los sueños no eran muy recurrentes, pero me despertaban en medio de la noche y me obligaban a no pegar el ojo, o eso sería las noches en que me encontrara sólo. Comúnmente un cuerpo cálido se acurrucaba a mi lado, aferrándose a mi piel, permitiéndome sonreír, la rodeaba con mis brazos y la atraía a mí, dándole un beso en la frente.

Besando a mi amada estrella.

Pero había días que ni siquiera mi estrella lograba ayudarme a conciliar el sueño. Esos días eran raros, como este, contemplé el silencio a Sakura que dormía plácidamente y me deslicé fuera de la cama logrando no despertarla.

Iba a la cocina en busca de café que ayudara a apaciguar mis pesadillas y miraba a la nada por un largo tiempo. En esta ocasión me anticipé a la terraza abriendo los dos ventanales y me apoyé en el barandal a contemplar la ciudad a media madrugada. Las luces aún resplandecían y los automóviles pasaban por las calles. Este lado del barrio era relativamente tranquilo, Sakura fue encantada con este departamento apenas lo vio ¿y cómo no estar de acuerdo? El verla feliz me hacía feliz también.

Atribuí que fue una buena decisión, la vista de la ciudad era esplendida.

Estos momentos de soledad los apreciaba de cierta manera, me permitía pensar con claridad de cosas que antes no consideraba o veía desde otro punto. Mientras el sabor del café inundaba mi boca, al igual que el antiguo hábito de fumar que en algún momento de mi regreso con Sakura dejé ya que fumar se volvió un refugio, uno que ya no necesitaba.

Ahora tenía a Sakura a mi lado, y me aseguraría que fuera por siempre.

—Hasta que nuestros cabellos se tornen blancos —murmuré para mí observando con cierto regocijo el anillo plateado en mi dedo anular, el mismo que compartía con Sakura dados el día de nuestra boda. Un recuerdo que me hacía sonreír sin parar, al contrario de lo que pensaran los demás, mi boda con la mujer que amaba hasta el alma catalogaba el segundo recuerdo más hermoso ya que el primero lo ocupaba-

—¿Papá?

Volteé al escuchar la vocecita que me llamaba, teniendo arrastrando su conejo de peluche por la oreja y restregándose los ojos con su otra manita.

—Sarada ¿Qué haces despierta? —le pregunté dejando la taza en la mesita de fuera y acercándome a cargarla. Su cuerpo de seis años se acobijo en mí y balbuceó débilmente.

—Soñé que mamá se iba sin despedirse —dijo y ladeó la cabeza para mirarme, sin despegarse de mi hombro—. Ella está aquí ¿Verdad? ¿Mañana me preparará el desayuno?

Le di unas palmaditas en la espalda.

—No debes preocuparte. Sabes que mamá no se iría a trabajar sin despedirse.

—¡Pero una vez se fue por mucho tiempo sin despedirse! —replicó mi hija con un puchero y enderezándose, ya más despierta—. Papá, no debes permitir que mamá se vaya sin despedirse. Tía Karin dice que nos debemos despedir cuando vamos al trabajo o la escuela ¡es muy importante!

Suspiré un tanto divertido. Sin duda Sarada no olvidaría jamás la ocasión que Sakura tuvo que partir de emergencia cuando estaba en la guardería y se ausento un mes completo, lo que provocó muchas lágrimas en medio de una llamada telefónica y que hiciera pucheros mientras Sakura intentaba consolarla diciéndole que no volvería a irse así. yo entendía perfectamente que fue debido a su trabajo de bailarina y requerían su presencia en otro país, pero explicárselo a tu hija que está en la etapa que vive apasionada con los "buenos días" y "buenas noches" era un tanto complicado.

—No lo permitiré —le aseguré para reconfortarla, pareció funcionar porque sonrió y volvió a apoyarse en mi hombro murmurando que saludar y despedirse es importante. Una parte de mi mente asintió en acuerdo, las despedidas eran dolorosas, sobre todo cuando la muerte aclama la puerta. Despejé ese pensamiento y me centré en Sarada—. Ahora, vayamos a dormir para que cuando despiertes mamá pueda darte los buenos días.

—Está bien.

La cargué hasta la habitación y acobijé, recostándome a su lado esperando que se durmiera. Hunter apenas levantó la cabeza de la cama y movió la cola, le acaricié la cabeza. En estos días ha estado más cansado de lo normal, me dije que lo llevaría en estos días al veterinario. Desde que Sarada tuvo edad suficiente para tener su propia habitación Hunter se autodenomino su compañero de habitación, cada noche la seguía alegremente hasta la cama y dormía junto a ella, incluso fue una gran ayuda ante la ausencia de Sakura.

