Nota: Un poquito de lime en medio del capítulo.


Infieles


15. La visita (segunda parte)

Apoyada en la puerta de la cocina, Hinata Hyuuga trataba de asumir algunas de las frases inacabadas que había oído. Sin más, ni bien hubo oído todas aquellas palabras salidas de contexto, la puerta se abrió violentamente y fue atropellada por Neji, que en ese momento salía como alma que lleva el diablo. Él la empujó y ella se aferró a su camiseta tratando de pararle, pero fue inútil, porque sus manos fueron apartadas con brusquedad por las de su primo.

—¡E-Espera, Neji! —Exclamó cuando le vio dar unas cuantas zancadas y subir las escaleras a toda prisa. Sin mediar palabra con sus padres, que la miraron extrañados, siguió a su primo escaleras arriba con la intención de ver qué le sucedía.

Tenía la intuición de que algo ocurría con Neji. Y no exactamente algo casual. Subidas las escaleras, corrió por la planta superior hasta parar con sus manos la puerta del cuarto de Neji antes de que se cerrara por completo.

—Neji, ¿qué te ocurre? —le preguntó, empujando la puerta.

—Déjame tranquilo —pidió él, como en un ruego. Hinata jamás había oído su voz tan fuera de sí—. Vete con tu puto novio y déjame en paz.

—Sólo quiero saber qué te pasa para ayudarte —pidió Hinata—. Por favor, Neji, quiero entrar.

—Metete tu ayuda por donde te quepa —pronunció él solemnemente—. No quiero nada tuyo.

Hinata se enrabió mucho con aquellas palabras. Ella sólo quería saber qué le pasaba para ayudarlo pero en vez de aceptarla él se distanciaba cada vez más. Odiaba que fuera tan orgulloso. A pesar de que no se llevasen bien, su personalidad era la de ayudar a todo aquel que la necesitase y Neji no era la excepción. Cerrando los ojos y con todas las fuerzas que tenía, la chica le dio tal golpe a la puerta que ésta se abrió sin un solo quejido de la madera.

Dentro, la cara de Neji era la de la sorpresa infinita. No había sostenido muy fuerte la puerta porque pensó que ella no le atizaría ningún golpe, pero mira por donde, las cosas a veces cambiaban. Para más sorpresa, su prima entró y cerró la puerta tras ella, quedando ambos encerrados en la intimidad de aquella habitación.

—¿Qué les pasa a esos dos? —preguntó Hikari cuando Sasuke, algo acalorado por su última discusión y trayendo la tarta de postre en un plato, se sentó de nuevo en la mesa.

—Pues no lo sé —mintió—. Creo que han tropezado cuando Hinata entraba en la cocina y ella ha ido a disculparse.

Bueno, muy desencaminado no iba, pero no había contado ni tres cuartas partes de la verdad. Hiashi tomó el cuchillo y cortó un trozo de tarta, poniéndola en un plato para probarla.

—Ah, bueno… entonces ya bajarán —comentó Hikari, aunque preocupándose un poco. Lógicamente, ver a Neji tan bajo de ánimos desde la mañana la tenía pensando; y mucho más de lo que creyó en un principio.

Sasuke imitó a Hiashi con la tarta y se dispuso a degustar un trozo de aquel pastel con textura de mousse que no le había parecido muy bueno en un principio. Tampoco es que fuera amante del dulce, pero por una vez lo probaría…

Hikari, al contrario que los demás presentes, no probó ni una porción de la tarta. Por ahora quería mantener el amargo sabor de la preocupación en su boca.

Por una vez era él quien se sentía acorralado por aquellos ojos gris claro. Fue él, sin embargo, el que abrió la boca el primero para soltar cuatro perlas medianamente bien dichas.

—¿Por qué cierras con pestillo? —preguntó—. ¿Acaso te lo has repensado y vienes a intentar algo conmigo?

Aquel tono pícaro no fallaba ni en aquella situación tan llena de tensión. Siempre él tenía que tener la última palabra; era como una mala costumbre de él muy arraigada. Hinata se sonrojó con aquellas últimas palabras salidas de los finos labios de su primo. Sin querer se estremeció al notar su mirada sobre ella, sin saber que él también se tensionaba ante la suya.

—No, hombre. No es eso —contestó, llevándose una mano a la boca—. Sólo quería hablar contigo.

—Pensé que nosotros no hablábamos, sino que actuamos sin pensar en lo demás —Neji se sentó en la cama mentalmente agotado, con una mueca que pretendía ser una sonrisa burlona—. Sobretodo a la hora de jugar.

—Eso lo harás tú —Hinata sonrió serena, pero enseguida se le subieron los colores—. Yo me pienso mucho las cosas antes de hacerlas.

