Nota: ¡Hola a todas/os! Ha pasado un mes y poco más desde la última vez que os escribí. Lo primero: quisiera agradecer a Azkaban por ejercer como mi betareader. Sin sus sugerencias, correcciones y demás, este capítulo sería un mar de incoherencias y errores extraños. Además he de nombrar a Flordezereso, que siempre me da ideas y me anima muchísimo. También agradeceros a vosotros, lectoras/es. Sin vosotros, esta historia tampoco sería mucho. Dicho esto, os dejo con un pequeño resumen de lo que pasó en el capítulo anterior. ¡Que disfrutéis el capítulo! :)

En el capítulo anterior: Después del incidente de la universidad, los medios se ceban con Neji Hyuuga. Hikari llama a AsaiTV, decidida a hacer algo que arregle la situación. Hinata averigua el hotel donde Neji se encuentra y va en su busca, decidido a llevarlo de vuelta a casa...


19. Torrente

Mañana del sábado, mediados de octubre

Respirar se hizo difícil cuando él la apretó contra la pared. Su cercanía y su manera de mirarla complicaban acordarse de una acción tan básica como esa: respirar. Sus sentidos sólo decían: no dejes de mirarlo, no dejes de sentirlo, no dejes que te suelte. Su aroma inundaba su ser entero. De un momento a otro, en aquella habitación, él se había convertido en el dueño de sus sentidos. Temblaba, como si tuviera síndrome de abstinencia. Por un momento creyó, que si él lo pedía, ella cumpliría todos sus deseos.

—¿Y tú desde cuándo trabajas aquí? —preguntó él, y pudo notar un atisbo de ironía en su voz. Su cuerpo pegado al suyo y su cercanía la ponían nerviosa—. ¿Estás loca?, ¿cómo has conseguido que te den el número de mi habitación? A saber...

La soltó poco a poco y Hinata recobró el control de sus sentidos y su cuerpo. Su rostro tomó una tonalidad rojiza, símbolo de estar avergonzada. ¿Cómo había podido pensar en esas cosas un momento antes? Recordó lo que había dicho en el mostrador de recepción: "Soy su novia", pero estaba claro que eso no se lo iba a contar. Entonces, como si un mal rayo la quisiera partir por la mitad, el teléfono sonó y Neji se apartó de ella para cogerlo.

—¿Qué quiere? —pasó un momento en que la expresión de su primo se volvió burlona. Colgó el teléfono. La miró y Hinata bajó la cabeza otro tanto, queriendo que la tierra se la tragara.

—Con que "mi novia"... —se acercó a ella poco a poco, con media sonrisa—. No me puedo creer que te haya dejado subir sólo con eso.

Intentando apartar la vergüenza, Hinata subió poco a poco la cabeza y le observó caminar por la habitación, aún sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos. Por un lado, respiraba tranquila al verle actuar con tranquilidad; por dos días, había pensado que estaba tirado en la calle, sin dinero y con resaca. Por otro lado, se sintió como un ratón en un terrario, esperando a ser devorado por la serpiente, sobre todo por estar encerrada allí con él, sin nadie cerca a quien pedir ayuda. Se tranquilizó al pensar que al menos Neji no estaba como dos días antes, bebido y sin ser del todo dueño de sus emociones. De todas maneras, debía tener cuidado, que nunca se sabía cómo podía reaccionar.

—¿A qué has venido?

—H-hemos estado muy preocupadas por ti... por lo que pasó.

Neji dio unos pasos por la habitación, intranquilos, rutilantes; parecía no saber qué decir o hacer. No parecía el mismo, no tenía aquella seguridad, aquel brillo en su mirada... No sabía el qué, notaba que algo había cambiado en él. Estaba más apagado. Sus ojos tenían menos vida. Por una vez, sintió que veía su verdadera cara: la que escondía dentro, la que no salía nunca. Pero no, él volvería a lo mismo una vez que todo pasase. Él seguiría siendo el mismo a pesar de todo.

—No quiero hablar de ello —la cortó, tajante. Se apartó y se sentó en la cama, de espaldas a ella.

—¿C-Crees que ha podido ser la persona que nos fotografió? —desde su posición, le pareció que Neji temblaba. No era un temblor acentuado, sino uno muy leve, que casi ni se percibía.

—Me da igual. No va a volver a pasar. No quiero que vuelva a pasar.

Hinata dio unos pasos tímidos, dando un rodeo a la cama, y lo que vio, le confirmó que a su primo le pasaba algo que se salía de la norma.


