Nota: ¡Hola, chicas/os! Yo ya sé que me vais a matar, pero he tenido un bloqueo fatídico. Aún no lo he superado, pero me recupero poco a poco. Pero lo que digo siempre: voy a terminar esta historia cueste lo que cueste, al igual que las demás. Quiero daros las gracias a las/los que leeis esta historia y enviáis comentarios y críticas constructivas. Sé que tengo que responderos, y que es de muy mala educación no hacerlo, pero tengo mucho que hacer y se me pasa. Lo siento mucho por eso e intentaré contestar las próximas veces. También a los que no os animáis a escribir un comentario pero me ponéis en favoritos y alertas, gracias.

En el capítulo anterior:
De sopetón, Hikari se entera que está embarazada y aborta un hijo que no sabe si es de su marido o de su sobrino. Hinata siente celos por primera vez al ver a su madre y a su primo besándose y comprende que siente algo más por Neji. Un poco después de todo esto, unos papeles que caen desde el edificio más alto del campus universitario descubren un secreto que Neji llevaba guardando hace años...


18.Torbellino

Viernes, mediados de octubre

Su lengua parecía de trapo al despertar, y aún semiinconsciente, se quedó en la cama, pensando con torpeza: después de alquilar la habitación, se había tomado casi todo lo que había en el mini-bar, quizá tres botellas llenas a rebosar. Pero cualquier cosa habría sido buena aquella noche para calmar su ansiedad, incluso medicamentos. Se sentía tan bien la noche anterior… casi en el cielo con toda aquella bebida dentro del cuerpo. Y aunque ahora su estómago parecía querer explotar, podría jurar que lo haría una y otra vez, hasta volverse un adicto a todo. Pero nada le haría olvidar; nada le haría cambiar lo que ya era y no dejaban de recordarle.

¿Qué era él para el mundo? Sólo un puñado de mierda que nadie quería tocar; sólo una basura más que despreciar. Se odiaba a él mismo más que a nadie en el mundo, y lo peor, él era culpable de todos sus males, de todas sus desdichas, de todas sus ilusiones evaporadas. Era puro cemento. Él podría haber pensado que lo que hacía no estaba bien… pero jamás lo pensó. Necesidad era lo mismo que excusa en el vocabulario de todos. No hacía más que arrepentirse, torturarse insanamente por su pasado, que pesaba cada día más sobre sus hombros.

Sus recuerdos se volvían borrosos antes de llegar allí y beberse algunas de aquellas botellas. Sólo flashes volvían a su mente de vez en cuando, mostrándole pequeñas escenas que su cerebro, que parecía desecho por tamaña cantidad de alcohol ingerida. Pero daba igual. No necesitaba recordar. Ahora mismo, sólo sabía una cosa: no podía ni quería volver a ningún sitio.


Hikari miró por la mirilla. Para sus mayores penurias, ellos aún seguían allí. Ni siquiera podían salir porque aquellos paparazzi seguían allí, al tanto para hacerles fotos y esperar sus palabras o insultos. Para ellos, cualquiera de las dos cosas serviría para hacer llegar al público la noticia perfecta. Se había enterado de lo de Neji por pura casualidad por Kakashi, quien la había llamado diciéndole que aquella era la noticia de la mañana.

Por supuesto, había desmentido aquellas insinuaciones, pues no creía que fueran verdaderas de alguien como Neji. Cierto era que él lo había pasado mal sin sus padres hasta que Hiashi se decidió a acogerle, pero no se creía que hubiese llegado a aquellos extremos con tal de conseguir dinero… y menos aún drogas. ¿Qué clase de información realista era esa? Qué odiosos llegaban a ser los medios. Y lo peor es que ahora Neji no podría quitarse esa fama en meses. Las consecuencias por aquella pequeña noticia podían llegar a ser desastrosas si no se ponía remedio.

También su hija sabía algo: había estado devorando una revista de prensa rosa que se había comprado. Por supuesto, allí vendría un reportaje enorme sobre la noticia del día. Su rostro no tenía expresión desde ayer por la tarde, cuando había vuelto de la facultad. Debió pasar algo, pero ella ni siquiera se enteró de ello hasta que, la tarde anterior, vio algunos papeles sobresalir de su mochila. Obviamente, le habían llamado la atención porque sobresalían de ella y por las palabras finales impresas en ellos.

Al principio había pensado mal de su hija, pero enseguida, la televisión dijo lo contrario. Todos los programas de prensa rosa eran un hervidero. Era cuestión de poco tiempo que Hiashi se enterase de algo tan grave sobre su apellido. Después de eso, Hinata se metió en su cuarto y no salió hasta la noche, cuando le dirigió pocas palabras y con cierta timidez. Ella lo describía como que, si una brisa soplara, su hija se desmoronaría como un castillo de naipes.