Le vio recostarse y con esa mirada distante le pareció un niño temeroso del mundo que no tiene nada a lo que aferrarse. Su corazón latió con dolor por un momento, pensando en lo que él habría sufrido perdiendo a sus padres y trabajando a tan temprana edad. Se acercó un poco más y tomó asiento en la cama.

—Neji, yo no quiero… —sus sentidos la traicionaban—…que te preocupe nada. Quiero estar contigo para lo que haga falta.

—Eres una tonta —Hinata se sintió muy estúpida por un momento—. ¿Acaso no pillas las directas? No quiero nada que venga de ti.

—Ayer no decías eso —Hinata miró para otro lado, sonrojada. Odiaba decirlo, pero aquello que había pasado en el bar sí que le sacaba los colores—. En ese sitio de mala muerte donde me encerraste contigo en el váter, lo estabas pidiendo a gritos.

Neji se incorporó en la cama y la miró confundido y sorprendido a la vez, siempre con la burla impresa en su voz:

—Parece que confundes el término "ayudar" con el de "follar".

Hinata bajó la cabeza, cubriéndose la cara con ambas manos y apoyando los codos en sus piernas cubiertas por unas finas medias. Parecía un poquito desesperada, y es que, cómo no estarlo teniendo un primo así…

—Me cansas —le dijo aun sin levantar la mirada—. No se puede hablar contigo seriamente.

—¿Acaso contigo sí? —Habló Neji.

—¡Pues…! —Hinata quiso responderle, pero no le dio tiempo ni a respirar cuando él, de un tirón, la recostó en la cama junto a sí y se puso encima de ella. Hinata se sonrojó inmediatamente y Neji aprovechó para posicionarse sobre ella de una forma bastante sugerente y en la que nunca habían estado.

—Hoy sí que hay preservativos, así que no puedes quejarte… —le dijo al oído, sin ningún tipo de pudor— …pequeña pervertida.

—Ay, por dios —Hinata quiso echarse las manos a la cabeza, pero no pudo debido a que Neji la tenía agarrada por ambas muñecas—. Te digo que no quiero esto, Neji.

—No me jodas, no me lo creo —bajó hasta su oído—. El otro día estabas tan mojada que te habrías corrido sin ni siquiera tocarte si hubiese seguido besándote.

Hinata empezó a sentir un calor increíble subirle por todo su cuerpo al oír aquella frase y como el aroma masculino de su piel era tan embriagante que la llevaba a otro mundo… él tenía ese poder sobre ella: el de transportarla hacia otra esfera cuando la tocaba, como un rayo que traspasa todo cuanto toca.

—No sigas con esto… —rogó Hinata, mordiéndose el labio, completamente acalorada— ¿Por qué eres tan… asquerosamente… degenerado?

—Bien que te gusta.

Neji bajó la nariz hasta su cuello y aspiró su aroma, pasando después la lengua por el mismo punto. Hinata se sintió perdida en aquella caricia. Le molestó cuando paró, pero en cuanto le oyó sus labios se secaron:

—Eso es porque estoy tan obsesionado contigo que te haría mía aquí mismo aunque te quejaras, gritaras o lloraras —en su voz había una baja pasión que le hacía irresistible—. Quiero que te resistas y que me ruegues, Hinata. Quiero eso y mucho más.

Hinata ahora temblaba de los nervios que le causaban aquellos ojos, ahora fijos en los suyos. Una ola de sentimientos incontrolables les asoló a ambos.

—Sólo quería saber… qué te ocurría con Sasuke —argumentó—. Y siempre acabamos… restregándonos sin llegar nunca a nada más.

—La curiosidad mató al gato, ¿no lo sabías, primita? —esbozó media sonrisa contra su oreja—. Y eso de no llegar a nada… puede cambiar cuando quieras.

Hinata se lamió los labios para aliviar la sequedad en ellos y Neji, al notar este acto tan irresistible, los capturó sin avisar. Fue la gota que culminó el vaso, el fin de tantas sensaciones reprimidas que al fin eran soltadas. Quería disfrutar más de aquel contacto, por lo que, liberando poco a poco sus manos, las llevó a rodear su cabeza y enredó sus dedos en el largo cabello de su primo. Aquellos labios se le antojaron tan amargos como la hiel, como si hubiesen pasado por miles de vivencias tristes… Inconscientemente, se apegó más a aquel cuerpo caliente y se excitó al notar la erección de su acompañante contra su muslo. A su vez, él recorrió con una de sus manos una pierna de ella para acabar en el interior de la falda, buscando bajar sus medias y bragas. Llevada por la poca conciencia que aún le quedaba, Hinata se resistió, moviendo sus piernas para así alejar aquellas manos, pero él era más fuerte y grande que ella, y haciendo caso omiso de sus movimientos, consiguió al fin bajarlo todo —falda incluida— de un tirón.

—Neji… —pronunció contra sus labios—. No quiero llegar tan lejos.