Su corazón palpitaba con fuerza, no podía parar, no podía evitarlo. ¿Qué ocurría? Intentó tranquilizarse, pero era como si en esa pequeña habitación de hotel, junto a su prima y todos sus pensamientos, le faltase el aire. Trató de no pensar en todo lo que había pasado. Se miró las manos y éstas temblaban. No lo entendía, hacía un momento estaba bien, y ahora... ¿Por qué ahora, por qué con ella delante?

—¿Q-Qué te pasa? —le preguntó su prima, a unos pasos de él—. ¿P-Por qué estás así?

—No es tu problema —comentó, a la defensiva, tragando saliva. Le costaba controlarse y dejar de temblar, pero podía hablar con normalidad. Se rebulló en su asiento—. Vete de aquí...

—No me voy a ir —le notó mucha seguridad en la voz, cosa que le extrañó—. No hasta que vengas conmigo a casa.

Quiso reír, pero en vez de una sonrisa, lo único que salió fue una mueca. Que ella estuviese allí no mejoraba su situación. Quería que se fuera, que le dejara de una vez. Su estúpida preocupación... Con todo el daño que le hacía, ¿por qué tenía que ser ella tan masoquista de volver a buscarle?

—¿Por qué piensas... que iré contigo? —preguntó, queriendo aparentar normalidad—. No me molestes más.

La miró, y ella pareció dudar.

—No lo sé —habló, mirando al suelo—, pero al menos lo intentaré. No te voy a dejar solo estando así.

—Estoy bien —mintió él, cansado de aquella conversación inútil—. Déjame en paz, en serio.

—A mí no me lo parece...

Neji se levantó de la cama, y mirándola desde arriba, dijo en un tono más agresivo que cortante:

—Bueno, ¿y a ti qué te importa?

Hinata bajó la mirada, sintiéndose mal con aquella respuesta.

—Lo siento por preocuparme por ti.

—Nadie te lo ha pedido.

Exasperado, Neji caminó hasta el baño, se metió en él, y cerró de un portazo. Hinata suspiró. Con Neji, nada era fácil.


Por cuarta o quinta vez en aquel día, Hiashi Hyuuga se levantó de su asiento, le dio unas cuantas patadas al mobiliario de su oficina e hizo trizas un papel que tenía en las manos. Se volvió a sentar y se sujetó la cabeza con ambas manos, furioso. Al parecer, su familia no podía vivir sin él, porque era irse y montar un escándalo. ¡Un escándalo que ensuciaba el buen apellido familiar!

Su sobrino se iba a enterar cuando volviese: lo iba a desheredar, iba a quitarle el apellido y lo iba a dejar en la calle, y eso si no pensaba en algo peor. ¿Cómo podía traicionar así su confianza?, ¿cómo podía manchar de tal manera el apellido Hyuuga? No podía más que asquearse al saber lo que había hecho. ¿Cómo le había podido recoger en su casa, mezclarse con él después de...?

Respecto a la tonta de su hija... Mira que ponerse delante de la prensa a dar la nota y defender a ese anormal que tenía por primo. La iba a quitar de la universidad y la iba a encerrar en su cuarto hasta el día de la boda, que por su conveniencia iba a ser muy pronto. Lo hablaría con Sasuke, él aceptaría y pronto tendría a esa niña bien controlada.

A Hikari la iba a mandar al carajo pronto: el divorcio pronto estaría firmado y se podría deshacer de ella. Aunque le tuviese que pagar una puta pensión, ¡al menos no la vería más!

¿De qué le servía ahora haber llamado y amenazado a todas las redacciones de prensa, cadenas de televisión y de radio que se dedicaban a difundir sus chismorreos familiares? ¡Su mansión, su apellido... iban a ser un circo!

Enfurecido, no pudiendo más con aquello, cogió el teléfono y marcó la extensión de su secretaria.

—¿Qué desea, señor...? —habló una voz femenina al otro lado de la línea, pero fue interrumpida abruptamente.

—¡Tú, pídeme un billete de avión a Japón! —dijo el patriarca de los Hyuuga, de muy malas maneras—. ¡Ya!