Ella viajó al extranjero por un mes entero, aquellos días fueron un poco desconcertantes, el cálido cuerpo de mi esposa no se encontraba ahí por las mañanas ni por las noches, era la primera vez después de nuestra boda que nos alejábamos por tanto tiempo. La cama se sentía tan vacía, pero por alguna razón no me impacienté ni desesperé, sabía que Sakura volvería pronto.

Comúnmente yo superaba el récord de ausencia por dos semanas durante vacaciones de la universidad dónde impartía clases, en ocasiones accedía a dar en un concierto. Pero en esa ocasión resultó ser el turno de Sakura ser atrapada en su entorno laboral, y no se sentía a gusto dejar a Sarada tanto tiempo sin su presencia, no quería ausentarse. Entre líneas escuchaba a la niña que vivió bajo la sombra de la enfermedad de su madre y su infancia resultó ser un infierno a manos de un supuesto padre que no la amaba, claro que las situaciones eran diferentes, pero en el fondo Sakura no quería perderse el crecimiento de nuestra hija tal cómo Mebuki se perdió el suyo.

Tras asegurarme que Sarada dormía y Hunter estuviera bien, regresé a la habitación y me metí bajo las cobijas. Tan pronto jalé la sábana, Sakura se acurrucó en mi pecho y exhaló.

—¿Tuviste otra pesadilla? —murmuró.

Bajé un poco la mirada, ella seguía con los ojos cerrados, pero estaba despierta.

—Perdón, no quería despertarte. —Ella negó con la cabeza y besó mi pecho.

—No debes disculparte, sé que es difícil. ¿Estás bien?

Asentí. Pocas veces hablábamos de qué iban nuestras pesadillas, tanto ella como yo no deseábamos preocuparnos mutuamente pero tácitamente lo sabíamos: eran recuerdos del pasado, de la muerte y la sombra de los demonios que se escondían en los páramos esperando a brincar en la primera señal de luz.

Ninguno dejaba que esas sombras se aprovecharan de nuestra debilidad.

—Estoy bien. Tuve la inesperada compañía de nuestra hija —dije suavemente jugando con un mechón de su cabello sin perturbar su adormecimiento—. Ella pensó que te habías ido sin despedirte.

—Oh, mi niña. La he dejado traumada —exclamó Sakura lamentándose, soltando un pequeño gemido—. Mañana le prepararé tostadas con huevo tal como le gusta.

—No debes sentirte mal, el trabajo te lo exigió, además no es que se haya quedado sola —alegué sintiéndome ofendido, o al menos fingí estarlo.

Soltó una risa. Su melodiosa risa y me acarició la barbilla, me gustaba cuando hacía eso.

—Por supuesto que estaría bien siendo cuidada por el mejor padre del mundo —arrulló y me dio un beso, cual aproveche para atraparla por completo, acariciando con mi lengua sus labios y aferrándome a su cintura sin tregua. Me siguió el ritmo y aspiró con fuerza cuando una de mis manos envolvió su pierna—. No seas travieso, Sasuke...

—¿Quién es travieso? —pregunté dándole una serie de besos, luego suspiré en deleite cuando se separó y volvió a esconder su rostro en mi pecho.

La dejé ser y mejor me centré en tararear la melodía creada para ella hasta que el sueño me reclamó.


A Sarada le gustaba tocar el piano.

En las tardes en que me sentaba en el estudio frente al piano después de las clases impartidas, ella se colaba en la habitación y se sentaba a mi lado cuestionando cada una de las teclas, y luego las presionaba entusiasmada. Ante sus oídos era una experta, y yo no se lo negaba. Me encantaba enseñarle una de mis pasiones.

Nos encontrábamos en el estudio cuando Sakura tocó la puerta esbozando una sonrisa. Una vez más que quedé embelesado al contemplarla llenándome de paz, la sombra del pasado no la atormentaba día y noche. Hasta hace unos años las pesadillas la atormentaban, ahora no parecía el caso.

—Sarada, tío Naruto vino de visita.

Inmediatamente Sarada desentendió las manos del piano.

—¡Ah! ¡Tío Naruto! —exclamó bajándose de la butaca y corriendo a la sala repitiendo su nombre con entusiasmo. Suspiré resignado, Naruto siempre robaban la atención de mi amada hija cada vez que nos veíamos.