Posicionó sus manos en aquel pecho fuerte y masculino, tratando de parar aquello, pero fue inútil. Besarse había estado bien, pero no sabía si quería llegar a lo siguiente. Parecía ser que con Neji Hyuuga no existía el término medio.

—Tú te lo has buscado —respondió Neji, apartando aquellas manos y empezando a desabotonar los primeros botones de aquella camisa tan desdeñosa—. Ahora quiero verte desnuda.

—No —Hinata se protegió el pecho para que no siguiera—. Confórmate con lo que estábamos haciendo.

Neji se rió ante la decisión en sus ojos pero finalmente cedió. ¡Ni que fuera una virgencita! Pero bueno, pensándolo bien, ella le contó que lo había hecho muy pocas veces, así que él le ganaba en experiencia. La miró un poco: no llegaba a verle nada por el largo de la camisa, pero en cuanto pudiera, le iba a arrancar toda la ropa sin pensárselo.

—Está bien —sonrió pícaro—. Entonces vamos a hacer otra cosa…

Hinata se mordió el labio, avergonzada. ¿A qué diablos se refería con "otra cosa"? Esperaba que se conformara y no se atreviese a hacer nada más, porque si no… No dejaba de preguntarse cómo habían llegado hasta el punto de hacer esas cosas en el lugar menos pensado… Aunque a decir verdad, éste era el sitio más normal en el que "jugaban".

—¿Qué piensas hacer? —preguntó Hinata, temerosa.

Vio como él se alejaba de ella y se arrodillaba la cama; cuando sus ojos vieron las manos de Neji bajar la cremallera del pantalón tejano, Hinata ya sabía lo que tenía pensado. Su boca se secó por completo al ver el calzoncillo de su primo grandiosamente abultado.

—Si no quieres que te haga nada, házmelo tú a mí —su entrepierna se mojó sin querer… Se sentía sucia y tentada cuando estaba con Neji y él era el culpable por todas las cosas que le había hecho en aquellos meses.

—"Oh, dios" —pensó Hinata al darse cuenta de lo que hacía—. "Neji, ¿qué me has hecho para desear esto así?" —mirándole directamente a los ojos, se arrodilló y gateó hasta él, elevando una mano tímidamente y tocando con precaución su miembro, cubierto aún por la tela negra del calzoncillo. Estaba —según habría pensado Neji— encantadoramente sonrojada.

—"Qué me has hecho para estar así de caliente, Hinata" —la vio bajar la tela del calzoncillo y sobresaltarse al notar cómo aquel trozo de carne latía con vida propia.

Se quiso reír, pero de repente ocurrió algo muy desconcertante: Hinata se cubrió la boca con las manos, se levantó y corrió hacia el baño contiguo a la habitación.

—¿No tardan mucho? —preguntó Hiashi a sus acompañantes.

Hikari empezó a recoger los platos con una cara que bien se podría comparar a la de una perra rabiosa. No sabía qué estaría haciendo su hija y sobrino arriba, pero esperaba que nada sexual, porque si no, se juró a sí misma que los mataba.

"Y no, no estoy celosa" —pensó, enrabiada. Se sorprendió al pensar aquello, pues su mente crítica le decía: "¿Y entonces por qué lo dices?" Pero no, aquello no podía ser así de ninguna manera; jamás se podría sentir celosa de su propia hija. Sería muy insano. Únicamente se imaginaba que Hiashi subía y los descubría… ¡Seguramente los desheredaría! A ella no le importaba divorciarse de él, pues podría ganarse la vida en cualquier trabajo normal, pero ellos dos… realmente quería un buen futuro para ambos.

Ya en la cocina, la mujer de la casa se fijó en que Hinata había limpiado todas las ollas y que éstas estaban relucientes. Sonrió. Qué hija más buena había dado a luz. Abrió el grifo, puso jabón en la esponja para fregar cacharros y, más tranquila, empezó a fregar cuidadosamente platos, vasos y cubiertos. Aquella, por ahora, era una buena manera de relajarse.

—¿Qué te pasa? —preguntó Neji, entrando al baño después de volver a abrocharse el pantalón.

Hinata se giró y su primo abrió los ojos sorprendido al ver un fino hilo de sangre salir de su boca. No supo por qué, pero decidió callar para no alertarla. Lo vio todo con bastante calma y frialdad: probablemente, la sangre era consecuencia del vómito.

—Me encuentro mal desde esta mañana —le comentó ella. Estaba más blanca que el color de las racholas del baño—, pero no pensaba que iba a vomitar así.

Neji tomó una decisión. Odiaba los sustos, así que trazó un plan en su cerebro: iban a bajar, pero Hikari no iba a saber nada de todo eso, porque ella era de alterarse con una facilidad increíble.

—Vamos, vístete y bajaremos —le dijo—. Vamos a ir a urgencias los dos solos.