Pasaron lo que restaba de la mañana metidos en aquella habitación. Después de levantar las persianas para que entrara algo de luz, Hinata se había sentado en una silla junto a un pequeño escritorio que se encontraba junto a la ventana, a esperar que Neji saliese la ducha, donde llevaba metido desde hacía una media hora. Al menos podía suspirar tranquila; él ya no estaba tan nervioso como anteriormente. Antes había visto a un hombre muy diferente al habitual, quizá el Neji real, el que no se dejaba ver... Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la puerta del baño, que se abrió dejando ver un cuerpo masculino cubierto apenas por una toalla en la cintura. Hinata lo miró de arriba abajo, tragando saliva.

—¿Te has traído algo de ropa? —preguntó, mirándola vagamente, casi rehuyendo su mirada.

—Lo siento, no lo he pensado —Hinata se encogió de hombros.

—Da igual, me pondré lo que tengo ahí.

Neji se dio la vuelta para rebuscar en los cajones de la cómoda su ropa de hacía dos días. La chica siguió repasándolo con la mirada: casi no podía apartar la vista del largo cabello goteando por su ancha espalda, sus brazos firmes, los mismos que la habían apretado dos noches atrás... El solo hecho de saber que estaba allí, frente a ella y que podría rozarlo en cualquier momento la puso enferma. Sintió el calor adueñarse de todo su cuerpo, como si mil mariposas bailaran en su bajo vientre. La ansiedad recorrió cada centímetro de su cuerpo. Necesidad, deseo, ansiedad... ¿se podía combinar todo aquello para formar sólo una cosa?


Neji no se esperaba aquello cuando se giró: ver la intensidad en la mirada de Hinata fue suficiente para comprender; también la delataron sus mejillas rojas y su pecho subiendo y bajando con rapidez. Entonces, como un chispazo, retornaron a él las memorias de la noche del viernes... Él volviendo con unas copas de más a la mansión Hyuuga, él enfurecido, él deseándola y estampándola contra la pared, él tan ansioso por tenerla... y finalmente, ella llorando como una niña, con el terror pintado en el rostro, rogándole. Aquel sentimiento de terror y angustia reflejado en ella, aquel que él mismo había sufrido en sus carnes.

Un dolor agudo en el pecho lo alertó de no pensar más en aquello. Pero no pudo. ¿Se estaba sintiendo mal? Qué estupidez. ¡Él no podía sentirse mal por eso! ¡No por ella! Quería arañarse el rostro, quería pegar puñetazos a la pared, al mobiliario. Las náuseas le llenaron la boca, quería vomitar toda aquella ansiedad, quería soltar toda aquella rabia, aquel desasosiego... ¡Quería llorar de rabia, de asco! Sin embargo, lo único que hizo fue apretar los puños y dar un paso; y después otro y otro. A pesar de que su cerebro clamaba por convertirla en una persona en la que volcar todas sus desdichas, sus piernas seguían avanzando hacia ella. Si la tocaba, olvidaría. Todo se iría, como casi siempre.

—Ne-Neji, ¿estás bi-bien? —pronunció ella, levantándose de la silla con una mirada llena de algo que podría haber sido preocupación, pero que Neji leyó como necesidad.

Hinata acortó la distancia entre ambos y Neji, sin responderle, la besó. Al principio, un leve roce y después un juego entre sus labios, que fue correspondido por ella con la misma ansia. El contraste entre el agua que goteaba de su cabello y su piel caliente lo excitaron, haciéndole enterrar lo doloroso de sus pensamientos. Apretó su trasero con fuerza, subió por su espalda y enredó sus dedos en su cabello azabache. Su hombría se apretó contra la entrepierna femenina, encontrándola cálida.

Urgidos por la pasión del momento, ambos se encaminaron por toda la habitación, besándose, hasta acabar cayendo en la cama. Él prácticamente le arrancó la parte de abajo de la ropa, y con desesperación, separó sus piernas, introduciéndose en ella sin avisar. Ella soltó un gemido de placer que inundó toda la habitación, culminando en los oídos de él, que aceleró sus movimientos hasta escuchar otro gemido.

—Joder —suspiró en su oído, con placer—. Qué mojada estás.

Se movió en su interior, deleitándose de la facilidad con la que se deslizaba. La cálida suavidad de sus muslos, que sujetaba con fuerza, era como un bálsamo para su mente. Poder tenerla allí, a su merced, sin ninguna resistencia... era más de lo que había podido esperar. Era terrible.


Sus ojos, llenos de angustia, le parecieron tan terribles que se le encogió el corazón. Luego, él avanzó hacia ella, lento, como si no quisiese acercarse demasiado. "N-Neji, ¿estás bien?", le preguntó. Pero él, sin responder, la besó. Y ella, ante aquella muestra tan inusitada, sólo pudo corresponder a un deseo que ya rebosaba por sus poros. Simplemente, dejándose llevar, sin temor a lo que pudiese pasar.