Sakura notó mi gruñido interno y se rio de mí. Lo miré sintiéndome traicionado, preguntándole con la mirada que era tan gracioso.

—Nunca pensé que serías celoso con nuestra hija —comentó.

Me distraje de momento. Otra de las cosas que parecían un sueño era escuchar el "nuestra hija" proveniente de sus labios.

—No estoy celoso —repliqué yendo hacia ella—, simplemente me quejo de que otros acaparen la atención de mi hija.

En la sala, Naruto ya estaba siendo abrazado de la pierna por Sarada que le encantaba colgarse de las piernas, su tamaño lo permitía. Recibía palmaditas de Naruto que le sonreí y le hacía preguntas. Lo saludé con un ademán y él pareció percibir mi irritación porque me sonrió descaradamente y cargó a Sarada.

—Saradaaa ¿Quién es tu tío favorito?

—¡Tú eres mi tío favorito! —aseguró entusiasmada.

No pude evitar burlarme del supuesto favoritismo de mi hija por Naruto.

—Eso también se lo dice a mi hermano y Sasori —murmuré para mí disfrutando de la próxima desgracia de Naruto, pobre cosita fea.

Segundos después Sarada agregó: —...¡También tío Itachi y tío Sasori son mis tíos favoritos!

—...

La expresión de Naruto no tuvo precio y yo me burlé en su cara, soltando una risa mal contenida. Sakura me dio un ligero codazo.

—Si eres así de protector cuando es una niña no quiero imaginar cuando tenga quince años y anuncie que le gusta un chico.

Mi diversión se disipó de inmediato y sentí horror. Entrecerré los ojos a su dirección pensando que la maldad de su corazón era tan grande para profetizar sobre el futuro que incluía a nuestra hija y un chico.

— .Cádaver.

En esta ocasión ella soltó una risotada que atrajo la atención de Naruto y Sarada, quién no dudó en saltar de los brazos que la cargaban en correr hasta nosotros preguntando porqué Sakura se reía tanto que hipaba y casi se retorcía en el suelo. La sostuve pensando seriamente si debía retenerla o dejarla reírse.

La dejé ser, con la calidez inundando mi ser al verla reírse sin que se sintiera culpable por ser feliz.


Sakura cocinó un rico estofado, Sarada y yo coincidíamos en decir que era nuestro platillo favorito razón por la cual ella engullía sin silencio, tan concentrada en degustarla y haciendo caso omiso a nuestra conversación que, en realidad, sólo eran banalidades.

—¿Viniste a la ciudad por trabajo? —preguntó Sakura mientras le limpiaba el rostro a Sarada con una servilleta.

Después de casarnos regresamos a Tokio por una temporada, casi al mismo tiempo Naruto se marchó a Italia junto a Ryu debido a una oferta de trabajo y permaneció ahí hasta el nacimiento de Sarada, ocasionalmente hacía visitas, pero jamás se quedaba por mucho tiempo.

—Te alegrará saber, querida prima, que pienso asentarme en la ciudad —alegó con ademanes y una sonrisa de oreja a oreja. Erigiéndose sobre su porte dijo con un tono impetuoso—: Admira al nuevo fiscal de la prefectura Chiba.

Sakura soltó un grito emocionado al cual nos hizo encogernos a Sarada y a mí en nuestros asientos, supe en ese momento de dónde sacó Sarada su chillido.

—¡No-puedo-creerlo! ¡Felicidades! —Abrazó a Naruto sin parar, él se dejó complacido—¡Esto tenemos que celebrarlo!

—Mi madre hará una reunión pronto y vine a invitarlos —alegó una vez que los brazos de Sakura se alejaron, luego me miró con aires de grandeza—. ¿Y tú no vas a felicitarme?

—¿Felicitarte por algo que ya estaba determinado desde un principio? —alegué con calma bebiendo de la limonada.

De pronto Naruto se estiró a mi lado atrapándome con un brazo, como si estuviera a punto de llorar al borde de la emoción. Lágrimas falsas o verdaderas lo único que hice fue empujarlo lejos de mí.

—¡Sasuke, es lo más lindo que me has dicho en nuestros años de amistad!

—Pareces una esposa esperando un cumplido. Te recuerdo que me casé con tu prima, no contigo —refunfuñé entornando los ojos.

—Lamentablemente. —Naruto enarcó una ceja y sonrió cárismatico.

