Disclaimer: Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Personajes y escenarios de Kishimoto-sensei; trama de mi propiedad.

Atención: +18, LIME


Infieles


12. Tentación

Viernes, principios de Octubre. Sasuke Uchiha entró a la sala en la que solían reunirse para discutir temas importantes de la empresa y en la que estaban entrando más de lo debido aquella semana. Como siempre, se encontró allí a su jefe, Hiashi Hyuuga y a Hanabi, que había llegado mucho antes que él a la empresa aquel día, a pesar de haber pasado la noche juntos. El día anterior habían pasado muchas cosas interesantes, entre ellas lo que le había dicho la heredera Hyuuga de su padre y el estar con Hanabi. Ahora tenía que

—Buenos días Hiashi—sama —Sasuke saludó a su jefe, acomodando su maletín en la mesa y sentándose en la silla.

Una vez acomodado, le escrutó, mirándole con desprecio: quién habría dicho que aquel viejo cabrón era también un maltratador. Toda una joyita de hombre. Con lo que Hinata le había dicho, ya no quería que Hanabi siguiera su plan, era demasiado arriesgado, cualquier día podía hacerle lo mismo que a Hinata. Pero ella seguiría con eso aunque la mataran; llevaba demasiado tiempo planeando para parar ahora. Se lo había advertido la noche anterior en la conversación que habían tenido, pero ella no había querido hacerle caso, tan ciega como estaba con su tonta venganza…

Sasuke Uchiha entró junto a Hanabi Ichinose en su piso. No habían querido hablar por el camino, pero ahora que estaban solos las palabras fluían solas, contándose todo lo sucedido mientras no se comunicaron. Solían hacerlo muy seguido, pero últimamente, las circunstancias no lo habían hecho posible.

—Supongo que querrás hablar —abrió la boca Hanabi, iniciando la conversación—, llevamos días sin hacerlo.

Una hermosa sonrisa coronó su rostro, a lo que Sasuke tardó en contestar.

—Pues sí —contestó sin mucho ánimo de hablar— pero primero cuéntame tú. Me extraña tanta felicidad, Hanabi.

—Bueno, te digo —empezó, sacándose la pequeña chaqueta beige que llevaba y dejándola tirada en un sofá—: Hiashi vino hace dos noches a mi casa, había discutido con su mujer muy fuerte, no sé muy bien por qué. Hubo tema, ya sabes de qué tipo y luego me dijo que se iba a un hotel —hizo una pausa, prosiguiendo—. Yo le ofrecí quedarse a pasar la noche, pero no quiso. Sin embargo, antes de marcharse me dijo que no soportaba más a su mujer y que estaba a punto de dejarla. ¿Qué opinas de todo eso?

Sasuke hizo una pausa antes de nada, asumiendo todo lo que su amiga le había contado y comparándolo con lo de Hinata. Después de un rato de elucubrar y pensar en diversas opciones, optó por responderle con toda la seriedad de la que era capaz a Hanabi.

—Estaba enterado de algo; mis "fuentes" me comentaron al respecto.

—¿Lo sabías? —Hanabi irrumpió con su discurso.

—No exactamente, sé otras cosas que quizá no te gusten —siguió hablando, como si nada—. Me lo dijo la única a la que puedo interrogar sobre el tema: mi prometida.

—Oh, así que ya tenéis esa confianza —se burló—. ¿Cuándo te la vas a llevar a la cama, eh pillín?

—Ya sabes que a la única que llevaría a la cama es a ti —le comentó, pícaro—. Pero en fin, deja de interrumpirme o no te lo cuento —suspiró, cansado. Hanabi entrecerró los ojos enojada, pero le dejó hablar—: Hoy, cuando la fui a recoger, Hinata tenía el labio partido. Ahí sospeché y se lo saqué fácilmente; se notaba que necesitaba contárselo a alguien, ¿y a que no adivinas quién se lo hizo?