Hinata quería mucho a Neji. Eso lo sabía. No se podía ignorar: sobre todo por cómo se miraban. Lo había notado: una veces con furia ciega, otras con pasión, otras con profundo odio. A veces, cuando recordaba aquel beso del que ella había sido testigo desde la oscuridad del pasillo, sentía celos. Celos porque no era ella la afortunada en sentir aquellos labios llenos de deseo.

En ocasiones, una lengua negra corrompía sus pensamientos, los hacía ascender y volatilizarse en llamas de ira. Porque le amaba, como el agua a la tierra. Otras veces tenía miedo, terror ante perder a su única hija por culpa de un hombre, un familiar que se interponía entre ellas. Entonces lo veía claro: la única solución era no amarle más.

Y entonces sabía a ciencia cierta que no podía, que, de momento, aquella era una negativa imposible para ella. Culpabilidad era lo único que se atrevía a sentir en esos momento. Sólo culpabilidad.

Sin embargo, ahora mismo tenía una preocupación principal: los papeles esparcidos por la universidad, los papeles que hablaban de su sobrino. Lo tenía muy claro: alguien había esparcido eso por toda la universidad y había dejado muy claro para quién estaban dirigido. Mientras eso pasaba, Neji no se había dignado a aparecer y ella estaba cada vez más intranquila, nerviosa y dolorida por el aborto. Lo peor era que no entendía nada. Comenzaba a sentirse irritada al no tener respuestas.

Tenía que pensar muy seriamente sobre lo que le diría al rector de la universidad después de aquellos súbitos problemas.


Hinata ojeó la revista de prensa rosa (aunque aquello más bien parecía prensa amarilla) que había comprado en el quiosco después de salir de clase y frunció el ceño. No era la clase de mujer que comprara ese tipo de revistas, pero el extenso reportaje sobre su familia y la noticia sobre su primo en la portada le habían llamado la atención poderosamente. Digamos que los periodistas no habían tardado mucho en hacer un extenso reportaje sobre el posible pasado de su primo y toda la deshonra que le daba a la familia Hyuuga con las supuestas verdades que habían salido a la luz. Volvió otra vez al reportaje, en la página cuarenta y dos, y releyó:

"Neji Hyuuga, único sobrino del presidente de la afamada Hyuuga S.A., tiene un enturbiado pasado que no había salido a la luz hasta ayer, jueves. Según fuentes fiables, en su adolescencia, el genio Hyuuga mantuvo relaciones con hombres y mujeres para conseguir drogas y dinero. Actualmente, estudia y trabaja a partes iguales en la empresa familiar. Desconocemos si en el presente continua con sus "prácticas", pero estos rumores desprestigian claramente el apellido Hyuuga…".

La muchacha, ya alterada, cerró la revista. No podía seguir leyendo mentiras en una revista como aquella. Nada sonaba serio. Había algo con Neji, desconocía el qué, pero sabía que no era eso. No podía serlo de ninguna manera.

¿Cómo podía lucrarse un periodista, cuyo único deber era informar, con las vidas de otros? No dejaba de preguntarse por qué jugaban así con las personas. Despreciaba con toda su alma a medios como las revistas del corazón. Pero lo peor era la persona que lo había hecho. Estaba segura de dos cosas sobre esa persona: que era alguien que quería hacer daño a Neji y que les había fotografiado en el hospital. Y por qué no decirlo, en el fondo estaba asustada... ¿de qué más podía ser capaz aquella persona por hacerle daño a su primo?, ¿qué más podía hacerle para pisotearle?

Su madre, entrando al comedor echa una furia, la distrajo de sus profundos pensamientos. Al ver a Hinata, le comentó muy malhablada:

—Me pregunto qué coño buscarán sacar de esta casa. Neji ni siquiera está. No les pienso abrir la puerta a esos periodistas de pacotilla.

Hinata observó a su madre: parecía tan irritada como ella misma el día anterior, haciendo gestos con las manos, con un leve sudor por la frente y cara de no sentirse demasiado bien. Quizá era el estrés por aquella situación, que pasaría cuando esas personas se fueran y Neji volviera. Al igual que su madre, también estaba muy preocupada. Rezaba porque él se hubiese quedado en casa de un amigo y no hubiese hecho ninguna tontería.

Se estremeció al rememorar la manera en que su primo había vuelto la noche anterior. Esa persona ni siquiera se le parecía; era otra. El recuerdo de lo sucedido, con él medio ido por el alcohol, aún le erizaba el vello. Tragó saliva, intentanto aliviar lo vivido tan recientemente. A pesar de que aquellos sentimientos de dolor la traicionaban, aún seguía pensando en él como alguien a quien se le debía dar una oportunidad. A pesar de todo lo sucedido. A pesar de que todo había culminado la noche anterior... No seguiría pensando en aquello. Era penoso recordar algo así. No tenía sentido.

—¿Siguen ahí? —preguntó Hinata, sabiendo bien la respuesta. Luego, inocentemente, dijo—: Creo que no seguirán ahí por mucho tiempo. Tendrán que dormir, ¿no?