Escupí mi limonada y tosí sin parar, ¡maldito, y todavía se ríe!

—¡Lo siento Sasuke! ¡Lo siento! —se alejó riendo. Sarada nos miró preguntando en voz alta si me encontraba bien, la tranquilicé asintiendo y afirmando que sólo bebí rápido del agua—. ¡Hace tiempo que no te gastaba una broma, cuanto extrañaba esto!

—¡Tú-! —me calmé al recordar que Sarada nos veía tan entretenida. Dejé el vaso en la mesa y suspiré conteniéndome en zamparle un golpe.

Sakura intervino antes de que cometiera un asesinato en plena cocina.

—¿Cuándo será la reunión?

—Es mañana y tienen que venir sin importar qué. ¡Invité a todo el mundo!

Intercambié un gesto con Sakura y luego ambos lo miramos con sospecha.

—¿A qué te refieres con "todo el mundo"?


Por supuesto, el "todo el mundo" de Naruto concluyó en una reunión familiar tanto de mi familia como la de Sakura.

El patio de la casa de Kushina nunca estuvo tan ajetreada. Una larga mesa se extendía con diversos platillos y jarras con bebidas, cuales varias manos se pasaban entre sí. Las risas de los demás y el ambiente ameno familiar hicieron que de pronto me entrara cierta nostalgia, imaginar que hace más de diez años pensaba que las voces eran molestas y aseguraría que jamás me acostumbraría a ellas.

Sentado a un lado de mi hermano y Naruto que contaba algunos casos ganados en su estadía en Italia, dejé de prestarle atención deslizando mi vista en busca de Sakura que se movía alrededor del enorme asador maniobrando unas pinzas, ayudando a Hinata que apenas podía moverse fácilmente con su vientre de cinco meses.

Desplacé mi vista al otro extremo de la mesa, los anfitriones de la casa, Kushina y Minato con mis padres, ambos juntos sin que mamá lo mirase con dolor y traición, ya hacía varios años que la relación entre ellos mejoró y de un momento a otro padre se mudó a casa y comenzaron a vivir juntos, sorprendiéndonos —¿o no?— poco después cuando anunciaron que se casarían de nuevo. Sólo era cuestión de tiempo.

Casi a su lado Izumi acurrucaba a mi sobrino de dos años entre sus brazos e intercambiaba risas con Sasori y Karin, esta le hacía muecas a Inari que no tardaba en darle palmadas en sus mejillas y reírse con fervor. Y más allá, las risas de los niños acompañado por los gritos de Kiba que jugaba con ellos a lo que parecía ser el "las traes".

Pronto Sarada se acercó a mí corriendo, su vestido rojo revoloteó y su diadema se torció cuando se detuvo y extendió las manos a mí.

—¡Papá! ¡Papá! Mira, encontré caracol. ¿No es bonito?

—Lo es —dije acomodándole la diadema—. Ten cuidado al correr o caerás.

—¡Tío! Sarada quiere preguntarle algo —El hijo mayor de Hinata y Kiba, Hiroshi, vino detrás señalando el caracol en la mano contraria.

Sus ojos perlas brillaron emocionados y contagiando la idea a Sarada, cuya sonrisa se iluminó y se giró a mí, preguntando expectante: —¿Puedo quedármelo? ¡Prometo cuidarlo! Es más pequeño que un perrito ¿Sí? ¿Sí?

Consideré la mejor forma de no romper la ilusión de mi hija de seis años, el animal era muy pequeño y en cualquier descuido moriría aplastado, y eso entristecería a Sarada. Consideré tener una conversación con Sakura sobre adoptar uno de los cachorros de Hunter.

—Es un animal muy pequeño y podría lastimarse si lo aplastas. Además, ¿no crees que estará triste si lo separas de sus padres? —pregunté dándole a su lado inocente, y noté la exclamación de horror de Sarada. Parecía realmente preocupada.

—No... ¡No quiero que esté triste!

—Entonces hay que devolverlo con sus padres —le dije señalando los arbustos dónde seguramente lo encontró.

Hiroshi se hundió de hombros y miró triste al caracol, luego a Sarada.

—No lo aplastes, se lastimará. ¡Vamos a devolverlo con sus padres! —Y así me arrastraron hasta los arbustos dónde me aseguré que dejaran el caracol.

Una vez que lo liberaron, ambos se fueron corriendo para unirse al juego con los otros niños que estaban en su apogeo. Desde ahí vagamente me pregunté en qué momento aparecieron tantos infantes con rasgos combinados o siendo mini copias de caras conocidas.