Hanabi se quedó callada, pensando en la respuesta, que no tardó mucho en llegar a sus labios.

—¿Acaso fue… su padre? —Hanabi se había respondido en su propia pregunta.

—Eso es: me dijo que cuando la dejé en casa la noche anterior, su padre la había reprimido por llegar tarde y la había golpeado sin motivo. Que su primo la había defendido de un segundo golpe y su madre bajó gritándole y casi le pega a su padre. Todas palabras textuales.

—Era de esperarse, Hiashi siempre está hablando mal de su mujer… pero a su hija… —Hanabi estaba sorprendida con aquella noticia.

Sasuke tomó asiento en uno de los sofás, al tiempo que Hanabi lo hacía en el mismo. Con cuidado, le tomó las manos y se las sujetó firmemente, como si ella las fuera a soltar en cualquier momento. Con tono vehemente, le dijo:

—Hanabi, quiero que dejes de acostarte con él. Encontraremos otra manera de ejecutar nuestro plan, pero por favor, deja de recibirle en tu casa o en la oficina por un tiempo, estarás más segura de esa manera.

—No, Sasuke. Voy a seguir con esto quieras o no —se soltó de sus manos, cerrando los ojos y mirando hacia abajo—. Lo que él le hizo a mi madre no quedará impune; voy a humillarlo y quitarle todo lo que tiene. Le odio tanto que me esforzaré en seguir con esto.

—¿Aunque te haga daño, aunque te destroce, aunque te pegue una paliza? —elevó el tono de voz, pasando a uno de reclamo— Dime, ¿cómo vas a seguir con esto si te mata?

—¡Eres un exagerado! —contestó—, ¡Nada de eso va a ocurrirme! Soy una mujer fuerte, sé manejar a los hombres.

La mujer se levantó de su asiento, exaltada, dejando a Sasuke en el sofá con los labios entreabiertos. Él, a su vez, recuperado de la sorpresa, se levantó y se puso frente a ella, enfadado.

—Está bien, haz lo que quieras. No me pienso preocupar más por ti si me sigues contestando de esa manera.

El silencio volvió a ellos, dejando la escena sumida en un vacío confuso. Sasuke, estando en su piso, fue a la cocina a hacer el té para tratar de relajarse. A ambos les iría bien para relajarse y contarse lo que habían averiguado: como siempre. La misma rutina acontecía entre ellos dos días a la semana —a veces más— en que se avisaban en la empresa que tenían algo que contarse y ambos se encontraban en alguna calle e iban a casa de uno y otro.

Sasuke sirvió el té, preparado en el fuego —para eso él era bastante tradicional—, en dos tazas y las llevó en una bandeja —con todo un surtido de pastitas de té— hasta la mesa de la sala de estar, donde parecía que Hanabi ya se había calmado.

Se sentó, cogiendo una galleta y llevándosela a la boca. Fue su amiga la que inició de nuevo la conversación:

—Bueno, tengo algo más que contarte —Sasuke escuchó, no muy interesado—: algunos de mis informantes me han dicho que su esposa, Hikari Hyuuga, tiene un romance extra—matrimonial. Para eso necesito tu ayuda: tienes que sacárselo como sea a tu prometida, es la única manera de averiguar algo.

—Dudo mucho que lo sepa. Por lo que investiguemos, ha estado muchos años separada de sus padres y por lo que he hablado con ella no les tiene mucha confianza —sopló el té para enfriarlo, cosa que obviamente no consiguió.

—Ya veo. Entonces usa tus facilidades para visitar la mansión Hyuuga y ver cómo están los ánimos por allí —sonrió por unos segundos—, seguro que descubres algún punto débil por donde cogerles.

—Está bien, le preguntaré mañana si puedo ir a ver a su hija, aunque me da que la actriz que contratamos para hacer de mi madre no va a estar disponible esta vez —se rió, recordando la barbaridad de dinero que tuvo que pagarle a aquella mujer—. Le podría decir que ha muerto, pero no parecería real. Dejaré pasar algo de tiempo.