—Yo creo que son capaces hasta de dormir ahí —su madre se fue a lo peor, entre irónica e irritada—. Están todos en el jardín, con las cámaras en marcha listas para tomarnos fotografías. No sé si llamar a la policía o sacarlos fuera del jardín yo misma, ¡a patadas!

Era cierto: después de venir de la universidad, ellos ya estaban allí. Debieron venir después de que ella entrase a clase. Recordó como casi tuvo que correr por el jardín para que no le preguntaran. Tragó saliva. Pensó en lo que decía su madre: si salir o no. La verdad es que no se sentía segura con esos paparazzi fuera, esperando la carne como perros hambrientos. Entonces, ¿salía o no? Cabía la posibilidad de que siguieran ahí una vez hubiese vuelto a entrar, pero no había más opción. Quería responder a sus preguntas y que se largasen ya. Sabía que si se lo pensaba mucho acabaría por no hacerlo, así que, sin más, se levantó y avanzó hacia la puerta de la mansión.

—No pensarás salir, ¿verdad? —le preguntó su madre al verla ir hacia la puerta. De hecho, no esperaba que ella fuese tan ingenua como para hablar con aquella gente. Seguramente le preguntarían sobre muchísimas nimiedades y, respondiera lo que respondiera, publicarían cosas sin sentido—. Cariño, lo que he dicho de salir era broma… Yo conozco a esa gente. Si haces eso, no van a dejar de molestarte.

Su hija ni siquiera la miró; siguió avanzando para hacer realidad su cometido. Hikari se echó las manos a la cabeza, pero, cuando oyó la puerta abrirse, fue demasiado tarde para pararla. Sólo esperaba que no hiciesen un titular muy escabroso sobre los comentarios de su hija. Si es que le daba tiempo a hacer alguno.


Cuando todos los paparazzi se le abalanzaron y la rodearon en tiempo récord a la mitad de la entrada, no pudo siquiera respirar. Se arrepintió intensamente de haber salido. Pensó estar a punto de sufrir un ataque de ansiedad cuando los latidos de su corazón y su respiración se aceleraron, pero por suerte, consiguió controlarse poquito a poco, respirando con calma. Cualquier tipo de ataque, incluido uno de pánico escénico, podría hacerla sucumbir si no controlaba su respiración.

—P-Por favor, déjenme hablar —habló Hinata con un hilillo de voz, tratando de hacerse oír entre tanto periodista, micrófono y cámara. Una retahila de preguntas salían de sus bocas, sin darle tiempo a responder.

—¿Qué nos puedes decir acerca de tu primo?, ¿son ciertos los rumores?, ¿cómo ha asumido tu familia estas insinuaciones? —las grabadoras y los micrófonos casi le rozaban la boca. No había estado allí ni un minuto y ya empezaba a sentirse molesta, estresada y sin demasiada esperanza de ser oída. En un momento en que ya no pudo más, totalmente en tensión, Hinata explotó:

—¡Escuchad! —exclamó, ya harta de la situación, víctima de su nerviosismo—. Eso es una infamia. Ninguno de esos rumores es cierto. Neji no merece que se hable así de él, y quien lo haya dicho… —al darse cuenta del tono que estaba usando, se calmó un poco— …q-quien lo haya dicho, merece padecer mucho más que esto. P-punto y f-final.

Al final, la solidez de sus palabras fue dejando paso a una timidez casi corrosiva, que la hizo enrojecer hasta la raiz del cabello. Los paparazzi la miraban, haciéndole más preguntas, pero Hinata no pudo más, y sin saber muy bien cómo, se escabulló entre los periodistas y se introdujo en la mansión.


Sasuke Uchiha apagó el televisor y sonrió. Era irreal: la tímida y recatada Hinata hablando en voz demasido alta. Qué bonita defendiendo a su primo a capa y espada, pero qué pena que no sirviera para mucho: él se había encargado de extender el rumor hasta límites insospechados. Digamos que aquella universidad no era la única en estar llenas de papeles. Todas las cadenas de televisión estaban llenas por aquel mensaje. Se había encargado de que todo el mundo se enterase de la suciedad de Neji Hyuuga. Él sabía eso y algunas cosas más de él, y estaría encantado de soltarlas todas en el momento más adecuado. Si supieran todo lo que tenía preparado, esa familia se echaría a temblar. Los iba a llevar a la ruina.

Los dos primos serían los primeros, y Neji en especial, iba a ser el primero. Si se llegaba a recuperar del asco con que la gente lo miraría en la universidad, en el trabajo o en la calle, le tenía preparada otra sorpresa. Y a Hinata: ella era harina de otro costal, parte esencial del plan, con quien se iba a casar...

Habían demasiadas cosas preparadas, pero por ahora, su mayor entretenimiento era Neji. Y pensar que todo aquello lo hacía por Hanabi… pues no era por nada, pero le estaba cogiendo el gusto.