El placer recorría cada pequeña parte de su piel. Sus piernas se apretaban contra el hombre encima de ella, sintiéndole piel contra piel. Toda su fuerza, entrando en ella como un torrente de agua, tan desesperada y furiosa, haciéndola sentir plena. Un gemido, que salió de su garganta sin pedir permiso. Y luego aquellas palabras, que la hicieron excitarse aún más. "Joder… qué mojada estás". Aquel susurro la hizo apretarse hasta casi fundirse con su cuerpo, morderse los labios y suspirar con dificultad debido al movimiento.

Algo insaciable recorría su cuerpo. Quería más. Necesitaba todo de él. Después de luchar todo lo humanamente posible contra aquellos impulsos perniciosos… La carne era tan débil... pero no podía arrepentirse de estar con él. Al menos, no de momento.


Tarde del sábado, mediados de octubre

Después de llegar aquella mañana a su casa, Sasuke Uchiha había recibido una llamada al móvil: su jefe volvía del viaje de negocios a América. Se sorprendió al saber que volvía y que, al parecer, tenía algo muy importante que comentarle. Ahora, camino del aeropuerto, estaba intrigado por aquello que su futuro suegro iba a decirle. ¿Habrían ido mal los negocios? No, no lo creía. Acaso era por… Se sonrió. Seguro que era por la noticia de Neji. Las noticias habían tardado poco en llegar hasta el extranjero, y al parecer habían tenido el efecto deseado.

Se encontraron en un café del aeropuerto casi de noche, donde él le expuso aquello tan importante que tenía que decirle.

—Y bien, señor Hyuuga, ¿de qué tenía que hablarme?

—Es un asunto que no sé si te va a gustar... —dijo en un tono impaciente; parecía estar dudando o nervioso—. No sé si sabes lo que ha pasado con mi sobrino… —empezó, dubitativo. Parecía no saber si contarle o no. Una chispa de emoción le recorrió. Era su oportunidad para soltar algo de su veneno.

—Señor Hyuuga, no querría inmiscuirme en sus asuntos familiares.

—Habla, hijo, vas a ser de la familia en poco tiempo. Lo que tengas que decir lo aceptaré —un reflejo de duda cruzó el semblante del patriarca de la familia Hyuuga, pero inmediatamente cambió a uno interés.

—Después de ver esa noticia, no pude quedarme de brazos cruzados —empezó él—. Perdóneme el atrevimiento, pero investigué un poco. Me interesa mucho el buen nombre de su familia, señor, y visto que me voy a casar con su hija...

En vez de disgustado, el rostro de Hiashi cambió a uno sorprendido. Sasuke mostró un rostro de abatimiento. Sabía que aquello no fallaría, que él no sospecharía...

—¿Qué descubriste? —preguntó. El moreno se sonrió mentalmente por su acierto al decirle aquello.

Sasuke Uchiha se acomodó en la silla, preparándose para soltar una dosis bastante alta de veneno:

—No es lo que haya descubierto, sino lo que sé: conozco a Neji desde la universidad, eramos amigos… sé lo que él hacía en aquella época. Y señor Hyuuga, lo siento mucho por decirle esto, pero en la prensa no se equivocan mucho.

Hiashi se quedó un rato mirando a Sasuke, como si no le creyera. Seguramente, pensó Sasuke, hasta su "suegro" había creído en la inocencia de Neji. Pero si quedaba alguna duda en la mente de Hyuuga Hiashi, él se había encargado de eliminarla.

—Qué decepción.

—Lo siento, señor Hyuuga.

—Tarde o temprano me tenía que enterar.

El rostro del cabeza de familia se volvió inescrutable.

—Hay otra cosa que debo decirte. Prepárate, porque te casas con mi hija en menos de dos meses.

Sasuke quiso soltar una carcajada de puro regocijo. Al fin, al fin él se estaba vengando del asqueroso de Neji Hyuuga y tenía un futuro asegurado en la familia Hyuuga, siendo marido de la primogénita. Si bien al principio entró en ese plan para ayudar a Hanabi, después le atrajo la fortuna de los Hyuuga. Pero sin lugar a dudas, por encima de todo eso, estaba Neji Hyuuga.