Hanabi se rió, recordando aquella ocurrencia de su amigo de contratar a alguien para pintarle un pasado diferente al que tuvo alguna vez. En realidad Sasuke Uchiha hacía años que no hablaba con sus padres, se habían desentendido totalmente de él y quiso hacerse más creíble con una madre viuda, para darle pinta de niño bueno y de paso convencer aún más a Hiashi…

Sasuke retomó sus labores, sacando algunos documentos importantes y empezando a estudiarlos, aunque sin concentrarse realmente. Definitivamente aquella amiga suya acabaría por matarlo de preocupación al no hacerle caso. Siempre hacía lo que le daba la gana, sin importar lo que él pensase o dejase de pensar. Levantó la cabeza de sus asuntos, encontrándose con la mirada de su amiga, que estaba haciendo café en aquella máquina que había en la sala de juntas y a su vez le sonreía.

—¿Qué tenemos hoy? —pronunció Hyuuga Hiashi fríamente.

Su empleado estrella se levantó y comenzó a apuntar con rotulador negro, en una pizarra blanca, los temas que se tratarían aquel día con los nuevos socios.

—Primero de todo deberemos hablar con los del departamento de marketing para las distintas campañas —hizo una pausa, escribiendo el primer punto—, luego trataremos el tema de los gastos de esas campañas, cosa que dejemos pendiente el otro día, luego…

Mientras Sasuke Uchiha apuntaba los diversos puntos, fueron entrando los diversos cargos de cada sector de la empresa. En cuanto llegaron los socios, comenzaron a discutir y a explicar algunos de los puntos más importantes del día, como los préstamos y cuentas para el proyecto que tenían entre manos, así como la financiación de bancos europeos y precursores para extender las tiendas con la marca de la empresa. Todo lo demás fueron asuntos de relativa importancia.

Al despedirse todos los socios y altos cargos, además de Hanabi, que se fue para dejarles solos y darle pie a Sasuke a preguntarle a Hiashi sobre su hija y la visita que quería hacerle, él se acercó a su jefe con la mejor intención, suavizando su tono y repeinándose ligeramente los cabellos por detrás de las orejas.

—Hiashi—sama, discúlpeme por abordarle —su jefe se giró, escrutándolo— Quería hacerle una propuesta para este fin de semana.

—Sí, claro, habla Sasuke —le dijo con familiaridad, aunque reacio a decirle más.

El chico se preparó mentalmente para lo que iba a decirle a su jefe, tratando de sonar como un prometido enamorado hasta los topes de su hija: —El caso es que me gustaría visitar a su hija, para conocerla mejor. Hace más de un mes que nos vimos por primera vez y quisiera conocerla más, mi madre está de acuerdo con ello, quiere que nos conozcamos un poco mejor antes de tener nada más.

Una expresión extraña abordó el rostro de Hiashi Hyuuga, cosa que alarmó a Sasuke, para luego cambiar a una sonrisa y contestarle en un tono muy agradable

—Claro que sí, hijo, ¿te va bien mañana? —pronunció con alegría, cosa que extrañó a su interlocutor—, seguro que Hinata estará muy contenta de verte de nuevo.

—Muchísimas gracias, Hiashi—sama —actuó contentó, como se supone debía estar—. Mañana estaré allí sobre las diez.

—No —objetó él—. Mejor paso a recogerte, tengo muchas ganas de ver la sorpresa que se lleva Hinata.

Dicho esto, Hiashi abandonó la estancia con un agradable adiós, dejándole entre la burla y la sorpresa por lo que acababa de decirle su jefe. No entendía cómo era capaz ese hombre de actuar de esa manera, tan perfectamente, si un solo fallo. Después de haber herido a su hija, la trataba con tanta familiaridad y amor fraternal. De verdad era muy frío, algo fundamental para un buen actor y también para un maltratador nato.