Neji Hyuuga comía, ya más recuperado, un almuerzo que había pedido por teléfono. No le apetecía salir de la habitación ni siquiera para comer. La televisión estaba encendida y él sólo cambiaba. No le pareció especialmente interesante lo que daban, sin embargo,

"¿Qué nos puedes decir acerca de tu primo?, ¿son ciertos los rumores?, ¿cómo ha asumido tu familia estas insinuaciones?" —Neji, quien hacía zapping en el enorme televisor de la habitación, oyó aquello y se quedó quieto, más pálido que otra cosa. Casi escupió su ración de comida cuando vio la cara de su "querida primita" en televisión y alucinó cuando la oyó hablar de aquella manera tan poco tímida.

"¡Escuchad!"—exclamaba ella. Parecía furiosa, casi a punto de caer en un ataque de nervios—. "¡Eso es una infamia!, ¡Ninguno de esos rumores es cierto! Neji no merece que se hable así de él, y quien lo haya dicho…" —aquí pareció volver a la normalidad—. —"…quien lo haya dicho, merece padecer mucho más que esto. P-punto y final".

Quizá era por la resaca, pero Neji no conseguía asumir lo impactado que se encontraba. Ella no era así. Nunca. Con nadie. Tomó otro bocado mientras volvían al plató de "Corazón Nipón" y la presentadora se dedicaba a debatir la noticia con sus colaboradores. Era increíble. Cuanto menos quería ser el centro de atención, más hablaban de él.


El teléfono sonó insistentemente en la recepción de la cadena AsaiTV, una de las revistas de prensa rosa más populares entre las amas de casa de Japón. No era la primera vez que sonaba. No se avecinaban buenas noticias.

—AsaiTV, buenos días, ¿en qué podemos ayudarle? —la recepcionista, de unos cuarenta años, gafas de montura roja y cabello corto decía estas palabras, con aburrida indiferencia, desde

—Buenos días los suyos, señora —contestó la voz atronadora de Hiashi Hyuuga por el teléfono—. Soy Hiashi Hyuuga y exijo hablar con su jefa.

El rostro de la mujer pasó de la crispación a la lividez en menos de medio segundo. Enseguida cayó en la cuenta: el apellido "Hyuuga". ¡Dios mío, qué notición! ¡Esto tenía que contarlo, cuanto antes mejor!

—E-Espere, señor… —habló, nerviosa. Con la mano, le hizo signos a un chico que pasaba por allí, garabateó una nota en un papel y se la tendió—. Enseguida le paso con Michi, que es la persona que lleva el programa. Un segundo, por favor.

En menos de cinco minutos, AsaiTV era un hervidero de nervios. La noticia de que Hiashi Hyuuga, patriarca del clan Hyuuga, había telefoneado a la cadena, recorrió hasta el último palmo del edificio. La redacción de Corazón Nipón estaba hecha un manojo de nervios. Las llamadas se oían por todos lados; los teclados de ordenador se aceleraban con cada comentario; los murmullos, incesantes, estaban a la orden del día. Todo bullía de emoción y nervios.

La recepcionista habló rápidamente sobre la situación con Michi, la presentadora y productora de Corazón Nipón. Ésta aceptó sin remilgos la llamada, pensando que aquella era la oportunidad que había estado esperando para tener toda la información de primera mano. Lo que no esperaba, era tener que lidiar con un hombre que llevaba tanta violencia en el cuerpo.

—Buenos días, señor Hyuuga, me gustaría...

—Mire, iré al grano —Hiashi habló, ofuscado—: Me ha llegado la noticia a América que han publicado ciertos artículos y reportajes sobre mi sobrino y mi familia en general. Sólo les digo algo: esperen noticias mías.

La conductora del programa ni siquiera pudo producir sonido alguno ante tales palabras. Al parecer, se había metido en un buen lío. Sólo al recuperarse un poco, pudo hablar de manera entendible:

—Señor Hyuuga, hay libertad de expresión, así que la cadena y la revista están amparados por la ley —habló claramente Michi—, sin embargo, debería leer usted los periódicos locales. Hay muchas noticias sobre cómo alguien escampó papeles por las principales cadenas de televisión y redacción de revistas de prensa rosa. Quizá es en la persona que hizo eso a quien debería buscar y no echarnos la culpa a nosotros.

Hiashi se quedó callado un momento; después habló:

—Está bien, muchas gracias por su información —y colgó, dejando a la mujer con la palabra en la boca.

—Será maleducado.

Colgó el teléfono, y enseguida otra llamada volvió a ocupar su teléfono. Lo cogió y era de nuevo la recepcionista, ¿qué querría esta vez? Sin embargo, su voz alegre la hizo sospechar que se trataba de una noticia (esta vez) agradable.

—No te lo vas a creer, Michi... es alucinante: Ha llamado Hikari Hyuuga y quiere hablar contigo.


Hikari Hyuuga colgó el teléfono. Había sido una decisión difícil, pero estaba segura de que era la mejor. Lo primero era limpiar el buen nombre de su sobrino, lo siguiente arreglar el estropicio que había hecho su hija al hacer declaraciones frente a aquellos paparazzis, después, hacer de las suyas, y lo siguiente… ¿qué era lo siguiente? Miró a su alrededor: de momento, no había nada más qué hacer, sólo esperar hasta la noche del sábado.