Hinata le miró un poco extrañada, pero le hizo caso. Neji cogió la toalla del toallero, la mojó bajo el grifo y se la tendió a Hinata para que se limpiara la cara y sobretodo la boca. Ella se sintió rara cuando Neji le dio la toalla, pero más rara se sintió cuando se limpió y al retirársela de la cara vio la sangre.

—¿Qué es esto? —preguntó retóricamente.

—¿No lo ves? —le contestó él con media sonrisa torcida—. Es sangre, pero no te asustes, probablemente sea culpa de vomitar tan

—No, tranquilo, que no me asusto.

Sangre. Se sentía aún algo mareada, pero decidió no contestar y hacerle caso a Neji, quien por una vez tenía razón en algo. Él, por su lado, la miraba desde la puerta del cuarto del baño, resistiéndose a ir. Hinata notó su mirada sobre ella en tanto se arreglaba y no es que se sintiera bien, sólo que estaba demasiado mareada y dolorida como para molestarse. Un frío inmenso le subía hasta la garganta y le producía arcadas.

Se vistió con las bragas y la falda con algo de torpeza, también se trató de arreglar la camisa, pero un nuevo mareo le sobrevino entonces y tuvo que sentarse en la cama. Neji, no pudiendo soportarlo más, se aproximó a ella.

—Anda, te ayudo —no era una sugerencia, sino un hecho. El joven se arrodilló en el suelo frente a ella, entre sus piernas, abrochándole los botones de la camisa que le faltaban y afinando algunas arrugas de la tela con sus propios dedos. Con sus misma manos, arregló el cabello de su prima lo mejor que pudo, alisando algunos mechones despeinados.

—Ya estás —inconscientemente, acarició la cabeza de su prima al acabar.

—Gracias —Hinata lo ocultó, pero su corazón se había acelerado levemente al notar aquel ademán cariñoso.

Se levantó sin su ayuda y evitó su mirada, pero quizá su ascenso fue demasiado rápido, porque enseguida una nueva ola de vomitó la invadió al tiempo que la visión se le oscurecía y se sentía caer. Pero no llegó a caer, porque unos fuertes brazos la cogieron antes de estrellarse contra el suelo.

—Hinata… ¿qué te pasa?… —su voz se oía cada vez más lejos.

—Neji… —pronunció débilmente.

El frío la recorría por completo. Cerró los ojos y ya no vio más.

Hikari y Hiashi Hyuuga estaban en el comedor sin dirigirse la palabra, hasta que uno de ellos habló. Fue él, quien con tono conciliador se dirigió a su esposa.

—Podrías haber sido una buena esposa y hacer todo lo que te pedía —comenzó Hiashi tratando de sonar como un marido triste y dolido—, pero voy a pedirte el divorcio, ¿sabes?

Su mujer lo miró como si fuese tonto y le respondió inmediatamente con otra pregunta:

—¿De qué me estás hablando? —preguntó para hacer tiempo, aunque sabía muy bien a lo que se refería con eso—. ¿Y crees que te vas a salir con la tuya así por las buenas?

—Hinata se quedaría en esta casa y tú te irías. Te voy a dejar una buena pensión, así que no te quejes.

Hikari se levantó, enfadada, al tiempo que golpeaba la mesa con ambas palmas, produciendo un sonido bastante audible.

—¡Y piensas meter aquí a tu amante, eh, cabrón! —le increpó ella, rabiosa—. Pues que sepas que sólo saldré de aquí con los pies por delante.

Hiashi también se levantó.

El teléfono móvil de Ichinose Hanabi sonó insistentemente por algunos segundos hasta que contestó.

—¿A que no sabes qué? —la voz de su amigo sonó al otro lado del aparato.

—¿Qué es lo que quieres? —fue su pregunta retórica y levemente irritada.

—Antipática -la increpó Sasuke a través de la línea. Enseguida prosiguió con su "informe"—. Bueno… creo que ese dicho de "cuanto más primo, más te la arrimo" está muy acatado en esta familia.

Hanabi se sentó para escucharle mejor y no caerse de la impresión. Segundos antes estaba en la ducha, así que su cabello, sin la toalla, goteaba en el suelo y parte del sillón.

—¿Hablas del mismo Neji que conocemos y de la mosquita muerta de tu prometida?

—Ajá.

—Cada vez me sorprendes más, pequeño saltamontes.

—¿Cómo te atreves a llamarme así? —la recriminó Sasuke—. Bueno, no es mío el mérito, sino de ellos, y la cuestión es que hace rato que están arriba y aún no han bajado.

—Bueno, déjame acabar de ducharme y hablamos —contestó la irritada voz de Hanabi—. Hasta luego.

El pitido del teléfono sonó con agudeza en su tímpano y enseguida, los atronadores pasos de Neji Hyuuga, quien bajaba a toda prisa las escaleras, hicieron eco, silenciando el anterior pitido. Colgó el teléfono y entonces vio la cara de Neji Hyuuga como pocas veces: estaba preocupado.