El simple hecho de conocer lo sucedido con Hinata y que ahora Hiashi hablara agradablemente de ella le parecía del todo irreal. Rió por lo bajo, empezando a recoger sus cosas.

Si sus sospechas no eran infundadas, ahora que su jefe se veía tan animado por el compromiso, se casaría con Hinata antes de lo esperado.


Volvió a clases ese día con la moral baja y un agudo dolor de cabeza que desapareció conforme fueron pasando las horas y se le quitó por completo al acabar las clases. Suspiró tranquila al recoger sus cosas y salió rauda al encuentro con la parada del autobús, encuentro que esperaba no turbara ningún deportivo negro u otro coche cualquiera. Y de momento, seguía allí cinco minutos después de llegar al bus; eso era buena señal. Por suerte ese viernes no trabajaba, así que tendría más tiempo para ella —que no para sus estudios—. Llegada a casa tomaría un largo baño, se acicalaría, se pondría el pijama y disfrutaría de una larga tarde de descanso y recreación.

Bostezó y se desperezó: aquella semana había sido dura y —que la perdonaran por su vocabulario— terriblemente asquerosa. No pasaba un día en que no quisiera acabarla de una vez. Aunque también hubo cosas buenas, como aquel incidente con su primo y aquel otro con Sasuke. Parecía ser que ellos habían alegrado —o enredado más— su ajetreada vida. Se apoyó en el banquito y cerró los ojos, sonriente. A pesar de todo se sentía muy bien estar allí, con el sol dándole de frente y la pereza por bandera; se sentía como en primavera, sólo que estaban en Otoño.

Cuando más bien se sentía, algo acabó por sacarla de su recreación infantil, una voz masculina que se le hacía muy conocida y una sombra frente a ella que tapaba su ansiada luz solar.

—¿Te llevo? —oír a su primo siempre conseguía llenarla de nervios— Tu madre quiere verte antes hoy.

Frunció el ceño, abrió poco a poco los ojos y le vio allí, frente a ella, quizá más cerca de lo que debiera. Su rostro inescrutable y serio, sus ojos con un brillo que sólo los descendientes del clan Hyuuga poseían y su altura, con que la sobrepasaba considerablemente. Cuando notó que estaba mirando directamente a sus ojos sus mejillas se llenaron de color, mientras el tartamudeo se hacía presente en su voz al contestar.

—Ne—Neji… ¿qué haces aquí? —Preguntó, despistada—. Pensé que no habías venido... como no me llevaste hoy…

Sus mejillas se tiñeron de carmín al notarse hablando tan normalmente con él. Hacía ya mucho tiempo que no tenían una conversación normal, o más bien, creía que nunca habían tenido una en el verdadero significado de la palabra. La ponía nerviosa: el aroma de su perfume o lo que fuera la dejaba fuera de combate, la dejaba de los nervios con una simple mirada. Recordó como la noche anterior se había prometido tratarle bien, darle una oportunidad para que se llevasen bien.

"Venga, Hinata, tienes que intentarlo, por su bien y por el tuyo". Se animó mentalmente, pensando que con eso alejaría las malas vibraciones que solía emanar cuando su primo estaba cerca "Debes ser fuerte y adulta, debes tratarle bien en vez de insultarle o hacer cosas sin sentido".

—Vine antes para algunas cosas —le respondió, haciéndola saltar en su sitio. Él la miró extrañado y ella se reprendió mentalmente—. Estoy en último año, tengo muchas más responsabilidades que tú.

Ella asintió contradecida, no prestándole mucha atención a lo que decía.

—Entonces… ¿vienes conmigo o qué? —le preguntó, insistente. La paciencia nunca había sido el fuerte de Neji, sobretodo si se trataba de su prima.

—Estaba esperando al autobús… pero si te ofreces iré contigo —respondió con timidez.

—Pues vamos, tengo el coche donde siempre.