Comenzando por el hijo mayor de mi hermano e Izumi, nació un año después que se casaran, era una copia exacta de mi hermano tanto su físico como su carácter al contrario de Inari, que pareció heredar la gentileza de Izumi.

Hinata y Kiba resultaron ser una no-tan-novedad, tuvieron a Hiroshi apenas terminando la universidad y se casaron unos años después. El niño era igual de revoltoso que Kiba, y el bebé que venía en camino parecía seguir sus mismos, aunque Hiroshi recientemente presumía que tenía otro hermano cual no tuvo que esperar a verlo crecer. Esto, por supuesto lo decía por Kibou: el hijo de Tenten.

Miré fijamente a Kibou buscando rasgos familiares de Tenten, era en lo único que pensaba cuando veía a ese niño tranquilo y educado que aún le costaba interactuar con los demás. Una parte retorcida de mi ser buscaba rasgos de Neji, pero para mi fortuna solamente veía la cara de Tenten en él. Era muy ingrato de mi parte pensar eso del niño y Kibou no tenía por qué cargar con el peso de su lunático padre del cuál ni siquiera conocía y que actualmente seguía cumpliendo su condena. Un acuerdo de todos en no mencionar nada de él hasta que tuviera la edad suficiente para comprender la verdad.

Kibou fue adoptado por Kiba después de una larga conversación con Sakura cual estuve presente siendo un oyente. Desde que Kibou luchó de bebé por sobrevivir fue acogido por la mamá de Tenten, pero unos años después ella murió de tristeza por perder a Tenten dejando a su hijo y a Kenta solos, ambos fueron llevados a casas de servicios sociales. Tanto Sakura como Kiba casi se le cae el alma al suelo y decidieron que Kiba intentaría obtener su custodia ya que Sakura, a pesar estar muy preocupada y dispuesta a ayudar, no sería capaz de hacerlo por lo sucedido con sus padres del niño. La apoyé en sus decisiones sin importar qué.

Una firme postura, una lucha de tantos años y por fin Kiba obtuvo la adopción legal de Kibou. El hermano de Tenten visitaba constantemente desde el pueblo, y prefirió dejar que Kiba se hiciera cargo ya que él no tenía ni la estabilidad ni economía suficiente para mantenerlo.

Y pensar que la vida de este niño estuvo plagada de obstáculos incluso desde el vientre de su madre.

—Toma. —Volví en mí al sentir algo frío presionar mi brazo, Sakura me ofrecía un vaso con refresco, lo agarré sin más y no despegué la vista de los niños.

Las risas infantiles resonaron en el patio, Kiba acaba de ser lanzado al suelo por los niños más pequeños y se encimaban gritando "¡Tío Kiba fue atrapado!".

—Me pregunto cuando fue que la familia se llenó de tantos niños —murmuré para mí.

—Uh... —Sakura susurró desviando el rostro—. Y vendrán uno en camino, así que deberías estar acostumbrado.

Me quedé en blanco un segundo y la miré con ojos muy abiertos.

—¿Eso lo dices por Hinata o...?

Sakura se rio de mi expresión y pronto caí en cuenta que malinterpreté sus palabras. Gruñí y bebí del vaso, avergonzado.

—¡Por supuesto que por ella! Pero ¿Quién sabe? Quizás la próxima vez lo diga por mí.

Entrecerré los ojos dejando que la sensación se instalara en mi pecho. Anteriormente habíamos hablando de la posibilidad de otro hijo, pero hasta el momento no teníamos prisas y no era que buscáramos sin parar. Estábamos bien así.

Antes de que pudiera responderle, de pronto escuché la característica voz de Sarada cuando está demasiado emocionada por contenerse.

—¡Abuelito Ryu!

—¿Cómo está mi princesa?

Dirigí vista a la entrada dónde un hombre pelirrojo hizo acto de presencia, con ese porte característico de serenidad. A diferencia del pasado, ahora vestía sin la chaqueta y las arrugas se formaban en su rostro cuando sonreía mientras cargaba a Sarada que lo llamaba sin parar y le daba besos en la mejilla.

Escuché la melodiosa risa de mi esposa y prensó mi brazo.

—Esto si es una grata sorpresa, no pensé que vendría mi padre —dijo. Pero entonces su rostro perdió el color al notar cierto detalle. Me miró con ojos muy abiertos y no me percaté de la alarma de su expresión hasta que lo entendí.