—No quería pedírtelo a ti, pero llama a una ambulancia —le ordenó sin esperar respuesta.

—¿Qué les digo? —preguntó, cogiendo el teléfono y marcando el número de emergencias.

—Sólo diles que vengan —Ordenó. Neji fue al comedor, en donde Hikari y Hiashi permanecían desde que el prometido de Hinata les había dejado.

—Vale, señor no-doy-motivos —contestó Sasuke, marcando el teléfono y en cuanto Neji se adentró en la sala de estar, subió las escaleras corriendo para ver qué ocurría.

Esperaba que la niñita no se hubiese caído mientras hacían el "69" o algo parecido, porque prefería no encontrarla desnuda (al menos no ahora). Para su sorpresa, cuando entró a la única habitación abierta, Hinata estaba sobre una cama que seguramente era la de Neji, visiblemente desmayada. Sasuke examinó la escena y corrió al baño en busca de una toalla para ponerla sobre su frente. Quizá eso la ayudaría a despertar. Prestó atención al teléfono, que no paraba de darle pitidos diciéndole que las líneas estaban saturadas y debía esperar.

—Médicos incompetentes —habló por lo bajo.

Se sentó en la cama y Hinata entreabrió los ojos, clavando sus ojos en los suyos:

—No los llames así… salvan vidas todos los días —pronunció con su dulce voz.

Él mismo no entendía por qué se sentía ofendida, de todas maneras, ella sería la más afectada si no venían. Dudó un segundo, pero al final dijo:

—Lo siento, pero a veces me desesperan.

Hinata le sonrió brevemente, para después preguntar:

—¿Dónde está Neji? —la joven deslizó una mano hacia su frente, quitándose la toalla.

—Abajo, avisando a tus padres —afirmó. Ella suspiró-. Yo estoy con la ambulancia, pero no cogen el teléfono.

—Gracias… pero no llames a nadie, ya estoy bien —la joven se fue reavivando un poco y quiso incorporarse, pero su acompañante no se lo permitió.

—Ni hablar —negó, tratando de entretenerla—. Cuéntame primero qué ha ocurrido.

—Pues… empecé vomitando… y luego… —Hinata se vio interrumpida por Neji, quien justo en ese momento entraba junto a Hiashi y Hikari. Esta última se acercó a ella y se sentó en la cama, en donde Hinata intentaba levantarse.

—¿Qué ha pasado, Hinata, hija? —su madre la miró, asustada y más pálida de lo normal; parecía más enferma ella que su propia hija.

—Pues mejor te lo explica Neji —le respondió—. Me gustaría levantarme, por favor.

—De ninguna manera harás eso —su madre se lo impidió.

—Anda, hazle caso a tu madre, Hinata —pronunció Neji, de brazos cruzados. Suponía que lo hacía para que ésta no se histerizara más, pero no le gustaba; y es que su madre ya estaba visiblemente nerviosa.

—No, no… —dijo Sasuke, negando con la cabeza—. Mejor sí, porque la ambulancia no contesta y si es algo grave sería mejor que la llevemos en coche.

Hiashi pareció de acuerdo con esto, y como los únicos jóvenes fuertes allí eran Sasuke y Neji, (y gracias a que Hikari era muy paranoica) éstos tuvieron que sujetar a Hinata de ambos brazos y prácticamente arrastrarla hasta escaleras abajo, hasta la entrada, mientras ella comentaba por lo bajo:

—Puedo andar sola, ¿sabéis? —comentó débilmente la joven, aunque también se veía que estaba muy avergonzada.

—Puedes darle las gracias a tu madre —respondió su primo entre dientes, pero siendo claramente oído por sus dos acompañantes.

—Lo siento —habló, más roja que nunca y con dolor de estómago otra vez.

Lo peor es que de nuevo tenía ganas de vomitar. Pensó en pedir una bolsa, pero es que le daba mucho reparo hacerlo por no molestar. De todas maneras, creyó que aguantaría hasta el final del trayecto, así que dejó estar aquel asunto.

—No te preocupes, Hinata, no es ninguna molestia hacer esto por ti —la sonrisa de Sasuke, desdibujada, ya no brillaba cual anuncio de Profiden, pero parecía bastante creíble.

Neji soltó un momento a Hinata, sacó la llave del coche y abrió con un pequeño "clic" automático. Después de eso entró primero Sasuke, luego ella —justo en medio— y después de ofrecerle la llave del coche a Hiashi, entró Neji.

Por qué no decirlo: por muy fuerte que sonase, Hinata se sentía como el relleno de un bocadillo. Creía que se desmayaría en cualquier momento de lo roja que estaba… y es que aquello no podía estarle sucediendo a ella… ¡Al final iba a explotar!

...