Dicho y hecho. Ambos se encaminaron raudos hacia el aparcamiento, donde les esperaba el coche que solía conducir Neji —de prestado—. Hinata lo miró disimuladamente. Su primo estaba rarísimo, él no solía actuar así de amable. A ojo de Hinata, algo debía estarle sucediendo. Se corrigió cuando llegaron al coche y él abrió la puerta del copiloto y la hizo pasar caballerosamente. ¡Era oficial, le ocurría algo grave!

Asustada, se sentó en el cómodo automóvil. Él le cerró la puerta y se montó al asiento del piloto, acomodándose y encendiendo el motor. Hinata suspiró resignada; y para colmo de sus males, aquel característico aroma a él inundaba el coche y no la ayudaba a tranquilizarse. No, no podía callarse más, necesitaba preguntarle lo que hace instantes se había preguntado…

—Primo… ¿estás enfermo? —su voz temblorosa inundó el silencio del coche, demasiado sonora.

—¿Me lo dices o me lo cuentas? —Él la miró como si fuera una extraterrestre, aún sin arrancar el coche—. ¿Desde cuándo tan comunicativa conmigo, pequeña?

Hinata se sonrojó ante el diminutivo, pero prosiguió: —Algo te pasa… me estás tratando bien. No lo veo normal.

Impulsivamente, se acercó a él y posó su mano en la frente para comprobar si tenía fiebre. Al ver que su temperatura era normal, hizo ademán de retirarla, pero ya era tarde para enmendar su error, un error que no había pretendido cometer. Como si tratase de castigarla, él agarró rápido la mano con que le estaba tocando y la retuvo, acercándola peligrosamente a él, emanando su aroma, excitándose poco a poco.

Sin medir sus palabras, se acercó a su oído y le dijo la verdad, bajando el tono gradualmente hasta convertirlo en un susurro: —Sólo es que tu madre me pidió que te tratara bien, pero si quieres vuelvo a como era antes. Es mucho más fácil eso que seguir fingiendo.

—Neji… —los labios de Hinata temblaron imperceptiblemente. Sentía la amenaza prendida en los ojos de su primo. Su voz la acariciaba, su aliento fresco golpeaba su rostro, haciéndola sonrojar.

—Sí… Basta de fingir —prosiguió, ignorando a su prima—. Llevo todo el puto mes fingiendo que te ignoro, es demasiado estúpido portarme bien si ya sabes que me portaré mal en cuanto te descuides, ¿no crees, primita?

Ahora no quería parar, le gustaba mucho verla así de indefensa ante él, casi como un cervatillo asustado ante un feroz lobo. Hinata estaba en una encrucijada, una trampa a la que de momento, debía enfrentarse sola.

Su corazón latía con fuerza y sus mejillas estaban encendidas, sus ojos, bajos por se perdían en los labios de Neji,

—¿Por qué esa necesidad de… hostigarme? —preguntó, impelida por el deseo de liberarse—. Lo único en lo que pienso… es en arrancar ya, Neji.

Él la soltó, soltando una sonora carcajada.

Sin más, arrancó y empezaron a circular por el campus hasta salir de él y adentrarse en una carretera comarcal. Hinata suspiró tranquila, estupefacta por lo rápido que había acabado esa situación. Sin embargo, pronto empezó una nueva situación, un poco más ofensiva y que tomó a Hinata por sorpresa.

—¿Conque tienes prometido, eh? —empezó él, de la nada—. Nada más ni nada menos que Sasuke Uchiha, el subdirector de Hyuuga S.A. Tu padre te está trazando un futuro de lo más prometedor, justo lo que quiere.

Ella le miró de reojo molesta, y sin embargo sorprendida de que él supiese algo así. Aunque instantes después reconoció que era normal, pues también él era de la familia y tendría que saberlo sí o sí; y más por ser el amante de su madre que por otra cosa, ella seguramente se lo contaba ahora. La cuestión era: ¿por qué le hablaba de eso ahora?

—¿Y a qué viene eso ahora? —trató de sonar firme, pero ese tono no iba con ella, además, una certera y constante punzada en el lado izquierdo de la cabeza la estaba incomodando desde hacía rato.