Y cómo si todos estuviéramos sincronizados, dirigimos nuestras vistas de Ryu a Itachi, que yacía sentado en la mesa observando con ojos entrecerrados a Ryu. Porque para nadie era secreto la profesión del padre de Sakura y mucho menos la posición de mi hermano en estos momentos, se suponía que cuando lo viesen lo primero que debía hacer era custodiarlo.

Itachi simplemente ladeó la cabeza, fingiendo demencia.

—... En estos momentos no estoy en servicio —alegó bastante audaz y siguió jugando con Inari.

Incluso yo escuché que al unísono soltamos el aire contenido.

—Ryu siempre se salva de Itachi, no debería sorprendernos —murmuré a Sakura que sonreía aliviada. Apreté su mano y besé un costado de su cabeza—. No deberías preocuparte.

—¿Verdad? Pero sigo teniendo minis paros cardiacos cada vez que los veo en el mismo espacio... —Ciertamente a mí también, pero a menor intensidad—. Bien, dejemos eso y vayamos a saludar —alegó jalándome a dirección de Ryu que se había sentado con Sarada en manos cerca de mis padres.


Otra cosa que amaba era peinar el suave y largo cabello de Sakura.

En la cama, ella se sentaba recién bañada entre mis piernas dándome la espalda, ofreciéndome el peine que le regalé hace bastantes años y que aún conservaba. La única evidencia del pasar del tiempo era el desgaste del mango en la madera y los colores opacos, en silencio me convencí de que era momento de comprar otro peine, aunque estaba seguro que Sakura seguiría utilizando este debido a lo que representaba: una promesa pactada.

La costumbre de peinarle el cabello la adopté en nuestros dos últimos años de universidad. Lo fascinante de convivir con tu pareja casi a diario era descubrir pequeños detalles de la persona que no vislumbrabas en el poco tiempo que comúnmente nos veíamos. Ahí, me di cuenta que cuando Sakura se estresaba demasiado su cabello tendía a hacerse nudo de una forma inexplicable.

Intentando darle un respiro, la jalé hasta la cama y tomé el peine ayudándola a desenredarse el cabello. No tuvo queja alguna y permaneció en silencio, encogida de hombros mientras hacía mi labor don mucha diligencia. Poco a poco se hizo un hábito y sin falta, ya sea que tuviera el cabello enredado o no, se sentaba dándome la espalda y esperando a que su cabello fuera peinado.

Me pareció sumamente tierno su acción y no dudé en corresponderle con mis gestos. Incluso después de casados, había veces en que ella lo hacía por su cuenta, pero no pasaba más de dos días en que extraña mis manos y se acercaba con peine en mano, sonriéndome de la misma forma tímida y confiada que la primera vez.

Sakura soltó un suspiro y ladeó un poco el rostro, sus ojos verdes brillaban. Cada día amaba más esos ojos y jamás me cansaría de ellos.

—Aún falta mucho para que mi cabello se torne blanco y ya comenzaste a ayudarme —divagó enternecida.

Detuve un momento mis manos, considerando sus palabras y masticándolas con suavidad retomé mi acción, pasando delicadamente el peine por las puntas que rozaban sus caderas.

—Bueno, no somos una pareja normal que sigue las reglas —refuté con suavidad. Ella se rio un poco—. Y sólo estoy practicando para que, cuando llegue el momento, lo haga bien.

—A este paso te especializarás en ello. —Asintió con cierta firmeza y sus hombros se relajaron de nuevo.

Una promesa que pactábamos todo el tiempo con nuestras palabras audaces, sinceras y llenas de amor.

De pronto un sentimiento bastante ligero inundó mi pecho, mientras observaba su espalda y los pensamientos rebobinaban en mi interior. Un sabor parecido a lo lejano y tan cercano a la vez que se instaló en mi paladar mientras los recuerdos y comparaciones bombardeaban mi mente.

Contemplé en silencio el rostro de Sakura, de la sonrisa que adornaba su rostro y no vislumbré ningún rastro de su antigua desdicha. Sé que en el fondo de su corazón la duda persistía, pero cada día se esforzaba en empujarlo y vivir sin remordimientos. Yo la admiraba en silencio, porque, pase a que ahora no escondía las cicatrices en mi alma y la libertad me abrazaba por detrás, aún vivía con ciertos arrepentimientos en mi corazón. No me abrumaba, pero en esos momentos de soledad y retención la melancolía me inundaba y hacía retroceder unos segundos.