Sasuke Uchiha se sentó en el coche lo más cómodo que pudo. Aún estaba un poco alucinado por lo que había visto al salir del cuarto junto a su prometida y Neji Hyuuga… y qué menos, porque ella no llevaba medias. Lo curioso es que, mientras la comida ella sí las llevaba. Lo que sí pudo comprobar en ese momento —y suspiraba al recordarlo— es que ella llevaba unas braguitas blancas dignas de una niña buena. No es que le interesase tanto eso, pero las había visto sin querer al ayudarla a levantarse de la cama.

Mientras Hyuuga Hiashi arrancaba el motor del coche, notó lo estrechos que estaban ahora los tres. El muslo descubierto de Hinata se apretaba contra su pierna izquierda, lo que le hacía sentir cada vez más a gusto. Sin quererlo, imaginó cómo se lo pasarían en la cama en cuanto fueran algo más. Comprendía que sus instintos más bajos se desatasen sólo con aquel roce inocente, y es que, aquella chiquilla no estaba nada mal.

Lo peor era que aquello empezaba a notarse en su pantalón y no podía ocultarlo con las manos porque se vería muy sospechoso. Mejor sería dejarlo así de momento para que se calmara… pero un momento… ¿por qué esa mirada de reojo del primito hacia él?, ¿acaso había visto aquello que él trataba de calmar? Un momento, eso iba genial con su plan.

¿Y si de verdad estaba Neji Hyuuga celoso?

Mirando el paisaje por la ventana, Neji aún estaba asustado… ¿Qué por qué? Nadie le había preparado para ver a Hikari corriendo escaleras arriba como una loca, como si Hinata estuviera a punto de morir atravesada por un rayo. Joder, es que no ganaba para sustos aquel día. Giró la cabeza hacia su prima para ver cómo se encontraba, sin embargo, en el camino se cruzó con una imagen un tanto extraña en el pantalón de Uchiha Sasuke (justo en "esa" parte) que le dejó atónito, y atónito era mucho decir, porque él no estaba nunca así. Ascendió hasta la cara del renombrado y éste estaba mirando a su prima con una expresión tan libidinosa que le dieron ganas de vomitar.

Enseguida, la expresión de Neji cambió a una inusual mirada de mala leche sustituyendo a su habitual "sonrisa torcida". No sabía muy bien el motivo, pero tenía unas ganas tremendas de atizarle un puñetazo.

Hinata ya no podía aguantar más… ¡De verdad iba a explotar! En principio le había dado vergüenza pedir una bolsa por si le daban ganas de vomitar pero ahora se arrepentía de no haberlo dicho a tiempo. Las náuseas se estaban haciendo insoportables, al igual que el mareo y el sudor frío, que chorreaba por su frente como si estuviesen aún en pleno verano.

—Sa—Sasuke… abre la ventana… —el sonido de su voz era tan bajo que el susodicho ni siquiera se enteró.

Las náuseas se hicieron tan terribles que no aguantó más el vómito de su estómago, y como si de un río desbordado se tratase, Hinata soltó todo lo que había comido ese día encima de la chaqueta de Sasuke Uchiha, con la obvia cara de asco.

—Oh, dios, qué asco… —pronunció Sasuke en voz baja mientras Hinata trataba de girar su cara y apuntar a otro lugar en el que descargarse.

Neji se apartó lo más que pudo para no ser salpicado, Hiashi siguió conduciendo como si nada y Hikari se giró para ver qué ocurría.

—Oh, cariño, lo siento —exclamó—. Debí haber traído unas bolsas por si acaso.

...

—Nunca había estado aquí —pronunció Hinata aun débil mientras caminaban el poco trecho que había desde la carretera a la puerta de urgencias del enorme complejo hospitalario.

Se sabía muy bien la historia de aquel emblemático recinto: que fue rehabilitado después de un incendio cuando ella contaba con sólo cinco años y que no volvió a haber ningún incidente más después de aquella enorme desgracia que había dejado cientos de víctimas tras de sí. Según había oído en las noticias, el complejo hospitalario Taisen era actualmente el más avanzado en el campo de la genética y los trasplantes. Numerosos y revolucionarios avances médicos habían tenido lugar allí en los últimos años.

A decir verdad, Hinata sabía tanto debido a que se interesaba por la medicina en todos sus aspectos. No por algo siempre quiso ser médico o algo relacionado con eso, aunque eso ahora era algo imposible por razones obvias. Con cierta tristeza, notó cómo Neji la arrastraba dentro de la salita de urgencias, junto al mostrador. Estaban allí los tres: madre, hija y sobrino. Hiashi le había dicho a Sasuke que le llevaría a su departamento para cambiarse, así que se habían ido dejándoles allí solos. Obviamente, Hikari se había quedado, porque si no, nadie iba a poder pagar la factura del hospital.

—Chicos, voy al baño —informó Hikari—. Cuida de Hinata por mí, Neji.