Le daba igual que Hiashi la llamara y le reclamara. Se iba a divorciar de él pronto, pero antes quería dejar su huella en televisión. Torció las comisuras de la boca, intentando sonreír.


La punta del portaminas que usaba se rompió por décima vez al impactar contra el papel. Quizá era porque estaba muy nerviosa y desde aquella noche no había conseguido dormir dos horas seguidas. O puede que fuera por pensar en la noche anterior, cuando Neji... Quizá no debía recordar aquello, pero visto lo visto y que su mente no la dejaba descansar... Sacó su diario y decidió que aquel era un buen motivo. Así que, evocando el recuerdo de la pasada velada, empezó a escribir...

A medianoche, Hinata se despertó por un ruido del exterior. Sin ponerse siquiera las zapatillas, se levantó y salió de su habitación de puntillas, sintiendo el frío colarse al resto de su cuerpo desde las plantas de sus pies. Cautelosa por si se trataba de algún ladrón, procuró hacer el menor ruido posible. Llevada por una curiosidad innata, recorrió la planta superior, desde su habitación hasta el baño del final del pasillo, pero no había nadie. Dispuesta a volver a su cuarto, Hinata empezó a caminar, pero de repente su corazón saltó al ver a alguien avanzar desde el inicio de las escaleras. Sus ojos, que ya se habían acostumbrado a la poca luz, reconocieron la figura rápidamente: Neji. Le vio avanzar a tientas y luego llegar a su puerta y empezar a maniobrar para abrir el manillar. Recorrió la distancia que les separaba poco a poco, intentando que ningún ruido la delatase. Iba a intentar pasar hacia su habitación sin que él se diese cuenta, sin embargo, al pasar por su lado y recordar todo lo sucedido por la tarde, no pudo evitar pronunciar su nombre.

Neji… —la mención de su nombre provocó que el susodicho saltase en su sitio de manera graciosa. Hinata contuvo la risa al verle la cara de susto. Con vergüenza por su reacción, añadió—: M-me alegra que hayas vuelto.

Joder —contestó, poniendo los ojos en blanco. Parecía agobiado por su presencia— ¿No tienes otra cosa que hacer que molestarme? Vete a tu puto cuarto y déjame en paz.

A Hinata le sorprendió aquel tono brusco y agresivo, pero llegó a sus propias conclusiones cuando el olor a alcohol invadió sus fosas nasales.

Hueles a alcohol —comentó, dando un par de pasos hacia su cuarto—. Entonces supongo que será mejor dejarte dormir.

Antes de que pudiese volver a su habitación, sin embargo, se vio arrastrada a la pared y chocó con fuerza contra ésta. Por un momento, se le cortó la respiración y sus ojos se cerraron con fuerza por el susto. Neji sujetó sus hombros clavandole los dedos en las clavículas, y mientras acercaba su rostro al de ella, olió su perfume, que casi se desvanecía entre el hedor a alcohol y a tabaco. No tuvo tiempo de preguntarse de dónde provenía el segundo olor cuando su boca se estrelló contra su oído, preguntándole algo a lo que no pudo responder.

¿Por qué siempre eres tan entrometida? —la garganta se le secó. Neji estaba borracho, de eso no había duda, pero a él la bebida parecía ponerle agresivo. Suspiró, queriendo salir de ahí rápido, sin embargo, por la experiencia de veces anteriores, sabía que no la dejaría ir de ahí rápido; y menos en el estado en que él se encontraba. Decididamente, su suerte no era la mejor.

Neji… —por Dios, sabía que no tendría sentido hablar con él tal como estaba, ¿pero de qué manera salir de eso?, ¿es que acaso había una?

¿De qué manera te tengo que hacer entender las cosas, eh, primita? —aquella simple pregunta le erizó el vello. El solo hecho de saberse presa entre sus brazos, volvía a sus piernas tambaleantes como un flan.

Sentimientos tan inconexos como la excitación, el terror y la ira cruzaban su anatomía al pensar en tantas situaciones como esa, en cómo terminaban… Al crecer el sonrojo en sus mejillas, cerró los ojos, queriendo tranquilizar sus sentidos. A pesar de la oscuridad, Hinata supo que su primo sonreía con esa típica mueca suya, así que sus nervios crecieron, imaginándole. Pero… ¡no podía! No se iba a dejar vencer; no iba a ser débil nunca más con aquello. Evadiendo a sus sentidos, Hinata le apartó, pero él, más fuerte, la empujó hacia atrás una vez más.

Ahí quietecita, niña entrometida.