Hinata abrió los ojos poco a poco, notando la luz tardía que entraba en la habitación. Trató de estirar los músculos de brazos y piernas, cosa que le causó dolor. Estaba exhausta. ¿Qué hora sería? Enseguida recordó todo y tragó saliva, girándose, no sin dificultad, hacia un lado. Por supuesto, no había sido un sueño, él estaba allí y lo que habían hecho era tan real como ella misma. Llena de agujetas, pensó en apartarse de su lado. Avanzó por la cama, separándose poco a poco de él, pero para su horror, cuando ya estaba cerca de salir de allí, él la cogió por un brazo y abrió los ojos.

—¿Dónde crees que vas? —su tono y la mirada que le echó fueron suficientes para que se le secara la boca.

—M-Me v-voy a-a ca-casa… —tartamudeó, muy nerviosa. Sus mejillas adquirieron una coloración rojiza muy característica.

—¿Estás segura?

Después de decir estas palabras, Neji la arrastró y la pegó a su cuerpo, haciendo que ella se olvidara de respirar. Hinata pataleó, intentando alejarse, pero a juzgar por la sonrisa de su primo, podría jurar que aquello no le estaba molestando demasiado. Aún así, ella siguió intentándolo una y otra vez, moviendo brazos y piernas para alejarse de él. Pero lo único que estaba consiguiendo es que él cerrase el abrazo cada vez más, impidiéndole la huida.

—S-sabes que sí —quería parecerle segura.

—¿Y si no quiero? —Hinata apretó los labios, formando una mueca, sobre todo cuando sintió la mano de Neji deslizarse por su espalda y agarrar su culo con fuerza—. Mis manos están bien aquí, y tú no pareces decir lo contrario.

—Esa mano… —susurró—. "No quiero que esa mano siga ahí, pero a la vez sí. Debe estar afectándome estar tan cerca de él".

—¿Acaso no te gusta? —susurró peligrosamente a su oído—. Antes no decías lo mismo.

Hinata enrojeció de forma violenta. No respondió. No podía mentir: le gustaba. Le gustaba su contacto, su manera de tocarla.…¡Pero no quería que le gustara! A esas alturas, ambos desnudos, habiendo tenido sexo… Era imposible negar ciertas cosas que eran obvias, pero no podía estar de acuerdo con nada de lo que él decía.

—Si que te gusta, ¿eh? —pronunció, sugerente.

—E-Eso no es lo importante.

Mientras permanecían en la cama, el cielo había comenzado a tomar matices morados y salmón, señal de que ya estaba oscureciendo. La incomodaba estar allí, con él, sin ropa, sin nada para defenderse de su deseo insaciable. La asustaba haberlo hecho con él por propia voluntad y el hecho de que, si no se alejaba de aquella cama, volvería a repetirlo una y otra vez.

Entonces, mientras su primo seguía reteniéndola, un murmullo se comenzó a oír a través de la puerta y seguidamente alguien aporreó la madera. Neji aflojó un poco su agarre, mirando hacia la entrada y Hinata se tensó. ¿Qué estaba pasando ahí fuera?


Hikari se preparó para salir al plató. Nunca había hablado en uno, pero sabía que le iban a pagar una buena cantidad de dinero, y eso por soltar un par de verdades que desde hacía tiempo venía guardando. Verdades que iban a amargar a su marido, verdades que iban a destruirlo, al menos en parte. Ya podía despedirse de las buenas maneras con él. Esas cosas con él no servían.

Las luces del plató ya estaban encendidas, la presentadora, los colaboradores y ella misma sentados en sus respectivos sillones. El maquillador dando los últimos retoques con algunos polvos traslúcidos. La conductora del programa empezaría a hablar en tres, dos, uno... ¡ya!

—Queridos telespectadores. Esta noche tenemos con nosotros un programa lleno de sorpresas. Por un lado, con un apellido que últimamente ha estado dando mucho de qué hablar, una de las mujeres más deslumbrantes e importantes de la alta sociedad de Tokio: Hikari Hyuuga.

Los invitados aplaudieron al oír su nombre y las cámaras apuntaron hacia su rostro, que se mostró tranquilo e impasible, con una sonrisa sencilla pintada en sus labios. La presentadora siguió haciendo hincapié en los temas que iban a tratar y, tras la breve introducción, dio paso a la entrevista con la estrella de aquella edición especial del programa.

—Pero veamos, Hikari Hyuuga, a raíz de los acontecimientos acaecidos hace muy poco, ha venido a contarnos algo muy importante que afectará el futuro de su familia en muy poco tiempo.