Hikari se alejó en busca del baño mientras ellos avanzaban hacia el mostrador. Había uno o dos enfermos sentados en una hilera de sillas blancas y bastantes familiares preocupados en recibir noticias. Neji enseguida se sintió enfermo con aquel ambiente. Odiaba los hospitales.

—Buenas tardes, ¿podría atenderme? —preguntó hacia dentro del mostrados, en donde recepcionistas y médicos estaban ocupados con los quehaceres de su trabajo. Notó un tanto temblorosa a su acompañante pero no le dio importancia—. Disculpe…

Enseguida, una de las recepcionistas volvió a su asiento, mirándoles de hito en hito. La mujer, de veintitantos años, pensó que parecían una de esas clásicas parejas que venían porque ella estaba embarazada y no sabían lo que hacer con el bebé.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó cuidadosamente, ya burlándose por si había acertado.

—Pues… —empezó Hinata, tímidamente—. La verdad es que… hoy he estado sufriendo vómitos y dolores de estómago, y hace un rato notemos que había sangre en ellos... Supongo que mi madre se asustó, así que es por eso que estamos aquí nosotros dos.

—¿Sois pareja? —al oír aquello, Hinata negó agresivamente con la cabeza y Neji rió por lo bajo—. Lo digo porque sólo puede pasar una persona con ella y tenéis que entregar varios papeles antes de pasar.

—Soy su primo —aclaró Neji, preguntándose por qué les tenía que preguntar eso a ellos—. Y tenemos que esperar a que…

Como un rayo de esperanza, Hikari apareció repentinamente y el chico se evitó de decir cualquier cosa mientras ella empezaba a parlotear incansablemente sobre lo que le pasaba a Hinata.

Y es que, cuando se trataba de su hija, Hikari se volvía sobreprotectora y muy alarmista.

...

—No comprendo cómo mi hija ha tenido la indecencia de hacerte algo así —pronunció enfadado Hiashi Hyuuga mientras se alejaban de la plaza de aparcamiento en la que habían dejado el coche.

—Le repito que no pasa nada —pronunció por tercera vez—. Sólo es consecuencia de la enfermedad de su hija, así que no me molesta.

Subieron desde el garaje hasta el cuarto piso por el ascensor y Sasuke abrió la puerta con una pequeña tarjeta electrónica que pasó por un tarjetero electrónico en la puerta.

—Qué modernidad —dijo Hiashi, algo sorprendido ante tal invención.

—Sí, lo prefiero así —aseguró— Así nunca tienen oportunidad de entrar a robar.

—Bueno, ve a cambiarte —le dijo— Estaré esperando aquí.

—Muy bien, siéntase como en su casa —le sonrió, caminando ya hacía su habitación—. Saldré enseguida.

Sasuke entró rápidamente a su habitación y preparó algo de ropa. Fue hasta el baño y cerró la puerta. Asqueado, se lo quitó todo, lo tiró en el cesto y entró en la ducha. Enseguida, el agua caliente y el jabón corrieron por su cuerpo quitando toda la suciedad y dejándole totalmente limpio. Mientras se secaba con la toalla, no pudo evitar pensar en el asco que aún sentía en su cuerpo por aquel asqueroso vómito. Aún se acordaba del asqueroso hedor y las ganas de matar que le habían entrado cuando mientras se daba cuenta de lo que pasaba. ¿Acaso no podía vomitarle encima a Neji?, ¿por qué a él? ¡Menudo asco!

Se vistió rápidamente y sólo salió después de echarse tres litros entre colonia y crema hidratante. Después de lo ocurrido, no le extrañaría volverse un maniático de la limpieza.

Ya hacía tres horas que esperaban… tres horas llenas de aburrimiento para Neji y preocupación para Hikari. Se encontraban sentados en una sala de espera con mucha más gente alrededor, totalmente agobiados y esperando a que los llamaran para saber qué le pasaba a Hinata. Finalmente, tras media hora más, una voz por un micrófono pronunció:

"Familiares de Hyuuga Hinata, por favor, pasen por la puerta dos".

Con un suspiro de alivio, Hikari se levantó y su acompañante la siguió hasta una puerta con un número dos impreso en un cartelito justo al lado. Al entrar, un par de cuadros con bodegones les dieron la bienvenida. Tras el escritorio, un hombre de mediana edad, gafas de montura cuadrada y rostro benevolente les saludó:

—Buenas tardes, señora Hyuuga, joven.

Neji tomó asiento en una de las dos butacas negras de eskay y arrastró a Hikari (quien hubiese preferido quedarse de pie) a la otra. No había manera de que se tranquilizase, estaba demasiado ansiosa.

—Buenas tardes, ¿podría decirme ya qué le pasa a mi hija? —preguntó la mujer, demasiado impacientada.

—Paciencia, señora, todo a su tiempo —respondió el médico—. Su hija está bien ahora, no tiene de qué preocuparse.