Transcurrió un corto lapso de tiempo en que él no dijo nada: sólo la veía sin ver, como si pensara. Después, la presa en sus hombros se hizo más fuerte. Sus ojos se volvieron diferentes, y quizá, si una sola luz les iluminara, ella se habría dado cuenta. Pero ella no se movió; no quería darle motivos para seguir atacándola. Lo único que debía hacer era quedarse callada, así quizá Neji la dejaría ir rápido. Pero contrario a lo que pensó, Hinata se vio atacada por unos labios que invadían su boca. En cuanto le fue posible, cerró la boca con toda la fuerza de la que se supo capaz.

Le apartó, lo intentó todo, pero él seguía besándola a la fuerza, sin ningún miramiento por si le hacía daño. La agresividad supuraba por cada poro de Neji, quien estaba descontrolado. Tocaba y apretaba todos los rincones que encontraba: sus suaves y turgentes tetas, su culo... Se frotaba incansablemente contra ella, acrecentando su erección. Sin ningún miramiento, besaba su cuello, no importándole dejarlo amoratado en algunos rincones.

¡N...! —su grito no escapó de su garganta, sino que fue ahogado por la mano de Neji.

Se vio arrastrada por él hasta dentro de su cuarto mientras forcejeaban. Neji la lanzó hacia la cama, y ella tardó en reaccionar, pero cuando quiso correr hacia la puerta, notó, muerta de miedo, como su primo ya la había cerrado. Por alguna razón, aquello no le recordaba a las demás veces en que casi habían tenido algo. Esto era más forzado, más inusual. Está bien que al principio no había estado de acuerdo en sufrir aquellos jueguecitos que él se traía, pero en aquellas dos semanas anteriores, le había acabado gustando. Pero esta vez era diferente: él ni siquiera era el mismo y aquello no marchaba bien. Además, después del asunto de los papeles volando y ver como lo humillaban, no estaba como para aquello. Esta vez tenía mucho más miedo que las demás... mucho más miedo que aquella vez en que casi la había violado en la bañera. Hinata cerró los ojos y apretó dientes y puños con fuerza. No quería que la forzara de aquella manera. No estaba dispuesta a permitir nada más, pero en su presencia, se veía incapaz de escapar.

¿Q-Qué...? —preguntó ella, asustada y apretándose contra la pared, como si eso la protegiera de él.

Qué estúpida manera de hablar. ¿Aún no sabes qué quiero, Hyuuga? —se acercó peligrosamente a ella—. Te diré lo que quiero: quiero follarte —pareció pensárselo un poco, y con una voz sugerente, comentó—: En realidad... hace tiempo que quiero.

Las piernas de Hinata se volvieron de gelatina al oír aquello. Sonaba muy sincero, pero ella lo único que sentía ahora era terror. Quería marcharse de allí lo antes posible. No soportaba esos ojos grises, que la miraban refulgentes pero helados. Notaba en ellos la ira, la angustia, la amargura; la quemazón que le producían en el rostro era insoportable. La hacían sentirse avergozada.

Neji... —pronunció Hinata con todo el cuerpo tembloroso. Sus ojos la introducían en un mundo en llamas—. Déjame ir, por favor —a pesar de todo lo que sentía, la atracción ante él la hacía sucumbir.

Neji cada vez estaba más cerca de rozarla. Quería lo que ella no: todo. Hinata experimentó un cambio en su manera de pensar... de repente, todo aquello no era más que una pesadilla de la que despertar. O quizá, quizá era un relato erótico en el que debía dejarse imbuir. ¿Todos sus pensamientos para con él habían sido demasiado inocentes hasta ese momento? Neji era un ser que sufría, y ella lo sabía, pero en el mejor de los casos, ¿podía dejarle hacer con su cuerpo lo que quisiese con tal de aliviarse, dejarse resquebrajar por él, con ese deseo que la corrompía a pesar de tener miedo?

Por nada del mundo te dejaría ir —contestó él—. Estás demasiado bien donde estás.

Has bebido —comentó, mientras se pegaba a la pared, como si quisiese confundirse con ella. Sus labios temblaban cuando volvió a hablar—: No sabes lo que haces.

Sé muy bien lo que hago —comentó, muy serio—. La bebida no afecta mi raciocinio.

¡Y una mierda! Eso habría querido decir ella, pero no le salió. Estaba claro que la bebida lo ponía violento, y con todo lo demás que él estaba pasando... Su respiración se aceleraba por momentos, le oprimía el pecho, como si le estuviese sobreviniendo un ataque de ansiedad. No podía salir de allí, no podía liberarse de él. Su primo recorrió la distancia que les separaba y, de repente, sus brazos estaban a ambos lados de su cuerpo, aprisionándola. Como último recurso, el cerebro de Hinata procesó una respuesta rápida:

S-Sé q-que lo has p-pasado mal —la joven tartamudeó al notar su cercanía; sus mejillas se sonrojaron—, p-pero esa no es razón p-para tratarme así. N-no tienes por qué pagar conmigo que hayan dicho esas cosas de ti.

Notó como los ojos de Neji se nublaban, quizá intentando encontrar un nuevo insulto. Cuando por fin habló, lo hizo con voz temblorosa, como de rabia.