—El caso es que vengo a hacer una denuncia pública a mi marido —soltó sin más preámbulos.

El plató quedó en silencio ante aquella súbita revelación. Enseguida, un murmullo se extendió por toda la sala, incluso alguien exclamó con sorpresa.

—Nos ha dejado mudos, señora Hyuuga —rió una de los colaboradoras, una mujer de unos cuarenta años, con el cabello permanentado, unos ojos como los de una rapaz y una sonrisa inmaculada.

—¿A qué es debida esta denuncia, señora Hyuuga? —preguntó otro de los colaboradores, un hombre situado a la izquierda de la presentadora, con un gracioso bigote y el cabello negro como el tizón.

—No me enorgullezco de ser la esposa de Hiashi Hyuuga —empezó la mujer, con expresión dura—. Él me ha maltratado durante años, y ese es el motivo por el que recurro a vosotros. Durante años, he sido una víctima en sus manos, me ha tratado como a él le ha parecido...

Una vez más, el plató quedó envuelto en un murmullo de voces que no podían creer lo que oían. El cómo aquella mujer podía ser tan valiente de denunciar en televisión al gran y poderoso líder de una empresa como Hyuuga S.A.

—¿Qué le ha pasado durante estos años?

Y así, en la que sería una larga entrevista, Hikari empezó a relatar toda la serie de hechos importantes de su vida, verdades que, más tarde, llevarían a su marido a la furia ciega.


Neji soltó a su prima y se levantó de la cama, caminando hacia la puerta. Hinata, sin perder más tiempo, se levantó y buscó su ropa con la vista. Encontró sus pantalones y sus bragas encima de la cama, hechos un nudo; el sujetador y la camisa estaban uno a cada lado de la habitación. Hinata se sonrojó, no queriéndose acordar de todo lo que habían hecho. Oyó aquella marabunta de voces más fuerte esta vez, y levantó la mirada un momento, viendo a su primo forzar la puerta a cerrarse. Cuando él se giró de nuevo, se sorprendió al ver su rostro lívido y rabioso.

—El puto recepcionista —maldijo, entre dientes.

—¿Q-qué pasa? —preguntó Hinata, acabándose de vestir y yendo hasta la puerta. Si algo pasaba, aquel "algo" estaba detrás de esa puerta.

—No se te ocurra salir.

—¿Por qué?, ¿qué pasa? —insistió ella. Neji la miró con hastío.

—Míralo tú misma.

Abrió una rendija de la puerta, y Hinata, al mirar por ella, se llenó de horror: por lo menos veinte periodistas estaban en la puerta, esperando a que salieran. Algunos, probablemente alertados por el movimiento de la puerta, comenzaron a hacer preguntas, que llegaron haciendo eco a través de la madera.

"Neji, ¿qué nos puedes decir de la persona con quien estás?, ¿es tu novia?", "¿Qué nos puedes decir de los rumores que se oyen de ti?"

Neji cerró de un portazo, dejando a Hinata mirando hacia la nada. La situación no podía ser peor: si ellos salían, les descubrirían, y si no, esperarían hasta la saciedad. Asustada, comprendió que no podían escapar a algo así. Levantó la mirada, encontrándose con la de él. Muy seria, le dijo:

—No se van a ir hasta que no salgamos.

—¿No me digas?


El programa seguía muy intenso y los niveles de audiencia era cada vez más altos. Hikari estaba dejando a todos los allí presentes embelesados y emocionados con su historia. La trágica e infeliz vida de aquella mujer hacía sentirse identificadas a miles de amas de casa, esposas y novias que seguían el programa. Poco a poco, la historia terminó, tan intensa como había empezado. Hikari fue terminando de contar su vida con Hiashi Hyuuga, una vida llena de penurias a pesar de vivir entre riquezas...

—La historia de esta mujer nos deja impactados, y ustedes, desde casa también deben estarlo —Michi, la conductora del programa, se secó unas lágrimas invisibles con un pañuelo blanco—. Pero Hikari (permíteme que te tutée), tenemos una sorpresa para ti, unas fotos que revelan algo sobre ti —Hikari se quedó un poco blanca, pero enseguida regresó a la normalidad al acordarse que estaba ante las cámaras. A pesar de eso, no pudo evitar preguntarse si la habían descubierto con su sobrino.

—Me sorprende usted, pensaba que la única que tenía que revelar cosas esta noche era yo —los invitados rieron con el comentario de Hikari.