—¿Pero por qué diablos sangra por la boca? —preguntó Hikari, ofuscada y siendo observada con calma por el doctor de turno—. Le trataré de incompetente si no puede decírmelo.

—Supongo que ha sido un capilar roto por culpa del vómito, porque no ha salido nada más —le dijo el doctor, visiblemente molesto—. Pero le repito que, por los resultados de la endoscopia, su hija tiene una gastroenteritis bastante avanzada; nada tan grave como para que usted se ponga así. Le recomiendo que se siente y se calme si no quiere que le impidamos la entrada a este hospital, ¿de acuerdo?

Neji se puso una mano en la cabeza, no sabiendo muy bien cómo habían llegado a aquella situación. Hikari miró al médico muy resentida, porque después de haber estado por más de tres horas, la trataba así por estar un poco nerviosa.

—Está bien, ¿cuándo vamos a poder pasar a verla?

—Ahora mismo está aquí, en urgencias, así que pueden pasar a verla cuando quieran.

Eran cerca de las ocho de la tarde y ya empezaba a oscurecer. Sasuke dejó las tazas, antes llenas de humeante café y ahora vacías, en la fregadera. Por suerte estaba solo, ya que el viejo se había ido hacía ya media hora; y que se fuese fue lo mejor, porque su conversación había consistido únicamente en el tiempo que hacía.

Esa noche pediría pizza: no tenía ganas de ponerse a cocinar y encima estaba cansado por todo el trajín de aquel día. Se tiró al sillón de espaldas y se quedó allí mirando al techo, pensando... al día siguiente debía poner a Hanabi al día con todo, así que debía descansar bien. Tenía suerte, pensó, pues su jefe sería su suegro en poco tiempo y tenía más días de fiesta de los que se hubiese podido permitir en toda su vida.

Estaba… ¿cómo diría? …"A otro nivel".

Hiashi Hyuuga condujo hasta el piso de su secretaria y amante, Hanabi. Después de un largo día, ella siempre debía estar dispuesta para él, pues no por algo le pagaba el alquiler del piso en que se alojaba y le daba todos los caprichos que ella pedía. Quería llegar, necesitaba llegar rápidamente para saciarse con ella como lo hacía con otras. Condujo más rápidamente para llegar antes, saltándose un semáforo en rojo y corriendo más. Pensó en Hikari y se enfureció: hoy se había pasado y tenía ganas de pegarle. Aceleró más el coche, sintiéndose poderoso. Era un hombre rico, podía hacer lo que quisiese y no tenía que darle explicaciones a nadie.

La enfermera de turno hacía poco que le había sacado sangre y sólo podía tomar líquidos, pero se sentía bastante serena. La garganta le dolía un poco después de algunas pruebas médicas, pero el estómago ya no dolía y las ganas de vomitar habían pasado, así que se sentía mucho mejor. Algún que otro familiar de algún paciente pasaba por allí de vez en cuando y el blanco de las paredes junto el olor a alcohol daban un ambiente estéril al lugar.

Hinata observó la sala de urgencias con interés: muchas más camillas aparte de la suya estaban allí y hacía un rato habían puesto a su lado a una anciana en las últimas, con un respirador y su hálito de vida escapando poco a poco. La vida era tan corta y tantas eran las cosas por vivir…

Por primera vez, sabía que no quería ayudar en el final de las vidas de aquellas personas sino algo más difícil que eso: evitar que aquellas enfermedades tuviesen mayor repercusión en el mundo; necesitaba creer que ella podría, en un futuro, ayudar a evitarlas. Quería combatirlas con sus manos e inteligencia.

La chispa de la rebelión asaltó su alma: ella no quería ser una simple informática en la empresa de su padre, no quería regentar aquel lugar. Sólo el estar en aquella sala, con gente enferma por todos lados, se lo hacía entender. Necesitaba ayudar al mundo. Por primera vez en su vida, Hinata se negaba a cumplir con las expectativas de todos.

Continuará…


Nota: ¡Hey! Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que publiqué. Espero que este capítulo no os sepa a poco y al menos os guste algo. Ha pasado una larga temporada hasta que me he sentido con ganas de escribir, ya que tampoco os quería hacer leer un mal capítulo por falta de ganas. En fin, espero que os guste y no me matéis si vuelvo a tardar, y no os preocupéis, porque sí voy a terminar el fanfic; aunque sea cada dos meses, intentaré publicar. ¡Saludos a todas/os!

Agradecimientos especiales a: Bell, Diana Carolina, Flordezereso, Starflowers, Ridesh, Ana Uchiha89, Fujioka-chan, Ina Minina, Hinatsu-chan, December Ice Star, Mistakesdoll, Azkaban, KagomeHb, Stephygrock3107, Anna 04, Gambacho, PhoebeJunko, Klau15, Mari056, OriHimeko-chan, Keira Uchiha, La Lectora Desesperada y Hikari Uchiha.