Qué sabrás tú —contestó, mirándola fijamente. Ella le sostuvo la mirada—. Eso no es nada. Nada comparado con todo.

¿Qué es todo? —preguntó, aguantando el peso de su mirada. Con timidez, sus manos se posaron en el pecho de Neji, dibujando un límite invisible por el que ella no quería que pasase.

Todo son muchas cosas —lentamente, él bajó la mirada a las manos posadas sobre su pecho, que temblaban de manera imperceptible. Sonrió—. No me vas a parar.

De un golpazo, la cogió del cuello de la camisa, y sin mucha dificultad, la tiró a la cama de nuevo. Hinata se agazapó rápidamente entre las sábanas, tragando con dificultad al verle quitarse la camisa. Por no decir que visualizó toda su anatomía sin el menor pudor, y al verle acercarse, empezaron a castañearle los dientes de pura ansiedad. Saber lo que se le venía revolucionaba cada zona erógena de su cuerpo, cada mínima parte de su mente era una mescolanza de deseo y terror. Una sensación desagradable con un punto de excitación. Todos sus sentidos la instaban a huir, pero sus piernas ya no respondían.

La opresión en el pecho se le acentuó. Su respiración estaba descompasada. Él la quería atrapar y no podía hacer nada por evitarlo. De repente, estaba atemorizada ante el hombre ante ella. Se tapó la cara con una mano y un sollozo salió de su garganta, casi con agonía. Empezó a llorar sin prestarle más atención a nada. Sólo pensando que no podía huir, que no tenía valor para enfrentar las cosas, que él la violaría sin darle opción a defenderse. Que no la dejaría en paz.

P-Por favor, no quiero… no quiero… —suplicó ella, tapándose la cabeza con ambas manos—. N-No quiero más, N-Neji.

Entonces el silencio la hizo callar de repente. Abrió los ojos para ver los de su primo, fijos en los suyos. Aquellos ojos grises tenían una expresión tan extraña, tan pavorosa y penetrante... Como si se hubiese dado cuenta de algo. Por un momento, pensó que él se abalanzaría sobre ella de nuevo, pero no fue así: él se giró, recorrió el espacio hasta la puerta, la abrió y se marchó, dejándola entre temblorosa, avergonzada y desconcertada.

Hinata se miró las manos: las tenía llenas de tinta de bolígrafo. Sudaba. Temblaba. Recordaba. Pero no quería escribir más. No tenía ganas de más. El simple hecho la ponía nerviosa, la hacía temer, la excitaba sobremanera... a la vez que le creaba una sensación de culpabilidad. No había pasado nada, y sin embargo... Todo un revoltijo de sensaciones bailaba en su interior, revolucionando su mente, desbocando su corazón. ¿Y dónde estaba él? Quizá envuelto en algún problema, quizá tirado en la calle, con resaca. Se mordió el labio inferior, recordando todo aquello de la noche anterior, en cómo su propio cuerpo la había sorprendido. Su rostro se sonrojaba cada vez que lo recordaba. ¿Lo recordaría él también...?, ¿y qué diablos pensaría?, ¿cómo se mirarían ahora a la cara?


Sábado, mediados de octubre

Preparó el DVD con cuidado. Tenía tiempo, así que grabó el archivo, lo comprobó varias veces por si la grabación había fallado y lo metió en una funda. Entonces respiró, felicitándose por el trabajo bien hecho. Un poco más tarde, se puso una chaqueta negra de piel y salió por la puerta con un sobre en el bolsillo. Cogió el deportivo negro del garaje y remontó la calle hacia la mansión Hyuuga.


Por extraño que pareciera, al despertar al día siguiente, ya no habían paparazzi en el jardín. Eso supuso un gran alivio para Hinata, que se notó más ligera de repente, casi bien si no fuera por un pequeño detalle: nada iba bien. Desde el pasado viernes, su cabeza era un revoltijo de pensamientos, ideas descabelladas, sentimientos y nerviosismo, ¿pero desde cuando no era así?, ¿desde cuándo se cabeza no descansaba de todas aquellas emociones?

Se levantó, se vistió y se dispuso a despejarse dando un paseo. Sin embargo, al ir a salir por la puerta, algo le llamó la atención: un sobre blanco estaba debajo de la puerta, casi dentro de la mansión. Se agachó a recogerlo, entre intrigada y curiosa. Lo miró y vio su nombre escrito en uno de sus lados. Quizá era algo que su madre le había escrito. Sin embargo, cuando estaba a punto de abrirlo sonó el teléfono y guardó el sobre en su bolsa, olvidándolo por completo.

—¿Sí? —mientras cogía el auricular, se cogió un mechón de pelo y se lo pasó por detrás de la oreja.

—Buenos días, ¿se encuentra la señora Hyuuga?

—No, soy su hija —contestó—. Si quiere, déjeme el encargo.

—Está bien, señorita. Llamamos del Hotel Kinoshita. El sobrino de su madre, el señorito Neji Hyuuga, se encuentra aquí desde hace dos días, y dado que su madre es la titular de la tarjeta de crédito que nos dejó su sobrino la noche pasada, necesitamos su permiso para...