—Ah, nada, sólo te lo digo.

—Ya veo —¿Pero qué significaba todo eso? Estaba confundida, cada vez comprendía menos lo que ocurría dentro de aquel coche; definitivamente Neji estaba acabando con la poca cordura que le quedaba. Necesitaba que le diera el aire urgente—. Oye… para el coche… enserio —agregó, poniéndose las manos en la cabeza. Aquel dolor que la había atenazado durante toda la mañana volvía ahora con más fuerza— O abre la ventana… por el amor de dios.

—Está bien —automáticamente, la ventana del copiloto se abrió sola— ¿qué te pasa, así estás mejor?

—No… paremos —agregó, atacada de nuevo por el dolor de cabeza. Se notaba mareada de un momento a otro, no sabía que le ocurría, pero el dolor no paraba y notaba el corazón acelerado, como si le fuera a dar un ataque—. No sé qué me ocurre, es como si me clavaran agujas… y noto una opresión en el pecho.

Viendo que la situación no mejoraba, Neji paró el coche en un arcén y se volvió hacia su prima, que se sostenía un lado de la cabeza con expresión de dolor en el rostro.

—Quizá sea migraña, mi padre la sufría y conozco los síntomas —agregó Neji, poniéndose una mano en la cara y apoyándose en ella— si es eso, sólo necesitarás oscuridad y calmantes.

A Hinata se le oprimió el pecho por momentos, comenzó a sonrojarse y a respirar demasiado rápido. A pesar de no ser médico, Neji pudo reconocer al instante un ataque de ansiedad, condición que ya había visto alguna vez en Hikari, por lo tanto, sabía cómo pasaba y por qué.

—Hagamos una cosa: avanzaremos un poco más y nos meteremos a ese bar de ahí; tomas algo, descansas y luego nos vamos, ¿está bien?

Hinata asintió, ya sólo con un poco de dolor de cabeza. Sin embargo, los latidos de su corazón seguían muy acelerados y sus manos temblaban como

Circularon durante un corto período de tiempo, hasta estacionar cerca de un bar que ella reconoció, en donde él se tomó dos tragos y ella se enfadó antes de empezar la universidad. Hinata se desabrochó el cinturón y abrió la puerta, levantándose del asiento. Enseguida vio su error, notando que el suelo se movía bajo ella, mareándose aún más; le parecía que en cualquier momento iba a caer en picado. Sin embargo, unas manos fuertes la sostuvieron.

—Sostente en mí —ella tomó su antebrazo sin pensarlo mucho, levemente sonrojada.

—No hace falta que seas tan amable… Neji —habló.

—De todas maneras tu madre me mataría si te pasara algo —su mirada era fría e increpante, como la de un niño demasiado orgulloso para reconocer sus debilidades—, y siendo tú seguro que te caes y te matas.

Hinata frunció el ceño, respirando profundo y tratando de calmarse. Le hubiera gustado contestarle, pero se creía peor por momentos, así que ni lo intentó. Discurrieron por el camino hasta llegar a las puertas de un pequeño establecimiento con una gran puerta de cristal. Juntos las traspasaron, introduciéndose en un local que, a esa hora, carecía de público. Se sentaron en una de las mesas del fondo, justo al lado de una pequeña pista de baile. Neji apartó una silla e hizo que Hinata tomase asiento. Luego se despidió, diciéndole que le traería algo que la calmaría.

Hinata miró hacia la pista, pensando en que quizá algún día podría ir a ese lugar por la noche. De hecho nunca había estado en una "fiesta de verdad", sólo en las que organizaban las chicas en el internado y más de una vez al pasar por al lado de su trabajo, había tenido ganas de divertirse. El problema era que no sabía con quién. Suspiró, viendo como Neji volvía a la mesa trayendo con él dos copas de algo que por supuesto, no había probado en su vida.