—Pero tendrán que esperar a que acabe la publicidad —Michi sonrió a sus telespectadores—. Os esperamos tras la publicidad en esta emocionante entrega de... ¡Corazón Nipón!

En cuanto salió del plató, Michi suspiró y se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano. La jornada estaba resultándole agotadora. Pero en fin, ahora venía la parte más interesante: las sorpresas de la noche.


Hiashi tiró el mando del televisor al suelo, rompiéndolo en mil pedazos. Aquella perra de Hikari… ¡Cómo se atrevía! ¿Cómo se atrevía a contar todas aquellas cosas en un programa de televisión, a millones de personas? Estaba claro que ella no sabía todo el sufrimiento que él podría proporcionarle. Aquella sucia traidora... Se tumbó en la cama, con la vena de la sien marcada y pulsando rápidamente. Se las haría pagar todas juntas. En el televisor, seguía el programa. Hiashi lo miró con rabia, pensando en apagarlo de un golpe si hacía falta pero entonces la presentadora anunció que iban a enseñar unas "fotografías sorpresa".

Decidió dejarlo, con el único fin de saber por qué más debía odiar a Hikari.


Mientras se vestía, Neji tuvo la sensación de que, aquella semana, no podía librarse de su mala suerte. Se acabó de abrochar la camisa, se hizo una coleta alta y miró de reojo a su prima, de pie y cabizbaja cerca de la puerta de entrada. Una sonrisa torcida se formó en sus labios al acordarse de aquella mañana… notó la erección crecer en sus pantalones, y decidió calmarse. Ya tendría tiempo para volver a poseerla, a pesar de que ella dijera que no, a pesar de que se resistiese a él. Él la tendría. Su prima lo obsesionaba hasta límites insospechados, lo hacía querer follársela una y otra vez. Ahora que la había probado, no podía renunciar a esa tentación.

No pudiendo calmar su ansia, se dirigió a la ventana y la abrió. Al asomarse, sin embargo, vio allí a otra multitud de periodistas. Cerró otra vez y se sentó en la cama, tumbándose en ella.

—También están fuera —comentó, como quien no quiere la cosa.

Hinata le miró con nerviosismo.

—Podríamos escapar de alguna forma —propuso la chica, mirando hacia los lados, como buscando una salida imaginaria—. Quizá muy rápido para que no puedan hablar con nosotros ni preguntarnos nada.

Neji se quiso burlar de ella, pero en vez de eso, le dijo:

—A mí pueden verme; a ti, no.

—¿Por qué? —Hinata levantó la mirada, dubitativa.

—¿Tienes idea de lo que podría pasar si alguien se entera de que te has pasado encerrada en una habitación de hotel casi todo el día conmigo? —sonrió pícaramente, incorporándose un poco en la cama.

—¿Por qué tendrían que pensar en nada? —Ellos no tenían porqué pensar en nada raro. Lo que le había descrito Neji era muy rebuscado.

—Qué inocente eres —esta vez, Neji se sentó a los pies de la cama y la miró fijamente—. ¿Te crees que la prensa se tragaría ese rollo de que sólo has venido a ver cómo estoy, como una primita preocupada, y te has pasado aquí ocho horas "cuidándome"? Otra opción sería quedarnos aquí —sus labios se curvaron en una sonrisa torcida—. No desaprovecharíamos el tiempo.

Hinata se sonrojó violentamente. Sería demasiado inocente, pero no estaba dispuesta a quedarse en la guarida del lobo una hora más. Ni hablar, tenía que haber otra solución... Mordiéndose el labio, buscó una solución a aquel problema, y muy pronto tuvo una idea:

—Me taparé la cara para que no me vean, tiene que haber alguna sábana o trozo de tela.


La publicidad pasó rápidamente, y Hikari, sentada en el sillón del programa, estaba muy nerviosa esperando la dichosa sorpresa. Obviamente, Michi no le había dicho nada de eso. Había sido una estupidez pensar que iría allí, contaría todo lo que tenía que contar y se iría tranquilamente.

—Seguimos con nuestra entrevista a Hikari Hyuuga. Desde sus casas, deben estar ansiosos por saber qué clase de imágenes sorpresa tenemos sobre ella...

—Tenemos una fotografías que la localizan a usted con un hombre —al decir esto, la pantalla del fondo del plató se iluminó con algunas fotografías, en las que un hombre de cabello grisáceo y Hikari estaban juntos saliendo de lo que parecía ser una clínica—. Según algunas fuentes, usted fue a esta clínica a abortar.