Hinata tragó saliva y abrió mucho los ojos, interesada. Mientras sostenía el auricular del teléfono y el hombre le explicaba la situación, rebuscó en los cajones de la mesita del teléfono y encontró un lápiz mordido por el culo y un trozo de papel que arrancó de un bloc.

—Entiendo, ¿cuál es su dirección y su teléfono? —habló cuando el hombre terminó. Estaba muy interesada en aquella información—. Se la dejaré a mi madre para que la vea cuando venga.

—Oh, sí, es...

Apuntó rápidamente ambas informaciones en el papel, despidió al encargado del hotel, cogió su bolsa y salió por la puerta con prisa. Caminó calle arriba durante un rato, hasta encontrar una parada de autobús. Aunque tenía sólo unos cuantos "yenes" en el bolsillo, le daba para su ida y dos vueltas. Confiaba en que convencería a Neji para volver con ella.


La vio correr por la calle. ¿Dónde iría, habría visto ya el vídeo, correría para tratar de averiguar quién era el anónimo que lo había dejado en su puerta? Rió ante sus pensamientos. Más le valía irse antes de que ella reconociera su coche. Quizá llamaría a Hanabi para decirle que aquello ya estaba hecho, que pronto empezaría lo mejor y a la vez lo más complicado.

Poco sabía Sasuke que sus planes se iban a acelerar, que todo iba a ser más fácil de lo que había pensado... y que en menos de dos días, todo iba a cambiar para su bien y el de Hanabi.


Hinata llegó al hotel una hora y media después, resollando. Después de casi una hora de trayecto en autobús, había tenido que recorrer tres cuartas partes más de camino andando, y no había sido exactamente fácil llegar: había tenido que preguntar, preguntar y llegar a varios sitios por equivocación, pero sí, al fin estaba allí, y ya nada se interponía entre el dichoso edificio y ella.

Entró por unas enormes puertas de cristal giratorias y se dirigió al mostrador. Durante el largo camino, había pensado en cómo averiguaría el número de la habitación de Neji, y no había llegado a ninguna conclusión sobre ello. Le daba muchísima vergüenza pedir el número de la habitación de su primo, porque, ¿y si no se lo daban?

—Buenos días, señorita, ¿en qué puedo ayudarla? —preguntó el recepcionista, un chico joven, trajeado y de buen ver.

Se estrujó el cerebro, pero por más que buscaba, las ideas no salían. No le quedaba otro remedio que mentir pero, ¿qué se inventaba? No era buena mintiendo.

—D-Disculpe, si no me equivoco, Neji Hyuuga se encuentra en este hotel, ¿verdad? —empezó, algo sonrojada—. Verá, me gustaría verle...

El hombre la miró por un momento y sonrió amable, mirando algo en el ordenador y dispuesto a marcar en el teléfono:—Esta aquí, señorita. Le avisaré —tomó el teléfono, pero Hinata le paró con un ademán de la mano. De repente, una idea surcaba su mente.

—Espere —comentó, sonrojada—. No me gustaría molestar a m-mi... pareja —no quería decir novio, bastante vergonzoso era ya que tuviese que mentir en algo como eso—. En realidad no le he dicho que vendría ya... así que, quisiera darle una sorpresa.

En esa última frase la vergüenza la sucumbió. Notaba el calor en sus mejillas, signo de que estaba roja como un tomate. El recepcionista pareció rumiarlo detenidamente, pero al final colgó el teléfono, y con una sonrisa más acentuada, dijo:

—Mira, no suelo hacer esto, pero como no quiero fastidiaros la fiesta...—le guiñó un ojo—. Tercera planta, habitación 314.

Hinata le dio las gracias y se fue, pensando en eso que el recepcionista había dicho. ¿De qué fiesta hablaba?


Medio dormido, Neji oyó la puerta. Unos pequeños golpes. "¿El servicio de habitaciones?", pensó. "Pero si no he pedido nada". Se levantó, encendió la lamparilla y recorrió la distancia que le separaba; no muy contento, cogió el manillar y abrió.


La intención de Hinata había sido pasar rápido al cuarto, pero cuando lo vio se quedó anonadada: había profundas marcas de ojeras bajo sus ojos, su cabello estaba revuelto y llevaba un pijama con el logotipo del hotel.

—¿Cómo es que estás...? —No le dio tiempo de decir nada más. Él estiró de su brazo, la hizo pasar a la habitación y cerró la puerta rápido.

Continuará...


Agradecimientos especiales a:

Bell, Gambacho, Flordezereso, Ridesh, Azkaban, Diana Carolina, Anna 04, Daniratoe, Hinata-angel-caido, Ina minina, Guerrera221, Arusagi, La Lectora Desesperada, MikumiH, Brujhah, Deat the Kid, Neji y Paloma.

¡Agradecimientos también a quienes pusieron la historia en favoritos y alertas!

¡Hasta el próximo capítulo!