—¿Qué es eso? —le preguntó, algo más calmada ahora, aunque aún respirando descompasadamente y con molestias en el pecho.

—Algo que te va a calmar —dejó la dichosa bebida frente a ella—. Vamos, bébetelo.

Ella le miró con desconfianza, sin embargo, tras pensar en que no perdía nada intentándolo, se llevó la copa a la boca y tragó el líquido con rapidez, notando un ardor en su garganta.

—No tan rápido o te hará el efecto contrario —Neji sonrió de medio lado.

—Está entre amargo y cítrico, ¿qué es? —preguntó ella, relamiéndose los labios inconscientemente.

—Nada fuerte, un cóctel con lima y Martini.

—Está malísimo —le respondió. Él la miró, sorprendido.

—No sabes lo que dices, niña —contraatacó—. Parece ser que, pese a ser la heredera Hyuuga, no puedes apreciar el sabor de un buen cóctel.

—Lo que tú digas —Hinata apuró su copa, sorbiendo el contenido hasta la última gota.

—La que decía que estaba malo —se mofó él, viéndola beber con rapidez—. Te he dicho que no lo bebas muy rápido, luego te vas a encontrar mal.

Ella apoyó ambos brazos sobre la mesa y descansó la cabeza sobre ellos, con las mejillas coloradas y mirando hacia arriba, hacia él, reflejándose en aquellos ojos tan parecidos a los suyos que a su vez lo hicieron en los propios. Definitivamente él estaba raro; se estaba portando demasiado bien con ella, tan bien que empezaba a sentirse muy bien a su lado.

Y con esa tontería de trago casi se le había pasado el ataque de nervios o ansiedad, o como fuera que se llamase aquello que le había pasado. Estaba ralentizada, sin intención de moverse, sólo con ganas de dormir en un cómodo colchón.

—Me siento muy rara —le dijo suavemente.

—¿Sólo con uno? —se burló viendo el poco aguante de su prima—. Vamos, si casi ni llevaba alcohol.

—Lo digo enserio —habló.

—Simplemente estás relajada, ya te dije que funcionaba.

Ella sonrió. Parecía que después de todo se podía llevar un poco bien con él, aunque fuese sólo con alcohol de por medio. De repente tuvo un ataque de sinceridad que pilló desprevenido a su primo y que lo dejó pasmado.

—Sabes, te he odiado, incluso te he deseado… —empezó a hablar con imprecisión—. …pero nunca me había sentido tan bien a tu lado.

Con sólo una copita y ya borracha, ¿qué mierda tenía en la sangre su prima para que el alcohol le hiciese efecto tan rápido? Probablemente es que no había probado nunca ni una gota y era por eso que estaba así, pero él creía que lo tomado no daba para que estuviese de esa manera.

"Sabes, te he odiado, incluso te he deseado… pero nunca me había sentido tan bien a tu lado".

Odiado, Deseado; dos adjetivos tan diferentes entre sí, antónimos sin derecho a tocarse nunca. ¿Y desde cuándo alguien se sentía bien a su lado? Ya se encargaba él de portarse tan mal que nadie quisiera estar a su lado.

—No creo que eso sea cierto, Hyuuga Hinata —le contestó. Ella palideció—. Lo que dices es efímero; en unas horas, cuando volvamos a la mansión, volveré a ser la peor persona del mundo, la que más daño te haga.

—No tiene por qué ser así —contestó ella—. ¿Por qué haces las cosas tan difíciles?

—Porque no te soporto —aseguró. Acercó su mano al rostro de su prima, acercándolo al suyo y quedando ambos muy cerca—. Porque te aseguro que cuando volvamos seré la misma inmunda persona que has conocido.

Sus alientos casi se rozaban; el corazón de Hinata latía enloquecido al sentirle tan cercano, sus ojos tan próximos y mirándola fijamente.