En ocasiones me levantaba pensando en que no podía hablar. Otras, me quedaba bastante absortó en mis pensamientos y vagando en el pasado, no lo suficiente para que me afectara. Sin embargo, de lo que siempre estaré de acuerdo conmigo mismo era de mis arrepentimientos, claro está.

Sólo tenía tres arrepentimientos que se extendía en lo más recodito de mi alma.

La primera, ser un niño curioso e ingenuo, lo que propicio el principio de mis fatalidades. El haberme encerrado irremediablemente en mi incapacidad de no lidiar con dolor.

La segunda, lo débil y cobarde que fui durante diez años de mi vida ocultándome del mundo. Maldiciendo, con el corazón en la mano, mi existencia. Odiando a todas las personas que sonreían ignorando por completo que los demás también lidiaban con sus propios demonios.

¿Y la tercera? Es la que más dolió. No haber gritado el nombre de Sakura para impedir que se fuera de mi lado. Los tres meses que estuvimos separados nos estaba matando lentamente a ambos, y estoy bastante seguro que si nos hubiéramos separado definitivamente nuestros corazones habrían perecido al unísono al tenernos lejos.

Una vez Sakura me cuestionó sobre ello. La respuesta que le di externó mis pensamientos.

—¿En qué piensas con tanta seriedad? —La melodiosa voz de Sakura me sacó de mis pensamientos. Ella echó hacia atrás la cabeza y llevó un dedo entre mis cejas, relajando mi ceño fruncido.

Por inercia la rodeé por la cintura, acercándola a mi pecho para dejarle un beso en la frente.

—En lo mucho que te amo —le dije repartiendo besos por todo su rostro. Soltó una risa cristalina, tan clara y llena de sentimiento al dejarse dar cariño.

—Que coincidencia, también pensaba en lo mismo.

Sonreí lleno de dicha y continué besando su rostro.

La vida estaría llena de arrepentimientos de las acciones pasadas, de las heridas que nos hicimos mutuamente sin querer, de las palabras amargas que nos decíamos con el afán de alejarnos por capricho cuando nuestros corazones gritaban lo contrario.

Podía enumerar con mucho dolor todos aquellos momentos y rápidamente sustituirlos por los nuevos recuerdos felices: de mi boda con Sakura, de los días en que nos tomábamos de la mano y caminábamos por las calles de la bahía, de las sonrisas que comenzaron a florecer con el tiempo o del nacimiento de Sarada, aún podía sentir el rastro de mis lágrimas de ese día y la hermosa sonrisa que me brindó Sakura, silenciosamente dándome tanto amor.

Viendo los años desde retrospectiva, de lo único que jamás me arrepentiré era haber dejado atrás mis rencores y perseguir a Sakura dispuesto a salvarla de sí misma si con eso aseguraba que viviría una vida llena de felicidad.

¿Quién hubiese imaginado que elegiría pasar esa vida junto a mí?

Mi mejor acierto fue el haber soñado que permaneceríamos juntos.


El amor puede curar
El amor puede reparar el alma [..]
Recuérdalo con cada parte de ti
Y es lo único que llevamos con nosotros cuando morimos [..]
Nunca estarás sola
Y si me lastimas, bueno, está bien cariño
Solo las palabras sangran dentro de estas páginas
Sólo abrázame y no te dejaré ir
Mantendremos este amor en una fotografía

- Photograph | Ed Sheeran -


FIN


No estoy llorando, ustedes están llorando.

Ahora puedo, sí, dar por concluida este fic después de 45 capítulos un vistazo a la vida de Sasuke y Sakura.

Estoy triste y la vez feliz, después de 4 años, en lo que comenzó en una idea vaga de un chico mudo con un trauma por superar y una chica cuyo sueño era ser bailarina, se convirtió en un proyecto dónde se reflejan temas delicados y que antes se consideraban un tabú. Gracias por haberme acompañado tanto tiempo, a quienes se unieron desde el primer capitulo hasta los que se fueron uniendo en el transcurso, en verdad me divertí y agradecí cada comentario que dejaban, me hacían sentir apoyada y me sacaban una sonrisa en los días en que a veces me sentía como Sasuke.

Las veces que ustedes lloraron por el sufrimiento de los protagonistas también las lloré yo, y las veces que se rieron también me reí. Fue agradable el haberles compartido esta historia que se ha quedado tan grabado en mi corazón por el mensaje que busqué dejar en cada letra, es demasiado importante para mí y a un futuro tengo el sueño de mejorarlo.