Hikari suspiró, tranquila porque no la hubiesen pillado con su sobrino. Por otro lado, que supiesen que había abortado… Eso sí podía llegar a ser un problema. Y más si pensaban que el hijo que esperaba era de Kakashi. Decidió poner su mejor cara de póquer y responder con calma y mucho cuidado.

—La verdad, no sé de dónde habéis sacado esas afirmaciones —aclaró Hikari—. Pienso que quien nos espió e hizo fotos atenta contra mi intimidad y la de esa persona, que para vuestra información es mi editor. Un profesional de su talla, que simplemente me acompañaba en pos de información para uno de mis libros, no merece una humillación así, eso si lo que han intentado es buscarme un amante.

Todos los colaboradores quedaron mudos.

—Así que es usted escritora, señora Hyuuga —preguntó otro de los colaboradores—. ¿Qué clase de libros escribe?

—Te puedo decir que no escribo libros para niños, que son para un público más adulto...

—Sin embargo, señora Hyuuga —empezó la mujer de dientes perfectos y mirada de rapaz, interrumpiéndola—. Tenemos algunas pruebas que nos dicen...

Mientras la mujer hablaba, Hikari aprovechó para suspirar. Aquello se estaba volviendo más que molesto.


Hinata respiró hondo para tranquilizarse. A falta de una chaqueta, la parte de arriba de un pijama cubría su rostro, impidiendo que pudiera ver dónde iba. Si aquello no era una locura, ¿qué lo era entonces? Miles de ideas descabelladas de cómo aquello podría fallar se dibujaban en su cerebro una y otra vez, haciéndola angustiarse.

La mano de su primo se cerró a la altura de su codo y lo oyó abrir la puerta. Un instante después, casi corrían entre flashes de cámaras y preguntas molestas. Hinata aumentó la velocidad de sus pasos al ser estirada por su acompañante.


—Señora Hikari, antes de pasar al siguiente invitado de la noche, tenemos una sorpresa de última hora para usted —comentó Michi, con una excitación en el rostro que no había mostrado con anterioridad.

¿Qué mierda tenían preparado esta vez? Hikari quiso gruñir, pero decidió seguir con su cara de póquer durante un rato más. Por mucho que no soportara estar allí ni un minuto más, tenía la responsabilidad de acabar el programa con la mejor cara.

—Se trata de una persona importante para usted. Alguien que ha estado dando de qué hablar y que al parecer el día de hoy ha estado acompañado de una señorita...

En la misma pantalla donde antes habían puesto las fotos, esta vez salieron unas imágenes en directo, donde dos personas corrían ante las cámaras. Sus ojos se abrieron mucho al reconocer a uno de ellos: Neji, cogiendo a otra persona que ocultaba su rostro bajo una prenda de ropa. A la otra persona no la reconoció enseguida, pero su manera de moverse, su ropa y el cabello -largo, liso y negro- que asomaba hasta un poco más de su espalda, le dijeron con exactitud quién era ella: Hinata.

Siguió mirando, sin poder disimular su sorpresa, ¿qué hacían esos dos juntos? La voz de la presentadora le pareció difusa cuando habló:

—El informante nos dijo que llevaban más de nueve horas en una de las habitaciones, ¿será esta la novia de Neji Hyuuga, o quizá una más de sus clientas?

¿Nueve horas solos en una habitación? En su mente, su imaginación inventaba escenas de ellos dos en aquella habitación, combinándolas con otras reales, como cuando les había visto besarse. Ellos dos… su hija y su sobrino… ¿tenían un lío?


Salieron al exterior, y mientras corrían, Hinata notó como la camisa del pijama sobre su cabeza se deslizaba. Trató de aferrarla, pero se resbaló entre sus dedos y cayó al suelo. Enseguida, los flashes de las cámaras comenzaron a dispararse. Veloz, se echó el pelo sobre la cara... pero dudaba... ¿habría sido suficientemente rápida?

¿Iba a ser ese el fin de su anonimato?

Continuará...


Agradecimientos especiales a:

Azkaban, Mitchel0420, Veronika-BlackHeart, Stephygrock3107, Diana Carolina, Gambacho, Ina Minina, Anna 04, Daniratoe, Kikyo-Uchiha, Okashira Janet y Andy.

También a todas las personas que pusieron esta historia en alertas y favoritos, ¡gracias!

¡Hasta el próximo capítulo!