—Mientes, siempre mientes –respondió ella. Trató de liberarse de aquella mano, pero él no la dejó. Sin embargo, ella hizo más fuerza y consiguió liberarse, yéndose corriendo al baño de mujeres que había visto al entrar al establecimiento. Se introdujo en él, se echó agua fría por la cara, pero con ello no pudo calmar su sonrojo y los recuerdos de aquel encuentro en la mesa.

Se relajó un poco, sin embargo, cuando se volvió Neji estaba ahí, más serio que nunca.

—¿Qué haces aquí? –Exclamó ella, introduciéndose rápidamente en el baño más cercano, pero para cuando quiso cerrar la puerta, él se interpuso. Hinata le empujó para que saliera, pero él la arrimó hacia adentro con lo que cayó sentada en el retrete—. ¡Vete, Neji!

Él no hizo caso y cerró el pestillo.

—Voy a gritar –le amenazó.

—Grita entonces –Hinata empalideció cuando le oyó la otra frase—. El dueño es mi amigo, no vendrá aunque llores.

—Neji… —la electricidad la recorrió cuando él se acercó, lento, como un animal peligroso que la fuese a atacar en cualquier momento— …por favor.

—Sabes, últimamente me he masturbado pensando en ti –habló rutilante—. Incluso me he follado a tu madre pensando en ti. Eres tan puñeteramente tentadora que siento que no podré aguantar más.

Hinata sintió el calor subir a sus mejillas, ¿qué le estaba ocurriendo en ese preciso momento, por qué se encontraba tan sonrojada frente a esa mirada? Quizá porque la sucumbía el instinto, al igual que él, era tan excitante como cuando le había visto medio desnudo en la cocina con su madre; como cuando la había atrapado contra la pared en su cuarto; como cuando sucedió aquello en el baño del primer piso... Le había evitado por todos los medios, en muchas ocasiones pensó que era inimaginable que Neji le atrajera, pero ahora podía responder con toda sinceridad que si le deseaba y que tantos sentimientos se encontraban entremezclados en su cerebro que podría abalanzarse sobre él para besarle y no se arrepentiría. Porque en verdad lo deseaba.

Por eso cuando Neji la apretó contra la pared y juntó sus labios con los de ella no le paró, ni siquiera cuando introdujo su mano debajo de la falda, acariciando sus piernas y subiendo hacia esa otra parte para excitarla. Ni siquiera cuando ella rodeó su cuello para profundizar el beso pararon, porque el deseo reprimido era demasiado fuerte, porque se deseaban demasiado…

—Neji… —Hinata entrecerró los ojos mientras él refregaba su erección contra ella—. Por favor…

—Es lo que querías… —agregó él mientras subía ambas manos y se desabrochaba el cinturón dejando al descubierto algo que Hinata sólo había visto aquella vez que le "espió" dentro de su habitación, mientras se masturbaba— …sólo cállate.

Y Hinata no podía dejar de preguntarse qué la había llevado a estar en ese pequeño cubículo con Neji Hyuuga –su odiado primo- en esas circunstancias, ella con las piernas a cada lado del retrete y él con una rodilla apoyada en él y otra en el suelo; besándose como si de verdad se quisieran y dejando a un lado su odio por un ratito de diversión. La verdad es que ni ella ni él lo entendían, pero este último lo sabía esconder muy bien.

Hinata suspiró, sabiendo que lo que pasaría a continuación le acarrearía consecuencias… y no exactamente buenas.

Continuará…


Nota: ¡Hola, qué tal? He estado acabando de escribir este capítulo. No sé qué os parecerá, espero leer vuestras críticas constructivas, comentarios, ofensas, etc. Por lo demás, espero que disfrutéis este capítulo, ¿qué pasará en el siguiente? Eso es todo un misterio. Espero haber resuelto algunas dudas en este capítulo. En fin, ¡grandes saludos y abrazos para todas/os! ^-^

Agradecimientos especiales a: Fujioka-chan, Viicoviic, Diana Carolina, Daniratoe, Artemisav, Hinatsu-kun y Azkaban.