Pero por el momento hasta aquí llega El Sonido del Silencio. Quizás más adelante les traiga vistazos y extras, quizás, con el tiempo.

Les dejo datos sobre el final que no logré incorporar pero que sucedieron:

—En el tiempo de universidad, Hinata se refiere a Sasuke y Sakura cómo "la pareja tortolita" ya que Sasuke no escatimaba en demostrarle cuando la amaba, no es que fuera muy demostrativo frente a los demás, pero no perdía la oportunidad de tomar de su mano y besarla. Por lo consecuente, se volvió más expresivo con ella.

—Cómo notaron, una de las parejas segundarias fueron Hinata y Kiba, así rompiendo el Canon NaruHina del anime. No pretendo que se incomoden con esto, pero debo aclarar que el fic es SasuSaku y mientras se cumpla este rol me parece viable manejar y utilizar a los demás personajes para que fluya. Esto ya estaba establecido desde un principio.

—Fugaku se da a la misión de reconquistar a Mikoto con la ayuda de sus hijos que, a pesar de todo, en lo profundo de su corazón quieren verlos juntos. Así que le dan consejos y pasan tips para ganarse de nuevo su corazón. Tardó varios años, pero no se impacientó, al contrario, se enamoró más de ella. (¡Ah! No se preocupen por Madara, él está viajando por el mundo cómo solía hacerlo de joven, es un espiritu libre).

—En mi mente, Karin se topó con Suigetsu en algún momento de su vida y se casó con él. El tiempo no está especificado, pero quedaron juntos. Y Sasori salvó a una chica de ser asaltada y se enamoró de ella, esto situado en el tiempo de este final ya que pasó mucho tiempo sumergido en el trabajo tratando de lidiar con la tristeza de la muerte de Mebuki.

—Después de que Sakura se mudara a Osaka, Ryu se ausenta más por sus negocios al punto de visitarles un par de veces al año o festividades. Cuando Sarada tiene cuatro años considera alejarse del mundo en el que vive y así hace un pacto con sus hijos en vivir cerca de ellos, por lo cual delega todo a su familia en Italia y se muda a Tokio, manejando el territorio que los Hyūga dejaron libre junto con la inesperada llegada de su hermana (Un misterio).

—Di indicios de esto, pero Neji fue condenado a pasar el resto de su vida en un centro psiquiátrico por su desorden de personalidad, nadie lo vuelve a ver. Y Kizashi es condenado a cincuenta años de cárcel, pero no los cumple ya que termina ahorcándose en su celda tras no soportar la tortura de Ryu (y sí, Ryu cumplió al pie de la letra todas sus amenazas).

—Kibou significa: esperanza. La madre de Tenten se lo colocó el primer día de su nacimiento esperando que el bebé sobreviviera la dura prueba de sus pulmones. Kibou llega a enterarse de la verdad años después en su adolescencia, pero no le afecta directamente ya que, para él, su padre es Kiba.

—Si se preguntan por Ino, ella sigue en contacto con ambos. Y Deidara, Gaara y Temari igual, frecuentemente hacen reuniones con Sakura y Hinata.

—Sasuke da clases en una de las universidades en Tokio, ocasionalmente es contactado para ir a conciertos en el extranjero ya que se hizo de renombre cuando estudio la universidad (esa beca no fue por puro gusto). Por su parte, Sakura terminó su carrera en Danza contemporánea y actuación, comúnmente va a otros lugares para ciertas obras o danzas. Con el tiempo abre su propio estudio de baile y se establece en la ciudad.

—Nuestros dos tortolitos renovaron sus votos matrimoniales cuando Sarada cumple doce años y viven felices y en paz (se lo merecen mis niños).

Como plus, pueden colocar sus preguntas, dudas e inquietudes que quedaron. Los responderé debidamente en su momento en un apartado junto a las curiosidades en este fic. No hay fecha límite y estaré gustosa de resolverles dentro de lo que pueda.

Y con esto, ahora sí me despido, agradeciendo infinitamente por todo el tiempo brindado y por haber leído esta hermosa historia. Espero que les haya gustado tanto como a mi me gusto al escribirla y el mensaje que intenté transmitir haya llegado a sus corazones.

Esto no es un adiós, si no un hasta pronto, nos leeremos en mis otros fics y en el próximo que está por surgir.

¡Alela-chan fuera!

Todos somos imperfectos—